GAMERO IGEA, G., \"Los lazos familiares en la articulación cortesana de Fernando el Católico\", en GARCÍA HERNÁNDEZ, M. (ed.), Familia, cultura material y formas de poder en la España Moderna, Madrid, FEHM, 2016, pp. 33-42

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Descripción

FAMILIA, CULTURA MATERIAL Y FORMAS DE PODER EN LA ESPAÑA MODERNA

III Encuentro de Jóvenes Investigadores en Historia Moderna. Universidad de Valladolid 2 y 3 de julio del 2015

MÁXIMO GARCÍA FERNÁNDEZ (EDITOR)

III Encuentro de Jóvenes Investigadores en Historia Moderna

FAMILIA, CULTURA MATERIAL Y FORMAS DE PODER EN LA ESPAÑA MODERNA Valladolid 2 y 3 de julio del 2015

MÁXIMO GARCÍA FERNÁNDEZ (EDITOR)

ISBN: 978-84-938044-6-6 © Los autores © De esta edición Fundación Española de Historia Moderna, Madrid, 2016. Editor: Máximo García Fernández. Colaboradores: Francisco Fernández Izquierdo, Mª José López-Cózar Pita, Fundación Española de Historia Moderna. [email protected] Fotografía de cubierta: Biblioteca Histórica Santa Cruz, Universidad de Valladolid. Entidades colaboradoras en la convocatoria y celebración del Encuentro:

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FAMILIA, CULTURA MATERIAL Y FORMAS DE PODER EN LA ESPAÑA MODERNA

Índice Máximo García Fernández Presentación ……………………………………………………………………………

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I. LAS FAMILIAS EN LA ESPAÑA MODERNA I.1. Linajes familiares y comunidades de intereses

Ángel Arcay Barral Debates alrededor de los archivos de familia: El fondo de la familia Malvar (1542-1870) ………………………………………………………………………………………. 21 Germán Gamero Igea Los lazos familiares en la articulación cortesana de Fernando el Católico ……………..

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Carlos González Reyes El origen de las acusaciones de trazas moras sobre dos linajes ibéricos modernos: los Cárdenas y los Braganza (ss. XV y XVI) …………………………………………………. 43 Iago Rodríguez Palmeiro A hombros de gigantes: la Casa de Bascuas (Arzúa) y su relación con la vieja nobleza medieval de Galicia (siglos XV-XVI) …………………………………………………………. 55 Francisco Javier García Domínguez Los Saavedra y el condado de Castellar: las bases de poder de un linaje nobiliario en la Castilla del siglo XVI ……………………………………………………………………... 65 Rocío Velasco Tejedor Sangre judía, finanzas y nobleza: la trayectoria familiar de los Pisa en Castilla (siglos XV-XVII) ………………………………………………………………………………….

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Carlos Antolín Rejón El complejo rol dinástico de un hijo segundón: el príncipe Emanuele Filiberto de Saboya (1588-1624). ¿Mediador, embajador familiar o agente doble? ……………… 87

Isabel Extravís Hernández La genealogía al servicio del ascenso social y económico. La familia del cronista Jerónimo Zurita ………………………………………………………………………………….. 98 Alberto Morán Corte El servicio doméstico en los hogares de la elite asturiana. El ejemplo del Oviedo ilustrado …………………………………………………………………………………. 109 Miguel Royano Cabrera La comunidad mercantil catalano-valenciana afincada en la Sevilla de la primera mitad del siglo XVI ………………………………………………………………………………. 121 Ignacio González Espinosa Pautas de movilidad de las familias portuguesas a Sevilla (1600-1615) ………………… 131 Josep Rizo Blasco La comunidad francesa en Barcelona a principios del siglo XVII ………………………... 141 Sara Jarana Vidal Comerciantes del delfinado en la Sevilla del siglo XVIII, organización familiar y entramado comercial ………………………………………………………………………….. 161 Raquel Tovar Pulido Las familias de comerciantes de la ciudad de Trujillo a finales de la época moderna …

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I.2. Población y familia: infancias, mujeres, matrimonios María Herranz Pinacho La infancia y su entorno familiar a través de la correspondencia privada en el siglo XVI ……………………………………………………………………………………. 187 Laura Malo Barranco Infancia y nobleza. Testimonios del mundo infantil en las familias Híjar y Aranda durante la Edad Moderna ………………………………………………………………………. 197 Pelayo Fernández García La familia Queipo de Llano. Crecimiento e infancia en torno a la época del I conde de Toreno ………………………………………………………………………………... 209

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Patricia Millán de Silva La posición social de la mujer guipuzcoana a través de sus actos jurídicos patrimoniales en la Edad Moderna …………………………………………………………… 219 Nere Jone Intxaustegi Jáuregui La figura de la indotada: la importancia del lazo familiar en la vida conventual vizcaína durante la Edad Moderna ……………………………………………………………. 229 José Abel Ajates Cónsul Familia, mujer y salud a través de la correspondencia: el caso del entorno del primer marqués de Villaverde 1670-1686 …………………………………………………………….. 241 Juan Francisco Henarejos López La evolución de la tratadística matrimonial en el siglo XVIII: Entre la doctrina y la prohibición ……………………………………………………………………………………….. 255 Francisco Javier Crespo Sánchez El discurso sobre la maternidad en la prensa española de finales del siglo XVIII ……... 267 Ana María Prieto García Matrimonio y mercado matrimonial: reflexiones sobre la endogamia …………………… 277 Daniel Baldellou Pleitos e infrajudicialidad en los matrimonios aragoneses en el siglo XVIII. Los procesos por esponsales y estupro ……………………………………………………….. 293 Héctor Fernando Sánchez Diego Padrinazgo eclesiástico y reproducción social en la Cantabria Moderna: siglos XVII- XVIII………………………………………………………………………………… 307 Sara Pérez Ortega La institución familiar en una comarca cántabra durante el siglo XVIII: el caso de los valles del Nansa ………………………………………………………………………………….. 319 Pamela Rubio Velasco El análisis de redes aplicado al estudio de los grupos domésticos de Bermellar (Salamanca) en el siglo XVIII ………………………………………………………………….. 335

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Pablo Ortega del Cerro Familias e instituciones: el proceso de ingreso en la Academia de Guardias Marinas en la segunda mitad del siglo XVIII …………………………………………………………… 347 Amós Farrujia Coello Estudio social de la isla de Tenerife en 1795 a través de fuentes militares: el paisanaje ……………………………………………………………………………………….. 361

II. CULTURA MATERIAL Y CIVILIZACIÓN EN LA ESPAÑA MODERNA

II.1. Cultura y Civilización en clave socio-religiosa

Juan Manuel Castillo Rubio Norma y uso del espacio religioso en la Castilla pretridentina …………………………… 381 Daniel Atienza Atienza Entintar el papel sin mancha de pecado: la controversia inmaculista y la esfera pública en la España del siglo XVII …………………………………………………………… 401 Laura Guinot Ferri La construcción de los santos y el poder carismático. El caso de la Beata Inés de Benigànim (Valencia) ………………………………………………………………….. 413 Fernando Muñoz Sánchez Reliquias y relicarios en los conventos de la provincia franciscana de Burgos. Una aproximación a partir de las crónicas de época barroca ……………………………. 425 Alberto Corada Alonso La Capilla musical de la Colegiata de Aguilar de Campoo: presencias y ausencias …..

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María José Rodríguez Trejo Atendiendo a la neçesidad y estrechesa con que la pasan los religiosos: monasterios y conventos de la Raya durante la Guerra de Restauración (1640-1668) …………………. 449 Rafael Duro Garrido Las capellanías de las parroquias de Sevilla (1600-1650) …………………………………

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Alfonso Gómez Díez La brujería: ser y tener fama. El caso de Juana de Olivares ante la Inquisición (siglo XVII) ……………………………………………………………………………………….. 471 Rocío Alamillos Álvarez Los usos de los atributos de la bruja como medio de resistencia a la justicia: el escandaloso caso de Baza de 1752 ……………………………………………………………. 483 Mª Alejandra Flores de la Flor Los monstruos como instrumento del poder político y religioso durante los siglos XVI y XVII ………………………………………………………………………………………… 493 Paula Hernández Rodríguez ¿Afrontar o rehuir la locura? El caso del Tribunal de la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid en el siglo XVIII: propuesta metodológica para su estudio ………………. 503 Isabel María Melero Muñoz El conflicto por el legado de Gaspar de Castro: un pleito de Mayorazgo en la Sevilla del siglo XVIII ……………………………………………………………………………………. 515 María Aguilera Fernández Vida cotidiana de los jesuitas en las misiones de Filipinas (S. XVI-XIX) ………………... 525

II.2. Entre símbolos culturales materiales

Carlos Lozano Ruiz En remenbranza de la Pasión de Nuestro Señor… y …para alumbrar el Sanctíssimo Sacramento… Cultura material en torno a las procesiones barrocas en la ciudad de Palencia …………………………………………………………………………………………… 537 Gabriele Galli Estilos de vida y cultura material en el Siglo de Oro. Una aproximación al microcosmos del vestido entre el archivo Ruiz, Medina del Campo y Valladolid (1566-1600) ………………………………………………………………………………………. 549 Arianna Giorgi Las nuevas apariencias del duque del Infantado: cultura y poder de un grande de España …………………………………………………………………………………………….. 565

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Susana Catalán Garzarán Cultura material y prestigio social. El caso de una familia aragonesa del siglo XVII a través de la documentación ………………………………………………………………….. 573 Natalia González Heras Modelos extranjeros en las viviendas españolas durante el siglo XVIII ………………….

585

Diego Quijada Álamo La proclamación regia de los primeros Borbones en la ciudad de Palencia: poder, símbolo y ceremonial ……………………………………………………………………………. 593 Isaac García-Oses Los ceramistas de Barcelona en un contexto de crisis ……………………………………… 603 Francisco Cebreiro Ares El Registro de Hipotecas y sus posibilidades para la historia urbana: El caso de Santiago de Compostela 1768-1810 …………………………………………………………... 613 Nuria González Barrero El Colegio de la Paz y el Colegio de los Desamparados: dos instituciones educativas en el Madrid de mediados del siglo XVIII…………………………………………………….. 627 Santiago Prego González La evolución del comercio del libro en Galicia a través de sus librerías (siglos XVIII-XIX) ……………………………………………………………………………….. 639 Jordi Bages-Querol Blanco La cultura material en los recetarios y libros de cocina de la Cataluña Moderna ……..

651

Javier Esteban Ochoa de Eribe Una aproximación a la producción impresa en las tierras vascas al final del Antiguo Régimen …………………………………………………………………………………………… 667 III. FORMAS DE PODER EN LA ESPAÑA MODERNA III.1. Poderes económicos y financiación del poder Mª del Carmen Ávila Oliva El comercio de esclavos y los contratos de fletamento en el reinado de Carlos V como vía de financiación del poder de la Corona castellana (1516-1556) …………………. 681

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Germán Jiménez Montes Las redes comerciales del norte de Europa en el suministro de madera a Andalucía de 1581 a 1621 ………………………………………………………………………………………. 693 Francisco Gil Martínez Ventas de oficios y deuda pública: las escribanías de juros en el siglo XVII ……………

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Miguel Gabriel Garí Pallicer El control del mercado y del espacio urbano en la Edad Moderna: la labor del mostassaf de Palma de Mallorca (siglos XVI-XVII) ………………………………………… 713 Gabriel Ramon i Molins La clavaria mayor de la ciudad de Lleida entre 1652 y 1707. Una propuesta metodológica para el estudio de las finanzas municipales…………………………………. 725 Bruno Lopes Sustentar a Inquisição com rendimentos eclesiásticos: uma aproximação ao tema (séculos XVI-XVIII) ……………………………………………………………………………... 737 Alfonso Jesús Heredia López La visita de Juan de Góngora a la Casa de Contratación a mediados del siglo XVII ….

751

Cristian Vegas Calzado La Casa de la Contratación: Expedientes de ida de navío y el fraude comercial indiano. S.XVI-XVIII …………………………………………………………………………….. 761 Miriam Rodríguez Contreras Gasto y financiación de la casa real entre 1623-1633: las cuentas de Tomás de Cardona …………………………………………………………………………………………… 773 Álvaro Javier Romero Rodríguez Fraude y conflictividad en las Reales Fábricas de Tabaco de Sevilla (1740-1759)…….. 785

III.2. Teoría y práctica del poder

Andreu Seguí Beltrán Contra la diabòlica desmandada. La reducción militar de la Germanía mallorquina …

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Isidoro Jiménez Zamora La rivalidad entre Carlos V y Francisco I: el desencuentro permanente desde la corte de la emperatriz ………………………………………………………………………………….. 807 Diego Matías Canales Ramírez ¿Crisis o anarquía? La corte francesa en vísperas de las guerras de religión (15591562) vista por el embajador español ………………………………………………………… 821 José Antonio Rebullida Porto San Quintín y el éxito de Felipe II ……………………………………………………………..

831

Koldo Trápaga Monchet Las armadas en el reino de Portugal en los reinados de los Felipes (1580-1640) ……... 843 Alberto Mariano Rodríguez Martínez Tregua Doce Años, los particulares y los límites de la alta política ……………………..

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Beatriz Álvarez García Controlar la información: las relaciones de sucesos en torno a la batalla de Cádiz (1625) ……………………………………………………………………………………………… 865 Rocío Martínez López Maximiliano Manuel de Baviera en el ocaso del reinado de Carlos II: de padre del posible heredero de la Monarquía Hispánica a príncipe electoral atrapado entre dos fuegos ……………………………………………………………………………………………… 877 Mª Pilar Mesa Coronado El gobierno de Sicilia: las instrucciones de Carlos II al duque de Veragua (1696-1701) ………………………………………………………………………………………. 889 Álvaro Pajares González El régimen municipal en las villas de señorío palentinas en la Edad Moderna …………

899

Víctor Pajares Liberal Deconstruyendo el ministerio de Ripperdá. Un trickster entre la razón de Estado y el reformismo borbónico…………………………………………………………………………… 911 Laura Borragán Fernández Conflictos y resistencias ante el Catastro de Ensenada: el caso del Principado de Asturias …………………………………………………………………………………………….

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925 Alfonso Calderón Argelich La historiografía del “despotismo ilustrado”: el siglo XVIII visto por los historiadores del XIX …………………………………………………………………………………………….. 937 Francisco Precioso Izquierdo Balance provisional de una polémica historiográfica. Estudios sobre conciencia política común en la sociedad española moderna …………………………………………... 947 Rubén Gálvez Martín Cuando la naturaleza manda: percepciones de los desastres naturales en los espacios ultramarinos en la Corte de Madrid (1599-1614) a través de las Relaciones de Luis Cabrera de Córdoba …………………………………………………………………………….. 957 Laura María Grueso Molina El poder de la escritura y del documento real en Indias: la Real Audiencia y Chancillería de Charcas (siglo XVI) ………………………………………………………….. 969 Juan Jiménez Castillo La reconfiguración de la Monarquía Hispana en los territorios americanos: el conflicto entre el virrey del Perú y el arzobispo de Lima en la década de 1680 ………... 979 Antonio Castro Nunes Espaços e actores da comunicação política nos impérios ibéricos (1700-1750)………...

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III.3. Las estructuras del poder: poder y sociedad

Daniel Galván Desvaux Poder y familia: el duque de Uceda ante las gestiones patrimoniales de la casa de Lerma ……………………………………………………………………………………………… 1005 Paolo Periati Una mujer temida. Estrategia familiar y autoridad política de Catalina de Zúñiga, condesa de Lemos ……………………………………………………………………………….. 1015 Léa Bénichou Los cardenales protectores de Castilla en Roma bajo el reinado de Felipe III …………. 1025

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Jaime Elipe Soriano Ilegitimidad y poder real: el empleo de los hijos de Alonso de Aragón, arzobispo de Zaragoza ………………………………………………………………………………………….. 1039 Francisco Martínez Gutiérrez Bajo el poder de la púrpura. La Compañía de Jesús y el cardenal Moscoso, obispo de Jaén (1619-1646) ………………………………………………………………………………… 1047 Miguel Dongil y Sánchez El poder y la influencia del clero regular en la Asturias de la Edad Moderna ………….

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Cristina García Oviedo El patronato femenino consciente de la compañía de Jesús: Magdalena de Ulloa y Antonia Dávila, fundadoras de Villagarcía de Campos y Segovia .................................. 1071 Mónica Ferrándiz Moreno El poder regio en la selección del clero beneficial español durante la primera mitad del reinado de Carlos III ……………………………………………………………………….. 1083 Adrián García Torres Luchas de poder entre las autoridades civiles y las eclesiásticas en el sur alicantino durante el siglo XVIII …………………………………………………………………………… 1093 Laura Rodicio Pereira Relaciones familiares y de poder en el cabildo de Ourense en el siglo XVIII …………… 1103 Míriam Devesa Benlloch Servicios a la Corona y ascensión social entre la nobleza valenciana del siglo XVII ….

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Laura Gómez Orts Familias en el poder. El poder de las familias: los Sisternes y los Valonga …………….. 1123 Antonio José Rodríguez Hernández Las nuevas funciones militares de la Chancillería de Valladolid durante el siglo XVII: el ejemplo de la superintendencia de la leva de 1676 ………………………………………. 1133 David Alberto Abián Cubillo La figura del oficial a través de la tratadística militar (1665-1788) ……………………

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Evaristo C. Martínez-Radío Garrido Los problemas del reclutamiento a través de las soluciones de un proyecto anónimo presentado a Floridablanca. El poder militar español en entredicho ……………………. 1159 Eduardo Bueno Vergara Médicos expertos al servicio de la ciudad de Alicante en el siglo XVIII …………………

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Beatriz Santiago Belmonte Los extranjeros en la corte: la red alemana en torno a la reina Mariana de Neoburgo (1690-1700) ………………………………………………………………………………………. 1181 Roberto García Puente Colaboración e intereses entre la Monarquía de Felipe IV y los hombres de negocios de la nación portuguesa Jorge de Paz Silveira y Pedro de Baeza …………………… 1191

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Familia, Cultura Material y Formas de Poder en la España Moderna Máximo García Fernández

Presentación El GIR de Historia Moderna de la Universidad de Valladolid, Grupo de estudios sobre familia, cultura material y formas de poder en la España Moderna, dirigido por el doctor Marcos Martín 1 , tiene el honor de dar a todos ustedes la bienvenida a Valladolid a este III Encuentro de Jóvenes Investigadores en Historia Moderna. Líneas recientes de Investigación en Historia Moderna: Familia, cultura material y formas de poder, celebrado en la Facultad de Filosofía y Letras de esa institución académica, los días 2 y 3 de julio de 2015, y organizado por la Fundación Española de Historia Moderna en colaboración con la Universidad de Valladolid, el Instituto Universitario de Historia Simancas y el mencionado GIR. Así se iniciaba a las nueve de la mañana del primer día señalado el Congreso Internacional cuyos frutos granados constituyen el punto de partida nodal de la obra que ahora presentamos a la comunidad modernista en forma de libro electrónico on-line. Una publicación que alumbra el conjunto de las comunicaciones que han superado las sucesivas evaluaciones y los pertinentes informes a los que siempre nos comprometimos al objeto de editar en el más breve plazo de tiempo posible sus resultados científicos. Para su celebración contamos con la colaboración, económica y de intendencia e infraestructura, también afectiva y moral, de la Fundación Española de Historia Moderna, del Vicerrectorado de Relaciones Internacionales y Extensión Universitaria de la Universidad de Valladolid, de su Facultad de Filosofía y Letras, del Instituto Universitario de Historia Simancas y del excelentísimo Ayuntamiento de Valladolid, así como del Equipo-Proyecto de Investigación financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad dirigido por Máximo García Fernández: Civilización, juventud y cultura material e inmaterial. Familia e identidad social. Demandas y apariencias en la Castilla interior. 1500-1850 (HAR2013-48901-C6-3-R), Retos: 2014-17. Sin su participación no hubiese sido posible; tampoco este libro. Muy agradecidos a todos. Además de a Margarita Torremocha, Alberto Marcos, Mª de los Ángeles Sobaler, Javier Burrieza y Máximo García, es de agradecer también el enorme esfuerzo y dedicación mostrado por todos los ya muy preparados jóvenes que han formado parte con distinto protagonismo del Comité Organizador de nuestro Seminario. Sin la colaboración de todos ellos, desde un inicio y a lo largo de las dos jornadas de encuentro, ordenando las distintas mesas de sus diferentes sesiones y atendiendo a plena satisfacción todas las demandas requeridas, no se hubiesen cumplido las expectativas generadas ni la realización de este III Encuentro científico. Con nombres y apellidos: Comité Organizador de la UVa: Carlos Lozano, María Herranz, Alfonso Gómez, Alberto Corada, Daniel Galván, Diego Quijada, Álvaro Pajares y Germán Gamero. Presidentes de Mesas de las sesiones: Carlos Lozano, María Herranz, Alfonso Gómez, Arianna Giorgi, Francisco Javier Crespo, Juan Francisco Henarejos, Alberto 1

Integrado por Alberto Marcos Martín, Máximo García Fernández, Mª de los Ángeles Sobaler Seco y Javier Burrieza Sánchez. Más la inestimable colaboración de Margarita Torremocha Hernández.

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MÁXIMO GARCÍA FERNÁNDEZ

Corada, Daniel Galván, Diego Quijada, Álvaro Pajares, Germán Gamero, Natalia González, Francisco Precioso y Juan Postigo. La Fundación Española de Historia Moderna viene haciendo posible, por tercera vez consecutiva ya, la regularidad de estos Encuentros de debate sobre temas que a todos nos interesan. En particular, nuestro reconocimiento a Eliseo Serrano, su actual presidente, y a todo el Patronato de la Fundación; con mención especial para la persona que con su ánimo ha contribuido como nadie a impulsar desde sus inicios este tipo de encuentros y a dar forma real y definitiva a esta convocatoria: muchas gracias Mª Ángeles Pérez Samper. Tanto para la recepción de los originales como para la maquetación final de este libro no debe olvidarse tampoco el enorme trabajo realizado por Mª José López-Cózar Pita, ni el de Francisco Fernández Izquierdo. Sin la constante labor desarrollada por todos, este proyecto científico que culmina ahora con su publicación no hubiese visto la luz. * En un primer momento (allá por febrero de 2015) y atendiendo al calendario previsto por la organización, fueron admitidas ya 128 del total de las 131 solicitudes inicialmente recibidas, lo que informa y avala desde sus inicios la excelencia de los planteamientos y objetivos generales de cada comunicación. La gran acogida y aceptación de esta convocatoria por parte de los jóvenes modernistas condujo a que 109 de ellos apareciesen inscritos en el programa de Sesiones, presentándose finalmente y defendiendo sus respectivas investigaciones inéditas 105. Después de los pertinentes filtros de evaluación en sucesivas etapas mediante el sistema de doble pares ciegos, exactamente un centenar de aquellos trabajos son los publicados ahora definitivamente; la baja tasa porcentual de rechazo muestra la calidad global alcanzada. En resumen, se han distribuido de la siguiente manera, atendiendo a las tres grandes áreas inicialmente planteadas y subdividiendo las aportaciones en diferentes títulos de adscripción temática, para tratar de integrar lo máximo posible las muy variadas líneas de investigación y enfoques desarrollados: Sesión 1ª. Las familias en la España Moderna 29 Linajes familiares y comunidades de intereses 14 Población y familia: infancias, mujeres, matrimonios 15 Sesión 2ª. Cultura material y civilización en la España Moderna 25 Cultura y civilización en clave socio-religiosa 13 Entre símbolos culturales materiales 12 Sesión 3ª. Formas de poder en la España Moderna 46 Poderes económicos y financiación del poder 10 Teoría y práctica del poder 18 Las estructuras del poder 18 No se publican las ponencias marco solicitadas para arropar aquellas tres sesiones temáticas. La calidad de su magisterio, no obstante, merece el recuerdo ahora de sus títulos y contenidos. Se agradecen sobremanera sus palabras, ideas y hasta la propia presencia física de estos cinco maestros que desde el primer momento aceptaron las conferencias que en su día les propusimos; su maestría les avala para ilustrarnos; ¡cada día más jóvenes y siempre actualizados modernistas estos profesores eméritos y consagrados especialistas nuestros! ¿jubilados?: Conferencia Inaugural. Doctor Teófanes Egido López. Santa Teresa de Jesús: Historiografía

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PRESENTACIÓN

Conferencia Marco Sesión 1ª. Doctor Antonio Eiras Roel. Población y Familia en la España Moderna. Variantes y sistemas Conferencia Marco Sesión 2ª. Doctor Enrique Giménez López. Jesuitas e Ilustración. Reflexiones en torno a una relación compleja Conferencia Marco Sesión 3ª. Doctor Pere Molas Ribalta. Las formas de poder en mi trayectoria investigadora Conferencia de Clausura. Doctora Emilia Salvador Esteban. Reflexiones en torno a las relaciones poder central – poderes territoriales * Una reunión científica internacional y una publicación que, como siempre, ha contado con una excelente acogida, y que esperamos se siga repitiendo regularmente. Una participación creciente y cuya enorme calidad certifican los informes positivos recibidos sobre los trabajos presentados; al menos tres por artículo, emitidos por pares, ciegos. Superándonos, convocatoria tras convocatoria; también en visibilidad: con comunicantes provenientes de 32 universidades españolas además de la de Valladolid2 y de otras 12 Internacionales de ocho países (quince jóvenes procedentes de las universidades de Évora, Porto, Nova de Lisboa, Montpellier, Verona, Roma Tre, Argel, Budapest, Groningen, Leiden, México o Chile). Otra docena de jóvenes quisieron iniciar su formación investigadora asistiendo a todas las sesiones y participando activamente en un fructífero intercambio de reflexiones y en los interesantes debates de calado generados y también visibles a lo largo de estas páginas. Como venimos significando, aquellas jornadas de propuesta, análisis, encuentro, exposición y discusión para seguir avanzando en el conocimiento histórico desde enfoques a la vanguardia de los actuales planteamientos metodológicos modernistas se han repartido en tres sesiones de trabajo paralelas y en los correspondientes grandes capítulos de esta obra (como constan en el Índice adjunto), todos ellos ligados a líneas de investigación candentes que cuentan con un buen número de jóvenes y mayores interesados movidos por su enorme interés historiográfico, y donde tienen cabida tanto el desarrollo de los primeros avances de un prometedor futuro analítico documental y de archivo como ya algunos notables resultados concluyentes dignos de ponderarse. De entre esos tres argumentos y líneas maestras de enorme actualidad, los enfoques se han decantado mucho más por ‘los poderes’; de ahí que ocupen más páginas, las 520 últimas de este libro (46 comunicaciones, frente a 29 y 25 respectivamente). De cualquier forma, las relaciones entre las temáticas propuestas (de la trilogía: familias; culturas; formas de poder), como no podía ser de otra manera, resultan más que evidentes en no pocos trabajos. El balance final de resultados, dado el fluido intercambio de ideas generado, puede valorarse globalmente como de exitoso. Exponiendo resultados parciales o conclusivos; sobre elencos documentales o principios metodológicos; en torno a un caso concreto o abarcando tiempos, colectivos, espacios o temáticas más amplios. Incluyendo desde Galicia a Tenerife, y con proyecciones europeas y a uno y otro lado del Atlántico; desde el siglo XV hasta 1870. Atentos a la bibliografía existente y al documento archivado recién descubierto en fuentes muy diversas. Reflexionando sobre la Historia Moderna española y mundial; desde el mundo de la Familia (y la población); 2

Universidades de Alicante, Almería, Autónoma Madrid, Barcelona, Cádiz, Cantabria, Castilla la Mancha, Complutense, Córdoba, Extremadura, Francisco de Vitoria, Granada, Huelva, Illes Balears, La Laguna, Lleida, Málaga, Miguel Hernández, Murcia, Oviedo, Pablo de Olavide, País Vasco, Pompeu Fabra, Rey Juan Carlos, La Rioja, Salamanca, Santiago, Sevilla, UNED, Valencia, Vigo y Zaragoza.

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MÁXIMO GARCÍA FERNÁNDEZ

desde el de la Cultura (la material, en general la de aquellos modelos pretéritos conformadores de civilización); y en torno a la vivencia del omnipresente poder (efectivo, próximo, desde la teoría y su práctica efectiva, pasando por sus estructuras y el peso activo de aquellos privilegiados poderosos de entonces, hasta acercarnos a la vertiente de los poderes económicos y su constante impacto social). Las características básicas de esta trilogía se resumen en las siguientes. Rogamos disculpas por si alguien considera que ciertos trabajos deberían ocupar otro espacio en el índice final elaborado. Hemos tratado de ordenarlos siguiendo en primer lugar las adscripciones originales recibidas, a la vez que, después y dentro de ellas, se buscaba una lógica temática y cronológica mínima. En cualquier caso, la tarea no ha sido nada sencilla dada la multiplicidad de propuestas presentadas y publicadas. Las familias en la España Moderna reúne los enfoques directamente ligados al protagonismo familiar en las estructuras históricas del Antiguo Régimen. Un primer apartado de esta monografía subdividido en dos subsecciones suficientemente amplias pero definidas. Una parte del análisis puntual de la importancia de los linajes familiares y de distintas comunidades ‘de intereses’ en la organización social moderna; archivos, relaciones intrafamiliares y hacia fuera, trayectorias de distintas casas, sangres judías y trazas moras… junto a un amplio abanico de grupos mercantiles o nacionales tienen aquí cabida a la hora de analizar el desarrollo nuclear de aquellas entidades orgánicas sociales básicas. La segunda se centra en la trascendencia que la infancia, las mujeres y los matrimonios presentaban en la estructura poblacional y familiar; desde la atención infantil, al mundo femenino (en pleitos, conventos y como madres) o a las redes de padrinazgo y paisanaje, con sus semejanzas y grandes contrastes, se atisban otra serie de rasgos básicos de la evolución del entramado doméstico. Cultura material y civilización en la España Moderna da título al segundo gran apartado de esta obra, donde tiene cabida un variado elenco de cuestiones culturales fundamentales tanto para comprender la vigencia de la ‘civilización en clave socioreligiosa’ como el significado de numerosos ‘símbolos culturales materiales’. Músicas, controversias y espacios sacros, santos y reliquias, monasterios, mayorazgos y capellanías, brujas y monstruos, locuras y otras vidas cotidianas… certifican el peso no sólo inmaterial de las repercusiones del espacio sobrenatural en el conjunto de las actuaciones vitales populares. Mientras que, por su parte, innumerables signos materiales pueden-deben analizarse para comprender mejor aquellas mismas realidades comunitarias: desde la plasmación de distintos estilos de vida, presentes en las cofradías o en las apariencias, en las viviendas o en otras manifestaciones y comportamientos de prestigio, hasta el mundo del impacto del libro en la educación o en las prácticas culinarias; un conjunto de ceremoniales simbólicos de enorme contenido civilizatorio que mostraban públicamente gradaciones sociales, económicas, ideológicas… y de visualización del poder. Precisamente, la tercera y última sección se titula Formas de poder en la España Moderna. La más amplia también; donde tienen cabida muchas de sus variantes y aristas; agrupadas y divididas en tres subsecciones. Comenzando por la economía y sus estrechos vínculos con la ‘financiación del poder’: donde contratos, redes comerciales, deuda pública, control del mercado, impuestos municipales, rentas eclesiásticas, reales fábricas o la Casa de Contratación son analizadas desde una perspectiva que bucea en algunas de las claves dinerarias en las que se apoyaban no pocas iniciativas políticas estatales o locales. Por su parte, el apartado ‘teoría y práctica del poder’ engloba una variada amalgama de trabajos centrados en numerosos actores de la historia política

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PRESENTACIÓN

moderna: desde el protagonismo monárquico internacional hasta los conflictos internos por la conservación de la soberanía nacional, entre el siglo XVI (carolino o filipino), el XVII (crisis del régimen concejil) y el XVIII (en torno a la razón de estado, el reformismo borbónico o el despotismo ilustrado), ofreciendo estudios sobre guerras, embajadas, armadas, treguas, batallas, instrucciones y un largo etcétera, concluyendo con algunos interesantes dosieres sobre conciencia política y espacios ultramarinos e indianos. Finalmente, las ‘estructuras del poder’ también aglutina al conjunto más extenso de artículos; se compendian aquí los esfuerzos por alcanzar el poder de algunos apellidos castellanos fácilmente reconocibles junto con la fuerza de las altas esferas eclesiásticas en las relaciones entre las cortes europeas, pasando por la frecuencia de los conflictos y luchas por asentar o mantener los principales resortes de la influencia, la soberanía hegemónica o el gobierno en sus distintos escalones de autoridad y vigor jerárquico. Así, el servicio a la corona como fórmula de ascenso socio-familiar o la vía militar (y hasta la médica) se convierten en campos de estudio de gran interés… lo mismo que los propios intereses (y colaboraciones) buscados por extranjeros y hombres de negocios al adquirir un prestigio asimilable al de la clásica nobleza. En suma, esta monografía revaloriza esfuerzos y largas horas de archivo, investigaciones en curso y buenos proyectos, conclusiones iniciales y ya avanzadas; aunque todos estos trabajos tengan que haberse resumido ahora en unas pocas páginas por mor de la gran cantidad de propuestas presentadas y aprobadas. En todo caso, el posible éxito de esta publicación consiste en aportar nuevos materiales que promocionen un fluido intercambio de ideas. Era el objetivo del Encuentro; el mismo que el actual, a la hora de dar a conocer a la comunidad científica internacional unos textos definitivos que, debidamente pulidos, atentos a las indicaciones que se les han realizado o incorporando algunas ideas surgidas tras el debate generado para amejorar sus conclusiones, se editan ahora bajo el paraguas de la reconocida Fundación Española de Historia Moderna. Trabajando. Aprendiendo. Con esta publicación queda realmente clausurado este III Encuentro de Jóvenes Investigadores en Historia Moderna. Máximo García Fernández Director y coordinación de esta edición

III Encuentro de Jóvenes Investigadores en Historia Moderna Universidad de Valladolid - Fundación Española de Historia Moderna. 2015

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I. LAS FAMILIAS EN LA ESPAÑA MODERNA

I.1. Linajes familiares y comunidades de intereses

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Debates alrededor de los archivos de familia: el fondo de la familia Malvar (1542 – 1870) Discussions about family archives: The documentary collection of the Malvar family (1542 – 1870) Ángel ARCAY BARRAL Universidade do Porto Resumen: Los archivos familiares son tan comunes como desconocidos en nuestras instituciones archivísticas, muchas veces acusados de ser fondos heterogéneos, desorganizados o complicados de comprender en su conjunto, por lo que son pocos los investigadores que se atreven a abordarlos, más allá de la consulta de genealogías y otros documentos destacados. Es por ello que con este trabajo tratamos de repasar las diferentes teorías existentes en España y Portugal para el tratamiento de archivos familiares en los últimos siglos y abordamos una posible solución para un conocimiento más efectivo de la información que estos documentos pueden aportar al investigador en Historia Moderna. Tras el repaso teórico y práctico de las diferentes propuestas con cierto peso en la archivística pasamos a realizar un estudio de caso sobre el archivo de la familia Malvar (Fondo Especial Número 8 del Archivo de la Diputación de Pontevedra), aplicando el modelo sistémico ideado por un grupo de investigadores portugueses empeñados en la recuperación de este tipo de archivos. Palabras clave: archivos de familia, modelo sistémico, Galicia. Abstract: Family archives are as common as unknown in our archival institutions, which are often accused of being heterogeneous, disorganized or complicated to understand on the whole. For this reason, few are the researchers who dare to approach them, beyond consulting genealogies and other key documents. That is why in this present work we shall review the various theories for the treatment of family archives existing in Spain and Portugal in recent centuries as well as addressing a possible solution to a more effective knowledge of the information that these documents can provide to the researcher of Modern History. After the theoretical and practical overview of the various proposals of a certain weight for archival science, we shall conduct a case study on the Malvar Family file (Special Fund File Number 8 – Documentation Centre of Diputación de Pontevedra ), applying the systemic model devised by a group of Portuguese researchers bent on recovering this kind of files Keywords: family archive, systemic model, Galicia.

Os dados que nos chegam do pasado forom informações e non “documentos” ou “fontes”1 1. Introducción: pensar el patrimonio documental Todo trabajo relacionado con la cuestión del patrimonio debería comenzar abordando una cuestión principal, con especial relevancia en el campo del patrimonio documental, y que no es otro que la importancia de su valoración. Pero si hablamos de patrimonio 1

Maria Lurdes Rosa, “Problemáticas históricas e arquivísticas actuais para o estudo dos arquivos de família portugueses (Épocas Medieval e Moderna)”, Revista de História da Sociedade e da Cultura. Nº9 (2009) p.12.

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documental hemos de referirnos obligatoriamente a la prioridad que supone su organización para conseguir una correcta valorización patrimonial. Conocer y valorar el patrimonio debería ser una cuestión intrínseca a nuestra sociedad, pero que en el caso de los documentos debe ir ligada a su organización por parte de profesionales, que permitan de este modo un acercamiento sin ningún tipo de interferencia. Es por esta cuestión por la que nace este trabajo, por tratar de renovar la apuesta por un patrimonio documental extenso y que por sus características muchas veces puede suponer un quebradero de cabezas, tanto para los profesionales de la información que los trabajen como para aquellos investigadores y usuarios que quieran consultarlos. El no poseer un sistema de organización y clasificación medianamente sistematizada hace que muchas veces, por temor o por desconocimiento, los investigadores rehúyan de este tipo de fondos. Por lo tanto, a lo largo de esta comunicación trataremos de presentar las claves que nos pueden llevar a la correcta organización de los archivos familiares y, en consecuencia, a obtener un mayor conocimiento de nuestro pasado. Para ello analizaremos las principales propuestas organizativas surgidas en el contexto ibérico, retrotrayéndonos al siglo XIX y avanzando en los postulados hasta la actualidad, con el acercamiento a la teoría sistémica surgida en torno al ámbito universitario portugués, donde varios profesionales han creado este nuevo método que será el que apliquemos al archivo de la familia Malvar. 2. Propuestas para organizar un archivo familiar. Se hace necesario concretizar el territorio que estudiamos, ya que como indica otro de los reconocidos profesionales de este campo: “La propia denominación – y percepción – de estos fondos cambiará según dónde operemos. En Castilla o Andalucia es habitual (a mí sigue sin parecerme acertada, además de anacrónica) la denominación de Archivos Nobiliarios para esta clase de fondos, cuando en el País Vasco, por ejemplo, este uso carece de tradición y resulta anacrónico. La estructura social de unos y otros territorios hace que se produzca una asimilación entre élites locales y nobleza (e, incluso, nobleza titulada) en unos, mientras que la propiedad más atomizada en las regiones del norte asocia el Archivo de Familia a una casona, un pazo, o un viejo palacio barroco, de un linaje hidalgo más o menos prestigioso”2.

Por lo tanto, estos territorios del norte peninsular serán el campo de estudio de este proyecto, ampliando también la frontera al territorio portugués con el que compartimos, en buena medida, las mismas características socioeconómicas. Para el estudio comparativo de las teorías tomaremos como referencia las propuestas de cuadros de clasificación por ser esta la forma más visual, simple y representativa de lo que encontraremos en un archivo familiar. 2.1. El siglo XIX: Froilán de Troche Por orden cronológica, comenzaremos nuestro particular viaje archivístico por el primer tercio del siglo XIX para recuperar un tratado que podemos considerar único en el panorama archivístico y que, ya en 1835, elabora un método fácil, sencillo y poco

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Francisco de Borja Aguinagalde, “Archivos de Familia y Archivos domésticos. Treinta años de experiencia”, Conferencia FLUP, 2013.

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costoso para el arreglo de los archivos particulares 3 organizado en torno a las coordenadas cronológico-topográficas. Para trazar una breve descripción de lo que ha sido la labor archivística en lo referente a los archivos familiares es necesario comenzar por la figura de Froilán de Troche y Zúñiga, apoderado de los Condes de Taboada4, y que ya a principios del siglo XIX había intentado crear un método cronológico-topográfico para la organización de archivos familiares, fruto de la observación de la problemática y sin ningún tipo de formación previa, propiciando uno de los primeros debates archivísticos en la España moderna junto con su contemporáneo Fernando Porras Huidobro quien entendía que el método alfabético que defendía era más efectivo que el de Froilán de Troche. La aparición de este archivero gallego tiene que ver con el contexto histórico en el que redacta su tratado: “Fondamente definido pola existencia de centos de casas nobiliares cunha vixencia social (…) que as tornaba en institucións estratéxicas para o desenvolvimento económico de Galicia. E así é como se entende que a temática arquivística xermolara de xeito tan agudo e sorprendente na Galicia da primeira metade do século XIX máis que en ningún lugar de España” 5.

Lo que le permite tener cabida en este trabajo es su afán por innovar y tratar de buscar un modelo que se pueda aplicar de forma sistémica, mejorando a los anteriores y con la excusa de estar en un momento donde los archivos empezaban a tener un tamaño considerable que ya requería de personas con ciertos conocimientos para poder organizarlos. Es por ello que primeramente aporta unas nociones básicas de todos los conocimientos que debe de tener un buen archivero, para luego plantear un método que considera efectivo porque hay que levantarse pocas veces de la silla para agrupar los documentos, lo que nos aporta una imagen metafórica de dos valores que de forma obligatoria tienen que ir parejos a nuestro trabajo: el de la intermediación con el usuario y el de la efectividad en las búsquedas. En lo relacionado con el trabajo de archivo, se comienza advirtiendo de que “debe seguirse el orden que más análogo sea a la naturaleza de la misma” por lo que se escoge el método cronológico-topográfico. Lo importante en estos casos es facilitar el acceso a las personas que necesiten encontrar un documento dentro del fondo, por lo que Froilán de Troche y Zúñiga es directo al sentenciar que “por el arreglo y método que yo publico se logra tener un archivo en el cual es fácil a cualquiera hallar lo que necesite buscar y que siempre lo tenga reunido”6, respondiendo de esta forma a una de las finalidades de la archivística. Su plan de arreglo nos aporta una serie de indicaciones a partir de las cuales podremos recrear el siguiente cuadro de clasificación, que nos permite visualizar el criterio organizativo que promulgaba el archivero brigantino:

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Froilán de Troche y Zúñiga, El archivo cronológico – topográfico, arte de archiveros, A Coruña, Imprenta de Iguereta, 1835. 4 Vitor Manuel Migués, Os arquivos privados e a nobreza: un apuntamento histórico – arquivístico. Santiago de Compostela: Xunta de Galicia, 2002. 5 Vitor Manuel Migués, Os arquivos privados... p.38. 6 Froilán de Troche, El archivo...p.18

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Tabla 1. Propuesta de froilán de troche

Archivos Generales Archivos de las Casas 1.- Sección: Documentos Generales · Genealogías ·Partidas de bautismo ·Capitulaciones ·Dispensas ·Certif. matrimoniales ·Testamentos ·Codicilos ·Fes ·Partidas de muerte 2.- Sección: Documentos de nobleza 3.- Sección: Documentación patrimonial y hacendística · Vinculaciones ·Mayorazgos ·Donaciones y mejoras ·Dotes ·Partijas 4.- Sección: Regalías. · Títulos · Expedientes de curatos · Beneficios Simples ·Capellanías 5.- Sección: Regalías abolidas7 6.- Sección: Documentación judicial 7.- Sección: Documentación contable 8.- Sección: Lanzas y medias – anatas.8 Posteriormente, la división de los particulares tendría que responder a criterios geográficos, comenzando por las provincias y descendiendo a los corregimientos, las jurisdicciones, etc. Y en el caso de la documentación eclesiástica, la recomendación del autor es la de seguir las divisiones de este tipo de estructuras. Con esto hecho, las operaciones siguientes estarán destinadas a hacer un listado de los territorios donde haya rentas y crearemos tarjetas rotuladas con las denominaciones de los diferentes documentos generales. Para cada apartado dispondremos de una silla y, acto seguido, otra para cada parroquia. Tras hacer una breve lectura podremos colocar cada documento en el asiento recomendable. Finalmente, la colocación cronológica de cada montón tendrá que ser hecho empezando por el personaje más remoto del linaje. Todo esto será acompañado de un resumen para saber lo que contiene cada documento, lo que Froilán de Troche y Zúñiga califica como el arte de estractar. Con esto conseguirá poner a disposición el archivo al completo y evitar que los usuarios se pierdan entre los montones de papeles desorganizados. Entendemos por lo tanto que el nacimiento de este tratado, a principios del siglo XIX, tiene como objeto la creación de un método que puedan seguir todas las personas que en ese tiempo se hicieron responsables del patrimonio documental albergado en pazos y casas; en un momento de expansión de la pequeña hidalguía, motor económico de Galicia y que procuraba una gestión eficaz de sus bienes. 2.2 El siglo XX: Olga Gallego Los años de diferencia entre las obras de Olga Gallego y Froilán de Troche y Zúñiga son la consecuencia directa de la desintegración progresiva de la pequeña hidalguía gallega padecida entre mediados del siglo XIX y principios del siglo XX. Con la pérdida gradual de estas instituciones poseedoras y productoras de un rico patrimonio documental es normal que disminuya el interés de los archiveros por la investigación de nuevos métodos de organización y que a día de hoy aún no se haya recuperado esta 7

Para el reconocimiento futuro del pasado familiar y también de uso común en pleitos. Para demostrar el pago de este tributo.

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cuestión, siendo los archivos familiares los grandes desconocidos de nuestros archivos públicos. La obra de Manual de archivos familiares9 nace de la necesidad de organizar un tipo de fondos que pese a ser habituales en los archivos de Galicia no siempre cuentan con la valoración y el trabajo necesarios. Ante este panorama surge la voz de otra gallega, Olga Gallego, pretendiendo unificar los conocimientos existentes sobre esta materia, partiendo de la definición de archivos familiares como los: “Generados por las actividades de una persona a lo largo de su vida o por las de los distintos componentes de una familia a través de generaciones, constituyendo generalmente la etapa final de la integración de otras familias y de desmembraciones de sus componentes que han dejado huella en sus fondos”10.

Para la autora ourensana, la valoración hace de este objeto documental responde a una visión utilitaria sobre todo relacionado con el campo económico donde la buena administración del archivo privado garantiza la correcta gestión del patrimonio, aunque les llega a reconocer también un valor cultural dependiendo de la información que estos puedan aportar. Divide en tres grupos los documentos que puede albergar este tipo de fondos y lo hace siguiendo su procedencia: los recibidos, los expedidos y los generados por el propio grupo. Dichos fondos tienen una característica casi generalizada, en su opinión, que hacen especialmente complicado su tratamiento. Esta particularidad es que desobedecen cualquier organigrama o cualquiera normativa, ya que en gran parte son fruto del azar, dependiendo siempre de cada individuo. Esta heterogeneidad es una de las principales características de este tipo de archivos, complicado por los cambios que padecen los linajes con las uniones familiares. Para su organización y a modo de advertencia, la autora afirma que: “de los siglos XVIII al XIX se organizaban y describían muchos de estos archivos, respetándose el principio de procedencia, por casas y estados, si se trataba de la nobleza (…). Dentro de ella, la clasificación suele ser muy variada y (…) con poco rigor archivístico (…) cuando no se organizaron cronologicamente sin clasificación alguna”11.

Propone Olga Gallego que no nos centremos en el principio de procedencia y de estructura, como si se tratase de una institución con sus divisiones internas, sino que la unidad radicará en el asunto. Asume que es posible una calificación funcional, considerando que esas colecciones orgánicas12 están comprendidas por varias series que responden al legado de las diferentes acciones que se desarrollan en una familia. La reorganización quedará sujeta a la posibilidad de rehacer la organización original o no. Para este segundo caso tendremos que hacer una clasificación que no sea orgánica, ya que “en los archivos de familia el carácter heterogéneo de su documentación no permite establecer “a priori” una clasificación del conjunto de documentos reunidos por una familia”13. Entonces, los criterios tendrán que ser otros como el volumen o la naturaleza de la documentación conservada. 9

Olga Gallego Domínguez, Manual de archivos familiares, Madrid, ANABAD, 1993. O. Gallego, Manual de archivos familiares...p.17 11 O. Gallego, Manual de archivos familiares...p.22 12 O. Gallego, Manual de archivos familiares...p.48 13 O. Gallego, Manual de archivos familiares...p.49 10

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Indica también la autora que si el fondo con el que trabajamos es de un tamaño relativamente pequeño y desfragmentado, podremos dejarlo como una serie única con ordenación cronológica; si cuenta con pocas series pero muy definidas, tendremos que ejecutar una clasificación lógica; y, por último, si se trata de un fondo voluminoso habrá que recrear series, agrupando por destinatarios, actividades y materias. En un siguiente paso la organización irá vinculada a la organización familiar, por lo que es primordial el conocimiento de las genealogías, de la biografía familiar y conseguir desenvolver una lista continuada de las generaciones familiares. Además de la genealogía no es perjudicial conocer también el patrimonio que rodea a cada individuo. Tras conocer estos aspectos lo que debemos hacer es establecer una clasificación genealógica por ramas (principales, secundarias y bastardas) y también por casas. Una vez realizada esta tarea comenzaremos a reunir los grupos documentales siguiendo el orden de las casas y de las familias. Cada familia o cada casa tendrá su correspondiente sección y, en caso de que exista una unión entre varias, la preeminencia será para la que tenga el mayorazgo. En un nivel inferior estructuraremos las subsecciones con la documentación relativa a la administración del hogar, a las escrituras genealógicas y heráldicas, a los pleitos y a otros que afecten a toda la estirpe, como pueden ser los documentos patrimoniales. En el caso de existir algún personaje destacado podremos conformar una subsección individual. En lo tocante a los casos de ordenación el proceso puede variar según el tipo documental y la agrupación correspondiente. Algunas veces el orden será cronológico, otras alfabético y otras geográfico, pudiendo ser también la unión de diferentes variables. Si lo que estamos tratando son documentos pequeños y sueltos, será suficiente con una correlación numérica. En las diferentes subsecciones que se nos presentaban para los archivos familiares más antiguos, la ordenación será cronológica en el caso de los linajes y de las casas, la documentación administrativa estará ordenada respondiendo a criterios alfabéticos por tipologías, en caso de la genealogía premiará el orden alfabéticoonomástico y en los pleitos el cronológico. Las contabilidades generales irán antes que las parciales y la documentación patrimonial será primeramente organizada de forma cronológica y después de forma alfabético-topográfica en relación a la ubicación de cada objeto. En el caso especial de los archivos individuales dentro del fondo familiar tendrán que responder a una clasificación previa por ramas para luego introducir los criterios cronológicos. Y en la ordenación de la correspondencia, las cartas recibidas y expedidas responderán a una serie con ordenación cronológica. La descripción del conjunto estará basada en el cuadro de clasificación, que responderá a criterios funcionales y, en algún caso, a división de materias:

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Tabla. 2 Propuesta de Olga Gallego

1.- Fondos funcionales. 1.1.- Documentos de organización de la cancillería, contenido e historia del archivo 1.2.- Documentos genealógicos, heráldicos y pleitos. 1.3.- Documentos patrimoniales. 1.3.1.- Documentos constitutivos de títulos de propiedad. 1.3.2.- Documentos de administración de la propiedad. 1.4.- Documentos señoriales. 1.4.1.- Documentación señorial y feudal. 1.4.2.- Documentos jurisdiccionales. 1.5.- Archivos individuales. 1.5.1.- Documentos personales. 1.5.2.- Documentos de función. - De función pública. - De función privada. · Actividades empresiariales, intelectuales, políticas, profesionales, sociales. 2.- Colecciones. 3.- Archivos ajenos a la familia. 2.3. El siglo XXI: Armando Malheiro Da Silva Nos acercaremos en este apartado a lo que podemos considerar un punto de inflexión, puesto que se modifican totalmente los métodos de trabajo con este tipo de fondos, así como todo el corpus teórico que lo complementa. ¿Si estamos hablando de familias por qué no se tiene en cuenta la organización familiar, al igual que tenemos en cuenta la organización de una administración cualquiera para establecer las divisiones de un archivo administrativo? Debemos iniciar el recorrido portugués de la mano de otra obra, la de Arquivos de Família: organização e descrição14 por ser, como los autores reconocen, la primera obra de síntesis en este campo para los archivos de familia, algo novedosos y en un campo poco trabajado. Estamos hablando por lo tanto del primer paso para conocer el trabajo sobre los archivos de familia en Portugal, que cuenta también con una primera toma de contacto anterior en la obra de Pedro Abreu Peixoto15 y su posterior revisión16. En esta última versión renovada encontramos un análisis en el que se aprecia la inexistencia de trabajos en los archivos familiares durante toda la década anterior, al tiempo que, como en todos los trabajos pioneros, se sientan las bases para legislar este campo tan específico. Al contrario de estas tesis presentadas hasta el momento, surge una nueva corriente con un mensaje científico más concreto que sirve para poner las bases a una nueva realidad. Esta nueva propuesta permite un movimiento de ideas que favorece a la investigación de esta materia. Nos lleva por lo tanto a un nuevo momento donde,

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Manuel Silva Gonçalves (et al), Arquivos de família: organização e descrição, Vila Real, Universidade de Trás-os-Montes e Alto Douro, 1996. 15 Pedro Abreu Peixoto, Arquivos de família: orientações para a organização e descrição dos fundos de arquivos de família, Lisboa, Instituto Portugués de Arquivos, 1991. 16 Pedro Abreu Peixoto, “Perspectivas para o futuro dos arquivos de família em Portugal”, Páginas a&b. Nº1 (2002) pp. 77 -90.

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conocidas las teorías, se busca ejemplificar con la promulgación de todo tipo de ejemplos y experiencias que respondan a estos modelos. Ya en la era post-custodial 17 las evoluciones han dejado su impronta en la archivística, que pasa a estar considerada como una ciencia en la que lo importante no es el tratamiento de la documentación, “senon as vicissitudes sofridas pelos dados que nos chegam do passado, o lugar que estes ocupavam no sistema de informação global em que foram produzidos e (…) a forma como são mediatizados pelos instrumentos de descrição documental”18. De manera progresiva, los profesionales que desarrollan esta evolución en el panorama portugués consiguen subrayar la importancia de dejar atrás el paradigma historicista y ponen de relevo algo que en España aún no se valora de forma plena: la información tiene que ser el objeto central de nuestra labor de estudio dentro de los sistemas de información social que son los archivos. El acercamiento al modelo sistémico parte de la propuesta iniciada ya en pleno siglo XXI alrededor del proyecto de Casa de Mateus, con Armando Malheiro como cabeza visible del programa en el que interactúa con otros profesionales. Su propuesta científica 19 parte de ingresar a la archivística en el cuadro epistemológico de las Ciencias de la Información 20 siendo objeto de estudio la descripción, ordenación, recuperación y el uso de los documentos. De estas justificaciones nacerá una de las primeras diferencias entre las corrientes presentadas, puesto que para los profesores portugueses, los archivos serán: “Um sistema (semi-)fechado de informação social, materializada em qualquer tipo de suporte, configurado por dois factores essenciais – a natureza orgánica (estrutura) e a natureza funcional (servicio/uso) – a que se associa um terceiro – a memória – imbricado nos anteriores”21.

En consecuencia, el archivo familiar estará definido como: “Um sistema de informação organizado ou operatório, cujo pólo estruturante e dinamizador é uma entidade – Família e Pessoa, cada qual com estrutura própria e acção fixada sempre por objectivos diversos, uns perenes e outros mutáveis”22.

Se modifica en esta propuesta portuguesa el paradigma y, por lo tanto, el cuadro teórico – metodológico, formado por la investigación en numerosos casos 23 . Es entonces cuando parte la investigación de la comprensión del documento como un ente ligado al binomio de información – comunicación 24 en contra de las teorías que defienden la única existencia del documento como objeto o como cosa.

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Fernanda Ribeiro, “Os arquivos na era pós-custodial: reflexões sobre a mudança que urge operar”, Boletim Cultural - Câmara Municipal de Vila Nova de Famalicão, 3.ª série. Nº1 (2005) pp.129-133 18 Maria Lurdes Rosa, “Problemáticas históricas e arquivísticas ..”.p.11 19 Armando Malheiro da Silva, “Arquivos familiares e pessoais: Bases científicas para a aplicação do modelo sistémico e interactivo”, Revista FLUP: Ciéncias e Técnicas do Património. I Serie, Vol. III (2004), pp.55 – 84. 20 Armando Malheiro da Silva (et al.) - Arquivística: teoria e prática de uma ciência da informação, Porto, Ed. Afrontamento, 1998. 21 Armando Malheiro da Silva y Fernanda Ribeiro, Das “ciéncias” documentais à ciência da informação: ensaio epistemológico para um novo modelo curricular, Porto, Ed. Afrontamento, 2002. 22 A. Malheiro da Silva, “Arquivos familiares e pessoais...” , p.60. 23 A. Malheiro da Silva, “Arquivos familiares e pessoais...” , p.64. 24 A. Malheiro da Silva, “Arquivos familiares e pessoais...” , p.66.

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Este modelo tiene una funcionalidad universal, pudiendo ser aplicado a todo tipo de agrupaciones documentales familiares, al ser estas consideradas como un sistema de información que conlleva para una estructura determinada, dependiendo de quién sea el creador de esta información y para una funcionalidad dinámica que puede ser tanto el uso originario de la documentación, como su reutilización posterior. Estas dos vías enlazarán con la memoria, aportando el fundamento de este modelo sistémico e interactivo25. La aplicación práctica de este modelo sistémico sobre un sistema de información tendrá que versar en primer lugar en el análisis de la estructura orgánica a la que nos remite. De esta situación podremos apreciar dos tipos de cuerpos, los unicelulares o los pluricelulares, dependiendo de si son estructuras individuales o colectivas con diferentes sectores funcionales. Esto a lo que conlleva es al llamado vetor estrutura, ya que el vector funcional llevará el análisis a las agrupaciones pluricelulares, otorgando autonomía a sus sectores orgánico – funcionales26. Dichos fundamentos de organicidad para un sistema de información estarán basados en la unión afectiva y física de individuos, con continuidad genética mediante la descendencia de generaciones y la acción de los miembros para garantizar la supervivencia colectiva y las estrategias del poder socioeconómico, político y simbólico. Y al igual que en casos anteriores, la mejor manera de comprender tanta literatura es con el reflejo gráfico de esta propuesta en su cuadro de clasificación, publicado de este modo por el autor: Tabla. 3 Propuesta de Armando Malheiro

1.- Sistema de información: Familia 1.1.- Subsistema: Casa 1.1.1.- Sección 1: Generación 1 1.1.1.- Subsección 1: Matrimonio. 1.1.2.- Subsección 2: Marido. 1.1.2.1.- Fase de la vida 1. 1.1.2.1.1.- Serie. 1.1.1.2.- Fase de la vida 2. 1.1.3.- Subsección 3: Esposa. 1.1.4.- Subsección 4: Hermanos.

25 26

A. Malheiro, Arquivística: teoria e prática... p.214 A. Malheiro da Silva, “Arquivos familiares e pessoais...” , p.69.

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3. El archivo de la familia Malvar La evolución, no tanto histórica sino en la historia 27 , con el trasiego de anexiones, divisiones y cambios de residencia, conforman lo que hoy podremos encontrar con la nomenclatura de Fondo Especial Número 8 28 en el Archivo de la Diputación de Pontevedra. Es por esto que el motivo de la creación de muchos de los fondos que hoy conocemos vienen dados por la conservación en su momento, debido al valor que estos tenían para probar derechos, poder conservar las propiedades, administrar los bienes y tener memoria del parentesco, algo útil en un momento en que la reclamación de mayorazgos era constante. Casi todas las familias conservan su patrimonio documental por estos motivos, y poco a poco lo van organizando mediante modelos reiterativos, consecuencia directa de las experiencias notariales de los propios escribientes que se encargan de esta documentación. Estamos hablando de un momento de auge, que durará hasta mediados del siglo XIX con la desamortización y los cambios jurídicos que provocan el desuso de estos archivos. La documentación de este archivo familiar tiene unas fechas extremas que van desde 1542 hasta 1870, dato curioso ya que los principales personajes del linaje 29 son el Arzobispo Sebastián Malvar, quién nace en 1730, y Julián Malvar, que nace a finales del siglo XVIII y muere a mediados del XIX. El hecho de que la documentación se remonte a los siglos anteriores tiene que ver con la trayectoria de estos documentos, que acompañan a sus dueños y que se van deslizando por diferentes árboles genealógicos, con matrimonios y descendencia. Esto quiere decir que buena parte de la documentación de la familia Malvar viene de linajes diferentes al suyo, procedente siempre de uniones matrimoniales entre diferentes Casas y familias, hasta el casamiento de Julián Malvar con Josefa García Taboada. Entre esta boda y otra posterior de uno de sus hijos, se incorporan a este sistema de información el patrimonio documental de nueve Casas diferentes, que junto al propio archivo que la familia tiene en el Palacete de Salcedo complementan el sistema de información que estudiamos. En esta trayectoria que hacen los documentos, podremos diferenciar cuatro momentos en los que son clasificados de diferentes maneras y que nos aportan información a posteriori. Esta historia archivística comienza en cada una de las casas que de forma independiente organizan sus documentos y cuyo modelo organizativo será transformado con las respectivas uniones con otros linajes. El tercer momento correspondería con la llegada de todo el complejo documental a la propia casa de los Malvar, donde es organizado por alguien de la familia, siguiendo un modelo que será el que se conserve durante todo el siglo XX hasta el traslado del conjunto documental a su actual ubicación, donde será transformado siguiendo los criterios del personal técnico pontevedrés. Es por ello que para evitar más injerencias en la organización documental decidimos desarrollar este proyecto de forma virtual, sin exponer a la documentación a ningún cambio que altere su estructura pseudo-originaria. En esta nueva concepción, 27

Francisco de Borja Aguinagalde, Guía para la reconstrucción de familias en Gipuzkoa (s.XV-XIX). Zarautz, Diputación Foral de Gipuzkoa, 1994. 28 No todo el patrimonio documental de la familia se encuentra en este archivo, ya que hay documentación relacionada en buena parte de los archivos gallegos y españoles. 29 Francisco José Santiago Crespo, “El linaje de los Malvar”, El Museo de Pontevedra. Nº10 (1956) pp. 159 – 162.

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con la aplicación del modelo sistémico, rompemos con la clasificación patrimonialista y para ello comenzamos organizando las estructuras genealógicas de la familia Malvar, sirviéndonos únicamente de la documentación de este tipo que encontramos en el fondo y mediante la cual ponemos en orden a todas aquellas casas y personas que aportan documentación al sistema de información desde el siglo XVI. Una vez organizadas las ramas de los árboles genealógicos pasamos a ver las generaciones que aportaban documentación al archivo familiar, para limitar el número de nombres y hacer más fácil su clasificación. Esto tiene como resultado la organización en 46 secciones diferentes, correspondientes a las diferentes generaciones que producen documentos. A modo de ejemplo presentamos el trabajo hecho sobre una de estas secciones, donde recogemos los datos de una de las generaciones del Subsistema de la Casa de Baiona, con los apellidos de los miembros que dan nombre a la sección, y la aparición individual de cada uno de estos miembros en las respectivas subsecciones. Podrían existir más subsecciones, correspondientes a los hermanos de los miembros del matrimonio, pero al no tener documentación asociada no los recogemos en el cuadro: Tabla. 4 Subsistema Casa de Baiona

Sección Cea Ulloa Subsección Cea Ulloa Subsección · Copia del testamento de Jerónimo de Cea otorgado el Jerónimo de Cea 5 de marzo de 1695

1699

Subsección Paula · Copia de la carta de dote otorgada el 3 de julio de María Ulloa 1658 a Paula María Ulloa para su casamiento con Soutomayor Jerónimo de Cea Mariño, formada por mil ochocientos ducados y otros bienes cedidos por sus padres Miguel Troncoso Sotomayor y María Coello de Cea y a su abuela Inés de Montes Sotomayor

1675

4. Conclusiones Llegados a este punto se hace necesario reivindicar tres aspectos recogidos a lo largo del trabajo. En primer lugar, la necesidad del debate científico como motor de las diferentes materias. En España la falta de debate alrededor de las propuestas de Olga Gallego nos han llevado a una situación de estancamiento y de aceptación sin ningún tipo de debate, lo que dentro del panorama científico no puede ser más que una limitación. En segundo lugar, las diferentes propuestas organizativas podrían suponer un acelerón al trabajo con archivos familiares, que al igual que el resto de documentación que custodiamos en nuestros centros documentales, suelen ser una buena base para la investigación historiográfica. Además, estos fondos se caracterizan por abarcar

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diferentes campos temáticos, lo que permitirán una gran cantidad de lecturas por parte de los investigadores. Por último, los avances tecnológicos nos abren un camino atractivo para este tipo de proyectos, ya que tanto el software libre (ICA-AtoM, utilizado para crear el archivo digital de la familia Malvar) o las diferentes posibilidades de la red, permiten comunicarnos, conocer y difundir buena parte de nuestro legado, haciendo desaparecer esa creencia de que los archivos son terreno vetado para todo el que no sea un profesional de la investigación.

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Los lazos familiares en la articulación cortesana de Fernando el Católico The role of family ties in Ferdinand the Catholic's Germán GAMERO IGEA Universidad de Valladolid Resumen: El Rey Católico encontró en la familia una de sus principales correas de transmisión y articulación de sus resortes de poder. En el presente trabajo trataremos de definir el papel de la misma en función de dos coordenadas: la voluntad regia (y el deseo del soberano de articular su séquito en función de sus intereses) y la intimidad surgida con el servicio cortesano. Palabras Clave: Corte, Fernando II de Aragón, familia, partido, servicio Abstract: The Catholic King employed the family ties to transmit and articulate his own power. In this paper I will try to define this situation in terms of two different coordinates: the royal wishes (and the sovereign will of articulate his entourage) and the intimacy developed with the royal service. KeyWords: Court, Ferdinand II of Aragon, family, party, service

1. Introducción La Corte ¿familia del rey? Uno de los grandes logros de la historiografía reciente reside en no hablar tanto de monarcas como de la Monarquía. Desde muy diferentes puntos de vista (estudios sobre las cortes, la reginalidad, las instituciones periféricas o acerca la nobleza, entre otros) se ha abierto la puerta a la relativización de la cabeza de lo que ha dado en llamarse “Estado” y, sobre todo, a la concepción colectiva del gobierno1. Sin embargo la familiar asistencia 2 de la persona regia se presenta todavía como una expresión de lo más acertada para englobar diferentes perspectivas de análisis que esta expresión puede conllevar. Por un lado, la asistencia de sus familiares, ya sean consortes o primos, en el gobierno de los territorios. Para comprobar el éxito de esta perspectiva no es necesario más que acercarse a los numerosos estudios que, 

Beneficiado del programa de Formación del Profesorado Universitario (FPU) financiado por el Ministerio de Educación del Gobierno de España. Este trabajo se enmarca dentro del proyecto de investigación HAR2012-32264 1 Desde la aparición del renovado interés por la Corte de los soberanos ibéricos numerosos trabajos han procurado aportar una definición que se antoja compleja y escurridiza. Entre los múltiples trabajos a este respecto nos remitimos a José Martínez Millán, “La sustitución del sistema cortesano por el paradigma de estadio nacional en las investigaciones históricas, Libros de la Corte, nº 1(2010), pp. 4- 16; Rita Costa Gomes, A Corte dos reis de Portugal no final da Idade Media, Lisboa, Difel, 1995 y Pietro Corrao, "Stati regionali e apparati burocratici nella Corona d'Aragona (secc. XIV e XV)", en Rafael Narbona Vizcaíno (coord.), XVIII Congrés Internacional d' Història de la Corona d'Aragó, València, Universitat de València & Fundació Jaume II el Just, 2005, Vol. I, pp .99-144 2 La expresión “en lo tocante a la custodia y familiar asistencia de nuestra persona” está tomada de las Ordinacions de Pedro IV, recogidas en Pascual Savall y Dronda y Santiago Penem y Debesa, Fueros, Observancias y actos de corte del reino de Aragón, Zaragoza, Francisco Castro y Bosque, 1866, Vol II, pp. 459- 550 (p. 460).

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centrándose en instituciones o prácticas de gobierno, han aumentado la producción bibliográfica en los últimos años. En segundo lugar, y más próximo al uso de la expresión dada por el Ceremonioso, la complicidad que concedía el trato cortesano ha sido también motivo de reflexión para varios historiadores, a la par que la Nueva Historia Política aportaba muy valiosas herramientas3. El término genérico de familiar del rey, usado con especial fuerza en la Corona de Aragón, supone un ejemplo más de los otros tantos analizados en relación al peso que las nociones de servicio y crianza (en definitiva, la creación de vínculos personales como base de las relaciones políticas de fidelidad y obediencia) tuvieron en la sociedad política de la época4. Bajo la inspiración de estas dos consolidadas vías de análisis, el objetivo de este trabajo es mostrar el papel de los vínculos familiares en la articulación de la Corte de Fernando el Católico, contextualizando su caso en la pléyade de séquitos cortesanos que se dieron cita a finales de la Edad Media e inicios de la Modernidad. No se trata, por tanto, de la enumeración y análisis de los efectivos más representativos por más que determinadas situaciones se ejemplifiquen en alguna ocasión. Un análisis de dichas características sería poco recomendable dadas las limitaciones de espacio. Sólo podemos, por tanto, remitirnos a otros trabajos en los que el análisis del factor humano se encuentra más presente y en el que la prosopografía se muestra mucho más desarrollada5. Así pues, en este caso nos centraremos en el análisis de la dimensión relacional dentro de la Corte, y en especial en la vinculación entre los lazos institucionales y los personales. La consideración de los lazos familiares, a medio camino entre una categoría y otra, nos permitirá además considerar el papel de las emociones en la política. Siendo una corriente historiográfica en plena expansión, resulta conveniente destacar que tan sólo nos detendremos en algunas emociones consideradas claves para el desarrollo de la historia política6. Por más que la riqueza de la documentación nos permita inmiscuirnos en los afectos regios no es el momento para el desarrollo de un estudio de este tipo. Se trata por tanto de avanzar en los presupuestos de la renovación prosopográfica que otros autores han desarrollado con mucha más profundidad 7 . El 3

Por cuestiones de espacio para una visión más en profundidad nos remitimos al estudio de Pablo Vázquez Gestal, El espacio del poder. La corte en la historiografía modernista española y europea, Valladolid, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Valladolid, 2005, un tanto desactualizado pero muy completo hasta la fecha de publicación. 4 Johannes Voncke , “Los familiares dela Corona aragonesa alrededor del año 1300”, Anuario de Estudios Medievales, nº1 (1964), 5 Germán Gamero Igea, “Al servicio del rey. Nobleza y colaboración política en el entorno de Fernando el Católico”, en Felix Labrador Arroyo (ed.) Actas del II encuentro de jóvenes investigadores en Historia Moderna, Madrid, Ediciones Cinca, 2015, pp. 9-27. e ID. “Ordenar la Corte y gobernar los territorios. Dinámicas y estructuras de poder en el entorno de Fernando el Católico”, en El príncipe la corte y sus reinos (en prensa). 6 Especialmente sugerentes resultan las contribuciones del volumen Bernard Andenmatten, Armand Jamme, Laurence Mouligner-Brogi y Marylin Nicoud (eds.) Passion e pulsions à la cour, Florencia, SISMEL, Edizioni del Galluzo, 2015. 7 Jean Pierre Dedieu, “Procesos y redes. La Historia de las Instituciones administrativas de la época moderna, hoy”, en Juan Luis Castellano, Jean Pierre Dedieu y Mª Victoria López Cordón, La mitra, la pluma y la espada. Estudios de Historia institucional en la Edad Moderna, Madrid, Marcial Pons, 2000; José María Imízcoz Beúnza, “Redes, grupos, clases. Una perspectiva desde el análisis relacional”, en Sebastián Molina Puche y Antonio Irigoyen López, Territorios distantes, comportamientos similares. Familias, redes y reproducción social en la Monarquía Hispánica (siglos XIV-XIX), Murcia, Servicio de publicaciones de la Universidad de Murcia, 2009, pp. 45-88.

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objetivo no es ahora caracterizar a las personas sino sus relaciones y cómo el vinculo entre la “sociedad política” y el rey no pueden analizarse en exclusiva bajo la óptica institucional ni en el encuadre sociopolítico de sus efectivos. Así, encontraremos en la dimensión personal del servicio una explicación más completa sobre la cuestión del ejercicio del poder (soberano, en este caso). Para ello nos basaremos en los resultados del análisis de los libros de la Escribanía de Ración, considerando aspectos como la evolución diacrónica (la permanencia en el servicio) o la situación particular en momentos especialmente representativos. La difícil tarea de la reconstrucción familiar requería, además, del uso de otras fuentes complementarias, especialmente para conocer las genealogías vínculos personales. De especial valor ha resultado la edición de las “Batallas y Quincuagenas” de Fernández de Oviedo, así como otros tratados genealógicos y biografías cortesanas. El objetivo con todo ello es profundizar en las dinámicas personales a la hora de configurar los entornos regios. La peculiar situación de Fernando el Católico, los retos internos y externos a los que debió someterse su reinado, son algunas consideraciones que incentivan esta aproximación. Lejos de ser un asunto marginal, el estudio de la Corte de Fernando, como príncipe y como rey, aporta a la historiografía un caso sumamente interesante. La dinámica de acercamiento y alejamiento del ideario político de su padre, que es común a múltiples herederos, se combina con la construcción de un sistema cortesano novedoso en muchos aspectos para su cronología. Su estancia en Castilla –antes de ser coronado rey en Aragón y tras 1479- la difícil posición de rey consorte - con las múltiples implicaciones que ello supuso a nivel institucional y en la dinámica de partidos - y la tendencia expansionista de su soberanía, generaron nuevos retos a los que Fernando trató de hacer frente desde un medido desarrollo de patrones tradicionales hacia formas más adaptables a las demandas políticas del reinado. 2. Contextualización biográfica de la Corte de Fernando II. La indisolubilidad de los dos cuerpos del rey, si es que debemos seguir hablando de ellos, recomienda iniciar nuestra argumentación con una visión que conecte la evolución de la Corte del Rey Católico con las coordenadas vitales y políticas que afectaron al soberano y que se trasladaron a su séquito. Gracias a los estudios precedentes debería estar fuera de duda que la realidad familiar del soberano condicionó desde los inicios su posición en el tablero político 8 . De la misma manera, también política y familia estuvieron entrelazadas en su séquito cortesano. Esta inferencia se puede analizar, al menos, desde tres puntos de vista. En primer lugar, puede estudiarse la influencia de la configuración de su séquito por parte de sus familiares 9. Por otro 8

Nos referimos a condicionantes tan conocidos como su situación como infante de Aragón (y el papel que su nacimiento tuvo para enturbiar aún más las relaciones entre Juan II y el Príncipe de Viana) príncipe de Castilla (y el apoyo de su tío, el Almirante de Castilla) o Rey de esa misma Corona (en la que la posición con su mujer será motivo central de la articulación de su poder en ella). Para una visión más en profundidad Véase Jose Ángel Sesma Muñoz, Fernando de Aragón: Hispanorum Rex, Zaragoza, Gobierno de Aragón – Departamento de Cultura y Educación, 1992, y Luis Suarez Fernández, Fernando el Católico, Barcelona, Ariel, 2004. 9 Sobre la influencia de todos estos familiares en la configuración del séquito cortesano son citas imprescindibles Jaime Vicens Vives, Historia Crítica de la vida y reinado de Fernando II de Aragon, Zaragoza: Institución Fernando el Católico , 2007. Sobre la evolución del séquito isabelino y su oposición al fernandino, véase José Martínez Millán (dir.), La Corte de Carlos V, Madrid, Sociedad Estatal para la Conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V, 2000, Vol. 1. pp. 45 y ss. Igualmente son siempre de recomendable lectura las obras de Álvaro Fernández de Córdova Miralles, La corte de Isabel

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lado, entendiendo la Corte como familia del rey, debe tenerse en cuenta la formación de este núcleo familiar, e incluso, en una relación de retroalimentación, la influencia que esta familia política tuvo en la propia Corte (por medio de redes internas). Resulta muy ambicioso tratar todos estos aspectos en su conjunto pero procuraremos acercarnos a los aspectos más relevantes. Uno de ellos sería analizar el paso de una Corte “heredada” a un séquito “personal” pues en él se muestran los dos primeros puntos de vista que hemos mencionado y responde también a la cuestión sobre el traspaso de poder de un soberano a otro, consustancial al régimen monárquico como ya habíamos planteado en la introducción10. Para el caso de la Corte de Fernando II, el paso de una situación a otra puede concebirse como el cambio de un partido “aragonés” a uno “fernandino” en el que las connotaciones semánticas de ambos términos, sobre todo del primero, nos ayudan a caracterizar el proceso11. Tras analizar los registros seriados de las quitaciones del Rey Católico podemos concluir que no se trata de un cambio drástico, sino progresivo, en el que el punto de inflexión puede situarse en torno a la Guerra de Granada. Este proceso histórico habla de muy distintos aspectos de la Corte entre los que nos parece especialmente revelador el de la intimidad del soberano12. En primer lugar, en tanto que podemos caracterizar esta etapa como el momento de configuración de fidelidades muy a largo plazo. Tanto el carácter bélico del contexto político como las reducidas dimensiones del séquito debieron facilitar este aspecto. Además, de esta afirmación se infiere que, a pesar del cambio en la naturaleza del séquito regio, las grandes figuras cortesanas iniciaron su andadura en este momento. Es el caso de los De Espés (Mayordomos, Camareros y Caballerizos Mayores de Fernando), los Ram (conocidos sobre todo por su papel como Mestres Racionales en Valencia y embajadores en Nápoles), Enrique Enríquez y sus familiares (Mayordomos) Cabrero (Camareros), Ruiz, Sánchez y Santángel y Granada (administradores económicos13), o Coloma, Conchillos, González, Arinyo y Climent, que llegarán a ser secretarios del rey y que, como es sabido, gozaron de una relevancia esencial en la configuración de su programa político 14 . Frente a ellos aparece toda una pléyade de cortesanos muy I. Ritos y Ceremonias de una reina, Madrid, Dykinson, 2002, y María del Cristo González Marrero, La Casa de Isabel la Católica. Espacios domésticos y vida cotidiana, Ávila, Diputación provincial de Ávila – Institución Gran Duque de Alba, 2005. 10 Jeroen Duindam, Dynasties. A global History of Power 1300-1800, Cambridge, Cambridge University Press, 2015. 11 Aragonés, pues procede de la Corona de Aragón y serán naturales de esos reinos los más numerosos en un primer momento en su séquito. Pero también como procedente del “partido aragonés”, tan activo en los años centrales del siglo XV y vía de articulación para muchos castellanos que, en un primer momentos, se sumaron al entorno del joven príncipe. 12 Empleamos el término intimidad según la segunda acepción del DRAE: “Zona espiritual íntima y reservada de una persona o de un grupo, especialmente de una familia”. [http://lema.rae.es/drae/?val=intimidad] Consultado el 08/05/2015. Nos parece más adecuado que el concepto de privacidad por la práctica imposibilidad de distinguir lo público de lo privado a inicios de la Modernidad. Igualmente el carácter espiritual y su conexión con la familiaridad se adecúan mejor a los objetivos del texto. 13 Juan Ruiz inicia su andadura nada menos que en 1459 ( ACA.RP.MR. Vol. 939, fol 64v); Luis Sánchez en 1465, por orden de Juan II ( Ibidem, fol. 43v); Luis de Santángel un año más tarde, en este caso con cédula fimada por el príncipe (Ibidem, fol. 53r), por último, Juan de Granada, en principio como Escribano del Registro, aparece en 1468 ( Ibidem, fol 52r) 14 Sobre Coloma es más que conocida su vinculación con Juan el Grande. El primer asiento conservado del secretario es de 1465 ( ACA.RP.MR. Vol. 939, fol. 47r). Climent y Arinyo aparecen como

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vinculada a Juan II (o a los Enríquez, en su primerísima etapa en Castilla) que, a pesar de la preeminencia otorgada en la más tierna infancia del rey e inmediatamente después de la muerte del monarca, se fue desdibujando progresivamente. Sobre sus límites es difícil pronunciarse. La voluntad del soberano - de cualquier soberano pero más en concreto cuando hablamos de Fernando II- de controlar su séquito dibuja una polarización entre la aceptación de asistencia y la limitación de la influencia que, a pesar de resultar diáfana en sus límites exteriores no lo es tanto en sus puntos de contacto. En cualquier caso parece importante resaltar cómo los aspectos más representativos en el pensamiento del monarca (política y gestión económica) se hacen presentes en la evolución de su Corte, tan sólo acompañados por figuras especialmente representativas como los de Espés, que habían participado de la crianza (como ayos) del rey. La guerra como eje en la vertebración de alianzas políticas y personales (o redes de confianza, siguiendo la terminología de Tilly15) es un aspecto que hemos reseñado pero sobre el que, por su fuerza en el caso del Rey Católico, merece la pena incidir. Como marco teórico nos gustaría destacar a este respecto las reflexiones de sociólogos que han estudiado épocas más recientes como Peter Bearman 16 . Intentar aplicar sus conclusiones sobre los soldados de la Guerra de Secesión a la Corte fernandina implica al menos ciertas precauciones. Sin embargo no deja de ser cierto que esta primera etapa, con la que hemos caracterizado la evolución del séquito real, se define por la increpante presión de las situaciones bélicas o prebélicas. En este sentido, la empresa granadina como elemento aglutinador ha sido ya destacada en numerosas ocasiones y no hacemos sino trasladar estas consideraciones referentes a los grandes nobles hacia situaciones menos vistosas pero muy semejantes en su esencia. Nos referimos a la formación de una complicidad con cortesanos como los Ferrer (que llegarán a ser Maestresalas), los Alcaraz (hombres de la confianza de rey en los más diversos asuntos desde su posición como continos pero también administradores del Real Patrimonio) los Borja (con los que se unirá matrimonialmente la familia del rey), los Rojas (Mayordomos de Fernando) o los Vega (mano derecha del soberano en el control de las Órdenes Militares y en la política castellana en su conjunto). Menos reconocida –por los investigadores castellanos- pero igual de efectiva es la posición en el séquito aragonés. La protección brindada por cortesanos como Pedro [Pere] Vaca, Guillém Sánchez, los Margarit, Castellvi, o de nuevo, los omnipresentes de Espés durante las guerras civiles (catalana y castellana) reportaron una relación con el rey estable y duradera. Sin embargo limitar estas reflexiones a la dimensión bélica del reinado no es, en nuestra opinión, lo más sugerente. Sí lo es la comparación entre la situación bélica vivida por los batallones americanos y la pugna política vivida en la Corte. Así, el peso de cuestiones como la lejanía y la necesidad de cooperación en un medio hostil (no sólo por la presión frente al partido isabelino, también entre las diferentes facciones del partido fernandino) debe ser tenido en cuenta entre grupos de hombres (principalmente) que se vieron en la necesidad de articularse en un partido supra-local. Bien es cierto que para cerciorar esta aseveración habría que valorar otros factores como el análisis de la promovedores del consejo en 1459 y 69 respectivamente, (Ibidem fols 13r y 47r); Coloma y Luis González en 1465 y 1470 (Ibidem fol. 51r), por último Miguel de Conchillos fue correo del rey en 1474 (Ibidem, fol. 163v) 15 Charles Tilly, Confianza y Gobierno, Buenos Aires, Amorrortu editores, 2010. 16 Peter S. Bearman, “Desertation as localism: Army unit solidarity and group norms in the U.S. Civil War”, Social Forces, nº 70, (1991), pp. 321-342.

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naturaleza de los cortesanos. Sin embargo las redes familiares, por su centralidad en el comportamiento social, resultan un buen observatorio a este respecto. La imagen que surge tras su análisis nos obliga a incidir en la reflexión sobre la familiaridad en el entorno del rey. Fernando II inició aquí también una política de separación entre la asistencia y la influencia contrarrestando un posible peso excesivo de sus redes cortesanas. Llegaremos en las siguientes páginas a la solución tomada entre la gracia y la autoridad. Baste por el momento reseñar las situaciones más significativas. Es cierto que el servicio cortesano llevó parejo matrimonios ventajosos. Es el caso de los Borja, pues ya hemos comentado que casarían con los Enríquez. También de los Vega, vinculados con los condes de Buendía, familia tradicionalmente aliada de los últimos Trastámaras desde el levantamiento del alzado como Alfonso XII. Los Rojas, marqueses de Denia, sabemos que se unieron con una de las hijas de Enrique Enríquez. La familia de Espés enlazó con los Cardona, de la alta nobleza catalana. Los Coloma fortalecieron su relación con los Díaz Daux caídos temporalmente en desgracia pero presentes en la gestión de los asuntos cancillerescos durante el reinado de Fernando. Conchillos enlazó con los duques del Infantado, con especial relación con Fernando. Podríamos continuar esta relación pero, más que acumulación, la situación requiere una aclaración. Al menos hasta donde muestran las fuentes las relaciones (familiares) internas en el seno de la Corte son escasas o inciden escasamente en la capacidad relacional de la nueva familia dentro de la Corte. Los motivos pueden analizarse en función de dos variantes complementarias. En primer lugar, el ya mencionado deseo del rey de neutralizar las relaciones intra-cortesanas de su entorno. Es de reseñar que aquella era una de las líneas rectoras las Ordinacions de Pedro IV, que por otra parte el Rey Católico siguió con bastante fidelidad. Con ello, y el efecto llamada - tras la Guerra de Granada- de nuevas familias en la Corte se abrió una nueva situación. En primer lugar permitió una sana competición entre los cortesanos. Pero sobre todo dio lugar a una posible participación de las fuerzas políticas de sus reinos en un momento en el que Fernando II comenzaba a desembarazarse de los “compromisos adquiridos”. Aunque sólo sea una mínima mención, deberíamos considerar el papel de los continos, un cuerpo cada vez más variado y numeroso conforme fue avanzando el reinado 17 . Por otro lado, deberíamos contemplar las aspiraciones de los propios cortesanos y no quedarnos en la esfera de la administración central. Es el caso, por ejemplo, de los hombres de negocio. Su posición en la Corte es sólo una ramificación más de sus intereses, y si bien no podemos pergeñar una intrincada red de relaciones familiares entre ellos, la conexión entre sus intereses económicos es ya muy conocida. Faltaría, para tener una visión de conjunto, conocer desarrollos alternativos de estas redes familiares así como la importancia que la creación de redes de confianza tuvo para el sistema de gobierno fernandino. En el último aparato nos detendremos en un caso específico que atañe a la historiografía sobre las cortes: la presencia de estas situaciones en las cortes de los familiares del rey. Con ello, además, caracterizaremos la importancia de esta dinámica de nuestro particular “partido fernandino” pues la

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Sobre una caracterización de los continos véase Javier Ezquera Revilla y José Martínez Millán , “La integración de las élites sociales en las monarquías dinásticas: los continos”, en Jesús Bravo (ed.). Espacios de poder: cortes, ciudades y villas (s. XVI-XVII), Madrid, Universidad Autónoma de Madrid, 2002, pp. 339-380. Sobre una caracterización de este cuerpo en el reinado de los Reyes Católicos, véase Germán Gamero Igea, “Entre Castilla y Aragón. Los continos en el reinado de Fernando el Católico”, Poder, fisco y mercado en las ciudades de la Península Ibérica (s. XV-XVI) en prensa.

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cronología se encuadrará (aproximadamente) entre el fin de las grandes operaciones militares en Granada y la muerte de Rey Católico. 3. La fuerza de los lazos fuertes El artículo de Grannoveter sobre la fuerza de los lazos débiles supuso una ventana abierta a repensar la dimensión relacional en la Historia de las Cortes y en general de la política. Siguiendo su ya amplia estela, resulta muy enriquecedor combinar el papel de estos lazos con la dimensión más personalista que venimos analizando. Así pues, una de las dinámicas que hemos destacado en las páginas anteriores se refiere al control del séquito por parte de soberano, una cuestión de radiante actualidad en su día y que enfrentó directamente a Fernando con algunos de sus más preciados partidarios. Frente a ello, se alza la dinámica de las relaciones antidorales y la necesidad de combinar ambas. ¿Cómo dar salida a una situación en la que los lazos más estrechos puede suponer precisamente el problema? Conforme el “carisma” (léase propaganda) del rey y la situación política fue favoreciendo el liderazgo fernandino, la Corte comenzó a desarrollar nuevos canales de actuación. Ya hemos comentado que la inclusión de nuevos agentes políticos sería uno de los rasgos a tener en cuenta. La superposición de la familia política con la consanguínea sería otra de las dinámicas. A pesar de ser habitual en el desarrollo de las Cortes del Antiguo Régimen, esta última goza de algunas particularidades para el caso fernandino. La principal, o la que ha llamado la atención de los historiadores en mayor medida, es la coincidencia de este desarrollo con la ruptura de la línea dinástica “ideal” u originalmente planteada, es decir, la muerte del príncipe Juan. La influencia del partido fernandino en la Corte de su primogénito, aunque ha sido minusvalorada18, fue limitada. Tanto la cronología como el interés de su mujer en controlar la figura política del príncipe de Asturias y Gerona son argumentos más que consolidados en la historiografía para pensar en ello. Para el tema que nos ocupa, resulta muy interesante destacar una doble dinámica a la hora de observar esas relaciones de confianza y responsabilidad. En primer lugar, aquellos grandes cortesanos que se vieron inmersos en la competición por la gracia regia con la ampliación del séquito fernandino, recibieron los principales puestos de responsabilidad de un sistema cortesano que bien podemos considerar como una “galaxia de cortes”. Nos referimos a aquella de la reina Juana, la reina Germana, el infante Fernando, el arzobispo Alfonso o la virreinal de Nápoles. Así por ejemplo mientras que para el caso de la Corona de Aragón los De Espés y Gralla se posicionaron como cabeza del séquito de Germana19, los Enríquez transmitieron una mayordomía a los Marqueses de Denia y avanzaron hacia el control de la casa de la reina Juana. La familia Ferrer, con una amplia trayectoria a sus espaldas, destacó por sus puestos tanto en la Corte del príncipe Juan como, sobre todo, en la de la “reina y princesa” cumpliendo la delicada (para Fernando) labor de control del séquito de la reina, y

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Véase la relación nominal aportada en José Damián González de Arce, “Trabajar para el príncipe. Los salarios de los servidores en la casa del príncipe de Asturias y Gerona (Juan de Aragón y Castilla, 14781497)”, Anuario de Estudios Medievales, nº 39, 2, (2009), pp. 777-842, y Santiago Fabregat Barrios, [ed. lit.] Libro de la Cámara Real del Príncipe Don Juan, oficios de su casa y servicio ordinario, Valencia, Universitat de València, 2006. 19 ACA.RP.MR. Vol. 941, 4v y 21r.

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ampliando su presencia sobre este grupo20. Por otro lado, mucho más relevante parece la difusión de la influencia de aquellos oficiales tan queridos por Fernando: los secretarios y los gestores económicos. Tal es el caso de la familia Celdrán, hombres de confianza del Rey Católico (les encontramos presentes desde 1485-1486) y que diversificaron su presencia con la Escribanía de Ración de la Corte de los archiduques, príncipes herederos, y sobre todo en el séquito de la segunda consorte de nuestro monarca y el de Carlos V en sus primeros años de reinado21. También los miembros de la familia Alcaraz, descendientes del doctor de Toledo, físico de la reina Isabel, parecen tener un papel protagonista en esta dinámica. En cuanto a los secretarios su protagonismo es muy similar. Destaca por ejemplo la responsabilidad de Gaspar de Barrachina, hombre del rey y secretario de su hijo bastardo. Los Velázquez Climent, fueron secretarios del príncipe Juan y de Germana. Incluso un miembro de la familia de los Arinyo aparece en la documentación como secretario de esta última. Frente a esta situación, que podría ser ilustrada con más ejemplos de disponer de un mayor espacio, nos encontramos con otra en el seno de la Corte de Fernando II que ilustra un último ámbito de la intimidad fernandina sin el cual esta relación quedaría incompleta. Nos referimos a oficiales propios de sub-departamentos -valga la expresiónrelacionados con la Cámara que, o bien forman parte de la expansión de las familias dentro de la Corte, o bien monopolizan un determinado ámbito de la vida cortesana. En cuanto a los primeros, la referencia a algunos de ellos parece dentro de la lógica de las sociedades curiales. No causa sorpresa la elevada presencia de los linajes cortesanos en el grupo de los pajes (es más, podríamos apuntar incluso su discreta presencia, en términos relativos). También el grupo de los continos ofrece un amplio número de representantes, por causas muy similares. Sin embargo resulta un poco más sorprende la abultada presencia de familiares cortesanos entre los capellanes. Así, encontramos que la inmensa Capilla del Rey Católico se alimentaba en un porcentaje muy elevado de los parientes de los más diversos cortesanos. Baste señalar, por ejemplo, que el hijo de Menante de la Cabra, sastre, llegó a ingresar como mozo de Capilla del rey22. Esta abultada presencia plantea legítimas dudas acerca de la efectividad del cargo, pudiendo al menos proponer dos interpretaciones. En primer lugar, la consideración de algunas capellanías como una merced honorífica cuya presencia en la Corte debía ser cuanto menos esporádica. Se trataría más bien de un reconocimiento a su papel y al de su familia en el servicio regio que, una vez más, acercaba este oficio al de los continos. En otros casos, cuando podemos intuir la presencia continuada de estos capellanes, debe entenderse esta incidencia como una merced. Se trataría de oficializar una presencia anterior y una retribución por la misma. En cualquier caso siempre deberíamos considerarlo como un acceso a un ambiente que es personal del rey, y que procede de la cercanía (política o física) al soberano 23.

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Sobre la configuración de la Corte de la reina y princesa Juana véase Bethany Aram, “ La casa de la reina Juana”, en VVAA. Doña Juana, Reina de Castilla, Madrid, Marcial Pons, 2006, pp. 99-118. 21 Sobre su presencia en la Corte de Fernando II: ACA.RP.MR.Vol.838.Fol.288r; en la de Juana Bethany Aram, “ La casa de la reina Juana”, op.cit. ; en la de Germana de Foix (ACA.RP.MR.Vol.941.Fol.3r, así como los volúmenes , 911, 926 y 960); en la de Carlos I ACA. RP.MR, Vol. 912. 22 ACA.RP.MR.Vol.843.Fol.46v 23 Sobre la visión de la Capilla como un espacio “doméstico” del rey véase: María Narbona Cárceles, La corte de Carlos III el Noble, rey de Navarra: Espacio doméstico y escenario del poder, 1376-1415, Pamplona, Eunsa, 2006.

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Esta última cercanía más personal a la figura del rey y las relaciones antidorales y de empatía nos permiten adentrarnos en el último conjunto de oficiales que nos gustaría destacar. Así pues finalizamos estas páginas con un grupo que, a pesar de su estrecha cohesión interna no refutan, sino que incluso refuerzan, la dinámica cortesana que venimos comentando gracias al concepto de familiaridad que venimos comentando. Sorprende comprobar cómo, frente a esa dispersión de los grandes cortesanos, el entorno más personal del rey, aquel dedicado al ocio y a su custodia se fue haciendo cada vez más estrecho. Sin duda en cierta medida las peculiaridades de los cargos incidieron en esta dinámica. Los requisitos para ocupar el oficio de Montero de Espinosa, por ejemplo, hacían previsible una mayor conexión familiar entre sus integrantes. Otros, por el contrario, apuntan al trato continuado como una manera de promocionar y perpetuarse en los cargos. Es el caso de los monteros (familia Sendin) cazadores (los Chanz) y músicos (los Gaço) 24. No parece casualidad que sea el ocio regio en donde mejor podamos observar esta perpetuación y control en el oficio. Frente al peso político de los grandes nobles y secretarios, los oficiales encargados del asueto no tuvieron en la Corte de Fernando II un peso significativo en el discurrir político o incidencia en las facciones cortesanas25. La caracterización del oficio permitía por tanto una difusión mayor de las redes familiares. 4. A modo de conclusión Sentimientos de fidelidad y honor, de amor e ira, de justicia y deber, de dones y reciprocidad, regidos por ceremoniales más o menos desarrollados pero siempre convincentes. Esa es, en mi opinión, la sustancia misma de las relaciones establecidas por una pequeña pluralidad de universos aristocráticos que producían un orden estatal relativamente eficaz, a pesar de hallarse carente de algunas de las instituciones que solemos unir a la autoridad del Estado26.

La cita, del profesor Laliena Corbera, resume de manera magistral el objetivo que ha pretendido guiar estas páginas. Lo que más sorprende es la posibilidad de adaptar (casi a la perfección, tal vez con pequeños matices que aportar) una cita referida al siglo XI aragonés a la situación de la Península Ibérica en el tránsito del siglo XV al XVI. Sin duda la Corte es un espacio de gobierno. Pero es también un espacio de los reinos. En ella encuentran una vía de comunicación directa con el rey – más en el caso de Fernando II, al que se puede considerar como inicio de la tendencia absentista de los reyes de la Corona de Aragón-. Pero no dejaba de ser, igualmente, un espacio de sociabilidad, en donde la contraposición entre la dimensión personal del monarca y su faceta política no tiene cabida, sólo la respuesta ante unas situaciones que entendemos 24

Situaciones semejantes se viven en la Corte de la reina Isabel, por ejemplo, en donde John Edwards ya hablaba de “dinastías de cantores” al servicio de la reina John Edwards, Isabel y Fernando. Constructores de un régimen, Madrid, Biblioteca Nueva, 2007. Y sobre la vinculación de Juana con los músicos flamencos que la acompañaban puede verse Miguel Ángel Zalama Vida cotidiana y arte en el palacio de la Reina Juana I en Tordesillas, Valladolid, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Valladolid, p. 366. 25 Téngase en cuenta que no hablamos de la Cámara en su conjunto, ni tan siquiera de los oficiales rectores de la misma. Por más poder que tuviese la familia Cabrero en ella (Gonzalo Fernández de Oviedo, Batallas y Quinquagenas, Salamanca, Ediciones de la Diputación de Salamanca, 1989 [ Edición de Juan Bautista de Avalle-Arce] p. 282 y ss) la diversidad de los propios Mozos de Cámara y de personajes de la altura de Hernando de Vega fueron, cuanto mensos, un meditado contrapeso. 26 Carlos Laliena Corbera “La memoria real en San Juan de la Peña: poder, carisma y legitimidad en Aragón en el siglo XI”, Aragón en la Edad Media, nº19 (2006), pp. 309- 324.

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concéntricas, difícilmente liminares, y en buena medida trasversales. Incidir en la historia de las emociones dentro de la Corte tal vez nos permita conocer un poco mejor la visión de un gobierno no tan burocratizado como el contemporáneo, por más que lo consideremos moderno. En este breve trabajo tan sólo hemos tratado la dimensión más política de las emociones. Sin embargo queda todavía mucho por indagar para complementar el mosaico que, esperando en la documentación, emerge ante nuestros ojos.

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El origen de algunas de las acusaciones de trazas moras sobre dos linajes ibéricos modernos: los Cárdenas y los Braganza (ss. XV y XVI) The origin of some of the accusations of plans Moors on two modern Iberian lineages: the Cardenas and the Braganza (XV - XVI centuries) Carlos GONZÁLEZ REYES Universidad de Barcelona

Resumen: El Almirante y consejero de estado don Jorge de Cárdenas, V duque de Maqueda, nació en Elche en abril de 1584, fruto del matrimonio contraído entre don Bernardino de Cárdenas y Bragança, virrey de Cataluña y de Sicilia y doña Luisa Manrique de Lara, III y IV duques de Maqueda y de Nájera respectivamente. En 1593, con apenas 9 años fue abierto el proceso para concederle el hábito de la Orden de Santiago. A lo largo del mismo, los caballeros informantes recibieron varios datos que invalidarían por completo el proceso. Por lo visto, doña Joana de Bragança y doña Teresa Enríquez, abuela y bisabuela del almirante, tenían trazas moras y conversas. Tras las graves acusaciones uno de los caballeros encargados de las pesquisa, don Antonio de Pessoa, envió un informe final del Consejo de Ordenes a Felipe II para que decidiese si era posible conceder el hábito al joven Jorge. La intervención final del monarca fue la que hizo que se disipasen todas las dudas sobre el asunto. Con la aproximación al desarrollo del proceso, las dudas surgidas a lo largo del mismo, así como su realización pretendo abordar un caso concreto y complejo en la concesión de hábitos de las órdenes militares. El estudio del recorrido, el origen y relación de los testigos con las familias así como de los intereses que se encontraban detrás de las informaciones dadas nos advierten de las formas de descrédito utilizadas en la época como forma de romper alianzas o fortalecerlas en la esfera cortesana y política. Palabras clave: Hábito Santiago, expediente, Jorge de Cárdenas, limpieza de sangre, conversos Abstract: Admiral and State Councillor Jorge de Cárdenas, V Duke of Maqueda, was born in Elche in April 1584, of the marriage between Mr. Bernardino de Cárdenas and Braganza, Viceroy of Catalonia and Sicily, and Ms. Luisa Manrique de Lara, III and IV dukes of Maqueda and Nájera respectively. In 1593, when he was only 9years old, the process of investigation for the concession of the habit of the Order of Santiago began. During this process, the researchers discovered some information that invalidated the concession of the habit. Apparently, Joana of Braganza and Teresa Enríquez, grandmother and great-grandmother of the admiral, had Arab traces in their lineage. After these accusations, one of the knights responsible for the investigation, Antonio of Pessoa, sent a report to the Orders Council and to Philip II with his conclusions in order for the Monarch to decide if it would be possible to grant the habit to Jorge. With this approach to the development of the analysis of ‘purity’ of bloodlines and to the doubts of two of the most important lineages of the Iberian Peninsula, I want to focus on a specific case of an investigation process to grant a military habit. By studying the testimonies and the origins of those interviewed, their relationships with the two noble families, and their

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Carlos GONZÁLEZ REYES private interests, we can know the reasons for the accusations that were made. This serves to inform us about some of the different ways of discrediting in the Early Modern age, and their uses to strengthen or weaken alliances in the political and courtly spheres. Keywords: Habit of Santiago, expedient, Jorge of Cárdenas, ‘purity’ of bloodlines, converts

1. Introducción Entre 1576-1578 y a lo largo de 1593 la limpieza de sangre tanto de los duques de Braganza como de los duques de Maqueda, dos de las dinastías ibéricas más sobresalientes, se puso en cuestionamiento. La primera de la ocasiones fue cuando se intentó concertar el matrimonio de Isabel de Cárdenas y Braganza con Lorenzo Suárez de Figueroa, III duque de Feria. El segundo, cuando se inició el proceso de probanza de Jorge de Cárdenas Manrique de Lara, sobrino de la anterior, para la concesión del hábito de Santiago. Sin embargo, el hermano de éste último, Jaime de Cárdenas, VI duque de Maqueda, solicitó el hábito de Santiago en 1630 y en ningún momento de su expediente se hacía mención de las acusaciones que años atrás se habían vertido sobre sus orígenes familiares. El motivo por el que salieron a relucir a finales de la década de 1570 podía deberse a un juego de intereses orquestado por los Éboli para liquidar por un lado la influencia de la dinastía lusa en la corte en los momentos previos al conflicto por el trono portugués y para atacar a uno de los integrantes del bando cortesano contrario, los albistas. Para el caso de 1593, con la apertura del expediente, se puso de manifiesto que las acusaciones sobre trazas moras y el descrédito a un sujeto o su familia no solo podía tener peso viniendo de la corte, sino también desde los elementos más bajos de la sociedad. Analizando ambas situaciones de trazas moras y esclavas sobre algunos de los miembros de ambos linajes, la naturaleza de las informaciones que salieron a la luz y el determinado contexto familiar del momento intentaré demostrar que el descrédito y las acusaciones se estructuraban como una baza para promover o desmantelar alianzas políticas y clientelares. La obtención y uso de la información se utilizaba como instrumento político de primer orden. También, en la línea de los argumentos de Lambert-Gorge 1 , cómo los expedientes de probanza pasaron a convertirse en un instrumento de control social dentro del complejo entramado estamental y jerárquico de la Castilla de la segunda mitad del siglo XVI y la primera del siglo XVII. 2. La unión de las Casas de Bragança y de Maqueda Doña Joana de Bragança nació en Vila Viçosa en abril de 1521 siendo la primogénita del segundo matrimonio2 de don Jaime I de Bragança con doña Joana de Mendoça 3, dama de la Reina doña Leonor de Viseu. Durante su infancia y juventud permaneció en 1

Martine Lambert-Gorges, “Imágenes de la familia y la respetabilidad social a través de las encuestas de las órdenes militares (siglos XVI-XVII)”, en Hernández Franco J. (ed.), Familia y poder: sistemas de reproducción en España (siglos XVI-XVIII), Murcia, Universidad de Murcia, 1995, pp. 19-47. 2 Es sobradamente conocida por la historiografía portuguesa la controvertida muerte de la primera esposa de don Jaime I, doña Leonor de Guzmán, hija del III duque de Medina Sidonia. Las sospechas recayeron sobre el propio duque de Bragança, obligado a redimirse costeando la expedición de la Toma de Azamor, en 1513. 3 Era hija de don Diego de Mendoça, Alcalde Mayor de Moura y de doña Beatriz Soares de Albergaria.Recomendamos para saber más: Luciano Cordeiro de Sousa, A Segunda Duqueza, Lisboa, Livraria Ferin & Cª, 1892, pp. 229-262.

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la dicha villa, donde según Manuel de Brito, deán de la capilla del duque de Bragança, se la tenía por una joven “muy sabida y entendida4”. En 1550, casi con 29 años de edad y con una elevada dote de 65 mil cruzados fue prometida con don Bernardino de Cárdenas y Velasco, III marqués de Elche, hijo del virrey de Valencia, también de nombre Bernardino y II duque de Maqueda. Este matrimonio se inscribía en la política matrimonial seguida por la Casa ducal portuguesa durante la segunda mitad del siglo XV, estudiada por historiadoras como Mafalda Soares da Cunha, tendente a casar a sus representantes con miembros de la Casa Real de Avís o con grandes nobles tanto lusos como castellanos como estrategia de distinción5. Durante algunas temporadas, el recién estrenado matrimonio se estableció en Elche, uno de los estados más importantes de los Cárdenas. El padre del marqués, además, ocupaba en esos momentos el cargo de virrey de Valencia y él, en sus ausencias, el de virrey interino. Fue en el castillo de esa localidad donde el matrimonio vio nacer a sus tres hijos: Isabel (1551), Bernardino (1553) y Jaime (1555). Sin embargo, la desgracia sobrevino a la familia el 2 de agosto de 1557. Después de apenas siete años de matrimonio, falleció el marqués ahogándose en la Albufera que hay entre Elche y el mar Mediterráneo6. Tras esto, doña Joana decidió abandonar el Reino de Valencia e instalarse definitivamente en Torrijos. Tres años después, en 1560, falleció también su suegro. A partir de ese momento fu ella quien, en calidad de tutora del heredero menor de edad de la Casa de Maqueda, pasó a administrar la totalidad del patrimonio de los Cárdenas, uno de los más ricos y vastos de Castilla 7 . A pesar su enorme desgracia personal y su mala salud8, supo defender los intereses de su prole durante los siguientes años. 3. Las primeras sospechas de “trazas moras” sobre los Bragança Tras el fallecimiento de Gómez III Suárez de Figueroa, I duque de Feria, en 1571, su hijo don Lorenzo heredó todo el conjunto patrimonial de la Casa de Feria y parte de la de Priego. Nacido en 1559, fue educado bajo la estricta mirada de su madre, Lady Jane Dormer, antigua dama de la Reina María I de Inglaterra, y de su tío, del mismo nombre y posterior obispo de Sigüenza. A pesar de ello, dio muestras desde su juventud de ser galante y pendenciero hasta el punto de ser detenido en varias ocasiones por orden de

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Archivo Histórico Nacional [AHN], OM-CABALLEROS_SANTIAGO, Exp. 1542, f. 38v. Mafalda Soares da Cunha, “Estratégias matrimoniais da Casa de Bragança e o casamento de do duque d. Joao IV” Hispania LXIV/1, 216 (2004), pp.42-43. De especial importancia para éste artículo: Mafalda Soares da Cunha, “From dukes to kings. Particular aspects of the development of the House of Braganza within the Iberian context (16th and 17thcenuries)”, en Gaetano Sabatini y Giuseppe De Luca (eds.), Growing in the shadow of an Empire. How Spanish Colonialism affected economic development in the Europe and in the world (XVIth-XVIIIthcenturies), Roma, Franco Angeli, 2012, pp. 299-318. 6 Onofre Ezquerdo, Nobiliario valenciano, Valencia, Biblioteca valenciana, 2001, pág. 99. 7 Juan Ramón Palencia en su artículo dedicado a los Mayorazgos de los Cárdenas del siglo XVI deja apuntado bastantes de las características económicas de los mismos. Juan Ramón Palencia Herrerón, “Estrategia patrimonial y jerarquía del linaje: los mayorazgos de la Casa Ducal de Maqueda en el siglo XVI”, HID 29 (2002), pp. 333-35. Además de ello, gracias a los documentos del Archivo de la Casa de Maqueda, sito en la Sección de Nobleza del AHN, se puede comprobar el considerable tamaño del conjunto de propiedades de la familia, que se extendía tanto por el Reino de Castilla como por los de Valencia y Granada. 8 Archivo General de Simancas [AGS], CCA, DIV, 15, 11, f.2v. 5

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Felipe II9. Sin embargo, ante la necesidad de un heredero que le sucediese, tenía que casarse. En 1575 fue acordado su matrimonio con doña Isabel de Cárdenas, contando con el beneplácito de doña Joana y Lady Jane 10. Sin embargo, tanto a don Lorenzo como a su tío les llegaron varios rumores a través de un caballero llamado don Rodrigo Manuel que acusaban a la futura suegra de don Lorenzo, doña Joana, de conversa. La denuncia, pasó a ser más grave cuando incluyó también a su difunto marido. Parecía ser que también el marqués había sido descendiente de una esclava mora. Según Manuel, las murmuraciones procedían de diversos nobles de la corte madrileña, de los que no quiso especificar el nombre11.Bajo mi punto de vista, se podría pensar que detrás de las acusaciones podrían estar los Éboli por su reticencia hacia los Braganza ¿Qué mejor forma que debilitar la unión haciendo difundir ese rumor? Con ello, podían conseguir que los Braganza no continuasen aumentando su peso en Castilla, en el marco de la posterior crisis sucesoria portuguesa. A partir de ese momento, los Feria empezaron a mostrarse reticentes a la unión matrimonial con los Cárdenas, especialmente el tío de don Lorenzo, por las sospechas que corrían por Castilla y por la propia Corte sobre la dudosa ascendencia de doña Isabel tanto por el costado de los Cárdenas como el de los Bragança. En el caso de la Casa castellana por la esposa del fundador del linaje, doña Teresa Enríquez (c.1450-1529), conocida por sus contemporáneos como la “La loca del Sacramento” por su devoción a la Eucaristía y las numerosas obras pías que promocionó12. Por la parte portuguesa, por doña Joana de Bargança, marquesa de Elche, ya que se decía que su abuela, doña Beatriz Soares de Albergaria (madre de Joana de Mendoça, duquesa de Bragança) era conversa [Fig.1]. Las habladurías alcanzaron tal dimensión que llegaron hasta el Real Monasterio de Guadalupe en la Navidad de 1576. En esas fechas Felipe II se encontraba allí reunido con su sobrino, el rey Sebastián I para tratar el asunto de la conquista de Fez. Ante la gravedad de las acusaciones, el Rey portugués encargó a don Juan de Ayala, caballero de Santiago, que investigase los orígenes de la duquesa de Bragança. Lo primero que hizo fue escribir a don Rodrigo de Mendoza, duque del Infantado y Gentilhombre de Cámara de Felipe II, que le remitió una relación de los ascendentes de doña Joana de Mendoça. En ella quedaba asegurada su limpieza. Sin embargo, para acabar de cerciorarse, el propio Ayala se desplazó hasta Madrid para reunirse con don Rodrigo e intentar averiguar los nombres de los nobles que habían extendido aquellas habladurías. Realizó el viaje en compañía del duque de Alba. Durante el camino, en una ocasión le preguntó cuál era su opinión sobre el asunto. Don Fernando Álvarez de Toledo le contestó de forma rotunda que estaba garantizada la limpieza de la sangre la familia ducal portuguesa. El motivo que aludió es que doña Isabel de Mendoça, hermana de la duquesa de Bragança, se había trasladado hacía años a la Corte madrileña sirviendo a la emperatriz Isabel. Cuando él la vio le pareció una dama bellísima, hasta el punto de querer casarse con ella 13 . Sin embargo, antes de 9

Juan Carlos Rubio Masa. El mecenazgo artístico de la Casa Ducal de Feria, Badajoz, Editorial regional de Extremadura, 2002, pp. 325-327. 10 Archivo Ducal de Medinaceli [ADM], Feria leg. 44, ramo 1, n. 1. 11 AHN, OM-CABALLEROS_SANTIAGO, Exp. 1542, f. 80r. 12 No me detendré a analizar la figura de doña Teresa. Recomiendo para saber más sobre ella: Manuel de Castro y Castro, Teresa Enríquez, la “Loca del Sacramento” y Gutierre de Cárdenas, Toledo, IPIET, 1992, pp. 14-22. En la misma obra aparece también explicitado largamente el motivo del motivo por el que fue designada con ese apodo, que le otorgó el Papa León X a causa de su extrema devoción al Sacramento de la Eucaristía (159-223). 13 AHN, OM-CABALLEROS_SANTIAGO, Exp. 1542, f. 79r.

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cortejarla, procedió a realizar “las diligencias necesarias para informarse de su limpieza, y halló ser limpia14”. No obstante, cabe pensar que los Cárdenas estaban vinculados a la facción de los Alba en la Corte. Felipe II tuvo que intervenir personalmente en el asunto garantizando, para la tranquilidad de los Feria, que ni en la familia Bragança ni en la de los Cárdenas había tacha alguna de judío o converso. Finalmente, el matrimonio entre doña Isabel y el duque de Feria se acabó celebrando dos años más tarde de lo pactado, en 157715. Este primer episodio Este hecho demuestra cómo las acusaciones, en esta primera ocasión, no venían del bando albista de la Corte, más bien al contrario, el propio duque había dado testimonio de la limpieza de los Braganza. ¿Se puede pensar que lo hacían desde sectores ebolistas? Bajo mi punto de vista me vuelvo a reafirmar. Otra razón que lo apoya es que en esas fechas, los príncipes de Éboli hicieron conocedor a Felipe II de los problemas que habían tenido con los Cárdenas por motivos del matrimonio de su hijo Diego con una Cárdenas y posiblemente hicieron también acusaciones al Rey de que don Bernardino III, cabeza de laCasa, apoyaría la causa de los Braganza, familiares suyos, especialmente Catalina de Bragança en las pretensiones al trono portugués16. La influencia aún palpable de los Éboli hasta la caída de Antonio Pérez y de la Princesa ya que consiguieron que el duque Bernardino III fuese desterrado de Castilla por traición. Ante este hecho, se retiró a Vila Viçosa durante unos meses. Sin embargo, regresaría a Castilla solicitando poder estar encarcelado en el castillo de Tordesillas para evitar que su destierro en la villa portuguesa diesen pie a habladurías que pudiesen reafirmar la traición de la que lo acusaban los Éboli y debilitase su fidelidad a Felipe II. En 1580, sofocado el asunto de la sucesión portuguesa y con la ascensión de los albistas, fue perdonado por el Rey. Para esas fechas don Bernardino III, de 27 años de edad, pesar de ser el único heredero, tan siquiera se ocupaba en esas fechas de la gestión de su patrimonio, que seguía estando bajo la administración de su madre. A pesar de esa actitud despreocupada, tuvo que casarse para garantizar la sucesión. La esposa escogida fue doña Luisa Manrique de Lara, hija del IV duque de Nájera, entonces virrey de Valencia17. En esta ocasión, ante la forma que fue zanjado el asunto del matrimonio de doña Isabel con don Lorenzo por parte de Felipe II, no hubo ningún tipo de objeción por parte de los Manrique. De esta unión nacieron 7 hijos. Doña Joana de Bragança únicamente conoció a Bernardino (1581), a Jorge (184) y a Jaime Manuel (1586). Alejada de la Corte y retirada definitivamente en sus estados de Torrijos, falleció en octubre de 1588, a los 67 años; dejando un patrimonio aún más acrecentado del que había tenido que hacerse cargo tras morir su esposo y su suegro. Fue sepultada en el Monasterio de las 14

Ídem, f. 79v. Gaspar Muro y Antonio Cánovas del Castillo, Vida de la princesa de Éboli, Madrid, Librería Mariano Murillo, 1877, pág. 183. 15 La unión duró apenas tres años por el fallecimiento de doña Isabel. Unos meses más tarde, también expiró la propia duquesa de Bragança y su hijo Jaime. De ese modo, doña Joana vio como en 1580 desaparecían dos de sus tres hijos y su madre, de la que se habían vuelto a poner en entredicho sus orígenes en los últimos años de su vida. Únicamente le quedaba su hijo don Bernardino. 16 Gaspar Muro y Antonio Cánovas del Castillo, Vida de la princesa de Éboli, Madrid, Librería Mariano Murillo, 1877, pág. 183. 17 Fue virrey entre 1578 y 1580, v. María de los Peligros Belchí. Felipe II y el virreinato valenciano (1567-1578) La apuesta por la eficacia gubernativa, Valencia, Biblioteca valenciana, 2006, p. 215. 14

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Concepcionistas de Torrijos18, hacia el que tan vinculada había estado y tanto había dotado. Al poco tiempo de fallecer, su hijo Bernardino III fue designado virrey de Cataluña (1592-1596) y, años más tarde, de Sicilia (1596-1601). Su nieto mayor, también de nombre Bernardino, falleció en Barcelona, en 1596, cuando su padre aún ejercía como Lugarteniente en el Principado. El segundo, don Jorge sería el que posteriormente heredaría el inmenso patrimonio de los Cárdenas tras la muerte de su padre en Palermo, en 1601. En 1593, cuando tan solo contaba con nueve años y aún vivía su hermano mayor, su padre pensó que para mejorar su destino de su segundo hijo, podría solicitar para él la concesión del hábito de la Orden Santiago19. Felipe II, por la estima que tenía a don Bernardino –lejos habían quedado los incidentes de años atrás con los Éboli- accedió a que se abriera la investigación pertinente para valorar si era posible o no concedérselo. Lo que ninguno de ellos sabía es lo que ese expediente iba a poner de nuevo en entredicho20, ahora con pruebas y testimonios, las sospechas sobre la no limpieza de buena parte de la casa Bragança y de los Cárdenas. 4. El proceso para la concesión del hábito de Santiago a don Jorge 4.1. La primera fase de la investigación. Castilla y Portugal Los interrogatorios empezaron en la villa de Valencia de Don Juan el 18 de julio de 1592 y posteriormente continuaron en la Villa de Peñafiel, donde todos los testimonios dieron fe de que el costado materno del aspirante, el de los duques Nájera y de los condes de Ureña eran tenidos “por limpios 21 ”, “sin ningún género de bastardía 22 ”.También restaba asegurada su consideración de “cristianos viejos 23 ” sin “mescla de judíos, moros, ni conversos, en ningún grado24”. A su vez, buena parte de ellos dejaron constancia que hasta el cuarto grado de parentesco, los Manrique no habían sido “acusados ni penitenciados por el Santo Oficio25”. Mientras tanto, en la villa de Madrid a primeros de julio de 1592, al también caballero profeso de la Orden, don Antonio Pessoa, se le encargaría de investigar el costado paterno de don Jorge, tanto a los Cárdenas como a los Bragança. Empezó por el linaje portugués, de ahí que se dirigiese a la frontera lusa y a 20 de agosto de 1592 ya se encontrase en Villaviciosa, estado patrimonial de los duques. Concretamente fueron 20 vecinos a los que tomó testimonio, entre ellos clérigos, caballeros, damas y personas corrientes. La investigación empezó con normalidad, con los testimonios de vecinos como Pedro de

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El actual monasterio fue erigido a mediados del siglo XX. El anterior fue prácticamente destruido, desapareciendo todas las tumbas de los miembros de la Casa Ducal. Únicamente se puede conocer como era el Panteón donde estaban sepultados, entre ellos doña Joana, gracias a una obra que realizó en 1787 del cartógrafo Tomás López. Algunos huesos recuperados fueron enterrados frente al altar de la Colegiata del Santísimo Sacramento.BNE, MR/2/036 “Adlas Portatil y Geographico de la Península de las Españas é Islas Adjacentes. Dispuesto por Dn. Tomás López en 1757”, ff. 4r-5v. 19 El proceso se alargó y complicó tanto que llegaron a gastarse más del dinero depositado para las pruebas, siendo un total el coste del expediente de más de 330 ducados de plata. 20 Raquel Sánchez Ibáñez, “los «hijos de un reconciliado»: el conflicto ennoblecimiento de los PrietoLisón de Murcia (1618), en J. Hernández Franco (ed.), Familia y poder… op.cit., pp.171-184. 21 AHN, OM-CABALLEROS_SANTIAGO, Exp. 1542, f. 14r. 22 Ídem, f. 15r. 23 Ídem, f. 16v. 24 Idem, f. 17 v. 25 Idem, f. 14v.

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Almeyda o Custodio Rodrígues 26 , que certificaron que la abuela de don Jorge, la marquesa de Elche había sido “muy ilustre por ser de sangre real por ser los duques de Bergança muy cercanos de los Reyes de Portugal 27 ”. También aludieron a la “muy noble sangre28” de doña Joana de Mendoça, madre de doña Joana, por ser los Mendoza de los linajes de más prominentes tanto de Castilla como de Portugal. Sin embargo, fue el tercero de los testimonios, el de la viuda Catalina Sarmiento, quién hizo levantar las primeras sospechas. Según parece: “Había oído decir en sus mocedades a algunas personas que ya son difuntas que la duquesa de Berganza que se llamó doña Joana tenía una raza de mora por parte de su madre que se llamaba doña Beatriz Suarez, que fue esposa de fulano de Mendoza que aunque se llamo Mendoza era 29 tenido por portugués ”.

Ante tales sospechas, don Antonio se dirigió ese mismo día a entrevistar al deán de los Bragança, que garantizó la limpieza de los Mendoça era completa 30 . Ante la poca información proporcionada y lo poco neutral testimonio, se encaminó a entrevistar al día siguiente, 23 de agosto, a don Juan de Tovar. A pesar que tenía dos encomiendas por parte de don Teodosio, se mostró menos cauto que Brito. Al ser preguntado sobre las posibles trazas moras de doña Joana de Mendoça comentó que había oído “a unos ruines y baladíes que lo decían con algún odio por ser Francisco de Mendoça, alcalde mayor de Mourão, sobrino de la duquesa de Braganza. De ahí que algunas personas le quieran calumniar 31 ”. Dicho esto, añadió que ya en vida el propio Francisco de Mendoça había sido conocedor de esos rumores que corrían acerca de su familia. Ese fue el motivo por el que fue en busca del caballero Antonio de Lima, alcalde mayor de Guimarães, que había escrito un libro sobre los principales linajes de Portugal32. Otro de los interrogados, Sebastián de Sousa, mencionó también la consulta del libro de linajes por parte de don Francisco de Mendoça. En este caso, dando más datos puesto que afirmó que después de entrevistase con Lima, don Francisco “vino muy satisfecho porque halló ser mentira lo que se decía por gente malintencionada 33 ”.Pessoa, confundido ante la poca unanimidad y claridad de los testimonios, fue a entrevistar a un caballero de la villa, don Antonio Mouro. Éste le aportó una de las pistas más reveladoras de toda la investigación: “Andando de amores el duque de Braganza con doña Joana cuando era dama en palacio, le cantaba una copla que decía: moura ela e mouro eu, e morra quem una lanzada me deu y se 34 entendía que el duque le hizo esta copla por venir ella de aquella raza ”.

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Este vecino era natural de Borba y afirmó en su testimonio que fue uno de los acompañantes del séquito de doña Joana desde Vila Viçosa hasta el Real monasterio de Guadalupe, donde maridó en 1551 con el marqués de Elche. AHN, OM-CABALLEROS_SANTIAGO, Exp. 1542, f. 34v. 27 Idem, f. 33r. 28 Idem, f. 35v. 29 Idem, f. 37v. 30

Idem, f. 38r.

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AHN, OM-CABALLEROS_SANTIAGO, Exp. 1542, f. 39v. 32 Existen tres ejemplares, de diferentes periodos, del libro Linhagens de Portugal de don António de Lima, entre ellos el manuscrito original en el Catálogo en la Biblioteca Nacional de Portugal (BNP), Ref. COD. 981. 33 AHN, OM-CABALLEROS_SANTIAGO, Exp. 1542, f. 43v. 34 Idem, f. 41r.

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4.2. Las pesquisas, de nuevo, en Castilla Ante la diversidad y lo controvertido de las informaciones de los testimonios interrogados, Pessoa decidió volver a Castilla. Tenía que ocuparse también de investigar los costados de los Cárdenas, duques de Maqueda. Una vez hecho esto, creyendo que sería tarea fácil, volvería a Portugal para seguir indagando sobre la segunda esposa del duque de Bragança. La primera parada la hizo en Medina del Campo. Ya en el primer testimonio, el de Francisco Vázquez de Cepeda, se vertieron acusaciones sobre trazas moras sobre la esposa del fundador de la Casa Ducal, la citada doña Teresa Enríquez. Por lo visto, a pesar de su vida ejemplar dotando iglesias y fundado monasterios, había sido “hija del almirante [de Castilla] y una mujer morisca35”.Cepeda también recordó al investigador un episodio que había tenido lugar en 1550 cuando se conoció públicamente el compromiso del marqués de Elche con doña Joana de Portugal. El párroco Bartolomé Fernández de Tapia alertó en aquella fecha al duque de Maqueda del agravio que cometía al casar a su hijo con una “conversa”; nieta del alcalde de Morón que “no tenía muy buen nombre” y al que “le alcançaban traças moras36”.Además de toda esta información, don Francisco relató a Pessoa un tercer episodio aún más revelador que los anteriores. En el tiempo que doña Joana estaba viva, se presentó ante ella un caballero portugués que le informó que debía probar su limpieza de sangre. Ante tal acusación, la marquesa reaccionó diciendo “no tengo que responder, que los Reyes de Portugal lo harán por mí37”. Varios testimonios más interrogados por Pessoa en Medina del Campo dijeron no saber nada sobre el asunto y otros tantos aseguraron que a los Bragança y a los Cárdenas se los tenía por limpios. Cuando fue interrogado el anciano don Diego de Torres Gamboa, caballero de Santiago, mencionó que asunto del matrimonio de doña Luisa de Cárdenas y los problemas que hubo en aquél entonces “el Rey nuestro señor se metió de por medio y declaró que en aquella parte había limpieza38”. A pesar de ello, aseguró que algunos principales caballeros de Toledo, de los que no daba el nombre, siguieron sin querer tratar a doña Joana porque “le alcançaba buena parte de mora o mulata”39.Incluso otro de los testimonios posteriores llegó a afirmar que la marquesa había sido objeto de burlas tanto en la Corte como en Toledo por sus dudosos orígenes. Recopilada la información en Medina del Campo, Pessoa se trasladó posteriormente a Torrijos, donde la mayor parte de los testimonios se mostraron prudentes a la hora de hablar de los orígenes de sus señores. Varios de ellos explicaron que las sospechas sobre Teresa Enríquez eran fundadas; que el dicho Almirante que se había encargado de extender aquél rumor para proteger el verdadero nombre de su amante –una gran dama noble-. Respecto a las acusaciones contra doña Joana, las negaron, asegurando era completamente limpia y no había mayor muestra de ello que la confirmación de Felipe II cuando se realizó el matrimonio de su hija con el duque de Feria. 4.3. Los últimos testimonios portugueses y la pistas del Inquisidor don Lope

35

AHN, OM-CABALLEROS_SANTIAGO, Exp. 1542, f. 51v. Idem, ff. 52v-53r. 37 Idem, f. 53v. 38 Idem, f. 56r. 39 Idem, f. 56v. 36

50

EL ORIGEN DE ALGUNAS DE LAS ACUSACIONES DE TRAZAS MORAS…

En noviembre de 1592, Pessoa se encontraba de nuevo en el Reino de Portugal, tras una serie de entrevistas con el Inquisidor del Reino y de hacerse con el propio libro de Linagens, siguió sus pesquisas finalmente encontró una escritura que resultaba clave. Se trataba de un pleito de 1527 entre los descendientes Fernando Soares de Albergaria, antepasado de doña de Braganza. En una parte del mismo se explicitaba: “Señor, Diego Diez, Caballerizo y hermano de leche de Diego López de Lima hago saber a v.m. como una María que es abuela de la fue la señora duquesa de Berganza que hoy es, fue hija de Gonzalo Fernández (...) Fue secuestrada por Fernando Soares de Albergaria que la hubo en su poder mucho tiempo y de la que hubo hijos e hijas, conviene a saber (...) doña Beatriz, 40 mujer de don Diego de Mendoza y madre de la duquesa de Berganza” .

Recopilada toda la información contradictoria tanto en Portugal como en Castilla, incluida una copia de la propia escritura, el incansable y perseverante don Antonio de Pessoa volvió a Madrid en enero de 1593. Una vez allí, remitió la documentación de la dilatada investigación en un memorial que envió al Consejo de la Orden de Santiago 41. Junto a él, fueron revisados también los que habían enviado don Alonso de Guzmán y el licenciado Esteban Nájera sobre el costado materno de Jorge. Tras ser estudiados, los encargados de emitir el informe sobre la veracidad de las informaciones hicieron saber a Felipe II de las contradicciones que habían existido entre los diferentes testimonios y las grandes dudas que existían sobre los orígenes de cristiandad del pretendiente, a pesar de disponer pruebas tan concluyentes como la propia copia de la escritura. De nuevo, el monarca veía como se había vuelto a poner en entredicho no solo la limpieza de los Bragança, sino también la de los propios duques de Maqueda. Finalmente, el Monarca, teniendo en cuenta que los Bragança eran unos de sus más estrechos aliados en la península, disipó todas las dudas considerando que no había traza alguna ni en ellos. También lo hizo respecto a los Cárdenas, considerando que las acusaciones sobre Teresa Enríquez no eran ciertas ya que así lo había probado su devoción cristiana. Finalmente, a pesar de las maledicencias y gracias a la intercesión del rey don Jorge recibió el hábito de Santiago. 5. Conclusiones Realizar una aproximación al estudio de los sucesos ocurridos entre 1576-1578 y al proceso de concesión del hábito a don Jorge de Cárdenas en 1593 me ha servido para reafirmar la idea que ya había señalado al principio: lo influyente de las acusaciones de conversión en la época moderna. En el primero de los casos, el del matrimonio de Isabel de Cárdenas con el duque de Feria, las acusaciones sobre ambos linajes procedían de la corte y trataban de debilitar una posición social. La relación de ebolistas y albistas fue un elemento determinante en la difusión de los rumores que actuaron como un arma de descrédito de primer orden a nivel cortesano. En el segundo de los casos, el del expediente de probanza de don Jorge de Cárdenas, he intentado demostrar cómo la apertura de un proceso de concesión de un hábito y la realización de las pesquisas que servían 40

AHN, OM-CABALLEROS_SANTIAGO, Exp. 1542, f. 108v. Para saber cuál era el proceso que se seguía en el Consejo de la Orden de Santiago después de haber recibido los memoriales de los investigadores recomendamos: María Jesús Álvarez-Coca González, “La concesión de hábitos de caballeros de las Ordenes Militares: procedimiento y reflejo documental”, Cuadernos de Historia Moderna, 14 (1993), pp. 286 y ss. 41

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teóricamente para obtener un prestigió, hacían que se diesen a conocer toda una serie de acusaciones públicamente. Estas alcanzaban no solo sobre el aspirante, sino también a su familia y a sus redes clientelares y podían ir desde el descrédito al honor como al cuestionamiento de la limpieza del linaje de pertenencia. En muchos casos, como el que aquí he tratado, los expedientes de órdenes permitían que las acusaciones de los cuadros medios y de los niveles más bajos pudiesen llegar a tener entidad suficiente para perjudicar a un gran personaje de la Corte. Ello evidencia, desde un enfoque micro histórico, no solo la posibilidad de obtener el descrédito de las altas esfera, sino también en un nivel más bajo, entre las redes clientelares más básicas (criados, servidores, etc.) que afectan al pretendiente. De ese modo, he intentado resaltar que mediante el conocimiento de las relaciones de la familia del aspirante con los entrevistados resulta posible acercarse a la estructuración de las redes clientelares y a la neutralidad o no de los testimonios. El análisis del caso de don Jorge demuestra cómo no es tan importante el individuo, un muchacho de 9 años a quién prácticamente ninguno de los entrevistados conoce y hasta entonces sin méritos, como los grupos dos familiares a los que pertenece de quien sí dicen “haber oído” o “haber conocido” a padres y abuelos y abuelas. Asimismo, también me gustaría concluir que durante el período en el que se realizan las pruebas, la segunda mitad del siglo XVI, en las órdenes militares empieza a ganar importancia la línea de transmisión materna, a diferencia de únicamente la paterna en los expedientes de la primera mitad del siglo XVI. De ahí que este tipo de documentación pueda ser considerada como un potente mecanismo de control por parte de la religión para vigilar las conductas y evitar la alteración del orden social ya que se amplía la base de familiares que se investiga (ascendencia materna). Ello me lleva a considerar que, hasta cierto punto, ha aumentado el papel de la mujer en la transmisión de valores. Tal y como se ha visto líneas atrás, el segundo matrimonio de Jaime I de Braganza no fue por cuestiones de estrategia política o militar, más por cuestiones de carácter personal. A pesar de ello, doña Joana de Mendoça se convirtió en un elemento clave también en cadena de descendencia, en una también portadora de la limpieza del linaje al que se ha unido. El matrimonio, por lo tanto, se constituye también como una unión a preservar que no altere el funcionamiento esencial del estamento de pertenencia. En consecuencia, ambos ejemplos me han servido para poner sobre la mesa como las dudas de limpieza actuaban como verdadero aspecto influyente en que las alianzas entre las diferentes facciones de la nobleza castellana y lusa. Dichas alianzas permeaban con facilidad en función de los intereses personales y en la Corte. De ahí que la acusación de trazas moras, en este caso para los Bragança y los Cárdenas (aunque extrapolable al resto de linajes tanto de la nobleza como la oligarquía, se convertía en un verdadero descrédito y en una arma clave para acabar con una posible unión no beneficiosa para algunas determinadas personas o sectores. Por último, no quería olvidarme de señalar que al recurrir al expediente de Jaime de Cárdenas Manrique de Lara, en 1630, hermano de don Jorge, tan solo tiene 14 folios. No hay mención alguna a trazas moras; era otro el contexto y la posición de ambas familias y, claro está, la pervivencia y fuerza del rumor, que acaba siempre desvaneciéndose.

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EL ORIGEN DE ALGUNAS DE LAS ACUSACIONES DE TRAZAS MORAS…

Fig. 1 Ascendencia de don Jorge de Cárdenas y Manrique de Lara, IV duque de Maqueda, gracias al libro de António de Lima, la escritura de 1521, las obras de Salazar y Castro. Todo ello corroborado también por A. Gaetano de Sousa y por la documentación del libro 36 de la Cancillería del Rey don João IV sita en Arquivo Nacional da Torre do Tombo. Elaboración del autor, 2015.

Gutierre de Cárdenas, consejero de los Reyes Católicos

Bernardino de Cárdenas, III marqués de Elche

Bernardino de Cárdenas, II duque de Maqueda (1490-1560)

Diego de Cárdenas, I duque de Maqueda (c.1580- 1542)

(1448-1503)

Alonso III Enríquez, II conde de Melgar y almirante de Castilla

Teresa Enríquez, "La Loca del Sacramento"

(c. 1432-1485)

(c. 1450-1529)

¿Esclava mora? En realidad: María de Alvarado y Villagrán

Mencía Pacheco, Señora de Riaza

(1521-1557) Isabel de Velasco Bernardino de Cárdenas, III duque de Maqueda

Alonso Hurtado Jaime I, IV duque de Bragança

(1553-1601) Jorge de Cárdenas, IV duque de Maqueda

Joana de Bragança

(1479-1532)

Diego de Mendoça, alcalde mayor de Mourão Beatriz de Villaragut

(1521-1588)

(1586-1629)

Joana de Mendoça Luisa Manrique de Lara, V duquesa de Nájera

Pedro Manrique de Lara, IV duque de Nájera

(1558-1627)

(1533-1600)

(c. 1502-1580)

Fernando Soares de Albergaria , señor de Prado Beatriz Soares de Albergaria

¿Esclava mora? En realidad: Maria Fernandes

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A hombros de gigantes: la Casa de Bascuas (Arzúa) y su relación con la vieja nobleza medieval de Galicia (siglos XV-XVI) Standing on the shoulders of giants: the House of Bascuas (Arzúa) and its relationship with the old medieval nobility of Galicia (XV-XVI centuries) Iago RODRÍGUEZ PALMEIRO Universidad de Santiago de Compostela Resumen: Como en otras muchas situaciones constatadas por la bibliografía, la nueva hornada de nobles gallegos conocida como fidalguía o hidalguía, se formó en numerosas ocasiones a la sombra de la vieja nobleza medieval, que había perdido pujanza en los primeros compases de la Edad Moderna, debilitada por la Revuelta Irmandiña. Andado el tiempo, el absentismo de los viejos linajes favoreció la irrupción de los nuevos, impulsados por su intervención en el mercado de la tierra, una exitosa reproducción social y el progresivo control del poder local. El ejemplo que presentamos, extraído de nuestras investigaciones con fondos privados de la baja nobleza del noroeste peninsular, viene a confirmar estas antiguas trabazones y pone de relieve el elevado grado de movilidad de la sociedad gallega del momento, del que la hidalguía fue claro paradigma. Palabras clave: Nobleza, familia, siglo XVI, genealogía, reproducción social. Abstract: As in many other situations confirmed by the bibliography, the new batch of Galician nobles, known as fidalguía or hidalguía, was formed on numerous occasions in the shadow of the old medieval nobility, who had lost strength in the early stages of the modern age, weakened by the Irmandiño Wars. Passed the time, the absenteeism of old lineages favoured the emergence of the new, driven by their intervention in the land market, a successful social reproduction and the progressive control of local power. The present example, drawn from our research with private sources of the lower nobility of northwest Spain, confirms these ancient assemblies and emphasises the high degree of mobility of the Galician society, of which the nobility was a clear paradigm. Keywords: Nobility, family, sixteenth century, genealogy, social reproduction.

1. Introducción y objetivos Pese a ser un grupo social bien conocido, la hidalguía gallega esconde ciertas sombras que no han sido dilucidadas todavía. Su conexión con la vieja nobleza medieval, forjada durante el siglo XV a caballo entre dos edades, ha resultado una suerte de tierra de nadie, demasiado tardía para los medievalistas y muy anticipada para los modernistas compostelanos. No obstante, en el discurrir de la centuria 1 operan cambios muy 

Este trabajo se inscribe en el marco del proyecto “El monte comunal en Galicia desde comienzos de la Edad Moderna a la actualidad: de soporte de un viejo complejo agrario a recurso medioambiental y patrimonio paisajístico, código: HAR2014-52667-R”, financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad. 1 Una etapa, no obstante, bien conocida en otros aspectos: José García Oro y María J. Portela Silva, “Galicia y el Bierzo en el siglo XV: de puentes a fronteras (las luchas de los condes de Lemos por el

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Iago RODRÍGUEZ PALMEIRO

importantes que condicionarán el futuro de la sociedad galaica. La tempestad que desataron las revueltas Irmandiñas tuvo un efecto demoledor en la vieja nobleza, amplificado por la política de los Reyes Católicos, dispuestos a acabar, sea como fuere, con las arbitrariedades y el bandidaje de los levantiscos caballeros del noroeste peninsular. Fue en este belicoso período cuando un número nada desdeñable de individuos dieron los primeros pasos para ocupar el lugar que los antiguos nobles dejarían atrás, alejados de su tierra por la voluntad real, enriquecidos en puestos imperiales. Andado el tiempo, en la centuria siguiente 2 , hombres de toda condición (escuderos, clérigos rurales, escribanos…) comenzarían una frenética actividad comercial, amparada las más de las veces por los grandes rentistas (monasterios, mitras…) que desembocaría en la vinculación de todos sus bienes y el establecimiento de linajes de nuevo cuño. En este ascenso tuvieron mucho que ver la caída de la vieja nobleza, la reorganización de los patrimonios eclesiásticos (arrasados y usurpados por los implacables caballeros durante el período anterior) y una favorable situación económica. Como bien apuntaba Martínez Barbeito3, todo historiador que aborde el estudio de la hidalguía gallega se topará frecuentemente con una barrera insalvable en torno al siglo XV. Las huellas de nuestros protagonistas se desvanecen progresivamente hasta perderse en el tiempo y los árboles genealógicos originales sugieren raíces muy dudosas que no resisten una pesquisa concienzuda. Esto es así porque el grupo como tal comienza a despuntar en el siglo XVI, mientras que en la centuria anterior todavía no ha comenzado a formar sus patrimonios ni a destacar socialmente. En la presente comunicación nos disponemos a exponer un caso que hemos investigado recientemente, como parte de nuestra tesis doctoral: la formación de la Casa de Bascuas, un notorio solar hidalgo ubicado en el ayuntamiento de Arzúa (provincia de A Coruña). Su origen se remonta a una gran familia de la Baja Edad Media galaica, los Seixas de Narla, que señoreaban diversos territorios del interior de la comunidad. A lo largo del texto mencionaremos, a modo de introducción, algunos documentos medievales que marcan la evolución del antiguo linaje y estableceremos el nexo de unión entre ambos colectivos. Con ello, pretendemos arrojar un poco más de luz sobre los inciertos inicios de este grupo social, tan relevante en la Galicia moderna.

dominio de El Bierzo)”, Grupo Filatélico y Numismático de Noia, [separata], Noia, 2011; Francisco Pérez Rodríguez, O Mosteiro de Melón no século XV, Ourense, Diputación Provincial, 2007; José García Oro, “Bispos e cabaleiros na Galicia do século XV”, Murguía, 9 (2006), pp. 33-38. Fernando Acuña Castroviejo y Sabela Pérez Concheiro (eds.), Os Capítulos da Irmandade: peregrinación e conflito social na Galicia do século XV : Catedral de Lugo, capela do Pilar, Sala municipal Uxío Novoneyra, Lugo, 4 agosto-28 outubro, 2006, Santiago, Xunta de Galicia, 2006; Gonzalo F. Fernández Suárez, La administración del Condado de Ribadavia en el siglo XV: organización político-judicial, hacienda, Santiago, Universidade de Santiago, 2004; Anselmo López Carreira, A Cidade de Ourense no século XV: sociedade urbana na Galicia baixomedieval, Ourense, Diputación Provincial, 1998; María del Carmen Sánchez Carrera, El Bajo Miño en el siglo XV, el espacio y sus hombres, A Coruña, Fundación Barrié de la Maza, 1997; Fernando Lojo Piñeiro, A violencia na Galicia do século XV, Santiago, Universidade de Santiago, 1991. 2 Ramón Villares Paz, La propiedad de la tierra en Galicia, Madrid, Siglo XXI, pp. 77-80. 3 Carlos Martínez-Barbeito y Morás, “Noticia genealógica de D. José Cornide”, Armería y Nobiliario de los Reinos Españoles, [separata], Madrid, 1959, pp. 3-23.

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A HOMBROS DE GIGANTES: LA CASA DE BASCUAS …

2. Fuentes y metodología El fondo empleado para la redacción de este trabajo está custodiado en el Arquivo Histórico Universitario de Santiago [AHUS], en su sección de Archivos Familiares4. Lleva por nombre “Seijas de Bascuas” y se divide en tres subsecciones correspondientes a líneas diferentes: Bascuas, Coruña y Paizás, de las cuales hemos analizado solamente la primera. La subsección de Bascuas consta de 18 mazos de documentación que cubren toda la historia de la Casa de Bascuas, desde el siglo XVI hasta el XVIII. No obstante, por el momento, sólo 7 de ellos están disponibles para la consulta, referidos esencialmente a los comportamientos sociales del grupo. En el siguiente cuadro podemos ver sus características: Tabla 1: Organización del Archivo de la Casa de Bascuas (7 cajas, siglos XVI-XVIII) Mazo/Caja

Piezas

Documentos

Descripción

1

22

65

Fundaciones, testamentos, dotes y partijas y mejoras

2

29

57

Ídem

3

6

10

Id.

4

8

13

Id.

5

3

3

Id.

6

4

6

Fundaciones, regalías, pleitos del beneficio de Rendal

7

7

9

Regalías, capillas en Rendal y Ourense, tarimas, sepulturas, misas, escribanías, patronato en varias parroquias, hidalguías.

Fuente: AHUS, Archivos Familiares, S.B., Bascuas, Cajas 1-7

Como muestra la Tabla 1, la mayor parte de las escrituras concentradas en estas cajas responden a los intereses familiares y sociales de los Seixas de Bascuas. Se trata, esencialmente, de testamentos, dotes, partijas, fundaciones y mejoras, que, con la ayuda de la bibliografía especializada, nos han permitido reconstruir el árbol genealógico en su totalidad y las estrategias de reproducción social llevadas a cabo para perpetuar la estirpe a lo largo del tiempo. El conjunto se estructura en tres niveles descriptivos: cajas, piezas y documentos. Existe una organización pretérita realizada, posiblemente, por algún archivero decimonónico, que da coherencia a la ingente cantidad de escritos albergados. La ordenación efectuada por el Arquivo Histórico Universitario de Santiago ha respetado el esquema original (con pequeñas alteraciones) y el resultado es en extremo 4

Para una reflexión sobre las características y utilidades de este tipo de archivos, vid. Iago Rodríguez Palmeiro, “Los archivos familiares y la historia rural. Revisión historiográfica y perspectivas de futuro” [en prensa].

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positivo para el investigador, que se encuentra con muchas facilidades al acercarse a la historia de esta familia a través de su rastro documental. 3. Los primeros pasos de los Seixas Los orígenes del linaje que moró un día estas estancias se remontan a la poderosa y esclarecida familia gallega de los Seyxas o Seixas (más tarde Seijas)5, quienes tenían sus raíces en las tierras de la Ulloa, más concretamente en el lugar de As Seixas6, (San Salvador de Merlán, municipio de Palas de Rei), desde donde se extendieron a otras partes de la geografía gallega, como Friol, Arzúa (el caso que nos incumbe), o Pontedeume7. En su solar original habían alzado la fortaleza del Castro das Seixas8 (hoy desaparecida) y el Hospital del mismo nombre. Con todo, el mayor exponente de esta pujanza se levanta todavía hoy en el lugar de Xiá9 (Santa María de Xiá, Friol) y lleva por nombre San Paio de Narla, se trata de una remozada fortaleza medieval que sigue señoreando las tierras del contorno, manteniendo vivas las antiquísimas leyendas que giran en torno a ella en la memoria de los vecinos que residen a la sombra de sus almenas. No es nuestra intención establecer la evolución de esta familia durante la Edad Media, porque excede con mucho las fuentes documentales empleadas, pero daremos a continuación una serie de referencias tomadas de la bibliografía que sintetizan el discurrir de los afamados Seixas. No pretendemos con ello hacer un recorrido exhaustivo, pero sí destacar algunos de los acontecimientos del colectivo. 5

A pesar de la importancia de esta familia en la Baja Edad Media en Galicia, no existen estudios históricos publicados (más allá de los estrictamente genealógicos) relativos a la línea de Narla. En primer lugar y como siempre en el caso de la provincia lucense, debemos remontarnos al análisis realizado por Manuel Vázquez Seijas. En él podemos encontrar no sólo la reconstrucción genealógica, sino una relación de documentos vinculados al linaje, además de una detallada descripción del baluarte y las leyendas populares que giran en torno a él, vid. Manuel Vázquez Seijas, Fortalezas de Lugo y su provincia, Lugo, Diputación Provincial, t. I, pp. 107-128. Vasco de Aponte los cita de forma transversal al referirse a sus conocidas rivalidades con la Casa de Ulloa, e indica más adelante que, el propio abuelo de Vasco das Seixas (Vasco das Seixas “el Viejo”), llegó a ser vasallo de Lope Sánchez de Ulloa, tras haberlo sido de Gómez Pérez das Mariñas, cfr. Vasco de Aponte, Recuento de las Casas Antiguas del reino de Galicia, Santiago, Consellería de Presidencia, 1986, pp. 163-165. Crespo Pozo aporta numerosas notas biográficas de varios señores de Narla y de aquellos descendientes que pasaron a América, vid. José Santiago Crespo Pozo, Blasones y Linajes de Galicia, A Coruña, Ediciones Boreal, 1997, vol. IV, pp. 325-330. Del mismo modo, resultan muy interesantes los detallados árboles de Jaime Bugallal y Vela, entre los que se incluyen dos de la familia Seixas, de los que hemos extraído numerosa información para completar nuestra genealogía, cfr. Jesús Ángel Sánchez García, Torres do Allo. Arquitectura e historia del primer pazo gallego, A Coruña, Diputación Provincial, tabla genealógica VI (p.1 y 2), 2001. 6 Se trata, por lo tanto, de un apellido toponímico, “El Castro das Seixas alude a un castrum [...] donde habría muchas saxa (‘seixas’), plural del neutro saxum ‘canto, piedra blanca muy dura’”, traducido de Nicandro Ares Vázquez, “Toponimia do concello de Palas de Rei”, Lucensia, 27 (2003), pp. 295-326. 7 Para la línea de los Seixas asentada en el área de Pontedeume, vid. Rafael Usero González, y Carlos Breixo Rodríguez, “Un exemplo da movilidade familiar nos séculos XV e XVI. Seixas, Lago, Timiraos, Montoxos, Piñeiros e Alfeiráns…Á sombra do poder da Casa de Andrade”, Cátedra, 12 (2005), pp. 185210. Esta rama (que entroncaría con la Casa de Cabanas) estuvo muy vinculada al poder municipal de la villa de Pontedeume, sucediéndose varios regidores con el apellido Seixas. 8 Antonio López Ferreiro la describió someramente en su novela histórica O Castelo de Pambre, enmarcada en el contexto de las luchas territoriales entre la familia Seixas y los Ulloa, cfr. Antonio López Ferreiro, O Castelo de Pambre, Vigo, Asociación Socio-Pedagóxica Galega, 1996, pp. 52-53. 9 “Xiá” deriva del antropónimo visigótico Egila-anis: “Xiá, aldea que dio nombre a la parroquia, era villa Sancte Marie que dicunt Egilani en el año 966 y villa Egilani cum ecclesia Sancte Marie, año 971”, vid. Nicandro Ares Vázquez, “Toponimia do concello de Friol”, Lucensia, 25 (2002), pp. 293-317.

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3.1 Los Seixas en los documentos medievales: un breve acercamiento Las huellas iniciales de actividad corresponden a la Baja Edad Media, concretamente, se sitúan a finales del siglo XIII10. El primer rastro del que se tiene constancia es una escritura de donación fechada en 1274, efectuada por Johan Iohanes das Seyxas 11, a favor del abad y monjes del Monasterio de Monfero (Monfero, A Coruña), en la cual el primero entrega todos sus bienes heredados y adquiridos en el coto del mismo nombre para que los monjes hagan con ellos su voluntad. En una escritura de foro sin fecha (seguramente de principios del siglo XIV), el prior de San Salvador de Donas (núcleo religioso muy cercano al lugar original de nuestros protagonistas) cede a Lope Núñez das Seixas y a sus hijos Alvar López y Constanza el casal de Pazos (Santiago de Vilouriz, Toques) a cambio de una renta de una octava de pan y un servicio de pan, vino, carne o pescado cuando el superior tuviese a bien visitarlo12. El siguiente miembro en aparecer es Gomecio Iohannis das Seyxas, el cual figura como testigo del nombramiento de un clérigo de la mitad de la iglesia de San Pedro de Carmoega (ayuntamiento de Agolada, Pontevedra) promovido por Lobo Afonso, canónigo de Santiago13, en favor de Fernando Eanes, en 1345. En 1384, Alfonso de Goá, hijo de Pedro Ferrandes das Seyxas 14, solicita ser enterrado en el convento de San Martín de Villaoriente, a tal fin manda que les den cincuenta maravedíes a los frailes y deja todos sus bienes en manos de la mencionada institución religiosa. En una reunión del cabildo de la Catedral de Santiago, celebrada en 1396, se trató una procuración para tomar posesión de los cotos de Árdea, de Moldes y de Ouviña, que habían adquirido los canónigos de doña Juana das Seixas, hija de Vasco Gomez das Seixas15. De hecho, tan sólo seis años después, en el testamento de Gonzalo Ozores, señor de la Ulloa y Monterroso, aparece citada de nuevo doña Juana, quien le había vendido la tierra de Repostería, situada en Palas de Rei16. Del mismo modo, emerge en 1444 un Juan Núñez das Seyxas, como testigo de la petición de una carta de testimonio de verdad por parte de Diego Alfonso, prior de Vilar de Donas, en la cual se pide la restitución de las propiedades usurpadas a la institución en años anteriores17. 10

Esta relación ha sido confeccionada con la ayuda del Corpus Xelmírez - Corpus lingüístico da Galicia medieval - http://sli.uvigo.es/xelmirez/. Entendemos que no todos los documentos se refieren a los Seixas de Narla, debido a que es un apellido relevante en las comarcas interiores de la Galicia medieval. Omitimos las transcripciones para ajustarnos a la extensión y porque pueden ser encontradas fácilmente en la bibliografía que aportamos. 11 Andrés Martínez Salazar, Documentos gallegos de los siglos XIII al XVI, A Coruña, Casa de la Misericordia, 1911, pp. 65-66. 12 José Luis Novo Cazón, El priorato santiaguista de Vilar de Donas en la Edad Media (1194-1500), A Coruña, Fundación Pedro Barrié de la Maza, 1986, pp. 274-275. 13 José Ignacio Fernández de Viana y Vieites, (ed.), Colección diplomática del monasterio de Santa María de Pantón, Lugo, Servicio de Publicaciones de la Diputación Provincial de Lugo, 1995, pp. 63-64. 14 María M. Graña Cid (ed.), Las órdenes mendicantes en el obispado de Mondoñedo. El convento de san Martín de Villaoriente (1374-1500), Salamanca, Separata de Estudios Mindonienses, 1990, p. 188. 15 Alexandra Cabana Outeiro (ed.), O Tombo H da catedral de Santiago. Documentos anteriores a 1397, Valga, Concello de Valga, 1990, p. 134. 16 Antón López Ferreiro, Galicia histórica. Colección Diplomática, Santiago, Tipografía Galaica, 1901, p. 174. 17 J. L. Novo Cazón, El priorato santiaguista…, p. 369.

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También figura dando testimonio en 1448 Diego das Seyxas, en un acuerdo entre Rodrigo Alamán da Queyxada y los regidores de la ciudad de Ourense, para que el primero dejase de pagar 150 maravedíes anuales18. En 1453, Nuno Eanes das Seyxas figura en un documento de Diego Afonso, prior del Monasterio de Vilar de Donas, a favor de Baasco de Picon e Ines Fernandes, en la cual el religioso les afora una serie de heredades en Santa María de Barazón (municipio de Santiso, Coruña) las cuales habían estado en manos de Nuno Eanes19. En el padrón de 1454 realizado en la encomienda de la ciudad de Ourense por Pero Alvares, se hallan tres personas con el apellido Seixas, a saber: Katalina, Diego y Fernán20. En este mismo año, un canónigo de la catedral de Mondoñedo llamado Vasco das Seixas forma parte del cabildo que toma posesión de un octavo de la parroquia de Santo Andrés de Masma (Mondoñedo, Lugo), por renuncia de Gonzalo Martínez Morrazo, cardenal de la Catedral de Santiago21. En 1464 a volvemos a tener noticias de este canónigo asistiendo a un reconocimiento de no jurisdicción llevado a cabo por Fernando Dourado, cura de la feligresía de Bares (Mañón, A Coruña)22. Durante los años 1455-1456 un escudero de Basco das Seyxas, llamado Basco de Mondin, figura como residente y testigo del priorato de Vilar de Donas en diversas actuaciones rubricadas por el prior Diego Afonso, (concretamente cuatro foros y una acusación 23 ). Otro escudero, de nombre Johan Nunes das Seyxas, realiza la misma función en un foro del monasterio en el año 1477 y en otro de 148924. Durante el último cuarto del siglo XV surge en la documentación un Vasco das Seyxas como regidor y vecino de la ciudad de Ourense. Así, en 1480 y junto al resto de regidores de las principales ciudades de Galicia, firma una carta de obligación para juntarse todos en Valladolid y consultar y deliberar ante los Reyes Católicos sobre el dinero que estos últimos habían demandado del Reino25. También aparece su nombre en cinco documentos comunes relacionados con su gestión en la ciudad y en los que no vamos a detenernos detalladamente26. Los últimos rastros vienen de la mano de Gonçalo das Seixas, canónigo en la catedral de Ourense, en calidad de vicario del deán don Pedro de Herrera, en una constitución sinodal fechada en el año de 1491 y en una apelación de 149727. Como podemos ver a través de estas aproximaciones, parece que en el siglo XV hay diversas ramas procedentes del tronco principal asentadas en distintos lugares de Galicia (Ourense, Mondoñedo) y que, además, existe una clara asociación del apellido con el priorato de San Salvador de Donas, institución radicada en las cercanías del solar original.

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Xesús Ferro Couselo, (ed.), A vida e a fala dos devanceiros. Escolma de documentos en galego dos séculos XIII ao XVI, 2 vols., Vigo, Galaxia, 1996, v. II, pp. 185. 19 J. L. Novo Cazón, El priorato santiaguista…., pp. 388-389. 20 X. Ferro Couselo, A vida e a fala…, v. II, pp. 58-64. 21 Enrique Cal Pardo, Colección diplomática medieval do arquivo da catedral de Mondoñedo. Transcrición íntegra dos documentos, Santiago, Consello da Cultura Galega, 1999, p. 312. 22 E. Cal Pardo, Colección diplomática medieval…, p. 350. 23 J. L. Novo Cazón, El priorato santiaguista…, p. 391, 393, 396 y 397. 24 Ibidem, pp. 437 y 444. 25 X. Ferro Couselo, A vida e a fala…, p. 474. 26 Ibidem., pp. 161, 234, 366, y 477. 27 Antonio García y García, (dir., ed.), Synodicon hispanum I. Galicia, Madrid, Editorial Católica (Biblioteca de Autores Cristianos), 1981, p. 136 y 140.

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La bibliografía nos dice que los Seixas de Narla28, estuvieron regidos durante buena parte del siglo XV por Vasco das Seixas “el Viejo” y su esposa doña Teresa de Ribadeneira, hija de Fernán Díaz de Ribadeneira y doña Mayor de Vaamonde, señores de Torés (municipio de As Nogais). Esta pareja tuvo por hijos a Vasco das Seixas “el Joven” (que falleció sin sucesión) y a Fernán Díaz das Seixas (que se casaría con doña Juana Núñez de Mexía y seguiría la línea), entre otros. Fernán Díaz das Seixas y doña Juana Núñez de Mexía tuvieron una numerosa descendencia, entre todos sus vástagos el que tiene una importancia capital para nuestra investigación es el primogénito, Vasco das Seixas, padre del fundador de la Casa de Bascuas, don Luis das Seixas, como veremos a continuación. 4. El origen de la Casa de Bascuas29 Vasco das Seixas y doña Teresa Catalina González Ribadeneira30, (señores de la Casa Solar y Castro das Seixas, Casa y Fortaleza de San Paio de Narla, de la Casa de Bustelo en San Martiño dos Condes, entre otros) tuvieron cuatro hijos varones: don Vasco das Seixas, don Fernán Pérez das Seixas (que seguiría la línea31), don Diego Fernández de Arxiz y don Luis das Seixas. Este último recibió en 1526 una donación de su padre para poder establecerse y merced a ella constituyó el vínculo de la Casa de Bascuas, ampliado por los sucesivos herederos 32 . Poco después, celebró sus esponsales con Leonor Gómez de Ventosa, hija del escudero Roi Fociños de Liñares y de su segunda

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Los árboles de San Paio de Narla varían constantemente entre unas publicaciones y otras. Si bien coinciden casi siempre en señalar los herederos principales, caen en numerosas contradicciones con respecto a los hermanos de los señores y sus destinos. Por ello, y a falta de una investigación más extensa, hemos decidido incluir solamente los datos que se mantienen constantes. 29 En lo que respecta a la genealogía de esta casa, Carlos Martínez-Barbeito efectuó en su momento una sintética aproximación (sólo la rama troncal) mediante documentos cedidos por los actuales herederos del pazo, en el marco de su amplio trabajo sobre los pazos y torres de la provincia de A Coruña. Esta reconstrucción no difiere en demasía de la que nosotros diseñamos con la ayuda de la documentación manejada, cfr. Carlos Martínez-Barbeito y Morás, Torres, pazos y linajes de la provincia de la Coruña, A Coruña, Diputación Provincial de A Coruña-Editorial Everest, 1986, pp. 110-112. 30 Vasco das Seixas y Sotomayor se desposó en dos ocasiones. La primera con doña María de Andrade y Ulloa, hija natural de Fernando de Andrade y das Mariñas, I Conde de Andrade y II Conde de Villalba, y doña Mayor de Ulloa (quien descendía de una rama bastarda de la Casa de Villamarín). En el testamento de don Fernando no se nombra directamente a doña María de Andrade y Ulloa, pero sí se indica que una de sus hijas se desposó con Vasco das Seixas, a quien se refiere como “mi hierno”, cfr. José García Oro, Testamento y codicilos de don Fernando de Andrade. Adenda a Don Fernando de Andrade, Conde de Villalba: (1477-1540): estudio histórico y colección documental, Santiago, Xunta de Galicia, 1994, p. 6. El segundo enlace se llevó a cabo con doña Teresa Catalina, que procedía del linaje Parga, como hija de don Pedro de Miranda Bolaño Ribadeneira y de doña Constanza de Saavedra (ésta última, nieta del mariscal Pedro Pardo), señores de Saavedra, Guitiriz y Vaamonde, Casa de Sober, casa de Oca, etc., vid. Manuel Vázquez Seijas, Fortalezas de Lugo…, t. I, p. 28. 31 Se casó con Brianda de Tovar, heredera del señorío de Canedo en tierras de Lorenzana, que quedaría unido al patrimonio de Narla. Sobre este entronque, vid. Carlos Andrés González Paz (ed.), El pazo de Tovar: espacios, perspectivas, tiempos, Santiago, Instituto de Estudios Gallegos Padre Sarmiento-CSIC, 2012, pp. 81-121. 32 Esta donación consistió en los lugares que tenían en San Paio de Paradela y Santa Marina de Brañas en el Coto de San Antolín, todo ello en el municipio coruñés de Toques. AHUS, Archivos Familiares, S.B., Bascuas, Caja 2, nº 2.

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mujer, Elvira Díaz33, señores de la Casa de Montouto, radicada en San Martiño dos Varelas (ayto. de Melide). De esta unión nacieron Pedro Bolaño das Seixas, conocido con el sobrenombre de “el Mayor” y Catalina das Seixas y Ribadeneira. El primero contrajo nupcias con doña María Álvarez de Quiroga34, hija de Jorge Varela e Inés López Mariño y Goyanes, señores de la Casa y coto de Quindimil35 (feligresía del mismo nombre, ayto. de Palas de Rei). Doña Catalina das Seixas y Rivadeneira aparece escasamente mencionada en nuestra documentación36, algunas fuentes apuntan a que se casó con Marcos de Castro Niño y Feixóo y que ambos se convirtieron en señores de San Martiño dos Condes (Friol)37. Esta rama, siempre según estos autores, alumbraría con el paso del tiempo al afamado Francisco de Aguiar Vázquez das Seixas y Ulloa (1638-1698), Obispo de Michoacán y Arzobispo de Nueva España38 La descendencia de Pedro Bolaño y doña María Álvarez estuvo conformada por varios vástagos: Pedro Bolaño “el Nuevo”, Fernán Pérez das Seixas, Jorge Varela, Álvaro, Antonio y doña Juana Rivadeneira y Seixas. Pedro Bolaño “el Mayor” consolidó definitivamente la Casa de Bascuas al establecer en su testamento, fechado en 157539, una mejora de tercio y quinto con gravamen de vínculo regular destinada a su hijo Pedro Bolaño “el Nuevo” y su línea, y a falta de ésta a Fernán Pérez y su descendencia, y luego a sus otros hijos. Asimismo, establecía que su mujer doña María Álvarez de Quiroga debía agregar la parte que tuviese en los lugares vinculados, concretamente: Bascuas, Fonte Alvite, Santa Mariña y Acevo. Pedro Bolaño “el Nuevo” falleció sin sucesión, por lo que Fernán Pérez das Seixas se convirtió en el nuevo señor de Bascuas tras la muerte de su padre, recibiendo

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Según Taboada Roca, Leonor Gómez de Ventosa no era hija del mencionado escudero, sino nuera, al haber estado casada con su hijo Rui Sánchez Fociños. Así, sus padres serían el escudero Vasco do Carregal e Inés Yáñez de Ventosa, dueños de la Casa de Reboredo, cfr. VV.AA., Terra de Melide, Santiago, Seminario de Estudos Galegos, 1933, pp. 245-246. 34 Su hermana, Guiomar Méndez de Ambía, entabló matrimonio con Cristóbal das Seixas, hijo del regidor Fernán Pérez das Seixas y de María Fernández Piñeiro, y miembro, por lo tanto, de la rama de los Seixas de Pontedeume, vid., VV.AA., Terra de Melide…, pp. 179-180; Gabriel Pita da Veiga y Goyanes, “Fray José González de Villalobos, arzobispo de Santiago. Su familia en Pontedeume”, Cátedra, 17 (2010), p. 224, nota 37. 35 Según parece, este solar, unido indisolublemente a la familia Varela, ya existía en el siglo XV. El abuelo paterno de María Álvarez, Jorge Varela “el Viejo”, había sido merino del castillo de Pambre y en él redactó su testamento antes de partir a las guerras de Nápoles. Para más información del linaje Varela, vid. César Gómez Buxán, “Testamento de Teresa Sánchez Varela: xenealoxías da Casa de Quindimil no século XVI”, Boletín do Centro de Estudos Melidenses-Museo Terra de Melide, 21 (2008), pp. 85-96. 36 Figura solamente en dos documentos: una partija fechada en 1549, correspondiente a la fincabilidad de Leonor Gómez de Ventosa, realizada entre Pedro Bolaño y doña Catalina y los numerosos hijos del primer matrimonio de Leonor Gómez de Ventosa; y una partija incompleta (1551) con su hermano Pedro Bolaño. AHUS, Archivos Familiares, S.B., Casa de Bascuas, Caja 2, nº 21 y 21B, respectivamente. 37 Al respecto, cfr. J. Ángel Sánchez García, Torres do Allo. Arquitectura e historia…, tabla genealógica VI (p. 1), 2001; Gabriel Pita da Veiga y Goyanes, “Fray José González de Villalobos…”, p. 224, nota 37. 38 Sobre el perfil pastoral de esta destacada figura, vid., Rocío Silva Herrera, “Francisco de Aguiar y Seijas. Pastor del rebaño”, Cuadernos de Estudios Gallegos, 127 (2014), pp. 117-142. En el Archivo General de Indias [AGI] se conservan sus provisiones como obispo de Michoacán en 1677 y como arzobispo de México en 1682, Archivo General de Indias [AGI], PATRONATO, 6, N.15 y PATRONATO, 6, N.28, respectivamente. 39 AHUS, Archivos Familiares, S.B., Bascuas, Caja 1, nº 10.

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la consabida mejora de su madre en 158740, que incluía todo lo que le pertenecía en la Casa y lugar de Bascuas y en el de Doroña (Santa María de Castañeda), con carga de dos misas anuales en la ermita de Santa Mariña. Poco sabemos de Jorge Varela das Seixas41, según el testamento de doña Juana Rivadeneira, tuvo dos hijos llamados Fernando y Luis, aunque desconocemos el nombre de la madre. Estos dos niños fueron dotados por su tía para que pudiesen asistir siete años a la escuela, ropa y calzado incluidos. En las últimas voluntades de su hermano Fernán Pérez, Jorge Varela aparece como el último heredero posible de Bascuas tras los hijos de éste (contando los naturales). También figura en una Real Provisión de 1601 para la repartición de la fincabilidad de su madre doña María Álvarez entre él y sus hermanos42. Álvaro González tuvo tres hijos: Vasco, Luis e Inés, cuya madre fue María Taboada. Inés recibió 14 fanegas de centeno legadas por su tía doña Juana Rivadeneira, además de la mitad de una hacienda que adquiriera con su marido de Pedro Bolaño “el Nuevo” y 20 ducados para un vestido de novia. Luis y Vasco también se vieron beneficiados en este documento, ya que imponía a Fernán Pérez das Seixas la obligación de dotarlos para sus estudios, incluyendo manutención, alojamiento, libros, ropa y calzado de estudiante, durante doce y cuatro años, respectivamente. De una forma similar, la última hija de de Pedro Bolaño “el Mayor” y doña María Álvarez de Quiroga, Inés, figura en el testamento de doña Juana de forma testimonial, como fundadora de cuatro misas en Santa María de Rendal, dejando su cumplimiento a cargo de la testadora. Doña Juana Rivadeneira y Seixas encontró esposo en el capitán Francisco González do Vilar43, señor del Pazo de Sedor, ubicado en la feligresía de Santa María de Castañeda. En sus últimas voluntades (1621) efectuó algunas disposiciones a favor de sus hermanos y sobrinos (que pormenorizamos con anterioridad), y lo restante lo dejó agregado al vínculo original, creado por su progenitor Pedro Bolaño y personificado a la sazón en su hermano Fernán Pérez das Seixas. A su marido le dejó la parte que tenía en Sedor y en o Casal, no así el resto de bienes, hecho que apunta a un sólido concepto de responsabilidad con la familia de origen. También fue la primera en disponer que se dejase a su heredero (Fernán Pérez) toda la capilla mayor (y tumbas correspondientes) de la iglesia de Santa María de Rendal, que permanecería a lo largo del tiempo como lugar de enterramiento de los hidalgos de Bascuas44. Fernán Pérez das Seixas celebró sus esponsales con doña María Varela de Dubra, hija de Martín Varela do Piñeiro y de Elvira Castro 45. Frutos de este enlace fueron Vasco das Seixas, Álvaro, Martín, Jorge, Teresa y Juana. En sus últimas voluntades, redactadas en 1640, Fernán Pérez das Seixas agregó el tercio y quinto de sus bienes, llamando como sucesor a don Vasco. Impuso, asimismo, la carga de dos 40

AHUS, Archivos Familiares, S.B., Bascuas, Caja 1, nº 12. En el archivo se conservan muy pocos documentos relativos a Jorge Varela, Álvaro González, e Inés. La mayor parte de la información concerniente a ellos está extraída de los testamentos de Fernán Pérez das Seixas y doña Juana Rivadeneira, aunque son parcos al respecto. AHUS, Archivos Familiares, S.B., Bascuas, Caja 1, nº 7 y 11. 42 AHUS, Archivos Familiares, S.B., Bascuas, Caja 3, nº 1. 43 Así lo afirma también Taboada Roca, en sus notas sobre la Casa do Pazo de Melide, vid. VV.AA., Terra de Melide...., p. 179. 44 AHUS, Archivos Familiares, S.B., Bascuas, Caja 1, nº 7. 45 Esta familia estaba asentada en la feligresía de Santa María de Guimarei (ayto. de A Estrada), concretamente en el lugar de Covas. 41

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misas anuales, día de San Juan de junio o su octavario, y que todo sucesor agregase la quinta parte de sus bienes: que cuidasen de la capilla de San Miguel que adquirió en la iglesia de Rendal al lado del Evangelio, con dos sepulturas, y que se le dijese una misa perpetua día del santo o su octavario46. Doña María Varela de Dubra, en su testamento de 1643 agregó a la mejora vincular que hizo su marido todo lo que pertenecía en la Casa y lugar de Bascuas y en el de Doroña, con carga de dos misas anuales en la ermita de Santa Mariña, una cantada y otra rezada, día de San Antonio47. 5. Conclusiones La Casa de Bascuas perduraría más allá de los límites temporales que nos impusimos en esta comunicación. Ocho generaciones después de Fernán Pérez das Seixas, don José Nicolás de Seijas y doña Urbana Neira seguían señoreando las tierras de Bascuas, como antaño hicieran sus antepasados, llegados de una antigua fortaleza que, al igual que el Pazo de Bascuas, sobrevive en la actualidad, mudo testigo de las vidas que aquí hemos intentado reflejar. Consideramos que el caso es un claro ejemplo de las innegables relaciones entre la nueva hornada de nobles gallegos, conocidos como fidalgos, y la vieja aristocracia medieval. A comienzos del siglo XVI, el cuarto hijo del señor de Narla fue dotado con una serie de bienes que le permitieron establecer una nueva familia en un territorio alejado del solar original. Desde ese momento las dos líneas se separaron para no juntarse más. Se trata de un fiel reflejo de un hecho común en la Galicia moderna, el paso de las armas a las togas, del castillo al pazo, de la turbulencia al reposado disfrute de las rentas y el lento discurrir de la vida rural.

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AHUS, Archivos Familiares, S.B., Bascuas, Caja 1, nº 11. AHUS, Archivos Familiares, S.B., Bascuas, Caja 2, nº 12.

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Los Saavedra y el condado de Castellar: las bases de poder de un linaje nobiliario en la Castilla del siglo XVI Saavedra and castellar´s county: bases of power of a noble lineage in Castilla of 16th century Francisco Javier GARCÍA DOMÍNGUEZ Universidad de Sevilla Resumen: En este trabajo se analizan las bases económicas, sociales y jurisdiccionales que, en conjunción con alianzas políticas y prácticas matrimoniales, permitieron al linaje Saavedra consolidar su posición municipal en Sevilla e integrarse en la nobleza de Castilla en los albores de la Edad Moderna. En 1539 Carlos V concedía a Juan Arias de Saavedra y María de Guzmán el título de condes de Castellar, en recompensa a la trayectoria de servicio a la Corona que como alfaqueques mayores, señores de vasallos y caudillos militares en la frontera de Granada, el linaje Saavedra venía protagonizando desde la Baja Edad Media. Palabras clave: España Moderna, Sevilla, nobleza, condado de Castellar, linaje Saavedra, mayorazgo, matrimonio. Abstract: In this paper the economic, social and jurisdictional bases in conjunction with political alliances and marriage practices, which enabled the lineage Saavedra consolidate its position in Seville city and integrated into the nobility of Castile in the dawn of the Modern Age are analyzed. In 1539 Carlos V granted to Juan Arias de Saavedra and Maria de Guzman the title of counts of Castellar, in return to the path of service to the Crown like mayor alfaqueques, lords of vassals and military leader on the border of Granada, lineage Saavedra starring came from the late Middle Ages. Keywords: Early Modern Spain, Seville, nobility, Castellar´s county, Saavedra lineage, entail, marriage.

1. Los orígenes del linaje: los Saavedra y la frontera con Granada Al calor de la guerra de frontera con el reino nazarí, fueron muchos los linajes que alcanzaron honra y reputación. La actividad militar en la frontera será una de las vías de promoción social más importantes para una aristocracia guerrera y caballeresca que gozaba de extensas propiedades agrícolas y que mantenía bajo control la vida municipal1. Hasta tal punto llegó el grado de identificación de la reputación familiar con la empresa conquistadora que no ha habido un solo linaje con verdadero peso castrense en los reinos andaluces que se haya abstenido del enfrentamiento fronterizo2. Adquirida esta experiencia militar, las estirpes más destacadas conseguirán sobresalir entre el reducido número de familias que durante la Edad Moderna se hallaron plenamente

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Miguel Ángel Ladero Quesada, Los señores de Andalucía. Investigaciones sobre nobles y señoríos en los siglos XIII a XV, Cádiz, Universidad de Cádiz, 1998; Carmen Vallejo Naranjo, La caballería en el arte de la baja Edad Media, Sevilla, Universidad de Sevilla, 2013. 2 Rafael Sánchez Saus, “Aristocracia y frontera en la Andalucía medieval”, en Rafael Sánchez Saus, La nobleza andaluza en la Edad Media, Granada, Universidad de Granada, Universidad de Cádiz, 2005, p. 208.

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integradas en los escalafones de la media y alta nobleza del reino3. Los Saavedra son un claro ejemplo de todo ello. Provenientes de tierras gallegas, algunos miembros del linaje se trasladaron a la misma frontera con el reino nazarí para, convertidos en auténticos adalides militares al frente de un gran número de castillos y fortalezas, participar en las campañas de conquista, acumulando honra y fama, batalla tras batalla4. A consecuencia de tan dilatada trayectoria, los Saavedra adquirieron una dignidad, rango y preeminencia social que acabó por involucrarlos en la compleja cultura nobiliaria cuya dimensión y variadas manifestaciones viene siendo recientemente objeto de estudio5. Al margen de los inciertos y remotos orígenes del linaje en las tierras andaluzas al que hace referencia la tradición genealogista6, las referencias documentales sitúan al linaje en las campañas contra Granada de 1407 a 1410, en las que se distinguió un tal Fernán Arias de Saavedra, alcaide de Cañete, junto con su hermano Gonzalo Arias y su hijo Fernando de Saavedra7. Rafael Sánchez Saus, que se ha ocupado de analizar la actividad fronteriza del linaje, da cuenta, incluso, de su presencia en la Sevilla de principios del siglo XIV, si bien, “parece que el linaje no se desprendió por completo de sus raíces gallegas hasta bien entrado dicho siglo”. Este mismo autor, siguiendo a Pellicer de Tovar, afirma que dos fueron los factores determinantes para el establecimiento definitivo de los Saavedra en Sevilla: la pérdida de los bienes patrimoniales del linaje en la guerra civil a causa de su fidelidad petrista y la vinculación del linaje con la frontera8.

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Rafael Sánchez Saus, Caballería y linaje en la Sevilla medieval. Estudio genealógico y social, Sevilla, Diputación de Sevilla, Universidad de Cádiz, 1989, pp. 35-36. 4 Véase María Concepción Castrillo Llamas, “Monarquía y nobleza en torno a la tenencia de fortalezas en Castilla durante los siglos XIII-XIV”, En la España medieval, 17, (1994), pp. 95-112. 5 A este respecto, entre otros muchos trabajos, se podrían destacar: Adolfo Carrasco Martínez, “Herencia y virtud. Interpretaciones de lo Nobiliario en la segunda mitad del siglo XVI”, en Luis Antonio Ribot y Ernest Belenguer (coords.), Las sociedades ibéricas y el mar a finales del siglo XVI, Madrid, Sociedad Estatal Lisboa '98, 1998, IV, pp. 231-271; Adolfo Carrasco Martínez, Sangre, honor y privilegio. La nobleza española bajo los Austrias, Barcelona, Ariel, 2000; José Antonio Guillén Berrendero, La idea de nobleza en Castilla durante el reinado de Felipe II, Valladolid, Universidad de Valladolid, 2007; José Antonio Guillén Berrendero, La Edad de la Nobleza. Identidad nobiliaria en Castilla y Portugal (15561621), Madrid, Polifemo, 2012; Juan Hernández Franco, José Antonio Guillén y Santiago Martínez (dirs.), Nobilitas: estudios sobre la nobleza y lo nobiliario en la Europa Moderna, Aranjuez, Doce Calles, 2015. 6 Gonzalo Argote de Molina, Nobleza del Andaluzia, Sevilla, por Fernando Díaz, 1588; Diego Ortiz de Zúñiga, Anales eclesiásticos y seculares de la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla, Madrid, Imprenta Real, 1795, edición facsímil, 1988, [1677]; Diego Ortiz de Zúñiga, Discurso genealógico de los Ortices de Sevilla, Madrid, Imprenta de la Ciudad Lineal, 1929, [1670]; Alonso López de Haro, Nobiliario genealógico de los Reyes y Títulos de España, Ollobarren, Navarra Wilsen, 1996, [1622]; José Pellicer de Tovar, Memorial de la casa y servicios de don Joseph de Saavedra marqués de Ribas..., Madrid, 1647; José Pellicer de Tovar, Memorial de la calidad y servicios de don Juan de Saavedra Alvarado Remirez de Arellano..., Madrid, 1651: se encuentra en Archivo General de Andalucía [AGA], Familia Arias de Saavedra [FAS], leg 3754, doc. 36; Rodrigo Méndez Silva, Árbol genealógico y blasones de la Ilustre Casa de Saavedra..., Madrid, 1653: se encuentra en AGA, FAS, leg. 3775, doc. 39. 7 Miguel Ángel Ladero Quesada, Andalucía en el siglo XV. Estudios de historia política, Madrid, CSIC, 1973, p. 32. 8 Rafael Sánchez Saus, “Los Saavedra y la frontera con el reino de Granada en el siglo XV”, en José Enrique López de Coca Castañer (coord.), Estudios sobre Málaga y el Reino de Granada en el V Centenario de su conquista, Málaga, Diputación de Málaga, 1987, p. 164.

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LOS SAAVEDRA Y EL CONDADO DE CASTELLAR …

En efecto, tras el triunfo trastamarista, los Saavedra perderían parte de sus propiedades y sufrirían prisiones y destierros9. Sin embargo, no cayeron en desgracia y pasados unos años, consiguieron recuperar su posición sobre la base de: las oportunidades que ofrecía la lucha de frontera; su apoyo y respeto a la institución monárquica; el aprovechamiento de las incidencias políticas junto con el favor de los validos de turno; la ocupación de puestos clave en la administración territorial del reino y el acaparamiento del dominio de la vida concejil sevillana. Todo ello, en conjunción con sólidas bases señoriales y patrimoniales y una exitosa estrategia matrimonial, permitió que los Saavedra en los albores de la modernidad se constituyeran como uno de los más importantes linajes de la nobleza sevillana. 2. Juan Arias de Saavedra y María de Guzmán, condes de Castellar 2.1 Enlace matrimonial con la casa de Guzmán La participación de los Saavedra en la guerra de Granada y su conquista en 1492 coronaba con un broche de oro la tradición frontera del linaje y lo situó al comienzo de la Edad Moderna en una posición de destacada preeminencia. Tras participar en las agitaciones banderizas de la segunda mitad del siglo XV bajo la aureola de la casa de Arcos, el fin de las hostilidades nobiliarias y el apaciguamiento que los Reyes Católicos trajeron a Castilla permitió a los Saavedra conectar matrimonialmente con otra de las casas más importantes de la nobleza castellana, los Medina Sidonia10. Juan Arias de Saavedra, hijo de Fernán Arias de Saavedra y Constanza Ponce de León –hija a su vez, de Juan Ponce de León, conde de Arcos–, heredaría los señoríos de las villas de El Viso y Castellar que desde 1440 y 1445 respectivamente, venían adscribiéndose a su linaje11. Aunque no fue hasta 1539 cuando recibió de Carlos I el título de conde de su villa de Castellar, el primogénito de los Saavedra logró concertar en 1496 matrimonio con María de Guzmán, hija mayor de don Alvar Pérez de Guzmán y María Manuel y Figueroa. La pretendiente resultaba ser por línea paterna nieta del primer duque de Medina Sidonia y por parte de su madre, nieta del primer conde de Feria y de María Manuel de Villena. El matrimonio pasaría a habitar las casas principales de la collación de san Martín de Sevilla, vinculadas desde antiguo al linaje Saavedra, mientras que como dote, además de numerosas propiedades y valiosas alhajas, María aportó 270.000 maravedís12. 9

Aunque Pellicer de Tovar no indica la ubicación de esas propiedades, es posible que fuesen las gallegas, pues desde entonces desaparece cualquier nexo con aquellas tierras, hasta ese momento acreditable por ciertos matrimonios: Rafael Sánchez Saus, Linajes sevillanos medievales, Sevilla, Guadalquivir, 1991, I, p. 19 y p. 276. 10 Sobre las relaciones entre los Saavedra y las casas de Arcos y Medina Sidonia a finales de la Edad Media y época moderna, véase: Juan Luis Carriazo Rubio, La Casa de Arcos entre Sevilla y la frontera de Granada (1374-1474), Sevilla, Universidad de Sevilla, Fundación Focus-Abengoa, 2003, pp. 75-386; Miguel Ángel Ladero Quesada, Guzmán: la casa ducal de Medina Sidonia en Sevilla y su reino (12821521), Madrid, Dykinson, 2015, pp. 134-449; David García Hernán, Aristocracia y señorío en la España de Felipe II. La Casa de Arcos, Granada, Universidad de Granada, 1999; Luis Salas Almela, Medina Sidonia. El poder de la aristocracia, 1580-1670, Madrid, Marcial Pons, 2008. 11 Archivo Ducal de Medinaceli [ADM], El Viso [V], leg. 2, doc. 4, 5, 6, 7, 8; Castellar [C], leg. 1, doc. 1, 7, 23; [AGA], FAS, leg. 3753, doc. 4; leg. 3778, doc. 1. 12 AGA, FAS, leg. 3772, doc. 3. En el callejero actual de Sevilla, limítrofe a la Plaza de san Martín se encuentra la calle Saavedras y separada por Alberto Lista encontramos la calle Castellar; evidencia clara del lugar en el que este linaje tradicionalmente tenía su residencia: Antonio Collantes de Terán Sánchez

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En cuanto a su descendencia, hemos podido documentar la existencia de cinco hijos varones y cuatro hijas. El primogénito y heredero principal de la casa y condado fue Fernando Arias de Saavedra; el segundo de los hijos varones se llamó Rodrigo de Saavedra, en quien sus padres fundaron un nuevo mayorazgo; al igual que ocurrió con el hijo tercero, Juan de Saavedra, primer poseedor del mayorazgo de Loreto. Francisco y Luis de Saavedra, con dispares destinos, completan el elenco de hijos varones de los primeros condes de Castellar. En lo que a la descendencia femenina se refiere, nos encontramos con Mencía Manuel de Saavedra, Beatriz de Saavedra y dos monjas profesas del monasterio de Santa María de las Dueñas de Sevilla, Constanza Ponce de León y Francisca de Guzmán13. 2.2 Las bases patrimoniales del condado de Castellar La economía de la casa de Castellar se sustentaba básicamente en las rentas que generaba la posesión de importantes propiedades agrícolas distribuidas por el Aljarafe sevillano, la mayoría, vinculadas en mayorazgo. Esta comarca natural se sitúa en el margen derecho de la Vega del Guadalquivir a su paso por Sevilla y durante los siglos bajomedivales y época moderna, se convirtió en una zona predilecta para la expansión del régimen señorial, cuyas propiedades en alto porcentaje, se hallaron vinculadas en mayorazgos de familias aristocráticas y de notable peso municipal14. El régimen de mayorazgo, “garantía de estabilidad de las grandes familias”15, se convirtió en una pieza esencial para el sostenimiento y la reproducción de los linajes que aspiraban a tener poder e influencia16. Como sistema de protección de la riqueza y pieza clave de la prosperidad señorial, el mayorazgo acabó determinando “no sólo un tipo de riqueza, sino una actitud genérica hacia las actividades económicas que pasó a convertirse en seña de identidad de preeminencia social”17. Partícipes de esta lógica, los condes de Castellar poseían el mayorazgo de El Viso, que transmitirían a su hijo primogénito, Fernando, mientras que a sus hijos segundo y tercero, Rodrigo y Juan, los dotaron de sendos mayorazgos cuya fundación nos está indicando el grueso volumen patrimonial que lograron amasar los primeros titulares del condado. Todo ello permitió que, además de la rama primogénita, florecieran otras dos líneas familiares con las que quedaba garantizada la supervivencia biológica del linaje y las que pasados unos años, lograron alcanzar títulos nobiliarios –marquesado del Moscoso, entre otros– y posiciones de notable relieve político en la Monarquía Hispánica18.

(et al.), Diccionario histórico de las calles de Sevilla, Sevilla, Junta de Andalucía, 1993, I, p. 50 y p. 112; II, p. 281; Félix González de León, Noticia histórica del origen de los nombres de las calles de esta M.N.M.L. y M.H. ciudad de Sevilla…, Sevilla, Imprenta de D. José Morales, 1839, p. 189. 13 AGA, FAS, leg. 3775, doc. 8. 14 Sobre el Aljarafe, Antonio Herrera García, El Aljarafe durante el Antiguo Régimen, Sevilla, Diputación de Sevilla, 1981. 15 Bartolomé Yun Casalilla, “Carlos V y la aristocracia. Poder, crédito y economía en Castilla” en Bartolomé Yun Casalilla, La gestión del poder. Corona y economías aristocráticas en Castilla (siglos XVI-XVIII), Madrid, Akal, 2002, p. 111. 16 Enrique Soria Mesa, La nobleza en la España Moderna. Cambio y continuidad, Madrid, Marcial Pons, 2011, pp. 224-244. 17 A. Carrasco Martínez, Sangre, honor y privilegio..., p. 43. 18 En torno al devenir histórico que caracterizó a las ramas segundonas de los primeros condes de Castellar, recientemente hemos defendido en la Universidad de Sevilla nuestro Trabajo Fin de Máster, elaborado bajo la dirección de José Jaime García Bernal: Francisco Javier García Domínguez, Los

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El mayorazgo de El Viso, el principal de la casa de Castellar, había sido fundado con facultad real el 23 de marzo de 1456 por Juan Arias de Saavedra el Famoso y Juana de Avellaneda en su hijo Fernán Arias de Saavedra. Este vínculo originariamente estaba compuesto por el lugar de El Viso –situado a cuatro leguas de Sevilla y a dos de Carmona19–, con su casa, castillos, vasallos, tributos y heredades, así como las casas principales sitas en la collación de san Martín de Sevilla. No obstante, en reconocimiento de los servicios prestados en la última ofensiva contra Granada20, los Reyes Católicos concedieron en marzo de 1492 facultad a Fernán Arias de Saavedra para ampliar este mayorazgo con la agregación de otra villa de naturaleza fronteriza en poder del linaje, Castellar; hecho que quedó formalizado el 27 de enero de 149621. Los primeros condes de Castellar heredaron la posesión de este vínculo, pero desgajaron del mismo las casas de la collación de san Martín –que se vincularían al nuevo mayorazgo fundado en su hijo Rodrigo– que sustituirían por otras casas principales en la parroquia de san Marcos que compraron a Catalina Mariño de Ribera, hija del adelantado Per Afán de Ribera 22 . Desde este momento, la morada de los sucesivos condes de Castellar se encontrará en la collación de san Marcos, demostrando tal influencia y autoridad que la calle en la que se encontraba pasaría a llamarse “la calle del Conde”, en honor a tan dignos vecinos 23 . Las propiedades pertenecientes a este mayorazgo pasarán al primogénito, Fernando quien, sucederá al frente de la casa de Castellar, heredando junto con sus bienes amortizados, el título de conde. No obstante, las compras que llevaron a cabo Juan Arias de Saavedra y María de Guzmán, unidas a una exitosa política matrimonial, acrecentaron el patrimonio familiar, lo que les permitió, además de transmitir el mayorazgo principal a su primogénito, fundar dos mayorazgos en otros dos de sus hijos: Rodrigo y Juan. El 14 de enero de 1540, los condes de Castellar instituyeron en su hijo segundo, Rodrigo, un nuevo vínculo. Pocos son los datos que tenemos sobre este mayorazgo, salvo que a él quedaron vinculadas las casas de la collación de san Martín de Sevilla. Sin embargo, las cláusulas y condiciones que regían a este mayorazgo sí que fueron las mismas que las que se impusieron al mayorazgo fundado en su hermano Juan, vínculo

Saavedra y el marquesado del Moscoso: un linaje nobiliario en la España Moderna, Trabajo Fin de Máster inédito, Sevilla, Universidad de Sevilla, 2014. 19 Rodrigo Méndez Silva, Población general de España..., Madrid, por Roque Rico de Miranda, 1675, [1645], f. 206. 20 Según Ortiz de Zúñiga, en 1491 Fernán Arias de Saavedra junto con otros caballeros, partió hacia Granada en compañía de los reyes al mando de una lucida tropa de jinetes a su costa: D. Ortiz de Zúñiga, Anales eclesiásticos y seculares..., III, p. 148 y p. 155. Además, en Miguel Ángel Ladero Quesada, Castilla y la Conquista del reino de Granada, Valladolid, Universidad de Valladolid, 1967, pp. 248-249 se menciona a un Juan Arias que llevó treinta y dos jinetes y hombres de armas a la campaña de 1485 y once a la de 1487; deducimos que se trata del hijo y sucesor de Fernán. 21 AGA, FAS, leg. 3775, doc. 74; leg. 3777, doc. 13; ADM, V, leg. 1, doc. 10, 11, 12; C, leg. 3, doc. 18. Sobre la villa de Castellar: Ramón Corzo Sánchez (dir.), Historia de los pueblos de la provincia de Cádiz. Castellar de la Frontera, Cádiz, Diputación de Cádiz, 1983. 22 AGA, FAS, leg. 3775, doc. 23. 23 F. González de León, Noticia histórica del origen..., pp. 247-248. Sobre este hecho, también se hacen eco R. Méndez Silva, Árbol genealógico y blasones de la Ilustre Casa de Saavedra...; J. Pellicer de Tovar, Memorial de la casa y servicios de don Joseph de Saavedra..., f. 24; D. Ortiz de Zúñiga, Anales eclesiásticos y seculares..., III, pp. 299-300. En el callejero actual de Sevilla, próxima a la Plaza de San Marcos está la calle Castellar, evidencia clara del lugar en el que se encontraba la morada de los condes de Castellar: A. Collantes de Terán (et al.), Diccionario histórico..., I, p. 194.

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del que sí existe una información mucho más rica24. Este mayorazgo, denominado “de Loreto”, quedó constituido en cabeza del hijo tercero el 3 de mayo de 1540, con facultad real concedida por Carlos I el 28 de octubre de 1536, y se circunscribirá a esta línea familiar durante siglos. El vínculo de Loreto se componía de: unas casas principales en la collación de san Pedro de Sevilla, “en la almona del xabón”, que compraron los condes por 2.130 ducados de oro en 1540 25 ; un heredamiento en el Aljarafe denominado “de Loreto”26; 20.000 cepas de viñas en el término de Umbrete; 105.000 maravedís de tributo anuales situados sobre bienes de Ruy Díaz de Segura en Utrera27; y el donadío de “El Moscoso” que lindaba con tierras del mayorazgo de El Viso y que fue adquirido por los condes en 1529 por 357.000 maravedís28. Entre las condiciones que rigen la sucesión de los mayorazgos fundados en Rodrigo y Juan, aparte de las prohibiciones de venta y división de sus bienes, así como la obligación expresa de tenerlos bien labrados, reparados y acrecentarlos, se establece que su poseedor lo transmitiría sólo y exclusivamente a través de sus descendientes varones legítimos, teniendo preferencia siempre el hijo mayor sobre el menor. Se tratarían, por lo tanto, de mayorazgos de agnación rigurosa 29 . Con esta restrictiva condición se buscaba que el patrimonio no saliera nunca del linaje patrilineal, manteniendo la varonía y el apellido30. Sin embargo, este tipo de cláusulas dificulta la agregación de otras casas ya que, en caso de que el poseedor sólo tenga hijas, aunque éstas casaran con un rico heredero, las condiciones de su fundación establecen que el vínculo pasaría inmediatamente a manos del poseedor del patrimonio principal de Castellar, con la condición de pagar 8.000 ducados de oro a cada una de las hijas de Rodrigo y Juan, si las hubiere, y entonces, estos vínculos y el principal de la casa, el de El Viso, se agruparían en uno solo31. No obstante, el 28 de mayo de 1544, el mismo día en el que el conde de Castellar otorga su testamento, se van a realizar algunas modificaciones en las cláusulas que estipularon tales fundaciones. Una de las reformas se dirigió a revocar la cláusula por la que se prohibía a las hijas de Rodrigo y Juan acceder al mayorazgo en ausencia de hijos varones legítimos. Se permitiría su acceso siempre y cuando su poseedora casara con alguien que llevase el apellido y armas de Saavedra, en aras de conservar la

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AGA, FAS, leg. 3775, doc. 12. AGA, FAS, leg. 3751, doc. 10, 13; leg. 3775, doc. 62; leg. 5923, doc. 7. Se situaban en una de las principales zonas de la ciudad, en la “calle del Correo” y aún conservaban una de las torres que se construyeron durante las banderías del siglo XV, por lo que esta morada era conocida como “la de la Torre”: A. Collantes de Terán (et al.), Diccionario histórico..., I, p. 319; F. González de León, Noticia histórica del origen..., pp. 252-252. 26 La heredad recibía esta denominación porque en ella existía una antigua ermita y un torreón-atalaya del siglo XIII en el que rezaba la inscripción Turris Lauretana: AGA, FAS, leg. 5923, doc. 7; leg. 3775, doc. 23; A. Herrera García, El Aljarafe durante..., p. 133; D. Ortiz de Zúñiga, Anales eclesiásticos y seculares..., III, pp. 338-339. 27 AGA, FAS, leg. 3766, doc. 19. 28 El Moscoso se trataba de un donadío de tierras para pan sembrar de una extensión de dieciocho cahíces que se encontraba en el término de El Viso: AGA, FAS, leg. 3751, doc. 11, 12. 29 Bartolomé Clavero, Mayorazgo: propiedad feudal en Castilla, 1369-1836, Siglo XXI, 1989, pp. 215216. 30 E. Soria Mesa, La nobleza en la España Moderna..., pp. 226-227. 31 AGA, FAS, leg. 3775, doc. 12. 25

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tan preciada memoria del linaje32. Además, en el supuesto de que Rodrigo y Juan no tuviesen descendientes de ningún sexo, también se les va a permitir la transmisión del mayorazgo a cualquiera de sus sobrinos o sobrinas 33 . La modificación de estas cláusulas, según parece, no debió sentar demasiado bien en el ánimo del primogénito, Fernando, pues en mayo de 1550 dio lugar a la elaboración de unas informaciones por parte del notario apostólico Juan de Lucio en las que declaraba que “el conde de Castellar su padre, murió frenético, y que quando murió, aunque hizo testamento fue ordenado por los letrados, y por don Rodrigo y don Juan sus hijos en que revocaba las cláusulas de la fundación de los dos mayorazgos que hizo a fabor del dicho don Rodrigo y don Juan”34. 2.3 Trayectoria y participación política La actividad política de los condes de Castellar se desarrolló en una variedad de escenarios que comprenden desde la propia gestión de los asuntos familiares y señoriales, hasta la intervención en el ámbito municipal y general de la monarquía. Como primogénito y heredero del linaje, Juan Arias de Saavedra sucedió a su padre, fallecido durante los primeros años del siglo XVI, al frente de los dos señoríos tradicionalmente vinculados a la familia, El Viso y Castellar35. Sin embargo, no fue tarea fácil esta sucesión pues su padre pretendió la venta a la corona de Castellar por 4.769.544 maravedís. Por tratarse de una villa vinculada en mayorazgo, Castellar no podía ser enajenada y precisamente esto fue lo que reclamó Juan ante el Consejo Real, en compañía de Diego Ortiz de Guzmán que ejercía como tutor y curador de sus hermanas36. Finalmente, el 13 de octubre de 1505 Fernando el Católico exige a Fernán Arias de Saavedra la restitución de los maravedís que recibiera por la venta de Castellar “por cuanto no la pudo vender por tenerla vinculada”, y tras realizarse una escritura de concordia entre padre e hijo, el rey ordenó en agosto de 1506 al comendador Garcilaso de la Vega entregar la villa a Juan Arias de Saavedra37. El señor de El Viso y Castellar también recogió la originaria tradición fronteriza de su estirpe heredando el oficio de alfaqueque mayor de Castilla que desde 1439 venía recayendo en sus ascendientes 38 . La alfaquequería se trató de una institución típicamente fronteriza “cuya principal razón de ser se encuentra en el creciente interés de la corona por mediatizar y controlar la mayor parte de las actividades redentoras en

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En relación con las diversas formas y manifestaciones de la memoria familiar de las casas nobles, véase Juan Luis Carriazo Rubio, La memoria del linaje. Los Ponce de León y sus antepasados a fines de la Edad Media, Sevilla, Universidad de Sevilla, 2002. 33 AGA, FAS, leg. 3775, doc. 12. 34 ADM, C, leg. 3, doc. 21. 35 ADM, V, leg. 2, doc. 4, 5, 6, 7, 8; C, leg. 1, doc. 1, 2, 7, 23; AGA, FAS, leg. 3753, doc. 4; leg. 3778, doc. 1. 36 AGA, FAS, leg. 5917, doc. 3; leg. 3753, doc. 4. 37 ADM, C, leg. 1, doc. 3, 4, 5, 6, 7, 24; leg. 3, doc. 19. Sometidas El Viso y Castellar a su jurisdicción, se entablaron largos pleitos por los límites municipales de Castellar, Gibraltar y Jimena, que acabaron elevándose a la Chancillería de Granada: ADM, C, leg. 1, doc. 38, 40, 41, 42; leg. 2, doc. 1, 2, 3, 4, 11; leg. 3, doc. 66; AGA, FAS, leg. 3777, doc. 3, 4. 38 El primer Saavedra que desempeñó el cargo fue Juan Arias de Saavedra el Famoso, por una merced de Juan II del 28 de julio de 1439: AGA, FAS, leg. 3753, doc. 2. Las sucesivas generaciones ocuparon el oficio a través de renunciaciones, confirmaciones y nombramientos reales: AGA, FAS, leg. 3753, doc. 2; leg. 3775, doc. 6; ADM, V, leg. 6, doc. 8.

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la frontera de Granada y norte de África”39. Desde el mismo reinado de Juan II y a causa de la reconocida lealtad del linaje a la corona, la alfaquequería mayor de Castilla, sus derechos y prerrogativas, se identificarán con los herederos de la casa de Castellar, que se convirtieron en “los hombres más idóneos para el ejercicio del cargo de alfaqueque mayor por su dilatada experiencia y prestigio en la frontera y en el gobierno regional al servicio de la monarquía”, hasta la definitiva anulación del oficio por Felipe III40. A nivel político, el ámbito municipal significó para los linajes de la nobleza mediana “un campo lleno de posibilidades”41. En este sentido, Juan Arias de Saavedra, ataviado con el hábito de la orden de Santiago que le atribuyen Pellicer de Tovar y Méndez Silva42, dio continuidad al destacado peso que su linaje venía ejerciendo en el municipio sevillano, ocupando entre otros cargos, el de alcalde mayor de la tierra de Sevilla “con vos e voto en el cabildo y ayuntamiento de la dicha çibdad”. Antes que él, ya su padre y su abuelo –Fernán Arias de Saavedra y Juan Arias de Saavedra, el Famoso, respectivamente– habían desempeñado tal oficio por mercedes de Enrique IV y los Reyes Católicos43. Juan detentó esta alcaldía mayor hasta julio de 1503, cuando la renunció en beneficio de Diego Ortiz de Guzmán, marido de una de sus hermanas, Juana de Avellaneda44. Por su “idoneidad e suficiencia e los buenos seruiçios”, Juan Arias de Saavedra también ocupó desde marzo de 1492 una veinticuatría en el concejo sevillano renunciada en él por el conde de Feria, Gómez Suárez de Figueroa45. Según las nóminas de las quitaciones de los oficiales del concejo, Juan percibía anualmente por el desempeño de esta veinticuatría 3.000 maravedís, y por su servicio además, también pudo aprovechar el viaje que los reyes realizaron a Castilla en 1506 para “yr a besar las manos al rey don Felipe y a la reyna doña Juana”, motivo que justificaba una partida de 67.500 maravedís en el capítulo de libranzas del concejo de 150646. Si seguimos los memoriales genealógicos de Pellicer de Tovar y Méndez Silva, Juan Arias de Saavedra ostentaría también el alguacilazgo mayor de la Inquisición de Sevilla, un hecho que, si bien, no estamos en condiciones de afirmar con toda seguridad47. Informaciones más fehacientes, en cambio, sitúan a su hijo tercero, Juan, como el primero de los Saavedra en detentar tal cargo y a cuya línea familiar se adscribirá durante varias generaciones48. Sobre la posesión por parte de Juan Arias de Saavedra del cargo de alguacil mayor de Sevilla sí que existen más fuentes que así lo 39

Manuel García Fernández, “La alfaquequería mayor de Castilla en Andalucía a fines de la Edad Media. Los alfaqueques reales”, en José Enrique López de Coca Castañer (coord.), Estudios sobre Málaga y el Reino de Granada en el V Centenario de su conquista, Málaga, Diputación de Málaga, 1987, p. 37; José Manuel Calderón y Francisco Javier Díaz (col.), Vae Victis: cautivos y prisioneros en la Edad Media Hispánica, Alcalá de Henares, Universidad de Alcalá, 2012, pp. 239-263. 40 M. García Fernández, “La alfaquequería mayor...”, p. 39. 41 A. Carrasco Martínez, Sangre, honor y privilegio..., p. 53. 42 AGA, FAS, leg 3754, doc. 36; leg. 3775, doc. 39. 43 ADM, V, leg. 6, doc. 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8. 44 Marcos Fernández Gómez y Pilar Ostos Salcedo, El Tumbo de los Reyes Católicos del Concejo de Sevilla, Madrid, Fundación Ramón Areces, 2003, XI, pp. 495-497. 45 Juan de Mata Carriazo (dir.), El Tumbo de los Reyes Católicos del Concejo de Sevilla, Sevilla, Ayuntamiento de Sevilla, 1971, V, pp. 323-324. 46 Archivo Municipal de Sevilla AMS, Papeles del Mayordomazgo [M], rollos: 763 (ff. 468 y ss.), 765 (ff. 193 y ss.), 768, 769 (ff. 524 y ss.), 1680 (ff. 231 y ss.), 1686 (ff. 276 y ss.). 47 AGA, FAS, leg 3754, doc. 36; leg. 3775, doc. 39. 48 AGA, FAS, leg. 3775, doc. 65; D. Ortiz de Zúñiga, Anales eclesiásticos y seculares..., III, pp. 121-123.

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corroboran pues, tanto Pellicer de Tovar, como Méndez Silva y el analista Ortiz de Zúñiga dan clara cuenta de ello e incluso ubican a su hijo Rodrigo ejerciendo el alguacilazgo en nombre de su padre, en el socorro a la ciudad de Gibraltar con motivo del asalto turco de 154049. En cuanto a la tradicional vinculación de los Saavedra con la casa de Arcos, la entrada en el siglo XVI para nada la enfrió. En la escritura testamental que otorgó en 1530 don Rodrigo Ponce de León, primer duque de Arcos, nombró a Juan Arias de Saavedra como “gouernador y tutor” de su hijo don Luis Cristóbal, nacido en 1528 y llamado a ser el II duque de Arcos50. Como administrador de la casa ducal y tutor del joven duque, Juan recibiría 1.000 ducados anuales. No obstante, en 1542 será acusado de corrupción, codicia y mala gestión por don Pedro y don García Ponce de León, hermanos del duque don Rodrigo y quienes aspiraban a la tutoría del joven don Luis. Estas acusaciones dieron lugar a un interesante litigio que en el fondo, lo que expresa son las dificultades en las que se hallaba la hacienda ducal y que una minoría tan prolongada del titular era el caldo de cultivo idóneo para la contraposición de intereses personales51. El punto culmen de la trayectoria política de Juan Arias de Saavedra hay que situarlo en el año 1538, cuando sentado entre el conde de Aguilar y el de Olivares se halló “don Juan de Saabedra” en las Cortes que Carlos V celebró en el monasterio de San Juan de los Reyes de Toledo52. Fruto de la intensa actividad desarrollada durante la reunión de Cortes y en reconocimiento a la amplia trayectoria de servicio a la monarquía que acumulaba el linaje, el 10 de noviembre de 1539 Carlos V concedía a Juan Arias de Saavedra el título de conde de la villa de Castellar 53 ; título que permanecerá ligado a la casa de Saavedra hasta su integración en los estados del duque de Santisteban del Puerto en el siglo XVIII y posteriormente, en el ducado de Medinaceli. 3. Conclusiones: la herencia de los condes de Castellar El 28 de mayo de 1544, el conde de Castellar otorgaba su escritura de testamento mediante la que, entre otras disposiciones, nombraba como sucesor del condado y de los señoríos adscritos a la casa a su primogénito Fernando54. La condesa, por su parte, no falleció hasta agosto de 1550, tras formalizar su testamento, dar cumplimiento a las mandas de su difunto marido y fundar una capellanía en la iglesia de san Martín de

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AGA, FAS, leg. 3754, 36; leg. 3775, doc. 39. Según Ortiz de Zúñiga, Juan Arias de Saavedra ejercía como tal ya en 1532, lo que nos lleva a suponer que quizás ostentase el alguacilazgo desde 1512, cuando murió su anterior poseedor, Esteban de Guzmán: D. Ortiz de Zúñiga, Anales eclesiásticos y seculares..., III, pp. 365-366 y pp. 381-382; IV, p. 4 y p. 149. 50 Archivo Histórico Nacional, Nobleza, Osuna, leg. 121, doc. 9 g: Juan Luis Carriazo Rubio, Los testamentos de la Casa de Arcos (1374-1530), Sevilla, Diputación de Sevilla, 2004, pp. 297-320; D. García Hernán, Aristocracia y señorío..., p. 16 y p. 126. 51 Federico Devís Márquez, Mayorazgo y cambio político: estudios sobre el mayorazgo de la Casa de Arcos al final de la Edad Media, Cádiz, Universidad de Cádiz, 1999, pp. 78-90. 52 Real Academia de la Historia, Cortes de los antiguos Reinos de León y Castilla, Madrid, Imprenta y Estereotipia de M. Rivadeneira, 1861-1903, V. 53 Ampelio Alonso de Cadenas, Elenco de grandezas y títulos nobiliarios españoles, Madrid, Hidalguía, 2008, p. 295; J. Pellicer de Tovar, Memorial de la casa y servicios de don Joseph de Saavedra..., fols. 6465; AGA, FAS, leg. 3775, doc. 39 54 ADM, C, leg. 3, doc. 20.

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Sevilla; el lugar en el que tanto su marido como ella, mandaron sepultarse55. Además del título condal, el primogénito, casado con Teresa de Arellano –hija del segundo conde de Aguilar–, se convirtió en el poseedor del mayorazgo principal de la casa, el de El Viso, heredando también el oficio de alfaqueque mayor de Castilla, la veinticuatría de su padre, así como el alguacilazgo mayor de Sevilla que también sobre él le renunció el conde de Orgaz, Álvaro Pérez de Guzmán56. La concesión del título nobiliario por Carlos V en 1539 acabó por sancionar la calidad y grandeza de toda una estirpe. Desde sus orígenes fronteros, iniciaba el linaje de Saavedra su andadura en la época moderna plenamente integrado en los escalafones de la nobleza castellana, al tiempo que mantenía una sólida impronta en el municipio sevillano y se aseguraba la posesión de amplios patrimonios amayorazgados. Desde estos momentos, sus círculos de poder e influencia se extenderán desde la Baja Andalucía hasta la propia corte de los Austrias, hacia donde destacados miembros del linaje se trasladaron durante el siglo XVII para ejercer oficios palatinos; mientras que otros Saavedras en cambio, acabaron ligando sus destinos a las oportunidades que ofrecían los reinos de Indias. Imagen. 1 Genealogía del linaje Saavedra y condes de Castellar Juan Arias de Saavedra el Famoso Señor de El Viso Señor de Castellar

Juana de Avellaneda Delgadillo

Juan Fernán Arias de de Saavedra Señor Saavedra de El Viso Señor de Castellar

Juan Ponce de León II Conde de Arcos

-Leonor Francisca -Constanza de -Juana Saavedra -María

Juan Arias de Saavedra I Conde de Castellar

-María -Francisca -Leonor

Fernando Arias de Saavedra II Conde de Castellar

Catalina González de Oviedo

Enrique Constanza Ponce Ponce de León de León

Juana de Avellaneda

Teresa Rodrigo Inés Juan de de Tavera de de Arellano Saavedra Mendoza Saavedra

Fernando Arias de Saavedra

Catalina Enríquez de Ribera

Juan Ortíz de Guzmán

Catalina Ortíz de Guzmán

Leonor de Esquivel

Juan Alfonso de Guzmán I Duque de Medina Sidonia

Diego Ortíz de Guzmán

Isabel de Meneses

Francisca de Saavedra

María Manuel de Villena

María de Manuel y Figueroa

Alvar Pérez de Guzmán

María de Guzmán I Condesa de Castellar

Catalina -Catalina de -Leonor Esquivel -Constanza -Blanca -María -Gregoria

Francisco de Saavedra

Lorenzo Suárez de Figueroa I Conde de Feria

Luis de Saavedra y Guzmán

Marina Fernando de de los Estrada Ríos

Mencía Manuel de Saavedra

-Beatriz -Francisca -Constanza

Fuente. Elaboración propia a partir de las referencias consultadas.

55

AGA, FAS, leg. 3772, doc. 6; Archivo General del Arzobispado de Sevilla, Gobierno, Capellanías, leg. 2036. 56 ADM, C, leg. 5, doc. 2, 3; V, leg. 6, doc. 11, 12.

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Sangre judía, finanzas y nobleza: la trayectoria familiar de los Pisa en Castilla (siglos XV-XVII) Jewish blood, finances and nobility: the mobility strategies in the Pisa family Rocío VELASCO TEJEDOR Universidad de Córdoba Resumen: El presente artículo constituye el análisis social y familiar de un destacado linaje judeoconverso aún poco conocido, los Pisa, procedente de Almagro (Ciudad Real), que desde finales del s. XV comienza un vertiginoso ascenso social partiendo de negocios financieros y mercantiles. El estudio comparado de sus estrategias familiares en tres relevantes ciudades castellanas (Madrid-Almagro-Granada) saca a relucir de modo paradigmático los distintos caminos por los que se produjeron los procesos de movilidad que fueron inherentes a la España Moderna. Palabras clave: familia judeoconversa, ascenso social, Historia Comparada, estrategias familiares.

Abstract: In this paper the authoress analyses a paradigmatic case of social and familiar mobility exemplified by a judeoconverso lineage, named Pisa, beginning in finances and commercial business and raising to be part of the nobility. These mobility processes provide an argument of the role of judeoconversos in the social dynamics changes that were a quite typical phenomenon in Spanish Early Modern Age. Keywords: convert family, social promotion, Comparative History, familiar politics.

1. Introducción: ser converso en la Castilla de los Reyes Católicos El reinado de los Reyes Católicos ha aparecido siempre en la historiografía como una época de bisagra entre la Edad Media y la Edad Moderna y de grandes cambios para España. El mundo en general experimenta un cambio importante en su cultura social y política. Pero, sobre todo, este período aparece resumido muchas veces en el mítico año 1492, en tres principales hitos: descubrimiento de América, fin de la Reconquista, el decreto de expulsión de los judíos. De ellos, el único que puramente tuvo sus consecuencias en toda la sociedad, de forma repentina, fue el último mencionado. La salida del país de decenas de miles de familias– entre 120.000 y 150.000 personas, según Elliot 1 –tuvo consecuencias catastróficas en lo demográfico, lo económico, lo social; sí, e igualmente para aquellas que, evadiendo la expulsión, se convirtieron al cristianismo. Y así, con la desaparición oficial de los seguidores de Moisés, se consideró finiquitado el ‘problema judío’, lo que no es menos acertado que admitir que ése fue el inicio del llamado ‘problema converso’, mucho más profundo en su huella en niveles sociales y económicos para el devenir de España de lo que ha querido admitirse hasta hace escaso tiempo. 1

John H. Elliot, La España Imperial. 1469-1716, Barcelona, Vicens Vives, 2005, p. 113.

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En el estudio de la Historia Moderna de España, uno de los matices más importantes y llamativos de esta cuestión, actualmente en plena ebullición historiográfica, es el papel que tomaron estos judeoconversos en la configuración y devenir de la sociedad española durante toda esta etapa. La forzosa elección entre ser expulsados o convertidos dejó en España un poso muy extenso de linajes de origen judío con un enorme potencial económico y político, y desde luego también con un poder social enorme. Este fenómeno tuvo su aparición en una coyuntura de cambio de siglo a finales del XV, muy dinámica económica y socialmente, que ofrecía las claves para prosperar con rapidez y de favorecer el proceso de ennoblecimiento si se tenía la suficiente destreza: la riqueza de sus negocios vino acompañada por una progresivamente mejorada posición, primero económica y después social, basada en relaciones aunaban el interés y el parentesco. En este proceso, el cuidado de estos conversos les hizo protagonizar la mayor ocultación de la historia por mantener la simulación hasta el límite del absurdo, y supone la mayor la originalidad de este fenómeno. Las ambiciones de progresión social se resolvieron mediante la configuración del matrimonio nobiliario, las estrategias familiares, la falsificación sistemática de genealogías y documentos, o el absolutamente novedoso tema de sus orígenes sociales, donde los resultados han sido más sorprendentes2 y corroboran las teorías de la profunda porosidad de la sociedad, que permitió la integración en el seno de la nobleza de miles de familias adineradas, que en modo alguno contaban en origen con la más mínima sangre o pureza noble que tanto defendía este estamento3. Sólo así podría entenderse, por ejemplo, la colección de sambenitos que pasaron a “adornar” durante siglos las iglesias de cada pueblo de Castilla, recordando generación tras generación los pecados que había heredado de sus antepasados cada vecino. Como relataba un anónimo en 1486 y recoge Fita, “aunque eran muertos, su fama vivía diciendo que habían muerto commo cristianos, y convenía que así fuesen publicados por herejes”4. La razón real estaba lejos de tener tan altas motivaciones: para Calleja Puerta, la implantación de estatutos y limpiezas provenían de una “reacción a la ruptura de barreras sociales que estaban provocando el dinero y la riqueza” entre las capas más altas 5 , una forma desesperada por establecer filtros basados en las condiciones que no reunían muchos de los aspirantes: nobleza, honor y limpieza. Estos filtros podían impedirles el acceso a los cargos y honores a que aspiraban en virtud de su holgada posición socioeconómica. Partimos de la idea de que el individuo moderno necesita formar parte de un orden para poder sentir que tiene una identidad en el mundo. En ello, destacamos que la familia es la base sin la que es imposible que, en efecto, se produjera ninguna 2

Vid. Raúl Molina Recio en “La historiografía española en torno a las élites y la historia de la familia. Balance y perspectivas de futuro”, Las élites en la época moderna: la Monarquía Española, Córdoba, Universidad de Córdoba, 2009, vol. 2; y Enrique Soria Mesa, El cambio inmóvil: transformaciones y permanencias en una élite de poder (Córdoba, ss. XVI-XIX), Córdoba, La Posada, 2000. 3 Enrique Soria Mesa, La nobleza en España moderna. Cambio y continuidad. Madrid, Marcial Pons Historia, 2007, p. 35. 4 Auto 12, del 15 de octubre de 1486. Fidel Fita, “La Inquisición toledana. Relación contemporánea de los autos y autillos que celebró desde el año 1485 hasta el de 1501”, Boletín de la Real Academia de la Historia, T. 11 (1887), p. 301 [Consultado en Cervantes Virtual, 29/02/2015]. 5 Miguel Calleja Puerta, “El factor genealógico. Posibilidades y límites de la documentación de archivo para la elaboración de historias familiares”, Emblemata, 16 (2010), p. 138.

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movilidad. Como defiende Raúl Molina, “el hecho familiar en el caso de la nobleza es un asunto vital para el grupo en tanto que es la base, sustento y estructura principal en la que se desenvuelve”6. Constituía el estadio intermedio entre uno mismo como individuo y la jungla de la sociedad. Sobre todo las familias pudientes, las más interesadas en conservar sus privilegios, lo decidirán todo, ya que formar parte de la familia era formar parte de la estrategia que los unía7. Nuestra finalidad por tanto es la exposición particular de las políticas o estrategias de ascenso social de la familia Pisa, a través de la cual podremos observar cómo una familia de judeoconversos encuentra las claves para hacerse con un hueco en la compleja red de relaciones de la oligarquía en distintos puntos de España. Esta familia pasó por los cauces habituales de poseer en primer lugar un extenso patrimonio proporcionado por los negocios mercantiles y financieros, que protagonizaban como parte de su tradición judía; conseguido eso, practicaron una política matrimonial claramente orientada a integrarse en los sectores que participaban socialmente del poder. Hemos fijado una Historia Comparada entre tres ramas de la familia que nos va a permitir observar cómo algunas estrategias se repiten con muy pocos cambios. De esta manera, hemos podido establecer una dinámica común con distintos modelos de comportamiento que buscaban el mismo único fin de ascenso social. 2. Los Pisa: la forja de un linaje Como una de sus principales novedades, éste es un estudio de Historia Social en el que la boyante Historia Comparada alcanza su mayor expresión, comparaciones que se harán en un plano, como ya hemos apuntado, social (judío, converso, cristiano viejo y todos ellos en el plano familiar) y económico (compañías comerciales, rutas de comercio, productos, volumen de beneficios, etc.). La familia de Pisa representa la unión de los conceptos que explican la movilidad social a principios de la Edad Moderna: la adquisición de propiedades, la política matrimonial que, con esas riquezas, propicia el ascenso y la política familiar que determina el control de los cargos municipales y, posteriormente, la obtención de hábitos8. La familia es, pues, la institución social a través de la cual se hacen realidad las posibilidades o no de movilidad de los distintos grupos sociales. Su objetivo es, por tanto, “transmitir generacionalmente aquellas cualidades, calidades y capitales en los que descansa y se basa la posición diferenciada de la familia”9, y que esa transmisión de generación en generación se convierta en eterna a lo largo del tiempo. Es decir, el linaje se crea como un agente de socialización a través de las generaciones en el que es necesario relacionar matrimonio, grupo social y propiedad, o lo que es lo mismo: clientelismo, riqueza y privilegio10. Con pocos matices, este es el camino seguido por la descendencia de Juan Rodríguez de Pisa, que encabeza a mediados del siglo XV nuestra reconstrucción

6

R. Molina Recio en “La historiografía española en torno a las élites…”, p. 13. Francisco Chacón Jiménez, Poder y movilidad social. Cortesanos, religiosos y oligarquías en la Península Ibérica (ss. XV- XIX), Madrid: CSIC, 2006, p. 52. 8 James Casey y Francisco Chacón, La familia en la España mediterránea (ss. XV- XIX), Barcelona, Crítica, 1987, p. 14. 9 Francisco Chacón Jiménez y Juan Hernández Franco, Espacios sociales, universos familiares. La familia en la historiografía española, Murcia, Universidad de Murcia, 2007, p. 14 y p. 227. 10 F. Chacón Jiménez, Poder y movilidad social…, p. 55. 7

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genealógica 11 . Muy poco sabemos acerca de él, pero lo que tenemos es harto significativo: Juan Rodríguez de Pisa, que había muerto en 1461, fue condenado y quemado post-mortem por la Inquisición, acusado de herejía, en 1485. Este hecho trastocaría para siempre la vida de sus más próximos descendientes, que trataron de ocultarlo por todos los medios hasta que cayó en el olvido. Así, algunos de estos descendientes que vivieron en el siglo XVII, como Gaspar Osorio Mejía, Antonio y Jerónimo Gutiérrez de Anaya o Antonio Zapata, se hicieron descender –a sabiendas o no –de un hermano de Juan Rodríguez alejado de toda duda de mancha, Miguel de Pisa, que murió en 148112. Principalmente conocemos con precisión la genealogía de uno de sus nueve hijos, García de Pisa, y a partir del cual desarrollaremos las estrategias de ascenso observadas en su descendencia. Su lugar de residencia, el Campo de Calatrava, ofrecía gracias a sus peculiaridades políticas y administrativas, grandes posibilidades en el terreno económico por su posición estratégica en la geografía española como lugar de paso obligado para el comercio castellano. En él su capital, Almagro, centralizaba el cobro y gestión de las rentas de la Mesa Maestral de la Orden del mismo nombre, así como el de los impuestos reales. El peso de esta riquísima zona recaía totalmente sobre los mercaderes, grupo en el que la presencia conversa, no nos extraña, era mayoritaria. En cualquier caso, los esfuerzos por integrarse de los judíos y conversos estuvieron en algunos casos muy unidos al fuerte dinamismo económico que experimentó la sociedad de la época, característica una economía de cambios como la que se estaba produciendo a caballo entre la Edad Media y Edad Moderna. En los números calculados por Ladero Quesada, los primeros podían tener bajo su control hasta el 25% de las rentas reales de Castilla en los años anteriores a la expulsión13; y muy posiblemente los conversos, menos atados y más aceptados, ocuparan de un porcentaje mayor. Ángeles Martín Romera ha estudiado el transvase que los arrendadores conversos de Almagro llevaron a cabo de beneficios financieros hacia la compra de bienes rústicos con los que conformar un rico y extenso patrimonio rural, primer paso para un futuro mayorazgo que mejorara la calidad de la descendencia y ampliara las relaciones familiares con otros linajes. Este nuevo uso de la riqueza será lo que esté detrás de todo14. En este sentido, son muy significativas las recientes reflexiones sobre el poder financiero del investigador Alonso García, quien determina que para los conversos la complejidad y riesgo que entrañaban estas operaciones conformaban un

11

“Tabla genealógica de la familia de Pisa”, Real Academia de la Historia [RAH], Salazar, D-35, núm. 28182; y “Apéndice 5: Familia Rodríguez de Pisa”, en Vincent Parelló, “Sociología conversa en los siglos XV y XVI. La dinámica de las familias manchegas”, Sefarad, 59/2 (1999), p. 412-414. 12 “Tabla genealógica de la familia de Pisa”, RAH, Salazar, D-34, núm. 27808; y vid. Martin Biersack, “Juan Rodríguez de Pisa, letrado y humanista granadino, traductor de Pico de la Mirandola”, Bulletin Hispanique, 111 (2009), pp. 7 -50. 13 Miguel Á. Ladero Quesada, “Coronel, 1492: de la aristocracia judía a la nobleza cristiana de los Reyes Católicos”, Cahiers du CRIAR, 21 (2002), p. 94. 14 Archivo General de Simancas [AGS], Escribanía Mayor de Rentas [EMR], Leg. 550. Ángeles Martín Romera en "La imposición de criterios económicos urbanos al entorno rural: el caso de los mercaderes de Almagro", La ciudad medieval y su influencia territorial, Logroño, Instituto de Estudios Riojanos, 2007, pp. 293.

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determinado mecanismo de sociabilidad y de poder que debía funcionar en distintos niveles al mismo tiempo15. García fue uno de estos principales financieros de Almagro, y el padre de los Pisa cuya trayectoria pasaremos a exponer. Como ha quedado mencionado, la formación de un gran patrimonio a expensas de su actividad como arrendador de rentas y comerciante de gran alcance le permitió acumular una de las mayores riquezas de la región: sólo sus tierras tenían un valor de 395.000 mrs., contaba una huerta valorada en 30.000 mrs. y tenía más de 3300 cabezas de ganado hacia 146716. Es más: en 1495 participó en la fundación de la compañía comercial que aunó las fuerzas de los principales agentes económicos de la región: además de García, estaba formada por Alonso Gutiérrez de Madrid (antes, de la Caballería), Fernando de Villarreal y Diego Sánchez de Arroyal, todos conversos–y quienes, junto con Marcos de Madrid y el comendador Rodrigo de Oviedo, acabarían siendo sus yernos 17 . Su capacidad de actuación hizo que los enfrentamientos con el grupo liderado por los conocidos Senehor/Coronel, que tenían en su haber los grandes monopolios y privilegios para el cobro de rentas de manos de los Reyes Católicos, fueran continuados durante varias décadas. La rentabilidad del negocio queda al descubierto: la confluencia de intereses económicos y sociales que se produce al conseguir ser un gran propietario o un arrendador de rentas reales y de tierras, resultaba muy atractiva en el seno de un grupo en plena ebullición hacia la sociedad moderna, una breve etapa que permitió rápidos cambios sociales.

15

David Alonso García, “Poder financiero y arrendadores de rentas reales en Castilla a principios de la Edad Moderna”, Cuadernos de Historia Moderna, 31 (2006), p. 119. 16 AGS, EMR, leg. 550 y AGS, Cámara de Castilla [CCA], 3-2, 41, 2. Ángeles Martín Romera en "La imposición de criterios económicos urbanos…”, pp. 209-210; y en “Documentos de la Orden de Calatrava”, Boletín de la Real Academia De La Historia, T. XXXV (1888) p. 156. [Consultado en Biblioteca Cervantes Virtual]. 17 Naturalmente, tener a los parientes involucrados en los negocios produjo desvíos hacia los intereses propios, e injerencias en la administración central para la que trabajaban. José Martínez Millán y Carlos de Carlos, “Conversos y élites de poder en Castilla durante la primera mitad del siglo XVI: las actividades de Alonso Gutiérrez de Madrid en la Corte de Carlos V”, Siglos Dorados. Homenaje a Agustín Redondo, Madrid, 2004, II, p. 154.

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Tabla 1. Descendencia de García de Pisa

Lo que sabemos de los matrimonios de estos y otros Pisa nos confirma el hecho de que en estos años distintos miembros de la familia Pisa habían seguido la endogamia socioreligiosa común a los conversos durante todo el siglo XV, pues sus mujeres pertenecían a familias de claro origen judío, investigadas por la Inquisición en un porcentaje muy significativo. Entre ellos encontramos apellidos conversos de lo más sonado: Caballería, Villarreal, de la Sierra, Bonilla, Franco/Núñez Franco…, todos ellos condenados y procesados en masa. En este tiempo la endogamia permitía en muchos casos que pudieran seguir manteniendo sus costumbres y ritos semitas en el ámbito familiar, aunque debe entenderse dentro del mencionado proceso de integración, partiendo de la endogamia socio-religiosa como forma de necesaria protección mutua en una sociedad que rechazaba sistemáticamente. Posteriormente, uno de los procedimientos más frecuentes para evadirse de la clase conversa fue cambiar de apellidos, además de cambiar de residencia. Esto lo hicieron muchos Pisa: casi todos los hijos de García emigraron a distintas ciudades del sur y del norte, otros quedaron en el ámbito más cercano, o no se movieron de Almagro. Las tres ramas que hemos escogido fueron hijas de García de Pisa: Andrés de Pisa en Almagro, Juan Rodríguez de Pisa a Granada y María Rodríguez de Pisa a Madrid. Los apellidos cambiaron rápidamente y pocos mantuvieron el Pisa más allá de la segunda generación a partir del siglo XVI, lo cual nos empuja a seguir a otras familias y ampliar las redes de parentesco. En nuestro seguimiento temporal hemos observado esa evolución que los conduce al acceso al poder. La Historia Comparada nos permitirá profundizar en similitudes y diferencias bastante sincrónicas entre las vías de acceso al poder de sus estrategias, que siguen un esquema bien conocido basado en la puesta en práctica de unos mecanismos fundamentalmente económicos, políticos y sociales, que ofrecieron a los miembros de la familia la posibilidad de llegar a la cúpula de poder en esas tres esferas. Por un lado, el contexto geográfico en el que se moverá cada una de estas ramas será decisorio para su éxito: Madrid y sobre todo Granada son, junto con Sevilla, las ciudades emergentes más dinámicas de la primera mitad del siglo XVI español y

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concentraron un importante número de familias conversas emigrantes, que buscaban crecer socialmente en nuevos. Tabla 2. Comparativa entre distintas ramas familiares Pisa. Lugar de residencia Apellidos relacionados

Almagro Osorio – Oviedo – Mejía – Zúñiga

Madrid Gutiérrez de Madrid

Granada Osorio – Fernández de Córdoba

Plataforma de ascenso

Concejo

Corte Concejo

Chancillería Concejo

Rama profesional del cabeza de familia

Arrendamiento de rentas

Tesorería

Jurisprudencia

Grupos de poder con los que se relacionan

Oligarquía local

Carlos V Familia Mendoza Protegido del Duque de Béjar

Protegido de los Mendozas Familia Fernández de Córdoba

Estrategia familiar

Endogamia

Emigración Cambio de apellidos Hipergamia femenina

Emigración Endogamia Hipergamia femenina

Títulos de nobleza

Marqués de Torremejía Marqués de Valenzuela Marqués de las Varillas

Marqués de Villamaina Vizconde de Valoria

Marqués de Valenzuela Marqués de la Fuente

Fundación religiosa (capellanía)

San Andrés (San Bartolomé)

Ntra. Sra. Encarnación (San Martín)

Convento Sta. Victoria18

Residencia

Palacios de Torremejía (Almagro y Granátula de Calatrava)

Palacio del Tesorero (actual convento de las Descalzas Reales)

Casa de los Pisa

Otros

Promoción del corral de comedias

Participación en la conquista de América

Publicaciones humanísticas

La endogamia matrimonial, por otro lado, también se produjo por motivos económicos. En cierto modo, era una pequeña parada en el ascenso social, pues la familia no extendía sus redes, pero cuando el patrimonio podía estar en riesgo era necesario el sacrificio de casar con un primo y esperar que los hijos de ambos continuaran con el proceso posteriormente. Esta opción se enmarca claramente en un comportamiento protonobiliario, que tiene el suficiente interés en no perder poder para recurrir a esta posibilidad no sólo porque pretende mantenerlo, también porque sabe que la próxima generación lo seguirá aumentando. De esta manera, la endogamia en las distintas formas que hemos visto –socio-religiosa, económica y familiar –se reveló, en palabras de Domínguez Ortiz, como el elemento “más decisivo para la individualización y persistencia de un grupo social”19. Así se dio en el caso granadino. El nieto primogénito de Juan Rodríguez de Pisa, Juan de Pisa y Osorio, caballero veinticuatro, no sólo concentró en su persona los dos mayorazgos fundados por su abuelo paterno en 1535 tras la muerte sin sucesión de su

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La advocación de la capilla es desconocida y el convento está actualmente desaparecido. Quedó muy dañado tras su uso como cuartel durante la invasión francesa y, tras la exclaustración definitiva de los frailes en 1835 con la desamortización de Mendizábal, se ordenó su demolición en 1842. 19 Antonio Domínguez Ortiz, La clase social de los conversos en Castilla en la Edad Moderna, Universidad de Granada, Granada, 1991, p. 151.

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tío Diego20, también los del materno, pues había casado con su prima hermana María de Osorio, hija de sus tíos Francisco de Osorio y Ana de Vozmediano, con el propósito de fortalecer esta fortuna21. Su descendencia, sin embargo, tendría bastante inestabilidad porque las herederas fueron sistemáticamente mujeres, con lo cual el patrimonio acabó en una rama natural procedente de don Antonio Fernández de Córdoba, deán de la catedral en esa ciudad. Mariana, la única hija de Juan y María, casó en 1590 con Luis Fernández de Córdoba y Bernuy, y significó el ascenso de esta rama Pisa a una nobleza muy reputada y poderosa. Fue un matrimonio hipergámico que se consolidó en las hijas del enlace mediante la clásica fórmula endogámica tío/sobrina. La mayor, doña Ana María de Córdoba y Pisa, necesitó dispensa en 1606 para casarse con el primo de su padre, don Antonio de Córdoba, Gentilhombre de Su Majestad y desde 1625 I marqués de Valenzuela. Ambos descendían de don Álvaro de Córdoba, segundo hijo del conde de Cabra. Uno de los puntos imprescindibles en el proceso de ascensión social de esta rama fue la fundación de capellanías, por su gran utilidad y simbolismo a nivel económico, religioso y social. Fruto directo de su boyante economía fue la fundada por García bajo la advocación de San Andrés en la iglesia de San Bartolomé, de la que dejaría encargado a Andrés y su descendencia. En la cláusula testamentaria se leía la siguiente petición: “e les encargo a mis hijos procuren aumentar esta memoria, y que no se pueda acabar si no fuere con el tiempo”22. La capilla fue cuidada y reconstruida por su primogénito, Alonso el Romano, que la amplió para ser enterrado en ella, junto con otra sepultura para su hijo Hipólito de Pisa. Este hijo natural fue reconocido y criado por Alonso, pero acumuló con cargo a su padre cuantiosas deudas que le acarrearon cárcel y le obligaron a huir de Almagro varias veces 23. Alonso, antes de su muerte el 7 de marzo de 1561, ya había podido disfrutar de algunas rentas eclesiásticas como beneficiado y fundó en la capilla familiar un patronato cuyas rentas fueron codiciadas por muchos descendientes suyos y de sus hermanos; y que administraron sus sobrinos Alonso Parragués, el licenciado Pisa de Oviedo y Andrés el mozo24. También estableció una beca de estudios universitarios para los hombres y dotes para casamiento o profesión para las mujeres, que recibieron por ejemplo Magdalena Osorio, heredera del mayorazgo del Protonotario que seguiría la línea sucesoria, y su hija y de Gaspar Mejía, María de Osorio. El hijo mayor de este matrimonio, don Gaspar

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Debió ser en fecha posterior a 1561, cuando el tío de Diego, Alonso el Romano, lo citaba en su testamento con intención de que su patronato proveyese a sus hijos si es que llegaba a tenerlos. En Andrés Vázquez Cano, “Los Pissas”, Revista del Centro de Estudios Históricos de Granada y su reino, Granada, (1914), IV, p. 159. 21 Luis de Salazar y Castro, Árboles de costados de gran parte de las primeras casas de estos reynos, cuyos dueños vivían en el año de 1683, Madrid, 1795 [Consultado en Google Libros, 8/011/2014], p. 173. En otro de sus árboles, Salazar ocultaría este matrimonio endogámico casando a Juan con una hipotética pariente del famoso secretario de Carlos V, doña Juana de los Cobos, apellido que aportaba un prestigio mucho mayor. Vid. “Tabla genealógica de la familia de Pisa”. RAH, Salazar, D-34, fol. 193v, nº 27808. 22 Testamento de García de Pisa (Almagro, 3/04/1510), en “Información testifical de la calidad, nobleza y limpieza de sangre de Miguel de Pisa…”. RAH, Salazar. M-99, fol. 168v. La cursiva es propia. 23 “Hipólito de Pisa, vecino de Almagro, con Cristóbal de Oviedo y consortes, sobre la administración de los bienes del mayorazgo y patronato que fundó Alonso de Pisa” (1571). Archivo de la Real Chancillería de Granada [ARCG], Caja 2624, 001. 24 A. Vázquez Cano, “Los Pissas”, p. 158- 161.

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Mejía y Osorio, fundó otro patronato de enterramiento en Almagro, en esta ocasión en el convento de Santa Catalina, fundado por él en 1600. De esta manera, Alonso ayudó a dar solidez a la promoción social y económica de sus descendientes y parientes, y que así se pudieran seguir cumpliendo las expectativas y estrategias familiares mediante ciertas claves que simplificaban los ámbitos de poder que potencialmente garantizaban tal ascenso: el matrimonio femenino, la profesión de fe y la Universidad, además de mantener económicamente a algunos capellanes hasta que éstos pudieran encontrar otra colocación más ventajosa. Todas estas fundaciones, independientemente de sus fines piadosos, buscaban la perpetuación de la memoria del fundador y la de sus descendientes; y la palabra clave para comprender estas construcciones es intemporalidad. Contaban con que sus familias estaban destinadas a ser de las más destacadas en los distintos lugares donde vivían durante siglos: ya fuera en Almagro, Granada, Toledo, Madrid. Como en otros lugares, las intenciones son las mismas y demuestran una única ambición: “incorporar un signo social de rango nobiliario y también crear un escenario mucho más magnificente para su memoria funeral”25. Otra herramienta muy utilizada para completar un cuadro de nobleza y distinción fue la vinculación de bienes y posesiones raíces en forma de mayorazgo como estrategia socioeconómica. La posibilidad de fundar un vínculo por cláusula testamentaria a partir de 1505 permitió afianzar los linajes y de las posiciones sociales otorgadas, tanto para nobles en ascenso como para los nobles de nuevo cuño que quisieran hacerse pasar por tales. Nuestra María Rodríguez de Pisa fundó junto a su marido un mayorazgo para cada uno de sus dos hijos mayores, Diego y Gonzalo, y enviaron a este Diego y al tercero, Felipe, a la carrera de armas; al igual que el quinto y sexto hermano, Alonso y Francisco, recibieron respectivamente la orden regular franciscana y la sacerdotal; el séptimo hijo, el doctor Jerónimo –quien habría de heredarlo todo y seguiría la línea familiar26– quedó como regidor en el concejo de Madrid. En cuanto a las hijas, Marina era abadesa de las Dueñas de Sevilla en 1572; e Inés, monja en la Concepción de Madrid; mientras que las otras dos, María y Ana Gutiérrez Pisa o de Toledo27, casaron con dos importantes señores de vasallos, nietos del duque del Infantado, don Bernardino de Mendoza y Toledo, señor de Cubas y Griñón de la Sagra, regidor de Madrid; y don Luis Laso de Mendoza y Osorio, tercer señor de Yunquera, respectivamente. Los descendientes de ambas alcanzaron nobleza de título en el siglo XVII y XVIII. Andrés de Pisa, por su parte, se movió en terrenos similares, aunque obviamente a pequeña escala. Como conversos enriquecidos, pudieron entrar a formar parte de la oligarquía con la fortuna heredada de su padre, que permitió a Andrés obtener una de las regidurías que se pusieron a la venta en 1544 y permitió a su descendiente don Gaspar Osorio Mejía comprar su hidalguía a la Corona en 1625, fecha algo tardía, por el 25

Ángeles Toajas Roger, “El tesorero Alonso Gutiérrez y su capilla en San Martín. Notas y documentos sobre patronazgo artístico en el Madrid del Quinientos”, Anales de Historia del Arte, 15 (2005), p. 101 y p. 106. 26 Archivo de Protocolos de Madrid [APM], Prot. 269, f. 155-157, Madrid, 16/02/1570; y APM Prot. 270, f. 1143v-1150, Madrid, 17/12/1571. 27 En este caso, el matrimonio se sirvió de la anarquía patronímica para apellidar a sus hijos, para así evitar el prejuicio anticonverso del apellido Pisa, el rastreo genealógico y asimilarse con mayor facilidad a familias poderosas. Por esto, no es casualidad que eligieran usurpar el apellido Toledo, de reminiscencias más nobles.

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precio de 4000 ducados28. En 1629 existían todavía oficios de merced, según consta en un memorial enviado al Consejo por una serie de personas poderosas interesadas en la compra de oficios para introducirse en el estado de los hijosdalgo, a los que se acusó de ser del linaje de los Pisa. Según los denunciantes, los pretendientes compraban los oficios, entre otras cosas, "para mejor conseguir la exención de dicho privilegio..."29. De todos modos, estar casado con su prima doña Catalina, hermana del señor de Valenzuela, don Francisco Zúñiga y Osorio, quien había adquirido un oficio con este mismo sistema y, dio a don Gaspar la clave para entrar en la pequeña nobleza30. Como queda dicho, los Osorio se aseguraron a través de una estudiada endogamia de no perder el mayorazgo del Protonotario y sus sucesivos herederos continuaron apellidándose así, lo que nos puede dar idea de en qué rama estaba el prestigio familiar. Relacionados falsamente a través de este apellido con los marqueses de Astorga, esta poderosa alianza contó con un palacete construido en Almagro–que hoy pertenece a la Orden de los dominicos –con una enorme portada de piedra labrada que luce coronadas las armas de los Oviedo, Osorio, Mejía y Zúñiga. Curiosamente, en estos cuatro ilustres cuarteles no queda rastro de los Pisa que los emparentó. Tiempo después, el tataranieto de don Gaspar, llamado igual que él, recibiría a finales del siglo XVIII el título de marqués de Torremejía, que esconde en el nombre de la localidad pacense el hecho de ser un título de nueva creación, a raíz del apellido. La llegada del siglo XVII significó el inicio de la decadencia de los métodos de ascenso y de control anticonverso, pues con la lejanía temporal perdieron gran parte de su eficacia. No afectó en nada a los descendientes de los Pisas, que ya ostentaban desde hacía décadas algunos cargos y títulos que aseguraban su tranquilidad, en una centuria que por lo demás había olvidado en conjunto los odios religiosos y mantenía las pruebas genealógicas a modo de filtro económico, de prestigio y de vanidad. 3. Reflexión final: ¿un mundo moderno? Entre los temas que se han planteado en este artículo hay cuestiones tan importantes para comprender la Edad Moderna española como son el acceso a las instituciones del poder local, la gestión del patrimonio, la carrera de los honores, las estrategias familiares, la ocultación del pasado, el fraude en las pruebas de limpieza de sangre…, temas que precisan todavía de un análisis en profundidad. El análisis de los comportamientos familiares de los Pisa aquí expuestos nos sirve de modelo a la hora de investigar el fenómeno del colectivo judeoconverso que, por distintas vías, buscaba (y consiguió, en muchos casos) el fin de la integración social en el poder. De aquí el enorme interés que tiene el estudio sobre movilidad social. Sin que éste sea lugar para plantear hasta qué punto la Modernidad con mayúscula pudo haber pasado por las mentalidades de los castellanos, es evidente que el fraude sistemático nos refiere que el anquilosamiento teórico no se practicaba en la realidad. Realmente, nunca un problema histórico había presentado diferencias tan obvias, alarmantes, entre el marco teórico de los tres ordos perfectos por un lado, y la cultura social y política que 28

“En 4 de Diciembre del mismo año [1625] Su Majestad declaró hijodalgo a D. Gaspar Osorio Mexía, vecino de la villa de Almagro, y a sus hijos y descendientes, y sirvió con 4.000 ducados”. Revista de Historia y Genealogía, Biblioteca de la Real Academia de la Historia, 1912, I, p. 40. [Consulta web: http://www.archive.org] 29 Jerónimo López-Salazar, “Limpieza de sangre y división de estados. El municipio de Almagro durante el siglo XVI”, Studia historica. Historia Moderna, 12 (1994), p. 186. 30 Archivo Histórico Nacional [AHN], Órdenes Militares [OOMM], Archivo de Toledo, leg. 38.086.

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bullía en la época por otro lado; pero sobre todo, nunca un proceso de transición había sido tan complejo ni habían intervenido variables tan distintas en tanto ámbitos disciplinares: minorías marginales, económico, genealógico, patrimonial, comparado y prosopográfico, y especialmente en facetas tan complejas como la cultural. Esto pone de relieve, una vez más, la excepcionalidad de un grupo con un papel fundamental en la dinamización de la sociedad española, y sin la cual no se comprende el Antiguo Régimen como lo conocemos; mientras aún ignoramos muchísimos ascensos que se produjeron de forma clandestina para lo que imponía la teoría, gran parte de los cuales fueron llevados a cabo por judeoconversos, aunque en la práctica sencillamente no podía ser de otra manera. Por otro lado, la clandestinidad también asociada a todas las facetas del problema converso –porque, recordemos, este grupo apreciablemente no existía– nos exige un tratamiento crítico de las fuentes y una contrastación casi constante de las mismas; por lo que el trabajo e interpretaciones posibles sobre las presencias y ausencias documentales se presta a no tener fin. Los Pisa en esto no son nada especiales: son el estándar de las construcciones familiares que se creaba la élite, ya que todas intentaron tapar unos orígenes que pocas veces eran los que se esperaban de ellas. Con el tiempo ese concepto de limpieza fue trascendiendo sus orígenes en la sangre para revelar, del modo más descarado, que ese concepto nunca había sido el más importante, sino más bien cuestiones más prácticas de liquidez económica y poder político, que es lo que realmente querían observar en sus candidatos las sucesivas y diversas cúpulas de poder que engranaban el Estado Moderno. El concepto familiar, intemporal según este propósito, rebasa lo meramente sanguíneo para pasar construirse sobre distintos cuerpos constituidos por diferentes ramas, familias y casas, cuyos complejos caminos se trazan alrededor del parentesco estableciendo redes y conexiones que se plasman en el acceso a cargos, mercedes, honores y privilegios. Sería complicado avanzar generalidades acerca de la familia en la España moderna sin pasar primero por el estudio específico de esas familias que siguieron estos pasos y convirtieron su reproducción biológica en una reproducción social que articulaba toda su sociedad y en que se basaba en alcanzar y mantener el poder en un intento desesperado por la permanencia de unos valores de tradición medieval en los tres siglos que duró la Modernidad, una escandalosa pantomima de representación e imaginario que nadie se creía. Y es que, a fines de siglo, el asunto de la limpieza de sangre entró en una fase “de irracionalidad absoluta”. El conjunto de los judeoconversos era entendido entonces como un conjunto homogéneo, incluso a veces, erróneamente, como una clase social igualada por un único factor étnico-religioso. La justificación de la exclusión estaba basada en características de su linaje y en "pecados" heredados de sus antepasados, y realmente la teoría dictaminaba que el pretendiente tenía una clara predisposición, genética diríamos, para volver a cometerlos, para volver a atentar contra a fe y el rey mismo. Efectivamente, dejó de importar que la persona tuviera una firme convicción cristiana si era un pretendiente no deseable a un cargo, hábito o prebenda: podía ser rechazado por una cuestión ajena a él. Como otros grupos sociales, similares también a las clientelas, estas relaciones se crean por la puesta en común de intereses, en este caso de varias generaciones que persiguen los mismos objetivos a través del tiempo. Estas relaciones de parentesco, entonces,

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Rocío VELASCO TEJEDOR

trascienden la propia unidad familiar, y relacionan varias familias con intereses comunes entre sí, que se suelen sellar con un matrimonio. Al compartir una misma forma de relación dentro de la misma familia o entre varias se crea una importantísima identidad de experiencia común que las mantiene unidas. Las familias en la época moderna deben ser entendidas como entidades de integración, integración que es vertical y se realiza confirmando los vínculos entre miembros de distintos estratos y cuerpos, por la cual la reproducción biológica quedaba convertida en reproducción social que la convierte en un sujeto histórico de estudio; y ahí radica la importancia de realizar análisis metódicos y renovados que permitan conocer cómo estaba configurada la organización de la sociedad. Hablando de familias privilegiadas no podemos quitar razón, en sentido estricto, a las anquilosadas teorías sociales: podríamos decir que el estado social o estamento determina de por vida por el nacimiento, en tanto que el nacimiento proporciona al individuo, inexorablemente, una familia. Ésta es la que va a determinar el estado, mejor dicho la posición social, en realidad. Lo decidirá todo: proporcionaba la posición en la sociedad, todo un mundo de clientelas, fuentes de riqueza y sustento, colocación profesional, relaciones matrimoniales, cuestiones hereditarias… Y en general el destino programado se seguía sin reservas, porque formar parte de la familia era formar parte de la estrategia que los unía31. Lo curioso de estas nuevas familias nobiliarias es que a medida que se van acercando a conseguir la nobleza, comienzan a asumir su rol y empieza a imitar su comportamiento social, porque deben mostrar su poder en público. Quienes quieren llegar a confundirse con ellos también deben adoptar, de forma paulatina, este modo de vida. Junto a un comportamiento y valores propios del grupo en el que pretendían incluirse, componían lo que entendemos por una forma de vida protonobiliaria, nobiliaria a todos los efectos de puertas para afuera. Poco después, llegado el momento, esa calidad debía quedar reconocida por los mecanismos establecidos para filtrar a los candidatos que resultaran más convenientes a la élite ya consolidada. Ante tal despliegue de poder en sus diversas parcelas, los pretendientes a ejecutorias de hidalguía y limpiezas de sangre no tuvieron grandes problemas, pues parecía evidente que pertenecían, sin ningún género de duda, a una familia limpia y noble.

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Francisco Chacón Jiménez, Poder y movilidad social. Cortesanos, religiosos y oligarquías en la Península Ibérica (ss. XV- XIX), Madrid: CSIC, 2006, p. 52.

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El complejo rol dinástico de un hijo segundón: el príncipe Emanuele Filiberto de Saboya (1588-1624) ¿Mediador,embajador familiar o agente doble? The Complex Dynastic Role of a Third-born Son: The Prince Emanuele Filiberto of Savoy ¿Intermediary, Family Ambassador or Double Agent? Carlos ANTOLÍN REJÓN Universidad Autónoma de Madrid

Resumen: Este trabajo constituye el análisis preliminar del complejo rol dinástico de un varón no heredero, el príncipe Emanuele Filiberto de Saboya (1588-1624). Como tercer hijo del duque de Saboya Carlo Emanuele I y la infanta española Catalina Micaela, Filiberto se convirtió en un privilegiado agente en las relaciones diplomáticas entre el ducado de Saboya y la Monarquía Hispana. El análisis de la correspondencia de Filiberto con su padre revela con claridad este excepcional rol diplomático. En ese sentido, este estudio constituye una primera aproximación al papel político desempeñado por los varones no herederos en las estrategias de sus propios linajes, cuestión tradicionalmente poco atendida por la historiografía. Palabras clave: Emanuel Filiberto de Saboya (1588-1624), varón no heredero, rol, familia, diplomacia, ducado de Saboya, Monarquía Hispánica, siglo XVII. Abstract: This study is a preliminary glimpse of the complex dynastic role played by the third-born son, Prince Emanuele Filiberto of Savoy (1588-1624). As the son of the Duke of Savoy, Carlo Emanuele I, and the Spanish infanta, Catalina Micaela, Filiberto became a privileged agent in the diplomatic relations between the Duchy of Savoy and the Spanish Monarchy. By studying Filiberto’s correspondence with his father, his exceptional diplomatic role becomes evident. Therefore, this project represents a novel approach to examining the political role played by non-hereditary males within their own lineages’ strategies, which traditionally has not been well represented in the historiography. Keywords: Emanuel Filiberto of Savoy (1588-1624), non-hereditary male, role, family, diplomacy, Duchy of Savoy, Spanish Monarchy, XVII century.

El estudio de la familia y las relaciones de parentesco se ha consolidado como un elemento fundamental de la nueva historia política. Aun así, no todos los miembros de la familia han sido estudiados como sujetos políticos. La mujer constituye un excelente ejemplo: madres o hijas, esposas o célibes, su rol subordinado a los hombres las definió, tradicionalmente, como actores secundarios, pasivos e ingenuos. No obstante, desde el 

Este estudio recoge las primeras reflexiones de mi proyecto de tesis doctoral, una aproximación a la historia cultural de la diplomacia a través de los conflictos de lealtad y el rol familiar del príncipe Filiberto de Saboya, dirigido por María José del Río Barredo (UAM). Aprovecho para agradecerle, no sólo sus atentos comentarios y reflexiones durante este año, sino que me facilitara las reproducciones de una de las fuentes principales de este trabajo, la correspondencia del príncipe Filiberto con su padre, Carlo Emanuele I, custodiadas en el Archivio di Stato di Torino.

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pionero trabajo de Magdalena S. Sánchez, sabemos que las mujeres no sólo tenían un papel político al servicio de la jerarquía masculina, sino que podían aprovechar los recursos propios de su género y posición en la familia para ejercer poder e influencia 1. Sin embargo, este nuevo enfoque todavía no ha alcanzado a otros miembros subordinados de la jerarquía familiar, cuyo rol en la misma les vedaba el ejercicio de la autoridad en la casa. Me refiero a los varones segundones, privados del grueso de la herencia familiar en virtud de la estructura de linaje agnaticio dominante entre las élites de la Europa Moderna. Salvando las distancias de género, mientras no formaran un hogar propio (algo difícil dado su limitado acceso a la herencia) estos hijos menores se encontraban también subordinados al pater familias, autoridad que, andado el tiempo, detentaría el hermano mayor. Sin embargo, los segundones también podían desempeñar un activo papel político en la estrategia su casa, todavía poco estudiado, valiéndose de recursos y mecanismos indirectos similares a los empleados por las mujeres para ejercer su poder e influencia. En ese sentido, el príncipe Emanuele Filiberto de Saboya (1588-1624) constituye un caso paradigmático con el que abordar el estudio del rol de los varones no herederos y su actividad política al servicio de sus casas. Tercero de los cinco hijos y cuatro hijas del duque de Saboya Carlo Emanuele I y la infanta española Catalina Micaela, el príncipe Filiberto formaba parte de una numerosa familia de patrimonio no especialmente rico ni extenso. Sin embargo, gracias a la estratégica ubicación de sus estados y sus privilegiados lazos dinásticos, la Casa de Saboya contaba con un excepcional capital político que podía redundar en las expectativas de futuro de los hijos de Carlo Emanuele. Precisamente, Filiberto fue el primero de sus hermanos en beneficiarse de su condición de nieto de Felipe II, siendo nombrado Gran Prior de San Juan en Castilla y León con apenas diez años. Aquello fue el comienzo de unas fructíferas relaciones con la Monarquía Hispánica que le reportaron grandes honores, como los títulos de Capitán General del Mar (1611) y virrey de Sicilia (1621). En paralelo a esta brillante carrera hispana, Filiberto pasó gran parte de su vida entre las cortes de Madrid y Turín desempeñando una importante labor diplomática para su padre, Carlo Emanuele I. Esto lo convertía en activo protagonista de una de las estrategias dinásticas más complejas y dinámicas de principios del siglo XVII. En lugar de centrarnos en su carrera hispana, este trabajo propone unas reflexiones preliminares acerca de cómo evolucionó el rol diplomático del príncipe Filiberto en la casa de Saboya a través del análisis de su correspondencia personal. Los continuos periodos que el príncipe pasó fuera de Turín a lo largo de su vida nos han dejado un extenso epistolario entre padre e hijo, pero también con sus hermanos y hermanas, especialmente con Vittorio Amedeo, heredero de la Casa de Saboya desde 16052. Para este estudio, me centraré en las cartas de Filiberto a Carlo Emanuele que se encuentran recogidas, prácticamente en su totalidad, en el Archivio di Stato di Torino [ASTO]. En concreto, analizaré comparativamente la correspondencia producida 1

Magdalena S. Sanchez, The Empress, the Queen, and the Nun: Women and Power at the Court of Philip III of Spain, Baltimore, Johns Hopkins University Press, 1998. 2 Filiberto tenía dos hermanos mayores, Filippo Emanuele, el primogénito, y Vittorio Amedeo, el segundo, junto a los que realizó su primer viaje a la corte española en 1603. Las viruelas que los tres hermanos padecieron en Valladolid se cobraron la vida de Filippo en febrero de 1605, convirtiendo a Vittorio en el heredero al ducado.

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durante dos periodos: su primer viaje a la corte española junto a sus hermanos Filippo y Vittorio (1603-1606), y su regreso a Madrid (1610-1612)3. En ambos casos, las circunstancias, tanto políticas como personales de Filiberto, no podían ser más dispares. En 1603, el viaje a la corte española de los tres príncipes mayores de la Casa de Saboya representaba la última apuesta de Carlo Emanuele I por su alianza con la Monarquía Hispánica. Por el contrario, la llegada de Filiberto a Madrid en 1610 pretendía evitar la guerra que estaba a punto de desencadenarse entre el duque de Saboya y Felipe III. Las cartas ofrecen un profundo contraste que nos permite reflexionar acerca de la evolución o cambio de roles que Filiberto desempeñó en la casa de Saboya en una y otra etapa. Por ejemplo, entre junio de 1603 y agosto de 1606, el ASTO recoge 71 cartas escritas por Filiberto a su padre desde España. Sin embargo, durante los dos años que estuvo por segunda vez en la corte española (entre 1610 y 1612) escribió prácticamente el doble de cartas, un total de 140 conservadas en el ASTO. Filiberto no solo escribió más cartas en menos tiempo, sino que éstas son considerablemente más extensas y detalladas. El análisis del dispar contenido de unas y otras nos revelará cómo el papel de Filiberto y las expectativas depositadas por Carlo Emanuele en su hijo de quince años eran muy diferentes siete años después, cuando volvió a enviarle a España. ¿Se trataba sólo de una cuestión de madurez, redefinición de roles, o quizá ambas? 1. El primer viaje a España (1603-1606): juventud En el verano de 1603, los príncipes Filippo Emanuele, Vittorio Amedeo y Emanuele Filiberto partían desde Turín. Tras las presiones de la Monarquía Hispánica y largas negociaciones, Carlo Enmanuele I había accedido finalmente a enviar a sus tres hijos mayores a la corte de su cuñado Felipe III. Tradicionalmente se ha interpretado que el objetivo principal del duque de Saboya era presentar convenientemente a su primogénito y heredero ante la sociedad cortesana española, esperando que el trono pudiera recaer sobre él. La todavía incierta sucesión de Felipe III, que aún solo tenía a su hija Ana, era sin duda un argumento de peso. Los jóvenes príncipes de Saboya continuaban siendo los varones más próximos en la línea sucesoria y cabía la posibilidad de que Filippo reinara, al menos como consorte de la infanta Ana4. Sin embargo, situar a uno de sus hijos en el trono hispano tampoco era el único objetivo de Carlo Emanuele. Como apunta María José del Río, el viaje formaba parte de una extendida tradición de enviar a jóvenes príncipes a educarse durante un tiempo en la corte de algún importante monarca. La experiencia no sólo contribuiría a afianzar sus maneras cortesanas, sino que constituía una oportunidad única para que estos jóvenes príncipes se relacionaran y ganaran los afectos de quienes podían representar importantes aliados en el futuro5. La propia Casa de Saboya tenía cercanos y notables 3

ASTO, Lettere principi diversi, mazzo 2. El análisis iconográfico del retrato que, alrededor de 1604, Sánchez Coello pintó del príncipe mayor, Filippo Emanuele, refuerza la clásica hipótesis de que el ascenso al trono del heredero de Saboya era una posibilidad que se contemplaba tanto en Turín como en la corte española. Annemarie Jordan Gschwend y Almudena Pérez de Tudela Gabaldón, "El retrato del príncipe Felipe Manuel de Saboya. La imagen de un príncipe italiano en la corte española", Boletín del Museo de Bellas Artes de Bilbao, 3 (2008), pp. 17-73. 5 María José del Río Barredo, "El viaje de los príncipes de Saboya a la corte de Felipe III (1603-1606)", en P. Bianchi and L. C. Gentile, L'affermasi della corte sabauda. Dinastie, poteri, élites in Piemonte e Savoia fra tardo medioevo e prima età moderna, Turín, Silvio Zamorani, 2006, pp. 410-411. 4

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antecedentes. El abuelo de nuestro príncipe, el homónimo duque Emanuel Filiberto I, pasó su juventud en la corte imperial al servicio de Carlos V, lo que le sirvió para ganarse la amistad del entonces príncipe Felipe, futuro monarca hispano6. Esta dimensión del viaje podía ofrecer mayores expectativas a Filiberto que la sucesión al trono hispano, que, como tercer hijo, era aun más remota para él que para sus hermanos. De hecho, como Gran Prior de la orden de San Juan en Castilla y León, le resultaba conveniente conocer los usos y costumbres de una corte donde podría pasar buena parte de su vida. Quizá por eso mismo, Filiberto fue, entre sus hermanos, el que antes se adaptó al nuevo ambiente hispano7. Las cartas que Filiberto escribió a su padre desde España comparten una estructura y características muy homogéneas: cierta frecuencia, poca extensión (prácticamente nunca más de un folio), pero sobre todo por la escasez y simplicidad de su contenido. Generalmente, estas cartas no parecen tener mayor objeto que el de transmitir noticias sobre la salud y el bienestar propio y de sus hermanos. En ocasiones, y conforme se prolonga la estancia en España, expresiones como “ne manco altro che la presenza di V.A., delle hermane et le hermani” 8 manifiestan cierta añoranza por su familia. También podemos encontrar referencias lacónicas a algún hecho reseñable que hubiera sucedido, como la participación en algún baile o jornada, pero sin la menor descripción. La sola lectura de estas cartas podría darnos la impresión de que los tres años que los príncipes pasaron en la corte española no tuvieron gran significación. Sin embargo, por la correspondencia de su ayo, el marqués de Este, pero sobre todo por la de su preceptor, el célebre Giovanni Botero, sabemos que no fue así 9. Todo el detalle que Filiberto no recoge, como su participación presidiendo varias asambleas de la orden de San Juan, su destreza en el baile y los ejercicios ecuestres, su progresión en los estudios o su relación con algunos miembros de la corte española, son puntualmente informados en la correspondencia de sus tutores10. Además, estas cartas nos dan cuenta de detalles mucho más personales acerca de la vida de los príncipes, como por ejemplo algunas de las desavenencias entre los hermanos o las primeras preocupaciones de 6

Pierpaolo Merlin, Manuel Filiberto. Duque de Saboya y General de España, Madrid, Actas, 2008. Así lo sugiere Giovanni Botero, su preceptor, a Carlo Emanuele en una carta del 29 de septiembre de 1603. Gaudenzio Claretta, Il Principe Emanuele Filiberto Di Savoia Alla Corte Di Spagna: Studi Storici Sul Regno Di Carlo Emanuele I, Turín, G. Civelli, 1872, p. 24. 8 Así se lamentaba ante su padre al hablarle de la justa y el baile que recientemente habían protagonizado. Sin embargo, la afectividad de la fórmula contrastan con el poco interés que parecía tener por reseñar a su padre si quiera un detalle de su participación en la cabalgada o en los bailes, remitiendo en todo, con la brevedad habitual, a la relación que su ayo, el marqués de Este, había enviado días antes. El príncipe Filiberto a Carlo Emanuele I, Valladolid, 27 de julio de 1604. ASTO, Lettere principi diversi, mazzo 2, fol. 220. 9 De hecho, estas cartas constituyen una de las fuentes principales con las que Claretta reconstruyó esta primera estancia de Filiberto en la corte española, concediendo mucho menos importancia a sus propias cartas, por los pocos datos que contienen. Gaudenzio Claretta, Il Principe Emanuele… 10 El 29 de septiembre de 1603, Botero cuenta que Filiberto ha presidido ya con notable éxito tres asambleas de la orden de San Juan. Detalla incluso que, no obstante el buen hacer del príncipe, hubo de aconsejarle no abusar de ciertos cumplimientos, como el de descubrirse. Giovanni Botero a Carlo Emanuele I, Valladolid, 29 de septiembre de 1603, editada en Gaudenzio Claretta, Il Principe Emanuele…, pp. 254-255. Por su parte, el marqués de Este envió al duque de Saboya una detallada relación de la justa y baile que habían protagonizado los príncipes el 18 de julio de 1604, donde subraya la destreza que exhibieron y alabanzas que despertaron. El marqués de Este a Carlo Emanuele I, Valladolid, 24 de julio de 1604, editada en Gaudenzio Claretta, Il Principe Emanuele…, pp. 259-260. 7

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Filiberto por el cortejo de damas11. Por supuesto, todas estas cuestiones no aparecen, ni siquiera indirectamente, en la correspondencia de Filiberto con su padre. Las crónicas hispanas también nos dan cuenta con cierto detalle del protagonismo de los jóvenes príncipes en la vida ceremonial y festiva de la corte española12. De hecho, la elevada posición y tratamiento protocolario del que los tres hermanos disfrutaron desde su llegada desembocó en conflictos con algunos miembros de la aristocracia hispana13. Ciertamente, los príncipes estuvieron muy próximos a tu tío Felipe III, acompañándole a sus cacerías y jornadas14. En distintas ocasiones, también consiguieron del monarca la aprobación y financiación para organizar fiestas, en las que los tres hermanos constituyeron el centro de atención de toda la corte15. Sin duda, esto constituía uno de los objetivos fundamentales del viaje, así como parte de las expectativas que Carlo Emmanuele había depositado en sus hijos. Entonces, ¿por qué estos elementos no aparecen mejor reflejados en la correspondencia de Filiberto? Probablemente, no se esperaba de Filiberto que diera cuenta ni de estos detalles, ni de ningún otro. De hecho, las cartas responden, más bien, a la obligación que debían tener los príncipes de escribir regularmente a su padre para mantener el contacto. La recurrente fórmula “no quería dejar partir el correo sin alguna línea mía” sugiere que quizá las cartas no eran tan espontáneas o voluntarias como a primera vista pudiera

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Apenas tras dos meses en la corte, Botero ya había informado al duque de su preocupación porque pudieran provocar celos entre los hermanos los distintos rumores que corrían sobre los cargos y prebendas con que el rey favorecería a sus sobrinos. Giovanni Botero a Carlo Emanuele I, Valladolid, 4 de noviembre de 1603, editada en Gaudenzio Claretta, Il Principe Emanuele…, pp. 255-256. Sin embargo, quizá uno de los episodios de tensión más importante entre los hermanos se produjo tras la muerte de Filippo en febrero de 1605. Según relata Botero, Filiberto no encajó bien el nuevo y más elevado tratamiento que debería dispensar a Vittorio, que pasaba a ser el príncipe heredero. Giovanni Botero a Carlo Emanuele I, Valladolid, 7 de marzo de 1605, editada en Gaudenzio Claretta, Il Principe Emanuele…, pp. 264-265. Sobre el despertar en Filiberto del interés por el cortejo de damas, Botero traslada a Carlo Emanuele varios episodios en que el príncipe le transmite sus inquietudes, motivadas en parte por los comentarios y bromas que a su costa gastaban los gentilhombres de su cámara y algunos miembros de la corte española. Cartas de Giovanni Botero a Carlo Emanuele I de Valladolid, del 6 de mayo y 31 de julio de 1604, editadas en Gaudenzio Claretta, Il Principe Emanuele…, pp. 256-257 y 258. 12 No resulta difícil encontrar noticias acerca de los príncipes de Saboya entre 1603-1606, tanto en Gerónimo Gascón de Torquemada, Gaçetas y nuevas de la Corte de España, desde el año 1600 en adelante. Continuada por su hijo Don Gerónimo Gascón de Tiedra, ed. por A. De Ceballos-Escalera y Gila, Madrid, Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, 1991, como, y muy especialmente, en Luis Cabrera de Córdoba, Relaciones de las cosas sucedidas en la Corte de España desde 1599 hasta 1614, Madrid, Publicadas de Real Orden, 1857. 13 L. Cabrera de Córdoba, Relaciones de las… p. 187. 14 Incluso en la jornada a Valencia, en diciembre de 1603, en la que los príncipes compartieron el carruaje del rey, desplazando al duque de Lerma. Luis Cabrera de Córdoba, Relaciones de las… p. 200-201. 15 La más destacada fueron las justas, juegos y baile celebrados el 18 de julio de 1604, ya referidos, donde los príncipes, en especial Filippo, constituyeron los protagonistas indiscutidos. El marqués de Este, de inclinaciones filoespañolas, reseñaba la buena voluntad que tanto el monarca como el duque de Lerma habían puesto en satisfacer los deseos de los príncipes, no reparando en gastos. El marqués de Este a Carlo Emanuele I, Valladolid, 24 de julio de 1604, editada en Gaudenzio Claretta, Il Principe Emanuele…, pp. 259-260. El propio Cabrera de Córdoba reseñó la fiesta, de la que se produjo incluso una relación impresa. No fue la única celebración organizada ese año para Filippo, Vittorio y Filiberto, como la encamisada prevista para el día de San Juan, en la que iba a participar el propio Felipe III. Que fuera suspendida por no poder asistir los príncipes es buena muestra de su protagonismo. Luis Cabrera de Córdoba, Relaciones de las… p. 220.

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parecer16. Por ello, valorar la carga emocional de esta correspondencia es un ejercicio complejo que ha de contextualizarse convenientemente en un momento en el que una carta escrita de propia mano (como la práctica totalidad de las enviadas en estos años) constituía una muestra afectiva en sí misma. Aún así, escribir regularmente al padre probablemente constituía también una parte más de la formación de los jóvenes príncipes, como forma de ejercitar la escritura epistolar. La simplicidad y falta de detalle de las cartas de Filiberto en ese periodo también se explican por su condición de hijo menor, aunque no por menor madurez. En distintas ocasiones, Filiberto justifica su brevedad característica remitiendo a las cartas de Filippo que, como primogénito, sí debía tener la obligación de relatar más extensa y detalladamente ciertos acontecimientos17. En el fondo esto representa los distintos roles, y responsabilidades inherentes que tenía Filiberto como hijo segundón respecto a Filippo, como príncipe heredero. No obstante, ¿cuáles eran las expectativas depositadas sobre un príncipe no heredero de 15 años en una corte extranjera? Por supuesto, se esperaba que Filiberto progresara en sus estudios y en su formación en las maneras y usos cortesanos. Así mismo, él y sus hermanos debían representar a su casa en aquella corte con la dignidad y decoro propios de su condición principesca. Sin duda, el duque esperaba recibir buenas noticias y regulares informes al respecto, pero parece evidente qué no directamente de sus hijos, especialmente de los menores. Aquello era, en efecto, labor de su ayo y de su preceptor. De los príncipes sólo se pretendía que, al menos, escribieran a su padre regularmente. Ello en sí mismo constituía una muestra de afecto y disciplina, pese a la formalidad y poco contenido de las cartas. 2. El segundo viaje (1610-1612): nuevas responsabilidades El regreso a Turín de Vittorio y Filiberto en el verano de 1606 marcaba el inicio de una nueva etapa en las relaciones entre Carlo Emanuele I y Felipe III. Pese a las promesas de enviar a Filiberto de nuevo a Madrid en compañía de alguno de sus hermanos menores, éste no regresaría hasta cuatro años después, en octubre de 1610. La acogida que le dispensaron entonces fue muy distinta a la recibida por primera vez en 1603. Aunque el rey le recibió con muestras de cortesía como a su sobrino, para Filiberto quedó claro que en aquella ocasión se le trataba “un poco de forastero” 18. En la corte 16

En ese mismo sentido apuntan sus disculpas las pocas ocasiones que se pasaba por alto. Por ejemplo, en su carta de Valladolid del 27 de julio de 1604, Filiberto se lamenta ante su padre de no haberle podido escribir antes por la premura con la que partió el último correo. ASTO, Lettere principi diversi, mazzo 2, fol. 220. Por la carta del marqués de este del 24 de julio (Gaudenzio Claretta, Il Principe Emanuele…, pp. 259-260), sabemos había partido sólo tres días antes. 17 Así sucede, por ejemplo, cuando se trata de referir su llegada a Barcelona y el recibimiento de la ciudad, o a la hora de relatar la jornada a Valencia en compañía del rey. En ambos casos, las cartas de Filiberto presentan la poca extensión y profundidad habituales, remitiendo en todo a la relación más detallada de Filippo. Cartas del príncipe Filiberto a Carlo Emanuele I de Barcelona y Valladolid del 25 de junio de 1603 y el 27 de marzo de 1604. ASTO, Lettere principi diversi, mazzo 2, fols. 195 y 210. 18 Filiberto describe su entrada en Madrid el 22 de octubre de 1610 con todo detalle. El príncipe fue recibido por el rey junto a su familia (excepto el príncipe Felipe) y los principales miembros de la corte en el monasterio de las Descalzas Reales. Aunque se le hicieron las debidas cortesías y cumplimientos, preguntándosele acerca del viaje y dándole a tomar en brazos a los hijos del monarca, no se le permitió alojarse en el Alcázar, debido a las reformas que se estaban realizando. En su lugar, se le llevó a aposentar en la Casa del Tesoro, que comunicaba con los aposentos del rey gracias a un pasadizo. Sin embargo, como Filiberto señalaba con cierto malestar, “adesso sia chiuso, o per causa della fabrica o per

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española no faltaban motivos para plantearse recibir con rigor al hijo del duque de Saboya, aunque fuera sobrino del rey. De hecho, la forma en que habría de recibirle fue objeto de tensos debates en el Consejo de Estado entre los partidarios de mostrarse más o menos conciliadores con el duque de Saboya, representado por Filiberto19. La situación era muy delicada debido a la amenaza de guerra que se llevaba gestándo desde principios del año. En abril de 1610 Carlo Emanuele I había llegado en Bruzolo a un acuerdo con el rey de Francia Enrique IV por el cual, además del matrimonio entre el heredero de Saboya y la princesa Isabel de Borbón, se pactaba un ataque conjunto sobre la Monarquía Hispánica. El inesperado asesinato del monarca francés en mayo, sumado a la nueva política conciliadora de la regente María de Medici, dejó a Carlo Emanuele al borde de una guerra en solitario contra Felipe III. El viaje de Filiberto a Madrid tenía el objetivo de buscar una salida pacífica y lo más honrosa posible para el duque de Saboya20. Por supuesto, las expectativas depositadas sobre Filiberto en esta ocasión eran mayores que en su primer viaje a España. Ya no se trataba de un joven príncipe que debía completar su formación, madurar y establecer un primer contacto con el ambiente cortesano hispano. En aquella ocasión debía resolver una importante crisis diplomática. La correspondencia durante los meses que duraron las negociaciones revela este cambio drástico de expectativas. Filiberto no solo escribía a su padre mucho más a menudo, sino que sus cartas son considerablemente más extensas y con un detalle que no habían tenido hasta la fecha, a medio camino entre la carta cortesana y el despacho diplomático. En noviembre de 1610 la crisis había sido resuelta, en buena medida gracias a Filiberto, como también a la mediación pontificia. Se decidió entonces que Filiberto permaneciera en España, para lo cual se le instituyó una nueva casa española, despidiendo a la mayoría de sus servidores piamonteses, como había sucedido en 1603. Aunque la correspondencia de estos meses refiere también algunas cuestiones más personales, como la gestión del regreso de los servidores despedidos, los gastos y necesidades financieras de la nueva casa o el precario estado de las rentas de sus prioratos, el contenido a partir de entonces seguía siendo esencialmente diplomático. Por sus cartas sabemos que hasta noviembre 1612, cuando abandona nuevamente la corte para servir como General del Mar, Filiberto continuó siendo uno de los agentes clave de Carlo Emanuele en Madrid. Resuelta la crisis abierta por la frustrada alianza con Francia, y pese a la reciente y aún palpable tensión, el duque de Saboya no renunció a proponer nuevos y ambiciosos proyectos a la Monarquía

trattarme un poco da forastiero”. El príncipe Filiberto a Carlo Emanuele I, Madrid, 6 de noviembre de 1610. ASTO, Lettere principi diversi, mazzo 2, fol. 281. 19 Durante las primeras semanas de octubre de 1610 el Consejo de Estado se reunió para decidir qué medidas tomar ante la llegada de Filiberto al menos en seis ocasiones, alguna presidida por el propio rey como informa L. Cabrera de Córdoba, Relaciones de las… p. 419-420. La documentación emanada de las consultas se encuentra en el Archivo General de Simancas [AGS], Estado, Leg. 1939, fol. 46-48, 51-55. 20 Una síntesis del contexto, en Claudio Rosso, "España y Saboya: Felipe III y Carlos Manuel I", en J. Martínez Millán and M. A. Visceglia, La Monarquía de Felipe III. Los Reinos, Madrid, Polifemo, 2008, vol. IV, pp. 1092-1100.

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Hispánica a través de Filiberto. Algunos incluían una invasión conjunta de Ginebra21 o el matrimonio entre su heredero y la infanta española Ana22. La principal baza de Filiberto como representante de los intereses de su casa en la corte española eran sus lazos de parentesco con Felipe III, lo que le brindaba un privilegiado acceso al monarca. Por sus cartas sabemos que el príncipe no perdió ocasión de sacar partido político a su condición de sobrino del rey, acompañando asiduamente a Felipe III a los oficios en la capilla real y a las jornadas al Pardo y otros reales sitios. Gracias a esta proximidad, Filiberto disponía de oportunidades excepcionales para tratar directamente con el rey los proyectos de su padre23. Como miembro de la familia real, Filiberto no sólo disfrutaba de un privilegiado acceso al monarca, sino también a algunos de sus principales ministros, como el duque de Lerma, don Rodrigo Calderón o don Juan de Idiáquez, con los que también tuvo frecuentes e importantes contactos. Esta mediación se ejercía en paralelo a las entrevistas con el rey, de forma que se empleaban todos los medios posibles, incluyendo las diligencias de los embajadores ordinarios de Carlo Emanuele o las efectuadas a través de otros miembros de la corte española, como Juan de Mendoza y Velasco, marqués de la Hinojosa24. Todo esto demuestra que entre 1610 y 1612 Filiberto actuó como un verdadero embajador familiar de la Casa de Saboya en la corte española. “Embajador” no solo por sus actividades, sino porque sus cartas en estos años presentan algunas de las características propias de la escritura diplomática. Como ha estudiado Alain Hugon, aunque no se puede apreciar con claridad un modelo homogéneo, sí existen ciertos elementos idiosincráticos con los que poder realizar un paralelismo25. El primero y más evidente, es que muchas de las cartas de Filiberto durante este periodo están escritas total o parcialmente en cifra. La posesión de cifra es tan importante que, según Hugon, un verdadero diplomático no lo era sin una26. La segunda 21

Ginebra constituía una antigua reivindicación de la Casa de Saboya, y no era la primera vez que Carlo Emanuele I intentaba tomarla, como sucedió durante la frustrada “escalade” de diciembre de 1602. 22 En aquel preciso momento, y como parte de la política de Lerma de buscar el entendimiento con la monarquía francesa, se estaba pactando un doble matrimonio que incluía los enlaces, por un lado del Príncipe de Asturias, el futuro Felipe IV, con Isabel de Borbón, y por otro del Delfín, el futuro Luis XIII, con la infanta Ana. Patrick Williams, El gran Valido. El duque de Lerma, la corte y el gobierno de Felipe III, 1598-1621, Valladolid, Junta de Castilla y León, 2010, pp. 223-227. Antonio Feros Carrasco, El duque de Lerma. Realeza y privanza en la España de Felipe III, Madrid, Marcial Pons, 2009, pp. 283284. Estos pactos dejaban sin efecto el enlace acordado en Bruzolo con Enrique IV entre el heredero de Saboya y la princesa francesa. Sin embargo, Carlo Emanuele no se resignó, negociando simultáneamente para mantener el matrimonio francés para Vittorio, o lograr uno igual de ventajoso en España. 23 Por ejemplo, a principios de febrero de 1611, mientras acompañaba al rey al Pardo, Filiberto tuvo la oportunidad de responderle a distintos detalles acerca de la operación militar para tomar Ginebra. Tan profunda parecía la curiosidad del monarca y sus preguntas, que Filiberto solicitó a su padre un mapa de la región para poder representarle mejor el proyecto si volvía a darse la ocasión. El príncipe Filiberto a Carlo Emanuele I, Madrid, 21 de febrero de 1611. ASTO, Lettere principi diversi, mazzo 2, fol. 296. 24 Para facilitar la buena acogida del proyecto de invasión conjunta de Ginebra, Carlo Emanuele renunció a liderar la operación. En su lugar, Filiberto sugirió proponer como comandante al marqués de la Hinojosa, que no tardó en ser ganado para la causa, realizando sus propios contactos y averiguaciones para impulsar la empresa. Cartas del príncipe Filiberto a Carlo Emanuele I, de Madrid el 22 de enero y el 1 de marzo de 1611. ASTO, Lettere principi diversi, mazzo 2, fol. 292 y 298. 25 Alain Hugon, "¿Existe una escritura diplomática en el Siglo de Oro?" en A. Castillo Gómez and V. d. Sierra Blas, Cartas - Lettres - Lettere. Discursos, prácticas y representaciones epistolares, Alcalá de Henares, Universidad de Alcalá, 2014, pp. 43-57. 26 Ibidem, p. 53.

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EL COMPLEJO ROL DINÁSTICO DE UN HIJO SEGUNDÓN …

característica importante es la recurrente síntesis del contenido y el resultado principal de las negociaciones, cuando no a la cita literal de determinadas cláusulas o incluso frases de especial significación. De hecho, las cartas de Filiberto rezuman un importante componente de oralidad, donde podemos encontrar, aunque traducidos al italiano, algunos de los diálogos mantenido con don Juan de Idiáquez o el duque de Lerma. Además de las citas de sus interlocutores, que permitían informar del curso de las complejas negociaciones sin sacrificar insinuaciones y dobles significados, las cartas de Filiberto están cargadas de su propia intencionalidad. De forma recurrente y no desinteresada, Filiberto subraya sus enormes esfuerzos por cumplir las instrucciones de su padre, significando sus propias iniciativas y los enormes gastos y necesidades financieras que le ocasiona mantener su casa y sus actividades diplomáticas. Este juego velado entre las expectativas de padre e hijo, de señor y embajador, se insinúa no sólo cuando Filiberto pide más dinero, argumenta sus decisiones o señala sus diligentes esfuerzos, también con cada firma “humilissimo et obedientissimo figliolo et servitore”, o cuando se despide diciendo "ho voluto dar di tutto il pasato conto a V.A. perche sapia che mi son governato et ho fatto come faro sempre quella risolutione che mi son puotuto imaginare"27. Aunque este tipo de retórica es asimilable, en cierto modo, a la que puede encontrarse en la correspondencia diplomática 28 , introduce otros elementos propios del peculiar rol de Filiberto en la corte española, inseparables de la relación de parentesco que, en este caso, existe entre el embajador y su señor. En efecto, la correspondencia y actividad de Filiberto en Madrid entre 16101612 nos permiten considerarlo un verdadero agente diplomático. Sin embargo, quizá deberíamos considerarlo más bien un “embajador familiar” pues son sus privilegiados lazos de sangre los que lo convierten en un agente tan excepcional, capaz de mediar directamente con el monarca. Sin embargo, ser miembro de la familia real también entrañaba complicaciones a su labor diplomática. Encontrarse al servicio del Rey Católico podía implicar abandonar la corte, aunque fuera por asumir dignidades y honores mayores. Así sucedió en noviembre de 1612, cuando Filiberto debió partir hacia el Puerto de Santa María para cumplir con las obligaciones del Generalato del Mar, cargo que le había sido concedido hacía un año. Servir en la corte más importante del mundo también presentaba el riesgo de caer bajo la influencia de sus agasajos. No sería la primera vez que los ministros españoles recurrían a las atractivas dádivas que su monarca podía ofrecer para influir en las lealtades de los diplomáticos extranjeros29. ¿Fue el Generalato del Mar una forma de privar al duque de Saboya de la excepcional pieza diplomática que su hijo representaba en Madrid? ¿Una dádiva con que ganarse la lealtad de Filiberto? ¿O ambas cosas?

27

El príncipe Filiberto a Carlo Emanuele I, Madrid, 6 de noviembre de 1610. ASTO, Lettere principi diversi, mazzo 2, fol. 281. 28 A. Hugon, "¿Existe una escritura diplomática… “ pp. 54-57. 29 Paola Volpini, "Tensioni e lealtà multiple del Granduca di Toscana e de suoi emissari alla corte di Spagna (fine secolo XVI - inizio secolo XVII)", Revista Libros de la Corte.es, Monográfico 1, año 6 (2014), pp. 360-381.

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3. Conclusiones: “el príncipe niño” y el “príncipe diplomático” Responder a estas preguntas requeriría una investigación más profunda. Lo que está claro es que el estudio de las cartas de Filiberto a su padre nos muestra que el príncipe desempeñó dos roles, o dos etapas del mismo, muy diferentes. En primer lugar, un rol que podríamos llamar de “príncipe niño” (1603-1606) en el que los objetivos principales eran la formación, educación y maduración. Segundo, una etapa en la cual Filiberto cobra un papel protagonista en la estrategia dinástica de su casa (1610-1612), un rol de “príncipe diplomático” o “embajador familiar”. Sin embargo, me inclino a pensar que más que dos etapas de maduración diferentes, nos encontramos ante dos roles distintos y no necesariamente proyectados de forma lineal. Si de verdad Carlo Emanuel tenía planeado que su hijo terminara siendo un imprescindible agente diplomático, resulta llamativo que no esperara de él buenas descripciones en las cartas de sus primeros años en España. Quizá, en este primer momento de juventud, todavía no estaba definido su rol diplomático posterior. Quizá, con 15 años aún se consideraba al príncipe muy inmaduro para afrontar este tipo de responsabilidades. Sin embargo, resulta curioso que las cartas más sencillas y con menos información de la primera etapa resulten ser mucho más personales, en el fondo, que las más numerosas, extensas y descriptivas de sus años como agente diplomático. Éstas últimas guardan muchos más paralelismos con las cartas de cualquier embajador a su señor, como también comparten las mismas motivaciones: demostrar el eficaz y leal servicio. Por el contrario, las cartas del “príncipe niño”, por breves que fueran, tenían un objetivo muy diferente: mantener el contacto personal con su padre.

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La genealogía al servicio del ascenso social y económico. La familia del cronista Jerónimo Zurita The genealogy to the service of the social and economic ascent. Family cronista Jerónimo Zurita Isabel EXTRAVÍS HERNÁNDEZ Universidad de Zaragoza Resumen:

Jerónimo Zurita (1512-1580) y su esposa pertenecían a una élite social, con relaciones en las principales instituciones políticas y religiosas de España y Europa. Como un gran número de las familias nobles, o con aspiración a serlo de su época, utilizaron los estudios genealógicos para dejar constancia de su linaje. Además, aprovecharon esta información para obtener beneficios de tipo social, político o económico. Si en este aspecto Zurita fue semejante a muchos de sus coetáneos, lo que le hace diferente es la relación que tuvo con los principales autores de obras de genealogía de su época. Palabras clave: Zurita, cronista, genealogía. Abstract:

Jerónimo Zurita (1512-1580) and his wife belonged to a social elite, with relationships in major political and religious institutions of Spain and Europe. As a large number of noble families, or aspiration to be of his time, they used the genealogical studies to record his lineage. They also took advantadge of this information to benefit from social, political or economic. If this aspect Zurita was similar to many of his contemporaries, whath does makes him different is the relationship he had with the principal authors of genealogical studies of his time. Key words: Zurita, cronist, genealogy.

1. Introducción La historiografía genealógica en los siglos XVI y XVII fue notable, tanto por la cantidad como por la calidad de algunas obras editadas. Las razones de este interés por los orígenes familiares no se circunscribía a la nobleza. Los grupos dirigentes, en particular, y los españoles, en general, escribieron o encargaron estudios por muy diversas razones. Entre las más comunes estaban demostrar la limpieza de sangre; el grado de consanguineidad de los futuros cónyuges para evitar una dispensa pontificia; poder reclamar una herencia de un familiar lejano u otros beneficios, económicos o sociales.
 En el caso de la familia de Jerónimo Zurita (Zaragoza, 1512-1580), contamos con diversos documentos autógrafos del cronista y de su hijo menor, como muestra de esta inclinación por dejar constancia escrita de su linaje. Además, Zurita mantuvo correspondencia con tres de los más reconocidos especialistas en genealogía de su época: Gonzalo Argote de Molina, Francisco de Mendoza y Bobadilla y Pedro Jerónimo 

Este trabajo forma parte de los proyectos del Grupo de Investigación Consolidado Blancas de la Universidad de Zaragoza, financiado por el Gobierno de Aragón con fondos FEDER.

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LA GENEALOGÍA AL SERVICIO DEL ASCENSO SOCIAL …

de Aponte. Otro genealogista célebre está relacionado con Zurita, en este caso con su documentación: Luis de Salazar y Castro. Gracias a él disponemos de una parte importante de la correspondencia mantenida por Zurita y otros documentos vinculados con su familia1. Por último, para la redacción de su obra Anales del Reino de Aragón, Zurita necesitó recopilar y contrastar una gran cantidad de información referida a la genealogía de monarcas, nobles y principales familias dirigentes del Reino. Por lo que se refiere a los favores de diversa índole intercambiados entre los miembros de la familia de Zurita, y que hacía necesario conocerla bien, queda patente tanto en la correspondencia mantenida entre algunos de estos familiares, como en los cargos que ocuparon, algunos de los cuales heredaron. En una sociedad tan jerarquizada como la del siglo XVI, no puede entenderse la formación intelectual y la trayectoria profesional de una persona sin atender a sus orígenes sociales. Tanto Zurita como sus hermanos se formaron y consiguieron beneficios y cargos gracias a la labor como médico real de Miguel Zurita, su padre2 y posteriormente Zurita y sus hijos, también gracias a la influencia de su suegro, Juan García. En resumen, Jerónimo Zurita, su familia y su obra pueden ser un ejemplo de cómo la información genealógica y las relaciones familiares sirvieron en la Edad Moderna para lograr mejoras económicas y sociales. 2. La familia Zurita En la obra de Juan Francisco Andrés de Uztárroz y José Diego Dormer, Progresos de la Historia de Aragón y elogios de Gerónimo Zurita, su primer cronista3, encontramos un detallado estudio sobre los orígenes del apellido Zurita, quiénes fueron los abuelos paternos del cronista, sus padres y la familia de su esposa4. Una parte de la información la podemos contrastar con la documentación que actualmente se encuentra en la Real Academia de la Historia [RAH], Colección Salazar y Castro [CSC] 5 . Son unos 1

La colección del cronista D. Luis de Salazar y Castro (1658-1734) es uno de los tesoros de la erudición europea del siglo XVIII. Formada a finales del siglo XVII y comienzos del XVIII, ingresó en la Real Academia de la Historia en 1850. Está integrada por crónicas medievales y más de mil seiscientos volúmenes con setenta y ocho mil documentos de los siglos XVI y XVII. Originales y copias de una gran cantidad de escrituras tomadas en archivos públicos y privados, impresos de memoriales sobre procesos, correspondencia política de los monarcas españoles, y toda suerte de papeles eruditos y curiosos. 2 Isabel Extravís Hernández, Jerónimo Zurita (1512-1580). Un esbozo biográfico, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2014, p. 34. 3 Publicada en 1680 con el patrocinio de la Diputación del Reino de Aragón. Existe una segunda edición de la obra, Juan F. Andrés de Uztárroz; Diego J. Dormer, Progresos …, Zaragoza, Diputación Provincial (Imprenta del Hospicio), 1878, que es la que hemos utilizado para este trabajo. A partir de ahora [Progresos] o [Uztárroz] 4 J. F. Andrés de Uztárroz; D. J. Dormer, Progresos …, pp. 7-50; un resumen de estos datos en I. Extravís Hernández, Jerónimo Zurita …, pp. 32-42 y 69-73. 5 Hasta el momento la única biografía de Zurita es la obra de Uztárroz y Dormer Progresos. Es la base de la mayor parte de los estudios que se han hecho sobre Zurita hasta el momento, incluyendo la última obra sobre el cronista publicada hasta el momento: I. Extravís Hernández, Jerónimo Zurita … Además, podemos contar con investigaciones parciales de su correspondencia o su biblioteca. Arantxa Domingo Malvedí, Disponiendo anaqueles para libros. Nuevos datos sobre la biblioteca de Jerónimo Zurita, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2010; Juan Signes Codoñer, Biblioteca y epistolario de Hernán Núñez de Guzmán (El Pinciano). Una aproximación al humanismo español del siglo XVI, Madrid, Tecnos, 2001; Antonio Agustín, Epistolario, C. Flores (ed.), Salamanca, Ediciones de la Universidad de Salamanca, 1980; Vicente Beltrán de Heredia, Cartulario de la Universidad de Salamanca (1218-1600), tomo III, Salamanca, Universidad, 1970; Celestino López Martínez, Algunos documentos para la biografía de Argote de Molina, Sevilla, Imprenta y librería de Eulogio de las Heras,

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manuscritos de Zurita y de su hijo Jerónimo Zurita de Oliván con la genealogía familiar, acompañados de dos árboles genealógicos. En uno de los manuscritos Zurita solo hace referencia al nacimiento de sus hijos, lugar, fecha, quienes fueron sus padrinos y donde les bautizó. La información es mas amplia en otro de los textos con los que podemos contar, así sabemos dónde cursó sus estudios de bachiller el padre del cronista, Miguel Zurita, o las fechas en las que Carlos V le concedió los cargos de baile y merino de la ciudad de Huesca y cuándo los cedió a sus hijos6. Si Zurita circunscribe la información genealógica a sus descendientes –salvo alguna referencia a su padre, como la relativa a sus estudios-, su hijo menor, Jerónimo Zurita de Oliván, amplia su árbol genealógico con las dos ramas familiares hasta sus bisabuelos (figura 1)7. Pero además de su interés por los orígenes familiares, Zurita de Oliván también escribió, seguramente por encargo, De la nobleza y origen de los Clymentes, por la que recibió el agradecimiento del protonotario Miguel Climente desde Madrid mediante una carta de 16 de febrero de 15828. Centrándonos en la figura del cronista, sabemos que sus primeros cargos al servicio de Carlos V fueron por el traspaso de los mismos por su padre, previa autorización del Emperador. Esta forma de cesión de cargos, como si fueran propiedad de los titulares - cosa que no era cierta – era propia de una administración del Estado en la que los oficiales no eran elegidos, o no únicamente, por su capacidad para desempeñarlos, sino por su pertenencia a un grupo dirigente9. Así, la bailía de Huesca, el merindazgo de Huesca, de Barbastro, de Sariñena y de Almudévar, fueron primero de Miguel Zurita y su hijo Jerónimo los aportó como parte de su dote en sus capitulaciones matrimoniales con Juana García de Oliván. La novia contribuía con el cargo de secretario de la Inquisición de su padre, mosén Juan García, para ejercerlo entre ambos10. Si Zurita dio sus primeros pasos al servicio de la Corte gracias a su padre y accedió al Santo Oficio por mediación de su suegro, éste, a su vez, debió de hacerlo por las relaciones de la familia de su mujer. Tres de los cuñados del secretario Juan García fueron Martín de Oliván, abad de san Juan de la Peña e inquisidor de Calahorra y Córdoba; Miguel, secretario de la Inquisición y Margarita, casada con el receptor de la Inquisición en Valencia. Además un tío político, Agustín de Oliván, fue teólogo del Santo Oficio11.

1921; Juan de Verzosa, Epístolas, Eduardo del Pino González (ed.), I, Teruel, Instituto de Estudios Humanísticos; Madrid, CSIC; Zaragoza, Universidad; Cáceres, Universidad; Teruel; Instituto de Estudios Turolenses, 2006. Además de los congresos dedicados al cronista: VV.AA., Jerónimo Zurita. Su época y su escuela. Congreso Nacional, Zaragoza, 1986; VV.AA., Jerónimo Zurita y los cronistas de Aragón, Revista Jerónimo Zurita, 88 (2013); VV.AA., Jerónimo Zurita (1512-1580). Crónica, memoria e historia, Zaragoza, Fundación Fernando el Católico (en prensa). 6 RAH, CSC, A-110, f. 7 y 330-334. 7 “Árbol de la sucesión de Garci Pérez de Cuende, que vivía en 1445, hasta su tercer nieto, Jerónimo Zurita y Oliván”. RAH, CSC, A-110, f. 428. Los folios 411 a 418 son de un manuscrito con la historia del apellido Oliván, Yziz y García. Los folios 419 a 426, también autógrafos de Jerónimo Zurita de Oliván, tratan sobre “Origen y descendencia del Secretario Juan García, mi abuelo por parte de madre”. 8 J. F. Andrés de Uztárroz; D. J. Dormer, Progresos, p. 48. 9 José Martínez Millán, “Introducción”, J. Martínez Millán (coord.), La corte de Felipe II, Madrid, Alianza, 1994, p. 17. 10 RAH, CSC, A-110, f. 80 y 81. 11 Ibídem, f. 411-8.

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LA GENEALOGÍA AL SERVICIO DEL ASCENSO SOCIAL …

La genealogía servía así como “una de las principales palancas del ascenso social”12, no solo para quienes pertenecían a la nobleza, sino para quienes aspiraban a lograr introducirse en los círculos del poder. Pero no era la única razón para trazar un árbol genealógico. La prohibición de la iglesia católica del matrimonio entre parientes hasta el cuarto grado –además del parentesco por afinidad y espiritual por padrinazgo- hacía necesaria una fidedigna información para evitar pagar una costosa dispensa papal. Requisito imprescindible en muchas ocasiones, dado que la endogamia era una práctica habitual en la sociedad de la época. Imagen 1: Árbol genealógico de la familia Zurita

De ahí que no resulta extraño encontrar entre la familia Zurita un caso que ilustra esta costumbre. Juana Zurita de Oliván, segunda hija de Jerónimo Zurita y Juana García de Oliván, se casó en primeras nupcias con Juan de Oliván, con quien compartía bisabuelo. Por otra parte, el conocimiento genealógico tenía otro beneficio a tener en cuenta: las posibles rentas y derechos heredados de familiares lejanos. Por esa razón es común 12

Enrique Soria Mesa, “Genealogía y poder. Invención de la memoria y ascenso social en la España Moderna”, Estudis 30 (2004), p. 22.

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encontrar en los árboles trazados a mano- como el de la figura 1- el nombre del notario y la fecha en la que se firmaron los testamentos 13. También podían obtener provecho de la genealogía los grupos medios y altos de la sociedad con la concesión de capellanías familiares, como la fundada por Miguel Zurita en su testamento, solicitada por Antón Lor, y obtenida tras demostrar su parentesco con el citado fundador14. Otra utilidad de la información genealógica estaba relacionada con los estatutos de limpieza de sangre que obligaban a “cualquier familia, noble o con pretensiones de serlo, a realizar innumerables probanzas genealógicas a lo largo de tres siglos” 15. De nuevo contamos con una muestra en la familia Zurita: el hijo menor del cronista precisó demostrar su limpieza de sangre. En un memorial dirigido a Felipe III con notas genealógicas escribió: “Señor, Jerónimo de Zurita dice que el Rey nuestro Señor, que esté en el cielo, fue servido de hacerle merced de un hábito...”16. Y es que, aunque la limpieza de sangre fue requerida para ocupar cualquier cargo público, para ser clérigo, pertenecer a algunas cofradías, ayuntamientos y colegios universitarios, las pruebas más complejas eran para ingresar en una Orden Militar ¿Sería por eso por lo que un hijo y nieto de secretarios del Consejo de la Inquisición tuviese que demostrar su limpieza? Hay que tener presente que estas pruebas solo se impusieron desde mediados del siglo XVI para desempeñar un cargo en el Santo Oficio, por lo que ni su padre ni su abuelo debieron estar obligados a pasarlas17. Conectados con los estudios de genealogía estaban los realizados por los reyes de armas, empleados del rey encargados de certificar la corrección y autenticidad de los blasones. También podían elaborar, previo pago, informes sobre los apellidos del cliente para dar fe de su escudo de armas. En Progresos podemos leer lo que bien pudiera haber sido uno de estos informes sobre el apellido Zurita: el capítulo primero del libro primero. Titulado “Nobleza del linaje de Zurita en los Reinos de Aragón y Castilla, según sus historias, v otros testimonios auténticos” 18 , incluye una descripción del escudo: “La divisa de los Zurita se forma de dos canes levantados de plata en campo verde, mordiéndose en los hombros, ensangrentadas las bocas, y el suelo jaquelado de azul y plata, como se ve en los sellos que usaba Jerónimo Zurita, y al principio de la segunda parte de los Anales, en la edición del año 1585”.

Aunque Uztárroz en Progresos hace referencia a la edición de 1585, la imagen aparece por primera vez en las de 1578 y 1579, cuyo impresor fue Portonaris (imágenes 2 y 3). Parece innegable el orgullo de Zurita por el blasón familiar ya que lo incluyó como ilustración en su obra. 13

Ibídem, p. 31. RAH, CSC, A-110, f. 43-54. 15 E. Soria Mesa, “Genealogía y poder…, p. 34. 16 RAH, CSC, A-110, f. 337. 17 Había dos clases de pruebas: las de oficial, para cargos de inquisidores y oficiales, y las de miembros de la organización de distrito. Las primeras las realizaban un secretario del secreto y un comisario y las segundas, un notario y un comisario. En ambos casos eran condición necesaria pasarlas para acceder al cargo, aunque los criterios para los oficiales de la organización de distrito eran menos rigurosos. Roberto López Vela, “Las estructuras sociales de la Inquisición”, en Joaquín Pérez Villanueva, Bartolomé Escandell Bonet (coords.) Historia de la Inquisición en España y América, II, Madrid, Centro de Estudios Inquisitoriales, 1993, p. 679. 18 F. Andrés de Uztárroz; D. J. Dormer, Progresos…, pp. 7-18. 14

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LA GENEALOGÍA AL SERVICIO DEL ASCENSO SOCIAL …

Imagen 2: Empresa de Zurita. Los cinco primeros libros de la Segunda parte de Anales, Imprenta de Domingo de Portonaris, Zaragoza, 1579 Imagen 3: Detalle escudo

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Y es que los escudos eran uno de los elementos al servicio de la imagen de poder de las clases dirigentes propia de la Edad Moderna. “Entendido aquí poder en su más amplio significado, incluyendo no sólo influencia y capacidad de maniobra política a nivel local o nacional, sino también el que otorga el prestigio inherente a la condición nobiliaria de un individuo o un linaje”19. Algunos de los recursos utilizados para demostrar el estatus superior o marcar diferencias sociales están presentes en la familia Zurita, como la posesión de libros o las capillas funerarias. Tenemos constancia de la amplia y variada biblioteca de Zurita20, y de cómo, tanto él como algunos de sus familiares más cercanos, eligieron para su enterramiento capillas privadas o templos conventuales: “Y así, Ana de Castro, la madre de Zurita y su hermana Isabel, estaban enterradas en el convento de san Francisco, en Burgos; Andrea Zurita de Castro, su otra hermana, en la iglesia de san Andrés en Madrid; Juana García de Olivan, su esposa, en la capilla mayor de la iglesia de Santiago, de Valladolid; Mosén Juan García, el suegro del cronista, en el convento de san Agustín de Zaragoza; Zurita y su hijo Jerónimo, en el monasterio de Santa Engracia de Zaragoza21.”

Por último, otro aspecto a tener en cuenta entre las familias que en la Edad Moderna aspiraban a un ascenso social y directamente relacionado con la genealogía, era demostrar la hidalguía o en el caso de Aragón, la infanzonía. En el caso de la familia Zurita cuyos miembros eran en su mayor parte aragoneses y entre los más próximos, 19

Enrique Soria Mesa, “La imagen del poder. Un acercamiento a las prácticas de visualización del poder en la España Moderna”, Historia y Genealogía (2001), p. 1. 20 F. Andrés de Uztárroz; D. J. Dormer, Progresos, pp. 292-322; A. Domingo Malvedí, Disponiendo anaqueles para libros…;I. Extravís Hernández, Jerónimo Zurita …, pp. 61-64. 21 I. Extravís Hernández, Jerónimo Zurita…, p. 42

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zaragozanos, hay un elemento diferenciador: los ciudadanos honrados. Éstos formaron una elite social, definida por Encarnación Jarque como clase política, y eran quienes podían ser elegidos jurados. Mientras en los municipios de la Corona de Castilla y muchos de la de Aragón el estamento noble ocupaba parte de los cargos municipales, en Zaragoza estaban, por ley, excluidos. De ahí que a diferencia de lo ocurrido en otras poblaciones -una acaparación por parte de la nobleza de los cargos y el intento de la elite gobernante de obtener títulos- en la capital aragonesa se diese en ocasiones el caso opuesto, infanzones que renunciaban a su título para poder ser ciudadanos honrados. Pero como ciudad realenga, Zaragoza dependía de la concesión real, y si en el siglo XVI los intereses de la ciudad y los del monarca fueron coincidentes, en el XVII, con una nobleza dispuesta a colaborar con el rey, la situación cambió y los ciudadanos honrados se encontraron con dificultades22. Este cambio de escenario político, junto con ciertas limitaciones, como la exención del pago de tributos o su permanencia en la jurisdicción criminal ordinaria, pudieron ser razones suficientes para que Jerónimo Zurita de Oliván solicitase el reconocimiento como infanzón. Progresos deja constancia de este interés: “Así se ve que en el año de 1594, a 4 de Febrero, se hizo información jurídica ante los jurados, y jueces ordinarios de la Villa de Mosqueruela a instancia de procurador de Gerónimo Zurita de Olivan. Gobernador de la Acequia Imperial, hijo de nuestro Coronista, de la calidad , y antigüedad de su Casa en dicha Villa, y se comprobó con cinco testigos, personas conocidas, y de larga edad, que son Hijosdalgo, y que en los libros antiguos de la Iglesia hay memoria de los Zuritas desde 1314 hasta 1490 y algunos se señalan con Don […] Con este reconocimiento de la notoriedad de su hidalguía, fue llamado el mismo Gerónimo Zurita de Olivan por el Rey Don Felipe II a las Cortes que celebró a los Aragoneses en Monzón el año de 1585 y en Tarazona el de 159223”.

Un ejemplo más de cómo la familia Zurita utilizó la información genealógica para lograr toda una serie de beneficios sociales y económicos y para adaptarse a los cambios políticos, tal y como hicieron muchos otros españoles de la Edad Moderna. No obstante, hay un aspecto que convierte a Zurita en un caso algo diferente: por la relación que mantuvo con reputados genealogistas de su época y por la amplia información de esta índole que está presente en su obra más conocida, los Anales del Reino de Aragón.

22

Encarnación Jarque Martínez, Zaragoza en la monarquía de los Austria. La política de los ciudadanos honrados (1540-1650), Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2007, pp. 20-21. Sobre el cursus honorum y la movilidad social de los letrados aragoneses: Encarna Jarque Martínez y José Antonio Salas Auséns, “El “cursus honorum” de los letrados aragoneses en los siglos XVI y XVII”, Stvdia Historica. Historia Moderna, 4 (1986) pp. 411-422; Javier Gil Pujol, “La integración de Aragón en la Monarquía hispánica del siglo XVII a través de la administración pública”, Estudios (1978), pp. 239-265 (cita en p. 257); vid. también del mismo autor: “La proyección extraregional de la clase dirigente aragonesa en el siglo XVII”, Historia social de la administración española: estudios sobre los siglos XVII y XVIII, Barcelona, Institución Milá y Fontanals, pp. 21-64; José Ignacio Gómez Zorraquino, “La endogamia profesional en la Magistratura en Aragón (siglo XVII)”, en Enrique Soria Mesa, Juan Jesús Bravo Caro, José Miguel Delgado Barrado (coords.), Las élites en la época moderna: la monarquía española, , 2, 2009, pp. 217-232. 23 J. F. Andrés de Uztárroz; D. J. Dormer, Progresos…, pp. 644-5.

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LA GENEALOGÍA AL SERVICIO DEL ASCENSO SOCIAL …

3. Genealogistas y la genealogía en anales Entre los grandes autores que escribieron obras dedicadas a la genealogía en el siglo XVI podemos mencionar los nombres de: “Garibay, muy revalorizado en los últimos años; Pedro Jerónimo de Aponte, cuyos trabajos yacen en el olvido a pesar de su innegable calidad; el cardenal don Francisco de Mendoza y Bobadilla, cuya fama como excelente genealogista quedó oscurecida por su participación en la confección del Tizón de la Nobleza de España24; y sobre todo el archiconocido Gonzalo Argote de Molina, más citado que leído”25.

Ya en el siglo XVII “la cumbre de este tipo de estudios la representa Luis de Salazar y Castro”26. El reputado genealogista dijo de Zurita: “El insigne Jerónimo Zurita […] no dejó cosa particular genealógica, pero en sus Anales e Índices de Aragón se hallan repartidas todas las generaciones de las grandes casas de aquella Corona, y es sin duda el más cumplido y el más puntual historiador nuestro, con que sus noticias genealógicas son del mayor aprecio”27. Sobre la calidad y fiabilidad de estas noticias genealógicas ya dejaron constancia los expertos de su época. Así, su condiscípulo en la Universidad de Alcalá, don Francisco de Mendoza y Bobadilla, no dudó en apoyar la carrera profesional de Zurita recomendándole para el cargo de maestre racional de Zaragoza. La relación entre ambos se mantuvo hasta la muerte del cardenal de Burgos, y de ella dejó constancia Juan Pablo Martirizo: “El Cardenal
Don Francisco de Mendoza, gran protector de las letras, en cuya casa, y estudio asistieron siempre nuestros grandes historiadores Florián de Ocampo, Zurita, Garibay, Jerónimo de Aponte”28. De la correspondencia mantenida entre Zurita y Aponte contamos tan solo con una carta de 20 de marzo de 1565 en la que el genealogista trata sobre el origen y sucesión de los reyes de Navarra. En ella podemos leer: “Y no quiero mas tratar, porque me someto al juicio de v. m. en todo, y por todo”29. Ambos autores mantienen ciertas discrepancias sobre la casa real de Navarra, pero coinciden en la necesidad de realizar sus investigaciones en archivos y con documentos fiables. En la misma misiva Aponte le indica a Zurita:

24

Aunque la obra del cardenal Mendoza fue prohibida por Felipe II, muy pronto se difundió en copias manuscritas. Por ejemplo, en la Biblioteca Nacional de Nápoles hay dos ejemplares de 1566, uno en castellano (Ms. A-30) y otro en italiano (Ms. A-32, f. 1-130) junto con una tabla de las familias nobles que figuran en la misma (Ms. A-32, f.131-150). 25 E. Soria Mesa, “Genealogía y poder ….,” p. 24. 26 “Solo por el volumen y calidad de los materiales inéditos que legó a la posteridad y que hoy se conservan, muy bien catalogados, en la Real Academia de la Historia, Salazar y Castro hubiera destacado como gran genealogista”. Ibídem, p. 25. 27 Biblioteca Genealógica Española, Manuscrito, art. 24, Citado en Baltasar Cuartero y Huerta, Antonio de Vargas-Zúñiga y Montero de Espinosa, Índices de la colección de don Luis Salazar y Castro, tomo IX, pág. 10. 28 F. Andrés de Uztárroz; D. J. Dormer, Progresos…, p. 375. La carta de recomendación, dirigida al conde de Chinchón, está fechada el 25 de enero de 1563, RAH, CSC, A-111, f. 389, en parte transcrita en Progresos…, p. 107. 29 El original se encuentra en la RAH, CSC, A-112, f. 578-580. Existen, además, dos copias del siglo XVII en la misma colección: E-6, f. 35-37 y Z-6, f. 1-5. Parte de dicha carta está transcrita en J. F. Andrés de Uztárroz; D. J. Dormer, Progresos…, pp. 77, 109, 304 y 378.

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Isabel EXTRAVÍS HERNÁNDEZ “[…] si todo lo escrito por coronistas, se hundiese, y quemase, sin quedar rastro, y se mandase hacer de nuevo, se liaría por escrituras copiosa, verdadera, y gran recopilación de todos los Reyes que ha habido en estos Reinos, sus conquistas, sucesiones, y hechos, porque los archivos están llenos de privilegios, y otras muchas escrituras, y hay en todas ellas razón, y mucha declaración: bien creo está desto v. m. satisfecho”..

Además de este tipo de correspondencia referente a las genealogías reales, Fernando Bouza llama la atención sobre el intercambio de noticias genealógicas entre varios corresponsales, sabedores de la importancia de la difusión de este tipo de información para una casa noble, o que aspirase a serlo 30. Zurita fue plenamente consciente de estos asuntos cuando redactó su obra y en Progresos podemos encontrar cartas en las que advertimos las presiones que recibía para incluir o cambiar información genealógica en los Anales. Sirva como ejemplo la misiva que el fiscal del reino de Aragón y miembro del Consejo de Felipe II le envió a Zurita: “para que si acaso se hace otra edición [de Anales], añadiendo algo en lo estampado, si pareciere a v. m. ser cosa justa, […] con certificar a v. m. que es así verdad, que tenemos esta parte los Nueros en la descendencia de aquel [Guillén Dormir, que murió defendiendo la ciudad de Calatayud]”31. Otra muestra de cómo algunos nobles intentaron influir en la obra de Zurita en beneficio propio fueron las cartas de Diego de Castilla, referidas a la descendencia del rey Pedro I de Castilla. Tanto el deán de la catedral de Toledo, como su hermano Luis, aseguraban ser descendientes del monarca, en contra de la opinión del cronista aragonés que consideraba que la prueba aportada -un testamento del rey- era una falsificación32. Como resultado de sus investigaciones Zurita realizó algunas correcciones a estudios sobre el origen y descendencia de casas reales. Parte de las cuales se encuentran en su obra Enmiendas y advertencias a las crónicas de don Pedro, don Enrique el Segundo, don Juan el Primero y don Enrique el Tercero que escribió don Pedro López de Ayala. Fueron precisamente esas enmiendas las que criticaba Diego de Castilla por oponerse a sus intereses, pero cuya idoneidad fue reconocida por especialistas en el tema como Gonzalo Argote de Molina. De la relación entre Zurita y Argote nos queda parte de la correspondencia mantenida entre ambos33. Los temas que encontramos en sus cartas son variados: libros, venta de los Anales en Sevilla, acceso a archivos y el mutuo respeto por sus escritos: 30

Fernando Bouza, “La correspondencia del hombre práctico. Los usos epistolares de la nobleza española del Siglo de Oro a través de seis años de cartas del tercer conde de Fernán Núñez (1679-1684)”, Cuadernos de Historia Moderna. Anejos, 4 (2005), pp. 140-141 31 La carta está fechada el 2 de febrero de 1576 y firmada por Juan Pérez de Nueros. El original se encuentra en la RAH, CSC, A-112, f. 32. Podemos encontrar su transcripción en J. F. Andrés de Uztárroz; D. J. Dormer, Progresos…, p. 586. 32 Son tres cartas, de julio y septiembre de 1570. Los originales están en la RAH, CSC, A-111, f. 334-335, 337 y 339. Podemos encontrar parte de las mismas transcritas en J. F. Andrés de Uztárroz; D. J. Dormer, Progresos…, pp. 249-250 y 256-258. En la obra de Verardo García Rey, El Deán don Diego de Castilla y la reconstrucción de Santo Domingo el Antiguo de Toledo, Toledo, Real Academia de Bellas Artes, 1923, se hace referencia a una cuarta carta de 20 julio de 1570 de Zurita al deán, en respuesta a la del día 2 de don Diego. 33 De la correspondencia entre Argote y Zurita disponemos de las ocho cartas que figuran en la obra de Celestino López Martínez, Algunos documentos ... , pp. 66 y ss. Tres de las cuales también están en J. F. Andrés de Uztárroz; D. J. Dormer, Progresos…, pp. 526, 598-600, junto con otras referencias del autor andaluz a la obra de Zurita en las pp. 31, 246 y 264. Algunos de los originales de las cartas están en la RAH, CSC, A-112, f. 584-585, 587, 605, A-113, f. 417-8.

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“Mil veces beso a v. m. las manos por la merced que me hace en mandarme que le avise de mi historia de Baeza; a mi me va muy bien con el favor de v. m. cuya orden me ha sido toda la autoridad de mi persona”. También en la obra del autor andaluz deja constancia de la admiración por el cronista aragonés y la validez de sus estudios sobre el linaje de las principales casas reales y nobiliarias que figuran en los Anales. Incluso podemos encontrar en la Nobleza de Andalucía una referencia al escudo de la familia Zurita y cómo lo hace más famoso el “Caballero Aragonés, del Consejo del Rey nuestro señor, y su secretario de la santa y general Inquisición de España, coronista de los reinos de Aragón”. El respeto y admiración por la obra genealógica de Argote queda plasmado en la censura que Zurita hace del libro Nobleza de Andalucía en 1579, por encargo del Consejo de Castilla, requisito previo para obtener el permiso de impresión: “Digo yo Gerónimo Zurita, Secretario de su Majestad, y de la santa, y general Inquisición, que he visto la historia de las hazañas, y sucesos de los caballeros del Obispado de Jaén, que Gonzalo Argote de Molina ha compuesto, y acrecentado de nuevo, y me parece obra de muy buena, y curiosa diligencia, y que animará a otros, que procuren de ilustrar, y honrar sus patrias, como él lo ha hecho con gran cuidado de reconocer diversos archivos del reino, y recoger a su mano muchos instrumentos, y libros originales antiguos, y lo mejor que se ha podido juntar en la Andalucía; y en ello no halle cosa, que pueda causar escándalo en el buen gobierno, sino mucha utilidad de publicarse, y mucha noticia, y honra de los linajes nobles de aquel Obispado, y de otros del reino34”.

Por lo que se refiere al cuarto de los reputados autores de obras dedicadas a la genealogía del siglo XVI, Garibay, también dejó constancia de la excelencia de Zurita como cronista, haciendo hincapié en el aspecto relacionado con el estudio de los linajes: “A todos estos (los escritores de las cosas de los Reyes Católicos)
se espera, que antecederá Gerónimo Zurita, aragonés, cuando acabe de publicar las historias de Aragón, que llama anales, donde las cosas destos bienaventurados Reyes se prefiere de escribir; porque de la inteligencia suya se
debe esperar fruto copioso […] A todos estos, y a los demás que en este epilogo quedan por nombrar, ha excedido manifiestamente Hieronymo Zurita, grande autor de la historia Aragonesa, de quien en diversas partes de esta nuestra coronica hemos hecho las citaciones, y apuntamientos en sus lugares referidos […] Seré yo muy breve en la historia de los Católicos Reyes de Aragón, tratando sus cosas con muy mayor compendio que las demás historias de los otros Reinos de España, pues hacer otra cosa, seria infructífera diligencia, teniendo los lectores estos anales, donde con largo, y diligente progreso se escriben las coronicas de estos poderosos Reyes”35

¿Qué mejor alabanza podemos encontrar para Zurita que el reconocimiento de sus iguales? Tanto, como para utilizar su obra como referencia para la escrita por otros cronistas, autores además de obras de genealogía. 4. Conclusiones Pretendíamos en este trabajo una aproximación a la figura de Jerónimo Zurita algo diferente a la más habitual de cronista, autor acreditado cuya obra más conocida, los Anales, es una fuente imprescindibles para quienes quieran conocer la historia de Aragón en época medieval. 34

El documento está fechado el Madrid el 6 de junio de 1579. Figuraba al inicio de la obra y podemos encontrar una transcripción del mismo en J. F. Andrés de Uztárroz; D. J. Dormer, Progresos…, p. 669. 35 Ibídem, p. 373.

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Hemos visto cómo la familia Zurita puede ser un modelo de la sociedad de su época en cuanto al interés por la genealogía, aunque podemos apreciar algunas diferencias con otros linajes de su mismo estrato social. Zurita fue autor de su propio estudio genealógico. Habituado a la investigación sobre origen y descendencia de las casas reales y principales familias nobles de los reinos de Aragón y Castilla, en su caso se limitó a dejar escrito fehacientemente el nombre, fecha y lugar de nacimiento de sus cinco hijos. Fue el menor de ellos el que mostró un interés mayor por conocer y dejar constancia manuscrita de sus ascendientes. Las razones que impulsaron a Jerónimo Zurita de Oliván a realizar esta investigación pudieron ser una combinación de circunstancias: los cambios producidos en la oligarquía de Zaragoza y el gobierno de la ciudad; las tensiones creadas en Aragón tras las Alteraciones de 1592; la necesidad de dejar memoria escrita de las relaciones familiares con la Corona desde su abuelo paterno, que estuvo al servicio de los Reyes Católicos y el Emperador. O su gusto por las obras de este tema, prueba de lo cual habría sido la que escribió para los Climentes. Si seguía, como suponemos, la moda de la época ¿quién mejor que él para investigar sobre su linaje y hacer su árbol genealógico? Parece demostrado que la de Zurita fue una familia que siguió la moda de las élites de la Edad Moderna en cuanto a ciertas prácticas sociales dirigidas a mostrar su poder mediante diferentes símbolos de estatus: los estudios genealógicos, los escudos de armas, el reconocimiento de la hidalguía o la posesión de amplias bibliotecas. De otros marcadores de pertenencia a una clase superior, habituales en este tipo de familias de la baja nobleza, no tenemos noticias en el caso de Zurita: el número de criados o la posesión de esclavos; grandes mansiones, bienes muebles como joyas o cuadros. Si los tuvo o no es una información que no disponemos, al menos hasta este momento. Finalmente, la diferencia quizás mas significativa de la familia Zurita y la genealogía con otras de su época y estatus, es la relación entre el cronista aragonés y los más destacados autores de obras genealógicas de su época. Por tanto contamos con otra imagen de Zurita y de su familia, pero sin alejarse de su papel como historiador y como autor de una obra que fue desde su publicación hasta nuestro días, como referencia para el estudio de la historia del reino de Aragón y de sus principales familias reales y nobiliarias.

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El servicio doméstico en los hogares de la élite asturiana. El ejemplo del Oviedo ilustrado The Domestic service in the asturian elite households. The example of Oviedo in the Enlightenment Alberto MORÁN CORTE Universidad de León / Universitat Autònoma de Barcelona

Resumen: Este trabajo se centra en el análisis de uno de los grupos que ha sufrido un mayor olvido por parte de la historiografía modernista española, el servicio doméstico. Para ello hemos seleccionado a aquellos vecinos de la ciudad de Oviedo que bien por su apellido, bien por sus ingresos, bien por sus funciones, podían ser considerados la élite municipal. Partiendo de ese grupo, nos centramos en el estudio de aquellas personas que se encontraban a su servicio, analizando las relaciones mantenidas entre empleadores y empleados. Palabras clave: servicio doméstico, élites urbanas, organización del trabajo, salarios, trabajo femenino. Abstract: The following report aims to analyse the domestic service in the historiography of the early modern age in Spain, one of the most neglected area in this country. For this purpose, we have selected Oviedo neighbours whose, because of their surnames, in terms of income or for their duties, could be considered the local elite. On this basis, we will study closely those people who were working as domestic servants in these families and, finally, we will analyse the existing relations between employees and employers. Keywords: domestic service, urban elite, work organization, wages, female labour.

La atención prestada desde la historiografía modernista española al papel jugado por el servicio doméstico ha sido relativamente escasa, más aún si nos fijamos en otros ejemplos cercanos, como el italiano, donde en las últimas décadas han sido numerosas las contribuciones al tema, desde números monográficos en revistas especializadas 1 hasta publicaciones específicas como la de R. Sarti2 o A. Arru3. Sin embargo en el caso español son escasas las monografías que se centran en el estudio de este mercado de trabajo que a mediados del siglo XVIII comenzaba a ocupar a la mayor parte de las mujeres urbanas que declaraban tener algún empleo. De hecho, hasta la fecha únicamente contamos con la de C. Sarasúa4, que precisamente toma como punto de partida ese momento en que el servicio doméstico empezó claramente a

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Sirva como ejemplo el número especial de Quaderni Storici del año 1988, dedicado a “I servi e le serve”, al cuidado de Angolina Arru. 2 Rafaella Sarti, Per una storia del personale domestico in Italia. Il caso di Bologna (secc. XVIII-XIX), Torino, Università di Torino, 1994. 3 Angolina Arru, Il servo: storia di una carriera nel Settecento, Bologna, Il Mulino, 1995. 4 Carmen Sarasúa García, Criados, nodrizas y amos. El servicio doméstico en la formación del mercado de trabajo madrileño, 1758-1868, Madrid, Siglo XXI, 1994.

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feminizarse 5 . Las monografías regionales sobre historia de las mujeres que en los últimos años han ido viendo la luz, siempre prestan atención en alguno de sus capítulos a esta actividad, pues, como ya hemos dicho, era fundamental para la economía femenina. En este sentido, son más abundantes los estudios sobre el noroeste peninsular: León6, Galicia7 o Asturias8; pero tampoco faltan para la antigua Corona de Aragón9. Junto a estas aportaciones hay otras investigaciones que, de una u otra forma, se acercan al estudio del servicio doméstico, bien desde postulados demográficos o desde ámbitos más cercanos a la historia social10. El objetivo de este trabajo será, tomando como referencia ese marco historiográfico, estudiar aquel grupo de trabajadores en la ciudad de Oviedo a mediados del siglo XVIII, momento en el que contaba con unos 2.300 vecinos para el total del concejo, de los cuales aproximadamente 1.500 habitaban en la ciudad o en sus arrabales más cercanos. Nos centraremos fundamentalmente en el número de criados que tenían las diferentes unidades domésticas seglares, en función de la ocupación del cabeza de familia, como en los salarios que percibían. La principal fuente que vamos a utilizar para este análisis será las respuestas Particulares del Catastro de Ensenada. Así pues el caso de Oviedo, que además de la capital era el centro urbano más importante tanto en el ámbito político como cultural, y también principal foco de consumo, se nos antoja como el “laboratorio” más adecuado para llevar a cabo este análisis. De este modo se podrá confrontar la realidad urbana asturiana con lo estudiado en otras latitudes peninsulares. 1. La ciudad de Oviedo: los señores, los criados. La gestación de Oviedo como “Corte del Principado” fue un proceso largo, y en el que sin duda influyeron diferentes motivos. Uno de ellos sería el que, ya desde los tiempos medievales, la Junta General del Principado, máximo órgano representativo de los concejos asturianos, se reunía en la capital. La aparición de la figura del corregidor, a finales del siglo XV, también sería importante, pues pese a ocuparse de los problemas de toda Asturias, fijaría su sede en Oviedo. Si a esto unimos el hecho de que era sede episcopal y que en los inicios del siglo XVII se fundaría una Universidad, la 5

Ofelia Rey Castelao, “Diferencias e intercambios culturales entre el campo y la ciudad respecto de las mujeres en la España del siglo XVIII”, Mundo Agrario, 27 (2013), pp. 5-9. 6 María J. Pérez Álvarez, La familia, la casa y el convento. Las mujeres leonesas durante la Edad Moderna, León, Universidad de León, 2012. 7 Ofelia Rey Castelao y Serrana Rial García, Historia de las mujeres en Galicia. Siglos XVI al XIX, Vigo, Nigratrea, 2009. 8 Alfonso Menéndez González, El barranco de las asturianas. Mujer y sociedad en el Antiguo Régimen, Oviedo, KRK, 2006. 9 Francisco Ramiro Moya, Mujeres y trabajo en la Zaragoza del siglo XVIII, Zaragoza, Universidad de Zaragoza, 2012. 10 En esta ocasión y para evitar lo molesto de una enumeración excesivamente amplia, únicamente remitiremos a algunas de las últimas aportaciones en el campo de la historia moderna, como por ejemplo las contribuciones a la XII Reunión Científica de la F.E.H.M., C. Rocío García Bourrellier, “Criados y familia en la España Moderna: Aproximación desde Navarra (ss. XVI-XVII)” y Francisco García González, “Criados y movilidad de la población rural en la Castilla interior del siglo XVII”, ambas en María J. Pérez Álvarez y Alfredo Martín García (eds.), Campo y campesinos en la España Moderna. Culturas Políticas en el mundo hispánico, Madrid, Fundación Española de Historia Moderna, 2012. De igual manera, y pese a centrarse en el mundo rural, debemos citar el monográfico que Historia Agraria, revista de agricultura e historia rural, le dedicó en el año 2005 al tema “Criados y mozos en la organización histórica del trabajo agrario”, número que estuvo coordinado por Carmen Sarasúa.

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concentración de funciones administrativas, religiosas y educativas, hacía de la ciudad el destino perfecto para las oligarquías asturianas. Estas cuestiones forjaron que el consistorio ovetense se fuera constituyendo como el principal de entre todos los del Principado. Por ello, desde el año 1544 en que comienzan a enajenarse los cargos municipales, las familias más sobresalientes, no sólo de la capital, sino de toda Asturias, fueron comprando las regidurías, como una estrategia más en busca del ansiado ascenso social 11 . No olvidemos que desde el consistorio el contacto con los principales organismos políticos de la época sería un lugar de socialización importante para la promoción social. Este anhelo de las elites asturianas por asentarse en la capital, trajo consigo el lógico crecimiento urbanístico de Oviedo, que ya desde finales del siglo XVI comenzó a configurarse, y que se hará mucho más patente a medida que vaya transcurriendo el XVII 12 . Pese a que para mediados de esa centuria la mayor parte de las familias importantes del Principado tenían su palacio en la ciudad, no sería éste el único motivo que determinó el desarrollo urbanístico, pues durante esos años también existió un importante afán constructivo desde las instancias municipales para engrandecer la capital13. Con los albores del siglo XVIII, y tras las miserias sufridas en los años del invierno europeo, Oviedo experimentó un nuevo repunte en la actividad constructiva en la que con toda probabilidad influiría positivamente el establecimiento de la Real Audiencia en 1717- y que se alargó durante prácticamente todo el siglo. Así pues, ya en los primeros años de la década de los 20 comenzó la edificación de una de las grandes obras del siglo, el palacio del duque del Parque, quien mandó construirlo en una de las pocas zonas de posible expansión que quedaban en la ciudad, la plaza del Fontán. Por esa misma fecha otro de los prohombres del Principado, el Marqués de Camposagrado, remodeló totalmente su palacio, una obra que se prolongó hasta mediados de siglo. En la segunda mitad de la centuria la gran labor constructiva será la que lleve a cabo la familia Velarde14 en su antigua residencia de la calle de Santa Ana15.

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Respecto a la conformación de las oligarquías ovetenses, resultará de interés la consulta de las obras de: M. Ángeles Faya Díaz, “Regidores perpetuos de Oviedo y crisis del municipio en el siglo XVIII”, en M. Ángeles Faya Díaz (coord.), Historia urbana de Asturias en la Edad Moderna, Oviedo, KRK, 2013, pp. 15-74. En la misma obra colectiva, Juan Díaz Álvarez, “La organización municipal de Oviedo bajo los Austrias”, pp. 177-216. M. Ángeles Faya Díaz, “Patrimonio económico y valores nobiliarios de la oligarquía ovetense a finales del Antiguo Régimen”, en M. Ángeles Faya Díaz (coord.), Las ciudades españolas en la Edad Moderna, Oviedo, KRK, 2014, pp. 287-369. Y en el mismo volumen, Juan Díaz Álvarez, “Familia nobiliaria y mayorazgo en la Asturias de los Austrias”, pp. 261-285. 12 Un estudio reciente y completo sobre el crecimiento urbano del siglo XVII en: Yayoi Kawamura, Arquitectura y poderes civiles. Oviedo 1600-1680, Oviedo, R.I.D.E.A., 2006. 13 Yayoi Kawamura, “Intereses y actuaciones de los poderes civiles de Oviedo en la remodelación urbanística del siglo XVII”, en M. Ángeles Faya Díaz, (coord.) Las ciudades españolas…, pp.429-449. 14 Sobre el proceso de las obras puede resultar interesante la lectura de Vidal De La Madrid, La arquitectura de la Ilustración en Asturias. Manuel Reguera1731-1798, Oviedo, R.I.D.E.A. 1995. Y de más reciente publicación El Palacio de Velarde: la vanguardia ilustrada en Asturias, Oviedo, Museo de Bellas Artes de Asturias, 2012. 15 De un modo general, sobre las nuevas construcciones palaciegas urbanas en el Oviedo del XVIII, Alfonso Menéndez González, Ilustres y mandones: La aristocracia de Asturias en el siglo XVIII, Oviedo, R.I.D.E.A., 2004, pp. 210-225.

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Serán pues estos ilustres asturianos, pese a que algunos no fueran originarios de Oviedo, quienes por necesidades políticas16 o sociales17, se erigiesen, al menos en parte, como las elites más destacadas. Pero además de estos nobles hubo otro colectivo de asturianos que no les fueron a la zaga. No nos detendremos en el análisis de las familias que componían aquel grupo oligárquico, el proceso que los encumbró, sus estrategias de ascenso social, ni las bases de su fortuna o los modos de conseguirlas, pues para el caso asturiano, y especialmente para el ovetense, ya existen investigaciones que estudian estos asuntos18. No obstante, sí será necesario hacer algunas precisiones sobre las cuestiones que cimentarán nuestro trabajo, tales como señalar a quiénes consideramos nosotros las elites urbanas de la capital. En este sentido, y en primer lugar, como parece lógico, dentro de ese grupo privilegiado, estarían los cabezas de las grandes familias asturianas de la época, que además eran quienes copaban los órganos políticos tanto municipales como regionales. Sin embargo no partiremos de unas premisas únicamente financieras para valorar y calificar como elites a los individuos, sino que de una manera general atenderemos también a otro tipo de cuestiones, que quizás guarden más relación con el prestigio y reconocimiento social, que con aspectos meramente económicos. De este modo además de los regidores19, tendremos en cuenta los diferentes actores que tomaron parte en el devenir de la Real Audiencia: regente, oidores, abogados, etc. De igual manera a algunos profesionales liberales como médicos, cirujanos, abogados, etc. Pues además serán precisamente los letrados en quienes, con mucha frecuencia, recaían las renuncias de las regidurías en posesión de la nobleza absentista. También analizaremos los casos de los catedráticos universitarios, así como de algunos hombres, e incluso mujeres, de negocios cuyos beneficios les harían sin duda acreedores de formar parte de esa elite municipal. Aplicando esos criterios determinamos que un 13,4% de los habitantes, y un 13,5% de los hogares de mediados del siglo XVIII, podríamos considerarlos elites. De estos un 74,2% estarían gobernados por un hombre, y un 25,8% tendrían una mujer al frente, tratándose las más de las veces de una viuda. Respecto las ocupaciones del cabeza, las hemos dividido en 7 categorías diferentes, siendo claramente mayoría los funcionarios, aquellos que ocupaban algún cargo en la Real Audiencia, la Junta General, etc. quienes eran algo más del 40%. Les siguen en importancia numérica una serie de personas a las que no se les asigna ninguna ocupación, pero que vivirían de sus rentas. Hemos de señalar también que en muchas ocasiones esa ocupación principal se complementaba con alguna otra. Esto sucede a menudo entre los regidores que se encontraban ejerciendo el oficio sin que fuera suyo en posesión, pues no era raro que se tratara de abogados, administradores, o incluso catedráticos de la Universidad asturiana. 16

No olvidemos que la Junta General era la plataforma perfecta para para defender los intereses personales de las principales familias. 17 Pues era la ciudad de Oviedo el mejor escenario posible para el acuerdo de matrimonios que ampliaran las ya de por si tupidas redes de contactos. 18 Para evitar una cita demasiado dilatada remitiremos únicamente a las de más reciente publicación y ya referenciadas en un cita anterior de los autores M. Ángeles Faya Díaz y Juan Díaz Álvarez. 19 Englobamos a los regidores en este grupo no porque las ganancias por semejante ocupación resultaran especialmente lucrativas, sino porque, como ya hemos comentado, estos oficios estaban monopolizados por la nobleza asturiana, que a partir del ejercicio de los mismos, podía obtener otro tipo de beneficios. Juan Díaz Álvarez “Familia nobiliaria y mayorazgo…”, pp. 263-266.

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Esta duplicidad de ocupaciones también nos la encontramos entre los funcionarios, aunque en mucha menor medida. No así entre los profesores universitarios, pues todos eran además profesionales liberales. Puede resultar curioso el hecho de haber añadido en esta división un pequeño porcentaje de maestros, pero se corresponden ampliamente con los arquitectos a quienes las grandes familias solían acudir cuando querían construir sus nuevas residencias o hacer obras en los antiguos solares para adaptarse a los nuevos tiempos20. De igual manera la inclusión de algunos hombres, y mujeres, dedicados al sector servicios se justifica porque eran los grandes comerciantes ovetenses de la época, casi podríamos denominarlos como hombres y mujeres de finanzas. De hecho algunos años después dos de los hijos de estas familias, primos entre ellos, José Gabriel Fernández Cueto, y Joaquín Méndez Vigo, llegarían a ser tesoreros del Principado, y finalmente acabarían consiguiendo una regiduría en el consistorio ovetense, el primero se la compraría en 1772 al Marqués de Valdecarzana. Mientras que su primo haría lo propio en 178121. Tabla 1. Ocupación del cabeza de las elites. Ocupación Funcionariado Maestros Prof. Liberales Regidores Comerciantes Universidad Sin datos

% 40,3 1,6 4,8 10,8 5,9 2,2 34,4

Fuente: A.M.O. Libros personales del Catastro de Ensenada.

Si complicados pueden ser los criterios para dirimir quienes conformaban las elites municipales, todavía más complejo puede resultar definir con claridad quienes eran los sirvientes domésticos en los siglos modernos. Cuestiones tales cómo en qué consistía su trabajo, si era continuado, temporal o estacional, si convivían en los hogares de los amos, e incluso cuál era su remuneración, resultan sumamente difusas. En este sentido nos encontramos con dos grandes inconvenientes para aclarar esos problemas: por un lado la propia definición del concepto de trabajo doméstico en sí mismo y, por otro, las fuentes documentales que de manera común se vienen utilizando para afrontar su estudio. A estos inconvenientes ya le han dedicado sus esfuerzos algunos autores 22, por lo que no nos detendremos en ello. Teniendo presentes estas investigaciones que nos preceden, estudiaremos el servicio doméstico en Asturias, dando importancia a su peso cualitativo, pues no en vano, mediante estudios anteriores23, podemos estimar que la población heril asturiana a mediados del XVIII, estaba en torno al 3,6% del total, cifra cercana a la de 3,4% dada 20

Sería por ejemplo el caso de Pedro Menéndez, quien poco tiempo antes de la elaboración del catastro había concluido el nuevo palacio del Marqués de Camposagrado en la Plaza de la Fortaleza. 21 Una breve semblanza de estas familias se puede encontrar en M. Ángeles Faya Díaz, “Patrimonio económico y valores…”, pp. 331-346. 22 C. Sarasúa García, Criados, nodrizas y amos... Si bien a lo largo de todo el libro se analizan estos inconvenientes, son especialmente significativas a este respecto las páginas 4-7, 73-111, 197-213. De más reciente publicación, pero igualmente interesante, F. Ramiro Moya, Mujeres y trabajo…, pp. 254-257. 23 Florentino López Iglesias, “Los criados en la Asturias del Antiguo Régimen”, B.I.D.E.A., 150, (1997), pp. 151-172.

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para Galicia24, y en la línea de lo visto de forma general para el resto del territorio de la península ibérica 25 . Si analizamos este valor conjuntamente con las principales ocupaciones laborales de una zona como Asturias, donde el trabajo agro-ganadero tenía un peso importante, quienes se empleaban en el servicio doméstico representaban una población muy similar a la que conformaba el sector religioso, 3,3%, la administración, 3%, o las profesiones liberales, 2,2%26, por lo que creemos que su estudio está más que justificado. Más aún si tenemos en consideración que entre el 10,9% y el 12% de los hogares asturianos contaba con algún doméstico27, trabajadores que por norma general, se concentraban en los hogares de las familias oligarcas, especialmente en las zonas urbanas y semiurbanas28. 2. El servicio doméstico de las elites. Debemos señalar que aunque este trabajo forma parte de otro más ambicioso que aún se encuentra en fase de desarrollo, consideramos que de todas formas puede resultar interesante un primer análisis, para tratar de entender los comportamientos de las elites urbanas asturianas respecto de su servicio. La población heril de la capital se puede situar en torno al 12,5%, cifra que cuadruplicaría la media asturiana dada por F. López, pero que estaría muy cercana al 10% aportado por C. Sarasúa para la ciudad de Madrid en 175729, mismo porcentaje que el ofrecido por C. Fernández Cortizo30 para la de Pontevedra en 1751. Y más próxima aún a la de la ciudad castellana 30 años después, que era del 12% 31 . Además si centramos nuestro foco de atención únicamente en la población activa, el número de empleados en el hogar alcanza un porcentaje del 32,6%, el cual, nuevamente, se nos presenta muy semejante al que D. Ringrose contabilizó para la Villa y Corte, que era en 1757 del 31%32. Si parece, en cambio, bastante más elevado que los observados hasta el momento para el noroeste peninsular, pues en el total de Galicia representaba el

24

Isidro Dubert García, Historia de la familia en Galicia durante la época moderna, 1550-1830 (Estructura, Modelos hereditarios y Conflictividad), , A Coruña, Edicios do Castro, 1992, p.75 25 Una síntesis actualizada puede verse en, Francisco García González, “Las estructuras familiares y su relación con los recursos humanos y económicos”, en Francisco Chacón Jiménez y Joan Bestard (dirs.), Familias. Historia de la sociedad española (del final de la Edad Media a nuestros días). Cátedra, Madrid, 2011, en especial las páginas 198-203 26 Estos datos provienen de un trabajo que se presentó al XXXI Congreso de la APHES, celebrado en Coimbra en el año 2011, Alberto Morán Corte y Patricia Suárez Álvarez, “Actividades profesionales y desarrollo económico en el norte de la península ibérica: un acercamiento a la sociedad preindustrial asturiana”, inédito. 27 F. López Iglesias, “Los criados en la Asturias…”, p. 156. A. Menéndez González, El barranco de las asturianas…, p. 101. 28 Alberto Morán Corte y Patricia Suárez Álvarez, “Sirve por la comida y el vestido”: servicio doméstico, extradoméstico y salarios en la Asturies del siglo XVIII”, comunicación presentada a las XV Jornades d’Historia del Treball “Els tractes del treball: salaris i altres formes de remuneració (s. XVII-XX)”, celebradas en Barcelona en el año 2015, inédito. 29 Sarasúa García, Carmen, Criados, nodrizas y amos... p. 71. 30 Camilo Fernández Cortizo, “Estructura y composición del grupo doméstico en un medio urbano: Pontevedra a mediados del siglo XVIII”, Jubilatio. Homenaje a D. Manuel Lucas y a D. Ángel Rodríguez vol. I, Universidad de Santiago, Pontevedra, 1987, p. 305. 31 David R. Ringrose, Madrid y la economía española, 1560-1850, Madrid, Alianza Editorial, 1985, p. 77. 32 Citado en C. Sarasúa García, Criados, nodrizas y amos... p. 72.

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15,5%33, mientras que en la ciudad de León era el 14%34. No obstante debemos matizar estas cifras, pues como se ha venido poniendo de manifiesto en las diferentes investigaciones que abordan estos temas, existe una marcada diferencia de género, documentándose siempre una amplia mayoría femenina entre la mano de obra doméstica. En concreto, en Oviedo, mientras que el 56,2% de las mujeres activas se empleaban en el servicio doméstico, entre los hombres tan sólo eran el 16% los que buscaban acomodo en ese sector. Esta alta ocupación femenina no resultará tan llamativa si la comparamos con la que se daba en las principales ciudades de la vecina Galicia, donde por ejemplo en Lugo35 se llegaba a un 96,4%, situándose Ferrol en un cercano 93%, o incluso La Coruña con el 80,6%. Si bien posiblemente, tal y como algunos investigadores ya han señalado 36 , la invisibilización del trabajo femenino guarde una estrecha relación con estos porcentajes. Para una rápida visualización comparativa entre los centros urbanos gallegos y el ejemplo de la capital asturiana, remitimos al cuadro 2. Tabla 2. Porcentaje de mujeres activas en el servicio doméstico37. Ciudad Lugo Ferrol A Coruña Tui Ourense Santiago Vigo

% Criadas Ciudad % Criadas 96 Uviéu 56,2 93 Mondoñedo 53,6 80,6 Betanzos 43 80 Pontevedra 39,3 72,9 Noia 29 70 Baiona 26 60

De ese 12,5% que representaba la población heril, más de la mitad, el 58,7% se empleaba en los hogares de la elite, con una división sexual en la que predominaban las mujeres, pues componían el 66% del servicio doméstico de ese colectivo. Esta distribución resulta bastante similar a la observada por C. Fernández Cortizo para el caso pontevedrés, donde las mujeres sumaban el 70,5% frente al 29,5% de los varones38. Si bien ya hemos visto como el grupo del funcionariado era el que más representación tenía entre lo que venimos denominando como elite urbana, no será el que empleé a un mayor número de personas. Este privilegio recaerá, como parece lógico, en los regidores municipales, grupo formado mayoritariamente por los grandes de Asturias y que daba ocupación al 36,1% de los criados. Sí figura, a continuación, el 33

Hortensio Sobrado Correa e Isidro Dubert García, “La familia y las edades de la vida”, en Isidro Dubert García, (coord.) Historia de la Galicia Moderna, Santiago, Universidad de Santiago de Compostela, 2012, p. 117. 34 M. J. Pérez Álvarez, La familia, la casa… p. 174. 35 Hortensio Sobrado Correa, La ciudad de Lugo en el Antiguo Régimen. Siglos XVI-XIX, Lugo, Diputación Porvincial de Lugo, 2001, pp. 110-113. 36 H. Sobrado Correa, La ciudad de Lugo…, pág. 110. Serrana Rial García, “Las mujeres “solas” en la sociedad semi-urbana gallega del siglo XVIII”, Obradoiro de Historia Moderna, 8 (1999), pág. 187. 37 Los datos utilizados en esta tabla proceden de, O. Rey Castelao y S. Rial García, Historia de las mujeres en Galicia… pp. 133-134. 38 Camilo Fernández Cortizo, “Estructura y composición…”, p. 305.

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funcionariado, algo lógico, pues era el colectivo con más peso cuantitativo, y empleaba al 31,3% de la mano de obra. Sin embargo dentro de éstos existían notables diferencias, marcadas precisamente por el tipo de puesto ocupado. Por ejemplo, el por entonces regente de la Real Audiencia, Isidoro Gil de Jaz, contaba con un séquito de nueve personas, los oidores con cinco sirvientes, y el fiscal y el alguacil con cuatro cada uno. Sin embargo un gran número de empleados menores tenían únicamente uno o dos criados, e incluso había quienes prescindían de ellos. En tercer lugar, con el 17,8% de la mano de obra servil, estaba aquel grupo del que desconocemos la ocupación del cabeza de familia, si bien las Respuestas Particulares parecen indicarnos claramente que vivían de sus rentas. Seguidamente aunque con un porcentaje bastante menor, pues tan sólo empleaban al 7%, nos encontramos con los comerciantes, que representaban un caso similar al del funcionariado, puesto que los dos grandes hombres de negocios referidos anteriormente, José Gabriel Fernández Cueto y su socio Joaquín Méndez Vigo, tenían el 42,3% del total de los criados que servían a los hombres y mujeres de negocios. Tabla 3. Porcentajes de empleados por categoría ocupacional de los amos. Ocupación Funcionariado Maestros Prof. Liberales Regidores Comerciantes Universidad Sin datos

% de criados 31,3 1,1 4,9 36,1 7 1,9 17,8

Fuente: A.M.O. Libros personales del Catastro de Ensenada.

En un trabajo clásico, exponía A. Eiras Roel que una serie de sondeos le había llevado a considerar que tres servidores era el número mínimo para colocar a un individuo dentro de la elite. Quienes contaban con uno o dos serían las clases medias, mientras que la falta de servicio era lo que caracterizaba al artesanado y a lo que él denominó pueblo menudo39. Si seguimos esta cuantificación, deberíamos reducir nuestro porcentaje de familias de la elite al 3,3% del total de hogares. Y aunque seguirían siendo mayoría los mismos grupos -regidores, funcionariado, y quienes vivían de sus rentas-, lo cierto es que, por ejemplo, a un 25% de los primeros deberíamos de considerarlos clases medias, así como a un grupo de hombres y mujeres de negocios cuyos beneficios mercantiles podían llegar a los 16.000 reales anuales. Además únicamente el 50% de los catedráticos se encuadraría en la elite, sólo un 33,3% de los maestros, un 22,2% de los profesionales liberales, y apenas un 17,3% del funcionariado.

39

Antonio Eiras Roel, “Las élites urbanas de una ciudad tradicional: Santiago de Compostela a mediados del siglo XVIII”, en Antonio Eiras Roel, (coord.), La documentación notarial y la historia. Actas del II Coloquio de metodología histórica aplicada, vol. I, Santiago, Universidad de Santiago, 1984, pp. 117140.

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Tabla 4. Número de criados por categoría. Ocupación Funcionariado Maestros Prof. Liberales Regidores Comerciantes Universidad Sin datos

Criados por grupo, en % 0 1a3 >3 22,7 68 9,3 33,3 66,6 0,0 0,0 100 0,0 0,0 30,0 70,0 9,1 72,8 18,2 25,0 75,0 0,0 45,3 46,9 7,9

Fuente: A.M.O. Libros personales del Catastro de Ensenada.

En cambio si atendemos a la remuneración que obtenía la servidumbre, porcentualmente los mejor pagados serían los sirvientes de los maestros, pues todos ellos recibían algún tipo de recompensa económica. En cambio el 41,8% de los criados de los regidores, el 34,6% de los comerciantes y el 28,8% de quienes vivían de sus rentas, prestaban su fuerza de trabajo a cambio de la manutención, como se puede ver en el cuadro 5. Tabla 5. Franjas salariales percibidas por el servicio doméstico. Franjas salariales del servicio por grupo en %40 Manutención 50-200 201-1000 >1000 Funcionariado 21,6 71,5 4,3 2,6 Maestros 0,0 100 0,0 0,0 Prof. Liberales 5,6 94,5 0,0 0,0 Regidores 41,8 40 7,4 0,7 Comerciantes 34,6 61,6 0,0 3,8 Universidad 28,6 71,4 0,0 0,0 Sin datos 28,8 68,2 3,0 0,0 Ocupación

Fuente: A.M.O. Libros personales del Catastro de Ensenada.

Quizás resulte interesante apuntar algunas cuestiones que puedan explicar estas diferencias salariales. Para ello, nos fijaremos primero en el grado de especialización del servicio. Como ya hemos anotado, es cierto que existe una gran dificultad para conocer cuáles eran exactamente las tareas correspondientes a la servidumbre, sin embargo nuestras fuentes documentales, nos permiten intuir algunas distinciones laborales entre los criados y criadas. De este modo sabemos que el 35,3% de ellos tenían algún atributo especial -paje, asistenta, cochero, despensera, etc.-. De esta mano de obra especializada un 34% eran hombres y un 66% mujeres.

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Las cantidades monetarias están calculadas en reales.

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Tabla 6. Porcentajes de especialización por género y categoría del amo. %M espec. Funcionariado 10,3 Maestros 0,0 Prof. Liberales 0,0 Regidores 20,1 Comerciantes 0,0 Universidad 0,0 Sin datos 22,7 Ocupación

% H % M sin % H sin espec. espec. espec 13,8 67,2 8,6 0,0 50,0 50,0 5,6 77,8 16,7 31,3 31,3 17,2 30,8 61,5 7,7 14,3 71,4 14,3 13,6 51,5 12,1

Fuente: A.M.O. Libros personales del Catastro de Ensenada.

A la vista del cuadro 6 observamos que quienes contaban con un mayor número de servicio especializado eran los regidores, sin embargo en el cuadro 5 comprobábamos que los sueldos más altos entre el servicio los abonaban prácticamente en su totalidad los comerciantes y el funcionariado, con una pequeña excepción protagonizada por el Marqués de Camposagrado. Sí se aprecia una mayor variedad de pagadores, pero también un claro dominio del grupo de regidores, cuando ampliamos la horquilla a unos valores, que aunque sigan siendo altos para el servicio doméstico, ya no son tan elevados. Ahora bien, sólo el 5,9% de los sirvientes entraría en ese elenco que sobrepasaba los 200 reales anuales, y prácticamente a la totalidad se les distinguía con algún tipo de función específica, sobre todo cocheros, ayudas de cámara, asistentas, capellanes, pajes y lacayos. Como ejemplo de esto podemos fijarnos en el relativamente alto grado de especialización masculina que existía entre el servicio de los catedráticos y principalmente de los comerciantes, que estaba copado casi en su totalidad, un 77,7%, por amanuenses y pasantes de pluma, quienes sin duda serían muy necesarios para el buen funcionamiento del negocio del amo. Sin embargo ni esa especialización, ni el ser fundamentales para las diligencias, era sinónimo de estar bien remunerados, pues todos ellos trabajaban por la manutención. Volvamos pues al modo de retribución al servicio. Como vimos en el cuadro 5, una parte importante de los empleados recibían a cambio de su fuerza de trabajo únicamente comida y vestido. Además precisamente los grupos, a priori, más poderosos económicamente, eran quienes con mayor frecuencia recurrían a ese sistema de gratificación, pues los regidores lo hacían en un 41,8% de los casos, y los grandes comerciantes y financieros en un 34,6%. De hecho aunque entre el conjunto de serviles del que aquí nos ocupamos, se recibía mayoritariamente un salario en metálico, existían fuertes diferencias entre hombres y mujeres. Mientras que para los primeros era norma general trabajar por la manutención, casi todas ellas recibían alguna compensación monetaria. Tabla 7. Formas de remuneración. Remuneración Dinero Especie

% Total 69,8 30,2

% Hombres % Mujeres 18,1 81,9 70,5 29,5

Fuente: A.M.O. Libros personales del Catastro de Ensenada.

Así pues parece que existe cierta contradicción entre poseer una cualidad especial para el servicio -donde como vimos los hombres eran mayoría-, y obtener una recompensa pecuniaria -predominante entre las mujeres-. Es decir, en vista de esto, no se valoraría

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más, al menos en lo que a salario se refiere, a los sirvientes que se ocuparan de alguna tarea concreta. Para verlo de una forma más clara centrémonos en ese 30,2% del servicio al que se le pagaba en especie. De ellos a un 15,4% -en el que los hombres representaban el 97%- no se les consideraba simples criados, sino que aparecen documentados con alguna ocupación concreta. Junto a los amanuenses ya comentados, también nos encontramos con asistentas, pajes, ayudantes de cocina, criados mayores, etc., entre quienes trabajaban sólo por la manutención. Además destacaban entre los amos que empleaban a estos criados aquellas personalidades que sin duda eran la elite, económica y social, ya no solo de la ciudad, si no del Principado, como por ejemplo el Marqués de Camposagrado, el Conde de Peñalba, el Conde de Nava, el regente de la Real Audiencia Isidoro Gil de Jaz, etc. En cambio sí parece que había una suerte de ocupaciones por las que era inevitable realizar un desembolso económico, aunque resultara modesto para la economía de estas elites, como en el caso de los lacayos, las amas de llaves, o los cocheros. Al fin y al cabo eran estos los miembros del servicio que realmente denotaban un signo de distinción para el señor que contaba entre su séquito con alguno de ellos. 3. A modo de conclusiones. Así pues, a modo de conclusiones, y siendo conscientes que este es un tema que precisa de más investigaciones para poder establecer algunas pautas comunes, se pueden indicar algunos aspectos que nos parecen interesantes de este primer acercamiento al servicio doméstico ovetense de mediados del siglo XVIII. Uno de los resultados que con más claridad se ha podido constatar, es que la población servil de la capital asturiana era muy superior a la que se ha venido manejando, hasta el momento, de forma general para el total del Principado. En la misma línea, es posible indicar que el servicio doméstico constituyó un importante mercado laboral en el Oviedo ilustrado. Actividad ésta que por otra parte no estaba exenta de cierta distinción por género, pues para las mujeres representaba el 56,2% de las ocupaciones, mientras que para los varones únicamente el 16%. Como parece lógico, los estratos más elevados de la elite municipal, los verdaderos prohombres ya no sólo de la ciudad, sino de la región -Marqués de Camposagrado, Conde de Peñalba, Conde de Nava, el regente Gil de Jaz, etc.-, eran quienes más mano de obra servil empleaban en sus hogares. Sin embargo serían estas mismas personalidades las que con mayor frecuencia realizaban un pago que únicamente consistía en la manutención de sus sirvientes. Quizás la explicación se encuentre en la búsqueda, por parte del trabajador, de cierto ascenso social por el hecho de servir en una casa de prestigio. En cuanto a los salarios recibidos, a pesar de ser el servicio doméstico un grupo, por norma general, mal remunerado, pues únicamente el 6% recibía más de 200 reales anuales, sí se puede detectar nuevamente la existencia de una fuerte diferenciación sexual. Mientras que entre las mujeres lo común era recibir algún tipo de estipendio en metálico, la mayoría de los hombres trabajarían por la manutención. Para responder a estos asuntos con cierta seguridad, son necesarias más investigaciones que indaguen en diferentes aspectos que puedan explicarlos. Cuestiones como la posible existencia de una fuerte movilidad laboral en este mercado, la probabilidad de que la mayor parte del servicio doméstico estuviera formado por personas jóvenes y solteras, las diferencias salariales existentes, o la oferta laboral disponible en los diferentes

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momentos, serían algunas de las preguntas sobre las que cabría continuar investigando para tratar de dar respuesta al menos a algunas de las cuestiones sobre las que aquí hemos tratado de contribuir con el caso de la capital asturiana.

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La comunidad mercantil catalano-valenciana afincada en la Sevilla de la primera mitad del siglo XVI The Catalonian and Valencian commercial community based in the Seville of the first half of the 16th century Miguel ROYANO CABRERA Universidad de Sevilla

Resumen: Este trabajo analiza la organización socioeconómica de la comunidad comercial catalanovalenciana activa en Sevilla entre 1530 y 1550: su uso estratégico de la naturaleza, sus actitudes sociales y comportamientos internos, los principales agentes de la comunidad, y la transición generacional que tuvo lugar desde las décadas de 1540 y 1550. Palabras Claves: Sevilla, comunidad mercantil, Catalanes, Valencianos, primera mitad siglo XVI. Abstract: This paper analyses the socioeconomic organization of the Catalonian and Valencian commercial community active in Seville from 1530 to 1550: their strategic use of citizenship, their social attitudes and intern behaviors, the main agents of the community, and the generational transition that took place during the decades of 1540 and 1550. Keywords: Seville, commercial community, catalonians, valencians, Sixteenth century first part.

Durante el pasado siglo XX, la historiografía en torno a la comunidad mercantil catalano-valenciana asentada en Sevilla durante el siglo XVI se ha limitado a la existencia de unos cuantos artículos de revista1 y capítulos en obras colectivas2 o datos sueltos en distintos libros3, en los que no se hacía un estudio demasiado en profundidad 1

Juan Manuel Bello León, “La presencia catalana en Andalucía Occidental a finales de la Edad Media”, Anuario de Estudios Medievales, nº 40/1, enero-junio (2010), pp.93-127; Pablo Desportes Bielsa, “Aragón en el comercio con Flandes (Siglo XVI)”, Revista de Historia Jerónimo Zurita, nº74 (1999), pp.175-200; Máximo Diago Hernando, “Relaciones comerciales de la Corona de Aragón con la Andalucía Atlántica durante el siglo XIV y primera mitad del XV”, Historia, instituciones, documentos, nº 27, Universidad de Sevilla (2000), pp.19-54; José María Madurell Marimón, “Notas sobre el antiguo comercio de Barcelona con las Islas Canarias y de Santo Domingo”, Anuario De Estudios Atlánticos, Nº3, Cabildo Insular de Gran Canaria, Madrid; Las Palmas (1957), pp.563-592; Carlos Martínez Shaw, “Cataluña y el comercio con América. El fin de un debate”, Boletín Americanista, nº 30, (1980), pp.223236. 2 Enrique Otte, "Los comienzos del comercio catalán con América", en Joan Maluquer de Motes (ed.), Homenaje a Jaime Vicens Vives, vol.2, Barcelona, Universidad de Barcelona, Facultad de Filosofía y letras, 1967, pp.459-480; Vicente Vázquez de Prada, “La colonia mercantil valenciana en Amberes, en la época de Carlos V”, en Joan Maluquer de Motes, Homenaje a Jaume Vicens Vives, Barcelona, Universidad de Barcelona, Facultad de Filosofía y letras, 1967, pp. 733-754. 3 Iván Armenteros Martínez, Cataluña en la era de las navegaciones: la participación catalana en la primera economía atlántica (c.1470-1540), Vilassar de Mar, Barcelona, Fundació Ernest Lluch, Lleida, Milenio, 2012; Huguette et Pierre Chaunu, Séville et l´Atlantique (1504-1650), S.E.V.P.E.N., 12 vols., París, 1955-1960; Enrique Otte, Sevilla, siglo XVI: Materiales para su historia económica, Centro de

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de la comunidad en sí, más allá de sus actividades y protagonistas desde un punto de vista demasiado general, sin desarrollar ningún tipo de hipótesis acerca de su papel en los negocios americanos, atlánticos y mediterráneos en los que participaron teniendo como base de operaciones la urbe hispalense. Este hecho nos resulta algo sorprendente dado el papel que Sevilla tuvo como una de las principales capitales económicas europeas y los intereses que mantenían allí los mercaderes de la Corona de Aragón 4. En primer lugar hemos de aclarar el porqué del título de esta comunicación. Podríamos haber optado por denominar este trabajo aludiendo a la comunidad mercantil de la Corona de Aragón pero hemos considerado más acertado el actual título puesto que, el número de mercaderes de origen aragonés o mallorquín es insignificante en relación con el de los catalanes y valencianos5. Esta situación la hemos podido atestiguar también en otros grupos comerciales asentados en las ciudades de Amberes6 o de Roma7. Siguiendo la propuesta de Grafe 8 y a tenor de la documentación trabajada podemos afirmar que la “nación” mercantil catalano-valenciana afincada en Sevilla fue una “institución” de carácter informal, multinacional y flexible para dar respuesta a los “problemas fundamentales del intercambio”, como la intranquilidad que generaba la falta de credibilidad en el cumplimiento de los tratos entre mercaderes. Esta razón dio lugar al uso de familiares en las distintas compañías 9 , algo que sin embargo tenía contras como la limitación del tamaño de la red o la falta de profesionalidad de los familiares en la arte de la mercatura. Por esta razón las redes de la “nación” catalanovalenciana en Sevilla se basaron, sobre todo, en la procedencia del mismo territorio o corona, ya que ofrecía una mayor diversidad en términos de puntos de contacto. Esta articulación comunitaria daba muchas más garantías debido a que los distintos miembros del grupo comercial estaban en constante contacto por carta generando así un sistema mutuo de vigilancia e información para el cumplimiento de los distintos acuerdos10. Las malas prácticas mercantiles no sólo eran sancionadas por la traición al socio sino que el comerciante deshonesto sería congelado eficazmente por toda la red como el caso de los hermanos turolenses Sadornil11. A pesar de ello, estos métodos de control solo fueron complementarios a los que ofrecían las instituciones formales como Estudios Andaluces, Consejería de la Presidencia, Sevilla, 2008; Enrique Otte, Sevilla y sus mercaderes a fines de la Edad Media, Antonio Miguel Bernal, Antonio Collantes de Terán (eds.), Universidad de Sevilla, Vicerrectorado de Relaciones Institucionales y Extensión Cultural [etc.], Sevilla, 1996. 4 Estos intereses los apuntó P. Villar advirtiendo la participación catalana en el circuito comercial IndiasSevilla (o Lisboa)- Medina del Campo desde Barcelona y Perpiñán durante la 1ª mitad del siglo XVI. Pierre Villar, Oro y Moneda en la Historia (1450-1920), ed. Ariel, Esplugues de Llobregat, Barcelona, 1974, p.116. 5 E. Otte, Sevilla siglo, XVI…, pp.208-311. 6 V. Vázquez de Prada, “La colonia mercantil…”, pp.734-738. 7 Manuel Vaquero Piñeiro, “Mercaderes catalanes y valencianos en el consulado de Roma”, Revista d’Història Medieval, 9, (1998), pp.155-172. 8 Regina Grafe, “On the spatial nature of institutions and the institutional nature of personal networks in the Spanish Atlantic”, Culture & History Digital Journal, 3(1), Junio (2014), pp.1-5. 9 Eufemio Lorenzo Sanz, Comercio de España con América en la época de Felipe II. Tomo I: Los Mercaderes y el tráfico indiano, Diputación Provincial de Valladolid, Valladolid, 1979, pp.130-151. 10 Se observan circuitos comerciales y postales entre Sevilla, Santo Domingo y Barcelona, en Archivo Histórico Provincial de Sevilla (en adelante AHPSe), Protocolos Notariales de Sevilla (en adelante PNS), leg.9.156, ff.132 r.-147 r.; también entre Sevilla y Cádiz, en AHPSe, Archivo Audiencia Territorial (en adelante AAT), leg.29.180, exp.2, f.28 r.; por último, entre Sevilla y Valencia, en AHPSe, AAT, leg.29.180, exp.2, f.23 r. 11 AHPSe, PNS, leg.9.156, f.10 v.

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el Consulado o los tribunales ordinarios para enfrentarse a los altos grados de incertidumbre del comercio a larga distancia. Junto a la confianza, debía confluir otro elemento como eje indispensable para la pertenencia a la comunidad mercantil, la maximización económica, ya que no debemos olvidar que el beneficio era el principal acicate en el razonamiento económico de estos hombres de negocios del siglo XVI12. También debemos de apuntar la existencia del mayor peso e influencia de algunos mercaderes en el seno de la comunidad debido al papel representativo que ejercieron de ésta frente al resto de “naciones” e instituciones formales. Uno de los principales fue el valenciano Perot Forcadell, el cual encarnaba perfectamente la confluencia entre confianza y maximización económica en aspectos como su antigüedad en el tráfico comercial, volumen de éste y longevidad de estancia en Sevilla. Este rol representativo se dio como diputado informal o cónsul “oficioso” de la comunidad mercantil13 puesto que no podemos hablar de “cónsul” como tal ya que ni valencianos ni catalanes lo poseían en Sevilla14. En un segundo escalón se situarían otros mercaderes como Galcerán Desclergue seguido de Toribio Manzano, Miguel Izquierdo, Rafael Codina, etc15. Por otra parte, la “nación” catalano-valenciana destacó entre el resto de comunidades mercantiles extranjeras asentadas en Sevilla, y así lo demuestran algunos documentos trascendentales para la historia económica hispalense, como el poder de la avería de 153816 o la cobranza de cuantiosas deudas de grandes mercaderes 17. Incluso se desprende el destacado rol como intermediario que jugó en el aparato económico euroamericano de los grandes hombres de negocios genoveses18. Otro de los aspectos fundamentales del grupo fue el de la multinacionalidad propia de una confederación como la aragonesa. Para ello habremos de considerar la utilización estratégica de la naturaleza por parte de los miembros de la “nación” mercantil sobre todo entre catalanes y valencianos (incluso algunos aragoneses) en los que su naturaleza se muestra confusa en numerosas ocasiones19. Varios estudios apoyan el interés que suscitaba en un individuo la pertenencia a una “nación” u organización en según qué momento, sobre todo, cuando los beneficios que implicaban esta pertenencia 12

Montserrat Cachero Vinuesa, “Redes mercantiles en los inicios del comercio atlántico. Sevilla entre Europa y América, 1520-1525” en Nikolaus Böttcher, Bernd Hausberger, Antonio Ibarra (coords.), Redes y negocios globales en el mundo ibérico, siglos XVI-XVIII, vol.137, Madrid, Biblioteca Iberoamericana; Frankfurt am Main, Iberoamericana Vervuert, 2011. pp.25-50. 13 AHPSe, PNS, leg.9.156, ff.516 r.-520 r. y ff.619 r.-624 v. Y Enrique Otte, ”Los mercaderes transatlánticos bajo Carlos V”, Anuario de Estudios Americanos, 47, (1990), pp.96-121. 14 Ricardo Franch Benavent, ”El comercio en el Mediterráneo español durante la Edad Moderna: Del estudio del tráfico a su vinculación con la realidad productiva y su contexto social”, Obradoiro Historia Moderna, 17, (2008), p.82. 15 E. Otte, “Los mercaderes transatlánticos…”, p.120. 16 Ibídem, p.121. 17 AHPSe, PNS, leg.9.156, ff.516 v.-520 v. y ff.619 r.-624 v. 18 Véanse los incesantes negocios con los Centurión, en AHPSe, PNS, leg.9.161, f.595 r.; los Espíndola, en AHPSe, PNS, leg.9.163, f.1.254 r.-1.255 v.; los Cataneo, en AHPSe, PNS, leg.9.156, ff.220 v.-221 r.; los Leardo, en AHPSe, PNS, leg.9.162, f.1147 r.; los Salvago, en AHPSe, PNS, leg.9.156, f.123 r.; y los Grimaldo, en AHPSe, PNS, leg.9.156, f.271 v. 19 Para valencianos (Francisco Remón de Llenes, Perot Forcadell y Jerónimo Mayor) y catalanes (Galcerán Desclergue, Jerónimo Pedrálvarez, Felipe de Ribas) en Archivo General de Indias (en adelante AGI), Justicia (en adelante J), leg.733, nº1, y en AHPSe, AAT, leg.29.180, exp.2. Y para aragoneses (Miguel Sadornil, Francisco Sadornil, Domingo Simón) en AHPSe, PNS, leg.85, f.1.265 v. V. Vázquez de Prada, “La colonia mercantil…”, pp.733-739 y P. Desportes Bielsa, “Aragón en el…”, pp.194-198.

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superasen a los costos, generando que los individuos se comportasen como un todo en defensa de dichos beneficios20. Siguiendo la propuesta de Herzog podemos teorizar que la vindicación de la naturaleza valenciana o catalana se hallaba relacionada con la pretensión de gozar de un régimen especial, normalmente privilegiado y exclusivista21. Dado que la condición de natural permitía el acceso a un sistema normativo particular, discusiones en torno a quién era valenciano o catalán y quién no, aparecerían solo cuando era necesario distinguir entre unos y otros con el fin de aplicarles este régimen normativo particular. Conjuntamente en este caso concreto, también operaba el hecho de que esta discriminación solo se aplicaba en ciertos terrenos. La pertenencia a una comunidad u otra no era una situación abstracta, sino una observación concreta que se hacía cuando era necesaria y sólo se manifestaba en momentos de crisis o competición por distintos intereses económicos o políticos. Muchos aspectos podían influir en una errónea conclusión sobre la procedencia de una persona determinada como los indicadores externos o las presunciones que asumían que quien obraba como perteneciente a un grupo y protegía sus intereses, era natural de dicha organización. La naturaleza y procedencia no eran un estatus fijo, sino una clasificación que reflejaba la situación que unas personas tenían en relación con el grupo social que les rodeaba, reflejo que no solo cambiaba continuamente sino que además era polivalente. Por todo ello, las identidades podían ser manipuladas permitiendo a los interesados escoger la condición que más les convenía adquiriendo estos mercaderes, una u otra siguiendo criterios estratégicos, aunque en otros casos se vio impuesta desde fuera, en función del razonamiento económico de un hombre de negocios del siglo XVI22. A esta confusión contribuyeron las migraciones catalanas hacia Valencia a raíz de la guerra de los Remensas de finales del siglo XV que generaron importantes lazos entre ambos territorios23. A esto deberemos de añadir también el simple desconocimiento por parte de los escribanos castellanos de la realidad y toponimia de la Corona de Aragón, provocando gran confusión en los registros notariales y oficiales. Esta reflexión nos lleva a pensar que estos mercaderes se moverían en una delgada línea en la que la conveniencia de ser valenciano o catalán simplemente varió en función de los distintos intereses económicos y que se basó más en ello que en otros aspectos como la propia confianza o lazos familiares o amistosos. Sin embargo, cuando ambas “naciones” realizaban negocios bajo una compañía o entre ellas, éstos se diferenciaban de sus vecinos territoriales, denominándose a sí mismos como valencianos o catalanes en según qué caso. Ello nos muestra que todos tuvieron muy claro cuál era su “nación” y que conformaban realidades sociales y políticas diferentes aunque muy similares, sobre todo a los ojos de castellanos y extranjeros. Por tanto, esta confusión, intencionada o no, fue beneficiosa en casi todas las ocasiones para ambas comunidades provocando una simbiosis, que se vio potenciada por un lengua común y la pertenencia a una misma corona. En el seno del grupo mercantil catalano-valenciano situado en Sevilla se desarrollaron gran diversidad de actitudes y comportamientos propios de los hombres de 20

M. Cachero Vinuesa, “Redes mercantiles en…”, pp.25-50. Tamar Herzog, “Naturales y Extranjeros: sobre la construcción de categorías en el mundo hispánico”, Cuadernos de Historia Moderna, X, 2011, pp.21-25. 22 Ibídem, pp.25-31. 23 Manuel J. Peláez, Catalunya després de la guerra civil del segle XV. Institucions, formes de govern i relacions socials i econòmiques (1472-1479), Barcelona, Curial, 1981. 21

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negocios del siglo XVI. En primer lugar debemos destacar las distintas posiciones respecto a la apetencia de escala social en Sevilla y América. Uno de los mercaderes que encaminó su actividad comercial de cara a un posible ascenso social fue el catalán Antón Joven (regidor de Tenerife desde 1520) 24 que tras desarrollar una prolija actividad comercial entre Puerto Rico y Sevilla (desde 1525) 25 , falleció en Santo Domingo sobre 1542, dejando concertado el matrimonio por poderes de su hija Oflina Jover con Juan de Ayala, hijo de Juan de Ayala que fue veinticuatro de Sevilla y que tuvieron que hacer efectivo Domenico Rizo, regidor de Tenerife, y, Alonso Montiel, vecino y amigo también tinerfeño26. Las condiciones para la celebración de dicho enlace fueron las de poseer un patrimonio de más de 2.000 doblas por parte del dicho Ayala27 y de 500 ducados de dote por parte de la novia para las determinadas cargas del matrimonio28. Otro episodio de ascenso social frustrado fue el del mercader catalán Juan Oto Soldevila29 que marchó a Santo Domingo entre 1517-1520 y de ahí a Cuba para recalar finalmente en México en 1525 donde poseyó algunos solares y el cargo de mayordomo del hospital de Santa María de México y de su cofradía. Fruto del nivel económico que alcanzó, llegó a casar con una de las doncellas de la marquesa del Valle, Catalina Materano, pero este matrimonio sólo duró ocho meses debido al asesinato de su propia esposa a causa de los celos. Fue sometido a juicio y tormento por la Audiencia aunque no se consiguió que declarase su culpabilidad y hubo de ser declarado inocente (1530). Pero tres años más tarde, el padre de la doncella, Juan Pérez Materano, reabrió el caso y se trasladó a Castilla donde obtuvo la ayuda de los Colón y sus amigos. Finalmente en 1535 consiguieron que los miembros del Consejo de Indias rectificasen la sentencia y condenaran a Soldevila a destierro perpetuo de México30. Se trasladó a Santo Domingo donde continuó con sus actividades comerciales con distintos mercaderes catalanes y aragoneses, etc31. En la capital dominicana le sobrevino la muerte a inicios de 154232 y reclamó su herencia la hija de su primer matrimonio con Leonor Sunier, Isabel Juana junto con su esposo, Juan de Molines, consistente en una póliza de seguro de 1800 ducados así como una serie de cantidades adeudadas33. Sin embargo, hemos observado que otros miembros de la comunidad no intentaron escalar en la sociedad sevillana o colonial, como es el caso de Galcerán Desclergue que regresó a Barcelona en 155134 o de Felipe de Ribas quien conservaba todavía su vivienda en la ciudad condal en la calle de las Ginas aunque no pudo regresar a ella puesto que le sorprendió la muerte antes 35 . En otros casos, simplemente no 24

Juan M. Bello León y María del C. González Marrero, ”Los otros extranjeros”: catalanes, flamencos, franceses e ingleses en la sociedad canaria de los siglos XV y XVI (primera parte)”, Revista de Historia Canaria, 180, (1998), p.31. 25 E. Otte, “Los comienzos del…”, pp.462-474. 26 AHPSe, PNS, leg.9.156, ff.40 r.-45 r. 27 Ibídem, ff.49 r.-v. 28 Ibídem, f.180 v. 29 Ibídem, f.140 r. Su nombre real era Juan Oto Soldevila. 30 E. Otte, “Los comienzos del…”, pp.470-472. 31 AHPSe, PNS, leg.9.156, f.486 r. Y E. Otte, “Los comienzos del…”, p.470. 32 Ibídem, ff.132 r.-147 r. 33 Ibídem, ff.248 r.-v. 34 Marcha a Barcelona, en AHPSe, PNS, leg.1.072, f.786 v.; avecindamiento en Barcelona, en AHPSe, PNS, leg.9.169, f.2072 r. 35 Falleció en Sevilla en 1548, en AHPSe, PNS, leg.9.162, f.973 r.

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tuvieron interés alguno por regresar a su tierra natal ni de ascender socialmente como Jaime Planes (amancebado y con dos hijas en Sevilla)36 o Nicolás Terreu casado con una sevillana aunque instalado en Nueva España por su actividad mercantil donde falleció37. La “nación” mercantil se hallaba muy cohesionada tanto a nivel profesional como personal como muestra la estrechez de lazos entre los miembros del grupo. Destacan los casos de auxilio a las hijas de Planes por Galcerán Desclergue y Jerónimo Pedrálvarez38 o los préstamos a Felipe Ribas por parte del grupo catalano-valenciano39 o en la estancia en las casas de sus compañeros y conocimiento de sus avatares personales40. Estas relaciones tan cercanas se muestran incluso en la muerte donde los miembros de la comunidad ejercen como albaceas de sus compañeros difuntos41. Los potentes lazos de la comunidad quedan patentes con el solar de origen y otros puntos a través del conocimiento personal de los familiares y conocidos de los mercaderes tanto en Valencia como en Barcelona 42 o de las íntimas relaciones con las instituciones religiosas de la Corona de Aragón43. Estas conexiones se potenciarían todavía más con los distintos poderes, negocios o intermediaciones que realizaban desde Sevilla en nombre de los mercaderes barceloneses o valencianos 44 . A continuación veremos algunos casos de los principales representantes de la “nación” catalano-valenciana en Sevilla. 1. Jaime Planes El catalán Jaime Planes nació en Sanahuja (Lérida) en 1498 en el seno de una familia de origen campesino aunque Jaime pronto se dedicó al comercio en Barcelona. Casó con Olalla en la ciudad condal desde al menos 1510 con la que tuvo a Perot Planes, el cual falleció al poco de ser enviado por su padre a América en 1530. Este hecho pudo distanciar a la pareja catalana, junto con las relaciones extramatrimoniales con María 36

E. Otte, “Los comienzos del…”, p.462, y en AGI, J, leg.733, nº1. AHPSe, PNS, leg.9.162, f.58 r., leg.9.164, f.663 r. 38 AGI, J, leg.733, nº1, ff.328 r.-360 r. 39 Para Dalmao Ros, Galcerán Desclergue y Francisco Remón de Llenes, en AHPSe, PNS ,leg.5.872. ff.235r.-v.; para Vicente Mercadal y Rafael Codina, Ibídem, ff. 236 r.-v. 40 En declaraciones de Galcerán Desclergue, Felipe de Ribas y Jerónimo Pedrálvarez sobre la vida de Jaime Planes, en AGI, J, leg.733, nº1, ff.54 r.-66 r.; en declaraciones de Galcerán Desclergue, Felipe de Ribas y Atanasio Navarro sobre la vida de Jerónimo Mayor, en AHPSe, AAT, exp.2, leg.29.180, ff.22 v.23. r., 24 r. 41 Galcerán Desclergue como albacea de Nicolás Terreu en AHPSe, PNS, leg.9.162, f. 58 r., leg.9.164, f.663 r.; Para Felipe de Ribas como albacea de Jaime Planes, en E. Otte, “Los comienzos del…”, pp.462463 y AGI, J, leg.733, nº1, ff.20 r.-48 v. 42 Los mercaderes Perot Forcadell, Jaime Codina, Galcerán Desclergue, Felipe de Ribas y Jerónimo Pedrálvarez conocían a las hijas y amante de Jaime Planes, en AGI, J, leg.733, nº1, ff.49 r.-70 r.; Perot Forcadell, Galcerán Desclergue y Bernal Minguella conocían a los familiares de Planes en Barcelona, en AGI, J, leg.733, nº1, ff.231 r.-330 r.; Francisco Remón de Llenes, Felipe de Ribas y Galcerán Desclergue a los familiares de Jerónimo Mayor en Valencia, en AHPSe, AAT, leg.29.180, exp.2, f.7 r.-23 r., 43 Relaciones de Jaime Planes con diferentes cofradías de Barcelona y el monasterio de Montserrat, en AGI, J, leg.733, nº1, ff.64-82; otras relaciones también de Jaime Planes con parroquias barcelonesas, en E. Otte “Los comienzos del…”, p.461; Perot Forcadell se encargó de recoger y enviar donativos desde Sevilla al monasterio de Monserrat en Barcelona, en AHPSe, PNS, leg.9.156, f.636 r. 44 Perot Forcadell desde Sevilla con Francisco Casademunt y su criado Baldivio Puga, en AHPSe, PNS, leg.9.156, f.24 v.; Galcerán Desclergue con la sociedad de Francisco Xifre y los Codina, en José Mª Madurell Marimón, “Notas sobre…”, pp.569-571. 37

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Gómez y Ana Díaz que le trajeron dos hijas ilegítimas afincadas en Sevilla, ambas llamadas Catalina45. Condujo desde Barcelona a Sevilla su propia nave que le llevó posteriormente a Santo Domingo, donde representó a la compañía de Miguel Jover durante su ausencia y formó sociedad con Felipe de Ribas y su criado Jerónimo Pedrálvarez, la cual les generó pingües beneficios entre 1526 y 1530, fecha en la que regresó a Sevilla. Además durante este tiempo, Planes participó en la defensa de Santo Domingo contra el pirata Diego Ingenios. En 1535 retornó a La Española como socio y factor del jurado de Sevilla Álvaro Briones y realizó negocios con los nuevos catalanes llegados a Sevilla. El 31 de mayo de 1537, falleció en Santo Domingo y fue enterrado al día siguiente en el convento dominico de la propia ciudad. Poco tiempo después sus cuentas fueron comisionadas para ser cobradas por sus socios, en 1538 liquidados sus negocios y en 1539 se produjo la llegada de los bienes y dineros de manos de su criado, Jerónimo Pedrálvarez. Nombró a su hermano Juan como heredero en su testamento al carecer de ellos y reservó la heredad paterna a su sobrina Catalina, hija de su otro hermano Pedro. Sin embargo, poco después falleció Juan instituyendo a Catalina como heredera universal. Esto generó un conflicto entre las herederas de Jaime (su sobrina Catalina y su esposa Olalla) y varios acreedores y los procuradores de las hijas ilegítimas de Jaime Planes. La sentencia final señaló como herederas a ambas aunque con la manda de 600 pesos de oro para las dos hijas ilegitimas y 30 ducados anuales hasta los doce años para su manutención46. 2. Perot Forcadell Tras Jaime Planes, el valenciano Perot Forcadell (1499-¿?) 47 , ejerció como “cónsul oficioso” del grupo mercantil en numerosas ocasiones debido a la inexistencia de consulado48. No tenemos datos sobre su vida antes de su llegada a Sevilla que tenemos atestiguada de forma segura en 1521. A partir de este instante Perot y su hermano Juan dirigieron una importantísima sociedad mercantil que tuvo radicadas sus bases en Sevilla, con el propio Perot, y en Valencia, con Juan. Dicha compañía familiar desarrolló un amplio espectro de negocios en los que trató con trigo procedente de la meseta castellana 49 , gran cantidad de paños de Valencia de distinta tipología 50 , préstamos51 y juros, producto de los secuestros reales52. Los hermanos Forcadell mantuvieron importantes actividades financieras entre las que destacaron el préstamo y el cambio como lo demuestra el intenso tráfico de letras en las que participaron procedentes de las ferias Medina del Campo y Villalón así como de las principales plazas económicas europeas como Roma, Valencia y Sevilla53. Respecto a la participación en el comercio americano desde Sevilla destacaron sus 45

E. Otte, “Los comienzos del…”, pp.460-470. Ídem. 47 AGI, J, leg.733, nº1, ff.215 r.-221 r. 48 AHPSe, PNS, leg.9.156, f.619 r.-624 v.; E. Otte, ”Los mercaderes transatlánticos…”, pp.96-121. 49 E. Otte, Sevilla, siglo XVI…, p.52. 50 Ibídem, p.208. 51 AHPSe, PNS, leg.9.156, f.356 v. y 483 r. 52 AGI, Contaduría (en adelante CD), leg.1.051, cuentas de Alonso de la Torre. También en E. Otte, “Los comienzos del…”, p.471. 53 Para cobrar en Sevilla desde Medina del Campo y Villalón, en AHPSe, PNS, leg.9.156, ff.516 v-.520 v.; para Valencia, en AHPSe, PNS, leg.9.156, f.123 r.; para Roma, en AHPSe, PNS, leg.9.156, ff.220 v.221 r. 46

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negocios con Santo Domingo desde 1521 y posteriormente Nombre de Dios, Cartagena de Indias y Veracruz en los que obtuvieron oro y plata. También formaron parte como armadores de la expedición de Sebastián Caboto a las Molucas en 1525 54 . Además tuvieron relación importante con el Principado participando en el cumplimiento de testamentos de vecinos sevillanos relacionados con el donativo al monasterio de Monserrat en Cataluña. Por último, los Forcadell fueron intermediarios de importantes mercaderes barceloneses como Francisco Casademunt55. 3. Galcerán Desclergue El sucesor de Jaime Planes fue Galcerán Desclergue. Nacido en 150756 de una familia con posible orientación mercantil como demuestran su hermano Pedro57 y Lluis58, un posible pariente de Desclergue afincado en Cádiz. Distintas evidencias nos indican que podría haber estado al servicio de Jaime Planes desde 1533-1534 hasta su muerte en 153759. Este período le pudo haber conseguido multitud de contactos así como le brindó la oportunidad de ocupar el puesto que Planes había tenido como principal mercader catalán. Esto parece indicar el exponencial crecimiento de sus negocios tanto a nivel individual como en distintas compañías: en primer lugar con Álvaro de Briones y el valenciano Francisco Remón de Llenes entre 1540 y 1544; en segundo lugar con Llenes en solitario entre 1542-1548; y en tercer lugar con el también valenciano Jerónimo Fenol entre 1548-155160. Sus numerosos tratos le llevaron a crear una amplia red que comprendía una gran parte de los territorios bajo la autoridad del emperador Carlos V, desde las Coronas de Aragón (Barcelona, Tarragona, Valencia, Alicante) 61 y Castilla (Sevilla, Málaga, Cádiz, Granada, Ayamonte, Fregenal de la Sierra, Marchena) 62 con sus extensiones indianas (Santo Domingo, Puerto Rico, La Habana, Nombre de Dios y Veracruz) 63 , hasta Flandes (Amberes)64. Y por último también nos constan contactos con Portugal (Lagos)65. De esta red participó comprando y vendiendo una gran multitud de productos (harina, aceite, vino, arroz, paños, calzado, equinos, metales preciosos, perlas, esclavos, cueros, azúcar, sardinas, batatas, cáñamo) 66 así como bienes inmuebles (casas y 54

Ibídem, p.467. AHPSe, PNS, leg.9.156, f.24 v.-25 r. 56 E. Otte, “Los comienzos del…”, p.469. 57 J. Mª. Madurell Marimón, “Notas sobre el…”, pp.569-572. 58 AHPSe, PNS, leg.9.823, f. 342 r. 59 Carlos Martinez Shaw, “Cataluña y el…”, p. 234. 60 1º compañía: AGI, Santo Domingo (SD en adelante), leg.868, lib.2, f.295 r.; 2º compañía: AHPSe, PNS, leg.9.162, f. 906 r., E. OTTE, Sevilla, siglo XVI…, p. 151; 3ºcompañia: AHPSe, PNS, leg.9.164, f. 978 v.- 979 r., etc. 61 Barcelona y Tarragona, en AHPSe, PNS, leg.9.163, f.262 r.; Valencia, en AHPSe, PNS leg.6.704, s.f., en 2 de junio; Alicante, en E. Otte, Sevilla, siglo XVI…, p.146. 62 Sevilla, en AHPSe, PNS, leg.9.162, f.1.135 r.; Málaga, en AHPSe, PNS leg.9.163, f.262 r.; Cádiz, en AHPSe, AAT, leg.29.180, exp.2.; Granada, en AHPSe, PNS, leg.1.547, f.88 r.; Ayamonte, en AHPSe, PNS, leg.9.162, f.1.147 r.; Fregenal, en AHPSe, PNS, leg.10.569, f.421 r.; Marchena, en E. Otte, Sevilla, siglo XVI…, p.132. 63 AGI, Indiferente General (en adelante IG), leg.1.801 y 1.802. 64 AHPSe, PNS, leg.9.157, f. 715 r. 65 AHPSe, AAT, leg.29.180, exp.2. 66 Harina, en AGI, Contratación (en adelante CT), leg.4.948 B; aceite, en E. Otte, Sevilla, siglo XVI…, p.146; vino, en AGI, IG, leg.1.802, y Enrique Otte, “Los comienzos del…”, p.477; arroz, en AHPSe, PNS, leg.10.573, f.1.357r.; paños, en AHPSe, PNS, leg.1.547, f.980 r., y E. Otte, Sevilla, siglo XVI…, 55

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tierras) 67 . En el mercado financiero realizó numerosos préstamos 68 , juros 69 , intermediaciones 70 , pólizas de seguro 71 e incluso poseyó participaciones en naos 72 . Tenemos la constancia de su vuelta a Barcelona y en 1551 perdemos todo rastro de su actividad mercantil y financiera en la ciudad de Sevilla73. 4. La sucesión generacional Estos importantes hombres de negocios catalanes y valencianos en la Sevilla de la primera mitad del siglo XVI fueron sucedidos, en el intervalo de finales de los cuarenta, por una serie de jóvenes mercaderes, que fueron ocupando la cuota comercial que iban dejando estos comerciantes, que debido a sus avanzadas edades iban falleciendo o simplemente decidían volver a la tierra que les vio nacer. A continuación veremos varios casos: Dalmao Ros: se hallaba en la ciudad ya entre 1544 y 154574. Parece ser que el joven mercader catalán se instaló en la capital hispalense en la collación de San Isidro. Se dedicaría al comercio activo de diferentes productos como cáñamo75, atún andaluz76 y luso 77 entre el Principado y Sevilla 78 . Su trato mercantil con Indias se centró fundamentalmente en la exportación de oro y plata a la metrópoli sevillana entre 1547 y 1552 79 . Actuaría tanto en solitario como en compañías 80 . Como todo comerciante también actuó como procurador y participó en el negocio del préstamo81 y del seguro82. Rafael Codina: conocemos su pertenencia a la amplia familia comercial de los Codina. Tenemos las primeras referencias de su actividad desde 1542-154383. Entre sus actividades comerciales destacan la intermediación para la venta de cera, que previamente adquiría de Cádiz y revendía en Sevilla a los candeleros 84 . También tenemos el caso en el que traficó con paños valencianos en 154685. Su comercio con

p.208; calzado, en AHPSe, PNS, leg.9.163, f.294 r.; equinos, en AHPSe, PNS, leg.9.165, ff.1.371 v.1.372 r.; metales preciosos (oro y plata), en AGI, IG, leg.1.801 y 1.802 y E. Otte, “Los comienzos del…”, pp.474-480; Perlas, en AHPSe, PNS, leg.9.157, f.311 r. y f.715 r. y E. Otte, “Los comienzos del…”, p.475; cueros, en AHPSe, PNS, leg.3.323, f. 1.082 r., leg.9.156, f.248 r.; esclavos, en AHPSe, PNS, leg.9.161, f.595 r.; azúcar, en AHPSe, PNS, leg.9.162, fol. 973 r.; sardinas, en AHPSe, PNS, leg.12.316, f.1.551 r.; batatas, en AHPSe, PNS, leg.9.824 en cuaderno de 23 de agosto; cáñamo, en AHPSe, PNS, leg.9.163, f.262 r. 67 Casas, en AHPSe, PNS, leg.9.822, f.974 r.; tierras, en E. Otte, Sevilla, siglo XVI…, p.153. 68 AHPSe, PNS, leg.9.162, f. 83 r. y f.906 r., leg.10.573, f.1.357 r., etc. 69 AGI, CD, leg.1.051, cuentas de Alonso de la Torre. Enrique Otte, “Los comienzos del…”, p.471. 70 AHPSe, PNS, leg.9.182, f. 222 v.-223 r., etc. 71 AHPSe, AAT leg.29.180, exp.2, f.42 v-45 r.; AHPSe, PNS, leg.9.156, f.486 r. 72 AHPSe, leg.9.169, f.2.072 v. 73 AHPSe, PNS, leg.1.072, f.786 v. y leg.9.169, f.2.072 r. 74 AHPSe, PNS, leg.9.163, f.350 r. 75 AHPSe, PNS, leg.9.163, f.262 r. 76 AHPSe, PNS, leg.9.163, f.349 r. 77 E. Otte, Sevilla, siglo XVI…, p.167. 78 Ídem. 79 E. Otte, “Los comienzos del…”, pp.478-480, y en AGI, IG, leg.1.802. 80 Ibídem, p. 470, y en AHPSe, PNS, leg.9.171, f.1.193 v. y f.1.239 v. 81 AHPSe, PNS, leg.5.872. f.235 r. 82 AHPSe, PNS, leg.9.171, f. 1.362 v. 83 E. Otte, Sevilla, siglo XVI…, p.311. 84 Ibídem, p.65. 85 Ibídem, p.208.

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Miguel ROYANO CABRERA

América se observa en la llegada de remesas de metales preciosos a su nombre desde 1544 en adelante (1549, 1552, 1553, etc)86. Vicente Mercadal: de este joven catalán tenemos noticias de la participación de compra de azúcar en Sevilla procedente de las Azores a mediados de los 5087. Además participó en la compra de colorante, la grana cochinilla mexicana, la cual se adquiría en compra anticipada y se pagaba en mercancías, normalmente, tejidos de alta calidad88. También formó parte en la compañía de 1553 con Dalmao Ros y otros mercaderes 89. Y finalmente, desarrolló un importante papel en la exportación de metales preciosos americanos a la urbe hispalense entre 1550 y 155690. 5. Conclusión En definitiva, este trabajo sobre el grupo mercantil catalano-valenciano afincado en la Sevilla de la primera mitad del siglo XVI debe ser un acicate para primero, reflexionar sobre la verdadera dimensión de su actividad económica con Indias y Europa; segundo, entender el rol que ejerció como intermediario en el sistema comercial de las grandes “naciones” mercantiles de la época como la genovesa; tercero, poner énfasis en la concepción de la comunidad mercantil catalano-valenciana como un ente informal, flexible, multinacional, heterogéneo aunque cohesionado como se desprende en la variedad de prácticas, actitudes y comportamientos expuestos a lo largo del trabajo. Estas conclusiones nos permiten poner sobre la mesa, la posible conexión entre los beneficios económicos procedentes del trato indiano desde Sevilla con la aparición de nuevos fenómenos como, por ejemplo, el eje económico Barcelona-Génova y la recuperación comercial del Mediterráneo occidental en la segunda mitad del XVI.

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E. Otte, “Los comienzos del…”, pp.476-479, y en AGI, IG, leg.1.801 y 1.802. E. Otte, Sevilla, siglo XVI…, p.183. 88 Ibídem, p.83. 89 E. Otte, “Los comienzos del…”, p.470. 90 Ibídem, p.480, y en AGI, IG, leg.1.802 desde 1550. 87

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Pautas de movilidad de las familias portuguesas a Sevilla (1600-1615) Mobility patterns of Portuguese families to Seville (1600-1615) Ignacio GONZÁLEZ ESPINOSA Universidad de Sevilla

Resumen: A pesar de la importancia de la emigración portuguesa hacia Castilla, aún nos queda mucho para poder conocer mejor el impacto que tuvo esta población en los distintos núcleos urbanos. Tomando como marco la Sevilla de inicios del siglo XVII daremos aquí algunos datos sobre las pautas de movilidad de estos inmigrantes, la edad que tenían cuando salieron de sus hogares, los lugares de origen y detalles sobre las rutas seguidas en estos procesos migratorios. Palabras clave: migración, Portugal, Castilla, Sevilla, movilidad, rutas, procedencia. Abstract: In spite of the importance of the portuguese emigration to Castilla, we don’t know yet the real effect that this population had in the differents urban centres. Taking as reference the city of Sevilla in the beggining of the 17th century, we give here some details about the patterns of mobility of this inmigrants, such as the age they had when he leaves their homes, the places they were born and some aspects about the routes they followed. Keywords: migrations, Portugal, Castilla, Sevilla, mobility, routes, origins.

1. La emigración y la población portuguesa en la España Moderna Entre los objetos de estudio tratados por la historiografía, la investigación en torno a los colectivos extranjeros ha gozado, y goza, de un gran interés. A ello contribuyó en gran medida la obra de Antonio Domínguez Ortiz, quien no dejó de legarnos nuevas perspectivas y enfoques a seguir por parte de las futuras generaciones de historiadores; en este sentido, la reedición de “Los extranjeros en la vida española durante el siglo XVII1” puso de nuevo sobre el tablero la importancia de las comunidades foráneas en España a lo largo de toda la época moderna. A la celebración de coloquios y conferencias que han abordado desde distintas ópticas el papel de las migraciones y de los extranjeros2, así como la publicación de interesantes artículos en revistas especializadas como Baética: estudios de arte, geografía e historia o Cuadernos de Historia Moderna 3 , habría que sumar las 1

Antonio Domínguez Ortiz, Los extranjeros en la vida española durante el siglo XVII y otros artículos, edición dirigida por León Carlos Álvarez Santaló, Sevilla: Diputación de Sevilla, Área de Cultura y Ecología, 1996. 2 María Begoña Villar García y Pilar Pezzi Cristóbal (dirs.), Los extranjeros en la España Moderna: Actas del I Coloquio Internacional, celebrado en Málaga del 28 al 30 de noviembre de 2002, Ministerio de Ciencia e Innovación, 2003. Antonio Erias Roel y Ofelia Rey Castelao (dirs.), I Conferencia Europea de la comisión Internacional de Demografía Histórica, Xunta de Galicia: Consellería de Educación e Ordenación Universitaria, 1994. 3 En 2010 esta revista dedicó un monográfico a “Los extranjeros y la Nación en España y la América española”. Cuadernos de Historia Moderna. Anejos, nº 10 (2011).

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numerosas monografías que se han preocupado de los extranjeros: franceses, genoveses, irlandeses, etc4. Sin ánimo de ser exhaustivos, y teniendo en cuenta la multiplicidad de enfoques y trabajos existentes, solo pretendemos aquí señalar la importancia de la que ha gozado esta temática en los últimos años5. En esta comunicación nos centraremos en la emigración portuguesa hacia Castilla. Contamos con investigaciones que hacen referencia al papel comercial de estos portugueses, así como la implantación en las costas andaluzas de factorías que tenían como fin el abastecimiento de los presidios lusos de las costas norteafricanas 6 . Igualmente sabemos que tuvieron un relevante papel en el comercio indiano7, llegando a embarcarse hacia la América Española 8 a pesar de las prohibiciones existentes al respecto9. Por otro lado, tradicionalmente se ha identificado a estos portugueses con criptojudíos que llegaron a Castilla huyendo de la Inquisición lusa, ofreciendo la documentación inquisitorial buena fe de ello 10 . Algunos de ellos tendrán un papel destacado como banqueros en la corte de Felipe IV11. 4

Algunos ejemplos: Manuel González Jiménez, Genoveses en Sevilla (siglos XIII-XV), La Laguna: Universidad de la Laguna, 1988. Ana Crespo Solana, Entre Cádiz y los países bajos. Una comunidad mercantil en la ciudad de la Ilustración, Cádiz: Ayuntamiento de Cádiz, 2001. Igor Pérez Tostado y Enrique García Hernán (eds.), Irlanda y el Atlántico Ibérico. Movilidad, participación e intercambio cultural (1580-1823), Valencia: Albatros Ediciones, 2010. José Antonio Salas Ausens, En busca de El Dorado: inmigración francesa en la España de la Edad Moderna, Bilbao: Universidad del País Vasco, 2009. 5 Véase el artículo de María Begoña Villar García, donde lleva a cabo una síntesis de los más importantes hitos historiográficos en este sentido. María Begoña Villar García, “Los extranjeros en la España Moderna: un campo historiográfico en expansión”, Baética: estudios de arte, geografía e historia (2007), nº 29, pp. 425-441. La autora es también coordinadora de un libro sobre la inmigración irlandesa: María Begoña Villar García (coord.), La emigración irlandesa en el siglo XVIII, Universidad de Málaga, Málaga, 2000. 6 Tomás García Figueras, “Los factores portugueses en Andalucía en el siglo XVI”, Archivo Hispalense, tomo VIII, nº 23-24 (1947), pp. 151-191.Manuel Henrique Corte Real, A feitoria portuguesa na Andaluzia (1500-1532), Lisboa: Instituto de Alta Cultura, Centro de Estudios Históricos, 1967. Más reciente: Antonio Moreno Osorio, “Apuntes sobre la evolución de la factoría portuguesa en Málaga durante el reinado de Carlos V (1516-1556)”, Isla de Arriarán: revista cultural y científica, nº 29 (2007), pp. 66-80. 7 José Manuel Díaz Blanco, “La corona y los cargadores a Indias portugueses de Sevilla (1583-1645)” en Felipe Lorenzana de la Puente y Francisco J. Mateos Ascacíbar (coords.), Iberismo. Las relaciones entre España y Portugal. Historia y tiempo actual: y otros estudios sobre Extremadura, Llerena: Sociedad Extremeña de Historia, 2008, pp. 91-104. En lo que respecta a la trata negrera atlántica, Manuel F. Fernández Chaves y Rafael M. Pérez García, “Sevilla y la trata negrera atlántica: envíos de esclavos desde cabo verde a la América Española, 1569-1579” en León Carlos Álvarez Santaló (coord.), Estudios de historia moderna en homenaje al profesor Antonio García-Baquero, Sevilla: Universidad de Sevilla, Secretariado de Publicaciones, 2009, pp. 597-622. 8 Maria da Graça A. Mateus Ventura, Portugueses no descobrimento e conquista da Hispano-América. Viagens e expediçoes (1492-1557), Lisboa: Edições Colibri, 2000. 9 Antonio García-Baquero González, “Los extranjeros en el tráfico con Indias: entre el rechazo legal y la tolerancia funcional”, en M. B. Villar García y P. Pezzi Cristóbal (dirs. congr.), Los extranjeros…, p. 82. 10 Simplemente mencionamos algunas obras de consulta. Michel Boeglin, L’Inquisition espagnole au lendemain du Concile de Trente: le tribunal du Saint-Office de Séville (1560-1570), Montpellier: Université Montepellier, 2003. Michael Alpert, Criptojudaísmo e Inquisición en los siglos XVII Y XVII, Barcelona: Ariel, 2001. Julio Sierra, Procesos en la Inquisición de Toledo. Manuscrito de Halle, Madrid, Trotta, 2005. 11 Antonio Domínguez Ortiz, Política y hacienda de Felipe IV, Madrid: Ediciones Pegaso, 1983. Más reciente, Carmen Sanz Ayán, Los banqueros y la crisis de la Monarquía Hispánica de 1640, Madrid: Marcial Pons Historia, 2013.

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Sin embargo, nos queda mucho por investigar, debido a la enorme heterogeneidad que caracterizó a estos migrantes, así como los distintos motivos que les llevaron a cruzar al otro lado de “la raya” 12. Además, estamos ante una emigración que responde a unas dinámicas sociales y demográficas que tiene unos orígenes que se pueden remontar, como mínimo, hasta la Edad Media13. 2. El marco espacial y temporal Andalucía fue una de las regiones que más atrajo a la población extranjera durante toda la Edad Moderna. A ello contribuía la enorme cantidad de zonas de cultivo, así como la existencia de grandes núcleos urbanos con un amplio y variado mercado artesanal. También influyó el comercio atlántico centrado en torno a la ciudad de Sevilla, único puerto que tenía permitido despachar barcos hacia el Nuevo Mundo. Actividades relacionadas directa o indirectamente con el comercio indiano llevaron a la ciudad a convertirse en una de las mayores urbes de la época. Desde muy pronto encontramos instalados en ella a un gran número de extranjeros, flamencos, genoveses y portugueses que irán desarrollando sus propias redes de solidaridad14. Los portugueses tendrán un notable papel en la economía y el comercio de la ciudad, diversificando sus negocios hacia una escala a nivel mundial y usando Sevilla como trampolín15. Por todo ello, Andalucía se convirtió en una zona de atracción para la población extranjera en general y portuguesa en particular, siendo la ciudad de Sevilla el lugar de referencia. El estudio de las migraciones extranjeras debe pasar, necesariamente, por la investigación en torno a este importante núcleo urbano. En cuanto al arco cronológico, el período comprendido entre finales del siglo XVI principios del siglo XVII muestra una serie de características claves para el estudio que venimos realiando. A partir de 1580, gracias a la Unión Ibérica, Portugal y Castilla estarán bajo la soberanía del mismo monarca, lo que aumentó y facilitó el trasvase de personas a un lado y otro de la frontera. Además, la fuerte persecución a la que se vieron sometidos los judeoconversos portugueses por parte de la Inquisición, les llevó a

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La necesidad de que no siempre se identifique a la población portuguesa con grandes hombres de negocio o judeoconversos ya fue señalada por Antonio Domínguez Ortiz, “La inmigración de corto y medio radio en la Andalucía Moderna: modalidades y comportamientos”, en A. Erias Roel y O. Rey Castelao (dir. congr.), I Conferencia…, p. 357-379. Por ejemplo, sabemos que en Jerez de la Frontera un gran número de portugueses acudían a las tareas de siembra y recogida de las mieses. Juan Diego Pérez Cebada, “La emigración portuguesa a Jerez, (siglos XVI-XVIII)”, en A. Erias Roel y O. Rey Castelao (dir. congr.), I Conferencia Europea… pp. 859-872. 13 José Luis Martín Martín, “Movilidad transfronteriza en la raya con Portugal después de Aljubarrota”, en Greogorio del Ser Quijano e Iñaki Martín Viso (eds.), Espacios de poder y formas sociales en la Edad Media, Salamanca: Universidad de Salamanca, 2007, pp. 155-170. El profesor López de Coca señala la importancia de los portugueses en la conquista del reino de Granada, José Enrique López de Coca Castañer, El Reino de Granada en la época de los Reyes Católicos: repoblación, comercio y frontera, vol. I, Granada: Universidad de Granada, 1989. 14 Jaime García Bernal y Mercedes Gamero Rojas, “Las corporaciones de nación en la Sevilla moderna. Fundaciones, redes asistenciales y formas de sociabilidad”, en Bernardo J. García García y Óscar Recio Morales, Las corporaciones de nación en la monarquía hispánica (1580-1750). Identidad, patronazgo y redes de sociabilidad, Madrid: Fundación Carlos de Amberes, editorial Doce Calles, 2014, pp. 347-387. 15 Manuel F. Fernández Chaves y Rafael M. Pérez García, “La penetración económica portuguesa en la Sevilla del siglo XVI”, Espacio, Tiempo y Forma. Serie IV, Historia moderna, tomo 25 (2012), pp. 199222.

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buscar refugio en España, de donde no en pocas ocasiones eran originarios 16 . Por último, la epidemia de peste que azotó a la fachada atlántica –y en especial a la corona portuguesa- llevó a que muchos individuos, cuyas familias habían quedado rotas, buscasen ahora una nueva oportunidad en otras zonas 17 . Así, estos años se perfilan como claves para estudiar un fenómeno que, aunque no dependía exclusivamente de factores coyunturales, debió de verse afectado por ellos. 3. La fuente histórica. Datos obtenidos Sin embargo, y a pesar de la importancia cuantitativa y cualitativa de esta población portuguesa, no siempre resulta fácil rastrear las huellas documentales que ha dejado su presencia. La gran mayoría de estudios que se han realizado en este sentido tienen como principal fuente la documentación inquisitorial. La documentación notarial resulta sumamente interesante para llevar a cabo estudios sobre los negocios y la penetración económica en la ciudad de determinados individuos, pero a través de ella no se pude conocer un fenómeno mucho más general y complejo como es el de las migraciones. Los padrones, por su parte, no son periódicos ni completos para esta época, ya que se llevaban a cabo con fines fiscales o militares. En cuanto a las fuentes parroquiales, además de dispersas, suelen ser bastante escuetas en los detalles que ofrecen sobre los individuos de origen extranjero, solo señalando su origen. Por todo ello, se hace necesario el uso de nuevas fuentes documentales para poder disponer de una visión más global de estos movimientos de población. En este sentido, los expedientes matrimoniales –documentación sobre la que venimos trabajando- resultan de gran importancia para realizar una investigación de estas características. Tras el Concilio de Trento, y con el fin principal de evitar los matrimonios clandestinos, se impuso la obligatoriedad de que los contrayentes fueron amonestados en sus respectivas parroquias antes de que la unión se llevase a cabo 18. Los futuros cónyuges debían presentar declaración en la que afirmen no tener ningún impedimento para contraer matrimonio, tales como haber profesado voto de castidad o religión, estar ya casados, etc. A ello debían sumar las declaraciones de testigos que lo corroborasen. Durante tres días seguidos de fiesta (o en su defecto celebraciones litúrgicas de asistencia obligatoria por parte de los fieles) eran anunciados los nombres de los contrayentes para que si alguien conociese algún motivo que impidiese que se llevase a cabo el matrimonio lo denunciase. Pasado este período los curas de las parroquias pasan a efectuar la unión entre ambos cónyuges. Todo esto nos ofrece una valiosísima información de cara a realizar nuestro estudio. Los expedientes matrimoniales recogen el nombre, la edad, residencia, oficio y 16

João Lúcio de Azevedo, Historia dos cristãos-novos portugueses, Lisboa: Livraria Classica Editora, 1921. Más reciente: Ana Isabel López-Salazar Codes, Inquisición y política: el gobierno del Santo Oficio en el Portugal de los Austrias (1578-1653), Lisboa: Universidad Católica Portuguesa, Centro de Estudios de História Religiosa, 2011. 17 Bernard Vincent, “La peste atlántica de 1596-1602”, Andalucía en la Edad Moderna: Economía y Sociedad. Granada: Diputación Provincial de Granada, 1985, pp. 51-80 18 Sobre ello se puede consultar: Ignasi Fernández Terricabras, Felipe II y el clero secular: la aplicación del Concilio de Trento, Madrid: Sociedad Estatal para la conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V, 2000. Primitivo Tineo, “La recepción de Trento en España (1565): disposiciones sobre la actividad episcopal”, Anuario de historia de la Iglesia, nº5 (1996), pp. 241-296. Para el caso concreto de Sevilla, Rafael M. Pérez García, “Los sínodos sevillanos de Cristóbal de Rojas y Sandoval”, Archivo Hispalense, nº250 (1999), pp. 11-26.

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padres de ambos contrayentes. Además, en el caso de ser extranjeros, deben especificar donde nacieron y cuánto tiempo llevan establecidos en la ciudad. Sumamos a esto, por si fuera poco, que los testigos aportan un gran número de detalles sobres las relaciones de estos individuos con el resto de habitantes de la ciudad. Por último, gracias al uso de esta fuente podemos determinar las pautas matrimoniales del grupo poblacional objeto de nuestro estudio, así como su establecimiento a medio-largo plazo. Para el marco espacial de estudio aquí propuesto contamos con una gran ventaja, ya que los expedientes matrimoniales relativos a toda la archidiócesis de Sevilla se hallan custodiados en el Archivo General del Arzobispado de Sevilla (AGAS)19. Ello nos permite manejar una gran cantidad de información referente a muchos y variados núcleos urbanos, tales como son el caso de Utrera, Écija, Jerez de la Frontera, Carmona y Osuna; además de obviamente todas las parroquias pertenecientes a la propia ciudad de Sevilla. El buen estado de conservación y la gran cantidad de expedientes matrimoniales nos permiten ofrecer una panorámica bastante amplia del tema que queremos tratar. Actualmente hemos centrado nuestros esfuerzos en la información relativa a la ciudad de Sevilla durante los primeros 15 años del siglo XVII. Contamos con más del 85% del total de documentación relativa a este período ya consultada, lo que corresponde a 4.250 expedientes matrimoniales, de los cuales 401 tienen al menos a un cónyuge de origen portugués. Cifra que no debe pasar inadvertida, ya que esto nos indica que un 9’43% de los matrimonios que se efectuaron en Sevilla en dicha época tienen como protagonista a los sujetos objeto de nuestro estudio. Con el fin de situar mejor estos datos es conveniente compararlos con los de otras investigaciones, aunque hemos de puntualizar que las cifras que vamos a ofrecer ahora han sido extraídas usando distintas fuentes y con unos marcos cronológicos que no son idénticos a los nuestros; no obstante, creemos que pueden serviernos como referencia. Para el profesor Antonio Luis López Martínez, la población de origen portugués afincada en Sevilla según el padrón de 1642 suponía un 12’20% del total de vecinos20. Gregorio García-Baquero, en su análisis de la parroquia –también sevillanade San Martín, observa que los contrayentes de origen portugués suponen un 12’3% de los registrados en los libros de matrimonios21. La cercana ciudad de Córdoba ofrece una cifra un tanto menor, el 7’3%22. En otros lugares de Andalucía como es el caso de Málaga la inmigración portuguesa supondría un 1’2% respecto a la proveniente de otros lugares entre los años 1561-1700, cifra que puede parecer pequeña pero que está tomada respecto al total de inmigrantes y en un período muy amplio 23. Por su parte, el Puerto de Santa María ofrece un porcentaje bastante alto, un 10’7%24. Por último, la ciudad de 19

Archivo General del Arzobispado de Sevilla [AGAS]. Sección Matrimonio Ordinarios [MO]. A partir de ahora citaremos los expedientes usando el nombre de ambos contrayentes y la fecha. 20 Antonio Luis López Martínez, Cruzar la Raya. Portugueses en la Baja Andalucía, Sevilla: Centro de Estudios Andaluces, 2011, p. 43. 21 Gregorio García-Baquero López, Estudio demográfico de la parroquia de San Martín de Sevilla (15591749), Sevilla: Diputación Provincial de Sevilla, 1982, p. 173. 22 Los años son bastante cercanos a los nuestros, 1590-1619, José Ignacio Fortea Pérez, Córdoba en el siglo XVI: las bases demográficas y económicas de una expansión urbana, Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 1979, p. 166. 23 Isabel Rodríguez Alemán, Inmigrantes de origen extranjero en Málaga (1564-1700), Málaga: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Málaga, 2003, p. 79. 24 Juan José Iglesias Rodríguez, Una ciudad mercantil en el siglo XVIII: El Puerto de Santa María, Sevilla: Muñoz Moya y Montraveta, 1991, p. 153.

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Jerez para el siglo XVII nos ofrece una cifra de residentes de origen portugués que llega al 10% 25 . Saliendo de Andalucía, y tomando como referencia Extremadura, nos encontramos con que entre los años 1573-1653, y partiendo de las medias de tres localidades extremeñas, las cifras se situarían en torno al 6’9%26. 4. Pautas de movilidad de la población portuguesa afincada en Sevilla El objeto de esta comunicación es completar el análisis que ya ofrecimos sobre esta misma cuestión en el XIII Congreso de la FEHM, donde nos centramos en los oficios de los contrayentes de origen portugués afincados en Sevilla, así como su distribución por el entramado urbano de la ciudad27. En esta ocasión, y teniendo como base una muestra bastante más amplia, queremos aportar nuevas informaciones sobre los movimientos y las pautas migratorias de estos individuos. Al hablar de Portugal debemos tener en cuenta una serie de especificaciones. En el norte predominan los pequeños núcleos urbanos y el minifundio, frente a una zona meridional relativamente deshabitada tras el proceso de conquista durante la Edad Media. La gran densidad demográfica del norte, frente a un sur poco poblado, llevará a que las migraciones sean predominantemente norte-sur, ejerciendo las grandes ciudades una fuerte atracción28. Braga, Porto, Coimbra y sobre todo Lisboa irán creciendo cada vez más gracias a la población de los territorios circundantes. A estos movimientos habría que sumar otros de carácter temporal y con fines laborales. Dentro de Portugal, destacará el desplazamiento de canteros y pedreros hacia las ciudades del sur, que tendrán como principal objetivo la construcción de edificios de carácter religioso29. La movilidad estacional ligada a las tareas agrícolas también tendrá un importante papel en las migraciones. Además de los propios campos portugueses, la zona de Andalucía, falta de mano de obra durante la siembra y la siega, será un reclamo para los trabajadores del campo. La mejora de salarios era bastante significativa, pudiendo llegar a suponer durante la recogida de las mieses un aumento de hasta el 250% respecto a lo que se pagaba el resto del año30. En nuestro caso, al estudiar matrimonios debemos tener en cuenta que estamos ante individuos que, al menos a un medio-largo plazo, tenían el objetivo de instalarse en la ciudad, no respondiendo a las migraciones periódicas o estacionales que acabamos de mencionar. Aunque ello no es óbice para que, en un primer momento, algunos de ellos pudiesen llegar a la ciudad de manera provisional. Pero si analizamos algunas cifras, podemos observar que los individuos presentes en nuestra muestra, en general, no responderían a este perfil. Tanto para hombres como para mujeres, la media de edad con la que llegaron a Sevilla es 25

J. D. Pérez Cebada, “La emigración portuguesa…” p. 862. Esta es la media que hemos obtenido con las cifras de las parroquias de Torrejoncillo, El Casar y Aliseda, todas ellas en Cáceres. José Luis Pereira Iglesias, Miguel Rodríguez Cancho e Isabel Testón Nuñez, “Análisis demográfico de la Alta Extremadura (1536-1610), Studia historica. Historia Moderna, (1987) nº 5, p. 156 27 Ignacio González Espinosa, “Portugueses en Sevilla: sus oficios y profesiones durante el reinado de Felipe III”, XIII Reunión Científica de la FEHM, Sevilla: Universidad de Sevilla. En prensa. 28 Antonio de Olivera “Migrações internas e de média distância em Portugal de 1500 a 1900”, en Antonio Eiras Roel y Ofelia Rey Castelao (eds.), Migraciones internas y medium-distance en la Península Ibérica, 1500-1900, vol. II, Santiago de Compostela: Consellería de Educación e Ordenación Universitaria, 1994, p. 7. 2. 29 Ibid., p. 7. 30 A. L. López Martínez, Cruzar la Raya…, p. 27. 26

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prácticamente idéntica, situándose en torno a los 13 años; los varones no suelen especificar nada respecto al desplazamiento, mientras que las mujeres sí suelen señalar que vinieron con sus padres o familiares. Además de llegar jóvenes, también presentan un prolongado tiempo de estancia en la ciudad, que se situaría en torno a los 12 años. El matrimonio no viene sino a confirmar un deseo de continuar residiendo en el mismo lugar. En lo que respecta al origen de estos individuos, hemos tomado como referencia las divisiones administrativas eclesiásticas. También aparecen citadas en la fuente que estamos manejando las localidades, pero creemos que es mucho más ilustrativo tomar unos marcos espaciales un poco mayores. Los datos obtenidos se reflejan en la siguiente gráfica.

Procedencia de los inmigrantes portugueses 1600-1615 70 60 50 40 30 20 10 0

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2

6

6

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14

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23

23

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Fuente: AGAS. Legajos consultados31

Tal y como se puede observar, la cercanía geográfica no es un factor determinante a la hora de analizar el proceso migratorio luso hacia la Baja Andalucía. En nuestra muestra predominan de manera mayoritaria los individuos provenientes del arzobispado de Braga. En segundo lugar, numéricamente hablando, se encuentra la zona del Arzobispado de Lisboa, donde tiene un especial papel la propia capital portuguesa. El obispado de Faro, que linda directamente con Andalucía, se encuentra en tercera posición, y con unas cifras bastante inferiores a la de los lugares antes señalados. A las cifras de de Braga habría que sumar las de Miranda y Lamego, para tener una idea más aproximada de la importante cantidad de población emigrada desde la zona septentrional de Portugal, que llegaría a suponer más del 30% del total. Esto responde a las dinámicas internas de esta región, que llevarían a que muchos individuos emigrasen fuera de un núcleo familiar que no podía mantener a todos sus descendientes. Esta emigración es de un signo muy parecido a la que se produjo entre Galicia y 31

Todos los legajos corresponden al AGAS, Sección Matrimonios Ordinarios. Los legajos consultados son los siguientes: 05492A; 05492B; 0746; 07494; 07495; 05887; 05888; 07847; 07966; 08247; 07564; 05887; 05883; 07635; 06851; 06852; 06760; 06761; 05804; 06835; 07680; 08278; 06452; 05785; 08026; 07501; 05645; 05646; 05664; 07231; 07232; 08063; 06821; 07896; 06436; 05891; 07019; 8209; 08205;05450;06739;07729;06626;0876;07668;07277;07289;07358;07513;05601;05753;05754;08116

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Andalucía. Además, sabemos que existía un importante volumen de emigración portuguesa hacia la zona gallega32, lo que hace aún más significativo el alto número de individuos que se dirigieron hacia el Reino de Sevilla. Otros lugares fronterizos, como es el caso de Évora o la Guarda, también muestran unas importantes cifras de emigración, aunque siempre por debajo de las ya citadas. El caso de Porto, aún situándose en el norte, muestras unas pautas diferentes, con un escaso número de individuos provenientes de esta región; nos encontramos ante una zona mucho más dinámica económicamente hablando, debido a la importancia del puerto marítimo con el que contaba lo que llevará a otro tipo de modelos migratorios33. Tampoco podemos dejar de mencionar a aquellos individuos que, en nuestro análisis, hemos denominado como “extrapeninsulares”. Se trata de personas provenientes de los archipiélagos pertenecientes a la corona portuguesa, en concreto, la isla de Madeira y, sobre todo, el archipiélago de las Azores, donde destaca la isla Terceira. Resulta un hecho muy interesante que encontremos individuos originarios de esta zona y que se instalen en la ciudad de Sevilla; su ruta de llegada conecta directamente con las empleadas por el comercio atlántico, ya que estos archipiélagos eran una zona de paso y abastecimiento para las naos que se dirigían hacia América. A ello habría que sumar que los individuos presentes en nuestra muestra se dedicaban a diversos oficios, desde zapateros hasta trabajadores del campo, no teniendo relación directa con el comercio o la marinería. En cuanto a los movimientos migratorios protagonizados por las mujeres, de un total de 122 casos, 29 proceden del arzobispado de Lisboa, teniendo de nuevo un enorme protagonismo la propia ciudad. Le siguen en número las provenientes de la zona del obispado de Faro, suponiendo unos 20 casos de los registrados en nuestro estudio. Por último, nos encontramos con 16 mujeres que proceden del arzobispado de Braga. En este caso, por tanto, la enorme densidad poblacional de la capital portuguesa y la cercanía parecen ser unos factores más determinantes que en el caso de los hombres. 5. Rutas de llegada No queremos dejar de hacer alguna referencia a las rutas seguidas por estos inmigrantes. La fuente que venimos manejando nos permite hacer ciertas apreciaciones a este respecto, ya que en las declaraciones de los contrayentes se recogen los lugares donde han vivido con anterioridad y durante cuánto tiempo. En la gran mayoría de las ocasiones nos encontramos con que los contrayentes declaran haber venido “vía recta” a Sevilla. Sin embargo, contamos con algunos casos que, aunque no llegan a suponer más del 10%34 del total de nuestra muestra, nos ofrecen algunos detalles muy interesantes. Dentro de ellos, cabría destacar el desplazamiento

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María Norberta Amorim, “Reconstituição de paróquias e estudo das migrações internas: o caso de uma paróquia minhota no Antigo Regime”, Cadernos do noroeste (1992), volumen 3 nº 1-2, pp. 125-140. Ofelia Rey Castelao “Movimientos migratorios en Galicia, siglos XVI-XIX”, en A. Eiras Roel y O. Rey Castelao (dir. congr.), I Conferencia Europea…. pp. 85-130. 33 De este modo, Porto será en el siglo XVIII una válvula de escape hacia Brasil, aunque también de llegada de inmigrantes hacia territorio portugués. Jorge Fernandes Alves, “Aspectos da emigração no Noroeste Português- O distrito do Porto no século XIX”, Revista de Demografía Histórica, Vol. 13 (1995), pp. 75-90. 34 No creemos que estas cifras sean absolutas, debiendo existir un movimiento migratorio mucho más complejo que no siempre es especificado por los protagonistas.

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hacia grandes núcleos urbanos portugueses, sobre todo Lisboa y Braga, como lugares de paso y estancia antes de su posterior emigración hacia Castilla. Manuel de Silva, gorguero, es llevado por sus padres desde la zona de Braga hacia Lisboa, donde tras nueve años marchará a Sevilla35. Otro ejemplo es el de Antonio Pérez, que procedente de Porto será llevado por su tío hacia la capital lusitana cuando tenía 11 años de edad, ejerciendo allí la profesión de marinero36. Un camino parecido fue el seguido por Manuel de Castro37; también portuense, marchó a la edad de catorce años hacia Lisboa, tras un mes irá a Braganza donde residirá durante tres años, para de allí pasar a Burgos, Murcia y finalmente Sevilla. Su desempeño como perfumero debe estar sin duda muy relacionado con estos continuos cambios de residencia38. Melchor Viera, también nació en la zona de Porto, y marchará con 11 años a Setúbal, muy cerca de Lisboa; tras dos años partirá hacia Sevilla39. Por su parte, Elena Francisca, natural de algún lugar del obispado de Lamego, se mudó a la edad de 10 años a Torre de Moncorvo, en Braga; allí residió unos 20 años antes de marchar hacia Sevilla40. Otro de los caminos de paso de estos inmigrantes será Extremadura, y en concreto la zona de Badajoz. María López, natural de Moura, en compañía de su hermano se trasladó hasta Fregenal de la Sierra, donde estuvo residiendo siete años 41. Andrés Gutiérrez, nacido en Elvas, se marchará con 22 años hacia Badajoz, desde donde marchará a Sevilla 15 años después 42 . Por último, Manuel Ramos dejó su Estremoz natal, en el arzobispado de Évora, rumbo a la ciudad pacense; tras dos años trabajando como albañil, se dirigirá hacia su nuevo destino43. También nos encontramos con otras importantes ciudades castellanas, como es el caso de Madrid o Salamanca. María Rodríguez, natural de Braganza, fue llevada por sus padres a la capital castellana a la edad de 10 años; en ella residirá durante 6 años antes de llegar a Sevilla44. Francisco Ruíz entrará en Castilla por la zona de Salamanca; con 17 años salió de Miranda del Duero hacia la ciudad salmantina, de allí viajará a diversos lugares, como Madrid, Vélez Málaga, Murcia y Osuna, para finalmente recalar en Sevilla45. Podemos observar, por tanto, dos cuestiones bastante importantes. Primero la atracción que ejercían los grandes núcleos urbanos lusitanos como primer lugar de destino de algunos de estos individuos. Otra cuestión a destacar es la importancia de Extremadura como zona de paso, al tratarse de uno de los puertos secos entre Castilla y Portugal. La práctica inexistencia de personas que residan en poblaciones onubenses parece indicarnos que los habitantes de los lugares más meridionales de la geografía

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AGAS MO Leg. 05646. Manuel de Silva y Ana de Mena. Año 1610. El dicho su tío afirma que en Lisboa, donde él tenía una casa, era donde posaba cuando volvía de las Indias. AGAS MO Leg. 08077. Antonio Pérez y Catalina de Lasarte. 1602. 37 AGAS MO Leg. 05785. Manuel de Castro y María de Centeno. Año 1601. 38 Su testificación muestra algunas incongruencias en cuanto al tiempo de residencia en cada uno de los sitios, lo cual no concuerda ni con su edad ni con las declaraciones de los testigos que parecen incluir algunas variaciones al respecto. 39 AGAS MO. Leg. 06452. Melchor Biera y María Gómez. Año 1600. 40 AGAS MO. Leg. 07232. Martín López y Elena Francisca. Año 1613. 41 AGAS MO. Leg. 05887. Francisco López y María López. Año 1611. 42 AGAS MO. Leg. 05689. Andrés Gutiérrez y Francisca de la Cuna. Año 1609. 43 AGAS MO. Leg. 05664. Manuel Ramos y e Isabel González. Año 1611. 44 AGAS MO. Leg. 05888. Felipe Duarte y María Rodríguez. Año 1610. 45 AGAS MO. Leg. 05887. Francisco Ruíz e Isabel Ruíz. Año 1611. 36

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portuguesa realizaban una migración directa hacia Sevilla, que era sin duda la gran ciudad de referencia en la Baja Andalucía. 6. Conclusiones El análisis de los datos obtenidos en nuestra investigación nos pone de relieve varios aspectos. Por un lado la importancia de la emigración proveniente desde las regiones más septentrionales de Portugal, cuyos habitantes además de hacia Galicia también marcharán a Andalucía como consecuencia de la fuerte presión demográfica y las características socioeconómicas de esta zona. En segundo lugar, nos gustaría destacar la juventud de estos emigrantes, así como que hombres y mujeres presenten unas pautas un tanto distintas, siendo estas últimas acompañadas mayoritariamente por familiares. Estamos ante unos individuos que, en el momento de contraer matrimonio ya cuentan con una estancia prolongada en la ciudad, a la que llegaron siendo jóvenes y en la que habían desarrollado su vida laboral. Por último, también habría que hacer referencia a la gran movilidad existente dentro del propio territorio portugués, así como la emigración rural hacia los grandes núcleos urbanos. Por su parte, Extremadura se muestra como una de las zonas no solo de paso, sino también de estancia más comunes por parte de los inmigrantes que finalmente se instalarán en Sevilla. Todavía quedan muchos aspectos por determinar. Para empezar nos gustaría ampliar el arco cronológico de nuestra investigación y realizar el estudio de algunos otros núcleos urbanos andaluces con el fin de encontrar similitudes y diferencias respecto a los datos obtenidos hasta ahora. También es indispensable el empleo de fuentes pertenecientes a los archivos provinciales y notariales con el fin de analizar el papel de estos individuos en la economía y el gobierno local. Por último, y no menos importante, cruzar la información obtenida con la procedente de la documentación de archivos portugueses y en particular la relativa a las ciudades portuguesas desde las que provenían mayoritariamente estos migrantes, para conocer mejor los factores que motivaron estos movimientos y las consecuencias que tuvieron.

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La comunidad francesa en Barcelona a principio del siglo XVII French community in Barcelona at the beginning of the XVIIth century Josep RIZO BLASCO Universidad de Barcelona Resumen: A continuación he intentado esbozar las experiencias de aquellos inmigrados que abandonaron su tierra para buscar un futuro mejor. A partir de un estudio social de la gente de Barcelona de principios del siglo XVII hago referencia a la minoría francesa establecida en dicha ciudad. La comunidad francesa es un ejemplo de adaptación. Cronológicamente, podemos ver como de los primeros jornaleros y braceros venidos al Principado durante la primera mitad del siglo XVI pasamos a encontrar, cien años después, a franceses dentro de la oligarquía política y económica. ¿Cómo se produce la adaptación a la nueva comunidad y la posterior ascensión social? Palabras clave: Barcelona, siglos XVI y XVII, franceses, inmigración, adaptación social, vida corporativa, cofradía Abstract: Below I have tried to outline the experiences of those immigrants who left their homeland to seek a better future. From a social study of people in Barcelona from the early seventeenth century I refer to the French minority settled in the city. The French community is an example of adaptation. Chronologically, we can see how the first day workers and laborers who came to the Principality during the first half of the sixteenth century we find a hundred years later, a French in the political and economic oligarchy. How the new community and the subsequent social ascension adaptation will occur? Keywords: Barcelona, sixteenth and seventeenth centuries, French immigration, social adaptation, corporate life , brotherhood.

Estudiar la sociedad y concretamente las minorías es un sujeto de estudio que me motiva y ha despertado interés durante mis estudios. Me gusta acercar-me a la historia a través de los sectores sociales, que por alguna razón, son alternativos a los sistemas de poder establecidos. Ya sea por oposición directa al sistema, por marginación de la mayoría social, por exclusión de los gobernantes… Todo eso que no encaja dentro de la lógica imperante del momento, me atrae. El trabajo que aquí presento responde al intento de aproximarme a una minoría, la comunidad francesa en Barcelona durante la primera mitad del siglo XVII. Mucho antes de la existencia de identidades y fronteras, los habitantes de la Península Ibérica y los de la cara norte de los Pirineos han estado en contacto. Simplemente por la aproximación de las dos regiones, el flujo es constante, hemos de suponer que hubo momentos con más movimiento que otros, y en los siglos XVI-XVIII se produce un aumento del flujo migratorio francés, cuantificable a través de numerosas fuentes y causa de la recuperación demográfica del Principado de Cataluña durante los siglos XVI y XVII.1 Actualmente está casuística está muy cuestionada y parece ser que

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Jordi Nadal y Emili Giralt, Immigració i redreç demogràfic: els francesos a la Catalunya dels segles XVI i XVII, Vic, Eumo, 2000.

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los recién llegados no fueron un factor determinante.2 Los movimientos migratorios se han estudiado desde diferentes perspectivas, la más común es la historia económica y la geografía histórica, un estudio de cuantificación de las personas que vienen, de dónde vienen, el oficio que practicaron… en concreto la migración francesa hacía el Principado se puede consultar en las obras de los historiadores Jordi Nadal y Emili Giralt, Enric Moreu Rei y Valentí Gual. 3 Una visión muy actualizada y de toda la Península Ibérica se puede consultar en la obra de José Antonio Salas.4 Conociendo este movimiento migratorio de personas hacia Barcelona me pregunto cómo se integraron en la vida de la ciudad durante la época moderna. Quiero partir de la visión del inmigrante como ciudadano de Barcelona, cuando ya lleva unos años viviendo en la ciudad y participa en la vida diaria, incluso, cuando se es nacido en la ciudad pero con el padre de origen francés. A través de las obras antes citadas, sabemos que muchos franceses se casaron con mujeres autóctonas a los pocos años de llegar, los descendientes de la unión, des de mi punto de vista, como comenta Emili Giralt, deberían ser considerados como personas integradas en la cultura y en la vida del principado. 5 Llegados a este punto, hemos de considerar al francés como uno más dentro de la sociedad, como unas personas que se acoplaron a la sociedad catalana, como una minoría cultural partícipe en muchos aspectos de la vida corporativa de la ciudad. Para indagar sobre estas cuestiones, con una visión más social, he consultado las obras de James Amelang, Xavier Torres i Sans, Alexandre Capdevila y Emili Giralt. Si estudiamos una minoría social, he de indagar sobre las diferentes manifestaciones en la vida corporativa y diaria de la ciudad, los principios de organización, la articulación en clases y grupos y las múltiples conexiones de solidaridad y conflicto.6 Hemos de tener un marco teórico sobre la ciudad y sus gentes para luego rastrear los diferentes nexos de contacto que se establecieron entre inmigrados y autóctonos. A la vez, creo sumamente importante encontrar una metodología para contextualizar la inmigración francesa, para encontrar los puntos de unión. Las relaciones que se establecieron son variadas debido a la gran integración que consiguieron, desde una visión más socioeconómica haré mención a los matrimonios y a los oficios que practicaron. Otra vía fuera de la historia social en la que encontramos conexión es la justicia y la legislación, tanto eclesiástica como laica. La relación que existió entre los gavatxos y la Inquisición de Barcelona fue constante a finales del siglo XVI y durante el siglo XVII. La legislación de los diferentes monarcas hacia esta comunidad también es Pierre Vilar (cord.), Història de Catalunya, Barcelona, edicions 62, 1992, vol IV: Núria Sales, “Els segles de la decadència XVI-XVIII”, pp.103-126. 2 Alexandra Capdevila Muntadas, “Les xarxes de sociabilitat dels immigrants francesos establerts a Barcelona”, en Actas del XI Congrés d’Història de Barcelona – La ciutat en xarxa, Barcelona, 2009. P. Vilar (cord.), Història de Catalunya... pp. 103-126. 3 J. Nadal, immigració i redreç… Enric Moreu Rei, Els immigrants francesos a Barcelona (s. XVI-XVIII), Institut d’Estudis Catalans, Barcelona, 1959. Valentí Gual, Gabatxos Gascons i francesos. La immigració occitana a la Catalunya moderna (El cas de la Conca de Barberà), Rafael Dalmau, Episodis de la Història 286, Barcelona, 2005. 4 José Antonio Salas Auséns, En busca de El Dorado: inmigración francesa en la España de la Edad Moderna, Universidad del País Basco, Bilbao, 2009. 5 Emili Giralt y Reventós, “La colonia mercantil francesa de Barcelona a mediados del siglo XVII”, Estudios de historia moderna, núm. VI (1956), pp. 215-278. 6 James S. Amelang, Gent de Ribera i altres assaig sobre la Barcelona moderna, Eumo, Universitat de Vic, 2008.

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existente, hecho que nos constata, una vez más, la importancia social, política y económica que tuvieron estos inmigrados. Para éste ámbito he consultado las obras de William Monter, Agustí Alcoberro y José Antonio Salas.7 El texto que tenéis entre manos es resultado de la unión de diferentes trabajos dentro de los estudios de máster que estoy cursando en la Universidad de Barcelona 8 y de mi propia iniciativa para participar en el III Encuentro de Jóvenes Investigadores en Historia Moderna, no nace de ningún trabajo final de máster, ya que lo realizaré el próximo curso. Tal vez, el trabajo final nace de éste artículo… Se me despertó el interés sobre este tema a través del primer contacto con un testamento, en la asignatura paleografía y fuentes documentales visité el Archivo Histórico de Protocolos de Barcelona (AHPB). Elegí trabajar un testamento de 1624 para transcribirlo y realizar un estudio formal.9 El testamentario era Joan Pons minor de dies traginer de Carretes, Ciutadà de Barcelona, fill de Bernat Pons pagès del lloc de Planyola del bisbat de Llombers del Regne de Fransa. Éste trabajo fue el inicio que me llevó a preguntarme sobre cómo había sido la vida de un inmigrante en la Barcelona moderna. En las siguientes visitas al AHPB quise indagar sobre Joan Pons, intenté encontrar más información sobre la vida del personaje buscando entre capítulos matrimoniales, inventarios post mortem, llibres d’inventaris i encants, manuales y testamentos. No tuve mucha suerte, pero la consulta de ésta documentación, me ayudó a constatar la gran cantidad de franceses que utilizaron a un notario para dar fe de los contratos, testamentos y otros actos extrajudiciales en los que participaban. A consecuencia, podemos corroborar la gran importancia que representaban para la sociedad barcelonesa de principios del siglo XVII. A parte de esta documentación más personal, he consultado la acta de fundación de la Fraternitat i Confraria de la Nació francesa establerta a Barcelona, de 1616, también consultable en el AHPB10. Otra fuente importante, aunque no la he consultado de primera mano, es la Relación de las casas de franceses que ay en la ciudad de Barcelona. El año 1637, con motivo de la guerra contra Francia, el rey confía la misión a la Junta de Represalias de hacer una relación de los franceses que viven en Catalunya. En Barcelona, el doctor Joan Pau Xammar, acompañado por el notario Antich Servat, recorren toda la ciudad anotando información que casi cuatrocientos años más tarde, nos ofrecen muchos datos a poder interpretar.11 1. La población de Barcelona El presente artículo lo he intentado enmarcar dentro del ámbito de la historia social, analizando el tejido de las relaciones sociales cuotidianas. Si iniciamos el análisis con la hipótesis de que los franceses en el siglo XVII participaban en el día a día de la ciudad, creo que se ha de abordar el conflicto conociendo la organización social de la ciudad a

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William Monter, Els immigrants francesos i la inquisició de Barcelona, 1550-1650, en: Avenç, 120 (1988). Agustí Alcoberro: Pirates, bandolers i bruixes, Barcanova, Barcelona, 2004. J. A. Salas Auséns, En busca de El Dorado… 8 Historia e identidades en el Mediterráneo Occidental (ss. XV-XIX) 9 AHPB, Rafael Barrot, plec de testaments, 1621-1624, vol. 32, s. f. 10 AHPB, G. S. Pedralbes, Manual, 1615-1619, 9 octubre de 1616 11 M. Rey, el immigrants francesos… p.18. Archivo de la Corona de Aragón [ACA], Consejo de Aragón [CA], legajo núm. 552.

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la que se desplazaron. El trabajo consiste en buscar la huella dejada por los franceses en la vida cuotidiana de la urbe y cómo se adaptaron a ella. En la época moderna, los sistemas de clasificación social eran derivados de la mentalidad medieval, en que el estatus estaba ligado a la profesión y a la familia. Es una sociedad jerarquizada y muy estática, donde cada ser tiene clara su condición dentro de la organización social. James Amelang analiza la sociedad barcelonesa a través de dos interpretaciones, la primera consiste en dividirla en estamentos, en total cuatro: en el escalafón más alto encontramos a una elite compuesta por nobles y ciudadanos honrados, en la segunda encontramos a mercaderes, seguidamente a artistas y, para acabar, un cuarto estamento donde encontramos a los menestrales. La segunda división la realiza a través del concepto moderno de clase: una elite heterogenia, una clase media muy diversa y una inferior compuesta por asalariados. Dentro de cada grupo encontramos una jerarquización interna, son clasificaciones arbitrarias y conceptos contemporáneos, des de mi punto de vista no podemos generalizar y analizar sin entender los conceptos de clase y estamento como principios superpuestos y complementarios para el estudio de la organización social.12 No solo existen estas clasificaciones. Si tomamos como punto de referencia el género, el grupo étnico, la diferencia religiosa, geográfica... se nos abre un análisis de la sociedad muy interesante y minuciosa. La realidad de Barcelona durante la época moderna se ha de enmarcar dentro de la organización corporativa. Vemos como los ciudadanos se agrupan en gremios y cofradías para poder sobrevivir a la sociedad feudal. A la vez, hemos de entender estas organizaciones como un elemento más del feudalismo del principado, ya que el gremio organiza y regula muchos aspectos de la vida diaria, va más allá de una organización económica y laboral. La ciudad de Barcelona corresponde a un caso diferenciado de la realidad peninsular, en ella observamos muchas más organizaciones de asistencia mutua, de base económica y religiosa. Vemos una fragmentación en la organización del trabajo muy marcada que en algunos momentos traerá conflictos sobre las competencias y regulaciones de cada oficio.13 A continuación haré mención a la clasificación estamental: clase dirigente, media y proletariado. El patriciado urbano, es el estamento superior, es un grupo con un estatus especial basado en la posesión de los recursos económicos y en el control sobre los órganos de gobierno municipal. Esta oligarquía no representa, ni ideológicamente ni numéricamente, al pueblo como conjunto y gobernaban para satisfacer los propios intereses.14 La clase media es el sector intermedio, compuesto por mercaderes y artesanos; como todos los grupos, existe una jerarquización interna. A medida que se va bajando dentro de la pirámide estamental, se observan los grupos más heterogéneos, con más especificidades internas, más complicados de analizar y estudiar. En la Barcelona de la época moderna vemos como los artistas y los menestrales conformaban un sector social muy fuerte, defendían el derecho a participar en la vida política local y tenían un interés hacia el prestigio social. En el contexto de los tiempos modernos vemos cómo es 12

J. S. Amelang, Gent de Ribera… pp. 23-24. J. S. Amelang, Gent de Ribera… p.25. 14 James S. Amelang, La formación de una clase dirigente: Barcelona 1490-1714, Ariel, Barcelona, 1986. 13

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posible una ascensión social, característica que en pocas ciudades europeas se ve. La organización corporativa y el papel de los oficios en la construcción de la identidad social, son hechos muy importantes para entender la Barcelona de los siglos XVI y 15 XVII. Para acabar, encontramos la clase más numerosa, los trabajadores. En muchos momentos, debido a la dificultad para estudiar los sectores más desfavorecidos de la sociedad, los historiadores engloban en el último estado a todo lo sobrante, las gentes que no se pueden incluir en los rangos establecidos. En la clase social que Amelang anota como trabajadora, encontramos al sector más bajo del régimen gremial: oficiales y aprendices. El segundo gran grupo corresponde a los braceros, todas las personas sin una formación cualificada que realizaban trabajos eventuales; aquellos asalariados libres, que podían entrar en el proceso productivo gremial pero no formaban parte como aprendices. ¿Y los marginados? ¿Quiénes son los que vivían al margen del quehacer de la mayoría? Los marginados son aquellos que no encajan en los estereotipos de forma de vida, trabajo y comportamiento que la comunidad considera como válidos. Los individuos marginados son los mendigos, los vagabundos, los pobres y las prostitutas. En el análisis sobre los marginados se puede abordar la moral del trabajo: en la Barcelona moderna, aquel que no trabaja, que no colabora con la comunidad, en sus mecanismos y tascas productivas no forma parte de ésta, por consiguiente, no merece ninguna ayuda ni consideración. El desocupado es inmediatamente considerado como un vagabundo y malhechor, dedicado a la vida ociosa. El ocio es un pecado, un vicio y un atentado contra la ley divina.16 El género es un concepto clave para intentar entender la sociedad en época moderna, la mujer no tiene identidad propia, esta supedita al hombre, está excluida de la toma de decisiones públicas y de la mayoría de los grupos corporativos. Está encajada en espacios sociales específicos como la casa, el mercado, la iglesia… Su rastro a nivel documental es muy escaso, ésta ausencia no responde a la importancia que tuvieron las mujeres en la Barcelona moderna. En una sociedad patriarcal la diferencia de género se palpa en todos los niveles, como por ejemplo en la diferencia de alfabetización, en las restricciones legales sobre posesión y transferencia de propiedad… toda la vida de las mujeres estaba limitada por esta dualidad biológica. Des de mi punto de vista, no podemos analizar la sociedad sin dejar de lado el cincuenta por ciento de la población, tendremos una visión limitada.17 Barcelona, como ciudad portuaria abierta al mediterráneo, obtendrá un flujo de personas con unas características propias con relación a las otras ciudades del Principado y la Península Ibérica. En la Barcelona moderna, pertenecer a una minoría suponía una diferencia de la mayoría. Encontramos a lo largo del período, que abarca del año 1540 al 1652, legislaciones específicas hacía éstas minorías étnicas y religiosas, dónde el gavatxo, tendrá un lugar destacado. Después de cerca cien años de flujo migratorio, en 1624, observamos en la documentación el origen francés de las personas. ¿Cómo se traducía esta diferenciación social en la vida diaria de la urbe? 15

J. S. Amelang, Gent de ribera… pp. 28-29. Marta Jové y Helena Kirchner, “Captaires, prostitutes i rodamons Barcelona 1600-1640”, Actes del primer congrés d’história moderna de Catalunya, Barcelona, 1984, Vol.I pp. 471-478. 17 J. S. Amelang, Gent de Ribera… pp. 38-39. Annie Molinié-Bertrand, "La mujer en la cultura mediterránea", El Mediterráneo, confluencia de culturas, Universidad Almería y Universidad ParísSorbonne, 2002. 16

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Después de esta pequeña introducción a la sociedad barcelonesa intentaremos averiguar la posición que ocuparon los franceses en la Barcelona de principios del siglo XVII. 2. Movimiento migratorio Este trabajo está impregnado de la visión que tengo de Barcelona y de sus ciudadanos; de cómo me fascina pasear por el centro de la ciudad, por unas calles llenas de historias y ver gente de todos los rincones del mundo. Gente que en el siglo XXI sigue haciendo lo mismo que los franceses en época moderna, buscar un lugar donde vivir mejor. A continuación encontrareis un estudio en marcha, un esbozo de los elementos que creo importantes para entender el devenir de una minoría demográfica. La acogida de franceses es una característica peninsular, en muchos de los rincones encontramos oriundos del Midi Francés y el Macizo Central. Según las zonas de la península encontramos franceses procedentes de diferentes territorios: las gentes del Llenguadoc hacía Cataluña, los Bearneses hacia Aragón, los Auvernios preferentemente hacia Castilla... Los motivos de éste desplazamiento se hayan en la salida y en la meta. Buscar las causas que llevaron a un francés a abandonar su casa es indagar en factores políticos, económicos, sociales, familiares, demográficos, históricos y culturales, lingüísticos… Una de las características del movimientos migratorio francés consiste en la coexistencia de modelos de inmigración diferentes: encontramos una corriente organizada y planeada, motivada por redes familiares y profesionales; inmigrantes de carácter temporal; una inmigración espontánea, gentes que se van de sus casas con lo puesto, sobre sus pasos van construyendo su futuro aceptando cualquier tipo de faena; y en última instancia, una emigración de calidad, franceses con un oficio y dedicados a actividades específicas.18 Volviendo a los motivos que llevaron a los franceses a abandonar su casa y siendo un poco más concretos, encontramos básicamente tres: las guerras de religión; un excedente de población y una organización familiar donde el primogénito tenía ventaja frente a los otros hermanos, los que no disfrutaban del mayorazgo habían de subsistir fuera de la unidad familiar. En la tierra de acogida, encontramos una despoblación durante la primera mitad del siglo XVI, una necesidad de mano de obra para trabajar el campo que estas personas supieron aprovechar. 19 A partir de Isabel y Fernando el Católico, la coyuntura económica ayuda a que desaparezcan los obstáculos que se oponían al desarrollo de la actividad económica. En el caso concreto de Barcelona la situación estratégica como puerta hacia el mediterráneo, ser una urbe dinámica económicamente y con un sector manufacturero muy importante podrína ser factores a sumar a la atracción. Con este panorama vemos como los gascones tuvieron más oportunidades para ocupar todos los terrenos de la economía.20 La cronología del ciclo migratorio hacia la ciudad condal y aceptada para el general de la península la establecen Nadal y Giralt a través del registro del Hospital de Santa Creu. Las llegadas abarcarían de Fernando el Católico a Felipe IV. Constatan a partir de 1500 un aumento del porcentaje de ingresados de origen franceses, que no para de crecer hasta 1640, momento en que se constatan cifras más bajas que al inicio. 18

J.A. Salas Auséns, En busca de El Dorado… pp. 15-26 y pp. 260-263. J.A. Salas Auséns, En busca de El Dorado... p. 19 y Xavier Torres i Sans, “Los sin papeles y otros. Inmigraciones francesas en Cataluña (siglos XVI-XVII)”, Mediterráneo económico: Procesos migratorios, economía y personas. 2002, núm.:1. P. 2 i 3. 20 J. Nadal, Immigració i redreç demogràfic... p. 184-186. 19

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Dividen el período en tres etapas: la primera consiste en una fase ascendente, de finales del siglo XV hasta 1540. La segunda corresponde a la plenitud migratoria, de 1540 a 1620. En la última fase, de 1620 a 1640, se produjo el declive migratorio.21 El inmigrante procedía del midi francés, por encima de las diferencias existentes entre la escritura del catalán y la propia de éste territorio, parece ser que hablaban una lengua parecida a la de los ciudadanos de Barcelona, si más no, el idioma no suponía una traba para la adaptación.22 Las fuentes documentales para el estudio de la inmigración son variadas, muchas aún para ser utilizadas y otras por descubrir. A través del libro de Salas Auséns nos podemos hacer una idea general, básicamente ésta proviene de cuatro marcos muy grandes: documentación institucional, religiosa, de protocolos y profesional. Las diferentes instituciones políticas promovieron: matrículas de extranjeros, licencias de avecinamiento, registro de aduanas, documentación de asuntos exteriores, procesos judiciales y matrículas comerciales. El segundo marco consiste en el ámbito religioso, básicamente derivada de los diferentes registros parroquiales: matrimonios, nacimientos, defunciones y licencias matrimoniales. El tercer gran ámbito consiste en los protocolos notariales: capitulaciones matrimoniales, testamentos, contratos de compraventa, de aprendizaje, préstamos… Para finalizar esta larga lista de fuentes a utilizar vemos las fuentes de oficio. Nos dan gran información para indagar sobre las relaciones de profesión, sectores económicos concretos, los integrantes franceses de los diferentes gremios…23 Como vemos las fuentes son múltiples, en mi caso, no he tenido tiempo para consultar tantísimas. Dentro de la línea que quiero seguir, encuentro muy interesante indagar en los protocolos notariales, muy abundantes y bien conservados en el caso del AHPB. Otras fuentes que creo que pueden ser de gran utilidad para indagar sobre aspectos de integración son las licencias matrimoniales: describen trayectorias vitales de los inmigrantes, desde el momento que abandonan su localidad hasta que se casan; a la vez, supone una historia de ambos, tanto del hombre como de la mujer.24 He mencionado los principales motivos, la cronología, las diferentes redes que se crearon para que la integración fuera más llevadera, así como, las fuentes documentales a utilizar para investigar sobre el tema… Ahora que tenemos una idea general de la inmigración francesa en toda la península entraremos a analizar el caso concreto del artículo, el proceso de adaptación en Barcelona a principios del siglo XVII. 3. La comunidad francesa en Barcelona durante el siglo XVII A principios del siglo XVII, ya creo que existen ciudadanos de Barcelona25 de origen o pasado francés, completamente integrados en la vida cuotidiana de la ciudad. El estudio de la minoría social francesa lo he intentado realizar partiendo de siete puntos: La familia; sociabilidad y redes familiares; información relativa a la matrícula de franceses de 1637; franceses en relación con las instituciones: procesos judiciales, brujería e

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J. Nadal, Immigració i redreç demogràfic... p. 123-129. Pierre Vilar (cord.), Història de Catalunya, vol. IV, p. 103. 23 J. A. Salas Auséns, En busca de El Dorado… pp. 29-34. 24 J. A. Salas Auséns, En busca de El Dorado… p. 31. 25 Para tener la condición jurídica de ciudadano de Barcelona era necesario haber vivido en la ciudad al menos un año y un día. E. Giralt, La colonia mercantil… p. 219. 22

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inquisición; la cofradía como un elemento de sociabilidad y Joan Pons, un caso particular de inmigración y adaptación. 4. Familia La familia consiste en un sujeto de estudio histórico muy rico y en el que se está trabajando y aún hay muchas cosas que decir. El primer ejemplo de sociabilidad e integración que me gustaría remarcar son los matrimonios. ¿Cómo se conforma la familia? El primer indicio es el matrimonio. Para la historiografía que trata sobre inmigración francesa, los matrimonios son claves para analizar dicho movimiento. Pero desde que llegan hasta que se casan han habido de pasar unos años de adaptación e integración. Siete de cada diez matrimonios de un francés en la ciudad condal, corresponden a la unión entre éste y una autóctona. Como hemos comentado anteriormente, la mayoría de los inmigrados son jóvenes solteros, la unión con barcelonesas puede ser una necesidad debido a la poca inmigración de mujeres francesas. Los matrimonios pues, son un ejemplo de integración de los franceses en Barcelona, un ejemplo de inmigración permanente y un mecanismo de ascensión social en época moderna. También es importante los hijos del matrimonio, la mayoría de los franceses casados tienen hijos i éstos residen en Barcelona o Cataluña.26 ¿A los hijos de francés, nacidos en Barcelona, se les recordaba su pasado de inmigrante? Para mi punto de vista es un elemento importante a tener en cuenta a la hora de cuantificar el grado de integración, o si más no, el grado de aceptación hacia la comunidad forana. La matrícula de 1637 nos da información del estado civil, por lo tanto los solteros también están representados y son el segundo grupo más numérico, dentro de éstos los más numerosos se dedican a oficios domésticos y, en menor número, son técnicos de alguna profesión manual como la de sombrerero.27

Me gustaría en épocas venideras ampliar el estudio de la familia, creo que nos puede dar mucha información debido a que consiste en el elemento básico de organización social 26 27

A. Capdevila, Les xarxes de sociabilitat… pp. 3 y 4. M. Rey, Els inmigrants… p.26. M. Rey, Els inmigrants… p. 26.

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en época moderna. Nos puede dar un punto de vista original al trabajo y la oportunidad de fijar-nos en un elemento clave para la sociabilidad entre inmigrantes. 5. Sociabilidad y redes migratorias Mi abuela vino a Barcelona cerca de 1940 proveniente de Sena, un pueblo de la comarca de los Monegros porque unas tías ya estaba en la ciudad, al igual que otros muchos de su pueblo. ¿Fue muy importante para ella que tías ya estuviera lejos de casa para decidirse finalmente a emigrar y, concretamente, a la ciudad condal? En éste segundo apartado quiero hablar sobre las redes de sociabilidad, los contactos previos que podían tener los franceses antes de marchar de sus casas y las relaciones que mantuvieron una vez llegados a la nueva ciudad. Como ya hemos comentado las redes de sociabilidad son un elemento característico de las migraciones y el caso francés no es una excepción. La emigración planeada no fue la única, por contrapartida existió lo que hemos citado como emigración espontanea, personas que se echaron a la aventura con lo puesto, con el objetivo de encontrar trabajo, pero no necesariamente en una actividad predeterminada, más bien en aquella que encontraban. Entrando en los lazos de sociabilidad, remarcar la existencia e importancia de la emigración en red, sea familiar, sea de vecindad o laboral y el efecto en cadena que suponía para personas de un mismo territorio. En numerosos casos vemos como los recién llegados se instalaban en casa de algún pariente, como un tío o un hermano; en otros casos en casa de algún compatriota amigo o vecino; todos ellos establecidos en la ciudad en tiempos anteriores, y hasta que el recién llegado no se casaba o tenía independencia económica no abandonaba la casa.28 Si entendemos casa como unidad familiar, es curioso contrarrestar las familias francesas de recién llegados con la de los autóctonos, el hecho descrito probablemente nos lleva a considerarlo una característica de la familia inmigrada. Alexandra Capdevila en el citado artículo nos ilumina con una característica básica del sistema organizativo de la vida al norte de los Pirineos. La asociación entre vecinos constituía un principio básico, los flujos migratorios no iniciaban ningún comportamiento nuevo ni independiente, se han de enmarcar dentro de una práctica colectiva forjada a lo largo de diversas generaciones. La constatación en un mismo territorio de oriundos de una misma localidad es un signo evidente de un flujo migratorio colectivo. Otro ejemplo es la integración de jóvenes recién llegados en casa de artesanos de origen francés, entran como aprendices y como en el anterior caso, hasta que no tienen autonomía para crear el propio taller o se casan no abandonan el primerizo hogar. En épocas posteriores surge la figura de pasadores, personas que a cambio de una retribución económica pasaban a gente por la frontera hasta su destino. 29 La existencia de una actividad económica que sacaba beneficio de éste flujo nos hace constatar la gran cantidad de personas que cruzaron las montañas. 6. Relación de los franceses que hay establecidos en Barcelona (1637) La matrícula de los franceses establecidos en Barcelona de 1637 se realiza en una fase del movimiento migratorio muy avanzada, cuando ya han vivido varias generaciones por las calles de Barcelona. El censo nos da los nombres, estado civil, profesión, 28 29

J. A. Salas, En busca de El Dorado… pp. 260-263. A. Capdevila, Les xarxes de sociabilitat… p. 5. A. Capdevila, Les xarxes de sociabilitat… p.5

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número de hijos y situación económica de 1.297 cabezas de familia para toda la ciudad de Barcelona y su territorio de extramuros. Multiplicando por cuatro –media que ha calculado Moreu Rey para la unidad familiar: la mujer y dos hijos- encontramos a 5.190 franceses, más del diez por ciento de la población total de Barcelona a principios del siglo XVII.30 A través del censo se puede sacar información para entender el movimiento migratorio, Rey juega con muchos datos numéricos y con la elaboración de tablas saca conclusiones básicamente relativas a matrimonios, edad y profesiones. Giralt denota una ocultación de muchos comerciantes en la matrícula que las fuentes notariales han probado que vivían en Barcelona en 1637. Sin duda, la colonia francesa era mucho más numerosa de los 1.297 franceses que entrevistan. Al efectuarse la matrícula, unos habían abandonado ya la ciudad temiendo hostilidades; otros, los más poderosos, consiguieron burlar la real pragmática debido al poder económico y social que representaban.31 I des de mi punto de vista, muchos descendientes de inmigrantes venidos años atrás, ya están más que integrados en la sociedad y probablemente su pasado francés ya no está presente en sus vidas. Primero de todo me gustaría hacer mención a los datos respectivo a las edades. Una cifra muy importante es el tiempo de residencia en la ciudad, si se relaciona con la edad que tienen en 1637, se puede saber con cuantos años llegaron a la ciudad, la edad de emigración.

Según Rey de estas cifras podemos constatar que la comunidad francesa en 1637 ya está consolidada, organizada en familias y proviene de una migración masiva durante el 30 31

M. Rey, Els immigrants francesos… p. 19. E. Giralt, La colonia mercantil… pp. 219.

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siglo XVI. Durante la encuesta se tendía a redondear las edades y los años en múltiples de diez, por lo tanto existe una variable de error.32 Debido a la poca madurez de los expatriados representó una mano de obra no cualificada, no formada, sin un oficio determinado al llegar a la ciudad. Consecuentemente, el grado de especialización lo han adoptado dentro de las necesidades socioeconómicas y del sistema de formación laboral de la urbe. 33 A través del gráfico vemos que el 74% de la población francesa en Barcelona lleva más de veinte años viviendo en la ciudad. Después de tanto tiempo es de suponer que el grado de integración ha de ser elevado. Esta cifra también nos da pistas de la disminución del flujo migratorio a partir del siglo XVII.34 Otro elemento en que se fija Rey es en los oficios y en qué calle vivían los franceses. Dentro de la organización corporativa de la ciudad es un elemento muy importante, tanto para poder enmarcar al inmigrante dentro del escalafón social derivado de la profesión, como para comprobar la concentración demográfica por zonas. Algunos oficios se encuentran aun exclusivamente en una calle o barrio especializado, la concentración por oficios es una característica que a principios del siglo XVII aún se observa.

A través del gráfico vemos como los inmigrantes llegaron a desarrollar una cantidad muy variada de oficios, tanto especializados como no; vemos una gran complexidad a la hora de analizar el proceso de adaptación y la integración en la vida corporativa de la ciudad. En el caso de las actividades agrícolas es característico, corresponde al sector económico que más personas se dedican, es un oficio no culificado y fuera del amparo de un gremio, como podría ser el artesanal. La siguiente infografía nos muestra como en algunas zonas situadas en el interior de murallas vivían payeses, están instalados en zonas periféricas de la ciudad poco pobladas, donde en esa época habían campos y 32

M. Rey, Els immigrants francesos… pp. 24-29 J. Nadal, Immigració i redreç demogràfic... p. 125 34 M. Rey, Els immigrants francesos... p. 28. 33

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zonas de cultivo. Si ponemos en relación los porcentajes más elevados de franceses dedicados a la agricultura, vemos que la mayoría de payeses no viven en las zonas con más concentración de franceses.

A modo de conclusión de éste tercer apartado constatar la gran dificultad y el gran número de interpretaciones que nos ofrece la matrícula de los franceses del año 1637. Es una fuente que nos da muchos números con los que poder jugar y mezclar con otras informaciones para así sacar conclusiones más sólidas. Me gustaría hacer una última infografía, poner sobre un mapa de Barcelona de principios del XVII, las casas de los franceses. Podremos ver las zonas más pobladas, relacionar el gran número de oficios que ocuparon, concentraciones demográficas... 7. Procesos judiciales, brujería e inquisición Los procesos judiciales dan noticia de las personas en situaciones de conflicto y permiten entrar en la vida del personaje, en estudios más personales.35 En este apartado quiero indagar sobre las hostilidades que se crearon des de instituciones de poder como son la monarquía, la iglesia, los señores feudales y el consejo municipal. Las diferentes legislaciones frente a esta minoría nos hacen ver la importancia de dicho sector social y nos informan sobre la coyuntura política entre las dos monarquías. Las medidas de carácter legal adoptadas por un gobierno son un condicionante para el flujo migratorio. Los conflictos casi permanentes mantenidos entre Austrias hispanos y Borbones a partir de 1635 hasta Carlos II son factores determinantes para el declive migratorio. Vemos como el poder de la corona va más allí de sus legislaciones e influía sobra la iglesia para que, con el pretexto de la lucha contra la herejía, controlara o dificultara la presencia de franceses. 1635 es un año clave para la inmigración francesa en materia legislativa; se 35

J. A. Salas Auséns, En busca de El Dorado… p. 31.

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creó en Madrid una Junta de Represalias de la que salió una orden de embargo y la tan citada Matrícula de franceses establecidos en el litoral.36 Toda y esta situación de hostilidad y xenofobia, hemos de entender que las leyes eran de difícil cumplimiento y control en la edad moderna. Vemos muchas leyes, des de principios del siglo XVI hasta el siglo XIX en las cortes de Cádiz, promovidas por el poder, pero nos hemos de preguntar sobre la capacidad de la administración para conseguir el cumplimiento de sus normas. No siempre se promueven políticas de exclusión, en ciertos momentos, como por ejemplo con Felipe IV, programó la captación selectiva de inmigrantes. Todo y las diferentes leyes antiinmigración, más numerosas que las de captación, el flujo continuó durante toda la época moderna.37 Los inmigrantes franceses despertaron hostilidades para la población autóctona de la Cataluña moderna, encontramos discriminación corporativa y competitividad laboral, entre artesanos autóctonos y recién llegados. Las autoridades identificaron a los expatriados con bandoleros, criminales y brujas, se les acusaba continuamente de delincuencia y violencia.38 Uno de los acontecimientos que nos ayudan a entender la realidad de la colonia francesa en Barcelona a principios del siglo XVII son los procesos inquisitoriales. El año 1552 las autoridades públicas manifiestan que ya no quedan en la ciudad moros y judíos, lo que proliferan eran gavatxos luteranos. Hasta bien entrado el siglo XVII los procedimientos inquisitoriales en la ciudad de Barcelona contra luteranos fueron, sobre todo, una cacera de franceses. Las penas que recibieron éstos franceses iban des del envío a galeras hasta la hoguera, son condenados principalmente por herejes y, en menor número, se encuentran procesados por bigamia y sodomía. Llama la atención el gran porcentaje de franceses en los autos de fe en relación con los autóctonos, el Santo Oficio no pudo o no quiso juzgar a catalanes de categoría por herejía. En conjunto, más de 275 hombres fueron condenados a galeras por la Inquisición de Barcelona entre 1550 y 1640, los totales más bajos de la Corona de Aragón exceptuando Mallorca. De los 275, 60% eran franceses, los catalanes no llegaron al 25%. En 1640 después de la gran rebelión y el pacto con Luís XIII las actuaciones de la inquisición varían, los inmigrantes ya no son los principales objetivos de la política inquisitorial. Vemos pues, que un viraje hacia Francia conlleva una política más tolerante del Santo Oficio.39 ¿Por qué la Inquisición procesa a más franceses que autóctonos? Creo que las razones vas más allá de la xenofobia, des de mi punto de vista hemos de tener en cuenta una posición de respeto y la intención de no juzgar a autóctonos des de una institución castellana. En época moderna la monarquía hispánica intenta mantener las tradiciones políticas de cada territorio, tal vez, la inquisición no querría levantar mucho odio entre los catalanes, entre las personas que tenían el poder, por miedo a una oposición frontal a sus decisiones. Cierto o no, partiremos de ésta hipótesis para siguientes investigaciones. El fenómeno de la caza de brujas, muy característico en Cataluña a principios del siglo XVII, nos da muchas pistas sobre inmigrantes franceses. Un gran número de las 36

J. A. Salas Auséns, En busca de El Dorado… pp. 77-83. J. A. Salas Auséns, En busca de El Dorado… pp. 84-86. 38 Xavier Torres Sans, “Los sin papeles y los otros. Inmigraciones francesas en Cataluña (s. XVI-XVII)”, Colección Mediterráneo Económico: Procesos migratorio, economía y personas, 1 (2002), pp. 347-361. 39 William Monter, “Els immigrants francesos i la inquisició de Barcelona, 1550-1650”, Avenç, 120 (1988), pp. 10-14. Elisabeth Balancy, “Les immigrés français devant le tribunal de l’Inquisition de Barcelone (1592-1692)”, Les Français en Espagne à l’époque moderne, Toulouse, éditions du Centre National, 1990, pp. 45-69. 37

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acusadas son mujeres francesas, debido a las características de la inmigración francesa: jóvenes varones, el género femenino no lo vemos muy representado en las fuentes y bibliografía consultada. El único hándicap es que la gran mayoría de procesos que se abrieron para juzgar a mujeres que practicaban la brujería se dan por autoridades señoriales y en zonas rurales, alejados de la ciudad de Barcelona. La inquisición de Barcelona no juzgo a éstas personas ya que adoptan una posición de incredibilidad delante de éste fenómeno, en general, promovieron sentencias más tolerantes que los tribunales civiles. Entre 1600 y 1635 el tribunal de Barcelona juzgó a 26 personas relacionadas con cuestiones de brujería, el recurso al tribunal inquisitorial fue a menudo una táctica, des de la defensa del acusado, para evitar las duras condenas de los tribunales locales.40 Las gentes de la península ibérica atacaban a los franceses con prejuicios, acusándoles de herejes y bandoleros. El bandolerismo es otro fenómeno muy característico de la Cataluña moderna y en ésa época muchos franceses eran acusados de pertenecer a los grupos armados y practicar la delincuencia. Estudios recientes demuestran que el bandolerismo no fue un fenómeno importado, ni mucho menos de inmigrantes. X. Torres nos informa que el 20% aproximado de los bandoleros eran de procedencia francesa.41 Las diferentes hostilidades contra la minoría inmigrante vienen dadas por generalizaciones que llevaban a ideas inexactas, prejuicios que manchan a la gran mayoría de los inmigrantes que vienen a ganar-se la vida pacíficamente. Las acusaciones de brujería y bandolerismo consisten en criminalizar a un sector social débil y en desventaja frente a la población autóctona.42 En éste contexto de hostilidad de la población mayoritaria, a través de la palabra y en base a prejuicios, vemos múltiples semejanzas con la actualidad. 8. La cofradía de la nación francesa Las comunidades extranjeras en la España moderna desarrollaron mecanismos políticosociales e institucionales de integración para sobrevivir en las diferentes urbes. Pertenecer a un grupo concreto aportaba privilegios, el soporte mutuo y la beneficencia suponía para los más desfavorecidos una vía de subsistencia. La beneficencia y las prácticas piadosas, dejan ver una clara sociabilidad y estrategia de grupo.43 Crespo en su artículo trabaja sobre una cofradía sevillana, comenta que el caso andaluz se puede extrapolar a otros fenómenos de sociabilidad, religioso o no, por parte de los extranjeros establecidos en centros urbanos españoles. Estas agrupaciones se beneficiaron de la unión y se convirtieron en auténticos fondos económicos para la supervivencia del grupo. La actividad de la cofradía se manifestaba a través de diferentes formas: la creación de hospitales, la ayuda espiritual, la canalización de dotes, ayudas económicas y como manifestación extrema de la piedad cristiana, la sepultura.44 En el caso de Barcelona, el 9 de octubre de 1616 se funda la fraternidad de la nación francesa y obtienen del convento de menorets de Nostra Dona de Jesús, al camí 40

Agustí Alcoberro, “La cacera de bruixes”, Pirates, bandolers i bruixes, Barcelona, Barcanova, 2004, pp. 158-228. 41 X. Torres, “Los sin papeles…”, pp. 355-359. 42 X. Torres, “Los sin papeles…”, pp. 360-361. 43 Ana Crespo Solana, “Nación extranjera y cofradía de mercaderes: el rosto piadoso de la integración social”, Coloquio internacional: Los extranjeros en la España Moderna, Málaga, 2003, vol.2, pp. 75-187. 44 A. Crespo Solana, “Nación extranjera…”, pp. 76-78.

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de Gràcia, el permiso para edificar una capilla. El acto cuenta con la presencia del cónsul, ciudadanos de Barcelona y otras personalidades.45 Nombran como patrón a San Luis, Rey de Francia. Existe mucha relación con la cofradía de la Flagel·lació, iban juntos a la procesión que la Congregació de la Puríssima Sang, que la parroquia del Pi organizaba el jueves santo.46 La cofradía sigue la misma lógica estamental de la sociedad, estaba organizada y jerarquizada internamente. El acceso a la asociación estaba reservado a franceses o hijos y nietos de éstos, por línea masculina, aunque españoles de nación. 47 Existen funciones dentro de la organización para regular la posición de cada individuo, la elite elegía anualmente a unos representantes y a todo el anagrama de la corporación. En el caso sevillano, Crespo, hace hincapié en la confección de una cofradía de base comercial. En el caso barcelonés, no es así hasta después de los años 40 del siglo XVII cuando la presencia de comerciantes franceses es importante. 48 La primera administración de la asociación la componían mayorales y oficiales. Encontramos a franceses con oficio: un panadero, un propietario, un pellaire, un pentiner, y un mercer.49 Al final del documento encontramos una relación de las personas que asistieron al acto y dan fe del acta notarial, aparece el nombre y el oficio. Estudiar estas personalidades sería una manera de empezar a saber quién formaba parte de esta organización..

De un total de sesenta y un hombres, encontramos veinte cinco oficios diferentes, a más de otros dos que no he podido reconocer. Los oficios más representados son los menestrales Si agrupamos la actividad económica en relación al producto que obtenían obtenemos un primer grupo, el más numeroso, dedicados a la construcción de objetos diversos. El segundo grupo consiste en el sector alimenticio y el tercer grupo que me 45

E. Giralt, La colonia mercantil… p. 223 M. Rey, Els immigrants… pp. 15-16 AHPB, G. S. Pedralbes, Manual 1615-1616, 9 octubre de 1616. 46 Rey, Els immigrants… pp. 15-16 47 Rey, Els immigrants… pp. 15-16 48 Emili Giralt, La colonia mercantil… p. 223. 49 M. Rey, Els inmigrants… pp. 17

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gustaría destacar son los que trabajan tejidos. Individualmente no suponen una gran participación, pero en grupo llegan a ser diez personas dedicadas al sector textil. Fuera del ámbito gremial encontramos otras ocupaciones, la más numerosa es el caso de 4 payeses, y el que me gustaría remarcar es el Cónsul de la nación francesa: Pere Ortiz. ¿Qué función tenía el cónsul dentro de la organización corporativa y en la ciudad en general? Investigar sobre el cargo y la persona que desarrolla la función sería interesante y una buena vía para saber más sobre la comunidad francesa. Otro de los personajes y oficios que me gustaría remarcar es la presencia en dicha fundación de Joan Pons menor carreter, parece ser que encontramos otra pista del personaje en cuestión. 9. Joan Pons Des de mi punto de vista, una manera de hacer historia es trabajar personas concretas, con nombre y apellido. Consiste en usar un microscopio y fijarnos en el elemento más simple de la sociedad, un ciudadano.50 La idea es ir del micro al macro constantemente, poner ejemplos concretos en relación a un marco general. ¿Joan Pons es un ejemplo representativo? El contexto específico nos puede ayudar para saber lo que es normal y lo que no lo es, podemos llegar a saber lo que es lógico en la sociedad moderna. A través de muchos casos particulares el objetivo es llegar al sistema, construir el macrocontexto a través de muchos micro-contextos. A través de Joan Pons y un primer estudio de su testamento, pude recibir numerosísima información que me ayudaron a realizar una pequeña bibliografía del personaje: Hombre, de oficio traginer (carretero), ciudadano de Barcelona, hijo de Bernat Pons (francés) y de Caterina Ponsa (catalana). Hermano de Joan Pons major de dies. En 1624, momento de redacción del testamento, no tiene hijos. Deja en heredad todos los muebles a su mujer, si ésta muere, a su hermano. No sabemos qué bienes muebles deja en herencia, éstos los tendríamos que encontrar en algún inventario post mortem. Des del inicio de la fundación de la cofradía, en 1616, vemos que participa en ella. Por ser uno de los participantes en el acto de fundación podemos decir que en ese momento era una persona importante dentro de la comunidad francesa. Los traginers de carretas en Barcelona representan un 3% de todos los inmigrantes masculinos reflejados en la matrícula, 37 individuos. Tal vez, en la 1637 ya no estaba vivo, ya que realiza el testamento porque está ab indispositio corporal de lo qual tem morir. Se tendría que comprobar si sale reflejado en el documento. Para reconstruir las relaciones sociales que mantenía Joan Pons me he fijado en los albaceas, los encargados de realizar las últimas voluntades del difunto. En éste caso los escogidos son tres: Caterina Ponsa; Pere Baró, prevere menor en la iglesia Sant Pere de les Puelles, oficio eclesiástico y Vidal Pas ciudadano de Barcelona. Éste último también es conocido como Pagès, habitante en la torre de Mosèn Galceràn Secur Pedralbes, notario que dio autenticidad a la creación de la cofradía.

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Un ejemplo a seguir a la hora de hablar de microhistoria e historia social es Natalie Zemon Davis y por citar alguno de sus libros: El retorno de Martin Guerra, Universidad de Valencia, 2005. León el africano: un ciudadano entre dos mundos, Universidad de Valencia, 2008. E. Giralt al final del artículo realiza la biografía de los miembros de la colonia mercantil francesa de Barcelona, pp. 264-278.

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Caterina Ponsa es la mujer y tiene éste apellido por la adopción del marido al casarse, aspecto de la sociedad patriarcal en época moderna. Caterina tenía una dote de 70 libras y Joan Pons pagó un escreix, la cantidad que ofrece el marido en el momento de casarse, aunque el testamento no especifica la cantidad. Joan Pons la hace hereda universal. Una buena manera de indagar sobre Caterina sería a través de los capítulos matrimoniales. Después de rastreas hasta ocho volúmenes de capítulos matrimoniales del notario Vicent Celleres, no he encontrado ningún protocolo a nombre de dichos protagonistas. Otra persona que sale en el testamento y quiero hacer mención es Miquel Adell. También es carretero y francés, según el testamento, vemos que mantenían relaciones económicas: Joan le deja a Miquel ochenta y tres libras a través de un acta de debitori, préstamo con el que las dos partes se ponen de acuerdo y firman bajo notario. A parte de la deuda por préstamo, vemos que le debe a Joan dieciocho libras de una mula que le vendió; en total le debe noventa y una libras. Miquel Adell adquiere mayor protagonismo en este estudio en el momento en que también vemos reflejado su nombre en el acta notarial de creación de la cofradía de franceses. A través de esta constatación y otras incorporadas en el testamento, vemos información que nos ayuda a reconstruir la vida social y económica de Joan y la de toda una ciudad en época moderna: me refiero a información relativa al precio de los productos, las medidas y los pesos para mesurar productos. Con las transacciones monetarias y las compra-ventas, introducidas en el testamento, vemos el precio de los productos. La transacción con Miquel es un claro ejemplo, documenta que entre carreteros hay intercambio de mulas al precio de dieciocho libras la mula. En el testamento vemos reflejados los portes que Joan realiza como carretero y lo que cobraba, encontramos información sobre el precio de los cereales, la madera, los muebles. Podemos afirmar que el dinero que cobraba por transportar variaba según la distancia del viaje y lo que transportaba. De la suma de todas las transacciones económicas que el documento nos proporciona, vemos que le deben a Joan 581 libras, 46 reales y 22 sueldos. Cantidad con la que podría comprar treinta y dos mulas como las que le vendió a Miquel, el cual no pudo pagar ni una. Sería interesante extrapolar toda la información económica que nos facilita el testamento para ponerla en relación con la capacidad económica de otros ciudadanos franceses establecidos en Barcelona, de esta manera veremos la solvencia de Joan y podremos situarlo en la pirámide social. Con respeto a la relación entre Pons y Adell sería clave intentar encontrar el acte de debitori, se podría encontrar dentro de los documentos firmados por el notario de Barcelona Pere Llunell, activo entre 1604 y 1648. Creo que también sería interesante indagar sobre las personas con las que realiza actividad económica, ver quiénes son, si son franceses y porqué confían en Joan para el porte de sus productos. Joan Pons realiza el testamento el 1624, cuando la cofradía ya está creada. En el testamento no encontramos ninguna mención a la cofradía ni al convento de Nuestra señora de Jesús. Si hemos de poner al protagonista en relación a la vida corporativa de la ciudad lo haremos a través de Sant Pere de les Puelles y la cofradía de Sant Magí. Prefiere ser enterrado en el carnero de dicho gremio antes que en cualquier otro, ¿Por qué? ¿Es la iglesia que tenía más cercana? ¿En la que asistía a diario? o ¿es la iglesia dónde el gremio de Sant Magí estaba establecido? ¿Joan Pons está integrado a la ciudad de Barcelona?

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10. Conclusiones Primero de todo constatar los enormes vacíos de contenido, es un primerizo estudio que poco a poco iré mejorando y haciendo más amplio. Todos los aspectos introducidos podrían ser muchos más extensos con la consultada de más bibliografía y documentación. Analizar la adaptación de un inmigrante en la Barcelona del siglo XVII no es tarea fácil. Para acércanos a la realidad de la colonia francesa tenemos diferentes vías, algunas de ellas denotan integración y otras confrontación entre las dos comunidades. Como hemos visto, he tenido en cuenta las redes de fraternidad que extendieron los recién llegados. Es muy importante para un recién llegado tener contactos que le ayuden a encontrar faena y tener un sitio donde dormir en los primeros meses de llegar a la nueva urbe. Los matrimonios nos ayudan a configurar el origen y consisten en uno de los nexos de unión con la sociedad autóctona, a más de constatar que el inmigrante ya tiene una solvencia económica para crear una familia. Otro aspecto que nos ayuda a entender la comunidad francesa es la cofradía, creo que puede ser una vía de investigación muy buena. Me puede aportar mucha información sobre las gentes y las diferentes actividades económicas y sociales que desarrollaban, encontrar el archivo que custodia toda esta información será uno de mis objetivos de ahora en adelante. La cofradía puede ser un elemento muy importante para enmarcar a todos los franceses como conjunto, dentro de un marco común en relación a la ciudad y a las diferentes cofradías. Hacer comparaciones con otras cofradías de la ciudad nos hará ver si la organización se convierte en un elemento clave para la integración y la recibida de nuevos inmigrantes. Otros elementos interesantes para abordar la realidad que tuvo que superar la comunidad francesa es la legislación y la justicia. El poder regula a la inmigración, hace leyes para controlarla, eliminarla, aceptarla… Algunos de los franceses tuvieron que superar un proceso inquisitorial por supuestos herejes o brujas. Este tipo de documentación denota una inmigración menos adaptada al devenir social de la mayoría, en todos éstos procesos, vemos como la procedencia étnica es recordada y está presente por el poder judicial. Des de mi punto de vista esta documentación no nos refleja la vida social que mantenía el individuo/a. Con respeto a Joan Pons me gustaría seguir trabajando el testamento. Creo que sería interesante sacar más información sobre aspectos de la vida de dicho personaje, como la actitud delante de la muerte, el cristianismo en su vida, el oficio de carretero, el pertenecer al gremio de Sant Magí, reconstruir las relaciones sociales… Me motiva poder dar vida a un personaje particular, pero siempre teniendo en cuenta la sociedad en la que vivió, poniéndolo en relación con el contexto y otros ciudadanos. Uno de los objetivos que me marco es abordar toda la posible documentación donde pueda encontrar a Joan Pons. El censo realizado por la Junta de Represalias el 1637 es una fuente importantísima para estudiar a los franceses en Barcelona. Es un documento muy detallado y nos da mucha información con la que trabajar. Quiero consultarla de primera mano para profundizar. Como hemos visto, partir de los oficios que practicaban nos llega a ver un ejemplo de integración, vemos franceses en muchas actividades económicas y esparcidos por la ciudad. Desde mi punto de vista el historiador investiga y divulga. Es en la divulgación donde creo que nos tenemos que modernizar. En el trabajo he incorporado infografías,

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visualizaciones de los datos históricos que ayudan a entender y a ver la información de una manera diferente. Las nuevas tecnologías nos proporcionan herramientas para trabajar y poder sintetizar la información, visualizarla y divulgarla de una manera más atractiva y comprensible. Tanto la matrícula de 1637 como el testamento de Joan Pons incorporan mucha información numérica que puede ser representada.

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Comerciantes del delfinado en la Sevilla del siglo XVIII, organización familiar y entramado comercial Dauphine traders in Sevilla eighteenth century, training and family commercial network Sara JARANA VIDAL Universidad de Sevilla Resumen: En el presente trabajo se analiza la trayectoria histórica de una familia de comerciantes franceses que durante la primera mitad del siglo XVIII se asentaron en Sevilla. Procedentes de los Altos Alpes, en la provincia del Delfinado, Roland Hermil y María Baylle serán las piezas centrales que definan el desarrollo de un entramado comercial cuyo eje principal pivotará entre las dos ciudades más importantes de la Baja Andalucía, Sevilla y Cádiz. Durante generaciones, la familia Hermil-Baylle se vinculará matrimonialmente con personajes naturales de esta provincia francesa, y al dedicarse todos sus componentes al comercio de mercerías, paños y libros, mantendrán habitualmente relaciones de negocios entre ellos. Asimismo, además de Sevilla y Cádiz, también encontraremos miembros de esta familia distribuidos en distintos puntos de la geografía española y europea, hecho que les ayudaría en el desempeño de su actividad. Palabras clave: Delfinado, Sevilla, familia, comercio Abstract: This paper analyses the historical trajectory carried out by a family of French traders during the first half of the eighteenth century who settled in Seville.From the High Alps in the province of Dauphine, Roland Hermil and Mary Baylle are the central characters who will define the development of a commercial network between the two major cities of the Andalusia, Seville and Cadiz.My objective is to analyse the link that exists between the commercial activity with the generations of the family Hermil-Baylle linked by marriage with the people from the French province of Dauphine. The continued trade of haberdashery, dry goods and books maintained both the business and personal relations of this family.Also, in addition to Seville and Cadiz, we find other members of this family distributed in different parts of Spanish and Europe, something that would help the family continue the commercial trade activity. Keywords: Dauphine, Seville, family, business

1. Introducción El presente trabajo es parte de otro de mayor envergadura, un Trabajo Fin de Grado que se centra en un estudio del que no teníamos información hasta el momento1. Hemos analizado las bases familiares de una colonia comercial oriunda del Delfinado que hasta la fecha sólo había sido estudiada por Álvarez Pantoja en su trabajo “Propiedades Sevillanas en Canarias en el siglo XIX”2. Estamos ante el caso concreto de una familia de comerciantes, todos provenientes de la provincia del Delfinado, en el reino de Francia, y que asientan su actividad mercantil en la ciudad de Sevilla. Aquí vamos a 1

Sara Jarana Vidal, Las compañías comerciales de la familia Chaix, un entramado comercial francés entre Sevilla, Cádiz y Canarias en los siglos XVIII y XIX, Trabajo fin de Grado inédito, Sevilla, Universidad de Sevilla, 2014. 2 María José Álvarez Pantoja, “Propiedades Sevillanas en Canarias en el siglo XIX”, IV Coloquio de Historia Canario-Americana, Cabildo de Gran Canaria, Casa de Colón, 1980, p. 895.

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analizar el desarrollo familiar de los Hermil-Baylle, matrimonio que conforma el núcleo inicial del trabajo citado anteriormente. Vamos a desdoblar su entramado familiar y comercial, atendiendo a las peculiaridades de este caso en concreto, en el que todos los componentes del estudio proceden de pequeñas aldeas, muy cercanas unas a otras, de los Altos Alpes Franceses, y siendo conscientes de las limitaciones del estudio, ya que no contamos con suficiente bibliografía de apoyo sobre esta zona concreta. En cuando a la metodología, este trabajo se ha realizado a partir de la consulta de una variada documentación bibliográfica y archivística; Habiendo consultado el Fondo de Protocolos Notariales del Archivo Histórico Provincial de Sevilla, el Fondo de Protocolos Notariales del Archivo Histórico Provincial de Cádiz y los libros matrimoniales del Archivo General del Arzobispado de Sevilla. 2. Extranjeros en el comercio español El descubrimiento de América supuso para España y para toda Europa un aliciente económico. Fue tal el atractivo de las Indias que, procedentes de todas partes de Europa llegaban a Sevilla comerciantes interesados en vender sus productos y en comprar las mercancías que traían los galeones españoles. Dado que todos ellos querían participar en los beneficios americanos, desde un principio, los Reyes Católicos, amparados por las bulas papales y el Tratado de Tordesillas, adoptaron el derecho de exclusión de los extranjeros en el comercio americano3. Y gracias a esta medida, las ciudades españolas y, en mayor medida las andaluzas, vieron cómo se acrecentaba su población extranjera4. Sin embargo, frente a un comercio cada vez más pasivo, sustentado por los mercaderes y por los productos extranjeros, el monopolio comercial cada vez era más débil5. Como expresa Girard, la imposibilidad que tenía España de aprovisionar ella sola a toda América, unida al exclusivismo celoso de los españoles, atrajo al comercio extranjero6. Los extranjeros, algunos de manera temporal y otros echando raíces 7 , forman parte importante e indiscutible de la sociedad española de los siglos XVII y XVIII, y lo cierto es que múltiples estudios han tratado este tema. Los mercaderes extranjeros desarrollaron diferentes estrategias en cuanto a métodos de integración y naturalización, según sus intereses. En el marco jurídico existirían dos categorías, los extranjeros y los nacionales. En el caso de Francia, país de origen de los comerciantes que ocupan este estudio, y cuya emigración en España durante la Edad Moderna se encuentra discriminada en la historiografía de ambos países8, hemos de decir que su comercio es esencialmente marítimo, muy poco interesado en el norte de Europa, mientras que ocupaba un lugar primordial en el Mediterráneo. El comercio francés se aprovechó 3

Margarita García Mauriño-Mundi, La pugna entre el Consulado de Cádiz y los jenízaros por las exportaciones a Indias, Sevilla, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1999, p. 29. 4 María Begoña Villar García, “La matrícula de extranjeros en Málaga de 1765”, Baetica, estudios de Arte, Geografía e Historia, 1, 1978, pp. 359-390. 5 Cristina García Bernal y Julián Ruiz Rivera, Cargadores a Indias, Madrid, Mapfre, 1992, pp. 87-92. 6 Albert Girard, El comercio francés en Sevilla y Cádiz en tiempo de los Habsburgo, Sevilla, Renacimiento, 2006, p. 66. 7 Antonio Domínguez Ortiz, Los extranjeros en la vida española durante el siglo XVII y otros artículos, Madrid, Diputación de Sevilla, Área de Cultura y Ecología, 1960, pp. 75-87. 8 Jean-Pierre Amalric, “Franceses en tierras de España: una presencia mediadora en el Antiguo Régimen”, Coloquio Internacional Extranjeros en la España Moderna, Málaga, Universidad de Málaga, 2003, Tomo I, pp. 23-37.

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durante el siglo XVIII de las mejoras de las vías de comunicación. El país galo consiguió constituir un mercado nacional que estaría dominado por determinados centros de transacción permanentes, como era el caso de Lyon, que además de traficar con seda, lo hacía con una gran cantidad de mercancías de todo tipo 9; o Marsella, que era un importante centro de intercambio monetario10. El comercio francés extranjero estaba dominado por el tráfico de mercancías y la reexportación, que va adquiriendo un mayor desarrollo a lo largo del siglo XVIII; de hecho, entre 1716 y la Revolución francesa se multiplicará por cuatro su volumen, lo que se debe fundamentalmente al tráfico masivo de productos coloniales. Además, en Francia a principios del siglo XVIII, los salarios eran inferiores a los de Inglaterra y España, y por tanto, el coste de las manufacturas francesas era menor que el de las españolas, otro factor que explica la penetración de mercancía gala en el territorio de la monarquía hispánica11. 3. Comerciantes extranjeros en Sevilla: los mercaderes franceses La ciudad de Sevilla se encuentra en una situación geográfica muy favorable al situarse en una región privilegiada de los vientos alisios, que, soplando hacia el suroeste favorecen la navegación hacia las Islas Canarias y el continente americano, hecho que sumado a las ventajas que le daba su puerto fluvial, hicieron de Sevilla la ciudad perfecta para comerciar con América. Sevilla se va a conformar como el punto más sensible de la Corona, que actuaría a modo de bisagra entre la España peninsular y el Nuevo Mundo12. Además, sus buenas comunicaciones con la Meseta interior, la riqueza de la tierra de Sevilla y su condición de puerto interior abrigado y seguro dieron lugar a que se convierta en el gran núcleo organizador, cabeza de la campiña, del comercio y núcleo redistribuir de productos agrarios; todo ello explica las razones que llevaron a instaurar en ella el monopolio del comercio indiano. Así pues, la ciudad hispalense llegará a convertirse en la gran capital económica de la monarquía durante los siglos XVI y XVII al calor de la Carrera de Indias 13. La prosperidad de Sevilla se reflejó inmediatamente en el incremento de su población durante el siglo XVI14, mientras que el siglo XVII, cuando comenzó a hacerse notable la decadencia de la ciudad, se produjo un descenso de la población, y aún así, Sevilla seguiría siendo una de las ciudades más pobladas de España e incluso de Europa15. Todo aquel que deseara ser vecino de la ciudad tenía que solicitar al concejo la petición. Incluso, hasta las primeras décadas del siglo XVIII, los nacidos en la propia ciudad tenían que presentar la partida de bautismo junto con una declaración jurada de que pretendían quedarse bajo la jurisdicción de la ciudad16. 9

Batolomé Bennassar, Historia Moderna, Madrid, Akal, 2010, pp.756-760. Marcel Courdurié y Ferréol Rebuffat, Marseille et le négoce monétaire internacional (1785-1790), Marsella, Robert, 1966. 11 Guillermo Pérez Sarrión, La Península comercial: mercado, redes sociales y estado en España en el siglo XVIII, Madrid, Marcial Pons Ediciones de Historia, 2012, p. 205. 12 Antonio Domínguez Ortiz, Historia de Sevilla. La Sevilla del siglo XVII, Sevilla, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 2006, pp. 15-16. 13 Ramón M. Serrera, La América de los Habsburgo (1517-1700), Sevilla, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 2011, pp. 165-166. 14 Antonio Domínguez Ortiz, Orto y Ocaso de Sevilla, Sevilla, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1991, p. 71. 15 A. Domínguez Ortiz, Orto y Ocaso…, pp. 72-73. 16 Tamar Herzog, Vecinos y extranjeros, hacerse español en la Edad Moderna, Madrid, Alianza Editorial, 2006, p. 51. 10

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En cuanto a la identidad de los comerciantes, es algo difícil de definir, ya que muchos de los mercaderes realizaban sus actividades al margen de las dos instituciones comerciales, la Casa de la Contratación y el Consulado de Cargadores a Indias. Una parte importante de la élite comercial afincada en Sevilla había aprovechado tradicionalmente los resquicios legales para consolidar sus intereses en el comercio americano 17 . Pero, ¿hasta qué punto las posibilidades ofrecidas eran superiores a la realidad?, aunque en los últimos años se ha avanzado bastante, aún queda mucho por conocer sobre los presupuestos básicos de la actividad económica y comercial sevillana, aunque es sabido que había familias y grupos andaluces que comenzaban a ganar protagonismo en el ámbito mercantil18. En 1717, la Casa de la Contratación se trasladó a Cádiz y Sevilla perdió el monopolio del comercio indiano, quedando así en un segundo plano con respecto a la ciudad gaditana. Pero este declive también se debe al interés solapado de muchos comerciantes, sobre todo extranjeros, que querían trasladar el puerto a un lugar más difícil de controlar19. La cuestión es saber hasta qué punto Sevilla perdió importancia en favor de Cádiz. La escasa competitividad de su industria sumada a la progresiva superioridad comercial y portuaria gaditana, menguaron las posibilidades de crecimiento de la ciudad20. Partiendo de estas ideas, podemos concluir que Sevilla siempre fue un centro comercial de suma importancia, que en el siglo XVIII ve menguado su desarrollo por lo que supuso para la ciudad el traslado de la Casa de la Contratación a Cádiz, por los problemas de infraestructuras urbanas que sufrió la ciudad hispalense a lo largo del siglo y por el deterioro que en general sufrió el comercio español durante dicho siglo con la disminución de la llegada de remesas de las colonias americanas; pero aún así consiguió mantener una posición privilegiada en el comercio internacional, cada vez más controlado por los mercaderes extranjeros. En este estudio no se va a tratar el comercio americano, más bien nos vamos a centrar en el desarrollado entre Sevilla, Cádiz y Europa, más concretamente, con Francia. Dicho comercio no ha sido estudiado en profundidad puesto que los historiadores han sentido tradicionalmente una atracción por el comercio americano, aunque no por ello era menos importante. El estudio de caso que analizamos en este trabajo, trata precisamente de un comerciante francés afincado en Sevilla y que mantiene relaciones comerciales con Francia, desde la que era su sede comercial, Sevilla.

17

Manuel Fernández Chaves y José Manuel Díaz Blanco, “Una élite en la sombra: los comerciantes extranjeros en la Sevilla de Felipe III”, Las élites en la Edad Moderna: la monarquía española, Sevilla, 2009, Vol. 3, pp. 35-50. 18 Antonio Miguel Bernal y Antonio García-Baquero, Tres siglos del comercio sevillano (1598-1868): cuestiones y problemas, Sevilla, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, pp. 161-167. 19 A. Domínguez Ortiz, Orto y Ocaso…, pp. 139-174. 20 Manuel Bustos Rodríguez, Cádiz en el sistema atlántico: la ciudad, sus comerciantes y la actividad mercantil (1650-1830), Madrid, Sílex, 2005, p. 60.

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4. Roland hermil y María Baylle, los orígenes de un entramado comercial francés en Sevilla El núcleo de este estudio es el matrimonio formado por Roland Hermil y María Baylle, ambos naturales de Monnetier de Briançon, en la provincia del Delfinado21. Además, estudiaremos otro matrimonio, que seguía probablemente una estrategia más comercial que familiar: el conformado por Juan Baptista Hermil, hermano de Roland, y Juana Baylle, hermana de María22. Ambos matrimonios estarán vinculados de manera constante, tanto familiar, como económicamente, ya que la primera compañía comercial de la que tenemos constancia es la establecida por los hermanos Hermil, Roland y Juan Baptista, la “Hermil hermanos Cª.”23. Aunque no sabemos si la compañía se fundó en Francia o ya a su llegada a España, ni la fecha exacta de fundación, si que sabemos que para 1752 ya llevaban varios años como vecinos de Sevilla, donde nacieron los hijos mayores de Roland y María. También sabemos que precisamente, en 1752, la compañía de los Hermil se traslada a Cádiz, momento en el cual traspasan su tienda de libros en las gradas de la catedral, a la compañía establecida por Antonio y Diego Berard 24 , mercaderes franceses provenientes de la misma zona de los Altos Alpes, y con quien se verán vinculados familiarmente cuando en 1754 Roland case a su hija mayor (de 16 años), María Cathalina, con Antonio Berard25. Efectivamente, cuando en 1752 los Hermil-Baylle cambian su residencia a la ciudad gaditana, traspasan su tienda a los hermanos Berard, naturales de Chantemerle de Briançon26, y en 1754, ambas ramas establecerán vínculos familiares directos, lo que se repetirá cuando Margarita Apolonia, hermana de María Cathalina, casa con el hermano de Antonio Berard, Diego, también natural de Chantemerle27. De este modo, los mercaderes procedentes de los Altos Alpes, se ligan matrimonialmente con hijas de comerciantes de su misma procedencia, pero siendo ellas naturales de España, lo que les daría estatuto de jenízaras (al igual que lo serán el resto de sus hermanos, todos hijos de Roland Hermil y María Baylle, ya que Juan Baptista y Juana no tendrán hijos28). 5. Descendencia y entronque familiar Viviendo en la ciudad de Cádiz, el matrimonio formado por Roland Hermil y María Baylle casó a su hija mayor, como ya hemos comentado, María Cathalina Hermil, con un comerciante ya conocido por Roland, Antonio Berard, al que no solo le había traspasado su tienda años antes, sino que también era natural de la misma provincia francesa, el Delfinado. De esta manera, vemos como no se rompen los vínculos con la zona de origen, algo que también ocurrirá con los demás matrimonios de la familia, como podremos observar a continuación. 21

Archivo Histórico Provincial de Cádiz [AHPC], Protocolos notariales de Cádiz [PNC], leg. 5343, fol. 34. Archivo Histórico Provincial de Sevilla [AHPSe], Protocolos notariales de Sevilla [PNS], leg. 13187, fol. 11. 22 AHPSe, PNS, leg. 13189, fol. 1º del cuadernillo 2. 23 AHPSe, PNS, leg. 13131, fol. 305. 24 AHPSe, PNS, leg. 13131, fol. 305. 25 AHPC, PNC, leg. 5343, fol. 295. 26 AHPSe, PNS, leg. 13191, cuadernillo 24. 27 AHPSe, PNS, leg. 13190, fol. 3º del cuadernillo 33. 28 AHPSe, PNS, leg. 13189, fol. 1º del cuadernillo 2.

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El matrimonio mencionado anteriormente contrae nupcias en la ciudad de Sevilla, aunque ya no era el lugar de residencia de la novia (natural de Sevilla). La pareja establecerá su residencia esta ciudad, ya que es donde se hallaba el local comercial de Antonio junto a su hermano. Pasados unos años, pero anteriormente a 1767, nos encontramos nuevamente con el traslado de toda la familia. Ahora será a Sevilla donde vayan, para establecer nuevamente su residencia y su base comercial29. Aunque por desgracia, desconocemos los hechos que llevaron a la familia a retornar a Sevilla, lo más probable es que fuesen motivos comerciales. Nos referimos al año 1767 porque es el año en el que el cabeza de familia, Roland Hermil, fallece, teniendo constancia de dicho fallecimiento a través de la documentación de los protocolos notariales de Sevilla, donde también hemos podido ver que, anteriormente a esa fecha, Roland, junto con su hermano Juan Baptista, fundó una nueva compañía mercantil con Antonio Chaix, también natural del Delfinado, de Chantemerle de Briançon. La compañía a la que hacemos referencia se denominó “Hermil Chaix y Cª.”30, la cual no verá su fin con la muerte de Roland. En 1771, poco después de la muerte de Roland, María Baylle junto a sus 2 hijos y su cuñado, Juan Baptista Hermil, refunda la “Hermil Chaix y Cª”31, de la que serían socios Juan Baptista Hermil, María Baylle, sus hijos, Juan José y José Ventura Hermil, y Antonio Chaix. Anteriormente a 1768, desconocemos la relación familiar indirecta que les unía con Antonio Chaix, más allá de saber que eran vecinos en el reino de Francia, pero el 10 de enero de 1768, Antonio Chaix contraería nupcias con una de las hijas del matrimonio Hermil-Baylle, Theresa Elena Hermil, hija de su difunto socio32. Desconocemos si fue un matrimonio orquestado por Roland y no se llevó a cabo antes de su muerte, o bien, si fue una estrategia conformada por María Baylle y Juan Baptista Hermil, para dar continuidad a la compañía anterior. En todo caso, lo cierto es que desde ese momento, Antonio Chaix tendrá un papel fundamental en este estudio, debido a su destacada actuación en todos los asuntos familiares, y por sus negocios. Antonio Chaix y Theresa Elena Hermil contrajeron matrimonio en la parroquia del Salvador, collación de la que eran vecinos, ya que fijaron su residencia, como ya había pasado anteriormente con Roland y María, en la calle Francos, dónde también establecerían su local comercial33. Y además, hay que tener en cuenta que la mayoría de los miembros de la familia que residirán en Sevilla establecen su hogar en la misma calle Francos, o las de alrededor, ya que probablemente todos quisieran mantenerse cerca unos de otros dado su carácter de extranjeros, sus intereses comerciales y por el aspecto más puramente familiar. Por otro lado, tenemos a las hermanas de Theresa Elena Hermil: Margarita Apolonia, que casa con el hermano de su cuñado Antonio Berard, Diego Berard34; Juana María y Josefa Antonia, que casarán con otros dos hermanos, Diego y Juan Josef Gaillard respectivamente 35. Estos dos personajes también son comerciantes naturales del Delfinado.

29

AHPSe, PNS, leg. 13151, fol. 8. AHPSe, PNS, leg. 13151, fol. 8. 31 AHPSe, PNS, leg. 13154, fol. 1681. 32 Archivo General del Arzobispado de Sevilla [AGAS], Fondo de la Parroquia del Salvador, Sección: Administración de Sacramentos, Serie de libros matrimoniales, Libro 13 (años 1745-1772). 33 AHPSe, PNS, leg. 13151, fol. 8. 34 AHPSe, PNS, leg. 13190, fol. 3º del cuadernillo 33. 35 AHPSe, PNS, leg. 13194, fol. 16º cuadernillo 13. 30

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De esta manera, veremos cómo se repite la estrategia ya comentada al principio, la de casar a dos hermanos con dos hermanas, de modo que las relaciones familiares sean más fuertes. En primer lugar, son María y Juana Baylle las que casan con dos hermanos, Roland y Juan baptista Hermil respectivamente, después, María Baylle y Roland Hermil, casan a sus hijas, María Cathalina y Margarita Hermil con los hermanos Berard, Antonio y Diego, y posteriormente, a sus hijas Juana María y Josefa Antonia con los hermanos Gaillard. Siendo todos los yernos de Roland y María, naturales del reino de Francia, y sus hijas del de España. Una estrategia comercial y familiar que guarda también especial relación con la zona de origen de las familias con las que entroncan, puesto que, hasta el momento, ningún miembro de la familia tiene vínculos familiares fuera del núcleo que correspondería con los Altos Alpes franceses, lo que es un hecho muy interesante. Esto se mantendrá aún con el paso de las generaciones, ya que los propios Antonio Chaix y Theresa Elena Hermil casan a su hija María Cathalina con Santiago Forrat36, un mercader también proveniente de la misma zona, en este caso, de un pueblo más relevante, pero igualmente cercano a los ya mencionados con anterioridad, Briançon. Esta vinculación matrimonial con comerciantes naturales de la misma zona ha de responder a un tipo de estrategia tanto familiar como comercial, probablemente de este modo, refuercen sus vínculos familiares y ello dé más seguridad a sus intereses comerciales, formando una red comercial amplia, que aunque no lo veamos aquí, deja a miembros de todo este núcleo familiar esparcidos por el mapa europeo. Y aunque no contemos con información de años anteriores a la llegada de los Hermil a Sevilla, probablemente, este tipo de estrategias tengan su origen mucho tiempo atrás, en el reino de Francia, donde se iniciarían las relaciones entre todas las ramas familiares que hemos mencionado. Caso distinto es el de los hijos de estos matrimonios, que probablemente no casaran con francesas vecinas del Delfinado. En primer lugar veremos los matrimonios conformados por los hijos de Roland Hermil y María Baylle. El primer matrimonio que hemos estudiado, Juan Josef y Josef Ventura, casando el primero con María Arcayo y el segundo con Francisca Elvo37, que aunque desconocemos realmente su origen, creemos que no son oriundas de Francia, o al menos no de la misma zona que los demás. Y por otro lado tenemos a los hijos de Theresa Elena Hermil y Antonio Chaix, Josef María Chaix y Santiago, este último casará con una joven de origen irlandés, Isabel Shee 38 y Josef María con una de origen italiano, María San Martori 39. Estos casamientos apuntan a una posible apertura de las estrategias de reproducción social de la familia y a la inclusión de miembros procedentes de otras zonas, y lo más probable es que fuera por intereses comerciales en todos los casos. Lo mismo podría ocurrir en el caso de Rita Magdalena Chaix Hermil, nieta de Roland y María, y que casará con un joven comerciante riojano, Bruno García 40 , aunque al desconocer el origen de los padres, podemos pensar que fue hijo de extranjeros, siendo ya él jenízaro. El caso es que todos ellos, extranjeros, y en su mayor parte, naturales del Delfinado, asientan su familia y sus actividades comerciales en la ciudad hispalense, con vistas a distribuir sus mercancías hacia Canarias41 y también las Indias42, pero sin 36

AHPSe, PNS, leg. 13202, fol. 6º del cuadernillo 1. AHPSe, PNS, leg. 13187, fol. 11. 38 AHPSe, PNS, leg. 13224, fol. 1023. 39 AHPSe, PNS, leg. 18565, fol. 655. 40 AHPSe, PNS, leg.13218, fol. 72. 41 AHPSe, PNS, leg. 13223, fol. 248-266. 37

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olvidar por un momento su origen francés, lo que vemos por los enlaces matrimoniales, y también por la posesión de bienes materiales en el citado reino francés43.

Fuente: elaboración propia a partir de las referencias consultadas.

6. Las compañías comerciales En cuanto al ámbito comercial, haremos un recorrido cronológico siguiendo los datos con los que contamos. Como ya dijimos, la primera compañía de la que tenemos constancia es la “Hermil hermanos Cª.”, una compañía que comercializa con textiles, estampas 44 e incluso libros 45 . Hablamos de una compañía establecida en Sevilla y trasladada en 1752 a Cádiz, aunque desconocemos las causas de este hecho, así como las que llevaron de nuevo al posterior y definitivo traslado a Sevilla antes de 1767. Podemos deducir por tanto que su fundación fue anterior al año 1752, aunque desconocemos la fecha exacta y el lugar donde se llevaría a cabo la redacción de la carta de fundación: si fue en la ciudad de Sevilla, en Cádiz, o bien en el reino de Francia. La segunda es la formada por Antonio y Diego Berard46. Compañía igualmente constituida con anterioridad al año 1752 y que trabajaría con el mismo tipo de mercancía que la anterior. Y retomando el seguimiento de la primera, poco antes de 1767, se creó una nueva compañía de los hermanos Hermil, pero en este caso con un nuevo socio comercial, Antonio Chaix 47 , que pasará posteriormente a formar parte del núcleo familiar más directo de los Hermil, como ya hemos comentado con anterioridad. El caso es que algo debió ocurrir para que los hermanos Hermil dejaran de formar una compañía en solitario y buscaran un nuevo socio externo a su círculo familiar. O bien 42

AHPSe, PNS, leg. 13154, fol. 1681. AHPSe, PNS, leg. 13223, fol. 248-266. 44 AHPSe, PNS, leg. 13131, fol. 305. 45 AHPC, PNC, leg. 5343, fol. 295. 46 AHPSe, PNS, leg. 13131, fol. 305. 47 AHPSe, PNS, leg. 13151, fol. 8. 43

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COMERCIANTES DEL DELFINADO EN LA SEVILLA …

tuvieron problemas de financiación, lo cual es poco probable, ya que documentación posterior nos muestra que los Hermil tenían un capital abundante 48 , o vieron en Antonio Chaix una forma de mejorar su rentabilidad a través del capital relacional que este les pudiera aportar, aunque es algo que no podemos concluir a la ligera. El caso es que, para 1767, con la muerte de Roland Hermil, la compañía se mantuvo con María Baylle ocupando el lugar de su marido, hasta 1771, cuando se refunda la compañía “Hermil Chaix y Cª”, en la que obviamente ya no estaría Roland, pero sí su esposa María Baylle y sus dos hijos varones, además de Juan Baptista Hermil y Antonio Chaix, ya miembros en la compañía original. María Baylle por tanto, consideró mejor, o probablemente más conveniente, continuar una compañía comercial con su cuñado, hijos y su yerno, que emprender una en solitario, o con sus hijos una nueva, lo que no ocurre, ya que en ningún momento hemos tenido constancia de la existencia de una compañía “Viuda de Hermil e hijos” o “Baylle y Cª”. Posiblemente también tendría un papel importante la hermana de María, Juana, que no podemos olvidar que era la esposa de su cuñado, Juan Baptista Hermil. De este modo, los vínculos familiares tan directos permitirían a María tener una mayor seguridad al mantener una compañía comercial junto a su cuñado antes de comenzar otra en solitario. Igualmente, para esas mismas fechas, alrededor de 1770 ya comenzamos a ver documentación de la “Gaillard hermanos Cª”, formada por Diego y Juan Josef Gaillard, los otros dos yernos del matrimonio Hermil-Baylle, con quien mantendrá relaciones hacia el 1775 la “Hermil Chaix Cª”49. En los años finales de la decimoctava centuria veremos también la existencia de una nueva compañía formada por otros ya conocidos, los Berard, que en este caso establecerán vínculos comerciales con la familia Blanchard 50 , creando la “Berard, Blanchard y Cª”51, compañía que parece que estaba dedicada en exclusiva al comercio de libros52. Realmente, no es mucha la información que tenemos sobre todas estas compañías, y la documentación que hemos podido consultar da más datos sobre la estructura familiar, aunque los que nos ha dejado, han permitido reconstruir en cierto modo el entramado comercial que la familia había organizado. Aunque si bien para estas fechas la documentación comercial es más escasa, para fechas posteriores es algo más abundante, así pues, vemos como la “Chaix Forrat y Cª” 53, ha dejado una gran cantidad de información puramente mercantil, como letras de cambio que dejan rastro por un amplio marco geográfico54; no así la carta de fundación de la compañía, la cual desconocemos hasta el momento. Esta compañía se formaría a la muerte de Antonio Chaix, hacia 1801, cuando Theresa Elena Hermil forma una compañía con sus hijos, su yerno, Santiago Forrat y su cuñado, Ambrosio Chaix, exactamente de la misma manera que lo hizo su madre años antes. De esta compañía sabemos que tenía su sede comercial en la calle Francos, al igual que la “Hermil Chaix y Cª”, que comerciaba con artículos 48

AHPSe, PNS, leg. 13154, fol. 1681. AHPSe, PNS, leg. 8811, fol. 1014. 50 Procedentes también del Delfinado, mantienen vínculos familiares con los Hermil, con los Chaix y con las demás ramas familiares vistas hasta el momento, pero la escasa documentación nos impide definir con exactitud cuáles eran los vínculos entre ellos. 51 AHPSe, PNS, leg. 13198, fol. 462. 52 AHPSe, PNS, leg. 13199, fol. 359. 53 AHPSe, PNS, leg. 13223, fol. 248-266. 54 AHPSe, PNS, leg. 13226, fol. 555. 49

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de mercería y en general, de todo tipo y efectos, como hacen alusión en la documentación55. Sabemos también la fecha de su fin, en 1809, cuando Santiago Forrat muere56, dando lugar a la disgregación de la compañía: por un lado se crea la “Viuda de Forrat e hijos Cª”57 y por otro la “Ambrosio Chaix Cª”58. Desconocemos que pasó con los hijos de Antonio Chaix y Theresa Elena Hermil, no obstante, tenemos constancia de que uno de ellos murió años antes, por lo que podemos intuir que el otro continuaría su actividad comercial en solitario o bien se uniría a algún miembro de la familia. 7. Conclusiones A la hora de estudiar el caso concreto de la familia Hermil, vemos como la organización familiar se corresponde con la solidaridad entre miembros de su misma nación; todos vecinos de la misma región francesa, Briançon, del Delfinado. Estamos ante unas ramas familiares que entroncan desde mediados del siglo XVIII, e incluso antes, y que con su unión, forman vínculos familiares muy extensos con parientes distribuidos por diversos puntos de la geografía tanto española como francesa; de forma que el control de las sociedades comerciales queda bajo una órbita familiar. Por otro lado, nos encontramos con la aplicación general de la llamada “yernocracia”59, “el poder de los yernos”, que se repite constantemente a lo largo de las diferentes generaciones de esta familia: de Roland Hermil a Antonio Chaix, de Antonio Chaix a Santiago Forrat. Como hemos ido analizando, vemos que las compañías que se van creando van determinadas en algunos casos por la salida de los miembros de la familia y la integración en la creación de una nueva compañía. Por otro lado, observamos también una relación lateral entre hermanos a la hora de entender sus relaciones comerciales pues, vemos que se busca en el hermano o el cuñado al mejor socio comercial. Así mismo, cabe destacar la importancia de la mujer en estas estrategias familiares, que no tienen más que un trasfondo comercial. Y por supuesto, el propio papel que la mujer juega en las compañías, sobre todo a partir su viudez, cuando incluso, pasan a formar parte activa en la creación de nuevas compañías. Sin duda, la conclusión más importante que podemos sacar de este estudio es la clara vinculación existente entre las relaciones familiares y las compañías de comercio que forman; la unión familiar desemboca en una unión comercial, lo que a su vez provoca la búsqueda de nuevos lazos familiares de los que servirse para sus actividades comerciales.

55

AHPSe, PNS, leg. 13223, fol. 248-266. En este momento dejamos de ver documentación referente a la “Chaix Forrat y Cª” y comenzamos a ver documentación pertinente a la “Viuda de Forrat e hijos Cª” 57 AHPSe, PNS, leg. 13239, fol. 150. 58 AHPSe, PNS, leg. 13244, fol. 580. 59 Paloma Fernández Pérez, El rostro familiar de la metrópoli, redes de parentesco y lazos mercantiles en Cádiz, 1700-1812, Madrid, Siglo XXI de España Editores, 1997. 56

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COMERCIANTES DEL DELFINADO EN LA SEVILLA … Juan Bautista Forrat

Santiago Forrat

Isabel Forrat (Hermil)

Roland Hermil

Juan Bautista Hermil

Rita Magdalena Chaix (Hermil)

Antonia Theresa Bufedo Elena Hermil (Baylle)

Bruno García

Guillermo Francisca Félix San Blanc García Martori

María Theresa Chaix (San Martori)

María Santiago Isabel Josef María María Cathalina María Chaix Shee Chaix San Chaix (Hermil) (Hermil) (Hermil) Martori

Francisca Antonio Águeda Chaix Mondet (Calier)

Antonio María Forrat (Hermil)

Juana Baylle

Columba Juan Mallen Pedro Mallen

Rosa Mallen

Josef Berard

Antonio Berard (Mathieu)

Magdalena Mathieu

Juan Gaillard

Margarita Juan Josef Apolonia Gaillard Hermil (Baylle) (Guibert)

Ramón Josef Berard Berard (Hermil) (Hermil)

María Diego Cathalina Berard Hermil (Baylle) (Mathieu)

Francisco de Juan Antonio Agustín Antonio Paula Berard Berard Bentura María Berard (Hermil) (Hermil) Berard (Hermil) (Hermil)

Jorge Gaillard

Josef Orcel

Mariana Gaillard

Josefa Antonia Hermil (Baylle)

Diego Gaillard (Guibert)

Cathalina Guibert

María Baylle

Juana María Juan José María Josef Bentura Francisca Hermil Hermil Arcayo Hermil Elvo (Baylle) (Baylle) (Baylle)

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Las familias de comerciantes de la ciudad de Trujillo a finales de la época moderna Families of traders in the city of Trujillo at the end of the Modern Age Raquel TOVAR PULIDO Universidad de Extremadura Resumen: A través de la consulta de diferentes fuentes de finales de la época moderna, hemos tratado de dar respuesta a los objetivos que nos hemos propuesto: recomponer la estructura de los hogares de las familias de los comerciantes residentes en la ciudad de Trujillo y conocer qué mecanismos establecieron para la formación de tales hogares. En segundo lugar, hemos tratado de vincular el comportamiento familiar de los individuos dedicados al comercio con las pautas existentes en las familias de comerciantes varias décadas atrás, todavía en el siglo XVIII. Y, por último, nos ha sido posible obtener información acerca de la estructura económica de los negocios que regentaban estas familias. Palabras clave: Estructura de la familia. Comerciantes. Economía urbana. Trujillo. Final de la época moderna. Abstract: The article analyses the results of the consultation of different sources of late modern times. Firstly, it rebuilds the structure of the homes of the families of the traders in the city of Trujillo and what mechanics were established for the formation of such households. Secondly, it obtains information on the economic structure of businesses which these families ran. Finally, it links the familiar behavior of individuals engaged in trade with existing guidelines on the merchant families in the eighteenth century. Keywords: Family structure. Traders. Urban economy. Trujillo. The end of the Modern Age.

1. Introducción: Es evidente la influencia de la actividad comercial en la conformación de la vida urbana, pero no siempre esta función es la predominante en una ciudad1. Extremadura desde la época medieval ha sido una región cuya economía se basaba en la agricultura y la ganadería, mientras que el comercio y la artesanía, poco desarrollados, estaban limitados a satisfacer las necesidades básicas de la población2. Debido a que el papel de la familia es de gran relevancia como intermediación entre el individuo y la comunidad3, presentamos en este trabajo una aproximación a la estructura familiar de uno de los grupos socio-profesionales situados entre las clases acomodadas del ámbito urbano español, el grupo de los comerciantes de la ciudad de Trujillo a finales del periodo plurisecular que engloba el Antiguo Régimen.

1

Isidoro Fernández Millán, La ciudad de Plasencia en el siglo XVIII: aspectos demográficos y sociales. Mérida, Asamblea de Extremadura, 1995, p. 192. 2 José Luis Martín Martín, Historia de Extremadura. Los tiempos medievales. Badajoz, 1985, p. 348. 3 Juan Manuel Bartolomé Bartolomé, “Comerciantes de origen castellano en León: las familias Pablos Salán-Rodríguez y Hernández de Medina-Fernández (1700-1850)”, p. 146. Brocar: Cuadernos de investigación histórica, Nº 28, 2004, pp. 145-166.

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Raquel TOVAR PULIDO

El método de recomposición de familias 4 nos ha permitido analizar los núcleos familiares encabezados por individuos que desempeñan actividades comerciales en los años veinte del siglo XIX. Las listas nominativas que ofrecen las fuentes 5 objeto de análisis permiten distinguir los hogares entre sí, así como las relaciones de parentesco entre los individuos que componen el hogar 6 , a partir de los cuales detectamos el número de familias que forman parte de cada hogar, pues pueden ser varias 7 . Las unidades de corresidentes en una misma vivienda establecen un vínculo entre los miembros que la constituyen, pero estos lazos de cohesión, como veremos, no han de ser necesariamente biológicos8. Las fuentes documentales manejadas nos han permitido advertir modelos de familia diferentes entre las familias objeto de estudio, cuyo tamaño se ve condicionado por el agregado doméstico que presentan, que puede estar integrado por hijos, parientes corresidentes y empleados domésticos. En primer lugar, analizamos el grado de representatividad de este grupo socioprofesional respecto al resto de los agregados domésticos, cuyos cabezas de familia desempeñan oficios vinculados a otros grupos socio-profesionales. Nos interesa conocer la composición interna de los núcleos familiares encabezados por individuos dedicados al comercio, con el objetivo de advertir posibles diferencias entre mercaderes, comerciantes, así como vendedores al por menor, es decir, analizar la organización doméstica de grandes mercaderes y pequeños comerciantes. Una vez que hayamos definido el perfil de los cabezas de familia responsables de un hogar que se dedican al comercio, podremos delimitar los lazos de parentesco que unen a los individuos integrantes de la familia con el individuo que ocupa la jefatura del hogar, el grado de consanguinidad que los une, si se trata de hijos, sobrinos y familiares de tipo ascendente o si, a diferencia de ello, los lazos no son de sangre sino de tipo laboral, nos referimos a la presencia de empleados domésticos en las viviendas de comerciantes. De este modo extraeremos el modelo de familia que caracteriza a este grupo socio-profesional, si se trata de familias simples, formadas por padres e hijos, o si las familias responden a un grado de complejidad derivado de la presencia de familiares e individuos de distinto parentesco o grado de consanguinidad. También establecemos una aproximación a las actividades económicas detentadas por algunas de estas familias. En definitiva, tratamos de definir los comportamientos familiares de un grupo socio-profesional eminentemente urbano en una ciudad del final de la época moderna, en un periodo de transición como es el final del Antiguo Régimen, con el objeto de advertir el grado de representatividad en la ciudad de Trujillo en este periodo de crisis, 4

Louis Henry, Manual de demografía histórica. Barcelona, Crítica, 1983, pp. 248-249. Archivo Municipal de Trujillo [AMT], Padrones de vecinos 1825-1829, Ciudad de Trujillo, legajo 1004. 6 Hemos utilizado el modelo de análisis que, a finales de la década de los sesenta y principios de los años setenta del siglo XX, fue diseñado por Laslett y el grupo constituido entorno a la Escuela de Cambridge , como método de aproximación a la estructura del hogar a partir de las unidades de corresidentes. Ver Francisco García González, “Las estructuras familiares y su relación con los recursos humanos y económicos”, p. 164; en Francisco Chacón y Joan Bestard (dirs.), Familias. Historia de la sociedad española (del final de la Edad Media a nuestros días), Madrid. Cátedra, 2011, pp. 159-254. Ver Peter Laslett, “La famille et le ménage: approches historiques”. Annales, ESC., 1972, pp. 847-872. Y Peter Laslett, “Introduction: the History of the Family”; en Peter Laslett y Richard Wall. (eds.), Household and Family in past time, Cambridge, 1974, pp. 1-90. 7 L. Henry, Manual de demografía…, pp. 30-38. 8 Felicísimo García Barriga, Familia y sociedad en la Extremadura rural de los tiempos modernos (siglos XVI-XIX). Cáceres, Universidad de Extremadura, 2009, p. 177. 5

174

LAS FAMILIAS DE COMERCIANTES DE LA CIUDAD DE TRUJILLO …

así como si su presencia responde a un modelo de reproducción social claramente definido a partir de una determinada organización doméstica o si, por el contrario, las pautas seguidas por los cabezas de familia responden a variables independientes, fruto de la coyuntura más que de estructuras familiares claramente delimitadas. 2. Comerciantes en la ciudad: La élite local de la ciudad está integrada por un grupo heterogéneo de familias en las que encontramos terratenientes, individuos dedicados a profesiones liberales, personas que desempeñan un cargo en la administración, así como a los grandes comerciantes de la ciudad. A excepción de los primeros, se trata de profesionales que no están directamente vinculados al desarrollo de actividades agrícolas y artesanales. No obstante, en muchas ocasiones poseían tierras y demás propiedades que administraban por sí mismos o a través de intermediarios, cuando para su explotación eran entregadas a cultivadores independientes9. Tal disponibilidad de propiedades tanto urbanas como patrimonio rústico la hemos podido observar también en algunas de las familias de comerciantes que hemos estudiado. La representatividad de los distintos grupos socio-profesionales de la ciudad de Trujillo es desigual en cuanto al número de individuos a los que afecta, y estas diferencias son visibles entre la élite local y el resto de grupos pero también entre los propios grupos acomodados, que incluyen, además de a los burgueses a los que nos hemos referido, a los grandes propietarios agrícolas. En conjunto, los grupos socioprofesionales que formarían parte de esta burguesía local, constituirían el 11,2% de la población, entre los cuales los comerciantes constituyen el 3,33% de las familias en la cronología estudiada10. Tabla 1. Familias de comerciantes en la ciudad de Trujillo.

Comerciantes

1825

V

Cajero

4

4

Comerciante

8

6

Estanquero

1

1

Mercader/a

9

8

Tendero

1

1

Recatonero/a

10

9

Tercenista

1

1

Total

34

30

M

2

1

1

4

1826

V

M

5

5

5

4

1

1

7

6

1

5

3

2

9

8

1

1

1

33

28

1

5

9

José Pablo Blanco Carrasco, Demografía, familia y sociedad en la Extremadura moderna, 1500-1860. Cáceres, Universidad de Extremadura, 1999, pp. 317-320. 10 En los años veinte del siglo XIX el número de habitantes de Trujillo giraba en torno a 2.800 sólo en la ciudad.

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Raquel TOVAR PULIDO

Comerciantes

1827

V

M

1828

V

M

1829

V

M

Negociante

1

1

Comerciante

12

11

1

15

12

3

12

10

2

Mercader/a

1

1

Tendero

4

2

2

4

1

3

1

1

Recatonero/a

10

8

2

10

8

2

10

9

1

1

Revendedor Tercenista

1

1

1

1

Estanquero

2

2

2

2

2

2

Cajero

3

3

3

3

2

2

1

1

30

27

Vendedor Total

33

28

5

35

27

8

Fuente: AMT. Padrones de 1825 a 1829. Leg. 1004. Elaboración propia.

3. El agregado doméstico de estas familias: El mantenimiento de la posición social, dentro de las colectividades de las que formaban parte los grupos acomodados de la ciudad de Trujillo, va a condicionar su reproducción biológica buscando la continuidad de su reproducción social 11. Los grupos socio-profesionales que componen la burguesía urbana desempeñan actividades tan dispares que resulta difícil “esclarecer un comportamiento familiar y demográfico específico” 12 . Precisamente las familias que cuentan con un agregado doméstico de mayor tamaño pertenecen al grupo socio-profesional constituido por comerciantes (4,34 miembros por familia). Al intentar establecer una comparativa con poblaciones cercanas de la centuria anterior y también de cronología similar, hemos observado que a mediados del siglo XVIII en la ciudad de Coria el grupo de los comerciantes contaba con 4,1 miembros por hogar, de acuerdo a los estudios de Hernández Bermejo 13 ; por su parte, la muestra extremeña analizada por García Barriga14 correspondiente al año 1829 proporciona un tamaño medio del hogar de las familias dedicadas al comercio de 4,2 individuos15. Los resultados son equiparables y proyectan, por tanto, un modelo de familia en este grupo socio-profesional que es similar en el siglo XVIII y en la primera mitad del siglo XIX en el ámbito rural y urbano extremeño (ver tabla 2). 11

F. García Barriga, Familia y sociedad…, p. 177. J. P. Blanco Carrasco, Demografía, familia y sociedad…, pp. 319-320. 13 María Ángeles Hernández Bermejo, “Estructuras familiares y sistemas de transmisión patrimonial en Extremadura. La ciudad de Coria en el siglo XVIII”, pp. 145-147, en Francisco García González (ed.): Tierra y familia en la España meridional. Siglos XIII-XIX. Murcia, Universidad de Murcia, 1998, pp. 133-153. 14 F. García Barriga, Familia y sociedad…, p. 143. 15 F. García Barriga (2009) realiza un estudio de Arroyo, Brozas, Casar, Malpartida y Navas. Se trata de un análisis de las estrategias familiares llevadas a cabo en poblaciones rurales, que nos permiten comparar el entorno rural extremeño con el urbano, en este caso con la ciudad de Trujillo. 12

176

1

3

LAS FAMILIAS DE COMERCIANTES DE LA CIUDAD DE TRUJILLO …

Tabla 2. Hijos, parientes y personal doméstico. El agregado doméstico de las familias de comerciantes de la ciudad de Trujillo

Número

Personal

Agregado

Familias de comerciantes

de hijos

doméstico

Parientes

doméstico

TOTAL

1,33

0,71

0,47

4,34

Fuente: La misma que en la tabla anterior. Elaboración propia.

4. Modelos de familia: El modelo de familia predominante en el Antiguo Régimen en la España meridional 16, así como en el conjunto de las familias de la ciudad de Trujillo es la familia nuclear simple 17 , formada generalmente por padres e hijos. Sin embargo, las familias de comerciantes generan mecanismos de organización familiar que difieren del modelo de hogar predominante en la ciudad. Tales mecanismos no se aplican de la misma manera en las familias de grandes y pequeños comerciantes: en las primeras hemos observado familias más numerosas, en las que la descendencia alcanza en algunos casos hasta seis hijos, mientras que en las familias de pequeños comerciantes los hogares estudiados presentan un máximo de cuatro descendientes, si bien el volumen de comerciantes en cuyas familias no aparecen hijos es significativa en ambos casos –51,85% y 47,69% respectivamente– (ver tabla 3). La presencia de criados parece una costumbre habitual en las familias de mercaderes y comerciantes, pues esta presencia es observada en alrededor de la mitad de las familias de este tipo. Sin embargo, los vendedores al por menor, como los recatoneros, cuentan con personal empleado en sus actividades económicas en el 21% de los hogares. Asimismo, los mecanismos de solidaridad familiar se aplican movidos por las circunstancias coyunturales de los individuos que son acogidos en el hogar, pero también de las posibilidades de supervivencia que pueda ofrecer la familia que acoge – las familias de grandes y pequeños comerciantes que no acogen familiares constituyen el 62,96% y 78,79% respectivamente–. Tal acogimiento, junto a la presencia de criados en la familia, se traduce en una complejidad en la estructura del hogar que se pone de 16

Estudios sobre estructura de la familia, con predominio de familia nuclear simple, para el siglo XVIII y XIX en Francisco García González, “Labradores, jornaleros y sirvientes en la sierra. Organización doméstica y ciclo de vida (Alcaraz, 1753-1787)”, p. 163, en Francisco García González (ed.), Tierra y familia en la España meridional. Siglos XIII-XIX. Murcia, Universidad de Murcia, 1998, pp. 155-192.; Francisco García González, La sierra de Alcaraz en el siglo XVIII: población, familia y estructura agraria, Albacete, Instituto de Estudios Albacetenses “Don Juan Manuel”, 1998, p. 208.; Estrella Garrido Arce, “Tener o no tener en 1791. Estructuras familiares y tenencia de la tierra en la Huerta de Valencia, siglo XVIII”, p. 207, en F. García González (ed.), Tierra y familia…, pp. 193-223.; Mª Á. Hernández Bermejo, “Estructuras familiares…”, p. 144, en F. García González (ed.), Tierra y familia…, pp. 133153.; José Manuel Pérez García, “Familias y hogares en Galicia y en la Cornisa Cantábrica durante el Antiguo Régimen”, pp. 60-61, en Francisco García González (coord.), Historia de la familia en la Península Ibérica: balance regional y perspectivas. Homenaje a Peter Laslett, Cuenca, Universidad de Castilla La Mancha, 2008, pp. 57-84.; Ramón Lanza García, Población y familia campesina en el Antiguo Régimen, Liébana, siglos XVI-XIX, Santander, Universidad de Cantabria, 1988, p. 139.; Francisco García González, “La historia de la familia en el interior castellano: estado de la cuestión y esbozo bibliográfico”, en F. García González (ed.), Historia de la familia…, pp. 277-330; J. P. Blanco Carrasco, Demografía, familia y sociedad…, p. 281. 17 La familia nuclear simple es aquella que está formada por una pareja conyugal y, en su caso, la descendencia de estos, así como por viudos y solteros con hijos.

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Raquel TOVAR PULIDO

manifiesto en modelos de familia que difieren del tradicional modelo de familia nuclear simple, como la familia nuclear compleja y la familia múltiple. Tabla 3. Estructura del hogar de grandes y pequeños comerciantes. Valores relativos.

Nº criados Ninguno 1 criado 2 criados 3 criados 4 criados 5 criados 6 criados Total Nº hijos Ninguno 1 hijo 2 hijos 3 hijos 4 hijos 5 hijos 6 hijos 7 hijos 8 hijos 9 hijos

Total

Grandes Comerciantes 50,91 32,73 5,45 7,27 1,82 0,00 1,82 100,00 Grandes Comerciantes 51,85 18,52 3,70 9,26 5,56 3,70 7,41 0,00 0,00 0,00

100,00

Pequeños Nº com. Parientes 78,79 Ninguno 16,67 1 p. 1,52 2 p. 1,52 3 p. 0,00 4 p. 1,52 5 p. 0,00 100,00 Total Pequeños com. Miembros 47,69 1 16,92 2 3,08 3 20,00 4 9,23 5 0,00 6 3,08 7 0,00 8 0,00 9 0,00 10 11 12 100,00 Total

Grandes Comerciantes 62,96 27,78 7,41 1,85 0,00 0,00

Pequeños com. 78,79 18,18 3,03 0,00 0,00 0,00

100,00 Grandes Comerciantes 0,00 19,23 34,62 9,62 11,54 7,69 3,85 1,92 3,85 5,77 0,00 1,92 100,00

100,00 Pequeños com. 2,99 29,85 17,91 11,94 16,42 13,43 1,49 2,99 1,49 1,49 0,00 0,00 100,00

Fuente: Las mismas que en la tabla anterior. Elaboración propia.

5. Nombres, apellidos y actividad mercantil: La disparidad en la estructura del hogar de las familias de comerciantes hace que resulte difícil establecer un modelo de hogar con el que poder definir a este grupo socioprofesional. La complejidad de la composición de algunas de estas familias nos llama especialmente la atención, así como la inestabilidad a la que se ven sometidas y que, al mismo tiempo, se ve reflejada en el agregado doméstico de algunos hogares que, por interesantes, nos ha parecido oportuno incluir a continuación: La familia del mercader Juan Barreno residía en una de las casas de la Plaza del Rey. Este mercader18 estaba casado con una mujer veinte años más joven que él, con la que tenía tres hijos. En la misma casa residían dos empleados, un cajero de 35 años19,

18 19

A partir de 1826 Juan Barreno figura como comerciante y ya no como mercader. Al indicar las edades tomamos como referencia el primer año objeto de estudio.

178

LAS FAMILIAS DE COMERCIANTES DE LA CIUDAD DE TRUJILLO …

soltero, y una criada de 18 años, también soltera20. Pero la estructura de este tipo de familias no se va a mantener estable y ello les va a diferenciar del resto de familias de la ciudad, en las que los cambios solían producirse en la mayor parte de las ocasiones bien por la muerte de algún miembro o bien por el nacimiento de un nuevo hijo21. En 1826 deja de trabajar para esta familia la criada22, sin embargo, se incorporan cuatro nuevos criados, tres mujeres y un hombre23. La familia se ve ampliada nuevamente a causa del nacimiento de un hijo en 1827, así como se produce la salida de una de las criadas, cuya ausencia es sustituida por la de otra joven. En 1829 se produce un nuevo nacimiento, así como la salida de otra de las criadas, que es sustituida por un joven de 15 años. Las características estructurales del hogar lo convierten en una familia nuclear compleja24. Juan Barreno

María

Rafaela Martín (esposa)

Lorenzo

------------Matías (cajero)

Juana

------------

Rafael (1827) José (1829) (hijos)

Ángela (criada, 1825) -------------------------

Manuel ---- Luisa ---- María ---- Paula (criados 1826) Ana (1827) Juan (1829)

Fuente: La misma. Elaboración propia.

Vemos cómo la actividad económica de la familia de Juan Barreno refleja signos de prosperidad al observar los componentes del hogar, cuyo volumen parece ser producto de una economía incipiente, en la que el volumen de trabajo, por una parte, requiere de la presencia de hasta cinco empleados en el hogar y, por otro lado, el volumen de ingresos posibilita su mantenimiento. Sus negocios tenían como actividad principal el comercio de tejidos, quincalla y hierros en una casa-tienda, a la que se le atribuye un capital de 30.000 reales25, de los cuales se estiman 3.450 líquidos, pues a los 5.000 ganados anualmente habría que restar los 300 que se destinan a pagar el alquiler de las piezas que ocupa, así como los 1.250 considerados capital anticipado. 20

La mayor parte de las criadas que trabajaban para las familias trujillanas que se encontraban en una posición acomodada eran muy jóvenes y solteras. Comenzar a trabajar para una familia como sirvientas suponía salir del núcleo familiar que las había visto nacer para pasar a formar parte de una nueva familia. 21 Se producen movimientos de familiares y criados en otras familias pero de menor envergadura que las del grupo socio-profesionales que estamos estudiando. 22 La movilidad de personal doméstico también era frecuente en otros grupos socio-profesionales vinculados a la élite local. 23 La edades de dos de las criadas y el criado oscila entre 14 y 20 años, en cambio, la tercera criada es una viuda de 67 años, la cual habría comenzado a ejercer este oficio a causa de la desprotección económica que supone el fallecimiento del esposo. Las mujeres que se emplean como criadas no suelen estar casadas, sino que el estado civil más habitual es el de viuda o soltera. 24 Definimos familia nuclear compleja o extensa a aquella en la que, dentro de la familia simple, además de la familia nuclear simple que formarían padres e hijos, se incorporan también bien familiares de distinto grado de consanguinidad o bien empleados que trabajan para el cabeza de familia. 25 AMT. Relación de bienes inmuebles. Leg. 1157, carpeta 1.

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Raquel TOVAR PULIDO

Residente en la calle Tiendas, el mercader de 57 años Don José Espina vive con su esposa, dos hijos y una criada. Sin embargo, tiempo después uno de los hijos deja de formar parte de este hogar y se produce un cambio en el personal doméstico, pues en 1827 se incorpora una criada soltera de 11 años, de la que prescindirán dos años más tarde y que sustituye a la anterior criada viuda de 67 años. Tras el fallecimiento del esposo, su viuda Rosa Muñoz, de 58 años, va a tomar el relevo en la dirección del negocio familiar, como comerciante. Así pues, vemos cómo la mujer únicamente dirige la actividad familiar de la familia a la muerte del esposo. Don José Espina †

Isabel

Rosa Muñoz (esposa)

José (hijos)

---------- Juana (criada) Eusebia (criada, 1826)

Fuente: La misma. Elaboración propia.

El patrimonio familiar de Don José Espina se asentaba en una tienda compuesta de varios géneros de tejidos del país y artículos de comestibles, para la cual se estima un capital de 3.500 reales, cuya producción en líquido es 1.300, pues una parte de las ganancias eran destinadas al alquiler de las piezas que ocupaba el negocio, así como se descontaba el capital anticipado. Sin embargo, el grueso de sus bienes no se limitaba al negocio con tienda abierta sino que también poseía una fábrica de licores, que con los utensilios de ella anejos se regulaba en 1.800 reales (líquido 1.400)26. Al mismo modelo de familia responde la del mercader de 46 años Don Iban Sánchez Lollano, residente en la calle Tiendas. Reside con él su esposa, dos jóvenes solteras de 22 y 24 años, que podrían ser familiares, y un familiar de nueve años; también un sobrino soltero de 33 años que ejerce como cajero; y dos criadas, una de las cuales es viuda y tiene 67 años y la otra es soltera de 21 años. Desglosamos a continuación los cambios que se producen en menos de una década: en 1826 se incorpora un cajero de 10 años y una criada de 18, pues se marchan las dos criadas anteriormente mencionadas, tampoco figuran como residentes en este hogar dos de los familiares señalados en líneas anteriores, una de las jóvenes y el niño; estos podrían ser sobrinos del matrimonio, que habrían sido acogidos en el hogar de manera temporal tras la posible pérdida de los progenitores. En 1827 se incorpora una nueva criada de 20 años, tras la salida de la anterior, pero un año después esta familia únicamente estará constituida por el matrimonio y el sobrino de 11 años, que como cajero trabaja para la familia y que, finalmente, acabará abandonando el hogar.

26

Ibidem.

180

LAS FAMILIAS DE COMERCIANTES DE LA CIUDAD DE TRUJILLO …

Don Ibán Sánchez Lollano

Joaquina

María

Dionisia (esposa)

Andrés (familiares) Emenegildo (cajero, sobrino)

------------Juana ---------------------------

Juana (criadas) -------------------------------

María (criada, 1826) ----------- Millán (cajero, 1826) Margarita (criada, 1827-1828) ---------- Joaquina y Andrés (1826) -------- María (familiar, 1828) ----- Emenegildo (1829)

Fuente: La misma. Elaboración propia.

Iban S. Lollano regentaba una casa tienda compuesta de tejidos de lana y algodón, quincalla, otras manufacturas y ultramarinos en las que gira con un capital de 48.000 reales, de los cuales resultan 3.600 en líquidos, pues como los anteriores comerciantes destina una parte al arrendamiento de las piezas en donde se haya situada. Los textiles eran las manufacturas más demandadas27. Los tejidos de lana se comercializaban según su calidad, los tejidos más bastos de la industria rural tenían un ámbito de comercialización reducido; y los de calidad mediana, pero con una mayor técnica y división del trabajo, eran dirigidos para la venta a todo el territorio de Castilla28. José Terrones, comerciante de 40 años, residía en la Plaza del Rey con su esposa y seis hijos, y su cuñado soltero y pobre de 45 años, imposibilitado. En 1828 se incorpora una criada soltera de 23 años, que será sustituida al año siguiente por un criado de 12 años. El grueso de los bienes de Don José Terrones incluía, además de actividades mercantiles como en las familias mencionadas, patrimonio rústico. Poseía una cerca de cabida de tres fanegas, en la que se disfruta de pasto y produce líquido 50 reales. También contaba con dos cercas de dos fanegas cada una y cuya producción se elevaba a cuatro fanegas de centeno29, si bien el grueso de su fortuna estaba constituido por más propiedades.

27

Agustín González Enciso, “El Comercio en la España interior durante la época moderna”, p. 27. Obradoiro de historia moderna, Nº 17, 2008, pp. 15-42. 28 Agustín González Enciso, “La protoindustrialización en España”, p. 28, Revista de Historia Económica, 1, 1984, pp. 26 y ss. 29 AMT. Registro de fincas rústicas y urbanas, con expresión de sus dueños, situación y rentas. Leg. 1153, carpeta 5.

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181

Raquel TOVAR PULIDO

Don José Terrones

María

Cirilo

María de la Cruz (esposa)

María Josefa

Mariana

Carmen

Agustina (hijos)

------------Jacinto (cuñado) ----------------------Francisca (criada, 1828) Miguel (criado, 1829) Fuente: La misma. Elaboración propia.

Después de la descripción de varias familias con estructura nuclear compleja, un ejemplo de familia múltiple30 es la de Doña Felipa Zorrilla, viuda de 56 años, figura como cabeza de una familia de la que forman parte una pareja conyugal y el hijo de estos, otra persona más y una criada soltera de 20 años. Desconocemos el grado de parentesco que existe entre la pareja conyugal y Doña Felipa, sin embargo, aunque desconocemos el segundo apellido de los miembros de la pareja, por las edades de estos, 35 y 31 años respectivamente, pudiera tratarse de uno de los hijos y su respectivo esposo o esposa, o bien de sobrinos. Asimismo, esto mismo creemos de Don Juan Villota, de 31 años, cuyo estado de viudedad nos invita a pensar que podría haber regresado a casa de esta familiar tras haber sufrido la pérdida de la esposa. En cualquier caso, ambos familiares varones también se dedican a la actividad comercial. Doña Felipa Zorrilla (viuda)

Bartolomé = Gumersinda (esposa)

Don Manuel (familiares)

Hijo -------------------------Juana (criada) ----------------Fuente: La misma. Elaboración propia.

La presencia de esta familia en la ciudad de Trujillo llega a su fin y en 1826 ya no figuran en el padrón así como en los años sucesivos. Quizá las actividades económicas desempeñadas fueron responsables de la emigración a otro lugar y, por tanto, de su salida de la residencia familiar situada en la calle Tiendas. Desafortunadamente las fuentes manejadas en este caso no recogen información al respecto.

30

Definimos como familia múltiple y familia extensa-compleja a aquella que está constituida por dos familias nucleares distintas, es decir, aquellas en las que existe una pareja conyugal que ha creado una familia al haber tenido descendencia y que reside en la casa de la familia de los padres de uno de los miembros de la pareja conyugal o de otro familiar.

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LAS FAMILIAS DE COMERCIANTES DE LA CIUDAD DE TRUJILLO …

6. Conclusiones: Así pues, hemos tratado de establecer a lo largo de estas páginas una aproximación a la estructura de las familias de los comerciantes que habitaban en la ciudad de Trujillo a finales de la época moderna. Hemos optado por analizar los años correspondientes al primer tercio del siglo XIX porque la composición familiar predominante en la época moderna no finaliza a finales del siglo XVIII, sino que, tal y como hemos podido comprobar por las comparaciones que hemos establecido, se extiende a la centuria siguiente, porque, en definitiva, las variables que condicionan los comportamientos familiares están condicionados por factores similares en unos años y otros. Si, como hemos señalado, se produce una continuidad del modelo de familia nuclear simple como modelo de familia predominante en la época moderna. Hemos observado entre las familias de comerciantes agregados domésticos más extensos de lo habitual, lo cual también se producía en la centuria previa en zonas del interior peninsular urbanas y rurales. La complejidad que caracteriza a estas familias estará condicionada por dos factores, por un lado, porque la actividad económica que ejercen requiere de la presencia de personal empleado que hace que el agregado doméstico se vea en aumento al residir en el hogar y, por otro lado, porque la prosperidad económica de la actividad mercantil desarrollada por estas familias hace posible el mantenimiento en el hogar de un agregado doméstico de tal envergadura. Las limitaciones de espacio impiden mostrar una relación exhaustiva de todas las familias, lo cual nos ha llevado a optar por seleccionar una muestra representativa de este grupo socio-profesional. No obstante, nos ha sido posible adentrarnos en la complejidad a la que hacemos referencia a través del análisis de las familias seleccionadas, así como la consulta de fuentes referentes a sus bienes nos ha permitido conocer cuál era el patrimonio que hacía posible el desarrollo de familias de estas dimensiones.

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I.2. Población y familia: infancias, mujeres, matrimonios

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La infancia y su entorno familiar a través de la correspondencia privada en el siglo XVI Childhood and its family environment through private correspondence in the 16th century María HERRANZ PINACHO Universidad de Valladolid Resumen: Las cartas privadas de emigrantes en Indias, editadas por Enrique Otte, dan noticia de las novedades, intereses e inquietudes de hombres y mujeres en territorio americano en el siglo XVI. A través de la lectura concienzuda de estas letras, se tratará de proponer algunas ideas que permitan comprender mejor la realidad familiar de estos individuos. El análisis se centrará en los niños, aquellos de los que se hablará en estos discursos cercanos, con un lenguaje de familiaridad en el que conviven las muestras de afecto y las preocupaciones del hombre del nuevo mundo. Palabras clave: familia, infancia, Antiguo Régimen, Indias, correspondencia Abstract: The private letters of emigrants to America, edited by Enrique Otte, give us an insight into the interests and concerns of the men and women who lived in sixteenth-century America. By carefully reading these letters, we can discover some ideas which allow us to better understand the family environment of Modern society. The present paper focuses on those children who are mentioned in these intimate stories. Written in a familiar language, such stories are both a show of deep affection and a mirror of the daily preoccupations of Spanish newcomers to the Indies. Keywords: Family, Childhood, Ancien Régime, America, Correspondence. “Criança es uno de los mayores bien fechos que un ome puede fazer a otro, porque todo ome se mueve a la fazer con gran amor que ha aquel que cria, quier sea fijo u otro ome extraño […], e esta criança […] que faze el padre al fijo, ca como quier que le ama naturalemente, porque l’engendró, mucho más le cresce el amor por razón de la criança que faze en él.” Ley I, título 1 XIX, IV Partida .

Este estudio tiene la pretensión de sugerir algunas ideas que contribuyan a las recientes líneas de investigación abiertas en torno a la historia de la familia, la infancia, las mentalidades y la historia de los sentimientos. Considero que ya está suficientemente aceptada la idea de la familia como “instrumento fundamental de la transmisión del patrimonio –material y simbólico–” 2 y, al mismo tiempo, “como espacio de afectividad”3. Compartimos el interés que expresa Mónica Bolufer cuando dice que “lo 

Contratada Predoctoral de FPU del MECD en la UVa (FPU13/00648). Citamos por la edición siguiente: Las Siete Partidas del sabio rey Don Alonso el nono. Partidas V-VIVII, nuevamente glosadas por el licenciado Gregorio López de Tovar, Boletín Oficial del Estado, Madrid, 1974. 2 María José de la Pascua Sánchez, “Las relaciones familiares. Historias de amor y conflicto”, en Isabel Morant (dir.), Historia de las mujeres en España y América Latina. El mundo moderno, Madrid, Cátedra, 2005, pp. 287-316, especialmente p. 289. 3 María José de la Pascua Sánchez, “Una aproximación a la historia de la familia como espacio de afectos y desafectos: el mundo hispánico del Setecientos”, Chronica Nova, 27 (2000), pp. 131-166, especialmente p. 132. 1

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que interesa es apreciar cuáles eran, antes de la irrupción del lenguaje sentimental en la literatura y las mentalidades a partir del siglo XVIII, los valores, los vínculos y las eventuales tensiones que impregnaban las relaciones familiares”4. Para ello seguiremos el camino trazado por Mª José de la Pascua Sánchez al hablar de historia de los sentimientos, ya que se refiere a esta tendencia como a “una historia de la representación cultural de los sentimientos, [...] emociones construidas culturalmente y como tales, anteojos a través de los que percibimos e interpretamos el mundo que nos rodea”5. Partiendo de estas líneas historiográficas, hemos centrado el punto de atención en la infancia. A pesar de la evolución que ha experimentado su estudio en las últimas décadas, creo que es posible seguir incorporando nuevos enfoques y nuevas fuentes que nos permitan acceder a todas las posibilidades que nos ofrece como historiadores. Aquí el interés se centrará en un conjunto documental muy concreto: la correspondencia privada de emigrantes en Indias en el siglo XVI. En estas cartas enviadas por hombres y mujeres asentados en suelo americano, podemos observar sus preocupaciones, muestras de afecto, la cotidianidad de la amplitud de la familia extensa antiguorregimental... Escuchamos un discurso cercano, con un lenguaje de familiaridad de aquellos que escriben como padres, madres, hijos o hermanos, lejos de formulismos oficiales. La utilización del género epistolar como fuente para los historiadores no es una novedad. La carta, definida como “el trasunto escrito de una conversación entre ausentes”6, que hace real “la posibilidad de hacerse presentes in absentia”7, ha sido abordada desde múltiples vertientes. Por un lado, la edición de las propias cartas, halladas entre los múltiples legajos de los más variados archivos, y por otro, el análisis del lenguaje epistolar y su significado, el papel de este testimonio escrito en la Edad Moderna. Tampoco hay que olvidar la aportación realizada por lingüistas y filólogos sobre el lenguaje oral y la evolución del castellano a ambos lados del Atlántico. Entre las numerosas ediciones de cartas publicadas, contamos con más de mil quinientos ejemplos, que son testimonio del interés de las personas ordinarias y su documentación para el análisis histórico8. Antonio Castillo Gómez ha estudiado todas las implicaciones que puede llegar a tener el universo escriturario, al manifestarse “la

4

Mónica Bolufer Peruga, “De madres a hijas, de padres a hijos: familia y transmisión moral (ss. XVIIXVIII)”, en Joan Bestard (coord.), Familia, valores y representaciones, Murcia, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Murcia, 2010, pp. 217-237, especialmente p. 218. 5 María J. de la Pascua Sánchez, “Una aproximación...”, p. 133. 6 Antonio Castillo Gómez, “«Me alegraré que al recibo de esta...». Cuatrocientos años de prácticas epistolares (siglos XVI a XIX)”, Manuscrits, 29 (2011), pp. 19-50, especialmente p. 20. 7 Antonio Castillo Gómez, “Del tratado a la práctica. La escritura epistolar en los siglos XVI y XVII”, en Carlos Sáenz y Antonio Castillo Gómez (coords.), La correspondencia en la historia: modelos y prácticas de escritura epistolar. Actas del VI Congreso Internacional de Historia de la Cultura Escrita, Madrid, Calambur, 2002, pp. 79-108, especialmente p. 101. 8 Las principales monografías publicadas son: Enrique Otte, Cartas privadas de emigrantes a Indias, Jerez, Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, 1988; Isabelo Macías y Francisco Morales Padrón, Cartas desde América: 1700-1800, Sevilla, Junta de Andalucía, Consejería de Cultura y Medio Ambiente, 1991; Rocío Sánchez Rubio e Isabel Testón Núñez, El hilo que une. Las relaciones epistolares en el viejo y el nuevo mundo (siglos XVII-XVIII), Cáceres, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura, Mérida, Junta de Extremadura, Editora Regional, 1999; María del Carmen Martínez Martínez, Desde la otra orilla. Cartas de Indias en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid (siglos XVI-XVIII), León, Universidad de León, 2007.

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escritura y lo escrito como producto humano, social e histórico”9, y ha destacado su alcance al tener la capacidad de fijar lo inmaterial y de ese modo trascender al presente, legando su voz a futuras generaciones10. El volumen de la correspondencia experimentó un aumento notable a partir de época moderna, tanto la oficial como la privada. Esta tendencia suele explicarse por una conjunción de factores, como fueron el ascenso del alfabetismo y del número de escuelas, y el “mayor aprecio de la instrucción como forma de promoción social” 11, a lo que sumó la «ausencia prolongada» de población de sus lugares de origen, motivada sobre todo por causas militares o migratorias12. La carta se caracteriza por la estabilidad de su estructura y las que encontraremos en el siglo XVI no son una excepción, aunque a través de la retórica, el protocolo y las formas de cortesía adoptados se puede vislumbrar la categoría social del autor. 1. Las cartas de emigrantes a Indias. Como ya se ha señalado, este trabajo se basará en unas cartas procedentes de la América del siglo XVI, concretamente en las «cartas de llamada» incluidas en los expedientes de licencia para pasar a Indias13. Este tipo de documentación reúne unas características que deben ser tenidas en cuenta antes de proceder a su análisis. Nos referimos al contexto de su creación y al doble valor (personal y oficial) que adquirieron. Las cartas están escritas de un modo privado, puesto que sus autores generalmente no pensaban que esas letras fuesen a ser conocidas fuera del ámbito familiar, que es adonde van dirigidas. Los emigrantes, en su mayor parte varones, escriben a sus mujeres y otros parientes para dar noticia de su vida en los nuevos territorios de la monarquía y, en muchas ocasiones de manera explícita, animando o pidiendo que se unan a ellos al otro lado del Atlántico, para lo cual a veces incluso notifican el medio por el que les harán llegar el dinero para su viaje. Aquí nos hemos fijado en el conjunto de cartas publicado por Enrique Otte, que ha sido reeditado por Marta Fernández Alcaide atendiendo a sus intereses filológicos. Dentro de esta colección de 650 cartas, se han identificado 529 autores, que escribieron desde 108 lugares diferentes, casi todos urbanos, durante el último tercio del siglo XVI. Se ha constatado que se dirigían principalmente a sus esposas (en 105 cartas) y que su experiencia en América había sido lo suficientemente buena como para «llamar» a su encuentro a otros familiares14, lo que no resta para constituir “un grupo de individuos representativo de toda la sociedad indiana”15. Partiendo de este origen personal o privado, esta documentación experimentó un proceso de oficialización, al ser incluidas dentro de los expedientes de licencia para 9

Antonio Castillo Gómez, “Del signo negado al signo virtual. Cambios y permanencias en la historia social de la cultura escrita”, SIGNO. Revista de Historia de la Cultura Escrita, 6 (1999), pp. 113-143, especialmente p. 114. 10 A. Castillo Gómez, “Del signo negado...”, p. 134. 11 A. Castillo Gómez, “«Me alegraré...”, p. 22. 12 A. Castillo Gómez, “Del tratado...”, pp. 80-81. 13 Estos expedientes se encuentran dentro de la serie Indiferente General de la sección Gobierno del Archivo General de Indias. 14 E. Otte, Cartas privadas..., p. 11-14. 15 Marta Fernández Alcaide, Cartas de particulares en Indias del siglo XVI. Edición y estudio discursivo, Madrid, Iberoamericana, Frankfurt y Main, Vervuert, 2009, p. 309.

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pasar a Indias. Dentro de los requisitos y trámites necesarios para embarcarse en una flota, se requería una prueba de que ya vivía un familiar en América, y como tal era frecuente presentar una carta dirigida desde allí en la que se mencionaba el parentesco. Este es el motivo por el cual se han conservado formando parte de un expediente administrativo, aunque aquí dejaremos al margen esta faceta y nos centraremos en la de transmisor de noticias. Ambas deben ser tenidas en cuenta, pues nos aportan información sobre el emisor del mensaje y, sobre todo, sobre la finalidad que perseguía, que puede actuar como condicionante del tono y temas abordados en la misiva. Estas cartas tienen, además, un matiz particular, y es su elevado número en relación con el desembolso económico que suponían, lo cual se explica fácilmente, ya que era prácticamente el único medio de comunicación que existía para las personas que viajaban y vivían allí. Sin duda ese primer contacto que tuvieron nuestros antepasados con un mundo nuevo sigue maravillándonos, junto con la valentía que demostraron al aventurarse en lo desconocido. Entre los preciosos testimonios que nos hacen llegar estas cartas, hay referencias a cómo la nueva vida emprendida en América les había cambiado para siempre. Juan de Esquivel escribía en 1584 “ya no seré lo que antes era, porque iré tan otro que los que me conocieron digan que no soy yo” 16 . Al mismo tiempo, las preocupaciones humanas, el universo mental del hombre de época moderna, es el ámbito en el que las permanencias se observan con mayor claridad. De cara a nuestra interpretación, recordamos las palabras de Antonio Castillo sobre la particularidad de las cartas de mujeres que emigran a las Indias, en las cuales “se ha puesto de manifiesto que su estilo no solamente es distinto al que suelen emplear los hombres, sino que también adopta formas más coloquiales y cariñosas. Se trataría mucho más de una escritura de los sentimientos, apegada a la realidad más próxima, por ello que las cartas entre mujeres o de estas hacia los varones (padres, maridos, hijos o hermanos) abunden con 17 mayor atención en los detalles familiares y cotidianos” .

El ambiente de familiaridad y cercanía que hemos detectado en esta correspondencia se ve apoyado por la opinión fundamentada de otros autores, como Carmen Martínez que destaca cómo en las cartas “se reflejan aspectos domésticos, lazos de parentesco, transmisión de valores, la consideración que merecen los hijos, la preocupación por su formación o la pena por su ausencia” 18 ; o del propio Otte, que observa en ellas “manifestación de mimos, cariños, requerimientos amorosos, amenazas brutales, exageraciones pintorescas y alusiones maliciosas”19. 2. Niños y jóvenes a través del lenguaje epistolar. “Acá han escrito que a vuestro hermano chico le había salido un diente, paréceme mucho, para tener ya tres años, que hoy los cumple, que se bautizó, como se os acordará; y estoy en duda si son dos o tres y creo que debe estar lindo como decís. También estoy en duda cuánto cumple el

16

E. Otte, Cartas privadas..., carta 571, p. 508. A. Castillo Gómez, “Del tratado...”, p. 94. 18 Mª. C. Martínez Martínez, Desde la otra orilla..., p. 59. 19 José Luis Martínez, El mundo privado de los emigrantes a Indias, México, Fondo de Cultura Económica, 2007, p. 74. 17

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LA INFANCIA Y SU ENTORNO FAMILIAR … mayor en julio, aunque creo que son seis. Avisadme lo cierto de ello y Dios os guarde a 20 vosotras y a ellos como deseo” .

Estas palabras, sabiendo que fueron escritas en 1581, no pueden más que enternecer al lector, pues despiertan su empatía. El conocer a su autor, el monarca Felipe II, supone un choque con la tradicional idea sobre rigidez y ausencia de sentimientos en las altas esferas. Sin embargo, los sentimientos afectivos forman parte del ser humano, sea cual sea su origen social, y palabras tan cariñosas como las que dedica Felipe II a sus hijos también podemos encontrarlas en la mayor parte de las misivas enviadas desde América en esos mismos años. La manera de comunicar el mensaje es distinta a la actual, pues diferentes eran los usos culturales, de ahí el interés específico de esta breve recopilación de modos de representaciones de afectos, preocupaciones e intereses. Más aún por centrarse en aquellos de los que nunca podremos tener una muestra de su voz, pues los niños no tenían autoridad suficiente ni competencias lectoescritoras que les hayan permitido dejar huella documental. Por tanto, cualquier testimonio puesto en boca de un menor o referencia a su condición, trato o cualidad son útiles para los estudiosos de esta etapa de la vida humana en su trayectoria histórica. El entorno familiar y de convivencia es clave para el desarrollo de los individuos. La familia marca la categoría social desde el nacimiento y sus recursos estarán directamente relacionados con la condición socioeconómica que podrá alcanzar a lo largo de su vida. Sin juzgar los comportamientos, es vital describirlos, pues determinarán la importancia y papel otorgados a la infancia, las expectativas y dedicación hacia ellos y, de manera inalienable, las motivaciones sentimentales que impulsaron todos estos aspectos. Hasta el momento, al hablar de la nueva realidad que provocó la ampliación del entorno hasta los confines del Atlántico, se ha puesto el acento en las mujeres, aquellas denominadas mujeres solas, que quedaban en la Península a la espera de sus maridos, y en las redes de solidaridad que las protegían y se encargaban de ellas. Aquí ya se observa la dependencia familiar, “detectándose el mayor grado de compromiso entre los consanguíneos directos”21. José Luis Martínez llega a calificar de revelación “el amor de los maridos por sus mujeres lejanas”22 expresado en sus cartas. Sin embargo, aquí daremos un paso más, al reconocer la aportación de estas misivas, a través del desgrane de la información en ellas contenida, para conocer cuál era el entorno familiar en el que se desarrollaban las primeras etapas de la vida de un individuo y algunas expresiones de afecto hacia ellos. Los niños son nombrados en multitud de ocasiones en las cartas, casi todas por familiares directos o por aquellos que actúan como si lo fueran. En este caso nos hablan de que “os había criado, y os tenía en lugar de hijo”23, recuerdan “el amor con que me criaron como a hijo propio suyo”24, o dan noticia de no tener “hijo ni hija, sino una niña 20

Fernando Bouza Álvarez, Cartas de Felipe II a sus hijas, Madrid, Turner, 1988, p. 45. Isabel Testón Núñez y Rocío Sánchez Rubio, “«Para hacer la raya enviamos un sobrino». El papel de la familia y el parentesco en las relaciones de la América española (siglo XVI)”, en Gregorio Salinero (coord.), Mezclado y sospechoso: movilidad e identidades, España y América (siglos XVI-XVIII), Madrid, Casa de Velázquez, 2006, pp. 91-120, especialmente p. 96. 22 J. L. Martínez, El mundo privado..., pp. 74-75. 23 E. Otte, Cartas privadas..., carta 295, p. 263. 24 Ibídem, carta 477, p. 411. 21

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que hemos criado”25, lo cual es indicativo de la existencia de un comportamiento y un vínculo sociocultural establecido sobre el trato a la infancia. Una de las primeras dificultades es delimitar en qué momentos hacen referencia a un niño y, antes incluso, considerar cuáles son las edades que delimitan esta condición26. Pedro Mexía trata en su Libro llamado silva de varia leción, en el capítulo XLIV, «de las siete hedades y partes de la vida del hombre, según la doctrina de astrólogos». Haciendo caso de esta obra, que alcanzó gran difusión, “La primera etapa es la llamada «infancia» y va desde el nacimiento hasta los cuatro años, se caracteriza por ser un tiempo en el que el hombre no es capaz de hablar o no sabe hacerlo con propiedad. La «puericia» llega hasta los catorce años y es la etapa reservada a la enseñanza y a hacer al futuro hombre, tiempo de oficios y de escuelas: «leer, escribir, tañer y cantar». La tercera es la «adolescencia», entre los catorce y los veintidós años cumplidos, el hombre está ya «dispuesto para aver hijos, inclinado a amores y mugeres; dasse a cantares y juegos, vicios y 27 comidas y placeres y fiestas»” .

Hemos podido comprobar cómo el cariño por alguien a quien se ha visto crecer se manifiesta utilizando apelativos infantiles aún cuando el menor ya ha crecido. Por este motivo hablan de un muchacho o muchacha, de un moço o moça, como sinónimo de joven, edad que podríamos situar en torno a los 16 años, pero manteniendo el uso de diminutivos, que es uno de los signos más evidentes del tratamiento infantil. Hasta en cincuenta cartas aparecen diminutivos, tales como Grigorico, Andresillo, Antoñico, Clarita, Miguelito, Isabelica, Mariquita, Anica, Herrnandico, Baltasarico... Entre estos nombres se ha detectado que en casi el doble de ocasiones hacen referencia a varones. Algunas veces se puede dudar sobre la edad del pequeño, pudiendo no ser tal más que en la memoria del autor de la carta, pero en otras se insiste en consejos sobre su crianza28, se dice que es el menor29 o que “me dexo niño chiquito”30. Miguel Ángel Extremera comparte la visión de cómo la manera de referirse a los familiares y especialmente el empleo de diminutivos es una muestra de afecto indudable31. No son 25

Ibídem, carta 613, p. 548. Atendiendo a diferentes escritos de esta época, parece que la primera infancia llegaba hasta los 7 años de edad. Por otra parte, el marco legal limita en los 25 años la minoría de edad, habiendo dentro de ella dos etapas: hasta los 12 años las niñas y los 14 los niños eran proveídos de un tutor en caso de orfandad y a partir de esa edad de un curador, que solamente debía encargarse de sus necesidades administrativas en caso de ser necesario. Esta diferente consideración se situaba en la edad aproximada de incorporación al mundo del trabajo, lo que puede darnos una idea de hasta dónde llegaba de facto la niñez. 27 Anastasio Rojo Vega, “Los menores de edad en el Valladolid del Siglo de Oro”, Investigaciones históricas: Época moderna y contemporánea, 15 (1995), pp. 175-194, especialmente p. 175. Recoge las citas del Libro llamado silva de varia leción de Pedro Mexía, según la edición de la misma debida a Antonio Castro, Madrid, Cátedra, 1989. Frente a Pedro Mexía, Diego de Gurrea en su Arte de enseñar hijos de príncipes y señores, Lérida, vda. de Mauricio Anglada, 1627, prolonga la infancia hasta los siete años; la puericia, hasta los catorce; y la adolescencia, hasta los veinticinco; véase Nieves Baranda, “¿Una literatura para la infancia en el siglo XVII?”, en Agustín Redondo (dir.), La formation de l’enfant en Espagne aux XVIe et XVIIe siècles, París, Publications de la Sorbonne Nouvelle, 1996, pp. 126-139, especialmente p. 128. 28 “A mi Juanico [...] encárgote tengas cuidado de azotarle muy bien, porque aprenda a leer y escribir, que es lo que le importa”, en E. Otte, Cartas privadas..., carta 323, p. 285. 29 “A Luisico me regalen mucho, que tengo más cuenta con él por ser el menor”, en Ibídem, carta 33, p. 65. 30 M. Fernández Alcaide, Cartas de particulares..., carta 463, p. 668, nota 364. 31 Miguel Ángel Extremera, Gobernador y padre de familia. Correspondencia privada de un corregidor del duque de Alba (1764-1767), Rubí, Ediciones Rubeo, 2013, p. 26. 26

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muchas las ocasiones en las que se hace referencia explícita a la edad y el empleo de los calificativos a los que hemos hecho referencia no es estable, de ahí la dificultad de establecer un panorama fijo. Un ejemplo es el siguiente fragmento de esta carta de Juan de Camargo de 1573: “esta niña tiene edad de doce años, y su madre puede tener veinte y siete. [...] Asimismo me han entregado una tutela y curadoría de cuatro sobrinos de esta mi mujer, dos hombres y dos niñas. La una de ella se llama doña Francisca Vázquez, y es de edad de trece años, y es asimismo rica, la otra niña es de tres años, y los dos muchachos el uno es de diez y siete años, y el otro de doce”32.

Si el cuidado de los huérfanos solía quedar en el ámbito familiar, la transmisión patrimonial también. En este corpus documental se transmite la «confianza» que en los parientes tenían, contra los «extraños» que trabajaban para ellos33. Este es el motivo por el cual la mayor parte de estas «cartas de llamada» van dirigidas a hijos y sobrinos o, en cualquier caso, a un familiar directo. Se quiere evitar la situación que describe Hernán Sánchez de la Barrera, que pide ayuda a su sobrino, pues “hijos ajenos me consumen mi hacienda”34, aunque también a nivel personal Alonso Herojo señala a su mujer “si de estos dos [sus hijos] no os fiáis, de ¿quién os tenéis de fiar?”35. Se observa un claro instinto de protección y ternura a través de los diferentes mensajes de las cartas. Por ejemplo, al querer reunirse con familiares para que “no padezca en esa tierra tanta estrechez con sus criaturas”36; o con un sobrino, Dionisito, “porque quiero a ese niño en el alma”37. En otro caso son dos sobrinos huérfanos a los que manda enviar “pues son tan pequeños y harán tan poca costa hasta traerlos aquí” 38; Juana Farfán pide noticias de sus sobrinas “porque de día y de noche no es otro mi pío ni mi contento sino pensar en ellas”39. Alonso de Encinas argumenta este interés por los familiares “al fin, como dice el refrán: «La sangre sin fuego hierve»” 40. Entre las preocupaciones que se manifiestan en las cartas está la transmisión de las novedades que afectan al grupo de propincuos. Las mujeres suelen detenerse más en este tipo de noticias y es habitual solicitar datos o informar sobre los hijos que han nacido, sus nombres o su edad41. Juan de Brihuega le cuenta a su hermano

32

E. Otte, Cartas privadas..., carta 360, pp. 313-314. Ibídem, p. 27. 34 Ibídem, carta 565, p. 503. 35 Ibídem, carta 372, p. 327. 36 Ibídem, carta 486, p. 430. 37 Ibídem, carta 571, p. 508. 38 Ibídem, carta 94, p. 112. Motivos similares expone la carta 171. 39 Ibídem, carta 470, p. 406. 40 E. Otte, Cartas privadas..., carta 611, p. 546. “Refr. Que pondera la fuerza del parentesco, y los efectos que cáusa para el afecto y cariño”, Diccionario de autoridades, Tomo IV, RAE, 1734. Hervir la sangre. Recuperado de http://web.frl.es/DA.html [fecha de consulta: 25 de mayo de 2015]. 41 Ibídem, cartas 21, 72, 152, 204, 256, 267, 270, 279, 342, 360, 367, 379, 393, 394, 437, 500, 518, 619. 33

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María HERRANZ PINACHO “mi mujer ha estado muy mala de dolor de costado y ha estado muy peligrosa, porque estaba preñada en siete meses, y la sangraron seis veces, y a esta causa llegó a tanto peligro. Tenemos tres niñas y un niño, dos que nos han nacido acá, y a Juanico y a Marica que de allá trajimos, sin los que se nos han muerto y lo que mi mujer tiene en la barriga”42.

Llama la atención la gravedad con la que hablan del excesivo número de hijos, considerado una carga muy pesada 43 o una alegría cuando no es así44. La referencia recurrente a las enfermedades de los más pequeños indica el desvelo que constituía para ellos45 y la pérdida de algún hijo suele ir acompañada de palabras de dolor, como “era todo mi consuelo y mi descanso”46, “vuestra madre [...] está con mucha pena, que ha sido Dios servido en ocho meses de llevarnos dos hijas, y la una de diez años se decía Micaela, y otra de tres, y dos niños”47, o “después que nos faltaron no hay cosa en esta vida que nos dé ningún contento ni alegría”48. Es igualmente destacable el interés demostrado por la preparación de la descendencia, que queda patente en las cartas. Otte ya indicó que “los emigrantespobladores trataron de influir sobre la educación de sus hijos y sobrinos en la vieja patria, enviando dinero para ello”49. Por este motivo se informa de cómo los niños ya saben leer o se insiste en que vigilen que estudien, alegando el prometedor futuro que tendrían como hombres letrados en América. El saber leer y escribir no es solo un asunto de promoción social, sino que da la oportunidad de comunicarse directamente, como indica Alonso Hernández a su hermano “da gran contento a sus sobrinos en escribirlos en particularmente, porque ya son hombres que se les puede escribir”50, o Gabriel Ramírez de Arellano a su hijo “no pienses que por falta de amor no te he escrito cien cartas, [...] que como creía que eras todavía muchacho, escribiendo a tus tíos bastaba, y ahora que sé que estudias y te das buena maña, yo te escribiré” 51. Francisca Pérez, por ejemplo, manda una carta a su hermano escrita de mano de su hijo pequeño, “Manuelico, que ya es grandecillo”52. Como puede observarse, estos casos aportan una información muy rica. El licenciado Juan de Godoy encarga mucho a su madre a Juanico, “que lo quiere mucho”, para que procure que aprenda rápido latín y pueda mandarle a estudiar leyes a Salamanca, pues “quedando letrado queda muy rico”53. También es útil saber escribir y contar para heredar los negocios familiares, como proponen para Andresico54. Por último, es interesante resaltar las expresiones más familiares y cariñosas de los padres hacia sus hijos. Podemos oír recados como “es la lumbre de mis ojos”55, o “no tenéis en esta vida quien más os quiera que yo, [...] mayor [pena] es la mía, por no 42

Ibídem, carta 161, p. 154. Ibídem, cartas 242, 281, 321, 323, 411, 495, 503, 629. 44 Ibídem, carta 494. 45 Miguel Á. Extremera, Gobernador y padre..., p. 23. 46 E. Otte, Cartas privadas..., carta 36, p. 67. 47 Ibídem, carta 432, p. 380. 48 Ibídem, carta 160, p. 153. 49 Ibídem, pp. 25-26. 50 Ibídem, carta 437, p. 383. 51 Ibídem, carta 433, p. 381. 52 Ibídem, carta 77, p. 100. 53 Ibídem, carta 530, p. 474. 54 Ibídem, carta 307, p. 271. Noticias similares podemos leer en las cartas 33, 242, 323, 329, 465, 512, 571. 55 Ibídem, carta 347, p. 304. 43

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haber gozado de vosotros, ni os haber criado como a hijos”56. De manera inevitable, las palabras más amorosas van destinadas para presentar a los más pequeños de la casa, con calificativos como hermoso, lindo, bonito o destacando los parecidos familiares57. Andrea López le avisa a su madre de cómo transcurrió el parto de su primera hija, María, “tuve buen parto, bendito Nuestro Señor, que no estuve de parto más de tres horas y media, porque a las doce de la noche fueron los primeros dolores que me dieron”. Tres años después le cuenta, “ha sido Dios servido de darme otra hija, que tiene cuatro meses, y llámase Beatriz, y es muy linda y hermosa, y más hermosa que María”58. En otra larga carta encontramos detalles sobre “dos hijas, la una de año y medio, y la otra de seis meses, las más lindas, Dios se las guarde, que hay en toda Lima”59. Cristóbal de Montalvo cuenta que su hija, de catorce meses, “la más linda muchacha que hay en esta tierra, y más graciosa”, es “más viva que un fuego”. Narra una graciosa anécdota que permite escuchar, como en ningún otro momento, la voz de la pequeña: “entrando yo en casa un día, enojado, la hallé en el patio, y como me vio comenzó a decir «ta ta ta» tres veces, y como no la respondí, por venir, como dije, enojado se arrimó a la pared con las manos cruzadas, y moviéndome a compasión por como lo había sentido, la llamé diciendo 60 «Hija», y como quien estaba muy agraviada con ira me dijo: «A puta»” .

El descubrimiento de América tuvo múltiples repercusiones, pero una de ellas fue la ampliación de las distancias entre miembros de una misma familia. Embarcarse en una flota en el periodo que abarcan las cartas que hemos tratado a lo largo de estas líneas suponía fácilmente un camino sin retorno. El uso de la correspondencia privada como medio de comunicación se amplificó y constituye para los estudiosos de las mentalidades y la vida cotidiana una fuente de gran valor. También es paradigmático para los filólogos, para los que “esas cartas son un testimonio precioso de la historia del español: como en pocas ocasiones asoma en ellas el fluir vivo del idioma hablado por las distintas clases de la sociedad española, 61 siempre, eso sí, a través del tamiz del escribano, no siempre ducho en su arte” .

El emigrante “estaba verdaderamente convencido de la mejor calidad del Nuevo Mundo” 62 , lo cual constituye uno de los motivos que le llevan a pedir e incluso a suplicar a sus familiares que se reúnan con él. La soledad y la falta de afectos fueron, sin duda, otros de los factores determinantes. En esta nueva red de relaciones las generaciones más jóvenes tuvieron un papel fundamental, pues su viaje era el más demandado para tomar el relevo del legado familiar. Al mismo tiempo, “no debemos olvidar que los lazos familiares durante el periodo moderno también se entretejían a base de amor y de afecto”63, por lo que no pueden medirse los comportamientos según estrategias puramente patrimoniales. Mª 56

Ibídem, carta 542, p. 483. Expresiones similares aparecen en las cartas 376, 543, 554, 592. Ibídem, cartas 56, 78, 226, 292, 335, 342, 356, 500. 58 Ibídem, carta 47, p. 75 y carta 48, p. 76. 59 Ibídem, carta 487, p. 434. 60 Ibídem, carta 524, p. 465. 61 M. Fernández Alcaide, Cartas de particulares..., p. 18. 62 E. Otte, Cartas privadas..., p. 35. 63 I. Testón Núñez y R. Sánchez Rubio, “«Para hacer la raya...”, p. 108. 57

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María HERRANZ PINACHO

José de la Pascua ya ha advertido de que “la sociedad occidental acabó convirtiendo el amor en un motor de conductas y en la base de una institución como la familia”64. 3. Reflexiones finales. Sobre las cartas que aquí se han tratado, autores como José L. Martínez consideraron que en ellas no se suele hablar de sentimientos por pudor y orgullo 65, extremo que no comparto. Creo que se han podido mostrar multitud de ejemplos concretos de expresiones cariñosas y querencias, aspectos ligados a la esfera íntima de las familias del Antiguo Régimen. Cada uno de los autores de estas cartas poseía una personalidad propia y una manera de comunicar sus emociones que no podemos llegar a conocer. El observar testimonios aislados en ocasiones ofrece la posibilidad de extrapolar actitudes, pero aquí han aparecido facetas que suelen ser de muy difícil acceso. Las cartas de estos pobladores americanos tratan temas muy diversos, de los que no nos hemos ocupado. Sin embargo, es latente en las misivas el recuerdo y la memoria por los familiares ausentes. La carta es la prueba evidente de la cohesión familiar e incluso algunas de ellas dejan ver los diferentes roles otorgados a cada uno de los miembros del linaje. Esto se apoya en la diferente manera de comunicar y la prioridad de los mensajes emitidos. Las letras nacidas de mujeres son más cercanas, con preocupaciones más pegadas al día a día, más aún cuando ellas siempre forman parte de un ambiente familiar. En las cartas escritas por hombres también se observa un tono diferente al hablar de sentimientos y no hay vergüenza en admitir el amor por sus allegados y el desconsuelo por los ausentes. Los niños aparecen en las cartas porque estas son reflejo de la realidad social y familiar. Ellos son responsabilidad del grupo, conviven con ellos y son sus herederos. Está muy presente la conciencia de la desventaja que supone ser menor, entendido no como concepto legal, sino como el número de años de una persona. Los niños dependen de los adultos y estos no dudan en tratar de favorecerlos cuando los ven en una situación de inferioridad. No se espera de ellos un comportamiento maduro, sino infantil66. La dificultad de establecer cuál era el universo infantil es evidente y quedan aquí planteadas algunas ideas y propuestas de líneas de análisis. El afán objetivador que en ocasiones nos persigue como historiadores puede sumar prejuicios en este campo de investigación. El terreno de los sentimientos no es objetivo e influye notablemente en los comportamientos y la toma de decisiones de los individuos. Por tanto, comprender el entorno familiar de la infancia del Antiguo Régimen introducirá un nuevo factor condicionante de actitudes y de determinaciones en los miembros de una familia. Como consecuencia, nos permitirá obtener una visión más global de las sociedades pasadas.

64

María J. de la Pascua Sánchez, “Una aproximación...”, p. 133. J. L. Martínez, El mundo privado..., p. 74. 66 Pedro de Aguilera escribe a su mujer, hablando de su hijo, “aunque haya sido travieso con la niñez, se puede disimular”, en E. Otte, Cartas privadas..., carta 66, p. 93. 65

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Infancia y nobleza. Testimonios del mundo infantil en las familias Híjar y Aranda durante la Edad Moderna Childhood and nobility. Early Modern Spain testimonies of children’s world in Híjar and Aranda families Laura MALO BARRANCO Universidad de Zaragoza Resumen: Durante la Edad Moderna, los niños y niñas nobles fueron miembros de gran importancia para la continuidad familiar. Desde su nacimiento, se beneficiaron de la situación privilegiada de su linaje y fueron objeto de los mejores cuidados y el cariño de sus parientes. Entre bautismos y madres preocupadas, amas de cría, cunas y pañales, se desarrollaban los primeros años de los más pequeños de la casa. Este trabajo busca presentar aquellos datos y alusiones al mundo infantil relativos a dos importantes familias de la España moderna, los Híjar y los Aranda, y reconstruir a través de estos testimonios costumbres relativas a la crianza de los niños nobles, así como a los sentimientos y preocupaciones surgidas en torno a ellos. Palabras clave: infancia, nobleza, crianza, nodriza, formación. Abstract: In Early Modern period, noble children were very important members for familiar development. Since they were born, the benefited from their lineage privileged situation and they were object of the best cares and their relatives’ affection. Between baptisms and worried mothers, wet nurses, cradles and diapers, were spent little children first years. This article looks for introducing some facts and references about childish world linked to two prominent Early Modern Spain nobility lineages, Híjar and Aranda families, and rebuild through these testimonies some noble children’s raising habits, together with feelings and concerns directly tied to them. Keywords: childhood, nobility, upbringing, wet nurse, education.

1. Introducción. Los niños y niñas de la casa representaban el futuro de una familia noble. La llegada de numerosos descendientes ofrecía seguridad a los linajes que depositaban en ellos sus atenciones y cuidados en busca de la continuidad del apellido. Aquellas pequeñas criaturas poseían un universo propio e inmerso en los procesos cotidianos, adaptado a su menor edad y vinculado a la formación, desde sus primeras horas de vida, de dignos representantes de la Casa. Con ayuda de la historiografía reciente relativa a la infancia y vinculado a los estudios de elite, género y vida cotidiana, este texto plantea examinar las alusiones y documentación sobre la primera edad de los miembros de dos destacados linajes de la nobleza moderna, los duques de Híjar y los condes de Aranda. A través de partidas de nacimiento, bautismo y confirmación, de testimonios recogidos en últimas voluntades e inventarios, así como de las defunciones de los pequeños, las líneas siguientes 

Este trabajo se realiza en el marco de una beca predoctoral de Formación de Personal Universitario (FPU) vinculada al Proyecto de Investigación HAR2011-28732-C03-03 “Celebrar las glorias. Publicística sagrada y devociones en la Iglesia Hispánica de la Edad Moderna”, con Eliseo Serrano Martín como investigador principal, y al Grupo de Investigación Consolidad Blancas de la Universidad de Zaragoza.

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pretenden presentar la realidad referente a los años iniciales de la infancia en la nobleza. En ellas se seguirá con atención la riquísima fuente sobre las costumbres nobiliarias relativas a la infancia que es la obra Nobleza virtuosa (1637), de doña Luisa de Padilla, condesa de Aranda, quien fue miembro de uno de los linajes estudiados y por ello testigo excepcional de las atenciones a los niños nobles en la época moderna. Al mismo tiempo, este trabajo parte de una hipótesis que plantea la pertenencia a la elite social como principal causa del posible disfrute de los años infantiles, así como de la entrega a los pequeños de un cariño especial y de la constante preocupación por su temprana instrucción en base al futuro desarrollo familiar. 2. Nacimiento y bautismo. La primera documentación que identifica a los niños de una familia noble es aquella relativa a su llegada al mundo y su entrada en la comunidad cristiana. El nacimiento de un miembro del linaje marcaba el inicio de una nueva etapa en la vida familiar, un periodo de acogida al recién nacido e inclusión del mismo dentro de la comunidad civil y espiritual. Debido a la situación privilegiada de estas grandes Casas, es posible acceder a copias de los registros bautismales realizadas con el fin de conservar en los fondos privados del linaje pruebas de nacimiento y bautismo. La aparición de este tipo de documentos no es constante a lo largo de la modernidad. Conocer el año o localidad de nacimiento de cada individuo resulta complicado, debido a los escasos datos, así como a los frecuentes viajes y cambios de residencia de la nobleza, que no centraban los nacimientos en un único espacio patrimonial. Sin embargo, gracias a diversos legajos que fueron en su mayoría manuscritos a lo largo del siglo XVIII, es posible ordenar referencias a los recién nacidos en los linajes Híjar y Aranda y relacionarlos con las prácticas en torno al nacimiento y la niñez. Las partidas de bautismo trabajadas ofrecen datos cronológicos, además de mostrar la filiación, la parroquia dónde se realizó el bautismo, quiénes fueron los padrinos de los niños o el párroco que realizó el sacramento. Unidos a esta información aparecen también, aunque sólo en algunos casos, detalles referentes al alumbramiento. Estas valiosas menciones sobre el parto, aunque breves, indican la fecha y en ocasiones la hora exacta del mismo. Además, algunas de ellas detallan también dónde se produjo y facilitan la ubicación de los distintos domicilios familiares de un linaje que cambiaron habitualmente con el paso del tiempo.“En la villa de Ariza […] nació dicha señora el día doce de julio a las once del día”, “Nació en veintinueve del presente mes y año, a las siete de la noche, calle del Almirante, casas propias de los señores condes de Aguilar, distrito de la misma parroquia de san Martín”1 El recién nacido venía al mundo entre las manos de madrinas o comadronas, nodrizas y mujeres de la familia que atendían a la madre durante el parto y ofrecían los primeros cuidados al bebé. La palabras de la condesa de Aranda, doña Luisa de Padilla, afirmaban que a los hijos de los nobles, “son de opinión algunos médicos, que los deben en naciendo lavar con agua caliente salada, porque les enjuaga las muchas humedades

1

Archivo Histórico Provincial de Zaragoza, Casa Ducal de Híjar [AHPZ, CDH], P/1-128-7. Bautismos de: Rafaela Palafox, esposa del IX duque de Híjar, Pedro de Alcántara Silva Fernández de Híjar. San Pedro (Ariza), 16 de julio de 1744; y de su hija Micaela Silva Fernández de Híjar. San Martín (Madrid), 30 de septiembre de 1773.

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con que salen, y los hace de agudos ingenios y robustos”2. La comadrona “aseaba las partes más tiernas del niño y personalmente lo fajaba”3, costumbre muy arraigada que buscaba el crecimiento erguido del recién nacido. Ejemplo de las ropas que cubrían al bebé son: “cinco pañales de cotonia para envolver; un pañal de raso blanco bordado de oro; una faja y su sabanilla guarnecida; otro azul y plata con su sabanilla y su faja; u otro pañal de tafetán morado y su faja tejida”4 que poseía entre sus pertenencias doña Mariana Pignatelli (†1681), esposa del V duque de Híjar. Una vez aseado, el primer requisito en la vida del pequeño era la entrada en la comunidad religiosa por medio del bautismo que solía celebrarse con premura 5 . El miedo al posible fallecimiento de la delicada criatura sin recibir el primero de los sacramentos hacía apresurar la celebración que abría al niño las puertas del Cielo. Los bautizos de los niños y niñas nobles se celebraban, al igual que los de los pequeños menos privilegiados, el día del nacimiento o al día siguiente del mismo. La elección de uno u otro momento venía determinada por la hora del parto. Las fechas del nacimiento y bautismo coincidían para quienes nacían de madrugada o al inicio del día; la llegada al mundo por la tarde o noche requería de un bautismo con fecha posterior. Este hecho destaca por plantear una espera de la familia noble a la disponibilidad del párroco que debía celebrar el bautizo, marcada por los horarios y el curso natural del día. En un entorno nobiliario en el cual, gracias a las conexiones con la jerarquía eclesiástica, era común la celebración de sacramentos -confirmaciones o matrimoniosdentro de las casas familiares, es necesario subrayar la importancia de esta salida de la frágil criatura hasta la iglesia para recibir el bautismo en sus primeras horas de vida. Dicha costumbre, que deja a un lado el uso del privilegio de estos linajes, probablemente señala una búsqueda presentación del pequeño ante la comunidad cristiana en la parroquia, donde era bautizado sobre la pila común a todos fieles: “En la iglesia parroquial monasterial de san Martín de Madrid, yo el Maestro Fray Bernardo Gayoso, abad y cura propio de dicho Real Monasterio y parroquia, bauticé solemnemente al Señor Don Agustín, Pedro, González Telmo, Vicente Ferrer […] siendo su padrino su tío el señor don Fausto de Palafox, conde de santa Eufemia, hijo primogénito de los marqueses de Ariza […] en su nombre por hallarse enfermo lo tuvo en la pila su hijo primogénito el señor 6 don Vicente Palafox” .

El espacio religioso elegido para el bautismo variaba dependiendo del lugar de nacimiento, enmarcado por las viviendas permanentes o temporales y por los espacios patrimoniales de la Casa. De este modo, el V duque de Híjar, don Jaime, fue bautizado

2

Luisa María de Padilla, Nobleza virtuosa (dada a la imprenta por el padre F. Pedro Enrique Pastor), Zaragoza, Juan de Lanaja, 1637, p. 308. 3 María del Carmen García Herrero, Las mujeres en Zaragoza en el siglo XV, Zaragoza, Ayuntamiento de Zaragoza, 1990, p. 53. 4 AHPZ, CDH, P/1510/15. Inventario de Mariana Pignatelli de Aragón, duquesa de Híjar, 1681. 5 “Los eclesiásticos medievales […] multiplicaron los lugares de culto con el fin de permitir a los sacerdotes acudir rápidamente a la cabecera de la parturienta. Se ejerció sobre las familias una presión, de los Mendicantes en particular, cada vez más fuerte para obligarlas a admitir el sacramento del bautismo lo antes posible después del nacimiento”, en Philippe Ariès, El niño y la vida familiar en el Antiguo Régimen, Madrid, Taurus, 1987, p. 20 6 AHPZ, CDH, P/1-128-7. Bautismo de Agustín Fadrique Silva Fernández de Híjar, X duque de Híjar. 14 de abril de 1773.

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en la parroquia de san Ginés y san Luis de Madrid en 1625 7; su hija Juana Petronila, VI duquesa, entró en la comunidad religiosa en la parroquia de santa María la Mayor de la villa que titulaba su linaje en 1669 8; y el nieto de ésta, don Pedro de Alcántara, IX duque, lo hizo en otra de las propiedades familiares destacadas en 1741, al ser bautizado en Villarrubia de los Ojos del Guadiana9. A estas ceremonias de bautismo hay que unir dos posibles variables. La primera de ellas viene marcada por la excepcionalidad del estamento nobiliario, pues “cuando se trataba de un niño de origen noble, si había que reunir a toda la familia y organizar suntuosas ceremonias”, el bautismo se retrasaba varios días10. La segunda, dependía de la urgencia de bautismo requerida a causa de problemas en el parto. Éste probablemente fue el caso de doña María del Pilar Silva Fernández de Híjar, futura esposa del X conde de Aranda, Pedro Pablo Abarca de Bolea, que había nacido el 19 de noviembre de 1766 “en la calle Corredera Baja de san Pablo, casas de doña Antonia de Quincoces, (a quien en caso de necesidad echó el agua de bautismo don Juan Jaime Gabriel Alexandre presbítero boloniense en Francia)” 11 . Este testimonio muestra como la niña noble recibió el sacramento de un presbítero bien formado, probablemente huésped de sus padres o encargado del trabajo espiritual durante el parto. Dicha suerte no era la habitual, ya que la mayoría de estos bautismos eran realizados por las comadronas, quienes aprendían las fórmulas bautismales en lengua vulgar para, en caso de peligro, llevar a cabo el sacramento12. En el día del bautismo, “entre las familias que podían permitírselo, fue bastante habitual optar por la confección de trajecitos blancos para las criaturas”13. Junto a ellas eran también protagonistas los padrinos, elegidos por los progenitores para aceptar el parentesco espiritual y la responsabilidad de educar a sus ahijados en la doctrina cristiana14. El padrino y la madrina solían ser familiares cercanos, amigos de la familia o miembros del clero. Dentro de las partidas consultadas las madrinas solían ir acompañadas por un varón que completaba la pareja de padrinos. A diferencia de ello, los hombres ejercían en muchas ocasiones su papel en solitario siendo un tío, un primo 7

AHPZ, CDH, P/1-315-1. Bautismo de Jaime Francisco Víctor Silva Fernández de Híjar. San Ginés y san Luis (Madrid), 30 de enero de 1625. 8 AHPZ, CDH, P/4-282-1. Bautismo de Juana Petronila Silva Fernández de Híjar. Santa María la Mayor (Híjar), 29 de junio de 1669. 9 AHPZ, CDH, P/1-128-7. Bautismo de Pedro de Alcántara Silva Fernández de Híjar. Santa María de Villarrubia de los Ojos del Guadiana, 28 de noviembre de 1741. 10 Danièle Alexandres-Bidon y Monique Closson, La infancia a la sombra de las catedrales, Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2008, pág. 93 11 AHPZ – P/1-128-7. Bautismo de María del Pilar Silva Fernández de Híjar. San Martín (Madrid), 30 de noviembre de 1766. 12 “Muchas mujeres eran asistidas por comadronas que prestaban un juramento especial y obtenían una licencia del obispo local. […] La razón era clara: a veces era necesario bautizar urgentemente a un niño que se moría” en M.J. Tucker, “El niño como principio y fin: la infancia en la Inglaterra de los siglos XV y XVI”, en Lloyd DeMause, Historia de la infancia, Madrid, Alianza Universidad, 1982, p. 268. 13 Estas ropitas se elaboraban en dicho color para simbolizar la pureza y la inocencia de quienes las portaban. En María del Carmen García Herrero, Del nacer y del vivir. Fragmentos para una historia de la vida en la Baja Edad Media, Zaragoza, IFC, 2005, p. 74. 14 La madre del recién nacido, a causa del reposo tras el parto y de una posible futura ceremonia de purificación, no participaba en el bautismo de su hijo. Ver Claudia Pancino, “La purificazione della puerpera: la storia confusa di un rito ai confini fra biología e società” en Sonia García Galán (coord.), Nacimientos bajo control. El parto en las edades moderna y contemporánea, Gijón, Trea, 2014, pp. 4966.

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o un religioso15 el padrino único del recién nacido. Existía también la posibilidad de apadrinar sin estar presente en la ceremonia. Para ello, los padrinos se excusaban y enviaban procuradores o seres cercanos que sujetaran al niño sobre la pila bautismal. Parejas de abuelos, tías maternas junto a abuelos paternos, viudas, vecinos y otros nobles recibían con agrado dicha responsabilidad y de este modo entraban a formar parte de la vida del niño. 3. Al cuidado de los niños. Aquellas pequeñas criaturas llegaban a un mundo de adultos que no los comprendía completamente. Entre molestos llantos y graciosas ocurrencias fueron, poco a poco, conquistando las conciencias de sus mayores quienes a partir del siglo XVI dieron a los niños un nuevo sentido. La individualización de los cuerpos hizo que los padres empezaran a concebir “un niño al que querer por sí mismo y que era su alegría de cada día”16, observándolo no sólo como pieza imprescindible del linaje, sino como un ser al que querer y mimar17. La vida recién estrenada de los pequeños nobles transcurría en un entorno femenino, donde interactuaban grandes señoras, sirvientas y amas de cría, que ofrecían a los niños los cuidados necesarios y los primeros rudimentos de una educación posterior. La madre era la primera responsable de sus descendientes. La preocupación por la importancia del vínculo materno-filial fue reiteradamente expresada con la intención de que no descuidaran su tarea y la ofrecieran a otras mujeres que suplantaran su papel y las libraran de la carga de los cuidados. Sin embargo, entre las familias privilegiadas fue muy habitual y un signo de status la contratación de nodrizas y amas que quedaban vinculadas a la crianza de los recién nacidos; tanto en el periodo de amamantamiento, como en su supervisión durante la infancia. Dicha actividad podía verse justificada por la ayuda que requerían las madres nobles a la hora de alimentar a sus pequeños, pues la imperiosa necesidad de una abundante descendencia y los sucesivos embarazos restringían la lactancia de los niños, por sus conocidos efectos anticonceptivos, y hacían necesario un apoyo externo que proveyera de leche materna a los pequeños18. Aquellas amas de cría que trabajaban para la nobleza trasladaban su residencia habitual a las casas del linaje. Este hecho quedó reflejado, por ejemplo, en 1532, cuando doña Aldonza Floch de Cardona, indicaba en sus últimas voluntades: “suplico a don Hernando, mi hijo, ruego y encargo que tenga por encomendada a Cathalina Digues y le pague muy bien sus trabajos, atendido que ha dexado su casa por criar a su hija”19. Es probable incluso que algunas de las nodrizas se incorporaran a la vida familiar previamente a la llegada del bebé: “Traed las amas a casa cuatro o cinco meses 15

Los miembros de órdenes religiosas que deseaban ser padrinos debían, con anterioridad, pedir licencia al Nuncio Papal en España y a su superior correspondiente. 16 Jaques Gélis, “La individualización del niño” en Philippe Ariès y George Duby (dirs.), Historia de la vida privada. T. 3, Madrid, Altea, 1989, p. 317. 17 “Durante el siglo XVI y XVII, surgió un sentimiento nuevo de la infancia […] que se podría llamar el «mimoseo».[…] Este pequeño juego de los niños debió siempre cautivar a madre, nodrizas y nanas, pero respondía al amplio territorio de los sentimientos que no se expresan” en P. Ariès, El niño …, pp. 180181. 18 Margaret L. King, Women of the Renaissance, Chicago, University of Chicago Press, 1991, p. 14. 19 AHPZ, CDH, P/4-113-6. Testamento de Aldonza Floch de Cardona, condesa de Aranda. Épila, 1 de junio de 1532.

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antes de parir, porque coman los mantenimientos buenos, y con eso gasten los humores de los malos, para que los niños no hallen novedad en el nutrimiento, ni diferencias del que los sustentó en el preñado”20. La preocupación de los padres de la nobleza por asegurar la convivencia cotidiana dentro del hogar con el ama de cría favorecía a los recién nacidos y evitaba el peligro de una crianza externa, en la casa de la nodriza, que dificultaba la supervisión de los progenitores. La cuidadosa elección del ama buscaba en ellas las mejores cualidades físicas y morales. Doña Luisa de Padilla, aconsejaba en su obra que fuesen “cristianas viejas (a lo menos) y de mejor sangre si fuere posible, honestas, bien acondicionadas, mujeres de entendimiento, no rústicas, ni de mal lenguaje, pero mozas robustas, y poco acostumbradas a regalo” 21 . Era importante, a la vez, que tuvieran una buena complexión, siendo enemigas de todos los vicios – sobre todo del vino – y de las malas palabras. Resultaba fundamental, como señalaba el padre Gaspar de Astete “[…] que las amas entiendan que no han de ser solamente madres de leche de los niños, sino que con la leche les han de dar la doctrina y buenas costumbres. Mucha cuenta tienen los padres con que el ama sea limpia en el cuerpo, y que la leche sea sana, sustanciosa, y de 22 buenos humores, como los médicos lo mandan, y se hace de ello experiencia” .

Aquella leche que debía ser blanca, de buen olor, dulce y uniforme era el primer alimento de los niños, que mamaban si era posible hasta los dos años de edad. El trabajo de las nodrizas resultaba fundamental para la crianza y era reconocido por los familiares y los propios pequeños ya en su edad adulta, que las mencionaban entre palabras de agradecimiento, compensaciones y regalos. “Águeda Riaza, mi ama, por los buenos servicios que me ha hecho y el mucho amor que le tengo”23; “Ángela Ruíz, ama del señor don Joaquín Judas”24 o “cada una de las cuatro amas que dieron leche a mi amado nieto don Francisco Ramón”25 son sólo algunas de las alusiones a estas mujeres que tanta importancia tuvieron en el desarrollo infantil de la nobleza. Junto a ellas o de forma independiente, destaca la aparición en los testimonios de los “hermanos de leche”, los hijos e hijas de las amas de cría que compartían con los pequeños la leche de sus madres. “A Thomasa, hija de un ama que me dio leche”26 dejaba doña Catalina de Alagón y Urrea, en 1653, 50 ducados, probablemente a causa del vínculo que las unía; no sabemos si por haber compartido también los espacios de la casa o en compensación por haberle de algún modo “robado” aquellos primeros años cerca de su madre. Estas menciones plantean cómo por medio de las palabras de los nobles podemos acceder

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L. de Padilla, Nobleza virtuosa…, p. 308. Citada en María Cruz de Carlos Varona, “Giving birth at the Habsburg Court: visual and material culture” en Anne J. Cruz y María Galli Stampino (eds.), Early Modern Habsburg Women. Traditional contexts, cultural conflicts, dinastic continuities, Aldershot, Ashgate, 2013, p.168. 21 Ibidem, p. 307. 22 Gaspar de Astete, Institución y guía de la juventud christiana. Primera parte, Burgos, Casa de Felipe de Iunta, 1592, ff. 23v.-24r. 23 AHPZ, CDH, P/5-95/1. Testamento de Ana de la Cerda y Mendoza, II condesa de Galve y duquesa de Híjar. Zaragoza, a 28 de septiembre de 1579. 24 AHPZ, CDH, P/1-2-89. Salarios de los empleados de los Duques de Híjar (1721-1725). 25 Archivo Histórico de Protocolos Notariales de Zaragoza [AHPNZ], prot. 5.372, ff. 452r.-455v., Testamento de Juana Rocafull y Rocabertí, condesa de Aranda. Zaragoza, 9 de septiembre de 1726. 26 AHPZ, CDH, P/2-92-54. Testamento de Catalina de Alagón y Urrea, condesa de Sástago. Madrid, 10 de enero de 1653.

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también a detalles relativos a una realidad menos privilegiada, pero igualmente importante, para el conocimiento de la infancia moderna. Tanto los niños, como las niñas nobles pasaban sus primeros años dentro de los espacios femeninos de la casa. En ellos continuaban su crecimiento las pequeñas, aunque en el caso masculino, se aconsejaba a la madre que al cumplir “los niños siete años, los haréis poner cuarto fuera; porque de estar más con las mujeres podrían seguirse inconvenientes”27. Dentro de aquellas cámaras existían elementos materiales específicos relacionados con la niñez que aparecen mencionados en los inventarios de las damas, siempre con mayor frecuencia entre las pertenencias de mujeres que fallecieron jóvenes, con hijos todavía pequeños o a la espera de concebir. Ellas conservaban cunas fabricadas en madera, con adornos, cielos y cubiertas, que tenían colchones especiales, así como “colchicas chiquitas de la cuna”, dedicadas especialmente al cuidado del bebé. En ocasiones, es posible conocer el precio de algunas de ellas, como “una cuna con su paramento” vendida por 15 libras jaquesas en enero de 160028. Otras, la descripción muestra los materiales y la forma de la misma: “una cama cuna de nogal de dos cabeceras y la cuna es de pino”29. Y, en las mejores ocasiones, los detalles indican la riqueza y ostentación nobiliaria mostrada también en relación a los niños: “Una cama de cuna de damasco azul que se compone de cielo con sus goteras y quatro cortinas y doselillo guarnecida con un galoncillo de seda dorada. Su telliza de damasco azul escarolado con su franjilla de plata. Otra colgadurita de cuna de damasco carmesí que se compone de cielo y seis cortinas guarnecidas con un galoncillo de seda verde […]. Una colcha de tafetán de dos 30 colores encarnada y pajiza con que se cubre esta ropa” .

Además, ciertos diminutivos o menciones del pequeño tamaño de algunas posesiones permiten deducir la adaptación de bienes muebles y ropa de casa para los niños. Sirven de ejemplo las “tres sillicas chicas de las señoritas”, doña Juana Petronila, VI duquesa de Híjar (1669-1710) y doña Isabel, su hermana, mencionadas en el inventario de su madre doña Mariana Pignatelli; o bien, las “once mantas nuevas y usadas, grandes y chicas, que sirven en las camas de sus Excelencias y de los señoritos” pertenecientes, ya como madre, a la citada duquesa doña Juana y a sus hijos. Los niños aprendían el lenguaje con la ayuda de amas y ayas. Éstas, recomendaba doña Luisa de Padilla, debían ser instadas a enseñar a los pequeños “que las primeras palabras que pronunciasen sean Jesús y María”, en vez de “hacerles nombrar a sus Padres lo primero”31. La educación religiosa protagonizaba la formación de los más pequeños y era principal responsabilidad de los padres. Ellos se encargaban

27

L. de Padilla, Nobleza virtuosa…, p. 322. “Una cuna sin braços, 2 libras jaquesas” en AHPZ, CDH, J/140/1. Libro de la ejecución de los bienes y hacienda de Juana Enríquez de Cabrera, condesa de Aranda. Almoneda, a 10 de enero de 1600. 29 AHPZ, CDH, P/4-283-5. Inventario de Juana Petronila Silva Fernández de Híjar, VI duquesa de Híjar, 1710. 30 AHPZ, CDH, P/1510/15. Inventario de Mariana Pignatelli de Aragón, duquesa de Híjar, 1681. 31 L. de Padilla, Nobleza virtuosa…, p. 312. “Quando las amas no quieren que el niño coma alguna cosa que le ha de hazer mal, le dizen que es CACA, y les hacen un gesto de enfado, como cosa suzia y hedionda”. Ver François Géal, “Sebastian de Covarrubias ou la cause des enfants” en Agustín Redondo (dir.), Figures de l’enfance, Paris, Pubications de la Sorbonne, 1997, pp. 124. 28

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de llevar a los niños a la iglesia – a veces convenciéndoles con golosinas– 32 , de enseñarles a ayunar y de que recibieran uno tras otro los diversos sacramentos: "En la ciudad de Cuenca en treinta días del mes de septiembre del año de mil setecientos y setenta, el Ilmo. Sr. D. Isidro Carbajal y Lancaster Obispo de esta ciudad y su obispado, estando en las casas de la habitación y morada del Sr. D. Antonio Palafox […] procedió a la administración del santo sacramento de la confirmación y lo confirió a cuatro niños, que lo fueron los señores don Policarpo Francisco de Paula, don Espíritu Bonifacio, doña María 33 Magdalena y doña María del Pilar Isabel” .

Resultaba esencial que desde niños aprendieran a venerar las reliquias y las cruces, así como a reverenciar las imágenes religiosas que debían estar presentes en sus habitaciones: “En el cuarto donde vuestros hijos se criaren, sería muy importante tener colgados algunos cuadros hechos de propósito donde los vicios estén pintados horribles, las virtudes hermosas: porque así desde luego las amen y a ellos aborrezcan […] Para lo cual hará mucho el caso irles 34 declarando lo que verán en la pintura, con que los entretendrán enseñándoles” .

La rectitud en el comportamiento y la puesta en práctica de los principios contrarreformistas influían también en las actividades cotidianas de los niños que quedaban marcadas por un carácter religioso. “En la niñez, si os inclináis a muñecas, reducid ese gusto a hacer altares, monumentos y Belenes, vestir imágenes de Nuestra Señora y niños Jesuses” 35 . Con el trasfondo de la educación mediante el juego, las figuras del Niño Jesús o de los santos que vestían y cuidaban las pequeñas debieron ser para ellas juguetes con los que llenar su tiempo de ocio; al igual que las “dos fuentecillas de jugar niños”36 o bien “el cochecillo de plata, coral y bronce con sus dos caballos” que estaba guardado en una cajita de pino para el señorito37. La condesa de Aranda añadía también que los niños debían ser entretenidos con cuentos que les mostrasen alguna virtud y evitar el enseñarles palabras torpes o cosas que les causaran miedo. Esta primera instrucción, obtenida desde el nacimiento por vía femenina y dentro del hogar, se completaba conforme crecían los niños y niñas del linaje. Su formación intelectual estaba dirigida por maestros contratados para su enseñanza; un estudio diferenciado para ambos sexos, pero que en ocasiones permitía a hermanos y hermanas compartir espacios y lecciones 38 . La enseñanza doméstica quedaba unida, sobre todo en el caso femenino, a la supervisión y los cuidados, en los que las 32

“No les enseñen a ser golosos, dándoles dulces cada momento: que hasta en las Iglesias no suelen cesar de esto las que los crían mal y tengo por mejor no llevarlos a ellas en ocasiones que se puede excusar, que enseñarlos a estar allí con irreverencia” en L. de Padilla, Nobleza virtuosa…, p. 311. 33 AHPZ, CDH, P/1-128-8/2. Confirmación de cuatro hijos de los IX duques de Híjar, Pedro de Alcántara Silva Fernández de Híjar y Rafaela Palafox. Los niños tenían, 2, 1, 5 y 4 años respectivamente. 34 L. de Padilla, Nobleza virtuosa…, pp. 313-314. 35 Ibidem, p. 260. 36 AHPZ, CDH, P/1-385-1. Inventario de Ana de Aragón, vizcondesa de Evol, 1595. 37 AHPZ, CDH, P/1510/15. Inventario de Mariana Pignatelli de Aragón, duquesa de Híjar, 1681. 38 “Doña María Engracia y doña María Francisca Abarca de Bolea, nacidas en 1721 y 1722 respectivamente, pudieron quizás beneficiarse del ‘maestro de escribir y contar a Señoritos y Pajes’ que su padre contrató para educar a sus hermanos”. Ver Laura Malo Barranco “Educación femenina y nobleza aragonesa” en Gregorio Colás Latorre (coord.), Estudios sobre la sociedad aragonesa en la Edad Moderna, Zaragoza, Mira Editores, 2014, p. 162.

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mencionadas amas de cría dieron paso con la llegada del siglo XVIII y la influencia ilustrada a institutrices que educaban y acompañaban a las niñas. Desde temprana edad, los pequeños nobles “se encontraban rodeados por grandes cantidades de sirvientes designados para atender sus necesidades, muestra visible de la riqueza y el poder familiar”39. Esta compañía imitaba en ocasiones los cargos de servicio femenino que rodeaban a reinas y grandes señoras, dando también a las niñas la posibilidad de disponer de un servicio propio. Así, según el testimonio de doña Mariana de Urrea, sus hijas, Catalina, de seis años, y Gabriela, de cinco, tenían a su servicio como camareras a María Galanya y a María Ruiz40. La necesidad de atención que requerían estas criaturas aumentaba en caso de fallecimiento de uno o ambos progenitores. En dicho momento, los niños quedaban desprotegidos a falta de sus padres y para favorecer su desarrollo se instauraba una tutoría, figura legal de gran importancia cuyo estudio excede las posibilidades de este trabajo. Sin embargo, puede plantearse brevemente como dicha tutoría de los menores nobles solía ser encargada al progenitor superviviente, en solitario o bien con ayuda de familiares y amigos cercanos al linaje, miembros respetados de la sociedad y del clero. En algunos casos, el cuidado del bebé era confiado a una persona distinta a los tutores pero especialmente elegida por el progenitor premoriente. De este modo, doña María Antonia Ximénez de Urrea, enferma tras el parto de su hijo, encargó a su prima y amiga, la marquesa de Villaverde “que luego que yo faltare se lleve al dicho mi hijo a su casa y compañía, para que cuide de él, como espero se lo pedirán la dicha mi madre y señora y el conde mi tío, esposo y señor”41. La preocupación por el bienestar de los niños y el cariño dirigido a los mismos se hacía presente también en los testimonios de los abuelos, que mencionaban a sus “queridas nietas”, “amados nietos” y “muy queridos y amados viznietos”42. Un cariño especial y un cuidado minucioso que recaía en aquellos que tenían en sus personas el futuro del linaje. 4. Los otros pequeños de la casa. Compañeros de juegos de los herederos del linaje pudieron ser, además de los citados hermanos de leche, los hijos del personal de servicio, niños que formaban parte de la familia extensa y muy probablemente crecían dentro de las viviendas nobles. Junto a ellos, eran en ocasiones criados en los hogares privilegiadas niños huérfanos acogidos bajo la tutela de las damas de la casa, algunos de ellos quizás dejados ante las puertas de la nobleza por unos padres desesperados que buscaban en la piedad de los grandes señores un futuro para sus hijos. La muy citada condesa doña Luisa de Padilla, otorgaba un año antes de su muerte, “a Jusepico (niño que va ahora en habito de capuchino y yo le crié) 800 libras Jaquesas […] haciéndole nombrar tutor que por justicia tenga en su casa dicho niño y con la renta de dicho censo cuide de su criança y educación y de que 39

Grace E. Coolidge, “Investing in the lineage: children in the Early Modern Spanish Nobility, 13501750”, en Grace E. Coolidge (ed.), The formation of the child in Early Modern Spain, Aldershot, Ashgate, 2014, p. 225. 40 AHPNZ, prot. 2.956, f. 1567r. Testamento de doña Mariana de Urrea y Enríquez, condesa de Sástago. Zaragoza, 14 de julio de 1609. 41 AHPNZ, prot. 4.853, ff. 247r.251v. Testamento de María Antonia Ximénez de Urrea. Zaragoza, 6 de mayo de 1716. 42 AHPZ, CDH, P73-13-29. Testamento de Teresa Sarmiento de Silva e Híjar, duquesa de Béjar. Madrid, 13 de febrero de 1712.

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estudie”43. Doña Rosa de Silva Fernández de Híjar, mencionaba a “Baltasar Tadeo, niño expósito que echaron en mi casa el año pasado de 1737”, a quien dejaba 100 libras valencianas; y doña Rafaela Palafox, se había encargado de la educación y crianza “de doña Teresa Escoín, que dicha Excelentísima Señora tenía en su cuarto para que directamente sirviese a su persona”44. Dentro del mundo doméstico, sólo un testimonio entre los trabajados alude a la presencia esclava, que incluía además la existencia de una niña. Este dato es recogido por el encargo en el testamento de doña María de los Cobos y de Luna de la liberación de sus esclavas, María Gil y Luisa de Mendoza. Quizás hija de una de ellas era Lumica, a quien su corta edad privó todavía de libertad durante un tiempo45, ya que “por ser muy niña la dejo a la Ilustrísima señora doña Francisca Luisa de Luna, mi señora madre, a quien suplico la crie y cuando fuere grande la haga libre”46. 5. Tempranas despedidas. Mortalidad infantil en las familias nobles. La vida en el mundo infantil, aún en el más privilegiado, no carecía de riesgos. La debilidad de la primera edad hacía de los niños criaturas muy susceptibles a problemas de salud y enfermedades. La ayuda de los médicos, a quienes los progenitores privilegiados acudían en busca de soluciones a las dolencias de los niños, no evitaba en muchos casos una muerte anticipada. Conocer la identidad de los pequeños que fallecieron a muy temprana edad, tiene una mayor dificultad cuanto más atrás se retrocede en el tiempo. Sin embargo, gracias a los apuntes, aunque poco concretos, recogidos por los encargados de historiar a los linajes, es posible encontrar testimonios relativos a estos niños desde finales del siglo XVI. Dichos pequeños, ausentes en los árboles genealógicos, aparecen en las historias familiares que apuntan por ejemplo como don Juan Ximénez de Urrea, III conde de Aranda (†1586) y doña Isabel de Aragón (†1562) “tuvieron muchos hijos los cuales murieron en tierna edad y solo quedó don Luis”; este último, IV conde (†1593), tuvo a su vez con doña Blanca Manrique (†1619) “tres hijos varones que murieron niños antes que su padre y una hija, que se llamó doña Isabel, y murió también niña”47. En ocasiones, las únicas referencias a los pequeños aparecen en los recuerdos de padres y abuelos, y son los tiempos transcurridos entre la redacción de los mismos los que marcan los datos sobre la vida de los niños. Así, la VI duquesa de Híjar, doña Juana Petronila quitaba, en su codicilo de 1710, la ración al ama de su hijo José, quien había fallecido en edad pupilar y que sólo un año antes, al cierre del testamento de su madre, recibía los cuidados de dicha mujer. 43

AHPZ, CDH, P/1-370-30. Testamento de Luisa María de Padilla, condesa de Aranda. Épila, 18 de febrero de 1645. 44 AHPZ, CDH, P/1-259-1. Testamento de Rafaela Palafox y Croy d’Havre, duquesa de Híjar. Madrid, 21 de agosto de 1777. 45 Aunque se pueda ver en la demora al momento de acceso a la libertad como una actitud egoísta del propietario, […] también se puede interpretar como que corresponde a los deseos de su amo de asegurar que el esclavo no le falte un medio de subsistencia, especialmente cuando se trata de esclavos se corta edad y cuya situación sería muy difícil, al menos hasta que alcanzasen la edad adulta. En Rocío Perianez Gómez, “La esclavitud infantil en la España Moderna”, en Francisco Núñez Roldán, La infancia en España y Portugal. Siglos XVI-XIX, Madrid, Sílex, 2010, pp. 201-202. 46 AHPZ, CDH, P/1-30-80. Testamento de María de los Cobos y Luna, condesa de Fuentes. 6 de diciembre de 1580. 47 Juan Lorenzo Merenzi y Aldaya, Historia manuscrita de la Ilustre Casa y Familia de Ximénez de Urrea, AHPZ, CDH, P/4-38-1.1625.

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La muerte de un niño, heredero del linaje, era todavía más complicada de asumir por las consecuencias que traía la extinción de una rama familiar a causa de un fallecimiento temprano. El 17 de mayo de 1721 se enterró en el convento de santa Inés de Zaragoza al VIII conde de Aranda. El pequeño Francisco tenía sólo cinco años 48. Las luchas de poder que seguían a la muerte de un heredero menor de edad no dejaban de lado la pena por la pérdida. Las costumbres funerarias usadas para los adultos, eran copiadas en el caso de la muerte de un niño o niña noble. Sus cuerpos se exponían en casa o en la iglesia y se velaban con dolor: “Puesta dicha excelentísima señora difunta en medio de la iglesia sobre un túmulo de tres cuerpos de elevación que había formado para dicho fin, empezaron a tañer y clamorear las campanas, […] los dichos capitulares formando sus coros a los dos lados del cuerpo, cantaron los himnos y cánticos acostumbrados acompañados del órgano […] y después de ellos se cantó con la misma solemnidad, en el altar mayor, la Misa de las Vírgenes correspondiente según las 49 rúbricas de la iglesia a la menor edad de dicha excelentísima señora difunta” .

La corta edad del fallecido hacía que los materiales utilizados en su entierro fuesen característicos y los colores o los trajes que portaban eran elegidos a conciencia para remarcar su infancia. “El señor don Espíritu Bonifacio, duque de Aliaga, que estaba presente, adornado con una túnica de tafetán blanco, guarnecida de flores, en una caxa de madera, cubierta de tafetán color 50 de rosa, guarnecida de galón de seda blanca, tachuela, herrajes y cerradura dorada” .

Numerosos niños eran llamados a acompañar a los pequeños fallecidos en sus últimos momentos, guantes blancos los portaban hasta el lugar de descanso eterno; ceremonias en las cuales, en ningún caso de los trabajados, se menciona la asistencia de los padres, aunque sí la presencia de algún familiar cercano encargado de su correcto desarrollo. La tristeza por la pérdida e incluso el reposo necesario de la madre que debía despedirse de un hijo de pocos días de vida, justificaban quizás su ausencia. El recuerdo de un hijo, quedaba fijado en la mente de los padres, cada vez más con el avance del siglo ilustrado. Y así, la memoria del niño perdido, de “estatura proporcionada ni grueso ni extenuado, blanco de carnes, y rubio de pelo, suave en sus acciones y afable en su trato”51 era recogida en pequeñas reliquias, en una “caxa de cristal ovalada guarnecida de oro y en ella un tejido del cabello de el señorito Francisco de Paula su hijo primogénito, que falleció de edad de cuatro años y medio poco mas” 52 . Pequeños detalles que hacían mantener viva la memoria y el dolor por los más pequeños de la casa.

48

AHPZ, CDH, P/3-30-31. Entierro de Francisco Ramón Ximénez de Urrea. Zaragoza, 17 de mayo de 1721. 49 AHPZ, CDH, P/3-30-41. Entierro de Ventura María del Pilar Abarca de Bolea. Épila, 16 de noviembre de 1750. 50 AHPZ, CDH, P/1-128-10. Entierro de Espíritu Bonifacio Silva Fernández de Híjar. Madrid, 16 de junio de 1773, con 4 años de edad. 51 AHPZ, CDH, P/1-128-10, 3. Memoria de los progresos de la enfermedad de Francisco de Paula Silva Fernández de Híjar. Año 1772. 52 AHPZ, CDH, P/1-259-1. Testamento de Rafaela Palafox Croy d’Havre, duquesa de Híjar. Madrid, 21 de agosto de 1777.

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6. Conclusiones. Durante la Edad Moderna se desarrolló un nuevo sentimiento hacia la infancia. A pesar de que la todavía altísima mortalidad infantil podía haber conservado una cierta indiferencia hacia los niños como protección de los adultos en su pérdida, los pequeños pasaron cada vez más a ser individuos reconocidos y queridos como tales. Dentro de las familias nobles este sentimiento y nueva atención dirigida a los niños del hogar estuvo favorecido por las posibilidades sociales, pero por encima de todo económicas, que permitían a los grupos privilegiados prestar mayor atención a los miembros más jóvenes del linaje. La vida del niño noble se parecía poco a la de aquellos que pertenecían a estratos sociales inferiores. Éste, privilegiado desde su nacimiento, recibía unos cuidados específicos y se beneficiaba de los bienes materiales de la familia, algunos confeccionados y comprados especialmente para ellos y adaptados a su menor tamaño. A la vez, su llegada a la familia coincidía con la inclusión entre el personal de servicio de puestos reservados únicamente a la alimentación y formación de los niños y niñas del hogar, ocupados por seleccionadas amas de cría que vivían junto al bebé y eran protagonistas de sus primeras palabras y pasos. La importancia del recién nacido en la evolución del linaje, le hacía ser objeto de la atenta supervisión de sus padres, los cuales eran responsables de la continuidad familiar volcada en la figura de estos niños. Los progenitores hacían de ellos pequeños hombres y mujeres de fe y encargaban su instrucción en busca de hacer de aquellas criaturas dignos representantes de la Casa. Dicha posición relevante en el linaje, unida a las ventajas sociales y económicas, que permitían un mayor disfrute de los tiempos de ocio y sociabilidad, convirtió a los pequeños en receptores del cariño, amor y celosa atención de sus parientes. De este modo, los descendientes de la nobleza disfrutaron de una infancia de llantos y risas, juegos y cuentos, riñas y aprendizajes; de un periodo infantil privilegiado como ellos, que les permitió disfrutar del simple hecho de ser niños.

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La familia Queipo de Llano: Crecimiento e infancia en torno a la época del I conde de Toreno Queipo de Llano’s family: Childhood and development around the time of the Ist count of Toreno Pelayo FERNÁNDEZ GARCÍA Universidad de Oviedo Resumen: Durante los siglos XVI y XVII la familia Queipo de Llano extendió gradualmente sus redes de influencia locales en Asturias para alcanzar diferentes cargos políticos y religiosos relevantes más allá del Principado. La concesión del condado de Toreno a D. Álvaro Queipo de Llano y Bernaldo de Quirós en 1659 por el rey Felipe IV (previa obtención del vizcondado de Matarrosa dos años antes) supuso un paso destacado de este proceso de ascenso social al que ya había contribuido una parte importante de su familia. El prolongado cursus honorum de D. Álvaro ha dejado tras de sí una abundante correspondencia, especialmente intensa por parte de esta, lo que permite reconstruir no sólo una red social familiar con sus propios lazos de “economía moral”, sino también el poder encontrar todo tipo de sentimientos en el seno de la familia Queipo de Llano. Entre todas estas comunicaciones familiares se dejan entrever distintos sentimientos relacionados con la descendencia de don Álvaro por parte de parientes de mayor o menor cercanía (algunos de los cuales les tuvieron a su cargo) o incluso propios a estos hijos, con sus propias palabras. El presente estudio intenta agrupar todas las trazas de información de entre esta correspondencia referidas a los más jóvenes de entre los Queipo de Llano para poder realizar así un análisis de la perspectiva adulta sobre la infancia durante mediados del siglo XVII, y la educación y desarrollo de sus componentes, a veces complementada por las opiniones en primera persona de los citados infantes. Palabras clave: I conde de Toreno, educación, infancia, siglo XVII Abstract: During the XVIth and XVIIth centuries, the Queipo de Llano’s family extend gradually its local influence network in Asturias to obtain different political and religious roles beyond the Principality. The concession of the county of Toreno to D. Álvaro Queipo de Llano y Bernaldo de Quirós in 1659 by Philip IV was a key success in this process of social rising of the family. The prolonged cursus honorum of D. Álvaro left behind a great number or letters, especially with his family, helping to reconstruct his relationship with members of it, and to reconstruct the links and feelings related with their children. This study tries to group all traces of information related to childhood and education, to analyze the adult perspective of the young ones between the Queipo de Llano, and therefore of the concept of childhood in the Spain of the middle XVIIth century. Keywords: Ist count of Toreno, education, childhood, XVII century

1. Breves antecedentes historiográficos, metodología y base documental. Norbert Elias ya había anticipado un interés sobre el tema de la concepción de la infancia y su Historia en su obra El proceso de civilización, pero fue Philipe Ariès quien abriría verdaderamente el debate sobre una posible Historia de la infancia con su El niño y la vida familiar en el Antiguo Régimen en 1960, un interés que crecería ampliamente durante esa década y la siguiente. La validez de las ideas de Ariès, que preconizaba una infancia prácticamente inexistente en las sociedades tradicionales y un

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constructo de la misma desarrollado a través del proceso gradual de escolarización y los cambios en la vida privada a partir del XVIII, fue puesta en duda no sólo por colegas medievalistas, sino también por modernistas como Linda Pollock (Muchachos olvidados. Las relaciones entre padres e hijos entre 1500-1900), que defendían una mayor continuidad, con distintos matices, en las relaciones entre adultos y niños en las sociedades del Antiguo Régimen.1 El presente estudio intenta, aunque sin el correspondiente afán de entrar de lleno en estos debates historiográficos, estudiar la realidad de la infancia en el siglo XVII en el seno de un linaje asturiano concreto. La familia Queipo de Llano, a la que pertenece don Álvaro Queipo de Llano y Bernaldo de Quirós, sí ha sido estudiada no obstante a través del tiempo desde distintos puntos de vista: genealógico (un buen ejemplo es el Blasón de España de Augusto de Burgos, de 1860), de patrimonio material (en Nobleza y poder en la Asturias del Antiguo Régimen, 2007) o de servicio a la corona (en Nobleza y ejército en la Asturias de la Edad Moderna, 2007). Nosotros mismos hemos profundizado en el estudio de los sentimientos en el seno de esta familia (La familia Queipo de Llano. Sentimientos y vínculos familiares en torno al I conde de Toreno, Sevilla, 2014), en donde se trató por vez primera de analizar sus relaciones familiares de forma generalista, sin limitarlas a la infancia. El presente estudio trata de complementar, en cierta medida, estos análisis previos, centrándose únicamente en las nociones de infancia, y a través de un corpus documental muy concreto como es la correspondencia del I conde de Toreno, actualmente en el seno del Archivo Histórico de la Universidad de Oviedo. La presente investigación fue hecha sobre correspondencia recibida y emitida por el que se convertiría en I conde de Toreno: un total a 612 cartas procedentes de 195 corresponsales. Sin embargo, tras conservar sólo aquellas relacionadas con la infancia, este estudio se centra únicamente en 77 cartas de la mano de 26 distintos corresponsales, localizadas cronológicamente entre los años 1636 y 1650. 2. Concepción, embarazo y parto. La maternidad no dejaba de ser un tema importante en el siglo XVII, no sólo como destino predilecto para la mujer (pasando por el sacramento del matrimonio), sino también desde el punto de la familia, cuya permanencia en el tiempo dependía directamente de la reproducción biológica, que hacía lo propio con el linaje. Los hijos no sólo eran tenidos en cuenta como tales, sino también como símbolos de la continuidad de una casa y de la permanencia en el tiempo de un linaje. En una época en la que los índices de mortalidad siempre eran más altos, y muy especialmente en lo que se refería a los recién nacidos y sus madres durante el embarazo y parto, todo lo cual explica las demostraciones de interés y buenos deseos en torno a los embarazos dentro de la correspondencia. Y aunque la tratadística pedagógica del siglo anterior (como La educación de los hijos de Nebrija) no deja al margen consejos para la salud de las embarazadas y el buen desarrollo del bebé 2, esto no exime de las distintas rogativas religiosas para que todo salga bien, como puede verse:

1

Fe Bajo y José Luis Beltrán, Breve historia de la infancia, Madrid, Temas de Hoy, 1998, pp. 12-13. Delfín Ortega Sánchez, “Infancia, familia y educación en la Edad Moderna española: un recorrido a través de las fuentes pedagógicas (siglos XVI-XVIII)”, Tejuelo, nº 11 (2011), p. 89. 2

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LA FAMILIA QUEIPO DE LLANO … “…he tenido muy gustossas pasquas por traerme tan buenas nuebas de su salud de vuestra merced, y de mi señora doña Ana […]. Y no menos me güelgo con las que vuestra merced me da del preñado de su merced, que rogare a nuestro Señor le saque a luz con tan buen sucesso qual todos deseamos”. 3

Y en acercándose el momento del parto, familiares y contactos con estos se interesan por saber cuánto antes del feliz suceso (“…no tiene el arçobispo más que scribir a vuestra merced, a quien me manda decir que por oras está esperando las nuebas de haber alumbrado Dios con bien a mi señora doña Ana, sea como todos desseamos”4) de forma que puede verse cómo encontramos representadas en las cartas distintas fases del proceso, desde la anunciación del embarazo hasta las noticias del parto como podemos ver en los dos ejemplos siguientes: “Sea el hijo muy enorabuena, que quedo contentísima de dársela y de ver su cassa con fiador, que es la cossa que más gusto me pudiera causar, […] y de que mi prima aia quedado con salud no es la menor parte de mi contento, dele vuestra merced mis besamanos y muchos para bienes de su buen alumbramiento”.5 “El señor arçobispo presidente de Castilla, Dios lo guarde, me ha escrito es felice sucesso y parto de mi señora doña Ana habiéndole alumbrado Dios con un hijo, y con tanto gusto y contento que de entranbas cossas doy a vuestra merced muchas norabuenas, com pronostico que ha de tener otros muchos”.6

Lo cierto es que todas estas menciones hacen referencia a la concepción y nacimiento de Fernando Queipo de Llano y Lugo, primogénito del futuro conde y su primera esposa, doña Ana de Lugo. Nos consta que de este matrimonio también nació otro hijo, Francisco, del que no hayamos constancia documental en la correspondencia; doña Ana moriría el 2 de abril de 16387, puede que durante el parto de Francisco. Sin embargo, esto no significa que cesen las referencias a nueva descendencia, puesto que unos años después las encontramos con respecto al segundo matrimonio de D. Álvaro, con doña Inés de Zúñiga: “Séale muy para bien a vuestra merced la hija que Dios le ha dado, que bueno es començar aunque sea con hija, que luego vendrán los hijos; que bien moços son vuestras mercedes y arto tiempo les resta para tener muchos, que es lo que más deseo a vuestra merced, porque eso es lo que más honrra un linaje y lo estiende por muchas partes. Que su prima aya quedado buena es lo que más nos importa”.8

El anterior extracto de carta nos permite ver claramente tres realidades. En primer lugar, la importancia, que ya habíamos señalado, del ideario que liga la reproducción biológica a la reproducción social de un linaje. En segundo lugar, la visión cualitativa de los hijos varones frente a las féminas (aunque no dejan de ser apreciadas, quizás en este caso por existir ya dos hijos del primer matrimonio). Y por último, el poder apreciar cómo no 3

Archivo Histórico de la Universidad de Oviedo [AHUO], Archivo Condal de Toreno [ACT], Antonio Valdés Herrera a Álvaro Queipo de Llano, 7 de octubre de 1636, Madrid. 4 AHUO, ACT, Juan Bautista López Solorzano a Álvaro Queipo de Llano, 6 de enero de 1637, Madrid. 5 AHUO, ACT, Francisca de Valdés Osorio y Acevedo a Álvaro Queipo de Llano, 20 de enero de 1637, Madrid. 6 AHUO, ACT, Baltasar Navarro Arroytia a Álvaro Queipo de Llano, 20 de febrero de 1637, Tarazona. 7 Francisco Enríquez de Jorquera, Anales de Granada, v.2, Granada, Universidad de Granada, pp. 801. 8 AHUO, ACT, Juan Queipo de Llano Flores a Álvaro Queipo de Llano, 9 de abril de 1643, Pamplona.

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deja de existir una preocupación sincera por la salud de la madre y los recién nacidos, más allá de todas estas consideraciones más estructurales. La primera hija del segundo matrimonio de D. Álvaro fue bautizada como Isabel, pero no sería la única (“Agora me acaba de decir el señor juez mayor de Vizcaya como tiene vuestra señoría otra hija más, de que doi a vuestra señoría mill parabienes, Dios se la dexe gozar a vuestra señoría en vida de su madre y hermana”)9, aunque su destino nos remite directamente a la alta mortalidad infantil que citábamos antes (“Me pesa de la muerte de aquel su ángel de vuestra señoría, pero espero que su madre le dará otros, a quien beso las manos”)10. A pesar de todo esto, no sería la última hija de doña Inés, aunque la falta de referencias en la genealogía apunta que tendría el mismo destino que su predecesora (“Primo y señor, muy doblados me da vuestra merced los gozos con la suya, pues me avisa de su salud y de la de mi señora doña Ynés, y me da sus buenas nuevas de la recién nacida”)11. No obstante, no sólo se habla de ello en la familia más cercana a D. Álvaro, sino que también se dan noticias de embarazos por otras partes de la familia Queipo de Llano (“Señor, los días pasados reciví una de nuestro primo don Diego para vuestra señoría, en que le debía de dar qüenta de una ija que le a nacido”) 12 , en ocasiones remarcando cómo su descendencia estará al servicio de la casa y el futuro conde (“Aunque es nueva de poca ynportancia se la doy a vuestra señoría de como doña Ysabel se a echo preñada y lo está de seis meses, con que espero a de que dar en esta casa quien sirba, a vuestra señoría y la suya”13,

informará de su nacimiento de este infante el 8 de febrero de 164614), o aprovechando para desear un mayor número de hijos para D. Álvaro, a los que su propia descendencia pudiese hacer servicio en un futuro: “…con abiso de su salud y de mi señora doña Inés me alegro mucho y mucho dilata su señoría el acerse preñada que quisiera berle muchos yjos para que los míos tubieran más dueños a quien serbir, yo espero tener dos dentro de un año porque doña Ysabel no tardo un mes en acerse preñada, con que tendré cada año un par dellas”.15

3. Desarrollo y educación: el niño como activo en la familia. Los hijos varones de D. Álvaro, de quienes más se habla en la correspondencia, no siempre estuvieron junto a sus padres, algo que nos permite obtener información de primera mano de otros familiares que informan de su crecimiento y desarrollo. Con la importancia que hemos visto se daba a la descendencia, no es de extrañar que subyazca dentro de la correspondencia un importante esfuerzo de cara a conseguirles títulos o beneficios para su vida adulta. En primer lugar, encontramos referencias a cómo D. Álvaro intenta conseguir un hábito de caballería para su primogénito a pocos meses del nacimiento de este: “En quanto al hábito de el señor don Fernando, ya se a embiado a Roma por la dispenssación de la menor edad, y las pruebas se dispondrán ia cometiéndolas a don Luys de Baeza, o a otro 9

AHUO, ACT, Francisco de Lugo y Quiroga a Álvaro Queipo de Llano, 18 de febrero de 1645, Valladolid. 10 AHUO, ACT, Juan de Lugo y Quiroga a Álvaro Queipo de Llano, 16 de septiembre de 1645, Roma. 11 AHUO, ACT, Fernando de Malleza a Álvaro Queipo de Llano, 25 de abril de 1648, Oviedo. 12 AHUO, ACT, Fernando Queipo de Llano a Álvaro Queipo de Llano, 31 de marzo de 1646, Oviedo. 13 AHUO, ACT, Rodrigo Queipo de Llano a Álvaro Queipo de Llano, 26 de octubre de 1645, Oviedo. 14 Ibid., 8 de febrero de 1646, Oviedo. 15 Ibid., 11 de agosto de 1646, Ardaliz.

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LA FAMILIA QUEIPO DE LLANO … caballero que allá anda muy de el señor don Juan de Saves, que a mostrado gusto en que esto corra por su mano”.16

La dispensación que se menciona se debe a la escasa edad de Fernando, nacido a principios de 1637, y podemos observar la evolución del proceso (“Las pruebas de el señor don Fernando van remitidas a don Luys de Baeza con este ordinario, dele vuestra merced esa carta de el arçobispo mi señor, que las de Asturias se embiarán a don Juan de Granada, 17 corregidor de León, y ya estarán allá”) , durante varios meses (“…a comenzado con muy buen pie las pruebas del señor don Fernando, que juzgo estarán ya acabadas también las de Asturias, y que vendrán poco más a menos unas con otras, porque el corregidor de León lo hará muy bien”)18, culminando con la obtención del hábito del orden de Santiago a los apenas

4 meses de edad. 19 Obtenido un hábito de caballería para Fernando, D. Álvaro se dispone entonces a hacer lo propio con su hijo Francisco; en esta carta de su suegro podemos observar como el proceso de selección para estas órdenes precisaban de genealogías muy concretas: “En este ordinario inbío a mi dueño dos testimonios de la Inquisición con sus jenelogías de la familiatura de vuestra merced y de mi ermano, y una fe de como yo soy ermano de padre y madre de mi ermano y otra fe de como Francisco es ermano de Fernando, de modo que todo ba muy ajustado, vuestra merced me parece muy bien le escriba a nuestro dueño, que no queriendo pedir el ábito de Santiago que vuestra merced lo pedirá ya abisé a vuestra merced el pasado, que con hacerme yo familiar no necesitaba mi nieto de pruebas ningunas por tener tres actos positibos de las dos familiaturas y del ábito de su ermano, ni tanpoco para ser yo familiar. Por mi parte no necesitaba de pruebas por los dichos tres actos, y de parte de doña Pretonila ay dos actos positibos, solo falta de probar de parte de mi mujer la parte de su ajuelo y ajuela, y es muy buena todo escribe a vuestra merced el pasado, y a mi dueño para que eligiese el camino que le pareciese seguir para el despacho del dicho ábito, porque tan solamente se le harán las pruebas de parte de su madre por faltarle un acto positibo”.20

Al margen de estas pruebas, también intenta conseguir a través del cardenal de Lugo (tío abuelo de sus hijos y asentado en Roma) una dispensa para beneficios simples para Francisco. El proceso se alarga durante varios años, sin que nos conste en la correspondencia el éxito o el fracaso de las negociaciones. Quizás las dos últimas menciones al tema en sus cartas sean las que mejor expliquen la situación del proceso, durante el cual el cardenal no deja de intentar arrimar el ascua a su sardina, si se nos permite la expresión. “Créame vuestra señoría que el modo de proveer bien a Francisco mi sobrino es que o su Santidad o el Rey, como me ha prometido, me den un titulo bueno o de residencia o sin ella, porque criándose él tan bien como vuestra señoría le cría, no puedo yo hallar persona más a propósito para transferirlo, o dárselo a coadjutoria y siendo el tan mozo, y yo tan viejo ese es el

16

AHUO, ACT, Juan Bautista López Solórzano a Álvaro Queipo de Llano, 24 de marzo de 1637, Madrid. Ibid., 31 de marzo de 1637, Madrid. 18 Ibid., 11 de abril de 1637, Madrid. 19 María José de la Pascua Sánchez, “Los Queipo de Llano, condes de Toreno: servicios a la monarquía”, en Faya Díaz, María Ángeles y Martínez Radío, Evaristo (eds.), Nobleza y Ejército en la Asturias de la Edad Moderna, Oviedo, KRK, 2012, pp. 222. 20 AHUO, ACT, Francisco de Lugo y Puebla a Álvaro Queipo de Llano, 2 de noviembre de 1638, Sevilla. 17

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Pelayo FERNÁNDEZ GARCÍA camino más seguro: porque sacar del Papa provisión para absentes, bien se vee que es imposible, no habiéndola alcanzado para mí que estoy presente”. 21 “…y si bien yo sabía quan resuelto estaba su Santidad a no dar oratorio en casa a quien es actualmente título, me arriesgué a pedirle en persona a título de sobrino mío, con que sumaría a hazer la grazia por cinco años, los quales pasados a vuestra señoría no termine cossidad, por hallarse en casa de su padre, a quien se concederá siempre que le pidiera, o será fácil el andarle prorrogando por de cada cinco años”. 22

Al margen de estos intentos dirigidos a que su descendencia medrase, y aún con el escaso número de cartas escritas por el propio D. Álvaro, encontramos en las cartas una información muy rica no sólo desde el punto del desarrollo físico (“De mi Fernando me alegro lo pase mejor, jusgo que asta que tenga toda su dentadura a de andar algo rezan dello, 23 tanvién Francisco lo andubo cuando empeçaron a salir sus dientes”) sino también del

entorno emocional que les ligaba con sus parientes en su primera infancia, ya sean abuelos, (“Ya no quiero contar las gracias de Francisco porque no las malogra vuestra merced 24 con las de Fernando, él queda muy lindo”) u otros parientes (“Mi señor, alégrome mucho goçe de muy buena salud y que el lindo de don Fernando la tenga, que acá esta Francisco hecho un ángel dando muchos porrazos y bofetadas a quantos le abraçan, y mesando las barbas que es 25 mill contentos berle”) .

La correspondencia de su abuelo es especialmente rica a la hora de saber del temprano desarrollo de Francisco, aunque también deja entrever información de Fernando, que en esta etapa permanece con su padre “…quedo muy gocoso sabiendo vuestra merced y mi querido Fernando gozan de buena salud, y que haga muchas gracias. 26 Francisco esta bellísimo y hace ya sus paseos” . Sin embargo, en ocasiones la información llega a través de terceros que podrían habérsela transmitido ya al conde “…señor don Gregorio de Contreras abrá dicho lo bien que se cría y sus gracias, y aora le están saliendo las muelas, y con toda tiene muchas gracias”27 o directamente a través de amigos de la familia “Mi aixado está lindo, y el señor don Francisco, ya reparado del achaque, de suerte que nos a sacado de cuidado y yo le tenia de despachar correo a vuestra merced si apretasse la enfermedad, pero Dios sea servido de hazernos merced no sea necesario” 28 . Se hace

necesario, no obstante, comprender también como fruto del amor de abuelo algunas afirmaciones sobre sus dos nietos, como las siguientes: “De Fernando, muchas personas que vienen desa ciuda me dicen lo lindo que está, y el mucho juicio que tiene. Francisco tanbién es muy hermosso, estase con muy buena salud, come muy bien, y todo los gasta porque en todo el día no para. Tiene bellísimas melenas, y de lindo color”.29

Pero los niños no estarían separados todo este tiempo. Pronto, Francisco abandonaría Sevilla y a su abuelo, y ambos de reunirían brevemente con su tío en Valladolid, de donde encontramos nociones de la personalidad de ambos y su relación fraternal 21

AHUO, ACT, Juan de Lugo y Quiroga a Álvaro Queipo de Llano, 21 de diciembre de 1647, Roma. Ibid., 22 de junio de 1650, Roma. 23 AHUO, ACT, Francisco de Lugo y Puebla a Álvaro Queipo de Llano, 25 de enero de 1639, Sevilla. 24 Ibid., 2 de noviembre de 1638, Sevilla. 25 AHUO, ACT, Juan Llano y Valdés a Álvaro Queipo de Llano, 9 de noviembre de 1638, Madrid. 26 AHUO, ACT, Francisco de Lugo y Puebla a Álvaro Queipo de Llano, 9 de noviembre de 1638, Sevilla. 27 Ibid., 10 de mayo de 1639, Sevilla. 28 AHUO, ACT, Juan de la Calle a Álvaro Queipo de Llano, 10 de mayo de 1639, Madrid. 29 AHUO, ACT, Francisco de Lugo y Puebla a Álvaro Queipo de Llano, 1 de abril de 1642, Sevilla. 22

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LA FAMILIA QUEIPO DE LLANO …

“Francisco es grandísimo vellaco, pero Fernando como maiorazsgo obra como poderoso, queda con ostentación, y quiero dejarlo aquí, que será nunca acabar decir lo que oi an echo estos niños y lo que se llevan las voluntades y coraçones de todos”30, antes de trasladarse a Asturias, por

razones que su padre especifica a su tío abuelo (el ya citado cardenal de Lugo), tanto propias a su casa como a la educación de sus hijos: “Dándole qüenta como a persuassión de mi hermano el padre Juan de Llano y de otros muchos deudos me a sido fuerça […] ynviar a mis dos hijos a Asturias a que cobrasen amor aquella cassa tan antigua […] y por juzgar que mi hermano el padre Juan de Llano que mis ocupaciones no me avían de dar lugar a volver en mucho tiempo quiso llevarse a sus dos sobrinos para que la cassa fuese en aumento y no en disminuiçión, y para que anparasen los criados antiguos della y que los deudos conociesen no dejaba de tener dueño, […] y que se acave la fábrica de las obras pías que a dejado mi tío en la villa de Cangas y se sitúe las capellanías, necesito que vuestra eminencia me saque liçencia del Padre General para que mi hermano el padre Juan de Llano sea morador en el colegio de Obiedo, y se le dé liçençia para yr a la villa de Cangas ques donde se hace la iglesia, a hacavar aquella fabrica […] y tanbién yportará mucho su asistencia para la criança de aquellos dos ángeles, a quien vuestra eminencia debe onrar mucho no por hijos míos, sino por serlo de una madre santísima en tan tiernos años, y a quien yo quise tanto esta merced de entre las demás”.31

La visión de la infancia sufrió un proceso de cambio en torno al siglo XVII, algo que puede observarse en la iconografía de la época.32 Dentro de las familias privilegiadas, el niño parecía haber ganado un nuevo estatus dentro del hogar familiar, con más preocupación por educarle. 33 Tanto Lebrun como Nebrija (el último basándose en Aristóteles) opinan que es a partir de los 7 años cuando el niño abandona la primera infancia y puede comenzarse su formación, cuando comienza a estar más capacitado para el aprendizaje más formal, tanto laico como religioso. Es cuando se considera que ha terminado la parte de educación correspondiente a la primera etapa, más ligada a la madre o la nodriza, y comienza una siguiente fase en el que el niño aprende de la mano de su padre o, en caso de haberlo, su preceptor, siempre bajo las indicaciones de la figura paterna. 34 Precisamente es en torno a esta época, cuando el primogénito de D. Álvaro rondaba los 7 años, cuando encontramos las primeras menciones a su educación de su puño y letra (“Aviso a vuestra merced como tratamos de leer mui aprisa y de danzar”)35, si bien esto da a entender que la enseñanza de la escritura y la lectura había debido comenzar antes. Teniendo en cuenta que uno de sus tíos, el padre Juan de Llano, era jesuita, no es de extrañar que recibiesen una educación temprana y adaptada a las necesidades de las clases más altas, incluyendo éstas lecciones de baile, como se mencionó antes.36 No obstante, no tenemos muchos datos acerca del desarrollo concreto de esta enseñanza, sino es por las siguientes declaraciones de Fernando: “En este año que 30

AHUO, ACT, Fernando Queipo de Llano y Valdés a Álvaro Queipo de Llano, 22 de mayo de 1644, Valladolid. 31 AHUO, ACT, Álvaro Queipo de Llano a Juan de Lugo y Quiroga, 14 de junio de 1644, Madrid. 32 Philippe Ariès, L’enfant et la vie familiale sous l’Ancien Régime, París, Seuil, 1973, p. 70. 33 P. Ariès, L’enfant…, pp. 306-307. 34 Delfín Ortega Sánchez, “Infancia, familia y educación en la Edad Moderna española: un recorrido a través de las fuentes pedagógicas (siglos XVI-XVIII)”, Tejuelo, nº 11 (2011), pp. 96-97. 35 AHUO, ACT, Fernando y Francisco Queipo de Llano a Álvaro Queipo de Llano, 25 de julio de 1644, Valladolid. 36 Renata Ago, “Jóvenes nobles en la época del absolutismo: Autoritarismo paterno y libertad”, Historia de los jóvenes, Taurus, Madrid, 1996., vol. 1, p. 383.

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Pelayo FERNÁNDEZ GARCÍA biene acabamos de escrivir, leer y contar mi hermano y yo, y sabremos los nominativos, que ya sabemos algunos; esta va de mi letra que mi hermano no escribe por no cansar a vuestra señoría”.

A lo largo de distintas cartas vamos sabiendo del interés de estos por aprender a escribir correctamente (“Padre y señor mío, mi hermano Francisco y yo nos damos arta prisa para saber escribir por poder azerlo de nuestra mano”)37, de su propia capacidad (“El padre Juan de Llano me da muy buenas nuevas de los niños, y de […] quan buena capacidad y habilidad van mostrando”)38 y, en general, de la alegría en el seno de la familia por el avance de su educación (“Señor, la estafeta pasada tube carta de nuestro ermano, en que me asigura ser la letra de mis sobrinos; doi a vuestra señoría la norabuena, que çierto que me a causado grande gozo, porque no sé que un maestro de escuela de mucha fama pueda hacer )39 ventaja” .

Por supuesto, tanto Fernando como su hermano (en cuyo nombre también escribe) gozan de los privilegios sociales acordes a su familia, más acentuados si cabe en Asturias, pero resulta muy interesante ver el testimonio de su estancia ovetense de primera mano. Más aún por la mención del joven, de apenas 8 años (con un hermano ligeramente más pequeño), hablando de socializaciones e incluso pendencias en la ciudad (y peticiones a su padre para integrarse en ellas), que recuerdan a las prácticas juveniles de socialización propugnadas por Natalie Zenon Davis, que suponían parte integral del proceso de maduración grupal hacia la fase adulta, tanto en el ámbito rural como en el urbano:40 “Todos los desta çiudad nos honrran mucho, solo el marqués y el adelantado no nos ablan. El día de la Candilaria andubimos en la procesión de la iglesia mayor, el señor obispo nos dio belas; regalamos con ellas a nuestras devotas, que ya somos honbres que las tenemos, y muchas pendençias sobre los cuernos porque son unas bellacas. Nuestra tía doña Melchora de Heredía nos presentó una acá muy linda, señor padre le escriba agradeciéndoselo. En esta ciudad no alla señor tío medías que nos vengan, y así mande señor padre que se nos ynbíen aunque no sean de seda, unas de color dorado, otras berdes, las plumás esperamos y la guitarra, y yo una espada para defender a mi devota porque me la quiere quitar un flayle”. 41

Como podemos ver, Fernando mantenía un interés continuado en cuidar su apariencia para mantener a su devota (“A mi señora madre agradeçerá vuestra señoría el regalo de la gassa para las valonas y las medías, yo neçesito de unos ábitos para unos vestidos y de unas golillas”)42, pero no eran los únicos intereses de los jóvenes herederos de D. Álvaro, también abiertos a divertimentos como la caza y la pesca (“…después que llegamos aquí matamos un jabalid, que ay infinitos, si las truchas llegaran buenas cada día tuviera vuestra señoría que zenar, porque coxemos tan tantas que no sabemos qué azerlas; mi tío, hermano y yo deseáramos arto que vuestra señoría nos aconpañara”43, “Estos días estuvimos en La Muriella y junto al monte de Muniellos y en el pueblo y en 37

AHUO, ACT, Fernando y Francisco Queipo de Llano a Álvaro Queipo de Llano, 4 de febrero de 1645, Oviedo. 38 AHUO, ACT, Francisco de Lugo y Quiroga a Álvaro Queipo de Llano, 18 de febrero de 1645, Valladolid. 39 AHUO, ACT, Fernando Queipo de Llano y Valdés a Álvaro Queipo de Llano, 18 de abril de 1646, Valladolid. 40 Norbert Schindler, “Los guardianes del desorden. Rituales de la cultura juvenil en los albores de la era moderna”, Historia de los jóvenes, Taurus, Madrid, 1996, vol. 1, p. 309. 41 AHUO, ACT, Fernando y Francisco Queipo de Llano y Lugo a Álvaro Queipo de Llano, 4 de febrero de 1645, Oviedo. 42 Ibid., 6 de septiembre de 1645, La Moriella. 43 Ibid.

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LA FAMILIA QUEIPO DE LLANO …

Jedres y comimos los yantares, hicimos muchas en secas y matamos truchas y perdigones”44) cuando se alejaban de la capital del Principado, adaptándose igualmente a la perfección en el entorno rural, como nos hacen ver: “…doy qüenta a vuestra señoría de la salud de los señores don Fernando y don Francisco que la tienen muy cunplida y quedan en esta su casa dando fin a los priscos y melgotones, que conocen muy bien quales son los árbores que los dan mejores, dentro de quince días bendrá el padre Llano y serán todos para Obiedo”45

Hemos visto anteriormente la integración de Fernando en la socialización urbana de la capital, con travesuras, transgresiones, juegos y disputas (de algunas ya hemos visto noción) que algunos consideran como un preludio de aprendizaje de cara a la vida adulta. 46 La adaptación no sólo a esto, sino también a las festividades populares (previamente veíamos la Candelaria) continuó su camino (“Fernando está tan gran vellaco que se lía estas carnestolendas con petral de cascabeles a tirar güebos”)47, y en general ambos están ya tan crecidos que uno de sus parientes escribe a su padre diciéndoles lo siguiente: “…de la salud destos caballeros sus mercedes la gozan y están ya muy onbres y el señor don Fernando muy para galantear a qualquiera señora y ansí no tiene vuestra señoría más que buscarle un grande casamiento, que por si lo merece y basta ser yjo de vuestra señoría para que se le ofrecan los más aventajados, no ay perder ocasión”.48

4. Conclusiones. Pese a las afirmaciones de algunos historiadores como el Philipe Ariès que introducía nuestro estudio, que no sólo negaba el concepto de infancia como tal, sino también de ligazón emocional entre padres e hijos por el continuado recordatorio de mortalidad que suponían las condiciones de vida de la época, lo cierto es que incluso con los escasos ejemplos que hemos podido desplegar aquí, es difícil mantener una afirmación de ese calibre. Pero en realidad, Ariès ha quedado relegado tiempo ha, en este sentido, como un precursor del estudio de la infancia en la Historia, y como bien decía Linda Pollock, nos encontramos ya en un momento en el que no se trata de refutar sus ideas, sino de replantearnos nuestras preguntas con respecto a la infancia. 49 Este estudio supone únicamente un pequeño ventanuco por el que observar los sentimientos con respecto a la infancia. Está relegado a unas circunstancias muy concretas: el seno de una familia nobiliaria, mediados del siglos XVII, y una distribución geográfica un poco más amplia (en relación con la Península Ibérica) de la que se podría esperar. Pero no obstante, la intimidad de esta correspondencia, la naturalidad de su expresión, nos permite suponer que quizás esta pequeña realidad concreta podría ser extrapolable a otras a su alrededor; que otras familias nobiliarias 44

AHUO, ACT, Fernando y Francisco Queipo de Llano y Lugo a Álvaro Queipo de Llano, 13 de septiembre de 1646, Oviedo. 45 AHUO, ACT, Rodrigo Queipo de Llano a Álvaro Queipo de Llano, 26 de octubre de 1645, Ardaliz. 46 Fe Bajo y José Luis Beltrán, Breve historia de la infancia, Madrid, Temas de Hoy, 1998, p. 107. 47 AHUO, ACT, Fernando Queipo de Llano y Valdés a Álvaro Queipo de Llano, 21 de febrero de 1646, Oviedo. 48 AHUO, ACT, Rodrigo Queipo de Llano a Álvaro Queipo de Llano, 11 de agosto de 1646, Ardaliz. 49 Linda A. Pollock, “Las relaciones paternofiliales”, Historia de la infancia, Barcelona, Paidós Ibérica, 2002, pp. 328-329.

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Pelayo FERNÁNDEZ GARCÍA

podrían tener niños a su cargo desarrollando sentimientos similares, y moldeando una educación parecida. La correspondencia privada es un punto de vista privilegiado, y como tal debe ser tenido en cuenta. Es una fuente muy rica y en ocasiones la información que se presenta es a veces esquiva y se presenta en cuentagotas, pero esto no es óbice para ignorarla. Este estudio es únicamente un ejemplo puntual de sentimientos, de relaciones y apenas un pequeño esbozo de análisis de ellas, dado el espacio a tratar, pero, si algún día surgen otros testimonios similares, podrían ser tenidos en cuenta para dar forma a una visión global de la infancia en el siglo XVII, y el análisis de la realidad social alrededor de sus distintas facetas.

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La posición social de la mujer guipuzcoana a través de sus actos jurídicos patrimoniales en la Edad Moderna Patrimonial legal acts as a way of study of Guipuzcoan women’s social status in Modern Age Patricia MILLÁN DE SILVA Universidad del País Vasco UPV/EHU Resumen: Este artículo se centra en el estudio de la posición social que gozan las mujeres guipuzcoanas de clase media en el siglo XVI a través del estudio de sus actuaciones patrimoniales. Desde la Corriente Feminista se ha afirmado que la mejor vía de acceso a este objetivo se produce con el estudio de la documentación económica ya que ésta carece de influencias patriarcales y de intereses masculinos que puedan distorsionar la realidad. No obstante, también es importante partir del marco social y legal que determina a la sociedad para comprender el objetivo marcado. Sin embargo, la divergencia entre la legislación y la realidad social existente hace necesario revisar el método de estudio. De esta manera, se pretende desde un marco teórico –el estudio de la ley- y una visión pragmática –el análisis de la realidad social- aproximarnos al conocimiento de la posición social de las mujeres guipuzcoanas desde una perspectiva patrimonial. Palabras clave: Mujeres -Status Social – Guipuzcoa- Actividad Patrimonial- LegislaciónSiglo XVIAbstract: This article studies the guipuzcoan women social status in the XVI century throw their heritage acts. From the Feminist Tendency the best way to approach to this object is studying economic documentation due to its objectivity in the research not influenced by men or men’s interests. Also the law is a very good theoretical source. However it is known the contrast between that and the reality social facts. For that reasons, a review of the methods and sources have to be done in order to study then the women’s status throw their heritage acts. Keywords: Women- Social Status- Guipuzcoa- Heritage Acts- Law- XVI Century-

1. Una revisión historiográfica al respecto de las actividades económicas y patrimoniales de las mujeres. Desde que se iniciaran los estudios de mujeres en España en la década de los 70, éstas han ido progresivamente saliendo de las cavernas en que se había fosilizado su presencia histórica1. Sacar a la luz cómo las mujeres habían tomado parte y habían sido 

Este trabajo está inscrito en Proyecto de Investigación I+D «Entre el fervor y la violencia: la sociedad vasca y la Iglesia en la Edad Moderna» [HAR2011-28427] financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad, del Grupo de Investigación del Sistema Universitario Vasco «Sociedad, poder y cultura en el País Vasco, siglos XIV-XVI» [IT600-13] y de la Unidad de Formación e Investigación de la Universidad del País Vasco «Historia, pensamiento y cultura material. Europa y el mundo atlántico» [UFI 11/02]. Así mismo la doctoranda goza de una beca FPU 2012 del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. 1 Muchas historiadoras de la corriente feminista reclaman la curiosa “invisibilidad” de las mujeres en la historia. Véase: Mª Isabel del Val Valdivieso, Magdalena, Tomás Pérez, (et al.) (coords.), Historia de las mujeres: una revisión historiográfica, Valladolid, Universidad de Valladolid, 2004, pp. 57-73; Cristina

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Patricia MILLÁN DE SILVA

pieza importantísima en el acontecer histórico constituía, de hecho, el primer objetivo del movimiento feminista que, por otra parte, culpaba a la sociedad de tipo patriarcal de este oscurantismo 2 . Sin embargo, un correcto análisis de la situación femenina ha requerido, además de clarificar el objeto, establecer una metodología científica innovadora que unas veces ha tomado un cariz contributivo, otras veces diferencial o igualitario o, como se aprecia actualmente, una perspectiva de género. En este proceso, las fuentes de estudio también han tenido que ser purgadas precisamente por haber sido “producidas por hombres que son los que controlaban el poder...”3. Cristina Segura establece que son tres las fuentes de acceso principales para el conocimiento del objeto antes dicho: las fuentes con pretensiones educadoras o directivas de pautas de comportamiento, tal y como pueden ser los ordenamientos, doctrinas eclesiásticas, etc.; los escritos de carácter cronístico como son los anales, las crónicas, las historias, memorias, etc.; y, por último, un grupo de fuentes mucho más objetivo y, por tanto de mayor interés, como es la documentación de carácter económico. Los dos primeros grupos, al ser emitidos por las autoridades públicas (hombres) resultan inadecuados o parciales debido a la subjetividad de su origen a la hora de reflejar una imagen real de la condición femenina. El último, por su desinteresada emisión, puede servir con mayor exactitud al estudio del papel desempeñado por las mujeres. Atendiendo a estos grupos establecidos por Segura, he querido aproximarme a esta consideración de las mujeres a través del estudio comparativo de las fuentes de carácter legal y económico por la objetividad que presentan tal y como ella apunta revisando las primeras y yuxtaponiéndolas con las segundas. Desde que se iniciaran los estudios de mujeres en España, se insistió en la necesidad de estudiar el ámbito legislativo que las amparaba. Y así se hizo, en efecto, en el seno del Seminario de Estudios de la Mujer de la Universidad Autónoma de Madrid después de menos de cuatro años del inicio de sus labores con la celebración de las II Jornadas de Investigación Interdisciplinarias bajo el título de “Las mujeres medievales y su ámbito jurídico”4. Entonces se extrajeron dos conclusiones claves concernientes a dicha temática en el territorio de España. Por un lado, la constatación de que la diversidad de ordenamientos definía unas características diferentes para las mujeres según el reino hispánico en donde se hallaban. Por otro lado, y de mayor profundidad científica, se lanzaba un interrogante importantísimo para éstas y futuras investigaciones: se cuestionaba la validez de las fuentes legislativas como referente de la realidad social. Desde entonces, muchos estudios toman las fuentes legales como Segura Graiño, La voz del silencio I, Fuentes directas para la historia de las mujeres (siglos VIII-XVIII), Madrid, Asociación Cultural Al-Mudayna, 1992. 2 “El sistema patriarcal divide a la sociedad en dos grupos atendiendo a su sexo, hombres y mujeres, y consagra unas desigualdades entre ambos, que han dado lugar a unas relaciones de subordinación entre el grupo privilegiado, los hombres y el sometido, las mujeres”. En: Cristina Segura Graiño, “Recepción y evolución de la historia de las mujeres. Introducción y desarrollo en relación con la Historia de España”, Revista Vasconia, Cuadernos de Historia-Geografía, “Discursos y prácticas de género. Mujeres y hombres en la historia de Euskal Herria”, Bilbao, ed. Eusko Ikaskuntza, 2006, p.21. 3 Asegura Segura Graiño, que la “historia de las mujeres la estábamos haciendo utilizando informaciones que nos ofrecía el género masculino”, ya que “en último extremo la mentalidad dominante era la que presidía a la hora de la elaboración de estos documentos”. En: Cristina Segura, “La voz del silencio”, en Cristina Segura, La voz del silencio I, Fuentes..., pp.7-8. 4 Las mujeres medievales y su ámbito jurídico, Actas de las II Jornadas de Investigación Interdisciplinaria, Seminario de Estudios de la Mujer, Madrid, Universidad Autónoma de Madrid, 1983.

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base de sus investigaciones, sin embargo, requieren de otra documentación auxiliar con que contrastar y evaluar la temperatura de la sociedad coetánea5. En dichas investigaciones se echa en falta una conciencia del valor real de la ley, es decir, su aplicación o inaplicación. También se echa de menos el situar las leyes en un contexto y en una dimensión que le es propia al derecho si lo entendemos como “sujeto con historia propia”. No se debe olvidar que en la Edad Moderna, los cuerpos legislativos están aún en proceso de maduración y la regulación está bastante condicionada por el Derecho Romano y derechos visigóticos. De esta forma, no se hallan tipificados la totalidad de casos, problemáticas y actividades que surgían en la vida ordinaria, sino que se vienen acogiendo las fórmulas de los antecesores con pequeñas variaciones y/o ampliaciones. En este sentido se ha tomado muchas veces de modo positivista la ley, y se ha encuadrado a la mujer siguiendo estrictamente lo que en aquella se exponía. Así, por ejemplo, el hecho de que las leyes medievales acogieran en sus textos como labores de la “mujer” únicamente el menudeo u otras de escasa remuneración (pescadería, panadería...)6 ha llevado a algunas corrientes historiográficas a considerar que éstas habían quedado sentenciadas a un lugar de escasa relevancia social. Así lo ponen de manifiesto muchas historiadoras de la corriente feminista aludiendo a que la exigua aparición de las mujeres en la historia se debe a que se ha dedicado al ámbito privado y a tareas domésticas que no merecían atención. Tal y como expresan: “las mujeres debían permanecer recluidas en los espacios domésticos que, sin duda, eran, infravalorados y despreciados por la sociedad”7. Por lo tanto, la mujer había asumido un papel secundario en la sociedad asignado, por otro lado, por el sexo masculino. En definitiva se afirmaba el sometimiento al hombre de la mujer8. Domínguez Ortiz, sin embargo, juzgó esta hipótesis en el seno de la sesión de clausura de aquellas II Jornadas de Investigación Interdisciplinarias exponiendo con firmeza: “He oído en este coloquio que, en realidad, la mujer medieval apenas tenía más que dos actividades remuneradas: la prostitución y el servicio doméstico. Esta conclusión me parece exagerada, y en parte, producto de una visión literaria en la que sólo aparecen unos cuantos tipos: la gran señora, la monja, la prostituta...olvidando a la mujer común, que formaba el 90 %

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Cristina Segura Graiño (ed.), Las mujeres en las ciudades medievales. Actas de las Terceras jornadas de Investigación Interdisciplinaria organizadas por el Seminario de Estudios de la Mujer, Madrid, Universidad Autónoma de Madrid, 1990. 6 Asegura Segura Graiño que las Ordenanzas Andaluzas para la Edad Media establecen los siguientes trabajos diferenciando según el sexo: los realizados únicamente por mujeres: “berceras, cabriteras, candeleras, fruteras, habateras, hortelanas, pescaderas, queseras, semilleras, trenzeneras y triperas; son 11 oficios”. Expone que el más nombrado es el de pescadera. Además, otros trabajos que son indiferentes al sexo masculino o femenino y que desempeñan ambos son: “alfondigueras, carniceras, horneras, mesoneras, panaderas, recateras, taberneras y tenderas, son 8 oficios”. Cristina Segura, “Las mujeres andaluzas en la Baja Edad Media. (Ordenamientos y Ordenanzas municipales)”, en Cristina Segura Graiño (ed.), Las mujeres en las ciudades medievales..., pp.143-170. 7 C. Segura, “Recepción y evolución de la historia..., p. 21. 8 Este sometimiento se debía -en el aspecto laboral- a que era incapaz de realizar las mismas tareas que aquél. Otros, siguiendo a Christine Delphy aluden a que “al realizarse en la casa se consideran como una proyección de lo doméstico y, por ello, no reciben consideración social, ni tampoco remuneración”. En: Cristina Segura Graiño, “Mujeres, trabajo y familia en las sociedades...”, en Mª Isabel del Val Valdivieso (et. al.) (coords.), Historia de las mujeres: una revisión... p.230.

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Patricia MILLÁN DE SILVA del total, y que en su mayoría desarrollaba actividades económicamente útiles, incluso 9 imprescindibles” .

Aportó una variedad de casos de mujeres estantes en actividades de gran peso económico, avanzando en compañías comerciales y entablando actividades mercantiles insospechadas en la Edad Media. Todo apunta a que siguiéndose en aquellas Jornadas una visión positivista de la literatura y de la ley (donde sólo lo regulado y tipificado era objeto de análisis) el método estaba viciado y como consecuencia la mujer sólo actuaba en actividades laborales menores como eran los oficios de regatonas, pescaderas, panaderas, etc. Sin embargo, como afirma Domínguez Ortiz, un 90 % de la sociedad femenina no se dedicaba a las actividades anteriormente dichas y se desconoce cuáles eran las tareas que pudieran desempeñar de fijarse estrictamente en la letra de las leyes. Por muchos motivos las leyes podían no regular todas las prácticas sociales. Es más, el silencio legislativo no implica la ausencia de ciertas realidades. Existen casos donde la ley es contrariada por las costumbres locales. En este sentido, resulta interesante -por tratarse de un tema vasco y por la complejidad del uso de la ley como fuente histórica- la problemática que se suscitó en Guipúzcoa al hacerse públicas las leyes castellanas que impedían la sucesión de las mujeres en la casa. La Provincia se enfrentó a las leyes castellanas que imposibilitan esta sucesión diciendo que, “la ley de Madrid que prohiue las mejoras en hijas, no (h)a sido ni es resçiuida, vsada ni guardada en la Prouinçia de Guipúzcoa porque después de esta ley se a continuado la dicha costumbre sin interrumpirse, con la misma seguridad y buena fe que antes de la promulgaçion 10 de ella (...)” .

Guipuzcoa tenía como aval su costumbre, la práctica sucesoria que se forjaba como derecho a pesar de no estar plasmada en un papel11. Sin embargo, esta pugna entre la Provincia y las Cortes no pareció solucionarse para uno ni para otro litigante siquiera llegado el siglo XIX lo cual demuestra cómo aunque el orden de prelación de fuentes legislativas estaba bien claro, se podía discutir con base en unas prácticas sociales o “costumbres”. Tendrán sentido entonces las políticas de consolidación y unificación de ordenamientos legislativos que desempeñarán las monarquías absolutistas12. Partiendo de estas premisas se debe acudir con cierta cautela a las fuentes jurídicas teniendo en cuenta la complejidad existente al respecto. El hecho de que la 9

Antonio Domínguez Ortíz, “La mujer en el tránsito de la Edad Media a la Moderna”, en Cristina Segura Graiño (ed.), Las mujeres en las ciudades medievales....p. 173. 10 Archivo General de Guipuzcoa [AGG-GAO JD IM] 3/10/ 5. María Rosa Ayerbe Iribar, “Los intentos de regulación del Derecho Civil (troncalidad, retorno de dotes y mejora de hijas) en la Guipuzcoa del siglo XVII. La aplicación de la costumbre contra legem”, en Santos M. Coronas (coord.), Cuestiones varias sobre la costumbre jurídica en el Norte peninsular, Oviedo, Universidad de Oviedo, 2010, p.115. 11 Álvaro Navajas Laporte, La ordenación consuetudinaria del caserío en Guipúzcoa, San Sebastián, ed. Sociedad Guipuzcoana de ediciones y publicaciones S.A., 1975; Ana Suyapa Fernández-Sancho, “La regulación sucesoria de la propiedad del caserío en el territorio histórico de Guipúzcoa”, Iura Vasconiae, 6 (2009), pp. 849-891; María Rosa Ayerbe Iribar, “Los intentos de regulación del Derecho Civil...”, pp. 95-145; Lola Valverde Lamsfus, “La transmisión de la herencia en Gipuzkoa durante la Edad Moderna: problemas, estrategias y consecuencias”, Iura Vasconiae, 10 (2013), pp. 597-634, etc. 12 Sobre estos intentos unificadores y de absorción de poderes centrales véanse: María Rosa Ayerbe Iribar, “El intento de incorporación al patrimonio real de los derechos reales existentes en el Señorío de Vizcaya. El Memorial de 1714”, Iura Vasconiae, 8 , (2011), pp. 683-727; y María Rosa Ayerbe Iribar, “El gobierno de Gipuzkoa: entre la tradición y el cambio (1808-18014)”, Iura Vasconiae, 8 (2011), pp. 385-460.

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costumbre pudiera ir contra legem e incluso que se pudieran dar hechos no tipificados en las leyes y, por tanto, libres de penalización u ordenación son elementos importantes cuando se dirige la mirada hacia estas fuentes como definidoras de la sociedad13. Otro de los elementos que hay que considerar con mayor profundidad es cómo la población observa estos mandatos y si su cumplimiento es efectivo o no. En cualquier caso, como punto de partida tomaré los ordenamientos de carácter privado vigentes en la Monarquía Hispánica en el siglo XVI en referencia a las actividades patrimoniales de las mujeres guipuzcoanas antes de exponer la situación real a fin de comprobar si, como expresa Bullen, (...) as a social movement, feminism is the battleground where theory and practice meet14. 2. Las mujeres guipuzcoanas en la actividad patrimonial según los ordenamientos jurídicos a ellas aplicables en el siglo XVI. Dice el Tesoro de la Lengua de Sebastián Covarrubias sobre la voz patrimonio: “lo que el hijo hereda del padre. Patrimonial, lo que pertenece al patrimonio”. Sin embargo, no cabe duda de que el patrimonio muchas veces tuvo como emisor no sólo al padre sino a la madre. Y, por otra parte, también fue sujeto receptor, no sólo el hijo sino la hija. En este sentido, ¿qué capacidad tuvieron las mujeres de actuar sobre el patrimonio? ¿Tuvieron patrimonio propio? ¿Pudieron dedicarse a él o se les estuvo vedado por el ordenamiento? ¿Qué pueden aportarnos estos aspectos sobre la condición social de las mujeres? Como se ha dicho anteriormente, las mujeres desempeñaron tareas económicas que han sido tildadas por algunas corrientes historiográficas de discriminatorias. Esta infravaloración de las tareas femeninas se debe, principalmente, a dos factores según afirma la corriente feminista: por un lado, a una remuneración escasa o nula percibida por las mismas; por otro, a que las tareas realizadas por ellas eran siempre de pequeño valor e importancia social. No obstante, existe un perfil de mujer fuera de tal ámbito, de una clase social superior y de rentas económicas más elevadas, que en el País Vasco – así como en otros lugares de España- asume un papel fundamental a través de sus actividades patrimoniales y mercantiles15. Actividades que, por otra parte, son de gran potencial remuneratorio y de “tradicional vocación masculina”. Como es bien sabido, la sociedad de la Edad Moderna es una sociedad de escasas igualdades, por tanto no todas las mujeres gozan de esta situación privilegiada, tan solo un sector que generalmente se halla vinculado a través de su entorno (maridos, padres, tíos...) o su estatus económico, al mundo comercial y empresarial. Es curioso el hecho de que ni en los Fueros de Guipúzcoa ni en las Leyes de Toro, que también rigen la Provincia en materia civil, se 13

Lo mismo pudiera decirse de otras fuentes como son las literarias, filosóficas y morales de debido contraste con la realidad social para su correcto uso. 14 Margaret Bullen, Basque Gender Studies, Reno, ed. Center for Basque Studies, University of Nevada, 2003, p.13. 15 José Antonio Aspiazu Elorza, Mujeres vascas. Sumisión y poder. La condición femenina en la Alta Edad Moderna, San Sebastián, ed. Haranburu, 1995; Selma Huxley, “Apuntes sobre el papel comercial de la mujer vasca en el siglo XVI”, Cuadernos de Sección de la Sociedad de Estudios Vascos. Antropología-Etnografía, 1 (1982); Mª Ángeles Martín Romera, “Mujeres de Mercaderes y mujeres mercaderes. Testimonios de iniciativas femeninas en el ámbito comercial de fin del siglo XV”, En la España Medieval, 32 (2009); Máximo García Fernández, “Resortes de poder de la mujer en el Antiguo Régimen: Atribuciones económicas y familiares”, Studia Historica, Historia Moderna, XII, (1994); y, Serrana M. Rial, “Las mujeres, el trabajo y la familia en la Galicia Moderna”, Obradoiro de Historia Moderna, 12, (2003) pp. 189-221.

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trate a la mujer bajo el apelativo de “empresaria”. Las referencias aportadas por el Fuero de Guipúzcoa a las cuestiones civiles son escasas 16 por lo que debemos acudir a las Leyes de Toro, recordando que en algunas cuestiones la costumbre de la Provincia se impone sobre aquéllas. También se acudirá con las pertinentes cautelas anteriormente citadas a estas fuentes. Pero veamos cómo se trata a las mujeres con respecto a su actuar patrimonial. 2.1. Las mujeres y su papel en la actividad patrimonial en las Leyes de Toro. Entre las 83 Leyes de Toro encontramos un conjunto de 28 leyes referidas directa o indirectamente al patrimonio de la mujer (hija o esposa), lo cual asciende al 23,24% de las ordenaciones contempladas 17 . En esencia, las materias que se abordan a nivel patrimonial y en relación con la mujer son cuestiones de tipo sucesorio, o del patrimonio de las mujeres en la institución del matrimonio. Un último aspecto patrimonial es el referente a las pérdidas de patrimonio de las mujeres en razón de sus deudas o delitos. La mayor libertad que se concede a las mujeres con independencia de su estado civil se produce en la emisión de su testamento. Existe una plena libertad para testar. No hay impedimentos ni limitaciones legales ya sea por parte del pater familias o del marido a la hora de dictar testamento, al igual que a la hora de recibir herencias tal y como exponen las leyes V18 y LIV de Toro19. Las hijas pueden y tienen derecho a percibir cierto patrimonio tanto de su padre como de su madre. Ambos progenitores son tratados en numerosas leyes en una condición de igualdad con respecto a las imposiciones o facultades habidas respecto al patrimonio familiar. Así, el padre y la madre respecto a sus hijos e hijas ilegítimos tenían similares restricciones a la hora de otorgar herencias cuando mediaban hijos legítimos como se ve en las leyes IX y X20. En cuanto a la mujer casada, ésta tenía las mismas condiciones que el hombre de preservar el patrimonio de los herederos del primer matrimonio al contraer nuevas nupcias, así como mantener las mejoras de

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Así se pone de manifiesto al revisar la Recopilación de Leyes y Ordenanzas de Guipuzcoa entre cuyas leyes no se hallan referencias a las actividades de las mujeres. Por ejemplo, al tratar de los mercaderes habla de modo genérico sin señalar si la actividad es masculina o femenina. Véase: Lcdo. Cristóbal López de Zandategui y Luis Cruzat, Recopilación de Leyes y Ordenanzas de la M.N. y M.L. Provincia de Guipuzcoa, San Sebastián, 1983. También acusan esta falta de normativa civil los siguientes autores: Lola Valverde Lamsfus, “La transmisión de la herencia en Gipuzkoa durante la Edad moderna: problemas, estrategias y consecuencias”, Iura Vasconiae, 10, (2013), pp. 597-634; José Ramón Díaz de Durana, “Ordenamientos jurídicos locales en el País Vasco y Cantabria”, Revista Zurita, 78-79, p.356. 17 Hay muchas otras de diversa tipología referentes a la mujer que no incluyo aquí. 18 “El hijo o hija que está en poder de su padre seyendo de edad legítima para hacer testamento como si estuviese fuera de su poder”. en Pedro Nolasco de Llano, Compendio de los comentarios extendidos por el Maestro Antonio Gómez a las 83 Leyes de Toro, Madrid, Imp. D. Joseph Doblado, 1785, p.39. 19 “La muger durante el matrimonio no pueda sin licencia de su marido repudiar ninguna herencia (...) pero permitimos que pueda aceptar sin la dicha licencia qualquier herencia ex testamento et ab intestato con beneficio de inventario, y no de otra manera”. P. Nolasco de Llano, Compendio de los comentarios..., p. 309. 20 “Mandamos que en caso que el padre o la madre sea obligado a dar alimento a alguno de sus hijos ilegítimos en su vida o al tiempo de su muerte, que por virtud de la tal obligación no se pueda mandar mas de la quinta parte de sus bienes (...)”. P. Nolasco de Llano, Compendio de los comentarios,...pp.5354.

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formulaciones por donación propter nuptias o contratos...21. Estos temas son referidos bajo el genérico de “mujer”. La mujer se considera de modo general ya fuera hija, esposa o viuda. Sin embargo, al especificar más adelante las acciones de la esposa en el seno del matrimonio quedaba disminuida su capacidad de obrar por la llamada “licencia marital”22. La licencia limitaba de modo vital la capacidad de obrar de ésta, que sólo recuperaba con la disolución del mismo o con la emisión de una licencia general por parte del marido. Sin embargo, la capacidad jurídica de la mujer sobre su patrimonio sigue viva, tal y como se refleja en este ordenamiento. Existía una casuística variada tendente a favorecer el patrimonio propio de ésta frente a las posibles injerencias de aquél en los pagos de dotes 23 o en casos donde la mujer salía fiadora del marido 24 . ¿Pero, podía darse el caso de que la mujer asumiese la principal deuda y que el marido acudiera como fiador? Este es un tema aún por investigar y de gran relevancia y significación social. Con estas breves notas pretendo apuntar que, siendo hija o esposa, las mujeres tenían legalmente amparados unos derechos patrimoniales y unas condiciones al respecto del uso de sus bienes muy similares a las que tenía el hombre a pesar de la situación irregular que se producía cuando éstas tomaban estado de casada. Es entonces cuando quedaba restringida la acción de la esposa. Sin embargo, la ley, al aplicar la “licencia marital” citada no interceptaba todas las posibilidades de la esposa en cuanto a lo que a su actividad patrimonial se refería. Quedaba abierta la vía judicial para el caso en que, con causa legítima y necesaria, las mujeres que hubieran compelido licencia sin éxito al marido la pudieran obtener. E incluso también se contemplaba que para aquellos casos en que el esposo estaba ausente y se argüían ciertas circunstancias de provecho para los intereses patrimoniales de las mujeres, éstas pudieran acceder a la licencia marital citada a través del dictamen del juez25. Este último dato resulta esencial al estudiar la posición social de las mujeres vascas que por esencia son “viudas de vivos”26 por efecto de la emigración masculina.

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Ley XVII. “Quando el padre o la madre mejorare a alguno de sus hijos o descendientes legitimos en el tercio de sus bienes en el testamento, o en otra postrimera voluntad, o por algun contrato entre vivos, (...) pueda revocar quando quisiere: salvo su hecha la dicha mejoria, (...) que en estos casos, mandamos que el dicho tercio no se pueda revocar sin reservarse el que lo hizo en el mismo contrato el poder para lo reuocar o por algunas causas (...)”. También: Ley XXII. “Si el padre o la madre, o alguno de los ascendientes prometió por contrato entre vivos de no mejorar a alguno de sus hijos descendientes y pasó sobre ello escritura pública, en tal caso no pueda hacer la dicha mejoría de tercio y quinto y si la hiciera que no vale: y asimismo (...)”. 22 Ley LV. “La muger durante el matrimonio sin licencia de su marido como no pueda hacer contrato alguno asi mismo no se pueda apartar ni se desisitir de ningún contrato que a ella toque, ni dar por quito a nadie dél, ni pueda hacer quasi contrato, ni estar en juicio haciendo, ni defendiendo sin la dicha licencia de su marido: o estuuiere por si, o por su procurador, mandamos que no vala lo que hiciere”. 23

Ley LIII.

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“De aquí adelante la muger no se pueda obligar por fiador de su marido, aunque se diga y llegue que se convertio la tal deuda en provecho de la muger, Y asi mismo mandamos, que quando se obligare a mancomun marido, y muger en un contrato o diversos, que la muger no sea obligada a cosa alguna: saluo si se prouare que se convertió la tal deuda en prouecho della (...)”. 25

También incluso se permite a la mujer actuar aún sin la dicha licencia aunque el efecto de los actos sólo se produce con la ratificación del marido. (Ley LVIII). 26

Así las denominan Serrana Rial y Ofelia Rey en: “Las viudas de Galicia a fines del Antiguo Régimen”, Chronica Nova, 34, 2008.

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3. Algunos casos de gestión patrimonial de las mujeres guipuzcoanas. La gestión patrimonial que desempeñan las mujeres vascas está explicitada desde tiempos pasados por los propios naturales y hombres del País. Lope de Isasti daba noticia de ello al hablar, por ejemplo, de Magdalena de Urdaide, mujer de Francisco de Elorriaga vecino de Zumaya y Orio, quien era dueña de naos y se dedicaba en vida de su marido a armar y “afletar” su galeón27. Así también le ocurría a Domenja de Lili. Domenja procedía de una familia de renombre en el ámbito de las actividades siderúrgicas de la villa de Cestona. La situación de viudez en que le afrenta la vida no frenó su vocación empresarial, que por otro lado ya realizaba junto con su marido: “porque la Casa hera e habia seydo antigua e onrrada e yo e my marido obimos trauajado por la mejorar e acreçentar e la obimos anpliado de algunos Bienes Rayçes conque Es e podia ser mas (...)28. Domenja afirmaba que ambos habían luchado por acrecentar su casa tanto en dineros como en bienes inmuebles. Al conocer los datos de sus testamentos y compararlos nos damos verdadera cuenta de la importancia capital que tuvo aquella en este crecimiento económico y ascenso familiar. Mientras el marido había otorgado 1.000 ducados para cada uno de sus descendientes en razón de sus legítimas -acto, que por otro lado, le confió ejecutar a su esposa- ésta superó tal cantidad y hasta el momento de su fallecimiento en 1533 administró la hacienda familiar por encima de las posibles delegaciones en sus hijos y de su incapacidad para “escribir” tal y como exponía en su testamento: “yten digo e declaro que dexo en la caxa un libro de marca de pliego entero de papel comun cubierto de pergamino que se yntitula de my Doña domenja de lili (...) estan todas las quentas e razon de todos los dares e tomares asi de los recibos e bienes que dexo my señor marido en fin de sus dias como de lo que yo he negociado despues por my misma e por los que yo he dado 29 cargo” .

Domenja otorgó alrededor de 1.500 ducados entre dotes, legítimas, desembolsos por viajes de un hijo a Indias, etc 30 . Aunque este caso es el de una viuda, se pone de manifiesto cómo aún dentro del matrimonio tenía unas capacidades de gestión que debieron reportarle suficiente experiencia a la hora de enviudar, tal y como la posesión de su libro de cuentas y las actividades anteriormente expresadas demuestran. Otro caso similar por el estado civil primero de casada y luego de viuda lo representó Ana Vélez de Olózaga. Ana, procedía de un solar de fama asímismo sito en Cestona. Entabla matrimonio con el soporte económico familiar de sus padres 31 y de los dineros enviados por su tío Fray Juan de Alzolaras, obispo de Canaria 32, con el mercader Domingo Sáez de Goyaz, vecino de Azpeitia. Goyaz, junto con otros nombres 27

Lope de Isasti, Compendio historial de la M.N. y M.L. Provincia de Guipúzcoa, San Sebastián, 1850, pp. 501-502. 28 Fundación Archivo de la Casa Zavala Fundazioa, [FACZF], carp.17, exp. 30, fol. 7 r- 7v. 29 FACZF, carp.17, exp. 30, fol. 12 r-12v. 30 Según afirma Huxley, el hecho de que las mujeres no escribieran no significaba que legalmente ellas no tuvieran tanto derecho como el hombre a comprar, vender, prestar dinero y pleitear Selma Huxley, “Unos apuntes sobre el papel comercial de la mujer vasca en el siglo XVI”....p. 165. 31 Recibe de sus padres 2000 ducados de oro además de la mitad del ajuar y objetos de sus casas. Archivo Histórico Provincial de Guipuzcoa [AHPG-GPAH], 2-0089, A, fols. 88r-92v. 32 Recibió de Fray Juan de Alzolarás, obispo de Canaria 1000 doblas de Canaria a 365 maravedíes la dobla, lo que sumaba un total de 365.000 maravedíes.

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como los Altuna, Arriola o Ygarza, componían una saga de importantes inversores en compañías comerciales guipuzcoanas. Éste, y los otros hombres citados, introdujeron desde muy pronto a sus mujeres en las labores de las compañías. A medida que los hombres fueron falleciendo ellas fueron asumiendo mayores responsabilidades, al representar en cierta manera sus intereses como si del marido se tratase. Es aquí donde mejor se aprecia la capacidad y gestión de Ana Vélez de Olózaga, así como su estima por parte de los miembros masculinos y femeninos de la compañía. En 1589, Ana propuso que los beneficios de la compañía se empleasen en “comprar un buen juro o renta”, de forma que establecidos en una renta fija se pudiera mantener la seguridad de unas rentas ante las incertidumbres de la marcha de los negocios en las últimas décadas del siglo XVI33. Su perfil de mujer empresaria bien puede comprenderse a la luz de sus propias palabras: “después que el dicho mi marido fallesció abrá diez y ocho años poco más o menos, he travajado lo mejor que he podido”34. Al igual que Domenja, encabezó todo un conjunto de operaciones económicas sobre su entorno familiar adelantando a uno de sus hijos, en cuenta de su legítima, 2.500 ducados; a otro le financió sus estudios; a su hija María López de Goyaz le dotó con 3.000 ducados; etc. Su actividad, no obstante, no queda reducida al círculo de la compañía mercantil citada, sino que emprendió toda una estrategia de recuperación y adquisición del solar familiar que había sido enajenado por su hermano mayor y primogénito, el contador Olózaga, en la casa de Loyola debido a sus fuertes deudas 35. En su testamento, redactado en 1602, se pueden valorar estas numerosas negociaciones y su aumento patrimonial36. Estos son algunos de los casos que permiten afirmar, tal y como expresan M.L. King37 y Aspiazu38 que, aunque la ley prohibía a las mujeres comprar, vender o prestar muchas veces no se hacía caso de lo ordenado. “Parece ser que tanto las viudas como las solteras maduras gozaban prácticamente de los mismos derechos que los hombres”39 y que la afirmación de que estaban recluidas en casa y sujetas a actividades de pequeña importancia debe ser revisada a la luz de estos y otros hechos. 4. Conlusiones. La aproximación al conocimiento de la posición social de las mujeres guipuzcoanas en la Edad Moderna requiere de una metodología y de fuentes objetivas. Según algunas corrientes feministas, la documentación de tipo económico-patrimonial parece ser la fuente menos susceptible de influencias “patriarcales” y de “dominación” por evidenciar antes hechos económicos que sexistas. También la legislación vigente es una buena vía de acercamiento al problema planteado tal y como se expresó en las primeras Jornadas de Investigación Interdisciplinar sobre estudios de mujeres. Sin embargo, esta 33

Archivo Histórico de Protocolos de Oñate [AHPO], Azpeitia, L.160, fol. 95 v. AHPO, Azpeitia, L., 222, fols. 51-53v. En: J. A. Aspiazu, Mujeres vascas. Sumisión y poder..., p.58. 35 Está en proceso de publicación mi artículo titulado “Ellos, como parientes e deudos...”Una familia al borde del abismo, los Alzolaras Yuso de Cestona (Guipúzcoa) en el siglo XVI” en donde recojo estos y otros datos de la actividad patrimonial de Ana Vélez de Olózaga en la lucha por la reincorporación de su casa al tronco familiar. 36 AHPO, Azpeitia, L. 222, fols. 51-53v. 37 M.L. King, Mujeres renacentistas. La búsqueda de un espacio. Madrid, 1991. 38 J. A. Aspiazu, Mujeres vascas. Sumisión y poder.... 39 M. Wade Labarge, La mujer en la Edad Media, Madrid, 1989, p.56 En: J. A. Aspiazu, Mujeres vascas. Sumisión y poder.... p.53. 34

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fuente adolece de ciertas deficiencias que imposibilitan extraer una visión objetiva sobre el status femenino. De hecho, su uso (sin tener en cuenta ciertas características propias del derecho como es su aplicación) ha producido una literatura un tanto parcial al respecto de la temática femenina al no considerar aspectos como las prácticas sociales no plasmadas en las leyes, la influencia de la costumbre sobre la ley en determinados espacios, la no regulación extensiva, etc... La ordenación de carácter privado de Guipuzcoa se rige principalmente por las Leyes de Toro. En estas leyes se aprecia cómo las mujeres tienen una consideración especial en cuanto a lo que la actividad patrimonial se refiere que las sitúa muchas veces en las mismas condiciones y limitaciones que el hombre. El hecho de que se considere continuamente su actuar y gestión patrimonial así como el amparo de sus bienes frente a las actuaciones del pater familias o el marido, evidencia que la mujer no sólo asume labores menores de menudeo y regatonas como se ha venido sosteniendo por la corriente feminista. De hecho, la ausencia de ciertas palabras como “mujeres mercaderes” o “empresarias” en las leyes no es prueba suficiente de que no existieran tales realidades. Se constata que existen numerosos casos de mujeres guipuzcoanas al frente de negocios de gran envergadura. Unas veces junto con sus maridos, otras veces en condición de viudas están al frente de compañías comerciales, negociando o aportando opiniones y estrategias de tipo económico para el logro de una mayor prosperidad económico-familiar en el seno de grupos mixtos de hombres y mujeres. En este sentido, son mujeres cuya capacidad es apreciada en la Provincia por ambos sexos y, de hecho, son ellas quienes asumen las tutorías y curadurías de sus hijos menores con éxitos económicos insospechados. En definitiva, muchas de estas mujeres de clase media guipuzcoana sostienen una situación de fuerte responsabilidad patrimonial precisamente por vivir en continuas ausencias de sus maridos estantes en la Corte o viajes. En este sentido, las mujeres guipuzcoanas trabajan y actúan en negocios familiares junto con hombres y a su mismo nivel, aunque, a veces, con mayores rendimientos que aquéllos como demuestran algunos de sus testamentos en que dejan a la posteridad un patrimonio muy superior al de su cónyuge.

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La figura de la indotada: la importancia del lazo familiar en la vida conventual vizcaína durante la Edad Moderna Women without a dowry: importance of family’s ties in conventual life Nere Jone INTXAUSTEGI JAUREGI Universidad del País Vasco Resumen: El objetivo es poner de relieve la importancia que supuso el lazo familiar en la sociedad de la Edad Moderna a través del estudio sobre la relación familiar existente en el mundo conventual entre las religiosas indotadas y el fundador. Los casos que se van a analizar nos ofrecen un amplio panorama de situaciones diversas que se dieron en el Señorío durante la Edad Moderna, especialmente en el siglo XVII, en las que no siempre el desenlace final fue feliz, llegando incluso a pleitos que se dirimieron en las salas de la Chancillería de Valladolid. Palabras claves: Edad Moderna, dote, conventos, religiosas, indotadas, mujer, familia Abstract: This article highlights the importance of the family in the Early Modern Period analyzing the existing connection between the founder of the convent and the nuns who did not pay any dowry. In order to do that, some cases and examples occurred in the Basque Country will be examined. Keywords: Early Modern Period, dowry, convents, nuns, women, family

1. Indotadas: familia y dote1 La familia en la Edad Moderna tenía una significación más profunda y abarcaba mayores significaciones que en la actualidad; era vista como una continuidad simbólica y red de relaciones sociales que se perpetuaba a través de la transmisión de unas señas de identidad colectiva2. El individuo formaba parte, alrededor del linaje, del nombre y de una serie de símbolos y elementos de identificación, de una estructura familiar desde la que se proyectaban intereses para el conjunto de quienes integraban y pertenecían a ese linaje3. Las vías utilizadas para afirmar la grandeza del linaje fueron varias, siendo la fundación de un convento, y demás aspectos relacionados con esta fundación, un instrumento al que se recurrió con asiduidad. Uno de los mayores fenómenos sociales en la España de la Edad Moderna fue la expansión y la ampliación de la presencia del clero regular y, en consecuencia, la 1

A través de esta comunicación se busca paliar un vacío historiográfico existente en relación con la figura de la indotada. La dote conventual ha sido ampliamente estudiada por la historiografía, tanto nacional como internacional, a través de escritos de Soledad Gómez Navarro, Ángela Atienza López, Bert Roest, o Fiona Griffiths. Apreciamos que este tema ofrece unas amplísimas posibilidades en relación directa con la sociedad y con el poder que, no obstante, todavía no han sido realizadas. Ciertamente, esta comunicación se centra en una zona geográfica muy concreta, pero las prácticas aquí seguidas fueron comunes en los conventos Europeos. 2 Francisco Chacón, “Hacia una nueva definición de la estructura social en la España del antiguo régimen a través de la familia y las relaciones de parentesco”, Historia Social, Nº21, (1995), p. 76 3 F. Chacón “Hacia una nueva definición…”, p.82

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multiplicación de conventos; estamos ante una auténtica oleada fundacional que se intensificó durante la segunda mitad del siglo XVI y la primera del XVII 4. Desde la perspectiva de muchos fundadores y patronos, un convento fue mucho más que un lugar de oración, era un instrumento de poder y herramienta al servicio de sus intereses5. Hay que tener en cuenta que el celibato eclesiástico era considerado el estado más perfecto, tanto para la mujer como para el hombre; por esa razón, tener en la familia miembros consagrados a Dios suponía un prestigio social considerable, a la vez que garantizaban su propia salvación y contribuían con sus oraciones a la de los otros miembros de su linaje. Legitimar y perpetuar el estatus privilegiado y de poder, vinculándolo a esta dimensión sacra, fueron elementos que estuvieron en última instancia detrás de las resoluciones que muchas familias fueron articulando en sus relaciones con las órdenes religiosas a partir de los conventos que fundaron, promovieron y patrocinaron6. Los conventos ayudaron a moldear y exhibir una determinada imagen de generosidad y paternalismos, permitiendo prerrogativas y exclusivas7. En realidad, la fundación de un convento significaba un estatus de calidad para la familia ya que se trataba de un modo natural de prolongar y asegurar el estatus previo8. Un gran tema de negociación y regulación en las fundaciones conventuales fue el de la reserva de plazas de religiosas y el establecimiento de derechos de presentación de candidatas. Una de las cláusulas más generalizadas en las escrituras de fundación de conventos femeninos fue siempre la retención de plazas para las mujeres del linaje y de la familia de sus fundadores. Este derecho de reserva de plaza constituyó todo un capital en manos de las familias que lo disfrutaron ya que les permitía resolver el problema de la necesidad de dar una salida honrosa y bien reputada a las mujeres de la familia que no fueran a contraer matrimonio9. Como la documentación manejada refleja10, los vínculos de sangre siempre fueron los criterios que presidieron el contenido de los capítulos que las cartas fundacionales de los conventos de religiosas dedicaron a la admisión de las monjas, quienes entrarían en el claustro sin necesidad de pagar dote. Pero, ¿qué papel jugó la dote en la configuración de las relaciones de parentesco? Estamos en una época en la que la posición social y económica de una mujer dependía de la cuantía de su dote, ésta debía ser asegurada por todos los medios puesto que de ello dependía no sólo el futuro de la muchacha sino también el prestigio de su linaje11. La dote estaba considerada el núcleo central tanto de las negociaciones 4

Ángela Atienza López, “Nobleza, poder señorial y conventos en la España moderna. La dimensión política de las fundaciones nobiliarias”, Estudios sobre señorío y feudalismo: homenaje a Julio Valdeón, Institución Fernando el Católico, (2010), p.235 5 Angela Atienza López, Tiempo de conventos: una historia social de las fundaciones en la España moderna, Madrid, Marcial Pons, 2008, p. 16 6 Mariló Vigil, “Conformismo y rebeldía en los conventos femeninos de los siglos XVI y XVII”, Religiosidad femenina: expectativas y realidades (ss. VIII-XVIII), Asociación Cultural Al-Mudayna, (1991) p.191 7 A. Atienza López: Tiempo de conventos…, p. 17 8 Jesús González Fisac: “Espacio, mujer y espacio monacal: mecanismos y recursos (heterotópicos) contra la dominación patriarcal”, Asparkia: Investigació feminista, Nº21, (2012), p. 154 9 A. Atienza López: Tiempos de conventos…, pp. 308-309 10 Se ha utilizado documentación existente en el Archivo General de Simancas, Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, Archivo Histórico Eclesiástico de Bizkaia, Archivo Histórico Provincial de Vizcaya, Archivo Histórico Provincial de Álava, Archivo del Convento de Santa Cruz, Archivo de Santa Clara de Balmaseda, y Archivo de Santa Isabel de Gordejuela. Archivo Diocesano, Chancillería, Simancas, Notarial y conventos 11 Elena Catalán, “El precio del purgatorio”, Obradoiro Historia Moderna, N.º 8, (1999), p.39

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matrimoniales como de las realizadas con el convento: sin ella, ni había matrimonio ni profesión. La cuantía de la dote reflejaba el poder y la situación económica de la familia, su red de relaciones, y la extensión de su ámbito de influencia12, sin olvidar que la dote suponía un menoscabo del patrimonio familiar de la mujer, lo que hizo que en ocasiones se llegara a tomar dinero censado e hipotecarse. Las mismas directrices seguidas en relación con la dote matrimonial eran seguidas también en relación con la dote conventual ya que las monjas eran consideradas las esposas de Cristo 13 . En el Concilio de Trento se estableció la obligatoriedad dotal, que era una garantía para el sustento monjil ya que en los siglos anteriores a la desamortización del siglo XIX, las monjas constituían un colectivo improductivo14, haciendo que la dote constituyese uno de los ingresos básicos de las comunidades religiosas femeninas del Antiguo Régimen15, por lo que la cuestión dotal no era un asunto baladí. El importe de la dote, al igual que su forma de pago, varió mucho de unas zonas a otras, de unos períodos a otros, y de unos conventos a otros. Los motivos de esta variación son varios, como el estatus social que exhibía cada convento en relación con el rango social de las monjas que acogía, la coyuntura económica, o la demanda de plazas que recibía el convento16. La dote matrimonial solía ser bastante más elevada que la conventual 17, razón que motivó a las familias pudientes a mandar a miembros femeninos de sus familias a los conventos ya que en éstos vieron una oportunidad para no ver mermar su riqueza18. Los conventos permitían mantener y gestionar a las mujeres de un modo satisfactorio para las familias y, además, gozaban de un reconocimiento social19, lo que hizo que existiese una gran demanda de plazas conventuales. Dentro de un mismo convento, existía una diferenciación clara entre las religiosas y era, precisamente, el factor económico de la dote el que determinaba que unas religiosas fuesen monjas profesas de coro o velo negro y otras hermanas legas o de velo blanco 20, nombres recibidos por su vestimenta21. Las mujeres que pagaban una dote considerable pertenecían a familias pudientes, y eran quienes se encargaban de los cargos de gobierno del convento 22 , mientras que el pago de una dote más pequeña 12

María Isabel Gascón Uceda, “Entre el deseo y la realidad. Mujer y matrimonio en la Edad Moderna”, en Pilar Pezzi Cristóbal, Historia de las mujeres en homenaje a Maria Teresa Beltrán, (2013), Volumen II, p. 158 13 Isabel Cristina Giraldo Quijano, “Santa Sexualidad. Concepciones de dos monjas sobre feminidad y sexualidad”, Revista CS en Ciencias Sociales, Cali, Nº4, p.258 14 Ofelia Rey Castelao, “Las instituciones monásticas femeninas, ¿centros de producción?”, Manuscrits: Revista d’històire moderna, Universitat Autònoma de Barcelona, Nº27, (2009), p. 60 15 María Soledad Gómez Navarro, “A punto de profesar: Las dotes de monjas en la España moderna. Una propuesta metodológica”, en Francisco Javier Campos y Fernández de Sevilla, La clausura femenina en España: actas del simposium: 1/4-IX-2004, Volumen I, (2004), p. 87 16 Ángela Atienza López, “La vida económica de los conventos femeninos en España durante la Edad Moderna. De una visión general a planteamientos más novedosos”, Ariadna, Nº21, (2010), p.231. 17 Anne Winston-Allen, Convent Chronicles. Women writing about women and reform in the Late Middle Ages, Pennsylvania, Pennsylvania State University Press, 2005, p. 29 18 Silvia Evangelisti: Nuns. A history of convent life,1450-1700,Oxford,Oxford University Press,2007,p. 5 19 J. González Fisac: “Espacio, mujer…”, p. 154 20 Maximiliano Barrio Gozalo, El clero en la España moderna, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2010, p. 423 21 S. Evangelisti: Nuns. A history…, p.45 22 Bert Roest, Order and disorder. The Poor Clares between Foundation and Reform, Nijgemen, Radboud University Nijmegen, 2013, p.244

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conllevaba consigo el no poder acceder a cargos superiores y encargarse solamente de las tareas domésticas del convento23. El pago de la dote era obligatorio para acceder a un convento, dándose sólo dos excepciones: la prestación de servicios musicales y el parentesco con los fundadores, y en ambos, las mujeres que entraban a los conventos gracias a esas dos eximentes lo hacían como monjas de velo negro. En muchas ocasiones, las familias, conscientes de su precaria situación económica, orientaron la educación de sus hijas hacia la música, para que así, pudieran profesar como prestadoras de servicios musicales y no tener que abonar la dote. Por ejemplo, Isabel Gil Isla, entró en el convento de Santa Clara de Abando el 30 de abril de 1743, como monja de velo negro y maestra de música a cambio de enseñar canto llano y órgano a las religiosas que fuesen hábiles en ello; mientras el Convento se comprometía a darle hábitos, una celda, y el lugar para los instrumentos y el estudio, además de una renta anual de 10 ducados de vellón24. Las religiosas que entraban sin realizar el pago de la dote por motivos familiares eran llamadas indotadas. Éstas no realizaban ninguna actividad específica que justificase el no abono de la dote, simplemente se trataba de familiares del fundador del convento 25 , quién, a su vez, había dejado por escrito una cláusula en la cual se contemplaba la profesión de familiares dotándolas de una plaza. 2. Las indotadas vascas: En las fundaciones conventuales vascas fue habitual incluir cláusulas en las que se realizaba una reserva de plazas para familiares del fundador. En el convento de Santa Cruz de Vitoria, el licenciado Fortún Ibáñez de Aguirre, miembro del Consejo Real de Carlos V, legó la suma anual de 10.000 maravedís para la construcción y mantenimiento del Convento, además de crear ocho plazas de indotadas26. En el vizcaíno convento de Santa Margarita de Hungría en Ermua27, la fundadora María Ruiz de Lobiana, miembro de una saga de comerciantes, estableció que el patrón tendría el derecho a elegir cuatro religiosas sin dote, siendo siempre miembros de la familia28, mientras que Juan López de Lazarraga, secretario del rey Fernando el Católico, y contador mayor de la reina Isabel, fundó el convento de Bidaurreta en Oñati. Juan López de Lazarra expresó que debía de haber trece indotadas, para quienes señaló una manutención, hecho por el cual el convento se vio envuelto en un pleito: en 1731, el patrón del convento, quiso obligar a que fueran trece las indotadas que realmente estuvieran en el convento ya que la cantidad que recibían era para esa cifra y no para la única que tenía el convento29. Es posible encontrar ejemplos de estas clausulas de indotadas en diversos conventos. No obstante, como en esta comunicación no es posible tratar todos los casos de indotadas que se dieron, nos vamos a centrar en tres casos concretos: los conventos 23

O. Rey Castelao: “Las instituciones monásticas…”, p. 68 Archivo Histórico Provincial de Álava, [AHPA], ESC,25895 25 No todas las familiares del fundador entraron como indotadas, si no había plaza, debían pagar la dote. 26 Pedro Luis Echeverría Goñi, “Gótico, Renacimiento y Bárroco en la iglesia de dominicas de Santa Cruz de Vitoria” en Francisca Vives Casas y Juan José Gallego Salvadores (eds.), Historia, arte y espiritualidad: el Convento de Santa Cruz de Vitoria-Gasteiz en el VII Centenario de las dominicas contemplativas, Vitoria-Gasteiz, Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, 2007, p.106. 27 En 1700, la comunidad se trasladó a Elorrio cambiando su denominación al de Santa Ana 28 Eugenio Rodríguez Condado: Santa Ana de Elorrio, Bilbao, Librería Astarloa, 1998, p. 13 29 María Ángeles Molero y María José Lanzagorta, “La fundación del Convento de Bidaurreta por Juan López de Lazarraga” Revista Sancho el Sabio, Nº 12, 2000, p.56-57 24

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vizcaínos de las clarisas de Santa Cruz de Bilbao, Santa Clara de Balmaseda y Santa Isabel de Gordejuela y en los fundadores Domingo de Gorgolla y Gatafurda, Juan de la Piedra y Verástegui, y Miguel de Oxirando y Sanz de Isusquiza, respectivamente30. Nos encontramos ante tres fundadores varones que compartieron un origen encartado. Domingo de Gorgolla, natural de Bilbao, e hijo de Diego de Gorgolla, de la casa de Mollinedo en el valle de Villaverde y de Juana de Gatafurda, fue Mayordomo Mayor del Arzobispado de Toledo. Falleció en 1604 en Alcalá de Henares, donde residía, y donde en 1602 otorgó su testamento legando todos sus bienes para Obras Pías de la villa de Bilbao, dando lugar a las fundaciones del Colegio de la Compañía de Jesús y la del Convento de Santa Cruz31. Juan de la Piedra, balmasedano de nacimiento, era un cargador y mercader de plata, vecino de Sevilla y residente en Panamá, donde falleció en 1644. En 1643 redactó su testamento por el cual legaba a su villa natal, todos sus bienes para que con ellos se fundase un Convento de religiosas clarisas32. Por su parte, Miguel de Oxirando, hijo de San Juan de Oxirando y Maria Sanz de Isusquiza, Caballero de la Orden de Santiago y Alguacil Mayor Perpetuo del Real Consejo de Órdenes, natural de Gordejuela y vecino de Madrid, ordenó en su testamento, otorgado en Madrid en 1645, la donación de bienes para la construcción de la iglesia del Convento de Santa Isabel de Gordejuela y la fundación de varias capellanías33. La motivación existente para estas fundaciones son diversas, pero siempre en relación con la familia. Gracias al legado de Domingo de Gorgolla el Beaterio Santa Cruz, donde se encontraba su hermana, Ana de San Miguel Gorgolla, pudo abrazar la clausura en 161434, mientras que para Juan de la Piedra existió una doble motivación en la fundación: tener una hija novicia en el Convento de San Martín de Don, en Frías (Burgos), y el amor hacia su tierra natal35. Finalmente, Miguel de Oxirando ayudó a la comunidad de religiosas en la construcción de la iglesia del convento y en la finalización del mismo36, además de otorgar 2000 ducados para su sobrina Maria de Oxirando, una niña de 8 años que vivía en el convento a la espera de decidir si profesaba o contraía matrimonio37. Las clausulas en relación con las indotadas ocuparon un lugar importante dentro de los testamento. Domingo de Gorgolla reservó ocho plazas para familiares: cuatro para indotadas, tanto para doncellas como para viudas, y otras cuatro para familiares que podrían hacer uso de ellas hasta que profesasen, es decir, ocupasen una de las cuatro plazas de las indotadas, o contrajesen matrimonio38, por lo que saldrían del convento sin

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La diferencias existentes en relación con la documentación que ha perdurado entre los tres conventos, especialmente, la conservada dentro de las propias comunidades, va a ser el motivo del mayor o menos peso de una comunidad en esta comunicación. 31 Eugenio Rodríguez Condado, Convento de Santa Cruz: Bilbao, Begoña, Lujua, Bilbao, Gráficas Alustiza, 1994, p.21 32 Ángel Uribe, La provincia franciscana de Cantabria. Su constitución y desarrollo, Oñate, Editorial Franciscana de Aránzazu, 1988, p. 391 33 Eduardo Escárzaga, Descripción histórica del valle de Gordejuela, Bilbao, Diputación de Bizkaia, 1919, p. 115 34 Archivo del Convento de Santa Cruz, [ACSC], Caja 0 35 Julia Gómez Prieto, “Vida y economía del Monasterio de Santa Clara de Balmaseda: 1666-1984” Estudios de Geografía e Historia, Bilbao, Universidad de Deusto, 1988, p.482. 36 Archivo Histórico Eclesiástico de Bizkaia [AHEB], Testamento de Miguel de Oxirando 37 Archivo General de Simancas, [AGS], CME, 1356, 18 38 ACSC, Caja 0

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haber llegado a profesar ni a realizar el noviciado39.Juan de la Piedra creó un Fondo para Indotadas para el pago de la dote a las jóvenes que, deseando profesar como clarisas, no dispusieran de caudales. Éstas serían ocho mujeres de su entorno familiar, tanto por vía paterna como materna, y, en su defecto, otras doncellas de la villa y de las cercanías40. Por su parte, en el convento de Santa Isabel estaba concretado un pago para el ajuar y rentas de por vida para dos familiares que quisieran profesar41. En los tres testamentos se recogía la exigencia de mantener siempre esas cifras, tanto en el número de indotadas como en la cantidad dotada para cada una de ellas. Así, cuando una indotada fallecía, su plaza era ocupada por otra familiar. El flujo de mujeres dispuestas a ocupar esas plazas tan codiciadas fue constante. En Bilbao, el regimiento ostentaba el patronato del convento, por lo que anualmente se llevaban a cabo visitas para tener noticias de cómo se desarrollaba la comunidad. Uno de los aspectos analizados en esas visitas fue, precisamente, las plazas de las indotadas, hecho que refleja la importancia que se les daba. Si bien las clausulas recogidas en el testamento de Domingo de Gorgolla fueron aceptadas en 1604, se tuvo que esperar hasta 1614 para la clausura del convento y aun unos años más para el funcionamiento de la comunidad como tal. En la visita del año 1618 consta que entraron las primeras religiosas a ocupar las plazas reservadas, Catalina de la Cruz y Plaza, y Ana María de Gorgolla, a las que se unieron en 1619 Mauricia y Eugenia de Antequera y Arteaga. Para el año 1623 ya se tienen las ocho plazas, cuatro de indotadas y otras cuatro de plazas para familiares ocupadas. Por ejemplo, en 1630 Mauricia de Antequera, Ana María de Gorgolla, Catalina y Lucía de Ugaz ocupaban las cuatro plazas de indotadas, mientras que Cecilia de la Serna, María de la Quintana, Ana de Polanco y Antonia de Basauri ocupaban las cuatro otras plazas. En 1634, tras el fallecimiento de una indotada, Antonia de Basauri ocupó esa plaza, mientras que en 1637 María de la Quintana salió del convento para contraer matrimonio42. No vamos a proceder a realizar un listado exhaustivo de todas las mujeres que ocuparon esas plazas, pero la documentación al respecto saca a relucir aspectos importantes: en primer lugar, en ningún momento nos encontramos con alguna plaza vacía, en todas las visitas recogidas aparece que esas plazas estaban sistemáticamente ocupadas; en segundo lugar, no sólo vemos que se trata de familiares del fundador, sino que se trata de mujeres que eran familiares entre sí; además, los apellidos de estas mujeres reflejan que se trataba de miembros de familias conocidas e influyentes de la villa, especialmente comerciantes; y, finalmente, las indotadas no sólo entraban como monjas de velo negro sino que también solían alcanzar cargos de gobierno dentro del convento, como el de abadesa43. En el convento de Santa Clara de Balmaseda, el 3 de noviembre de 1666, el arzobispo de Burgos, Enrique de Peralta44, presidió la ceremonia de inauguración del convento, en la que tomaron el hábito las ocho indotadas parientas del fundador y dos 39

Gracias a su testamento, sabemos Domingo de Gorgolla tomó esta idea de las plazas para doncellas que esperarían en ellas hasta profesar o contraer matrimonio del Monasterio de San Juan de la Penitencia en Alcalá de Henares. No obstante, el mejor ejemplo de esa práctica se dio en los conventos venecianos como Silvia Evangelisti recoge en Nuns. A history of convent life, 1450-1700. 40 Archivo Convento Clarisas de Balmaseda, [ACCB], Testamento de Don Juan de la Piedra. Año 1643 41 AHEB, Testamento de Miguel de Oxirando 42 ACSC, Caja 0 43 ACSC, Caja 6 44 Bizkaia, durante la Edad Moderna, perteneció a dos diócesis distintas: la mayor parte del territorio formaba parte de la diócesis de Calahorra-Santo Domingo de la Calzada, mientras que la parte occidental de la provincia, las Encartaciones, pertenecían a la diócesis de Burgos.

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con dote45: Catalina de la Piedra, Francisca de Vita, María de Arroyos, Bernarda de Orrantia, Ángela de Verástegui, María de Verástegui, Antonia del Solar, María de Entreambasaguas, y Ana de Urrutia y María de Çumalabi, quienes aportaron 800 y 700 ducados 46 de dote respectivamente 47 . Con excepción de estas ocho religiosas, en la documentación existente no se recoge la identidad de más indotadas, aunque en el testamento se especificó que siempre debía de haber ocho indotadas, y que cuando faltase una, entrase otra que cumpliera con el requisito familiar, y que si no hubiese parientas, fuese alguna vecina de la villa, las más virtuosas que a los Patronos y a las Abadesa y monjas les pareciese48. Mientras, en el convento de isabelinas de Gordejuela la identidad de las indotadas tampoco ha perdurado. Se tiene constancia, gracias a los listados de religiosas, que en el convento hubo familiares del fundador, pero no se especifica quiénes eran las indotadas. La única excepción la encontramos con María de San Francisco y Oxirando, quién ocupó una plaza de indotada a mediados del siglo XVII, pero en los restantes casos esa certeza es menor. Este silencio documental, unido a la existencia de problemas y pleitos entre el convento con los patronos y el cabildo, puede sugerirnos que, simplemente, esas plazas no fueron ocupadas por no tener la comunidad religiosa los suficientes recursos para ello. En el caso balmasedano, el convento, tras mantener un pleito donde defendía la existencia de las indotadas y el pago de su pensión anual, se llegó a una concordia fijando que el número de indotadas se rebajaría a cuatro y se mantendría así durante, al menos, doce años ya que el convento estaba teniendo muchísimos problemas a la hora de cobrar las rentas que se les había asignado 49 . Las religiosas isabelinas también tuvieron una serie de problemas con los patronos a la hora de cobrar las rentas50, por lo que no es de extrañar que se hubiera optado por la supresión de las indotadas. Incluso el convento de la Santa Cruz, del que tenemos constancia que mantuvo a sus indotadas, tuvo problemas para mantenerlas, llegando incluso a pleitos por ello51. En cambio, se tiene una mayor evidencia del costo que supuso tener a estas indotadas en el convento ya que al entrar sin dote alguna estaba estipulado que recibirían una pensión anual para su subsistencia de manos de la comunidad. En el caso bilbaíno, el convento otorgaba una pensión anual de 10 ducados a cada indotada, la misma cantidad que recibían las religiosas que entraban al convento sin pagar dote alguna debido a sus habilidades musicales52. En el convento de Santa Clara, las ocho indotadas recibían 200 ducados anuales53, mientras que en Gordejuela se otorgaba a las dos indotadas una pensión vitalicia de 500 ducados para el ajuar y rentas54. Como puede verse, en todos los casos se trata sólo del pago de la dote, algo a tener en cuenta ya que cabe señalar que una cosa era la dote, y otra el costo real de una 45

Cayetano Sánchez Fuertes, Reseña histórica de los monasterios de clarisas de España y Portugal, Ávila, Hermanas Clarisas de España, Volumen II, 1996, p.407 46 El Testamento recoge que las demás religiosas debían de entrar con la dote marcada por la abadesa y las religiosas, teniendo mayor equidad con las mujeres de la villa, por lo que no extraña que en una misma ceremonia la dote aportada por dos religiosas fuera distinta. 47 AHEB, Legajo 3324/002-01 48 ACCB, Testamento de Juan de la Piedra 49 ACCB, Alegato sobre las religiosas indotadas 50 AHEB, Legajo 4035/002 51 AHPV, Antonio de la Llana, 5197, año 1661 52 ACSC, Caja 7 53 AHEB, Santa Clara 54 AHEB, Libro de Obras Pías de Oxirando

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plaza de monja, y que éste no repercutía de forma total en el convento, sino en la familia. El desembolso para las familias no terminaba con el pago de la dote ni con los gastos del tiempo de noviciado, y así, los gastos podían continuar también con las cantidades necesarias para los hábitos y el velo, para preparar y acomodar la celda y disponer del ajuar, además de con los pagos correspondientes a la celebración de las ceremonias de toma de hábito y de profesión. Estos eran variables, pero solían incluir propinas para los sacristanes, para los mayordomos, incluso a veces para las monjas, y también era habitual la entrega de determinadas cantidades de cera55. Así, por ejemplo, el 29 de mayo de 1686, la novicia Ana de San Joseph Allende, hija de Diego de Allende Salazar y de la difunta Ana de Vear Velasco, tras seis años de noviciado, profesó en el convento de Santa Cruz a la edad de dieciséis años. La difunta madre, Ana de Vear Velasco, era familiar de Domingo de Gorgolla, por lo que tras el fallecimiento de la monja indotada Catalina de Sinaguaz, una de las cuatro plazas de indotadas quedó libre y, automáticamente, Ana de Allende pudo profesar como monja indotada, una vez que la familia abonó los gastos concernientes a la alimentación durante el noviciado que ascendían a 300 ducados a razón de 50 ducados anuales durante seis años, y otros gastos como las propinas y limosnas o las prendas blancas y el arreo56. Teniendo en cuenta que ese mismo año, por la profesión de la novicia de Ángela de la Vega e Isasi, se pagó una dote de 1000 ducados, además de los gastos derivados de la alimentación durante el noviciado, propinas, etc.57, se entiende que esas plazas de indotadas fuesen apreciadas. Efectivamente, el ser familiar del fundador era un privilegio sobre las que no lo eran ya que les abría las puertas a las tan rentables plazas de indotadas. Sin embargo, esa prebenda podía llegar a convertirse en una desventaja ya que, si bien el número de familiares de los fundadores podía no ser muy elevado, sí solía ser mayor que el de las plazas disponibles, dando lugar a pleitos que, en ocasiones, acabaron en la Sala de Vizcaya en la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid58. Es importante no olvidar que las plazas en los conventos femeninos eran limitadas, incluso para las que podían asumir el coste de la dote: la demanda superaba a la oferta59. Los problemas y pleitos al respecto fueron numerosos, como a continuación veremos, aunque sea brevemente. En 1617, el licenciado Tomás de Dóndiz, padre de María Sánchez de Dóndiz, había solicitado la entrada de su hija en el convento como indotada alegando lazos de unión con el fundador, pero se le negó. En la Visita realizada por los patrones en 1619 se recoge que existía un pleito entre María Sánchez de Dóndiz y Catalina de Plaza sobre quién de las dos tenía mayor derecho sobre la plaza de indotada, y al final, se decidió que Catalina de Plaza entrase como indotada mientras que María Sánchez de Dondiz, al tener habilidades musicales, entró como profesora de canto 60 , que, como ya se ha señalado, tampoco pagaban dote alguna.

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A. Atienza López, “La vida económica de los conventos…”, p.234 AHPV, Antonio de la Llana, 5221, año 1686 57 AHPV, Pedro Francisco de Garaitaondo, 5255, año 1686 58 La Sala de Vizcaya fue un órgano jurídico castellano dependiente de la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid, mediante el cual se resolvían todos los pleitos que llegaban a dicho tribunal relacionados con vizcaínos de origen. 59 Ángela Atienza López, “El mundo de las monjas y de los claustros femeninos en la Edad Moderna. Perspectivas recientes y algunos retos” en Eliseo Serrano Martín, De la tierra al cielo: líneas recientes de investigación en Historia Moderna, Zaragoza, Institución Fernando el Católico (2012), p. 97 60 ACSC, Caja 0 56

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Por otra parte, tenemos el interesante pleito que se dio en la Chancillería de Valladolid en 167761 entre el ya mencionado Diego de Allende Salazar y Domingo de Ormaeche, ambos vecinos de Bilbao. Pedro Álvarez de Velasco, en nombre de Diego de Allende Salazar, realizó una apelación en grado de nulidad al Juez de Vizcaya sobre las sentencias otorgadas por el alcalde y juez ordinario de la villa de Bilbao y del corregidor del Señorío. Diego de Allende Salazar, padre y administrador de María Ignacia de Allende Salazar, y defendió los derechos de su hija y de las demás hijas y herederas de Pedro de Viar Velasco y de su mujer Ana de Polanco, de quienes Ana de Viar Velasco, esposa difunta de Diego de Allende Salazar, era hija. Por su parte, Domingo de Ormaeche defendía que su hija, Cecilia de Ormaeche y del Barco tenía un derecho mayor ya que descendía por una línea legítima. Efectivamente, Ana de Polanco, abuela materna de María Ignacia de Allende Salazar, era hija natural del licenciado Blas de Polanco y Gorgolla y de Ana de Uribe, y éste, a su vez, era hijo legítimo de Alonso de Polanco y Catalina de Gorgolla, hermana de Domingo de Gorgolla, el fundador. Por lo tanto, María Ignacia era tercera nieta de Catalina de Gorgolla, es decir, era más cercana, aunque fuese por línea natural, mientras que Cecilia de Ormaechea era la pariente más cercana por línea legítima ya que su cuarto abuelo era Diego de Gorgolla, hermano del fundador. Así, tanto el alcalde y juez ordinario de Bilbao como el corregidor dieron la razón a Domingo de Ormaechea, justificándose en la legitimidad. Por otro lado, cabe mencionar que entró en acción un tercer litigante, Miguel de Calera, padre de Marina de Calera, justificando su candidatura en que Cecilia era una niña que no alcanzaba los 10 años de edad, mientras que Ana de Polanco no era hija legítima. No obstante, su posición no perduró. El 27 julio 1678, el Juez Mayor de Vizcaya, Andrés de Medrano y Allendeyagua, confirmó la sentencia del corregidor del 25 de mayo de 1677 en la que declaraba que Ana de Polanco era hija natural, pero, además, la reconoció como hija de Blas de Polanco. Asimismo, revocó la sentencia del corregidor del 9 de junio de 1677 y declaró que María Ignacia, aunque fuese por línea natural, era más cercana al fundador. Esta sentencia fue confirmada el 14 octubre 1678 por el Presidente y los Oídores, y no sólo hizo posible que María Ignacia entrase en el convento como indotada sino que legitimó a posibles futuras candidatas, como fue el caso de la otra hija de Diego de Allende Salazar que entró en el convento en 1686. Por otro lado, aunque la documentación superviviente no nos dé pista alguna al respecto, sería interesante saber qué actitud tenían las indotadas dentro del convento. Se sabe que entraban como monjas de velo negro, es decir, como religiosas de primer nivel pudiendo acceder a los cargos de gobierno del convento, coyuntura que compartían con quiénes pagaban la dote completa. Pero hay que tener en cuenta que la figura del fundador era omnipresente en el convento: los escudos del linaje estaban en la fachada del convento, se rezaban oraciones por su alma, se realizaban misas en su honor, etc., por lo que cabe preguntarse si las indotadas hicieron alarde de esa conexión familiar, conocer si mantuvieron una actitud de superioridad ante las que no lo eran, además, de poder existir hipotéticas redes entre ellas. Aunque, en teoría, que no era posible la existencia de más de dos hermanas en un mismo convento, era posible encontrarse con miembros de una misma familia 62 , por lo que, en el caso de las indotadas, esa posibilidad de estar rodeadas de familiares aumentaba.

61 62

Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, [ARCV], Legajo 1448.4 B. Roest: Order and disorder…, p.249

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Así, en el convento de Santa Cruz se dio el siguiente coyuntura: por un lado, las hermanas Antonia, Ana y Josefa de Basauri, hijas de Juan de Basauri y Joana de Polanco y Gorgolla, y por el otro lado las también hermanas Francisca Eugenia y María Concepción de Viar Velasco y Polanco, hijas de Pedro de Viar Velasco y Ana de Polanco y Gorgolla. Las madres Joana y Ana eran hermanas, por lo que las cinco fueron tanto primas como religiosas del convento, aunque no todas ellas ocuparon la plaza de indotadas. En el caso de las hermanas Basauri, por Antonia se pagó una dote de 800 ducados mientras que las otras dos hermanas sí que ocuparon una plaza de indotadas63, mientras que por Francisca Eugenia también se pagó una dote de 800 ducados entrando María de la Concepción como indotada. El objetivo del padre Pedro de Viar Velasco era que las dos hijas entrasen como indotadas; así, el 5 de noviembre de 1653, en una escritura de convenio con el convento, se decidió que las hermanas entrasen como doncellas y que el padre pagaría 80 ducados anuales por alimentos del noviciado por las dos hijas hasta que fuesen admitidas como religiosas indotadas. Otra clausula del convenio rezaba que en caso de que sólo quedase vacante una plaza y con el objetivo de no realizar un noviciado demasiado largo, se pagaría la dote. Al final, al no quedar más que una plaza de indotada libre, María de la Concepción entró como indotada mientras que por Francisca Eugenia sí se pagó una dote64. Como colofón a este “incesto-familiarreligioso” cabe decir que el 19 junio de 1662 profesaron juntas las hermanas Francisca Eugenia y María Concepción de Vivar y Velasco, y Josepha de Basauri65. 3. A modo de epílogo: El título de fundador de un convento aportaba un prestigio y honor, categorías muy valoradas y buscadas en la sociedad del Antiguo Régimen 66 . En este caso, la comunicación se ha centrado no tanto en la propia fundación del convento sino en un aspecto muy específico de esa fundación: la dotación de plazas de religiosas. Esta dotación incrementaba la imagen de benefactor del fundador, pero además, beneficiaba a su propia familia ya que la dotación estaba dirigida a mujeres de su propio linaje, es decir, estamos ante unos lazos de unión y ayuda, que, simultáneamente, perpetuaban el nombre del linaje 67 . Asimismo, no hay que olvidar que el honor de la familia se representaba, en buena medida, a través de la mujer68, por lo tanto, estamos ante una promoción doble del linaje por vías distintas: sangre y mujer. Que la figura de las indotadas era algo beneficioso para los familiares es algo innegable ya que el ahorro de la cuantía de la dote era más que evidente para los primogenitores. No obstante, como ya se ha señalado, el costo de una religiosa iba más allá del pago de la dote, por lo que la plaza de indotada no ha de ser vista como algo gratuito. Además, en muchas ocasiones, las familias solían asignarles dotaciones de por vida69, las que se añadían a la que recibían del propio convento. De igual modo, las 63

AHPV, Antonio de la Llana, 5197, año 1661 AHPV, Antonio de la Llana, 5197, año 1661 65 AHPV, Antonio de la Llana, 5199, año 1662 66 A. Atienza López, Tiempos de conventos…, p. 74 67 Esta idea de perpetuación del nombre del linaje no se puede tomar literalmente ya que en muchísimos casos, las indotadas lo eran por vía materna por lo que, obviamente, el apellido del fundador fue perdiéndose, pero no así el sentimiento de pertenencia a su linaje 68 Isabel Morant Deusa y Mónica Bolufer Peruga, Amor, matrimonio y familia. La construcción histórica de la familia moderna, Madrid, Síntesis, 1998, p. 50 69 O. Rey Castelao, “Las instituciones monásticas…”, p.65 64

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LA FIGURA DE LA INDOTADA …

plazas de indotadas eran gravosas para el convento ya que la propia comunidad debía de pagar las pensiones anualmente, un gasto al que no siempre pudieron hacer frente. Asimismo, como se ha podido ver en la sentencia adjuntada sobre el pleito entre Diego de Allende Salazar y Domingo de Ormaeche, no era sólo una cuestión económica, sino de honor familiar al basar la argumentación en la cercanía de grado familiar y no en el concepto de legitimidad. La ilegitimidad en el Antiguo Régimen era un fenómeno que distaba mucho de ser “anormal”, y el hijo natural y los familiares vivieron en una atmósfera de mayor naturalidad que la que a menudo se ha pensado70. Por lo tanto, la fundación conventual fue un ejemplo perfecto del prestigio social de determinado linaje, que no sólo reflejaba su poderío a través de la edificación de un monumento religioso sino que perpetuaba su nombre con el requisito de la figura de la indotada ya que solamente la mujer que perteneciese a esa familia, al núcleo del fundador con quién compartía lazos de sangre, podía acceder a la esa plaza reservada.

70

Manuel José de Lara Ródenas, “Ilegitimidad y familia durante el Antiguo Régimen: actitudes sociales y domésticas” en Ángel Rodríguez Sánchez y Antonio Peñafiel Ramón, Familia y mentalidades. Congreso Internacional Historia de la Familia: nuevas perspectivas sobre la sociedad europea, Murcia, 1997 p.113

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Familia, mujer y salud a través de la correspondencia: el caso del entorno del primer marqués de Villaverde 1670-1686 Family, women and health through the correspondence: one example around the first marqués de Villaverde 1670-1686 José Abel AJATES CÓNSUL IES Sierra Palomera de Cella. Teruel

Resumen: Este trabajo estudiará cómo el grupo familiar, las mujeres, como parte específica del mismo, y la salud del conjunto, queda reflejado en la correspondencia privada. En concreto en la del cabeza del mismo, pues es la persona de la que se conserva una importante colección de misivas. Pretendo comprender mejor a los individuos, tanto dentro de su familia, como sus formas y condiciones de vida y las opiniones vertidas sobre las mismas. Palabras Clave: correspondencia, mujer, salud. Abstract: In this paper I study family, women and health of the people around Francisco Sanz de Cortes. For this study I use the letters recived by him and actually preserved. This kind of analysis serves to know aristocratic people, their relationships and general life conditions. Keywords: health, letters, women.

En el presente texto pretendo trabajar la familia a través de los datos ofrecidos por la correspondencia. Se trata de unas muestras dentro de la colección de cartas recibidas por D. Francisco Sanz de Cortes desde que fue nombrado marqués por la reina regente, hasta su muerte. En definitiva, el periodo que abarca de 1670 a 1686. En las misivas, que son cartas de otros, se observan las características de la familia, las relaciones dentro de ésta, las formas de vida, y los diversos motivos por los que han sido redactadas y emitidas lo que nos amplía la información sobre el funcionamiento de una red social. Por otra parte, observamos aquí cuestiones relativas al género. Entre ellas la ausencia de las mujeres, o su escasez, como agentes activos. Así, las cartas escritas por mujeres son menos numerosas, suelen ser del grupo familiar y, salvo una excepción, los temas tratados resultan muy alejados de los masculinos. Aunque, eso sí, la presencia indirecta de las mujeres es más cuantiosa y se manifiesta a través de preguntas, recuerdos, buenos deseos de terceros, por lo general varones. Así se adivina el papel de las mismas, su posición social y familiar, la forma en que son tratadas y, en cierta manera, concebidas a través de sus roles fundamentales que suelen ser los de esposa, madre o pariente. Aunque, evidentemente, no será esta la única forma en las que se hacen visibles. Y, además, quedaría muy lejos de la realidad plantear su falta de intervención total en asuntos de negocios, compras, ventas o legados. 

Profesor enseñanza secundaria IES Sierra Palomera de Cella (Teruel).

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José Abel AJATES CÓNSUL

Además, también se encuentra en la correspondencia, y en ocasiones muy vinculado a la mujer, o a los comentarios sobre éstas, el tema de la salud. Sabemos de la de la familia del primer marqués, y la de éste mismo, pues suele incluso haber, por las características de la literatura epistolar, un resumen inicial o una referencia clara a lo dicho en la carta a la que se contesta. En ellas se puede atender a la complicada vida de estas personas por sus enfermedades. En la mayoría de los casos la salud se convierte en un tema recurrente, así como las felicitaciones y congratulaciones por las mejoras o empeoramientos. También es posible reconstruir la duración de las enfermedades, aproximarnos a ciertos tratamientos médicos y, en ocasiones, hacer referencias a medicinas, etc. Esta cuantificación, no sólo en la familia de Sanz de Cortes, pues podemos reconstruir tramos de la salud de los remitentes más comunes, permite observar una condición de vida con mala salud que parece un estado generalizado en estas sociedades de antiguo régimen y que nos facilita observarlas de una forma más completa y enriquecedora para el investigador. 1. La familia del primer marqués de Villaverde. Francisco Sanz de Cortes era hijo de D. Domingo Sanz de Cortes y de Dª Ana Mª Borau y había nacido en 1623, siendo bautizado el 21 de julio de dicho año1. Su padre era natural de Tauste aunque ciudadano de Zaragoza, población de la que era natural su madre. Se casó en primeras nupcias con Dª Isabel Juana Coscón, natural de Huesca e hija de D. Martín Coscón, ciudadano y natural de esa ciudad y de Dª Isabel Juana Aranda, natural también de la misma2. Tras fallecer su mujer, se volvería a casar con Dª Ana María de Heredia Latrás y Mendoza, con quien tuvo varios hijos aunque, su heredero, D. Joseph Sanz de Cortes y Coscón, quien casaría con Dª Ana Mª Fernández de Heredia y Mendoza, era fruto de su primer matrimonio. Su segunda esposa era hija de D. Alfonso de Heredia, Eril y Espes y de Dª Isabel Juana Sanz de Latras, condes de Contamina3. Por otra parte, Dª Manuela Sanz de Cortes Fernández de Heredia, hija de su segundo matrimonio, casó con D. Marcos de Lanuza Mendoza y Arellano, marqués de Clavijo4. En su testamento, D. Francisco menciona al hijo tenido con su segunda mujer, D. Alonso Sanz de Cortes, así como a sus nietos: los hijos de Dª Manuela (Dª Francisca Xavier Lanuza y Arellano) y de D. José (Dª Antonia Laura y Dª Gerónima Sanz de Cortes Linan Fernández de Heredia)5. En un punto del mismo documento, el primer marqués de Villaverde da a entender que varios de sus hijos (así como hermanos) ya se hallan enterrados (el testamento es de 1686) en su capilla, por lo que habría que contar otros descendientes fallecidos6. Así mismo habla de una hermana monja en el convento

1

José I. Gómez Zorraquino, Zaragoza y el capital comercial. La burguesía mercantil en el Aragón de la segunda mitad del siglo XVII, Zaragoza, Ayuntamiento de Zaragoza, 1987, p. 67. 2 Archivo Histórico Provincial de Zaragoza [AHPZ] Morata P 2326/4 Armamiento de caballero y testimonio de haber tomado el habito de Santiago de D. Joseph Sanz de Cortes y Coscón, año 1668. 3 AHPZ Morata P 2369/9 Capitulaciones matrimoniales de D. Francisco Sanz de Cortes y de Dª Ana Mª de Heredia Latras y Mendoza, f. 1. 4 AHPZ Morata P 2360/11 Árbol genealógico. Pedro C. Rojo Alique, “Notas sobre Don Marcos de Lanuza y Mendoza y Arellano, conde de Clavijo”, CRITICÓN, 103-104 (2008), pp. 171-206, en este texto señala que llegará a conde 5 AHPZ Morata P 2333/06 Testamento de D. Francisco Sanz de Cortes, Ff 8v/9r. 6 Ibidem, f. 6r

242

FAMILIA, MUJER Y SALUD …

de Santa Clara, sor Josefa Sanz y una sobrina, sor Victoria Sanz7. La presencia de estas religiosas es menor en sus cartas pero no la de otra familiar, también religiosa: Dª Orosia Sanz de Latras y Camargo. El círculo familiar más inmediato del marqués lo conforman su esposa, su hijo primogénito y sus otros hijos tenidos con su segunda mujer. Son ellos los que suelen aparecer en las cartas dentro de las referencias propias y de terceros. Destacan por otra parte las menciones en la documentación epistolar y en el testamento del marqués, a su padre, Domingo Sanz de Cortes, ya fallecido. Aunque bien es cierto que, en este caso, la memoria del progenitor es muy justificada. Por otra parte, y con el paso del tiempo, el primogénito del marqués mostrará un papel más activo mientras que las mujeres del círculo familiar serán presentadas de una forma más pasiva. De este círculo familiar, y como se ve en la tabla 1, destaca en ciertas fases la correspondencia del cuñado de Don Francisco, el marqués de Bárboles y conde de Contamina. Puede ser señalada, además, la correspondencia de Don Francisco Coscón, natural de Huesca y familiar de Sanz de Cortes por línea materna. Este individuo forma parte estos años de la junta para el servicio voluntario y el comercio8 creada en la primeras cortes aragonesas de Carlos II y del concejo oscense, por lo que las preocupaciones políticas aparecerán en alguna de sus misivas al de Villaverde. Señalo estas vinculaciones pues, como es natural, y siendo la familia una de las formas más efectivas de organización social y política, las personas unidas por ciertos lazos cooperarán en la gestión de intereses que se reflejan en la correspondencia. Más allá de una relación de amistad y aprecio, los motivos que avivan el lazo familiar, son los del apoyo mutuo, el intercambio de información 9 y la colaboración cuando es posible, por supuesto en temas crematísticos. Así también, por la relación habida entre familiares, un tercero puede pedir mediación para conseguir algo. Véase lo que pide Francisco Corbera desde Gerona a Sanz de Cortes, en relación a Huesca y a una solicitud a D. Francisco Coscón: “Al Sr D Fco Coscon Vsª mandara que se le havisse si Huesca lebanta la comppª no se tiene q empenar con nayde sino el q yo servire a la Ciudad de Huesca, q agora q no tenemos mas ocupacion q el seguir el exº tengo de cansar a Vs con pretensiones asta que a llegue a cumplir 10 mis desseos... ”

Así, la familia como organización e institución económica, se refuerza constantemente si atendemos a algunos de los temas de la correspondencia. Así, por ejemplo, el de Contamina trata el tema de unos censales que vienen cargados desde fines del siglo XVI11. O, en cuanto a gestión de un espacio, y consecución de beneficios para otros, siguiendo el ejemplo reflejado arriba, cuando el mismo aristócrata, pregunta por la 7

Ibidem, f. 10r. 8 Pascual Savall i Dondra y Santiago Penen i Debesa, Fueros, observancias y actos de corte del Reino de Aragón. Vol. II, Zaragoza, El Justicia de Aragón/Ibercaja, 1991: “… se nombren ocho personas de los mismos Braços, dos de cada uno de ellos, las quales dichas ocho personas con los Diputados extractos del Reyno, que son, o por tiempo serán…”, p. 402. 9 En AHPZ Morata P2601 carta de 15 de noviembre de 1676 de D. Francisco Coscon y Cortes, desde Huesca, a D. Francisco Sanz de Cortes (salvo indicación contraria, se entenderá en las siguientes citas, que el receptor de las cartas es el Sr marqués), el emisor informa al marqués de las intenciones del obispo de Huesca y de las posibilidades de la ciudad de dar 800 libras al eclesiástico para bulas. 10 AHPZ Morata P2599 carta de 13 de diciembre de 1675 de Francisco Corbera, desde Girona. 11 AHPZ Morata P2598 carta de 28 de mayo de 1674 de Francisco Corbera, desde Cetina.

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José Abel AJATES CÓNSUL

vicaría de Chodes para otra persona12. No obstante, no son estas las únicas temáticas que aparecen en la correspondencia y, esta realidad, nos lleva a plantear la existencia de los otros apartados que, como premisas de trabajo, me gustaría mostrar en este texto. Así, la familia pregunta por la mujer, cuya aparición más activa trataremos en los siguientes epígrafes, y también nos delata (como otras misivas) la evolución de la salud de estas personas que se mueven en los círculos del marqués de Villaverde. 2. La mujer en las cartas de Don Francisco Sanz de Cortes. En la correspondencia del primer marqués de Villaverde la mujer aparece de una forma secundaria por lo general, si bien, por una serie de hechos y referencias, no podemos decir que no exista. Es más, hay ciertas mujeres que aparecen de forma muy destacada en las misivas. Entre ellas destaca la condesa de Ossorio y Morata quien, por ejemplo, escribió en 1675 (año que voy a tomar de cata junto con 1674) cuarenta y siete de las seiscientas sesenta y tres que recibió D. Francisco. Supone esta cifra el 7,08% del total. La importancia de esta mujer estriba en ser la vendedora del condado de Morata, posesión y título que Don Francisco disfrutaría de forma plena a la muerte de la nombrada emisora. Ese mismo año de 1675 destaca la presencia en la correspondencia de Theresa Albizu, navarra, habitante en Pamplona y que, también en la línea de los negocios, trata con el marqués asuntos muy distintos pues le suministraría materiales, como hierros y similares13. Las cartas de Theresa de ese año 1675 suponen el 3,77% del total, veinticinco de seiscientas sesenta y tres. Al contabilizar el número de emisoras, nos encontramos con que sí presenta variedad, aunque no en el mismo grado que el de los varones. Se conservan cartas de trece mujeres distintas, las referidas en la tabla abajo inserta. Muchas de ellas con título de nobleza asociado (siete de las trece), aunque otras tres tienen un alto tratamiento, el de Dª. No obstante, esta cantidad queda desdibujada si la oponemos al número de varones que aparecen como firmantes. Se trata de algo más de 110 nombres seguros para un total de 528 cartas masculinas. Datos los anteriores que nos delata la desigual participación habida entre los emisarios varones.

12 13

AHPZ Morata P2598 carta de 12 de diciembre de 1674 de Francisco Corbera, desde Cetina AHPZ Morata P2599 carta de 10 de octubre de 1675 de Theresa de Albizu, desde Pamplona.

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FAMILIA, MUJER Y SALUD …

Gráfico 1. Representación visual de las misivas de hombres y mujeres año 1675

Condesa Morata Theresa Albizu Conde de Contamina Condesa de Atares Joseph Vallabriga Luis Exea y Talayero Resto hombres Resto mujeres

.

A pesar de la baja presencia de mujeres emisoras en 1675, si se compara con el número de hombres, debemos ver que en el año 167414 la presencia femenina era menor. Esto, como señalaré en la conclusión, puede deberse a que la selección de misivas ha llevado la conservación de un número reducido de cartas muy centradas, además, en ciertos caballeros y temas. Así, en 1674, la criba es grande pues, con solo 117 conservadas, ya solo las de Don Clemente Merino Romero, con 54 cartas escritas, suponen el 46,15% del total, seguidas por las del conde de Contamina y marqués de Bárboles, con 51 cartas, porcentaje del 43,59%. De hecho, sólo habría una mujer, la duquesa de Lerma, con una carta al marqués fechada a 21 de julio de 167415. Por eso tiene más valor si cabe el dato de 1675 pues, en éste, por la selección para conservación, la mano femenina destaca más y se encuentra mucho más representada. Tabla 1. Cartas de todas las mujeres del año 1675 y de algunos hombres y porcentajes. Emisor

Nº de cartas

Porcentaje sobre Porcentaje sobre total sexo total

Condesa de Atarés

52

38,51%

7,84%

Condesa de Morata

47

34,81%

7,08%

Tía monja en Sigena

1

0,74%

0,15%

Theressa Albizu

25

18,51%

3,77%

Mujeres

14

AHPZ Morata P 2598 cartas al marqués de Villaverde de 1674, aunque hay de 1676, 1677 y 1678 AHPZ Morata P 2598 carta de 21 de julio de 1674 de la duquesa de Lerma, de procedencia desconocida 15

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245

José Abel AJATES CÓNSUL

Dª Isabel de Mendoza

2

1,48%

0,30%

Dª Mª Ana de Toledo y Portugal

1

0,74%

0,15%

Condesa de Robres

1

0,74%

0,15%

Condesa de Faura

1

0,74%

0,15%

Magdalena Garcés y Asinde

1

0,74%

0,15%

16

Marquesa de Villaverde

1

0,74%

0,15%

Condesa de Villaumbrosa

1

0,74%

0,15%

Doña Genara Guinart y Vila

1

0,74%

0,15%

Marquesa de Villalva

1

0,74%

0,15%

Total mujeres

135

20,36%

Hombres Conde de Contamina

46

8,71%

6,93%

Joseph Vallabriga y Descartín

32

6,81%

5,42%

Luis Exea y Talayero

7

1,32%

1,05%

Resto hombres

443

83,90%

66,81%

Total Hombres

528

Total

663

79,63%

La participación de la mujer no llega a un cuarto de la participación de los varones y, eso, a pesar de contar con la presencia de la condesa de Morata que tan importante venta y pacto había realizado con D. Francisco. También debe tenerse en cuenta que algunas de las cartas femeninas se intercambian entre damas implicando ya no solo a una mujer como emisora, sino también a otra como receptora. De entre estas es interesante la que la marquesa de Villalva envía a la de Villaverde a 7 de septiembre de 1675 donde, entre otras cosas, se queja de que la mujer de Sanz de Cortes, Dª Ana María de Heredia Latras y Mendoza, no le ha contestado a más de cuatro o cinco cartas de las más o menos cincuenta enviadas17. Las quejas por la falta de contestación aparecen también en las mujeres cuando el receptor, el marqués de Villaverde, no contesta. Aquí podemos pensar que se debe a una falta de interés o que, tal vez, ante otras obligaciones y otros asuntos más urgentes, las respuestas debidas a ciertas señoras sean tomadas por menores y no atendidas, intuyéndose así una gradación en los asuntos del personaje en los que esas señoras ocupaban puestos menores. Este es el caso de Dª Orosia Sanz de Latras y Camargo que, 16

AHPZ Morata P2599 carta (copia de carta) de septiembre de 1675 de la marquesa de Villaverde, desde Zaragoza, a otra mujer. 17 AHPZ Morata P2599 carta de 7 de septiembre de 1675 de la marquesa de Villalva, desde Madrid, a la de Villaverde. Tal vez la copia conservada de una carta de septiembre de 1675 de la de Villaverde a otra mujer, sea contestación de ésta. En relación a lo defendido en este apartado, la importancia menor de la mujer visible en la no contestación, y la desaparición de sus misivas, puede ser interesante lo dicho, en relación a los escritos de mujeres por Elizabeth T. Howe, Education and Women in the Early Modern Hispanic World, Hampshire, Ashgate, 2008, p. 129: “Even then, as the example of Beatriz Galíndez demonstrates, the written texts sometimes disappeared...”

246

FAMILIA, MUJER Y SALUD …

en carta de 23 de agosto de 1676, deja claro que ha escrito tres cartas sin recibir respuesta por parte de D. Francisco18. Por contra se conserva un intercambio de misivas entre señoras al conservarse respuesta dada por la condesa de Faura a la de Villaverde. Se trata de una contestación a la enhorabuena por una nueva maternidad de la aristócrata valenciana: “Mi Sª y mi amiga 14 dias ha he reçibido una carta tuya en que beo por ella me das lanorabuena del buen suçeso que Nro Sr asido servido de darme en mi parto, de que estoy con mucha estimacion de la md que me haçes y el no haverte respondido antes asido por no haver estado buena...19”

Poseemos en el caso de la condesa de Faura las pocas de su marido al marqués. En ellas, salvo una alusión al conde de Lemos no aparece nada significativo. No obstante, sí contaríamos así con la comunicación de la pareja a la familia de Sanz de Cortes lo que podría mostrar una relación de correspondencia sexuada. La relación entre núcleos familiares, en este caso de aristócratas, muestra cómo se establece un vínculo entre mujeres de un lado y hombres de otro. Otro aspecto de cierto interés en las misivas de mujeres es que la misma letra nos permite aventurar hipótesis sobre la formación de estas damas. Y, en este caso, todas las impresiones que podemos tener sobre ellas presentan un marco poco halagüeño para estas damas. Así contamos con varios ejemplos en que la caligrafía es mala, insegura y, salvo la explicación de la enfermedad, la hipótesis más acertada se puede asociar a una educación deficiente de la persona en cuestión no disponiendo, además, de quien escriba por ellas. Hecho éste que parece afectar en especial a las mujeres. Un ejemplo muy claro se da en la condesa de Atares, máxime cuando la letra de la carta es buena, pero se ve, por la firma, que la del texto no es la suya. O en la correspondencia de Dª Orosia Sanz de Latras y Camargas, la tía monja en Sigena de D. Francisco Sanz de Cortes, que escribirá durante estos años y con cierta regularidad al aristócrata zaragozano. Imagen. 1. Despedida y firma de la condesa de Morata con su letra, distinta a la de la carta20

18

AHPZ Morata P 2601, carta de 23 de agosto de 1676 de Dª Orosia Sanz de Latras y Camargo, desde Madrid. 19 AHPZ Morata P2599 carta de 11 de marzo de 1675 de la marquesa de Faura, desde Valencia, a la de Villaverde 20 AHPZ Morata P 2599, carta de 15 de junio de 1675 de la condesa de Morata, desde Madrid.

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José Abel AJATES CÓNSUL

Imagen 2. Carta de Dª Orosia Sanz de Latras y Camargas21

.

Por ello, otro de los aspectos clave que se intuye a través de estas misivas es la diferencia de formación según sexos. No es el momento de entrar en disquisiciones pero, en lo fundamental, se puede afirmar que el varón es primado cuando hay posibles en este aspecto, pero no la mujer o no necesariamente ésta. Volvemos a insistir en el carácter secundario que por lo general se asocia al rol, y conservación del material documental (salvo testamentos, capitulaciones matrimoniales) producido por la mayoría de las damas del momento22. 3. La salud a través de las cartas del señor marqués. Otro de los datos que se pueden trabajar a través de la correspondencia es la evolución de la salud: del destinatario de las mismas, de su familia y de los emisores de las cartas. Mediante el estudio de esas informaciones puedo conocer su estado, a la par que obtener datos sobre la visión y padecimiento de la enfermedad, los tratamientos, la esperanza o el hastío, el miedo por un tercero, etc. Por lo general, como se ha indicado, esta información suele aparecer en las primeras líneas del texto, como por ejemplo:“Señor mio. Con mucho consuelo me deja la carta de VS de los 18 deste pues con ella es servido dezirme allarse. Con algun alivio de su achaque y que el haver padecido lo que me escrivio...23” Con datos de este tipo es posible realizar reconstrucciones como la de abajo. En ella atendemos a los periodos en los que el marqués se encuentra en estados de buena o mala salud. Nos resulta posible intuir fases, entre fechas marcadas como de enfermedad, en las que es presumible que el estado sea de mala salud. Aquí realizamos una muestra, pues no es factible abarcar en estas líneas la totalidad de años para los que se conservan cartas de D. Francisco como marqués, aunque sería deseable realizar un estudio de estas características en el futuro. Dentro de los muchos elementos de análisis que pueden preocuparnos provenientes del mundo de la salud y la demografía, en relación a los datos aportados por las cartas del de Villaverde, se encuentra el de los años vividos con buena salud24.

21

AHPZ Morata P 2601, carta de 23 de agosto de 1676 de la condesa de Morata, desde Madrid Salvo en ciertos casos de bienes o negocios. Un estudio sobre la mujer y su relación con la propiedad en Francisco Ramiro Moya y José A. Salas Auséns, “Mujer y transmisión de la propiedad en el Aragón moderno” en José A. Salas Auséns (coord.), Logros en femenino. Mujer y cambio social en el valle del Ebro, siglos XVI-XVIII, Zaragoza, Prensas Universidad de Zaragoza, 2013, pp. 15-74. 23 AHPZ Morata P2600 carta de 22 de febrero de 1676 de Don Jaime Cortada, desde Barcelona 24http://ine.es/ss/Satellitec=INESeccion_C¶m3=1259924822888&p=1254735110672&pagename=P roductosYServicios/PYSLayout&cid=1259926378861&L=0 delInstituto Nacional de Estadística [INE]. También trata este asunto Maximo Livi Bacci, Historia mínima de la población mundial, Barcelona, Ariel, 2002, pp. 196 sgs. 22

248

FAMILIA, MUJER Y SALUD …

Gráfico 2. Cronograma evolución salud de D. Fco. Sanz de Cortes, 1675. ENERO L

FEBRERO

M

X

J

V

S

D

L

M

X

1

2

3

4

5

6

7

8

9

10

11

12

13

4

5

6

14

15

16

17

18

19

20

11

12

21

22

23

24

25

26

27

18

28

29

30

31

25

J

MARZO

V

S

D

1

2

3

7

8

9

10

4

5

6

13

14

15

16

17

11

12

19

20

21

22

23

24

18

26

27

28

25

ABRIL

L

M

X

V

S

D

1

2

3

7

8

9

10

13

14

15

16

17

19

20

21

22

23

24

26

27

28

29

30

31

S

D

1

2

MAYO

L

M

X

J

V

S

D

L

1

2

3

4

5

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Leyenda: Enfermedad clara en fuentes. Buena salud clara en fuentes. Sospecha mala salud. Sospecha buena salud o mejoría. Indicación mejora salud clara en fuentes.

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Cronogramas como el de abajo nos ilustran sobre esa buena o mala salud, y pueden ayudarnos a comprender esa evolución en un año o, si se coteja todo el periodo, en un marco de tiempo más amplio. Aquí el cuadro es un ejemplo, pero nos ofrece una aproximación bastante grande a un marco cronológico suficientemente representativo como para extraer de su análisis conclusiones de enjundia. Con datos como el de abajo, incluso podría llegar a apuntarse, cotejando varios de estos conjuntos, épocas estaciones más coincidentes para la enfermedad, virulencia de las enfermedades, regularidad de las mismas, fases de salud, empeoramiento con el envejecimiento del personaje estudiado, etc. Aquí, como parece percibirse en la gráfica, encontramos varios meses señalados como delicados y de los que se manifiestan quejas. Es cierto que tenemos menos días con una noticia cierta de mala salud que los supuestos, pero también sería difícil imaginar mejorías rápidas, máxime cuando los giros expresivos muestran continuidad del malestar. En 1675, como se ve, fue sobre todo un mal fin de primavera e inicio de verano, con un principio de otoño problemático, lo que afectó al marqués. Ese mismo año, la documentación nos muestra también cómo su hijo D. José sufrió un mal fin de invierno e inicio de primavera que lleva a que, unos veinte días después de las fiebres documentadas de marzo, se comience a hablar de mejoría, pero que se haga referencia a la recuperación efectiva en el mes de mayo 25. No obstante, aclarar que, aunque la carta que nos da la noticia es de 4 de mayo, la misiva enviada desde la casa de Sanz de Cortes sería algo anterior, por lo que se debería dar como unos días anterior la fecha real en que se efectúa la información allí referida (unos dos o tres días). En cuanto a los datos extraídos de las cartas, se encuentra el desconocimiento en el campo sanitario, tanto por la diagnosis como por la farmacología a emplear y que dan lugar a las duras condiciones de vida generales 26 . Se hallan las intoxicaciones alimentarias, los partos y todo lo allegado al mundo de la reproducción, amén de guerras y una violencia más generalizada27, que forzaban a convivir con la mala salud más allá de la edad joven, o durante ésta, de los afectados, así como con una muerte temprana y generalizada. Sirva de ejemplo el siguiente fragmento: “Señor y mi Hermo (hermano), Recibo su carta de Vs de este correo y aunque me dexa, con mucho Alborozo, la noticia que Vs se sirbe darme de su salud, de la del Sr Don Joseph, y mis hermosos sobos (sobrinos), me dexa con sentimiento, que no se explicar, el que mi herma (na), padezca siempre aquel achaque, contal rebeldia, que no basten ha venzerle, tantos remedios, como se han aplicado, Dios quiera se encuentre, con alguno, que desarraigue este penoso 28 accidente... ”

25 AHPZ Morata P2599 carta de 4 de mayo de 1675 de D Joseph de Vallabriga y Descartín, desde Madrid. 26 AHPZ Morata P2601 carta de 2 de julio de 1676 de Jayme Theodoro Luzan, desde Monzón. En ella relata las fiebres que sufrió tras el viaje de vuelta a desde Zaragoza hasta su localidad de residencia. 27 En el fondo de Morata, entre un conjunto de cartas destinadas al primer marqués de Villaverde, se encuentran unas misivas de Gaspar Vicente de Montesa al Sr. D. Antonio Camargo y otras de D. Francisco Camara al primero, AHPZ Morata P2598, cartas de 1670 a 1687. Una de ellas, de Gaspar Vicente a D. Antonio Camargo, fechada a 22 de marzo de 1680 y enviada desde Tudela, nos cuenta cómo el primero no ha podido contestar a una misiva de 1 de marzo pues se hallaba en la cama convaleciente de dos heridas de arma blanca recibidas en el camino de Tudela en un asalto sufrido. 28 AHPZ Morata P2599 carta de 13 de mayo de 1675 del conde de Contamina, marqués de Bárboles, desde Cetina.

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En esta carta, en concreto, se ve la preocupación por los familiares del conde de Contamina. La persona enferma, y sabemos que llevaba un tiempo en ese estado, es la mujer de Don Francisco, Dª Ana. La preocupación por las mujeres de las familias, incluso preguntar por ellas de manera cortés, suele ser la causa principal de su aparición en este tipo de documentación y, en la mayoría de los casos, las referencias (en parte cortesía) versan sobre su bienestar y su estado físico. Así podemos también reconstruir fases de la enfermedad de éstas, o conocer algunas, como por ejemplo la que se dice sufre la mujer de D. Francisco, y que afecta a sus ojos, en 167929. Estas enfermedades tenían sus procedimientos de atención y cuidado. Y, de esos tratamientos, si hay uno que se repite hasta el susto para el lector moderno es el de la sangría. Es sintomático el de la anciana condesa de Morata que, en una carta en el último verano de su vida (el de 1675), confiesa hallarse agobiada por el calor y las sangrías30. Otro ejemplo: a 27 de mayo de 1675, Contamina dicta carta para el marqués pues se halla en cama y no se sentía con fuerzas o ganas de escribirla él mismo. En la carta comenta que, en caso de no presentar mejoría su enfermedad, será sangrado31. No obstante, hay otros más amables, sin duda, y que facilitan datos sobre el uso de emplazamientos por parte de las élites para sus necesidades de recreo, descanso y salud. Uno de éstos son los baños de Alhama, a los que acude el marqués en varias ocasiones para cuidar su maltratada salud. Así, estuvo en ellos a 20 de julio de 1675, pero ya se mencionan en carta de 29 de junio de ese mismo año 32. De hecho, parece que se hallaría allí ya pues, en carta que le escribe desde Pamplona a 27 de junio de 1675 otro personaje vinculado a sus negocios, se dice que espera noticias desde los baños33. A 17 de junio de 1675, el conde de Contamina explorará, a su vez, otra posible solución a los achaques. En esa carta, la problemática de la salud es insistente pues se habla de las sangrías y purgas, así como los problemas de “hijada” del marqués de Villaverde. Por ello expone esa otra vía donde describe el Algar, un lugarcillo a tres o cuatro leguas de la villa de Cetina, con unos 25 o 30 vecinos, en dirección al paraje de Sisamón, donde hay un cura joven de unos 30 años que dice puede curar, no con medicinas, sino con las palabras34. Pero además de ver la mala salud, y los tratamientos de los afectados, se puede ver la preocupación, y el sufrimiento de los allegados, ante lo sucedido con las personas cercanas. Así ocurre con D. Jaime Cortada, catalán afincado en Barcelona que tiene trato con D. Francisco, y que pediría a un sobrino a principio de año, el Dr. Luis Roger, que responda las cartas de su tío, pues se halla preocupado por la mala salud de su hija, María de Anglasell y Cortada, y por la reciente muerte de su hijo mayor35. También escribirá en esas fechas su yerno, explicando lo mismo que el Dr. Luis en referencia a la mala salud de la hija de Cortada, su mujer36. Mas los achaques y los problemas debieron 29 AHPZ Morata P2605 carta de 1679 de Dª Orosia Sanz de Latras y Camargo, desde Sigena. 30 AHPZ Morata P2599 carta de 15 de junio de 1675 de la condesa de Morata, desde Madrid. 31 AHPZ Morata P2599 carta de 29 de junio de 1675 de D Pedro Domingo Sánchez, desde Madrid, y P2599 carta de 20 de julio de 1675 de Don Miguel de Çalba y de Vallgumera, desde Madrid. 32 AHPZ Morata P2599 carta de 27 de mayo de 1675 del conde de Contamina, marqués de Bárboles, desde Cetina. 33 AHPZ Morata P2599 carta de 27 de junio de 1675 de Francisco de Olondriz, desde Pamplona. 34 AHPZ Morata P2599 carta de 17 de junio de 1675 del conde de Contamina y marqués de Barboles, desde Cetina. 35 AHPZ Morata P2599 carta de 12 de enero de 1675 del Dr. Luis Roger, desde Barcelona. 36 AHPZ Morata P2599 carta de 19 de enero de 1675 de D. Narcis Anglasell y de Roca, desde Barcelona.

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seguir afectando a Cortada, pues D. Narcis Anglasell y de Roca escribe a fines de 1675 excusando a su suegro por su mala salud37. Otro caso sobre cómo la enfermedad y, en este caso, el fallecimiento, son motivo de dilación en el acercamiento a una persona para tratar un asunto importante, se encuentra en el caso de Don Luis de Exea, cuyo yerno había muerto en Lisboa, cuando D. Joseph de Vallabriga y Descartín advierte que tal vez no se puede hablar con Exea por la pesadumbre indicada 38 . Y, la muerte, en esta ocasión de los hijos, también aparece con Sanz de Cortes y, a nosotros, nos llega el dato en forma del intento de consuelo. En este caso de D. Francisco Coscón y Cortes quien escribirá: “Señor mio que Vsª este con la pena de la perdida y muerte de esse Angel es lo cierto aunque Vsª habra toda resignación pero el amor de padre es el que no da lugar a quedar sino con dolor 39 y pena, la seguridad de tenerla en el cielo es el mayor alivio... ”

Y es que, en última instancia, la única explicación y consuelo a todo, incluso al mundo de la enfermedad, de su padecimiento y fatal desenlace, era la religión. 4. Conclusión En el presente texto estudio la información proporcionada por una documentación muy específica, la correspondencia. Creo que, como se ha visto y expuesto en el marco del presente congreso40, se completa así el conocimiento aportado por los ponentes sobre grupos familiares, en especial los aristocráticos. Incido además en la importancia de la mujer, las formas de vida y las prácticas y vivencias de las élites, completando desde estas líneas aspectos trabajados en las otras comunicaciones y que han ayudado a enriquecer los conocimientos habidos así como a ampliar las propuestas metodológicas. En la sesión en la que se defendieron estas líneas destacaron las nuevas visiones sobre la familia desde aspectos que rebasan y completan la demografía histórica para adentrarse en lo social y comportamental. En mi trabajo he pretendido aumentar el conocimiento sobre las élites, desde las fuentes del marqués de Villaverde aquí trabajadas, para comprender su bienestar diario y la situación de las mujeres en ellas reflejadas. Me gustaría señalar, siguiendo con el análisis de lo expuesto, cómo el principal problema de esta documentación estriba en que, muy posiblemente, ha sido seleccionada para su conservación. Es decir, ciertas misivas, aquellas que no eran tenidas por su contenido como importantes y, tal vez entre ellas, las enviadas entre mujeres, no fueran guardadas. He encontrado una situación que tal vez responda a esta hipótesis al tratar el caso de la unidad catalográfica AHPZ Morata P 2598 del año 1674. Esto explicaría la escasa presencia directa, y la mayoritaria indirecta, de las mujeres que nos da, eso sí, parte de la información sobre familia y salud aquí trabajada. La mujer, 37 AHPZ Morata P2599 carta de 7 de diciembre de 1675 de D. Narcis Anglasell y de Roca, desde Barcelona. 38 AHPZ Morata P2599 carta de 4 de mayo de 1675 de D. Joseph de Vallabriga y Descartín, desde Madrid. 39 AHPZ Morata P2601 carta de 15 de noviembre de 1676 de D. Francisco Coscon y Cortes, desde Huesca. 40 III Encuentro de Jóvenes Investigadores en Historia Moderna. Líneas recientes de Investigación en Historia Moderna: Familia, civilización material y formas de poder. Universidad de Valladolid, Valladolid, 2 y 3 de julio de 2015, organizado por la FEHM y la UVA y con la coordinación de Maximo García Fernández y María A. Samper Pérez. La presente comunicación fue defendida en la Sesión 1ª Población y familia en la España Moderna. Variantes y Sistemas.

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cuando no presenta un negocio o un asunto importante para D. Francisco, no suele aparecer salvo en boca de la cortesía o preocupación de terceros. Siendo así que, en la mayoría de los casos, la presencia de la mujer responde al sesgo de un hombre. Uno de los asuntos como se ha dicho sobre los que hay información, aunque sea indirecta, es el de la salud. La documentación nos muestra un panorama de malestar y dolencias que se alivia con métodos demasiado expeditivos, en ocasiones, y siempre vinculados con las prácticas médicas del momento. En la salud, como se ha indicado, por cortesía y a causa de su maternidad, la mujer era reflejada pero, insisto, siempre de forma indirecta. Todos los datos aquí analizados pueden ser rastreados por más de diecisiete años, pues no solo se conservan misivas del periodo del primer marquesado, por lo que el panorama podría enriquecerse ostensiblemente.

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La evolución de la tratadística matrimonial durante el siglo XVIII: Entre la doctrina y la prohibición The evolution of marriage discussed during the eighteenth century: between the doctrine and the prohibition Juan Francisco HENAREJOS LÓPEZ Universidad de Murcia Resumen: A través de este trabajo pretendemos estudiar la institución familiar y su evolución durante el Antiguo Régimen. El siglo XVIII se caracteriza por una evolución paulatina de la legislación en torno a la doctrina matrimonial, siendo su culminación con la Real Pragmática de 1776. El final de siglo es mucho más conflictivo con la aparición de nuevas instituciones y mecanismos encargados de dirigir la política matrimonial: Agencia de Preces o la política regalista de algunos Ministros. A través de la tratadística obtenemos una visión de conjunto, siendo capaces de conocer la remodelación que el Matrimonio sufre a finales del Antiguo Régimen. Mientras que unos tratados, siguen haciendo un mayor hincapié en las doctrinas más clasicas de Tomás Sánchez o Pyrro Corrado en torno al dogma del matrimonio, por otro lado proliferan obras en donde la visión del matrimonio comienza a configurarse. Al tiempo, los impedimentos matrimoniales se convierten en una problemática durante todo el XVIII. La evolución de las dispensas matrimoniales y toda su articulación será otra de las piezas claves para analizar los cambios legislativos que ocurrirán durante el siglo XIX. Palabras clave: Matrimonio, siglo XVIII, tratados matrimoniales, impedimentos. Abstract: Through this paper, we analyze the family institution and its evolution during the Old Regime. The eighteenth century is characterized by a gradual evolution of the legislation about marriage doctrine, and its culmination with the Royal Pragmatic of 1776. The end of the century is much more confrontational with the emergence of new institutions and mechanisms to direct policy matrimonial: Agency Preces or royalist policy of some Ministers. Through tratadística we get an overview, being able to know the remodeling that suffers Marriage late Old Regime. While some treaties, continue to place greater emphasis on the doctrines most classic of Tomas Sanchez or Pyrro Corrado around the dogma of marriage, on the other hand works proliferate where the view of marriage begins to take shape. At the time, the impediments to marriage become a problem throughout the eighteenth. The evolution of marriage dispensations and all its articulation will be another key parts to analyze the legislative changes that will occur during the nineteenth century. Keywords: Marriage, eighteenth century, treaties marriage, impediments.

1. Introducción El Concilio de Trento establece las bases del matrimonio canónico Adquiere su predominio absoluto, del que es expresión jurídica la Real Cédula de 12 de julio de 1564, en la que Felipe II acepta y recibe los decretos del Concilio de Trento. En su virtud, la Corona reconoce la competencia de la Iglesia Católica en todo lo relativo a la disciplina sustantiva y procesal del matrimonio, reservando los efectos meramente



Este trabajo se inscribe dentro del Proyecto de Investigación: HAR2013-48901-C6-1-R “Familias e Individuos: Patrones de modernidad y cambio social (siglos XVI-XXI)”, financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad, cuyo investigador principal es Francisco Chacón Jiménez.

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civiles y algunas prohibiciones para contraerlo1. Las sociedades del Antiguo Régimen procuran controlar y regular la evolución del matrimonio. Se sirven de doctrinas con fuerte carga ideológica a través de los tratadistas, cuya función es acercar el Derecho canónico a cada parroquia. La Iglesia utiliza matrimonio como una fórmula de control social. Se establece a su alrededor una complicada trama de obligaciones, deberes y actitudes. Tomás Sánchez es uno de los autores más representativos en materia matrimonial A través de su obra de sancto matrimonii sacramento, muestra los principales elementos y esencias en torno al matrimonio tridentino. Su obra sirvió de referencia a muchos autores castellanos. Al tiempo la Monarquía se posicionó en hacer cumplir la doctrina Tridentina con diversa correspondencia, como la Cédula del Rey don Felipe IV, de 10 de abril de 1634, remitida al mismo señor cardenal de Borja, embajador en Roma: “Don Felipe, por la gracia de Dios, Rey de Castilla, de León, de Aragón, de las dos Sicilias, de Jerusalén, de Portugal, de Navarra y de las Indias, &c. Muy R. en Cristo cardenal Borja, Arzobispo de Sevilla, de mi Consejo de Estado, mi muy caro y amado amigo. Ha llegado a mi noticia que en esa corte se tiene muy particular cuidado en procurar que los que imprimen libros escriban a favor de la jurisdicción eclesiástica en todos los puntos en que hay controversias y competencias con lo secular; y que en todo lo que toca a las inmunidades privilegios y exenciones de los clérigos (…)”2.

Una de esas cuestiones era el matrimonio, monopolio de la jurisdicción eclesiástica. Durante el siglo XVII y principios del siglo XVIII surge toda una proliferación de tratadística referente al matrimonio, pues pese a la progresiva clericalización de la sociedad, la aplicación óptima de la doctrina de Trento aún se encontraba muy lejana. Un aspecto no menor de ella fue el tratamiento de los impedimentos matrimoniales. Hablamos del derecho canónico en el sentido más estricto. Un autor que destacó fue el padre Anacletus Reiffenstuel3, quien pertenecía a la orden de los frailes menores de San Francisco. De procedencia bávara, alcanzó el rectorado de Studium Canónicum y sus dos principales obras son la Theología Moralis (1692) y el Ius canonicum Universum (1700). Reiffenstuel establece en su obra todo un decálogo sobre cómo actuar cuando existía la posibilidad de algún impedimento matrimonial. Parte incluso de la nulidad del matrimonio, aunque sea un lazo sagrado, si este se ha realizado al margen de la doctrina tridentina. La aplicación estricta del método escolástico en las diversas cuestiones referidas en esta obra es una de sus características. Al igual que describe un acertado casuismo en relación a los impedimentos matrimoniales:

1

Javier Ferrer Ortiz, “Del matrimonio canónico como modelo al matrimonio civil reconstruido: la evolución de la legislación española”. Revista Ius et Praxis, Año 17, Nº 2, Universidad de Talca, 2011, p. 398 2 Juan Antonio Llorente, Colección Diplomática de varios papeles antiguos y modernos sobre dispensas matrimoniales y otros puntos de disciplina eclesiástica. Madrid, Imprenta de Ibarra, 1808, p.23. 3 Roberto I. Peña Peñazola, “Los autores, fuentes del Derecho Canónico Indiano, Anacleto Reiffenstuel y el Ius Canonicum Universum”. Revista Chilena de Historia del Derecho, Nº 14, 1991, p. 79.

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LA EVOLUCIÓN DE LA TRATADÍSTICA MATRIMONIAL … “Hinc, quand legitimum matrimonium judicialiter dissolutum fuit, eo qua v. g. fuisset allegatum impedimentum dirimens, quod postea constat revera non adfuisse, reclatur prior sentacia, alque redintegratur matrimonium (utpote jure divino indissulibile) postquan apparet, 4 ecclesiam esse deceptan” .

Durante esta época se establecen las bases del Derecho canónico moderno a través de diferentes tratados de obligada consulta. Como bien sintetiza Javier Antón Pelayo, la obra de Pirro Corrado exponía su experiencia sobre las dispensas apostólicas; la de Francesco Monacelli sobre el procedimiento de las curias episcopales; la de Pietro Ridolfini sobre el orden de precedencia en la curia romana; la de Jerónimo González sobre la regla octava de la cancillería romana; la de Giovanni Battista Ventriglia sobre las cosas más habituales que pasan en los tribunales eclesiásticos 5 . Todos ellos establecen un denominador común en lo referido a una estricta aplicación de la doctrina de Trento y una especial atención a cualquier impedimento que pueda existir al contraer matrimonio. Corrado centra una parte de su obra en la Servata forma Concilii Tridentini, relativa al matrimonio 6 . Era necesario preservar de forma ecuánime los principios establecidos sobre el matrimonio. Esta rigidez llega a fragmentarse rápidamente y tuvo una difícil aplicación en las distintas diócesis españolas y americanas. La correcta aplicación será una difícil tarea, no solo por parte de las diócesis, sino también en cada parroquia, por lo que la reforma tridentina se centró en introducir los decretos en las instituciones y en uniformar la praxis7. A través de este trabajo se pretende estudiar la evolución de los impedimentos matrimoniales a través de la tratadística matrimonial durante el siglo XVIII. La regulación de los impedimentos matrimoniales durante toda la centuria nos servirá de indicador de los distintos cambios que se producen en España. 2. Los impedimentos matrimoniales y su fundamentación. El término impedimentum había sido utilizado a veces por los juristas romanos para designar un obstáculo al matrimonio. Pero no era nada frecuente. Además, el derecho romano no siempre había sancionado con la nulidad de la unión la trasgresión de las prohibiciones. Solía reprimirlas en la mayor parte de los casos, con otras sanciones, en especial con inhabilitaciones sucesorias o, sobre todo bajo el Imperio, en medidas coercitivas8. La normativa matrimonial se fija en las Decretales, reconociendo la importancia del matrimonio cristiano y estableciendo las normas del rito matrimonial; se validó una vez más el carácter sacramental e indisoluble, así como los aspectos fundamentales que debían considerarse a la hora de contraer matrimonio, como por ejemplo, la presentación de las amonestaciones, la aclaración de los impedimentos, y todos aquellos que podrían invocarse a la hora de solicitar el divorcio o la nulidad conyugal, en casos

4

Anacleto Reiffenstuel, Ius canonicum Universum, Roma, 1700, p.284. Javier Antón Pelayo, “La cultura del Barroco: Biblioteca Francesc Veray (1787)”. Revista Tiempos Modernos, Nº 23, 2012, p.22. 6 Pyrro Corrado, Praxis dispensationum apostolicarum, Roma, 1697, p. 269. 7 Adriano Prosperi, El Concilio de Trento. Una introducción histórica, Junta de Castilla y León, Consejería de Cultura y Turismo, 2008, pp. 93-94 8 Jean Gaudemet, El matrimonio en occidente. Madrid: Ed. Taurus, 1994, p. 288. 5

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de violencia sexual9. En 1573, comenzó el debate propiamente dicho, en torno a los siguientes puntos: el sacramento, la indisolubilidad, la solemnidad del intercambio en el consentimiento, la publicidad, el papel de los padres y los impedimentos matrimoniales. El decreto Tametsi rigió a la Europa católica hasta fines del antiguo régimen y estableció los procedimientos formales de la ceremonia religiosa: “el matrimonio debía contraerse en una ceremonia pública, ante un sacerdote y al menos dos testigos, precedido de la publicación de las amonestaciones en tres festividades anteriores, pero en el tema clave del consentimiento paterno, se limitó a expresar su “repulsa y sanción” de los matrimonios incontrolados al tiempo que mantenía su validez.”10.

La idea fundamental de un impedimento para el matrimonio está contenida implícitamente en las conocidas prohibiciones del Levítico y de algunos textos canónicos antiguos; fundamentalmente del Derecho Israelítico y el Romano. Pero estos textos no establecen una base teórica sobre impedimentos matrimoniales, como se demuestra en las diferentes sesiones llevadas a cabo en Trento. Si nos remontamos al Levítico, este texto bíblico alude a ciertas prácticas de naturaleza prohibida: “Ninguno de vosotros se acercará a mujer de su propia familia, para tener relaciones sexuales con ella”11; pero en sí, no establece ningún tipo de legislación en torno al parentesco ni al matrimonio. De ahí las diversas interpretaciones que los protestantes hicieron del mismo: Lutero consideraba legítimo el matrimonio entre tío y sobrina al no estar prohibido en el Levítico. No obstante, existen más alusiones al tema del parentesco en tiempos bíblicos, como por ejemplo son la existencia del levirato, en el que una mujer que queda viuda y sin hijos, es obligada a casar con el hermano del marido; o bien el sororato, un matrimonio en el que el hombre es invitado a buscar a más de una mujer dentro de las hermanas de la esposa. Las primeras referencias a los impedimentos matrimoniales datan de finales del siglo XII, cuando encontramos un catálogo de los mismos. En sus Decretales, Graciano ni habla definitivamente, ni da una lista satisfactoria; tampoco Pedro Lombardo en sus Sentencias. Hacia 1190 Bernardo de Pavia usa libremente la expresión, que llega a ser clásica, “impedit contrahendum et dirimit contractus”, y además enumera los impedimentos: “sunt autem quae matrimonium impediunt XV”, pero su lista no es definitiva; los nombres técnicos de cada impedimento permanecen por largo tiempo inestables. La distinción entre impedimentos dirimentes y prohibitorios es agudamente señalada, y con más o menos éxito lo que intenta hacer es una clasificación de los impedimentos dirimentes. Su número no es aún determinado, porque la doctrina es incierta, pero varios de ellos son incluidos bajo el mismo título. Algunos canonistas intentan limitarlos al casi sagrado número catorce, otros calculan doce, dieciséis o incluso más. Las glosas de las Decretales dicen que hay dieciséis impedimentos matrimoniales, catorce de ellos dirimentes, y los enumera sin orden. A pesar de su inserción en los comentarios, esta enumeración no fue adoptada permanentemente, sin duda porque no fueron separados los impedimentos prohibitorios de los dirimentes, y porque la anterior clasificación era incompleta. La lista que fue 9

Así nos sintetiza Daniela Lombardi la regulación del matrimonio cristiano y los principales cambios que se regulan en Trento, diferenciando el matrimonio católico a partir de ese momento. En Daniela Lombardi, Storia del Matrimonio. Del Medioevo a oggi. Bolonia: Il Mulino, 2008, pp. 21-76. 10 James Casey, Historia de la Familia. Madrid: Espasa Calpe, 1990, p.143. 11 Levítico 18,6

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recibida casi universalmente y que, con unos pocos cambios, aún figura en la mayor parte de los tratados canónicos sobre el matrimonio y es seguida paso a paso por muchos autores, incluido San Alfonso María de Ligorio (Theol. Mor., I, VI, n. 1008), fue compuesta por Tancredo (1210-1214). Contiene cuatro impedimentos prohibitorios separados de trece dirimentes. Sin embargo, después del Concilio de Trento, que creó los impedimentos de abducción y clandestinidad, estos trece fueron incrementados a quince; el último hemistiquio, “si forte coire nequibis”, fue reemplazado por «si clandestinus et impos”; y para la abducción fue añadido el hexámetro “Raptave sit mulier, loco nec reddita tuto”. Aunque este método de enumeración es tan común, no es satisfactorio, siendo en cierto modo confuso. La lista oficial de impedimentos no ha sido nunca promulgada y realmente sería muy difícil compilarla, dado que hay varias vías de recuento de impedimentos así llamados impropiamente, los cuales pueden ser incluidos bajo un defecto de consentimiento. Asimismo es posible enumerar diferentes tipos de impedimentos prohibitorios, entre los cuales ha de ser incluido el de religión mixta. Pese a la controversia que existía en torno al matrimonio, la Iglesia introdujo nuevas reglas matrimoniales que transformaron las existentes. Así, como describe Jack Goody12, se comenzó a prohibir el matrimonio entre parientes próximos, no sólo entre consanguíneos, sino también entre afines y más tarde entre los espirituales, derivados del padrinazgo, un sistema que inventó la Iglesia para crear un equivalente eclesiástico de los lazos familiares. La referencia más cercana al parentesco o grados prohibidos por la Iglesia es el levirato, como ya mencionamos anteriormente, el cual la Iglesia acaba prohibiendo en el Concilio de Neocesarea (314), posteriormente a fines del siglo IV, también se prohíbe el Sororato. No obstante, la regularización en torno al parentesco resulta cada vez más compleja. Si, en teoría, se fundamenta en el Levítico, solo tenemos alusiones a prohibición de relaciones sexuales entre parientes cercanos; por consiguiente, el matrimonio entre hermanos, hermanastras, tíos y sobrinas, cuñados, yerno y nuera, ascendentes y descendentes directos en primera generación y primos hermanos quedan en un vacío a legislar. Es del modo que Lutero reafirma esta cuestión en su obra De cativitare Babilonica 13 , por la que se deben observar los grados del Levítico sin que se pueda demostrar ninguna otra cosa. En torno al matrimonio, el teólogo agustino Seripando14 fue el pionero en establecer 15 extractos en torno a este, destacando el sexto extracto en torno a la consanguinidad, basado exclusivamente en las prohibiciones establecidas por el Levítico: “Gradus consanguinitatis el eaffinaris descriptos Levit. 18 praecise servandos esse nec plure nec prauciores; et ecclesiam in aliis noque interdicere posse, ne matrimonium contrahatur, neque rescindere contractum”.

En lo que se viene a referir que la Iglesia no puede impedir ni prohibir el matrimonio en otros grados, ni rescindir el contrato matrimonial. Pese a los inicios, el debate quedaba abierto y la normativa en torno al matrimonio por aprobar. Pronto se hicieron notar las primeras críticas en torno a lo establecido por Seripando, como el testimonio de Ricardo Cenomano, el cual, tacho estas afirmaciones de heterodoxas, ya que el impedimento ha sufrido cambios, adaptándose a las necesidades y circunstancias. 12

Jack Goody, La familia Europea, Ed. Crítica, Barcelona,2000, p.39 En esta obra, Lutero interpreta de forma textual el texto Levítico, permitiendo matrimonios no descritos en el mismo como la parentela en segundas nupcias o afinidad entre otros. 14 Los Agustinos presentes en el Concilio de Trento en torno a su superior general, Jerónimo Seripando, contribuyeron enormemente en la elaboración de la doctrina. Su interpretación de la Biblia marcó un punto de inflexión, estableciendo notables diferencias con los reformistas protestantes de la época. En B. Sesboüe, Histoire des dogmas, Vol. 2. París: Ed. Desclée, 1995, p. 251. 13

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Massareli, secretario del Concilio fue el primero en derogar esta propuesta, en la que solo se tomaban los grados prohibidos por el Levítico, apoyándose además en el Derecho Graciano y los concilios Lateranense IV y Viena, sin olvidar la correspondencia del Papa Celestino III. Por ello, la Iglesia por circunstancias históricas tenía el libre derecho de prohibir la consanguinidad15. Otra de las partes reguladas en el Concilio de Trento trataba sobre los diferentes impedimentos matrimoniales. Para los reformadores se trataba de coger las bases del cuarto Concilio de Letrán, celebrado en 1215, por lo que a través del principio de “Sola Scriptura”, se fundamentan las prohibiciones matrimoniales. El derecho canónico distinguió entre los impedimentos que entrañaban la nulidad del matrimonio (impedimentos dirimentes) y aquellos que sancionaban como simples faltas, sin poner en tela de juicio el vínculo matrimonial (impedimentos prohibitivos). En su forma precisa, esa clasificación era tardía. Pero tenía precedentes lejanos en esa práctica que sancionaba la realización irregular de un matrimonio, que unas veces imponía solamente una penitencia a los esposos y otras obligaba a separarse. La lista de impedimentos dirimentes y prohibitivos se fue constituyendo progresivamente con ciertas vacilaciones y pasando impedimentos de una lista a otra16. 3. La tratadística matrimonial en España: principales obras sobre la regulación de los impedimentos matrimoniales. El matrimonio a través de la visión de los tratadistas en los primeros años del siglo XVIII, se centraba en su mayoría en cuestiones de tipo moral. La regulación del parentesco y los impedimentos era una cuestión secundaria en los principales tratados. Obras de tipo general sobre el matrimonio encontramos la de Juan Marín, Tractatus de Matrimonio, publicada en 1713. Su obra no deja de ser una reiteración de la obra de Tomás Sánchez. En ella podemos encontrar unas 100 referencias a este autor. Los principales puntos que abordan estas obras se refieren a la unión conyugal de los contrayentes, el rito de la ceremonia, los esponsales, el consentimiento paterno y derechos sobre los contrayentes entre otros. Los impedimentos matrimoniales quedan como una cuestión secundaria en este tipo de obras. Pese a ello, Tomás Sánchez dedica su Libro III a esta cuestión. Más que los impedimentos y las prohibiciones, ya regulada la ceremonia y la sacramentalidad del matrimonio, lo que predominaba era, como se ha señalado, el tratamiento de los aspectos morales. La labor de los moralistas en los tratados durante el siglo XVIII es notable. En la gran parte de sus obras dedican varios capítulos al matrimonio. El padre Francisco Lárraga, en su obra Teología Moral (1726), aborda la correcta aplicación de todos los sacramentos legislados en Trento. En cuanto a los impedimentos matrimoniales, Lárraga nos habla de errores en relación con los impedimentos matrimoniales:

15

Juan Damián Gandía Barber, El impedimento de consanguinidad. Historia y fundamentación, Murcia, Editorial Laborum, 2007, p. 381 16 Jean Gaudemet, El matrimonio…. p. 229.

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Tabla 1 Errores respecto ala matrimonio y que pueden suponer un impedimento. Fuente: Francisco Lárrga, Prontuario de Teología Moral, 1723 Tipo de práctica Error persona

Definición Contraer matrimonio con una persona equivocada. El contrayente es “engañado” y casado con otra persona.

Error qualitatis qua refunditum in substancion persona

Matrimonio en que se acuerda una dote y esta no se cumple.

Error priori conditionis servilisig Morata Error pura qualitatis

Matrimonio entre una persona libre y un esclavo. Matrimonio en el que el contrayente casa con falsos pretextos.

Ejemplo “Si queriendo casarse con María, y juzgando que se casa con ella, le ponen delante a Antonia, y celebra el contrato con Antonia, creyendo que es María, será nulo el matrimonio por derecho natural”. Pedro le dice a Juan que quiere casarse con su hija María, le dará mil ducados de dote; y Juan le responde que con esta condición se casará, y si no se los da, no es su intención casarse con ella. Casase y se halla, que no tiene ni le dan, los mil ducados, es nulo el matrimonio”. “Pedro se casa con María, juzgada que es libre, y se halla que es esclava, es nulo el matrimonio”. “Pedro se casa con María, pensando que es rica, y después se halla que es pobre, es válido el matrimonio, por que el Derecho desprecia estos errores”.

Este tipo de cuestiones recogidas por Lárraga son de gran interés. Por una parte son ejemplos que argumentan ciertos tipos de impedimentos matrimoniales propios de la época y que posteriormente van desapareciendo en el siglo XVIII. En relación a los impedimentos de consanguinidad o afinidad, su lectura es más lineal. Se puede ver poca profundización en estos términos. Por otro lado, el Padre Calatayud es de los canonistas con mayor difusión en el siglo XVIII. Su obra17 aborda la cuestión de los impedimentos matrimoniales de una forma diferente en comparación con los tratados anteriores. Los impedimentos en este caso son 15, sin hacer una distinción de un tipo u otro. De esta forma establece: Error sustancial. 1) Condición servil o esclavitud. 2) Voto solemne de castidad. 3) Parentesco de consanguinidad hasta en 4º grado. 4) Crimen o delito. 5) Diversidad de secta o religión. 6) Violencia o miedo. 7) Orden sagrado. 8) Vínculo de matrimonio actual. 9) Pública honestidad. 10) Delito de edad. 11) Parentesco de afinidad. 12) Matrimonio clandestino. 13) Impotencia para la generación de los hijos. 14) Rapto.

17

“Doctrina V. De la naturaleza, efectos e impedimentos de matrimonio” en Pedro Calatayud, Doctrinas prácticas del Padre Pedro Calatayud, Tomo II, Valladolid, 1745, pp. 77 y ss.

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En este sentido, los errores anteriormente citados por Lárraga como “excepciones”, Calatayud los establece dentro de los impedimentos matrimoniales. El principal problema de esta visión sobre las prohibiciones del matrimonio era la dificultad en aplicar de forma correcta los cánones tridentinos respecto a los impedimentos matrimoniales. La cuestión de los impedimentos y el matrimonio en España tiene un fuerte trasfondo político. Por una parte, la potestad respecto a España o Roma de legislar esta cuestión. Por otra, el dinero y las tasas que los fieles con algún tipo de impedimento tenían que abonar para la obtención de la dispensa y poder validar el matrimonio. A partir del Concordato de 1753, comienzan a derogarse las reservas pontificias en España. Se centraron sobre todo en las benefíciales, dónde existía el Derecho de Patronato, pero de dejó de lado la cuestión de las dispensas e impedimentos matrimoniales. Algunas obras recogen la flexibilidad ejercida por la Iglesia, en cuanto a la regulación de los impedimentos matrimoniales. “Es conveniente establecer impedimentos, que en unos tiempos se hacen más precisos que en otros; por que aunque el matrimonio por la parte de Sacramento, no puede variarse, pero puede, por la parte que es, contrato humano, y como tal admite, que en algún tiempo, se le pongan algunos impedimentos, para lo lícito o para lo válido, o que en otro tiempo no hubo, 18 como se ve en el matrimonio clandestino, que en algún tiempo ni fue impedimento”

Por otra parte, una Real Pragmática de Carlos III de 16 de junio de 1768, mandaba un mayor control sobre las dispensas matrimoniales, ya que se estaba alterando la disciplina establecida en Trento y en esos caso era necesario dar cuenta de ello al Consejo a través del fiscal. Las obras sobre el matrimonio y sus impedimentos en el último tercio del siglo XVIII son mas precisas en cuanto a la praxis y los impedimentos. El cambio es realmente sustancial, ya que no se incide tan directamente en la naturaleza y la tipología de los impedimentos, sino en su modo de proceder. La tratadística es mucho más diversa: desde manuales de párrocos y confesores a tratados propios sobre dispensas matrimoniales. El análisis de estas obras muestra otra realidad. La práctica en cuanto a los impedimentos sigue siendo confusa. No se conoce bien la potestad para sobre la misma para validar os matrimonios en que exista algún impedimento. Pese a que la práctica se encuentra totalmente regulada, encontramos ejemplos muy representativos. “Formas de dispensar en los impedimentos de matrimonio. Después de la absolución sacramental de las censuras y pecados en el Sacramento de la Penitencia, si el sacerdote ha de dispensar en algún impedimento, para que pueda contraer matrimonio dirá: Et insuper 19 auctoritate Apostolica nihi specialiter delegata, dispenso tecum super impedimento…” .

Pese a todo, las referencias a Tomás Sánchez en materia canónica perduran en algunos casos. La disciplina canónica en este sentido, es bastante flexible por parte de algunos canonistas. Si bien Trento establecía una regulación del matrimonio y sus impedimentos mediante la articulación de dispensas, en ningún caso se contemplaba la nulidad de un 18

Francisco Lárraga y José Díaz de Benjumea, Aplicaciones a la Teoría Moral y Prontuario, Madrid, Imprenta de Ibarra, 1758, pp. 119-120. 19 Recogido en Felipe de Zuñiga y Ontiveros, Manual de párrocos para la administración del Sacramento del Matrimonio, y de las exequias, enteramente conforme al ritual romano, México, 1789, pp. 113-114.

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matrimonio o la separación de este por no haber realizado el expediente matrimonial de forma rigurosa, permitiendo celebrar matrimonios con impedimentos: “Supongo que si el matrimonio es nulo, por haberse celebrado con impedimento dirimente, y después se quita el impedimento, para revalidar el matrimonio se deben poner de nuevo consentimientos por parte de ambos (…) cita Tomás Sánchez, libro 2, disp. 37, n. II”20.

La potestad en la regulación y dispensación de los impedimentos matrimoniales es propia de la Curia Romana y el Papado. Con facultades ordinarias concedidas a obispos y agentes diocesanos, pero solo en casos excepcionales, a los párrocos. ¿Realmente podía un párroco dispensar un impedimento matrimonial o es una atribución que proviene de una mala praxis? Algunos ejemplos en los que el párroco puede dispensar, se deben a la necesidad urgente, por existir algún impedimento oculto o bien previo a la celebración del matrimonio. La capacidad de los moralistas para tratar estas cuestiones deriva en situaciones bastante peculiares: “Restamos averiguar si el párroco en algún caso urgente podrá dispensar en algún impedimento de los dichos dirimentes (…) Llega una mujer casada por un impedimento dirimente de afinidad por cópula ilícita, aconsejándole el cura que aparte cama, para que no pague e débito a su marido, fingiéndose mala, mientras se solicita dispensación a los 21 Obispos…”

Con la promulgación de la Real Pragmática de 1776, se intenta poner fin a la mala praxis llevada a cabo tiempo atrás. Lo más representativo de la Pragmática se refiere en cuanto al consentimiento paterno como uno de sus principales ejes, co objeto de evitar las consecuencias, que para las familias, se derivaban de la elección de libre cónyuge22. El ideal de matrimonio ilustrado es un concepto que comienza a surgir durante el último tercio del siglo XVIII, muy significativo que en algunas obras muy representativas, se omitan las restricciones y los impedimentos sobre el matrimonio, dando lugar a conceptos muy lejanos antaño como el amor 23 . Algunas lecturas de este momento, referentes a la evolución de los impedimentos matrimoniales y su regulación, muestran un fuerte carácter político: “El Concilio de Tridentino solo anatematiza a los que niegan que la Iglesia tiene potestad de establecer los impedimentos que considere oportunos; y no habla ni una sola palabra contra los soberanos. Juan Gervais, celebre por su piedad y sabiduría, escribió en francés una obra en quarto, que intitulo: Pouvoir de l´Eglise e des Princes sur le empechemens du mariage. En ella,

20

Bernardo Pacheco, Suma Moral, Madrid, Imprenta de la viuda de Eliseo Sánchez, 1767, p. 399. José Ortiz Cantero, Directorio Parroquial, práctica de concursos y de curas, Madrid, Imprenta Antonio Pérez de Soto, 1769, Tomo II, p. 205. 22 Francisco Chacón Jiménez y Josefina Méndez Vázquez, “Miradas sobre el matrimonio en el último tercio del siglo XVIII”, Cuadernos de Historia Moderna, 32 (2006), p. 65. 23 Muy significativa la obra del Padre Albiol, en la que no menciona ninguna referencia a las conductas matrimoniales frente a los impedimentos. Véase Antonio Arbiol, La Familia Regulada, Barcelona, Imprenta de María Ángela Martí, 1769. Para ampliar sobre el ideal de Matrimonio Ilustrado: Isabel Morant Deusa y Mónica Bolufer Peruga, Amor, matrimonio y familia. La construcción histórica de la familia moderna, Madrid, Síntesis, 1998. 21

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Juan Francisco HENAREJOS LÓPEZ pues, refruta valientemente las razones de uno y otro, y prueba convincente, que no solo la Iglesia, sino los reyes tienen potestad de establecer impedimentos de matrimonio” 24.

Los diversos cambios legislativos en España comienzan a incidir directamente en las cuestiones de los impedimentos matrimoniales y la articulación de las dispensas. La Real Cedula expedida en 28 de junio de 1780, referida a dispensas matrimoniales. Un año después a través de una nueva Real Cédula de 11 de marzo de 1781 se establecen las premisas necesarias para hacer cumplir los Sagrados Cánones establecidos en Trento. Es necesario indagar en las genealogías propias de los cónyuges para conocer el grado de parentesco por el que se encuentran impedidos. A su vez los grados más próximos es necesario solicitar directamente la dispensa matrimonial a Roma, a excepción de casos que por enfermedad o pobreza, sea expedido a través de la Dataría Apostólica. La potestad sobre los impedimentos por parte de la Monarquía es una de las consecuencias de la política regalista, como manifiesta Azara, embajador en Roma en 1777, en que afirma que la potestad de las dispensas matrimoniales debe de ser cuestión exclusiva de la Monarquía, para evitar los agravios sufridos desde Roma25. En este contexto aparece una de las obras más representativas de este período sea la de Herce y Portillo (1782)26. Podemos considerarlo como uno de los tratados más completos en materia canónica referente a impedimentos matrimoniales y dispensas. Una de las cuestiones, que anteriormente se abordaba de forma superficial, es la de la consanguinidad. Herce establece todas las claves, así como diversas dudas para conocer el grado de parentesco, en referencia a este impedimento matrimonial. El impedimento de consanguinidad toma una mayor trascendencia en toda la tratadística de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Tenemos una nueva vuelta a los cánones tradicionales, establecidos por autores como Reiffenstuel o Corrado. Comienzan a justificar las prohibiciones por parte de la Iglesia, cuestión que hasta el momento vagamente se había tratado: “Los quales impedimentos pone la Iglesia por justas causas, esencialmente por quatro: La primera es el pecado o la indignidad del contrayente: La segunda el perjuicio del otro: La tercera circunstancia que repugna el matrimonio: y la quarta, la que se opone al bien público”27.

El discurso es mucho más rígido por parte de los canonistas, o como este caso, como vemos en la obra de Manuel de Arceniega, revisor general de libros del Santo Tribual de la Inquisición de España. Por tanto, comprobamos que a finales del siglo XVIII, la coyuntura política es determinante en la variación de los cánones tridentinos sobre el matrimonio.

24

Joaquín Amorós, Discurso en que se manifiesta la necesidad y utilidad del consentimiento paterno para el matrimonio de los hijos y otros deudos. Conforme a lo dispuesto en la Real Pragmática de 23 de marzo de 1776, Madrid, Librería Luis María, 1777, p. 150. 25 Citado en Rafael Olaechea, Las Relaciones Hispano- Romanas en la segunda mitad del siglo XVIII. La Agencia de Preces, Zaragoza, Instituto Fernando el Católico, Vol. II 1965, pp.405-411. 26 Manuel de Herce y Portillo, Tratado práctico de dispensas, así matrimoniales, irregularidades y simonías, utilísimo a confesores y Agentes Diocesanos, Valencia, Librerías de cabrerizo, 1782. 27 Manuel de Arceniega, Método práctico de hacer fructuosamente confesión general de muchos años, útil para confesores y penitentes por quanto se proponen, y resuelven los casos más frecuentes que llegan al confesionario, Madrid, Imprenta Ramón Ruiz, 1794 3ª edición, p. 193.

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4. A modo de conclusión. A través de un breve recorrido por la tratadística matrimonial comprobamos la diferente interpretación que se establece sobre la doctrina de Trento respecto al matrimonio y los impedimentos. El estudio de las obras que se ocupan de los impedimentos matrimoniales durante el siglo XVIII nos aporta una perspectiva desde tres ámbitos: el religioso, el político y el social. Aspectos que en algunos momentos de la centuria convergen, mientras que en otros priman los unos sobre los otros. Los cambios políticos en cuanto a la regulación de los impedimentos, así como la política regalista de la Monarquía, determinarán la variación en materia matrimonial, así como en la regulación de los impedimentos matrimoniales. La praxis en España fue bastante irregular, provocando una notable diferencia en gran parte de las obras analizadas en este trabajo. Las bases establecidas por autores como Corrado o Tomás Sánchez en el siglo XVII serán el modelo a seguir para muchos canonistas, y en otros momentos a olvidar. La consanguinidad comienza a tener una mayor trascendencia como impedimento matrimonial a finales del siglo XVIII, haciendo un mayor hincapié en la correcta regulación de este impedimento.

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El discurso sobre la maternidad en la prensa española de finales del siglo XVIII The discourse about motherhood in the Spanish press of the late eighteenth century Francisco Javier CRESPO SÁNCHEZ Universidad de Murcia Resumen: El objetivo de este trabajo es analizar los mensajes que desde la prensa española de finales del siglo XVIII proponían nuevos roles y funciones dentro de las labores que debían ejercer las madres, sin olvidar aquellos alegatos que seguían insistiendo en los principios más tradicionales. Teniendo en cuenta el destacado papel que ocuparon los periódicos en la difusión de las ideas ilustradas, lo que interesa no es el estudio de la fuente en sí misma, sino de los discursos y los modelos que ésta contenía. Por ello, hay que analizar qué se decía sobre las mujeres: cómo debían realizar su papel de madre, cuáles eran sus funciones dentro del hogar y cómo debían afrontar los retos que la maternidad traía consigo. Palabras clave: maternidad, prensa, mujer, hogar, Ilustración. Abstract: The aim of this paper is analyze the messages that appear in the Spanish press of the late eighteenth century about motherhood. Check if these discourses proposed new roles and functions for mothers and detect which still retained traditional principles. Enlightenment ideas were widely disseminated by the press, what interests us is not the study of the source itself. What interests us is the study of discourses and models that appeared in the press. Therefore, we must analyze what was said about women: how they should perform their role as mothers, what their functions were inside the home and how they should deal with the challenges that motherhood brought with it. Keywords: maternity, press, woman, home, Enlightenment.

1. Introducción Durante el siglo XVIII, los discursos sobre la mujer, sobre todo en su dimensión como madre y esposa, comenzaron a cambiar y a mostrar novedosas facetas hasta el momento poco destacadas. Sin lugar a dudas, en todo este lento proceso discursivo, como bien ha mostrado Bolufer Peruga, las ideas ilustradas influyeron de forma notable, ayudando así a configurar los nuevos principios normativos que se promocionaban para la mujer y la familia1. De otro lado, no todo fueron transformaciones, sino que también se dieron permanencias y adaptaciones, pues muchas de las ideas que se venían divulgando, como la necesaria subordinación del sexo femenino al masculino, se perpetuaron y apenas si experimentaron cambios con el paso de los años. Esto puede tener una explicación en el hecho de que, junto al pensamiento ilustrado, los planteamientos de inspiración religiosa seguían teniendo un peso preponderante, haciendo valer sus principios de forma 

Este trabajo se inscribe dentro del Proyecto de Investigación: HAR2013-48901-C6-1-R “Familias e Individuos: Patrones de modernidad y cambio social (siglos XVI-XXI)”, financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad 1 Tema tratado en: Mónica Bolufer Peruga, Mujeres e Ilustración. La construcción de la feminidad en la España del siglo XVIII, Valencia, Institució Alfons el Magnanim, 1998.

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continuada. Se produjo así una dicotomía discursiva que, con momentos de mayor lejanía y cercanía entre sus ideas, fue definiendo el rol de la maternidad progresivamente. Como resultado de todo el proceso anteriormente descrito, aspectos como el cuidado físico de los hijos, la importancia de la lactancia materna, la necesidad de las relaciones afectivas o la atención de la educación, se fueron introduciendo cada vez de forma más notoria en los discursos que se hacían llegar a la sociedad desde la prensa. En todo caso, parece que la maternidad apareció muchas veces en estos escritos investida de una menor importancia con respecto a los valores otorgados a la paternidad, como si en el siglo XVIII hubiera estado asociada a funciones menores 2. Por ello, se ha llegado a decir que la educación femenina fue uno de los temas que quedaron pendientes por parte de la Ilustración española, pues se seguía dando más importancia a la preparación para el matrimonio o para el cuidado del hogar, olvidando los aspectos concernientes a la instrucción general de estas féminas. Sin lugar a dudas, muchas de las posturas que asumieron estos escritores pretendían que la mujer, en su papel de madre, y desde el ámbito de la familia y de lo doméstico, fuera la transmisora de los valores y principios a las generaciones futuras, especialmente en el caso de las hijas3. Por tanto, desde finales del siglo XVIII, la influencia de estos pensadores, unida a las pretensiones eclesiásticas, fueron generando un discurso laico que encajonó a la mujer dentro de la casa, siendo éste su destino familiar y social por antonomasia. Conforme avanzó el tiempo, otras corrientes ideológicas, algunas defensoras de preceptos diferentes a los de la Iglesia católica, desarrollaron un programa normativo similar sobre el papel que debía protagonizar la mujer. De hecho, en el devenir del siglo XIX, todos estos entramados conceptuales terminaron por confluir y cristalizar para dar forma y contenido al modelo familiar burgués y de mujer que se fue imponiendo paulatinamente4. Partiendo de la precisiones anteriores, el objetivo de este trabajo es analizar los mensajes que desde la prensa española de finales del siglo XVIII proponían nuevos roles y funciones dentro de las labores que debían ejercer las madres, sin olvidar aquellos alegatos que seguían insistiendo en los principios más tradicionales. Teniendo en cuenta el destacado papel que ocuparon los periódicos en la difusión de las ideas ilustradas 5 , lo que interesa no es el estudio de la fuente en sí misma, sino de los discursos y los modelos que ésta contenía. Por ello, hay que analizar qué se decía sobre las mujeres: cómo debían realizar su papel de madre, cuáles eran sus funciones dentro del hogar y cómo debían afrontar los retos que la maternidad traía consigo.

2

Mónica Bolufer Peruga, “De madres a hijas, de padres a hijos: familia y transmisión oral (ss. XVIIXVIII)”, en Joan Bestard (ed.), Familia, valores y representaciones, Murcia, Universidad de Murcia, 2010, pp. 217-237. 3 Josefina Méndez Vázquez, “La educación de la mujer para el matrimonio según los tratadistas del siglo XVIII”, en María Victoria López Cordón y Montserrat Carbonell (eds.), Historia de la mujer e historia del matrimonio, Murcia, Universidad de Murcia, 1997, pp. 219-232. Se puede ampliar en Pilar Ballarín, La educación de las mujeres en la España contemporánea (siglos XIX-XX), Madrid, Síntesis, 2001. 4 Antonio Irigoyen, “Familias e Iglesia. Normativas y transgresiones en Europa”, en Francisco Chacón, Juan Hernández Franco y Francisco García (eds.), Familia y organización social en Europa y América Latina, siglos XV-XX, Murcia, Universidad de Murcia, 2007, pp. 131-150. 5 Richard Herr, España y la revolución del siglo XVIII, Madrid, Aguilar, 1988, p. 129.

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2. La continuidad discursiva sobre la maternidad en el siglo XVIII y su proyección en el siglo XIX El primer síntoma de los cambios relacionados con el papel que la mujer debía jugar en el mundo sería, como se viene comentando, el pensamiento de algunos ilustrados que esgrimieron la bandera de la educación femenina6. Una instrucción que ya no solo debía quedarse en la formación para las tareas domésticas, sino que debía complementarse con los conocimientos que aseguraran el bienestar de su familia y la educación de sus hijos. Era un discurso que, a pesar de seguir otorgando mucha importancia al matrimonio y a la maternidad (factores estos que parecían innegociables), y sin olvidar las cuestiones relacionadas con la moralidad y la modestia (que eran de gran importancia para la mujer), comenzaba a valorar la posibilidad de que el sexo femenino tuviera un papel más destacado y activo en el tejido de la sociedad. Se puede decir, por tanto, que esta vertiente del pensamiento ilustrado presentaría un conjunto de novedades que hasta el momento se detectaban de forma más tenue en el mundo discursivo de la época. Como ejemplo de esa continuidad discursiva, aunque con nuevos matices y valores, los ilustrados siguieron ensalzando la maternidad como un elemento fundamental para el bienestar de la sociedad y su correcto desarrollo. Dicho concepto hay que ponerlo también en relación con las corrientes higienistas y las nuevas propuestas que trajeron consigo, pues ya no solo importaba que la madre demostrara preocupación por la salud moral de sus hijos, sino que debía prestar gran importancia a la salud física, es decir, a la supervivencia de los hijos. Una dualidad, cuerpo y alma, que debía resultar ineludible e inseparable. Por todo ello, y aún con más fuerza durante el posterior siglo XIX, se combinarán toda una serie de textos, tanto literarios como periodísticos, especializados en la crianza de los hijos y en sus cuidados más íntimos7. Uno de los elementos que más pone de manifiesto la presencia del higienismo en todos estos espacios de debate fue la campaña de crítica orquestada desde diversos periódicos hacia las amas de cría, que eran catalogadas de auténticas mercenarias. Con este alegato que las demonizaba y las condenaba de forma contundente, lo que se pretendía era aleccionar a las mujeres de la gran importancia que tenía la lactancia materna, siendo éste uno de los factores que las definía en su esencia como madres8. Estos planteamientos, que presentan segmentos un tanto novedosos, arrancaban ya en los mediados del siglo XVIII, cuando el modelo higienista ya se relacionaba estrechamente con la preocupación por la elevada tasa de mortalidad infantil, culpando en muchas de las ocasiones a parteras y comadronas de esto, pues su mala praxis y proceder provocaba muchas pérdidas de niños. El despliegue de esta teoría, que seguirá desarrollándose durante el siglo XIX, ayudaba a redefinir el papel de la madre y su misión de configurar un nuevo modelo familiar que se adecuara a los intereses de la naciente sociedad moderna burguesa 9 . Un elemento importante fue esa nueva concepción que señalaba la maternidad como la esencia de la feminidad. Así, la 6

Carmen Martín Gaite, Usos amorosos del dieciocho en España, Barcelona, Anagrama, 1987, p. 250. María de la Macarena Iribarne González, “Discursos sobre la maternidad científica. Una perspectiva crítica”, Estudios feministas, 1 (2010), pp. 193-212. 8 Aspecto analizado en Claudia Rosas Lauro, “Educando al bello sexo: la mujer en el discurso ilustrado”, en Scarlett O´phelan Godoy (comp.), El Perú del siglo XVIII. La era borbónica, Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú-Instituto Riva-Agüero, 1999, pp. 349-413. 9 Claudia Rosas Lauro, “Madre sólo hay una. Ilustración, maternidad y medicina en el Perú del siglo XVIII”, Anuario de Estudios Americanos, 1 (2004), pp. 103-138. 7

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maternidad no era un deber, sino un ser: la mujer había nacido para ser madre10. Para ello, desde la segunda mitad del siglo XVIII y a lo largo del XIX, fueron desapareciendo los juicios negativos que las publicaciones hacían sobre las mujeres en favor de esa nueva idea de maternidad y domesticidad que se trataba de promocionar hacia la opinión pública. De esta forma, médicos e higienistas, junto a moralistas y escritores, se convirtieron en verdaderos adalides de una cruzada que pretendía dotar de nuevos significados a la vertiente maternal de las féminas. Dicho modelo continuó gestándose hasta los inicios del siglo XX, como bien ha demostrado Morata Marco mediante el análisis iconográfico comparativo que realizó sobre las diversas diferencias y oposiciones entre las propuestas higienistas en el tránsito del siglo XIX al XX11. No obstante, no se debe olvidar que pese a los discursos, posiblemente las maneras en que las mujeres vivían la maternidad debían ser más diversas y llenas de matices de lo que los modelos normativos destinados a formar las conductas pretendían transmitir12. A pesar de todo lo anterior, el matrimonio era un tema que tampoco quedaba olvidado, pues se consideraba que un buen enlace podía determinar el futuro bienestar de la mujer y de su familia. De ahí que se le otorgara tanta importancia y se convirtiera en un elemento de capital tratamiento en la sociedad española de la época13. En este sentido, se ha considerado también que el matrimonio para la mujer en el siglo XVIII podía suponer una liberación de diversas trabas sociales y una puerta abierta hacia una vida regulada14. En cierta medida, se consideraba que esta institución podía otorgar a la mujer nuevas consideraciones que la podía hacer escapar, aunque fuera de forma somera, de las restricciones marcadas por un mundo dirigido por el sexo masculino. Es por ello, que el matrimonio y la educación para el mismo adquirieron gran importancia en el discurso ilustrado -pero también en el religioso-, influyendo en las posteriores formas matrimoniales que se fueron generando en el siglo siguiente. De esta forma, se puede decir que la mujer y la maternidad fueron temas que interesaron activamente a los pensadores y escritores de finales del siglo XVIII. Estos asuntos no solo ocuparon espacio en tratados, sermones o discursos, sino que la prensa, con la pujanza que comenzaba a cobrar en esta época, también se hizo eco de las inquietudes que circundaban la vida cotidiana de estas féminas. Quizás aquí se encuentre una de las novedades más interesantes que presentan estas publicaciones pertenecientes a las postrimerías de la centuria. No es que antes no se hubieran tratado estas temáticas o se hubieran obviado, pero fue en este momento cuando comenzaron a aparecer de una forma más intensa en la prensa.

10

Idea bien expresada en Lucía Provencio Garrigós, “La Trampa discursiva del elogio a la maternidad cubana del siglo XIX”, Americanía, 1 (2011), pp. 42-73. 11 Eva María Morata Marco, “La imagen de la maternidad en la España de finales del siglo XIX y principios del XX”, Arenal: Revista de historia de mujeres, 2 (2003), pp. 163-190. 12 Mónica Bolufer Peruga, “Madres, maternidad: nuevas miradas desde la historiografía”, en Gloria Franco Rubio (ed.), Debates sobre la maternidad desde una perspectiva histórica, Barcelona, Icaria, 2010, pp. 75-76. 13 Francisco J. Crespo, “Reflejos del pensamiento católico sobre el matrimonio en la prensa hispana de la Ilustración”, Palobra, 14 (2014), pp. 138-157. 14 J. Méndez Vázquez, “La educación de la mujer para el matrimonio…”, p. 220.

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3. Mujer y maternidad en la prensa: la búsqueda del modelo ideal Desde muchos de estos periódicos, tanto los ilustrados como los cercanos al pensamiento religioso, lo que se pretendía era presentar a la madre como la valedora universal de la educación. La Iglesia católica consideraba que la mujer podía resultar un buen agente a la hora de transmitir las concepciones religiosas a las generaciones venideras, que en definitiva, debían convertirse en los nuevos fieles que nutrieran su causa. Por tanto, desde la prensa se volcaron muchos esfuerzos para categorizar cómo debía ser la buena madre y qué funciones debía efectuar. Una muestra de esto se encontraba en este periódico, que aludía a las características básicas que tenía que cumplir una mujer dentro del grupo familiar. Se decía que era la madre la que debía encargarse de los hijos, al menos hasta que estos cumplieran una edad en la que el padre pudiera empezar a interesarse por ellos. Pero, ¿por qué la madre tenía que atenderlos en estas edades tempranas? ¿Dónde radicaba la importancia que se le daba a este hecho? La respuesta era sencilla, se entendía que ésta era la persona ideal para inculcar los valores religiosos, políticos y civiles desde su más tierna infancia. Como se puede ver, todos estos discursos diseñaban para la mujer un rol que irremediablemente la relacionaba con lo doméstico. Enseñar el respeto a la religión y la responsabilidad que debían tener ante sus deberes, fueron máximas muy presentes en el ideario periodístico de la época: “Es innegable que las madres son las que tienen que lidiar con los hijos, hasta la edad lo menos de doce años (cuenta que no hablo de aquellos sujetos pudientes que a los seis los envían a un Colegio, o los ponen ayos)… Esto es constante; pues ahora bien, sacamos de esta verdad otra no menos interesante, y es que nadie puede inspirar a los niños su índole, genio, modales, religión, política, ni tal cual instrucción, mejor que sus mismas madres. Y que conducto más proporcionado, más sensible ni más conducente que el de una madre que al paso de manifestar a sus hijos el amor más tierno les inspira los principios de la religión, el temor de Dios, sus respectivos deberes, y cuanto quiere”15.

En la esencia y razón de ser de estos mensajes, solo la madre representaba la feminidad considerada como válida, pues cumplía de forma satisfactoria con su designado papel reproductor y formativo16. Al tiempo, este ideal fue asumido progresivamente por los pensadores ilustrados, que coincidieron en proclamar que la familia era la clave para la organización social, por lo que fortalecieron el pilar básico de la misma al maquillar el discurso que sobre la mujer ofrecían a la sociedad. En todo caso, estos discursos llevaban parejo un trasfondo que seguía insistiendo en la necesaria subordinación del sexo femenino al masculino, por lo que la enseñanza de esa dependencia que debían adquirir las féminas con respecto de los hombres planeó siempre como una constante que estaba implícita en este tipo de artículos. Este hecho tampoco era sorprendente o ajeno a la realidad familiar que caracterizó la idiosincrasia de la sociedad europea del momento, pues como ha venido señalando la historiografía más clásica, debía primar la reproducción de esas actitudes obedientes con respecto a los varones, aspecto que se presentaba capital para beneficiar la estabilidad de la familia patriarcal17.

15

Diario de Madrid, nº 77, 18 de marzo de 1797, Madrid. Joan W. Scott, “El eco de la fantasía: la historia y la construcción de la identidad”, Ayer, 62 (2006), pp. 111-138. 17 Michael Mitterauer y Reinhard Sieder, The European Family, Chicago, The University of Chicago Press, 1988, p. 104. 16

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La prensa ilustrada, por tanto, señalaba que en la vida familiar de la mujer, además de atender al esposo, debía centrarse en el cuidado de los hijos. De ahí el tema recurrente de la importancia de la lactancia materna. Fruto del interés por promocionar esa práctica, desde los diferentes periódicos se desarrolló toda una campaña para favorecer dicha actividad, señalando siempre de forma muy contundente la necesidad de que fueran las madres, y solo éstas, las encargadas de llevarla a cabo. Además, para dar fuerza a esta propuesta, en el discurso ilustrado europeo, la mujer solo podía ser considerada como una verdadera madre si amamantaba a su bebé y lo criaba, por lo que se dio lugar a todo un alegato en contra de la costumbre de emplear amas de leche para tal efecto. Así se expresaba el diario El Censor, que criticaba a las amas de cría y elogiaba a aquellas mujeres que daban el pecho a sus hijos: “Que no es buena madre la que pudiendo criar fía al cuidado de una ama, cuyos humores no conoce, el dar el pecho a su hijo; que la experiencia acredita que la mayor parte de los niños que se crían por amas se desgracian, y otros disparates semejantes” 18.

Se trataba de advertir de ese componente negativo que ostentaban estas mujeres, pues al no ser de fiar, no se podía saber cómo de perjudiciales resultarían sus cuidados para los bebés. Se llegaba incluso a señalar que éstas practicaban una “lactancia mercenaria”19, que era muy diferente al verdadero significado que debía tener para las mujeres. En todo caso, ante la imposibilidad de prohibir sus prácticas, lo importante era que al menos reunieran unas buenas características físicas y morales, pues se podría así minimizar en la medida de lo posible las malas influencias que causaban en los infantes. No solo se exponía el hecho de que no era bueno que amamantaran a los hijos de otras, sino que además, se decía que no los trataban como era debido, pues no ponían la suficiente atención para que estos se desarrollaran de forma adecuada. Al no tratarse de sus propios hijos, al ser seres ajenos a su sangre, no los cuidarían de igual forma que las propias madres. Así lo expresaba el siguiente periódico, que denunciaba la forma en que éstas cogían y envolvían a los bebés, siendo una de las principales causas de sus llantos. Solo la madre podía atender de forma correcta a sus hijos, solo ella podía darle las asistencias necesarias para asegurar su bienestar. La madre se hacía indigna de su noble papel cuando se dejaba destronar por nodrizas, niñeras o criadas20. “El embarazo, y engorro que hayan las amas en hacer, y deshacer las fajas, y envolturas, es la causa motriz de su negligencia. Los niños, sin embargo de su tolerancia, sufren dolores, que a pesar de la notable diferencia que hay de nuestra constitución a la suya, serían para nosotros poco soportables. Muchas veces sus gritos, y lágrimas amargas anuncian lo que padecen; y si por desgracia están entre los brazos de una ama dura de corazón (como hay muchas) los esfuerzos violentos que hacen, les causan roturas, y relajaciones de las partes más peligrosas”21.

18

El Censor, nº 95, 2 de marzo de 1786, Madrid. Beatriz Espinilla Sanz, “La elección de las nodrizas en las clases altas, del siglo XVII al siglo XIX”, Matronas profesión, 3-4 (2013), pp. 68-73. 20 Tema que siguió presente durante el siglo XIX: Jean-René Aymes, “La familia en el Semanario pintoresco español (1836-1857) y en otros textos costumbristas contemporáneos”, en Roberto Fernández y Jacques Soubeyroux (eds.), Historia social y literatura. Familia y clases populares en España (siglos XVIII-XIX), Saint –Étienne, Milenio, 2001, pp. 193-208. 21 Diario noticioso, curioso, erudito, y comercial público y económico, nº 91, 25 de abril de 1759, Madrid. 19

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No solo se denunciaban los peligros que amenazaban a estos infantes, sino que se advertía sobre las perniciosas consecuencias que podía tener para las mujeres no dar el pecho a sus hijos, pues podía llegar incluso a causarles la muerte. Destacaba la descripción que ofrecía este periódico sobre las diversas enfermedades que podía acarrear no practicar esta tarea. Se suponía, para estos escritores de la época, que la retención en el cuerpo de la leche que estaba destinada para amamantar era un grave peligro para la integridad física de la mujer. Ya no solo se trataba de una cuestión que afectase a los hijos, sino que las propias madres podían ver peligrar sus vidas si no se percataban de la importancia que tenía para su salud la lactancia materna. Al margen de los buenos resultados morales que esto ocasionaba, si llevaban a cabo esta labor, podrían sentirse como verdaderas mujeres que se dejaban guiar por los principios naturales que daban sentido a su vida. Todo ello, quedaba unido a la tranquilidad que les otorgaba el saber que así no lastimaban gravemente su cuerpo ni el de sus seres más queridos. “Los depósitos lactosos, las calenturas miliares y pútridas, las flores blancas abundantes, los escirros, las úlceras, los cánceres en la matriz, son otras tantas consecuencias de esta peligrosa práctica ¡O si las mujeres mirando mejor por sus intereses, criasen a sus hijos! A la dulce satisfacción de ser verdaderamente madres unirían la ventaja no menos preciosa de evitar los peligros que la rodean, y que parecen ser un justo castigo de la violencia que hacen a la naturaleza”22.

Resulta curioso como desde la misma prensa se promocionaban aquellas obras literarias que resaltaban la importancia de estas cuestiones, como ocurría con la reseña que se ofrecía de la obra titulada Perjuicios que acarrean al género humano y al Estado las madres que rehusan criar a sus hijos, y medios para contener el abuso de ponerlos en ama, escrita por el Dr. Jaime Bonells 23 . La inclusión de estos resúmenes puede entenderse como un símbolo más de la enconada campaña que desde el periódico se orquestó para defender estas posiciones y dotarlas de contenido teórico. Para completar todas estas propuestas que fueron dirimiendo progresivamente los aspectos que debían formar parte en la conceptualización de la figura de la maternidad -pero que sobre todo lo que pretendían era dotar de nuevos cometidos y significados a la relación de la madre para con la familia (especialmente con sus hijos)-, todas estas argumentaciones también especificaron el conjunto de cuidados y atenciones que las mujeres debían respetar fielmente durante el periodo de gestación. Para asegurar su propia salud, pero también la de sus futuros hijos, resultaba muy importante tener en cuenta todas estas premisas. Con una mezcla temática diversa en los consejos que se aducían, que pivotaban indistintamente en muchos casos desde lo ético a lo sanitario, se introdujeron diferentes ideas que supuestamente debían hacer más saludable la etapa del embarazo. Si la mujer no cumplía bien estas indicaciones -que en todo caso se vinculaban más con los valores religiosos de la castidad, el recato y la pureza-, estaría poniendo en peligro al ser neonato que llevaba en su interior. Por tanto, solo el giro hacia esos nuevos valores que debían presentar como madres podía otorgarles los argumentos necesarios para ejercer de la mejor forma posible la tarea que se les había encomendado:

22 23

Correo de Madrid o de los Ciegos, nº 363, 22 de mayo de 1790, Madrid. Diario curioso, erudito, económico y comercial, nº 132, 9 de noviembre de 1786, Madrid.

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Francisco Javier CRESPO SÁNCHEZ “Vosotras mujeres del mundo, que abrasado vuestro corazón en la insaciable sed de las diversiones licenciosas, os hacéis insensibles a los más deliciosos, y tiernos sentimientos, reconoced, alguna vez, el honor, y obligación que os habéis constituido como madres, si no queréis violar todos los derechos de la naturaleza; respetad la existencia del tierno fruto que encerráis en vuestro seno, y no os abandonéis entre la impiedad, y el escándalo, a ser sus más atroces verdugos”24.

En todo caso, al redefinir la relación madre-hijo, al dotarla de nuevas variables y dimensiones, el discurso sobre la lactancia materna y las implicaciones que éste tenía para la madre, ayudó, sin lugar a dudas, en la construcción progresiva de ese nuevo tipo de familia: una unidad en la que los afectos comenzaban a tener mayor peso y presencia. Un grupo en el que la madre adquiría, al menos de forma teórica, mayor visibilidad y presencia con respecto a los paradigmas que habían imperado durante el Antiguo Régimen. De ahí que muchos de estos artículos se crearan con la intención de elogiar la maternidad en todas sus formas y sentidos. Se trataba de que la mujer entendiera que nunca podía dejar de ser madre, pues era una parte más de su naturaleza que debía asumir con todas sus consecuencias. Desde ese rol, dentro de esa dimensión, sería grande y estaría ayudando a la buena marcha de la familia. Por eso la insistencia en la mayor atención a los hijos, en la necesaria presencia en el hogar o en la delimitación de sus funciones al espacio de lo doméstico. Toda esta argumentación estaba promocionando de forma constante el papel de la mujer como educadora y cuidadora de sus hijos. Dentro de esa nueva variante que desde la prensa se dejaba ver, la madre era la encargada de organizar la vida cotidiana de estos. Atenciones físicas y morales formaban una dicotomía que daba sentido a la labor de ésta para con su prole25. Ya no solo era cuestión de que estas actividades fueran llevadas a cabo por ella y no por otras mujeres ajenas al hogar, sino que se pretendía hacer entender a estas féminas que debían realizar estas ocupaciones de la mejor forma posible, sabiendo que formaban parte natural de la idiosincrasia que definía su naturaleza. La madre debía sentirse feliz y dichosa de poder atender a sus vástagos, esa era la razón por la que Dios había instituido la maternidad y la había dotado de tan sagrados elementos, como se puede comprobar, por ejemplo, en la prensa cercana al pensamiento religioso. De otra parte, para los ilustrados la mujer fue un ser diferente a lo que el discurso misógino más tradicional había manifestado, generando así un modelo que se basaba más en la complementariedad entre los sexos y en la importancia de la maternidad26. Los reformadores posteriores, así como durante el siglo XIX, siguieron haciendo hincapié en el propósito de ensalzar a las mujeres por las cualidades que la naturaleza les había otorgado. Todo ello, no solo acrecentó la visión jerarquizada que se tenía de la división entre los sexos, sino que siguió reservando para la mujer un papel muy específico que la limitaba a las funciones maternales por encima del resto27. Por 24

Correo de Murcia, nº 162, 18 de marzo de 1794, Murcia. Labor moral que debía comenzar con el bautismo: Guido Alfani, Philippe Castagnetti y Vincent Gourdon (dirs.), Baptiser. Pratique sacramentelle, pratique sociale (XVI-XIX siècles), Saint-Étienne, Publications de l’Université de Saint-Étienne, 2009. 26 Tema tratado en Alicia Puleo, La Ilustración olvidada. La polémica de los sexos en el siglo XVIII, Madrid, Anthropos, 1993. 27 Irene Castells, Irene Espigado Tocino y María Cruz Romeo Mateo, “Heroínas para la patria, madres para la nación: mujeres en pie de guerra”, en Irene Castells, Irene Espigado Tocino y María Cruz Romeo Mateo (coords.), Heroínas y patriotas. Mujeres de 1808, Madrid, Cátedra, 2009, pp. 30-31. 25

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tanto, la mujer debía ser doméstica, sensible y maternal, virtudes que la definían de forma ideal y que la ayudaban a construir un espacio íntimo ordenado, a colmar las necesidades afectivas del nuevo hombre sensible y a volcarse en el cuidado de los hijos28. La madre debía ser la organizadora del hogar y el punto de apoyo que debía sostener a la familia, pues solo en el ambiente doméstico podía encontrar verdadero sentido a su vida y acceder a la verdadera felicidad para la que estaba destinada. “Cuando Dios creó a la mujer la creó para que hiciese compañía al hombre; lo cual no hemos de entender de modo que solo le sirviese de estar siempre a su lado, sino para que le ayudase y le acompañase en el trabajo, que debía repartirse a proporción. Así vemos que entre todas las gentes a las mujeres se ha dejado el gobierno económico o interior de la casa, por lo cual siempre han cuidado de la dirección de la familia, aunque con dependencia de sus maridos. También es indispensable cargo suyo dar buen ejemplo: cosa que todas saben y pocas observan”29.

Otra de las dimensiones que se exploró a la luz de todos estos discursos, más allá de los cuidados a los hijos, de su educación o de los roles que la madre debía promocionar como nuevo baluarte del modelo de familia conyugal que se iba superponiendo, fue el giro hacia la afectividad y el sentimentalismo. La madre tenía que entender a sus hijos, comprenderlos y ayudarlos en todo momento para que estos lograsen ser felices. Desde el debido respeto que estos le debían, y teniendo en cuenta la obediencia que tenían que profesar a sus progenitoras, se quiso fomentar la imagen de la mujer que no pegaba o sancionaba cruelmente a sus hijos, sino que más bien los trataba con cariño y sensibilidad. Ante los castigos físicos y verbales que habían imperado en las relaciones paternofiliales anteriores, se pretendía fomentar la idea de que se podía conseguir mucho más a través de las buenas palabras y los ejemplos edificantes. Se trataba, pues, de que la madre adquiriera todo un conjunto de valores que la debían convertir en un ser que sabía tratar con delicadeza a las personas que la rodeaban. En estos artículos, poco a poco iba apareciendo esa nueva madre que se quería implantar, una mujer que trataba a sus hijos con delicadeza y paciencia, sabiendo buscar en sus encantos personales las claves necesarias para educarlos y conseguir de ellos un comportamiento adecuado. La madre cariñosa y amante de su prole, que les daba apoyo y los criaba desde el amor, era la figura que aparecía en estos discursos, era el modelo a seguir por las demás: “¿Cuál es la cosa más apreciable y digna de atención en una familia? Precisamente siguiendo las leyes divina y humana, es necesario confesar que son los hijos, porque estos valen más que todos los mayorazgos, honores, rentas, haberes, y que cuanto el hombre posee, pues yo no creo que haya padre racional que no lo perdiese todo por salvar a su hijo; pues si es así, cómo sería posible, si se parase la consideración, que ni las madres lo hiciesen, ni los padres lo consintiesen, desechar de sí con tanta facilidad a la cosa más apreciable de su casa”30.

Desde un punto de vista más religioso, también se potenció esa visión de la maternidad, pero siempre vinculándola con la misión que desde esta ideología se esperaba conseguir del sexo femenino. Se decía que, después del amor de Dios, no podría encontrarse nada más puro y más sincero que el amor de una madre. Se entendía que las lecciones y enseñanzas de la madre, si estaban bien aprendidas, acompañarían al hombre durante 28

Isabel Morant Deusa y Mónica Bolufer Peruga, Amor, matrimonio y familia. La construcción histórica de la familia moderna, Madrid, Síntesis, 1998, p. 276. 29 Correo de Madrid o de los Ciegos, nº 359, 8 de mayo de 1790, Madrid. 30 Diario de Madrid, nº 126, 6 de mayo de 1797, Madrid.

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toda su vida, ayudándole y dándole las fuerzas necesarias para hacer frente a los problemas que fuera encontrándose durante su existencia. De hecho, una madre cristiana, amorosa y afectuosa, no dudaría nunca en sacrificarse por sus hijos, pues ésta era la misión para la que estaban destinadas. 4. A modo de conclusión A lo largo de este tiempo que recorrió las postrimerías del siglo XVIII, se fue construyendo un nuevo paradigma de feminidad que indudablemente alteró las formas y los roles que la mujer ocupaba dentro de la familia y redefinió la manera de entender la maternidad. Las propuestas ilustradas, los principios del dogma católico o las corrientes higienistas, supieron darse cuenta de la importancia que tenía el contar con la mujer a la hora de llevar a cabo sus planes de reforma, ya fueran sociales, moralizadores o religiosos. Sin lugar a dudas, el diseño de la “nueva madre” fue un tema muy presente en la prensa que apareció en todo este periodo, por lo que se procedió paulatinamente a la caracterización de las categorías que debían darle forma y contenido, al menos en su propuesta teórica. En definitiva, se pensaba en una mujer que se dedicaba al cuidado físico y a la atención moral de los hijos, que ayudaba a educarlos y que los trataba con amor y afecto. Una madre, que en ese nuevo papel, complementaba la figura del padre y se ensamblaba perfectamente para formar la pareja que debía ser el tronco desde el que se proyectara ese modelo de familia que fue poco a poco asentándose y que terminaría por consolidarse en el discurrir del siglo XIX. La familia conyugal, o su primer embrión, encontraba así las bases que debían asegurar su reproducción y perpetuación en la sociedad, pero también, porque no, su aceptación y asunción por parte de la opinión pública.

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Matrimonio y mercado matrimonial: reflexiones sobre la endogamia Marriage and marriage market: reflections on inbreeding Ana Mª PRIETO GARCÍA Universidad de Extremadura

Resumen: El presente trabajo aborda el estudio de la endogamia y exogamia matrimonial de una localidad rural cacereña a lo largo del período de tiempo comprendido entre 1750-1850, con el fin de describir, analizar y establecer hasta qué punto podemos considerar como exogámicos aquellos matrimonios que se producen entre personas de municipios próximos. Palabras clave: Comunidades extensas, endogamia, exogamia, Sierra de Gata, Extremadura. Abstract: This paper is about the study of matrimonial inbreeding and outbreeding of a rural village of Caceres throughout the period between 1750-1850, in order to describe, analyze and determine to what extent we can consider those exogamous marriages occur between people of nearby municipalities. Keywords: Large Communities, inbreeding, outbreeding, Sierra de Gata, Extremadura.

1. Introducción La nupcialidad se caracterizaba por una fuerte tendencia a la práctica endogámica de todos los sectores de la población. La decisión de contraer matrimonio y la elección del cónyuge estaba determinada por una serie de factores, tales como el contexto social, el patrimonio a heredar, la amplitud del mercado matrimonial, el estatus social, etc. Si bien es cierto que la mayoría de los estudios realizados hasta ahora han prestado una gran atención tanto a la endogamia familiar como social 1 , donde éstas constituían una 

Trabajo realizado gracias a la concesión de la Beca de la Fundación Fernando Valhondo Calaff de Cáceres. Asimismo, este trabajo se inserta dentro del Proyecto de Investigación «Familia y comunidad rural: Mecanismos de protección comunitaria en el interior Peninsular (ss.XVIII-1900)», referencia HAR2013-48901-C6-5-R, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación y cuyo Investigador Principal es José Pablo Blanco Carrasco. 1 José Manuel Pérez García, “Elites campesinas y estrategias de reproducción social en las Rías Bajas gallegas (1650-1850)”, Revista de Demografía Histórica, XXII, I, 2004, segunda época, pp.15-41; Estrella Garrido Arce, “Familia, parentesco y alianza en la Huerta de Valencia, siglo XVIII: La estrategia familiar de la consanguinidad”, Estudis: Revista de historia moderna, nº 18, 1992, pp. 217-240; Camilo Fernández Cortizo, “Espacios matrimoniales y reproducción social en la Galicia occidental en el siglo XVIII”, Revista de Demografía Histórica, XXII, I, 2004, segunda época, pp.77-119; José Pablo Blanco Carrasco, “Consanguinidad, exogamia y estrategias colectivas en la sociedad moderna. Reflexiones en torno a un ejemplo rural (1700-1820)”, Revista de Demografía Histórica, XXX, II, 2012, segunda época, pp.25-54; Francisco Chacón Jiménez y Juan Hernández Franco (eds.), Poder, familia y consanguinidad en la España del Antiguo Régimen, Barcelona, Anthropos: Editorial del Hombre, 1992; Mercedes Santillana Pérez y María de los Ángeles Hernández Bermejo, “Parentesco y consanguinidad en la Extremadura rural a finales del Antiguo Régimen”, Actas de la X Reunión de la ADEH, Albacete, 2013; María José Pérez Álvarez, “Familia y estrategias familiares en el marco de unas estructuras socioeconómicas tradicionales: el modelo de la montaña noroccidental leonesa en la edad moderna”,

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Ana Mª PRIETO GARCÍA

estrategia que las familias ponían en marcha para conseguir los objetivos deseados, ya fuese para perpetuar y reproducir su estatus, o para preservar sus bienes y adaptarse a las circunstancias y cambios del entorno, nosotros vamos a centrarnos exclusivamente en la endogamia geográfica, con el objetivo de determinar qué podemos considerar como endogamia y qué como exogamia. El interés de esta investigación procede de las numerosas menciones que distintos autores han hecho respecto a la exogamia matrimonial, constituida principalmente por personas procedentes de las localidades más próximas a la de la parroquia en la que contraen matrimonio 2. En este sentido, José Pablo Blanco Carrasco ya hacía mención a las comunidades extensas refiriéndose a los pueblos geográficamente vecinos que aportaban la mayor parte de los efectivos necesarios para colmatar las deficiencias del mercado matrimonial3. Hemos elegido como objeto de estudio el municipio de Hoyos, sujeto a la jurisdicción de la ciudad de Coria y señorío del Duque de Alba en época Moderna. Se encuentra situado en el extremo noroeste de la provincia de Cáceres, en la Sierra de Gata, a 400 metros de altitud. En este pueblo, ubicado en la falda del Monte Moncalvo (1.055 m), residían, a finales del siglo XVIII, 1.127 habitantes4. La reducida extensión de la superficie cultivada como consecuencia de su ubicación geográfica, determinaron su dedicación económica basada en la agricultura intensiva y la ganadería, actividades en las que la producción de aceite, miel y vino, la explotación de frutas en sus pequeños huertos y la cría de ganado cabrío, cerril, lanar y vacuno constituían sus tareas principales 5 . La escasez de cereales 6 obligó a establecer relaciones comerciales con Castilla, su primordial proveedora de trigo, además la variedad de sus productos permitió abastecer y comerciar con ésta, el resto de pueblos extremeños y Portugal 7. Revista de Demografía Histórica, XXII, I, 2004, segunda época, pp.121-147; Cosme Jesús Gómez Carrasco, “Matrimonio, alianza y reproducción social en la burguesía comercial y en la élite local (Albacete, 1750-1830)”, Cuadernos de Historia Moderna, nº 35, 2010, pp.69-95; Rafael M. Girón Pascual, “Exogamia, endogamia e ilegitimidad: estrategias familiares de los mercaderes genoveses de Granada durante la Edad Moderna (ss. XVI-XVIII)”, Historia y genealogía, nº3 (2013), pp.83-98; María del Mar Simón García, “La viudedad en la sociedad rural manchega. Matrimonio y estrategias de reproducción social a finales del Antiguo Régimen”, Revista de Historia Social y de las Mentalidades, Nº XI, Vol. 2, 2007, pp. 71-103; Francisco García González, Las estrategias de la diferencia: familia y reproducción social en la Sierra: (Alcaraz, s. XVIII), Madrid, Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Secretaría General técnica, Centro de Publicaciones, 2000; Alfonso Gil Soto, Deudos, parciales y consortes. Estrategias políticas y sociales de la oligarquía rural extremeña (siglos XVII y XVIII), Cáceres, Servicio de Publicaciones de la UEX, 2003. 2 María Ángeles Hernández y Mercedes Santillana señalan que en Torre de Don Miguel y Valverde del Fresno, pueblos de la Sierra de Gata, los contrayentes procedían de lugares que se localizaban en un ámbito próximo a dichas villas (M. Santillana Pérez y Mª A. Hernández Bermejo, “Parentesco y consanguinidad…”, p.7; algo similar sucede en Meliana una localidad de la Huerta de Valencia (E. Garrido Arce, “Familia, parentesco y …” p.228; en Tierra de Montes (C. Fernández Cortizo, “Espacios matrimoniales y…”, p.91); en la Comarca de Alcaraz (Francisco García González, La Sierra de Alcaraz en el siglo XVIII: población, familia y estructura agraria, Albacete, Instituto de Estudios Albacetenses “Don Juan Manuel”, 1998, p.151. 3 J. P. Blanco Carrasco, “Consanguinidad, exogamia y…, p.46. 4 Censo de 1787 “Floridablanca”, 16, Cáceres, Madrid: Instituto Nacional de Estadística, 1987. 5 Gonzalo Barrientos Alfageme y Miguel Rodríguez Cancho (eds.), Interrogatorio de la Real Audiencia: Extremadura a finales de los tiempos modernos. Partido de Coria, Mérida, 1994, pp.274 y 283. 6 En la Crónica General de España se indica que “la producción de cereales era escasa, el trigo no se daba bien y el centeno granaba poco” (Crónica General de España, o sea Historia ilustrada y descriptiva de sus provincias, sus poblaciones más importantes de la península y ultramar, Cáceres, 1870, Vol.9, p.40). 7 Pascual Madoz, Diccionario geográfico, estadístico e histórico de España y sus posesiones de ultramar, Valladolid, 1847, Tomo IX, p.248.

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MATRIMONIO Y MERCADO MATRIMONIAL …

Estas actividades comerciales y las infraestructuras de caminos y vías de comunicación fueron los principales condicionantes de la movilidad, limitando las relaciones sociales y el mercado matrimonial con las personas más próximas del entorno geográfico. Mapa 1. Sierra de Gata

Fuente: Elaboración propia

2. Fuentes y metodología Para poder realizar este trabajo, basado esencialmente en el estudio de la endogamia y la exogamia del mercado matrimonial, hemos utilizado los libros parroquiales, principalmente los registros matrimoniales comprendidos entre 1750-1850 de Hoyos. Gracias a la información que recogen las partidas matrimoniales sobre el lugar de origen y la vecindad de los cónyuges hemos podido analizar las prácticas endogámicas y exogámicas. Para ello, se ha tenido en cuenta el total de bodas que se celebraron en dicha villa, siendo 1.067 enlaces los que se produjeron durante los años señalados. Cabe indicar que este estudio consta de dos partes diferenciadas no sólo respecto a los resultados que nos puedan mostrar los datos empleados sino también las técnicas y metodología utilizada. En la primera parte mostramos un análisis de la endogamia y exogamia atendiendo exclusivamente al origen del cónyuge, mientras que en la segunda, en lugar de tener en cuenta el origen, consideramos la vecindad. Así pues, mientras que la primera es meramente cuantitativa y solo empleamos los registros matrimoniales, en la segunda es necesario contar con los registros bautismales, matrimoniales y finados para poder salvaguardar la incompleta, confusa o inexistentes anotaciones sacramentales referidas a la vecindad. En este sentido, nos sirve de ejemplo el caso de Mateo Prieto natural de San Martín de Trevejo, una localidad próxima a Hoyos, y viudo de Rosalía Gómez, que decide casarse de nuevo en 1822 con una soyana llamada Ildefonsa Vidal. En la partida matrimonial, el párroco soyano no indica cuál es

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la vecindad de Mateo Prieto, sino solo su origen. No obstante, si rastreamos en las partidas de bautismo de sus hijos con su primera mujer podemos comprobar cómo ambos decidieron establecerse en Hoyos para vivir. Sin embargo, para garantizar que residieron allí y así evitar posibles errores a la hora de realizar los cómputos, buscamos la partida de defunción de su primera esposa donde nos señala que el 26 de agosto de 1820 murió y se la enterró en Hoyos. 3. Endogamia y exogamia matrimonial Los matrimonios, en condiciones normales, solían establecerse entre miembros de grupos con el mismo contexto social y cultural, conectando patrimonios y consolidando de esta forma estrategias familiares más o menos conscientes. El marco legal amparaba la vigilancia de los progenitores en este paso decisivo para la familia y justificaba la intervención del padre u otros familiares8 a la hora de elegir con quién debían casarse sus hijos 9 . Con frecuencia, además, dicha decisión estaba determinada por una tendencia a la práctica endogámica, ya sea socio-profesional, familiar o geográfica. En este sentido, lo que sabemos hasta ahora es que la mayoría de los enlaces que se celebraban, se caracterizaron por presentar una fuerte tendencia a la endogamia geográfica. Esta circunstancia obedecía a una serie de factores sociológicos, económicos y culturales. Así pues, por ejemplo, la dificultad de acceso o ausencia de caminos provocaba el aislamiento en mayor o menor medida de muchas poblaciones, el cierre en torno a costumbres y tradiciones en las que la aspiración ideal era desposarse con un contrayente del mismo pueblo con el que, al fin y al cabo, compartía el mismo espacio vital. A pesar de ello, el mercado matrimonial se vio enriquecido por la llegada de inmigrantes, sobre todo, procedentes de poblaciones cercanas, con las que comparten espacios comunes. Los diversos estudios sobre Extremadura en época Moderna demuestran que se caracteriza por presentar a escala local una gran diversidad de niveles de endogamia matrimonial. Dentro de esta variedad se encuentra el pueblo de Hoyos, en el que el total de matrimonios que se celebraron, como indicamos más arriba, fueron 1.067 de los cuales 38 corresponden a personas que se casaron en Hoyos pero son naturales y vecinos de otros lugares. De esas uniones, 759 se producen entre mujeres y hombres soyanos, obteniendo una tasa de endogamia relativa de 71,13 % y 270 matrimonios entre una persona de dicho pueblo y un foráneo, de esta forma se ha calculado una tasa de exogamia de 28,87 %10. 8

Véase: Novísima recopilación de las leyes de España, Tomo V, Libro X, Título II, Ley IX: «Consentimiento paterno para la contracción de esponsales y matrimonios por los hijos de familia», Madrid, 1805; Ley XVIII «Nuevas reglas para la celebración de matrimonios; y formalidades de los esponsales para su validación », Aranjuez, 1803, p.18; Antonio Irigoyen López, “Estado, Iglesia y familia: la complejidad de los cambios legislativos y socioculturales” en Francisco Chacón y Koan Bestard (dirs.), Familias: Historia de la sociedad española (del final de la Edad Media a nuestros días), Madrid, Cátedra, 2011, pp.515-600. 9 Eran demasiados los intereses que se ponían en juego por lo que no se podía dejar en manos de jóvenes inmaduros que se guiaban por los sentimientos y no por la razón (Mª. A. Hernández Bermejo, La familia extremeña en los Tiempos Modernos, Badajoz, Diputación Provincial de Badajoz, 1990, p.116). 10 Valores similares se han obtenido en pueblos cacereños en el siglo XVII, como es el caso de Torre de Don Miguel, Aliseda, Portaje y Arroyomolinos de Montánchez donde el valor de la endogamia está comprendido entre 76,8% y 70,1%, mientras que el de la exogamia se encuentra entre 29,8% y 23,10% (Isabel Testón Núñez, Amor, sexo y matrimonio en Extremadura, Badajoz, Universitas Editorial, D.L., 1985, p.108). No obstante, en otras poblaciones de Extremadura se han computado tanto valores

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MATRIMONIO Y MERCADO MATRIMONIAL …

Como podemos comprobar en el siguiente cuadro, los consortes que llegan a la villa suponen un total de 345 siendo varones el 73,33% y mujeres el 26,67%. Por otro lado, el mayor aportador de inmigrantes es la propia región que constituye el 78,55%, por orden de importancia, le sigue Castilla y León con un 11,3% y Portugal con el 7,54%. El resto de las regiones y países aportan valores insignificantes, sobre todo si se tiene en cuenta el número absoluto, no llegando a superar el 0,6% o dos individuos. Tabla 1. Procedencia geográfica de los cónyuges 1750-1850 (origen)

LUGARES Castilla y León Castilla La Mancha Extremadura Galicia Italia Madrid Portugal Valencia Vascongadas Total

VARONES 33 189 1 2 2 24 1 1 253

MUJERES 6 1 82 1 2 92

TOTALES 39 1 271 2 2 2 26 1 1 345

% 11,3 0,29 78,55 0,58 0,58 0,58 7,54 0,29 0,29 100

Fuente: Archivo Diocesano Coria-Cáceres (ADCC en adelante), Libros de casados y velados Hoyos. Elaboración propia.

Somos conscientes de que dependiendo del matiz que tengamos en cuenta a la hora de analizar el comportamiento de la nupcialidad, éste podría variar. No obstante, veamos hasta qué punto puede inferir en los resultados si en lugar de partir del origen lo hacemos de la vecindad. Como podemos comprobar en el siguiente cuadro, a diferencia de lo que ocurría si teníamos en cuenta la naturaleza, se produce una reducción del número de inmigrantes de 345 a 278 y, por lo tanto, de matrimonios exogámicos. Así pues, los 308 enlaces exogámicos se reducen a 264, es decir, un 14,29%, lo que implica, obviamente, un aumento de la endogamia, pasando de 71,13% a 75,26%. Apreciamos que aunque se produce una disminución del aporte de mujeres al mercado matrimonial de Hoyos, la vecindad, sin embargo, no varía en grandes proporciones la distribución por región o país. En este sentido, sigue siendo Extremadura el origen de la mayoría de los consortes, 83,09%, seguido de Castilla y León (9,35%) y Portugal (5,76%). En cualquier caso existe una mayor tendencia a la exogamia por parte del sexo masculino sobre el femenino, circunstancia que viene explicada por la mayor libertad de movimiento con la que goza el hombre así como por la necesidad de desplazarse por superiores como inferiores, Miguel Rodríguez Cancho obtuvo una tasa de endogamia de la villa de Cáceres en el siglo XVIII de 81,94% muy superior a la que hemos obtenido nosotros casi para el mismo período (Miguel Rodríguez Cancho, La villa de Cáceres en el siglo XVIII. Demografía y sociedad, Cáceres, Universidad de Extremadura, Servicio de Publicaciones, 1981, p.207). En el siglo XVII se da una tasas del 87,5 % en Almendralejo (Francisco Zarandieta Arenas, Almendralejo en los siglos XVI y XVII, Badajoz, 1994, p.243), el 89,4 % en Badajoz y el 9,25% en Trujillo (J. P. Blanco Carrasco y Mercedes Santillana Pérez, “Mercado matrimonial, migraciones y movilidad social en Extremadura, ss. XVI-XVIII”, Actas del Congreso de la ADEH, Granada, 2003, en prensa, pp.7-8); en el siglo XVIII Brozas, Arroyo, Malpartida, Navas del Madroño y el Casar de Cáceres registran una tasa entre el 82,2% y el 95,38%, mientras que en la primera mitad del siglo XIX los valores aumentan hasta situarse entre el 90,5% y 96,09% (Felicísimo García Barriga, Familia y sociedad en la Extremadura rural de los Tiempos Modernos (siglos XVI-XIX, p.209).

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motivos laborales, al mismo tiempo, otra de las causas que determina este comportamiento es la existencia de la costumbre, aún mantenida, de casarse en el lugar del cual procede la novia. Tabla 2. Procedencia de los cónyuges 1750-1850 (vecindad)

LUGARES Castilla y León Castilla La Mancha Extremadura Galicia Madrid Portugal Valencia Vascongadas Total

VARONES 24 175 1 1 15 1 1 218

MUJERES 2 1 56 1 60

TOTALES 26 1 230 1 1 16 1 1 278

% 9,35 0,36 83,09 0,36 0,36 5,76 0,36 0,36 100

Fuente: ADCC, Libros de casados y velados Hoyos. Elaboración propia.

Ahora bien, ¿por qué creemos que es más adecuado medir la endogamia y exogamia por la vecindad? Principalmente, como dijo Isabel Testón, porque les es más fácil enamorarse y casarse con aquellas personas con las que comporten un modo de vida y cultura11. Obviamente, aquellas personas oriundas de otro lugar pero vecinas de Hoyos, forman parte de la comunidad, están integradas en ella y, por lo tanto, ya no las ven como seres ajenos y distantes, sino como un miembro más. La prueba la tenemos en que todos ellos viven en Hoyos, o bien porque sus padres por diversos motivos deciden instalarse allí o bien porque al enviudar de un matrimonio exogámico con residencia en Hoyos, deciden casarse de nuevo con un soyano, por ejemplo el caso de José Luis Tellez de Villamiel, herrador, viudo de Isabel Pérez Barrosa de Zarza de Alcántara y vecino de Hoyos que decide casarse con la soyana María Perales Rodríguez. Otro hecho, no menos importante y constatado, es que los matrimonios exogámicos suelen están conformados por personas procedentes de las poblaciones más cercanas. Así pues, si nos atenemos a la vecindad, comprobamos como los enlaces que se producían con consortes de lugares distantes se reducen y entran a formar parte de lo que se consideraría “poblaciones próximas” con las que los soyanos tienen contacto, ya sean comerciales, laborales o sociales, circunstancia que pone en evidencia que es necesario que exista algún tipo de lazo entre ambos lugares para que se pueda producir el matrimonio, siendo casi improbable que éste tuviera lugar, a no ser que se dieran por situaciones puntuales, como veremos un poco más adelante. Por otro lado, los datos referentes a la “exogamia” según la vecindad nos van a permitir explicar el título Comunidades extensas de esta comunicación. De los 264 matrimonios exogámicos que suponen una exogamia del 24,74%, el 4,54% representa los enlaces que hemos denominado como “exogámicos puros” porque están constituidos por los consortes cuya vecindad es distinta a la parroquia en la que se casan. El 84,84% por aquéllos en los que solo uno de los cónyuges tiene una vecindad distinta y el 10,6%, al igual que en el anterior, solo uno es ajeno a dicha localidad pero, o bien el soyano o bien el foráneo, su padre o madre son oriundos del municipio residencia de alguno de los dos. Además cabe indicar que un 4,54% son consanguíneos. 11

I. Testón Núñez, Amor, sexo y…, p.109.

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MATRIMONIO Y MERCADO MATRIMONIAL …

En este sentido podemos decir que, en cierta medida, vemos como el parentesco ejerce un claro papel sobre la migración y el mercado matrimonial. Gracias a estas redes de parentesco las comunidades se extienden más allá del lugar de origen al que habían estado confinadas. A través de ellas, se establecen los flujos de comunicación e intercambio de bienes y vínculos sociales. De tal forma que las relaciones comunitarias que unen a los emigrantes con quienes viven en el pueblo de origen se reproducen y ratifican a través del intercambio matrimonial, con lo cual, el vínculo parental se reconstituye y, con ello, la vida comunitaria más allá de los límites físicos de la localidad de origen. 4. Comunidades extensas De acuerdo con todo lo expuesto nos lleva a preguntarnos qué podemos considerar como endogamia y qué por exogamia. El principal error que solemos cometer a la hora de determinar la exogamia es establecer el pueblo e incluso, a veces, la parroquia como el límite. Si bien es cierto que hay que establecer un límite, esto no quiere decir que los individuos lo concibiesen como tal12. Así pues, lo que hemos intentado es fijar el área extra-poblacional que delimita el espacio más allá del cual los intercambios matrimoniales pueden estimarse como exogámicos. De este modo, si observamos el cuadro IV y los mapas de las procedencias de los cónyuges podemos determinar que dicho límite se situaría en torno a los 10 kilómetros en línea recta, de donde proceden la mayoría de los consortes, el 65,45% 13 . Una vez sobrepasada dicha distancia vemos cómo se va atenuando el gris y reduciendo el número de cónyuges, es decir, a partir de esa distancia los matrimonios serían exogámicos. ¿Qué nos lleva a considerar que esto sea verdad o posible? en primer lugar, como señalamos antes un 10,6% de los enlaces “exógamos de vecindad” estaban formados por personas cuyos padres procedían de Hoyos e incluso el 4,54% eran consanguíneos, es decir, existe una serie de redes sociales entre los habitantes de los pueblos más próximos no solo surgidas a partir del parentesco sino también por razones económicas y culturales, que se tejían con los contratos de venta de propiedades, en las ferias y fiestas de los pueblos circundantes, en el campo de labor donde se cruzarían diariamente, no solo debido a que las tierras lindaban con las de los otros municipios, sino porque se poseían este tipo de propiedades en distintos pueblos y también por las diversas concesiones o arriendos de los terrenos comuneros. En segundo lugar, porque la movilidad del hombre de los tiempos modernos era relativamente escasa y solo se producía por extrema necesidad, motivos laborales o comerciales, hecho que influye en los matrimonios exogámicos, es decir, los que sobrepasan los 10 kilómetros. En este sentido, los matrimonios con los consortes que proceden de lugares que se encuentran entre los 20 y 100 kilómetros se deben a razones económicas o estrategias matrimoniales concretas. Se tiene constancia de la venta en 12

E. Garrido Arce, “Familia, parentesco y…” p.228. Camilo Fernández Cortizo estableció que en Tierra de Montes el área extra-poblacional en la elección de los cónyuges se restringía al radio de los 10 kilómetros (C. Fernández Cortizo, “Espacios matrimoniales y…”, p.91); José Pablo Blanco Carrasco también ha observado que en la ciudad de Badajoz durante el período de tiempo comprendido entre 1600-1849, determina que son las poblaciones más cercanas, sobre todo las que se encuentran dentro del mismo partido, las implicadas en los movimientos migratorios (J. P. Blanco Carrasco, “Notas para un estudio sobre las migraciones y la movilidad geográfica en el entorno urbano extremeño”, Revista de Demografía histórica, XXI, I, 2003, segunda época, p.100). 13

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Hoyos de paños pardos, zapatos de Garrovillas y otros productos en el mercado de los martes14, también que los vecinos de Navas del Madroño cuando no se labraban las tierras se dedicaban a vender madera a los pueblos comarcanos15 y que los arrieros de la provincia de Salamanca iban a trabajar a Hoyos en las labores de recolección de frutas de espino 16 . Estas relaciones comerciales existentes entre los soyanos con los castellanos, portugueses y resto de pueblos extremeños permitían a su vez el intercambio de gente. No obstante, si nos fijamos bien, los enlaces que se producen con personas que recorren una distancia superior a 100 kilómetros, son realmente los que salen de lo común. Éstos tienen lugar en momentos concretos, normalmente, durante o tras los conflictos bélicos, debido a la presencia de compañías militares próximas a la villa. Por otro lado, hay que tener en cuenta que las características geográficas y económicas de Hoyos no constituía un foco de atracción para los migrantes, no solo debido a su emplazamiento en plena Sierra de Gata sino también a la falta de caminos, que constituye uno de los principales condicionantes de la movilidad, restringiendo de esta manera las relaciones sociales y el mercado matrimonial con las personas más próximas del entorno geográfico. Las noticias que encontramos en las fuentes documentales recogen, aparte del pésimo estado de las vías, la existencia solamente de caminos entre los pueblos, siendo el de Acebo y el de Perales los más utilizados e importantes porque conducían a Castilla17. En referencia a ello Pascual Madoz indica: “Caminos. No hay mas que los de pueblo á pueblo […] Son malos generalmente, solo por algunos pueden pasar carros; pero siempre con dificultad, ó aligerando de peso; casi todos los pueblos que están á la falda de la sierra N. tienen su puerto particular para subir á Castilla; son los mejores los de Perales, San Martin y Gata, habiéndose este reparado considerablemente en los últimos años: sin embargo, la disposición del terreno unido á lo fuerte y contínuo de las aguas, hacen grandes daños en estos puertos, en los demas caminos y aun en las haciendas, por cuya razon hay que trabajar de continuo, so pena de verlo todo arruinado en breve”.18

14

G. Barrientos Alfageme y M. Rodríguez Cancho (eds.), Interrogatorio de…, p.278. G. Barrientos Alfageme y M. Rodríguez Cancho (eds.), Interrogatorio de la Real Audiencia: Extremadura a finales de los tiempos modernos. Partido de Alcántara, Mérida, Asamblea de Extremadura, 1993, p.432-433. 16 P. Madoz, Diccionario geográfico, estadístico..., p.246 17 En el Interrogatorio de la Real Audiencia describe el estado de los caminos como malos y costosos; Pascual Madoz los califica de la misma forma, además indica que son pocos y que solo por algunos pueden circular carros. 18 P. Madoz, Diccionario geográfico, estadístico..., pp.246-248. 15

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MATRIMONIO Y MERCADO MATRIMONIAL …

Tabla 4. Distancia recorrida por los contrayentes (vecindad)19

Distancia de los contrayentes < 10 Kms 10-20 Kms 20-30 Kms 30-50 Kms 50-100 Kms >100 Kms

Totales 180 51 14 17 43 21

% 65,45 5,09 4,73 1,45 15,64 7,64

Fuente: ADCC, Libros de casados y velados Hoyos. Elaboración propia.

5. Conclusión A través de este estudio hemos podido comprobar como los enlaces matrimoniales soyanos se caracterizaban por una fuerte tendencia a la endogamia geográfica, motivada por una serie de factores tales como el arraigo a sus costumbres y tradiciones en las que la aspiración ideal era desposarse con un contrayente del mismo pueblo con el que compartía los mismos modos de vida. El principal problema se nos plantea a la hora de determinar qué es exogamia y cuál es el parámetro más adecuado para medirla. Así pues, partiendo de la hipótesis de que las uniones matrimoniales la mayoría de las veces se establecen con personas entre las que existe algún nexo de unión, hemos considerado como matrimonios endogámicos todos aquellos que se producen dentro de lo que consideramos como Comunidades extensas, es decir, todas las poblaciones que se hallan en un radio de 10 kilómetros. No obstante, con este trabajo lo que hemos pretendido ha sido esclarecer e indagar un poco en este tema tan complejo y poco investigado.

19

Solo se han computado las distancias cuando la fuente especifica el lugar concreto de residencia.

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Mapa 2. Procedencia geográfica de los cónyuges de Hoyos (según el origen)

Fuente: ADCC, Libros de casados y velados de Hoyos. Elaboración propia.

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Mapa 3 Procedencia geográfica de las mujeres de Hoyos (según el origen)

Fuente: ADCC, Libros de casados y velados de Hoyos. Elaboración propia.

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Ana Mª PRIETO GARCÍA

Mapa 4. Procedencia geográfica de los hombres de Hoyos (según el origen)

Fuente: ADCC, Libros de casados y velados de Hoyos. Elaboración propia.

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MATRIMONIO Y MERCADO MATRIMONIAL …

Mapa 5. Procedencia geográfica de los cónyuges de Hoyos (según la vecindad)

Fuente: ADCC, Libros de casados y velados de Hoyos. Elaboración propia

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Ana Mª PRIETO GARCÍA .

Mapa 6. Procedencia geográfica de las mujeres (según la vecindad)

Fuente: ADCC, Libros de casados y velados de Hoyos. Elaboración propia.

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MATRIMONIO Y MERCADO MATRIMONIAL …

Mapa 7. Procedencia geográfica de los hombres (según vecindad)

Fuente: ADCC, Libros de casados y velados de Hoyos. Elabora

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Pleitos e infrajudicialidad en los matrimonios aragoneses en el siglo XVIII. Los procesos por esponsales y estupro Lawsuits and outlaw pacts in XVIII Century Aragonese marriages. The processes of betrothal and stupor Daniel BALDELLOU MONCLÚS Universidad de Zaragoza Resumen: El ritual de esponsales constituía un proceso ritual mediante el que las parejas confirmaban un compromiso de futuro para contraer matrimonio. Dicho acuerdo era rescindible, pero era considerado como una base segura sobre la que establecer planes familiares a largo plazo, por lo que su ruptura constituía una crisis familiar. En la presente comunicación realizo un análisis sobre los conflictos que provocaban estas rupturas, tanto en forma de demandas judiciales como de presión social para alcanzar un acuerdo que garantizase la estabilidad social. Palabras clave: familia, conflicto social, esponsales, tribunal diocesano, estupro Abstract: The betrothals were as ritual process used by couples and their families to confirm publically a compromise for a future marriage. It was possible to rescind this agreement, but it was considered as a base for establishing long term family plans. The annulment of the betrothal could provoke a family crisis. In this paper I analyse these conflicts both as legal lawsuits and as social pressure to arrive to an arrangement. Society was based in marriages, so it was important to ensure that these family crisis ended up in an arrangement that could guarantee social stability. Keywords: family, social conflict, betrothals, church courts, stupro

1. Introducción: El valor de los esponsales Entre las representaciones teatrales y relatos populares presentes en la España Moderna, la historia de Don Juan Tenorio estuvo presente como paradigma del riesgo que la seducción suponía para la mujer. Aun antes de la teatralización atribuida a Tirso de Molina, la historia del burlador sevillano ha sido rastreada desde el siglo anterior a su estreno1. La literatura da fe de la presencia de esta amenaza en el imaginario colectivo. La burla o estupro era también una amenaza a juzgar por la intensa actividad legal que suscitó en los tribunales reales y eclesiásticos. El estupro se trataba de un delito consistente en dar palabra de matrimonio a una mujer y confirmarla mediante relaciones sexuales para después abandonarla. El delito perseguido no era una violación, pues se entendía que la mujer había consentido. El proceso judicial dependía de si constaba la existencia de un compromiso formal entre la pareja, conocido en el código legal como “verba de futuro”. El Corpus Iuris Canonici2 especificaba la validez de la promesa por 1

Francisco Márquez Villanueva, Orígenes y evolución de “El Burlador de Sevilla”, Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 1996, pp. 58-62. 2 Corpus Iuris Canonici, X. IV 4 1, Contrahens successive per verba de praesenti cum duabus, tenetur adhaerere primae. Si autem primo contraxit per verba de futuro, secundo per verba de praesenti, adhaerebit secundae.

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Daniel BALDELLOU MONCLÚS

esponsales, aunque también la posibilidad de que se rompiera siempre y cuando no hubiera llegado a consumarse. Si tras la promesa de matrimonio se realizaba una cópula, esta se convertía inmediatamente en matrimonium consummatum, lo que daba pie a que el tribunal eclesiástico decretase la ratificación de todas aquellas promesas de matrimonio seguidas por cópula, es decir de los estupros3. A lo largo de la presente comunicación abordo un análisis crítico de los pleitos por esponsales y estupro presentados ante los tribunales diocesanos aragoneses con el objetivo de determinar su funcionamiento y proponer una lectura divergente a la visión oficial de los acontecimientos. El procedimiento judicial daba por sentado una serie de circunstancias y roles atribuidos al hombre y a la mujer enfrentados. Entre ellos destaca la asimilación de la mujer como un elemento pasivo en la relación cuyo papel consistía en aceptar la palabra del varón por dudosa que esta fuese. Un estudio más detallado de los procesos judiciales y de sus antecedentes sugiere no obstante que existía un proceso social paralelo que tomaba los pleitos como una herramienta más entre otro tipo de pactos para alcanzar un acuerdo entre las partes. A fin de cuentas, los pleitos por incumplimiento de esponsales solo eran el resultado de un compromiso fracasado. En consecuencia, los roles entre hombres y mujeres establecidos en los pleitos eran una adaptación a los recursos legales disponibles, no un reflejo de las relaciones reales en los que las mujeres iban mucho más allá de la aceptación del cortejo y el compromiso. El cortejo no se trataba simplemente del ritual de chichisbeo que los petimetres dieciochescos desarrollaban hacia mujeres casadas 4 . Pérez Teijón señaló que el chichisbeo propio de las costumbres ilustradas pretendía ser un desquite de la mujer que no contaba con libertad para contraer matrimonio. En este sentido, se trataría de una moda aristocrática, pues la imposición del marido sin posibilidad de negocio era más frecuente en la aristocracia nobiliar o económica5. El cortejo se trataba en realidad de un mecanismo cultural que permitía la reproducción del modelo social basado en las unidades familiares. El matrimonio constituía una crisis de poder cotidiana, tan delicada como habitual en las sociedades del Antiguo Régimen. El cortejo establecía una serie de pasos predeterminados que permitían la aproximación del individuo ajeno a la familia, el varón generalmente, al grupo familiar de la mujer. El cortejo debía ser una acción conocida por la comunidad, supervisada por las familias y desarrollada en espacios públicos hasta alcanzar un cierto nivel de intimidad. De esta forma, las parejas y los vecinos tenían ocasión de comprobar su compatibilidad y las familias de negociar los términos económicos y legales del acuerdo. El cortejo se trataba indudablemente de un ritual, pero no quiere decir que estuviera vacío de significado. Era un procedimiento de aproximación controlada que permitía evitar los riesgos que suponía para la economía familiar y la reputación un compromiso fallido o un núcleo familiar inoperante. El cortejo era también el periodo de tiempo en el que las parejas y sus familias debían poner las cartas sobre la mesa y discutir las posibles aportaciones con las que cada uno contribuiría al matrimonio. Las negociaciones incluían todos los ámbitos: dotes, 3

Jean Gaudemet, El matrimonio en Occidente, Madrid, Taurus, 1993, pp. 190-196. María del Carmen Martín Gaite, Usos amorosos del XVIII en España, Barcelona, Anagrama, 1988, pp. 8-12. 5 Josefina Pérez Teijón, “El cortejo en los sainetes y tonadillas del siglo XVIII como transgresión de la moral al uso”, en Francisco Romero Ferrer (coord.), VI Encuentro de la Ilustración al Romanticismo. Juego, Fiesta y Transgresión, 1750-1850, Cádiz, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 1995, pp. 137-150. 4

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PLEITOS E INFRAJUDICIALIDAD EN LOS MATRIMONIOS …

herencias, disposición del nuevo núcleo familiar o incluso previsiones ante la muerte; todo era objetivo de negociación y aunque el cortejo tuviera una buen dosis de romanticismo y atracción personal, las cuestiones prácticas sobre la organización y la jerarquía que ostentaría la pareja una vez casada eran igual de importantes. Sirva como ejemplo el contenido de una carta enviada por un pretendiente de Miranda del Ebro a la doncella de Pina de Ebro (cerca de Zaragoza) Francisca del Cazo en 1770. La carta incluye evidentes muestras de afecto, pero para haber sido presentada en el tribunal como una “carta amatoria”, parece que el amor se subordinaba en gran medida a la viabilidad económica de la pareja: “Señora Francisca, usted sea con la más prefecta salud y Dios la guarde en compañía de su señora madre y demás personas (…).Te participo con todo mi corazón en cuanto a lo que tenemos tratado. He conseguido de mi padre que haga de mi voluntad lo que me parezca; así mismo, estoy en casa trabajando hasta que me case y mi padre me dará como padre lo que pueda también. (…) A mí, quien de corazón te adora, y siempre se detuvo en servirte, con todo afecto es Jacinto Bordonaba”.6

La mayor parte de las cartas que mediaban entre parejas o familiares, así como las circunstancias descritas en los pleitos, sugieren que el cortejo se trataba de un procedimiento en el que convivían los deseos personales de los contrayentes con los márgenes impuestos por las familias y circunstancias económicas. Se trataba de un proceso complejo en el que no siempre se obtenía lo que se deseaba, por lo que el riesgo de que uno de los supuestos contrayentes abandonase el proceso era alto. En principio, no había compromiso irrompible hasta la consumación del matrimonio. Sin embargo, la inversión en tiempo, dinero y reputación que suponía dar pasos públicos hacia un compromiso era considerable. La sociedad española del siglo XVIII mantuvo la percepción consuetudinaria de que no podía abandonarse un compromiso de esponsales sin una justificación legítima y que, de hacerlo, era preciso compensar a la parte abandonada o ratificar que no se debía a una razón potencialmente vergonzante. Esto último era importante y se trataba de una cuestión muy cuidada por los tribunales, ya que la rumorología podía fácilmente tachar a una joven soltera abandonada de deshonrosa o mala de cuerpo y dificultar enormemente sus posibilidades de matrimonio7. El compromiso matrimonial era un proceso gradual y muy dependiente de las concepciones culturales de cada comunidad. No obstante, en todos los espacios analizados se mantienen dos fronteras tras las cuales era muy difícil echarse atrás: la promesa de esponsales y el sexo de compromiso que unían a la pareja bajo palabra de futuro o de presente respectivamente. Los procesos eclesiásticos por incumplimiento de esponsales con cópula carnal fueron una constante a lo largo de la Edad Moderna en diversos tribunales de la península. Jesús María Usunáriz constató que a la altura del siglo XVIII los procesos por estupro e incumplimiento de esponsales se incrementaron en los tribunales

6

Carta enviada con fecha del 20 de febrero de 1770 por Jacinto Bordonaba a Francisca del Cazo y luego incluída como prueba en el pleito de incumplimiento de esponsales mantenido entre ambos: ADZ, Jactancias, 1773, J-L Lig 6 (caja II). 7 Martine Charageat, La Délinquance Matrimonialle, Couples en conflit et justice en Aragon, Paris, Publications de las Sorbonne, 2011, pp. 171-177.

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diocesanos de varios puntos del reino de España 8 . Los procesos aragoneses desarrollados en sus tribunales diocesanos sugieren un incremento de la conflictividad de pareja dirimida ante terceros que fue en aumento hasta las décadas de los 60 y 70 para comenzar un leve descenso a fin de siglo. Figura 1: Evolución de la conflictividad en los tribunales aragoneses en el siglo XVIII9

Los tribunales eclesiásticos no hacían distinción entre incumplimiento de esponsales y estupro. Todos los casos aparecen agrupados en la calificación Super jactantia o Super foedere matrimonii dependiendo del tribunal de referencia. Sin embargo, el criterio con el que se juzgaban podía variar mucho en relación a la gravedad del caso. El análisis de los pleitos indica un amplio abanico de situaciones legales. Los pleitos prematrimoniales dependían intensamente del grado de compromiso alcanzado. Unos esponsales podían cancelarse, aunque no gratuitamente, si se demostraba ante el tribunal que había habido un compromiso en firme. El estupro por su parte era teóricamente vinculante, el hecho de que en muchas ocasiones se permitiese pagar una compensación económica sugiere que incluso los jueces tenían una visión subjetiva de las acciones que realmente habían ocurrido entre los litigantes.

8

Francisco Javier Lorenzo Pinar, “Los criados salmantinos durante el siglo XVII (1601-1650)” Studia histórica, Historia moderna, 31, (2009), pp. 275-304, Marie Costa, “La problemática de las promesas de matrimonio en Barcelona 1776-1833”, Pedralbes, 28, 2008, pp. 553-584, Jesús María Usunáriz Garayoa, “Los tribunales diocesanos y el matrimonio en la Edad Moderna”, en María Antonia Bel Bravo, y José Fernández García, (coords.), Homenaje de la Universidad a Don José Melgares Raya, Jaén, Universidad de Jaén, 2008, pp. 349-376. Tomás Antonio Mantecón Movellán, “Hogares infernales: una visión retrospectiva sobre la violencia doméstica en el mundo moderno”, en Francisco Javier Lorenzo Pinar, (ed.), La familia en la Historia, Ediciones Universidad de Salamanca, 2008, pp. 187-230. María Luisa Candau Chacón, “Entre lo permitido y lo ilícito: la vida afectiva en los Tiempos Modernos”, Tiempos Modernos, Monográfico: El matrimonio en el corazón de la sociedad, 18, 2009/1. Publicación online:

< http://www.tiemposmodernos.org/tm3/index.php/tm/article/view/157/211>. 9

El gráfico ha sido elaborado mediante los 829 procesos judiciales utilizados en la muestra. Esto no representa más que un porcentaje de los procesos totales, pero sí es representativo de su evolución temporal..

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Figura 2: situaciones definidas en los pleitos por esponsales10

2. Las múltiples versiones de qué era un compromiso de esponsales Tomando como partida el derecho romano, el concepto de esponsales evolucionó hacia un valor de compromiso sin peso legal en los tribunales reales pero todavía bien considerado por los tribunales eclesiásticos y más aún para las familias. Desde un punto de vista social, los esponsales eran una herramienta eficaz para fijar un acuerdo de matrimonio para cuando familias y comprometidos reuniesen los requisitos. Los capítulos matrimoniales indican la dificultad que tenían las parejas para reunir el capital necesario para contraer matrimonio y que por lo tanto el compromiso de esponsales constituía un punto de seguridad. Una vez realizado el compromiso, existía una cierta estabilidad a partir de la cual se podía orientar la vida económica y social de las familias hacia la obtención de los recursos que permitiesen establecer la nueva unión conyugal. La frontera entre un pleito por esponsales incumplidos y uno sobre estupro estaba muy bien definida en los tribunales. Mucho más difícil era determinar la validez de la promesa dada o siquiera su existencia, pues la defensa más frecuente de los demandados era asegurar no haberse comprometido en modo alguno. Lo cierto es que la información al respecto resulta contradictoria, pues aunque es cierto que los sínodos diocesanos se esforzaban por determinar con exactitud en qué consistían unos esponsales, un importante número de pleitos se sustentaban en compromisos cuanto menos poco ortodoxos, pero defendidos a capa y espada como legítimos por numerosos testigos. La base de los esponsales era el mutuo consentimiento y precisamente por ello la clave estaba en una doble promesa que tenían que darse los contrayentes. En primer lugar, el varón debía pronunciar las palabras: Ego, talis, promitto uel iuro tibi, tali, quod te recipiam in uxorem. A lo que la doncella debía responder: Et ego, talis, promitto tibi uel iuro tibi quod te recipiam in maritum.11 Si los testigos certificaban el cumplimiento de todos estos requisitos, era realmente complicado que los tribunales declarasen libre de cargos al acusado de romper el compromiso, ya fuese hombre o mujer. La mayor parte de los pleitos por esponsales que podían presentar este tipo de testimonios terminaban sentenciando la 10

El total de procesos extraídos fue dirimido en los tribunales diocesanos de Barbastro (123 casos), Huesca, (104 casos), Zaragoza (289 casos) y Teruel (31 casos). 11 Federico Rafael Aznar Gil, Concilios provinciales y sínodos de Zaragoza, de 1215 a 1563, Zaragoza, Caja de Ahorros de la Inmaculada, 1982, p. 133-135.

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existencia de un vínculo y por lo tanto la posibilidad de compensar de alguna forma a la persona afectada. Figura 3: sentencias de los casos con cortejo y esponsales públicos

Como puede observarse en la figura 3, ser declarado culpable de haber abandonado un compromiso no implicaba contraer matrimonio de manera forzosa. Las sentencias también sugieren un elevado nivel de pactos infrajudiciales entre los litigantes. Además de los casos en los que el notario hace constar la disolución del proceso tras una cuerdo. La mayor parte de los casos en los que el pleito se interrumpe sin explicación podrían también tratarse de acuerdos privados alcanzados entre las partes, principalmente la aceptación del plan matrimonial original o el pago de una compensación económica a cambio de dar por cancelado el acuerdo12. De lo que no hay duda es que el ritual de esponsales era valorado como un compromiso vinculante. Tanto por el tribunal diocesano como por los vecinos y familias implicadas. La importancia del compromiso de esponsales está vinculada a la necesidad de que los cortejos fuesen un proceso seguro sobre el que se pudiesen hacer planificaciones económicas. Por otra parte, la seguridad de un compromiso verbal por encima de los acuerdos familiares o aun del consentimiento paterno facilitaba que una pareja pudiese contraer matrimonio por su propia iniciativa. Como resultado, los compromisos de esponsales analizados en los tribunales distaban en ocasiones de seguir las reglas establecidas de manera estricta. Casi la mitad de los pleitos por incumplimiento de esponsales estaban basados en un compromiso alejado de las estructuras determinadas por la iglesia. El único elemento que se mantiene inalterados para considerar el compromiso válido era la formulación de la promesa mutua entre la pareja por su propia voluntad. Frente a la estricta regulación legal, los pleitos por esponsales describen varias situaciones ajenas a 12

Martin Dinges sugirió que la importante cantidad de pleitos judiciales inacabados indicaba a menudo el uso de los tribunales como una herramienta de presión para forzar un acuerdo a la parte contraria: Martin Dinges, “El uso de la justicia como forma de control social en la Edad Moderna”, en José Ignacio Fortea, Juan E. Gelabert y Tomás A. Mantecón, (ed.), Furor et rabies, violencia, conflicto y marginación en la Edad Moderna, Santander, Universidad de Cantabria, 2002, pp. 47-68

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la norma establecida pero al parecer muy frecuentes y tenidas en consideración por los jueces. Uno de los casos más frecuentes era la presentación de un compromiso de esponsales precipitado y sin ausencia de testigos. Si no se seguía el ritual especificado, la validez del compromiso quedaba al libre juicio de los contrayentes. Si además no había testigos del compromiso, el pleito dependía de los testimonios que cada parte pudiera aportar para demostrar su versión13. Dejando a un lado los casos de estupro, en los que en muchas ocasiones el varón no tenía realmente objetivo de casarse, la principal razón para incumplir una promesa de esponsales era haber encontrado una opción matrimonial mejor que la acordada. En algunos casos, una de las partes asumía que sus recursos eran insuficientes para el matrimonio proyectado, se veían forzados a trasladarse por cuestiones laborales, sus familiares les presionaban para aceptar una oferta mejor o, en los más rocambolescos, se descubría que la parte contraria había ocultado cuantiosas deudas o incluso alguna discapacidad física del contrayente. Hubiese o no un sentimiento amoroso por parte de las parejas, el peso económico del matrimonio es indiscutible. Los rituales de esponsales se llevaban a cabo principalmente para evitar que la aparición de una alternativa mejor echase por tierra el compromiso. La mayoría de los pleitos por esponsales incumplidos se referían a estos casos. Si el ritual no se había llevado a cabo según las normas o sin testigos, era muy difícil demostrar la existencia de un vínculo real entre la pareja. En la mayor parte de las ocasiones, la falta de rigor en los esponsales sugiere un compromiso tambaleante, en el que uno de los miembros prefería evitar un ritual vinculante. Este fenómeno era muy frecuente en rituales sin cortejo previo, en los que la unión había sido promovida por las familias sin el consentimiento de al menos uno de los contrayentes. Los testimonios de los pleitos son abundantes en evidencias sobre la existencia de un cortejo. Pero si no había testigos que relatasen un ritual de esponsales formales, era frecuente que no se considerase el cortejo un compromiso vinculante. En la mayoría de los casos, los esponsales sin cortejo previo eran fácilmente descubiertos al interrogar a los vecinos y determinar que la pareja no había mantenido un cortejo a la vista de la comunidad, lo que automáticamente levantaba sospechas sobre la libertad en la que se habían dado los esponsales. La presión familiar era una buena razón para aceptar pasar por un cortejo, pero el ritual público de esponsales era el punto a partir del cual era difícil dar marcha atrás. Tampoco bastaba cualquier ritual, los tribunales eran flexibles en cuanto al número de testigos, presencia de un sacerdote o las palabras exactas que había que pronunciar. No obstante, cualquier esponsal realizado a la fuerza o con algún tipo de coacción era considerado automáticamente inválido. La presión familiar para contraer matrimonio era frecuente, es difícil evaluar en qué casos seguir los planes paternos era una simple cuestión de respeto o un ejercicio de violencia, aunque no hubiese agresiones físicas de por medio14. 13

Sobre la importancia de los testimonios para demostrar la existencia del cortejo formal véase: Margarita Torremocha Hernández, “El matrimonio y la relación de los cónyuges en la Castilla postridentina (en la literatura de la época)”, en Joan Bestard Ed. y Manuel Pérez Comp.: Familia, valores y representaciones, Universidad de Murcia, 2010, pp. 155-178. 14 El concepto de violencia, especialmente en el campo de la familia, pueden ir mucho más allá de la agresión física. El ejercicio de la intimidación contra las mujeres fue una constante a lo largo de la historia de las familias occidentales: Carmen Magallón Portoles, “sostener la vida, producir la muerte:

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Desde el punto de vista de los tribunales, se daba por hecho que las familias podían y debían ejercer su autoridad para orientar a sus descendientes en la dirección que consideraban adecuada 15. La transgresión llegaba cuando se forzaba el ritual de esponsales. Los pleitos dibujan varios casos en los que la presión familiar rebasó la difusa línea que dividía la autoridad paterna del matrimonio forzado. Aunque el tribunal diocesano era notablemente flexible sobre la formulación de los esponsales, se mostraban mucho más estrictos cuando había indicios de que una familia intentaba llevar a su hijo o hija a rastras al altar. En el proceso de esponsales, una vez oídas las declaraciones iniciales de cada parte, el tribunal podía ordenar un interrogatorio privado a cada uno de los implicados. Según las constituciones sinodales de varias diócesis, los interrogatorios servían precisamente para asegurarse de que nadie declaraba contra su voluntad 16 . La privacidad, similar a la que se podía obtener en un confesionario, era la mejor herramienta para evitar la coerción de los demandantes, pues mentir a los jueces eclesiásticos equivalía a mentir al confesor17. En estas circunstancias, era frecuente que una muchacha fuese forzada a reclamar matrimonio a un hombre por sus padres pero que en cuanto se quedaba sola con los jueces confesase que los esponsales eran forzosos. El análisis de los pleitos por esponsales indican que en un 14% de los casos analizados el tribunal detectó algún tipo de coerción por parte de los padres para forzar un matrimonio. Como ejemplo característico se puede hacer referencia al caso de María Antonia Portet, cuya declaración ante el tribunal anuló unos esponsales firmados ante notario. Según el protocolo notarial, Don Claudio Traggia, capitán de los Dragones de Sicilia reclamaba matrimonio a María Antonia Portet con el apoyo de los padres de ella 18 . En un principio, el Capitán denunció el incumplimiento del compromiso acordado mediante un documento sellado en el que se recogía la realización de un ritual de esponsales por escrito y con la firma de los dos contrayentes. El documento estaba en regla, pero el tribunal había recibido noticia de que el padre de María Antonia, desde que había contraído esponsales, “la dicha doncella se hallaba retenida en las casas de su padre sin poder hablar con su propio causídico”19. El tribunal ordenó la extracción de la doncella de su casa y que se la sometiese a interrogatorio. Su declaración arrojó otro punto de vista sobre su compromiso firmado: “Respondió a todo la dicha doña Maria estereotipos de género y violencia”, en Vicenç Fisas, El sexo de la violencia, Barcelona, Icaria, 1998, pp. 93-116. Jesús María Usunáriz Garayoa, “La violencia doméstica en la España de los siglos XVI y XVII: el ejemplo del reino de Navarra”, en J.M. Escudero y V. Roncero, La violencia en el mundo hispánico en el Siglo de Oro, Madrid, Visor Libros, 2010, pp. 375-394. 15 Antonio María Arbiol, La familia regulada con doctrina de la Sagrada Escritura y Santos Padres de la Iglesia Católica, Madrid, Gerónimo Ortega e hijos de Ibarra, 1789, pp. 41-47. 16 Las advertencias más específicas sobre la importancia de intimar a los declarantes para asegurar su autonomía pueden encontrarse en las Constituciones Sinodales de Huesca, iniciadas el 6 de junio de 1716, Libro II, De Iudiccis, pp. 70-110: “Que el vicario oficial y notarios vean si son partes legítimas, los que a juicio viene a pedir, examinándo los poderes y recaudos y si son legítimos”, Ref: ADH: Constituciones Sinodales, 1716, 1.4/6/1. 17 Foucault indicó que la confesión era un ritual de discurso en el cual el sujeto que habla coincide con el sujeto del enunciado, se despliega una relación de poder pues no se confiesa sin la presencia al menos virtual de otro, que no es simplemente el interlocutor sino que representa una autoridad superior a la que no puede engañarse. El ambiente recreado en los interrogatorios buscaba emular este efecto de confesión. Michel Foucault, Historia de la sexualidad, tomo 1: La voluntad de saber, Madrid, Biblioteca Nueva, 2012, p.65. 18 ADZ, Jactancias, 1738, Esponsales A-B-C lig. 1, 14. 19 Ibídem.

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Antonia Portet que deniega los esponsales que pueda tener contraído, afirma que el hermano Antonio de los Dolores la hizo hacer una firma en blanco bajo la presión de su padre (…) con lo que justificaba los esponsales por escrito”20. Los esponsales puestos por escrito y ante notario eran una opción poco habitual. En este caso, el documento se trataba de una falsificación realizada bajo presión. Su padre había acordado el matrimonio con el Capitán y mientras este estaba fuera de la ciudad había realizado los preparativos. El único problema era que su hija no se mostraba dispuesta a casarse con este varón, de manera que buscó la forma de obligar a su hija a firmar el documento de esponsales utilizando todo tipo de presiones: “Valiéndose para este fin de todo género de violencias. Ya negándole el reconocimiento de hija como también en darle caudal alguno en razón de dote de matrimonio y asimismo teniéndola oprimida y retirada de toda comunicación”21. El resultado de los pleitos en los que se sospecha la existencia de un matrimonio forzado eran casi siempre la disolución del falso compromiso y el permiso para que la persona interesada “casase con quien considerase conveniente dentro de las normas de la iglesia”. Este resultado puede dar a entender que ante las presiones familiares, era relativamente fácil obtener apelar al tribunal eclesiástico para asegurar la propia libertad de matrimonio. Es cierto que los jueces eclesiásticos se mostraban muy severos en los casos de matrimonio forzado. Pero por otra parte, la sentencia emitida en este caso y en otros muchos no obligaba al padre de María Antonia Portet a dotar a su hija, pudiendo ser, de acuerdo a las leyes aragonesas, virtualmente desheredada22. En algunos pleitos se hacía constar en la sentencia o por parte de algunos testigos que se intentaría buscar un “arreglo” a la situación para que se dotase a las hijas “a poder de la casa”. La amenaza del desheredamiento era muy real en Aragón, lo cual siempre jugaba en favor de los padres. No obstante, también existía una fuerte noción de la necesidad de dotar a los nuevos matrimonios para evitar la ruina de una unidad familiar que terminaría por afectar al resto de la comunidad. Muy posiblemente, María Antonia Portet no contrajo matrimonio con el Capitán de los Dragones de Sicilia, pero es también muy probable que no se casara de espaldas a su padre para obtener algún tipo de apoyo por su parte. La mayor parte de los pactos infrajudiciales en los pleitos entre padres e hijos iban encaminados hacia este tipo de soluciones de consenso. 3. Deshacer el mal realizado: los pleitos por estupro Los rituales de esponsales eran desde el punto de vista consuetudinario un acuerdo verbal vinculante. Sin embargo, esa propia moral no escrita entendía que era posible anularlos o incluso legítimo si el compromiso iba a traer más problemas que beneficios. El estupro era un problema más grave: el compromiso ratificado mediante relaciones sexuales era ya un matrimonio de facto, pues de no serlo hablaríamos de un acto de fornicación o una violación. Las penas a los violadores solían ser mucho más altas, pero también constituían un grave daño a la reputación de la mujer desvirgada, ya fuese con su consentimiento o a la fuerza. Insistir en que la mujer solo aceptó el acto tras 20

Ibídem. Ibídem. 22 José Antonio Salas Auséns, “Preparando la vejez. Mujer y capitulaciones matrimoniales en el mundo rural altoaragonés en la Edad Moderna”, en María José Pérez Álvarez y Alfredo Martín García, Campo y campesinos en la España Moderna; culturas políticas en el mundo hispano, Vol. 2, León, Fundación Española de Historia Moderna, 2012, pp. 1259-1269. 21

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comprometerse era una forma de salvar la imagen pública de la agredida por lo que, en muchas ocasiones, los pleitos por estupro requieren de una lectura ajena a lo estrictamente explicado en el protocolo notarial. Los estupros han sido analizados en numerosas investigaciones en diversos puntos de la geografía española y en las dos posibles versiones del proceso: real o eclesiástico. 23 Solo si había habido relaciones carnales, los tribunales reales interpretaban que existía delito. En los casos de estupro, demostrar la existencia del coito no bastaba para reclamar una promesa de matrimonio, lo esencial era dar constancia de la existencia de tal compromiso expresando que las relaciones sexuales habían sido una forma de certificarlo tal y como se puede observar en la mayoría de los argumentos presentados: “Maria Antonia Pascual declara ante el juez (…) que Juan Antonio Sobrino empezó a galantearla hacía mucho y torpemente, pero que ella se resistió bastante tiempo llevada por su honestidad y recato, pero fueron tantos los de los que se valió dicho Sobrino proponiéndole siempre que habría de casarse y dándole expresa y formal palabra de matrimonio que logró su torpe deseo y la conoció carnalmente...”24.

La mayor parte de los estupros las promesas matrimoniales habían sido realizadas en privado. Este comportamiento chocaba frontalmente con lo que se consideraba que debía ser un compromiso. En algunos casos, un compromiso secreto era la forma de evitar la oposición de la familia, no obstante en los pleitos por estupro lo más frecuente era que el compromiso matrimonial se diese de forma precipitada, con el objetivo de obtener favores sexuales de la demandante y con pocas o ninguna intención de cumplir el compromiso acordado. Ante estas circunstancias cabría preguntarse por qué las mujeres aceptaban a los varones que muy probablemente no iban a cumplir su promesa matrimonial. La respuesta oficial de los abogados era que su “natural debilidad” les hacía imposible resistirse y dejar de creer a estos hombres. El análisis de las circunstancias en las que se aceptaban este tipo de promesas exponen cómo muchas de ellas fueron dadas en un contexto de coacción. En la figura 3 se puede observar como un número considerable de estupros corresponden a parejas de las que no se conocía relación de cortejo alguna. Es cierto que algunos son el resultado de un romance prohibido extremadamente bien llevado, pero no era habitual que la relación pasase totalmente desapercibida a los agudos ojos de la comunidad25. La mayor parte de los casos de estupro sin que constase un cortejo previo tendían a encubrir un acto de agresión, físico o psicológico, en el que la mujer demandante había sido violada o coaccionada para tener relaciones sexuales y se 23

Son especialmente destacables las investigaciones realizadas por Francisco Javier Lorenzo Pinar, “Conflictividad social en torno a la formación del matrimonio (Zamora y Toro en el siglo XVI)”, Studia histórica, Historia moderna, vol. 13, (1995), pp. 131-154, Raquel Iglesias Estepa, “El recurso a la justicia como vía de resolución de la conflictividad criminal gallega a fines del Antiguo Régimen. El ejemplo de Santiago de Compostela”, Studia histórica, Historia Moderna, 26, (2004), pp. 349-374. María Luisa Candau Chacón, “Entre lo permitido y lo ilícito: la vida afectiva en los Tiempos Modernos”, Tiempos Modernos, Monográfico: El matrimonio en el corazón de la sociedad, 18, (2009), publicación online:

< http://www.tiemposmodernos.org/tm3/index.php/tm/article/view/157/211> 24

Archivo Diocesano de Zaragoza, Jactancias, 1783, J-L Lig. 6 (caja II). José María Imízcoz Beunza, “Familia y redes sociales en la España Moderna”, en Francisco Javier Lorenzo Pinar, (ed.), La familia en la Historia, Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 2008, pp. 135-186. 25

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aferraba a la supuesta promesa de matrimonio recibida como una forma de restaurar su honor y obtener compensación. Para ilustrar estas situaciones, vamos a utilizar un caso en el que quedó reflejado con más detalle el contexto en el que el varón acusado convenció a la mujer para transigir a sus deseos. Se trata del caso de Mateo Guillén y María Calvo, la cual tras enviudar se vio solicitada por varios pretendientes entre los que destacaba Guillén según el abogado de la viuda: “Doy fe de que Dicho Mateo (…) se entró hasta el cuarto donde aquella dormía y luego empezó a darle muchas quejas porque tenía entendido que quería casarse con otro, a lo que respondió la dicha que aunque era cierto que se había hablado a esta intento por otro mozo pero que también lo era que la susodicha lo había desengañado diciéndole que tenía contraído empeño ya con el dicho”.26

Ante esta decisión, Mateo Guillén podía dar por perdido su objetivo de contraer matrimonio con la viuda. No obstante y dado que estaban solos en mitad de la noche, Guillén optó por una solución más drástica: “Mateo expresó que por ningún modo dejaría de cumplirle la palabra que le tenía dada y valiéndose de la ocasión y soledad en la que estaba la dicha Ana María la persuadió con mucha eficacia para que se dejara conocer carnalmente de él. Y dice que aunque se resistió por gran rato sin embargo en el seguro de que había de ser su marido la conoció carnalmente y le quitó su honor de cuyo caso acuso haber quedado preñada”27.

La declaración de la viuda sugiere que fue forzada a aceptar el compromiso matrimonial, pues la alternativa era lisa y llanamente una violación. Del total de estupros analizados, 32 casos hablan claramente de una agresión física y prácticamente todos los casos de estupro sin relación de cortejo dibujan un escenario de invasión de la intimidad o coacción para forzar la aceptación de la mujer. Resulta llamativo como en algunos de los 32 casos en los que se hace constar el uso de violencia física, la víctima constate que se trató de una violación y aun así presentase un pleito por estupro. La razón de este comportamiento hay que buscarla en las sentencias. De los 32 estupros en los que consta un acto de violación, la mayoría terminaron en el pago de una compensación económica a la mujer agraviada, como dote o incluso como manutención del hijo ilegítimo.

26 27

ADZ, Jactancias, 1730, Lig. 8, Jactancia, l m n p z, núm. 1. Ibídem.

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Figura 4, sentencias en los casos de estupro analizados

Matrimonio Compensación económica Fuga del acusado Pacto infrajudicial Libertad Sin resolución 0 10 20 Estrupros con violencia física

30 40 Estupros totales

50

60

En comparación con lo que ocurría en el resto de casos, son pocos los pleitos por estupro y violencia explícita los que quedaban sin resolución. Tal y como señalaba Dinges, es probable que la mayor parte de los casos irresolutos, principalmente casos tan graves, ocultasen pactos extrajudiciales para evitar gastos y resoluciones ajenas al interés de las partes. Los acuerdos entre las partes tenían que terminar necesariamente en la confirmación de una sola versión de los hechos. El reconocimiento de un contrato vinculante de esponsales se convertía en estos casos en una cuestión de pragmatismo ¿Convenía contraer matrimonio con alguien que había mostrado tanto rechazo al enlace? Por regla general, el pacto dependía de las consecuencias del conflicto que había conducido al pleito. De este modo, la mayor parte de los arreglos infrajudiciales sobre simples esponsales incumplidos terminaban en el pago de una compensación económica por las molestias y la humillación causadas. Esto implicaba el reconocimiento de culpa por parte del pagador, con lo que el agraviado quedaba compensado tanto económica como socialmente. Por otra parte, aquellas reclamaciones por esponsales que revelaban la existencia de un matrimonio forzoso tendían a terminar con un acuerdo para que las parejas contrajesen matrimonio a su gusto siempre y cuando hubiese garantías de que los padres iban a dotarlas de alguna manera. En algunos casos minoritarios, la estricta negativa de las familias a financiar el matrimonio llevaba a que las parejas decidieran finalmente romper su acuerdo. Romper un acuerdo verbal suponía un deshonor y un contratiempo económico, pero casi siempre resoluble sin mayores complicaciones. El estupro acarreaba numerosos problemas añadidos al incumplimiento de un compromiso: mujeres desvirgadas, acusaciones de prostitución, embarazos o incluso hijos ilegítimos que dificultaban la negación del compromiso. Los pleitos por estupro provocados por una violación solían terminar en separación, incluso con hijos ilegítimos de por medio. En el resto de casos, el acuerdo en caso de estupro conducía a la aceptación de los hechos consumados y la celebración de un matrimonio que salvase la situación. 4. Conclusiones La mayor parte de las sentencias seguían una línea de evolución similar a los acuerdos extrajudiciales. La resolución del conflicto, independientemente del canal, atendía a cuestiones prácticas sobre la organización familiar de la sociedad. Los jueces tenían la

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potestad de decidir si era posible arreglar el conflicto sin forzar un matrimonio indeseado. Sus criterios dependían de la gravedad social del caso y de hasta qué punto sería más transgresor mantener unida a la pareja que separarla. El análisis de la multiplicidad de interpretaciones de los casos de incumplimiento de esponsales indica la necesidad de analizar estos conflictos desde una óptica mayor que la historia criminal. Los tribunales eclesiásticos debían atenerse a las normas dictadas por el derecho canónico para resolver los casos de estupro y jactancia. No obstante, las sentencias sugieren una importante flexibilidad en la aplicación de la ley dependiendo de la gravedad y las circunstancias de cada caso. Si la separación o la unión de una pareja iban a constituir una fuente de inestabilidad social, el tribunal tendía a intervenir en favor de la solución menos problemática. El camino al matrimonio era una competición entre distintas autoridades, desde la libertad individual a la autoridad de las instituciones, pasando por la patria potestad y la necesidad de buscar una solución aceptable para los vecinos. Partiendo de que alguien iba a salir perdiendo en las negociaciones, las partes implicadas buscaban la solución que más les beneficiase y que a su vez resultase aceptable para los que tenían que financiar la unión y darla por válida. El resultado era una red de pactos y negociaciones semiprivadas de las cuales los pleitos solo son la parte que ha quedado registrada.

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Padrinazgo eclesiástico y reproducción social en la Cantabria Moderna: siglos XVII-XVIII Ecclesiastical Godparenthood and social reproduction in Early Modern Cantabria: XVIIth-XVIII centuries Héctor Fernando SÁNCHEZ DIEGO Universidad de Cantabria Resumen: A lo largo de la Edad Moderna, y especialmente tras el Concilio de Trento, sucesivos tratados morales y constituciones sinodales desaconsejaban –o directamente prohibían- la elección de sacerdotes y otros miembros del clero como padrinos, con la idea de evitar la desvirtuación de la labor del clérigo en favor de determinados individuos, familias o colectivos de su entorno. Sin embargo, en la práctica, esta directriz se quedaba normalmente en una declaración de intenciones, dadas la configuración y dinámicas sociales de las comunidades del Antiguo Régimen. Si la Iglesia quería participar de la sociedad que la rodeaba de manera efectiva, debía integrarse en esa mélange de lealtades y fidelidades superpuestas en forma de redes interdependientes que abarcaban a todas las personas. En el caso que nos ocupa, el del Valle de Iguña, situado en la actual Cantabria, nos acercamos a la realidad de este fenómeno a partir del estudio de aquellos casos en los que seglares y eclesiásticos entablaron relaciones de compadrazgo a través del bautismo. Una de las opciones más naturales para escoger a un padrino pasaba por los diferentes miembros de las élites locales, lo que en este espacio rural del norte peninsular se reducía, por un lado, al pequeño número de familias de hidalgos infanzones que concentraban la propiedad de buena parte de la tierra. Realmente, estos clérigos eran ellos mismos parte de estas mencionadas élites, habiendo sido elegidos como capellanes, dentro de las estrategias de reproducción social tradicionales. A través del padrinazgo y el compadrazgo se establecían relaciones que interrelacionaban a los diferentes estamentos y grupos sociales, fomentando, por un lado, la cohesión social, y por otro, la creación de relaciones clientelares.A través del análisis de un importante número de partidas sacramentales, junto a otra documentación complementaria, como protocolos notariales y el Catastro de Ensenada, trataremos de abordar esta vertiente del padrinazgo, con sus diferentes particularidades y patrones a lo largo de los siglos XVII y XVIII en este espacio de la España cantábrica. Palabras clave: Padrinazgo eclesiástico, élites locales, Iglesia.

. Abstract: During the Early Modern period, and especially after the Council of Trent, several moral treaties and synodal constitutions advised against –or directly forbade- the election of priests and other members of the Church as godparents, as it was thought to distract the clerks from their original spiritual goals in favour of certain individuals, families or collectives from their surroundings. In real life, this prohibition was taken in many places more as a recommendation than an actual norm to follow, given the social dynamics of Early Modern communities. If the Church wanted to join the society that surrounded her in a practical way, it had to immerse itself in that mélange of loyalties and fidelities superposed which had the form of interconnected networks that included every member of the community. In the case that we are 

El autor es miembro del Grupo de Investigación de Historia Moderna [GIHMO] de la Universidad de Cantabria, y este trabajo forma parte del proyecto financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad “Ciudades, gentes e intercambios: Elites, gobierno y policía urbana” (HAR 2012-39034C03-01).

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Héctor Fernando SÁNCHEZ DIEGO going to present here, that of the Iguña Valley, located in the nowadays region of Cantabria, we will come closer to this phenomenon reality by analyzing those cases where clerks and laymen established relationships of coparenthood throughout baptism. In many occasions, these clerks were themselves part of those families that formed the local elites, having been named chaplains within the traditional social reproduction strategies. Thanks to godparenthood and coparenthood, relationships that linked different social classes were created, promoting on the one hand, social cohesion, and on the other, the development of patron-client links. Through the analysis of an important number of parish records, along with other documents such as notarial records and Ensenada’s Registry of properties, we will try to approach this specific aspect of spiritual kinship with its different patterns throughout the XVIIth and XVIIIth centuries in this area of Early Modern Cantabria. Keywords: Ecclesiastical Godparenthood, local elites, Church.

1. Introducción En la presente comunicación se abordará la problemática del padrinazgo eclesiástico en un espacio rural del norte peninsular: el Valle de Iguña, situado en el núcleo de lo que hoy en día se conoce como Cantabria, perteneciente al territorio de la archidiócesis de Burgos. Se trataba éste de un vínculo sociorreligioso, que remite al parentesco denominado espiritual, que se establece entre los padrinos de los sacramentos de bautismo, confirmación o matrimonio, y sus ahijados, derivándose asimismo de dicho parentesco otros lazos, de los que el compadrazgo resulta ser uno de los más relevantes1. La extensión de los vínculos fruto de estos sacramentos fue durante siglos harto imprecisa, en tanto que cada región desarrolló a lo largo de la Edad Media sus propias particularidades al respecto, dando lugar a importantes diferencias en torno a, por ejemplo, el número de padrinos admisibles en cada bautismo. Sucesivas constituciones sinodales 2 y manuales eclesiásticos tratarán de uniformizar y reducir estas disparidades, si bien no será hasta la publicación y posterior aplicación de los cánones tridentinos que estos esfuerzos no llegarán a buen puerto 3. Por otro lado, y si hablamos de una región como Cantabria, donde convivía la jurisdicción de hasta cinco diócesis, donde las características del terreno dificultaban la comunicación con la Meseta, y cuyos templos adolecían de unas fábricas y condiciones materiales bastante magras, la introducción de las novedades canónicas había de ser necesariamente más compleja4. Los motivos fundamentales para la reforma del padrinazgo y el parentesco espiritual se encuentran relacionados con el intento de la Iglesia de reducir el componente profano asociado a, en este caso, el bautismo, en tanto que resultaba habitual que la elección de los padrinos respondiera a razones de tipo económico o social, en lugar de las cualidades espirituales de los individuos en cuestión. Así, en lugar 1

Uno de los trabajos más relevantes es el de Guido Alfani, Fathers and Godfathers: Spiritual Kinship in Early-Modern Italy, Ashgate, 2009. 2 En la compilación de las Constituciones sinodales de Burgos del obispo Don Íñigo López, publicada en 1534, se recoge cómo ya en el segundo tercio del siglo XV se apostaba por el modelo binario de padrino y madrina que será finalmente escogido como canónico por los padres conciliares en Trento. Biblioteca Municipal Menéndez Pelayo de Santander [BMPS], Compilación de las Constituciones sinodales antiguas y nuevas del Obispado de Burgos, Alcalá de Henares, 1534. 3 Las Constituciones Sinodales de Burgos de 1575 detallan con detenimiento este nuevo y uniformizado paradigma quedando la cognación espiritual reducida a la establecida entre padrinos y ahijados (padrinazgo), padres y padrinos (compadrazgo) y padres, padrinos y sacerdote oficiante. [BMPS], Constituciones del Arzobispado de Burgos, Burgos, Imprenta de Felipe de Junta, 1577 (1ª ed. 1575). 4 Josué Fonseca Montes, El clero en Cantabria en la Edad Moderna, Santander, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cantabria, pp. 31-67.

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de la obtención de un referente espiritual para el bautizado, lo que se primaba era, en términos generales, la reafirmación de lazos preexistentes entre dos familias, o bien el establecimiento de nuevas relaciones con otro individuo o grupo, con las posibilidades del capital relacional como elemento determinante. A menudo suponía el establecimiento de lazos de tipo vertical que favorecían la creación o confirmación de un vínculo patrón-cliente entre personas de diferentes clases sociales5. 2. Padrinazgo eclesiástico: cifras, familias e individuos. Dentro de este afán de separación entre las esferas religiosa y profana fue un lugar común la repetida prohibición de que los miembros del estamento clerical se desempeñaran como padrinos, en tanto que se entendía que dicha elección favorecía la vinculación del sacerdote con lo terrenal y por consiguiente la desviación de su labor sagrada que era, por otro lado, la prioritaria6. En 1764, el Obispo de la recientemente erigida diócesis de Santander Francisco Laso Santos de San Pedro ordenaba lo siguiente en uno de los mandatos generales de su visita por las Montañas Bajas de Burgos (actual Cantabria): “Para atajar los inconvenientes que pueden seguirse de que los clerigos exercieren el oficio de padrinos prohive (sic) Su Ilustrisima el que ningún clérigo ya sea de menores o de orden sacro, asista a los baptizos haciendo de padrino en ellos y para su observancia manda a los curas, el que por ningún motivo lo permitan ni consientan aunque los padres del baptizando y otros interesados lo soliciten.”7

Pese a esta prohibición, se ha podido observar cómo, tanto en el periodo precedente y posterior a dicha prohibición, existen un importante número de clérigos padrinos, reflejados de manera explícita en los registros parroquiales, generalmente con su posición concreta dentro de la jerarquía y el lugar donde ejercía la cura de almas. Para el análisis de la problemática se ha tomado como fuente documental básica las partidas de bautismo entre 1619 y 1811 de las parroquias de San Esteban de Arenas y San Jorge de Fraguas 8 , que formaban conjuntamente el Priorato de San Román de Moroso, dependiente del Monasterio de Santo Domingo de Silos, enclavado como ya comentamos, en un espacio rural de la Cantabria Moderna. En total, en términos estadísticos, se contabilizan 95 casos de entre los 2418 bautizos que se celebran en ese periodo de tiempo, un 3’93 por ciento del conjunto; por otro lado, si tenemos en cuenta solamente el espacio de tiempo entre la primera y la última partida en la que aparece un clérigo como padrino de un bautizado, es decir, entre 1619 y 1791, el porcentaje se eleva ligeramente entre esos años al 4’52 por ciento, (95 ocasiones de un total de 2098 registros). No es un porcentaje excesivamente alto, pero se trata de una circunstancia que presenta una moderada recurrencia a lo largo de todo el periodo, y se encuentra además en consonancia con las cifras proporcionadas por otros investigadores como Antonio Irigoyen, que para la ciudad de Murcia deja cifras de entre el 2 y el 14 por ciento en diferentes periodos de los siglos XVII y XVIII9, sin embargo en un contexto 5

Agnès Fine, Parrains, marraines. La parenté spirituelle en Europe, París, Fayard, 1994, pp. 131-134. Antonio Irigoyen López, “Ecclesiastical godparenthood in Early Modern Murcia”, en Guido Alfani y Vincent Gourdon (eds.), Spiritual kinship in Europe, 1500-1900, Palgrave Macmillan, 2012, p. 82. 7 Archivo Catedralicio de Santander [ACS], Libro de Fábrica Arenas de Iguña, sig.4492, fol. 59r. 8 ACS, Sigs. 4477, 4478, 4479, 4480. 9 A. Irigoyen, “Ecclesiastical godparenthood…”, pp. 83-93. 6

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rural como el del Valle de Iguña, el número de clérigos sería mucho menor al de un núcleo urbano, con lo que se podría haber esperado que las cifras que aquí se destacan hubiesen sido más reducidas. En el siguiente cuadro se ha reflejado cómo evoluciona este fenómeno desglosado por décadas, lo que permite comprobar los diferentes ritmos e intensidades que presenta el mismo en estos doscientos años, aproximadamente. Tabla 1. Evolución del porcentaje de padrinos clérigos por decenios Años

1619-28

1629-38

1639-48

1649-58

1659-68

1669-78

1679-88

1689-98

1699-08

%

1’87

7’69

5’30

0’00

1’32

3’45

1’82

2’48

5’34

Años

1709-18

1719-28

1729-38

1739-48

1749-58

1759-68

1769-78

1779-88

1789-98

%

5’13

2’73

2’75

7’64

10’6

6’32

2’84

2’84

1’2

Como se puede apreciar, los porcentajes nunca llegan a ser especialmente altos, situándose por encima del cinco por ciento tan solo en tres momentos; en el segundo cuarto del siglo XVII, las dos primeras décadas del XVIII, y especialmente, durante el segundo tercio de dicha centuria. Es llamativo cómo este porcentaje se reduce hasta su mínima expresión en las últimas décadas del análisis, de hecho, y como ya hemos comentado, desde 1791, y al menos durante los veinte años siguientes no se contabilizaría ni un solo caso más. Desconocemos si esta última tendencia se debe a la propia fuerza del mandato de 1764, o quizá a un cambio en la percepción de las ventajas que podía ofrecer a una familia contar con un miembro del clero como padrino o compadre. De todas formas, me centraré, por razones evidentes, en todo el periodo anterior, para tratar de entender qué llevaba a una familia a escoger a un clérigo como padrino de sus hijos. 2.1. Clérigos rurales y élites locales: Una relación simbiótica Sin duda una de las opciones más comunes era la elección de un miembro de las élites locales al que se pudiera recurrir en situaciones vitales de desamparo o incluso obtener algún favor para un miembro de la propia parentela. En el contexto del Valle de Iguña, donde las élites eran, dentro de una sociedad formada mayoritariamente por hidalgos, un grupo reducido de linajes de infanzones 10 que concentraban buena parte de la propiedad de la tierra, resultaba bastante lógico que se escogiera como padrino o madrina al pariente mayor de un mayorazgo, así como a sus consortes, herederos u otros familiares próximos a los mismos, teniendo en cuenta lo reducido del mercado de la tierra de este espacio del norte peninsular11. Es por ello que un contacto cercano con personas pertenecientes a estas élites podía facilitar el acceso a dicho mercado, especialmente en términos de arrendamiento de tierras de cultivo y prados para el ganado, lo que en última instancia, facilitaría la supervivencia del campesino. Si se contempla la situación de esta manera la existencia de padrinos clérigos no resulta 10

Tomás Antonio Mantecón Movellán, “Población y sociedad en la Cantabria Moderna”, en Manuel Ramón González Morales y Jesús Ángel Solórzano Telechea (eds.), II Encuentro de Historia de Cantabria. Tomo I, Santander, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cantabria, 2005, pp. 454460. 11 Ramón Lanza, La Población y el crecimiento económico de Cantabria en el Antiguo Régimen, Madrid, [UAM-UC], 1991, pp. 368-372.-

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extraña, en tanto que ellos mismos pertenecen a un estamento privilegiado, lo que aporta ciertas ventajas, aunque los recursos económicos de sacerdotes rurales no sean los mismos que los de aquellos eclesiásticos que gozaban los privilegios de prebendas y canonjías. Por otro lado, se da la circunstancia de que buena parte de estos clérigos pertenecen a los mismas familias que regían la vida cotidiana de las gentes de este valle; se trata de una cadencia de apellidos repetidos que se correspondían con clérigos de órdenes menores, beneficiados y presbíteros que gozaban de las rentas de diferentes capellanías creadas por miembros de sucesivas generaciones de este reducido número de familias. De hecho, dichas capellanías se traducían en “una verdadera inversión económica, que se utiliza bien para el mantenimiento de los hijos no destinados al matrimonio bien para remunerar a clientes y servidores”12. Gracias a la homonimia, se puede establecer de manera aproximada, cuántos de estos padrinos pertenecientes al clero eran a su vez parientes sanguíneos de todos los bautizados de que se compone este análisis. Junto a este acercamiento, resulta útil comparar las cifras resultantes con los niveles de homonimia generales existentes entre ahijados y padrinos (clérigos y laicos) para todo el periodo, y observar si hay una mayor o menor frecuencia, todo lo cual trata de ser reflejado en el siguiente cuadro. Por supuesto, tenemos en cuenta y conocemos los posibles problemas derivados de utilizar la homonimia como herramienta, pero su uso resulta esclarecedor para profundizar en circunstancias como esta. Tabla 2. Comparativa del porcentaje de homonimia de Padrinos Clérigos y del Total de padrinos (Elaboración propia)

Homonimia 1619-48 Clérigos 52’94 Clérigos + 26’33 Laicos

1649-78 20 33’33

1679-08 58’33 32’33

1709-38 9’10 26’33

1739-68 33’33 26’33

1769-98 10 22’67

A la luz de las cifras resultantes, resulta evidente que no hay una especial regularidad en la evolución de este indicador si tenemos en cuenta tan solo a los padrinos clérigos, un reflejo quizá, por un lado, de un nivel variable en la calidad del registro, y por otro, del hecho de que, al fin y al cabo, y pese a ser un fenómeno que tiene lugar a lo largo de estos dos siglos, se trata de una opción minoritaria. Sin embargo, si contrastamos los resultados de este cuadro con los del anterior, es llamativo cómo justo en los periodos donde más habitual resulta la elección de un clérigo, y donde por tanto, la muestra es mayor y se puede confiar más en los datos, coincide justamente con los momentos en que el índice de homonimia entre estos clérigos padrinos y sus nuevos compadres es mayor. En dichos años, este índice de homonimia oscilaría entre uno y dos tercios (aproximadamente) de las partidas, lo que nos remite, como hemos indicado previamente, a que el componente familiar es bastante más importante cuando el elegido es un miembro del clero que cuando lo es alguien que no ha tomado las órdenes. Pese a todo, tan sólo en una partida de 1747 se indica de manera explícita una relación familiar, se trata en este caso del Licenciado Don Blas de Bustamante Manrique y Collantes, tío de Doña Luisa Jerónima de Bustamante Manrique, madre de Rosa Gertrudis, la bautizada en cuestión. Doña Luisa era la propietaria del vínculo de los 12

Maximiliano Barrio Gozalo, El clero en la España Moderna, Córdoba, Cajasur. Obra Social y Cultural, 2010, p. 87.

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Collantes, uno de los mayorazgos más importantes de la zona, unido al de los Mioño, señores de San Martín de Hoyos, gracias al matrimonio de ésta con Don Jose Antonio de Mioño Bravo de Hoyos, pariente mayor de dicho vínculo, regidor perpetuo de la villa de Reinosa y Merino Mayor de Trasmiera13. Don Blas aparece mencionado como beneficiado de la parroquia de San Vicente de León y los Llares, un beneficio que era otorgado por los Collantes quienes, a la sazón, eran señores del concejo homónimo a dicha parroquia. Este clérigo es registrado además en el Catastro de Ensenada como “Presbítero Capellán de las Capellanías que fundó el Comisario don Diego Fernandez de Quevedo, cura que fue en el lugar de Silio, y vezino de dicho lugar de Arenas…”, a lo que se sumaban determinados bienes raíces y una casa que “me tiene zedidos para ayuda de mis alimentos Don Joseph Antonio de Mioño, como poseedor que se halla de la Casa de Collantes…”14. Es un hecho constatado que en repetidas veces las capellanías no llegan a alcanzar una congrua suficiente como para sustentar al clérigo y su casa, en la que por otro lado, era habitual que junto a uno o dos criados, tuviera a su cargo a algún pariente, especialmente un sobrino que estuviera realizando sus estudios 15 . Si esto ocurría, el clérigo se encontraba en una situación de desventaja a nivel familiar, en tanto que precisaba de la ayuda de los parientes mayores y resto de miembros de su linaje para garantizar una vida decorosa acorde a su status. Es por ello, que estos capellanes y beneficiados constituirían una pieza clave dentro de las estrategias de reproducción social familiar a lo largo de toda su vida, siguiendo unas directrices marcadas por otros miembros de su linaje. Con todo, “una constelación de fundaciones menores alrededor del mayorazgo aseguraban la solidaridad del linaje”16. Volviendo al matrimonio Collantes-Mioño, entre 1745 y 1759 fueron bautizados cinco de los hijos del matrimonio en Arenas17, los dos mayores, Josefa Rosa y José Luis, serán los únicos que tendrán un padrino laico, si bien serán miembros de su familia, en concreto, un hermano (Don Julián de Bustamante) y un abuelo de su madre (el Capitán don Francisco de Terán), respectivamente. Respecto a los tres vástagos menores del matrimonio, Rosa Gertrudis, Luisa Lucía y Blas Juan, sus tres padrinos varones serán miembros del clero regional. Aparte de Don Blas, los otros dos restantes fueron, respectivamente Don Juan Antonio Hurtado Bustamante (clerigo subdiácono, vecino de Atienza, en el Obispado de Sigüenza) y el Licenciado Don Francisco Fernández García (Cura beneficiado de Salces, Reinosa). En este caso ambos procedían de puntos geográficos más alejados, pero dada la homonimia del primero para con Doña Luisa, es probable que mantuvieran algún tipo de parentesco; por su parte, Don Francisco como cura de una parroquia situada en la jurisdicción de Reinosa mantendría algún tipo de relación con Don José Antonio de Mioño, padre del bautizado, dada la vinculación de este con dicha villa. Todas estas relaciones son muestra del variado abanico de posibilidades a las que un miembro de la élite podía recurrir solamente recurriendo a su parentela y miembros de su clientela.

13

Archivo Histórico Provincial de Cantabria [AHPC], Catastro de Ensenada, leg. 53, fol. 403r. AHPCC, leg. 53, Memorial de Eclesiásticos, fol. 3v. 15 Arturo Morgado García, Ser clérigo en la España del Antiguo Régimen, Cádiz, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 2000, p. 58. 16 Íbid., pp. 90-92. 17 El orden de estas partidas es: Josefa Rosa (31/05/1745), José Luis (05/10/1746), Rosa Gertrudis (06/11/1747), Luisa Lucía (27/04/1749), y Blas Juan Gregorio Antonio (15/02/1759). 14

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Fig. 1. Mapa actual del Valle de Iguña18

2.2. El Priorato de San Juan de Raicedo: El triunfo del parentesco. La repetida frecuencia con que ciertos clérigos ejercieran de padrinos da lugar a que sean tan solo cuarenta y cinco clérigos los que se desempeñen como tal en las noventa y cinco ocasiones en las que alguien de su estamento es elegido para esa posición en las parroquias analizadas, de lo que resulta una media de unos dos ahijados por cada clérigo. Sin embargo, en la mayor parte de los casos estos clérigos tendrán tan solo un ahijado, o como mucho dos, y serán tan solo ocho en todo el periodo los que contarán con cuatro o más, siendo más habituales estas concurrencias en el siglo XVIII. Para comprender mejor esta circunstancia es necesario acercarse a los sujetos que respondieron más pródigamente a la llamada de las diferentes familias de las parroquias de Arenas y Las Fraguas, algo que llevaremos a cabo en las siguientes líneas. En primer lugar, hemos de referirnos a los Priores de San Juan de Raicedo, que controlaban la cura de almas de un espacio formado por la parroquia homónima, así como las de Santa Águeda, Santa María de Helecha, situada en la población de la Serna, junto a una serie de ermitas anejas, todo ello dentro del propio Valle. Este priorato dependía de la Bailía de Población, perteneciente a la Orden de San Juan de Jerusalén desde la Alta Edad Media 19 , y los elegidos para ostentar dicha posición mantendrán una complicada relación con los Priores de San Román de Moroso, dado que la cura de almas de una parte de la población de Arenas de Iguña recaía en manos del Prior de San Juan, lo que daba lugar a inevitables tensiones, en tanto que muchos feligreses lo eran “de a medias”, es decir, podían acudir a cualquiera de las dos parroquias, tanto a la de San Juan de Raicedo, como a la de San Esteban de Arenas. Todo ello se traducía en conflictos respecto a quién debía imponer los sacramentos o enterrar a determinados feligreses, lo que suponía a su vez ganancia económica para un párroco y pérdida para el otro. Aclarado este punto, debemos de señalar que si bien existía esta pugna en torno a la atracción de feligreses y sus ingresos, éstos, por su parte, no dudaron en decantarse por la figura de los Priores de San Juan como padrinos de sus hijos. Tan sólo se ha detectado un caso de los más de noventa señalados donde el padrino podría ser el prior de San Román, y no queda lo suficientemente claro como para afirmarlo de manera 18

Detalle de mapa. Vicente Herbosa, El Románico en Cantabria, Lancia Ediciones, 2002, p. 23. Manuel Revuelta González, “La Bailía de Población de la Orden de San Juan de Jerusalén”, Publicaciones de la Institución Tello Téllez de Meneses, 32 (1971), pp. 203-237. 19

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definitiva. Frente a ello, los priores de San Juan y tenientes de cura de la iglesia madre de San Juan de Raicedo fueron llamados a la pila bautismal como padrinos unas treinta ocasiones, un número que puede variar ligeramente en tanto que hay ciertos personajes de los que no disponemos suficiente información como para incluirlos en este grupo. Asimismo hemos incluido al Licenciado Don Francisco de Ceballos, un miembro de la Orden de San Juan que también aparece como padrino de cinco infantes en total (dos en 1695, otro en 1699, un cuarto en 1708 y el último en 1711), en este caso se trataría del Prior de Arbejal, que practicaba la cura de almas en un territorio situado al norte de la actual provincia de Palencia, y acabaría siendo prior de la demarcación de la orden en el Valle de Iguña. ¿A qué se debe esta predilección por parte de la población local por los sanjuanistas de Raicedo en detrimento de los dominicos de San Román? Si algo destaca en el análisis de estos últimos es la práctica ausencia de vínculos familiares con las familias y linajes locales, lo que les situaba en una situación poco deseable, en tanto que probablemente eran percibidos por su feligresía como elementos extraños con los que no resultaba ventajoso establecer una relación de parentesco espiritual. La vida diaria del campesinado local, parte mayoritaria de la población de la zona, se encontraría marcada por la explotación de tierras, propias o ajenas a renta, así como las comunales, todo ello entremezclado con situaciones de interdependencia renovadas generación tras generación, tanto en dirección vertical como horizontal, un juego en el que los priores dominicos no podrían participar en igualdad de condiciones, dado que su presencia era, por definición, temporal. Se trataba de una institución mucho más personalista, que pensaba más en términos de la Orden y el Monasterio matriz que en tejer lazos en la zona, dado que tarde o temprano, el prior era trasladado o moría, y no había una trama secundaria de personas que mantuvieran la relación de lealtades y dependencias al mismo nivel que sí podían, por ejemplo, los priores sanjuanistas. Por otra parte, esto no quiere decir que los dominicos no contaran en el valle con importantes posesiones en tierras, ni que no las dejaran en arriendo a los locales, sino que las posibilidades sociales de futuro que podía otorgarles no eran comparables a las que proporcionaban los priores de Raicedo, que, por lo que parece, consiguieron desarrollar un concepto mucho más clientelar. Para dotar a la comparación de datos más concretos, utilizaremos el Catastro de Ensenada y datos procedentes de otros estudios para valorar la importancia de las posesiones de unos y otros en este espacio. Según el Memorial de Eclesiásticos del Catastro de Ensenada de Arenas de Iguña20, el Monasterio de Santo Domingo de Silos era propietario de una importante cantidad de bienes –tanto en dicho concejo como en otros del Valle consignados en tal volumen por error-, que sumaban un total de más de 400 carros de tierra y praderías (418 carros y 8’5 peonadas), que convertido a unidades de medida actuales contabilizan alrededor de 7’4 hectáreas de terreno 21 , aunque probablemente sería un número más elevado, dado que aún no hemos consultado todos los volúmenes de este espacio geográfico. Frente a él, la Orden de San Juan, según los datos que aportara Manuel Revuelta22, poseía a finales del siglo XVIII 611 carros de 20

AHPC, Catastro de Ensenada, leg. 53, ff. Memorial de Eclesiásticos, 38r-54r. El carro es una medida de superficie tradicional propia de la región de Cantabria, cuya equivalencia variaba según la comarca. Para hacer el cálculo utilizado el coeficiente que Ramón Lanza establece para los valles interiores de 1 carro=1’78 áreas. R. Lanza, La población…, p. 180. 22 M. Revuelta, “La Bailía de Población…”, p. 229. 21

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tierras de labor y 162 de prados distribuidos por todo el Valle de Iguña, lo que trasladado al sistema métrico decimal se traducía en un total de 13’66 hectáreas. En ambos casos se tratan de cifras en absoluto desdeñables, en tanto que las explotaciones con una superficie mayor de dos ha constituían la minoría en buena parte del territorio de la Cantabria del Antiguo Régimen23. Todo ello convertía a estos priores y tenientes de cura en candidatos deseables para muchas familias de la zona, y sin embargo, de los encargados de estos dos prioratos se apostó como padrinos casi en exclusiva por los de la religión de San Juan, algo que en mi opinión se debe a lo que ya indicábamos anteriormente de la relación estrecha con las familias del entorno. Estos presbíteros y priores podían facilitar el acceso a la tierra como sus renteros, o hacer incluso de intermediarios entre ellos y otros miembros de las élites, en el caso de que los padres del bautizado fueran de un nivel social inferior. Si los futuros compadres del sacerdote eran parte precisamente de las élites infanzonas la elección de un clérigo como padrino encajaba perfectamente dentro de las estrategias del linaje quizá como antesala a la obtención de una capellanía o beneficio por parte de dicho ahijado años más tarde. Entre los clérigos sanjuanistas que más veces ocuparon la posición de padrino encontramos al Licenciado Juan Gutiérrez de Liaño, cura de San Juan de Raicedo (en 6 ocasiones, entre 1629 y 1644), Don Manuel de Obregón Castañeda, prior (en 4 ocasiones, entre 1634 y 1645), a finales del siglo XVII y principios del XVIII el ya mencionado Licenciado Don Francisco de Ceballos y, al final de dicha centuria, Don Francisco Díaz Borrego, teniente de cura de San Juan de Raicedo (6 ocasiones, entre 1767 y 1779). Se trataba de personajes muy activos en la vida de la comunidad local, y esto es algo que se percibe de manera gráfica en los Protocolos Notariales del Valle. Estos clérigos adquirían y vendían tierras con relativa frecuencia, obtenían censos a su favor y compraban, al igual que sus convecinos, productos que no eran habituales en la zona, como era el vino de la Nava (procedente de Valladolid). En 1656, Juan Díaz de Quevedo, vecino de Arenas, se obligaba a devolver a Don Alonso de Obregón Castañeda, pariente mayor de los Obregón, noventa y siete reales “por fin y alcance de quentas attrasadas que tuve con Don Manuel de Obregón Castañeda prior que fue de San Juan hermano del sussodicho”24, un claro ejemplo de que la interconexión entre los miembros de los linajes infanzones y los clérigos de su familia nunca se perdía y se hacía, aún más fuerte, si cabe. Mantenían pues, una mentalidad eminentemente patrimonial y proclive al engrandecimiento de sus familias de cuyos intereses de reproducción y ascenso social, nunca se habían alejado realmente. 2.3. Capellanías, beneficios y clientelas Más allá de los sacerdotes de dicha orden nos encontramos con otro conjunto de beneficiados y capellanes a los que conviene hacer mención. Respecto a este último punto el mejor ejemplo es sin duda el protagonizado por Don Pablo Núñez de Quevedo, capellán perteneciente a un importante linaje local que es llamado a la pila bautismal de Arenas y Las Fraguas en no menos de quince ocasiones entre 1754 y 178025, siendo el 23

R. Lanza, La población…, pp. 371-372. AHPC, Protocolos Notariales, leg. 2679-3, ff. 92v-93. 25 Estos quince bautizados son: Manuela Antonia (29/07/1754), Nicolás Pablo (15/09/1754), Juana Paula (16/04/1755), Joaquín Andrés (27/12/1755), Francisco Pablo (26/12/1756), Clara Micaela (17/05/1757), Flora Micaela (26/06/1757), María Antonia (15/10/1757), Miguel Antonio (28/10/1757), Teresa Paula 24

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Héctor Fernando SÁNCHEZ DIEGO

personaje con un mayor número de ahijados de la presente muestra. En 1752, Don Pablo era un clérigo de menores de treinta y dos años que vivía en Arenas de Iguña 26, y para entonces ya contaba con las rentas de una capellanía cuyo patronato ostentaba su familia desde que fuera fundada en 1648 por Don Pedro Núñez de Quevedo, familiar de la Santa Inquisición y pariente mayor de los Núñez del Valle de Iguña 27. Don Pablo era, a su vez, administrador “de los bienes y efectos que dicha sagrada religión (de San Juan) tiene en el partido de montaña”28, y poseedor de importantes bienes patrimoniales, que le permitían vivir dignamente y mantener a dos criados consigo 29 , pues era propietario en Arenas de Iguña de 56 Carros de tierra, alrededor de 1 ha en la actualidad, además de once prados de unas 15 peonadas en total, junto a muchas otras posesiones en varios concejos más del valle. A través de la observación de esta serie de quince partidas es palpable el continuo ascenso dentro de la organización eclesiástica del valle por parte de este capellán; en los cinco primeros bautismos (1754-56) aparece como clérigo de menores, en 1757 es ya mencionado como clérigo de órdenes mayores y presbítero, llegando a lo que podría considerarse el culmen de la carrera de un clérigo rural en 1780, cuando es inscrito en una partida como arcipreste de Cillaperril, una de las subdivisiones del ya entonces obispado de Santander, en 1780, una fecha en la que ya debía de frisar los sesenta años. De entre los ahijados de Don Pablo, tan solo dos son fruto de un matrimonio entre miembros de esa nobleza infanzona que utiliza el “don” como tratamiento distintivo de su status, y en ambos casos, hay presencia de homonimia para con uno de los dos progenitores, si bien no podemos saber con seguridad si estaban relacionados o no por vínculos de sangre. Esto supone tan solo un 13 por ciento de todos sus ahijados, dato muy alejado del 33 por ciento de ocasiones en que dicha circunstancia tiene lugar si tomamos como referencia los noventa y cinco casos de clérigos padrinos 30 . Con respecto al resto de sus ahijados, uno de ellos era hijo de Fernando Pernía, un rentero de los bienes de la orden de San Juan que Don Pablo administraba, por lo que la elección de éste como compadre podía resultar útil en momentos de escasez o epidemias en los que resultara más complicado mantener el pago de la renta al día, por ejemplo. Este sacerdote fue padrino, también, de Pablo Julián de Carballo, hijo natural de la relación – posteriormente solemnizada en matrimonio- entre Juan de Dios Carballo, entonces esclavo de Don José de Mioño, a quien nos referimos previamente, y de Rosa Ruiz de Quijano, moza soltera hija de un matrimonio local. No es extraño que estos padres recurrieran en una situación de tal irregularidad a Don Pablo, en tanto que posiblemente creyeran que éste podía interceder tanto por ellos como por su hijo en los años venideros; no en vano, una de las funciones que se suele atribuir a un padrino es la de sustituto de los padres si estos fallecieran. Por señalar un último caso en el que podía resultar útil establecer una relación de parentesco espiritual que podríamos tildar de (19/02/1758), Clara Manuela (20/01/1760), Pablo Julián (20/01/1760), Ambrosia (10/04/1764), Antonia Gertrudis (14/04/1764) y Manuel Ramón Pablo Julián José (19/08/1780). 26 AHPC, Catastro de Ensenada, leg. 53, Memorial de Eclesiásticos, fol. 55r. 27 Carlos Argüeso Seco, “Los Núñez de Quevedo en Arenas de Iguña”, ASCAGEN, 8 (Otoño 2012), pp. 77-92. 28 AHPC, Catastro de Ensenada, leg. 53, ff. 31r-37r. 29 AHPC, Catastro de Ensenada, leg. 53, ff. 55r-59r. 30 Otros datos muy interesantes, pero en un contexto urbano en: Ofelia Rey Castelao, “De la casa a la pila. Hábitos y costumbres del Bautismo y Padrinazgo en Santiago de Compostela, siglos XVII-XVIII”, en Inmaculada Arias de Saavedra y Miguel-Luis López Guadalupe (eds.), Vida cotidiana en la Monarquía Hispánica. Tiempos y Espacios, p. 206.

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PADRINAZGO ECLESIÁSTICO Y REPRODUCCIÓN SOCIAL …

clientelar, con un profundo sentido vertical, nos referiremos a Lucas de Olibarri y Micaela de Bárcena, padres en 1757 de una niña llamada Clara Micaela Cruz. Este matrimonio procedía de los Valles de Mena y Ruesga, y por tanto eran entonces forasteros en Iguña, por lo que elegir como padrino de su hija a Don Pablo, podría verse como una manera de facilitar a sus padres la integración en la trama de interrelaciones sociales que dirigían la vida diaria de la comunidad local. De todos modos, lo que parece apreciarse en los casos precedentes es que la relación preexistente entre Don Pablo y sus futuros compadres era de marcado carácter asimétrico, de arriba abajo, y además en mucho mayor grado que en el caso del resto de sus compañeros de estamento, consiguiendo así ejercer una importante influencia por sí mismo gracias a sus rentas y posición privilegiada dentro del clero rural del Valle. En cierto modo, constituyó, durante la mayor parte de su actividad en la cura de almas, una alternativa y un auténtico reemplazo a lo que la figura del Prior de San Juan había supuesto hasta la fecha, que prácticamente desaparece como padrino durante estos años. Tanto Don Pablo Núñez de Quevedo como la casi exclusiva totalidad de todos los clérigos presentes en la muestra objeto de la presente comunicación procedían de un marco geográfico muy reducido, que se extendía al Valle de Iguña y al contiguo de Cieza. Esta es una característica muy habitual del bajo clero rural hispano tal y como comenta Arturo Morgado, que insiste en esta la pronunciada “endogamia geográfica” de este colectivo, en tanto que los beneficios curados de este tipo de espacios no