¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Costos económicos y no económicos del acceso a la justicia en procesos de alimentos y de violación sexual

September 3, 2017 | Autor: W. Hernandez Breña | Categoría: Judicial review, Justice, Judicial Reform
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Descripción

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Wilson Hernández Breña

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Costos económicos y no económicos del acceso a la justicia en procesos de alimentos y de violación sexual en Apurímac (Andahuaylas y Chincheros) y Cajamarca (Chota y San Marcos)

INFORME DE INVESTIGACIÓN

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Costos económicos y no económicos del acceso a la justicia en procesos de alimentos y de violación sexual en Apurímac (Andahuaylas y Chincheros) y Cajamarca (Chota y San Marcos). Consultor investigador Wilson Hernández Breña Equipo de trabajo de campo Alumnos de la Universidad Privada Antonio Guillermo Urrelo de Cajamarca - UPAGU y de la Universidad Tecnológica de los Andes - UTEA , Apurímac y equipo de PROJUR en Cajamarca y Apurímac. Responsable de la edición José Regalado Gutiérrez Coordinación de la investigación Wuille Ruíz Figueroa Diseño y diagramación José Guillén Enciso Impresión Multiservicios Gráficos Raphael e Hijo San Felipe 853 - Surquillo Tiraje 1,000 unidades Lima, Noviembre 2011 Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú Nº 2011-14196. El Proyecto de Acceso a la Justicia en Comunidades Rurales - PROJUR Fase III, es ejecutado por el Poder Judicial a través de la Oficina Nacional de Justicia de Paz (ONAJUP). Esta publicación es posible gracias al apoyo provisto por el Programa Fortalecimiento de la Institución Democrática de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación - COSUDE.

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres?

Indice PRESENTACIÓN . ..................................................................................................................11 INTRODUCCIÓN . ..................................................................................................................15 Primera Sección Marco Conceptual................................................................................................................21 I.

El caso de Luz… mas común de lo que se piensa (caso de pensión de alimentos) ............22

II. El caso de María, un difícil y largo proceso hasta la justicia (caso de violación sexual) .....23 III. El acceso a la justicia materializado a través de sus costos .............................................24 IV. Definiendo los costos de acceso a la justicia ...................................................................27 1. Clasificación de los costos del acceso a la justicia en función de su realización económica ................................................................................................................27 2. Los costos del acceso a la justicia en el tiempo .........................................................30 3. Clasificación funcional de los costos de acceso a la justicia .......................................30 V. Metodología ...................................................................................................................33 1. Ámbito de estudio .....................................................................................................33 2. Fases de Levantamiento de información . ..................................................................34 2.1. Fase 1: Exploración ........................................................................................... 35 2.2. Fase 2: Sistematización de información de expedientes judiciales (alimentos y violación sexual) ............................................................................. 35 2.3. Fase 3: Encuestas con mujeres demandantes en los procesos judiciales de alimentos identificados . ............................................................................... 36 2.4. Fase 4: Entrevistas con mujeres agraviadas por violación sexual ........................ 37 Segunda Sección Procesos de Alimentos . ......................................................................................................40 I.

Detrás de los procesos de alimentos: Contexto, perfil de demandantes y características de las demandas en las zonas de estudio ................................................42 1. Contexto social detrás de la fuerte presencia de casos de alimentos ..........................43 1.1. La visión de género como obstáculo. ................................................................. 44 1.2. Insuficiente conocimiento de derechos .............................................................. 47 1.3. Demanda por justicia no atendida ..................................................................... 49

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? 2. Caracterización de las mujeres demandantes de alimentos.........................................53 2.1. Perfil demográfico.............................................................................................. 55 2.2. Perfil socioeconómico........................................................................................ 57 2.3. Perfil de historia de violencia contra la mujer..................................................... 60 3. Caracterización de los procesos judiciales de alimentos.............................................63 3.1. El perfil de la demanda por alimentos................................................................. 64 3.1.1. Utilización del formato de demanda de alimentos del Poder Judicial........ 65 3.1.2. Destino de la pensión solicitada............................................................... 66 3.1.3. Forma de la pensión solicitada (monto fijo o porcentaje)........................... 66 3.1.4. Monto de pensión solicitado..................................................................... 67 3.2. Los resultados de las demandas por alimentos................................................... 69 3.2.1. Formas de conclusión del proceso............................................................ 69 3.2.2. Monto de pensión solicitada y obtenida.................................................... 71 3.2.3. Interposición de apelaciones........................................ ..............................73 3.2.4. Duración de los procesos......................................................................... 76

II. Los costos del acceso a la justicia en los procesos de alimentos en las zonas de estudio........................................................................................................81 1. Los costos antes del proceso judicial .............................................................................81 1.1. Costos de sostenimiento y acompañamiento del proceso judicial........................ 83 1.1.1. Costos de intento de solución previa ....................................................... 84 2. Los costos durante el proceso judicial........................................................................84 2.1. Costos de sostenimiento y acompañamiento del proceso judicial.........................86 2.1.1. Costos de los servicios legales entregados por los abogados..................................................................................... 86 2.1.2. Costos en transportes, trámites y otras tareas menores........................... 87 2.1.3. Costos por el tiempo de exceso transcurrido en el proceso judicial........... 89 2.2. Costos derivados de deficiencias en el funcionamiento del sistema de justicia.....91 2.2.1. Costos derivados de deficiencias en la iniciativa del formato de demanda de alimentos................................................................ ..............92 2.2.2. Costos derivados de la escasa efectividad de la asignación anticipada .......................................................................... 98 2.2.3. Costos derivados de la fijación de la pensión por conciliación judicial......101 2.3. Costos derivados del funcionamiento del mercado de abogados y de la actuación de los abogados........................................................................104 2.3.1. Costos por la duración del proceso derivados del bajo dinamismo pasivo de la defensa de la demandante....................105 2.3.2. Costos derivados de la no presencia del abogado en la audiencia............107 2.3.3. Costos derivados de la efectividad de la defensa legal privada y de oficio.............................................................110 2.3.4. Costos derivados de la escasa posibilidad de ser patrocinada por un defensor de oficio...........................................115 2.3.5. Costos derivados de la escasa posibilidad de contratar abogadas y no abogados........................................................................................116 3. Los costos después del proceso judicial................................................................... 118 3.1. Costos derivados del funcionamiento del sistema de justicia y sus actores......... 119 4

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? 3.1.1. Costos para la ejecución de las sentencias............................................. 120 3.1.2. Costos derivados de la mala experiencia con el sistema de justicia........................................................................124 3.2. Costos en lo intrapersonal.................................................................................129 3.2.1. Costos en la esfera personal.....................................................................129 Tercera Sección Procesos Judiciales de Violación Sexual.............................................................................135 I. Detrás de los procesos de violación sexual: Contexto, perfil de agraviadas y de agresores y características de las denuncias en las zonas de estudio.............................138 1. Contexto social detrás de los casos de violación sexual ............................................139 1.1. La visión de género como obstáculo................................................................. 140 1.2. Insuficiente conocimiento de derechos..............................................................143 1.3. Demanda de justicia no atendida.........................................................................144 2. Caracterización de las mujeres agraviadas en casos de violación sexual................... 147 3. Caracterización de los agresores en casos de violación sexual.................................. 151 4. Caracterización de los procesos de violación sexual..................................................151. 4.1. El perfil de la denuncia por violación sexual.......................................................153 4.1.1. Tiempo entre los hechos y la denuncia....................................................153 4.1.2. Situación jurídica del agresor..................................................................155 4.2. Los resultados de las denuncias por violación sexual........................................ 156 4.2.1. Formas de conclusión del proceso.......................................................... 156 4.2.2. Penas solicitadas y penas impuestas ......................................................157 4.2.3. Frecuencia y monto de reparación civil................................................... 160 4.2.4. Interposición de apelaciones...................................................................162 4.2.5. Tiempo de los procesos..........................................................................163 II. Los costos del acceso a la justicia en los procesos de violación sexual en las zonas de estudio...........................................................................................................164



1. Los costos durante el proceso judicial.......................................................................166 1.1. Costos de sostenimiento y acompañamiento del proceso judicial.......................167 1.1.1. Costos de los servicios legales entregados por los abogados...................167 1.1.2. Costos en transportes, trámites y otras tareas menores......................... 168 1.2. Costos derivados de deficiencias en el funcionamiento del sistema de justicia............................................................................................169 1.2.1. Costos derivados de las inadecuadas condiciones para la recepción de la denuncia.............................................................170 1.2.2. Costos derivados del nulo uso de intérpretes oficiales.............................172 1.2.3. Costos derivados de las deficiencias de las acciones probatorias.............143 1.2.4. Costos derivados de los «atenuantes» para la determinación de la pena........................................................................179 1.2.5. Costos derivados de los reducidos montos de la reparación civil............. 184 1.2.6. Costos por el tiempo de exceso transcurrido en el proceso judicial......... 184 5

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? 1.3. Costos derivados del funcionamiento del mercado de abogados y de la actuación de los abogados...................................................................... 185. 1.3.1. Costos derivados de la escasa posibilidad de ser patrocinada por un defensor de oficio.......................................... 186 1.3.2. Costos derivados de la escasa posibilidad de contratar abogadas y no abogados......................................................... 186 2. Los costos después del proceso judicial.....................................................................187 2.1. Costos derivados de deficiencias en el funcionamiento del sistema de justicia....187 2.1.1. Costos derivados de la mala experiencia con el sistema de justicia (revictimización)..................................................................................... 188 2.1.2. Costos derivados de la débil presencia de redes de soporte para las agraviadas..............................................................................................191 2.2. Costos en lo intrapersonal y en las redes sociales..............................................193 2.2.1. Costos en la esfera personal...................................................................193 2.2.2. Costos en el capital social...................................................................... 194 CONCLUSIONES.................................................................................................................195 RECOMENDACIONES...........................................................................................................205 BIBLIOGRAFÍA................................. ........................................................................................209 ANEXOS.............................................................................................................................. 213 Anexo 1. Formato del Poder Judicial para la presentación de demandas por alimentos................................................................................................................ 215 Anexo 2. Lista de operadores de justicia y actores entrevistados en Cajamarca y Apurímac...................................................................................................................... 218 Anexo 3.Sentencia en caso de violencia sexual, modalidad de violación de persona en Incapacidad o Imposibilidad de resistir y Lesiones Leves .............................220

TABLA DE CUADROS Cuadro 1 Indicadores sociales básicos de las provincias estudiadas...................................26 Cuadro 2 Edad de las demandantes en procesos de alimentos...........................................53 Cuadro 3 Número de hijos entre demandante y demandado por alimentos.........................54 Cuadro 4 Nivel de analfabetismo entre las demandantes por alimentos..............................54 Cuadro 5 Ocupación de las demandantes por alimentos.....................................................56 Cuadro 6 Nivel de estudios de las demandantes en procesos de alimentos.........................56 Cuadro 7 Presupuesto / ingreso mensual de las demandantes por alimentos.....................56 Cuadro 8 Formas de financiamiento para el pago de los honorarios de abogado.................59 6

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Cuadro 9 Mujeres demandantes por alimentos que sufrieron violencia en sus relaciones de pareja (fuente: expedientes judiciales)......................................59 Cuadro 10 Mujeres demandantes por alimentos que sufrieron violencia en sus relaciones de pareja (fuente: entrevistas con demandantes)...........................60 Cuadro 11 Utilización del formato de demanda por alimentos del Poder Judicial..................63 Cuadro 12 Destino de la pensión solicitada en la demanda...................................................64 Cuadro 13 Forma de la pensión solicitada (monto fijo o porcentaje)......................................64 Cuadro 14 Promedio de pensión solicitada y obtenida en los procesos de............................70 Cuadro 15 Formas de conclusión del proceso y pensión promedio obtenida.........................72 Cuadro 16 Apelaciones en los procesos de alimentos........................................................... 74 Cuadro 17 Algunos indicadores básicos sobre carga procesal..............................................79 Cuadro 18 Duración de los procesos de alimentos, según la forma de conclusión del proceso........................................................................................80 Cuadro 19 Intentos de obtención de pensión antes de llegar al Poder Judicial.....................84 Cuadro 20 Otorgamiento de asignación anticipada en los procesos judiciales.....................100 Cuadro 21 Abogados y abogadas litigantes en procesos de alimentos................................. 118 Cuadro 22 Cumplimiento del pago de la pensión ordenada por sentencia...........................122 Cuadro 23 Acciones tomadas luego de la sentencia para procurar su cumplimiento............122 Cuadro 24 Demandantes que recibieron amenazas o intimidaciones durante el proceso de alimentos....................................................................................132 Cuadro 25 Nivel de confianza en demandantes como consecuencia del proceso judicial (autoreporte).....................................................................................................133 Cuadro 26 Nivel de seguridad en demandantes como consecuencia del proceso judicial (autoreporte).....................................................................................................133 Cuadro 27 Edad de las agraviadas por violación sexual......................... ................................150 Cuadro 28 Nivel de estudios de las agraviadas por violación sexual.....................................150 Cuadro 29 Datos varios de los agresores (número, sexo, estado civil, antecedentes penales y uso de alcohol o drogas).................................................................... 151 Cuadro 30 Nivel educativo de los agresores ....................................................................... 152 Cuadro 31 Ocupación de los agresores............................................................................... 152 7

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Cuadro 32 Edad del agresor sexual................................................................................... .152 Cuadro 33 Relación entre agraviada y agresor....................................................................153 Cuadro 34 Vía procedimental de los procesos de violación sexual....................................... 155 Cuadro 35 Tiempo entre los hechos y la denuncia.............................................................. 157 Cuadro 36 Situación jurídica del agresor durante el proceso...............................................158 Cuadro 37 Formas de conclusión del proceso de violación sexual....................................... 159 Cuadro 38 Pena impuesta vía sentencia.............................................................................160 Cuadro 39 Tipo de pena impuesta vía sentenci...................................................................160 Cuadro 40 Promedio de penas solicitadas por la Fiscalía y finalmente impuestas por el Poder Judicial........................................................................ 161 Cuadro 41 Agraviadas que se constituyeron como parte civil..............................................163 Cuadro 42 Tasa de apelaciones en los procesos de violencia sexual.................................... 165 Cuadro 43 Patrocinio de abogados en los casos de violación sexual.................................... 171 Cuadro 44 Aspectos con carga sexista abordados durante la declaración preventiva (agraviada) por parte de la Policía..................................................... 179 Cuadro 45 Aspectos con carga sexista abordados durante la declaración preventiva (agraviada) por parte de los jueces....................................................................180 Cuadro 46 Aspectos considerados por los jueces como atenuantes en las sentencias de los procesos de violencia sexual..................................................184 Cuadro 47 Orden de tratamiento psicológico en la sentencia de casos por violación sexual.................................................................................196 TABLA DE GRÁFICOS Gráfico 1 Pensiones promedio solicitadas en las demandas de alimentos...........................65 Gráfico 2 Cuantía de pensión solicitada como monto fijo....................................................66 Gráfico 3 Cuantía de pensión solicitada como porcentaje de ingresos de demandado.........66 Gráfico 4 Forma de conclusión de los procesos de alimentos..............................................69 Gráfico 5 Duración promedio de los procesos judiciales de alimentos.................................75 Gráfico 6 Duración promedio de los procesos de alimentos según plazo legal y plazo legal ajustado.................................................................................77 8

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres?

Gráfico 7 Porcentaje de procesos culminados dentro del plazo legal ajustado.....................78 Gráfico 8 Costos efectuados para la contratación de abogado(s) (en nuevos soles)..............86 Gráfico 9 Costos en transporte a lo largo de todo el proceso judicial (en nuevos soles).................................................................................................88 Gráfico 10 Costos por el tiempo de exceso transcurrido en el proceso judicial (en nuevos soles).................................................................................................91 Gráfico 11 Costos derivados de deficiencias en la iniciativa del formato de demanda de alimentos (costos para quienes no usan el formato de demanda) (en nuevos soles)....................................................................... ...........................95 Gráfico 12 Relación entre asignación anticipada y pensión promedio luego obtenida por sentencia.............................................................................100 Gráfico 13 Costos por la duración del proceso derivados del dinamismo bajo de la defensa de la demandante (en nuevos soles)...................................... 107 Gráfico 14 Diferencia en el monto promedio de pensión obtenida con abogados privados y de oficio (efectividad de la defensa legal).......................... 113 Gráfico 15 Pensión solicitada en demanda, según abogado particular y de oficio................ 114 Gráfico 16 Pensión promedio obtenida en casos defendidos por abogados y abogadas....... 118 Gráfico 17 Costos derivados de la desconfianza y contacto con el Poder Judicial (porcentaje de demandantes por alimentos que no volvería a iniciar un proceso judicial)...........................................................................................127 Gráfico 18 Evaluación del paso por el Poder Judicial por parte de las demandantes (satisfacción general y evaluación del desempeño de jueces).............................128 Gráfico 19 Empoderamiento y decisión de volver a iniciar un proceso de alimentos............134 Gráfico 20 Reparaciones civiles ordenadas.........................................................................164 Gráfico 21 Duración de los procesos por violencia sexual...................................................166 Gráfico 22 Presencia del fiscal durante la manifestación de la declaración preventiva de la agraviada realizada por la Policía............................................. 181 TABLA DE ILUSTRACIONES Ilustración 1

Tipo de costos asociados al acceso a la justicia............................................29

Ilustración 2

Clasificación funcional de los costos de acceso a la justicia (según los espacios de interacción donde éstos se originan o desenvuelven).................32 9

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Ilustración 3

Instituciones vinculadas al sistema de justicia en la temática de alimentos en las zonas de estudio................................................................50

Ilustración 4 Ilustración 5

Etapas del proceso judicial de alimentos......................................................61 Diferencias entre el plazo legal y el plazo legal ajustado para los procesos de alimentos....................................................................77

Ilustración 6

Esquema de interrelación de los costos de acceso a la justicia en los procesos de alimentos...........................................................82

Ilustración 7

Costos de acceso a la justicia antes del proceso judicial...............................82

Ilustración 8

Costos de acceso a la justicia durante el proceso judicial.............................85

Ilustración 9

Escenarios de audiencia única en función de la presencia o no de los abogados de las partes............................................109

Ilustración 10 Relación entre pensión y presencia del abogado durante la audiencia de conciliación........................................................... 110 Ilustración 11 Costos derivados de la diferencia en la efectividad de la defensa de abogados privados y de oficio ......................................... 116 Ilustración 12 Costos de acceso a la justicia ex post al proceso judicial............................120 Ilustración 13 Asociaciones hechas por las demandantes frente a la palabra «justicia», «juez» y «abogado».................................................129 Ilustración 14 Instituciones vinculadas al sistema de justicia en la temática de violación sexual en las zonas de estudio.................................. 147 Ilustración 15 Etapas del proceso judicial de violencia sexual (procesos ordinarios) .........154 Ilustración 16 Etapas del proceso judicial de violencia sexual (procesos sumarios)........... 155 Ilustración 17 Esquema de interrelación de costos de acceso a la justicia en los procesos de violencia sexual................................................................. 169 Ilustración 18 Costos de acceso a la justicia durante el proceso judicial...........................168 Ilustración 19 Deficiencias en las acciones probatorias que originan costos para la agraviada....................................................................................... 178 Ilustración 20 Costos de acceso a la justicia después del proceso judicial........................192 Ilustración 21 Siete puntos de revictimización de las agraviadas en los procesos de violencia sexual.....................................................................................193

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres?

Presentación Uno de los aspectos poco analizados por las investigaciones sobre la problemática del acceso a la justicia es el referido a los costos que representa para los usuarios acudir a ella para obtener una respuesta a sus demandas de justicia. El presente trabajo busca responder a la pregunta ¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres?, pero tomando como referencia a una parte de las mujeres de Apurímac y Cajamarca, quienes acuden al sistema de justicia ordinario a partir de dos situaciones que son recurrentes en las zonas que han sido tomadas como estudio, el proceso de alimentos y los casos de violación sexual. Nuestra legislación señala, en general, que la administración de justicia es gratuita para las personas de escasos recursos económicos, y para todos los casos expresamente previstos por ley, precisando aquellos procesos en los que se exonera del pago de tasas judiciales1. El código procesal civil establece que en los procesos de alimentos, en caso el monto de la pensión alimenticia demandada no exceda de determinada cantidad, también se exonera del pago de tasas judiciales. Respecto a la justicia penal ordinaria, también se afirma que la justicia penal es gratuita, salvo el pago de determinadas costas procesales2. Más allá de las buenas voluntades y de las bien intencionadas disposiciones, lo real es que todo asunto que se ventila en las esferas del sistema de justicia ordinario, demanda un costo para el usuario. El sentido del acceso a la justicia es el de brindar las condiciones necesarias al usuario para que acuda al sistema de justicia en confianza que ha de tener una respuesta oportuna y ajustada a derecho de sus demandas. Acudir a la justicia ordinaria representa entonces un costo que las personas deben considerar. Nos referimos a los costos que en este trabajo se presentan como costos de la justicia, los cuales se agrupan en (i) costos derivados del sostenimiento y acompañamiento del proceso judicial, (ii) costos derivados de deficiencias en el funcionamiento del sistema de justicia, (iii) costos derivados del funcionamiento del mercado de servicios legales y de la actuación de los abogados y (iv) costos derivados de afectaciones en las esferas personal e interpersonal. Una de las barreras para el acceso a la justicia de la población son las barreras económicas, por lo que uno de los objetivos de este trabajo es mostrar una aproximación del costo para aquellas mujeres de las zonas rurales de Cajamarca y Apurímac3 cuyos casos han sido vistos ante las instituciones de la justicia ordinaria en el trámite de demanda de alimentos y de violación sexual, con el fin de proponer alternativas para neutralizar este impacto en la población rural y pobre del país, y lograr mecanismos legales más flexibles y oportunos para la satisfacción de la demanda de justicia.

1. Texto Único Ordenado de la Ley Orgánica del Poder Judicial, artículo 24, Decreto Supremo Nº 017-93-JUS . 2. Nuevo Código Procesal Penal, artículo 1º. La justicia penal es gratuita, salvo el pago de las costas procesales establecidas conforme a este Código. 3. Los datos han sido tomados de las sedes judiciales de las provincias de Chota y San Marcos Cajamarca así como de Chincheros y Andahuaylas Apurímac.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Las mujeres siguen constituyendo una expresión de aquella parte de la población que es estigmatizada y discriminada por su sola condición de mujer, si a aquello agregamos el caso de las mujeres rurales que sufren condiciones de pobreza y miseria, aquellas que no necesariamente han concluido satisfactoriamente la educación básica o superior, mujeres que culturalmente son distintas de las mujeres de la ciudad o de las zonas urbanas, además que son quechua hablantes, entonces estamos refiriéndonos a un segmento de la población muy particular al cual PROJUR ha tenido oportunidad de acompañar en sus demandas y denuncias ante la justicia ordinaria a través de los servicios legales, a veces con éxito otras veces sintiéndonos con amargura, impotentes ante las murallas invisibles de una justicia que, a pesar de los esfuerzos en revertir esta situación, no logra comprender en su real dimensión, la realidad en que viven y sobreviven nuestras mujeres rurales debido a que se prioriza, ante todo, los rígidos mecanismos y procedimientos legales, antes que aplicar estos procedimientos a partir del reconocimiento de la dignidad de la persona como ser humano. El estudio cubre geográficamente dos provincias de Apurímac y dos de Cajamarca. En los escenarios locales hemos constatado la necesidad de revisar determinada legislación que ha sido preparada desde una visión urbana o citadina sin tomar en cuenta la realidad rural y pobre de nuestro país. Por ejemplo, el formato del Poder Judicial para presentar la demanda de alimentos, podría parecer algo muy sencillo de llenar, pero para una persona que es quechua hablante o que no sabe leer y escribir, de qué manera lo hará sino es con el concurso de una tercera persona. Bien valdría hacer una evaluación de la eficacia del uso de este formato en zonas rurales, en donde por ejemplo, habita población quechua hablante o de otros idiomas distintos al castellano. Esta investigación no sólo se esfuerza en identificar aquellos factores que constituyen los costos de la justicia para las mujeres sino que también presenta algunos hallazgos en el estudio de los expedientes judiciales, como aquel caso de un juez de Andahuaylas quien termina absolviendo a un procesado por violación sexual a menor de edad a pesar que todos los medios probatorios obrantes en el expediente nos llevaría a emitir una sentencia condenatoria, generando con ello una sensación de impunidad y de una justicia parcializada en contra de las mujeres. Este estudio pretende así, contribuir con el acceso a la justicia de la población rural y fortalecer el sistema de justicia desde una visión de género, derechos humanos y de interculturalidad, objetivos estratégicos de PROJUR que en Julio del 2010 culminó parte de su intervención para dar lugar a una nueva etapa desde el Poder Judicial, con los mismos enfoques y contenidos, y con el mismo empeño de poner en relieve los mecanismos y procedimientos de resolución de conflictos que ocurren en el ámbito local. Consideramos que se debe fortalecer el sistema de justicia local a través de un diálogo intercultural, espacio en el que concurren actores de justicia ordinaria jueces, fiscales y policía , jueces y juezas de paz, así como actores de la justicia especial o comunal rondas campesinas, gobernadores y tenientes gobernadores, autoridades de las comunidades campesinas y comunidades nativas, entre otros , así como una población que debe ser empoderada cada vez más en sus derechos. A partir de los hallazgos y contenidos de esta investigación, deberíamos establecer protocolos apropiados de intervención de los 12

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? operadores jurídicos para el caso de demandas de alimentos y violación sexual. La responsabilidad de esta investigación, realizada en el segundo semestre del 2009, estuvo a cargo del Economista Wilson Hernández Breña quien ha incursionado con mucha responsabilidad en diversos estudios sobre la justicia. Nuestro reconocimiento a los equipos regionales de PROJUR conformados por personal de la Asociación Servicios Educativos Rurales de Cajamarca y de la Asociación Paz y Esperanza de Apurímac por haber acompañado esta labor, así como a los funcionarios y auxiliares judiciales, a los estudiantes de derecho de la Universidad Antonio Guillermo Urrelo, Cajamarca, y de la Universidad Tecnológica de los Andes, Apurímac, por su apoyo durante el levantamiento de la información, sin lo cual no habría sido posible llevar adelante esta investigación. Agradecemos a la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación- COSUDE, quien ha provisto los recursos y acompañamiento necesario para avanzar en el cumplimiento de los objetivos.

Fernando Meza Farfan Director Nacional de PROJUR

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres?

Introducción En los últimos años, el debate en torno a la administración de justicia ha implicado una mayor discusión en torno a las barreras para el acceso a la justicia de la población en general e incluso se ha hecho notar en ello a ciertos grupos vulnerables como las mujeres. Estudios de ONG o de la Defensoría del Pueblo han abordado directa o indirectamente la problemática de la mujer en el contacto con las instituciones encargadas de la administración de justicia4. Pese a la mayor visibilidad de las barreras de acceso a la justicia de las mujeres y los costos que éstas implican hay aún mucho campo y áreas por estudiar, sobre todo si movemos el foco fuera de Lima. En efecto, aún no se arriba a una plena consciencia de la gama de barreras y costos que el aparato de justicia puede trasladar a las mujeres. Un claro ejemplo es el Plan de reforma de la CERIAJUS (Comisión Especial para la Reforma Integral de la Administración de Justicia, 2004), en cuyo conjunto de más de una centena de propuestas no aparece textualmente la palabra mujer. Cierto, se sobreentiende que muchas de las propuestas la incluyen pero lo hacen bajo el supuesto que los problemas del funcionamiento de la justicia afectan por igual a hombres y mujeres, manteniendo sesgos de una política judicial androcéntrica y/o sexista5. Ese mismo sesgo llega al lado académico. Diversas investigaciones omiten aún incorporar la complejidad social de la variable género en la administración de justicia6. Aspectos como el simple efecto diferenciado de la justicia sobre las mujeres u otros como la supuesta neutralidad de las normas, la visión de género entre los operadores de justicia y las mujeres, el mayor alfabetismo femenino, las dificultades de las mujeres rurales, el insuficiente conocimiento de derechos por parte de ciertos grupos de mujeres, las áreas donde la demanda por justicia no atendida llega a niveles importantes, entre otros tantos factores, son aún materia pendiente de un desarrollo más serio en la agenda de investigaciones de género y justicia. Es inexcusable, entonces, estudiar con detenimiento cuáles son las condiciones de

4. Ver: DEMUS. Informe Perú. Diagnóstico de la Situación de las Mujeres al Interior de los Sistemas de Administración de Justicia, las Nociones Jurídicas y las percepciones Culturales. Lima, 2007; Macassi, Ivonne. Violecia familiar y sexual. Diagnóstico sobre servicios de atención. Lima, Flora Tristán, 2003; Franco, Rocío y María González. Las mujeres en la justicia comunitaria: Víctimas, sujetos y actores. Lima, Instituto de Defensa Legal, 2009; Defensoría del Pueblo. Violencia familiar: Un análisis desde el derecho penal. Lima, informe defensorial 110, 2006; entre otros citados en la bibliografía. 5. Castillo, Eduardo. «Agenda de género y reforma judicial: ¿cuánto se ha avanzado a favor de las mujeres?». En Para una justicia diferente. Temas para la reforma judicial desde y para las mujeres. Lima, DEMUS, 2007, p. 150. 6. Por ejemplo: La Rosa, Javier y otros. Acceso a la justicia y seguridad ciudadana: Un balance de los juzgados de paz letrados en comisarías. Lima, Justicia Viva, 2008; Defensoría del Pueblo. La aplicación de la justicia penal ante casos de violencia sexual perpetrados contra niñas, niños y adolescentes. Lima, informe defensorial 126, 2007.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? acceso a la justicia de las mujeres bajo una forma que brinde nuevas pistas y datos que resumimos en la pregunta «¿cuánto le cuesta la justicia a la mujeres?». Qué tipo de costos se presentan, cuánto gasta una mujer en cada etapa del proceso, qué costos representan un gasto de dinero y qué otros un costo de naturaleza distinta, en qué momento del proceso o fuera de éste se presentan, dónde se originan tales costos y quiénes los originan; son las preguntas que busca describir y responder esta investigación. Sólo con esta información será posible tener en cuenta lo que las mujeres sufren y gastan en su paso por la justicia. Es cierto que con estas preguntas se podría analizar a la mujer en cualquier proceso judicial. No obstante, se ha optado por concentrarse en los procesos de alimentos y en los de violación sexual en dos provincias de Apurímac (Andahuaylas y Chincheros) y dos de Cajamarca (Chota y San Marcos), zonas de trabajo de PROJUR. La elección de tales procesos judiciales se debe a que ambos reflejan la problemática de la mujer, la de género y su influencia en el funcionamiento del sistema de justicia. La elección de las zonas de investigación, determinadas a priori, se justifica por los altos niveles de pobreza, analfabetismo en mujeres, desnutrición, ruralidad, cantidad importante de personas sin servicios básicos, entre otros problemas sociales, así como la presencia de un factor cultural propio por ser regiones de sierra. La presente investigación consta de tres secciones. Una primera de corte conceptual cuyo objetivo principal es definir una clasificación para los costos de acceso a la justicia de las mujeres que sirva como base para las siguientes secciones. Esta primera sección abre con dos casos, uno de alimentos y otro de violencia sexual, elaborados a partir de los hallazgos de la investigación y, por tanto, reflejarían la situación de cualquier mujer de Apurímac o Cajamarca, o quizá de un entorno mayor a estas regiones. Esta sección cierra con la descripción del marco metodológico aplicado, el cual, bajo fines didácticos, determina la estructura de capítulos posteriores. La segunda sección se dedica enteramente a los procesos de alimentos. Luego de ubicarlos en un contexto social para su mejor comprensión, se caracteriza a la mujer demandante por alimentos, la demanda judicial y sus resultados. Luego, parte principal de esta sección, se presentan los costos del acceso a la justicia de las mujeres demandantes por alimentos (antes, durante y después del proceso judicial). En cada secuencia temporal, los costos además están organizados en función del espacio de interacción donde se originen7. La ordenación temporal y esta última son justificadas y desarrolladas con mayor detalle en la primera sección donde, como se precisara, se aborda la cuestión conceptual. La misma estructura capitular es replicada para la tercera sección cuyo eje son los procesos de violación sexual. Finalmente, un grupo de conclusiones y recomendaciones cierran el documento.

7. (i) Costos derivados del sostenimiento y acompañamiento del proceso judicial, (ii) costos derivados de deficiencias en el funcionamiento del sistema de justicia, (iii) costos derivados del funcionamiento del mercado de servicios legales y de la actuación de los abogados, y (iv) costos en lo intrapersonal y en redes familiares.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? El objetivo principal es visibilizar lo invisible, cuantificar lo desconocido o poco conocido y profundizar en los fenómenos a su alrededor. Algunas pistas se dejan sobre las rutas a seguir y a ahondar para la elaboración de políticas de justicia más inclusivas y justas a favor del acceso a la justicia de las mujeres, en pocas palabras, políticas más conscientes. *** El esfuerzo de esta investigación, resumido en unas decenas de páginas, hubiera sido impensable sin el apoyo desinteresado y activo de muchas personas e instituciones. Las diversas autoridades del Poder Judicial de Apurímac y Cajamarca se mostraron muy abiertas a la investigación y brindaron todas las facilidades posibles a su alcance. Particularmente agradecemos al presidente de la Corte de Apurímac, Lucio Vilcanqui, y al de Cajamarca, Flaminio Vigo. Extendemos ese reconocimiento a todos los jueces y personal judicial y administrativos de Andahuaylas, Chincheros, Chota y San Marcos quienes, más allá de anécdotas particulares, fueron abiertos y receptivos para las entrevistas y la revisión de sus expedientes judiciales. Igual mención merecen los fiscales, policías, personal del Instituto de Medicina Legal, abogados, y ronderos entrevistados en estas zonas. El equipo de PROJUR de Lima, Apurímac y Cajamarca tuvo una participación activa en las preparaciones y coordinaciones del trabajo de campo. En Lima, Wuille Ruiz estuvo siempre atento a las coordinaciones, necesidades técnicas y logísticas. En Apurímac, sin desmerecer el apoyo del resto del equipo, agradecimientos especiales se extienden a Guadalupe Hinojosa, Julio Palomino y Haydeé Miranda quien, se encargó activamente de la coordinación del trabajo de campo con expedientes, encuestas y entrevistas a operadores de justicia y mujeres en ambas provincias de Andahuaylas y Chincheros (coordinado con Moisés Ccasanca). Dentro del equipo de Cajamarca, Miguel Zegarra y Hugo Muñoz merecen un reconocimiento particular por la atención y las discusiones que permitieron retroalimentar el trabajo de campo. La siempre activa coordinación regional de Violeta Carranza y de Rocío Cortez en Chota y de Rocío Longa en San Marcos, fue elemental para la realización de los trabajos de campo con expedientes, las encuestas, así como las entrevistas a operadores de justicia y mujeres. Se agradece, asimismo, a la Universidad Privada Antonio Guillermo Urrelo de Cajamarca y en especial al decano de la Facultad de Derecho, Jorge Salazar, por facilitar la participación de estudiantes de Derecho durante la sistematización de los expedientes judiciales. En esa línea, igual reconocimiento merecen las personas que participaron en el fichaje de expedientes así como en la realización de entrevistas: en Apurímac, Germán Velázquez, Haydeé Miranda, Moisés Ccasanca, Cribania Leguía, Ninfa Pérez y Patricia Campana; y en Cajamarca, Sonia Abanto, William Carmona, Violeta Carranza, Esperanza Castrejón, Gabriela Centurión, María Díaz, Elizabeth Sánchez, Miriam Tan y Tony Vásquez. Parte de esta investigación recibió los comentarios de Luis Pásara, cuya aguda percepción permitió profundizar algunos puntos básicos. Asimismo, una versión anterior fue comentada por Marisol Fernández quien además facilitó para esta investigación una selecta cantidad de material bibliográfico sin dudas no bien aprovechada en estas líneas. 17

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres?

Primera Sección

Marco Conceptual

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres?

Este primer capítulo tiene por objetivo plantear la base conceptual de los costos de acceso a la justicia a ser empleada en los siguientes capítulos. No se trata de desarrollar una nueva teoría de costos o rebatir los consensos teóricos ya existentes. Más bien, la intención es establecer un lenguaje común y organizado en términos de costos de acceso a la justicia para los fines de la investigación, y que sea útil para visibilizar la problemática de los costos económicos y no económicos que enfrenta tanto la mujer demandante por alimentos así como la agraviada por violación sexual. En ese sentido, este marco conceptual se lee de forma paralela con la visión del acceso a la justicia mediante las distintas barreras económicas, geográficas, sociales, lingüísticas, culturales, de género y otras comúnmente empleadas. Para no perder la ilación entre, de un lado, marco conceptual y, de otro lado, análisis y realidad, esta primera sección no se inicia con cuestiones metodológicas sino con la presentación de dos casos tipo de las zonas investigadas (provincias de Chota y San Marcos, Cajamarca; Andahuaylas y Chincheros, Apurímac) cuyo fin es llamar la atención sobre los problemas (in)visibles que las mujeres enfrentan antes, durante y después de los procesos judiciales de alimentos y violación sexual. La particularidad de estos casos es que han sido construidos en base a los resultados de los trabajos de campo cuantitativo y cualitativo con expedientes judiciales y entrevistas. Por tanto, al no basarse en proyecciones o supuestos sino en datos concretos, reflejarían la realidad cotidiana que enfrenta la mujer promedio en las zonas de estudio al demandar por alimentos o al comparecer como agraviada en un proceso penal de violación sexual. Luego de la presentación de los casos, se desarrolla la base conceptual de la investigación. Al respecto, se exponen dos temáticas: la clasificación de los tipos de costos vinculados al acceso a la justicia así como la identificación de los espacios de interacción donde tales costos se originan o desenvuelven. El nexo entre estas dos temáticas es muy importante. Permite identificar los costos del acceso a la justicia a partir de un diagnóstico de la situación en cada uno de esos espacios de interacción (sostenimiento y acompañamiento hecho por la mujer dentro del proceso judicial; funcionamiento de los servicios de justicia y de sus actores; mercado de abogados y de la actuación de los abogados; e impacto en la esfera intrapersonal y en las redes sociales de la mujer). Ese nexo es la base conceptual para el resto del informe. Finalmente, esta sección cierra con el detalle de la metodología aplicada en la investigación. Valga la aclaración que los costos presentados no son todos necesariamente acumulativos. Es decir, no todos afectan a todas las mujeres demandantes por alimentos, por lo cual no es posible ni justo resumir en una cifra única los costos del acceso a la justicia. Más bien, su carácter es difuso y no siempre universal, en lo cual radica su riqueza como información. 21

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? I. El caso de Luz… más común de lo que se piensa (caso de pensión de alimentos) Luz es una mujer de 32 años, oriunda de la sierra y madre soltera de 2 hijos. Vive en la capital de su región aunque no muy cerca a la plaza de armas. Hace unos años tuvo una relación con José, padre de sus hijos, a quien hoy casi no ve. Él ya tiene otro compromiso. Cada vez con menor frecuencia, José le entrega a Luz algunos víveres y dinero para el sostén de sus hijos. El dinero que Luz consigue con sus trabajos eventuales no le permite cubrir adecuadamente las necesidades de sus hijos ni las suyas. Gracias al consejo de una amiga, Luz acudió a la Defensoría Municipal del Niño y del Adolescente (DEMUNA) para buscar una solución. Le propusieron conciliar con José y finalmente se fijó una pensión de 50 nuevos soles. Se sabe que es difícil obtener una pensión mucho mayor en la DEMUNA. Además, José manifestó que le era imposible un aporte mayor pues no tiene trabajo estable y además tiene otra familia que alimentar. Ha pasado un año desde este acuerdo conciliatorio y José raramente lo ha cumplido. Ante ello, Luz optó por contactar a un abogado hombre (no encontró abogada mujer) para interponer una demanda judicial por alimentos. Éste le cobrará 127 nuevos soles a Luz a pagar al final del proceso, cantidad significativa para ella que solo se dedica a trabajos eventuales. Afortunadamente, este abogado no cobra por consulta como otros sí lo hacen. José nunca contestó la demanda judicial (el juez lo declaró rebelde) ni acudió a la audiencia de conciliación judicial citada. Mientras tanto, Luz ha buscado repetidas veces a su abogado para que le explique las resoluciones del juez. En otras ocasiones, ella ha ido por su cuenta al juzgado para averiguar el por qué del lento avance de su caso, sufriendo en ocasiones maltratos y en otras recibiendo información que no le satisfizo. Luz ha gastado varios cientos de nuevos soles en el proceso, financiados con sus ingresos y algunos préstamos de familiares o amigos. Su abogado sugirió solicitar una asignación anticipada (pensión adelantada) pues ello ayudaría a Luz a sufragar diversos gastos hasta la obtención de la pensión. Sin embargo, el mismo abogado le dijo a Luz que casi nunca se consigue ese beneficio. En lo personal, Luz está desgastada psicológicamente. Luego de 8 meses el proceso de alimentos culminó (según la ley debería durar 25 días) y el juez ordenó en su sentencia el pago de una pensión de 160 nuevos soles para Luz y sus hijos, pese a que en la demanda solicitó 490. Por entonces, Luz se puso contenta pero, de todas formas, no ocultaba su insatisfacción por las demoras del proceso. Hoy en día, José aún sin trabajo formal y sin estar sujeto a una planilla de donde se le descuente directamente la pensión paga esporádicamente la 22

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? pensión. El abogado de Luz le ha recomendado iniciar otro proceso judicial, esta vez uno por omisión a la asistencia familiar que incluye la posibilidad de que José vaya a la cárcel. Esto le costaría a Luz otros varios cientos de nuevos soles más en contratarlo, además de otra serie de gastos en trámites, movilidad y otros, sin contar el conflicto interno derivado de la posibilidad de enviar a la cárcel al padre de sus hijos. Ni siquiera ello le podrá asegurar que José cumpla puntualmente con la pensión en los años venideros. II. El caso de María, un difícil y largo proceso hasta la justicia (caso de violación sexual) Carmen tiene 18 años y ha vivido toda su vida en la sierra cerca a la capital de su provincia. Hasta hace aproximadamente un año ella cursaba estudios secundarios y tenía como plan postular a una universidad que le permitiera tener un proyecto de vida bastante optimista. Su vida, sin embargo, dio un giro perjudicial a raíz que fuera víctima de una violación sexual. Camino a su casa, fue abordada por un desconocido sin mayor apariencia de peligro. Después se corroboró que el sujeto no había ingerido ni alcohol ni ninguna otra sustancia. Con engaños y forcejeos finalmente este individuo se las arregló para abusar sexualmente de Carmen. Después de 2 semanas de los hechos, Carmen contó lo sucedido a sus padres. Fueron inmediatamente a la comisaría a interponer la denuncia. Los policías mostraron disposición pero no hubo la privacidad ni comodidad necesarias para tomar la manifestación de Carmen. Además, en más de una ocasión las preguntas de los policías nunca estuvo presente el fiscal pese a ser su obligación buscaron indagar sobre aspectos irrelevantes para el caso como el pasado sexual de Carmen o el grado de resistencia que ella opuso. El mismo patrón se repitió cuando más adelante el juez le tomó una nueva manifestación. Luego de salir de la comisaría, Carmen fue al médico legista para el respectivo examen médico ginecológico. Meses más tarde, el juez que vio su caso ordenó la realización de un nuevo examen médico. En ningún momento se le practicó el examen psicológico ni a Carmen ni al agresor quien fuera detenido a las horas de cometido el delito. La actuación de los medios probatorios por parte de las autoridades estuvo llena de dificultades logísticas, técnicas y en ocasiones hasta tradujo cierta carga sexista. Los padres de Carmen contrataron a un abogado, que les cobró unos 350 nuevos soles, pese a que no es obligatorio en este tipo de casos. Con él sentían que el proceso podría durar menos y ser más favorable aunque la participación del abogado fue bastante puntual. Luego demás de 1 año y 2 meses de un desgastante proceso judicial, el juez condenó al agresor a 9 años de pena privativa de la libertad y al pago 23

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? de una reparación civil de mil 500 nuevos soles. Inicialmente se pensó que la pena podría ser mayor pues el fiscal pidió el doble de pena. En su sentencia, el juez se apoyó en algunos «atenuantes» como la falta de resistencia a la violación. El abogado de Carmen le comentó que con cierta regularidad los jueces aplican estos razonamientos que finalmente contribuyen a mermar la pena imponible al agresor. Hoy, Carmen sufre aún los estragos de la violación y de la revictimización ocasionada por el mismo sistema de justicia. El juez no ordenó tratamiento psicológico para ella y la reintegración a su vida cotidiana aún le cuesta. Hoy, ve con dificultades su proyecto de vida. III. El acceso a la justicia materializado a través de sus costos Los casos de Luz y Carmen no son ficción ni responden a la exageración de un caso en particular. Ambos relatos han sido elaborados sobre la base de los promedios de los datos obtenidos y de las conductas recogidas durante la presente investigación. Ambos reflejan crudas realidades donde se mezclan diversas barreras para el acceso a la justicia vinculadas con el funcionamiento de la justicia, la estructura del mercado de abogados, las conductas de los abogados, así como otras afectaciones que recaen sobre las esferas personal e interpersonal. Acceder a la justicia no implica simplemente presentar la demanda o denuncia y obtener la respectiva sentencia. Hay un largo trecho tanto antes de la demanda como después de la sentencia que configuran la experiencia general de la mujer con la justicia y, en lo que nos interesa, los costos de corte económico y no económico que ellas van afrontando. Partamos definiendo el acceso a la justicia. Según el PNUD lo podemos definir como: «[…] las posibilidades de las personas, sin distinción de sexo, raza, edad, identidad sexual, ideología política, creencias religiosas, de obtener una respuesta satisfactoria a sus necesidades jurídicas. Su ámbito material de aplicación se delimita mediante el análisis del conjunto de derechos de los ciudadanos y la valoración de la naturaleza y extensión de la actividad pública y de los mecanismos o instrumentos jurídicos necesarios para garantizarlos8.» De acuerdo a esta definición, el acceso a la justicia toma como eje a las necesidades jurídicas de las personas y a las relaciones de poder que perpetúan la exclusión. En otras palabras, el acceso no sólo se circunscribe a la tutela jurisdiccional efectiva sino que incluye los espacios que ésta no toca, permitiendo así analizar las barreras del acceso antes o después de los tribunales pero igualmente dentro de ellos bajo una visión distinta a partir de la identificación de las relaciones de poder que perpetúan la exclusión9. Es en este punto donde la clasificación convencional de barreras del acceso a la justicia en lo económico, geográfico, social, cultural, de género u otra toma sentido.

8. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Manual de políticas públicas para el acceso a la justicia. Buenos Aires, 2005, p. 7. 9. Ibíd.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Bajo este marco, es más fácil ahondar sobre una amplia gama de factores que determina la posibilidad de una mujer para encontrar justicia de una manera rápida, al menor costo posible y, valga la redundancia, justa: Los intentos previos de solución al problema de alimentos por la vía no judicial, los roles de poder en las relaciones de pareja, el grado de conocimiento de derechos y de las instituciones que los protegen, las posibilidades económicas para contratar una buena asesoría y defensa legal, la visión y el manejo de los abogados, las trabas y demoras en los procesos judiciales, la ejecución de la sentencia, la visión de género de los funcionarios públicos, entre otros. De todos estos factores, el de la visión de género atraviesa buena parte del resto de factores que determinan las condiciones de acceso a la justicia de las mujeres. La creación de un imaginario que asocia y asigna determinados roles, valores o cualidades a la mujer (delicadeza, dedicación del hogar, cuidado de los hijos, sumisión, etc.) y al hombre (rudeza, fuerza laboral, ímpetu sexual, etc.), es parte de un proceso de construcción que, como señala Patricia Ruiz Bravo, exige además un proceso individual de «interiorización e identificación subjetiva con los roles, normas y mandatos que las representaciones de género vigentes proponen a varones y mujeres»10. Siguiendo a la misma autora, ello sirve para enfatizar que el estudio de la problemática de la mujer en el acceso a la justicia no puede darse en tanto sujeto aislado del resto de actores de la administración de justicia (jueces, fiscales, abogados, policías, etc.), sino que es imprescindible incorporar las relaciones entre ellas y tales actores (relaciones de poder, maltratos, lenguaje, interpretación de normas, etc.), y entre ellas y el sistema de justicia (normas, procesos, etc.). La importancia de este marco es que sirve de base para estudiar transversalmente las disfuncionalidades del acceso a la justicia en las mujeres en diversos procesos judiciales, como los procesos por deudas, hurto agravado, linderos u otros como los de alimentos y violación sexual. La senda seguida por esta investigación es tratar tales disfuncionalidades como barreras de acceso a la justicia que, a su vez, crean una serie de costos económicos y no económicos. Cuando se hace referencia a los costos en el acceso a la justicia, la asociación más frecuente recae principalmente en el pago de los honorarios del abogado. En efecto, es quizá el costo económico más visible y muchas veces el más importante. En muchas zonas de difícil condición económica como Apurímac y Cajamarca donde los niveles de pobreza (66% y 74% respectivamente, INEI, 2004) entre otros indicadores sociales son preocupantes la sola presencia de estos costos pueden constituir trabas para iniciar o proseguir con el proceso Además del gasto en abogados, participar en un proceso judicial implica otro tipo de costos, como los vinculados al gasto en transporte, trámites o las tasas judiciales (en el caso de los procesos de alimentos y violencia sexual, las demandantes y las denunciantes están exentas de su pago).

10. Ruíz, Patricia. «Una aproximación al concepto de género». En: Sobre género, derecho y discriminación. Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú y Defensoría del Pueblo, 1999. Versión en internet: http://imas2009.files.wordpress.com/2009/04/texto-genero-defensoria.pdf

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Los costos mencionados hacen referencia a desembolsos directos. No obstante, costos de naturaleza económica no directa u otros de corte no económico también aparecen en el curso del acceso a la justicia. Las fuentes de donde provienen son distintas pues nacen básicamente en cuatro espacios ya referidos: (i)

Costos derivados del sostenimiento y acompañamiento del proceso judicial;

(ii) (iii)

Costos derivados de deficiencias en el funcionamiento del sistema de justicia; Costos derivados del funcionamiento del mercado de servicios legales y de la actuación de los abogados y;



(iv)

Costos en lo intrapersonal y en redes familiares.

En suma, la visión del acceso a la justicia a través de los costos económicos y no económicos permite materializar las condiciones efectivas de acceso de las mujeres (demandantes o agraviadas), identificar su impacto en una población determinada, dar magnitud concreta a la problemática, visualizar de forma más tangible el problema, formular propuestas concretas para reducir costos y mejorar el acceso, entre otras tantas ventajas. La base metodológica para ese enfoque es desarrollada a continuación.

Cuadro 1 Indicadores sociales básicos de las provincias estudiadas

Fuente: Ministerio de Economía y Finanzas, Mapa de pobreza, 2006; www.pnud.org.pe.

IV. Definiendo los costos de acceso a la justicia El estudio de cuánto le cuesta la justicia a las mujeres debe partir por organizar los tipos de costos que aparecen en la búsqueda de justicia. Es necesario definir lo que se entenderá por costos así como el espectro temporal que abarca. Para ello primero se 26

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? parte por una clasificación de los costos de acceso a la justicia en función de su realización económica, para luego entrar a la clasificación de los costos según el momento en el que se presentan. Ambas sirven como base para desarrollar la clasificación funcional de los costos, la cual permite identificar los costos a partir del estudio de la problemática de los procesos judiciales. El punto de partida es la definición de lo que para efectos de esta investigación se entenderá como costos de acceso a la justicia: los desembolsos monetarios, los costos o pérdidas traducibles directa o indirectamente en términos económicos, así como otros costos de corte psicológico o de otra índole en el marco del objetivo de alcanzar justicia. A continuación se desarrolla su concepción. 1. Clasificación de los costos de acceso a la justicia en función de su realización económica Normalmente, se entiende por costos al monto pagado por un bien o servicio. Tratándose del servicio justicia, el precio pagado corresponde estrictamente al de las tasas judiciales. En un sentido amplio, tendríamos que agregar a los honorarios de los abogados y a otros desembolsos para poder estar en contacto con ellos y seguir el caso en el sistema de justicia (transporte, trámites, etc.). Sin embargo, tal como se detallara anteriormente, también existen otros costos económicos y no económicos del acceso a la justicia como aquellos costos derivados de las disfuncionalidades del sistema de justicia. Nótese que varios de estos costos se expresan de forma distinta. Algunos implican un desembolso de dinero inmediato (honorarios del abogado) pero otros toman un tiempo en madurar (deficiencias en la defensa). Incluso, otros difícilmente podrán ser expresados económicamente (impacto psicológico en las agraviadas). Teniendo ello en consideración, se han formado tres tipos de costos en función de su realización económica: * Costos económicos de realización directa (asociados a los servicios de justicia), son todos aquellos que implican un desembolso monetario directo por parte de la demandante o agraviada con el fin de que su objeto de justicia continúe. De no cumplir con sufragar el costo económico, existe la posibilidad que el caso se descuide o se abandone. Generalmente, estos costos están vinculados a los servicios, trámites o requisitos para litigar y cuentan con un esquema de precios conocido o difundido o, en todo caso, fácil de conocer. El caso más ilustrativo está en el pago por los honorarios del abogado así como los gastos en transporte, comunicaciones y otros de corte similar para que la demandante o la agraviada tomen contacto con su abogado, se informe del caso o acuda a las respectivas instituciones para averiguar el estado de su caso. La repercusión de este tipo de costos se da directamente en la economía de la demandante o la agraviada. *

Costos económicos de realización indirecta, comprenden a todos aquellos costos que no representan un desembolso monetario directo (como en el caso anterior) pero 27

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? que, como consecuencia de su presencia, implican algún tipo de pérdida traducible en términos económicos para la demandante o la agraviada. Su cálculo no debe ser entendido como un desembolso de dinero sino por lo general como una pérdida futura de ingresos. Por ejemplo, algunos costos de realización indirecta se hallan en los procesos que duran más de lo debido. En éstos, el costo se deriva del tiempo invertido en exceso, espacio en el cual los involucrados hubieran podido dedicarse a generar ingresos o a realizar otro tipo de actividades que le rindan satisfacción (costo de oportunidad). Obtener una pensión de alimentos por vía extrajudical y no por vía judicial, también representa una pérdida de dinero durante la vigencia de la pensión, ya que es por esta segunda donde la asignación recibida en promedio es mayor (a ello siguen consecuencias sobre las condiciones de acceso a mejores servicios de salud, educación, vivienda, etc.). Los costos derivados de las barreras de acceso a la justicia culturales o de género también tienen campo en esta categoría de costos económicos de realización indirecta. * Costos no económicos de realización económica potencial o invisible, son costos que difícilmente pueden traducirse en términos monetarios pues son de corte psicológico o de orden no económico. Este tipo de costos puede causar impactos en el desarrollo personal (afectaciones en las mujeres que sufrieron violación sexual), así como en sus redes sociales (afectaciones al capital social por desconfianza, imagen pública dañada, etc.). Asimismo, puede alterar las actuales y futuras condiciones de acceso a la justicia de una persona (voluntad de no acudir a la justicia cuando se necesita), e incluso mermar valores claves alrededor de la justicia y sus instituciones (confianza, igualdad, democracia, etc.). A diferencia de los dos primeros tipos de costos, este tercero no tiene una realización económica directa o indirecta. No hay desembolsos inmediatos o diferidos en el tiempo. No obstante, el tipo de impacto que infligen sobre la constitución de una persona y sobre sus redes sociales (baja autoestima, desapego familiar, desconfianza en autoridades, etc.) puede luego repercutir sobre su capacidad de generar ingresos, generando así un patrón de afectación económica. La tipificación de estos tres grupos permite adelantar un hecho importante. Diversos costos podrán ser identificados de manera cuantitativa y otros de forma cualitativa. Ello significa que cuando en las siguientes secciones se identifique y desarrolle cada costo no siempre será posible asignar un valor económico. Asimismo, otro punto importante es que no todas las mujeres afrontan todos los costos identificados, por lo cual no sería lógico resumir en una sola cifra el costo que asume cada mujer en su acceso a la justicia como un promedio válido y generalizable.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Ilustración 1 Tipos de costos asociados al acceso a la justicia

2. Los costos del acceso a la justicia en el tiempo Los costos vinculados a un proceso judicial de alimentos o de violación sexual no están circunscritos estrictamente a lo que dura el proceso. Incluso, en ocasiones, son parte de una cadena mayor que debe afrontar una persona para poder acceder a la justicia. Por ejemplo, la sentencia, en un caso de alimentos que ordena el pago de la pensión, no asegura su cumplimiento y en efecto, es significativo el nivel de pensiones impagas (entre 12.5% y 13.7% según la provincia estudiada, como se verá mas adelante) En concreto, los costos del acceso a la justicia pueden manifestarse en tres momentos distintos alrededor de un proceso judicial: antes, durante y después. El antes involucra diversos aspectos como intentos de solución previos u otros costos vinculados con compromisos de pago de pensión obtenidos con anterioridad, etc. Un ejemplo claro está en los intentos de obtener una pensión por alimentos en la DEMUNA o en los centros de conciliación. Durante el proceso judicial se incluyen a todos los costos de preparación (trámites) y de realización misma del proceso judicial (abogados, movilidad, exámenes, etc.), además de algunos otros vinculados a las disfuncionalidades del sistema. Después del proceso judicial habría que considerar todo lo que ocurre luego a la sentencia. Se incluye, por ejemplo, las acciones para la ejecución de la sentencia que otorga la pensión de alimentos (desde la contratación de abogados hasta el inicio de otros 29

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? procesos) o, en el caso de las agraviadas por violencia sexual, al tratamiento psicológico que debería seguir. Visto que algunos costos del acceso a la justicia se manifiestan en momentos anteriores o posteriores al proceso queda claro que las propuestas de solución, también deben de cubrir este ámbito. En esa medida, la política judicial reducirá ciertos costos a sus usuarias y asegurará servicios de mejor calidad. 3. Clasificación funcional de los costos de acceso a la justicia Las definiciones de los tipos de costos y su expresión en el tiempo revisadas en los puntos anteriores constituyen el marco para clasificar los costos del acceso a la justicia hallados en esta investigación. El objetivo es darle un sentido funcional a ambas clasificaciones identificando los espacios de interacción donde se originan o desenvuelven los costos. La clasificación funcional de los costos de acceso a la justicia tiene dos grandes ventajas. La primera es que facilita la determinación de los orígenes de los costos y, así, es factible aproximarse al cálculo de dicho costo. En segundo lugar, la clasificación funcional permite hacer un diagnóstico de los factores causantes de tales costos. Este punto es esencial pues permite estudiar a fondo la problemática de los casos de alimentos y violación sexual y no quedar en un estadio matemático de cálculo de costos sin mayor anclaje a la problemática de la mujer. En ese sentido, nos parece pertinente armar la clasificación funcional de los costos de acceso a la justicia en los 4 siguientes grupos a continuación detallados: (i) costos derivados del sostenimiento y acompañamiento del proceso judicial, (ii) costos derivados de deficiencias en el funcionamiento del sistema de justicia, (iii) costos derivados del funcionamiento del mercado de servicios legales y de la actuación de los abogados y (iv) costos derivados de afectaciones en las esferas personal e interpersonal. * Costos derivados del sostenimiento y acompañamiento del proceso judicial. Incluyen a todos los costos que debe realizar o que enfrenta la demandante o la agraviada para poder iniciar y sostener la defensa legal y realizar el seguimiento a su caso. Ello incluye, entre otros, el contratar los servicios legales de abogados, realizar trámites del proceso judicial (como no hay tasas judiciales en procesos de alimentos ni violación sexual, entonces solo hay por considerar: fotocopias, certificados, etc.), hacerle seguimiento al expediente (transporte, comidas, etc.) u otros que guarden relación con esta tarea. Los costos de esta clasificación son básicamente del tipo económico de realización directa (asociados a los servicios de justicia) y costos económicos de realización indirecta (es probable que también causen costos no económicos de realización económica potencial o invisible). Por tanto, una mayor presencia de los costos derivados del sostenimiento y acompañamiento del proceso judicial tiene un impacto más inmediato en la economía familiar de la mujer y sus dependientes. 30

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? * Costos derivados de deficiencias en el funcionamiento del sistema de justicia. Aparecen como consecuencia de la acción u omisión de los actores del sistema de justicia (jueces, fiscales, policías u otros), así como por las propias características del sistema judicial (burocracia, efectividad, etc.). Algunos ejemplos se observan en los factores negativos que influyen en la determinación del monto de la pensión, la inefectividad de medidas como la asignación anticipada en casos de alimentos, la revictimización dela agraviada por violencia sexual, los prejuicios contra la mujer que sirven de atenuantes legalmente no contemplados para disminuir la pena de los agresores sexuales, etc. Estos costos se pueden materializar como costos económicos de realización indirecta pero también es posible que se expresen como costos no económicos de realización económica potencial o invisible. Una particularidad adicional de estos costos es su efecto multiplicador. Potencialmente pueden desencadenar otros costos. Por ejemplo, las deficiencias del sistema de justicia y sus costos pueden propiciar la insatisfacción con el funcionamiento de las instituciones del sistema, desconfianza en la justicia, entre otros aspectos que afecten valores ligados a la democracia y el Estado de Derecho (respeto por la autoridad y la ley, etc.). Dentro de este cúmulo de efectos posibles, incluso es posible que la persona afectada decida en una ocasión posterior ya no utilizar los servicios de justicia aún cuando los necesite. * Costos derivados del funcionamiento del mercado de servicios legales y de la actuación de los abogados. Incluyen a aspectos como la estructura de la oferta de servicios legales, la calidad de patrocinio de los abogados y, en general, los que nacen de la interrelación entre los abogados (de ambas partes) y la mujer. Algunos ejemplos concretos están en las débiles estrategias de defensa, la no presencia del abogado en etapas clave del proceso, la baja calidad de la defensa de oficio, la dificultad para una mujer de contratar una abogada mujer (bajo el supuesto que genere una relación de más confianza y seguridad), etc. En su mayoría se trata de costos económicos de realización directa, así como de realización indirecta aunque también es posible que se expresen como costos no económicos de realización económica potencial o invisible. El impacto de estos costos puede estar expresado en diversos ámbitos, desde la afectación a la condición económica de la demandante (cuando la pensión obtenida es más baja de lo que pudo haberse conseguido) hasta la desconfianza en los abogados. Además, pueden afectar la decisión de volver a acudir al Poder Judicial. *

Costos derivados de afectaciones en las esferas personal e interpersonal. Agrupan a los efectos, repercusiones o secuelas del proceso de acceso a la justicia sobre el normal desarrollo de la vida de la persona, así como sobre las afecciones sobre su entorno familiar. La insatisfacción con el proceso judicial así como afecciones al nivel de confianza y seguridad de la mujer como consecuencia de haber pasado por el proceso judicial son algunos costos esperables. 31

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Básicamente, se trata de costos no económicos de realización económica potencial o invisible, lo cual no significa que su impacto sobre las mujeres tenga menos importancia. Todo lo contrario, estos costos pueden tener consecuencias importantes en el mediano a largo plazo (sobre todo en casos de violación sexual) dado que pueden comprometer la posibilidad de desenvolvimiento y reinserción en las actividades laborales y sociales, y finalmente sobre su capacidad económica. Además, pueden alterar, en las mujeres, la percepción del funcionamiento y validez del sistema de justicia así como su confianza en los operadores del sistema judicial, así como comprometer la validez de posteriormente acudir a la policía o al juez para buscar resolver un conflicto. Sobre esta base, las siguientes secciones desarrollan los costos del acceso a la justicia para las demandantes por alimentos y las agraviadas por violación sexual. Ilustración 2 Clasificación funcional de los costos de acceso a la justicia (según los espacios de interacción donde éstos se originan o desenvuelven)

V. Metodología La presente investigación es de carácter exploratorio. Busca estudiar los costos de acceso a la justicia identificados a partir del estudio de las condiciones y los factores que los generan en los procesos por alimentos y violación sexual. Se aplicaron diversas entradas y herramientas metodológicas, incluyendo entrevistas a actores claves, sistematización de expedientes judiciales y encuestas y entrevistas con las mujeres detrás de estos casos. A continuación se brinda el detalle al respecto. 32

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? 1. Ámbito de estudio La definición del ámbito de estudio pasó por tres niveles. Un primer nivel geográfico, uno segundo de ubicación en el sistema de justicia y un tercero de selección del tipo de procesos judiciales a estudiar. Este último criterio fue definido alrededor de los procesos de alimentos y violación sexual habida cuenta que son espacios donde se expresa la problemática de la mujer, la del género y su influencia en el funcionamiento del sistema de justicia. La definición del ámbito geográfico estuvo dada por las zonas de trabajo de PROJUR, es decir, las provincias de Chota y San Marcos en Cajamarca y las provincias de Andahuaylas y Chincheros de Apurímac. Si hay algo que caracteriza a estas cuatro provincias es que todas pertenecen a la sierra, son predominantemente rurales y tienen importantes niveles de pobreza (65.9% en Apurímac y 74.2% en Cajamarca; INEI, 2004). Una particularidad adicional es que las provincias de Andahuaylas (Andahuaylas) y Chota (Cajamarca) son similares en tamaño poblacional y cantidad de juzgados, relación que también se da entre las provincias de Chincheros (Apurímac) y San Marcos (Cajamarca). El ámbito de ubicación en el sistema de justicia estuvo determinado por el tipo de órganos jurisdiccionales donde se inician los procesos de alimentos y violación sexual. Los primeros son tramitados por los juzgados de paz letrados cuando existe filiación o entroncamiento11. Por su parte, los procesos por violación sexual inician la etapa judicial en los juzgados penales o, cuando no se cuenta con éstos, en los juzgados mixtos12. En Cajamarca, tanto la provincia de Chota como la de San Marcos cuentan cada una con 1 juzgado de paz letrado. En Apurímac, la provincia de Andahuaylas cuenta con 2 juzgados de paz letrados (ambos ubicados en un Módulo Básico de Justicia)13y Chincheros con 1 solo. En lo penal en Cajamarca, Chota cuenta con 2 juzgados penales y San Marcos con 1 juzgado mixto. La misma disposición la tiene Andahuaylas y Chincheros con 2 juzgados penales y 1 mixto, respectivamente. 2. Fases del levantamiento de información El recojo de información tuvo cuatro fases, una exploratoria, y tres trabajos de campo (sistematización de expedientes judiciales de alimentos y violación sexual, encuestas a demandantes por alimentos y entrevistas con agraviadas por violación sexual). En la primera fase exploratoria se realizaron entrevistas a actores calificados en Lima, Cajamarca y Apurímac con el objeto de identificar temas de interés y acercarse a características básicas de la problemática. La fase 2 tomó como unidad de análisis a los expedientes judiciales de alimentos y violación sexual y, para tal fin, se realizaron trabajos

11. Cuando no hay filiación, son competentes los juzgados civiles. Sin embargo, estos casos no formaron parte de esta investigación. Cuantitativamete, representan menos casos. Además, sobre todo, se optó por analizar la primera puerta de entrada al Poder Judicial, es decir, los juzgados de paz letrados. 12. Antes participa la policía y la Fiscalía y después la sala penal o mixta. 13. En el mes de agosto se reactivó en Andahuaylas un tercer jugado de paz letrado. Ello, sin embargo, no afecta la muestra en tanto no estuvo activo en el periodo de los expedientes revisados

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? de campo en Cajamarca (provincias de Chota y San Marcos) y Apurímac (provincias de Andahuaylas, Chincheros y Abancay)14. La fase 3 consistió en la realización de encuestas a las mujeres demandantes en los procesos judiciales de alimentos identificados. El objetivo fue agregar los datos provenientes de las fases 2 y 3 para así contar con una base de datos más rica y basada sobre un mismo público objetivo. Es decir, el objetivo fue entrevistar a las mujeres cuyos expedientes habían sido sistematizados, lo que implicó un esfuerzo logístico importante. Se intentó aplicar la misma lógica para los casos de violación sexual. Sin embargo, en el camino diversos factores forzaron a repensar la estrategia (corta edad de las agraviadas, enfrentamiento con los padres, lejanía de las viviendas de la agraviadas, etc.). Finalmente, se realizó el trabajo de campo con expedientes y luego dicha información fue complementada con algunas entrevistas a agraviadas de violación sexual (fase 4). 2.1. Fase 1: Exploración Consistió en la realización de entrevistas con actores clave en Lima y en las provincias de trabajo en Cajamarca (Chota y San Marcos) y Apurímac (Andahuaylas, Chincheros y Abancay15) con el objetivo de obtener información sobre la problemática a abordar por la investigación. En total se realizaron 46 entrevistas (6 en Lima, 23 en Cajamarca y 17 en Apurímac) entre los meses de mayo y la primera semana de junio. Se logró el contacto con integrantes de la gran parte de las instituciones y actores vinculados al sistema de justicia (jueces de paz letrados, jueces penales y mixtos, vocales, fiscales, policías, abogados particulares y de oficio, personal de la DEMUNA, ronderos, médicos legistas, psicólogos del Instituto de Medicina Legal y personal del Ministerio de Salud). Las entrevistas fueron realizadas sobre la base de un cuestionario semiestructurado a partir del cual se propiciaba la conversación. Los bloques de las entrevistas abordaron los siguientes temas: causas de la problemática (de los procesos de alimentos y violación sexual), los costos económicos y no económicos de acceder a la justicia, las barreras del proceso, la coordinación entre los actores del sistema, el soporte familiar y/o amical de las implicadas en los procesos judiciales, ejecución de las sentencias, entre otros. La información obtenida en las entrevistas permitió armar el trabajo de campo con expedientes así como plasmar las primeras hipótesis e interpretar ciertos fenómenos encontrados.

14. Se incluyó la provincia de Abancay pues en el archivo de esta provincia se hallaban algunos expedientes de alimentos y violación sexual de Andahuaylas y Chincheros. Lo mismo sucedió con algunos expedientes de Chota que estaban archivados en la sede de la provincia de Cajamarca. 15. En Abancay se ubica la sede de la Corte y concentra a buena cantidad de informantes calificados.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? 2.2. Fase 2: Sistematización de información de expedientes judiciales (alimentos y violación sexual) El objetivo de esta fase fue la sistematización de información clave de los expedientes judiciales ligada a la formación o la aparición de costos de acceso a la justicia. En el caso de los expedientes de alimentos, el universo estuvo conformado por todos los casos que en el 2008 recibieron sentencia o cualquier otra resolución que diera fin al proceso sea de primera o segunda instancia. No se consideraron los casos de aumento, reducción, exoneración o prorrateo de alimentos, sino únicamente aquellos donde la pensión fue reclamada en vía judicial por primera vez. El universo de expedientes de violación sexual con el que se trabajó incluyó los casos culminados en los años 2007 y 2008. La ampliación del horizonte temporal obedeció a la escasa cantidad de casos con sentencia firme. Los expedientes fichados corresponden únicamente a las acusaciones de violación sexual, descartando las de seducción y actos contra el pudor. Dado que la siguiente fase (encuestas a las mujeres detrás de los expedientes sistematizados) dependía de esta segunda (identificar los nombres y direcciones de las demandantes en los expedientes), se optó por trabajar al nivel del universo y no de muestra. La razón es simple. Se esperaba que la tasa de encuestas realizadas sea baja por diversos factores no controlables (encuestadas ausentes, cambio de direcciones, lejanía de la vivienda de la entrevistada, etc.). Por tanto, trabajar con el universo permitió regular la pérdida de representatividad de los datos a prever en la fase 3. La estrategia de recojo del universo de expedientes judiciales de alimentos se logró en Andahuaylas (223 expedientes), Chincheros (22 expedientes) y San Marcos (27 expedientes). En Chota, Cajamarca, se sistematizó 100 de 140 expedientes pues algunos funcionarios del juzgado de paz dificultaron el acceso a la información y la comodidad para el trabajo con expedientes. De todas formas, los expedientes sistematizados en Chota cumplen con ser una muestra representativa (5% de error y 95% de nivel de confianza). En el caso de los expedientes de violación sexual, su escaso número posibilitó sistematizar la información de todo el universo. En Andahuaylas se trabajó con los 13 expedientes hallados y en Chincheros con 2. En Chota, Cajamarca, se recogió información de los 13 casos que representaron el universo y en San Marcos 3 casos que no se ubicaron en esta provincia sino en el archivo de la Sala Penal con sede en la ciudad de Cajamarca. En Cajamarca, el recojo de información de los expedientes se realizó entre el 15 y 25 de junio, y en Apurímac entre el 6 y el 15 de julio. 35

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? 2.3. Fase 3: Encuestas con mujeres demandantes en los procesos judiciales de alimentos identificados El objetivo de esta fase fue identificar información atribuible a los costos del acceso a la justicia tomando como referencia al grupo de personas cuyos casos fueron revisados en la fase previa (sistematización de expedientes judiciales). A partir de la lista de nombres y las direcciones de las mujeres demandantes por alimentos (marco muestral), el siguiente paso consistió en zonificar su lugar de residencia en tres grupos en función a la distancia con las oficinas de PROJUR en Cajamarca y Apurímac: Grupo 1, distancia corta; grupo 2, distancia media; grupo 3, distancia amplia (usualmente personas de distritos lejanos o de provincias distintas a las estudiadas) Las encuestas se aplicaron a los dos primeros grupos, logrando 39 encuestas en Cajamarca y 82 en Apurímac, realizadas entre en agosto y octubre del 2009. Pese a que no se logró encuestar a todo el marco muestral, los datos obtenidos son importantes para acercarse a graficar una realidad muchas veces poco conocida. He ahí la insistencia en su uso, siempre teniendo en cuenta los límites de su generalización. 2.4. Fase 4: Entrevistas con mujeres agraviadas por violación sexual El planteamiento metodológico inicial consistía en replicar la lógica de trabajo de los expedientes de alimentos, es decir, sistematizar expedientes y luego encuestar a las mujeres detrás de esos expedientes. No obstante, diversos factores obligaron a reorientar esta intención inicial. En principio, el promedio de edad de las agraviadas era bastante bajo por lo que surgió la disyuntiva de a quién entrevistar (agraviada o padres). Es muy probable que una agraviada de escasa edad no maneje la información necesaria para la investigación, en tanto que sus padres pueden tener cierta carga emocional que les dificulte responder objetivamente (como tal se leía en los expedientes judiciales). En otros casos, el contenido de los expedientes judiciales evidenciaba un enfrentamiento entre la agraviada y sus padres, lo cual también podría introducir ciertos sesgos en las respuestas de agraviadas de corta edad. Un último factor fue la lejanía de las zonas donde viven las agraviadas. Las dificultades señaladas impusieron una reorientación de esta fase que inevitablemente condujo a reducir la cantidad de información a obtener por esta vía. La opción tomada fue la de entrevistar a 2 víctimas de violencia sexual (septiembre, 2009) de casos que venían siendo asesorados por PROJUR. Si bien la cantidad de entrevistas es baja, no se buscó con ellas la generalización de información sino simplemente encontrar algunas rutas para explicar o comprender mejor ciertos fenómenos bastante puntuales observados durante la investigación.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres?

Segunda Sección

Procesos de Alimentos

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres?

Esta sección marca el inicio del análisis de los costos de acceso a la justicia en los procesos de alimentos teniendo como base conceptual todo lo desarrollado en la sección anterior. Las siguientes páginas identifican y, cuando es posible, calculan los costos en que incurren las mujeres demandantes por alimentos a raíz de los problemas detectados en los espacios de interacción del proceso judicial, así como también antes y después de éste episodio judicial. En efecto, tanto antes como después del proceso judicial se registran también historias de costos y barreras para un pleno acceso a la justicia. La principal característica de los procesos de alimentos es que revisten un problema de la mujer: El 97% de los expedientes revisados corresponde a peticiones de pensiones realizadas por mujeres. Las cuatro provincias estudiadas, sobre todo Chincheros y San Marcos, comparten elevados índices de ruralidad. Se tejió la hipótesis, por ello, que una parte importante de las demandas de alimentos sería de mujeres provenientes de medios rurales. El análisis de la información recogida mostró resultados distintos. Existirían indicios, por ende, para suponer que las mujeres rurales procuran la pensión por alimentos por vías alternas a la judicial, como bien podrían ser las rondas campesinas, los jueces de paz u otras que le impliquen menores barreras económicas y geográficas. Una segunda conclusión importante a partir de esta aparente brecha entre el acceso en lo rural y urbano, guarda relación con la dificultad de adaptación del proceso y las normas que lo rigen a la realidad rural. Como se expone más adelante, el conjunto de reglas que norman el proceso de alimentos encuentra algunas dificultades para ajustarse correctamente a la realidad rural. Frente a ello, es perentorio que se analicen los mecanismos para reducir tales barreras de acceso y hacer la tramitación de estos procesos menos larga y costosa y con mayor satisfacción para las partes. Dado el rostro femenino de esta problemática social y la confrontación con el hombre demandado, los procesos de alimentos representan un espacio potencial para el afloramiento de diversos prejuicios intencionados (como las negativas a participar en el proceso por parte del demandado) o no intencionados (como los que parten del inconsciente y se plasman en los escritos). No solo el propio demandado, sino los abogados, los jueces y hasta las propias mujeres exteriorizan durante el proceso diversas formas de trato perjudicial para la mujer. Todo ello se suma a un aparato de justicia con las típicas deficiencias de lentitud, burocracia, deficiente información, maltrato, etc. así como otras derivadas del ejercicio de los abogados y las características de las propias demandantes. Cada una de estas aristas es un espacio para la aparición de diversos costos, sean económicos o no, que se erigen como barreras para el acceso a la justicia. No todas son críticas. De hecho, se han detectado algunas prácticas interesantes que también serán resaltadas más adelante. 39

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? El análisis presentado en estos capítulos responde a la sistematización y estudio de expedientes judiciales culminados en el 2008 tramitados por los juzgados de paz letrados en cada una de las provincias de estudio (Andahuaylas 223, Chincheros 22, Chota 100 y San Marcos 27), además de la realización de entrevistas a operadores de justicia, actores clave y demandantes por alimentos. Sólo en el caso de Chota se trabajó con una muestra de expedientes y no con todo el universo como sí se hizo para el resto de provincias. Es importante destacar que los expedientes que conocen los juzgados de paz letrados corresponden a las demandas por alimentos cuando la filiación está reconocida. De no ser así, son los juzgados civiles quienes tienen la competencia. I. Detrás de los procesos de alimentos: Contexto, perfil de demandantes y características de las demandas en las zonas de estudio El contenido de este capítulo agrupa un conjunto de temas que buscan brindar un contexto apropiado para comprender mejor la situación base alrededor de la problemática de los costos de acceso a la justicia que enfrentan las mujeres en los procesos judiciales de alimentos. Su inclusión tiene por objetivo no desligar los costos del acceso a la justicia de una problemática base y de un conjunto de rasgos básicos que caracterizan a quienes están detrás de estos procesos judiciales. Sobre esa estructura, el primer punto abordado resume el contexto detrás de la fuerte presencia de casos de alimentos en Apurímac y Cajamarca. Los puntos de apoyo residen en la visión de género como obstáculo, el insuficiente conocimiento de derechos y la demanda por justicia no atendida. La intención no es identificar o explicar el por qué existen procesos de alimentos en la sociedad sino tener un contexto social general alrededor de ellos. Luego, el siguiente punto tiene por fin darle un rostro más definido a la mujer detrás de las demandas por alimentos. Para ello, se resumen algunas de sus características demográficas y socioeconómicas básicas en la zona de estudio. Dado que esta visión estadística es un tanto fría, se optó por complementarla con los rastros de violencia que estas mujeres habrían recibido bajo la hipótesis que los procesos de alimentos no siempre responden a necesidades económicas sino que esconden detrás una problemática de pareja más grave y poco evidente. Finalmente, se caracteriza los rasgos principales de las demandas (uso del formato de demanda de alimentos, destinatarios de la pensión, forma de pensión solicitada y monto solicitado) y sus resultados (forma de conclusión del proceso, pensión obtenida, interposición de apelaciones y duración de los procesos) como una forma de caracterizar las intenciones y lo finalmente obtenido durante el episodio judicial. 1. Contexto social detrás de la fuerte presencia de casos de alimentos Tal como lo señalara una jueza entrevistada, la elevada cantidad de procesos de alimentos en los juzgados de paz letrados no es una característica de las zonas donde 40

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? se focaliza esta investigación. Más bien, sería una realidad casi nacional. Grosso modo, del total de casos resueltos en el 2008 por los juzgados de paz letrados de Chota y San Marcos revisados para esta investigación por lo menos las tres cuartas partes correspondían a casos de alimentos. El porcentaje restante, sin embargo, no es ajeno a la problemática familiar. Principalmente hay, además de faltas, procesos de aumento, reducción, exoneración o prorrateo de alimentos. Detrás de estas tendencias hay una preocupación de fondo que señala la presencia de problemas en la formación y desarrollo de familias, es decir, el núcleo de la sociedad. Aunque no se tuvo el objetivo de cuantificar esta variable, durante el trabajo de campo se evidenció que una parte importante de las parejas inmersas en procesos de alimentos tenía un origen extramatrimonial. Otras obedecían a relaciones fugaces, lo cual no es per se condenable, como sí lo es la actitud de desentendimiento del hombre hacia el cuidado de sus hijos. Eso quiere decir que, desde un inicio, el reconocimiento de la relación y, por ende, de los derechos de pensión puede atravesar por mayores dificultades. De ser así, los signos de descomposición de la estructura familiar reflejan una realidad que está lejos de ser netamente judicial. No es mucho lo que el Poder Judicial pueda hacer para evitar sobrecargar sus juzgados con este tipo de procesos. Más bien, su rol debe estar enfocado en informar, brindar asistencia, promover el acceso y procesar de manera más rápida todas las demandas de alimentos que le lleguen. Tanto el análisis como la determinación de los costos asociados al acceso a la justicia en los casos de alimentos no pueden ser abordados de manera aislada del contexto de la problemática social subyacente. De hacerlo, se corre el riesgo de descontextualizar el origen del efecto de hacer valer los derechos. Es decir, perder la ilación entre, de un lado, los costos en que incurren las mujeres que buscan hacer efectivo su derecho y el de sus hijos a una pensión de alimentos y, de otro lado, las características de la población que, de una u otra manera, explican la ruptura del contrato implícito de la asunción de responsabilidades dentro de una pareja estable o eventual. Los puntos a continuación abordados pretenden ser una aproximación básica a esta necesidad de complementar la información. Su desarrollo está basado en la información recogida en las entrevistas realizadas con los operadores de justicia y actores claves (jueces, fiscales, abogados, expertos). Es importante dejar en claro que no se pretende construir una teoría sobre la desintegración de la familia sino estrictamente brindar un marco para la compresión de la problemática social detrás de la importante cantidad de procesos de alimentos. 1.1. La visión de género como obstáculo Las demandas por alimentos parecieran ser un capítulo aislado y netamente judicial de una problemática puntual dentro de la pareja que corresponde a su separación y al consiguiente reclamo de los derechos pensionarios para los hijos y/o la madre. Lejos de ser así, son el reflejo de una problemática mayor que toca las relaciones de pareja y que responde a una historia previa de desentendimientos. 41

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? La demanda se posa, entonces, como un medio para reclamar el derecho a pensión y sustentar económicamente el alejamiento definitivo del hombre del que prendía parte del sostén económico. La etapa judicial no es más que un medio para lograrlo. Asociar, como históricamente se hace, los roles de reproducción y cuidado familiar a la mujer y al hombre los de proveedor económico, trae como consecuencia desbalances de poder que degeneran en tratos y derechos diferenciados. La sociedad peruana, como en muchas otras partes del mundo, asigna a la mujer una posición que termina por diferenciarla y restarle poder cuando se encuentra en una relación de pareja. El haberse socializado en espacios donde esas diferencias toman forma y fuerza (familia, escuela, trabajo, etc.) comporta que su vigencia esté presente más allá de las relaciones de pareja. Tanto jóvenes como adultos, hombres como mujeres, así como trabajadores del sector privado o funcionarios públicos somos susceptibles de habernos formado bajo un conjunto de prejuicios que en mayor o menor medida subordina a la mujer. Los jueces y los abogados, principales actores alrededor de los procesos de alimentos no escapan a ello, como poco a poco se irá describiendo a lo largo de la investigación. Dentro de la pareja, la violencia contra la mujer es una vía para la aparición de prejuicios y discriminación. Como se señaló, la demanda por alimentos es solo un reflejo de una historia mayor que concierne a ámbitos fuera de lo judicial como el hogar y en general la sociedad. Según información de los actores y de acuerdo a lo recogido en algunos expedientes judiciales, las formas más comunes de violencia de género son las de corte psicológico o físico. Insultos, maltratos, creación de estereotipos, golpes pero también actitudes de desinterés (recorte total o parcial del dinero que el hombre otorgaba a la mujer y sus hijos, etc.), son algunos ejemplos que lo ilustran. Episodios de violencia sexual tampoco son ajenos, como se verá más adelante. Para muchas mujeres, interponer una demanda por alimentos puede significar una forma de romper con ese ciclo de violencia. Obtener la pensión podría convertirse casi en una acción de empoderamiento en tanto le permite a la mujer reducir su dependencia económica. El logro del empoderamiento está obstaculizado por varios factores. Uno de ellos es la débil difusión de derechos en ciertos grupos y en ciertas zonas. Según algunos actores entrevistados, parte de las mujeres sobre todo en zonas rurales desconoce que tienen derecho a una pensión para sus hijos y para ellas. Aun cuando ellas tengan noción de sus derechos y sepan dónde acudir para hacerlos efectivos, subsiste el miedo a las represalias que pueden tomar algunos hombres al ser demandados. En efecto, la mujer se expone al defender sus derechos. Intimidaciones o amenazas son algunas formas que, como se detallará más adelante, se han detectado en las encuestas a las demandantes por alimentos. 42

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Al llegar al juzgado o en general al relacionarse con el sistema de justicia, la mujer espera entrar a un ambiente neutro donde la protección de sus derechos sea garantizada y donde se eviten mayores situaciones u oportunidades para la violencia de género. Lamentablemente, no siempre es así. La justicia suele mostrar un fuerte sesgo masculino, en otras palabras, una visión androcéntrica que distorsiona una correcta interpretación de las normas16. Creemos que no es del todo correcto afirmar que el sesgo masculino en la acción de la justicia sea totalmente deliberado y malintencionado. En todo caso, es probable que esas intenciones no estén presentes en la mayoría de casos. Son las inadecuadas asociaciones hechas sobre la mujer y el hombre las que distorsionan una mejor compresión de la realidad. El filtro de la visión de género aparece con frecuencia importante. Es así que se puede entender mejor la existencia de ciertas actitudes durante el desarrollo del proceso judicial, como las que se observaron en las contestaciones de la demanda estudiadas. Estos escritos recogen la primera respuesta y defensa del demandado, aunque también evidencian el manejo estratégico, acaso distorsionante del caso por parte del abogado. Las contestaciones representan un espacio aprovechado por algunos para contradecir la desatención del hombre con respecto al cuidado de sus hijos (alegada en la demanda) y, a su vez, se objeta algunas conductas de la mujer mostrándolas como poco apropiadas según estándares machistas. Así, por ejemplo, las contestaciones suelen incorporar comentarios contra la calidad de «buena mujer» de la demandada con respecto a las labores del hogar. Un caso en particular ilustra este hecho en forma clara. Una de las contestaciones de demanda analizadas empleó un conjunto de ideas supuestamente propias del demandado además apoyadas en un consentimiento familiar y social: «[…] por los celos, por no cumplir con sus obligaciones de pareja (preparar alimentos), el abandono permanente de nuestro domicilio y demás actitudes en contra del recurrente, conforme constan a los familiares de ambos y a los vecinos del barrio de Ccachccacha, es que tomé la determinación de poner fin a nuestra relación convivencial». En diversos ámbitos, incluso en los de protección del niño, la violencia está legitimada en ciertos umbrales como una forma válida y aleccionadora de crianza. Un funcionario de la DEMUNA de San Marcos nos relató, luego de explicarnos la importancia de los derechos de los niños, un hecho que le ocurrió al final de una charla que dio en un colegio. Al final de su intervención se le acercó un niño, con fama de inquieto, para expresarle sus quejas sobre el maltrato físico que recibiera en una ocasión por su mala conducta. Dicho funcionario le respondió «yo te pegaría

16. Ver por ejemplo: Ramírez, Beatriz y Clea Guerra. Op. Cit.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? más [por lo que hiciste]» lo que justificó durante nuestra entrevista con la siguiente frase: «hay que darle el contexto de autoridad». Asimismo, ha sido común encontrar en las contestaciones otras diversas formas de descalificación, sobre todo de orden moral. Por ejemplo, algunos demandados probablemente influenciados por sus abogados, presentan a la demandada como mala madre (descuida a sus hijos pese a que sí cuenta con dinero para satisfacer sus necesidades). En menos casos, las tachas tenían por fin objetar la «buena conducta» de la demandante por su supuesto consumo de licor o por su libertinaje sexual. No es posible determinar a ciencia cierta cuánto de estas descalificaciones obedece al peso ejercido por el abogado para redactar la contestación bajo una visión «estratégica». Ello es materia de otra investigación. En todo caso, habría algunas pistas para asociar las descalificaciones al demandado. Según explicó una experta entrevistada, la demanda por alimentos trae consigo el daño de la imagen pública del hombre, simboliza su incapacidad de controlar a su mujer y de sostener a su familia, además de crearle una historia de fracaso familiar. Es difícil tener en claro hasta qué punto las demandas por alimentos son verdaderamente una carga social negativa para el hombre. En todo caso, la elevada cantidad de procesos judiciales de alimentos en las zonas de estudio e incluso a nivel nacional puede ser un factor en contra de este razonamiento. Además de las partes del proceso y los abogados, es indispensable ver a los jueces como actores que también pueden estar actuando sesgadamente debido a visiones de género particulares, a raíz de ciertas preferencias de género escondidas, es decir, una empatía inconsciente entre juez y demandado. Un ejemplo está en la forma para fijar la pensión de alimentos. Es cierto que no se conoce de la existencia de parámetros técnicos para orientar su determinación. Entonces, establecer una pensión puede traslucir descuidos «naturales» del ejercicio de la función ante la carencia de parámetros de orientación claros. No obstante, es justamente esa ausencia de guía técnica la que, en ciertos casos, facilita la introducción de cierto grado de discrecionalidad que puede ser mal canalizado por diversos factores, como, por ejemplo, cuando toman fuerza visiones de género no equilibradas que finalmente afecten la equidad del monto de pensión otorgado. La solución final a la que arribe el juez podrá favorecer la causa de la mujer al otorgarle la pensión. Pero habría que analizar hasta qué punto y en cuántos casos esa solución hubiera sido la misma si en los juzgadores prevaleciera una visión de género equilibrada que considere a la mujer igual al hombre en el ejercicio de derechos, pero reconociendo a la vez las diferencias. Por ejemplo, la práctica de fijar la pensión de acuerdo a la zona o a lo que magistrados anteriores determinaban, tal como lo revelaron algunos jueces entrevistados, son formas de invisibilizar las reales necesidades de la demandada 44

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? e incluso también las capacidades del obligado. Llevar a cabo las audiencias de conciliación sin tener mayor reparo en las relaciones de poder subyacentes entre demandante y demandado, es una forma adicional detectada en los expedientes judiciales analizados para introducir algunos sesgos que terminarán afectando la determinación del monto de pensión. Aspectos como éstos influyen en que la solución final del caso judicial sea aparentemente igualitaria para ambas partes (respeto de las reglas del debido proceso, demandada con asistencia de abogado, etc.). Pero, como se observa en estos ejemplos, hay ocasiones en que factores poco evidentes generan distorsiones que conducen hacia una solución igualitaria pero no necesariamente equitativa. 1.2. Insuficiente conocimiento de derechos La necesidad de interponer la demanda judicial por alimentos y el acto efectivo de hacerlo pueden estar obstaculizados por diversos factores, entre ellos, el bajo conocimiento de derechos de la mujer y la no certeza de saber cómo y dónde hacerlos efectivos. Según los operadores de justicia entrevistados, este problema se presenta como más importante en zonas rurales que urbanas. El desconocimiento total o incompleto tiene que ver con la dificultad para saber cómo accionar el sistema de justicia, es decir, a qué institución ir, cómo hacer los trámites, qué pasos seguir, etc. Muestra de este vacío de información es que las comisarías instancias del Estado con mayor presencia en zonas rurales suelen recibir mujeres que reclaman la acción policial para que los hombres cumplan con el pago de la pensión. Evidentemente, la función policial puede hacer poco o nada al respecto pues sus competencias se lo impiden. El problema del insuficiente conocimiento de derechos no es propio ni exclusivo de lo rural, sino que está asociado a factores estructurales ligados a lo social y económico. Un estudio del PNUD identificó una alta relación entre el nivel educativo de la familia y el conocimiento de derechos17. Más bien, esta dificultad tiende a agravarse en las zonas de fuerte presencia rural, como las provincias estudiadas de Cajamarca y Apurímac. Las medidas para cubrir los vacíos de educación y sentar mejores condiciones para el conocimiento de los derechos de las mujeres no pasan únicamente por la reforma del sector educación o la reducción de la pobreza. Aunque ello es lo ideal, toma mucho tiempo y voluntad hacerlo. Vías más rápidas y con resultados efectivos en el corto plazo se hallan en la difusión de derechos18.

17. PNUD. La democracia en el Perú. El mensaje de las cifras (resumen informativo). Lima, marzo, 2006. En: http://www.pnud.org.pe/PDFs/Democracia_ En_El_Peru_Resumen.pdf 18. Gracias a los programas radiales de PROJUR, con fuerte presencia en zonas rurales, una importante cantidad de mujeres de estos ámbitos fue incentivada a la búsqueda de asesoría y en algunos casos patrocinio legal para sus conflictos de familia.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? El desconocimiento de derechos se mezcla no sólo con la falta de información sino también en ocasiones con una subvaloración de la propia mujer como sujeto de derechos. Una jueza entrevistada señaló que existe cierto desconocimiento sobre la posibilidad de demandar alimentos aún si la filiación del hijo no ha sido establecida. Hay casos de mujeres que ni siquiera saben que les corresponde a ellas o a sus hijos una pensión de alimentos. Asimismo, tampoco existe la plena conciencia de la gratuidad del proceso judicial, es decir, que no se deben pagar tasas judiciales19. Aunque la clave está puesta en el tema educativo, las mujeres de las provincias estudiadas, como muchas otras del país, deben enfrentar otras dificultades presentes en zonas con menores niveles de desarrollo económico y acceso a servicios. Los niveles de pobreza, analfabetismo, desnutrición, indocumentación, entre otros problemas que afectan más a las mujeres, se mezclan y se acentúan con las carencias de los niveles de educación. En Chota y San Marcos, Cajamarca, y Andahuaylas y Chincheros, Apurímac, estos problemas son considerables. Estas cuatro provincias están ubicadas en regiones ubicadas en el quintil más pobre a nivel nacional, las que comparten además otros problemas. El analfabetismo en mujeres, por ejemplo, es uno de ellos (aproximadamente un tercio de la población en las provincias bajo análisis), además de la persistencia de ciertos problemas documentación20. La problemática del conocimiento de derechos es parte de una realidad social mayor donde se mezclan diversos problemas que condicionan o crean barreras de acceso a la justicia. De una u otra forma, la población con menos recursos termina siendo casi siempre la más afectada no solo por su menor acceso a una gama de servicios que suelen ser de menor calidad sino porque además en estos grupos es más difícil lograr un pleno auto reconocimiento de ciudadanos con derechos por ejercer. 1.3. Demanda por justicia no atendida Un tema de rápido consenso entre los operadores del sistema de justicia así como entre los abogados en las zonas de Cajamarca y Apurímac es que existe una importante diferencia entre la demanda efectiva por acceso a la justicia y la demanda no atendida. Es decir, el problema es que la cantidad de demandas de alimentos que año a año ingresan a los juzgados de paz letrados no representa la verdadera cantidad de mujeres que requieren o desean obtener una pensión de alimentos para ella y/o sus hijos.

19. Como se verá más adelante existen otros costos muy importantes que pueden limitar el acceso a la justicia, por lo que esta gratuidad es relativa. 20. En las provincias en estudio PROJUR ha detectado una importante cantidad de casos de partidas de nacimiento y documentos de identidad con los nombres mal consignados debido al bajo nivel educativo de los registradores civiles. Este problema afecta tanto a hombres y mujeres y les genera un costo adicional importante pues deben iniciar un proceso judicial para la rectificación sin lo cual no pueden realizar diversos trámites como, por ejemplo, presentar una demanda judicial. Un rondero de San Marcos entrevistado señaló que las mujeres sin DNI buscan obtener su pensión en las rondas habida cuenta que sin este documento no es posible hacer trámite alguno en el Poder Judicial.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? En principio, la demanda efectiva por justicia está compuesta por las mujeres que acuden a cualquiera de las instituciones públicas, privadas o comunales que tienen la capacidad de dar una solución a la necesidad de pensión de alimentos. Si se trata de la vía de conciliación, las opciones están en la DEMUNA o los centros de conciliación públicos o privados. Dependiendo de la zona también se puede incluir al juez de paz, a la ronda campesina o a alguna otra autoridad comunal o vecinal. También existen otras instituciones que funcionan como soporte pero sin competencia para fijar acuerdos sobre pensiones. Éstas hallan su importancia en la creación de redes de apoyo psicológico y legal. Son los casos de los Centros de Emergencia Mujer CEM (MIMDES), los centros de Asesoría Legal Gratuita ALEGRA (Ministerio de justicia) o las defensorías comunitarias. Para muchas mujeres e incluso para algunos funcionarios de estas instituciones, la opción de conciliar sigue siendo válida aún cuando haya episodios de violencia familiar (priorización del vínculo familiar). Bajo tales condiciones, la conciliación resulta un despropósito y a la vez un costo no económico importante para la mujer. Algunos estudios han demostrado que cuando la conciliación se da en este contexto, su nivel de cumplimiento será bajo e incluso puede generar procesos de revictimización21. Una funcionaria del Centro de Emergencia Mujer de Chincheros estimó recibir aproximadamente unas 100 mujeres por mes que, entre otros objetivos, buscan obtener una pensión por alimentos. Esa cifra representaría casi un 25% del total de atenciones por violencia familiar y sexual en el CEM de Chincheros, Apurímac. La conciliación, si bien es una vía más rápida y menos burocrática y onerosa que la judicial, no siempre conduce al mejor acuerdo ni menos aún a un acuerdo definitivo en el tiempo, tal como más adelante se desarrollará. Durante el trabajo de campo con los expedientes judiciales se detectó que algunos registraban acuerdos conciliatorios anteriores entre las partes logrados en las DEMUNA donde el monto de pensión fijado es, por decir lo menos, irrisorio: varió entre los 15 y 50 nuevos soles. Valga adelantar como información que por la vía judicial, el promedio de pensión obtenido es bastante mayor (160 nuevos soles) aunque para ello se deben afrontar más gastos. Fuera de la conciliación (extrajudicial), es el Poder Judicial quien tiene capacidad para tramitar las demandas por alimentos y llegar a una solución a la que las partes se deberán someter (salvo que dentro del proceso se dé la conciliación judicial). Según datos del Poder Judicial, los juzgados de paz letrados de Chota y San Marcos recibieron 505 y 333 casos nuevos en el 2008, de los cuales la mayoría son demandas por alimentos. Por su parte, los 2 juzgados de paz letrados

21. Ver, por ejemplo: Yañez, Gina. La violencia contra la mujer: estudio de casos sobre la aplicación de la ley de violencia familiar, desde una perspectiva de género. Lima, Manuela Ramos, 1998. El artículo de Ivan Ormachea da cuenta de bibliografía interesante sobre los problemas de la aplicación de la conciliación y mediación cuando hay violencia entre la pareja (ver: «Violencia familiar y conciliación» en Revista Derecho, Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima, N.° 52, 1998 -1999).

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? de Andahuaylas registraron 1.745 casos, mientras que el de Chicheros 392. Igualmente, su proporción de procesos de alimentos también es la más importante. Las rondas campesinas también tienen la potestad de administrar justicia tomando en cuenta patrones culturales propios que en teoría les deberían permitir llegar a soluciones más acordes con su realidad. Un directivo de una de estas organizaciones de San Marcos, provincia con menos rondas que Chota, comentó que recibe unas 100 mujeres al mes en busca de una pensión de alimentos para sus hijos. Según el mismo informante, las pensiones que fija la ronda suelen variar entre 30 y 100 nuevos soles. Ilustración 3 Instituciones vinculadas al sistema de justicia en la temática de alimentos en las zonas de estudio

Pese a que parte de la demanda por acceso a la justicia es canalizada a través de diversas instituciones o alternativas, es difícil pensar que ella se reduzca a las cifras expuestas sobre los casos manejados por algunas de las instituciones con competencia en la materia de alimentos. Peor aún si tenemos en cuenta que las mujeres rurales están poco reflejadas en los expedientes judiciales. Por ello mismo, el análisis de esta investigación no pudo centrarse en la mujer rural aun cuando, contradictoriamente, las provincias en análisis tengan un fuerte componente rural. 48

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Las diversas barreras geográficas, económicas, sociales y culturales para acceder a la justicia nos hacen presuponer que buena parte de las mujeres que desean tener acceso a una pensión por alimentos quedan al margen del Poder Judicial e incluso de algunas otras vías menos burocráticas y más ágiles (DEMUNA, centros de conciliación, etc.). Otras tantas, muy posiblemente, ni siquiera accedan a vía alguna. El mapa de instituciones presentes en las zonas de estudios es una figura descriptiva con limitada disponibilidad para ciertos grupos de la población, como las mujeres y en general las personas de bajos recursos y de zonas alejadas de las provincias bajo estudio de Cajamarca y Apurímac. Más gráfico es un ejemplo. Una mujer del distrito de Querocoto, provincia de Chota (Cajamarca), debe movilizarse por 7 horas y asumir un gasto aproximado de 40 nuevos soles (ida y vuelta) cada vez que desee acudir al juzgado de paz letrado de su jurisdicción. En este distrito la presencia de medios de justicia se restringe al juez de paz, cuya competencia está legalmente limitada al tema de faltas, aunque en los hechos acaso tratan temas de pensiones. La brecha entre la demanda efectiva y la no atendida no se debe únicamente a las dificultades económicas o geográficas para presentar una demanda. Otro factor a considerar es la escasa presencia de redes de soporte legal, psicológico y educacional, como los CEM, DEMUNA o las casas de refugio que permitan, estas últimas, albergar temporalmente a las mujeres demandantes por alimentos que decidan dejar el hogar conyugal por razones de seguridad y tranquilidad, y así poder romper con la dependencia económica que pende del demandado. Otra muestra de la brecha entre la demanda efectiva y la demanda no atendida en casos de alimentos reside en la importante cantidad de mujeres que, según los operadores de justicia entrevistados, acuden en busca de servicios legales gratuitos. Por ejemplo, el personal de los consultorios jurídicos gratuitos de PROJUR que funcionaron hasta el 2009 en Andahuaylas, Chincheros, Chota y San Marcos, menciona que una importante cantidad de mujeres acudía a ellos para asesorarse pero que menos se animaban a interponer la denuncia judicial. Muchas de ellas, además, acudían a este servicio desde zonas rurales. Desde el inicio, un proceso judicial implica incurrir en ciertos gastos evidentes como la contratación de un abogado que en promedio, según la información recogida, cobra unos 127 nuevos soles por el caso. Otros costos económicos y no económicos menos evidentes también entrarán en juego a medida que el proceso judicial vaya avanzando, construyendo una serie de barreras económicas para el acceso a la justicia. La defensa de oficio, en alguna forma, es un paliativo para el costo de contratar un abogado particular. No obstante, existen pocos defensores para la cantidad de personas que necesitan sus servicios y, además, la carga excesiva de casos que deben atender impide una mejor calidad en sus servicios. No existen abogados de oficio a exclusividad para atender casos de alimentos o relacionados a la violencia familiar. En Chota existen dos abogados de oficio, uno adscrito a la Sala Penal Mixta y el otro, al Juzgado Penal. En Andahuaylas, al cierre de esta investigación 49

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? nos informaron que la Asistencia Legal Gratuita- ALEGRA del MINJUS, y del Módulo de Justicia de Andahuaylas, contaba con tres defensores de oficio cada uno. En Chincheros y en San Marcos la situación es distinta pues no existen defensores de oficio. Sin más opción que el abogado privado en estas dos provincias, la ausencia de abogados de oficio abre un costo adicional para el acceso a la justicia. Esta realidad no es exclusiva de Chincheros y San Marcos sino de muchas a nivel nacional pues el número de defensores de oficio en el país no supera los mil. Las necesidades de defensa legal gratuita llegarían a un punto de tal importancia que un funcionario de la DEMUNA de San Marcos mencionó que han llegado a patrocinar judicialmente algunos casos de personas de escasos recursos a pesar de la prohibición expresa del MIMDES. En ocasiones, los casos que no pueden atender eran derivados a PROJUR, pero el problema subsistía pues tampoco esta institución tenía la capacidad de litigio requerida. Por esta razón es preocupante que el formato de demanda judicial de alimentos (permite iniciar el proceso judicial sin abogado) puesto a disposición por el Poder Judicial, tenga un uso marginal en las provincias analizadas en esta investigación (entre un 0% y 5% de demandas lo usaron, según la provincia). Las razones están en la falta de difusión de la opción del formato y del formato mismo, y el lenguaje no amigable que emplea, e incluso en el celo de algunos abogados para promoverlo ya que su uso prescinde de su participación en el proceso judicial. En suma, las referencias dadas en este punto hacen alusión a las personas que han dado algún paso para acceder al sistema de justicia y en el camino encentraron dificultades. Quedan al margen todas las mujeres que entablaron un tímido o nulo contacto con el Poder Judicial u otras instituciones que son vías de satisfacción de sus necesidades de justicia. Para ellas, los costos del acceso a la justicia son muchos mayores si asumimos que postergan la defensa de sus derechos vulnerados y no acceden a una solución que pueda protegerlos. 2. Caracterización de las mujeres demandantes de alimentos Hasta el momento se ha hecho referencia a las mujeres demandantes como un grupo casi homogéneo, sin caracterizarlo con mayor detalle. Toca ahora definir cuál es el perfil de la mujer que accede a los servicios de justicia en busca de una pensión de alimentos en función de las principales características halladas en los trabajo de campo. Al principio, las distintas fuentes empleadas parecerían dar pistas muy distintas y hasta contradictorias sobre la mujer demandante. Se podría construir un perfil en base a las entrevistas con los operadores de justicia. Sin embargo, terminaría siendo muy distinto de aquél hecho en base a la lectura entrelíneas de las referencias a las mujeres plasmadas en las demandas. Igualmente, un perfil muy distinto se obtendría si la fuente de información se limitara a las contestaciones de demanda. 50

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? ¿A qué se deben estas discrepancias de fuentes? ¿En cuál se puede confiar más? El problema con algunas fuentes es que la información que transmiten suele estar mezclada con prejuicios que terminan por subjetivizar y trastocar la caracterización de la mujer demandante por alimentos. De un lado, es habitual que los jueces no tengan un acercamiento muy cercano a la persona detrás del proceso judicial. La cantidad de casos por resolver y la burocracia de los procesos tienden en cierta forma a despersonalizar el trato entre el juez y las partes, haciéndolo más distante22. Ese distanciamiento entre causa judicial y partes crea un vacío de información sobre las características de demandantes y demandados que es llenado con preconceptos sobre la mujer demandante (y también sobre el hombre demandado) muchas veces cargados de machismo. Se podría decir que este fenómeno no se aplica exclusivamente a la mujer que demanda alimentos, sino que es casi generalizable a cualquier hombre o mujer litigando en cualquier materia23. En nuestra sociedad aún rigen características y conductas que son asignadas a los hombres (proveedor económico, rudeza, etc.) y otras distintas a las mujeres (reproducción, cuidado del hogar, dulzura, bondad, etc.). Asumir la responsabilidad de ser juez, fiscal, policía, abogado, personal de ONG u otro no implica librarse automáticamente de tales prejuicios ni tomar consciencia de su riesgo. En muchos casos, el ambiente profesional es simplemente un espacio más donde estos prejuicios se expresarán, y que, a lo largo de la investigación, se observa en sesgos para la determinación del monto de pensión, el trato a la mujer, etc. En los abogados también se observan conductas que conducen a distorsionar el perfil de la mujer. Tal como se revisará más adelante cuando se desarrollen los costos derivados por el funcionamiento del mercado de servicios legales y de la actuación de los abogados, estos profesionales suelen plasmar en sus escritos una imagen estereotipada de la mujer. Cuando tienen como cliente a la demandante, el abogado crea en sus escritos una imagen de mujer con pocos recursos y sentimentalmente dañada. No obstante, cuando el cliente del mismo abogado es el demandado, la imagen de la mujer es radicalmente distinta: Persona con capacidad económica y culpable de la ruptura de la relación sentimental con el demandado, y hasta incluso bebedora y con una exagerada libertad sexual. Sea como sea, la separación entre mujer y causa judicial, sumada a los estereotipos comentados, disminuye la visibilidad de los rasgos objetivos que caracterizan a la mujer demandante. Es más, incluso hablar de mujer como variable universal también es una

22. Al decir de muchos jueces, este efecto es mucho más común entre los jueces penales que ven casos graves o extremos. La asiduidad de la violencia de los casos que tramitan influencia en que su umbral de asombro y no sensibilidad sean mayores. En otras palabras, algunos jueces pueden llegar a habituarse a tratar casos extremos pero sin mostrar mayor impresión, apego o empatía hacia las víctimas. 23. Así, erróneamente, algunos operadores judiciales pueden hacer las asociaciones simplistas entre pobreza y delincuencia, medio rural e ignorancia, buena posición económica y alta educación, etc. Valga decir que estas asociaciones no son parte exclusiva del pensar de los jueces sino que son comunes entre la población.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? falta. Al decir «mujer» se reconocen diversos grupos diferenciados por variables de corte social, económico o cultural. A este punto, sin embargo, no entraremos. Por todas estas razones, el perfil de la mujer demandante por alimentos que se presentará a continuación obedece a los rasgos demográficos (edad, nivel de estudios, número de hijos) y sociales (ocupación y nivel de ingresos) a partir de la información objetiva recogida en los expedientes judiciales y en las encuestas a las propias demandantes. Esta información ha sido complementada con el perfil de historia de violencia contra la mujer bajo el objetivo de buscar rastros de violencia física, psicológica o sexual sufrida por las mujeres demandantes por alimentos, en un intento de visibilizar que estos procesos judiciales pueden ser la punta del iceberg de una realidad mayor. Conocer con detalle quiénes son las mujeres detrás de los casos de alimentos en cada una de las provincias estudiadas contribuye a dibujarle un rostro más humano a la problemática local que puede servir en múltiples maneras, como para focalizar propuestas que mejoren el acceso a la justicia, sensibilizar a los operadores de justicia y actores de la administración de justicia, etc. Por último, es necesario recordar un último punto vinculado con la metodología aplicada. No todas las mujeres, cuyos procesos de alimentos fueron sistematizados, pudieron ser encuestadas en vista de diversas dificultades presentadas (lejanía de muchas zonas de encuesta, direcciones no actualizadas, encuestadas no presentes en el hogar, etc.). En algunos casos, por tanto, los datos perdieron representatividad aunque de todas formas conservan su utilidad para definir ciertas tendencias o rasgos básicos. 2.1. Perfil demográfico El promedio de edad con que una mujer inicia la demanda por alimentos gira alrededor de los 30 años o un poco más en función de la provincia. En las dos provincias estudiadas en Cajamarca, la edad promedio de una mujer al iniciar este proceso judicial fue de 30 años, cifra que en Andahuaylas se elevó hasta 32 y en Chincheros a 36 años. Aproximadamente 1 de cada 10 mujeres que presentaron su demanda tienen menos de 20 años. A esa corta edad, este dato grafica un escenario de dificultades para seguir o continuar estudios superiores que le facilitarían a la mujer insertarse al mercado laboral y obtener mejores ingresos. De hecho, un dato interesante es que la mayoría de estas mujeres sólo ha realizado estudios técnicos o superiores. La información por rango de edades muestra dos patrones distintos. El patrón mayoritario es observado en Andahuaylas, Chota y San Marcos. En estas provincias, más de la mitad de las mujeres demandantes por alimentos tiene menos de 30 años, con mayor énfasis en las provincias de Cajamarca.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Por el contrario, en Chincheros, una mayor cantidad de mujeres está en los rangos de edad superiores a los 30 años. La composición de edades es más fuerte en el grupo de 31 a 40 años (54.5%) y además la proporción de mayores de 50 años (13.6%) es el doble que en las otras provincias. Cuadro 2 Edad de las demandantes en procesos de alimentos

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de alimentos. Elaboración propia.

El número de hijos entre la demandante y el demandado también es una variable a considerar. En cada una de las zonas de estudio, la pareja no tiene más de un hijo (entre Chincheros en 54.5% y San Marcos 81.5%). Las dos provincias de Apurímac tienen un mayor porcentaje de parejas con más de un hijo. Asumiendo que una pareja con más hijos ha tenido una relación de mayor tiempo, los datos indicarían que las demandas por alimentos en estas provincias responden a parejas más duraderas. La importancia de esta información da ciertas pautas para comprender más a fondo la problemática detrás de los procesos judiciales por alimentos. ¿Se trata de la judicialización de una obligación incumplida dentro de la pareja «estable» o más bien de un problema social distinto? Los datos ponen en evidencia algo particular: El vínculo entre la demandante y el demandado obedecería, en buena parte de los casos, a relaciones pasajeras. La lectura de los expedientes judiciales también lo confirma. Fue importante la cantidad de casos donde se explicitaba que entre las partes no hubo más que una relación pasajera o extramatrimonial. Un vínculo sentimental por fuera del matrimonio o pasajero puede ser una dificultad adicional para manejar correctamente la problemática del tema de alimentos. La demanda judicial hace pública la existencia del hijo del demandado por fuera de su matrimonio y, al mismo tiempo, puede ser un factor que retarde la acción legal a tomar por parte de la mujer.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Otros datos valen la pena de ser destacados. En las provincias más grandes, Andahuaylas y Chincheros, el número de hijos máximo (6) es mayor que en las provincias menores, Chincheros y San Marcos (3), quizás explicado por un menor acceso en éstas a información sobre paternidad responsable y métodos anticonceptivos. Cuadro 3 Número de hijos entre demandante y demandado por alimentos

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de alimentos. Elaboración propia.

Finalmente, el analfabetismo tendría un espacio reducido entre las mujeres demandantes, a la luz de los datos obtenidos entre las demandantes por alimentos. Una forma de detectarlo con considerable éxito es contabilizando a las mujeres que registraron su huella digital en la demanda en lugar de su firma (signo de no saber escribir). En Chota, esta variable llegó al 8% y en San Marcos hubo una cifra similar (7.4%), mientras que en Andahuaylas algo menos (4.5%) y en Chincheros no se registró ningún caso. Cuadro 4 Nivel de analfabetismo entre las demandantes por alimentos

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de alimentos. Elaboración propia.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? 2.2. Perfil socioeconómico El perfil socioeconómico fue abordado desde dos variables, ocupación y nivel de ingresos de las mujeres demandantes en procesos por alimentos. En ambos casos, si priorizamos el eje económico los resultados muestran una situación de importante vulnerabilidad principalmente porque la labor realizada (básicamente, trabajo en el hogar) está ligada a la generación de bajos ingresos y a oportunidades de mejora económica limitadas. La estructura del mercado laboral, sobre todo en Chincheros y San Marcos, no ofrece grandes posibilidades u opciones de trabajo bien retribuidas para quienes no gozan de determinado nivel de capacitación. En estas zonas además los niveles de ingreso suelen ser menores. La principal ocupación entre las demandantes es mayoritariamente la de ama de casa. Serlo no merece descalificación alguna pero suele imponer algunas dificultades económicas. Su capacidad de ahorro (casi nula) es inversamente proporcional a su dependencia económica (casi total). El resto de medios de ocupación tampoco se muestra como importante desde el punto de vista de generación de ingresos (comerciante, agricultora, docente, enfermera, etc.). En general, el nivel educativo de las demandantes por alimentos no va más allá de los estudios secundarios, siendo la principal ocupación como hemos referido, la de ama de casa. Desafortunadamente, el logro educativo condiciona el acceso a mejores oportunidades de generación de ingresos, alimenta la dependencia económica de la mujer en el hombre y, este factor, contribuye a ocasionar desequilibrios en las relaciones de poder en la pareja fortaleciendo los patrones de mujer (rol de reproducción) y de hombres (proveedor económico). Afortunadamente, este hecho no es categórico. Aunque es difícil ser contundentes con la información recogida en las encuestas sobre el ingreso de estas mujeres, vale la pena citar un par de datos. Entre las mujeres demandantes que pudieron ser encuestadas, su presupuesto o ingreso mensual promedio varió entre los 93 nuevos soles para San Marcos y los 342 para Andahuaylas. Los bajos ingresos introducen usualmente dificultades en la economía familiar, agravándose la situación si aparecen gastos que están por fuera del presupuesto regular, como el de un proceso judicial. Sólo los honorarios del abogado (127 nuevos soles en promedio según los datos recogidos), requerido para iniciar y avanzar en el proceso24, representan buena parte del ingreso promedio mensual de estas mujeres y eso sin considerar que luego vendrá otro tipo de costos económicos por afrontar.

24.Si bien existe un formato de demanda por alimentos, su uso es ínfimo. Nunca se registraron demandas con formato en Andahuaylas ni Chota, pero sí en Chincheros (5%) y San Marcos (4%). Aun cuando esto ayude, haría falta más formatos para otras etapas del proceso (solicitud de declaración de rebeldía, solicitud de liquidación de devengados, solicitud de requerimiento de pago de pensión, solicitud para remitir expediente al juzgado penal u otras). De todas formas, hay que guardar cuidado con los efectos de la ausencia de defensa en el proceso. Más adelante se advertirá que cuando se concilia judicialmente, la presencia o ausencia del abogado de la demandante es un factor que influye en una mayor o menor pensión.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Cuadro 5 Ocupación de las demandantes por alimentos

Fuente: Encuestas a demandantes por alimentos Elaboración propia.

Cuadro 6 Nivel de estudios de las demandantes en procesos de alimentos

Fuente: Encuestas a demandantes por alimentos. Elaboración propia.

Cuadro 7 Presupuesto/ingreso mensual de las demandantes por alimentos

Fuente: Encuestas a demandantes por alimentos. Elaboración propia.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? En consecuencia, a las mujeres demandantes por alimentos bajo vulnerabilidad económica les será más difícil solventar por su cuenta los gastos de interponer una demanda judicial por alimentos y proseguir con el caso hasta el final25. En efecto, poco a poco, los gastos del proceso judicial pueden comprometer la capacidad de gasto de la demandante. Es decir, que los desembolsos ligados al proceso judicial no siempre podrán ser cubiertos con sus ingresos. Frente a ello, algunas mujeres se ven obligadas a recurrir a determinadas fuentes de financiamiento entre propias, formales e informales. Ciertamente, esa es la realidad que recogen las cifras. Sólo el pago al abogado ya implica un sacrificio económico y una estrategia de financiamiento particular más allá de la propia generación de ingresos por parte de la demandante. Aunque los datos varían según la provincia estudiada, la mayoría de mujeres encuestadas ha recurrido a préstamos de familiares o amigos o, en todo, caso han hecho uso de sus propios ahorros. Cuadro 8 Formas de financiamiento para el pago de los honorarios de abogado(s)

Fuente: Encuestas a demandantes por alimentos Elaboración propia

Lo paradójico del proceso de alimentos es que, mientras la mujer debe afrontar diversos gastos para que el proceso avance, el hombre no. La sentencia le llegará a su domicilio aún si éste haya sido declarado rebelde, si nunca asistió a las audiencias de conciliación citadas por el juez e incluso sin haber necesariamente consultado con un abogado. Por supuesto, no se trata de una crítica a estas figuras legales pues gracias a ellas el caso puede avanzar pese a la indiferencia del demandado. No obstante, en términos económicos le resulta a éste un ahorro significativo, teniendo en cuenta que es el hombre quien supuestamente vulneró diversos derechos de la mujer

25. Dependiendo de provincia estudiada, la proporción de demandas abandonadas tiene poca o mucha importancia. Como se detallará más adelante, en Chincheros, por ejemplo, de los 22 expedientes revisados, ninguno fue abandonado. En Chota, en cambio, el porcentaje de abandono llegó al 35% de las demandas.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? y de sus hijos. Aunque teóricamente, el demandado debería pagar al final del proceso las costas y los costes, no es una práctica aplicada por los jueces, según la información de los expedientes judiciales analizados. 2.3. Perfil de historia de violencia contra la mujer Las características e implicancias del estudio de casos de alimentos obligan incluir algunas otras variables que puedan complementar el perfil de la mujer demandante de alimentos que llegó al Poder Judicial. La razón es que los datos de edad, estado civil, ocupación u otros revisados dan un panorama un tanto frío de la historia de vida detrás de la demanda por alimentos que no se acercan de manera suficiente a un retrato social de la problemática subyacente a cada caso. Detrás de los datos yace un perfil oculto de la mujer que hemos tratado de sondear mediante tres variables que, de alguna forma, resumen problemáticas mayores en el vínculo de pareja entre demandado y demandante, al margen que éste haya sido esporádico o extramatrimonial, como en buena parte de los casos, o mayor estabilidad. Los casos de alimentos suelen cargar consigo una historia de desequilibrios en las relaciones de pareja que van más allá de su duración o seriedad. Creemos que bajo estos supuestos es más factible comprender la presencia de ciertos fenómenos que exteriorizan formas de violencia psicológica, física o sexual contra la mujer ejercida durante o incluso después de su vínculo con el demandado. Claramente, tales signos de violencia han sido expresados en los escritos de los procesos judiciales estudiados bajo la forma de un lenguaje en ocasiones indiferente o tosco y en otras hasta violento. Un primer intento por sondear la presencia de formas de violencia contra la mujer se realizó a través de la presencia de menciones explícitas en las demandas judiciales presentadas. Somos conscientes que, en la práctica, esta fuente no es fiel reflejo de la realidad vivida por la mujer ni menos aún de los actos de violencia que pudiera haber sufrido. No por ello, sin embargo, dejan de ser un referente importante. Los resultados muestran que, en mayor o menor medida, las demandas sí testimoniaban el ejercicio de violencia por parte del demandado. En su forma psicológica, la violencia registrada varió entre 0% (Chincheros) y 22.2% (San Marcos), mientras que la violencia física osciló entre o% (Chincheros) y 5.7% (Chota). Las menciones a violencia sexual fueron solamente algo menores: entre 0% (Chincheros y Chota) y 3.7% (San Marcos). Si nos guiamos por estos datos, la conclusión sería la siguiente: Los niveles de violencia contra la mujer, identificados a partir de las demandas por alimentos, son particularmente bajos si se toma como referencia a estudios a gran escala. Así, por ejemplo, una encuesta de la Universidad de Lima (febrero, 2009) detectó niveles de violencia psicológica de orden del 25% y de violencia física que llegaron al 16%. 58

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? La diferencia entre la prevalencia de violencia contra la mujer detectada en las demandas judiciales y en la encuesta citada, pondría en evidencia la debilidad de la primera fuente para arribar a un diagnóstico apropiado. En el caso de nuestro objeto de estudio, un intento más certero fue el realizado a través de las propias encuestas a las demandantes cuyos casos fueron revisados. Antes de revisar los resultados de esta segunda fuente, es imprescindible un comentario puntual. Sea cual sea la fuente para arribar a la cifra de mujeres que sufrieron violencia, siempre subsistirá una cifra negra. Es decir, un determinado porcentaje de mujeres (u otras fuentes de información) que ocultarán su condición de violentadas. Los datos sobre el particular, por ende, siempre tenderán a subestimar en algún grado la realidad que pretenden medir. Los resultados, aún con una representatividad menor que la de los expedientes, dan cuenta de una mayor presencia de violencia que la identificada en las demandas. La conclusión es fuerte pues la presencia de la violencia psicológica (advertida y reporta por las encuestadas) es bastante importante según la zona: entre 22.6% (Chota) y 89.2% (Andahuaylas). La violencia física también alcanzaría un peso importante, como en el caso de Chota (67.7%) y Andahuaylas (81.1%). Asimismo, los episodios de violación sexual fueron reportados únicamente en Andahuaylas pero alcanzan un nivel bastante preocupante (31.1%). Aun cuando los niveles de reporte de violencia son considerables, estos delitos quedan al margen del sistema de justicia, impunes y perpetúan la posición de subordinación de la mujer, retrasan su reconocimiento como total sujeto de derechos y muy probablemente traspasen estos mismos criterios a los hijos que ellas crían. Así lo corroboraría el hecho que muy pocas mujeres hayan manifestado haber interpuesto otro tipo de demandas contra los agresores (demandados por alimentos). Este fue el caso únicamente en Andahuaylas (9.9%) donde el tipo de violencia registrado fue el que entraña un daño más profundo (violencia sexual). Cuadro 9 Mujeres demandantes por alimentos que sufrieron violencia en sus relaciones de pareja (fuente: expedientes judiciales)

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de alimentos. Elaboración propia 59

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Cuadro 10 Mujeres demandantes por alimentos que sufrieron violencia en sus relaciones de pareja (fuente: entrevistas con demandantes)

Fuente: Encuestas a demandantes por alimentos. Elaboración propia.

No se trata, entonces, que las mujeres demandantes por alimentos en las zonas de estudio hayan sufrido menos violencia en comparación con algunas otras encuestas nacionales. Más bien, la violencia se calla por temor o vergüenza de contarlo al abogado o de hacerlo público en un proceso judicial. No podemos descartar tampoco que la mujer sí cuente el hecho a su abogado o que éste lo pregunte pero que, luego, el factor violencia de género no sea utilizado como punto de apoyo de las demandas por alimentos. De ser así, los patrones de la sociedad empujan a la mujer a relativizar al daño de cierto tipo de violencia (como la psicológica), ocasionando que minimice su importancia al punto de no merecer contar los hechos de violencia al abogado. Incluso es probable que el propio abogado no considere los hechos de violencia como un factor clave de la estrategia legal. Es algo extraño que los abogados no incluyan en las demandas a este factor pues significa un peso importante para ganar el caso. Quizás la respuesta esté en la tristemente célebre ley del menor esfuerzo. El abogado no necesita valerse de los hechos de violencia, ni preguntar sobre ellos, ni armar un caso más dramático para convencer al juez pues, por lo general, los jueces reconocen el derecho a pensión en sus sentencias. Efectivamente, como se verá más adelante, los casos donde el juez emiten una sentencia desestimatoria o rechaza la pretensión son escasos o nulos: varían entre 0% (Chincheros y Chota) y 15% (San Marcos). Paradójicamente, la violencia contra la mujer se erige como una barrera de género para el acceso a la justicia. La inconsciencia sobre los derechos, la falta de recursos, la sumisión al hombre, el miedo, la insuficiente red de instituciones del Estado sobre todo en zonas rurales abocadas a la protección de la mujer, entre otros factores, empujan a que las mujeres ejerzan sus derechos con menor intensidad y a que condicionen su desarrollo familiar y el de sus hijos (y sus futuras 60

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? relaciones de pareja) a una vida con violencia. Se callan los hechos y se aleja a la mujer del sistema de justicia que justamente está ahí para protegerla. 3. Caracterización de los procesos judiciales de alimentos Los expedientes judiciales de pensión por alimentos son la expresión acumulada y resumida del conjunto de acciones legales llevadas a cabo en el marco del acceso a la justicia. Evidencian y, a la vez, esconden intenciones y esperanzas en forma de hechos y derechos. Son, además, la materia principal para el estudio del caso y la decisión del juez. La importancia de los expedientes judiciales se fija en su calidad de testimonio escrito de los reclamos de la demandante frente a la justicia. La estructura del proceso judicial de alimentos es bastante simple y ha sido resumida en la siguiente ilustración, luego de la cual se entra al detalle de sus principales características a la luz de los resultados obtenidos de la sistematización de expedientes judiciales. Ilustración 4 Etapas del proceso judicial de alimentos



3.1. El perfil de la demanda por alimentos En general, las demandas por alimentos revisadas en las provincias de Andahuaylas y Chincheros (Apurímac), Chota y San Marcos (Cajamarca), se definieron por ser escritos de corta extensión (entre 3 y 4 páginas, la mayoría). 61

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Su contenido además se caracterizó por ser concreto en el relato de los hechos y sobre todo en el apoyo jurídico invocado. Además, fue común encontrar en las demandas ciertos patrones reiterados, sobre todo en Chincheros y San Marcos, donde los abogados que litigan en esta materia son pocos. A continuación se presentan los principales rasgos de las demandas en las zonas de estudio. Se eligieron cuatro puntos de análisis que constituyen segmentos esenciales de la propia demanda o del mismo proceso judicial. Se parte por (i) el grado de utilización del formato por alimentos del Poder Judicial para luego revisar (ii) el destinatario de pensión, (iii) la forma de la pensión solicitada (monto fijo o como porcentaje de los ingresos del demandado), para luego cerrar con (iv) el monto solicitado de pensión26. 3.1.1. Utilización del formato de demanda de alimentos del Poder Judicial A finales del año 2004, exactamente el 28 de diciembre, el Congreso dictó la ley 28439, aprobando diversas medidas para la simplificación de los procesos de alimentos. Esta ley dispuso que el Consejo Ejecutivo del Poder Judicial elabore y apruebe un formato de demanda de alimentos de distribución gratuita, cuya ventaja principal es que la demandante prescinda de la firma del abogado para presentar la demanda. Con ello no sólo facilita el primer paso para ingresar al Poder Judicial sino que también se reduce costos a las justiciables. A inicios del año 2005 (24 de febrero), salió publicada en el diario oficial la Resolución Administrativa 0512005CEPJ por medio de la cual el Poder Judicial aprobaba dicho formato (anexo 1). Se especificó que sea la Gerencia General de esta institución la encargada de su difusión a las diferentes Cortes del país. Las buenas intenciones de esta iniciativa son claras e inobjetables. Desafortunadamente, el nivel de utilización del formato deja que desear. De los expedientes analizados (años 2007 y 2008), no se hallaron demandas presentadas bajo el formato ni en Chota (Cajamarca) ni Andahuaylas (Apurímac), las dos provincias más grandes estudiadas. En San Marcos, sólo un 3.7% de las demandas hizo uso del formato, en tanto que en Chincheros la cifra aumentó ligeramente (4.5%). Esto quiere decir que detrás de casi todas las demandas existió un abogado que naturalmente cobró por ello (con

26. Es oportuno mencionar que una parte menor de las demandas analizadas en el trabajo de campo fueron calificadas como inadmisibles (entre 2.3% en Chota y 15.2% en Andahuaylas) o, menos aún, improcedentes (sólo 1 caso en San Marcos). Los casos declarados inadmisibles (prácticamente solo en Andahuaylas, 15%) obedecieron básicamente a la falta de la acreditación de la relación con el demandado y a la acreditación de la filiación (con lo cual el juzgado de paz perdía competencia). Otras razones consignadas estuvieron en errores menores entre los nombres de los hijos consignados en la demanda y las partidas de nacimiento, error menor que pudo haber sido subsanado una vez admitida la demanda. Este detalle permite evidenciar cómo la actuación de cada juez marca estilos distintos, en ocasiones innecesariamente perjudiciales, de administrar justicia cuando se privilegia mecánica y desproporcionalmente los aspectos formales en un proceso judicial.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? la excepción de los defensores de oficio) y por tanto la demandante tuvo que incurrir en un costo económico en su ruta de acceso a la justicia. Aunque posteriormente se tratará con mayor detalle, las principales fallas del formato de demanda para procesos de alimentos se centraron en su contenido no fácilmente comprensible así como estrategias restringidas de difusión del formato que no fueron más allá de su disponibilidad en el propio juzgado y sin mayor divulgación de su existencia, así como cierto celo de los abogados en no proponer su uso. Queda claro que estas tareas no eran responsabilidad de los abogados (más bien, éstos estarían perdiendo ingresos si lo hicieran) sino del propio Poder Judicial. Cuadro 11 Utilización del formato de demanda por alimentos del Poder Judicial

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de alimentos. Elaboración propia.

3.1.2. Destino de la pensión solicitada Las demandas judiciales evidencian la primacía de los hijos por sobre el binomio madre hijo al momento de establecer el destinatario de la pensión. La mayor parte de las demandas revisadas tiene como pretensión la obtención de una pensión para los hijos. En Chota, el 85% de las demandas de alimentos tuvo esta orientación y en San Marcos fue de 100%. En Andahuaylas, la cifra es de 83.4% mientras que Chincheros tiene el menor peso (72.7%). Hasta cierto punto, la preponderancia de solicitar la pensión exclusivamente para los hijos obedece a una estrategia legal del abogado de la demandante que busca evitar el rechazo del demandado a otorgarle una pensión a la mujer, ya que es ella quien lo emplaza públicamente al entablarle una demanda judicial. Tampoco puede descartarse que el motivo tenga que ver con que la mujer no necesite la pensión. Así lo señaló un abogado de Cajamarca entrevistado.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Cuadro 12 Destino de la pensión solicitada en la demanda

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de alimentos Elaboración propia.

3.1.3. Forma de la pensión solicitada (monto fijo o porcentaje) La pensión de alimentos puede ser solicitada bajo dos formas: como monto fijo mensual o como un porcentaje de los ingresos del demandado. Con mayor frecuencia, la pensión es solicitada como porcentaje fijo cuando el demandado tiene flujos mensuales estables, situación correspondiente al hecho de que labora para una institución de manera formal y que, por tanto, es factible el descuento automático por planilla. La principal forma de pensión solicitada fue la del monto fijo, con énfasis en Chota (86.4%), San Marcos (92.6%) y Andahuaylas (62.8%), a diferencia del patrón observado en Chincheros (9.1%). Estos resultados sugieren que en pocos casos los demandados están adscritos a un trabajo formal y que, en consecuencia, serán mayores las facilidades que el demandado tendrá para incumplir con el pago de la posible pensión. Cuadro 13 Forma de la pensión solicitada (monto fijo o porcentaje)

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de alimentos. Elaboración propia

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? 3.1.4. Monto de pensión solicitado El monto de pensión solicitado normalmente no obedece a un cálculo fino realizado entre la demandante y el abogado. Su fijación forma parte de la estrategia legal de los abogados. Éstos saben que, de ganar el caso como generalmente se da, el juez no otorgará exactamente lo solicitado en el petitorio sino una cantidad menor. Finalmente, un proceso judicial es un juego de estrategias legales entre dos partes que buscan maximizar su propio beneficio en amparo de los derechos que le correspondan. Y, en efecto, ninguno de los 146 expedientes de alimentos con sentencias estimatorias que fueron revisados, el juez otorgó una pensión igual a la solicitada en la demanda. Siempre, la pensión fue menor. Cuando la pensión fue solicitada en monto fijo, su cuantía promedio osciló cerca a los 500 nuevos soles por mes, es decir, menos que una remuneración mínima vital del 200927. Andahuaylas registró el mayor promedio (502 nuevos soles), siendo mayor que ambas provincias de Cajamarca (Chota: 476 y San Marcos: 482). En el caso de Chincheros el promedio fue bastante menor (275) pero hay que considerar que este dato corresponde sólo a 2 demandas. Cuando la solicitud de pensión se hace en función a un porcentaje de los ingresos del demandado, la cifra máxima a solicitar es de 60%. Sólo en casos contados, se encontraron demandas cuyas solicitudes excedieron este límite, evidenciando debilidades en los conocimientos sobre la materia por parte de los abogados. La mayor parte de pensiones solicitadas en porcentaje están entre el 40% y 60% en las cuatro provincias en investigación. En Chota el promedio fue de 44% y en San Marcos llegó a 60% (sólo 2 demandas), mientras que en Andahuaylas el promedio es de 50% y en Chincheros fue algo menos (48%). Gráfico 1 Pensiones promedio solicitadas en las demandas de alimentos

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de alimentos. Elaboración

27. Como se viera anteriormente, en la mayoría de casos el número de hijos entre las partes del proceso no fue mayor a uno. Por ello y para no complicar la lectura de los datos, se ha optado por trabajar con el promedio simple de pensión y no con el promedio ponderado.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Es probable que la razón para que estos rangos estén cerca al tope legal obedezca a la estrategia procesal aplicada por los abogados. No obstante, también hay que considerar que mientras los ingresos del demandado sean menores, por lo menos en teoría, las necesidades de la mujer demandante y de sus hijos tenderán a ocupar una mayor proporción de esos bajos ingresos. Gráfico 2 Cuantía de pensión solicitada como monto fijo

Nota: Los datos entre paréntesis corresponden al número de observaciones. Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de alimentos. Elaboración propia Gráfico 3 Cuantía de pensión solicitada como porcentaje de ingresos de demandado

Nota: Los datos entre paréntesis corresponden al número de observaciones. Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de alimentos. Elaboración propia 66

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? 3.2. Los resultados de las demandas por alimentos El último punto básico para completar la caracterización de las demandas por alimentos consiste en revisar algunas variables sobre (i) las principales formas de conclusión de los procesos, (ii) los montos de pensión solicitados, (iii) la presencia de recursos de apelación y finalmente (iv) la duración de los procesos. Con ello se cierra formalmente el tránsito de la demanda. 3.2.1. Formas de conclusión del proceso Un primer punto de partida es que grosso modo en 2 de cada 3 demandas de alimentos presentadas en los juzgados de paz letrados finalmente se reconoce la pensión de alimentos al concluir el proceso judicial. En cierta forma, esta proporción equivale al índice de éxito primario de la presentación de las demandas, es decir, el reconocimiento judicial del derecho a pensión a favor de la demandante. El objetivo posterior guarda relación con el cumplimiento en la ejecución de tal derecho28. La proporción de casos de éxito varía de forma importante entre provincia y provincia. Así, se tiene el caso de Chincheros donde en la totalidad de las demandas tomadas como muestra (100%) se reconoció el derecho de pensión a la mujer. En cambio, las proporciones de las otras provincias mostraron una escala más baja y homogénea (Andahuaylas 68%, Chota 65% y San Marcos 63%). Del otro lado, 1 de cada 3 demandas termina sin que se llegue a un reconocimiento de pensión. Los porcentajes son algo mayores en las provincias de Cajamarca (Chota 35%, San Marcos 37%) que en las de Apurímac (Andahuaylas 32%, Chincheros 0%). Estos datos están haciendo referencia a un éxito del proceso que no toma en cuenta las formas por las cuales la pensión ha sido fijada (sentencia, conciliación judicial o transacción extra judicial oficializada al juez) o no considerada (abandono, desistimiento o desestimación)29. El reconocimiento del juez al derecho a pensión puede llegar por diferentes vías. La más evidente es la sentencia, es decir, cuando es el juez

28.Este punto es desarrollado después pero se puede adelantar que hay fuertes indicios sobre un bajo nivel de ejecución de sentencias. La práctica de consignar el pago de la pensión en el expediente no es habitual. A partir de los datos disponible se construyó un índice de cumplimiento del pago de las pensiones, cuyos resultados varían entre un 21% (Andahuaylas) y 36% (Chota). Las encuestas a las demandantes, aunque de representatividad menor, dan pautas más certeras: se ha cumplido siempre entre un 12.5% de los casos (Andahuaylas) y 37.5% (San Marcos). 29.La transacción judicial es una especie de contrato por el cual las partes acuerdan poner fin al litigio mediante la concordancia en los términos de un arreglo de sus pretensiones. No obstante, la cuestión de alimentos no es transable por referirse al beneficio de terceros. Pese a ello, judicialmente, los jueces aceptan las transacciones extrajudiciales y las toman como una forma válida para cerrar el proceso judicial. La incongruencia entre la norma y su aplicación no desacredita el uso del término «transacción judicial» para fines de esta investigación. Se continuará empleando esta referencia para representar lo que sucede en los hechos y no para definir una categoría jurídica, aspecto que en estas páginas tiene nulo interés.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? quien, por sobre las partes y previo estudio del caso, reconoce el derecho y asigna un monto de pensión específico. En cada una de las 4 provincias bajo estudio, la sentencia fue la principal forma de conclusión del proceso aunque varía de forma importante sobre todo entre Apurímac (Andahuaylas 36.8%, Chincheros 36.4%) y Cajamarca (Chota 46.6%, San Marcos 55.6%). Otra de las formas de dar fin al proceso es por intermedio de la conciliación judicial. Se da cuando las partes llegan a un acuerdo en el marco de la audiencia única a la cual el juez las convoca. El juez es quien primero propone una fórmula de conciliación (monto de pensión). De no ser aceptada por las partes, éstas pueden llegar a un acuerdo en la misma audiencia. Si no es posible arribar a un acuerdo durante la audiencia, ésta se da por finalizada y, entonces, el juez deberá dictar sentencia. La conciliación como forma de término del proceso muestra proporciones dispares entre las zonas de estudio que nuevamente diferencian los resultados entre Apurímac (Andahuaylas 21.1%, Chincheros 36.4%) y Cajamarca (Chota 15.9%, San Marcos 7.4%). La hipótesis que sostiene todos estos datos es que las distintas prácticas y conductas durante el proceso, tanto de partes como de abogados, influyen en que entre provincia y provincia prevalezca una u otra forma de resolución de conflictos. Ello explica, por ejemplo la dispersión de los casos terminados por transacción judicial entre Andahuaylas (10.3%), Chincheros (27.3%), Chota (2.3%) y San Marcos donde no hubo ningún caso (0%). Por último, una mención particular merecen los casos abandonados. Es decir, aquellos donde el caso fue archivado porque la demandante no acudió a la audiencia de conciliación. Las únicas ocurrencias se dieron en Andahuaylas (21%) y en San Marcos (15%) en proporciones no elevadas pero tampoco marginales. Es altamente posible que estos casos correspondan a reconciliaciones, arreglos por fuera de lo judicial no oficializados ante el juez, temor a continuar con la demanda u otros factores que finalmente retraigan la intención de justicia.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Gráfico 4 Forma de conclusión de los procesos de alimentos

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de alimentos. Elaboración propia

3.2.2. Monto de pensión solicitada y obtenida Dentro de las solicitudes de pensión en monto fijo, el promedio osciló en un rango similar entre las provincias bajo análisis (Andahuaylas 502 nuevos soles, Chota 476, San Marcos 482), con una diferencia de 6% entre la mayor y la menor. El caso de Chincheros es especial (275) pues el dato calculado sólo contempla dos observaciones dado el bajo grado de recurrencia a esta forma de pensión. Cuando las pensiones fueron solicitadas como porcentaje de los ingresos del demandado las diferencias fueron un poco más acentuadas. En este caso sí es posible observar cierta tendencia a fijar un porcentaje cercano al máximo legal (60%), aunque a priori se hubiera podido pensar que los promedios serían mayores por estrategia de defensa. En San Marcos fue donde se registró el promedio de pensión solicitada más elevado (60%), seguido de Andahuaylas (50%), Chincheros (48%) y luego Chota (44%). 69

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Cuadro 14 Promedio de pensión solicitada y obtenida en los procesos de alimentos

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de alimentos. Elaboración propia

Más allá de la pensión solicitada, finalmente importa más la pensión ordenada por el juez. Para tal fin, resulta útil construir un indicador simple que, como división de estas dos variables, sirva de parámetro para la comparación entre lo que la demandada solicitó y lo que obtuvo judicialmente (lo denominaremos «ratio de pensión»). La conclusión más saltante al analizar los ratios de pensión es que se logra un mayor grado de éxito cuando la pensión se solicita como porcentaje de los ingresos del demandado (opción menos empleada en las demandas) en lugar de hacerlo como monto fijo (opción recurrida cuando el demandado es servidor público o trabaja formalmente para una empresa y se puede efectuar el descuento vía planilla)30. Dejando a un lado los datos de Chincheros (pues sólo hay 2 observaciones para las solicitudes de pensión en monto fijo), en las otras tres provincias los ratios de la pensión como porcentaje de los ingresos del demandado fueron igual (San Marcos) o mayores (Andahuaylas y Chota) en comparación con la solicitud de monto fijo. La diferencia en el caso de estas dos últimas provincias es bastante alta (casi el doble en Andahuaylas y más del doble en Chota). La explicación parecería estar en que, cuando la pensión se solicita como porcentaje de los ingresos del demandado, el monto del ingreso del demandado casi nunca se determina o se informa durante el proceso. La invisibilidad de sus ingresos y la incertidumbre generada empuja al juez a proteger a la demandante y su pretensión (sostén de las necesidades del niño y/o suyas) y, visto así, podría el juez tener menor reparo para fijar un porcentaje de pensión más cercano a lo solicitado en la demanda.

30.La comparación del ratio de pensión para las dos modalidades de pensión puede ser controvertida. En todo caso, su comparación hace alusión a un éxito centrado en el objetivo (de pensión) anhelado en la demanda, pero no necesariamente al objetivo de una pensión más alta. Esto último podría ser calculado con los datos de ingresos de los demandados en los casos que la pensión se solicitó como porcentaje de sus ingresos. No obstante, esa información fue consignada en el expediente en casos contados.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Cosa distinta sucede cuando el ingreso del demandado ha sido definido durante el proceso, lo cual se da cuando la pensión reclamada se juega sobre un porcentaje fijo. En este caso, el juez promedio tendría mayor recelo y quizás hasta conservadurismo para desligar al demandado de una porción mayor de sus ingresos a ser entregados a la demandante. En otras palabras, el «recorte» del que nace la pensión se vuelve más visible y, por tanto, pueden aparecer mayores reparos para acercar el monto de pensión otorgado al solicitado. Los distintos resultados de haber optado por una u otra forma al solicitar la pensión generan inequidades en la forma de administrar justicia que pasan inadvertidas. Dicho de otra forma, evidencian la ausencia de criterios homogéneos y técnicos para la determinación de las pensiones por alimentos y hacen que el mayor éxito en obtener una pensión cercana a lo solicitado dependa de factores terceros que poco o nada tienen que ver con lo jurisdiccional, con las necesidades de la demandada y de sus hijos o con la capacidad de pago del demandado. Varios de los jueces entrevistados confesaron que el cálculo de las pensiones que asignan no obedece, en efecto, a procesos técnicos sino a lo que normalmente se otorga en la zona, a lo que otros colegas asignan o a estimaciones personales. Pasando a una siguiente variable de análisis, otro de los factores que influencia el monto de la pensión obtenida reside en la forma en que el proceso culmina. Una de las características esenciales que diferencia a las formas de conclusión de un proceso es el poder que el juez posee y aporta para administrar justicia. De un lado, en la sentencia, el juez valora la pretensión y los descargos de cada parte así como los medios probatorios y otros aspectos que se consideren importantes. En la conciliación, en cambio, las partes tienen una mayor intervención que, bajo los criterios adecuados (igual poder entre las partes) y bajo la conducción del juez, debe dar como resultado un acuerdo equilibrado para ambos. La transacción, por su parte, es un acuerdo por fuera del Poder Judicial que luego es traído al juez para sustentar que las partes, sin un mediador, llegaron a un acuerdo. Las condiciones que permitieron este acuerdo son desconocidas, representando un espacio donde la presión, la intimidación, estrategias de negociación u otros factores pueden desfavorecer a la mujer. Además, la transacción es una forma de evitar continuar litigando y prolongando los costos asociados, lo cual es resumido coloquialmente bajo la frase «más vale un mal arreglo que un buen pleito». En efecto, uno de los casos finalizados por transacción en Andahuaylas correspondía a una situación que ponía a luz la dificultad del caso. Mientras que en la demanda se consignó que el hijo para el cual se solicitaba pensión fue concebido fruto de una violación, la transacción mencionó que el origen 71

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? fueron las relaciones amorosas entre las partes. Así como las transacciones pueden ser un medio para ocultar hechos de elevada importancia para el proceso, en otros también puede funcionar adecuadamente, como los 6 casos (de 21) donde por esta vía las partes llegaron al acuerdo de una pensión del 60% de los ingresos del demandado (máximo legal)31. Estas tres formas de concluir el proceso (sentencia, conciliación y transacción) implican, cada una, un mayor o menor alejamiento de la protección de los derechos de la demandante y de sus hijos, lo cual parecería poco lógico ya que bajo las tres formas se arriba al mismo resultado (determinación de pensión). El inconveniente está en que el distinto grado de actuación del juez sobre cada una de ellas (alto en sentencias, medio en conciliaciones y bajo en transacciones) influyó en algunas provincias en el monto de la pensión obtenida. Ahí donde hay más espacio para la intervención del juez (sentencia), las pensiones han sido por lo general mayores y, en cambio, donde hay menos espacio (transacciones) fueron menores. Cuadro 15 Formas de conclusión del proceso y pensión promedio obtenida

Nota: Los datos de Chincheros y San Marcos cuentan con pocas observaciones por lo cual los contrastes pierden representatividad; n.o.: no se registran observaciones. Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de alimentos. Elaboración propia.

La hipótesis fue probada en las dos provincias grandes (Andahuaylas y Chota) pero no en las otras dos habida cuenta del bajo número de

31. En ninguno de estos casos los expedientes dejaron constancia del pago de la pensión.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? observaciones, lo cual reducía la confianza en sus resultados. Se aplicó el test de medias para probar si para cada provincia los promedios de pensión según cada forma de conclusión del proceso eran estadísticamente distintos. Los resultados de las pruebas aplicadas permiten validar la hipótesis en Andahuaylas pero no en Chota. Reflejado en el respectivo cuadro, es claro cómo en Andahuaylas disminuye la pensión (fijada como monto fijo) a medida que la decisión se va alejando del criterio individual del juez. La pensión promedio obtenida por sentencia fue de 201 nuevos soles, por conciliación judicial 151 y por transacción 117. A diferencia de ello, en Chota, las conciliaciones judiciales produjeron una pensión promedio mayor (139 nuevos soles) que por sentencia (128 nuevos soles) y que por transacción (120 nuevo soles) aunque sólo se registró un caso de este último. Considerando las pensiones fijadas como porcentaje del ingreso del demandado, nuevamente se detectan provincias donde la hipótesis bajo prueba funciona y otras donde no32. En Chincheros, por ejemplo, el porcentaje de pensión obtenido es menor mientras la forma de resolución esté más distante de la sentencia. Con este tipo de resolución la pensión promedio encontrada fue de 33% y con conciliación judicial fue de 32%. Cuando se trató de transacciones, el porcentaje fue menor (28%). En cambio, en Andahuaylas la mayor pensión promedio se ubicó se logra con la transacción (37%), pero de todas formas una sentencia (28%) dio mejores resultados que una conciliación judicial (24%) Lo que prueban estos datos y su falta de uniformidad entre las provincias es que las prácticas individuales de jueces, abogados y partes tienen un peso bastante importante en las decisiones de caso por caso. En particular, cada juez y cada abogado cargan consigo su forma de trabajo pero también de interpretación y sesgos particulares que hacen perder el sentido de un servicio de calidad al margen de quién sea el funcionario que resuelve o defiende un caso. 3.2.3. Interposición de apelaciones En teoría, la apelación constituye una forma de intentar demostrar judicialmente el descontento con la forma en que el proceso ha culminado. En general, la proporción de resoluciones que dieron fin al proceso que fueron apeladas es baja, lo que representaría una cierta conformidad de las partes con el desarrollo del proceso o una evaluación negativa de los costos y beneficios como consecuencia de la apelación.

32. Chota y San Marcos cuentan con pocas observaciones para efectuar cálculos confiables.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Tanto Andahuaylas como Chota registran la mayor proporción de apelaciones interpuestas dentro de las cuatro zonas estudiadas (13.4% y 13.1%, respectivamente). Del total de casos revisados, 13% fue apelado en cada una de estas provincias, además casi siempre este recurso fue presentado por el demandado. En San Marcos, la presencia de apelaciones llegó sólo al 4% y en Chincheros no se registró caso alguno. Cuadro 16 Apelaciones en los procesos de alimentos

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de alimentos. Elaboración propia

Es muy probable que la decisión de apelar esté influenciada por el tamaño del mercado de abogados, aspecto que será desarrollado más adelante cuando se resalte su influencia en los costos de acceso a la justicia. Las ciudades más grandes, como Andahuaylas y Chota (cada una tiene cerca de 150 mil habitantes), albergan una mayor cantidad de abogados litigantes (57 y 27 en los temas de alimentos, respectivamente, según la sistematización de expedientes realizada), lo que genera mayor competencia entre ellos y la emergencia de estrategias que prolonguen la fuente de ingresos (como apelar resoluciones). Lo contrario sucedería en las ciudades más pequeñas con menor número de abogados, como Chincheros y San Marcos (cada una tiene una población de alrededor 50 mil habitantes), donde la menor competencia relaja las estrategias de captación y retención de clientes frente a la natural necesidad de subsistir económicamente. De hecho, el trabajo de campo permitió identificar a 5 abogados en Chincheros y 8 en San Marcos que litigan en temas de alimentos. 3.2.4. Duración de los procesos La duración de los procesos judiciales está determinada por una variedad importante de factores que pueden influenciar en que terminen antes o después de lo previsto. No sólo hay que tener en cuenta la carga de trabajo del juez, sino también la debida notificación, la actividad de los abogados, la asistencia a las citaciones, entre otros, como la forma en que el proceso judicial finaliza (sentencia, conciliación, abandono, etc.). 74

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? El primer dato a tener en cuenta es el más general de todos, es decir, el promedio general de la duración del proceso judicial. La media de esta variable fue similar en casi todas las provincias a excepción de Chota: Chincheros (3 meses y 23 días) y Andahuaylas (4 meses), seguido luego de San Marcos (4 meses y 10 días) y Chota (7 meses y 23 días) registraron promedios de duración mayores. Gráfico 5 Duración promedio de los procesos judiciales de alimentos

Nota: Sólo incluye la duración de los procesos en primera instancia debido al bajo número de apelaciones. Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de alimentos. Elaboración propia

Estos datos deben ser tomados con cuidado y bajo el contexto adecuado. En primer lugar, la duración de todo proceso judicial está relacionada con el tipo de resolución que termina el proceso. Un caso que llega hasta la sentencia tomará más tiempo que uno que finaliza por conciliación judicial. En segundo lugar, como resultado de lo anterior, las cifras promedio de duración promedio que acabamos de revisar están influenciadas por la cantidad de casos culminados bajo una forma u otra. Siguiendo el ejemplo, si los jueces de una provincia determinada saben manejar las conciliaciones judiciales y son exitosos en ello, la cantidad de casos resueltos bajo esa modalidad será mayor que en cualquier otra provincia y, con ello, la duración promedio de los procesos tenderá a ser menor. Entonces resulta más cercano a la realidad trabajar con la duración de los procesos según cómo hayan terminado: sentencia estimatoria, sentencia 75

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? desestimatoria (descarte de derecho a pensión), conciliación (durante la audiencia única), abandono (básicamente se trata de inactividad procesal por inasistencia a las audiencias), desistimiento (manifestación expresa de demandante para dejar la pretensión), rechazo (negación de derecho a pensión) y por aceptación del acuerdo de transacción extrajudicial33. La forma más común de terminación de los casos es la sentencia. En Chincheros, para llegar hasta una sentencia pasan en promedio 2 meses y 25 días, dato que es mayor en Andahuaylas (3 meses y 24 días). Las dos provincias de Cajamarca casi siempre registran duraciones mayores. En Chota las sentencias son aproximadamente el doble de lo visto (7 meses y 8 días) y en San Marcos algo menos (6 meses y 10 días). Las comparaciones de tiempo exigen tener un parámetro de referencia para así poder llegar a una mejor evaluación del tiempo que toma la resolución. A partir del Código Procesal Civil se puede calcular que un proceso de alimentos no debería durar más de 25 días34. Si tomamos este dato como referencia, sólo un 5% de los casos en las provincias estudiadas habría sido resuelto dentro de ese plazo legal. Por lo general, los plazos legales para el cumplimiento de los actos procesales no suelen ser buenos referentes. Las críticas que reciben obedecen a que usualmente son fijados con poco o nulo criterio técnico, lo que conlleva a establecer parámetros irreales que serán definitivamente incumplidos en el transcurso de todo proceso. Con el objetivo de tener un parámetro más confiable para los procesos de alimentos, es necesario agregar al plazo legal dos tiempos adicionales poco considerados: el tiempo que el juez y su personal dedican para la calificación de la demanda y los tiempos de notificación de cada escrito a lo largo del proceso. Además, el punto de referencia para considerar el fin del proceso no debe ser la emisión de la sentencia sino su debida notificación a las partes. A este «nuevo» plazo legal, lo llamaremos «plazo legal ajustado» para poder diferenciarlo del plazo legal producto del Código Procesal Civil. No se trata, sin embargo, de la estimación de un plazo real o de lo que debería durar el proceso. Simplemente es un cálculo real a partir de lo establecido en las normas que rigen el proceso de alimentos. Pues bien, el número de días agregados al plazo legal es de 42, lo que hace que el plazo legal ajustado se eleve a 67 días (2 meses y 1 semana), datos

33.No todas estas formas de resolución han estado presentes en cada provincia, lo que es muestra adicional de las diferentes prácticas y conductas en los jueces, abogados y litigantes frente al proceso de alimentos. 34.Según el Código Procesal Civil, en los procesos sumarísimos como el de alimentos, el emplazado tiene 5 días para contestar la demanda (artículo 554), a partir de lo cual el juez tiene 10 días para fijar la fecha de la audiencia única (artículo 554) donde además podrá dictar sentencia; caso contrario y excepcionalmente puede reservar su posición por 10 días más hasta la emisión de la sentencia (artículo 555).

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? calculados en base a los promedios hallados durante el trabajo de campo con expedientes judiciales35. El incremento en el plazo no hace más que reflejar parcialmente el vacío de tecnicismo en la fijación de plazos legales y la escasa regulación de la realidad en las normas procesales. Los resultados se observan en el cuadro 17. Ilustración 5 Diferencias entre el plazo legal y el plazo legal ajustado para los procesos de alimentos

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de alimentos. Elaboración propia

La mirada sobre los tiempos de la resolución de los procesos bajo el nuevo estándar del plazo legal ajustado no cambia el diagnóstico sobre la dilación, simplemente lo acerca a una evaluación más objetiva. En ninguna de las 4 provincias analizadas el promedio se ubicó dentro de este nuevo estándar. La situación más grave parece estar en Chota pues sólo el 7% de los procesos que llegaron a sentencia fueron resueltos dentro del plazo legal ajustado. Las otras 3 provincias, aunque mejoran en este índice, tampoco ofrecen un panorama óptimo (Andahuaylas 37%, Chincheros 41% y San Marcos 41%). Gráfico 6 Duración promedio de los procesos de alimentos según plazo legal y plazo legal ajustado

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de alimentos. Elaboración propia 35. De acuerdo a los resultados del trabajo de campo, el tiempo promedio para la calificación de la demanda es de 6 días, con lo cual el plazo legal subiría en 6 días. El tiempo promedio por notificación es de 9 días y teniendo en cuenta que por lo menos hay 4 notificaciones desde la notificación de la demanda hasta la de la sentencia (se notifica demanda, contestación, fijación de audiencia y sentencia), el plazo legal aumentaría en 36 días más y llega a los 67 días ya señalados. Estos cálculos excluyen las observaciones muy altas dado que distorsionarían los resultados.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Gráfico 7 Porcentaje de procesos culminados dentro del plazo legal ajustado

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de alimentos. Elaboración propia

Estas dilaciones se dan en un contexto donde la carga de trabajo, según los jueces, es elevada pero también hay que considerar que estos procesos (sumarísimos) no son complejos y no implican un gran esfuerzo en el uso del raciocinio lógico jurídico para su resolución. Para algunos jueces en Cajamarca, la duración de los procesos se explicaba por la elevada carga de trabajo de sus despachos. No obstante, este argumento debe ser tomado con cuidado pues hay cierta tendencia en los jueces de todo el mundo a sentirse sobrecargados36. Al amparo de algunos indicadores básicos de carga procesal, la conclusión parecería ir en el mismo sentido. En general, diversos indicadores sobre acumulación y resolución de expedientes de los juzgados de paz letrados de las zonas bajo estudio casi siempre dan cuenta de una situación más favorable que el promedio del resto de juzgados de paz letrados a nivel nacional.

36. Hammergren, Linn: «La experiencia peruana en reforma judicial: Tres décadas de grandes cambios con pocas mejoras», en Luis Pásara, editor: En busca de una justicia distinta: Experiencias de reforma en América Latina. Lima: Justicia Viva, 2004, 19.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Cuadro 17 Algunos indicadores básicos sobre carga procesal

Notas: JPL es juzgado de paz letrado; la tasa de resolución se calcula como la división del número de expedientes resueltos entre los expedientes pendientes; la tasa de resolución simple se obtiene dividiendo el número de expedientes resueltos entre el número de expedientes de carga procesal; la tasa de acumulación de pendientes se calcula como la división entre el número de expedientes resueltos entre los expedientes pendientes; Los signos (+) y () indican hacia el valor de cada indicador es considerado como positivo o negativo respectivamente. Fuente: Gerencia General del Poder Judicial: Estadísticas de la función jurisdiccional. Periodo: enero diciembre 2008. Elaboración propia

Es probable, entonces, que el exceso de trabajo no sea el factor que explique la dilación de los procesos judiciales. Más bien, lo más probable es que el tema clave sea la organización del despacho del juez, las herramientas que posee para gestionar su carga de trabajo, la capacitación y preparación del personal, las condiciones logísticas de apoyo a la gestión, entre otras que guardan relación con la modernización del despacho judicial. El énfasis dedicado en estas líneas a la demora en los procesos se debe a la relación que existe entre costo y duración del proceso. Así, mientras más largo sea el proceso y más se demoren en llegar su resolución, el tiempo invertido o desperdiciado por la demandante (pero también el demandado) será mayor. Si bien explícitamente no se observa ningún costo económico, la valoración del tiempo es un costo del acceso a la justicia dado que ocasiona pérdidas directas o indirectas en la economía personal, sea porque se dedica menos tiempo al trabajo, a pedir permisos, más gasto en transporte, etc. e incluso hasta otro tipo de costos no económicos como el desgaste psicológico de la demandante.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Cuadro 18 Duración de los procesos de alimentos, según la forma de conclusión del proceso

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de alimentos. Elaboración propia

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? II. Los costos del acceso a la justicia en los procesos de alimentos en las zonas de estudio Este capítulo presenta los costos de acceso a la justicia en forma articulada con lo desarrollado en la primera sección de este documento donde se expuso la clasificación de costos a seguir (clasificación funcional), es decir, aquella que divide los costos según los espacios de interacción donde éstos se originan o desenvuelven. A partir de este análisis se plantearon 4 grupos distintos de costos (i) costos derivados del sostenimiento y acompañamiento del proceso judicial, (ii) costos derivados de deficiencias en el funcionamiento del sistema de justicia, (iii) costos derivados del funcionamiento del mercado de servicios legales y de la actuación de los abogados y (iv) costos derivados de afectaciones en las esferas personal e interpersonal. La búsqueda de justicia que realiza la mujer demandante por alimentos tiene un horizonte temporal que va más allá del espacio de tiempo entre la presentación de la demanda judicial y la obtención de la sentencia. Suele haber una historia previa a lo judicial donde se registran intentos formales y/o informales para obtener la pensión por alimentos. En San Marcos, por ejemplo, el 62.5% de las encuestadas acudió antes a la DEMUNA o a alguna otra autoridad con tales fines. En Chota la cifra es menor (36.7%) e igual en Andahuaylas (34.8%), en tanto que en Chincheros no se registró caso alguno. Asimismo, la sentencia no es el fin de la historia. El fallo con que el juez reconoce el derecho a pensión y obliga al demandado a su pago no siempre es señal definitiva de haber alcanzado justicia. En los hechos, el demandado no siempre cumple regularmente con el abono de la pensión. En efecto, las encuestas a las demandantes registran bajos niveles de cumplimiento que van entre 12.5% en Andahuaylas y 37.5% San Marcos. Antes, durante o después de haber pasado por el Poder Judicial, la aparición de costos del acceso a la justicia sigue teniendo presencia. Esta interrelación temporal obliga justamente a segmentar los costos según se presenten en alguno de estos tres momentos. La siguiente ilustración grafica el esquema de costos en el tiempo en función de la clasificación de costos funcionales. Tal es la estructura de lo que resta del presente capítulo y permite tener una visión más clara de cómo y en qué cuantía los costos de acceso a la justicia están presentes no sólo en el contacto mismo producto del proceso judicial sino también en los intentos previos o trámites así como en lo que pasa luego de la decisión judicial. En suma, una visión más completa de los costos de acceso a la justicia. Hay que tener en cuenta que, a su vez, cada clasificación funcional de costos agrupa distintos tipos de costos (costos económicos de realización directa, costos económicos de realización indirecta y costos no económicos de realización potencial o invisible) que son útiles para entender cómo algunos se transforman directamente en costos monetarios que obligan al desembolso de dinero mientras que otros se manifiestan de forma menos directa sobre la economía de las mujeres demandantes de alimentos.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Ilustración 6 Esquema de interrelación de los costos de acceso a la justicia en los procesos de alimentos

Elaboración propia.

1.

Los costos antes del proceso judicia1. La etapa previa a la judicialización también recoge una serie de acciones mediante las cuales la demandante procuró conseguir la pensión por alimentos. En general, hay que considerar aquí una variedad de actos que van desde establecer contacto con el futuro demandado para que éste pague la pensión así como otras opciones menos informales realizadas frente a algunas instituciones. Esto segundo es lo que se analiza en este punto. El reclamo directo al hombre puede representar un agotamiento o un costo de orden psicológico para la mujer, el cual no ha sido sondeado en la etapa previa al proceso judicial pues se le entiende como parte de un proceso mayor. Los posibles efectos psicológicos sobre la mujer de esta situación previa son acumulados durante el proceso judicial, y pasan finalmente a formar parte de toda la carga psicológica producto del proceso judicial. Es bajo esta perspectiva que se ha considerado la afección psicológica y, por tanto, será desarrollado posteriormente. Ilustración 7 Costos de acceso a la justicia antes del proceso judicial

Elaboración propia. 82

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? 1.1. Costos de sostenimiento y acompañamiento del proceso judicial Inicialmente se pensó que dentro de los costos previos al proceso judicial de alimentos se encontrarían a los costos vinculados a la realización de un proceso previo de filiación. Esta sospecha fue descartada con los datos de las encuestas. Sólo en el Andahuaylas se registraron procesos judiciales previos contra el demandado (9.9%) que, además, correspondían mayoritariamente a denuncias por violencia familiar (59.1%). Queda pendiente de investigación, entonces, el estudio de los costos de acceso a la justicia en los procesos judiciales de alimentos donde la filiación no está reconocida (tramitados en juzgados civiles). Es probable que la estructura de costos de éstos no sea muy distinta a la que desarrolla en este documento, con la salvedad, si se da el caso, del costo del examen de ADN (aproximadamente 500 dólares en instituciones públicas y 600 en privadas).37 Finalmente, descartado lo anterior, esto deja como único costo o por lo menos el más importante de la etapa anterior al proceso judicial a los intentos previos de obtención de una pensión por una vía formal, es decir, a través de alguna institución como la DEMUNA, centros de conciliación, autoridades comunales u otros. 1.1.1. Costos de intento de solución previa Los intentos de obtención de pensión previos a la posterior llegada al Poder Judicial representan intentos fallidos de acceso a la justicia. En función de la provincia estudiada, ha habido una mayor o menor presencia de intentos. Con mayor frecuencia se han registrado en Andahuaylas y Chincheros. En estas regiones, 1 de cada 3 casos habrían acudido antes a la DEMUNA, principalmente para buscar una pensión. Cuando se trató de esto último, el promedio de pensión acordado llegó a 91 nuevos soles. La importancia de estas proporciones y el bajo nivel de pensión otorgado merecen que posteriores estudios se focalicen sobre quién y por qué acuden a la DEMUNA para obtener una pensión de alimentos, así como también estudiar en qué proporción estos acuerdos son incumplidos, y así poder introducir mejoras para su mayor efectividad. Lo que interesa por ahora es estudiar el nivel de costos de estos intentos de solución previos. Se asume que su cuantía es poco importante por varias razones. Son medios menos burocráticos y más expeditivos, donde no hay presencia de abogados ni la necesidad de trámites adicionales para proceder, al punto que la pensión puede ser fijada en una única pensión.

37. Reporte interno de PROJUR sobre filiación extramatrimonial.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? De ser así, los costos del acceso a la justicia previos al proceso judicial se restringirían básicamente a lo gastado en movilizarse, lo cual termina siendo marginal dentro de todo el esquema de costos revisado y presentado posteriormente. Ello no obsta a decir que para ciertos grupos este tipo de gasto sí sea un factor que introduzca complicaciones en su economía diaria. Cuadro 19 Intentos de obtención de pensión antes de llegar al Poder Judicial

Fuente: Encuestas a demandantes por alimentos. Elaboración propia

2. Los costos durante el proceso judicial Dentro del proceso judicial aparece una serie de interacciones interpersonales (jueces, abogados, partes) o estructurales (funcionamiento de la administración de justicia o del mercado de abogados) no siempre visibles o fácilmente reconocibles pero que tienen como efecto el abrir espacios para la generación de diversos tipos de costos evidentes o silentes. El más obvio de los costos presentes durante el proceso judicial es el vinculado con la contratación del abogado para la defensa. Según los datos recogidos, las encuestadas han gastado en abogados entre 76 y 152 nuevos soles según la provincia de la que se trate (Chota y San Marcos, respectivamente). Más allá de este costo evidente, otros menos obvios aparecen. Por ejemplo, terminar el proceso por conciliación implica una pensión menor que si es por sentencia. Asimismo, la no presencia del abogado de la demandante en la audiencia única influye también en una pensión menor. En términos fríos, la diferencia de pensión que se deja de obtener no es muy importante pero la situación cambia si el horizonte temporal de evaluación de esa pérdida coincide con los años de vigencia de la pensión. En este caso, la pérdida se traduce en varios miles. Estos y otros costos son a continuación desarrollados. Durante el proceso judicial se ha podido identificar una gama de costos funcionales asociados a diversas barreras de acceso a la justicia, a saber: (i) Costos derivados del sostenimiento y acompañamiento del proceso judicial, (ii) costos derivados de deficiencias en el funcionamiento del sistema de justicia y (iii) costos derivados del funcionamiento del mercado de servicios legales y de la actuación de los abogados. 84

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Ilustración 8 Costos de acceso a la justicia durante el proceso judicial

Elaboración propia

2.1. Costos de sostenimiento y acompañamiento del proceso judicial Los costos de sostenimiento y acompañamiento del proceso judicial guardan relación con todos los costos que debe realizar la demandante para poder iniciar y sostener la defensa legal y darle el debido seguimiento al caso. Uno de los costos inevitables en esta etapa es el de la contratación del abogado. Es un costo económico de importante cuantía para muchas personas al margen del nivel socioeconómico al que pertenezcan. En el proceso de alimentos es posible prescindir de la firma del abogado en la demanda y para ello el Poder Judicial ha facilitado un formato de demanda que es utilizado marginalmente (entre un 0% y 4.5% según la provincia en estudio) debido a lenguaje poco comprensible y en parte la escasa promoción por parte de los propios órganos jurisdiccionales así como, según algunos actores entrevistados, al ocultamiento interesado de los propios abogados. En los hechos, entonces, el abogado es indispensable y hasta conveniente si se quiere lograr un mejor resultado, es decir, una pensión más elevada, tal como se demostrará más adelante.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Además de ello, afrontar un proceso judicial implica llevar a cabo una serie de tareas que implica otro tipo de costos como el de transporte, trámites y tareas menores, y costos por el tiempo de exceso transcurrido en el proceso judicial. Todos éstos son revisados a continuación. 2.1.1. Costos de los servicios legales entregados por los abogados El concepto de costos de los honorarios de los abogados (servicios legales) incluye a todos los gastos que hace la parte con el fin que el abogado lo asesore, lo defienda o tramite el caso. Ello incluye la defensa legal, la presentación puntual de escritos, la realización de trámites puntuales e incluso también las consultas a los abogados ya que algunos casos cobran por ello. El costo principal concerniente a los servicios legales de los abogados está en el pago de honorarios por su participación puntual o a lo largo del proceso judicial. Se suele pensar, además, que este pago es uno de los más altos a lo largo del proceso al punto que se convertiría en una barrera para ejercer la acción de acudir al Poder Judicial a presentar una demanda. Esto último es cierto pero, más allá de ser el costo más elevado, es el que se revela como más evidente por el hecho que representa un desembolso directo por parte de la mujer demandante. El cálculo del total desembolsado por servicios legales fue obtenido a través de las encuestas realizadas a las mujeres demandantes por alimentos cuyos casos fueron previamente identificados y fichados durante el trabajo de campo con expedientes judiciales. Como se había mencionado, la representatividad de estos datos es menor en cuanto no se pudo encuestar a la muestra requerida de demandantes por diversos factores (encuestadas ausentes­, cambios de direcciones, lejanía, etc.). De todas formas, los datos son útiles y brindan bastantes luces sobre el particular. Gráfico 8 Costos efectuados para la contratación de abogado(s) (en nuevos soles)

Fuente: Encuestas a demandantes por alimentos. Elaboración propia 86

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Los rangos de los gastos efectuados en servicios legales de las cuatro provincias estudiadas van entre los 76 nuevos soles en Chota y 152 en Chincheros por el abogado contratado38. Estos datos no necesariamente reflejan lo que un abogado cobra por proceso dado que en ocasiones las demandantes los buscan simplemente para que les hagan un escrito o para formularles una consulta. Si bien los montos no son muy elevados, valga recordar que una importante proporción de mujeres recurrió a sus ahorros, préstamos de familiares e incluso hasta a préstamos de instituciones financieras para solventar el pago del abogado (ver cuadro 8). En función de la realidad social, contratar a un abogado puede significar una importante barrera económica de entrada para el acceso a la justicia. Es posible evitar la contratación de un abogado privado. La defensa de oficio llena ese vacío. Y, en cierta forma, la recurrencia a estos servicios evidencia la necesidad de contar con servicios económicamente accesibles que no impidan el acceso a la justicia o que, en todo caso, no comprometan la economía familiar. Habría que preguntarse cuántas mujeres, sobre todo de Chincheros y San Marcos donde no existen abogados de oficio, desearon interponer una demanda por alimentos pero nunca lo hicieron porque no contaban con el dinero suficiente para pagar a un abogado particular. 2.1.2. Costos en transportes, trámites y otras tareas menores Estar inmerso en un proceso judicial implica obligatoriamente tener que desplazarse hacia distintos puntos clave. Las citas con el abogado para ver los avances del caso o para acudir a leer el expediente, así como las idas al juzgado para las audiencias o para averiguar el estado del expediente, constituyen desplazamientos y costos habituales de cualquier demandante. Lo que podría ser un gasto menor, sobre todo en provincia donde el costo del transporte local es bastante bajo39, puede ser un gasto importante para cierto grupo de mujeres que no viven cerca los juzgados de paz letrados que tramitan los casos de alimentos (centro de la ciudad) o para aquellas cuyos ingresos no son importantes. La jurisdicción provincial de los juzgados también complica el acceso a ellos. Chota, por ejemplo, tiene distritos a varias horas de distancia de los juzgados de paz letrados. Lo mismo sucede en las otras provincias. Algunas mujeres deben realizar viajes interprovinciales e incluso hasta buscar alojamiento en la ciudad mientras realizan sus trámites judiciales o sus consultas con los abogados. Además, si el cuidado de los hijos depende de la mujer, es muy probable que ellas deban trasladarse con

38. Según los datos de los expedientes judiciales, la gran mayoría tuvo un solo abogado (Andahuaylas: 85%, Chincheros: 91%, Chota: 87% y San Marcos: 82%). 39. Un viaje de varios minutos en una mototaxi puede costar entre S/. 0.50 y S/. 1.00 en cualquiera de las provincias estudiadas.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? ellos, aumentando el costo de transporte pero también el de alimentos y cuidados anexos. La mezcla de estos efectos sería la causa de la fuerte variabilidad del gasto en transporte efectuado a lo largo del proceso judicial. En Chota, el promedio obtenido a partir de las encuestas es bastante bajo (9 nuevos soles) a diferencia del resto de provincias y en especial con respecto a Chincheros (108 nuevos soles) y San Marcos (111 nuevos soles). Las diferencias con respecto a Chota se deben a que en esta provincia hubo una alta proporción de mujeres que declaró no haber gastado nada en transporte. Es probable que su gasto no haya sido nulo, sino más bien insignificante como para no haberlo declarado. Gráfico 9 Costos en transporte a lo largo de todo el proceso judicial (en nuevos soles)

Fuente: Encuestas a demandantes por alimentos. Elaboración propia

Igualmente, se sondeó entre las entrevistadas la existencia de otro tipo de gastos como trámites, alimentación, copias, etc. dentro del seguimiento y sostenimiento que se le dio al proceso judicial. Para presentar una demanda judicial, la mujer está en la obligación de acreditar la existencia del vínculo con el demandado y la filiación de los hijos, mediante la tramitación y presentación de partidas de matrimonio y nacimiento que implican un gasto adicional. Países, como El Salvador40, toman como principio la presunción de la veracidad del solo dicho de la demandante y ahorran tiempo y costos a las mujeres que desean obtener judicialmente una pensión, evitando la presentación de tales documentos.

40. Ver: http://www.jurisprudencia.gob.sv/weblj/civil/lcivil2002.pdf

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? El 68% de las partidas de nacimiento y de matrimonio anexadas a los procesos judiciales analizados fueron obtenidas dentro de los de 7 días previos a la presentación de la demanda y un 89% en los 30 días anteriores. Tales documentos habrían sido, por tanto, tramitados con miras a presentar la demanda judicial, lo que indicaría que desde entonces ha habido contacto con el abogado para preparar el caso. Al ser preguntadas las demandantes por los gastos en trámites, pocas respondieron sobre un monto en particular (generalmente no mayor al 5% de las respuestas). Se asume, entonces, que para estas encuestadas, lo gastado es poco significativo o simplemente no existió como para ser considerado. Ello no obsta a que a un nivel individual, tales gastos sí sean barreras económicas para algunas mujeres de escasos recursos. 2.1.3. Costos por el tiempo de exceso transcurrido en el proceso judicial Una de las características comúnmente atribuidas a la justicia es su lentitud. La duración de los procesos de alimento, no escapa a esta característica como se viera anteriormente. Cuando un proceso judicial dura más allá de lo debido, la demora se transforma en costos o en una barrera económica al acceso a la justicia que las partes van a tener que cargar. A mayor duración del proceso, mayor será cierto tipo de costos (honorarios de abogados, transporte, trámites, además de otros como cansancio, agotamiento mental, presión sobre la economía familiar, etc.), lo que representa una abierta violación al debido proceso y al derecho de acceso a la justicia de los justiciables. El costo por el tiempo de exceso transcurrido en un proceso judicial no significa para la demandante un desembolso de dinero. La dificultad está, entonces, en cómo asignarle un costo económico para acercarnos a materializar su impacto. Lograrlo implica contar con dos referentes: tiempo de exceso transcurrido y valor asignado al tiempo de exceso transcurrido por unidad de tiempo (día). La determinación del tiempo de exceso transcurrido necesita de un estándar como punto de referencia para calcularlo. Es decir, un parámetro de tiempo por encima del cual todo proceso de alimentos con una duración mayor empezaría hipotéticamente a generar costos. Una opción interesante para fijar tal estándar es el plazo legal que dicta la norma para la duración de los procesos de alimentos (25 días según el Código Procesal Civil). Aunque esta opción es ideal por estar instaurada en un medio legal, por lo general este tipo de plazos son poco dinámicos a los cambios en la administración de justicia y por lo común no reflejan la verdadera capacidad de los jueces para procesar los expedientes. Por ello, es mejor tomar el concepto del plazo 89

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? legal ajustado desarrollado anteriormente (ver segunda sección, tercer capítulo, 3.2.4), es decir, el tiempo que considera además el tiempo de calificación de la demanda y el número de notificaciones promedio por proceso judicial (67 días). Solucionado el tema del estándar, queda pendiente la determinación del valor asignado al tiempo de exceso transcurrido en el proceso judicial, es decir, a los días transcurridos luego del día 67. Una primera opción está determinada por los ingresos dejados de percibir durante el tiempo de exceso del proceso judicial. No obstante, esta variable puede ser muy distinta de persona a persona y además un alto porcentaje de mujeres demandantes labora como ama de casa sin retribución económica alguna. Por ende, una mejor opción es calcular el costo del tiempo de exceso de duración del proceso en proporción a ciertos costos económicos del litigio, como los honorarios de abogados. Lo que representa esta variable es el pago hipotético adicional hecho al abogado por cada día de defensa extra al plazo legal ajustado. Operativamente, se debe convertir el cobro del abogado a un factor diario (dividir sus honorarios entre los días que interviene en cada caso registrado en los expedientes). Su cálculo fue realizado de forma individual para cada demandante y, luego, se calculó el promedio provincial en función a los casos donde el proceso fue mayor al plazo legal ajustado41. El único inconveniente que podría surgir con este cálculo es que asume una tarifa diaria de honorarios del abogado, modalidad de cobro que por lo menos no se ha registrado en las zonas de estudio. Ello implica que en procesos muy cortos, el abogado teóricamente cobraría mucho menos que sus honorarios habituales y que, por el contrario, en procesos muy largos cobraría mucho más allá de sus tarifas habituales y de las posibilidades de sus clientes. Hay una razón para obviar este inconveniente. El costo por el tiempo de exceso transcurrido en el proceso judicial no refleja cuánto es lo que un abogado cobra por su inversión adicional de tiempo. Más bien, es simplemente un cálculo para medir ese tiempo adicional usando como variable aproximativa a lo gastado en abogados. Las cifras no parecerían ser importantes a primera vista. En principio, los costos por el tiempo de exceso transcurrido en el proceso judicial varían entre 47 nuevos soles en Chota y 74 en Andahuaylas. No obstante, el contexto económico y social de las personas detrás de estos casos ayuda a clarificar que sí puede convertirse en un costo con cierta relevancia, en especial para ciertos grupos económicamente más deprimidos.

41. No se tomaron en cuenta los posibles mayores costos de transporte. Una prolongación del proceso no implica necesariamente mayores audiencias o visitas al juzgado pues se asume que la demora proviene principalmente de la tramitación lenta del caso.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Gráfico 10 Costos por el tiempo de exceso transcurrido en el proceso judicial (en nuevos soles)

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de alimentos; encuestas a demandantes por alimentos. Elaboración propia

Téngase en cuenta que este costo refleja la no efectividad del sistema de justicia al no resolver los procesos en los plazos razonables. Es decir, es un costo causado por el propio sistema de justicia que es trasladado a sus usuarios. Entonces es posible obtener una cifra aproximada de cuál es el costo que imponen a la sociedad las deficiencias en el funcionamiento del sistema de justicia, medido como la suma acumulada del costo individual de cada caso sistematizado42. Ello es posible, dado que se trabajó al nivel del universo de casos de alimentos terminados en el 2008 en las provincias en estudio (con excepción de Chota). Entre las cuatro provincias estudiadas, se calcula que la no efectividad en no cumplir el plazo legal ajustado se traduce en un costo de 13,334 nuevos soles, circunscrito al periodo de tiempo analizado para los casos que culminaron (2008). Probablemente esta cifra no suene abrumadora pero sí resulta preocupante dado que principalmente parte de un sistema de justicia que no otorga un servicio de calidad hacia quienes más lo necesitan.

42. Se entiende que tales deficiencias provienen de diversos factores que no solo incumben al juez, a la organización de su trabajo, a las carencias logísticas y de personal, a las insuficientes capacidades, es decir, a factores internos al propio Poder Judicial, sino también en menor proporción a las acciones de abogados y partes.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? 2.2. Costos derivados de deficiencias en el funcionamiento del sistema de justicia Ni el sistema de justicia ni sus operadores están libres de fallas. Cuando incurren en ellas, se introducen distorsiones en el servicio que, a su vez, se trasladan a los justiciables en formas de distintas barreras de acceso a la justicia, incluyendo las que generan algún costo. Esas son las que nos interesan. En el análisis de los costos que las mujeres demandantes por alimentos enfrentan, se identificaron tres espacios, a continuación desarrollados, donde están presentes los costos derivados de deficiencias en el funcionamiento del sistema de justicia: (i) costos derivados de deficiencias en la iniciativa del formato de demanda de alimentos, (ii) costos derivados de la escasa efectividad de la asignación anticipada y (iii) costos derivados de la fijación de la pensión por conciliación judicial. 2.2.1. Costos derivados de deficiencias en la iniciativa del formato de demanda de alimentos El formato de demanda de alimentos fue creado en el 2005 por el Consejo Ejecutivo del Poder Judicial, siguiendo el mandato del Congreso (Ley 28439), con el objeto de facilitar la presentación de demandas de alimentos sin la firma del abogado. Para ello propuso un formato de demanda que busca abarcar las áreas e información útiles para el proceso (ver formato en anexo 1). La intención del formato es reducir el costo de entrada más importante para la judicialización de los conflictos de alimentos (honorarios del abogado) e incentivar la llegada de una mayor cantidad de casos reprimidos por este factor económico. La idea es, sin lugar a dudas, muy interesante pues se dirige a reducir costos claves y descargar a la demandante de tareas de búsqueda, contacto y contratación de un abogado para presentar la demanda judicial. Sin embargo, la estrategia para el uso y difusión del formato ha sido la causante de su limitado uso. Al respecto, uno de los mejores indicadores que lo demuestran es que ninguno de los expedientes revisados en Andahuaylas (223) ni en Chota (100) fue iniciado con el formato de demanda. En Chincheros y San Marcos sí se registró su uso pero marginalmente (4.5% y 3.7%, respectivamente). El problema que evidencian estas cifras tiene que ver con la estrategia de difusión del formato. Se optó por ser muy conservadores en cuanto a la distribución y difusión del formato hacia las instituciones (ONG, consultorios jurídicos, abogados, etc.) y mujeres potencialmente usuarias. La Gerencia General del Poder Judicial es la encargada de distribuir los formatos a nivel nacional, los que terminan en cada juzgado. No obstante, 92

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? la distribución del material no es acompañada de ninguna estrategia para difundir su existencia o sus ventajas. Ni las Cortes ni los jueces entrevistados en Apurímac o Cajamarca mostraron una actitud proactiva para la difusión y la promoción de las ventajas del formato. Una clara muestra es que, encuestadas varios meses después de finalizado el proceso judicial, aún muy pocas demandantes conocían la existencia del formato (entre 8.3% en Andahuaylas y 36.7% en Chota). Los abogados tampoco habrían fomentado su uso pues es un riesgo para sus ingresos. Además, la retroalimentación sobre la efectividad del uso del formato hacia los mismos jueces y autoridades judiciales también ha sido un punto débil. No se conoce de estudios que den cuenta de su uso a nivel nacional, de su adaptación al público usuario o de su aceptación en zonas urbanas o rurales, por ejemplo. Entrando al tema de los costos, ¿cómo es que aparecen si el nivel de uso del formato ha sido bajo y no ha permitido generar un ahorro en las demandantes? En realidad, se derivan costos tanto entre quienes no usaron el formato como entre quienes sí lo hicieron. Veamos primeramente la manifestación del costo entre quienes no usaron el formato pero que sí lo hubieran necesitado. Para ello es mejor segmentar la respuesta en tres partes que corresponden, a su vez, a tres temas importantes: El ahorro de costos perdidos, la definición del costo propiamente dicho y la extrapolación de dicho costo a las mujeres que hubieran necesitado acceder al formato. La primera parte de la respuesta gira alrededor de la intención inicial del formato: reducir en cierta proporción los costos de tener que buscar, contactar y contratar a un abogado para presentar la demanda. Se trata de un costo de realización económica directa que afecta a las personas que no usaron el formato pero que precisamente lo hubieran necesitado. En otras palabras, se trata de la brecha entre la cantidad real de personas que usaron el formato y la cantidad potencial que hubiera necesitado hacerlo. Los casos de dos expedientes lo ilustran mejor. El primero se refiere a Clotilde, mujer de 20 años, que hizo uso del formato para presentar una demanda por alimentos en Chincheros43. Llegado el momento de la audiencia única, ella acudió sin abogado. Días después el juez emitió sentencia y fijó una pensión de alimentos equivalente al 25% de los ingresos del demandado. El segundo caso corresponde a Filomena, de 38 años, quien obtuvo como pensión la misma fórmula que Clotilde con la diferencia que contrató hasta 2

43.Expediente 0159-2008, Juzgado de paz letrado de Chincheros.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? abogados durante el proceso44. Filomena nunca supo sobre el formato pero, de haberlo sabido o de habérsele facilitado su empleo, hubiera podido ahorrar un par de cientos de nuevos soles, cantidad importante en la economía de las mujeres detrás de los expedientes judiciales revisados. La segunda parte de la respuesta a cómo se genera un costo a partir del no uso del formato, guarda relación con su propia forma de cálculo. Para ello es útil revisar lo que cobra un abogado y vincularlo con su participación en el proceso. Teniendo en cuenta que en promedio el gasto en abogados por proceso varía entre 76 (Chota) y 152 (Chincheros) nuevos soles según la provincia, es necesario desagregar tales cifras para asignar un valor a las etapas o momentos clave donde actúa el abogado. Es decir, segmentar su participación y, por ende, su costo, en las etapas clave de su participación. El proceso de alimentos es sumarísimo y, por tanto, es corto y sin mayor espacio para complicaciones o artimañas dilatorias. Luego de presentada la demanda, sólo resta prácticamente la realización de la audiencia única donde el objetivo es sanear el proceso (deducir excepciones, tachas o defensas previas) y, si las condiciones se dan, dictar sentencia en el mismo día. Se podría decir, entonces, que la actuación del abogado de la demandante por alimentos actúa en dos momentos clave (elaboración de demanda y asistencia a la audiencia), a lo que habría que agregar un tercer momento ligado a las acciones de seguimiento del caso (leer el expediente, hablar con el juez, eventualmente presentar otros escritos, etc.). Siendo entonces que el abogado tiene tres momentos de actuación durante el proceso judicial, se asume que cada tercio de sus honorarios cubre cada uno de estos tres momentos.45 Con esta información, podemos calcular cuál es el costo en que incurrió la demandante promedio (o que hubiera podido ahorrar) si hubiera sabido y usado el formato de demanda por alimentos. El costo equivale a un tercio de lo que gastó en abogados, es decir, entre 25 y 51 nuevos soles. La tercera y última parte de la respuesta se ocupa de calcular cuántas mujeres hubieran podido usar el formato dadas sus necesidades económicas, con el objeto de mostrar la magnitud de la demanda potencial del formato. La forma ideal de abordarlo sería mediante un análisis de la capacidad económica de cada demandante al momento de interponer la demanda de alimentos. Como ello es imposible, una segunda opción es la de tener en cuenta los datos de ingresos reportados en la encuesta a las demandantes

44.Expediente 0811-2008, Juzgado de paz letrado de Andahuaylas. 45.Se podría contra argumentar que es mejor asignar pesos distintos a cada uno de estos tres momentos pero ello implicaría entrar a un campo de total subjetividad donde cada lector tendrá seguramente una posición distinta. Para evitar esta complicación se prefirió la asignación de pesos iguales.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? realizada en esta investigación. No obstante, no todas las encuestadas ofrecieron una respuesta y las generalizaciones a partir de tales cálculos se vuelven riesgosas. Por ello, se optó finalmente por un parámetro un tanto más general que nos acerque a una realidad económica mayor: el nivel de pobreza por ingresos en Apurímac (65.9%) y Cajamarca (74.2%) según los datos del INEI, 2004.46 Con esta información, se asume que la proporción de mujeres demandantes de alimentos que hubieran podido usar el formato es igual al porcentaje de población bajo la línea de pobreza. A partir de esta información se asume, por tanto, que aproximadamente dos tercios de las mujeres en las provincias estudiadas hubieran necesitado o les hubiera sido apropiado según su nivel de ingresos, acceder al formato de demanda para evitar el costo del abogado. Gráfico 11 Costos derivados de deficiencias en la iniciativa del formato de demanda de alimentos (costos para quienes no usan el formato de demanda) (en nuevos soles)

Fuente: Encuestas a demandantes por alimentos. Elaboración propia

La segunda manifestación de los costos derivados de deficiencias en la iniciativa del formato de demanda por alimentos afecta a quienes sí usaron el formato. En este caso, los costos son de corte no económico de realización potencial o invisible y, por tanto, establecer un cálculo es una tarea llena de subjetividad. Incluso sería difícil clasificar este tipo de costos dentro de alguna de las barreras sociales o culturales de acceso a la justicia. Entonces, si bien no se especificará un costo monetario, sí se describirá el contexto que los origina.

46. Bajo esta medida, no ser considerado como pobre no es sinónimo de contar con una situación económica cómoda que, en el marco de un proceso judicial, sea suficiente para evitar las dificultades para afrontar los diversos costos del acceso a la justicia. Simplemente es una referencia práctica ante la ausencia de herramientas más precisas.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Los costos del uso del formato se originan en tres aspectos: (i) su contenido, (ii) la ruptura de la lógica de intermediación del abogado entre la demandante y el juez, introduciendo algunas complicaciones para el acompañamiento del caso por parte de la demandante y (iii) el desincentivo en la demandante para contratar a un abogado durante la audiencia. El primer lugar, el formato tiene una extensión de 4 páginas y contiene 9 secciones47. El problema no es su extensión per se sino las dificultades que su contenido crea para quien desea llenarlo e incluso para quien va a juzgar. El formato está hecho asumiendo que sus usuarios tienen un nivel educativo homogéneo e incluso conocimientos sobre términos legales y sobre Derecho. Obvia que en muchas partes del país el analfabetismo aún representa un obstáculo serio que afecta justamente en mayor proporción a las mujeres, principales usuarias del formato. Tres ejemplos, pueden ilustrar lo dicho. El primero es la inclusión en el formato de diversos términos de difícil compresión para un poblador de zona rural, urbana o en realidad de cualquier persona que no tenga conocimientos legales, es decir, la mayor parte de la población. El formato incluye términos como «alimentista», «domicilio real» y «domicilio legal». Incluso un término tan importante como «petitorio» (alusión a monto de pensión solicitado) no tiene mayor precisión sobre qué es o a qué corresponde. Simplemente presenta dos recuadros bajo el título «monto fijo» y «porcentaje» sin siquiera hacer referencia a que son opciones excluyentes. Huelga decir que el formato no viene acompañado de un instructivo para su llenado ni de explicaciones puntuales en cada sección. Es esperable entonces que aparezcan mayores dificultades, tal como reportó el servicio legal de PROJUR, cuando las demandantes son iletradas, tienen bajo nivel de instrucción o son quechuahablantes. Un segundo ejemplo guarda relación con la forma para determinar el sostén de la demanda en ciertos derechos puntuales, sin brindar mayor información al respecto. Es decir, se trata de elección de derechos por defecto pero no por consciencia. En efecto, la sección cuarta, titulada «fundamentación fáctica (hechos que sustentan el petitorio de alimentos)», presenta 9 «presupuestos de exigibilidad» que configuran el tipo de vínculo entre las partes. Al escoger el vínculo correspondiente, automáticamente el formato vincula la opción elegida a una serie de artículos, numerales e incisos del Código Civil o del Código de los Niños y Adolescentes, sin brindar mayor detalle al respecto

47. Las secciones son: datos del demandante, datos de la persona para quien se solicita los alimentos, datos del demandado, datos del representante, petitorio, fundamentación fáctica, información adicional en caso de que el demandante sea hijo alimentista, vía procedimental, medios probatorios y firma y huella del demandante.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? (ni siquiera el título del artículo). Si bien es positivo que se haga este nexo con los derechos que le asisten a la demandante, se pierde el beneficio si se le conmina a hacerlo como una asociación a ciegas donde el objetivo de comunicación hacia la demandante no tiene lugar. El tercer ejemplo sobre las deficiencias en el contenido del formato se halla en la misma sección que se acaba de comentar pero esta vez referido a la forma de recoger los ingresos de la demandante. En este caso, se le solicita a la demandante la especificación de sus ingresos mensuales, uno de los aspectos que el juez debe evaluar para determinar las necesidades de la mujer y de los niños. Si bien esta información es fundamental, el formato obvia en recoger la realidad social de muchas personas que no cuentan con trabajo formal o ingresos fijos. Asimismo, las formas de vida rural y su efecto sobre los ingresos tampoco son tomados en cuenta como parte de los ingresos (ingresos estacionales, economía de subsistencia, autoconsumo, etc.). En suma, a pesar de la buena intención y del beneficio potencial del formato, las deficiencias señaladas van sumando barreras para que su uso sea natural y promovido hasta por las propias demandantes que lo usaron. Finalmente, las deficiencias del formato crean en la usuaria incertidumbre sobre su correcto llenado y en consecuencia promueven la dependencia de un tercero para llenarlo. Un juez de Cajamarca señaló que el formato «prácticamente está hecho para que se haga con ayuda». Y es cierto pues más de un juez de paz letrado mencionó que el personal del juzgado ayuda en su llenado. En otros casos, según un juez también de Cajamarca, las demandantes buscan a un abogado para que les llene el formato. Para pocos jueces, sin embargo, el formato no representa mayores dificultades pues, tal como señaló una jueza de San Marcos, el formato es «muy simple para llenar por gente del campo». Esa mentalidad es probablemente parte del problema para la corrección del formato. A opinión de dos jueces entrevistados, el formato no sólo dificulta su llenado por parte de las demandantes sino que incluso presenta algunos inconvenientes para el propio juzgamiento. Según ellos, el formato no permite un buen recuento de los hechos (pues le dedica un espacio reducido). Un segundo aspecto que origina la aparición de costos por el uso del formato tiene que ver la ruptura del rol de intermediación del abogado entre la demandante y el juez y las consecuencias que ello origina para el acompañamiento del proceso por parte de la demandante. Este efecto es inevitable pues se prescinde del abogado y se elimina la dependencia en éste para presentar la demanda. 97

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Sin abogado desde un inicio, es muy probable que sea la mujer demandante quien realice las tareas de acompañamiento del proceso judicial. Normalmente, las tareas de acompañamiento del expediente realizadas por el abogado se circunscriben a tareas como estar al tanto de que los escritos hayan sido provistos, averiguar cuándo sale la siguiente resolución del juez, solicitarle a éste la rebeldía del demandado o la aprobación de la liquidación, leer el expediente, conversar con el personal judicial sobre el avance del caso, verificar la debida notificación de las resoluciones, entre otras. Es claro que un no abogado tendrá diversas dificultades para llevar a cabo estas tareas e incluso para saber qué hacer en cada etapa del proceso, lo cual genera, en retorno, una fuerte dependencia en el abogado. Pero no es solo eso. Que la propia demandante siga el caso es un factor que puede influenciar en la mayor duración un proceso más lento e incluso en una menor capacidad de reacción frente a determinadas estrategias tomadas por el demandado o frente a determinadas posiciones del juez. En último lugar, un tercer aspecto del formato que genera costos es el desincentivo para contratar a un abogado durante la audiencia. En realidad, a raíz del formato de demanda, el abogado se vuelve prescindible para todo el proceso, lo cual no necesariamente es perjudicial. No obstante, en la práctica, ese lado negativo sí aparece: La desvinculación total del abogado abre espacios para la desprotección de los derechos de la demandada en los espacios de confrontación o negociación con el demandado, es decir, en la audiencia única del proceso donde el juez intenta llevar a cabo una conciliación. La consecuencia de tal desprotección es la obtención de una pensión menor a la que se hubiera podido obtener si se contaba con defensa legal. No obstante, los pocos casos recogidos sobre el uso del formato de demandas impiden realizar un cálculo certero sobre los efectos de la no presencia de abogado en la audiencia única. La conclusión sobre la efectividad del formato de demanda de alimentos apunta a un logro mermado pero potencialmente bastante aprovechable si mejora sus fallas48 y se conjuga con estrategias de difusión adecuadas hacia la sociedad civil (Defensoría del Pueblo, ONG, organizaciones sociales de base, etc.), instituciones que brindan servicios legales gratuitos (consultorios jurídicos gratuitos, clínicas jurídicas, colegios de abogados, etc.), entidades que otorgan asesoría y protección a la mujer (CEM, DEMUNA, etc.), así como un tratamiento más amigable al contenido del formato.

48. Ecuador también cuenta con formato de demanda por alimentos, el cual es más corto que la versión peruana pero recoge algunos datos o acciones que, sobre todo para realidades urbanas, pueden ser útiles. Ver: http://www.cnj.gov.ec/www/pdf/comunicacion/formatopensiones2/demanda%20de%20 pension.pdf

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Con miras a menguar la pérdida del abogado como intermediador entre la demandante y el juez, sería importante crear otros formatos en el marco de todas las etapas del proceso49. Esto deviene bastante útil para reducir el costo promedio de los honorarios de los abogados sobre todo bajo el entendido que sus honorarios son proporcionales al esfuerzo y dedicación puesta en cada caso. 2.2.2. Costos derivados de la escasa efectividad de la asignación anticipada El proceso de alimentos contempla la opción de solicitar una asignación anticipada (medida cautelar) que no es más que un recurso para recibir de forma adelantada el pago de pensión antes de la emisión del fallo del juez. La solicitud puede ser hecha por la parte demandante o incluso de oficio por el mismo juez. Su objetivo es asegurar que los bienes jurídicos en cuestión gocen provisionalmente de protección y, de paso, fortalecer el ejercicio del derecho de defensa de quien demanda ya que así tendría mayores posibilidades de afrontar los costos económicos del proceso. Bajo el complicado contexto socio económico de las provincias en estudio, la asignación anticipada es un factor clave. Su uso no sólo permite promover un menor índice de abandono de los procesos50 sino que también facilita que las demandantes contraten mejores abogados, cubran el resto de costos económicos y comiencen a atender sus necesidades económicas y las de sus hijos. Pese a la importancia que la asignación anticipada puede significar en la zona, en la práctica su uso está dificultado por tres problemas que disminuyen la efectividad global de este recurso. El primero es su relativamente bajo nivel de uso. En Apurímac, por ejemplo, el número de casos donde se concedió asignación anticipada llegó a cerca de un tercio de las demandantes (Andahuaylas 39%, Chincheros 27%) en tanto que en Cajamarca esa proporción fue incluso menor (Chota 12%, San Marcos 21%). El segundo problema está ligado a la escasa efectividad de la asignación anticipada, es decir, el bajo nivel de cumplimiento en su abono por parte del demandado. Sólo en casos contados el expediente judicial consignó el pago de la asignación anticipada51. Además, este desacato termina siendo un desafío a la autoridad del juez que luego es reiterado cuando se incumple con el pago de la pensión. Al ser largamente incumplida, la solicitud de asignación

49. Por ejemplo: solicitud de declaración de rebeldía, solicitud de solicitud de liquidación de devengados, solicitud de requerimiento de pago de pensión, solicitud para remitir expediente al juzgado penal u otras. 50. El porcentaje de casos en abandono fue de 0% en Chincheros y Chota, en tanto que en Andahuaylas llegó al 21% y en San Marcos a 15%. 51. En Andahuaylas, a la luz de la lectura de los expedientes se evidenció que uno de los jueces de paz letrados tenía la práctica de rechazar las solicitudes de asignaciones anticipadas (incorporadas en la demanda). El argumento que empleaba era que este trámite debía realizarse en cuaderno aparte. El innecesario formalismo de este juez tuvo como consecuencia que muchas de estas solicitudes ya no fueran luego solicitadas.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? anticipada termina convirtiéndose en un esfuerzo poco útil que, poco a poco, desincentivará a los abogados y a las demandantes a emplearla. El tercer problema vinculado a la asignación anticipada son los escasos criterios para la determinación de su cuantía. Hasta cierto punto es entendible pues cuando la pensión es fijada en la sentencia, las guías no son técnicas sino prácticas (promedio en la zona, lo que otros jueces determinan o criterio personal) según se recogió de los propios jueces. Cuando la pensión se fijó como monto fijo, el promedio de la asignación anticipada fue mayor que el promedio de pensión luego obtenido por sentencia (salvo Chincheros, donde no hubo asignación anticipada en monto fijo). Lo opuesto sucedió cuando la pensión fue determinada como porcentaje de los ingresos del demandado (salvo en San Marcos). Una vez más salta a luz las dificultades para entregar un servicio homogéneo entre los jueces, lo que en el fondo es un reflejo de la desconexión entre, de un lado, las políticas judiciales y los tomadores de decisiones y, de otro lado, los jueces encargados de entregar el servicio de justicia. Cuadro 20 Otorgamiento de asignación anticipada en los procesos judiciales

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de alimentos en las respectivas provincias. Elaboración propia Gráfico 12 Relación entre asignación anticipada y pensión promedio luego obtenida por sentencia

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de alimentos en las respectivas provincias. Elaboración propia. 100

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Ahora, ¿cómo es que los problemas descritos originan costos para la mujer que interpone una demanda por alimentos? Un ejemplo del mundo laboral lo puede aclarar. Cuando un trabajador solicita el pago adelantado de su sueldo, lo que está haciendo a simple vista es obtener hoy dinero que, de todas maneras, será suyo a fin de mes. Tener ese dinero hoy o en quince días parecería ser igual pero no lo es. La clave es el valor del dinero en el tiempo. Un nuevo sol, al día de hoy, no vale lo mismo que semanas después. La pérdida de su valor puede deberse a procesos de inflación, devaluación o simplemente a costos de oportunidad (opciones a las que se renuncia, una vez elegida determinada opción de inversión del dinero). Cuando la empresa, al final del mes, le deposita al trabajador su sueldo, lo hace descontando el adelanto previamente entregado. Ese descuento equivale a una especie de pago o devolución del adelanto. La particularidad es que el adelanto y su devolución son del monto exacto, es decir, no hay intereses de por medio. Esta modalidad es una forma de financiamiento a una tasa nominal de cero (el empleador no cobra intereses o penalidades por el adelanto de sueldo) pero a una tasa real negativa52. En buena cuenta, resulta ser un préstamo sin intereses. El mismo esquema puede ser aplicado a las asignaciones anticipadas. Éstas constituyen un adelanto de la pensión que probablemente ordenará el juez cuando emita su fallo. Desde el punto de vista financiero, la asignación anticipada no es más que el financiamiento a una tasa real negativa (menor a cero) para la demandante. En la medida que la asignación anticipada permite a la mujer demandante por alimentos sostener económicamente a sus hijos así como afrontar de manera más cómoda los costos económicos de los procesos (abogados, transporte, etc.), el costo aparece cuando no la recibe en el momento oportuno. En términos operativos, el cálculo del costo de la escasa efectividad de la asignación anticipada resulta de la diferencia de su valor en dos momentos: cuando el juez emite el auto de admisión de la demanda (dado que ahí se suele fijar la asignación anticipada) y cuando el juez emite la sentencia53. Este lapso de tiempo equivale a la vigencia que tendría toda asignación anticipada. Dado que tal espacio de tiempo es corto y que en general los montos de pensión otorgados también son bajos, el cálculo del costo de la no efectividad de la asignación anticipada resulta ser marginal y no vale la pena considerarlo por esta vía.

52.La tasa real es igual al valor de la tasa nominal menos el efecto de la inflación. 53 ioioioioioioio

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Un cálculo más oportuno para este costo estaría en el análisis de las consecuencias de no poder contar con los recursos suficientes para solventar los gastos del proceso. Es decir, tomar como consecuencias a los medios a los que tuvo que recurrir la demandante para poder financiar parte del proceso. Anteriormente, se vio que grosso modo en 1 de cada 3 casos, las demandantes se vieron obligadas a solicitar dinero de familiares, amigos o de instituciones para pagarle al abogado. No obstante, la información sobre el detalle y condiciones de tales préstamos (monto, tasa, tiempo de devolución) no están disponibles y, por tanto, el cálculo del costo se vuelve imposible. En consecuencia, basta con señalar que la inefectividad de la asignación anticipada contribuye a que las demandantes en necesidad afecten el equilibrio de su presupuesto para sustentar el proceso, aún cuando esta medida procesal podría evitarlo. Como consecuencia de su inefectividad, la asignación anticipada corre el riesgo de ser considerada cada vez como menos útil y, con el tiempo, caer en el desuso. 2.2.3. Costos derivados de la fijación de la pensión por conciliación judicial Los procesos de alimentos incluyen dentro de su desarrollo la realización de la audiencia única, dentro la cual se sanea el proceso y se propone la conciliación. La audiencia sólo puede realizarse cuando hay representación de ambas partes, sean éstas mismas o sus abogados, y no es requisito contar con la presencia del abogado. El juez es quien se encarga de dirigir la conciliación. El procedimiento que sigue es más o menos el siguiente. Con la presencia de las partes y/o sus abogados, el juez comenta los beneficios de la conciliación y, luego, a la luz de los hechos y del derecho que le asiste a cada una de las partes, propone una fórmula conciliatoria, es decir, un monto de pensión que el demandado debe pagar a la demandante. Si las partes aceptan la fórmula conciliatoria, ésta se registra en el acta de conciliación dando cuenta del acuerdo y, al mismo tiempo, se da por finalizado el proceso judicial. Si una de las partes o ambas no aceptan la fórmula conciliatoria dada por el juez, ellas mismas pueden discutir y llegar a un nuevo acuerdo. Si finalmente la conciliación no ha sido posible, el juez reserva su fallo a ser emitido en los próximos 10 días (artículo 555 del Código Procesal Civil). Para su buen funcionamiento, el ejercicio de conciliar requiere de condiciones de igualdad que le confieran a las partes las mismas oportunidades de proposición, decisión y aceptación. Cualquier factor que perturbe estas condiciones contribuye a que el arreglo conciliatorio favorezca más a una parte que a la otra. La existencia de violencia en la relación entre demandante y demandado, muchas veces oculta, es un factor desequilibrador y cuando persiste impunemente, la conciliación no es la mejor respuesta judicial ya que la subordina como problema. 102

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Los costos del acceso a la justicia para las mujeres demandantes por alimentos aparecen cuando justamente el arreglo conciliatorio se desvía de su óptimo balance, afectando negativamente el monto de la pensión que debería haber recibido la mujer. Su costo puede ser calculado como la diferencia entre la pensión conciliada bajo una situación de equilibrio frente a la obtenida en una situación de desequilibrio. Se trata de costos económicos de realización indirecta pues no implican un desembolso inmediato pero sí una menor cantidad de ingresos futuros en el tiempo. El tema está en identificar cuándo se dan las situaciones de desequilibrio. En ese sentido, las actas de las audiencias únicas contenidas los expedientes judiciales representan un material bastante útil aunque no siempre suficiente. Su revisión permitió identificar tres factores desequilibrantes vinculados a barreras de género y culturales para el acceso a la justicia. El primer factor es casi exclusivo de Apurímac, región donde el uso del quechua es bastante extendido. En ninguno de los expedientes revisados constó que durante la audiencia de conciliación el juez haya preguntado a las demandantes si deseaban expresarse en quechua. Menos aún se hallaron en los expedientes transcripciones de expresiones en este idioma. Algunos operadores de justicia entrevistados mencionaron que en ocasiones los abogados suelen fungir de traductores. Sin tener este personal las competencias específicas a esta labor, su participación no garantiza la mejor expresión de las intenciones de la demandante ni una mejor traducción de sus demandas54. El segundo factor tiene que ver con una práctica observada durante las audiencias: La prioridad dada por el juez al hombre al momento de intentar una fórmula conciliatoria entre las partes, aspecto que está ligado con la presencia o ausencia del abogado durante dichas audiencias. Las fórmulas de conciliación propuestas por los jueces casi siempre fracasan (signo adicional de su alejamiento de la realidad que juzgan), por lo que a continuación se busca el arreglo entre la demandante y el demandado, y es ahí donde aparece el desequilibrio. El factor de distorsión está en la práctica de los jueces de preguntar primero al hombre cuál es el monto de pensión que ofrece. Mientras que la posición que otorga el juez al hombre es de proponente, la de la mujer queda como aceptante. Efectivamente, luego se le pregunta si está conforme con la propuesta de pensión indicada por el hombre, sin darle espacio alguno para que ella pueda sugerir un monto de pensión en particular55.

54. Estos factores impidieron que la investigación tenga un mayor grado de profundidad sobre el uso del quechua en el sistema de justicia. De todas formas, la ausencia de su uso brinda pistas igualmente importantes. 55. Se podría contra argumentar que la mujer previamente ya fijó un punto de negociación en la misma demanda. Pese a que ello es válido, la demanda recoge una primera intención de pensión que además no es ni recogida por el juez durante la conciliación ni puesta para ser ratificada.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? La mecánica de conciliación ejercida por el juez parecería asignar al hombre un poder mucho más amplio sobre la toma de decisiones que tienen que ver con temas económicos. Al no ser preguntada, las necesidades de la mujer son dejadas de lado en la negociación. La conciliación, por tanto, resulta desequilibrada y he ahí precisamente el costo. Las razones de la presencia de estos costos podrían ser explicadas a partir del efecto de lo que podría denominarse como preferencias escondidas de género entre el juez y el hombre, es decir, una simbiosis silente y probablemente no consciente entre el juez y el demandado por compartir el mismo sexo y probablemente también una visión sobre la mujer. Una opción que busque un equilibrio justo pasa por considerar a la mujer como un sujeto total, capaz de calcular y decidir cuánto es lo que desea o estima que necesita como pensión y no necesariamente limitarse a la propuesta del hombre. Recortarle esa posibilidad trae como consecuencia que la conciliación parta de una propuesta sesgada (posición del hombre) para a partir de ello llegar a un punto medio. Diferente sería si tanto el hombre como la mujer manifestaran su intención de pensión y recién en ese punto tener en cuenta la distancia que separa a ambas posiciones para llegar a un equilibrio justo56. En resumen, se asume que el costo de las dos distorsiones reseñadas en este punto (no integración del quechua en la audiencia y la presencia de preferencias escondidas de género) se elimina o minimiza si la demandante cuenta con abogado defensor durante la audiencia. Siguiendo este supuesto, entonces, el costo que aparece a raíz de las distorsiones durante la conciliación puede ser calculado en función a los resultados de la presencia y de la ausencia del abogado durante la audiencia única. No obstante, como los beneficios de la participación del abogado van más allá de cubrir los efectos de las preferencias escondidas de género (punto abordado aquí), su cálculo será presentado más adelante al abordar los costos derivados del funcionamiento del mercado de servicios legales y de la actuación de los abogados. Así, además, se evita contabilizar tal costo dos veces. 2.3. Costos derivados del funcionamiento del mercado de abogados y de la actuación de los abogados Dentro del sistema de justicia, el abogado litigante se constituye en el actor intermediario de los intereses de sus clientes ante los jueces o las autoridades respectivas. La complejidad y especialización de las temáticas legales, las etapas

56. Aun en el caso que sea así, la equidad no siempre está garantizada. Por ejemplo, en una de las actas de audiencia revisadas en el Juzgado de paz letrado de Andahuaylas (expediente 2008-306) se dejó constancia que la mujer solicitó 700 nuevos soles a lo que el hombre ofreció 100, para finalmente transar en una pensión de 170 nuevos soles. Otros casos con este tipo de aparentes desequilibrios también fueron identificados. De todas formas, habría que analizar caso por caso y ver si efectivamente la solución final respetaba además la capacidad económica del demandado.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? de los procesos judiciales, los derechos en juego, etc., los convierten en pieza indispensable y en la mayoría de los casos obligatoria en un litigio. Como representantes de los intereses de las mujeres demandantes por alimentos, los abogados tienen un rol constante y trascendental. Aun cuando existe la posibilidad de presentar la demanda bajo un formato del Poder Judicial que hace que no se requiera la firma de este profesional, en la práctica su uso es muy limitado (entre 0% y 4.5% según la provincia) y, por tanto, el abogado sigue siendo altamente recurrido. Los hallazgos sobre el impacto de las características profesionales y personales de los abogados así como ciertos aspectos impuestos por la estructura del mercado de servicios legales, apuntan a mirar más allá de sus honorarios y posarse sobre cómo otros factores menos visibles o tangibles se traducen también en costos para la demandante de alimentos. De un lado, ciertas condiciones o características de los abogados, de su calidad profesional y de sus estrategias van marcando diversas variables que desarrollan costos de acceder a la justicia57. Los datos obtenidos confirman que la defensa por parte de un abogado privado asegura un proceso más corto y con mayor pensión pero no todas pueden costear uno. Asimismo, se ha probado que la ausencia del abogado en la audiencia de conciliación es un factor que influye en una menor pensión. No todos los costos son de orden económico. El mercado de abogados es mayoritariamente masculino, lo cual pude dificultar una mayor empatía entre abogado y clienta sobre todo cuando se trata de revelar ciertos detalles de la vida de pareja con el demandado que sirven para armar la base fáctica del caso. En suma, los costos derivados del funcionamiento del mercado de servicios legales y de la actuación de los abogados son los siguientes: (i) costos por la duración del proceso derivados de la escasa dinámica de la defensa, (ii) costos derivados de la no presencia del abogado en la audiencia, (iii) costos derivados de la efectividad de la defensa legal privada y de oficio, (iv) costos derivados de la escasa posibilidad de ser patrocinada por un defensor de oficio y (v) costos derivados de la escasa posibilidad de contratar abogadas y no abogados. 2.3.1. Costos por la duración del proceso derivados del bajo dinamismo de la defensa de la demandante El proceso de alimentos es simple, sin mayores complicaciones y ni espacio para demoras. En efecto, luego de la demanda y su contestación, sólo media la audiencia única para luego arribar a la sentencia. Siguiendo el Código

57. El trabajo con expedientes se hizo a nivel del universo en todas las provincias a excepción de Chota. Esto permitió identificar al número de abogados que litigan en la materia de alimentos en cada provincia: Andahuaylas, 57 abogados; Chincheros, 5; San Marcos, 8; y Chota, 27.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Procesal Civil, su duración no debería ser mayor a los 25 días mientras que un plazo ajustado a la realidad (plazo legal ajustado; ver presente sección, capítulo 2, punto 3.2.4) eleva ese tiempo a 67 días. En la práctica, no obstante, se probó que sólo la minoría de casos está por debajo de este espectro58. La hipótesis que recorre este punto es que el nivel de dinamismo de la defensa de la demandante ejerce un efecto en la duración de los procesos. Así, a menor actividad del abogado, el tiempo del proceso hasta la sentencia será mayor, conllevando ello a que la demandante tenga un mayor costo por el tiempo invertido en el proceso judicial. Además, un proceso más largo puede influenciar en la presencia de otros costos como el cansancio psicológico de la demandante, una mayor insatisfacción con la actuación del sistema judicial, etc. La actividad del abogado está definida por la cantidad de escritos útiles que presenta durante un proceso judicial. En el de alimentos, existen varios momentos donde los escritos manifiestan un nivel de actividad productivo para el proceso. Los principales ejemplos están en los escritos para solicitar se declare rebelde al demandado, requerir la emisión de la sentencia, presentar la liquidación de los devengados de pensión, solicitar la aprobación de los devengados por pensión, solicitar al juez que requiera al demandado el pago de la pensión dictada por sentencia, y pedir que se envíe el expediente al Ministerio Público para la apertura de un proceso por omisión a la asistencia familiar. Durante el trabajo de campo con los expedientes judiciales no se recogió información sobre el número de escritos que presentó cada abogado, lo que imposibilitaría determinar alguna arista de la dinámica de la defensa legal. No obstante, la dinámica de los abogados particulares y de oficio en Andahuaylas permitió tejer variables aproximativas. En Andahuaylas se observó en los expedientes que los defensores de oficio mostraron una dinámica mucho más acentuada que sus colegas particulares, al parecer debido a prácticas locales ya que este fenómeno no fue observado en el resto de provincias. Una muestra importante es que en los casos llevados por defensores de oficio, su nivel de asistencia a las audiencias únicas fue de 100%59. A partir de las diferencias entre el nivel de dinamismo en la defensa entre abogados de oficio (dinamismo alto) y particulares (dinamismo bajo) en Andahuaylas fue posible medir el impacto en el tiempo de resolución del proceso. Dos etapas fueron necesarias para ese cálculo.

58 iioioioioioi 59. Es pertinente comentar que el servicio de defensa de oficio a nivel nacional adolece de una serie de debilidades como las bajas remuneraciones, escasa dedicación de tiempo a cada caso, patrocinio de calidad deficiente, inexistencia de línea de carrera, patrocinio de sólo cierto tipo de casos, etc.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? La primera consistió en armar un modelo econométrico tomando como variable dependiente al tiempo de resolución del proceso. Como variables que explicarían el mayor o menor tiempo de resolución se tomó a la dinámica de los abogados, la condición de rebeldía del demandado, entre otras (obtención de asignación anticipada, edad de la demandante, número de hijos entre las partes, la condición de rebeldía así como el señalamiento expreso en el expediente de que la demandante sufrió violencia psicológica, física o sexual). Los resultados de la puesta a prueba de este modelo econométrico indican que entre las variables testeadas, sólo son significativas la dinámica de la defensa de la demandante y la condición de rebelde del demandado60. Esto quiere decir que, a la luz de los resultados, la dinámica activa de defensa puede reducir el tiempo promedio de resolución del proceso en un 39.9%. Con este dato, ahora es posible entrar a la segunda etapa del cálculo del costo vinculado a un dinamismo alto de defensa. Para ello se tomó como variable aproximativa del tiempo en exceso del proceso al gasto hecho en abogados (tal como se hiciera anteriormente: en esta sección, ir a capítulo II, punto 2.1.3). Los resultados muestran que los costos derivados de la duración del proceso judicial a raíz del dinamismo bajo la defensa de la demandante oscilan entre 21 nuevos soles en Chota y 43 en Chincheros. En el sentido opuesto, un abogado dinámico en su labor puede generar tales montos de diferencia en la pensión que otorgará el juez. Gráfico 13 Costos por la duración del proceso derivados del dinamismo bajo de la defensa de la demandante (en nuevos soles)

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de alimentos, www.sbs.gob.pe. Elaboración propia

60. Variable dinámica de abogados: significancia de 0.05, coeficiente -39.9. Variable condición de rebeldía: significancia de 0.01, coeficiente - 49.3.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? El funcionamiento del mercado de servicios legales incentiva hasta cierto punto que la defensa legal de los abogados particulares pierda en dinamismo por ganar en ofrecer un precio más bajo y económicamente accesible a la población de las zonas estudiadas. Los abogados particulares ganan más mientras más casos roten en su cartera de defensa. La lógica de la estrategia de los abogados privados es captar más casos y darles una atención promedio o baja para poder ir captando otros casos que le reditúen más ingresos, lo que conduce a que su dinamismo tienda a ser menor. En sentido opuesto, los defensores de oficio son funcionarios del Estado que ganan un sueldo fijo que hasta cierto punto evita esta distorsión. Este es el caso citado de Andahuaylas aunque no de Chota. Implícitamente, los abogados particulares de Andahuaylas están ofreciendo un servicio que ofrece costos invisibles (derivados de su dinámica pasiva de defensa) para quienes los contratan. El mercado falla en enviar tales señales a los potenciales clientes para la contratación de los abogados pues el factor «calidad de defensa» es difícilmente observable por una persona promedio y menos aún por una que no conoce sobre temas legales. Además, por lo menos para Lima se ha probado que en los niveles socioeconómicos menores el factor precio prima por encima del de calidad al momento de elegir al abogado defensor61. 2.3.2. Costos derivados de la no presencia del abogado en la audiencia Para el abogado, las audiencias de conciliación desarrolladas durante el proceso judicial son un ejercicio repetido donde fruto de su experiencia sabe cuáles son los mejores caminos para sustentar los medios probatorios, sustentar o rechazar las excepciones y abordar la conciliación. Su presencia implica desplegar una estrategia de negociación sabiendo además cuánto es lo que normalmente los jueces (y en ocasiones cada juez en particular) asignan como pensión. Por el contrario, la ausencia del abogado durante la audiencia única obliga a que el rol protagónico lo asuma la propia parte. Su inexperiencia en el terreno le resta capacidad de representar adecuadamente sus intereses, peor aún si la otra parte sí cuenta con su propio abogado. En suma, el peso del abogado en las audiencias debería ser bastante importante como factor de liderazgo y conducción del interés de su cliente durante las negociaciones desarrolladas. Un juez de Cajamarca corroboró esta hipótesis pues señaló que durante las audiencias «el abogado termina decidiendo, mueve la cabeza y la parte lo sigue».

61. Pásara, Luis. Los abogados de Lima. Una aproximación preliminar. Lima, Justicia Viva, 2005, p. 29.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Queda claro, entonces, que el hecho de acudir con o sin abogado a la audiencia expone a las partes a espacios de protección o vulnerabilidad que pueden influenciar en la resolución del caso. Bajo este esquema, son posibles cuatro escenarios de audiencia única según la participación o no del abogado: (i) Escenario de equilibrio con abogados, donde ambas partes cuentan con abogados y, más allá de algunos factores de calidad de defensa, no habría razón para concluir que una pueda salir más favorecida que la otra. (ii) Escenario pro demandado, caracterizado por la presencia de su abogado pero no de aquél de la demandante, lo que en teoría debería determinar una resolución del caso (económicamente) más óptima para el demandado (en comparación con el escenario de equilibrio con abogados). (iii) Escenario pro demandante, acá, al contrario del anterior, la audiencia se realiza sólo con la presencia del abogado del demandado, resultando en una solución más favorable para la demandante que en el escenario de equilibrio con abogados. (iv) Escenario de equilibrio sin abogados, definido cuando ninguna de las partes está acompañada de su abogado, situación que también presenta una posición de supuesto equilibrio. Ilustración 9 Escenarios de audiencia única en función de la presencia o no de los abogados de las partes

Elaboración propia.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Para probar esta hipótesis subyacente a este esquema se promediaron los datos de pensión obtenida (como monto fijo o porcentaje de ingresos) en función al escenario de audiencia única que presentaron62. A excepción del caso de Cajamarca (pensión en monto fijo), el análisis de los resultados confirma la hipótesis. El sólo hecho que durante la audiencia una de las partes haya estado acompañada de su abogado y la otra no, favorece la fijación de una pensión más conveniente para quien fue con el letrado. Ello se confirma aún cuando la audiencia se haya frustrado por la ausencia de la demandante. El escenario pro demandada produce una pensión mayor que en todos los otros escenarios. En Andahuaylas, por ejemplo, cuando se da este escenario la pensión promedio registrada fue de 180 nuevos soles, en tanto que en el escenario de equilibrio con abogados se reduce a 160 nuevos soles y en el escenario de equilibrio sin abogados el dato es aún menor (111 nuevos soles). Lo mismo se repite cuando la pensión fue fijada como porcentaje de los ingresos del demandado: escenario pro demandada, 30%; escenario de equilibrio con abogados, 24%; y escenario pro demandado 15%. Ilustración 10 Relación entre pensión y presencia del abogado durante la audiencia de conciliación

Nota: n.d. significa que no hubo observaciones o datos para el escenario indicado. Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de alimentos. Elaboración propia.

62. Los resultados han sido calculados al nivel regional (Cajamarca y Apurímac) y no provincial. La razón es que esta última opción no contaba con observaciones para todos los escenarios, problema que incluso se arrastra al nivel de análisis elegido pero sin representar un inconveniente.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? La explicación de estos resultados esconde detrás dos fenómenos. El primero está vinculado con la objetivación del conflicto por parte del juez. El segundo tiene relación con las estrategias de defensa que cada abogado fija en función del escenario que cree enfrentar, aspecto tocado al introducir este apartado. El primer fenómeno se explica porque generalmente es recién en la audiencia que el juez conoce a las partes y le da un rostro a la problemática plasmada hasta entonces únicamente en el expediente. La audiencia representa justamente el espacio donde el juez se procura la idea de quiénes son las partes y las articula al discurso y derechos de cada uno. Los abogados tienen un gran impacto en ese espacio de objetivación frente al juez. Durante la audiencia, el abogado juega un rol importante, en tanto expresa ante el juez la imagen y calidad de defensa de su cliente, así como los intereses de éste. Si se concilia en la audiencia, el abogado tendrá un rol vital como facilitador. Si no se concilia, la actuación llevada a cabo por el abogado jugará igualmente un rol primordial en la posterior sentencia del juez. Ahora que el efecto de la presencia del abogado sobre el monto de la pensión está probado, ¿Cómo es que de ahí se deriva algún costo para el acceso a la justicia de las demandantes por alimentos? La opción más justa (asumiendo los riesgos de esta calificación) para el cálculo del costo de acceso a la justicia está en la comparación de los resultados (pensión promedio) del escenario de equilibrio con abogados con aquel que menos favorece a la mujer (escenario pro demandado). La comparación intenta acercarse a medir la brecha entre el escenario «ideal» y la «peor» condición de negociación de la mujer. Los datos disponibles permiten efectuar este cálculo para las pensiones fijadas como porcentaje de los ingresos del demandado, a partir de lo cual extrapolaremos los resultados generales asumiendo que no hay mayores diferencias entre el comportamiento para la determinación de las pensiones fijas63. Los resultados indican que el costo de acceso a la justicia derivado de la no presencia del abogado de la demandante sobre la pensión posteriormente obtenida equivale a una pérdida de 21% en la pensión fijada judicialmente en Apurímac y de 38% en Cajamarca. Resulta particular que las dos etapas del proceso de alimentos donde se ha dispuesto de facilidades para no contar con abogado y reducir las barreras económicas (presentación de la demanda, mediante el uso del

63. Es importante que futuras investigaciones confirmen o rechacen el valor de la extrapolación

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? formato; y la audiencia de conciliación), generen efectos terceros que impactan negativamente en el monto de la pensión a obtener. Lo revisado obliga a repensar la prescindencia del abogado para la realización de las audiencias de conciliación. Si bien la intención de llevar a cabo la audiencia sin el letrado es positiva, finalmente el remedio puede terminar siendo peor que la enfermedad dado que traslada otro tipo de costos a las partes. El mejor arreglo conciliatorio es aquel al que se llega bajo igualdad de condiciones y donde la negociación se realiza a través del equilibrio de poderes entre las partes. En la medida que ello sea factible con la presencia de los abogados, promover su presencia obligatoria en las audiencias resulta apropiado para arribar a un justo medio. No obstante, ello podría acarrear que algunos abogados eleven sus honorarios y, con ello, mayores costos de sostenimiento y acompañamiento del proceso judicial para la demandante en razón de la necesidad de una mayor coordinación con su abogado. Paralelamente, también es fundamental la mejor preparación de los jueces para afrontar las audiencias y evitar los sesgos que causa la presencia de solo uno de los abogados de las partes. 2.3.3. Costos derivados de la efectividad de la defensa legal privada y de oficio La defensa de oficio representa una buena opción para contrarrestar las barreras económicas del acceso a la justicia. A la vez, este sistema de defensa público demuestra tener ciertas desventajas que pueden traducirse en el monto de pensión que obtienen para sus clientes. Otra forma de decirlo es la siguiente: Los límites en la efectividad (vista como el monto de pensión obtenido) de la defensa por parte de defensores de oficio trasladan costos a las demandantes. Un primer punto de apoyo para este conjetura es que el promedio de pensión obtenido por demandantes patrocinadas por defensores de oficio fue menor que lo que obtuvieron las demandantes con defensa privada (entre un 10% y 36%, según la provincia). Esta relación se da incluso en Andahuaylas donde, como se mostró anteriormente, la dinámica de los defensores de oficio era mayor que la de los abogados privados.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Gráfico 14 Diferencia en el monto promedio de pensión obtenida con abogados privados y de oficio (efectividad de la defensa legal)

Nota: En Chota no hubo casos de abogados de oficio que obtuvieran pensión como porcentaje del ingreso del demandado. Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de alimentos. Elaboración propia

En efecto, en Andahuaylas con abogados privados se obtiene en promedio una pensión de monto fijo (190 nuevos soles) que es un 10% mayor que con defensa de oficio (172 nuevos soles). Cuando la referencia es una pensión fijada como porcentaje del ingreso del demandado, el promedio del abogado particular llega a 32% y el de oficio a 26%, mostrando una diferencia mayor (23% menor). En Chota, estas brechas son incluso más amplias. Con abogado de oficio el promedio de pensión obtenida fue de 100 nuevos soles y subió a 136 con abogados privados (36%). Una primera conclusión es que la dinámica de defensa pasiva o activa del abogado en el proceso tiene un peso mucho menor que la calidad de la defensa. A ello mismo se debería que la diferencia entre las pensiones obtenidas entre abogados privados y de oficio sea menor en Andahuaylas (dinámica activa de defensores de oficio) que en Chota (dinámica pasiva de defensores de oficio). Más vale, entonces, contratar a un abogado particular pues su nivel de defensa, en promedio, será mejor. De un lado, quienes tienen mayores recursos cuentan con más facilidades de acceder a un abogado privado e, incluso, dentro de este mercado, la calidad de este profesional suele estar asociada al monto de sus honorarios. De otro lado, las personas de menos recursos hacen mayor uso de defensores de oficio y se exponen a las consecuencias de una menor efectividad. Segunda conclusión: La baja calidad de la defensa de oficio en temas de alimentos se 113

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? convierte en un factor de desigualdad social en el acceso a la justicia en contra de las mujeres de escasos recursos. Gráfico 15 Pensión solicitada en demanda, según abogado particular y de oficio

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de alimentos en las respectivas provincias. Elaboración propia.

Si bien la relación entre calidad y tipo de abogado parece ser clara, merita mayor sustento. ¿Hasta qué punto verdaderamente la defensa de oficio ofrece un servicio de menor calidad que los abogados privados en las zonas de estudio? ¿La efectividad del trabajo de estos dos tipos de abogados guarda relación con su calidad o con sus prácticas en la defensa? Estas respuestas permiten enfocar mejor el sentido de los costos de acceso a la justicia que aparecen. Un primer intento de respuesta guarda relación con un tema práctico: El monto de pensión promedio solicitado por los abogados de oficio y los privados en sus demandas. Si los defensores de oficio, por defender a una mayor cantidad de personas con menos recursos, suelen tener como estrategia la fijación de una pensión más baja que sus colegas privados, entonces sería esperable que la pensión que logren sea igualmente menor dado que su punto de inicio para la negociación es más bajo. No obstante, los resultados no son homogéneos, con lo cual la hipótesis pierde peso y sentido. Una segunda respuesta es que el propio funcionamiento del sistema de defensa de oficio influye en la efectividad de sus abogados. Además de un tema de capacidad profesional, las difíciles condiciones laborales de estos abogados influenciarían en su efectividad. Esta hipótesis toma más fuerza con el hecho que ni en Andahuaylas, donde se registró un dinamismo alto en la defensa, la efectividad fue menor que la de los abogados privados. Otra variable explicativa de las diferencias en la efectividad entre ambos tipos de abogados está en la estructura del mercado privado. La sobrevivencia de un abogado privado depende de cuánta clientela pueda obtener y cuánto le 114

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? pueda cobrar. Ello no ocurre en el sistema de oficio pues sus abogados reciben ingresos fijos sin importar el número de casos que defienda ni el éxito en su labor. Quienes demandan estos servicios no priorizan el factor calidad sino el factor precio, pues si acuden a ellos es por sus limitadas capacidades económicas. La solución a estas disparidades no pasa por promover la defensa privada de los asuntos de alimentos y desacreditar la defensa de oficio pues ello iría directamente en contra del acceso a la justicia y la legitimidad de ciertas funciones del Estado que aseguran una protección a la población. Más bien, las opciones apuntar a fortalecer las actividades de capacitación y de estrategia procesal de los defensores de oficio, así como mejorar sus condiciones laborales. La diferencia entre la efectividad de los resultados obtenidos con la defensa privada y la de oficio representa un costo de acceso a la justicia que lamentablemente está presente en quienes tienen menos recursos ya que este suele ser el perfil de quien cuenta con defensores de oficio. El cálculo de ese costo es simple y se hace tomando en cuenta el monto promedio entre la pensión que obtiene un abogado privado y uno de oficio. Esa diferencia es calculada para la cantidad de años promedio que se debe recibir la pensión64 y es traída a valor presente con una tasa que represente el costo de oportunidad del dinero en el tiempo65. Para su cálculo sólo se tomó en cuenta la diferencia de pensiones fijadas como monto fijo ante la inexistencia de un parámetro de referencia para las pensiones que fueron fijadas como porcentaje de los ingresos del demandado. Dado que ni Chincheros ni San Marcos cuentan con defensores de oficio, el costo en mención no tiene sentido de cálculo para estas zonas. La importancia de este cálculo es vital pues recoge todo lo que la mujer demandante deja de percibir como pensión a lo largo de los años en que el derecho a pensión esté vigente. Por ello, aun cuando la diferencia por la efectividad de los abogados privados y de oficio sea pequeña, ésta se magnifica en el tiempo cuando se le estima al valor presente, es decir, el valor al día de hoy de todas esas pérdidas de dinero en los siguientes años. El costo promedio de una mujer que no pudo ser defendida por un abogado privado, sino que lo fue por uno de oficio, asciende a 2,496 nuevos soles en Andahuaylas. En Chota, la cifra es aún mayor (4,991 nuevos soles) pues la

64. Se está asumiendo que el horizonte temporal para el valor presente de la diferencia de pensión es de 16 años, lo que corresponde a los años que le faltaría al niño para ser mayor de edad, ya que en mayoría de edad la pensión le corresponde sólo en caso «[…] no se encuentre en aptitud de atender a su subsistencia por causas de incapacidad física o mental debidamente comprobadas» (artículo 473 del Código Civil). Se eligió al hijo como patrón de referencia y no a la mujer demandante puesto que la mayor parte de las pensiones son solicitadas con tal destino (entre 73% y 100%, según la provincia). 65. Se usará la tasa promedio pagada por depósitos en el sistema financiero, como valor que representa el costo de oportunidad del valor del dinero en el tiempo.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? brecha de efectividad entre el trabajo de estos abogados es mayor. No se trata de un desembolso de dinero, sino de ingresos dejados de percibir. El costo generado por el sistema de defensa de oficio, en buena cuenta, parte de la propia organización y funcionamiento del Estado. Si se pudiera tener información sobre el número de mujeres demandantes por alimentos que cada año acceden a un defensor de oficio en Apurímac y Cajamarca, se podría tener un monto global del costo económico de la ineficiencia del Estado en administrar este servicio de patrocinio gratuito. Aunque no se cuenta con la información necesaria, se intuye que el resultado es muy alto y grafica cómo, de forma silente y sin intención expresa, el Estado mismo interpone trabas al acceso a la justicia de quienes acuden a sus instituciones para buscar justicia en razón de sus escasos recursos. Ilustración 11 Costos derivados de la diferencia en la efectividad de la defensa de abogados privados y de oficio

Nota: Tasa de interés efectiva anual de 3.69% (diciembre, 2008). Fuentes: Sistematización de expedientes judiciales de alimentos, www.sbs.gob.pe. Elaboración propia

2.3.4. Costos derivados de la escasa posibilidad de ser patrocinada por un defensor de oficio Las provincias de Andahuaylas (Apurímac) y Chota (Cajamarca), cuentan cada una con dos defensores de oficio, respectivamente, encargados de llevar casos de alimentos entre los otros tipos de casos que deben atender. Las otras dos provincias bajo estudio, Chincheros y San Marcos, no tienen este privilegio lo que hace que prácticamente la única opción que tengan sus pobladores sea recurrir a los abogados particulares. Los índices de pobreza de la zona, sin embargo, tocan largamente a más de la mitad de su población (Apurímac, 65.9%; Cajamarca, 74.2%; INEI, 2004) La estimación precisa del costo derivado de la escasa posibilidad de una mujer para ser patrocinada por un abogado de oficio, implicaría un análisis fino de sus ingresos y gastos, esfuerzo que escapa a estas líneas. Una alternativa es aún viable: Tomar como referencia los índices de pobreza reseñados a manera de indicativos del nivel de pobreza de las demandantes por alimentos y de aquellas que no pueden contar los servicios de un abogado privado, se 116

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? podría decir entonces que un 65.9% de las demandantes en Chincheros y San Marcos pudo haber requerido los servicios gratuitos de defensa de oficio pero no lo hizo simplemente porque en su provincia tal servicio no existe66. Para esos grupos de la población, el costo derivado de la escasa posibilidad de contar con defensa legal gratuita es de realización económica indirecta y equivale a los honorarios promedio que pagaron a sus respectivos abogados privados. Si hablamos en términos promedio, en Chota el costo equivale a 76 nuevos soles y en San Marcos a 152. No obstante, hay que notar que este costo ya ha sido considerado cuando se tocaron los costos de los honorarios del abogado (sostenimiento y acompañamiento del proceso judicial), por cuanto no es necesario contabilizarlos nuevamente (gráfico 8). Ello no obsta a resaltar su costo por la importancia de su origen (ausencia de defensores de oficio). 2.3.5. Costos derivados de la escasa posibilidad de contratar abogadas y no abogados Mientras que la demanda de casos de alimentos es prácticamente femenina67, el mercado de abogados que litigan en esta materia en las provincias analizadas es casi exclusivamente masculino; situación que probablemente sea similar a nivel nacional. La estructura del mercado de abogados fuerza a que las demandantes por alimentos tengan casi por única opción la elección de un abogado hombre para su defensa. Grosso modo, en cada una de las 4 provincias en estudio 1 de cada 10 abogados litigantes en alimentos es mujer. En Andahuaylas, de los 57 abogados detrás de los casos de alimentos revisados, sólo 4 eran mujeres. En Chota la proporción fue de 6 mujeres dentro de los 36 abogados identificados. En Chincheros, 1 de 5 en tanto que en San Marcos no se halló ninguna mujer litigando en estos temas. Parece ser que los procesos de alimentos no forman parte del medio usual de litigio de las abogadas. La cantidad de casos identificados que fueran llevados por cada abogada fue baja en comparación con sus colegas hombres. Sólo 1 de las 10 abogadas identificadas en las cuatro provincias llevó más de 2 casos68. La preferencia de litigio de la mujer estaría en otras materias y, más bien, los procesos de alimentos serían asumidos esporádicamente.

66. No se está estudiando los grupos de mujeres que nunca accedieron a un juzgado por cuestiones económicas, ya que el estudio se restringe a aquellas que sí lo hicieron. 67.Los resultados de esta investigación conciernen únicamente a las mujeres como demandantes, pero de todas formas se registró la distribución de los expedientes por sexo. Los resultados generales indicaron que sólo un 3% de los casos corresponden a demandas de alimentos interpuestas por hombres (mayormente hijos que demandan a sus padres). 68. Una de las abogadas de Chota participó en 11 procesos de alimentos.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Cuadro 21 Abogados y abogadas litigantes en procesos de alimentos

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de alimentos. Elaboración propia.

En términos de los costos que estas situaciones pueden generar, hay dos variables a tomar en cuenta. La primera es económica y está sustentada en el monto final de pensión obtenido por los abogados hombres frente al obtenido por las abogadas mujeres. En segundo lugar, están los costos de realización no económica potencial o invisible que surgen a partir de las distancias que el género puede marcar la relación entre la demandante y su abogado hombre. La hipótesis de que el género del abogado impacta en el monto de la pensión obtenida fue rechazada. Aunque hay algunas diferencias en los datos agregados de las cuatro provincias analizadas, las pruebas estadísticas para probar la significancia de tal diferencia resultaron negativas. La conclusión es que el género del abogado no genera diferencia en el monto de la pensión, por lo menos en las provincias estudiadas. Gráfico 16 Pensión promedio obtenida en casos defendidos por abogados y abogadas

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de alimentos. Elaboración propia

Entonces, la mayor diferencia de contar con una abogada mujer, en lugar de un hombre, es que se teja una relación más confortable para la demanda en la que se sienta con mayor confianza y mejor defendida. La construcción 118

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? del escrito de demanda por alimentos se basa, pues, en una labor conjunta entre demandante y abogado que nace de la conversación entre ambos pero no necesariamente de la confianza o empatía generada entre ellos. Sobre una relación no necesariamente sólida, la mujer debe confiar en su abogado/a parte importante de su historia familiar y de pareja a fin de armar un mejor caso. Presente en muchas ocasiones sea de manera notoria o poco evidente, los prejuicios del abogado hombre contra la mujer pueden evidenciarse en la forma como se arma la estrategia legal de defensa, en cómo se hace referencia a la mujer en los escritos o en otras formas que conllevan a instaurar una defensa sexista reforzada. Ciertos abogados, por ejemplo, presentaron signos antagónicos en sus estrategias de patrocinio cuando les tocó defender a una demandante pero luego, en otro caso, a un demandado. Los estereotipos y prejuicios se leen sin mayores dificultades. Cuando defienden a la demandante, la caracterización típica pasó por describirla como una persona de bajos recursos económicos que ha sufrido por culpa de la relación de pareja con el demandado, en tanto que al demandado se le suele describir como una persona con capacidad económica pero desentendida del sostén económico hacia sus hijos. En cambio, cuando ese mismo abogado es contratado por la parte demandada, su posición frente a la demandante es inversa. Se le suele caracterizar como una mujer con recursos suficientes y con culpa en la ruptura de la relación con el demandado y, en menos ocasiones, amante del licor y del libertinaje sexual. Por su parte, al demandado patrocinado se le retrata como una persona de limitados recursos con culpas atenuadas en la relación y que ocasionalmente ha venido pasando algo de dinero a la demandada. La divergencia en la representación de la mujer es parte de una estrategia legal que se apoya en argumentos discriminatorios. Según un abogado de Andahuaylas, este énfasis es especialmente pronunciado en las zonas rurales como consecuencia del espíritu de cuerpo entre los abogados hombres y sus defendidos, basado en estereotipos comunes como el machismo. Estas mismas razones explicarían, además, el por qué las contestaciones de demandas suelen hacer uso de términos fríos, distantes y hasta violentos (como procreación, relaciones extramatrimoniales, relaciones carnales o copulación) para referirse al vínculo que hubo entre las partes, cuando en las demandas las expresiones apelan a una carga sentimental (como relaciones de pareja, relaciones sentimentales o relaciones amorosas). ¿Detrás de estas formas poco válidas de estrategia de defensa, hay en los abogados un razonamiento para explicar qué diferencia a un hombre de una mujer? Al parecer, las referencias a la mujer son más que una simple estrategia procesal. Parte de esta forma de pensar fue recogida en la opinión de varios abogados entrevistados para los cuales las demandas de alimentos, más allá de ser un medio para el reclamo de derechos indiscutibles de la demandante, son una forma de venganza de la mujer hacia el hombre. 119

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? 3. Los costos después del proceso judicial La legitimidad del sistema de justicia y de sus instituciones se construye sobre la base del hacer justicia administrada con criterios de igualdad y efectividad. En la medida que estos criterios básicos sean debilitados, tal como sucede hoy en día, el descontento ciudadano empezará a tomar forma de desconfianza en la autoridad y no respecto por la ley. El distanciamiento entre la justicia esperada por las demandantes por alimentos y la evaluación de los resultados y secuelas de los procesos entablados marca la presencia de factores irruptores que cuestionan la capacidad del Poder Judicial para brindar una justicia efectiva acorde con las necesidades de las demandantes. Tales factores irruptores constituyen el motivo de la aparición de costos ex post al proceso judicial. El proceso de alimentos no necesariamente significa el punto de quiebre en el ejercicio de los derechos de pensión de la mujer y de sus hijos a partir del cual automáticamente éstos reciban puntualmente su pago a pensión. Más bien, las debilidades en la efectividad del sistema judicial convierten al proceso de alimentos y a la sentencia que lo cierra en un estadio intermedio (y no en el final) entre la historia pre y post proceso judicial. La historia posterior al proceso judicial involucra diversos esfuerzos personales y legales para poder cobrar la pensión, a los que se suman la mala experiencia con el sistema de justicia y la presión que ello puede causar sobre la imagen de la autoridad y figura del juez, del abogado y de la justicia. El desgaste psicológico y económico así como la presencia de amenazas o intimidaciones (entre 32.3% en Chota y 77.7% en Andahuaylas) son también parte de otros costos ex post al proceso ligados al plano personal e interpersonal. Estos aspectos son el detalle de la presencia de costos de acceso a la justicia ex post al proceso judicial. Dado que cada uno tiene orígenes distintos, los costos han sido divididos en dos grupos: (i) los costos derivados del funcionamiento del sistema de justicia y de sus actores y (ii) los costos en la esfera personal. Ilustración 12 Costos de acceso a la justicia ex post al proceso judicial

Elaboración propia

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? 3.1. Costos derivados del funcionamiento del sistema de justicia y sus actores El camino de una mujer que busca hacer efectivo su derecho y/o el de sus hijos a una pensión de alimentos no acaba con la obtención de una sentencia. La tutela jurisdiccional efectiva se cumple cuando la sentencia esté ejecutada. En el caso de los procesos de alimentos, la ejecución tiene la particularidad de extenderse a lo largo de la vigencia del derecho a pensión, horizonte temporal que puede ser bastante amplio si tomamos en consideración que, por ejemplo, las demandas de pensión para los hijos se interponen a temprana edad y éstas deben otorgarse hasta que ellos cumplan la mayoría de edad. El punto es que la garantía del cumplimiento del derecho a pensión por parte del demando es ciertamente vulnerable. Lejos de que la sentencia se cumpla automática o inmediatamente, en muchos casos exige un despliegue considerable por parte de la demandante en apoyo del abogado y del juez. Todo despliegue implica dedicación de tiempo, dinero u otras formas que determinan la presencia de costos económicos y no económicos adicionales en el acceso a la justicia. A su vez, la dificultad para la ejecución de las sentencias puede ser un factor causante de otro tipo de costo, expresado como la desconfianza en el funcionamiento del sistema de justicia y una consiguiente menor voluntad de recurrir al Poder Judicial ante posteriores conflictos. 3.1.1. Costos para la ejecución de las sentencias La ejecución del pago de la pensión obtenida por mandato judicial se verifica con los pagos efectivos y regulares realizados por el demandado a lo largo de la vigencia del derecho a pensión. Dos fuentes fueron tomadas para evaluar su cumplimiento: Los expedientes judiciales y las encuestas a las demandantes cuyos procesos judiciales fueron sistematizados. Con la primera fuente no se tuvo mucho éxito. Sólo en casos contados los expedientes registran si la pensión se viene pagando o no. La segunda fuente, aún con los límites en su representatividad, fue una mejor opción. Es importante anotar que las encuestas se hicieron luego de aproximadamente un año de emitida la sentencia. Periódicas evaluaciones de estos mismos casos deberían realizarse pues es probable que el pago regular de la pensión vaya disminuyendo con el paso del tiempo, sobre todo teniendo en cuenta el largo horizonte temporal de la vigencia de la pensión.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Cuadro 22 Cumplimiento del pago de la pensión ordenada por sentencia

Fuente: Encuestas a demandantes por alimentos. Elaboración propia

Los resultados muestran una realidad preocupante. Luego de la inversión de tiempo y dinero más los distintos costos que la demandante encara durante el proceso, se enfrenta luego a una elevada posibilidad que el demandado no cumpla con la pensión. Los índices de ejecución de sentencia son preocupantes. En Chota, un bajo porcentaje (29.0%) de encuestadas manifestó que, aproximadamente un año después de la sentencia, el demandado siempre había cumplido con el pago de la pensión. Las cifras son similares o peores en las otras provincias. Si ese es el panorama a solo un año de dictada la sentencia, es altamente probable que con el tiempo tales índices empeoren. La debilidad del sistema de justicia y la presencia de otros condicionantes sociales y culturales ocasiona que la mujer que demandó por alimentos tenga que desplegar acciones ex post proceso judicial con el objetivo de cobrar la pensión. Tales acciones son precisamente los costos del acceso a la justicia presentados luego del proceso. La naturaleza de estas acciones responde a tres medios distintos para hacerlas efectivas: medios en lo informal (tratativas con el demandado), medios en lo formal (recurrencia a autoridades u otras instituciones distintas al Poder Judicial) y los medios en lo judicial (interacción con el Poder Judicial). Cuadro 23 Acciones tomadas luego de la sentencia para procurar su cumplimiento

Fuente: Encuestas a demandantes por alimentos. Elaboración propia. 122

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Los costos a considerar están dentro de los medios en lo judicial. En todas las provincias analizadas, se halló que una tasa importante de mujeres tomó la decisión de hablar con el demandado para procurar que cumpla con el pago de la sentencia (entre 13.3% en Chota y 87.5% en Chincheros). Con menos frecuencia, se optó por recurrir a las autoridades como intermediarios, como se registró en Andahuaylas (16.2%) y Chincheros (12.5%) pero no en Cajamarca probablemente por la menor influencia o peso de autoridades comunales. Los costos derivados de las acciones de los medios en lo informal y en lo formal se asumen como bajos o nulos, pues implican un despliegue menor que se asume, por lo general, como poco significativo en la estructura de costos de acceso a la justicia ex post al proceso. Dentro de los medios en lo judicial, se registró que entre un 50% (San Marcos) y un 100% (Chincheros) de los casos, se recurrió al envío de escritos al juez para que se requiera el pago de la pensión). Sobre ello es que se calcularán los costos para la ejecución de las sentencias. Antes de entrar a los términos de cálculo de tal costo, es necesario referirse brevemente a una forma adicional, pero marginal, de acción para buscar el pago de la ejecución de la sentencia. Se trata de la interposición de denuncia por delito de omisión a la asistencia familiar (abierta de oficio o a pedido de parte), cuya condena va hasta los 3 años de pena privativa de libertad. En efecto, su recurrencia es bastante reducida (2 de casi 500 expedientes trabajados). La información sobre sus costos ha sido, en consecuencia, poco orientadora dado el elevado nivel de dispersión (se reportaron gastos de 30 y 500 nuevos soles). Es preferible entonces dejar enunciada la existencia del costo pero no entrar en su detalle numérico. La construcción del costo por las acciones en lo judicial está hecha sobre la base de algunos supuestos. En primer lugar, dado que el caso ya culminó, el despliegue legal representa un costo adicional de contratación de abogados. En segundo lugar, se asume que el costo adicional equivale 15 nuevos soles, lo que equivale a lo que los abogados cobran por escrito en las zonas en estudio, según algunas demandantes encuestadas. Por último, se hace la suposición que solo se presenta un escrito después de la sentencia, ya que esa fue la tendencia observada en el trabajo con los expedientes. Por ende, el costo de los medios judiciales de solicitar al juez que el demandado cumpla con el pago de la pensión equivale a 15 nuevos soles para cada demandante. Se deja de lado los costos de transporte que la demandante ejerce para realizar todo este trámite, los cuales se asumen como no significativos ya que las tareas de seguimiento y sostenimiento del caso son bastante menores luego de la sentencia.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? La baja efectividad del sistema de justicia tiene que ver con diversos factores que se dirigen hacia el juez pero también hacia los abogados y las partes e incluso al mismo sistema legal y a factores que escapan a ellos. Los jueces no hacen pleno uso de su poder coercitivo. Pese al elevado grado de incumplimiento de sentencias, es casi nulo el número de órdenes de oficio para la apertura de denuncias penales por omisión a la asistencia familiar. Tampoco se halló entre los expedientes que se hayan impuesto multas u otros recursos. Prácticamente la única medida tomada por los jueces fue la emisión de resoluciones requiriendo al hombre a que pague la pensión. Un abogado de Andahuaylas entrevistado sostuvo que la escasa jurisprudencia favorable en términos de ejecución de sentencias de alimentos condiciona el débil uso del poder coercitivo en los jueces. La interacción entre la demandante y el juzgado es menor ex post a la sentencia por una serie de razones. Los abogados pierden participación post sentencia, tal como se vio en los datos líneas atrás (acción de presentar escritos), probablemente porque su actuación implique un costo adicional que las demandantes no están dispuestas o en la capacidad de cubrir. Es probable, además, que las promesas de pago hechas por el demandado alejen a la mujer de tomar acciones legales. Los demandados, por su lado, muestran un elevado grado de irresponsabilidad en el marco de una conducta trasgresora del poder de la ley, la justicia y el juez, probablemente también porque el castigo social de esa conducta es bastante bajo. Las elevadas proporciones de demandados declarados rebeldes y que nunca asistieron a las audiencias son muestra fehaciente de un rechazo a la mujer demandante y de desafío a la propia autoridad de la ley y del juez. Aun cuando la sentencia ordene el pago de pensión, la coerción efectiva de la justicia es tan baja que el pago de la pensión queda prácticamente a juicio de la moral del demandado, la cual en ocasiones no es suficiente ni promete lecciones. El caso de un policía demandado en Apurímac es bastante gráfico. En la contestación, éste explica que la razón para no poder otorgar una pensión a la demandada es que ya tiene otras 3 pensiones que cumplir (producto de otros tres procesos judiciales) y, por supuesto, su remuneración ya no le alcanza69. El caso del policía no sólo llama la atención por el nivel de irresponsabilidad de una figura de autoridad, sino que también nos regresa al tema de los criterios que usan los jueces para la fijación de la pensión por alimentos. Esta vez el énfasis se posa sobre la capacidad de los jueces para fijar la pensión en función dentro de las capacidades del demandado. La importancia es vital

69. Expediente 2008-157, Juzgado de paz letrado de Chincheros.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? pues una pensión equilibrada incrementa sus posibilidades de cumplimiento. No obstante, como ya se ha reiterado, no hay mayores criterios técnicos detrás. No es posible confirmar cuán equilibrada ha sido la fijación de la pensión pues hasta los mismos expedientes han fallado en el intento de procurar la información necesaria o con el sustento requerido. En efecto, varios operadores de justicia entrevistados tanto en Apurímac como en Cajamarca sostienen que una práctica común en los demandados, alentada muchas veces por sus abogados, es la de declarar menos ingresos de los que verdaderamente tienen. Para cerrar este punto, es útil remarcar algunas diferencias entre el incumplimiento de pensiones entre lo urbano y lo rural, donde la situación agrega dificultades adicionales. Menores ingresos, documentos de sustento de ingresos inexistentes, menor capacidad de control por la lejanía, etc. son algunos de los problemas que se suman y que contribuyen a la no ejecución de la sentencia. Exagerando un poco la figura, un abogado de Andahuaylas señaló que el cumplimiento del pago de la pensión «en campo es inejecutable, el campesino no tiene nada, ni calzoncillo». Incluso, prosiguió el entrevistado, hasta un posible embargo se dificulta pues ni las supuestas propiedades del demandado les suelen pertenecer: «su terreno es de la comunidad y el ganado de sus padres». En oposición, una jueza de Cajamarca mencionó que desde que llegó decidió otorgar montos de pensión mayores que su predecesor pese a que sus colegas señalaban su opción como imposible. La influencia de la agricultura en la economía familiar, la dependencia económica de las mujeres sobre el demandado, la informalidad del mercado laboral, las escasas oportunidades laborales, la distinta visión de justicia de la gente del campo, entre otros factores, son poco considerados al momento de procesar el expediente y de dictar sentencia. Al margen de algunos datos o características puntuales de los expedientes, han sido escasas las referencias hechas en las sentencias que incorporan prácticas culturales económicas de las personas del campo. Más bien, las sentencias suelen reflejar una realidad que bien podría ser la de cualquier otra ciudad, incluso de una como Lima. En casos contados, la resolución del conflicto conminó al demandado a pagar una pensión en efectivo así como en productos, vía que en la economía rural podría reducir la morosidad del pago de las pensiones. Asimismo, pese a que en Andahuaylas existe una alta tasa de personas quechuahablantes como única lengua o como medio habitual de comunicación, ninguna de las actas de conciliación dejó sentado que la demandante se expresara en su idioma. Optar por esta forma de comunicación implicaría recoger mejor las necesidades de la demandante, lo que finalmente puede redundar en mejores acuerdos y, sobre todo, más factibles de ser cumplidos. 125

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Iniciativas como el Registro de Deudores Alimenticios (REDAM) pueden tener un impacto importante en zonas urbanas pero difícilmente en zonas rurales, donde el mercado laboral informal tiene mucha fuerza y donde las empresas dispuestas a tener al REDAM como referencia son casi inexistentes. Sería óptimo que el registro sea complementado con trabajos de sensibilización a grupos clave como funcionarios públicos, empresarios, abogados, etc. 3.1.2. Costos derivados de la mala experiencia con el sistema de justicia La experiencia que la mujer demandante tiene al entrar en contacto con el Poder Judicial determinará su grado de satisfacción con el servicio de justicia recibido y puede, asimismo, alentarla a confiar nuevamente en el Poder Judicial o a rechazarlo en caso que vuelva a necesitarlo. Resistirse a acudir al Poder Judicial por una mala experiencia previa o de terceros es una forma de expresar el deficiente funcionamiento del sistema de justicia y sus implicancias para el acceso a la justicia. Esa resistencia al Poder Judicial puede llegar a influenciar a la potencial demandante por alimentos a buscar otras vías de solución (DEMUNA, centros de conciliación, rondas campesinas, etc.). Si la mujer opta simplemente por no procurar por ningún medio una pensión de alimentos, los costos son obviamente mayores. Con mayor o menor intensidad, la mujer y sus hijos ven comprometido el pleno ejercicio de sus derechos pensionarios pero también recortan sus posibilidades de desarrollo habida cuenta que el factor económico es un puente para el acceso a mejores servicios de salud, educación, vivienda, etc. Comportamientos de este tipo, donde la decisión de recurrir al Poder Judicial es confrontada con las experiencias previas propias o de terceros o confrontada con el nivel esperado de justicia que se obtendrá, reflejan la insatisfacción e inatención de las necesidades de justicia de las mujeres frente a deficiencias en el funcionamiento el sistema de justicia. Estos comportamientos constituyen un costo vinculado al acceso a la justicia que reprime la llegada natural de casos al Poder Judicial. Una forma interesante, mas no la única, de materializar este costo del acceso a la justicia está en ver cuántas mujeres no accederían nuevamente al Poder Judicial para reclamar una pensión de alimentos. Se trata de costos de realización no económica potencial o invisible, expresados en un nivel individual (menos personas con derechos de pensión reconocidos) e institucional (menos confianza en la justicia, democracia, etc.). Las mediciones realizadas sí detectaron un grado de resistencia, entre medio y alto, contra una futura necesidad de recurrir al Poder Judicial. La cifra más baja fue detectada en San Marcos, donde el 28.6% de las encuestadas no volvería a iniciar un proceso de alimentos. El dato más elevado fue el de Chincheros (100%). 126

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Gráfico 17 Costos derivados de la desconfianza y contacto con el Poder Judicial (porcentaje de demandantes por alimentos que no volvería a iniciar un proceso judicial)

Fuente: Encuestas a demandantes por alimentos. Elaboración propia.

El efectivo acceso a la justicia constituye una forma de concretar valores base de la sociedad articulados a la democracia. Para la población, los valores de igualdad, justicia y derechos deberían estar íntimamente ligados a la posibilidad de exigirlos en cualquier juzgado. No obstante, los datos muestran cierto matiz de rechazo a esta posición. Comprender lo que está detrás de este fenómeno implica desgranar los datos recién vistos en dos partes. De un lado, es importante explicar qué es lo que determina la satisfacción de la demandante por alimentos hacia el proceso judicial y, de otro lado, identificar cuáles son los factores que determinan su rechazo al inicio de la posibilidad de iniciar nuevamente una demanda por alimentos70. En primer lugar, abordemos el tema de la satisfacción de la demandante71. La lógica detrás de los resultados evidencia una objetivación de la justicia centrada en la esencia misma de la justicia. La única variable con significancia estadística que determina la satisfacción de la demandante es el grado de ejecución de la sentencia. En otras palabras, la demandante valora la ejecución de la pensión y es sobre esa base que juzga su paso por el Poder Judicial. Es una lógica instrumental y racional del acceso a la justicia pues sobrepone el

70 ioioioioioi 71. El modelo empleado (mínimos cuadrados ordinarios) para explicar la satisfacción con el proceso tuvo como variable dependiente a ésta misma y como variables explicativas a las que tienen que ver directamente con el servicio de justicia, es decir, la calificación del desempeño de los jueces, el trato recibido en el Poder Judicial y el grado de ejecución de la sentencia.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? cumplimiento de la sentencia por encima de la capacidad profesional del juez o del trato hacia los justiciables. El logro trunco que representa haber obtenido una sentencia sin ejecutar explica también la polarización de las opiniones de las demandadas sobre su paso por el Poder Judicial. Sobre una escala del 1 al 5, donde 5 es la evaluación más positiva, el promedio de satisfacción en las provincias estudiadas, a excepción de Chincheros, se ubicó por debajo del punto medio (3). La evaluación del desempeño de los jueces se ubicó ligeramente por encima del punto medio (con excepción de San Marcos) pero sin brindar una connotación enteramente positiva. Gráfico 18 Evaluación del paso por el Poder Judicial por parte de las demandantes (Satisfacción general y evaluación del desempeño de jueces)

Nota: valor mínimo 1 (muy malo), valor máximo 5 (muy bueno). Fuente: Encuestas a demandantes por alimentos. Elaboración propia

Las calificaciones generales, como las que se acaban de presentar, tienen el defecto de sintetizar en una cifra un conjunto de representaciones particulares que son asociadas al objeto de estudio. La construcción del imaginario colectivo de las demandantes por alimentos sobre la justicia y el juez, a partir de las asociaciones que hacen sobre estas dos palabras, es una herramienta interesante para el análisis complementario. Una primera conclusión es que las asociaciones reflejan una visión más positiva de la justicia y del juez. No se trata de una contradicción a los resultados anteriores. La respuesta está que en las asociaciones son de carácter libre, es decir, se desprenden del proceso judicial seguido y permiten 128

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? una visión más global aunque, por supuesto, no aislada de la experiencia personal vivida en el Poder Judicial. Las asociaciones predominantes son las de connotación positiva, a pesar de las cifras de evaluación de satisfacción general del paso por el Poder Judicial y de los importantes niveles de incumplimiento en el pago de la pensión. Un poco más de la mitad de las encuestadas (56%) construye la noción de justicia empleando palabras como justicia, igualdad, derecho, entre otras de sentido común y básico que quizás apelen a la satisfacción de la necesidad primaria de haber sido escuchadas y haber recibido la conformidad de sus derechos vulnerados. Para otras (26%), la imagen preponderante es la de rechazo y disgusto frente a la justicia. Las menciones a palabras como «dinero», «inexistente», «injusticia», «corrupción», entre otras, darían a entender que los resultados del proceso habrían sido influenciados o arreglados por relaciones de poder y dominación que terminaron por favorecer al hombre. En este grupo es donde mejor calzaría el adagio popular «la justicia es para los ricos». En las asociaciones con respecto a la palabra «juez» prepondera igualmente lo positivo pero con una menor intensidad. De un lado, un 74% de las demandantes lo asocia a factores positivos (justicia, autoridad, buena persona, solución, etc.) pero a la vez un 19% lo hace a valores incongruentes con su función (temor, corrupción, desconfianza, etc.). Ilustración 13 Asociaciones hechas por las demandantes frente a la palabra «justicia», «juez» y «abogado»

Nota: La pregunta formulada fue «¿Cuál es la primera palabra que se le viene a la mente cuando le menciono la palabra «justicia/juez/abogado?». Las asociaciones presentadas aparecen en orden de importancia (mayor a menor). Fuente: Encuestas a demandantes por alimentos. Elaboración propia. 129

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? En segundo lugar, entremos ahora el tema del rechazo al inicio de la posibilidad de iniciar nuevamente una demanda por alimentos72. Los resultados de la modelación econométrica muestran que las variables con influencia significativa en la decisión de iniciar un proceso de alimentos son: el desempeño de los abogados, la presencia de episodios de violencia psicológica entre la demandante y el demandado y, finalmente, el trato recibido en el Poder Judicial. La significancia de la variable que recoge el desempeño del abogado guardaría relación con la posibilidad de acceder a un servicio de defensa que le brinde a la demandada las condiciones óptimas para ganar su proceso y además para contar con una persona que haga las funciones de su defensor frente al demandado y al juez. La figura del abogado se convierte en un punto ideal de sostén para la demandante no sólo en lo legal sino también por cómo, mediante el acceso a la justicia que canaliza el abogado, se puede tejer un puente de soporte emocional no necesariamente explícito. Refuerza esto último las asociaciones hechas por las abogadas a la palabra «abogado». La gran mayoría de ellas son positivas (78%) y construyen una imagen de defensa y protección probablemente porque el abogado es finalmente el único interlocutor o intermediario legal de los intereses de las demandantes. Ello no equivale a decir, sin embargo, que la actuación de los abogados sea de buena calidad. Por último, la significancia de la variable que recoge la existencia previa de violencia psicológica entre las partes del proceso de alimentos quiere decir que las mujeres que no han sufrido este tipo de violencia tienen mayor probabilidad de interponer una demanda por alimentos. La explicación es que la violencia psicológica es un factor represor de la decisión de la mujer de demandar por alimentos. En buena cuenta, los derechos de la mujer están contenidos por la violencia psicológica ejercida por el hombre. Tácitamente, todos estos resultados hablan de la importancia de contar con redes de atención legales y psicológicas para la mujer y así brindarle la protección requerida para acudir a la vía legal y hacer efectivos sus derechos. Las instituciones actualmente disponibles para hacerlos son aún escasas a nivel nacional y más aún en las zonas estudiadas. Los CEM, las DEMUNA y algunas ONG tratan de cubrir estos vacíos pero sin mucho éxito. Tienen limitaciones en cobertura geográfica y su funcionamiento (capacidades del personal, infraestructura, logística, etc.) frente a la elevada cantidad de mujeres que demandan estos servicios y otras que, aún necesitándolo, difícilmente son captadas por estas instituciones.

72. Se armó un modelo en base a la hipótesis que seis variables pueden explicar esta decisión: desempeño de los jueces, trato recibido en el Poder Judicial, el grado de ejecución de la sentencia, el desempeño de los abogados, la presencia de episodios de violencia psicológica así como física y sexual entre la demandante y el demandado. El método de estimación aplicado fue el logit dado que la variable dependiente se comporta como dicotómica (1 para los casos que manifiestan que volverían a iniciar un proceso de alimentos y 0 para los que no).

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? 3.2. Costos en lo intrapersonal Ser parte de un proceso judicial de alimentos trae como consecuencia la inevitable necesidad de exponer parte de la vida privada frente a terceros como los jueces o abogados. También se abren las posibilidades de enfrentamientos con el demandado tanto dentro como fuera del ámbito judicial. Los escritos, las audiencias y en general cualquier contacto formal o informal con los operadores de justicia, abogados o con el demando representa un espacio potencial para los prejuicios, discriminaciones, malos tratos e incluso otras formas más graves de violencia contra la mujer. Varios ejemplos han sido detallados anteriormente. El desgaste psicológico y físico como consecuencia de lo descrito, sumado a los costos económicos del proceso, su duración, los trámites, la presión familiar, etc. pueden terminar por afectar el propio estado emocional de la demandante. Ahí es donde aparece la noción de costos como secuelas dejadas por el proceso. No se trata de costos de realización económica directa sino, más bien, de costos de realización no económica potencial o invisible por lo cual su cuantificación sería muy ambigua o imprecisa. Por tanto, los siguientes puntos se centran en identificar, mas no a cuantificar, la presencia de los costos en lo intrapersonal. 3.2.1. Costos en la esfera personal La violencia psicológica contra la mujer ha sido recogida en diversos puntos del proceso judicial. De forma esquemática, es conveniente hablar de dos tipos de violencia psicológica que tienen a la mujer como víctima en los procesos de alimentos: Violencia desafiante y violencia trasgresora73. La primera de estas formas engloba a los actos que rompen algún principio elemental de conducta pero sin crear daño directo o permanente. Buscan restar importancia a la acción legal tomada por la mujer y se desafía la autoridad del juez y al imperio de la ley. El elevado grado de demandados declarados rebeldes (entre 48% en San Marcos y 75% en Chincheros) así como la importante cifra de demandados que no asisten a las audiencias (entre 50% en Chincheros y 68% en San Marcos) son claros ejemplos. Otra forma de manifestación de violencia psicológica desafiante es la actitud de rechazo que asume la parte demandada en la contestación. Refutan los hechos que sostienen la demanda que lo califican como padre irresponsable, con capacidad económica y, en ocasiones, culpable del vínculo sentimental con la demandante.

73. Los costos de la violencia física han sido dejados de lado pues fueron pocos los casos detectados. Sin embargo, se asume que el verdadero grado de presencia de este fenómeno es mayor pero no es reportado.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Las formas de violencia psicológica trasgresora abarcan acciones que de forma directa buscan ejercer algún daño. El elevado porcentaje de pensiones no pagadas (recuérdese que en un 12.5% en Chincheros y un 62.5% en San Marcos) es un ejemplo pertinente. La alta presencia de intimidaciones o amenazas contra las demandantes también forma parte de esta clasificación y es una realidad preocupante que pasa invisibilizada. Los casos más preocupantes están ambos en Apurímac (Andahuaylas 77.0%, Chincheros 57.1%). Cuadro 24 Demandantes que recibieron amenazas o intimidaciones durante el proceso de alimentos

Fuente: Encuestas a demandantes por alimentos. Elaboración propia

Una última forma de manifestación de la violencia psicológica trasgresora está en el uso del lenguaje como forma de agresión evidente o sutil. Anteriormente, se detalló cómo las contestaciones de demanda suelen construir un perfil de la demandante que busca cuestionar su calidad moral de madre o mujer tomando como referencia un estándar de mujer alimentado por una visión de género poco equilibrada74. Otras formas también son recurridas, como cuando se hace mención (en la demanda y en su contestación) al vínculo que existió entre el demandado y el demandante. El mecanismo del uso de lenguaje como violencia se basa en el antagonismo de la estrategia de los abogados. Mientras que en las demandas hacen referencia al vínculo entre las partes mediante expresiones neutras o con cierta carga sentimental (como relaciones de pareja, relaciones sentimentales o relaciones amorosas), las contestaciones apelan a un lenguaje frío, distante y hasta violento (como procreación, relaciones extramatrimoniales, relaciones carnales o copulación). La distorsión es obra de los abogados, lo que fue deducido claramente de los patrones de redacción identificados durante el análisis de los expedientes judiciales. En otras palabras, son prácticas que recorren diariamente los tribunales y que contribuyen a reforzar una imagen de mujer como objeto sexual y subordinada al hombre. Su función es estereotipar a la mujer mediante

74. Ver, en esta sección, capítulo II, 2.3.5.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? la creación de una imagen negativa que puede alentar el rechazo por parte de terceros, básicamente el juez. Lo lamentable es que estas prácticas se mueven en lo moral y, por tanto, la posibilidad de sanción por parte del juez es menor. Sin ello, el lenguaje violento se institucionaliza dentro del aparato judicial y frente a la figura del juez, es decir, frente a quienes justamente deben guardar un balance de trato, igualdad y derechos. La hipótesis de la aparición de los costos de acceso a la justicia está ligada al efecto de los dos tipos de violencia psicológica reseñados, además del desgaste psicológico y económico producto por el proceso judicial. Es el aspecto personal el que sufre algún tipo de daños que puede ser rastreado por el impacto en variables como la autoestima y la confianza en sí misma, las cuales fueron testeadas entre las demandantes por alimentos75. Cuadro 25 Nivel de confianza en demandantes como consecuencia del proceso judicial (autoreporte)

Fuente: Encuestas a demandantes por alimentos. Elaboración propia Cuadro 26 Nivel de seguridad en demandantes como consecuencia del proceso judicial (autoreporte)

Fuente: Encuestas a demandantes por alimentos. Elaboración propia

75. La determinación de los niveles de autoestima y confianza fueron obtenidos por autoreporte de las demandadas. No se aplicaron tests específicos por priorizar la agilidad de las encuestas. Por ello mismo, es posible que estos resultados tiendan a subvalorar el número de mujeres que declararon tener un menor nivel de autoestima y confianza.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Los resultados indican que hay un grupo de mujeres que efectivamente, como consecuencia del proceso judicial y sus implicancias, sienten afectadas sus niveles de confianza y seguridad en sí mismas. Empero, lo particular, es que pese al elevado nivel de pensiones que no se cumplen y al resto de problemas y costos que han debido enfrentar, esa proporción ha sido relativamente baja (no se detectaron casos ni en Chincheros ni en Chota en tanto que las proporciones en las otras dos provincias no pasan del 21%). El efecto más fuerte sobre el espectro personal de la mujer ha sido neutro e incluso positivo. Lo más importante de estos resultados está en el grupo que menciona que luego del proceso su nivel de autoestima o confianza ha aumentado. La mejora en estas variables puede ser evidencia de empoderamiento. Probablemente, la propia presentación de la demanda tenga ya un efecto de empoderamiento sobre la mujer. La mayor capacidad adquisitiva, producto de la pensión ordenada por vía judicial, mejora las posibilidades de acceder a más y mejores servicios de educación, salud, alimentación, vivienda, etc., creando un mejor ambiente para la crianza de los hijos. No obstante, dado que el nivel de incumplimiento en el pago de la pensión es alto, la fuente del empoderamiento no nacería forzosamente de lo económico. El empoderamiento vendría del logro de haber podido, gracias a la sentencia, cambiar los patrones de poder existentes entre la mujer y el demandado. En lo personal, las mujeres empoderadas tienen un mejor concepto de sus capacidades, de su propia imagen y de cómo las ve el resto. En suma, más seguras de lograr sus objetivos. Y así lo confirman los datos. Entre las mujeres empoderadas a raíz del proceso judicial (mayores confianza o seguridad en sí mismas) es más alta la proporción que volvería a iniciar un proceso de alimentos, explicitando una visión de futuro más realizable frente a un posible futuro conflicto con el demandado. Gráfico 19 Empoderamiento y decisión de volver a iniciar un proceso de alimentos

Fuente: Encuestas a demandantes por alimentos. Elaboración propia. 134

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? A todas luces, el empoderamiento es positivo pero no lo es la forma de conseguirlo, es decir, luego de un proceso judicial con importantes costos económicos, signos de discriminación, falta de adecuación de las necesidades culturales, formas de violencia psicológica, etc. No sólo se debe trabajar en la promoción de derechos y la construcción de una femineidad y masculinidad sanas, sino también de proveer a la mujer de una red de soporte psicológico, legal y económico que le permita tomar la decisión de demandar, afrontar apropiadamente el proceso y desarrollar su vida después de éste. En la medida que estos aspectos sean abordados, no sólo será mayor el empoderamiento en las mujeres demandantes por alimentos sino que, con algo más de esfuerzo, este tipo de acciones legales disminuirían en el tiempo y, a su vez, se contribuiría con una mejor integración de la mujer en el medio económico y laboral.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres?

Tercera Sección

Procesos Judiciales de Violación Sexual

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres?

A partir de este punto, la investigación se concentra en los procesos judiciales de violación sexual y en los costos derivados para las agraviadas sobre el acceso a la justicia. La base conceptual de los costos sigue siendo la ya aplicada, es decir, se asienta sobre la clasificación de costos descrita en la primera sección como base para la identificación de los espacios donde potencialmente aparecen inconvenientes o malfuncionamientos que se traducen luego en costos (económico de realización directa, económico de realización indirecta, costos no económico de realización invisible o potencial) para las mujeres agraviadas. Los costos identificados guardan una plena armonía con las barreras de acceso a la justicia económicas, sociales, culturales, de género, etc. Al igual que los casos de alimentos, los procesos de violencia sexual suelen tener a la mujer como agraviada y al hombre como agresor. Nuevamente este problema social toma rostro de mujer y, en consecuencia, su procesamiento dentro del Poder Judicial enfrenta o es filtrado mediante la visión de género de jueces, fiscales, policías y abogados. Inicialmente se asumió que buena parte de los expedientes revisados provendrían de zonas rurales dadas las características de las zonas de estudio, sobre todo de Chincheros y San Marcos. No obstante, los resultados no corroboraron esta tesis. Ello sería indicio de que las víctimas de zonas rurales canalizarían sus denuncias por otros medios a su alcance (rondas campesinas, autoridades comunales, etc.) o simplemente no los estarían denunciando76. Esta es la razón por la cual el contenido de los siguientes capítulos se limita a hacer sólo algunas distinciones puntuales entre lo urbano y lo rural. El bien jurídico protegido en estos procesos es la libertad e indemnidad sexuales de las mujeres. La privación de la libertad del acusado es parte de las posibles consecuencias del proceso judicial. En suma, son casos bastante delicados sobre todo porque la mayoría de ellos tienen que ver con violaciones de mujeres menores de edad, entre ellas adolescentes y niñas (Apurímac 73.3%, Cajamarca 81.2%). La presente investigación se centró en los casos tipificados como delitos de violación sexual, excluyendo a los delitos de seducción y actos contra el pudor. El objetivo fue abarcar los casos de mayor gravedad dado que en esa dificultad el sistema de justicia es puesto en una de sus más difíciles pruebas. Se excluyeron, asimismo, los casos de violación sexual donde la víctima fue de sexo masculino (2 de 31 casos). Todos los expedientes analizados fueron resueltos entre el 2007 y 2008 por los respectivos órganos jurisdiccionales. No representan una muestra sino el propio universo de tales años. Pese a ello, el análisis se trabajará al nivel regional y no provincial por los

76. Según un abogado de PROJUR, las principales razones de la no denuncia de las violaciones sexuales en zonas rurales están ligadas al probable escándalo y vergüenza pública, las amenazas contra la denunciante, los arreglos económicos para no denunciar, esto último con el supuesto afán de preservar la dignidad de la familia.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? riesgos que representa hacer conclusiones en base a pocas observaciones, sobre todo para los casos de Chincheros y San Marcos. Para facilitar la lectura, las referencias serán casi siempre a la región en sí misma aun cuando sólo se estén analizando las provincias sobre las que se focaliza este estudio. I. Detrás de los procesos de violación sexual: Contexto, perfil de agraviadas y de agresores y características de las denuncias en las zonas de estudio. Este capítulo es una introducción para comprender mejor el contexto en el que se desarrollan los procesos de violación sexual en las zonas de Andahuaylas y Chincheros en Apurímac y Chota y San Marcos en Cajamarca. El capítulo está compuesto de tres secciones muy similares a las que estructuraron el capítulo sobre los procesos de alimentos. La intención del uso de esta estructura está en la intención de reflejar cómo detrás de los procesos judiciales subyacen diversas características del sistema de justicia, de sus actores, de las agraviadas y de la sociedad que condicionan ciertas aristas de la problemática de la violación sexual (su tratamiento, su comprensión, su juzgamiento, etc.) y que luego se reflejan en los expedientes judiciales, en su resolución e incluso luego del proceso. La primera parte aborda algunos factores estructurales identificados durante los trabajos de campo con los expedientes y las entrevistas, específicamente en cuanto a la visión de género como obstáculo, al insuficiente conocimiento de derechos y la demanda de justicia no atendida. Son los mismos aspectos abordados anteriormente para los procesos de alimentos en razón a que, pese a que hacen alusión a temas distintos, comparten una problemática base similar fruto de la posición de la mujer en la sociedad y el funcionamiento de la justicia. Las segunda, tercera y cuarta parte busca identificar los principales rasgos de las agraviadas y agresores en los procesos de violación sexual en base a rasgos demográficos básicos pero también a datos sobre la relación entre las partes y alguna otra información obtenida a partir del estudio de los expedientes judiciales. Por último, en base a esta misma fuente, se caracterizan las propias denuncias judiciales, cómo concluyen los procesos, cuáles son las penas solicitadas e impuestas, la frecuencia y monto de la reparación civil, la interposición de apelaciones así como la duración de los procesos judiciales. 1.

Contexto social detrás de los casos de violación sexual

En cada una de las provincias estudiadas, los operadores de justicia entrevistados coincidieron en que la presencia del fenómeno de las violaciones sexuales es de gran importancia dada la cantidad de casos que llegan a su conocimiento. El número de expedientes judiciales identificados y fichados para esta investigación parecería contradecir esta percepción (a penas una treintena entre las cuatro provincias estudiadas, lo que parcialmente fortalecería la hipótesis de que estos casos no son denunciados en mayor proporción por una serie de circunstancias referidas con anterioridad). 140

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? En realidad, no hay que confundir las variables. Los expedientes fichados corresponden a los casos resueltos (mas no ingresados), es decir, los que salen del sistema. Debemos entender, entonces, la impresión de los operadores de justicia está marcada por los casos que ingresan al sistema de justicia (sea a la Policía, la Fiscalía o el Poder Judicial) y que actualmente se encuentran en trámite. Desafortunadamente, no se pudo tener acceso a esta información estadística. La preocupación por la presencia de los delitos de violación sexual radica no sólo en el efecto de inseguridad y violencia que se posa sobre la población femenina, sino también sobre el contexto social que, de una u otra forma, lo provoca, condiciona, esconde o hasta tolera. Dejar de leer el contexto social de este fenómeno social implica estudiarlo aisladamente y poco articulado a un tejido social complejo. Para no caer en ese vacío, abordaremos tal contexto social en función a temas de género, conocimiento de derechos y demanda por justicia no atendida. La intención no es reducir una explicación compleja a un diagnóstico plantilla, sino simplemente tener en cuenta ciertos patrones generales que sirven de base para leer transversalmente la problemática de la mujer y la problemática de ésta en el sistema de justicia. 1.1. La visión de género como obstáculo El conjunto de reacciones en torno a la violación sexual parece guardar una íntima relación con la posición, roles, estereotipos y prejuicios que ciertos grupos o círculos asignan a la mujer. Frente a las violaciones sexuales, la concepción y roles que se tiene de la mujer sirven de vehículo para la aparición de redes de solidaridad pero también para la aparición de prejuicios que dificultan el procesamiento judicial de tales delitos así como la recuperación y la reintegración de la agraviada a la sociedad. Quizá una de las posiciones más explicativas y que encierra mucho de la compresión global de este fenómeno, es la que otorgaba el Código Penal de 1924 a la violación sexual: Delitos contra el honor de la mujer. En su concepción más sencilla, esta visión restringe la valoración de los derechos a decidir y hacer respetar la libertad sexual de las mujeres. Por oposición, despoja de cualidades morales a quienes sufren de violaciones sexuales y con ello se hace mella la condición de la mujer como persona. La pérdida del honor implica pérdida de dignidad pero no de derechos. La aparición del Código Penal de 1991 deja de lado el concepto de violencia sexual como delito contra el honor y lo adapta a las tendencias internacionales fruto de un mayor reconocimiento de los derechos de las mujeres. En uno u otro caso, el objetivo es reposicionar a la mujer como sujeto pleno de derechos y no como un ser endeble que, frente a determinadas circunstancias, puede ser desprotegido hasta de su honor. En las últimas décadas la doctrina y normatividad nacional e internacional, bajo ciertos contextos y escenarios de violencia social, han configurado este delito, como de lesa humanidad, catalogándola como sumamente grave. 141

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? La evolución de este concepto no siempre goza de una correspondencia total en la sociedad. El núcleo básico de ésta, la familia, lejos de ser el mejor ambiente para proteger y promover el buen ejercicio y compresión de los derechos de la mujer, continúa siendo el foco de formas de crianza que le otorgan a la mujer un rol reproductor y de crianza de la familia y al hombre un rol de trabajador y proveedor económico. Un abogado de Apurímac entrevistado indicó que en las poblaciones rurales de Andahuaylas y Chincheros, el rol de la mujer es básicamente doméstico, excluyendo a las mujeres de un protagonismo más dinámico como motor del desarrollo familiar y comunal. Las formas de crianza y de socialización en los ambientes de familia hacen que los padres otorguen todavía un peso muy importante a la «pureza» de las hijas, entendida como la conservación de la virginidad, por encima de su propia capacidad de decisión, tal como se apreció en la lectura de varios expedientes judiciales. Al mismo tiempo, aunque a primera vista parezca contradictorio, en el otro extremo hay padres que negocian la solución de la violación sexual de sus hijas mediante el pago de cierta suma de dinero77. Esta conducta trasgresora coincide con la intención de algunos violadores que buscan redimir su pena mediante arreglos económicos con la familia de la víctima y, con ello, ganar su impunidad. Huelga decir que esta conjunción perversa de intereses es señal de una realidad altamente compleja cuya explicación escapa a estas líneas. Cuando las violaciones sexuales se dan entre padres e hijas, la ruptura de la estructura familiar es brutal. La construcción de los roles del hombre y de la mujer en la sociedad peruana erige a la figura paterna o masculina como pieza imprescindible en la relación de pareja. Su destronamiento, en consecuencia, a raíz de la denuncia de violación sexual rompería con el equilibrio familiar así como con el sostén económico. Es decir, la mujer y sus hijos quedan sin el hombre, figura de sostén. En las zonas rurales ello sería aún más perjudicial. Según un abogado entrevistado, la figura de «mujer sin hombre» puede conllevar a secuelas emocionales mayores como consecuencia de los prejuicios de la comunidad y de que ésta considere a tales hechos como el preludio de una desgracia mayor para la comunidad en general. En ocasiones, la imposición o la interiorización de la visión de género va más allá del núcleo familiar y se instala en espacios mayores. Un fiscal de Andahuaylas entrevistado señaló que en las zonas rurales son las mismas comunidades las que alimentan la dependencia sobre el hombre pues «sin él [la mujer] tiene acción relegada. En lo social son marginadas y entonces hacen mantenerse en un hombre». Otro ejemplo de cómo se valoriza y minimiza económicamente a la mujer sexualmente violentada fue dado por un policía de Cajamarca. Éste comentó

77. Al respecto, más de un operador de justicia entrevistado dio cuenta de este fenómeno en su zona.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? que la madre de una mujer violada se quejó por haber encarcelado al padrastro violador ya que éste era el sostén económico del hogar. Estos casos responden a una misma realidad: El proceso de socialización mediante el cual un individuo, a través de las diversas interacciones sociales, adopta y aprende ciertos comportamientos a partir de la observación o interacción con referentes en la familia o en otros espacios donde se desenvuelva. Parte de esta socialización se refleja en la tolerancia a la violencia contra la mujer. El desequilibrio en el valor y el rol otorgado a la mujer suele ser un tanto más perjudicial en las zonas rurales donde justamente, según muchos de los operadores de justicia entrevistados, los delitos de violación sexual se callan en mayor proporción por diversos factores que serán mencionados en un siguiente punto. Los jueces o la imagen de lo que deberían ser son funcionarios de alta trascendencia donde los valores como la moral, la rectitud, la independencia y otros, ocupan un sitial capital. No obstante, esta visión idealista tiene un trasfondo distinto pues jueces, pero también policías y fiscales, han crecido y socializado en ambientes donde probablemente la mujer tenía una posición no equitativa frente al hombre, tan igual como sucede para muchos ciudadanos. Así, entonces, como señala Siles, «[…] también en un cierto sentido-, puede igualmente decirse que en el razonamiento de un juez está la sociedad»78. Este último argumento se irá ilustrando más adelante pero puede resumirse en un par de puntos. En principio, quizá el más importante reside en la misma tesis sostenida por Siles, es decir, en que los operadores del sistema de justicia suelen restar valor a la manifestación de la agraviada aun cuando ésta haya sido reiterada, no haya variado y no existan motivos para presuponer enemistad con el agraviado como para tergiversar los hechos en contrapeso a otros medios probatorios que bien pueden dar fe de la existencia de la violación. La alimentación de este desbalance estaría dado por prejuicios sobre la conducta de la mujer que impiden que ésta ejerza plenamente sus derechos en los tribunales pues, además de enfrentarse al violador, deberá luchar contra los prejuicios de quienes la juzgan no sólo bajo el Derecho sino también bajo una moral trastocada. Sin mucha dificultad este desbalance en los medios probatorios fue recogido en varios de los entrevistados. Un juez de Abancay mencionó que «si las declaraciones del inculpado son coherentes, entonces hay motivo para absolver. [Sin ello] Sólo queda el dicho de la acusada». Otros entrevistados mencionaron que el examen ginecológico es la prueba que determina categóricamente la existencia de violación, reduciendo nuevamente el

78. Siles, Abraham. Con el solo dicho de la agraviada. ¿Es discriminatoria la justicia en procesos por violación sexual de mujeres? Lima, DEMUS, 1995, p. 13.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? valor de la palabra de la mujer pero también el de otros medios probatorios como el examen psicológico, obviado por el Poder Judicial, según un fiscal de Andahuaylas, pese al aporte que puede traer a la caracterización del caso tanto como para comprobar la veracidad de los hechos79. En efecto, así lo indican las cifras ya que en pocos casos se practica tanto a la agraviada (Apurímac 13.3%, Cajamarca 12.5%) como al acusado (Apurímac 6.7%, Cajamarca 6.3%). La desvalorización de la voz de la mujer en los funcionarios públicos está asentada y distorsionada por una concepción del hombre como un sujeto incapaz de contener su carga de violencia y sexualidad y que, por tanto, es capaz de desfogarse «válidamente» contra la mujer. Las palabras de un policía de Chota, encargado de recibir las denuncias por violencia familiar, fueron desconcertantes. Este sub oficial opta por responsabilizar a la mujer de la violencia que el hombre ejerce sobre ella: «[…] en el hogar el hombre es el bruto y la mujer lo controla […] la mujer es como el algodón de mi gorra. Uno lo puede mover, apretar e incluso hincar con una aguja y regresa a su forma tal como antes. Así es la mujer.» Momentos antes agregó que es la mujer quien comienza el ciclo de la violencia contra ella misma cuando, por ejemplo, no le lleva la comida a tiempo al hombre de campo80. En el mismo sentido, un juez superior de Abancay dejó en claro cómo bajo ninguna condición un hombre puede refrenar sus ansias sexuales incluso cuando exista riesgo contra su integridad. Haciendo un comentario sobre la audiencia oral de un caso donde un hombre de 18 años acuso a su pareja de haberlo violado, agregó de forma muy coloquial que le parecía imposible que un hombre no tenga una erección (sin la cual él no podría haber sido violado) si una «hembrita desnuda» se para frente a él. Más allá de la veracidad de la denuncia el juez dio bastantes indicios sólidos que harían notar su falsedad estos comentarios refuerzan en la judicatura la imagen del hombre como «macho incontenible», visión que puede ser una vía fácil para la aplicación de penas menores o incluso de la impunidad. La existencia de denuncias falsas no sería tan ajena a la realidad. Según varios entrevistados, existirían mujeres que abusan del sistema para convertirlo en un medio para ejercer venganza contra el hombre sea por parte de la supuesta víctima o de sus padres cuando éstos no aprueban la relación. Resulta curioso, no obstante, que en buena parte de las entrevistas a jueces, fiscales y policías, este tipo de casos haya merecido espacio en sus declaraciones pese a que, al ser preguntados, las denuncias falsas de violación sexual representarían, según ellos mismos, una mínima proporción del total. Quizá sea la muestra de

79. Un par de jueces manifestaron algunas críticas a los resultados del examen psicológico realizado por el Instituto de Medicina Legal. Sus objeciones giraban en torno a la similitud entre todos sus informes y al poco tiempo que al parecer permanecían en contacto con la agraviada para realizarlo. 80. En esta entrevista también participó un segundo policía que quedó sorprendido por la forma de pensar de su compañero al que hemos citado. Pese a tal corrección, este segundo policía luego también tuvo comentarios discriminatorios contra la mujer.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? cómo un fenómeno social (el de la violación sexual) se interpreta siempre desde un lado parcializado, tratando inconscientemente de librar de culpas a los del mismo género en una especie de espíritu de cuerpo que esconde detrás, nuevamente, la desvalorización de lo manifestado o denunciado por la agraviada. Estos comentarios no apuntan a concluir que toda denuncia de violación sexual sea veraz y menos aún que todos los operadores del sistema de justicia tengan una visión de género que no favorezca la corrección de su trabajo. Por el contrario, las entrevistas permitieron identificar a jueces, policías, fiscales y abogados con una posición que valoriza completamente a la mujer. Desafortunadamente, no representan la mayoría. 1.2. Insuficiente conocimiento de derechos La argumentación en torno al insuficiente conocimiento de derechos por parte de las mujeres violentadas sexualmente comparte los mismos ejes ya comentados cuando se tocó este mismo tema dentro del contexto social de los procesos de alimentos. Por ello mismo, las referencias a continuación dadas buscan ser bastante puntuales. Una de las limitaciones halladas es el bajo conocimiento que tienen las mujeres sobre sus derechos y sobre cómo y dónde hacerlos efectivos. La percepción de muchas mujeres sobre ellas mismas se choca en ocasiones con las necesidades del hombre y con el temor a su reacción, ocasionando un umbral de derechos bastante bajo. Un fiscal de San Marcos comentó el caso de una mujer que no denunció dos casos anteriores de violación por «no saber de justicia». En segundo lugar, este desamparo de derechos se une con dos factores adicionales: el bajo nivel educativo y la escasa presencia de redes de soporte e información para las agraviadas de violación sexual, todo lo cual condiciona una demanda de justicia no atendida, aspecto revisado en el siguiente punto. 1.3. Demanda de justicia no atendida Al igual que sucedió con el tema de alimentos, los diversos operadores entrevistados coincidieron en señalar que los actos de violación sexual que entran al sistema de justicia son menores que los que existen en la realidad. Esa diferencia es lo que se entiende como demanda de justicia no atendida. Este fenómeno, por supuesto, no es exclusivo de los procesos judiciales analizados. Es más, es parte natural de la judicialización de conflictos. Parecería ser que buena parte de la demanda no atendida provendría de zonas rurales, a pesar que las cuatro provincias estudiadas tienen índices de ruralidad importantes, sobre todo Chincheros y San Marcos. Inicialmente, se pensó que, al estudiar los expedientes judiciales, el factor rural tendría un importante componente de denuncias provenientes de lo rural. No obstante, la realidad no lo pide confirmar. Básicamente se trató de casos provenientes de zonas urbanas. Estos datos son 145

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? indicios que apuntan a que los delitos de violación sexual estarían seguiendo otras vías para su tramitación (rondas campesinas, autoridades comunales), quedando sin ser denunciados o bien detrás existirían concepciones de sexualidad que legitiman estos actos. La cercanía a la autoridad así como la presencia de redes de apoyo que faciliten o den viabilidad a las denuncias por violación sexual son limitadas y en ocasiones sus servicios no son los mejores. Un abogado de Chota fue bastante tajante al mencionar que se denuncian las violaciones sexuales que ocurren en la ciudad o cerca de ésta ya que recurrir a la autoridad es geográficamente factible, lo que es más difícil de lograr en zonas rurales como buena parte del territorio de las provincias estudiadas. Dada su cercanía, la comisaría suele ser la primera opción de denuncia, al igual que las rondas campesinas en zonas donde su influencia es notoria (como en Chota). Hay comisarías que cuentan con oficinas u oficiales destacados para atender este tipo de denuncias y realizar las investigaciones. No obstante, la especialización del personal policial no siempre es de las mejores. Los fiscales de las zonas de estudio señalan recibir directamente algunas demandas pero en cuantía mínima. Los CEM del Ministerio de la Mujer solo están presentes en Andahuaylas, Chincheros y Chota pero no en San Marcos. La DEMUNA tiene presencia en estas cuatro provincias pero sin mucho margen de maniobra. Reciben casos pero están prohibidos de litigar aun cuando la necesidad lo exija, como en las zonas donde no existen abogados de oficio (caso de Chincheros y San Marcos). La presencia y capacidad de consultorios jurídicos gratuitos u otros medios similares también es bastante restringida. Hasta el 2009, sólo PROJUR brindaba este tipo de servicios en las provincias de estudio. Las casas de albergue para mujeres que sufren este tipo de maltratos tampoco existen en estas zonas. El Instituto de Medicina Legal o, en su ausencia (como en Chincheros y San Marcos), los establecimientos de salud del Ministerio de Salud, forman parte del soporte médico y psicológico hacia la agraviada. Desafortunadamente las condiciones de atención médica no son siempre las adecuadas por la falta de privacidad, capacidad de diagnóstico, dedicación de tiempo, carga de trabajo así como por las dificultades de las agraviadas para trasladarse hasta las instalaciones.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Ilustración 14 Instituciones vinculadas al sistema de justicia en la temática de violación sexual en las zonas de estudio

Elaboración propia.

Aun cuando la denuncia de violación sexual llegue al sistema, es probable que encuentre otro tipo de barreras incluso desde el momento de sentar la denuncia. Un fiscal de Andahuaylas señala que en ocasiones la comisaría filtra algunas denuncias sin criterio alguno mediante la intimidación. Según este operador, muchas denuncias se quedarían en las comisarías en razón de actitudes del personal policial que se resumen en frases del tipo «vas a denunciar por gusto, no tienes pruebas». Otro tipo de maltratos por parte del personal policial hacia las denunciantes también ha sido recogido en otras entrevistas. Gritos, comentarios discriminatorios o hasta otros con un fin de burla, serían parte de este repertorio indigno de la función policial. Las deficiencias del sistema de justicia al procesar las denuncias por violencia sexual empujan a la población a buscar vías alternas. En ese sentido, las rondas juegan un rol importante sobre todo en Chota donde estas formas de organización aún tienen un peso representativo. Una de las grandes ventajas que ofrece la justicia administrada por las rondas frente a la actuación del Poder Judicial yace en el menor costo económico y en la menor duración. Aunque haría falta apoyarse en estudios concretos, la percepción de algunos operadores de justicia entrevistados es que las rondas pierden imparcialidad cuando juzga a un supuesto violador que tiene parentesco con uno de los ronderos. La misma percepción fue registrada por la madre de una víctima de violación por lo cual, luego, prefirió acudir a la comisaría para buscar justicia. El equilibrio de la visión de género en las rondas también es un tema por investigar, según la opinión de una abogada. 147

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Por último, otro de los factores que ocasiona la existencia de una demanda de justicia no atendida es el silencio con que la agraviada o su entorno envuelve a los hechos ocurridos ya que falsamente se antepone el honor de la mujer o de la familia frente a la búsqueda de justicia en los tribunales. El temor a futuras agresiones es un factor autoritario que refuerza el silencio de la agraviada. Además, el silencio también se convierte en opción por el temor a la imagen que se creará sobre la mujer sexualmente violentada así como sobre su familia. En casos más dramáticos, el silencio de la agraviada obedece a mantos culturales complejos que, de mayor presencia en lo rural, asumen como normal la existencia de tocamientos indebidos o de relaciones sexuales entre padres e hijos, sea porque los hermanos o hermanas también lo sufren, porque la madre lo consiente o no lo censura, porque el violador ejerce sobre su víctima un nefasto convencimiento sobre la escasa importancia de sus actos, entre otros tantos factores. En cierta forma, un juez de Andahuaylas se aproxima a resumir varios de estos factores culturales en lo que, según él, es la explicación de por qué muchos casos nunca llegan al sistema de justicia: «se denuncia en casos excepcionales pues [la violación sexual] es su cultura. Denuncian cuando son traicionadas». El problema arriba descrito hace alusión al relativismo cultural, es decir, el condicionamiento de los derechos de la mujer a los ambientes más adaptados a una cultura occidental o moderna o, por antítesis, no urbana. Sobre esa base, una jueza de Cajamarca justificó que en el campo las denuncias de violación sexual no se interpongan de forma inmediata, aludiendo que este delito es una particularidad más dentro de las costumbres de ciertas poblaciones alejadas culturalmente de lo urbano: «Se puede exigir una denuncia inmediata a alguien como nosotros. En campo no, es casi una forma de vida.» La normal penal contempla el error de compresión culturalmente condicionado pero, como se desarrollará más adelante, los jueces fallan largamente en acoplarse a los mandatos de la propia Corte Suprema para tomar el tema cultural como un factor que exime de responsabilidad penal (priorización indebida de los derechos colectivos prácticas culturales por encima de los individuales libertad sexual, vida sin violencia, etc). También se dan casos donde el silencio obedece a la represión de los padres sobre la libertad sexual de sus hijas menores de edad. Al enterarse los padres que su hija está teniendo relaciones sexuales con su pareja, consideran esta conducta como un acto impropio que merece identificar al supuesto violador para su procesamiento penal. Al decir de diversos entrevistados, estos casos no serían pocos aunque no se ha podido verificar este hecho estadísticamente. De una u otra manera, todos estos aspectos condicionan la represión del acto de denuncia por parte de la mujer agraviada. Ello implica no hacer uso pleno del sistema de justicia como vía para canalizar y penalizar las conductas delictivas, 148

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? tarea para la que justamente se ha erigido este sistema, y así evitar la impunidad de los agresores. El costo de callar o de denunciar tardíamente la violación sexual no tiene un reflejo económico aunque seguramente podría establecerse un vínculo entre el síndrome post traumático y variables como la productividad laboral y la capacidad de logros personales que finalmente podrían influir en la capacidad de generación de ingresos de la agraviada y en la posibilidad de una mejor calidad de vida. Aún reconociendo ello, la premisa fundamental está en cómo el silencio de la agraviada genera costos no económicos que afectan diversos aspectos de sus derechos, sus condiciones de acceso a la justicia (derechos de acceso a la justicia, a una vida libre sin violencia, a la libertad sexual, a la integridad física, etc.) e incluso la crianza de sus futuros hijos. Las denuncias tardías, si bien llegan finalmente al sistema, no podrán basarse en los resultados de los exámenes médico ginecológicos, tan importantes para los jueces, dado que las huellas del delito que sirven para la condena tienden a desaparecer a los pocos días de ocurridos los hechos. Teniendo como base la sola manifestación de la agraviada, el caso no debería pero puede potencialmente perder fuerza dados los prejuicios que tienden a desvalorizar a la mujer incluso cuando otra mujer es quien juzga. Una magistrada de Cajamarca manifestó que la credibilidad del caso se pierde cuando las denuncias provienen de mujeres con varios meses de embarazo: «si ya tiene meses de embarazo ya no es violación». 2.

Caracterización de las mujeres agraviadas en casos de violación sexual

Las diversas fuentes a la mano en los casos de violencia sexual hacían factible armar más de un perfil, mayormente contradictorios, de la agraviada. La explicación está en cómo las estrategias legales de los abogados buscan dibujar una determinada imagen a la mujer de forma tal que favorezca a una de las partes. Para evitar tales distorsiones la construcción del perfil de la agraviada fue hecha sobre la base de datos objetivos como la edad y el nivel de estudios, a lo que se le agregó el tipo de relación que mantenía con el agresor. La estructura de edades al momento de la violación sexual muestra que la mayor parte de ellas son menores de edad. En Apurímac, donde se tienen los datos completos, prácticamente 3 de cada 4 agraviadas no había alcanzado la mayoría de edad cuando sufrió la violación (especial atención merece un caso de Apurímac donde una de las agraviadas tenía 6 años al momento de los hechos). Incluso si acotamos este dato a las menores de 14 años, a las que la ley no le reconoce la capacidad de decidir sobre su libertad sexual, el grupo sigue siendo aún algo importante (20% en Apurímac). Por el contrario, son pocas las víctimas mayores de edad, lo que da cuenta sobre la 149

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? vulnerabilidad que buscan los agresores en sus víctimas. Quizá no se trate únicamente de ello sino que el mayor escándalo social que significa la violación de una menor de edad conlleva a la judicialización del caso. La cantidad de denuncias de violaciones contra mujeres mayores, sobre todo en el ámbito de la pareja, puede ser mermada por concepciones culturales y falsas creencias sobre la disponibilidad del cuerpo y la sexualidad de las mujeres. El nivel de estudios de las agraviadas está sin duda influenciado por la edad. Aunque no todos los expedientes especificaron el nivel de estudios, en ninguno de los casos detectados fue mayor a la secundaria. En suma, lo que estos pocos datos muestran es que los agresores tienen cierta tendencia a elegir víctimas bastante jóvenes probablemente porque vean en ellas una mayor vulnerabilidad de la cual pueden sacar provecho para sus actos infames, lo cual, sin embargo, no necesariamente es un espejo de la problemática que nunca llega a los juzgados. Cuadro 27 Edad de las agraviadas por violación sexual

Nota: De los 13 casos de Cajamarca sin el dato de edad preciso, se sabe que 10 eran menores de edad. Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de violación sexual. Elaboración propia

Cuadro 28 Nivel de estudios de las agraviadas por violación sexual

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de violación sexual. Elaboración propia

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? 3.

Caracterización de los agresores en casos de violación sexual

Una lectura general al perfil de los agresores sexuales elaborado en base a los datos de los expedientes judiciales no arroja la imagen de una persona aislada de la sociedad que solamente mediante el uso del alcohol o drogas es capaz de cometer delitos de semejante gravedad. Definitivamente, su perfil psicológico ofrecería otras respuestas. La intención del perfil que se presenta en estas líneas busca desmitificar que los autores de estos delitos sean siempre sujetos marginales (delincuentes, alcohólicos, drogo dependientes, etc.)81. En principio, la totalidad de los casos en Apurímac y Cajamarca sindica a un solo autor como el que cometió el delito. El sexo del agresor también arroja cifras claras. En Apurímac, todos los agresores fueron hombres en tanto que en Cajamarca un alto porcentaje fue de este sexo (87.5%). La gran mayoría manifestó ser soltero (Apurímac 60%, Cajamarca 81.3) y tener una actividad generadora de ingresos que varió generalmente entre la agricultura y el comercio. El nivel educativo de los agresores tampoco se muestra particularmente bajo. Son pocos los que no tienen estudios o solo cuentan con primaria. El patrón de edades de los agresores al momento de la violación resalta la gran diferencia con sus víctimas. El promedio de edad en Apurímac es de 28 años y en Cajamarca algo menos (24). Los agresores menores de edad son pocos (Apurímac 20%, Cajamarca 6.3%) y corresponden a denuncias de violación dentro de la pareja. La mayor parte estaría entre la mayoría de edad y los 30 años. Cuadro 29 Datos varios de los agresores (número, sexo, estado civil, antecedentes penales y uso de alcohol o drogas)

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de violación sexual. Elaboración propia.

81. De todas formas hay que tener en cuenta que dentro de los casos revisados hubo personas que luego del proceso judicial fueron declaradas inocentes, lo que probaría su inocencia aunque en algunos casos las sentencias se apoyaron en puntos bastante débiles.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Cuadro 30 Nivel educativo de los agresores

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de violación sexual. Elaboración propia.

Cuadro 31 Ocupación de los agresores

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de violación sexual. Elaboración propia.

Cuadro 32 Edad del agresor sexual

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de violación sexual. Elaboración propia.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? La relación entre agraviada y agresor arroja perfiles distintos en Apurímac y Cajamarca, lo que es indicio de la existencia de patrones diferenciados de los casos denunciados seguramente por razones de índole social, económica y cultural. Los resultados ayudan a reconocer la cercanía entre agresores y víctima. Y es justamente esa proximidad, alimentada con la imagen límite que se les da los violadores en los medios de comunicación, que contribuye a mermar la veracidad del testimonio de la agraviada dentro de su círculo familiar. Cuadro 33 Relación entre agraviada y agresor

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de violación sexual. Elaboración propia.

Es interesante notar que en Apurímac la figura del violador desconocido no es mayoritaria (33.4%), lo que señala que en gran parte de los casos el agresor está presente en la vida diaria de la agraviada (un 40% de casos son violaciones dentro de la pareja). En Cajamarca, en cambio, la violación sexual por parte de un desconocido es la mayoritaria por encima del resto (63%). En casos contados, los agresores registran problemas anteriores con la justicia. La presencia de antecedentes penales es insignificante (Apurímac 6.7% y Cajamarca 6.3%), resultado que por lo menos en las zonas de estudio contribuye también a desmitificar la imagen límite del violador sexual y a poner más vigilancia sobre los círculos más cercanos a la mujer. Más que representar un resumen de la problemática en la familia o la inseguridad ciudadana, estos datos demuestran que el agresor sexual no destaca por alguna característica particularmente negativa que lo haga fácilmente identificable dentro o fuera de la familia. Todo lo contrario, su perfil (fuera de lo psicológico) lo ubica como un miembro cercano a círculos íntimos de la víctima. 4.

Caracterización de los procesos de violación sexual

Los procesos penales de violación sexual están diferenciados en función de si la agraviada es menor o mayor de edad. Las mayores de edad pasan por un proceso en vía sumaria que, en buena cuenta, implica menos actores y etapas y, por consiguiente, una 153

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? menor duración. Es el mismo juez quien decide abrir instrucción (a partir de la investigación del fiscal) el que luego sentenciará. El 26.7% y 18.8% de los casos sistematizados para esta investigación en Apurímac y Cajamarca, respectivamente, fueron tramitados por vía sumaria. En cambio, si la agraviada es menor de edad, el proceso se tramitará por la vía ordinaria e intervendrán jueces y fiscales de niveles jerárquicos distintos. En estos casos, las Salas superiores son las que sentencian, existiendo incluso la posibilidad que el expediente llegue a la Corte Suprema en casación (no se dio en ninguno de los casos sistematizados). El 73.3% de los expedientes en Apurímac y el 81.2% en Cajamarca se tramitaron por vía ordinaria. En uno u otro caso, antes de entrar de lleno al estudio de los costos generados a su alrededor, es importante tener en cuenta las principales características de estos procesos. Los siguientes dos puntos se dedican a delinear los principales rasgos de las denuncias de violencia sexual y de sus resultados. Ilustración 15 Etapas del proceso judicial de violencia sexual (procesos ordinarios)

Elaboración propia

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Ilustración 16 Etapas del proceso judicial de violencia sexual (procesos sumarios)

Nota: Estos casos pueden llegar a la Corte Suprema vía la interposición de recurso de queja. Elaboración propia



Cuadro 34 Vía procedimental de los procesos de violación sexual

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de violación sexual. Elaboración propia

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? 4.1. El perfil de la denuncia por violación sexual Por lo general, las denuncias por violencia sexual se inician en las comisarías. Los efectivos policiales reciben la denuncia y realizan las acciones de investigación para luego remitir el respectivo informe al fiscal. Desde entonces hasta la sentencia, existe una serie de pasos, hechos o datos importantes cuya precisión es útil para graficar o tener una idea general de cómo se desarrolla el proceso. A continuación se revisarán los siguientes puntos: (i) tiempo entre los hechos y la denuncia y (ii) situación jurídica del agresor. 4.1.1. Tiempo entre los hechos y la denuncia Uno de los temas clave para recabar el adecuado material probatorio está en el tiempo que transcurre entre la violación y su denuncia. Mientras menor sea el tiempo entre estos dos hechos, el examen médico ginecológico realizado a la mujer estará en mejores condiciones de detectar los rastros que dejó la violación sexual sean éstos lesiones en la vagina o ano, marcas en los brazos o piernas u otras partes del cuerpo, así como las diferentes huellas que deja el agresor (restos de semen, vellos púbicos, restos de piel en las uñas de la agraviada, etc.), entre otros. Los resultados del examen médico ginecológico no son la única fuente para determinar la violación. Bajo ciertos supuestos, las manifestaciones, testimonios u otros son medios que bastan para la sindicación y condena del agresor. No obstante, algunos jueces suelen tener una fijación especial sobre los resultados del examen médico al punto de considerarlos como la prueba por excelencia. Así lo señalan algunos abogados, fiscales y hasta jueces de las zonas de estudio. Además, un abogado entrevistado lamenta que la jurisprudencia nacional no sea uniforme al respecto y que, por tanto, privilegie el examen médico por sobre la denuncia o testigos de parte. Para los magistrados que sobrevaloran el examen médico ginecológico, la conclusión que da fuerza a la condena es la que señala la existencia de «desfloración reciente» u otro tipo de lesiones recientes en la zona vaginal o en la vulva, es decir, con menos de 10 días de ocurrida. Pasado este tiempo, el protocolo médico ordena calificar cualquier lesión como «desfloración antigua», lo que corresponde a un daño infligido en un momento en el tiempo que no es posible determinar con precisión. En otras palabras, la desfloración antigua tiene un peso casi nulo para probar la existencia de violación sexual en la agraviada. Así, por ejemplo, según los datos registrados en Apurímac y Cajamarca, cuando el resultado del examen médico fue «desfloración antigua», se condenó a un 45% de los agresores. En cambio, cuando el examen arrojó «desfloración reciente» el 80% de los casos recibieron condena. 156

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? La oportunidad para presentar la denuncia es clave. En Apurímac, un 40% de ellas se interpuso dentro de los 10 días de ocurrida la violación, es decir, aún en el margen oportuno de tiempo para que los resultados del examen médico no sean calificados como lesiones antiguas, ello asumiendo que el cuerpo de la mujer aún guarde el material probatorio. En esta misma región, un 20% de las denuncias se presentó incluso al día de los sucesos. El problema está en ese otro 60% de denuncias interpuestas luego de transcurridos los 10 días desde los hechos (asumiendo que son denuncias basadas en hechos verdaderos). En tales casos, el examen médico ginecológico tendrá una efectividad mermada y con ello la acusación perderá fuerza si el caso cae en las manos de los jueces que extra valoran este medio probatorio, lo que potencialmente puede llevar a la impunidad y a la creación de un ambiente judicial poco seguro para el procesamiento de este tipo de denuncias. Cuadro 35 Tiempo entre los hechos y la denuncia

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de violación sexual. Elaboración propia.

4.1.2. Situación jurídica del agresor Por lo general, la gravedad de los delitos de violación sexual implica la existencia de cierto riesgo de fuga del agresor que, en conjunto con otros factores, sirven de marco de referencia para que el juez decida ordenar su detención para el desarrollo del proceso. Sea por mandato o flagrancia, la detención de los acusados de violación sexual no es tan alta como se esperaría, llega a 53.3% en Apurímac y a 37.6% en Cajamarca. Amerita, por tanto, un mayor estudio de si verdaderamente los jueces están estudiando y motivando adecuadamente la situación jurídica del acusado, dado que una mala decisión puede ser motivo para la dilación del proceso (inasistencia a citaciones) o incluso para su frustración definitiva (fuga). Un par de jueces entrevistados señalaron que en ocasiones los abogados de los agresores les recomiendan «alejarse durante un tiempo» hasta que el proceso se enfríe. 157

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Cuadro 36 Situación jurídica del agresor durante el proceso

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de violación sexual. Elaboración propia.

En otro de los expedientes revisados, la falta de firmeza, por decirlo de alguna forma, ocasionó que el acusado detenido (reincidente en el mismo delito), sea puesto en libertad para luego nunca más comparecer al proceso. Todo indica que la Fiscalía habría tenido cierto grado de complicidad. El fiscal a cargo emitió un informe a favor del pedido de libertad provisional para el inculpado, aun cuando éste había admitido el delito en su manifestación y aun cuando la Policía recogió este hecho. Luego, el juez admitiría el pedido sin mencionar el reconocimiento del propio acusado sobre el delito82. Los jueces y fiscales deben poner mayor atención a estos detalles y encauzar un proceso dentro de las posibilidades justas, sin vulnerar los derechos de ninguna de las partes, mediante la determinación de la eficacidad de mantener en libertad o bajo comparecencia al procesado durante el año o más que en promedio duran estos casos. De no ser así, aparecen conductas discrecionales que pueden privilegiar la impunidad por encima del derecho de acceso a la justicia de las mujeres agraviadas con una violación sexual. 4.2. Los resultados de las denuncias por violación sexual En los siguientes puntos se presentarán algunas de las características básicas alrededor de la forma como terminan las denuncias interpuestas por violación sexual. Cinco aspectos serán abordados: (i) formas de conclusión del proceso, (ii) penas solicitadas y penas impuestas, (iii) frecuencia y monto de reparación civil, (iv) interposición de apelaciones y (v) duración de los procesos. Su objetivo es servir de marco de referencia para comprender los resultados obtenidos por las agraviadas en su contacto con la justicia así como servir de contexto para la posterior definición de sus costos de acceso a la justicia.

82. Expediente 113-1996, juzgado penal de Andahuaylas. (Ver sentencia en los anexos).

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? 4.2.1. Formas de conclusión del proceso Cuando se trató de casos ordinarios (menores de edad), la proporción de condenas impuestas fue variable según se trató de Apurímac (27.3%) o Cajamarca (53.8%). En el resto de casos, de una u otra forma, el agresor no recibió pena alguna. En ambas regiones, el porcentaje de absoluciones fue bastante similar y equivalió grosso modo a 1 de cada 3 casos (Apurímac 36.4% y Cajamarca 38.5%). Dentro de los casos sumarios (mayores de edad), fueron pocos los casos identificados. Al respecto, las sentencias condenatorias siempre fueron mayoría (Apurímac 75% y Cajamarca 66.7%). La intención de estas cifras no es la de criticar la tasa de casos con condena. Ello implicaría un estudio expediente por expediente e incluso hasta retomar contacto con algunas de las partes. Más bien, estas cifras buscan dejar un retrato de los resultados obtenidos al finalizar los procesos judiciales, a partir del cual se formulen preguntas que otras investigaciones intenten explicar. ¿Por qué hay tan pocos casos con sentencias condenatorias sobre todo en Apurímac? ¿Esto se explica por la fuerte cantidad de denuncias falsas o por las deficiencias para la probanza? Si el meollo del asunto está en esto último, ¿en quién recae esa responsabilidad: la agraviada o el personal a cargo de la investigación y de su impulso? Un papel más protagónico de los operadores del sistema de justicia, especialmente de la fiscalía como titular de la acción penal, podría revertir esta situación que, en términos estadísticos, parece revelar cierta gravedad en ambas provincias estudiadas. En fin, son preguntas cuyas respuestas escapan a esta investigación pero que sería interesante que en adelante sean retomadas. Cuadro 37 Formas de conclusión del proceso de violación sexual

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de violación sexual. Elaboración propia. 159

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? 4.2.2. Penas solicitadas y penas impuestas El Código Penal establece una serie de mínimos y máximos como pena imponible para los delitos de violación sexual, en función de la edad de las personas agraviadas, la violación de una persona en incapacidad de resistencia, la violación de persona en estado de inconsciencia o en la imposibilidad de resistir, etc. Las penas varían entre los 4 años de prisión efectiva y la cadena perpetua en casos de víctimas menores de 7 años. La pena mínima en casos de violaciones de menores de edad es de 20 años. La participación de la Fiscalía dentro del proceso penal toma fuerza en la formulación de la acusación fiscal, documento que declara haber mérito o no para la absolución o la condena del procesado. Además de encontrar responsabilidad, el fiscal sugiere la pena. La acusación fiscal no es vinculante y el juez puede, a la luz del estudio del expediente, emitir su fallo acogiendo lo esgrimido por la Fiscalía, variarlo ligeramente o no tomarlo en cuenta. Cuadro 38 Pena impuesta vía sentencia

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de violación sexual. Elaboración propia. Cuadro 39 Tipo de pena impuesta vía sentencia

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de violación sexual. Elaboración propia.

Los datos muestran algunos aspectos interesantes. En primer lugar, que un 30% de sentenciados en Cajamarca habría recibido como pena menos del mínimo legal. En segundo lugar, la mayor parte de condenas estaría entre los 4 y 10 años, habiendo sido tramitados todos estos casos por la vía sumaria. En 160

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? tercer lugar, la presencia de condenas con suspensión de la pena se registró en ambas regiones con mayor fuerza en Cajamarca donde alcanzó a poco más de un cuarto de las sentencias condenatorias (27.3%)83. El conjunto de estos resultados nos empuja a concluir que los jueces están aplicando un bajo umbral para el establecimiento de condenas reflejado en que algunas de ellas se establecen por debajo del límite legal (sin basarse en atenuantes válidos como se desarrollará más adelante) e incluso en otros casos se recurre a la figura de pena suspendida aun cuando la norma no lo contempla. Este proceder no sólo evidencia un manejo discrecional del Derecho y un alejamiento no sustentado de las normas fijadas para homogenizar el trabajo de los jueces, sino que además debilita enormemente la predictibilidad del sistema de justicia y crea un ambiente de impunidad que transmite una magra sensación de confianza y justicia hacia las agraviadas y hacia la sociedad. Lo que es peor, al no sentar precedentes ejemplares, indirectamente se promueve la impunidad. El problema de las penas bajas parecería estar más en los jueces que en los fiscales. Como se observa en el cuadro respectivo, las penas promedio propuestas por el Ministerio Público siempre han sido bastante más altas que las finalmente adoptadas por los jueces. En algunos casos, incluso tres o cuatro veces mayores que las penas decretadas en promedio por los jueces. Cuadro 40 Promedio de penas solicitadas por la Fiscalía y finalmente impuestas por el Poder Judicial

Nota: Sólo se incluyeron los casos donde hubo condena, es decir, donde un mismo caso contaba con penas solicitadas e impuestas, puesto que caso contrario los promedios incluirían datos en lo fiscal y no en lo judicial, distorsionando así los resultados. Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de violación sexual. Elaboración propia.

Si debiéramos encontrar alguna explicación por «fuera del Derecho» a la fijación de penas benignas (y también a la determinación de montos de reparación civil reducidos, tal como se abordará en el siguiente punto), podríamos recurrir a lo que un abogado entrevistado señaló. Según éste, las

83. Al parecer, esta práctica estaría extendida a otros distritos judiciales. La Sala Mixta de Cusco ha publicado una sentencia (21 de febrero del 2005) donde impone una pena de 1 año de prisión suspendida en un caso de violación de menores. En: http://www.auditoriajudicial.org.pe/aj/MASTERS/JRODRIGUEZ/ resoluciones_numeradas/36.pdf

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? penas impuestas por los jueces en los casos graves como los de violación sexual obedecen al poder total de decisión del juez (y, por ende, carga psicológica) sobre la privación de libertad de una persona. Por contraposición, siguiendo esta lógica, ello querría decir que el fiscal no carga con ese peso psicológico y, entonces, su criterio puede ajustarse rígidamente a los elementos establecidos en la norma penal así como a otros factores como circunstancias del hecho, grado de participación, habitualidad, reincidencia, confesión sincera, conclusión anticipada, colaboración eficaz, etc. Una explicación quizás más completa puede basarse en lo siguiente. A través de sus normas y su aplicación, el Derecho penal determina la importancia para la sociedad de los bienes jurídicos que, entonces, pasan a ser jurídicamente protegidos. De la especificación de la norma a su aplicación por parte del juez, corre un trecho que puede ser afectado por la discrecionalidad del juzgador y por su valoración, en lo que nos importa, sobre ciertos aspectos de género. La norma penal más la propia interpretación del juez pueden dar cabida a un balance inapropiado entre el delito de violencia sexual y la sanción a aplicar cuando entra en juego una desvalorización de la libertad sexual de las mujeres. El manejo adecuado de la carga psicológica del magistrado al juzgar casos difíciles debe asumirse como parte natural de su labor, en lugar de rescatarse como un dilema profesional. De no ser así, el juez puede caer en una falsa disyuntiva sobre la gravedad del impacto de su sentencia en el agresor sexual y en la agraviada, ya que de por medio está en juego la privación de la libertad de una persona (fin tangible y observable) y la sensación de justicia de la agraviada (fin intangible y no observable). 4.2.3. Frecuencia y monto de reparación civil Los hechos materia de la violación sexual ejercen consecuencias de orden psicológico a la agraviada que afectan el normal desarrollo de su vida cotidiana, sus relaciones interpersonales, la vida laboral, etc. El marco legal contempla la posibilidad que la agraviada reciba una reparación civil como efecto reparador a los daños y perjuicios sufridos como producto de la violación sexual, asumiendo que una recompensa económica tiene algún grado de significancia para ella o que por lo menos le sirva parcialmente para cubrir los costos incurridos durante el proceso judicial o lo que tendrá que invertir en un posible futuro tratamiento psicológico. Para que la reparación civil sea factible, la agraviada debe constituirse como parte civil dentro del mismo proceso judicial habida cuenta que el titular de la acción penal es el Estado. La mayor parte de las agraviadas habría seguido esta ruta (Apurímac 73.3%, Cajamarca 93.8%). Leídos los expedientes, da la impresión que la estrategia de contar con un abogado obedece más a un objetivo de fortalecer la acusación que a un interés económico en la posible reparación civil. 162

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Cuadro 41 Agraviadas que se constituyeron como parte civil

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de violación sexual. Elaboración propia

El número de expedientes donde se identificó la orden judicial para la entrega de la reparación civil fue de 15, aun cuando los expedientes con sentencia condenatoria llegaron a 12. La diferencia está explicada por 3 casos en los que el agresor fue absuelto pero igualmente se ordenó que pague una reparación civil84. Los factores que fueron considerados como atenuantes para la absolución en estos tres casos estuvieron determinados por las contradicciones en las manifestaciones de la víctima, la falta de resistencia opuesta por la agraviada durante la violación y el hecho de haber formado pareja con el agresor85. Una sentencia absolutoria implica que luego de las investigaciones el juez llega al convencimiento que el delito no fue cometido. Entonces, es lógico que en estos casos, la reparación para la agraviada pierda todo sentido habida cuenta que los hechos que sustentan su denuncia fueron desestimados. No obstante, el hecho de haber encontrados los tres casos citados en el párrafo anterior donde las sentencias absolutorias conminan al agresor, ya absuelto, al pago de la reparación civil es un acto carente de toda lógica. Esta inconsistencia evidenciaría un problema mayor en algunos jueces encargados del juzgamiento de estos procesos: el desbalance entre la manifestación de la agraviada frente a otros factores que relativizan la gravedad de los hechos hasta el punto de convertirlos en algo menos que un delito. El promedio de reparación civil ordenado fue de 1.579 nuevos soles, cifra que a todas luces es insuficiente para cubrir los daños y perjuicios causados por el agresor86. Además, como se verá más adelante, el costo del abogado

84. Expedientes 2008-0012 (Chota), 2007-0101 (San Marcos) y 2007-0191 (Chota), todos de juzgados penales. 85. Aunque es difícil juzgar un caso complejo a partir de estos cortos enunciados, preocupa que estos «atenuantes» sirvan como argumentos para la exculpación dado que ellos evidencian prejuicios sobre la veracidad del testimonio de la mujer, la negación del efecto de la intimidación del agresor sobre la reacción de la víctima durante la violación sexual así como la negación de la posibilidad de violencia sexual dentro de una relación sentimental. 86. Al parecer este monto no sería muy distinto del que se impone en otras regiones. En un caso de violación sexual de menor de edad en Cusco, la Sala impuso una condena de 9 años de privación de libertad al acusado además de un pago de 1,500 nuevos soles de reparación civil (Exp. 188-03, 21 de febrero del 2005). En: http://www.auditoriajudicial.org.pe/aj/MASTERS/JRODRIGUEZ/resoluciones_numeradas/36.pdf

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? equivale aproximadamente a un cuarto de esa reparación civil (sin contar el resto de costos económicos que se presentan), mermando aún más la efectividad de esta medida de resarcimiento. Gráfico 20 Reparaciones civiles ordenadas

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de violación sexual. Elaboración propia.

Tres factores llaman la atención sobre la reparación civil. En primer lugar, alrededor de 1 de cada 3 reparaciones ordenadas está por debajo del sueldo mínimo vital, e incluso hay casos de reparaciones de 100 y 200 nuevos soles87. En segundo lugar, pareciera que los jueces sobrevaloran la capacidad económica del agresor al momento de determinar el monto de la reparación civil. No habría una valoración del delito en función a los hechos y perjuicios causados por la violación sino que la reparación parecería estar determinada en mayor proporción por la supuesta capacidad de pago del acusado o la realidad socioeconómica de la zona. En tercer lugar, en ninguno de los expedientes revisados se dejó constancia del pago parcial o total de la reparación civil. No es posible determinar si finalmente el condenado cumplió con su pago en forma total y oportuna. Además de incrementar los montos de la reparación civil, los jueces deberían tener una mayor participación y aplicar su poder de coerción para darle un sentido completo a la justicia. En todo caso, si eso ya se viene dando, es indispensable que el cumplimiento del pago de la reparación civil sea sustentado ante el juez y que no quede como un acuerdo entre las partes. En suma, la reparación civil es un medio que, a la luz de los datos hallados, no está siendo usado como un medio que verdaderamente pueda cumplir su cometido de reparación sobre todo frente a la gravedad del delito de violación sexual. Para muchas mujeres el monto de la reparación civil apenas o ni siquiera servirá para restituir los costos económicos derivados

87. Expedientes 2008-0007 (Chincheros) y 2008-0012 (Chota), ambos de juzgados penales.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? del pago a los abogados y otro tipo de costos como transporte, trámites, etc. La baja rigurosidad al determinar el monto de la reparación civil hace perder la oportunidad de ejercer plenamente el rol reparador frente a cada víctima pero también frente a la sociedad en su conjunto. 4.2.4. Interposición de apelaciones La cantidad de apelaciones al fallo final del juez no tiene una presencia tan importante en los delitos de violación sexual procesados judicialmente en las zonas de estudio, tal como lo muestran los datos. Grosso modo, 1 de cada 5 sentencias son apeladas. Lejos de que la apelación sea la demostración efectiva de la disconformidad con la sentencia, estas cifras deben leerse también bajo el contexto de haber pasado alrededor de un año en un proceso judicial psicológicamente desgastante. Es particular, por ello mismo, que a pesar que parte importante de las sentencias no condenan a los acusados, las agraviadas opten por no continuar con el litigio en una instancia superior. La carga económica y psicológica de extender y el costo beneficio de este episodio deben ser fuertes desincentivos. Llama la atención igualmente que la Fiscalía interponga con poca frecuencia recursos de apelación teniendo en cuenta que, tal como se vio en un cuadro anterior, los jueces determinan una pena bastante menor que la propuesta por la autoridad fiscal. ¿Se trata acaso de falta de interés o qué es lo que puede explicar esta falta de dinamismo? Bajo ningún caso, la apelación debe ser promovida por el simple hecho de no haber obtenido el objetivo en el proceso. De lo que se trata es de erigir un aparato de justicia donde acudir a una instancia más no represente un costo económico o psicológico importante al punto que reprima la decisión de continuar o no con el litigio, sino que materialice la justicia a ser satisfacer por parte de la parte agraviada y la sociedad. Cuadro 42 Tasa de apelaciones en los procesos de violencia sexual

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de violación sexual. Elaboración propia.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? 4.2.5. Tiempo de los procesos Las normas no son explícitas al momento de especificar cuál debería ser la duración de los procesos penales por violación sexual. Ante la ausencia de un referente oficial, sirve recurrir al cálculo hecho por la Defensoría del Pueblo en un estudio sobre la materia: según un análisis de diversos dispositivos legales, los procesos ordinarios deberían tener una duración no mayor a los 430 días (14 meses y 10 días) y los sumarios a 238 (7 meses y 28 días)88. Siguiendo esta línea, entonces, el sistema de justicia parecía estar respondiendo correctamente a los tiempos que maneja. La duración promedio de los procesos ordinarios estaría dentro del límite legal en Cajamarca (12 meses y 24 días) en tanto que en Apurímac se estaría excediendo ligeramente este parámetro (14 meses y 24 días). Gráfico 21 Duración de los procesos por violencia sexual

Notas: Se excluyeron 2 casos cuya duración distorsionaba los promedios (ambos procesos sumarios de 6 y 12 años en Cajamarca y Apurímac respectivamente). No toma en cuenta el tiempo en apelación pues sólo se registraron 2 casos que impugnaron sentencia. Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de violación sexual. Elaboración propia

No obstante, sin el ánimo de ser críticos, el plazo legal de los procesos ordinarios se muestra a todas luces exagerado incluso teniendo en cuenta la cantidad de actores que intervienen (dos niveles en el Ministerio Público y dos niveles en el Poder Judicial). En principio, un proceso de más de un año, tal como lo avala el límite legal, significa un periodo de tiempo bastante perjudicial para una persona que sufrió una violación. Es más, puede ser contraproducente para el mismo caso porque la demora en el proceso hace que la agraviada olvide detalles de los hechos sufridos y, en consecuencia, caiga en contradicciones

88. Defensoría del Pueblo. La aplicación de la justicia penal ante casos de violencia sexual perpetrados contra niños, niñas y adolescentes. Lima, Informe defensorial 126, 2007, p. 107-108.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? involuntarias. De otro lado, también significa un periodo bastante amplio para que un acusado esté legalmente privado de su libertad, si así optó el juez, sin que el caso se resuelva. Las cifras sobre la duración promedio de los procesos ordinarios no necesariamente se deben a una eficiencia en el funcionamiento del aparato judicial sino a un límite legal bastante condescendiente. Igualmente, creemos que el plazo legal de los procesos de violación sexual por vía ordinaria, más allá de reflejar una referencia legalmente válida para la resolución de los procesos, le da a las autoridades un tiempo holgado e innecesariamente flexible que no se condice con la gravedad del delito cometido (violaciones a menores de edad). En cuanto a los procesos sumarios, los tiempos de resolución hallados están por fuera del promedio legal. En Apurímac, estos casos duraron en promedio 9 meses y 18 días, en tanto que en Cajamarca bastante más (16 meses y 27 días). En realidad, la problemática de la dilación de los procesos de violación sexual va más allá de este tipo de delitos y se extiende a casi toda la problemática penal y, en general, judicial. Los procesos penales padecen de lentitud por su carácter inquisitorio y escrito, además de otras formalidades, que obligan, por ejemplo, a que la investigación del delito se repita como es el caso de los procesos ordinarios. El nuevo Código Procesal Penal introduce un modelo mucho más ágil que deberá reducir notablemente los tiempos de resolución de estos procesos judiciales. Desafortunadamente, hasta su implementación en las regiones en estudio (2011 en Apurímac y 2010 en Cajamarca), muchas agraviadas seguirán atravesando procesos largos, burocráticos y pesados que les ocasionarán fastidios, molestias y diversos tipos de costos, así como vulneración de ciertos de sus derechos (acceso a la justicia, a la tutela jurisdiccional efectiva, etc.)

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? II. Los costos del acceso a la justicia en los procesos de violación sexual en las zonas de estudio Este último capítulo aborda los costos en que incurren las mujeres que denuncian hechos de violación sexual, tanto antes, como durante y después del proceso judicial en el que estuvieron inmersas. La presentación de los costos sigue la clasificación funcional de los costos de acceso a la justicia, la cual se articula con las clasificaciones típicas de las barreras del acceso a la justicia. Con el objetivo de hacer recordar al lector, esta clasificación está construida alrededor de los siguientes cuatro puntos: (i) costos derivados del sostenimiento y acompañamiento del proceso judicial, (ii) costos derivados de deficiencias en el funcionamiento del sistema de justicia, (iii) costos derivados del funcionamiento del mercado de servicios legales y de la actuación de los abogados y (iv) costos derivados de afectaciones en las esferas personal e interpersonal. Los procesos penales por violación sexual guardan ciertas características que determinan la naturaleza de los costos de acceso a la justicia para las mujeres agraviadas. En principio, las tasas judiciales no están contempladas dentro del proceso judicial. En segundo lugar, la agraviada no está en la necesidad de contar con un abogado (salvo para constituirse como parte civil con el objetivo de poder solicitar una reparación civil o presentar una apelación) habida cuenta que el Ministerio Público es el titular de la acción penal. El conjunto de estas características determina que gran parte de los costos enfrentados por la agraviada en los casos de violación sexual no sea de corte económico sino, más bien, de tipo no económico de realización potencial o invisible y algunos otros de realización económica no inmediata. Por estas razones, este capítulo tiene una entrada cuantitativa menor que el capítulo sobre los costos en los procesos de alimentos. Finalmente, es oportuno mencionar dos aspectos fundamentales a los que se arribó luego del estudio de las fuentes que dieron origen a este capítulo. El primero es que la problemática de violencia sexual judicializada corresponde mayoritariamente a personas de las zonas urbanas de las cuatro provincias estudiadas en Apurímac y Cajamarca, ello aun cuando Chincheros y San Marcos son zonas eminentemente rurales. Dado que el fenómeno de la violación sexual no es netamente urbano (incluso algunos actores entrevistados señalaron que su incidencia es fuerte en zonas rurales), hay indicios para concluir que la población rural no denuncia estos hechos o busca vías alternativas para su solución (rondas campesinas, autoridades comunales, etc.) aun cuando sea el Poder Judicial quien deba ver exclusivamente estos casos. He ahí una muestra de cómo diversos costos, expresados como barreras de orden social o económico e incluso cultural, alejan a la población de la opción institucional que ofrece el Poder Judicial. 168

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? El segundo aspecto concierne a los costos antes del proceso judicial, entendiéndolos como el periodo anterior a la denuncia sea que ésta se haya interpuesto de parte o de oficio. A la luz de los datos obtenidos en los expedientes judiciales, así como en las entrevistas a operadores de justicia y agraviadas, no hay mayores pistas a seguir respecto a la existencia de este tipo de costos. En todo caso, el único gran costo es el que se deriva del silencio eterno de la víctima. En otras palabras, esa cifra negra y desconocida de las violaciones sexuales que nunca llegan al sistema de justicia. Ilustración 17 Esquema de interrelación de costos de acceso a la justicia en los procesos de violencia sexual

Elaboración propia.

1.

Los costos durante el proceso judicial

Desde el primer contacto con la justicia, la mujer que sufrió una violación sexual está expuesta a diversos prejuicios o discriminaciones por parte de los agentes que atienden su caso o a deficiencias del propio sistema de justicia. El contacto con los policías que reciben y tramitan su denuncia, las manifestaciones frente a éstos o frente a los fiscales ofrecen focos de riesgo para la revictimización de la mujer. Los costos de corte no económico se derivan de estas y otras acciones, y tienen un efecto casi directo sobre la constitución de la mujer como persona y su capacidad de sobrellevar el proceso. Otros costos de corte económico también deben ser enfrentados como la contratación de abogados particulares, los gastos en transporte, trámites u otros. En lo que sigue, se presentarán los costos de acceso a la justicia identificados durante el proceso judicial de violación sexual, ordenados en función de tres temas: (i) Costos derivados del sostenimiento y acompañamiento del proceso judicial, (ii) costos derivados de deficiencias en el funcionamiento del sistema de justicia y (iii) costos derivados del 169

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? funcionamiento del mercado de servicios legales y de la actuación de los abogados89. Ilustración 18 Costos de acceso a la justicia durante el proceso judicial

Elaboración propia.

1.1. Costos de sostenimiento y acompañamiento del proceso judicial Los costos incluidos en esta clasificación están vinculados a las acciones que realizó la agraviada o sus familiares para poder iniciar y sostener la defensa legal durante el proceso judicial y darle el debido seguimiento al caso. Ello incluye la contratación de abogados (necesarios para constituirse en parte civil pero no obligatorios para el curso del proceso) así como otros de corte más operativo como el dinero gastado en transporte, entre otros. En suma, los costos de sostenimiento y acompañamiento del proceso judicial identificados han sido los siguientes: (i) costos de los servicios legales entregados por los abogados y (ii) costos en transportes y otros trámites. 1.1.1. Costos de los servicios legales entregados por los abogados Las normas que rigen los procesos penales de violencia sexual no imponen a la agraviada la obligación de contar con el patrocinio de un abogado, habida

89. Una funcionaria del CEM de Chota señaló hacer recibido quejas de agraviadas por violencia sexual que, al momento del examen médico ginecológico, tuvieron que pagar por los exámenes complementarios (por ejemplo, curación de heridas). Una fiscal de la misma provincia entrevistada negó que actualmente esto fuera verdad. Ningún otro actor entrevistado dio cuenta de estos hechos, por lo cual en estas líneas se optó por dejar constancia de ambas versiones mas no incluirlas como parte del cuerpo de costos que enfrenta la agraviada por violencia sexual.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? cuenta que es el fiscal quien ejerce la titularidad de la acción penal, dando a entender que las violaciones sexuales implican un asunto de interés público. El inconveniente de no contar con abogado restringe la capacidad de la agraviada para, en primer lugar, interponer recursos impugnatorios contra las decisiones del juez y, en segundo lugar, solicitar la reparación civil. Estas razones son de peso y explicarían parcialmente el por qué en los hechos las agraviadas de las zonas en estudio sí han llegado a contar con los servicios de un abogado (Apurímac 80%, Cajamarca 75%), además casi siempre particular (Apurímac 75%, Cajamarca 100%) y no de oficio. He ahí un primer costo económico. Cuadro 43 Patrocinio de abogados en los casos de violación sexual

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de violación sexual. Elaboración propia

Dado que no se realizaron encuestas a las agraviadas, no fue posible obtener a partir de ellas cuánto es lo que los abogados particulares le cobraron. No obstante, sí se pudo recoger este dato a partir de la entrevistas a los propios abogados que defienden este tipo de casos. Según esta fuente el precio habitual cobrado varía entre 300 y 400 nuevos soles. Incluso, uno abogado de Chota mencionó que cuando las agraviadas estaban en una situación económica difícil no les solía cobrar. De todas formas, hay que notar que el costo del abogado equivale aproximadamente a un cuarto de la reparación civil promedio, con lo cual esta medida de resarcimiento pierde aún más sentido en términos prácticos. Si tenemos en cuenta la realidad socioeconómica de las provincias estudiadas, es fácil llegar a la conclusión de que este costo tiene una relevancia significativa para la economía familiar de las agraviadas. Por lo menos, este costo no impide que el proceso avance y, por el contrario, ofrece una mayor posibilidad de defensa y de reacción durante el proceso gracias al abogado. 1.1.2. Costos en transportes, trámites y otras tareas menores El desarrollo del proceso judicial implica que la agraviada o sus familiares tengan que desplazarse desde el momento de la denuncia hasta el fin del proceso. La realización de los exámenes médicos, las audiencias realizadas, las conversaciones con el abogado, las idas a las instituciones del sistema de 171

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? justicia para averiguar el estado del proceso, entre otras acciones son rutas que la agraviada debe realizar con cierta frecuencia. Todo ello le implica un costo. Los gastos de alimentación, así como de otros trámites (fotocopias, documentos, etc.) deben ser también tomados en consideración. Las dos entrevistas a agraviadas permitieron acercarse tímidamente a un rango de gasto en transportes y otros trámites, en base al cual no se pretende tejer un argumento representativo de todos los casos sino únicamente señalar una posibilidad existente en casos puntuales. Según las fuentes citadas, el gasto en transporte y otros trámites o tareas podría variar entre 100 y 135 nuevos soles a lo largo de todo el proceso. Es probable que este tipo de gastos sean los que menos se tomen en cuenta al hacer el recuento del costo total incurrido en el proceso judicial a pesar que, una vez hecha la cuenta, su monto adopta cierta importancia en función del nivel socioeconómico de las agraviadas en las zonas estudiadas. El objetivo de un sistema de justicia eficiente pasar por disminuir al mínimo estos costos a través de procesos más rápidos (mejora de procesos administrativos, de la organización del trabajo, etc.) y de la construcción de una mayor infraestructura judicial que permita recortar el tiempo y costos de traslado de la población. La relación de este objetivo con la reducción de las barreras geográficas es bastante directa. En la medida que ello se logre, no sólo se reducirán los costos en transporte y otras tareas menores sino que se permitirá que una mayor parte de la población pueda acceder a la justicia. 1.2. Costos derivados de deficiencias en el funcionamiento del sistema de justicia La interacción de la agraviada con el sistema de justicia (sus actores, sus trámites, sus procesos, etc.) es un espacio donde inevitablemente, en mayor o menor grado, existen confrontaciones, desencuentros o desaciertos que terminan por ser trasladados a ellas. Ese espacio de colisión está representado por la diferencia entre las expectativas de un buen servicio de justicia frente a la forma en que éste realmente se imparte. No es intención alguna criticar las debilidades de las instituciones vinculadas a la administración de justicia al momento de procesar los casos de violencia sexual, sino de señalar dónde es que sus fallas trasladan costos a sus usuarias. Se ha comprobado que las deficiencias en el funcionamiento son de diversos tipos y crean barreas al acceso a la justicia de diversa índole (económica, geográfica, social, cultural, lingüística, de género, etc.). Las razones de su existencia son complejas y responden a una interacción entre insuficientes capacidades en los recursos humanos así como su escasa disponibilidad, falta de apoyo logístico, servicios de información poco preparados, insuficiente prestación de servicios de apoyo a la mujer, niña y adolescente, visiones de género tradicionales, etc. 172

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? A continuación se presentarán los costos derivados de las deficiencias en el funcionamiento del sistema de justicia. Su desarrollo está ligado a los siguientes puntos: (i) costos derivados de las inadecuadas condiciones para la recepción de la denuncia, (ii) costos derivados del nulo uso de intérpretes oficiales, (iii) costos derivados de las deficiencias de las acciones probatorias, (iv) costos derivados de los «atenuantes» para la imposición de la pena y (v) costos derivados de los reducidos montos de la reparación civil. 1.2.1. Costos derivados de las inadecuadas condiciones para la recepción de la denuncia La policía cuenta con un sitial particular dentro del sistema de justicia. Es la institución estatal con la mayor presencia a nivel nacional y representa en muchos casos la única opción o por lo menos la opción más cercana ante la ocurrencia de algún problema o conflicto. Es, además, el primer punto de contacto entre la agraviada y el sistema de justicia en tanto se encarga de recibir las denuncias e iniciar la investigación de los hechos. La Policía representa la primera oportunidad en que la agraviada tiene contacto con alguna de las instituciones ligadas al sistema penal y, en concreto, con su personal y con los «servicios que le ofrece» (recepción de denuncia, toma de manifestaciones, y demás diligencias). Ese primer espacio de encuentro significa para la agraviada no sólo la oportunidad de iniciar el proceso penal sino también de ser escuchada y sentir que está poniendo su caso en el personal adecuado, lo cual le puede brindar cierta confianza para la marcha del largo proceso judicial que le espera. La calidad de la respuesta del personal policial depende de diversos aspectos que guardan relación con tres puntos: Su formación, sus actitudes y las condiciones logísticas para operar. En la medida que estos atributos respondan a las expectativas de un servicio público de calidad, la confianza y satisfacción de la agraviada al interponer la denuncia serán mayores. Caso contrario, aparecerán deficiencias que se transformarán en algún tipo de barreras en el acceso a la justicia y en costos. Una conclusión categórica sobre el estado de la cuestión en estos aspectos del servicio policial (formación, actitudes y logística) amerita un estudio focalizado sobre la calidad de atención que reciben las agraviadas que acuden a las comisarías para asentar sus denuncias por violencia sexual. Ese no ha sido el caso particular de esta investigación pero ello no obsta a resumir la impresión sobre el rol que la policía viene jugando en las zonas de estudio a partir de las fuentes entrevistadas así como de la lectura de su trabajo en los atestados y las manifestaciones tomadas en las comisarías. En primer lugar, la preparación del personal policial para atender los casos de violencia sexual no parecería ser la más adecuada o, en todo caso, 173

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? no es homogénea entre todo el personal. Partamos del hecho que la presencia del personal policial femenino es excepcional en las comisarías y eso ya erige una barrera cultural importante para generar un mayor clima de confianza al momento de recoger la denuncia de la agraviada. Luego está la insuficiente preparación especializada para tratar estos casos. Las entrevistas a los diversos actores (jueces, fiscales, policías, médicos legistas, abogados y otros) permitieron no solo obtener información sobre temas puntuales sino que también ofrecieron la posibilidad de comparar el nivel de información, conocimiento y preparación entre estos mismos actores. La evaluación menos favorable recayó en los policías. Se identificaron concepciones legalistas de la violación sexual, un insuficiente manejo de procedimientos técnicos para proceder con la recepción de las denuncias de estos casos, cierta presencia de una visión discriminatoria contra la mujer y hasta en algunos casos dificultades para expresar un discurso ordenado y bien argumentado al ser preguntados sobre diversos temas alrededor de la problemática de la violación sexual. Cierto énfasis negativo se observó en los suboficiales entrevistados, cuya formación en las escuelas no sólo es más corta sino también menos completa, limitación que obedece a que las labores que realizan también suelen guardar una «complejidad» menor que las que desarrolla un oficial. Como consecuencia de lo anterior, la capacidad de respuesta del personal policial no sigue una línea institucional sino que se forma a partir del conocimiento adquirido, las prácticas de otros efectivos, empuje personal o iniciativas locales. En segundo lugar, existiría cierta discriminación hacia la mujer alimentada por una visión de género tradicional donde la violencia que sufrió puede llegar a ser minimizada en forma importante. Se hallaron casos de policías que, manifestando abiertamente tener una posición pro mujer, expresaron explícitamente sus prejuicios al desarrollar su posición90. Incluso la discriminación sería más grave si la mujer viene de zonas rurales, según un fiscal de Cajamarca que fuera entrevistado. De acuerdo a algunos abogados con los que se tuvo contacto, frases como «algo habrás hecho» grafican este proceder en un contexto mayor como el de los casos de violencia familiar. En el contexto específico de la violencia sexual, según otro fiscal de Andahuaylas, algunos policías hacen uso de medios intimidatorios que sirven para filtrar la interposición de denuncias, que recogen en frases como «vas a denunciar por gusto, no tienes pruebas».

90. Recuérdese las declaraciones de un policía citadas anteriormente que manifestó ser consciente de los derechos de la mujer pero que, al mismo tiempo, le echaba la culpa a ellas de la violencia familiar cuando, por ejemplo, no cumplen con ciertas obligaciones del hogar rural como preparar la comida al hombre trabajador del campo.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Por último, las carencias logísticas de la policía no le permiten contar con una buena red de servicios para poder recibir las denuncias. Un policía en Andahuaylas manifestó que tienen carencias de material criminalístico, logística, computadoras, bases de datos, cámaras, dactiloscopio, etc91. A ello hay que sumar las escasas condiciones de privacidad y comodidad con que se cuenta para la toma de las manifestaciones a las agraviadas. En suma, la respuesta de las comisarías y de su personal no estaría a la altura de las necesidades de las agraviadas. Si bien creemos que tal desencuentro no debería ejercer una fuerza muy importante para el abandono de las denuncias, sí constituyen actuaciones o forman contextos donde los hechos denunciados tienden a ser desvalorizados, creando una imagen de justicia que avanza pero parcializadamente, que toma nota de los hechos pero sin total interés y que promete actuar aunque sin el material apropiado para sus diligencias. Este fenómeno constituye un costo, por supuesto no de orden económico, sino de realización invisible o potencial en el acceso a la justicia. 1.2.2. Costos derivados del nulo uso de intérpretes oficiales Una de las particularidades de las provincias de Apurímac, como las que forman parte del ámbito de investigación de este documento, es la importante presencia del quechua como una lengua de uso cotidiano con mayor énfasis en las zonas rurales. En Cajamarca el uso del quechua es marginal incluso fuera de lo urbano. Para la justicia este hecho es un reto. Toda agraviada tiene el derecho de expresarse en su propio idioma o bajo el idioma que le parezca más conveniente, bajo el cual encontrarán una mejor articulación de palabras o la única forma de expresarse en otros casos. Cualquier impedimento para hacerlo bajo condiciones apropiadas creará una barrera cultural y de ello se derivará un costo para acceder a la justicia. En la práctica, el gran costo es que las agraviadas tienen escasa posibilidad de expresarse en su propio idioma bajo las condiciones adecuadas de imparcialidad, que le permitan contar con un interlocutor válido en lugar de un intérprete potencialmente sesgado. Tres factores explican esta afirmación. La primera es que ninguna de las piezas de los expedientes analizados ha recogido el uso del quechua durante el proceso y, por tanto, invisibilizan las prácticas, las costumbres y las explicaciones ligadas a la cultura andina.

91. La Defensoría del Pueblo elaboró un informe reseñando algunos problemas de las comisarías a nivel nacional, diagnóstico al que no escapan las de las provincias estudiadas. Algunos de estos problemas son: la falta de interconexión entre comisarías y entre éstas y unidades policiales, la ausencia de bases de datos informatizadas (archivos fotográficos, huellas dactilares, etc.), limitado acceso a base de datos de la RENIEC u otras como la de los antecedentes penales, etc. (Defensoría del Pueblo. Fortalecimiento de la Policía Nacional del Perú: Cinco áreas de urgente atención. Lima, informe defensorial 142, 2009, pp. 168-169).

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Cada vez que el expediente pasa de un operador de justicia al otro, se pierde totalmente ese nexo entre idioma, cultura y administración de justicia, lo cual puede ser negativo para la solidez del armado de la acusación. Incluso las mujeres bilingües (quechua y castellano) deberían tener la oportunidad de expresarse en la lengua que le parezca más conveniente. Muchos y muchas quechuahablantes usan el castellano como medio de comunicación diario pero ello no significa que puedan comprender o expresarse fluidamente, sobre todo en el ámbito judicial donde el lenguaje, los tecnicismos y las formalidades del proceso penal, de los jueces y de los abogados crean dificultades mayores para cualquier ciudadano. En segundo lugar, tampoco se registró en los expedientes que consignen la participación de un intérprete o la realización de peritaje cultural. Sólo hubo un caso en el que el juzgado llegó a solicitar el peritaje cultural. El pedido llegó a la dirección regional del Ministerio de Salud a lo cual éste respondió negativamente a la solicitud pues no contaba con antropólogos para realizar tal labor92. En tercer lugar, las carencias anteriores empujan a una solución práctica: Que sea el propio personal judicial o fiscal quechuahablante quien sirva de intérprete. Lo práctico, no obstante, no es sinónimo de apropiado. Un juez de Abancay apuntó que cuando no hay intérpretes oficiales «se pierde naturalidad y se pierde la versión de los acusados y [hasta podría haber] posible manipulación». En efecto, aun cuando esta posibilidad le ofrezca a la agraviada la oportunidad de expresarse en su propio idioma, el personal policial, fiscal o judicial no necesariamente es el mejor calificado para ejercer esta función en razón de su visión legalista de la justicia, su posición como «juez y parte», su insuficiente noción antropológica de la expresión quechua, entre otros problemas donde incluso el machismo pueda filtrar o malinterpretar las declaraciones de la agraviada. En suma, la forma como se viene afrontando la barrera cultural del idioma constituye un arreglo práctico a una problemática de fondo que no necesariamente siempre responderá a los mejores intereses de las agraviadas, creando costos de realización no económica invisible o potencial que tendrán como consecuencia un alejamiento entre, de una parte, la forma de pensar de la agraviada y su forma de ver los hechos ocurridos y, de otra parte, cómo los policías, jueces y fiscales abstraen esa información para convertirla en materia del proceso.

92. Expediente 325-2006 (Juzgado penal de Andahuaylas).

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? 1.2.3. Costos derivados de las deficiencias de las accionesprobatorias La investigación de los casos de violación sexual es llevada a cabo por la Policía en coordinación y bajo la dirección de un fiscal. Ni bien se recibe la denuncia, la policía toma la declaración a la agraviada e inicia otras diligencias (declaración del acusado, testimoniales, etc.) encaminadas a elaborar el atestado policial e ir armando el caso. La policía acaba su participación con la emisión de un informe policial (atestado) donde recuenta los hechos, da cuenta de las diligencias realizadas y concluye sobre la posible existencia del delito y del presunto autor o sobre la no existencia de responsabilidad. Por lo general, el examen médico y el examen psicológico son practicados en esta etapa y son realizados por el Instituto de Medicina Legal o, en su ausencia, por los establecimientos de salud públicos o privados93. En resumen, las prácticas para recabar el material probatorio durante la investigación preliminar son procuradas en los primeros días o semanas de denunciado el hecho. Su trascendencia, sin embargo es altísima pues determinan todo el resto del largo proceso judicial. Toda deficiencia en la investigación preliminar dará lugar a la consolidación paulatina de un caso débil que, aún siendo cierta la violación, puede abrir espacio para la duda sobre la verdadera comisión del delito en los juzgadores. A su turno, los jueces pueden ordenar la actuación de otros medios probatorios u ordenar la nueva realización de algunos ya ejecutados. Es cierto que cuando el expediente llega al juzgado, buena parte de la cantidad y calidad de los medios probatorios está ya determinado por las investigaciones previas. No obstante, los jueces deben ser acertados al momento de elegir qué diligencia necesitan para fortalecer o esclarecer la investigación con respecto al caso, así como también mostrar un interés apropiado en la recopilación de material probatorio o suficiente y adecuado. Las deficiencias al nivel probatorio existen. Han sido señaladas por diversos operadores y abogados entrevistados tanto en Apurímac como Cajamarca. En términos de costos de acceso a la justicia, el gran inconveniente es que un caso débil a raíz de deficiencias en la capacidad probatoria le implica al juzgador una mayor dificultad para condenar al acusado, lo que finalmente se puede traducir en sentencias benignas o, en el peor de los casos, la finalización el proceso sin condena alguna.

93. En realidad el examen psicológico a la agraviada tiene mínima presencia. Sólo se realizó a un 13.3% de agraviadas en Apurímac y a un 12.5% en Cajamarca. El examen psicológico al agresor tampoco sería una práctica común habiéndose registrado en un 6.7% de los casos en Apurímac y 6.3% en Cajamarca.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? De un lado, las deficiencias probatorias ocasionan que la agraviada pierda la oportunidad de reparar sus derechos y, de otro lado, que la sociedad absorba el caso como una deficiencia del sistema de justicia por no haber podido mostrar la solidez necesaria para enviar a la cárcel a quienes cometen delitos tan graves. Las deficiencias probatorias que originan estos costos yacen en los siguientes cuatro aspectos, sin hacer alusión a una única institución sino más bien al sistema de justicia en conjunto: (i) Concepción de la conducta de la mujer como agente facilitador o justificativo de la violación sexual, (ii) insuficientes capacidades técnicas y logísticas de los diversos operadores de justicia para la investigación, (iii) deficiencias en la labor del Instituto de Medicina Legal y (iv) deficiencias de la actuación de médicos no especialistas cuando el Instituto de Medicina Legal no tiene presencia en una determinada zona. Ilustración 19 Deficiencias en las acciones probatorias que originan costos para la agraviada

Elaboración propia.

El primer aspecto es el más complejo de todos no sólo por sus orígenes sino porque se da en diversas etapas del proceso judicial. A partir de los discursos de los operadores de justicia, sus prácticas, sus posiciones frente a ciertos temas, entre otros puntos de referencia, se puede armar la imagen que policías, jueces y fiscales tienen sobre la figura de la mujer. Tal imagen calza con la de una persona que, si bien ha sido víctima de la violación, puede haber brindado ciertas facilidades, justificaciones o hasta concesiones para el acto cometido por el acusado. Una de las expresiones más claras donde se manifiesta este fenómeno es durante la toma de manifestación a la agraviada (declaración preventiva). La idea de esta diligencia es realizar una serie de preguntas para ir armando el caso a partir de los hechos ocurridos (datos del acusado, fechas, circunstancias, etc.) y así afirmar su veracidad o en todo caso identificar las incongruencias que harían dilucidar un caso falso. En esa línea, poco importa conocer detalles o aspectos privados de la agraviada pues en nada contribuyen a la construcción de un caso. El interés por tales aspectos exterioriza, más bien, la filtración de prejuicios que 178

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? disminuyen a la mujer como sujeto de derechos frente una visión sexista de las relaciones sexuales. Por esta razón, sorprende que cuando la declaración de la agraviada fuera tomada por la policía, un alto porcentaje de las preguntas haya estado dirigido a recabar información sobre la vida o el pasado sexual (46.7% de las veces en Apurímac y 81.3% en Cajamarca), la ropa que llevaba puesta durante los hechos (Apurímac 26.7% y Cajamarca 56.3%) y la reacción que tuvo durante la violación (Apurímac 26.7%, Cajamarca 62.5%). Como se aprecia en las cifras dadas, la situación es bastante más comprometedora en Cajamarca, lo que sería indicio de una mayor presencia de una visión de género tradicional y, en consecuencia, todos los problemas que ello puede ocasionar para tramitar los procesos judiciales de violación sexual así como otros donde también intervienen estos actores. Aunque, con menos observaciones, en el cuadro Nº 45 se observa que estos mismos parámetros también resultaron elevados cuando las declaraciones fueron realizadas a nivel judicial, lo que indica que la existencia del problema no se reduce al cuerpo policial sino que recorre todo el camino institucional del sistema de justicia. Cuadro 44 Aspectos con carga sexista abordados durante la declaración preventiva (agraviada) por parte de la Policía

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de violación sexual. Elaboración propia

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Cuadro 45 Aspectos con carga sexista abordados durante la declaración preventiva (agraviada) por parte de los jueces

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de violación sexual. Elaboración propia

Con esta carga de género que llevan los operadores de justicia, la realización de las diligencias, la construcción de algunos medios probatorios y finalmente la base para la acusación pierden peso. No se está señalando directamente la relación de estos hechos con la impunidad del acusado pero sí con la posible aparición de factores «atenuantes» para la condena y el direccionamiento de un mayor daño psicológico hacia la mujer desde el propio aparato de justicia, tal como se desarrolla luego. Un segundo aspecto vinculado a las debilidades probatorias reside en las insuficientes capacidades técnicas y logísticas para la investigación tanto por parte de los policías, como fiscales y jueces. Tal como se había reseñado anteriormente, las carencias logísticas de la policía son bastante pronunciadas, y también los son en el Ministerio Público y el Poder Judicial. Una característica común a estas instituciones es que no cuentan con el personal suficiente. Un ejemplo claro está en que, pese a que la presencia del fiscal es obligatoria durante la toma de manifestación a la agraviada ante la Policía, en un buen porcentaje se incumple este requisito (Apurímac 46.7%, Cajamarca 12.5%). La obligación legal de la presencia del fiscal radica en asegurar una mejor conducción para el recojo de las manifestaciones y una protección mayor de los intereses y derechos de las agraviadas. Su presencia evitaría, asimismo, posibles manipulaciones a las manifestaciones. Al respecto, un abogado de Andahuaylas señaló que «sobre todo cuando no hay fiscal para favorecer al inculpado, la policía le dice que se niegue». Asumimos que estos casos son excepcionales. El sustento presupuestal también es delicado y compromete la oportuna realización de algunas diligencias como por ejemplo, las de inspección ocular 180

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? o la captura de acusados (algunos delitos ocurren en zonas lejanas). Frente a ello, un juez señaló que «tratan de combinar diligencias por zonas» para así aprovechar los recursos que poseen. No fueron pocos los expedientes donde se detectó que no se había actuado todos los medios probatorios. Parcialmente, ello explicaría el por qué los jueces ordenan la ampliación de la etapa de instrucción (80.0% de los casos en Apurímac y 37.5% en Cajamarca). Gráfico 22 Presencia del fiscal durante la manifestación de la declaración preventiva de la agraviada realizada por la Policía

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de violación sexual. Elaboración propia

Asimismo, las insuficientes capacidades técnicas de la policía vienen básicamente por el lado de la preparación para afrontar ciertas diligencias como la toma de declaraciones a las víctimas y acusados. Queda claro que hace falta estrategias de interrogación, de segmentación lógica del caso, de búsqueda de incongruencias, entre otras que puedan dotar a esta diligencia de una solidez apropiada. El efecto de estas deficiencias es simple pero a la vez perjudicial sobre el tiempo y la oportunidad para la realización de las diligencias, el avance del caso y un acceso a la justicia eficiente que no cree mayores costos ni barreras. Así también, la calidad del material probatorio no resulta ser la mejor y ello condiciona la debilidad del caso. En efecto, un juez comentó que «hay que hacer malabares para compensar las diligencias [que no son bien desarrolladas]». La actuación del Instituto de Medicina Legal tiene relación con la tercera deficiencia para la procuración del material probatorio. Cabe precisar que este comentario es exclusivo para las provincias de Andahuaylas y Chota donde está presente esta institución pero no para Chincheros y San Marcos, donde el vacío es llenado por los establecimientos existentes del Ministerio de Salud, donde se origina otro tipo de costos para la agraviada. Las quejas contra la labor del Instituto de Medicina Legal, según los operadores y abogados entrevistados, se basan en tres puntos. El primero 181

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? tiene que ver con la falta de material para la realización de algunas pruebas, por lo que en ocasiones se toman las muestras y luego se envían a sedes del Instituto de Medicina Legal de otras regiones. Un segundo aspecto recae en el contenido mismo del informe del examen médico ginecológico ya que, según el sentir de varios jueces y fiscales, en no pocas ocasiones exagera en el uso de términos técnicos, situación que se repite con el examen psicológico. En tercer lugar, otro inconveniente es el acondicionamiento de los ambientes de atención a las agraviadas tanto para los exámenes médicos como psicológicos, los que no ofrecen la privacidad ni comodidad necesarias. En Chincheros y San Marcos, la ausencia del Instituto de Medicina Legal es cubierta por los establecimientos públicos y privados de salud. De los expedientes analizados, todas las atenciones se hicieron en las dependencias del Ministerio de Salud. El desempeño de estos establecimientos presenta serias deficiencias. En primer lugar, los establecimientos del Ministerio de Salud no cuentan con personal especializado. Generalmente, quienes realizan los exámenes médico ginecológicos son médicos generales. En el centro de salud de San Marcos, ante la eliminación de la plaza de psicólogo desde el 2008 por falta de presupuesto, un estudiante «serumista» (Servicio Rural y Urbano Marginal de Salud) de psicología es quien se encarga de realizar las pruebas y tratamientos psicológicos a las agraviadas, además de atender otro tipo de casos. En segundo lugar, los establecimientos de salud públicos en Chincheros y San Marcos no cuentan con todos los medios científicos para la realización de las pruebas (instrumentales, guías, etc.). Ciertas pruebas deben ser enviadas a otras regiones, retrasando con ello todo el proceso y la acción oportuna de la justicia. En tercer lugar, los exámenes médicos ginecológicos suelen tener un desarrollo vago y poco explicativo además de recurrir a un lenguaje en ocasiones poco correcto94 que no corresponde al de los protocolos empleados homogéneamente por los médicos legistas. Los propios médicos legistas son conscientes de sus limitaciones sobre el tema que venimos tratando y por ello mismo suelen agregar al final de las conclusiones de sus exámenes médico ginecológicos la frase «salvo mejor opinión del médico legista». Para algunos jueces, no obstante, esta señal de inseguridad amerita que un médico calificado (Instituto de Medicina Legal) realice nuevamente las pruebas. Aparece aquí un nuevo motivo para el retraso del proceso y, peor aún, abre un punto de revictimización para la agraviada aún más traumático para las menores de edad.

94. Un médico legista de Cajamarca comentó haber leído informes de establecimientos del Ministerio de Salud que hacían referencia a «vagina perforada».

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? En resumen, de una u otra forma, el aparato judicial presenta diversas debilidades al momento de ir recogiendo las pruebas y dar consistencia a la acusación. Las debilidades son muy importantes al punto que pueden condicionar el fracaso de una acusación o, cuando menos, hacen pasar a la agraviada por una serie de eventos incómodos, innecesarios y hasta traumatizantes. 1.2.4. Costos derivados de los «atenuantes» para la determinación de la pena Las sentencias son el producto final del proceso judicial y, como tal, recogen la valoración última del juez sobre los hechos, la argumentación jurídica de su decisión y la decisión propiamente dicha sobre el caso (culpabilidad, condena y reparación civil). En un capítulo anterior se había mostrado cómo efectivamente se impusieron penas menores al rango legal. Un tercio de las condenas en Cajamarca (30%) fueron establecidas por debajo del mínimo legal. La pregunta es cuáles han sido esos factores que en la lógica de los jueces han motivado el distanciamiento de los parámetros que marca la norma para la determinación de las condenas. Es mejor ver tales factores («atenuantes») no solo en las sentencias condenatorias sino también en las que determinan la absolución del inculpado dado que no solo pueden servir para imponer una menor pena (recuérdese las diferencias entre la pena solicitada por el fiscal y la finalmente impuesta por el juez) sino también para la absolución del procesado. En la medida que los atenuantes no estén justificados dentro del ordenamiento legal, significarán una aplicación del Derecho menos favorable que trae consigo costos de naturaleza no económica trasladados a la agraviada (impunidad, sensación de inseguridad, desconfianza en la justicia, etc.). El análisis de las sentencias en casos de violencia sexual permitió identificar dos fenómenos que ofrecen un panorama interesante de cómo los jueces aplican el Derecho al introducir un alto grado de flexibilidad más allá de las posibilidades reales y justas concedidas por las normas expresas, arribando con ello a interpretaciones forzadas que son el fiel reflejo de la posición subordinada de la libertad sexual de la mujer aún presente en algunos sectores de la sociedad. El primer fenómeno hallado es la frecuencia con que los jueces tanto de Apurímac como de Cajamarca hacen uso de atenuantes propios no contemplados en el Código Penal que sirven de vehículo para disminuir la pena imponible al acusado o bien para absolverlo. Dos atenuantes amparan esta afirmación: Haber formado pareja entre agraviada y agresor (Apurímac 33.3%, Cajamarca 18.8%) y la falta de resistencia impuesta por la agraviada durante la violación (Apurímac 13.3% y Cajamarca 6.3%). En ambos casos, dejando de lado los casos contados donde la denuncia fue interpuesta por los padres de la menor de edad al parecer por desaprobar que su hija menor de edad (mayor 183

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? de 14 años) tenga relaciones sexuales, estaríamos frente a barreras del acceso a la justicia ligadas con la visión de género. Cuadro 46 Aspectos considerados por los jueces como atenuantes en las sentencias de los procesos de violencia sexual

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de violación sexual. Elaboración propia

Para este grupo de jueces, la existencia de una relación sentimental previa entre la agraviada y el acusado condicionaría un menor castigo al agresor sexual. Dan a entender que la violación sexual representa un hecho de gravedad menor en la vida de la mujer (casi un incidente de pareja) frente al cual conviene reaccionar con penas benignas o con la absolución. En el mismo sentido, la ausencia de resistencia por parte de la agraviada cuando sufrió la violación, bajo la concepción de los jueces, connotaría su consentimiento y, a la vez, negaría que el violador haya ejercido algún tipo de intimidación que deje a la mujer sin la fuerza o capacidad para oponer resistencia. En este punto, además, hay una discordancia directa contra la definición del delito de violación sexual habida cuenta que este incluye la posibilidad que el delito se realice bajo grave amenaza. En Andahuaylas se halló un caso que ilustra cómo se van creando atenuantes a partir de interpretaciones caprichosas, enredadas y reñidas con una correcta interpretación del Derecho para la exculpación el inculpado. Citamos la sentencia del expediente 1131996 dictada en febrero del 2008 que determinara el archivo del caso de la violación de una mujer con el agravante que fue calificada con incapacidad o imposibilidad de resistir (texto de sentencia completa en anexo 2):95

95. Luego la Fiscalía interpuso recurso de nulidad que fuera concedido. Finalmente, cuando el juez penal nuevamente vio el caso declaró de oficio la extinción de la acción penal por prescripción.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? «[…] 1) El procesado admite que, el día cuatro de mayo del año mil novecientos noventa y seis aprovechando el lugar desolado atacó a la agraviada abalanzándose en su contra y por la fuerza la hizo sufrir el acto sexual. Luego ante la defensa de la agraviada la golpeó de puñetes y puntapiés en diferentes partes del cuerpo. 2) De la narración de la agraviada se tiene que Cristóbal Lastrera provisto de una piedra la amenazó solicitándole tener relaciones sexuales pero que ella se negó y atacándola físicamente en ese ajetreo la tiró al suelo abalanzándose en su encima y luego sintió que su miembro viril ingresó en su vagina; luego de terminar la amenazó nuevamente que si contaba la iba a matar, y empezó a golpearla con puñetes y puntapiés hasta dejarla inconsciente. 2) Bien de la narración se tienen que si bien es cierto existió una amenaza, aquella no tuvo la entidad suficiente para vencer la resistencia de la víctima pues, ella narra en el ajetreo la tiró al suelo y la penetró. Aquello descarta la situación de imposibilidad de resistencia que haya podido ejercer la parte acusada. Sitúa el evento en la violencia sexual con grave amenaza y violencia para hacer sufrir el acto sexual (artículo 170 del Código Penal). Con lo cual no se puede emitir resolución condenatoria por éste ilícito acusado, procediendo la absolución en éstos extremos. Por las lesiones, ha de tenerse en cuenta que por el principio de absorción si un tipo penal contiene mas ampliamente los elementos de otro menos grave, se ha de aplicar el que contiene la pena mas grave y descripción normativa del tipo. Como ya está dicho, la descripción que subsume la acción penal es la descrita en el artículo 170 del Código penal por tanto no cabe pronunciamiento por éstos hechos siguiendo la misma suerte que el anterior. Máxime aún que la conducta descrita en el tipo (lesiones del artículo 122 del Código Penal) se encuentra reprimido con pena privativa de libertad no mayor de dos años y con sesenta a ciento cincuenta díasmulta. Con lo cual al cuatro de mayo de mil novecientos noventa y nuevo ya habría prescrito la acción» […] «SE RESUELVE: «ABSOLVER A CRISTOBAL LATRERA FLORES de los cargos formulados en la acusación fiscal por el delito Contra la Libertad Sexual, modalidad de violación de persona en Incapacidad o Imposibilidad de resistir y Lesiones Leves […]» Rony Villanueva Cárdenas Juez del 1er juzgado penal MBJ Andahuaylas» El segundo fenómeno a la luz de la identificación de atenuantes guarda relación con la interpretación de los jueces sobre el bagaje cultural de las sociedades rurales o andinas al momento de la determinación de la responsabilidad penal de delitos de violación sexual a menores. La interpretación toma forma dada la costumbre en zonas rurales de iniciar tempranamente las relaciones sexuales. El artículo 15 del Código Penal acoge el error de comprensión culturalmente condicionado para englobar los casos en que, por la cultura de determinada 185

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? persona, los agresores comenten hechos punibles sin poder comprender el carácter delictuoso de su acto o determinarse de acuerdo a esa comprensión. La premisa de este artículo es que no se «criminalice, indiscriminadamente, las prácticas culturales de ciudadanos de un grupo étnico o cultural que contravengan la legislación penal».96 Es particular que las sentencias de Apurímac (20%), y no de Cajamarca, hayan hecho referencia expresa o indirecta a las prácticas culturales en el campo apoyo (error de comprensión culturalmente condicionado). Se pueden tejer varias hipótesis para explicar estas diferencias pero la más fuerte quizá sea el peso de los usos y costumbres andinas efectivamente presentes en Apurímac frente a lo que sucede en Cajamarca. La pregunta es, entonces, ¿hasta qué punto los jueces invocan válidamente el error de comprensión culturalmente condicionado? ¿Hasta qué punto su deficiente comprensión por parte de los jueces se convierte en una barrera para el acceso a la justicia expresada en la imposición de penas menores en los delitos de violación sexual? Partamos de un caso encontrado donde se juzgó la violación sexual de una menor de edad por parte de otro de igual condición: «[…] el acusado no tiene un concepto dado de su propia actuación, en los hechos que son materia de investigación, máxime si se asumen como ‘conducta normal’, la unión de hecho de jóvenes entre 13 a 15 años de edad para conformar una unidad familiar parecida al matrimonio, y bajo este contexto desarrollar una actividad sexual a temprana edad en tanto y en cuanto forman parte de su acervo cultural, por lo que bajo este esquema conceptual, se concluye que el acusado ha actuado en la comisión del presente delito con una compresión disminuida en los actos ilícitos que son materia de este proceso.» (Expediente 2006192, Andahuaylas). Existen líneas determinadas por el propio Poder Judicial para responder a las preguntas que nos planteamos. El Pleno Jurisdiccional Regional Penal llevado a cabo en Iquitos en el 2008 marca la siguiente postura única frente a los presupuestos a considerar para la clasificación del error culturalmente condicionado: «Se debe tener en cuenta el hecho de que sea miembro de una comunidad nativa o campesina y que por su cultura o costumbre pueda comprender el carácter delictuoso de su acto o determinarse de acuerdo a esa comprensión, pero básicamente se debe analizar cada caso concreto para establecer si efectivamente se trata de un error de comprensión culturalmente condicionado, que dé lugar a su inculpabilidad. También se podría comprender a personas que se hayan integrado a

96. Francia, Luis. «La aplicación del error de comprensión culturalmente condicionado». En: http://www.justiciaviva.org.pe/documentos_trabajo/analisis_pleno/aplic_error.doc

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? la comunidad y actúan de buena fe. Precisar las diferentes normas consuetudinarias que rigen las relaciones sociales en esa comunidad e igualmente las normas morales que han sido internalizadas por los integrantes del grupo cultural.»97 Habría que precisar en esta parte que se estaría haciendo referencia a aquellas comunidades campesinas netas o puras, que usualmente se ubican lejos de las capitales de provincia o distrito, donde las costumbres del lugar no han sufrido mayor desarraigo. Luis Francia, en un artículo ya citado, comenta además que existen diversos pronunciamientos de la Corte Suprema que también sirven de apoyo para la mejor aplicación del error culturalmente condicionado. Francia menciona, por ejemplo, la necesidad de una pericia antropológica, la indicación expresa de la competencia del Poder Judicial frente al de las comunidades, el descarte del uso de la figura del artículo 15 del Código Penal como estrategia de defensa en busca de la impunidad y la determinación de cuándo es aplicable la reducción de la pena y la exención de la responsabilidad penal. Entre las sentencias revisadas en las zonas de estudio, prácticamente no se detectó un apoyo explícito o tácito en los supuestos que se acaban de presentar para la correcta aplicación del error de compresión culturalmente condicionado. Los expedientes no registran mayor indicación sobre usos y costumbres distintas del acusado. Sin contar los casos en que la estrategia de defensa recurrió a la explicación «cultural» del delito (ser del campo, inicio de relaciones sexuales tempranas, etc.), el único rastro débil y totalmente insuficiente en sí mismo que dejan los expedientes es cuando se le pregunta al agresor si sabía que la violación de menores era un delito. La guía que parecería regir la aplicación del error de comprensión culturalmente condicionado en Apurímac se basaría en cómo los jueces configuran una serie de características básicas del hombre rural (ocupación, vestimenta, idioma, etc.) y lo asocian directamente con usos y costumbres de una cultura propia y distinta. Por esta vía, se explica la violación sexual en un marco social y cultural reduccionista que toma forma en las sentencias como eventos normales de la vida en el campo, tal como fue manifestado por diversos operadores de justicia entrevistados. A todas luces, los jueces han fallado en investigar hasta qué punto verdaderamente la condición rural de la agraviada y el acusado respondía a una forma de vida que, además de ser rural, obedecía a la presencia de usos y costumbres propios en el marco de la vida de una comunidad campesina donde las normas sociales y morales no castigan las relaciones sexuales sin consentimiento.

97. Poder Judicial. «Pleno Jurisdiccional Regional Penal». Iquitos, 30 y 31 de mayo, 2008, p. 8. En: http://www.pj.gob.pe/CorteSuprema/cij/index. asp?opcion=listar&codigo=363

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Sin esta indagación, la floja aplicación del artículo 15 del Código Penal aísla el correcto procesamiento de delitos tan graves como los de la violación sexual, en detrimento de una valoración total de los derechos de la mujer en los tribunales. En otras palabras, su mala aplicación conlleva a crear barreras adicionales en el acceso a la justicia que crean costos no económicos de impunidad y sanción inexistente o moderada. 1.2.5. Costos derivados de los reducidos montos de la reparación civil Anteriormente se había señalado que producto de las sentencias condenatorias e incluso de algunas sentencias absolutorias, se identificó la práctica de ordenar el pago de reparación civil como una forma de compensar los daños y perjuicios cometidos por el agresor sexual. Llamó la atención que los montos fijados hayan sido lo bastante bajos como para verdaderamente reflejar las consecuencias de la violación. Mientras el promedio fue de 1,579 nuevos soles, aproximadamente 1 de cada 3 reparaciones civiles fueron menores a un sueldo mínimo. Es difícil, sino imposible, determinar a ciencia cierta cuál debería ser el monto de reparación civil que debería recibir una mujer que fue violada sexualmente pues diversos factores deberían ser tomados en cuenta para el análisis de cada caso. Sin embargo, lo que sí queda claro es que los montos que actualmente otorgan los jueces penales en Apurímac y Cajamarca resultan a todas luces insuficientes para intentar su afán reparador. Urge, por tanto, que el Poder Judicial defina con claridad cuáles deben ser estos criterios técnicos a seguir por los jueces penales para la fijación de la reparación. Aunque lo económico no es importante en estos casos, puede servir como paliativo para los desembolsos de dinero realizados a lo largo del proceso judicial y para poder acceder a un tratamiento psicológico posterior. 1.2.6. Costos por el tiempo de exceso transcurrido en el proceso judicial A partir de las normas procesales es posible determinar cuál debe ser el tiempo legal para los procesos penales por violación sexual. En el gráfico 21, presentado anteriormente, se resumieron tales plazos legales, haciendo la comparación con los tiempos promedio que efectivamente duran los procesos de violación sexual. La conclusión a la que se llegó fue que, en general, los plazos legales no se cumplen (sobre todo en los procesos sumarios) incluso considerando que éstos son bastante holgados dada la gravedad del tipo de delitos que regulan. En principio, la dilación constituye una vulneración directa al derecho a una sentencia justa en un tiempo oportuno. Además, también guarda relación con otras barreras económicas para el acceso a la justicia dado que 188

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? puede implicar mayor necesidad de contacto con las autoridades (gastos de transportes, trámites y tareas menores). Asimismo, la prolongación del proceso más allá de su plazo legal (entendiéndolo como un plazo esperado) definitivamente ocasionará que la carga psicológica sobre la agraviada sea bastante mayor, incidiendo en una mayor dificultad para reintegrarse a sus actividades diarias98. Para las víctimas y sus familiares, un proceso más largo implica desatender los ámbitos familiares, laborales u otros. Si la situación económica de ellos es endeble, como lo es para muchas familias de Apurímac y Cajamarca donde los niveles de pobreza son importantes (65.9% y 74.2% respectivamente; INEI, 2004), el costo derivado de una mayor duración del proceso judicial será aún más alto. El exceso en la duración de los procesos es un foco multicausal para la vulneración de derechos y la aparición de diversos costos en el acceso a la justicia. Es por esto que el enfoque de las políticas judiciales suele tener bastante énfasis, aunque sin mucho éxito, en la reducción del tiempo de los procesos. Afortunadamente, la entrada del nuevo Código Procesal Penal en Apurímac (2011) y Cajamarca (2010) ofrecerá un cambio en la estructura del proceso penal que permitirá agilizar en forma importante los procesos y así reducir el espacio potencial de vulneración de derechos y de creación de costos para las agraviadas. 1.3. Costos derivados del funcionamiento del mercado de abogados y de la actuación de los abogados Ninguna de las etapas del proceso penal de violación sexual obliga a la agraviada a contar con un abogado. Es el fiscal quien asume la titularidad de la acción penal en vista que la violación sexual representa un asunto de interés público. En los hechos se ha registrado que buena parte de las agraviadas sí llegó a contratar a un abogado (Apurímac 80%, Cajamarca 75%) básicamente proveniente del mercado privado), con la intención de fortalecer la acusación más que de abrir la posibilidad de solicitar una reparación civil o impugnar las resoluciones del juez. La presencia de estos profesionales en los procesos judiciales hace nuevamente posar la atención sobre el mercado de abogados y su actuación e influencia en la formación de costos para las agraviadas. Las conclusiones a las que se arribó son contadas pues la participación de estos abogados se caracterizó por ser bastante puntual y poco activa.

98. Aunque no es el enfoque de esta investigación, la demora de los procesos también puede ser un foco para la vulneración de los derechos del acusado si llega a exceder el plazo de carcelería sin sentencia.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Fueron dos los costos identificados y desarrollados a continuación: (i) costos derivados de la escasa posibilidad de ser patrocinada por un defensor de oficio y (ii) costos derivados de la escasa posibilidad de contratar abogadas y no abogados. 1.3.1.Costos derivados de la escasa posibilidad de ser patrocinada por un defensor de oficio El mercado de abogados privados, frente al de defensores de oficio, es el que muestra una mayor presencia en los procesos de violencia sexual. Cuando la agraviada toma la decisión de contratar uno de estos profesionales, casi siempre recurre a uno particular (Apurímac 75%, Cajamarca 100%). Para las provincias de Chincheros y San Marcos, como muchas otras en el país, esta opción es la única a la mano si se quiere tener una representación legal habida cuenta la inexistencia de defensores de oficio. Ello se da aun cuando en general los niveles de pobreza son mayores en estas dos provincias en comparación con las otras dos que se han estudiados (Andahuaylas y Chota). El costo del vacío del Estado le crea a la mujer que sufrió la violencia sexual una barrera económica directa para el acceso a la justicia. Así, la imposibilidad de tener acceso a una defensa gratuita revierte en un costo económico directo para las mujeres agraviadas que se hallan en una situación económica débil pues no tienen más opción que acudir al mercado privado de abogados. El cálculo de este costo, de realización económica indirecta, equivale al pago por los honorarios de los abogados, es decir, aproximadamente entre 300 y 400 nuevos soles, según la información recogida en algunos de estos actores. Este costo ya ha sido incorporado anteriormente cuando se tocó el tema de los honorarios cobrados por los abogados. Por tanto, no es necesario volver a tomarlo en cuenta dado que ello generaría una doble contabilización. 1.3.2. Costos derivados de la escasa posibilidad de contratar abogadas y no abogados El costo que se pueda derivar de la estructura del mercado de servicios legales no viene por el lado de la calidad de defensa sino más bien por el lado de la mayor empatía que eventualmente pueda existir entre la agraviada y su abogada por compartir el mismo sexo. El efecto de ser patrocinada por una mujer debería facilitar la interacción entre la agraviada y su abogada, dotando a esa relación de mayor confianza que si un abogado del sexo opuesto toma el caso. El mercado de abogados que litigan en temas de violencia sexual en las zonas estudiadas es marcadamente masculino. De los 18 abogados que participaron patrocinando algún caso de violencia sexual en los expedientes revisados, se halló únicamente a una abogada. 190

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Este desbalance estaría explicado por las asociaciones hechas entre las características de las mujeres y hombres más «apropiadas» para el litigio en una u otra área99. Así, lo penal se convierte en un mundo más masculino vinculado más fácilmente «con la violencia que se vive en el ámbito público, ‘en la calle’, donde la ‘sensibilidad femenina’ se convierte en un punto vulnerable.»100 No hay nada intrínsecamente negativo en que las agraviadas cuenten con un abogado hombre. Quizás al ser defendidas por una mujer les serviría para armar una estrategia de acusación que, además de hacer frente a los argumentos explícitos del caso, reduzca los puntos de revictimización y combata con mayor firmeza los argumentos tácitos del abogado del acusado así como de jueces, fiscales y policías sobre la concepción de la conducta de la mujer como agente facilitador o justificativo de la violación sexual. 2.

Los costos después del proceso judicial

El objetivo del proceso penal es hallar responsabilidad en los sujetos acusados de la comisión de un delito y aplicarles la sanción correspondiente. En los procesos por violación sexual cabe además la figura de la reparación civil cuyo fin es el de reparar los daños y prejuicios sobre la agraviada por los hechos ocurridos. Esta visión principista de un proceso judicial penal esconde que, después de la sentencia y la reparación, las secuelas de la violación sexual en la mujer agraviada continúan y es difícil que incluso un muy buen sistema de justicia elimine esas secuelas. A lo largo del proceso judicial se da una serie de eventos, actos o simbolismos que continuamente revictimizan a la mujer. Abogados, policías, fiscales, jueces y el mismo sistema legal son los causantes. Asimismo, la insuficiente presencia del Estado brindando redes de apoyo a estas mujeres son fallas adicionales del sistema. Es difícil referirse íntegramente al acceso a la justicia si luego de la sentencia la agraviada no es capaz de reintegrarse a sus ambientes familiares, amicales, laborales u otros. Las secuelas psicológicas sobre la mujer violada sexualmente son lamentablemente esperables. Forman parte del proceso post traumático de la mujer en su esfera personal e incluso en su entorno (redes familiares, reinserción en sus círculos habituales, etc.). De una u otra forma, estas condiciones constituyen costos que la mujer debe enfrentar ex post al proceso penal de violación sexual. Hemos resumido la presencia de tales costos en dos puntos a continuación desarrollados: (i) costos derivados de deficiencias en el funcionamiento del sistema de justicia y (ii) costos en las esferas personal e interpersonal.

99. Llaja, Jeannette. «La situación de las mujeres al interior de la administración peruana de justicia: Un diagnóstico preliminar». En Para una justicia diferente. Temas para la reforma judicial desde y para las mujeres. Lima, DEMUS, 2007, p. 75-76. 100. DEMUS. Informe Perú. Diagnóstico de la Situación de las Mujeres al Interior de los Sistemas de Administración de Justicia, las Nociones Jurídicas y las percepciones Culturales. Lima, 2007, p. 53.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Ilustración 20 Costos de acceso a la justicia después del proceso judicial

Elaboración propia.

2.1. Costos derivados de deficiencias en el funcionamiento del sistema de justicia El sistema de justicia debería tratar de asegurar una transición menos traumática para la agraviada luego del fin del proceso, bajo el objetivo de una justicia que refleje equidad y solidaridad. A la luz de lo investigado, ese rol tiene marcados inconvenientes que impiden su logro y que son causantes de costos en el acceso a la justicia. Podemos decir que estas barreras son más de orden social y están resumidas en dos aspectos: (i) costos derivados de la mala experiencia con el sistema de justicia (revictimización) y (ii) costos derivados de la escasa presencia de servicios de apoyo a la mujer, cada uno a continuación desarrollado. 2.1.1. Costos derivados de la mala experiencia con el sistema de justicia (revictimización) La revictimización en los procesos judiciales de violencia sexual es entendida como las acciones por medio de las cuales la persona agraviada es confrontada a situaciones indeseables y/o de utilidad menor para el proceso judicial por parte de policías, fiscales o jueces, causándo a la agraviada incomodidad, fastidio, rechazo u otras respuestas negativas. Más allá de representar acciones intencionadas, la revictimización responde a diversos factores. Entre ellos tenemos a los malos hábitos de comprensión de la problemática en el juzgamiento, la desconfianza sobre la investigación previa, una actitud que busca un nivel de confianza exagerado para establecer la condena, la aplicación poco reflexiva de modelos de intervención en lo penal, la equiparación del trato entre mayores y menores de edad agraviadas sin considerar la lógica constitutiva del niño como sujeto, entre otros. La revictimización ocasiona para la agraviada una mala experiencia con el sistema de justicia, creando en ese espacio una serie de inconvenientes 192

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? en su persona. Hemos considerado tales inconvenientes como costos no económicos de realización invisible o potencial habida cuenta que representan consecuencias producidas desde el sistema de justicia y sus actores, y merman la estabilidad de la agraviada. Además, se ha optado por circunscribir los costos de la revictimización al periodo posterior al proceso judicial basándonos en el supuesto que sus consecuencias no se restringen temporalmente a la etapa judicial sino que, más bien, tienen una fuerza temporal capaz de expresarse por un buen tiempo luego de la sentencia. Las distintas fuentes recogidas han podido identificar siete puntos de revictimización de la agraviada durante el proceso judicial de violencia sexual. Ello no quiere decir, sin embargo, que estos siete puntos se den en todos los procesos judiciales ni tampoco que sean causados por todos los actores del sistema de justicia. Simplemente se trata de una revisión de los puntos donde, en uno u otro caso, se han registrado ciertas acciones reiteradas bajo el concepto de la revictimización, varios de ellos ya desarrollados anteriormente. A continuación son presentados bajo el orden en que suelen aparecer en el proceso. Ilustración 21 Siente puntos de revictimización de las agraviadas en los procesos de violencia sexual

Elaboración propia.

El primero está referido a los malos tratos que sufre la agraviada al interponer la denuncia en la comisaría, tratos que podrían llegar hasta la discriminación por el hecho de ser mujer y, en ciertos casos, también la discriminación por venir del campo. La reserva de la identidad de los menores de edad que sufrieron violación debe ser mantenida durante todo el proceso. Se debe evitar toda referencia a sus nombres, direcciones e incluso los nombres de los padres en el expediente. Su cumplimento nunca fue total en las zonas de estudio, 193

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? lo cual conlleva a identificar esta mala práctica como un segundo punto de revictimización. En Apurímac la reserva de identidad se incumplió largamente (86.7%) en tanto en Cajamarca la cifra fue bastante menor (18.8%), lo que estaría explicado por la fuerza de las prácticas locales y no nacionales para la ejecución del trabajo judicial. Las deficientes condiciones de privacidad y comodidad de los ambientes para la recepción de las denuncias y la toma de manifestaciones en las comisarías así como para la realización de los exámenes médicos ginecológicos sobre todo en los establecimientos que no pertenecen al Instituto de Medicina Legal, constituyen el tercer punto de revictimización. La realización del examen médico ginecológico es un episodio de bastante incomodidad para la agraviada. Su reiteración puede provocar reacciones similares o incluso mayores. Por ello, el cuarto punto de revictimización identificado está en la reiteración del examen médico ginecológico. En Cajamarca no se registró ningún caso en tanto que en Apurímac se dio en un 46.6% de ellos (57.1% de las veces solicitado por la defensa del inculpado y un 42.9% por la misma parte agraviada). Cuatro de estos casos correspondieron a menores de edad, para quienes la norma contempla la reiteración del examen sólo en los casos de extrema necesidad. La toma reiterativa de declaraciones preventivas (manifestación de la agraviada) recoge el quinto punto de revictimización. En ambas regiones estudiadas la tasa de agraviadas con más de una manifestación fue bastante alta (Apurímac 80.0%, Cajamarca 93.8%). Por sí misma, una nueva declaración no es perjudicial pues su utilidad puede ser vital para el proceso. Es contraproducente cuando su objetivo no responde a llenar el vacío de información del caso sino a la desconfianza de los jueces sobre lo recogido o a la búsqueda de una certitud muy alta para que el juez forme su convicción. Un mejor trabajo policial en la primera manifestación podría reducir la incidencia de esta forma de revictimización. Dentro de la toma de las declaraciones preventivas se halló un punto de revictimización adicional. Se trata de las preguntas con carga sexista formuladas por parte de policías y jueces (vida o pasado sexual, reacción durante la violación, tipo de ropa que llevaba puesta durante la violación y posibilidad de matrimonio o perdón). La vinculación de estas preguntas con la correcta construcción del caso es nula y exteriorizan visiones de género tradicionales traducidas en preguntas que filtran prejuicios que reducen la calidad de la mujer como sujeto de derechos. Finalmente, el séptimo punto de revictimización está en la recurrencia a la diligencia de confrontación o careo entre la agraviada y el agresor (reservada por norma únicamente para a aclarar las discrepancias entre ambas versiones cuando no hay otra forma posible). Bajo la presencia de ambas partes, la 194

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? diligencia consta de la lectura de las declaraciones de ambos, para luego confrontar discrepancias existentes sobre la base de la dirección del juez y con la presencia del fiscal. Huelga decir que la confrontación resulta un momento bastante duro para la agraviada en tanto enfrenta directamente a quien supuestamente abusó sexualmente de ella. En Apurímac no se registró caso alguno de diligencias de confrontación o careo, pero sí en Cajamarca tanto durante la investigación preliminar (18.8%, 3 casos) como en la etapa judicial (31.3%, 5 casos). Lo más grave es que 2 de los 3 casos de la primera etapa y 4 de los 5 de la segunda hacen alusión a juzgamiento de menores de edad, los que justamente están protegidos por la ley para evitar estos espacios donde, por su estructura de personalidad aún sin formarse definitivamente, los efectos de la confrontación o el careo pueden ser más perjudiciales. En suma, los siete puntos de revictimización reflejan un conjunto de actitudes poco razonadas, malas prácticas y prejuicios que se trasladan al acontecer de la investigación y al juzgamiento, y que crónicamente arremeten contra la agraviada bajo una forma de violencia de género desde el propio aparato de justicia. En algunos casos, los puntos de revictimización parecen de fácil tratamiento pues se trata de procedimientos realizados sin mucha reflexión sobre sus efectos. Otros, en cambio, ofrecen un panorama más complejo habida cuenta que detrás esconden patrones de pensamiento bastante arraigados. 2.1.2. Costos derivados de la débil presencia de redes de soporte para las agraviadas Una vez que el proceso judicial culmina, la agraviada debe enfrentar su reinserción a su vida familiar, amical, familiar, etc. Muy probablemente durante el proceso judicial ya haya iniciado los primeros pasos para hacerlo. El énfasis dado en este punto busca resaltar el soporte institucional que el Estado pone a la disposición de las agraviadas una vez que el proceso culmina con la determinación de la responsabilidad penal del acusado. Desafortunadamente, la red de apoyo que el Estado dispone para el tratamiento de las personas que han pasado por episodios de violencia sexual es débil para las necesidades de la población femenina, tanto menor como mayor de edad, que sufrió episodios de violencia sexual. Pero no solo es eso sino que con escasa frecuencia los jueces ordenan el tratamiento psicológico de la víctima en sus sentencias. Igual de crítico es que los jueces tampoco se preocupen de que los agresores sean tratados psicológicamente. No más del 25% de las mujeres agraviadas recibieron la orden judicial de ser tratadas psicológicamente. Esta práctica no sólo debería corregirse sino que incluso se debería ordenar mucho antes del término del proceso con el objetivo de fortalecer psicológicamente a la agraviada para el largo proceso judicial que afrontará. 195

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Cuadro 47 Orden de tratamiento psicológico en la sentencia de casos por violación sexual

Fuente: Sistematización de expedientes judiciales de violación sexual. Elaboración propia

Las opciones para las mujeres agraviadas de Andahuaylas, Chota y Chincheros se limitan a los servicios de los Centros de Emergencia Mujer del MIMDES en los que pueden recibir atención psicológica de manera gratuita. La provincia de San Marcos no cuenta con este servicio. En Andahuaylas y en Chota se cuenta con la posibilidad de seguir tratamiento en el mismo Instituto de Medicina Legal aunque en la práctica el servicio no es concurrido (acarrea diversos costos de movilización) y es difícil tener un tratamiento prolongado debido a la cantidad de personas que se tratan ahí y a las diversas labores que realiza su personal. En Chincheros y San Marcos, ante la ausencia del Instituto de Medicina Legal, el tratamiento psicológico es seguido por los respectivos establecimientos del Ministerio de Salud. En éstos también se reportan problemas de asiduidad en las citas y cortos tiempos de tratamiento, a lo que se suma la falta de personal especializado. Recuérdese que en San Marcos el centro de salud se quedó sin puesto de psicólogo desde el 2008 por falta de presupuesto y actualmente este vacío es cubierto con un estudiante de psicología bajo la modalidad de Servicio Rural y Urbano Marginal de Salud (SERUMS). Los costos en el acceso a la justicia que se generan a partir de la débil presencia de redes de apoyo a las agraviadas son de tipo no económico de realización potencial o invisible. Afectan directamente el propio desenvolvimiento de la agraviada y su conducta en sus entornos personal, familiar, amical, laboral, etc. 196

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? La imposibilidad de remontar psicológicamente el episodio de la violencia sexual hasta un nivel llevadero también podría potencialmente afectar la capacidad de generación de ingresos de la mujer si no logra estabilizarse emocionalmente y adaptarse o regresar al ritmo laboral. Por estas razones, sería interesante que el Estado forme una instancia multisectorial y multidisciplinaria bajo la forma de red pública o públicoprivada para brindar este soporte. 2.2. Costos en las esferas personal e interpersonal A continuación se presentarán los costos en lo intrapersonal y en las redes familiares de la agraviada, armados en función de la información recabada en las entrevistas a los operadores de justicia así como a abogados y a agraviadas. La intención es simplemente retratar algunas características básicas que están lejanas de ser una evaluación psicológica del impacto del proceso judicial. Es importante remarcar un punto adicional. Los costos en las esferas personal e intrapersonal no buscan abordar las secuelas de la violación (autovaloración, autoestima, eficacia, ansiedad, depresión, miedo, angustia, etc.) sino identificar lo que el paso por la justicia deja en la agraviada. Los costos han sido divididos en dos aspectos: (i) costos en la esfera personal y (ii) costos en el capital social. 2.2.1. Costos en la esfera personal Los actores entrevistados coinciden en que es usual observar que las mujeres vean mermada su autovaloración y la confianza en sí mismas como producto de la violación y de su paso por el proceso judicial. Se hace referencia a la salud mental de las agraviadas y las consecuencias que ello pueda ocasionar sobre su salud física. Hay que ser claros en señalar que el principal causante de esas secuelas no es la Policía, ni la Fiscalía ni el Poder Judicial. Los propios hechos de la violación sexual afectan estas variables y sin duda alguna en una proporción mucho mayor que las disfuncionalidades del sistema de justicia. Sin embargo, aunque no como principal causante, el propio sistema de justicia contribuye con la aparición de costos en la esfera personal. Los puntos de revictimización de la agraviada y algunos otros factores externos (escaso apoyo o suspicacias de la familia, por ejemplo) afianzarían las afectaciones ya generadas sobre todo porque vienen de un aparato institucional creado para proteger los derechos e intereses de las mujeres agraviadas. El resultado probable es que la mujer, a la luz de los costos en la esfera personal, tenga mayores dificultades para reinsertarse en su vida cotidiana e intentar regresar con normalidad a sus actividades. Con justa razón una agraviada calificó como traumático su paso por toda esta etapa judicial para luego señalar que lo más ha cambiado en ella es que se ahora se siente «atemorizada al qué decir de la gente». 197

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? 2.2.2. Costos en el capital social El extracto de la declaración de la agraviada que se acaba de presentar ilustra la proyección de la reinserción de la agraviada en su vida social y los efectos en el capital social. Por éste, se entiende al conjunto de instituciones, normas y redes dirigidas hacia la cooperación social. Los casos de violación sexual son situaciones límite que introducen desbalances en las relaciones de familia y que pueden afectar la estabilidad emocional de sus miembros e incluso generar desuniones cuando la violación se dio dentro del entorno familiar. La agraviada se puede llegar a sentir como ese factor irruptor familiar pese a que en el fondo el agresor, parte de la familia, cumpla una condena por su probada culpabilidad. Fuera del ámbito familiar, los tejidos sociales también pueden cerrarse frente a la agraviada como si fuera ésta quien hubiera roto un equilibrio en la sociedad o comunidad. Así lo confirma un fiscal de Andahuaylas al apuntar que a las mujeres que sufrieron violación sexual «las toman menos en cuenta en las asambleas [de las comunidades]» como si haber pasado por estos hechos le restara su valor de opinión y sus derechos de participación y expresión. El regreso al colegio también posee otro tipo de riesgos sobre todo si la agraviada salió embarazada producto de la violación. Una abogada entrevistaba señaló que en estos casos se instala un sentimiento de discriminación que reprime la necesidad de continuar los estudios. En resumen, una serie de afectaciones que, mezcladas con las propias secuelas de los hechos de violación, afecta la capacidad de la agraviada de desarrollar su vida libre de prejuicios y ejercer sus derechos con plenitud. Es responsabilidad del Estado poner atención a estos costos y a cada uno de los otros generados alrededor de los procesos judiciales de violación sexual. Una mejor justicia pasa no solo por mejoras legales o procesales sino por un reconocimiento pleno de los derechos de quienes acuden a los tribunales, mujeres y hombres, y una mejor formación y preparación de quienes están encargados de tramitar los conflictos.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres?

CONCLUSIONES 1.

Los procesos judiciales de alimentos y violencia sexual implican que la mujer rural deba asumir ciertos costos para poder representar sus derechos (abogados, transporte, tràmites etc.). No obstante, esos no son las únicas barreras o gastos ligados al acceso a la justicia. Estos mismos procesos, como muchos otros donde participa la mujer, dan lugar a espacios de interacciones interpersonales (jueces, fiscales, policías, abogados, partes) o estructurales que determinan la aparición de determinadas situaciones al parecer inertes, dificultades o inconvenientes para el normal desarrollo de los procesos. Los costos, sea como barreras de acceso económicas, sociales, culturales, de género u otras vinculadas al acceso a la justicia, toman forma en tales espacios.

2.

La organización de los costos del acceso a la justicia parte de la concepción global de las barreras económicas, geográficas, sociales, culturales, lingüísticas, de género u otras que comúnmente se manejan. A partir de ello, se ha visto por conveniente construir una clasificación de costos que permite distinguir su presencia en el tiempo (antes, durante o después del proceso judicial) y a partir de ello identificar los espacios de interacción donde los costos se originan o desenvuelven (costos derivados del sostenimiento y acompañamiento del proceso judicial; costos derivados de deficiencias en el funcionamiento del sistema de justicia; costos derivados del funcionamiento del mercado de servicios legales y de la actuación de los abogados; y costos derivados de afectaciones en las esferas personal e interpersonal).



Por último, cuando hacemos referencia a «costos» entendemos a los desembolsos monetarios, los costos o pérdidas traducibles directa o indirectamente en términos económicos, así como otros costos de corte psicológico, u de otra índole en el marco del objetivo de alcanzar justicia.

3.

Si cabe una conclusión común a partir de los resultados obtenidos en los procesos de alimentos y violencia sexual es que, al contrario de la ruta marcada por los elevados índices de ruralidad en las provincias estudiadas, sobre todo en Chincheros y San Marcos, son pocos los expedientes que vienen de estas zonas. Se debe entender, entonces, que la población rural canaliza este tipo de conflictos a través de otros medios (rondas campesinas, autoridades comunales u otros) sea porque les resultan más económicos o accesibles o bien nunca se denuncian. En suma, es una pista para concluir que hay una justicia diferenciada, entre otros factores, por sus costos y la capacidad de acceso de la población. En cualquiera de estos casos vale preguntarse sobre los costos y barreras en el acceso a la justicia en estos casos. Es decir, analizar si se procesa el delito de la forma adecuada (tiempos, efectividad, respeto de derechos, penas proporcionales, etc.) o, en el otro caso, investigar las razones detrás de ello (prácticas culturales que subordinan a la mujer, sociedades que relativizan los hechos, etc.). 199

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? SOBRE LOS PROCESOS DE ALIMENTOS 4.

Las demandas por alimentos son más que estrictamente un capítulo judicial. Se desenvuelven dentro de una compleja interrelación de variables del contexto social en vinculación con el acceso a la justicia. La visón de género tradicional, para ilustrar en pocas palabras la posición subordinada que sufre la mujer en muchos ámbitos, es una de ellas, ya que rodea a la familia, a la sociedad y, como tal, también a los jueces y abogados que acompañan los procesos judiciales y que, de una u otra forma, trasladan estereotipos, prejuicios o favoritismos inconscientes en el normal desarrollo del proceso, incluso cuando su intención sea velar por los derechos de la mujer. Igualmente, la insuficiente difusión de derechos forma parte de ese contexto social como una barrera adicional del acceso a la justicia, mezclada con bajos niveles de educación y escasas oportunidades de desarrollo, sobre todo en zonas rurales como en las provincias de Apurímac y Cajamarca analizadas. Por último, la demanda por justicia no atendida cierra el contexto social básico de los casos de alimentos, sustentado en parte por los dos factores anteriores.

5.

El perfil promedio de la demandante por alimentos muestra a una mujer de aproximadamente unos 30 años (algo mayor en Chota y San Marcos), mayormente con no más estudios que los secundarios, cuya principal ocupación es la de ama de casa. Mayormente, el niño para el que solicita alimentos es su hijo único. Sorprende que para muchas de ellas, la relación con el demandado haya tenido episodios de violencia psicológica (entre 22.6% en Chota y 89.2% en Andahuaylas), física (entre 32.3% en Chota y 81% en Andahuaylas) e incluso sexual (sólo 31.3% en Andahuaylas), lo que es muestra clara de que la demanda por alimentos es más que la búsqueda de un reconocimiento del derecho a pensión sino una forma de desvinculación de un pasado tormentoso y casi siempre oculto para los jueces y la sociedad.

6.

Las demandas y sus resultados, como documentos que resumen parte de la intención de la mujer demandante por alimentos, ofrecen algunas características básicas cuya revisión es interesante como punto de referencia.



En rara ocasión las demandas han sido formuladas empleando el formato de demanda por alimentos del Poder Judicial que permite prescindir del abogado para el inicio de este proceso (entre 0% en Andahuaylas y Chota y 4.5% en Chincheros). Una serie de problemas vinculados a su difusión y comprensión lo explican.



La pensión puede ser solicitada como monto fijo o como porcentaje de los ingresos del demandado, siendo la primera modalidad la opción casi siempre elegida con excepción de Chincheros (entre 9.1% en Chincheros y 92.6 en San Marcos). Bajo esta modalidad, el promedio de pensión solicitado varió entre 275 nuevos soles para Chincheros y 502 para Andahuaylas. Bajo la otra modalidad, la pensión solicitada se movió entre 44% en Chota y 60% (máximo legal) en San Marcos.



Grosso modo, 1 de cada 3 demandas resulta favorable a la demandante pero con una pensión promedio obtenida bastante menor a la que solicitó (entre 118 nuevos soles 200

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? en San Marcos y 340 en Chincheros; y 14% en San Marcos y 32% en Chincheros) que difícilmente cubre apropiadamente las necesidad del niño y/o la madre. La ejecución de la pensión es otro problema pues luego de varios meses de proceso, superando largamente el máximo legal de 25 días (entre 3 meses y 23 días en Chincheros hasta 7 meses y 23 días en Chota), las pensiones tienen un bajo nivel de ejecución (se registró que siempre se pagó la pensión entre un 0% en San Marcos y un 24% en Andahuaylas). Si es así, es imposible hablar de un verdadero acceso a la justicia. 7.

Pese a que el acceso a la justicia en los casos por alimentos parecería empezar al interponer la demanda judicial, la realidad muestra que antes de ello ya hay rastros de costos que la mujer ha debido afrontar. Básicamente son de dos tipos. En primer lugar están los costos de otros procesos judiciales iniciados contra el demandado, lo que pueden incluir procesos de filiación pero no se hallaron rastros de éste en el trabajo de campo (sólo algunas denuncias previas por violencia familiar en Andahuaylas). Además, también deben incluirse los casos en que previamente se fijó pensión con alguna autoridad pero esta finalmente no se cumplió y obligó a la demandada a finalmente acudir al Poder Judicial (se detectó casos de pensiones de hasta 5 nuevos soles fijadas en la DEMUNA, lo que sería pista que el incumplimiento de la pensión no es de naturaleza económica sino actitudinal). Los casos registrados son pocos (entre 0% en Chincheros y 34.8% en Andahuaylas) pero igual considerables dado el nivel socioeconómico de las demandantes por alimentos en las zonas de estudio.

8.

Durante el proceso judicial, se ha podido distinguir tres espacios donde aparecen diversas barreras económicas, geográficas, sociales, culturales lingüísticas y de género que finalmente desencadenan en la aparición de costos para la mujer demandante por alimentos. Estos espacios están en (i) los costos de sostenimiento y acompañamiento del proceso judicial, (ii) los costos derivados de deficiencias en el funcionamiento del sistema de justicia y (iii) los costos derivados del mercado de servicios legales y de la actuación de sus actores.



Dentro del primer espacio, aparecen dos costos con naturaleza de realización económica directa, es decir, implican un desembolso «consciente» de la demandada, más un tercero de tipo económico de realización indirecta. El primero de ellos es el pago por los honorarios del abogado, casi siempre realizado al final del caso (entre 76 nuevos soles en Chota y 152 en Chincheros). Luego, en segundo lugar, está el gasto efectuado por transportes, trámites y tareas menores durante el proceso (entre 9 nuevos soles en Chota y 111 en San Marcos). Por último, el tercer costo se vincula con el tiempo de exceso que tomó el proceso judicial, cuyo impacto variaría entre 47 nuevos soles en Chota y 74 en Andahuaylas.



Las deficiencias en el funcionamiento del sistema de justicia producen otra serie de costos que no implicarán a la demandante desembolsar dinero sino perderlo en el tiempo (realización económica indirecta). Tres son las fuentes de estos costos.



La primera se deriva del escaso uso del formato de demanda por alimentos, ya que si este fuera conocido las demandantes podrían haber ahorrado entre 25 nuevos soles 201

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? en Chota y 51 en Chincheros al contratar al abogado sólo para presentar la demanda. Incluso entre quienes sí usan el formato, se crean otras dificultades resumidas en su difícil comprensión, la debilidad en la defensa por ya no contar con abogado y las consecuencias de esto último sobre el monto de pensión. La segunda fuente de costos está en la escasa efectividad de la asignación anticipada (especie de pensión adelantada desde el inicio del proceso), la cual puede servir para financiar el proceso pero finalmente pierde su utilidad pues los demandados casi nunca la pagan. En tercer lugar, también se generan costos cuando la pensión es fijada por conciliación judicial dependiendo de si la demandante cuenta o no con abogado.

El tercer espacio para la aparición de costos yace sobre el mercado de servicios legales y de la actuación de sus actores. Cinco puntos son los que resaltan acá como generadores de barreras para el acceso a la justicia.



En primer lugar están los costos derivados de la duración del proceso como producto del dinamismo pasivo de la defensa de la demandante (entre 21 nuevos soles en Chota y 43 en Chincheros). En segundo lugar, como se hizo referencia, la presencia o ausencia del abogado durante las audiencias únicas (donde se concilia) trae un efecto en el monto finalmente obtenido por la demandante. En este caso, el costo puede equivaler a una pensión 21% menor en Apurímac y 38% menor en Cajamarca. La diferencia entre la efectividad de la defensa legal privada y de oficio (calculada como la diferencia del monto de pensión que obtiene cada tipo de abogado) es un tercer costo a considerar que perjudica a quienes, por falta de recursos, acceden solo a un abogado de oficio. Este costo se extiende a lo largo de un buen tiempo (hasta que el derecho a pensión se extinga) por lo cual su cuantificación es bastante alta (2,496 nuevos soles para Andahuaylas y 4,991 para Cajamarca). Aún así, el no tener la posibilidad de contar con un abogado de oficio, como sucede en Chincheros y San Marcos, es también un costo que equivale a los honorarios de los abogados privados. Finalmente, el último costo del mercado de abogados es de tipo no económico de realización potencial o invisible y radica en la escasa posibilidad que tienen las demandantes para contratar abogadas, entendiendo que ello podría ayudar a una mayor empatía y a disminuir algunas barreras de género en el acceso a la justicia.

9.

La obtención de una sentencia favorable para la demandante, tal como sucede grosso modo en 1 de cada 3 casos en las provincias estudiadas, debería ser signo del reconocimiento y futuro cumplimiento de su derecho a pensión. No obstante, tanto (i) el funcionamiento del mercado de servicios legales y la actuación de los abogados como (ii) la esfera personal, son espacios donde aparecen diversos costos.



Dentro de ese primer espacio, el bajo nivel de ejecución de sentencias, es decir, del pago de pensiones que se ha registrado es un primer gran inconveniente que obliga a la mujer a desplegar una serie de medios para procurar el pago de la pensión por parte del demandado. Asumiendo que los medios en lo informal (tratativas con el demandado) y medios en lo formal (recurrencia a autoridades u otras instituciones distintas al Poder Judicial) tienen un costo marginal, todavía quedan todos esos otros 202

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? medios en lo judicial que la mujer llevó a cabo, como son los escritos y gestiones con el mismo juzgado a través de su abogado o por su propia cuenta (aproximadamente 15 nuevos soles) y el inicio del proceso penal por omisión a la asistencia familiar (los pocos datos recogidos al respecto son muy dispersos y muestran gastos de 30 y 500 nuevos soles). Un segundo costo, no económico, dentro de este espacio es el que deriva de la mala experiencia con el sistema de justicia y que se resume en cuántas de las demandantes no volverían a iniciar un proceso de alimentos aún cuando lo requieran (entre 28.6% en San Marcos y 100% en Chincheros), quedando claro cómo el propio Poder Judicial aleja a las mujeres de su jurisdicción y las pone en una situación de mayor vulnerabilidad.

Por último dentro del espacio de la esfera personal, resalta lo siguiente. Un primer costo, de naturaleza no económica recoge muchas de las barreras sociales, culturales y de género que se presentan en los procesos de alimentos generados por actos directos, evidentes, latentes o inconscientes cargados de discriminación, prejuicios y hasta violencia tanto por parte del demandado, de su abogado, como de los propios operadores judiciales e incluso de la ley. Por ejemplo, el demandado y/o su abogado ejercen una violencia desafiante y trasgresora bien clara en las contestaciones de las demandas. Asimismo, presencia de amenazas o intimidaciones por parte del demandado hacia la demandada también forma parte de estas acciones (entre 23.0% en Andahuaylas y 67.7% en Chota). Al contrario de lo que se pensaba, el grupo de mujeres que autoreporta menores niveles de confianza y autoestima no es alto (entre 0% en Chincheros y San Marcos y 21% en Andahuaylas), siendo particular que otro buen porcentaje manifieste lo contrario, lo que sería evidencia de un empoderamiento luego del proceso judicial.

SOBRE LOS PROCESOS DE VIOLACION SEXUAL 10. Los hechos de violación sexual contra la mujer se desarrollan sobre un contexto social complejo que, de una u otra forma, lo provoca, condiciona, esconde o hasta tolera. Tres aspectos sobresalen en ese contexto: El primero, es la visión de género tradicional que recoge una serie de posiciones, estereotipos y prejuicios contra la mujer, presente no solo en el ciudadano promedio sino también en los policías, jueces, fiscales y abogados que ven estos delitos. El insuficiente conocimiento de derechos y su vinculación con bajos niveles de educación y pobreza, es el segundo aspecto dentro de este contexto. El último aspecto, guarda relación con la demanda de justicia no atendida, la cual se estima sería importante no solo por los dos otros aspectos mencionados, sino también por la insuficiente red de apoyo para las agraviadas por violencia sexual, relativismos culturales, etc. 11. El perfil de la mujer agraviada por violencia sexual en Apurímac y, al parecer, también en Cajamarca, corresponde mayoritariamente al de menores de edad aún con estudios escolares en marcha, lo que refleja la posición de autoridad o dominio que buscan ejercer los violadores sobre personas más vulnerables. Un aspecto que sí marcó grandes diferencias entre las dos regiones estudiadas es que en Apurímac 203

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? básicamente se trata de delitos cometidos por conocidos (parejas 40%, amigos 13.3%) en tanto que en Cajamarca por desconocidos (62.5%). 12. En contraposición, el perfil del violador (sin considerar sus rasgos psicológicos) dista lejos de ser aquella imagen de sujeto marginal. Casi siempre hombre (Apurímac 100.0%, Cajamarca 87.5%) y mayor de edad (Apurímac 80%, Cajamarca 92.7%), el agresor ejercía algún tipo de actividad económica (agricultura y comercio generalmente) y contaba mayormente con estudios secundarios. En contados casos cometieron el delitos bajo los efectos del alcohol o drogas (Apurímac 6.7%, Cajamarca 0%) y pocos tenían antecedentes penales (Apurímac 6.7%, Cajamarca 6.3%). 13. Algunas características básicas del proceso judicial se destacan por los siguientes aspectos. Por lo menos en Apurímac, un 40% de las denuncias son interpuestas dentro de los 10 días de ocurridos los hechos, lo que incrementa las posibilidades de que los resultados del examen médico ginecológico sean sólido pese a que no sea la prueba por excelencia para la condena del acusado. En Apurímac, la situación jurídica del acusado es mayormente la detención (53.3%) a diferencia de Cajamarca (comparecencia, 50%). Uno u otro caso de fuga del acusado ha sido reportado, por lo que haría falta un trabajo de revisión de la conveniencia de estas medidas para asegurar el proceso en pleno respeto de los derechos del acusado.

La proporción de sentencias condenatorias varía de forma importante si se trata de un caso ordinario (menores de edad) o sumario (mayores de edad) o si hablamos de Apurímac o Cajamarca (entre un 27.3% y un 75%), y criticar estas cifras implica un análisis caso por caso. La fijación de penas suspendidas también tiene presencia (Apurímac 100%, Cajamarca 27.3%). Resultó interesante encontrar que la pena solicitada por los fiscales es por lo general bastante mayor a la que finalmente impone el juez, (el fiscal suele pedir el doble o más de lo que aplica el juez), a veces el doble o más que eso), pese a lo cual las apelaciones de la Fiscalía son mínimas (Apurímac 13.4%, Cajamarca 0%). El promedio de reparación civil ordenada fue bastante bajo, 1.579 nuevos soles, si consideramos la gravedad de los hechos juzgados.



Finalmente, la duración de los procesos judiciales casi siempre fue mayor al año. En los procesos ordinarios, la duración efectiva (Apurímac 14 meses y 24 días, Cajamarca 12 meses y 24 días) fue menor o casi igual al límite legal (14 meses y 10 días), pero este umbral se muestra a todas luces irrazonablemente elevado teniendo en cuenta que norma casos de violación sexual de menores de edad. Con respecto a los procesos ordinarios, donde el plazo legal de su duración es menor (7 meses y 28 días), ni en Cajamarca ni en Apurímac el promedio pudo estar dentro de éste (9 meses y 18 días, y 16 meses y 27 días, respectivamente).

14. A partir de las fuentes revisadas y consultadas, no se identificaron costos anteriores a la entrada del caso al sistema judicial. La única pista está sobre los casos que se callan y nunca son denunciados, los que verdaderamente constituyen un costo inmenso para la mujer y para la sociedad en su conjunto. 204

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? 15. Los costos del acceso a la justicia para las mujeres agraviadas en los procesos de violencia sexual en Apurímac y Cajamarca guardan una limitada relación con lo económico. Mayormente, los costos identificados son, por decirlo de alguna forma, cualitativos y pesan finalmente sobre el estado psicológico de la agraviada y su entorno. No obstante, es altamente posible que en el mediano o largo plazo esos costos no económicos se traduzcan en dificultades para reintegrarse y desenvolverse en la vida laboral, trayendo consigo, ahora sí, un efecto en la generación de ingresos de la agraviada. 16. Durante el proceso judicial se identificaron tres espacios donde los costos hacen su aparición para la agraviada: (i) costos de sostenimiento y acompañamiento del proceso judicial, (ii) costos derivados de deficiencias en el funcionamiento del sistema de justicia y (iii) costos derivados del mercado de servicios legales y de la actuación de sus actores. 17. Los costos de sostenimiento y acompañamiento del proceso judicial son los únicos que contienen algunos costos económicos. El gasto que deberá realizar la agraviada variaría entre los 400 y 535 nuevos soles, repartidos entre lo que se le paga al abogado (gira entre 300 y 400 nuevos soles, quien sería contratado para fortalecer la defensa dado que su participación no es obligatoria en tanto es el fiscal el titular de la acción penal) y el gasto en transporte, trámites y gastos conexos, como alimentación durante todo el proceso. 18. Los costos que provienen de las deficiencias en el funcionamiento del sistema de justicia se explayan a lo largo de todo el proceso judicial y, en general, contribuyen a la debilidad de la acusación, al apañamiento del factor cultural, a la revictimización de la agraviada y a cierto grado de impunidad.

Los primeros costos aparecen en el primer contacto de la agraviada con el sistema de justicia, es decir, al presentar la denuncia en las comisarías. La formación del personal policial (falta de especialización, casi nula presencia de mujeres policías, visión legalista del problema, etc.) así como sus actitudes (machismo, discriminación a la mujer y a la mujer rural) y la condiciones logísticas del trabajo policial (ambiente poco privados y adecuados) reportan problemas importantes.



Un segundo costo importante aparece en cómo el sistema de justicia procesa las barreras culturales del acceso a la justicia, sobre todo en Apurímac por la presencia del quechua. Los expedientes judiciales invisibilizan la cosmovisión andina. En ningún expediente consta que la agraviada se haya expresado en quechua o haya querido hacerlo por comodidad o simple preferencia. En ningún caso, además, se registró la participación de intérpretes. Cuando la necesidad lo apremia, es el mismo personal policial, fiscal o policial quien funge de intérpretes no oficiales pero su labor puede filtrar las declaraciones de la víctima en razón de su visión legalista de la justicia, su condición de juez y parte, su carencia de visión antropológica de la expresión quechua, su concepción de género, etc. 205

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres?

La actuación probatoria da lugar a un tercer espacio donde los costos del acceso a la justicia se hacen presentes y repercuten a manera de costos no económicos en la solidez de la acusación, la revictimización de la agraviada y en la apertura de fisuras para atenuar la condena.



La primera deficiencia de la actuación probatoria está en la imagen de la mujer en los operadores que da paso, por ejemplo, al cuestionamiento de su conducta durante las declaraciones ante la Policía o el juez (indagación sobre su pasado sexual, reacción durante la violación, tipo de ropa que llevaba puesta y posibilidad de matrimonio o perdón al acusado). Las insuficientes capacidades técnicas y logísticas de los diversos operadores para la investigación se suman a las dificultades de las acciones probatorias. El Instituto de Medicina Legal también acusa deficiencias que comprometen o debilitan la etapa probatoria, expresadas en la falta de material para realización de algunas pruebas, las críticas de los jueces al contenido altamente técnico de sus informes, la poca utilidad del examen psicológico según los jueces y ambientes poco adecuados para la realización de los exámenes. Finalmente, cuando esta institución no tiene presencia en alguna zona, como en Chincheros y San Marcos, son los establecimientos de salud públicos o privados quienes lo reemplazan. Los públicos son los recurridos en estas provincias y su trabajo está rodeado de poca especialización y escasez de personal y ambientes inadecuados para la realización de los exámenes, lo que en ocasiones obliga a realizar nuevamente estas pruebas.



El funcionamiento del sistema de justicia produce un cuarto costo vinculado a los «atenuantes» no contemplados en el Código Penal para la determinación de la pena. Algunos ejemplos son el haber formado pareja entre agraviada y agresor (Apurímac 33.3%, Cajamarca 18.8%) y la falta de resistencia impuesta por la agraviada durante la violación (Apurímac 13.3% y Cajamarca 6.3%). Un tercer factor recurrido como «atenuante» es la explicación del delito como «prácticas culturales en el campo» presente sobre todo en las sentencias de Apurímac (20%) por su cultura quechuahablante. No obstante, su aplicación dista de lo que debería ser el error de compresión culturalmente condicionado (artículo 15 del Código Penal) pues no sigue ninguna de las líneas de la Corte Suprema y, más bien, se guía de una impresión reduccionista del hombre rural (construida sobre características básicas de ocupación, vestimenta, idioma, etc.) y la comprensión de los marcos sociales y culturales.



El insuficiente monto otorgado como reparación civil (promedio de 1,579 nuevos soles) y el tiempo de exceso transcurrido en el proceso judicial, referidos anteriormente, terminan de configurar los otros dos costos derivados del funcionamiento del sistema de justicia.



La estructura del mercado de abogados también facilita la formación de ciertos costos bastante puntuales para la agraviada. En primer lugar, para los casos de Chota y Chincheros está el hecho de no poder contar con defensa gratuita dada la inexistencia del sistema de defensa de oficio en estas zonas. Además, aún en Andahuaylas y Chota, donde sí existen abogados de oficio, casi siempre las agra206

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? viadas contrataron un abogado particular (Apurímac 75%, Cajamarca 100%). El segundo costo se refleja en la imposibilidad material de que las agraviadas sean defendidas por una mujer (quien le podría brindar mayor confianza y evitar puntos de revictimización) dado que la estructura del mercado de abogado es mayormente masculina. 19. La etapa posterior al proceso judicial la agraviada también se enfrentará a diversos costos, todos de naturaleza no económica por lo menos directamente, derivados de (i) las deficiencias en el funcionamiento del sistema de justicia y (ii) del impacto en lo intrapersonal y en las redes familiares.

La existencia de los primeros deviene por la débil presencia de redes de soporte para las agraviadas así como a la revictimización que ha sufrido a lo largo del proceso y cuyos efectos se extienden más allá de su duración y, de forma más importante por la mala experiencia con el sistema de justicia determinada por siete puntos de revictimización, en mayor o menor medida presentes, en los procesos de violación sexual: (i) los malos tratos durante la interposición de la denuncia en la comisaría, (ii) el incumplimiento de la reserva de identidad en el expediente judicial en casos de menores de edad (Apurímac 86.7%, Cajamarca 18.8%), (iii) las deficientes condiciones de privacidad y comodidad en las comisarías (recojo de denuncias y toma de manifestaciones) y en los establecimientos donde se realizan los exámenes médico ginecológicos, (iv) la reiteración el examen médico (Apurímac 46.6%, Cajamarca 0%), (v) la reiteración de la declaración de la agraviada (Apurímac 80.0%, Cajamarca 93.8%), (vi) la carga sexista de las preguntas formuladas durante la declaración de la agraviada por parte de policías y jueces, y (vii) la recurrencia a la diligencia de confrontación en casos de agraviadas menores de edad (registrado sólo en Cajamarca, 18.8% de veces en etapa de investigación preliminar y 31.3% en etapa judicial).



Por último, la esfera personal de la agraviada es, sin duda, un ámbito donde la afectación es particularmente especial, no solo por el hecho mismo de haber sufrido una violación sino porque, en menor medida, el aparato de justicia que debería proteger todos sus derechos falla en asegurarlos (en los casos de revictimización, por ejemplo) y porque además también se dan otros factores perturbadores provenientes de los círculos de la agraviada (escaso apoyo o suspicacias de la familia, etc.). Sobre esto último, también se abren otros costos en el capital social habida cuenta de los desbalances familiares que introduce la violación sobre todo cuando se dio dentro de este mismo ámbito así como del enfrentamiento de la agraviada con los espacios donde deberá reintegrarse (escuela, trabajo, amigos, etc.).

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres?

RECOMENDACIONES GENERALES 1.

Desarrollar programas de formación en temas de género con los operadores del sistema de justicia donde se aborde la problemática de manera general pero también en forma específica al trabajo que realizan los policías, fiscales, jueces y abogados en el tratamiento de los casos que afectan a los derechos de las mujeres y las adolescentes, como una forma de evitar ciertos prejuicios, acciones discriminatorias o accione que no favorezcan el juzgamiento apropiado de los casos de violencia sexual y alimentos.

2.

Deben implementarse servicios de justicia diferenciados para la atención y juzgamiento de este tipo de procesos que brinden una protección adecuada a los derechos de las mujeres. El Ministerio de la Mujer y Desarrollo, el MINJUS, y el Poder Judicial, el Ministerio Público y la Policía Nacional, deben promover la implementación de estos servicios diferenciados para las niñas, adolescentes y mujeres de los sectores rurales.

3.

Reformular los protocolos, formatos de intervención, circulares y Directivas del sistema de Justicia que oriente el tratamiento judicial de estos problemas que se presentan en los espacios rurales.

4.

Coordinar con el Ministerio de Justicia la instalación de más defensores de oficio en Chincheros y San Marcos, donde se ha registrado una demanda importante por servicios legales gratuitos, en vista de la importante proporción de población con dificultades económicas. El objetivo no es cubrir vacíos dejando a otras zonas desprotegidas, sino optar por la contratación de mayor personal o la redistribución de las zonas de trabajo de los abogados de oficio, hoy llamados defensores públicos.

5.

Crear una base de datos regional y provincial sobre los profesionales aptos para realizar labores de intérpretes oficiales en cualquier proceso judicial, de tal forma que su ubicación y disponibilidad pueda ser conocida de antemano por los juzgados que requieren sus servicios. Además, estos intérpretes también deberían ser parte de actividades de formación sobre aspectos que les ayuden a comprender mejor el funcionamiento legal, la cultura de las zonas y la problemática de género.

SOBRE LOS PROCESOS DE ALIMENTOS 6.

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Estudiar el contenido y la lógica del formato de demanda por alimentos con el fin de convertirlo en una herramienta de fácil comprensión para cualquier persona al margen de su nivel de educación. En esa línea, también es necesario que el Poder Judicial reorganice su política de difusión del formato para que su uso pueda ser

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? promovido por otras instituciones del Estado, consultorios jurídicos, ONG, organizaciones sociales de base, etc. 7.

Estudiar la factibilidad de crear formatos adicionales para el proceso de alimentos que puedan servir de sustento para el impulso y efectividad del proceso, tales como: solicitud de declaración de rebeldía, solicitud de liquidación de devengados, solicitud de requerimiento de pago de pensión, solicitud para remitir expediente al juzgado penal u otras. De todas formas, se debe cuidar que el uso del formato de demanda u otros formatos no perjudique la calidad de defensa que tenga la demandante por alimentos compensándola con una mayor preparación de los jueces para afrontar las audiencias donde tienen lugar las conciliaciones.

8.

Revisar la política del Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social que prohíbe que las DEMUNA litiguen, dado que existen fuertes necesidades de servicios legales gratuitos por parte de personas que no cuentan con los recursos económicos suficientes, como en Chincheros y San Marcos, para contratar un abogado privado o que, en todo caso, hacerlo le representa un esfuerzo muy importante.

9.

Discutir y delinear criterios técnicos para la fijación del monto o porcentaje de pensión de alimentos, habida cuenta que actualmente las guías carecen de referencias, pudiendo representar una puerta para la fijación de pensiones que no llenen adecuadamente las necesidades de las demandantes ni sus derechos.

10. Exhortar a los jueces a no aceptar las transacciones extrajudiciales en los procesos de alimentos en marcha en razón a que por esta vía no se puede transar los derechos de terceros y, además, porque las transacciones no ofrecen las condiciones de igualdad en la negociación entre la demandante y el demandado. 11. Fortalecer el número y las capacidades de los defensores públicos replicando el nivel de activismo que muestran en Andahuaylas y a la vez dotándolos de mayores conocimientos jurídicos en forma permanente. 12. Desarrollar en los jueces mayores capacidades para llevar a cabo la conciliación entre las partes durante el proceso judicial. En principio, casi siempre la propuesta conciliatoria del juez falla pero además éste sería permisivo frente a pensiones al parecer poco equitativas cuando son las partes quienes toman la posta para conciliar. Con esta recomendación se contribuiría, además, a evitar que prescindir del abogado sea un punto débil para la demandante. 13. Incentivar en los jueces una mayor actividad para procurar el pago de las pensiones, lo que va desde la imposición de multas hasta la derivación del caso al Ministerio Público para el inicio de un proceso penal por omisión a la asistencia familiar.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? SOBRE LOS PROCESOS DE VIOLACION SEXUAL 14. Analizar la demanda de justicia de zonas rurales en casos de violencia sexual que no viene siendo atendida por el sistema estatal y que se asume puede estar siendo tramitada por otras vías o simplemente se queda al margen de cualquier instancia donde pueda investigarse y sancionar este tipo de delitos. Se asume que a nivel rural pueden existir diversos costos y barreras que complican un normal acceso a la justicia. 15. Incidir en campañas de comunicación que pongan énfasis en la presencia de casos de violación sexual dentro del ámbito familiar con el objetivo de desmitificar que estos hechos son perpetrados por sujetos marginales y desconocidos, y así derribar barreras culturales para la denuncia de estos casos. 16. Desarrollar estrategias para una mejora en las técnicas de recojo de manifestación de la agraviada que pueden incluir desde talleres, publicaciones cortas, textos jurídicos, diagnósticos, etc. con el fin que puedan ser alcanzados a los mismos operadores y así mejorar la efectividad de la actividad probatoria dado que actualmente se registra no solo una debilidad para armar el caso sino que además la toma de manifestaciones exterioriza una serie de prejuicios contra la mujer que conducen a su revictimización. 17. Trabajar con los magistrados sobre la posición jurídica a adoptar frente a los atenuantes válidos y no válidos para las sentencias por violencia sexual, habida cuenta que se dan casos que no se amparan en la normatividad legal y que terminan favoreciendo indebidamente a los agresores y así perjudicando a las agraviadas. 18. Desarrollar técnica, normativa y jurídicamente los criterios a tener en cuenta para la fijación de la reparación civil así como los mecanismos necesarios para que ésta se haga efectiva, habida cuenta de la discrecionalidad que regiría actualmente. 19. Crear desde el Poder Judicial y el Ministerio Público, con apoyo del Instituto de Medicina Legal y las Direcciones Regionales de Salud, una mayor y mejor cobertura de servicios gratuitos de tratamiento psicológico a las agraviadas, que las atienda incluso desde el inicio del proceso judicial, mediante las formas que se crean más convenientes, como bien podría ser la mayor dotación de personal, mejor acondicionamiento de instalaciones, asociaciones público-privadas, etc. 20. Crear espacios de discusión con los jueces penales para revisar temáticas clave alrededor de los procesos de violación sexual, como la definición de criterios uniformes y apropiados para la determinación de la situación jurídica del acusado. 21. Realizar talleres a cargo de los médicos legistas del Instituto de Medicina Legal dirigidos a los médicos de los establecimientos de salud públicos y privados (con énfasis en los primeros) para mejorar las técnicas de revisión y diagnóstico que éstos realizan y aplican en los exámenes médico ginecológicos y psicológico a las 210

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? agraviadas. Ello permitiría mejorar de forma notable la calidad de la prueba y consolidar una mejor defensa para la condena de los agresores sexuales. 22. Aunque este tipo de recomendación suele ser poco atendida, no se puede soslayar la necesidad de que la Policía dote de una mayor cantidad de oficiales a las comisarías de las zonas de Andahuaylas, Chincheros, Chota y San Marcos, y que a la vez se haga cargo de las deficientes condiciones logísticas en las que operan sus dependencias de forma tal que se le ofrezca a la agraviada mejores condiciones de privacidad y comodidad para la recepción de sus denuncias. 23. Fortalecer los sistemas de justicia local a través de la implementación de mesas de diálogo y coordinación que incorpore a los actores vinculados al acceso a la justicia como jueces, fiscales, policías, jueces de paz, rondas campesinas, comunidades campesinas y nativas entre otras, a fin de realizar acciones preventivas y de actuación frente a situaciones de violencia familiar, abuso sexual a menores, etc.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres?

BIBLIOGRAFÍA

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres?

ANEXOS

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Anexo 1.

Formato del Poder Judicial para la presentación de demandas por alimentos

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Anexo 2.

Lista de operadores de justicia y actores entrevistados en Cajamarca, Apurímac y Lima Entrevistados en Cajamarca

Chota: * * * * * * *

David Ramírez, Juez de Paz Letrado. Mariela Marcelo, Jueza Civil. Elizabeth Fernández, Fiscal. Ceril Sánchez, Sub Oficial PNP Comisaría Chota, sección Violencia Familiar. Rogelio Dávila, Sub Oficial PNP Comisaría Chota, sección Violencia Familiar. Hugo Uriarte, Oficial PNP Comisaría Chota, sección de Delitos. Fernando Vega, Sub Oficial PNP, Comisaría Chota, sección de Apoyo al Ministerio Público. * Carmela Saldaña, Profesional de la DEMUNA. * Umbertino Díaz, Abogado. San Marcos: * * * * * * * *

Warmi Sagástegui, Jueza de Paz Letrado. Juan Carlos Días, Especialista del Juzgado Mixto. Mayra Gonzáles, Auxiliar del Juzgado Mixto. Jesús Portal, Fiscal Provincial. Edwin Torres, Sub Oficial PNP Comisaría SanMarcos, sección Delitos. Jenner Fernández, Abogado de la DEMUNA. Luis García, Serumista encargado de atender los casos de violencia sexual. Agapito Pollongo, Rondas Campesinas, San Marcos.

Cajamarca: * * * * *

Fernanda Bazán, Juez Superior. Luis Domingo Alvarado, Fiscal Penal. Luis Cacho, Comandante PNP, Radio Patrulla, Abogado. Dora Cárdenas, Médico Legista del Instituto de Medicina Legal. Alex Rodríguez, Psicólogo Forense del Instituto de Medicina Legal.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? Entrevistados en Apurímac Andahuaylas: * * * * * *

Henry Vivanco, Juez de Familia. Edwin Tayro, Juez Superior. José Espinoza, Fiscal Adjunto Antidrogas. Jesús Tirado, Oficial PNP, Comisaría Andahuaylas. Santiago Baca, Abogado. Nancy Sucari, Perito del Instituto de Medicina Legal.

Chincheros: * * * * * * *

Sonia Ortiza, Jueza de Paz Letrado. Franklin Ascue, Juez Mixto. Rosario Cusimaita, Fiscal. Roxana Castro, Profesional de la DEMUNA. Elisa Porras, Profesional del Centro de Emergencia Mujer. Augusto Altamirano, Médico del Centro de Salud. Rildo Soria, Abogado.

Abancay: * * * *

Reynaldo Mendoza, Juez Superior. Antonio Salas, Juez Superior. Gustavo Castro, Fiscal Penal. Fernando Astete, Fiscal Adjunto.

Entrevistados en Lima * * * * * *

Marisol Fernández, Abogada de la PUCP. Tesania Velásquez, Psicóloga de la PUCP. Jeanine Anderson, Antropóloga de la PUCP. Juan Francisco Acevedo, Sociólogo. Juan Carlos Ruiz, Abogado del IDL. Christine Benoit, Abogada del IDL.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres?

Anexo 3.

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Sentencia en caso de violencia sexual, modalidad de violencia de persona en Incapacidad o Imposibilidad de resistir y Lesiones Leves.

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¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres?

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Títulos Publicados por PROJUR 1. Primeras pistas, para conocer las necesidades de justicia en el ámbito rural de Chota y San Marcos Cajamarca. 2. La justicia local en Chota y San Marcos, Cajamarca Paula Muñoz, Ángela Acevedo 3.

Justicia Ordinaria y Justicia Comunal en Andahuaylas Apurímac Reyder Ramírez Salazar

4. Las Rondas Campesinas de Chota y San Marcos Ludwing Huber, Juan Carlos Guerrero 5. Justicia Comunitaria y Rondas Campesinas en el Sur Andino César Rodríguez Aguilar 6. Diálogo y Concertación por la Justicia, Manual para el diálogo entre el Poder Judicial y las Rondas Campesinas 7. Estado del Arte del Derecho Consuetudinario Fernando Bazán Cerdán 8. Apurímac, El informe final de la CVR, 1980-2002 9. Entre silencios, palabras que matan y rutas truncadas. Violencia hacia la mujer en el ámbito familiar en dos distritos rurales de la provincia de Chota Cajamarca. Rosa Montalvo Reinoso, Lorena Prieto Coz. 10.

Re-imaginando el derecho: Visiones desde la antropología y otras ciencias sociales 1950-2000. Patricia Urteaga Crovetto

11.

Rondando nuestra ley. Alejandro Laos Fernández, Pastor Paredes y Edgardo Rodríguez.

12.

Cartillas Legales «Pasos urgentes para quienes buscan justicia» / 07 temas.

13.

El legado de las Rondas Campesinas de Pueblo Libre, Moyobamba San Martín, una aproximación sociológica y jurídica.

14.

Gobiernos locales y acceso a la justicia Moisés Palomino M.

15.

Aprendamos sobre Justicia Comunal, Manual del Promotor y Participante Wuillie Ruiz Figueroa, Carlos Tirado Taipe

16.

¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres?, Costos económicos y no económicos del acceso a la justicia en procesos de alimentos y violación sexual en Apurímac y Cajamarca. Wilson Hernández Breña.

Instituciones del Consorcio Entidad Cooperante

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