SLOTERDIJK: DE LOS PASTORES DEL SER AL CAPITALISMO CÁRNICO CONTEMPORÁNEO.
Descripción
RESUMEN- Sloterdijk –señala en Normas para el Parque Humano que “...los hombres de ser un simple rebaño conducido y guiado por pastores privilegiados, ...... Los pueblos nómadas y ganaderos se transformaron después de muchos siglos en pueblos agrícolas”. Sloterdijk intenta dilucidar a qué refiere Heidegger1 con “los pastores del ser”, ya que si bien las formulaciones pastoriles de la carta sobre el Humanismo son bien conocidas, no se ha precisado el sentido de estas figuras, antes bien han sido objeto de burlas soterradas. Aquí pues ha de buscarse el sentido la metáfora heideggeriana del hombre como 'pastor del ser'. Para – a partir de allí– plantearse los alcances de las observaciones de Sloterdijk en torno a las distintas prácticas de pastoreo y –en particular– a la cría de ganado a gran escala con el 'capitalismo cárnico' que esto implica o, como lo anuncia Nietzsche, la lucha entre los pequeños criadores y los grandes criadores del hombre.Adentrándose en estas formulaciones heideggerianas, Sloterdijk también interrogará por ¿quienes son los visitantes y qué significa ser vecino de esta extraña abstracción, a la cual se le denomina el Ser”?- Sloterdijk declara ser un inmunólogo teórico, quien se ha dado a la tarea de pensar en cómo el ser humano diseña la arquitectura de la seguridad de su existencia. ¿Cómo habita? ¿Cómo se previene de futuras crisis? ¿Cómo se defiende? ¿Cómo se integra en sus culturas, entendidas como comunidades de lucha? (Es un cambio de paradigmas: de la filosofía a una inmunología general.)Las consecuencias de aplicación de las tecnologías génicas en la industria alimentaria, la agricultura moderna, y aún más en la industria cárnica, para nuestra dieta son fatales. La enfermedad de las vacas locas (encefalopatía espongiforme bovina (EEB) es sólo la punta del iceberg. Desde la antigüedad, la civilización occidental descansa sobre las espaldas de ganado, que fue ordeñado, sacrificado, sin piel, estirada en el yugo, y considerados dioses. En su libro, Jeremy Rifkin revela la magnitud y de las consecuencias devastadoras de la moderna manía de carne de vacuno. Si pudiera hablarse propiamente de una era “poshistórica”, su comienzo sería indisociable de la salida de la Tierra de sus bambalinas históricas, de la pérdida de su condición de materia prima y de la adquisición de la categoría de objeto de la preocupación humana.Sloterdijk critica la vieja idea de Heidegger sobre el enraizamiento, con el que se refiere a ese modo de entender a los seres humanos como seres cuya verdadera naturaleza es el enraizamiento en la tierra.1 Según esta idea, la única solución del hombre para una estabilidad con el medio sería la necesaria reinstauración de esa relación. Muy diferente de lo que argumentaba Ortega, según el cual es precisamente el extrañamiento en vez del enraizamiento lo que realmente definía al hombre en su relación con la naturaleza.2 Ortega defiende que somos seres “extraños” y es precisamente la “incomodidad” constante con el medio lo que nos obliga a reinventarnos y por tanto inaugurar una determinada técnica. Ahora bien, en lugar de enunciar la pertenencia a una época pre-sostenible, más que post-industrial, Sloterdijk deja entrever su tesis sobre la ineludible atadura que plantea cualquier “post” que nos ata definitivamente a aquello de lo cual queremos salir.3Si pudiera hablarse propiamente de una era “poshistórica”, su comienzo sería indisociable de la salida de la Tierra de sus bambalinas históricas, de la pérdida de su condición de materia prima y de la adquisición de la categoría de objeto de la preocupación humana.Es evidente, para Sloterdijk, que la tierra no podrá seguir soportando durante mucho tiempo lo que parecía soportar hasta ahora. Su definición de theatrum cosmopoliticum la desborda. Sus funciones históricas —campamento de base para el éxodo histórico, fuente de material de construcción y combustible, escenario y objeto de contiendas geopolíticas- no serán, en un futuro previsible, compartibles con su pervivencia. Así pues, una verdadera poshistoria empezaría eximiendo a la tierra de las funciones destructivas históricamente adquiridas. Es necesario decir que éstos son los conceptos de la Tierra que tienen las llamadas altas culturas, cuya altura suele medirse por la magnitud de su rechazo del estado de simbiosis con la Tierra. No es casualidad que el cosmopolitismo sea el criterio de la alta cultura que triunfa; y lo que es menos aún el que la palabra cosmopolita, ciudadano del mundo, fuera en un principio una profética ironía cínica (Diógenes) que se convertiría en algo históricamente muy serio. Ahora los llamados ciudadanos del mundo casi no viven ya en la Tierra: son habitantes del país llamado complejidad, viajeros de la clase Grande-Vitesse, presurosos huéspedes transeúntes.4Entre las problemáticas que vienen de la mano de la sostenibilidad, aparecerían los ecosistemas, que son la verdadera urgencia que nos presenta el momento presente. Energías y ecosistemas nos permitirían ver el proyecto como dispositivo, como prototipo de intercambio de información, de organización de la vida, no solo de la vida del hombre, sino de la Vida en mayúsculas. El proyecto con este panorama alcanza niveles de lo macro, de las organizaciones estratégicas de las cosas, y a la vez de lo micro, de las múltiples realidades participantes en el sistema. Podría hablarse de muchos ejemplos proyectuales que empiezan a manejar lo micro (las bacterias o microorganismos, por ejemplo, como material del proyecto de bio-arquitectura).De allí que no sea casual, que la lengua alemana haya reservado la palabra “Erdenbürger”, ciudadanos de la Tierra, a los recién nacidos, como para distinguir el único momento de la vida del individuo en el que se le concede un soplo de superioridad sobre el mundo histórico. Y no deja de ser significativo que fuera un astronauta, Edgar Mitchell (“el sexto hombre en pisar la luna”) quien dio un nuevo valor a la palabra al describir las emociones de los que regresan del espacio: “vuelves con la sensación de no ser ciudadano de los EE.UU. sino ciudadano de la Tierra”. Si pudiera hacer realmente una era “poshistórica”, su comienzo sería indisociable de la salida de la Tierra de sus bambalinas históricas, de la pérdida de su condición de materia prima y de la adquisición de la categoría de objeto de la preocupación humana... Con ello cambian todas las premisas del drama histórico. Lo que era escenario se convierte en tema de la acción. Lo que servía de telón de fondo pasa a primer término. Lo que se presentaba como materia prima se trueca en producto. Lo que era escena es ahora la obra en sí... Ya desde ahora puede decirse que la “historia del mundo” como proyecto inscrito en el tiempo para la ejecución de misiones espirituales y morales con trasfondos naturales y físicos, es una idea agotada... Para nosotros, la Tierra ha dejado de ser el infatigable y paciente “apoyo y protección” que casi todas las generaciones pasadas vieron en ella. Sólo podrá sobrevivir gracias a un nuevo gesto constructivo, realizado por los seres humanos que hayan comprendido que la protección del escenario es el argumento de la obra.CITAR: - Vásquez Rocca, Adolfo, “Sloterdijk: De los Pastores del ser al Capitalismo cárnico contemporáneo. Posthumanismo, inmunología general y giro antropotécnico”, Rosebud —Anno 6º— Dublin (Ireland), August 2016. https://rinabrundu.com/2016/08/06/sloterdijk-de-los-pastores-del-ser-al-capitalismo-carnico-contemporaneo/
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