9 ensayos de Filosofía Política

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POLITEIA NUEVE ENSAYOS SOBRE FILOSOFÍA POLÍTICA

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POLITEIA

NUEVE ENSAYOS SOBRE FILOSOFÍA POLÍTICA Fco. Javier Benítez Rubio

Índice: 1. PROBLEMAS QUE PLANTEA LA DEMOCRACIA

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2. UN APUNTE, SOBRE LA POLITICA, DE ORTEGA Y GASSET

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3. NORBERTO BOBBIO

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4. ANOMIA Y DEMOCRACIA. REFLEXIÓN SOBRE UNA RELACIÓN PROBLEMÁTICA

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5. ESTADO DE EXCEPCIÓN FRENTE A DEMOCRACIA: 11 DE SEPTIEMBRE. EL FUNDAMENTALISMO EN EE.UU.: MITO FUNDACIONAL Y PROCESO CONSTITUYENTE

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6. BENJAMIN CONSTANT: LA LIBERTAD INDIVIDUAL Y EL GOBIERNO REPRESENTATIVO

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7. LA DEMOCRACIA DE SCHUMPETER

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8. PASADO, PRESENTE Y FUTURO DE LA CIUDADANÍA

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9. EL HOMBRE QUE MATÓ A LIBERTY BALANCE EN LA FILOSOFÍA POLÍTICA.

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Fco. Javier Benítez Rubio

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PROBLEMAS QUE PLANTEA LA DEMOCRACIA

Desde hace siglos se viene discutiendo sobre si la democracia es la mejor forma de gobierno. En la modernidad tardía el debate ya no gira tanto en torno a si democracia sí o democracia no. El debate gira sobre el eje de qué modelo de democracia es el más idóneo, qué contenidos debe de tener la democracia para que los Estados sean gobernados de la mejor manera posible. Muchos tomaron a la democracia como una panacea para el individuo y la colectividad, esa cosa magnífica que iba a solucionar todos nuestros problemas con sólo nombrarla. Se la ha mitificado y divinizado y al hacerlo la estaban dando por muerta, por clausurada. Al convertirla en mito, esto es, al dejarla morir, dejaron de pensar en ella, dejaron de ajustar su maquinaria, de perfeccionarla para los nuevos tiempos que se acercaban y en los que ya estamos plenamente involucrados. En este ensayo trataré de abordar los problemas que asedian a la democracia. Porque aunque sea el modelo de gobierno que más y mejores cosas aporta al gobierno, también es cierto que no es una panacea que pretenda solucionar todos y cada uno de los problemas de las sociedades y de los individuos. La democracia es una instancia viva y abierta que tiene todavía muchas cosas que decir y que mejorar. La forma de hacerlo es escudriñar en sus entrañas las problemáticas que la acucian. Si logramos saber cuáles son los fallos de la democracia, podremos establecer los remedios que la hagan más fuerte.

1º LA PARADOJA DE LA DEMOCRACIA. ¿Cómo hace el individuo para actuar de acuerdo con su propia voluntad y adaptarse a la voluntad de la mayoría? Es la paradoja de la democracia: la tensión entre la libertad individual y la autoridad bajo la forma democrática de gobierno. ¿Cómo solucionarla?: - Para Rousseau, el hombre se divide en dos yos: la persona privada y la persona ciudadana; así que los hombres pueden promover sus propias creencias pero votan por el bien común. Y es que Rousseau pensaba que el bien común se identifica sin ambigüedades.

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- Para Wolheim, los individuos tienen principios morales directos y principios morales de segundo orden, y que no hay contradicción entre estos dos tipos de principios puesto que no son inmediatamente incompatibles. - Schiller es partidario de la aceptación racional del proceso democrático: el dominio de la mayoría es una forma conveniente para tomar decisiones. Y suscribimos este método como lo mejor que tenemos: es un compromiso racional. La obligación no constituye un imperativo absoluto, sino una obligación racional que no puede contrariar los principios morales.

2º LAS MINORIAS. ¿Qué ocurre con los grupos que por su raza, religión o situación geográfica o económica, o debido a sus creencias morales están en minoría? A menudo estas minorías piensan que la opinión mayoritaria no es la correcta. En la práctica, la posición de las minorías varía con el sistema político. Y por lo visto, cualquier solución teórica que se presente para este problema supone una amenaza a los principios democráticos básicos: si se suprimen o desfavorecen, o si se favorecen o privilegian. Lo único que puede hacerse es introducir salvaguardas constitucionales y convencionales ad hoc, en cada caso, para la eventualidad en que se presenten estos casos. Pero si algo tiene la teoría democrática es esencialmente reconciliar pacíficamente intereses encontrados, y por lo tanto la existencia de las minorías debería ser una de sus premisas originales (condición sine qua non del gobierno democrático, ya que sin pluralidad no hay democracia posible, todo sería lo mismo).

3º DEMOCRACIA Y LIBERALISMO. Entre la ideología liberal y el sistema democrático de gobierno se cierne un conflicto que no parece terminar: hacer compatibles las aspiraciones individualistas del liberalismo y el colectivismo inherente a la democracia. Las incompatibilidades tiene que ver con el choque entre dos principios básicos: la voluntad del pueblo y la libertad individual. Para el liberalismo la libertad individual es la idea central, y no es negociable. Y para la democracia la voluntad del pueblo es igualmente innegociable. Fco. Javier Benítez Rubio

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Por lo que parece que son dos compañeros mal avenidos. Algunos ejemplos: Si se piensa que el pueblo es algo homogéneo, por un lado, y por otro, que las personas son irreductiblemente diferentes entre sí, parecen diferencias insalvables. Otro: Tampoco es sostenible una privacidad individual absoluta. A pesar de estas diferencias teóricas, en la realidad, liberalismo y democracia se han entendido muy bien históricamente. Tiene en común el rechazo a las formas totalitarias de gobierno, el ideal de tolerancia, la paz como bien esencial. Si el liberalismo defiende rotundamente la libertad, debe tolerar a la democracia, a pesar de tensiones y estridencias puntuales, ya que un excesivo descontrol coartaría la libertad del mismo modo que un excesivo control totalitario. La democracia le ofrece al liberalismo un “término medio” que nadie más puede ofrecerle (o lo toma o lo deja, o toma esa gran porción o se queda sin nada).

4º ¿TIENE LA DEMOCRACIA ALGO QUE VER CON LA VERDAD? En la lógica formal hay una ley, la ley de tercio excluso, que nos dice que una proposición, o es V o es F. En el mundo real, este razonamiento impecable, es falso, aunque todavía hay quien entiende la política desde una concepción dicotómica (por ejemplo “o uno u otro”, o “a favor o en contra” y también el sistema bipartidista). ¿Existen realmente soluciones correctas a las cuestiones políticas, o por el contrario, lo que existen son soluciones preferidas? Para empezar habría que llegar a un acuerdo sobre la verdad, y eso es un problema. Para Rousseau la solución correcta existe aunque los políticos no consigan descubrirla, para un marxista también se puede encontrar la verdad y establecer la justicia. Por el contrario un liberal puede considerar una solución óptima de segundo grado, ya que como no existe un método racional para descubrir verdades, la opinión es la única vía disponible; los políticos no descubren verdades, lo que hacen es tomar decisiones. Finalmente, la política es prescribir estrategias para sacar el máximo partido.

5º CONCLUSIONES. ¿Qué es la democracia? ¿Una forma más, de entre otras muchas formas de gobierno? O ¿Es algo más, además de ser una forma de gobierno? Fco. Javier Benítez Rubio

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- La democracia, en cualquiera de sus versiones ideales, se preocupa por mantener y extender la libertad humana a través del autogobierno. El ideal necesita el apoyo de otras creencias ideológicas sustanciales, dado que, en esencia, se aplica tan sólo al área estrecha de los mecanismos de gobierno, y la fusión de la democracia con la ideología a menudo transforma la teoría y la práctica democráticas hasta hacerlas irreconocibles. - Toda teoría de la democracia procura afirmar la igualdad política de los seres humanos, el valor de la deliberación y el intercambio de ideas y la resolución de los conflictos por medios pacíficos.

Bibliografía: Goodwin, B., El uso de las ideas políticas, Península, 1997. [IX. Democracia, pp. 233-273]

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UN APUNTE, SOBRE LA POLITICA, DE ORTEGA Y GASSET 1º. POLITICA MENTIROSA. La política ha calado hondo en el hombre. Aunque Ortega parece no tener en buena estima dicha disciplina. Para Ortega y Gasset política es la supeditación de la teoría a la utilidad, es también pensar utilitario. Toda ella es criticable, más aun el pragmatismo que descubre la esencia de la verdad en lo útil. Y lo es porque en primer lugar el pensamiento se degrada a operación, y en segundo lugar, se obvia la finalidad de las acciones: queda reducido el pensamiento a la operación de buscar buenos medios para los fines. Para Ortega la política está en un plano secundario y dice de ella que “es una saludable fuerza de que no podemos prescindir. Pero con condiciones. Mientras tomemos lo útil como útil, nada hay que objetar. Pero si esta preocupación por lo útil llega a constituir el hábito central de nuestra personalidad, cuando se trate de buscar lo verdadero tenderemos a confundirlo con lo útil. Y esto, hacer de la utilidad la verdad, es la definición de la mentira. El imperio de la política es, pues, el imperio de la mentira”. Como ya dije antes la política se ha extendido, hay política por todos lados. Y también políticos, gentes a quien no interesa ver el mundo como él es, dispuestas sólo a usar de las cosas como les conviene. Ortega ve el mundo que lo rodea lleno de política y de políticos, de mentira y de mentirosos. Se ve en la obligación de buscar la verdad, más bien, afirmarse de nuevo en la obligación de la verdad, en el derecho de la verdad.

2º. DEMOCRACIA MORBOSA. Las ideas de Ortega sobre la democracia son muy críticas, como queda patente en el fragmento citado. Pero son muy críticas porque la democracia (la llama saludable y noble) imperante en la España (y en los políticos) de su época es, en su opinión, perversa y ruin y provoca degeneración en los corazones, ya que se ha lanzado en brazos del plebeyismo. La democracia nació pensando en la plebe, salvarla de su baja Fco. Javier Benítez Rubio

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condición, para que medrara. Y finalmente la plebe, no solo, no medra, sino que, es la democracia la que acaba plebeya. Y es que Ortega no es amigo de los extremismos, como tampoco lo es de absolutismos. Y con la democracia ocurre tal cosa. “La democracia, como democracia, es decir, estricta y exclusivamente como norma del derecho político, parece una cosa óptima. Pero la democracia exasperada y fuera de sí,..., es el más peligroso morbo que puede padecer una sociedad”. La democracia ocupa un término medio, mesurado, un lugar concreto. Si ponemos la democracia fuera de su sitio, o en otros ámbitos, o distorsionada y extrema, piensa Ortega que es la peor enfermedad de una sociedad. “No es lícito ser ante todo demócrata, porque el plano a que la idea democrática se refiere no es un primer plano, no es un “ante todo”. La política es un orden instrumental y adjetivo de la vida, una de las muchas cosas que necesitamos atender y perfeccionar para que nuestra vida personal sufra menos fracasos y logre más fácil expansión”. La democracia no lo es todo, es una cosa más de entre otras, con su utilidad y su función. “Tampoco es lícito ser “sólo demócrata”. El amigo de la justicia no puede detenerse en la nivelación de privilegios, en asegurar igualdad de derechos para lo que en todos los hombres hay de igualdad. Siente la misma urgencia por legislar, por legitimar lo que hay de desigualdad entre los hombres”. Si se absolutiza llamando “todo” a la democracia, del mismo modo, llamar “lo único” a la democracia, como si no hubiera nada más, es también absolutizar. Es aquí, donde la democracia deviene plebeyismo. “Quien se irrita al ver tratados desigualmente a los iguales, pero no se inmuta al ver tratados igualmente a los desiguales, no es demócrata, es plebeyo”.

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Bibliografía:

Ortega y Gasset, J., El Espectador, Biblioteca Básica SALVAT, RTV 4, Madrid, 1969 Los textos en cursiva están sacados literalmente del texto original:  VERDAD Y PERSPECTIVA. Páginas 17, 18 y 19.  DEMOCRACIA MORBOSA. Páginas 67 a 71.

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NORBERTO BOBBIO El pensamiento del filósofo y politólogo italiano es fundamental a la hora de reflexionar sobre la Democracia. La figura de Bobbio es una referencia clara y de primer orden en todo estudio que quiera ser serio y fidedigno sobre el pasado, el presente y el futuro de la Democracia. A continuación resumiré brevemente lo que del italiano se expone en el libro ‘Teorías de la Democracia’ (J.M. González y F. Quesada Coords. Anthropos).

1º. LAS LUCES Y LAS SOMBRAS DE LA DEMOCRACIA LIBERAL DE N. BOBBIO (I). 1. El liberalismo personal de Bobbio. Norberto Bobbio por convicción y por formación es, sin duda, un liberal. Pero la forma que tiene de expresarlo es, por decirlo de manera coloquial, ‘sui generis’. Junto a la “doctrina de derechos cívicos y libertad individual” de pura cepa inglesa (John S. Mill) encontramos elementos no liberales: el socialismo y “el realismo político italiano que desciende de Maquiavelo” claramente conservador. Así que el liberalismo bobbiano se deja empapar y penetrar por los dos extremos del espectro político. 2. La Democracia según Bobbio: el núcleo duro del liberalismo (I) 

Sufragio adulto igual y universal.



Derechos cívicos que aseguran la expresión libre de opiniones y

la organización libre de corrientes de opinión. 

Decisiones tomadas por mayoría numérica.



Garantías de los derechos de las minorías contra cualquier abuso

por parte de las mayorías. 

Democracia representativa o indirecta.



Bobbio defiende que la democracia liberal es la única forma

posible de democracia.

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3. Argumentos contra la Democracia directa: el núcleo duro del liberalismo (y II)  Inadaptada para el grueso del trabajo legislativo, que supera de lejos la capacidad del ciudadano para interesarse en la cosa pública.  En el referéndum el electorado está atomizado, privado de sus guías, los partidos políticos.  Las asambleas populares, a causa de su tamaño y su facilidad para ser deformadas por demagogos carismáticos, son técnicamente deficientes para que sean válidas y representativas.  Los mandatos revocables son nefastos.



La democracia directa es inviable e inaplicable en las sociedades

actuales. 4. Las “promesas no cumplidas” de la democracia: el ramalazo crítico y socialista de Bobbio. 

Las sociedades industriales modernas son ya tan complejas que

hacen imposible que las voluntades individuales puedan recomponerse en una voluntad colectiva. A cambio surge un ominoso conflicto entre grupos corporativos. 

Al entrar las poblaciones en el sistema político a través del voto

se genera en el Estado una burocracia hipertrófica que generalmente se muestra impermeables al más simple control democrático. 

La tecnología necesaria para poner en marcha el sistema hace que

su dirección sea cada vez más compleja y especializada con lo que se recurre a la figura del tecnócrata como aquel experto capacitado para manejarlo. 

La ciudadanía cada vez aparece más ignorante, apática y

manipulable.



La combinación de estos factores conducen fatalmente a la

parálisis y al desprestigio.

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5. Las “promesas que jamás dio” la democracia: el zarpazo conservador de Bobbio. No hay democracia fuera de la democracia. Esto es, existen áreas de la vida del hombre (fábrica, escuela, familia, ejército e iglesia) cuya existencia es previa a la democracia, donde ésta no ha existido nunca, es más, tampoco es posible que lleguen nunca a existir. Pero no sólo es en estas instancias, también en los aparatos administrativos de todos los Estados occidentales. Con esto resulta que dentro de la democracia, en las entrañas que la hace funcionar, ¡tampoco hay democracia!

6. Conclusiones finales: un equilibrio que se fuerza es un equilibrio que se rompe. Las tensiones producidas por la encrucijada de estas tres corrientes de pensamiento explotan, y la balanza termina cayendo del lado conservador. Es lo que ocurre al intentar sintetizar dos posturas inconciliables. Sin poner en duda su lucidez y honestidad, Bobbio es presa del realismo histórico y entre un liberalismo de trazos conservadores y un liberalismo con matices socialistas, escoge el primero.

2º. LAS LUCES Y LAS SOMBRAS DE LA DEMOCRACIA LIBERAL DE N. BOBBIO (y II). 1. DEMOCRACIA - Definición mínima: Conjunto de reglas/procedimientos que permiten tomar decisiones colectivas mediante el debate libre y el cálculo de la mayoría. - Reglas de juego: a) Todos los mayores de edad deben gozar del derecho político a expresar su opinión mediante el voto. b) Todos los votos han de tener el mismo peso c) Libertad para votar según su propia opinión. d) Libertad para escoger entre diferentes alternativas reales. e) Principio de la mayoría numérica. f) Las decisiones de la mayoría no deben limitar los derechos de la minoría. Fco. Javier Benítez Rubio

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- Presupuestos: a) Libertad e igualdad política b) Estado de derecho como gobierno regular y reglamentado de las leyes. c) Individualidad. d) Pluralismo y tolerancia. e) Hermandad. f) Renovación gradual de la sociedad a través del libre debate de las ideas. g) No violencia, tanto a nivel nacional como internacional. - Nuevas caracterizaciones: a) Democracia como mercado: 

Gran Mercado: Negociaciones y pactos establecidos entre

los partidos políticos. 

Pequeño Mercado: Dinámica que se desarrolla entre el

partido y los posibles votantes-cliente en cada proceso electoral. b) Democracia como compromiso o pacto: 

Pacto entre los partidos de la mayoría.



Pacto entre la mayoría y la oposición.



Pacto entre las diversas fuerzas sociales para llegar a

determinadas

soluciones

de

compromiso

en

asuntos

fundamentales para la convivencia. 2. DEMOCRACIA REAL - Límites valorativos: a) de validez: ¿Podría la mayoría abolir la toma de decisiones de la mayoría? b) de aplicación: ¿Podría la mayoría decidir violar los derechos humanos o cuestiones de conciencia? c) de eficacia. ¿Podría la mayoría votar todas y cada una de las acciones políticas? Fco. Javier Benítez Rubio

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- Aporías técnicas: a) Determinación del corpus electoral. b) Los no votantes. c) Los que votan en blanco. d) Mayoría absoluta y acuerdo entre minorías en el caso de varias alternativas. - Promesas incumplidas: a) Individualismo vs pluralidad de grupos de poder: Los partidos políticos se han convertido en sujetos políticamente relevantes mientras que los individuos lo son cada vez menos. b) El desquite de los intereses: Los mandatos imperativos y las disciplinas de partidos violentan los intereses de la nación. c) Persistencia de oligarquías: Competencia entre las élites por la conquista del voto. d) Democratización insuficiente en bloques (empresa y aparato administrativo) con decisiones vinculantes para la sociedad. e) Aprendizaje de la ciudadanía insuficiente: vivimos más en una cultura de súbditos que en una cultura participante. - Obstáculos no previstos: a) Tecnocracia ante el aumento de los problemas técnicos en la sociedad: La democracia se rige por la hipótesis de que todos pueden decidir sobre todo. Para la tecnocracia sólo unos elegidos, los técnicos y especialistas, pueden decidir. b) Burocracia: La democracia se ordena jerárquicamente desde la base hasta el vértice. La burocracia se ordena de modo diametralmente opuesto. c) Ingobernabilidad: Existe una desproporción entre las demandas que provienen en número cada vez mayor de la sociedad civil y la capacidad que tiene el sistema político para responder a ellas.

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d) Transformación de la sociedad civil en sociedad de masas: El acceso de la sociedad de masas al sistema político significa el desarrollo de una industria política que usa técnicas para organizar el consenso, como es la propaganda. 3. EL CALLEJÓN SIN SALIDA Si Bobbio sitúa su concepción de la democracia liberal en pugna con el marxismo, al que acusa de querer sustituirla por la democracia directa; y contra el conservadurismo neoliberal, que pretende un estado mínimo pero fuerte; y además no considera como alternativas válidas ni los nuevos movimientos sociales, ni la revolución, ni la mayor participación de los ciudadanos (símil del Estado total), ni la desobediencia civil; ¿cuál es, entonces, la solución al problema? Efectivamente, Bobbio se introduce en un callejón sin salida y al cerrarse a toda alternativa termina por arrojarse a los brazos de lo que tanto criticó: la democracia real.

Bibliografía: Anderson, P., La evolución política de Norberto Bobbio, en González, J.M., y Quesada, F., (Coords.), Teorías de la Democracia, Anthropos, 1ª edición 1988, Barcelona (pp. 21-38) González García, J.M., Límites y aporías de la democracia representativa en Norberto Bobbio en González, J.M., y Quesada, F., (Coords.), Teorías de la Democracia, Anthropos, 1ª edición 1988, Barcelona (pp. 39-56)

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ANOMIA Y DEMOCRACIA. REFLEXIÓN SOBRE UNA RELACIÓN PROBLEMÁTICA

Explica F. Bealey en su ‘Diccionario de Ciencia Política’ (EDICIONES ISTMO 2003 Madrid Pág. 28-29) que la anomia es un término acuñado por Durkheim y que lo utilizó para describir una situación en la que se pierden los valores y las normas. En la Filosofía Política actual, la anomía se ha convertido en un tema de gran relevancia, ya que esta pérdida se sustancia en muchas y variadas formas de violencia. Y ésta es, sin duda, la gran antagonista de la Democracia.

1º. LA ANOMIA ENTRE LOS ESTADOS. Nadie vive aislado. Los Estados tampoco. Entre ellos se establecen relaciones de diversa índole; es lo que ha venido a llamarse el Sistema Internacional. Si ya es difícil una reflexión sobre el carácter interno de un Estado, esto es, si es o no democrático, o incluso, la cantidad y calidad de democracia que hay dentro de la democracia (‘Las promesas incumplidas de la democracia’ de Bobbio es referente en este aspecto); el asunto se torna muy complicado cuando reflexionamos sobre las relaciones de los Estados, democráticos o no, entre sí. El punto de partida de Bobbio es la clarificación de varias relaciones. Creo que la cuestión quedará mejor expuesta en los siguientes cuadros; y a partir de aquí, establecer varias líneas para la reflexión.

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La primera cuestión es dirimir “si las democracias son más pacíficas que las autocracias”5. Y seguramente esta cuestión sea, a priori, la más fácil de resolver, porque desde hace siglos son muchos los filósofos que defienden la tesis de “la menor belicosidad de las repúblicas”7. Bobbio cita a J. de Witt, Montesquieu, y el proyecto de paz perpetua de I. Kant. Una segunda línea de reflexión propuesta por el pensador italiano es si al aumentar el número de Estados democráticos, la Comunidad Internacional ser verá también democratizada en su conjunto. Esta cuestión es difícil respuesta con solo mirar la situación actual (Bobbio, que murió en 2004, tres años después del 11S, escribe este ensayo en los primeros noventa, si conociera el status quo del 2008 y lo que se aproxima, seguramente se quedaría impactado, tal y como estamos los demás): “Que la mayoría de los estados actualmente existentes no son democráticos, es un hecho incoinstestable”8. Aquí Bobbio establece una analogía entre el nacimiento de los Estados democráticos (Versión contractualista siglos XVI-XVII) y la democratización de la Comunidad Internacional. Veamos en primer lugar un cuadro explicativo.

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La Comunidad Internacional, y su Derecho, se encuentran enclavados a plomo en el primer paso de esta tricotomía. Sí existe la figura del Tercero activo, el juez, pero que no posee poder coercitivo alguno para que sus decisiones sean observadas. La ONU y la Corte Internacional de Justicia, que hicieron su aparición-reaparición tras las dos Guerras Mundiales, actúan como jueces-árbitros-mediadores de un pacto de no agresión recíproca que pretende, aunque no consigue, abarcar a todos los miembros de la sociedad internacional, así que tanto el pacto como el juez son profundamente ineficaces. Porque la gran mayoría de ellos, como resultado del colonialismo, aunque ya no anómicos, si son generalmente autocráticos. La cuestión, difícil cuestión, es conseguir que la “inspiración democrática”13 que dio forma a la ONU y al Derecho Internacional llegue a ser “Democracia tout court”13, esto es, plena y a tiempo completo. Para terminar una tercera cuestión ¿”es posible ser democráticos en un universo no democrático”5? ¿Qué ocurre cuando un hombre justo y cabal se ve rodeado de otros sujetos de una catadura moral opuesta? ¿Podrá mantenerse firme a sus principios? ¿Qué ocurre si es amenazado, o atacado, incluso físicamente, por esos otros? ¿Es posible, y Fco. Javier Benítez Rubio

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legítima la defensa? ¿Hasta dónde? ¿Hasta dónde es moral defender la moral? ¿Y si un estado democrático es el que convive con otros que no lo son? ¿Se puede ser democrático rodeado de autocracias? ¿Se puede ser pacífico rodeado de violencia? ¿Hasta dónde una defensa democrática es democrática y no autocrática? ¿Se puede ser demócrata en el interior y defenderse autocráticamente en lo internacional? Parece claro entonces, que lo internacional atañe a lo interno. Y la pregunta sobre ¿cuál de ellos debe prevalecer? aparece a continuación. Bobbio afirma que “no se puede dar ninguna respuesta significativa al problema planteado de esta manera bajo la forma de dilema”15 o sea, o elegimos opción a o elegimos opción b. Habría que analizar cada situación específica y con sus contextos. Ahora bien llegados a situaciones límites, que nada hace mostrarnos que no puedan darse en un futuro, lo que nos queda es la postura del lobo de Hobbes, por un lado, donde lo importante es la supervivencia del Estado; y por otro los consejos del Maestro Consejero por excelencia, Maquiavelo: “Donde se delibera de manera decisiva sobre la salvación de la patria, no debe tener cabida ninguna consideración ni de lo justo ni de lo injusto, ni de lo piadoso ni de lo cruel, ni de lo laudable ni de lo ignominioso, al contrario, pospuesta toda otra consideración, hay que seguir totalmente a aquel partido que le salve la vida y le mantenga en libertad”17. El resultado de nuestras reflexiones no es precisamente optimista, porque a pesar de todos los esfuerzos intelectuales y toda la buena voluntad que unos pocos puedan poner en conseguir un Orden Mundial justo siempre será la fuerza (y la violencia) la que tenga la última palabra, y la que ponga los límites a la razón y no al contrario. Pero a pesar de las decepciones no podemos caer en un excesivo desencanto y perder toda esperanza. Es bueno terminar como lo hace el propio Bobbio, pensando al menos, en que el “número de los estados democráticos ha ido en aumento, y el proceso para la democratización de la sociedad internacional ya se ha puesto en marcha”20, y eso es ya algo y no la nada.

Bibliografía:

Bobbio, N., Democracia y sistema Internacional, RIFP/4 (1994) Págs. 5-21 (Traducido por A. Attili) [Los números que aparecen anotados a continuación de lo entrecomillado son el número de la página donde aparece escrito]

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ESTADO DE EXCEPCIÓN FRENTE A DEMOCRACIA: 11 DE SEPTIEMBRE. EL FUNDAMENTALISMO EN EE.UU.: MITO FUNDACIONAL Y PROCESO CONSTITUYENTE

El 11S. El 11 de Septiembre de 2001 el horror se apoderó de los Estados Unidos de América, también del resto del mundo. Aquel día cambió la historia, el mundo dejó ser como era hasta entonces. Una serie de ataques terroristas coordinados milimétricamente arrasaron las Torres Gemelas y el World Trade Center en la ciudad de New York. También el Pentágono fue objetivo de los terroristas. La lista final de muertos fue de 2.992 personas. Una vez pasados los terribles momentos del 11S (o 9/11) es momento de templarse y establecer una perspectiva desde la que reflexionar sobre lo acontecido, y hacerlo en dos vertientes. La primera tiene que ver con el antes, la segunda, claro está, con el después. Los Contextos previos. Sin tratar de justificar en ningún momento el acto terrorista, sí es posible intentar comprender* el momento histórico en el que se incardina, cuáles fueron los contextos que están en la base del 11S. Encontramos tres tipos de procesos socio-históricos que dan forma a esta nueva era en la que vivimos. - Como hemos vista en otro tema, la Caída del Muro de Berlín supuso el fin de la tradición ilustrada, de todo su imaginario político y de la búsqueda de innovaciones. Se instaura un ‘realismo político’ marcado por la burocracia, el liderazgo soteriológico y las ciudadanías encogidas. - Se pretende realizar una reorganización económica universal, la globalización, sin que haya un orden político que la sustente. El resultado de esto es que los Estados adquieren una función subsidiaria a la economía, con lo que se produce una “desdemocratización”, ya que prevalece el criterio funcional de la actividad económica antes que la normatividad legal.

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- La Guerra Fría nos dejó una multitud de Estados sin legitimidad democrática interna, aunque desde el punto de vista internacional sí se consideran legales, incluso forman parte de sus instituciones. Son, como los llama el Prof. Quesada, un sinfín de “Estados fracasados” en los que han persistido las élites del régimen anterior y no se ha producido cambios democráticos. En estos estados suelen primar la corrupción gubernamental promovida por las Multinacionales que quieren aprovechar su riqueza en materias primas, también abundan las bandas criminales y mafiosas, los ‘señores de la guerra’ e innumerables enfrentamientos étnicos no resueltos. El problema se agrava cuando el orden internacional busca aliados políticos y económicos sin atender a las estructuras de gobierno o a las formas de legitimización democráticas. Ninguno de los tres argumentos que se aporta son alegatos que justifiquen los terribles hechos. Pero sí explican el surgimiento, el desarrollo y la actuación de los nuevos movimientos terroristas. No se puede negar que la Realpolitik, por un lado y la Globalización por otro, han excluido de manera inmisericorde a muchas naciones, que han sido segregadas y desacopladas, enviadas al olvido y a unos niveles de pobreza y hambrunas subversivas. Y no se puede pretender que estas naciones acepten sin más ser relegadas y que languidezcan en ese estado toda la eternidad. De algún modo pretenden integrarse en la corriente y cuando no se les deja su respuesta es la violencia. Responde con exclusión a la exclusión, sólo dan lo que reciben. Al añadirles el tercer punto tenemos una cita con la peor de las tragedias, aquel grupo que fuera aliado, y por tanto entrenado y pertrechado militarmente, y que luego es excluido, se convierte en el peor de los enemigos. El Mundo al revés. La ‘Zona Cero’ ha obligado a los estadounidenses a ponerse frente a sí mismos y justificarse como nación. El 11S ha sido el desencadenante inesperado de un profundo e inquietante cuestionamiento del sentido de EUA como pueblo. Y al calificar tal hecho como inesperado e inquietante es porque la primera vivencia que tienen de todo esto es que el caos y el desorden han irrumpido en sus vidas: efectivamente, el mundo está al revés. Primero porque fueron atacados dentro de sus fronteras, el horror fue llevado hasta las mismas puertas de sus hogares. Segundo los argumentos de los atacantes son una amalgama difusa de razones ético-político-religiosas; y no un afán de conquista o apropiación de riquezas ajenas. Y tercero porque habían asumido que tanto su forma de

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vida como sus intervenciones de índole político-militar por todo el orbe tenían un valor universal. El choque es tremendo, y el colapso profundo. Cuando todo parecía claro y el pueblo americano yacía en lo más alto, los terroristas los han dejado en una situación de perplejidad profunda, de contradicciones imposibles de asumir. Por tanto se autoimponen la tarea de restablecer ese orden anterior al caos. Tienen que superar esos momentos de confusión y extrañeza que se han apoderado de la ciudadanía. Y lo que ha ocurrido es una reestructuración simbólica total, una redefinición del mundo. Es una negación ideológica de la negación: ellos negarán a todos aquellos que los han negado. La brutalidad del ataque hace imposible un mero ‘pasar página’. Antes bien, introduce a toda una sociedad de millones de personas en un maelstrom de dimensiones descomunales. Es la vivencia de un Apocalipsis sin lógica. ¿Cómo comprender esto que ha ocurrido tan brutalmente? ¿Qué aparato hermenéutico puede arrojar luz a semejante catástrofe? Los mitos salvadores. El pueblo americano tendrá que echar mano de los mitos para reconducir el sentido perdido por los atentados. Serán dos tipos de narraciones míticas las que tratarán de devolverles el orden arrebatado. En un primer momento destaca claramente el mito de la génesis. Lo que actualmente existe, el caos, es lo completamente contrario a lo que había en un principio y que es lo que debería ser, eso que eran ellos: el único mundo posible, el único con sentido, el más ordenado. Y por ello se lanzan a la búsqueda de ese mítico ‘estado cero’ de las cosas. Este primer momento de defensa propia dura poco tiempo, al convertirse el ‘mito de génesis’ en un ‘mito de soberanía’. Porque una vez encontrado ese ‘estado cero’ habrá que hacer todo lo posible por volver a él, aunque sea por la fuerza. Así, se instituyen como el máximo poder del globo y como organizadores del resto de Estados creando un nuevo orden internacional.

El mito genético del ‘Estado Cero’. Para entender y poder explicarnos satisfactoriamente esa búsqueda del ‘estado cero’ del pueblo americano como forma y manera de superar el colapso del 11S tendremos que mirar a la propia creación de su

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nación, y cómo los padres fundadores dejaron en ese momento la insuperable impronta del puritanismo (J. Aranzadi). Luego nos detendremos en reflexionar como ese mito genético se materializa en la realidad: la llamada ‘Carta de América’. Los Comienzos La actuación política norteamericana se ha visto marcada desde siempre por cuatro aspectos que han actuado a nivel mítico-inconsciente: - El contrato-alianza, de clara inspiración lockeana, con Dios. Es Dios el que marca las leyes de la naturaleza y los derechos de los hombres no son sino dones del Creador. - Los derechos políticos sólo pertenecen a unos pocos: la minoría de los propietarios, o sea, los elegidos. - El pesimismo antropológico puritano marca profundamente la Constitución, que marca límites a la ‘malvada e imperfecta’ naturaleza humana de la mayoría. - El nuevo mundo es el ‘nuevo Israel’, y el pueblo estadounidense es el nuevo pueblo elegido por Dios. Esto queda claramente expuesto en muchas de las manifestaciones de la cultura norteamericana. Sólo un ejemplo: la gran mayoría de de los estadounidenses se consideran religiosos y asisten frecuentemente a la iglesia, y sin embargo sólo vota el 40% de los ciudadanos. Por si esto no fuera ya poco, a comienzos del s. XX se publican un grupo de 12 opúsculos llamados ‘Los Fundamentos: un testimonio de la verdad’. En estos documentos hay una fuerte oposición a la moderna hermenéutica bíblica, optando por una interpretación literal de la biblia. También destilan un rechazo frontal a los avances de la ciencia y de las ideas ilustradas, ya que son amenazas para la creencia en Dios. ‘La cultura de las razones’, la discusión-diálogo entre los diferentes puntos de vista y la constatación racional de la realidad queda relegadas por esta “religión civil”, que pasa a ser el imaginario inconsciente de la sociedad norteamericana. Así que toda esta monserga religiosa queda impregnada con fuerza en los posteriores desarrollos éticopolíticos del pueblo estadounidense, sus élites intelectuales y científicas y su clase gobernante.

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La Carta. En febrero de 2002 se edita un documento firmado por un grupo de 70 intelectuales estadounidenses en el que tratan de instaurar el sentido perdido tras los atentados del año anterior. Estos intelectuales son conscientes del estado de perplejidad en el que se encuentra sumida su sociedad, el caos total en el que vive, actúa y piensa el pueblo norteamericano, completamente inmerso en ese ‘mundo al revés’. La tarea de los firmantes de la ‘Carta de América’ consistía pues en generar un nuevo proceso ideológico de orden y de legitimación para Norteamérica.

El mito de soberanía: Imperialismo justiciero. El movimiento mítico-ideológico de los intelectuales estadounidenses fue asumido por la administración Bush dando un paso adelante. ‘La estrategia de seguridad nacional de los Estados Unidos’ es un documento que vio la luz en septiembre de 2002 y que marca claramente el camino que EUA debe de tomar en el futuro: establecer un nuevo orden mundial. Este documento, que cierra todo camino a la filosofía, pero también a la política y a las leyes, pretende la instauración de un poder absoluto y la eliminación-destrucción del adversario, convertido ahora en enemigo irreconciliable, que lo único que merece es ser erradicado del orbe. La Guerra en Irak e Afganistán y el apoyo casi total a la represión al pueblo palestino por parte de Israel son algunas de sus consecuencias. La nueva sociedad americana ha alcanzado la percepción de sí misma como la única forma de vida correcta y legítima, y que por tanto no sólo tiene que defenderse de sus enemigos, sino que debe extenderla por todo el mundo.

¿Qué hay detrás de estos dos documentos? Aunque nada será lo mismo en EUA, y en el mundo, tras el 11S, la ‘Carta’ pretende ser un rearme ideológico que la élite intelectual pretende imponer salvíficamente a su nación. Este documento trata de reconstruir un nuevo imaginario ético-político partiendo de retales antiguos con una marcada impronta religiosa. Veamos los rasgos más importantes que trata de proyectar. El pueblo elegido y la herencia que ha de ser compartida. La Carta, como hicieron en su día los padres fundadores, otorga al pueblo americano el aura especial de pueblo elegido por dios. Al otorgarle ese linaje divino tratan de contrarrestar la interpretación que hace los terroristas de sí mismos, ya que también Fco. Javier Benítez Rubio

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dicen ser creyentes y tener a dios de su parte. La sociedad americana dice ser la sociedad más religiosa del mundo y por tanto, el dios verdadero e su dios y no es neutral, dios se alinea con los estadounidenses. No es el sentimiento o la vivencia del pueblo de dios. Va más allá, a un plano ontológico y trascendental: son el único pueblo de dios y no hay nada más que discutir o argumentar. Esta profunda convicción acaba de raíz con toda posible argumentación racional y convierte en enemigo de dios a todo el que sí trata de buscarla. Pero van más allá al afirmar que esos valores americanos son una herencia que tiene que ser compartida, o impuesta si no se acepta de buen grado. El avance de la libertad y de la justicia en el mundo depende de ellos en exclusiva. Como son los depositarios de las verdades morales universales se constituyen en la medida de todos los hombres y sociedades. El retorno al peor de los pasados. Un mismo arcaísmo premoderno recorre todo el documento, y es aquel que justificaba el feudalismo y al Imperio, a los príncipes y a la Iglesia. Para estos intelectuales no es un problema filosófico que haya que argumentar y confrontar con otros para su validación. No, lo asumen como un dato cuya realidad y fundamento escapan al orden de la discusión. Existe una ley moral natural absoluta para todos los hombres. La Carta supone la supresión del elemento esencial de cualquier propuesta moral: la libertad de los individuos. Cada individuo particular tiene la característica de ser intérprete, desde la libertad de su conciencia, de la realidad concreta en la que vive y actuar en consecuencia. Esta moral sacra violenta la libertad de la decisión individual. Los propios autores de la Carta detectan una contradicción problemática entre el laicismo de su régimen y la lealtad a la autoridad divina. Pero disuelven esta aporía escurriendo el bulto, al convertirla en un mero ‘reto difícil’. Este reduccionismo teórico no nos oculta que la creencia religiosa es realmente el núcleo ideológico insuperable que impregna la propia conformación política de la nación. Ese imaginario sacro permea todo el horizonte político. Esto no tendría mayor problema si fuera una cuestión interna. El problema, y grave, surge cuando EUA trata de exportar por la fuerza este ‘espíritu’ al resto de las naciones en el mundo

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El mundo en guerra. Si la guerra ha llegado a América, la guerra le será devuelta al mundo. Los que pretendieron castigarlos ahora serán castigados por el verdadero dios y la verdadera verdad. Los argumentos de la Carta tratan de convalidar como justa una guerra reactiva, generalizada y preventiva. Esto es, actuar unilateralmente y sin someterse a las instancia jurídicas internacionales. Esto supone un retroceso de especial importancia en la historia de Norteamérica. EUA fue pilar fundamental para que en 1945 se fundara la ONU y que fuera el organismo internacional el que dirimiera los conflictos entre naciones; y no acudir a los presupuestos premodernos de la guerra justa. Ahora, la Carta tilda de problemática esta proposición. La ONU sólo puede tener un papel humanitario. Si el establecimiento de la ley natural supone la suplantación de la razón moderna; el establecimiento de la guerra justa supone la instauración de un estado de excepción en todo el mundo que suplanta la actuación jurídica y política. Milenarismo civil, cruzada violenta de dimensión salvífica y criminalización del enemigo hereje e inmoral, son los valores fundamentales que trata de establecer la Carta. La guerra preventiva, nos dicen en la Carta, es justa porque supone la lucha que el pueblo elegido mantiene contra el mal absoluto. El dato cierto del número masivo de muertos en NY es ineludible pero es desproporcionado identificar a estos terroristas y sus acciones como la quiebra total de la humanidad. EUA se considera como la única autoridad legítima y responsable del orden mundial, única capaz de instituir una comunidad basada en la justicia: por eso trata de imponer la ‘pax americana’.

Bibliografía: Quesada Castro, F., Sendas de Democracia. Entre la violencia y la globalización, Homo Sapiens, Rosario-Santa Fe, 2006.

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BENJAMIN CONSTANT. LA LIBERTAD INDIVIDUAL Y EL GOBIERNO REPRESENTATIVO

1. En esta Conferencia pronunciada en París en 1819, Benjamin Constant, trata de defender ambas posiciones, entrelazándolas necesariamente. Defiende que sólo a través de esta forma de gobierno se asegura la libertad de los individuos. Tras unas décadas convulsas, por la Revolución y el gobierno de Napoleón, Francia entra en una época de relativa estabilidad con la reinstauración borbónica. Es hora de que los pensadores y políticos recapitulen sobre todo lo acontecido. Benjamin Constant de Rebeque fue un escritor, pensador y político suizo, aunque nacionalizado francés, de gran formación académica obtenida en importantes Universidades europeas (Erlagen, Oxford y Edimburgo). Conoció de primera mano, por sus muchos viajes, toda la política europea de su tiempo; participando, incluso, activamente en ella, en varios períodos, en la Asamblea Nacional francesa. En su pensamiento político, de corte liberal, se dejan ver influencias de Rousseau y del espíritu político anglosajón. También, debido a su relación con Madame de Staël, tuvo importantes contactos con el romanticismo alemán. 2. La tesis central que trata Constant de defender en su Conferencia es que el gobierno representativo es el mejor de los gobiernos posibles, pero solamente puede existir en la actualidad, sólo ahora se dan las condiciones necesarias para su instauración. El primer argumento que aporta el francés sale de la comparación entre el modo de vida antiguo y el moderno. Mucho ha cambiado desde el pasado hasta la época moderna. En la Antigüedad el individuo estaba completamente sumiso a la autoridad del conjunto. Lo privado era severamente vigilado, la soberanía se ejercía de forma colectiva. “Las leyes reglamentaban las costumbres, y como las costumbres afectaban a todo, no había nada que no estuviera sujeto a la ley” afirma Constant sobre el modo de vida antiguo. Así, el individuo antiguo que fue soberano en lo público era un esclavo en lo privado, esto es, lo individual se diluía en lo colectivo. Entre los modernos, el individuo tiene plena independencia en su vida privada; pero su soberanía está restringida y cuando puede

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ejercerla está llena de complicaciones. Para los modernos lo más importante son los derechos individuales: expresar opiniones, disponer de su propiedad, libertad de reunión y de culto, son los más importantes. En otro orden de cosas, en el ámbito del gobierno, la soberanía nacional en la Antigüedad no era un supuesto abstracto, era una realidad cotidiana; y los antiguos hacían constantes sacrificios para conseguir su derecho político y participar directamente de la gestión del Estado. Pero con el sacrificio parece que iba solapada la felicidad: los antiguos encontraban gran satisfacción en el ejercicio de los derechos políticos. Por el contrario, el individuo moderno se encuentra perdido entre una multitud y no percibe en absoluto la influencia que ejerce. Además, el progreso de la civilización ha aumentado los medios para encontrar la felicidad particular: el sujeto moderno tiene un mayor apego a la independencia individual. Si el modo de vida, individual y colectivo, ya no es el mismo, será por algo. No es el azar o la caprichosa suerte la que ha producido estos cambios. Constant argumenta el encadenamiento de tres causas para explicar esas diferencias. Veámoslas: - Antigüedad: 1ª Pequeña extensión de los Estados. 2º Esclavitud que se ocupaba de la mayor parte del trabajo 3º Guerra como forma de mantener la seguridad y la independencia - Modernidad: 1ª Los Estados son mucho más grandes y los pueblos que los habitan muy diversos. 2º La esclavitud no existe. Es la ciudadanía libre la que encarga del trabajo manual e industrial. 3º El comercio ha suplantado a la guerra como el modo de obtener lo que no se tiene o lo que se desea. Afirma Constant que es “el intento de obtener por las buenas lo que no se espera ya conquistar por la violencia (…) La guerra es impulso, el comercio es cálculo”. El comercio, por tanto, es fundamental en la evolución de los pueblos. A mayor nivel de comercio, mayor desarrollo, mayor libertad y menor a beligerancia. Hasta ahora podemos sacar la primera conclusión con Constant: los modernos no disfrutan de la misma libertad que disfrutaron los antiguos, “que consistía en la

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participación activa y continúa en el poder colectivo”. La libertad de los modernos se encuentra en el disfrute de la vida privada. 3. Antes de pasar al segundo pilar de su argumentación, se detiene Constant a rebatir los argumentos de J.J. Rousseau. No se pueden traer al presente las cosas del pasado, no funcionarían o no lo haría bien. Critica a Rousseau por defender la democracia directa al modo antiguo sin reparar en que ésta ya no puede encajar en la realidad del mundo moderno. El mundo ya no es el que era. Para ser gobernados como los antiguos habría que tener las concepciones de la Antigüedad; y esas ya no volverán. Y si queremos establecer en la época moderna, con la mentalidad moderna, solamente el modo de gobierno antiguo, tendría peligrosas consecuencias. La democracia directa en la modernidad conduce a la tiranía, esto es, al ceder ante la voluntad colectiva veríamos como se restringen los derechos individuales. Por muy alabadas que sea las instituciones de las antiguas repúblicas son inadmisibles en los tiempos modernos. Es inaceptable que la sociedad no respete los derechos individuales. Así que actualmente la libertad individual es la verdadera libertad y “la libertad política es su garantía”. Y si sacrificamos la primera por la segunda, como hicieron los antiguos, no nos conducirá a lo antiguo, sería mucho peor, sería perderlas las dos1. 4. En definitiva, a cada tiempo lo suyo, su libertad y también su forma de gobierno y soberanía. Si hay otra realidad geopolítica, y hay otra forma de vivir la libertad, también ha de haber otra forma de organizarse, administrarse y gobernarse. Esta nueva forma es el sistema representativo. “El sistema representativo no es otra cosa que una organización que ayuda a una nación a descargar en algunos individuos lo que no puede o no quiere hacer por sí misma. (…) es un poder otorgado a un determinado número de personas por la masa del pueblo, que quiere que sus intereses sean defendidos y que sin embargo no tiene tiempo de defenderlos siempre por sí mismas”.

1 Es una magnífica curiosidad ver como este discurso de primeros del siglo XIX puede tener una tremenda actualidad. Me refiero a los graves sucesos acontecidos tras el 11S y la posterior respuesta de la administración norteamericana (La estrategia de seguridad nacional de los Estados Unidos) y gran parte de la estructura de pensamiento y análisis neoliberal y neoconservadora anglosajona (Carta de América). Al reducir a mínimos casi insoportables los derechos individuales en pos de una mayor seguridad del colectivo, se está haciendo realidad el augurio de Constant. Al extrapolar en la actualidad estructuras pretéritas que en su día funcionaron correctamente, no se consiguen los beneficios que se obtenían en el pasado. Se consigue la antípoda de lo que se pretendía Fco. Javier Benítez Rubio

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De este modo el sujeto individual puede dedicarse en todo momento a su vida, desarrollando sus derechos individuales pero sin que queden desatendidas sus obligaciones políticas.

Bibliografía: Constant, B., De la libertad de los antiguos comparada con la de los modernos. En: https://es.scribd.com/doc/50676631/B-Constant-De-la-libertad-de-los-antiguos-comparada-con-la-de-losmodernos

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LA DEMOCRACIA DE SCHUMPETER 1º. DESMONTANDO LA TEORÍA CLÁSICA Comienza con la definición, que hacía la Teoría Clásica, de democracia; desarrollando brevemente los puntos que la sustentan. A continuación Schumpeter rebatirá el núcleo central de esa definición, la voluntad general, desmontándola.

Primero, resulta evidente que no existe ese tal bien común unívoco y con el que todo el mundo está de acuerdo. Existen, por el contrario, irreconciliables cuestiones de principio, esto es, valores últimos que están más allá de toda lógica. Segundo, aunque Fco. Javier Benítez Rubio

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existiera realmente ese bien común suficientemente definido, no implicaría en absoluto que la existencia de respuestas definidas para los problemas singulares. Tercero, si no existe un bien común determinado y entendible por todos, tampoco existirá una voluntad general que lo persiga. En este punto parece claro, a Schumpeter, que la teoría democrática clásica se ha desmoronado. ¿Existe realmente la voluntad popular como la suma de las voliciones individuales? ¿Y si saliera algo común de todo ese maremágnum sería algo racional? ¿La voluntad común que surge de todo ese entramado complejo de voliciones individuales tendría unidad y sanción racional? Schumpeter afirma que no y esto implica tomar una postura difícil: “La falta de sanción racional significa que, puesto que esta voluntad no se acomoda ya a ningún ‘bien’, será ahora necesario, a fin de reclamar una dignidad ética para el resultado, replegarse en una confianza ilimitada en las formas democráticas de gobierno en cuanto tales, confianza que, en principio, tendría que ser independiente de la deseabilidad de los resultados”. Al eliminar los puntos 1 y 2 sólo queda como fundamento los puntos 3 y 4, nos dice Schumpeter. El siguiente paso de su argumentación será el determinar las verdaderas relaciones que se establecen entre las voluntades individuales y la voluntad general. Al fin y al cabo, el meollo central de toda teoría política que trate de gobernar a personas es la naturaleza humana. Las ideas de la personalidad humana como una unidad homogénea y de la voluntad como una acción responsable y consciente de su finalidad, han ido perdiendo peso ante la importancia de los elementos extrarracionales o irracionales de la conducta. Para argumentar esto podríamos tomar información de los trabajos del Psicoanálisis (Freud) o de la Psicología de masas (Le Bon) pero basta con prestar atención a algo más sencillo de la vida cotidiana: la influencia de la propaganda sobre los consumidores. En las decisiones que toma el individuo influyen lo que ha experimentado de primera mano, también sus propios intereses simples y nada problemáticos. Pero también influyen el consejo de expertos, imparciales algunos y otros que no lo son tanto. ¿Cuánto de propio y cuánto de ajeno hay entonces en la voluntad individual? Schumpeter habla de dos entornos en los que el individuo se mueve. Uno más directo que tiene que ver con las decisiones de la vida diaria (familia, trabajo, aficiones, barrio y municipio). Y otro entorno más lejano, de ámbito nacional o internacional. En ese primer ámbito reducido es la familiaridad y la responsabilidad la que definen a la voluntad. En el segundo ámbito esta relativa precisión ya no es tan clara. Al perder el Fco. Javier Benítez Rubio

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individuo el nexo directo, esto es, la cercanía, pierde por completo el sentido de la realidad y de la responsabilidad, y por tanto pierde la voluntad (aquí Schumpeter afirma que no se puede confundir a la voluntad responsable y consciente con las preferencias y aversiones): “sin la iniciativa que desarrolla la responsabilidad directa, persistirá la ignorancia política, aun cuando el público disponga de la información más abundante y completa. […] el ciudadano normal desciende a un nivel inferior de prestación mental tan pronto como penetra en el campo de la política. Argumenta y analiza de una manera que él mismo calificaría de infantil si estuviese dentro de la esfera de sus intereses efectivos. Se hace de nuevo primitivo”. Y esto sitúa al individuo delante de dos graves peligros. Primero, el ciudadano estaría sometido a poderosos prejuicios irracionales que relajaran sus exigencias morales habituales cediendo ante impulsos oscuros. Segundo, cuanto menor sea el elemento lógico y la formación de la ciudadanía, mayores son las posibilidades de que ciertos grupos que persiguen fines interesados la manipulen para obtenerlos. En este caso rigen los mismos principios que apuntaba antes el autor: la propaganda política ataca directamente al subconsciente de los individuos. Y Schumpeter en este punto es muy contundente: toda información que se presenta como irrefutable está al servicio de una intención política. “¿Pero cómo es posible que una teoría tan patentemente contraria a los hechos haya sobrevivido hasta nuestros días y continúe ocupando su lugar en el corazón del pueblo y en el lenguaje oficial de los gobiernos?”, se pregunta Schumpeter (imagino que con asombro e indignación a partes iguales). Schumpeter aduce la existencia de básicamente tres razones para explicar esto: religión, asociación de ideas y aproximación a la realidad. Primero, la teoría clásica ha terminado por ser una especie de fe religiosa, similar a la cristiana, convirtiéndola en un ideal o en un credo que hay que seguir fielmente, a pesar de sus fallos. Segundo, la doctrina clásica está asociada, en muchas naciones, a acontecimientos determinantes de su historia. El ejemplo que pone Schumpeter para explicar esto es muy revelador: la existencia de Estados Unidos como democracia está asociada a la lucha que mantuvo en su génesis contra la muy monárquica y aristocrática Inglaterra. Tercero, para algunas sociedades la teoría clásica se adapta perfectamente. No es la teoría la que se amolda a la realidad, sino la realidad a la teoría. Esto, nos dice Schumpeter, ocurre en sociedades pequeñas y primitivas, sociedades sencillas en las que no hay grandes asuntos que tratar (Suiza). Fco. Javier Benítez Rubio

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2º. EL NUEVO MECANO. Después de cuartear al método clásico Schumpeter se lanza a montar las piezas de su propuesta: el caudillaje político es la pieza central, alrededor de ellas irán incorporándose otras como la competencia, los partidos políticos y el electorado. En el fondo de esta propuesta no se encuentran, dice Schumpeter claro, ningún capricho ideológico, sino el más absoluto realismo. El método por el propuesto es el que mejor explica o se aplica a la realidad en la que vivimos. Se trata, usando una metáfora coloquial, de hacer el traje a la medida del cuerpo y no hacer el cuerpo a la medida del traje. El método democrático es aquel sistema institucional1 en el que unos determinados individuos (2,3), entre los que destaca el boss o leader o caudillo (4), adquieren el poder de decisión mediante una previa lucha o competencia(5,6,7) por el voto del electorado(8,9). Esta sería una definición de democracia para Schumpeter. 1. La democracia no es un sistema de principios o valores. Lo que hace democrático a un gobierno no es ni el bien ni la voluntad general; sino el procedimiento, el mecanismo interior de su funcionamiento: el modus procediendi. La democracia es un sistema de instituciones. 2. Es irreal que el pueblo tenga un alto grado de iniciativa. Por tanto no se puede ignorar que el caudillaje y los partidos políticos son el núcleo central de la democracia. 3. El partido político es un grupo de individuos que actúan por consuno para competir por el poder político. Es la consecución de este poder, y no los principios, lo que define al partido. El partido político es la única forma que existe de canalizar la competencia. El uso que hacen los partidos de la propaganda y las consignas para que el electorado apoye a su boss es esencial en política. 4. Es el leader el que entresaca de todo el maremágnum popular la voluntad latente.

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5. Cualquiera puede entrar en competencia por el caudillaje político. 6. Como ningún liderazgo es perfecto siempre ha de quedar la posibilidad de cambiarlo. Debe existir, por tanto, la libre competencia por medio del voto libre. 7. Ningún caudillaje será absoluto. El elemento competitivo hace que estén entrando en liza nuevos candidatos constantemente y que se pueda optar regularmente entre ellos. La competitividad asegura la alternancia. 8. La función del electorado es crear un gobierno. La segunda función es disolverlo, pero no en el sentido de destruirlo o acabar con él. Sí en el sentido de no aceptarlo de nuevo en la competencia, de no darle su apoyo. No es función del electorado fiscalizar al leader y a su gobierno. 9. Además de que el electorado no controla ni al líder ni al gobierno, ahora se añade que tampoco decide qué asuntos políticos tratará o no el leader y su partido. 10. El Corolario que podemos extraer de lo anteriormente expuesto se resume en dos proposiciones finales, a saber: - La verdadera función del voto del electorado es aceptar el caudillaje. La democracia debe ser entregada al leader, y a su equipo; al que tenga mayor apoyo electoral. - La democracia es el gobierno del político. Si éste, aquella no existiría. La política es una carrera, es una profesión: “el método democrático crea políticos profesionales”.

¿En qué clase régimen político funcionará mejor el método democrático, en uno socialista o en otro capitalista? El socialismo defiende que sólo en su ideología se da una auténtica democracia. Schumpeter no está muy de acuerdo con esta afirmación. Me parece que en un primer momento se muestra indiferente y que le parecen absurdas estas disquisiciones. No hay razones a favor ni en contra para que socialismo haga o no funcionar mejor a la democracia. Pero luego se termina decantando por el capitalismo: “la democracia moderna es un producto del proceso capitalista”, nos llega a decir. Pero es que además “la sociedad capitalista, en su estado de madurez está bien calificada para la tarea de hacer de la democracia un éxito”. Y es que el núcleo del capitalismo, esto es, la burguesía, con su forma de vida y sus valores, es lo que hacen triunfar a la Fco. Javier Benítez Rubio

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democracia. Frente a la burguesía se encuentra el socialismo y sus pretensiones de extender lo público a todos los ámbitos. No se puede extender el método democrático a la esfera de la economía, afirma Schumpeter. El socialismo pretende meter la esfera ‘política’ dentro de la economía, y esto es un fracaso inevitable. La burguesía capitalista triunfa en la democracia al no cometer el fallo del socialismo y mantener estancas las diferentes esferas, lo privado de lo público y lo económico de lo político. Sea como fuere para que la democracia tenga éxito se tienen que cumplir cuatro condiciones: 1ª “El material político humano de la política, … debe ser de una calidad suficientemente elevada”. ¿Cómo asegurarse políticos de buena calidad? La propuesta de Schumpeter es que ha de existir un estrato social que tenga a la política como un producto natural. 2ª La actividad política debe de tener un alcance razonable, no debe ser excesivamente dilatada. Por tanto, el Parlamento tiene que imponerse unos límites razonables. 3ª Es necesaria la existencia de una burocracia que no sólo sea fuerte, también debe ser eficiente y competente, y que se apoye en una sólida tradición. 4ª Sin fricción no hay democracia. Sin intercambios, sin diferencias, sin lucha ni competencia no existe la democracia. A esto debe acompañarle “un alto grado de tolerancia para las diferencias de opinión”.

Bibliografía: Schumpeter, J., Capitalismo, Socialismo y Democracia (Parte IV, Capítulos 21, 22,23). En: http://www.fcp.uncu.edu.ar/upload/Schumpeter,_Joseph_Capitalismo,_socialismo_y_democracia%28cap. _19-23%29_.pdf

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PASADO, PRESENTE Y FUTURO DE LA CIUDADANÍA

1. EL PASADO DE LA CIUDADANÍA. Las notas más destacadas del concepto de ciudadanía son participación, derechos y pertenencia. Un ciudadano es alguien que pertenece plenamente a una comunidad, que en virtud de ello tiene ciertos derechos y que de algún modo participa en la vida pública. En la modernidad se entiende la ciudadanía como un status individual asociado sobre todo a los derechos: un ciudadano es un sujeto de derechos. La ciudadanía moderna es propia de una sociedad civil autónoma respecto a la esfera política donde se pone más énfasis en lo legal que en lo público. Esto no siempre ha sido así. En sus orígenes clásicos, la ciudadanía es ante todo una condición política: ciudadano es un sujeto político que se autogobierna. La ciudadanía antigua correspondería a una sociedad de pequeño tamaño, culturalmente homogénea, donde los individuos se conciben a sí mismos como partes indisociables del todo al que pertenecen. Se podía decir que existe una distinción tajante entre la ciudadanía moderna y la antigua, pero la hipótesis de la discontinuidad radical es algo exagerada. Veámoslo. El legado clásico. Cuando se habla genéricamente de la ciudadanía clásica habría que distinguir entre ciudadanía ateniense y ciudadanía romana, pues no existe homogeneidad como pueda parecer en un principio. En el mundo griego la ciudadanía viene definida por la participación en la comunidad, la ciudadanía romana es sobre todo una institución jurídica. El amplísimo territorio del Imperio romano hace impensable la participación. Cicerón define a la res pública como una asociación de hombres unidos por un ordenamiento jurídico. La ciudadanía romana prefigura en más de un aspecto la ciudadanía moderna, por eso muchos analistas hablan del retorno al civis romano. El eclipse y el renacimiento urbano. La caída de Roma marca el comienzo de un largo eclipse de la ciudadanía. Dos razones importantes. La primera es que el sistema feudal

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se funda en la idea de una vinculación personal, al señor, más que territorial. Y segunda, el cristianismo introduce una “ciudadanía” alternativa distanciada respecto a la comunidad política. Con lo que la ciudadanía sólo pervivió en las ciudades: la ciudadanía urbana suponía ser miembro de un burgo o urbe con ciertos privilegios por la ordenación local. Sólo en las Repúblicas del norte de Italia pervivió la tradición de la ciudadanía de corte romano. La ciudadanía es un tipo de contrato en el que se intercambian servicios por beneficios: servicio militar e impuestos a cambio de la capacidad legal y política. Esto hace aparecer una conciencia cívica, un vínculo entre los ciudadanos y la ciudad. Es el llamado humanismo cívico, y la política se ha convertido en el arte de gobernar con justicia y razón. La ciudadanía es un vehículo de realización humana mediante la participación en el autogobierno de la ciudad. Sin embargo, siendo realistas, también hay mucho de recompensa y de gloria cívica tras el compromiso del ciudadano con la ciudad. Súbditos y burgueses. En los siglos posteriores al Renacimiento la ciudadanía casi desapareció. La consolidación del Estado territorial moderno caracterizado por su amplia extensión y por la concentración de poder en manos de la monarquía absoluta. El Estado moderno impone una única autoridad centralizada, con un espacio legal y administrativo único, al que le correspondería una ciudadanía única. La soberanía es la que crea el ordenamiento jurídico, no recibe atribuciones de él. En definitiva, el ciudadano se convirtió en súbdito. Lo que define al ciudadano es la dependencia del soberano, y lo que lo diferencia del siervo es que es un súbdito libre. Y, finalmente, lo que lo separa del extranjero es que la sujeción al soberano tiene como contrapartida ciertos derechos y privilegios. El ciudadano moderno es, en primer lugar, un sujeto autónomo apartado por completo de la esfera política propiedad exclusiva del príncipe; y en segundo lugar, ha perdido la dimensión política del autogobierno. La ciudadanía se refiere a un tipo de derechos. En este momento nace el iusnaturalismo liberal del contrato social (Hobbes y Locke): el sujeto es previo al vínculo político, esto es, el individuo es anterior al ciudadano. La vinculación de los individuos en una sociedad existe en función de su interés privado. Lo importante es la relación contractual entre conciudadanos y no la dimensión cívicopolítica de la vida humana. Este es también el momento en el que el concepto de interés gira por completo. Si antes se le asociaban las denostadas pasiones de la codicia y la avaricia, ahora aparece como Fco. Javier Benítez Rubio

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algo inocuo, incluso como una ‘pasión tranquila’ que se ejercita con cálculo y racionalidad. Así el comercio, el crédito, las ganancias, el papel moneda, etc., esto es, el derecho a adquirir de riqueza y el derecho a defenderla (de ahí el derecho a portar armas), convierten al ciudadano en un burgués que entienden bien sus intereses. Será el mercado el que resuelva el problema de la armonía social. Las Revoluciones. La ciudadanía se recupera como categoría política: el ciudadano es un sujeto político activo, vuelve a participar en la res pública. El contrato revolucionario (Rousseau) no es un acuerdo entre el soberano y la comunidad, sino de los asociados entre sí, instaurándose la soberanía popular. Los ciudadanos son capaces de de guiarse por la voluntad general que es la que mira el interés común, dejando al lado los intereses particulares. Así que, la revolución supuso la recuperación de la concepción de la ciudadanía como capacidad de control de la vida pública, de creación y garantía de todos los derechos subjetivos, incluido el de transformar el estado de cosas existente, al tiempo que establecía el principio de igualdad que la hacía potencialmente abierta a todos. El debate liberalismo-democracia. Con la Restauración conservadora llega también un retroceso en el carácter político o activo de la ciudadanía. Resurgen las divisiones estamentales, las limitaciones ideológico-religiosas y las exclusiones de los desiguales. Para el liberalismo lo importante es la autonomía individual y le preocupa que el poder político amenace los derechos y los intereses individuales, por eso recela de la democracia. Así que trataran de limitar la soberanía popular por medio de mecanismos e instituciones. Nace de esta manera la idea del filtro representativo. Si república significa el gobierno de la razón, entonces, no puede ser el gobierno de todos, será el gobierno de aquellos que por su formación y vinculación con el bien público estén en condiciones de expresar la soberanía de la razón. La solución al conflicto viene de la mano de Constant y la democracia representativa, y la implantación dificultosa del sufragio universal: el ciudadano moderno que se ocupa de sus negocios e intereses confía la defensa de los mismos a sus representantes.

2. EL PRESENTE DE LA CIUDADANÍA: LA EDUCACIÓN.

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En la Modernidad, el ciudadano es miembro de una comunidad política con una serie de derechos y obligaciones. Son los derechos, por tanto, el núcleo central y definitorio del actual status de la ciudadanía. El Estado, los derechos y la ciudadanía. La ciudadanía va solapada a la construcción y desarrollo de los Estados. Dependiendo del concepto que se tenga del Estado, así será entendida la ciudadanía y sus derechos. El liberalismo entiende al Estado como un instrumento neutro ideológicamente, construido a partir de un pacto en el que los firmantes se comprometen a respetar lo acordado. Los derechos que tiene el ciudadano son derechos en primera instancia frente al Estado. Se pide al Estado que no interfiera en su vida. El ciudadano se somete a la ley del Estado, más bien a las obligaciones fiscales del Estado, y a cambio éste le garantiza la inviolabilidad de la conciencia y la seguridad de la propiedad. Aquí prima la libertad negativa como mecanismo para preservar la individualidad. Frente a esto se encuentran los defensores del ‘Estado del Bienestar’. El Estado no puede ser sólo el guardián de los intereses y las economías de los poderosos. Debe intervenir en la vida económica para asegurar el bienestar de la gran mayoría: garantizar el derecho a la salud, la educación, al trabajo, entre otros. Aquí prima la igualdad como valor que permite realizar la libertad. Estos son los modelos clásicos de entender el papel del Estado en la ciudadanía. Pero en la actualidad es la Globalización, esto es, la mundialización económica, el status quo dominante. Esta situación plantea serias dudas respecto a si la ciudadanía podrá preservar sus derechos económico-sociales. El planteamiento de Marshall. La ciudadanía se compone de tres elementos: - Civil: Son los derechos necesarios para la libertad de la persona, de expresión, de pensamiento y religión, derecho a la propiedad y a la justicia. La institución que los garantiza son los Tribunales de Justicia - Político: Es el derecho a participar en el ejercicio del poder político bien como elector o bien como autoridad. La institución que lo garantiza es el Parlamento y las diferentes Juntas de Gobierno. - Social: Es el derecho a la seguridad y al bienestar económico. Las instituciones que los garantizan son la educación y los servicios sociales.

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Todos los ciudadanos son iguales, todos tienen este nutrido grupo de derechos en el mismo momento que entran a formar parte de la comunidad. Es la llamada igualdad básica. Pero a ésta se le enfrentan las desigualdades económicas, que tienen que ver no con los derechos y sí con el lugar que se ocupa en el proceso socioeconómico. ¿Es compatible la igualdad básica y la desigualdad de clase? Compatible o no, es evidente que existen, y es a través de la educación la forma de superarlas. La educación, que no deja de ser un proceso de selección, es el auténtico derecho a la igualdad de oportunidades con el objeto de eliminar los privilegios por la herencia. La educación, vinculada a la estructura ocupacional, es el instrumento de estratificación social aceptado por la ciudadanía. Pero es este punto, nos volvemos a encontrar con el mismo monstruo, las perversas y devastadoras sombras que la Globalización arroja sobre las ciudadanías. El choque se produce entre un aparato educativo que defiende la igualdad de oportunidades y la tolerancia contra la inseguridad y la precariedad en el mercado de trabajo.

3. UN FUTURO CACOTÓPICO. Lo público y lo privado. La división de las relaciones sociales en estas dos esferas autoexcluyentes es un tema propio de la ciudadanía. Según el discurso moderno, el mundo de los sentimientos no pertenece al ámbito de lo público: lo privado no es político y los poderes de la esfera privada son políticamente irrelevantes. Suponer que lo privado no es político implica no reconocer, o no querer reconocer, la trascendencia del poder nacido en ese ámbito ni la capacidad de coerción instituyente que también surge del mismo. Históricamente, la familia, ha sido la institución privada por excelencia. En la Modernidad, la Empresa se destaca como la institución privada más importante. La sumisión a la estructura empresarial implica la enajenación de las capacidades básicas de la persona, además de generar un enorme poder de decisión sobre las poblaciones. Cierto sector de la doctrina política moderna no reconoce que esto sea así y sigue viéndolo como perteneciente a la esfera privada. Ciertas empresas han cobrado dimensiones colosales, supraestatales, en las que un pequeño núcleo de propietarios bien organizados asumen las tareas de control y dirección de las mismas, además del control y dirección de las vidas de millones de empleados; pero que sin rendir ningún tipo de cuenta o responsabilidad ante las poblaciones. Estas instituciones privadas

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tienen, por tanto, cada vez más capacidades de decisión antes reservadas a la esfera pública de los Parlamentos y los Gobiernos. La soberanía de los Estados está claramente limitada por una soberanía privada, difusa y metaestatal: la voluntad estratégica de las grandes multinacionales. La cacotopía. La literatura (‘Un Mundo feliz’ de A. Huxley, ‘1984’ de G. Orwell o ‘Fahrenheit 451’ de R. Bradbury) y el cine (‘Metrópolis’ de F. Lang, ‘Blade Runner’ de R. Scott, ‘El show de Truman’ de P. Weir, ‘Minority Report’ de Steven Spielberg o ‘Gatacca’ de A. Niccol) han sido más permeables, que el análisis político, a otras hipótesis de trabajo respecto al futuro de la sociedad y la ciudadanía. El choque es de una brutalidad innegable, difícilmente disimulable. Lo que un principio se define como esfera privada, ámbito de relaciones interpersonales, termina por condicionar a millones de personas el acceso a sus medios básicos para la vida. Contamos por tanto con la coerción material de las instituciones empresariales sobre las poblaciones, a la que sumamos la legítima coerción política de las instituciones públicas; y la ilegítima coerción que lo público ejerce sobre la ciudadanía a instancias y en nombre de lo privado. Que lo público sea lo que termine defendiendo a lo ‘privado’ de la ciudadanía, dándole a las instituciones empresariales una carta blanca para hacer y deshacer sin asumir luego sus responsabilidades, es un proceso que produce una profunda frustración en la ciudadanía y que puede producir, y de hecho ya comienzan a producir, fenómenos incontrolables. Si a esto añadimos dos cuestiones más, y no secundarias, como son el deterioro medio-ambiental y las subsiguientes catástrofes naturales, y la masiva y degradante explotación de seres humanos; llegamos a la conclusión de que nadie controla a los que tienen el control, y de que no hay racionalidad alguna detrás de esto. La cacotopía llega al ágora. Pero sí a hay algo que termina de rematar la faena en contra de la ciudadanía es la transformación del ágora pública. El ágora es la institución pública (el espacio donde se genera la opinión pública, el lugar donde se crea la cultura popular) a donde acuden todas las instancias privadas individuales. Es un territorio sui generis, especial, donde se encuentran los flujos contrarios, y donde de forma natural, aunque imperfecta, se producían los intercambios y las modificaciones. Ahora en los tiempos posmodernos que corren un dispositivo industrial de producción de contenidos se ha apropiado de los espacios más relevantes de ella: la propaganda. El envite es tan fuerte que la propaganda se ha convertido en algo distribuido indiscriminadamente, se

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quiera o no, transformándose en algo sine qua non para la exigencia de una producción masiva y un consumo también masivo y calculable de antemano. A modo de conclusión. Para los seres humanos corrientes el manto de los derechos de la ciudadanía es un bien precioso cuando carecen de él, pero resulta ineficiente cuando les requiere su presencia, especialmente ante el control del poder privado. Esta debilidad de la ciudadanía es también, por supuesto, la debilidad de la propia democracia, tanto en la fragilidad como su limitación. Esta debilidad reside en la sobreposición de un poder, que no aparece como tal, sobre el otro. El poder privado de las instituciones empresariales multinacionales enajena por completo a la política, desmantela el alma de la ciudadanía, ocasionando su deriva cacotópica.

Bibliografía: Quesada, F., Naturaleza y sentido de la ciudadanía hoy, UNED, Madrid, 2002 - La formación histórica de la idea moderna de ciudadanía. Javier Peña. - Ciudadanía, clase social y educación. El planteamiento de Marshall cincuenta años después. Antonio García Santesmases. - La ciudadanía de la cacotopía. Un material de trabajo. Juan Ramón Capella.

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EL HOMBRE QUE MATÓ A LIBERTY BALANCE EN LA FILOSOFÍA POLÍTICA

1. DE LA VIOLENCIA A LA DEMOCRACIA. Las películas del Oeste, los westerns, son el ejemplo idóneo para explicar el tránsito de la violencia a la democracia, o lo que es lo mismo, de la barbarie a la civilización. Porque el Oeste americano fue, realmente, conquistado y ganado por la civilización. Durante décadas, innumerables personas arriesgaron su vida por buscar una existencia mejor, enfrentándose a la Naturaleza. Hicieron frente a interminables llanuras, a ríos, a montañas y desiertos; al frío extremo y al calor sofocante, a la sed y a las enfermedades. E hicieron frente a lo peor del ser humano, a la barbarie de la Ley del Talión y a la ley del más fuerte, de aquel que manejaba mejor el revólver 2. Dentro de este género tan cinematográfico los críticos de cine, destacan al director norteamericano de ascendencia irlandesa John Ford. Por ejemplo, Marías dice de él que es “considerado como uno de los grandes creadores de cine del Oeste” 3, o que es “el cineasta que más ha contribuido al desarrollo del western” 4. Aldo Viganó va más lejos y escribe que es el “más grande realizador de la historia del cine” 5. Y dentro de la amplia filmografía de John Ford los críticos destacan la película que, dentro de nuestras posibilidades, trataremos de analizar. La Revista de cine Dirigido por, en 2008, realizó una votación entre un nutrido grupo de expertos, para determinar cuál era la mejor cinta de John Ford. El hombre que mató a Liberty Valance quedó en segundo lugar tras Centauros del Desierto 6. En la desaparecida revista cinematográfica Nickel Odeon, en otoño de 1996, se preguntaba a los expertos por el mejor western de

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Cfr. Días de cine: 50 aniversario de 'El hombre que mató a Liberty Valance'. Emitido el día 20 de abril de 2012. Tomado de rtve.es, A la carta: http://www.rtve.es/alacarta/videos/dias-de-cine/dias-cine-50aniversario-hombre-mato-liberty-valance/1381255/ 3 MARÍAS, Miguel, “John Ford. El espíritu de la frontera”, Nickel Odeon, nº4, otoño 1996, p. 102. 4 Ibíd., p. 106. 5 VIGANÓ, Aldo, “John Ford y la Historia de América. Individuo, cine y sociedad desde la Guerra de Independencia hasta Pearl Harbour”, Dirigido por, nº 378, mayo 2008, p. 57. 6 Dirigido por, nº 378, mayo 2008. Fco. Javier Benítez Rubio

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todos los tiempos. El hombre que mató a Liberty Valance quedó en segundo lugar tras La Diligencia7. 1.1. El hombre que mató a Liberty Valance. Un tren llega a la ciudad de Shinbone. Del mismo se bajan el senador Ransom Stoddard y su esposa Hallie. Han venido a los funerales de un viejo amigo, el antiguo cowboy y pistolero Tom Doniphon. Casi nadie en el pueblo sabía de la muerte del duro vaquero. Durante el velatorio, el anciano senador departe con el dueño del periódico local al que cuenta los sucesos acaecidos años atrás. En un larguísimo flashback, por tanto, transcurre gran parte de la película. Un joven e idealista abogado del Este civilizado, Stoddard (James Stewart), llega en diligencia a una pequeña ciudad en expansión del Oeste. Antes de llegar, la diligencia es abordada violentamente por un grupo de forajidos comandados por Valance (Lee Marvin). Éste golpea salvajemente al abogado con un látigo. Es encontrado, maltrecho, por Doniphon (John Wayne) y criado Pompey que lo llevan hasta el pueblo para que pueda curarse. Acogido por el dueño del restaurante local, entabla amistad con su hija, Hallie (Vera Miles), que se encargó de sanar al golpeado y magullado abogado. Como contraprestación a los cuidados de la familia Ericson, Stoddard comienza a trabajar como lavaplatos y camarero, y también enseña a leer a la muchacha. A partir de aquí comienzan los grandes acontecimientos del film: la entrada en la comunidad de Stoddard como periodista y maestro, las primeras reuniones electorales públicas, cómo el ingenuo abogado intenta aprender a manejar un revólver, cómo Valance entra a saco en la sede del Shinbone Star, el periódico local, arrasando con toda libertad de expresión y pluralidad y la posterior paliza al periodista que desemboca en el tiroteo entre el forajido y el abogado. Valance es abatido por Stoddard que es encumbrado y logra la victoria electoral en la disputa entre granjeros y ganaderos. Al final, Doniphon le cuenta a Stoddard que no fue el político quien mató a Valance, sino él mismo cubierto por las sombras. Todo se sabe, aunque el editor del periódico prefiere no contar la verdad y seguir escribiendo y publicando la leyenda. En la escena final, de nuevo en el tren, camino a la capital, el senador y su esposa acuerdan dejar la política y volver al pueblo a pasar el resto de sus días 8. 7

Nickel Odeon, nº 4, otoño 1996. Cfr. CASAS, Quim, John Ford. El arte y la leyenda, Dirigido por (Serie Mayor nº6), Barcelona, 1989, pp. 397-406. 8

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1.2. El individuo y la comunidad. Que “los western de Ford sean algo más que películas del Oeste”, como nos explica Marías9, nos parece evidente tras el visionado reflexivo de este film. Las películas de John Ford, en general, manejan una amplia temática como pueden ser, entre otras, “los conflictos entre minorías y mayorías, la soledad de los individualistas, la necesidad de integrarse en una comunidad; la disolución de las familias; la solidaridad de los proscritos”10. Y en esta película en particular, como explica Gómez-Angulo, plantea “la rebelión contra la injusticia, la libertad de prensa, la defensa de la ley, el amor a la verdad, el valor de la amistad, el desprendimiento en el amor, la superación de la adversidad, el sentido de la supervivencia, la relatividad del orden establecido o, finalmente, el carácter siempre gratuito de la violencia”11. Nos ceñiremos a valorar, de entre todo este rico entramado de temas y valores, el carácter gratuito de la violencia y las relaciones del individuo y la comunidad 12. Las relaciones del hombre y la sociedad que vemos aquí se producen en un estado de ausencia de civilización, no en un escenario de equilibrio social y seguridad jurídica, ocurre en el salvaje Oeste. Una región en la que todo están locos por matarse, tal y como dice Stoddard en un momento de la película, ese en el que cae zancadilleado por el forajido y a continuación, Valance y Doniphon se encaran como dos gallos de pelea. Esta forma incivilizada de resolver los conflictos contrasta con la que llegarán después en el bar del Saloon, mazo incluido, en la que los pueblerinos se reúnen para dirimir quién será el representante del pueblo en la convención del Estado 13. La tensión entre el individuo y la comunidad se ven reflejadas en esta película en “el hombre solitario, el pionero infalible con las armas de fuego, pero condenado inexorablemente a la derrota existencial, y el hombre sin pistola, el abogado culto e

Cfr. FORD, John, El hombre que mató a Liberty Valance (The man who shot Liberty Valance), 1962, Paramount Pictures. 9

MARÍAS, Miguel, op. cit., p. 102. Ibíd., p. 104. 11 GÓMEZ-ANGULO, Juan Antonio, “El hombre que mató a Liberty Valance”, Nickel Odeon, nº 4, otoño 1996, p. 134. 12 Esta película también abre la posibilidad de reflexionar sobre algo que nos coge muy cerca, el papel del Periodismo y la Comunicación. 13 Cfr. FORD, John, El hombre que mató a Liberty Valance (The man who shot Liberty Valance), 1962, Paramount Pictures. DVD-Video. 10

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idealista, dotado de un fuerte sentido ético y social, y por esto llamado a fundar el futuro”14. Efectivamente, la comunidad está representada por el testarudo e idealista abogado, camarero, periodista, maestro y político. Como puede comprobarse, todos esos desempeños significan un servicio importante a la comunidad. El individualista, a su vez, presenta las dos caras de una misma moneda. Comparten ambos una violencia primordial, el látigo de Valance y el rifle de Doniphon, pero hay una gran diferencia respecto al valor que cada uno de ellos termina dando a la misma 15. Son dos clásicos cowboys, uno que no es capaz de controlar sus impulsos violentos, y el otro que sí es capaz y logra ponerlos al servicio del bien común. Ambos con el mismo nivel primitivo, pero el primero seducido por el sadismo y la podredumbre moral, y el otro aceptando con lucidez su propio sacrificio 16. El abogado, que representa el progreso necesario hacia un futuro mejor, y los pistoleros, que representan el pasado que ya no da más de sí, son, asimismo, la representación del enfrentamiento entre la civilización y la barbarie. Pero como dice Hernández, “el progreso no se mide desde la productividad o el número de adelantos técnicos, sino en términos de civilización, de renuncia a la ley del más fuerte, de sometimiento a

normas

justas

que

garanticen

comunidades

sólidas”17. Las ideas que defiende Ford son que el hombre es un “animal ‘naturalmente’ social”18 y “necesita de comunidades sólidas, solidarias y justas para poder desarrollarse adecuadamente”19. Pero formar parte de una comunidad no significa la uniformidad de todos sus miembros, implica que dentro de la convivencia en la comunidad que nos acoge, existe un ámbito para la libertad personal y la expansión de cada cual 20. Lo que tiene de peculiar el planteamiento fordiano es que sólo quien conoce el mal y la violencia puede, al desprenderse de ella, conducir a una comunidad hacia la civilización desde la barbarie. El que ha conocido la vida al margen de toda idea de bien y de moral es el que puede defender los valores sociales, porque ha sido capaz de domeñar sus

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VIGANÓ, Aldo, op. cit, p. 57. Cfr. Ibíd., p.57. 16 Cfr. CASAS, Quim, op. cit, p. 402 y 404. 17 HERNÁNDEZ, Esteban, “Otros ‘Westerns’. Shakespeare, los Reyes Magos y la tierra prometida”, Dirigido por, nº 379, junio 2008, p. 67. 18 VIGANO, Aldo, op.cit. p. 57. 19 HERNÁNDEZ, Esteban, op. cit. p. 68. 20 Cfr. Ibíd., p.68. 15

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peores impulsos y ponerlos al servicio de los demás. La transición de la violencia a la democracia está en las manos de hombres como Doniphon que entregan el testigo para hacer posible una comunidad estable, solidaria y gobernada por la ley21. El hombre civilizado del Este que llega al salvaje Oeste, convencido de que la sola luz de la razón y la ley serían suficientes para democratizar la barbarie, necesita de un último acto de violencia que clausure toda violencia posterior. La muerte de Valance es la caída de un “símbolo y de una sociedad”22. Matando a Valance, Doniphon se sacrifica a sí mismo y, de paso, a un determinado modo de existencia, ruda, violenta e incivilizada, que ambos representan. Doniphon hace lo que hace por amor, por Hallie, con la que quiere formar su propia familia y entrar a formar parte de la comunidad pacífica de Shinbone, dejando atrás los viejos tiempos y las tropelías. Por eso trabaja en la ampliación de su hogar para, seguramente, tener hijos y que estos crezcan allí, en una Shinbone próspera y civilizada. Pero Doniphon termina convirtiéndose en el héroe sin premio, que sabe que ya no tiene sitio en el nuevo orden democrático que se abre. Por amor logra canalizar productivamente la violencia, haciendo posible el nuevo orden de Stoddard que termina convirtiéndose en el líder de la comunidad: la legalidad, el diálogo, la representatividad, la libertad de expresión y de publicación, las decisiones por mayorías, etc. 23.

2. DE LA DEMOCRACIA A LA VIOLENCIA. Democracia y violencia son conceptos completamente antónimos, antagónicos y antitéticos toda vez que la democracia está establecida. Aportamos tres argumentos que apoyan nuestra tesis y que desarrollaremos a continuación: el Estado de derecho, el Pluralismo y el Electoralismo. Pero hay quienes no están conformes con estas garantías y justifican el uso de la violencia dentro de la democracia para que esta cambie y vaya, supuestamente, a mejor. Se trata de responder entonces a la pregunta de si está o no justificada la violencia dentro de la democracia como modo de perfeccionarla. En los órdenes no democráticos, como el caso del Far West ejemplificado en el film que analizamos, no existe ni el

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Cfr. Ibíd., p.69. CASAS, Quim, op. cit. p. 404. 23 Cfr. Ibíd., p.404-406. 22

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derecho ni la justicia ni la legalidad. En esas situaciones el más fuerte, tenga o no razón, impone sus normas violentamente. La historia no enseña que las transiciones de las situaciones no democráticas a los Estados democráticos son violentas. Pero, si es cierto que en el origen de la democracia encontramos a la violencia, para que ésta pueda echar raíces y afrontar con garantías el futuro, debe renegar de ese pasado y reconstituirse conforme a la legalidad, la justicia y el derecho. 2.1. Estado de Derecho, Pluralismo y Electoralismo. Dice Woldenberg que “la democracia al traducirse en términos constitucionales supone la vigencia de un Estado de derecho”24. El rasgo más importante del proceso civilizatorio de la Humanidad es el abandono de la violencia como instrumento para dirimir las diferencias que existen entre los seres humanos. Esta erradicación de la violencia tiene una clara fuente de origen: la voluntad popular. Es ésta la que dispone todo un conjunto de normas, instituciones y prácticas que hagan posible la reproducción en términos pacíficos de la pluralidad. El primer movimiento de este proceso es concentrar, y transferir, la utilización de la fuerza de la soberanía popular al Estado. Si el Estado está constituido legalmente y conforme a derecho, y es llamado cabalmente como democrático, el uso de la fuerza estará restringido, no será nunca discrecional ni estará puesto al servicio de determinados grupos o clases; sino que se concentra en términos legales y legítimos. Por tanto, derecho, legalidad y legitimidad son atributos esenciales de la democracia que hacen infructuosa, e innecesaria, la existencia de la violencia 25. Fijémonos en la escena en la que reunidos en el bar del Saloon, los pueblerinos se disponen a elegir a los representantes que irán a la convención estatal. Cómo Doniphon, el rudo cowboy impone el orden y el silencio con el mazo, impide al periodista borracho seguir bebiendo, pone disciplina en la caótica reunión y entrega, finalmente, la palabra al abogado para que éste explique cómo funciona el proceso democrático. La violencia ya no será discrecional y arbitraria. Vemos como la fuerza de Doniphon se pone a favor de la legalidad y el establecimiento del orden público. Para que todo el que quiera pueda hablar y expresar su opinión. Y podemos ver cómo trata de implantarse un entramado de mecanismos legales y jurídicos que atañen a todos por igual, sin excepciones: se 24

WOLDENBERG, José, “Violencia y democracia”, Revista Internacional de Filosofía Política, nº 4, noviembre 1994, p. 127. 25 Cfr. Ibíd., p.127-128. Fco. Javier Benítez Rubio

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toma nota de los asistentes, que vivan en la vecindad, que tengan una determinada nacionalidad y edad, no se pueden beber ni portar armas, hay que dejar constancia escrita de los debates, proponer mociones, hacer nombramientos de representación, etc.26. Queda claro, tras el debate, que el látigo no hace democracia, y que el bar vuelve a estar abierto. Asimismo, expone Woldenberg que “la democracia, puesto que es pluralista, supone canales de representación para que las diferentes agrupaciones puedan procesar pacíficamente sus intereses y reclamos”27. La democracia entiende como algo positivo, y que debe ser protegido, la confrontación de la pluralidad; ofreciéndole además, cauces para su expresión. La existencia de estos cauces de expresión y representación, por ejemplo la libertad de expresión, reunión y de creencias entre otras, invalida a la violencia como forma de solucionar conflictos o la imposición de la uniformidad28. Por último, para Woldenberg “la democracia, puesto que incorpora una dimensión política electoral, supone que las minorías tiene una serie de derechos que hacen innecesaria la utilización de la violencia como recurso político”29. En democracia es válido el principio de la mayoría. Pero este principio acepta de buen grado los matices para que no suponga la represión de las minorías, ni la pretensión de que éstas dejen de serlo y se conviertan en mayorías. La democracia está bien lejos de anquilosarse en una dualidad de mayorías inmutables y minorías perpetuas. Dispone, por tanto, de vías legales e institucionales, tales como el sufragio universal y los procesos electorales, entre otros, para dirimir estas contiendas de forma pacífica y civilizada30. Fijémonos en la escena final, en la convención estatal en la que reunidos en un inmenso salón los partidarios de ambas posiciones, granjeros y ganaderos, portan pancartas y proclaman abiertamente sus ideas, sin ningún tipo de coacción. Hay jolgorio y cánticos, jinetes que entran y salen cabalgando dándole un cierto tono de fiesta espectacular. Cada una de la posiciones realiza un discurso en la que valoran sus propios argumentos y atacan a sus contrarios. Nada que ver con la escena en la que Valance y sus secuaces casi abortan la reunión del Saloon tratando de amedrentar a los granjeros. Pero los

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Cfr. FORD, John, El hombre que mató a Liberty Valance (The man who shot Liberty Valance), 1962, Paramount Pictures. 27 Ibíd., p.127. 28 Cfr. Ibíd., p.129. 29 Ibíd., p.127. 30 Cfr. Ibíd., p.129. Fco. Javier Benítez Rubio

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pueblerinos entienden que el conjunto unido de la comunidad es más fuerte que las amenazas del forajido, que termina perdiendo la votación contra Stoddard. Como dice el rico refranero popular, que de algún modo recoge la sabiduría del pueblo, del dicho al hecho hay un trecho, y no podemos terminar esta sección sin dejar un apunte final. Estos son los rasgos formales o ideales que ha de tener toda democracia para que la llamemos democracia. Pero sabemos que las “democracia realmente existentes”31 no siempre respetan estos principios fundamentales. A lo largo de la película también podemos ver algunas de las miserias de la política: cómo adulan interesadamente a Stoddard, las argucias de la oratoria, cómo los ponentes retuercen el lenguaje en sus discursos manejando la realidad a su antojo, etc. Y, especialmente, la escena final, en el tren: la lejanía emocional entre Stoddard y Hallie después de todos los años de carrera política del abogado. Pero el hecho de que la democracia no sea completa, absoluta y perennemente perfecta no significa que haya que golpearla con el desorden y la violencia. 2.2. Y a pesar de todo, violencia. Efectivamente, aunque la democracia ya tiene mecanismos internos que posibilitan su perfeccionamiento hay gentes que o bien no están comprometidos con los códigos democráticos, o bien quieren modificarla para darle la forma de lo que sería, según ellos, la auténtica democracia. Todos esos movimientos, para empezar, tienen una forma derrotista de entender la democracia, ya que sobrevaloran los elementos que no aparecen, subestimando todos los elementos que sí existen realmente y que tanto bien hacen a la ciudadanía. Esto es lo que explica Woldenberg, cuando dice que “hay, sin embargo, nutrientes ideológicos fuertes y arraigados que justifican la utilización de la violencia” entre mucha gente en los estados democráticos modernos32. Podemos hacer aquí una parada y observar, brevemente, la situación actual en nuestro propio país. La grave crisis económica no es sino la tapadera de una profunda crisis de valores. Ambas se alimentan como si de leña y fuego se tratasen. Muchos son los motivos para indignarse, y muchos los indignados; pero hay líneas que no deberían de traspasarse. La crisis está sacando lo peor y más bárbaro de muchas personas que parapetados en

31 32

Ibíd., p.127. Ibíd., p.130. Fco. Javier Benítez Rubio

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internet dan rienda suelta a su incivilización. No hace mucho, hemos podido ver cómo las redes sociales ardían por una funesta interpretación de la libertad de expresión. Nos referimos al asesinato en plena calle de un importante cargo político en la ciudad de León. Fue un asesinato sin tintes ideológicos33, sin embargo las redes sociales fueron el crisol donde apareció la barbarie y la incivilización más brutal34. 2.3. Las justificaciones de la violencia y los argumentos contra éstas. Son varias las justificaciones que hacen algunos de la violencia dentro del contexto democrático como modo de cambiar, a mejor, la democracia. En realidad, son variaciones de un mismo tema, ya que aparecen casi todos estos elementos juntos en los discursos de los que hacen apología de la violencia como motor del cambio en democracia. 2.3.1. Aducen estos que a pesar del entramado democrático de legalidad y derecho siguen existiendo situaciones que hacen necesario el uso de la violencia. Solo la violencia puede cambiar la dominación de clases, las desigualdades étnicas, las diferencias de riqueza y propiedad, y las demandas territoriales, entre otras. Es cierto que la democracia no resuelve de facto todos y cada uno de los problemas que surgen en las sociedades y las culturas, que no es un sistema perfecto. Pero sí ofrece, como ningún otro orden político, las vías institucionales para intentar resolverlos. La democracia no está cerrada, puede evolucionar y aprender de sus errores, y terminar haciendo mejor lo que no hace del todo bien. Es más, los que pretenden erosionar la democracia con violencia no están resolviendo las injusticias, las están agravando. Porque, finalmente, los otros órdenes políticos no democráticos que existen en el ámbito internacional a los que estos sujetos hacen caso y colocan como ejemplo, tampoco eliminan las injusticias y las diferencias 35. 2.3.2. Alegan que la violencia realiza de forma rápida los cambios necesarios que los mecanismos del Estado de derecho realiza lentamente. Es cierto que en democracia, por la pluralidad, coexisten intereses y organizaciones que al competir enlentecen las transformaciones. Es cierto que determinados asuntos

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JABOIS, Manuel, “Asesinato en la intimidad”, El Mundo, 14-05-2014. En: http://www.elmundo.es/espana/2014/05/14/5372b3ee22601d84128b456b.html 34 “Interior investiga mensajes injuriosos en internet tras la muerte de Isabel Carrasco”, ABC, 13-05-2014. En: http://www.abc.es/espana/20140513/abci-interior-carrasco-internet-201405131400.html 35 Cfr. WOLDENBERG, José, op. cit. p. 131. Fco. Javier Benítez Rubio

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empeoran por la lentitud de la burocracia y la administración inherente al Estado de derecho. Pero si se acepta a la democracia hay que aceptar también sus mecanismos y su tempo de actuación, como también asumir un nuevo talante de respeto y paciencia. Una vez más, la democracia siempre puede mejorar y ser reformada para introducir mecanismos que eviten la lentitud en cuestiones importantes. Por último, los cambios rápidos por la vía de la violencia lo que hacen es cambiar al grupo que detenta el poder, y poco más; no dotan de nuevas y mejores prácticas sociales. En cambio sí producen mucha destrucción, miseria y muerte. La violencia sólo destruye, nunca construye 36. 2.3.3. Exponen que la violencia es la única forma de perfeccionar las carencias de la democracia. Como la idea y la realidad no coinciden a la perfección, hay que someter a acoso y derribo a la realidad para que sea fiel reflejo de los ideales. Es muy difícil entablar diálogo con muchos de los utópicos, perfeccionistas y maximalistas del “o todo o nada”, ya que se comportan como iluminados integristas y fanáticos peligrosos. El uso de la violencia no convertirá un ideal en algo real. Los perfeccionistas utópicos se equivocan al pretender que la violencia sea la que haga cumplir las promesas incumplidas de la democracia. La violencia siempre empeora las situaciones, nunca las mejora. La violencia no es el modo de corregir las muchas imperfecciones de las realizaciones democráticas 37. Dejar que la violencia destruya el tejido democrático de la sociedad es una regresión, una vuelta atrás a un mundo de bárbaros; donde, otra vez, se impone la ley del más fuerte, del más fanático, del más indignado, del que no quiere o puede controlar sus peores impulsos. Es como si algunos no hubieran aprendido de los errores, ni de los aciertos del pasado.

3. CONCLUSIÓN. A modo de conclusión, las ideas más importantes que hemos estado defendiendo en el presente trabajo son: 1. La violencia formó parte del proceso civilizatorio. Pero toda vez que la democracia se implanta, queda supeditada a los mecanismos que marca la legalidad y el Estado de derecho.

36 37

Cfr. Ibíd., pp. 132-133. Cfr. Ibíd., p. 134. Fco. Javier Benítez Rubio

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2. Hay razones de sobra para el enfado y la indignación, pero nunca para la violencia. O que convertir la violencia en la respuesta a las imperfecciones de la democracia. 3. La democracia contempla en su seno un buen número de formas de denunciar las promesas incumplidas y parar tratar de mejorar su funcionamiento. 4. Liberty Valance está muerto, la violencia ya no es la que marca la existencia de la sociedad. No es momento de revivir a Valance y sus malas artes. Sería un grave atraso volver a los tiempos en los que el más fuerte tenía el poder de decisión. La ley el orden no pueden sucumbir ante la anarquía.

Bibliografía: CASAS, Quim, John Ford. El arte y la leyenda, Dirigido por (Serie Mayor nº6),

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GÓMEZ-ANGULO, Juan Antonio, “El hombre que mató a Liberty Valance”, Nickel

Odeon,



4,

otoño 1996, pp. 133-134. HERNÁNDEZ, Esteban, “Otros ‘Westerns’. Shakespeare, los Reyes Magos y la tierra prometida”, Dirigido por, nº 379, junio 2008, pp. 66-69. MARÍAS, Miguel, “John Ford. El espíritu de la frontera”, Nickel Odeon, nº4, otoño

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106. VIGANÓ, Aldo, “John Ford y la Historia de América. Individuo, cine y sociedad desde la Independencia hasta Pearl Harbour”, Dirigido por, nº 378, mayo

Guerra

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WOLDENBERG, José, “Violencia y democracia”, Revista Internacional de

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noviembre 1994, pp. 126-137.

Otras fuentes FORD, John, El hombre que mató a Liberty Valance (The man who shot Liberty Valance), 1962, Paramount Pictures. Días de cine: 50 aniversario de 'El hombre que mató a Liberty Valance'. Emitido el día 20 de abril de 2012. Tomado de rtve.es A la carta: http://www.rtve.es/alacarta/videos/dias-de-cine/dias-cine-50-aniversario-hombre-mato-libertyvalance/1381255/ Tertulias del programa "Qué grande es el cine", de José Luis Garci, 129-134, El hombre

que

mató a Liberty Valance. Tomado de Youtube: http://www.youtube.com/playlist?list=PLF509DCF393D367DF

Fco. Javier Benítez Rubio

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FCO. JAVIER BENÍTEZ RUBIO Compilado en Febrero 2014 Algeciras (Cádiz)

Fco. Javier Benítez Rubio

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