Los asuntos de Flandes. Las relaciones entre las cortes de la Monarquía Hispánica y de los Países Bajos durante el siglo XVI

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Descripción

ÍNDICE ÍNDICE

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ABREVIATURAS

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INTRODUCCIÓN Fundamentos metodológicos La historiografía sobre la Revuelta. Estado de la cuestión

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CRONOLOGÍA

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CAPÍTULO 1- LA INTEGRACIÓN DE LAS ÉLITES FLAMENCAS EN LA CORTE DE CARLOS V Y DURANTE LOS PRIMEROS AÑOS DE REINADO DE FELIPE II 1.1.- La integración de las élites flamencas en el Imperio de Carlos V 1.1.1.- Flamencos y borgoñones en la Corte del emperador 1.1.2.- La integración de las élites flamencas en las instancias de poder de los Países Bajos. La articulación del territorio con Carlos V 1.2.- Las relaciones entre los Países Bajos y la Monarquía Hispana durante los primeros años del reinado de Felipe II 1.2.1.- Las luchas faccionales en la Corte de la Monarquía 1.2.2.- La ruptura de la integración de las élites flamencas en la Monarquía Hispana de Felipe II (1555-1566) 1.2.2.1.- La Corte del monarca 1.2.2.2.- La Corte de los gobernadores de los Países Bajos 1.2.3.- La situación en los Países Bajos durante los años previos a la Revuelta 1.2.3.1.- La cuestión religiosa durante el siglo XVI 1.2.3.2.- Las facciones políticas flamencas y sus conexiones con la Corte de Felipe II

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CAPÍTULO 2- LA CONFESIONALIZACIÓN EN FLANDES: EL GOBIERNO DEL III DUQUE DE ALBA (1567-1573) 2.1.- Los avatares cortesanos en Madrid 2.2.- Facciones y grupos de poder en Bruselas 2.2.1.- La configuración de las facciones (1567-1571) 2.2.2.- La integración del séquito del duque de Medinaceli en la lucha faccional: los últimos años de gobierno (1572-1573) 2.3.- Las actuaciones del duque de Alba durante su estancia en los Países Bajos: su crucial papel en la política exterior de Felipe II 2.3.1.- La represión de la Revuelta y sus planes de Confesionalización 2.3.2.- El papel del duque de Alba en la política exterior de Felipe II durante esos años

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CAPÍTULO 3- UNA SOLUCIÓN PROVISIONAL, DON LUIS DE REQUESENS (1573-1576) 3.1.- La elección de don Luis de Requesens como gobernador y los cambios cortesanos en Madrid 3.2.- Las facciones cortesanas en Bruselas durante el gobierno del Comendador Mayor 3.3.- La acción de gobierno de don Luis de Requesens: entre la solución pacífica y la bélica

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CAPÍTULO 4- EL TRIUNFO DEL PARTIDO “PAPISTA”: DON JUAN DE AUSTRIA EN LOS PAÍSES BAJOS (1576-1578) 4.1.- Roma en Madrid: el triunfo del partido “papista” 4.2.- El gobierno del Conseil d´État (1576) 4.3.- La situación faccional en Flandes durante el gobierno de don Juan: el intento de recuperación de la Casa de los gobernadores como elemento de integración de las élites 4.4.- La desafortunada estancia de don Juan de Austria en Flandes: su relevancia internacional

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CAPÍTULO 5- AUGE Y DECLIVE DE UN PRÍNCIPE ITALIANO: EL GOBIERNO DE ALEJANDRO FARNESIO (1578-1592) 5.1.- El ascenso del “partido castellanista” y la institucionalización de la Monarquía: su plasmación en los asuntos flamencos 5.2.- La lucha faccional en Flandes durante el gobierno de Alejandro Farnesio (1578-1592) 5.2.1.- La configuración de las facciones cortesanas en sus años de esplendor (1578-1588) 5.2.2.- La caída: repercusiones faccionales de la Empresa de Inglaterra y de las intervenciones en Francia (1588-1592) 5.3.- La recuperación de la autoridad real en Flandes con Alejandro Farnesio 5.3.1.- Los años de “reconquista” y de preparación de las Empresas de Francia e Inglaterra (1578-1588) 5.3.2.- El crucial papel de Farnesio en la política exterior de la Monarquía, los años clave (1588-1592) 5.4.- El relevo

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CAPÍTULO 6- A LA ESPERA DE GOBERNADOR (1592-1594) 6.1.- La llamada de Alberto a Madrid: el Dinasticismo y los cambios en el centro de la Monarquía 6.2.- Las pugnas entre el conde de Mansfeld y el de Fuentes en Bruselas. La intermediación de Esteban de Ibarra 6.3.- Las conversaciones con Ernesto y su Jornada a Flandes

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CAPÍTULO 7- LA SOLUCIÓN IMPERIAL: EL ARCHIDUQUE ERNESTO EN FLANDES Y EL ÍNTERIN HASTA LA LLEGADA DE ALBERTO (1594-1596) 7.1.- El devenir de Flandes tras la llegada del archiduque Ernesto 7.1.1.- La integración de su séquito en las luchas faccionales 7.1.2.- Su acción de gobierno: el fracaso de las negociaciones con los rebeldes, la escasa actividad militar y la Junta de notables 7.2.- A la espera del archiduque Alberto (1595-1596) 7.3.- La sustitución del modelo católico hispano por el paradigma católico romano con Clemente VIII (1592-1605) 7.4.- La plasmación en Flandes y Francia del cambio de política de la Santa Sede con respecto a la Monarquía Hispana. La nueva preocupación del papado: liga contra los otomanos

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CAPÍTULO 8- EN PUERTAS DE LA CESIÓN: EL GOBIERNO DEL ARCHIDUQUE ALBERTO (1596-1598) 8.1.- La elección de Alberto como nuevo gobernador de Flandes, la formación de su Casa y la Jornada hacia su nuevo destino político 8.2.- El desarrollo de sus años de gobierno 8.2.1.- El cambio de consejeros de cara a la Cesión

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8.2.2.- Su acción de gobierno: enfrentamientos con la Santa Sede y paz con Francia 8.3.- La Cesión de los Países Bajos a los Archiduques

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FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA Introducción a las fuentes Relación de fuentes documentales Bibliografía Fuentes primarias Fuentes secundarias

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ABREVIATURAS

Archivos y bibliotecas Leg.: Legajo / Legs.: Legajos Lib.: Libro / Libs.: Libros Ms.: Manuscrito / Mss.: Manuscritos Reg: Registro / Regs.: Registros Vol.: Volumen / Vols.: Volúmenes

AGP: Archivo Palacio Real de Madrid Descalzas: Fondo documental proveniente del monasterio de las Descalzas reales Expediente: Personal, Expedientes AGR: Archives Générales du Royaume/Algemeen Rijksarchief (Bruselas) Audience: Papiers d´État et de l´Audience/Audiëntie MD: Manuscrits Divers SEG: Secretairie d´État et de Guerre/Secretarie van State en Oorlog AGS: Archivo General de Simancas (Valladolid) CC: Cámara de Castilla CSR: Casa y Sitios Reales DGT: Dirección general del Tesoro E: Secretaría de Estado EMR: Escribanía Mayor de Rentas QC: Quitaciones de Corte SP: Secretarías Provinciales AHN: Archivo Histórico Nacional (Madrid) E: Estado ASV: Archivio Segreto Vaticano Fiandra: Segretaria di Stato, Fiandra Spagna: Segretaria di Stato, Spagna AZ: Archivo Zabálburu (Madrid) GD: Grupo documental BA: Biblioteca Palacio da Ajuda (Lisboa) BL: British Library (Londres) BNM: Biblioteca Nacional, Madrid BPRM: Biblioteca del Palacio Real de Madrid BRB: Bibliothèque Royale Albert I (Bruselas) IVDJ: Instituto Valencia de Don Juan (Madrid)

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RAH: Real Academia de la Historia (Madrid)

Libros, revistas y recopilaciones documentales BCRH: Bulletin de la Commission Royale d´Histoire BIHBR: Bulletin de l´Institut Historique Belge de Rome BIOGRAPHIE NATIONALE: Biographie Nationale publiée par l´Academie Royale des Sciences, des Lettres et des Beaux-Arts de Belgique, Bruselas, 1866-1929, 25 vols. CABRERA: L. CABRERA DE CÓRDOBA, Historia de Felipe II, Rey de España, Valladolid, 1998 (edición de J. MARTÍNEZ MILLÁN y C. J. de CARLOS MORALES) Carlos V: J. MARTÍNEZ MILLÁN (dir.), La Corte de Carlos V, Madrid, 2000, 5 vols. Configuración: J. MARTÍNEZ MILLÁN y C. J. de CARLOS MORALES (dirs.) Felipe II (1527-1598). La configuración de la monarquía hispánica, Valladolid, 1998 CCG : Correspondance du Cardinal de Granvelle, 1565-1586 (dirs. E. POULLET y Ch. PIOT), 12 vols. Bruselas, 1877-1896 CFA: Don Francés de Álava y Beamonte. Correspondencia inédita de Felipe II con su embajador en París (1564-1570) (dirs. P. RODRÍGUEZ y J. RODRÍGUEZ), San Sebastián,1991 COMF: Correspondance d´Ottavio Mirto Frangipani. Premier nonce de Flandre (1596-1606). (L. VANDER ESSEN y A. LOUANT (eds.), 4 vols., Roma, Analecta Vaticano-Bélgica, 1924 CPh. II : Correspondance de Philippe II sur les affaires des Pays-Bas (dir. J. LEFÈVRE), 4 vols. , Bruselas, 1940-1960 CODOIN: Colección de Documentos Inéditos para la Historia de España DBE: Diccionario Biográfico Español (en prensa) DECA: Documentos escogidos del Archivo de la Casa de Alba (dir. Duquesa de Berwick y Alba), Madrid, 1891 DDA: Discurso del Exmo. Sr. Duque de Berwick y de Alba para su ingreso en la Real Academia de la Historia (Duque de Berwick y Alba), Madrid, 1919 EDA: Epistolario del tercer Duque de Alba (dir. Duque de ALBA), 3 vols., Madrid, 1952 Felipe II: J. MARTÍNEZ MILLÁN y S. FERNÁNDEZ CONTI (dirs.), La monarquía de Felipe II: la Casa del Rey, Madrid, 2005, 2 vols. Felipe III: J. MARTÍNEZ MILLÁN y M. A. VISCEGLIA (dirs.), La monarquía de Felipe III, Madrid, 2008, 4 vols.

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INTRODUCCIÓN

Fundamentos metodológicos La política europea desde el siglo XIII hasta mediados del XVII se caracterizó por la “visión personal” de los Príncipes sobre los gobernados, por el peso de la nobleza feudal sobre la política y por la pretensión de la Iglesia de definir las normas políticas1. El Estado Dinástico2, a pesar de que, a veces, pudo comportarse como burocrático e impersonal, estaba orientado hacia la persona del Rey, quien concentró diferentes formas de poder y de recursos materiales y simbólicos (dinero, honores, títulos, indulgencias, monopolios,...) en sus manos. De esta manera, a través de una redistribución selectiva de favores, los Monarcas pudieron mantener unas relaciones de dependencia (clientelares) o, por mejor decir, de reconocimiento personal y así mantenerse en el poder. El origen de esta composición sociopolítica se puede observar en Castilla ya desde Alfonso X, que desplegó una gran actividad legislativa para convertir al Monarca en la fuerza generadora del Reino y para ello investía al poder del Rey como divino y negaba la subordinación a intermediarios como Pontífice, Emperador o Comunidad. Ahora bien, el lazo o dependencia feudal, precisamente por ser personal, se extinguía a la muerte del Señor; por ello, las nuevas Monarquías tendieron a establecer un poder que se perpetuara en el tiempo y no limitado a la vida de las personas, sino a las instituciones3. Estas se encargarían de cumplir dos objetivos básicos: por una parte, contribuyeron de manera esencial a establecer la paz social mediante la exigencia del cumplimiento de las leyes que de ellas emanaban; por otra, no solo mantuvieron la situación de privilegio de quienes las hicieron o se sintieron integrados en ellas, sino que además permitieron que dichos grupos sociales trasmitieran su status en herencia sin peligro de perderlo. De esta manera, la nobleza seglar y eclesiástica, las ciudades y

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Son muchos los autores que han insistido en la separación del poder temporal y el espiritual como elemento que define la aparición del Estado Moderno, caso de E. W. BÖCKENFÖRDE, “The Rise of the State as a Process of Secularisation” en State, Society and Liberty. Studies in Political Theory and Constitutional Law, Nueva York/Oxford, 1991, pp. 26-46 o E. FASANO GUARINI, “Cristianesimo e potere: il ‘dualismo’ dell’Occidente”, Annali dell’ Istituto storico italo-germanico in Trento, 19 (1993), pp. 437-447. 2 El título y la estructura del trabajo de R. J. BONNEY, The European Dynastic States, 14941660, Oxford, 1991, resulta bastante expresivo. Ya había expresado esta idea en “Guerre, fiscalité et activité d’Etat en France (1500-1650): Quelques remarques préliminaires sur les possibilités de recherche”, en Ph. GENET y M. LE MENÉ (eds), Genèse de l’État moderne. Prélèvement et redistribution, París, 1987, pp. 194-195. 3 W. ULLMANN, Principios de gobierno y política en la Edad Media, Madrid, 1985, pp. 144217, en donde describe la evolución de las monarquías inglesa y francesa.

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las élites que las gobernaban, apoyaron el poder del Príncipe por encima de todos los existentes en el Reino, ya que les aportaba lo más valioso: los fundamentos divinos y legales lógicos que justificaban y respaldaban su preeminencia sobre el resto de la sociedad4. Para ello, utilizaron las corrientes de pensamiento ya existentes desde el Imperio Romano y la doctrina de la Iglesia sobre el poder, formulando una serie de conceptos clave como “Soberanía”, “Bien Común” o “Corona”, al tiempo que legitimaban la situación a través de la tradición y la costumbre, aunque, para lograrlo, a veces tuvieran que falsificar los textos5. La creación de instituciones generales emanadas de estos principios y capaces de integrar toda la sociedad con el fin de gobernarla, esto es, de admitirlas como instancias preeminenciales a las de cada sector o estamento, fue un proceso largo que ocupó buena parte de la Edad Moderna. Para lograrlo, las Monarquías tuvieron que integrar a todos los grupos sociales del Reino dentro de su campo de poder e influencia, articulando la sociedad a través de una serie de redes de poder no institucionales. Es preciso insistir en que este proceso se realizó por integración y que la fidelidad resultó ser un elemento esencial para tejer dichas redes6. El conocimiento de dichas redes resulta básico para poder comprender los cambios experimentados en la época. Para ello, es necesario usar los estudios sobre patronazgo y élites de poder, que tratan de explicar el dominio de una minoría o élite sobre amplios sectores sociales basándose en relaciones personales, no institucionales ni familiares7. Este sistema no se iniciaba con un compromiso escrito ni explícito, sino tras solicitar algún favor o apoyo, interviniendo factores irracionales como emoción y voluntad. Las relaciones entre “patrón” y “hechura” o “cliente” eran desiguales y verticales, así como recíprocas y específicas, es decir, no universales, en una sociedad 4

O. von GIERKE, Teorías políticas de la Edad Media (Edición de F. W. Maitland), Madrid, 1995, pp. 134-149; W. ULLMANN, op. cit., pp. 121-154 y D. E. LUSCOMBE, “The formation of Political Thought in the West”, en J. H. BURNS (ed.), Medieval Political Thought (c. 350-c. 1450), Cambridge, 1991, pp. 157-173. 5 P. BUC, “Pouvoir royal et commentaires de la Bible (1150-1350)”, Annales, (1989), pp. 691713 o W. ULLMANN, Historia del pensamiento político en la Edad Media, Barcelona, 1983, pp. 78 y ss. 6 D. QUAGLIONI, “Fidelitas habet duas habenas. Il fondamento dell’obbligazione politica nelle glosse di Bartolo alle costituzioni pisane di Enrico VII” en G. CHITTOLINI, A. MILHO, P. SCHIERA (dirs), Origini dello Stato. Processi di formazione statale in Italia fra medievo ed età moderna, Bologna, 1994, pp. 381-396 y P. PRODI, Il sacramento del potere. Il giuramento politico nella storia costituzionales dell’Occidente, Bologna, 1992. 7 Sobre este asunto, J. MARTÍNEZ MILLÁN, “Las investigaciones sobre patronazgo y clientelismo en la administración de la Monarquía hispana de la Edad Moderna”, Studia Historica. Historia Moderna, 15 (1996), pp. 83-106 y la introducción al libro colectivo, Instituciones y élites de poder en la Monarquía hispana durante el siglo XVI, Madrid, 1992, pp. 11-24.

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donde primaba el privilegio. Era posible mantenerlas gracias a la fidelidad y a la utilidad mutua y, muchas veces, con la ayuda de un “broker”, que era la persona encargada de transmitir la influencia del patrón a sus clientes, aunque en su territorio se mostrara como un verdadero patrón. Por lo tanto, nos encontramos con relaciones de clientelazgo de varios niveles. El camino inicial de la investigación debe ser un estudio prosopográfico de la sociedad, que, a veces, se confunde con el propio estudio de las élites de poder. Según esta interpretación, el estudio sobre las élites se reduce a (lo que se ha denominado) una “historia social de la administración”; esto es, a una cuantificación de los factores y cualidades comunes de los oficiales o “prosopografía”, al tiempo que se les concede un papel primordial a los lazos familiares o de parentesco en la formación de estas redes o élites de poder. De manera muy distinta pensamos nosotros que se debe plantear el estudio de dichas élites. En nuestra investigación partimos de la identificación del grupo de personas que, junto a la fuente del poder central, tomaban las decisiones de gobierno y que eran las que creaban las instituciones, de acuerdo a las necesidades y circunstancias que dictaba el ejercicio del poder, al mismo tiempo que servían (las instituciones) de barrera entre gobernantes y gobernados. En función de esto, podemos considerar que la articulación social del poder se debió mas a relaciones personales (sistema de “patronazgo” y “clientelas”) que a las instituciones que, desde un punto de vista presentista, los historiadores hemos proyectado a esta época. Con la influencia y poder que les confería tan privilegiada situación, este pequeño grupo ascendía a sus protegidos o “clientes” a los puestos de responsabilidad de dichos organismos, estableciéndose las relaciones de “patronazgo” que, a su vez, eran reproducidas por estos últimos. Evidentemente, un análisis semejante requiere un minucioso y amplio estudio prosopográfico del conjunto de personajes que ocuparon las instituciones de la Corte, no tanto por saber las características comunes o las biografías de todos ellos, cuanto por deducir los lazos y causas por los que ascendieron y su comportamiento una vez en el cargo. Esta estructuración política descentralizada nos mostraría que el poder real era preeminencial y no absoluto y, por lo tanto, el Monarca necesitaba partidarios en los diversos órganos para mantener su poder y estos, a su vez, precisaban del Rey, ya que era la fuente de donde emanaba la gracia y el legitimador del poder, convirtiéndose la Corte en el lugar donde convergerían todas esas relaciones.

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La aparición de la misma resultó fundamental, no solo como lugar de encuentro entre las élites del Reino y el Monarca, sino también como centro donde los letrados elaboraban las leyes. Allí se comenzó a ensalzar la figura real a través de manifestaciones culturales, al tiempo que una nueva forma de conducta se imponía paulatinamente en los personajes cortesanos, ya que comenzaba a aparecer una forma distinta de llevar la política. En la historiografía de los últimos veinticinco años la Corte ha pasado a constituir uno de los elementos esenciales para explicar los orígenes del denominado Estado Moderno. Hasta entonces, había estado fuera del contexto político y administrativo en los que la historiografía situaba la formación de dicho Estado, limitándose a identificarla con un fenómeno meramente cultural y ceremonial. El cambio de esta interpretación tradicional se ha producido desde un triple punto de vista; por una parte, desde el campo de la sociología, que ha explicado el comportamiento y las estructuras generadas para el disciplinamiento social; en segundo lugar, desde la administración y la política, se ha pasado de estudiar el gobierno del Príncipe y la fundación y actuación de las instituciones, a centrarse en la totalidad del entorno del Rey, es decir, tanto el mundo doméstico (Casa Real) como su actuación política; de esta manera, Corte y Estado han sido considerados complementarios. Por último, desde la antropología y la historia cultural, que se ha centrado en los aspectos simbólicos del poder8. Todas estas corrientes han coincidido, pese a sus diferentes conclusiones, en que la Corte sería el núcleo de poder que articuló la organización de las Monarquías Europeas a partir de la baja Edad Media. Por supuesto, la Hispana no fue ajena a este fenómeno y optó por la Corte como forma de integración de los diversos reinos que se le fueron uniendo por herencia, agregación o conquista. Nosotros consideramos que el estudio de la Corte, como fenómeno de articulación del poder en el reino, debe ser planteado desde las tres grandes áreas que constituían la forma política de la Monarquía; es decir, el gobierno de las Casas Reales (Casa Real), el de la Monarquía (Consejos y tribunales) y los cortesanos. Es precisamente desde esta definición desde donde pretendemos explicar la integración de las XVII provincias en el conjunto de la Monarquía durante el reinado de Carlos V y como se produciría una ruptura del sistema con Felipe II que llevaría a la Revuelta.

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Sobre las corrientes historiográficas y las investigaciones sobre la Corte, los trabajos de ID., “Un planteamiento del reinado de Carlos V desde la Corte” en Carlos V, I, pp. 36-41, “Introducción” en Felipe II, I, pp. 17-51 y “La Corte de la Monarquía Hispánica”, Studia Historica, 28 (2006), pp. 17-35.

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La historiografía sobre la Revuelta, estado de la cuestión La Revuelta de los Países Bajos ha sido, sin duda, uno de los temas que ha generado mayor cantidad de bibliografía dentro de la historia moderna del continente europeo. Los estudios elaborados hasta la década de los 60 del siglo XX, aunque muchos de ellos son excelentes y aún hoy en día de obligatoria consulta, caían, en general, en el mismo error, cual era partir de unas ideas predeterminadas y con el fin de justificar diversos intereses decimonónicos forzaban la documentación y la bibliografía para conseguir crear una historia que sirviera a ese propósito. Para ello, fueron utilizados diferentes enfoques metodológicos, en los que predominó la visión de la historia de una forma “presentista”, que trataba de explicar la historia moderna con los parámetros de los estados actuales. Esto dejaba muchos aspectos por discernir, ya que no se había tenido en cuenta que el gobierno de los siglos XVI y XVII se estructuraba en otro tipo de relaciones más que en las meramente institucionales. Así, se intentó buscar la causa de origen de la Revuelta mediante estudios globales sobre la misma y centrándose, sobre todo, en tres motivaciones que, en muchas ocasiones, se entrelazaban entre sí, aunque cada autor incidía en mayor o menor medida sobre cada una de ellas. Las dos primeras vendrían derivadas de imágenes que aparecieron en el siglo XVI y que se repetirían hasta la saciedad durante el XVII y XVIII, como fueron la lucha por sostener la verdadera religión y la conservación de las antiguas libertades y privilegios, y la tercera se manifestaría dentro de la historia romántica del siglo XIX, como sería el nacionalismo tras la ruptura del Reino de los Países Bajos en Bélgica, Holanda y Luxemburgo9. El historiador que desarrolló con mayor vigor la visión calvinista fue G. Groen van Prinsterer (1801-1876), que extrapoló la realidad holandesa de los años posteriores a la disolución del Reino de los Países Bajos, es decir calvinista y con un Orange al frente de la nación, a la de los tiempos de la Revuelta10. En ambas ocasiones, el pueblo se había levantado con el propósito de censurar a un príncipe extranjero y para sostener el calvinismo, convirtiéndose estos primeros protestantes en los fundadores de la

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S. GROENVELD, “Image and reality. The historiography of the Dutch Revolt against Philip II” en H. de SCHEPPER y P. J. A. N. RIETBERGEN (eds.), España y Holanda. Ponencias de los coloquios hispano-holandeses de historiadores, 1984-1988, Madrid-Nimega, 1993, pp. 3839. 10 Así lo expresa en su Handboek des geschiedenis van het Vaderland, La Haya, 1846 o en los prolegómenos de su monumental edición de los Archives ou correspondance inédite de la Maison d´Orange-Nassau, que se comenzó a publicar en Leiden en 1835 y que daría como resultado 5 series y 25 volúmenes que acabaron de aparecer en Utrecht en 1915.

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República Holandesa11. Aunque esta teoría basada en la religión ha perdido fuerza, tiene aún gran influencia y fueron destacados seguidores A. A. van Schelven (1880-1954) y J. H. C. de Pater (1887-1971). Robert de Fruin (1823-1899), por su parte, fue el principal adalid de la visión “nacionalista” holandesa de la Revuelta o la de la lucha contra un poder extranjero12. Partiendo del análisis de las fuentes, y no solo de la historia narrativa, señaló que en una época de burocratización general de las Monarquías Europeas los reyes Habsburgo trataron de hacer lo mismo en Flandes, chocando contra los antiguos privilegios de las XVII provincias y la resistencia de los neerlandeses contra algo que consideraban extranjero y antinacional. Sus teorías incidirían en menor medida en la religión, pero resaltó igualmente la fuerza de los calvinistas, no por que existieran un gran número de conversos, sino por las simpatías generales que suscitaron. John Lothrop Motley (18141877), pese a no ser holandés, presentó como inevitable una Revuelta nacional en ese momento, debido a la tiranía de unos dirigentes “extranjeros”, como eran Carlos V y Felipe II, cuyos retratos deformó hasta el extremo13. Algunos autores católicos nacionalistas criticaron las teorías de Fruin en cuanto a los asuntos religiosos, ya que consideraban que muchos católicos neerlandeses habían sido también buenos patriotas y habían luchado contra Felipe II. Además, los protestantes habrían resultado negativos en el movimiento por su intolerancia religiosa y autoritarismo político, lo que acabaría destruyendo la posibilidad de que el Norte y el Sur de los Países Bajos pudieran haberse independizado juntos14. Sin embargo, estos autores apenas hicieron mención a la falta de respuesta de la iglesia católica a las demandas de reforma que la sociedad neerlandesa venía reclamando durante todo el siglo XVI. El nacionalismo de Fruin sería retomado, aunque con matices, por Pieter Geyl (1887-1966), republicano y agnóstico que se dejaría llevar por la visión romántica de unir nación e idioma (flamenco). Así, la Revuelta podría haber derivado en una entidad unida bajo una misma lengua si no hubiera sido por la intolerancia de los calvinistas del 11

N. MOUT, "Reformation, Revolt and Civil Wars: The historiographic traditions of France and the Netherlands" en P. BENEDICT, G. MARNEF, H. F. K. van NIEROP y M. VERNARD (eds.), Reformation, Revolt and Civil War in France and the Netherlands 1555-1585, Amsterdam, 1999, p. 26. 12 Sus obras más importantes sobre la Revuelta serían Tien Jaren uit de 80 oorlog: 1588-1598, Leiden-Utrecht, 1857 y Het voorspel van den Tachtigjarigen Oorlog, La Haya, 1859. 13 Su principal obra sería The Rise of the Dutch Republic, Londres, 1856, 3 vols. 14 Entre ellos sobresalen W. F. J. NUYENS con su Geschiedenis der Nederlandsche Beroerten in de XVIe eeuw, Ámsterdam, 1865-1869 o L. J. ROGIER, cuya obra fundamental en este aspecto sería Geschiedenis van het Katholicisme in Noord-Nederland in de XVIe en XVIIe eeuw, Ámsterdam, 1945.

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Norte y por la política que siguieron Alejandro Farnesio y Mauricio de Nassau15. Es interesante este punto de vista, pues para él la separación de Norte y Sur sería una consecuencia, y no una causa, de los acontecimientos de la Revuelta, subrayando que durante la primera mitad del siglo XVII no se podrían establecer grandes diferencias políticas, económicas y sociales entre los dos territorios16. Por último, resaltaría el carácter social de la Revuelta, aunque consideraba que fue un movimiento de los estamentos conservadores más que de los progresistas. Sin duda, el aspecto social también sirvió como motivación para el estudio de la Revuelta, siendo Reinier Cornelis Bakhuizen van den Brink (1810-1865), maestro de Robert de Fruin, el primero que abordó esta visión, considerando que fue una revuelta burguesa contra el feudalismo y el absolutismo17. Para ello partió de algunas premisas liberales como la representación popular, la tolerancia y la libertad de conciencia, considerando que el calvinismo también influyó, aunque no por motivos doctrinales sino ideológicos, como sus aspectos “democráticos”. Fue, además, uno de los primeros autores que trató de transmitir una imagen negativa de la nobleza, compartiendo los presupuestos de Walter Ullmann, a la que consideró una clase “holgazana” y retrógrada que frenaba los impulsos de progreso de la burguesía. Esta visión de una nobleza negligente no se vería alterada hasta los trabajos de Herman Arend Enno van Gelder (1889-1973) en la década de los 3018. En ellos, el autor representa que los nobles fueron los encargados de encabezar la Revuelta, sobre todo, tras verse desplazados de la toma de decisiones por extranjeros y juristas provenientes de los centros de estudio, uniendo a ello motivos religiosos y criticando al mismo tiempo el presunto sentimiento nacionalista de la Revuelta19. Posteriormente, se ha seguido rehabilitando la imagen de la nobleza flamenca y prestigiando su papel, señalando que mientras en las Provincias Unidas los nobles participaron como regentes en el republicanismo, en el Sur el reforzamiento del absolutismo español significó que

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Todas estas ideas quedan expresadas en su The revolt of the Netherlands (1555-1609), Londres, 1932, así como, de manera más sucinta, en la introducción que realizó a la obra de conjunto J. S. BROMLEY y E. H. KOSSMAN (Eds), Britain and the Netherlands, Londres, 1960. 16 A. W. WILLAMSEN, Geyl en Vlaanderen, Amsterdam, 1973. 17 Así lo observamos en su Studien over vaderlandsche geschiedenis, Ámsterdam-La Haya, 5 vols., 1863-1913. 18 Como vemos en su Histoire des Pays-Bas: du XVIe siècle a nos jours, París, 1936 o en algún artículo como “De Nederlandse adel en de Opstand tegen Spanje”, Tijdschrift voor Geschiedenis 43 (1928), pp. 1-20 y 138-159. 19 Su labor se vería reforzada por la edición de fuentes documentales de la época. Así, junto con J. S. THEISSEN editaron la Correspondance française de Marguerite d´Autriche, duchesse de Parme, avec Philippe II, 1565-1568, Utrecht, 3 vols., 1925-1942.

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la alta nobleza perdiera su papel tradicional en el gobierno central, aunque manteniendo el provincial y local20 y siendo el balance del poder real21. Sin duda, los trabajos de Heink van Nierop, centrados principalmente en la provincia de Holanda, son los más señalados en este campo22. El desarrollo de la historia económica en el siglo XX modificaría el estudio de las clases sociales y su influencia en la Revuelta, centrándolo en términos económicos y materiales. Sin duda, el gran historiador belga Henri Pirenne (1862-1935) fue el máximo exponente de la aplicación de la economía en la historia social, al hablar del rápido desarrollo de la industria en los Países Bajos, sobre todo en Flandes, y, por tanto, de la burguesía. Debido a ello, la Revuelta fue una revolución burguesa y calvinista para deshacer los lazos políticos y sociales existentes23. Estas teorías anunciaban la cercana aplicación a la Revuelta del materialismo histórico marxista y su lucha de clases, siendo el primero que aplicó dichos presupuestos el historiador alemán Erich Kuttner (1887-1942), utilizándolos para explicar el movimiento iconoclasta de 156624. Como es de suponer, para este autor la Revuelta sería un levantamiento del proletariado, sobre todo en las provincias occidentales, que en los años 30 se habían convertido al anabaptismo y en los 60 al calvinismo, y que tras el acceso de la burguesía a los magistrados urbanos se vio abocado a la Iconoclastia. Estas teorías marxistas han seguido teniendo pábulo hasta hace no muchos años25. Todos estos enfoques que hemos expuesto hasta ahora insistían en dos cuestiones fundamentales: que habían llegado a la raíz única de la insurgencia -diferente según cada punto de vista- y que proporcionaban características válidas para todos los

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Destacando su capacidad de patronazgo, como señala H. G. KOENIGSBERGER, "Patronage, Clientage and Elites in the Politics of Philip II, Cardinal Granvelle and William of Orange" en A. MACZAK, Klientelsysteme im Europa der Frühen Neuzeit, Oldenbourg, 1988, pp. 127-148. 21 N. MOUT, op. cit., p. 28. 22 Sobre todo su obra Van Ridders tot Regenten, Amsterdam, 1984, que se tradujo al ingles en 1993 por Martín Altee con la Cambridge University Press con el nombre de The nobility of Holland. From knights to regents, 1500-1650. Para el papel de la nobleza, en general, durante los comienzos de la Revuelta, destacan varios de sus artículos: "A Beggars" Banquet. The compromise of the nobility and the politics of inversion", European History Quarterly, 21 (1991), pp. 419-443; "Serving the king and resisting: dilemmas of loyalty and treason in the revolt of the Netherlands" en J. MARTÍNEZ MILLÁN (dir.), Felipe II (1527-1598). Europa y la Monarquía Católica, Madrid, 1998, I, pp. 567-578 o "The Nobility and the Revolt of the Netherlands: Between church and King, and Protestantism and Privileges" en P. BENEDICT, G. MARNEF, H. F. K. van NIEROP y M. VERNARD (eds.), op. cit., pp. 83-98. 23 Su expresión más acabada de estas teorías la encontramos en su monumental obra, Histoire de Belgique, Bruselas, 1900-1932, 7 vols. 24 Como expone en su Het Hongerjaar, 1566, Ámsterdam, 1946. 25 T. WITTMAN, Les Gueux dans les Bonnes Villes de Flandre, 1577-1584, Budapest, 1960.

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territorios comprendidos en la Revuelta. Esta tendencia, sin embargo, quebraría a comienzos de la década de los 60 del siglo XX, sobre todo a raíz de una famosa conferencia que el profesor J. W. Smit pronunció en 1959 durante el congreso que daría como fruto el sugerente libro Britain and the Netherlands citado anteriormente26 y en cuyas ideas insistiría en posteriores ocasiones27. En ella, el autor señalaba novedosas vías de estudio que desembocarían en nuevas teorías basadas en un particularismo que procuraba demostrar que hubo numerosos partidos y fracciones en los movimientos políticos y sociales, por lo que habría que estudiar las situaciones territoriales específicas de cada provincia y sector social28. Smit profundizaría en este camino, al buscar las precondiciones que habían hecho posible el movimiento que desencadenó una revolución socio-política. Para él, los Países Bajos antes de la Revuelta tenían un sistema político basado en un entendimiento mutuo entre élites y soberano; los verdaderos focos de poder eran las dinastías nobles y las ciudades, por lo que creía necesario llevar a cabo un estudio local para ver qué sucedió en cada provincia, región y ciudad29. Carlos V fue capaz de comprender el sistema y usar a magistrados de las ciudades y a Estados Provinciales para sus fines, no rebelándose la alta nobleza por su papel preponderante en el gobierno. Sin embargo, cuando su hijo Felipe intentó modificar el sistema provocó una fuerte reacción desde diversos puntos. Junto a esta precondición de inestabilidad de la estructura política, Smit introduciría otras, aunque de una forma mucho menos clara, cuales fueron los cambios económicos, ideológicos, religiosos y sociales, compartiendo varios puntos de vista con los marxistas al contemplar las luchas nobleza-burguesía. El “nacionalismo”, para él, ocuparía un papel secundario. Desde las propuestas formuladas por Smit, se han impulsado nuevos estudios orientados hacia diferentes campos. En primer lugar, ha llamado poderosamente la atención el estudio de las instituciones, no solo desde sus ordenanzas, sino también desde su funcionamiento diario y los efectos de sus decisiones. Igualmente, se ha tratado de discernir los fines que propiciaron la creación de nuevas instituciones durante 26

El nombre de la conferencia sería “The Present Position of Studies Regarding the Revolt of the Netherlands”, publicada en dicho libro en pp. 11-30. 27 La más conocida es su contribución al libro de conjunto recopilado por R. FOSTER y J. P. GREENE, Preconditions of Revolution in Early Modern Europe, Baltimore, 1970 (Yo he manejado la traducción española de Barcelona, 1975, Revoluciones y rebeliones de la Europa Moderna, siendo el título de su texto “La revolución en los Países Bajos”, pp. 29-65). 28 En este sentido, es paradigmático el título del libro de J. L. PRICE, Holland and the Dutch Republic in the Seventeenth Century: The Politics of Particularism, Nueva York, 1994. 29 Un buen ejemplo de este enfoque sería la tesis doctoral inédita de G. E. WELLS, Antwerp and the government of Philip II: 1555-1567, defendida en la Universidad de Cornell en 1982.

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este periodo30. Por lo que respecta a los Consejos Colaterales, son ya clásicos los complementarios estudios de Michel Baelde31 y de Hugo de Schepper32, aunando ambos un profundo estudio interpretativo y un valioso trabajo prosopográfico. El Gran Consejo de Malinas, por su parte, también ha recibido atención, tanto en lo referente a su funcionamiento como a la documentación que generó33. Así mismo, los Stadholder o gobernadores de provincia han sido objeto de estudio por parte, especialmente, de Paul Rosenfeld en una interesante tesis doctoral34. Por supuesto, los Estados Provinciales35 y Generales han recibido también su atención36, destacando el excelente estudio del profesor H. G. Koenigsberger para estos últimos37. Sin duda alguna, la culminación de estos esfuerzos de la historia institucional ha resultado ser el estudio publicado en dos volúmenes, tanto en neerlandés como en francés, por los Archives Générales du Royaume/Algemeen Rijksarchief38.

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J. D. TRACY, Holland under Habsburg Rule, 1506-1566. The formation of a body politic, Berkeley, 1990. 31 De Collaterale raden onder Carel V en Filips II, 1531-1578. Bijdrage tot de geschiedenis van de centrale instellingen in de zestiende eeuw, Bruselas, 1965. 32 En su tesis doctoral inédita, defendida en Lovaina en 1972, De collaterale Raden in de Katolick Nederlanden van 1579 to 1609. Studie van leden intelligen en algemene politiek. 33 Entre numerosos trabajos, podemos citar el de J. van ROMPAEY, De Grote Raad van de hertogen van Bourgondië en het parlement van Mechelen, Bruselas, 1973 como estudio interpretativo y J. Th. de SMIDT, E. I. STRUBBE y J. van ROMPAEY (eds.), Chronologische lijsten van de gëextendeerde Sententiën en Procesbundels, berustend in het archief van de Grote Raad van Mechelen, Bruselas, 1966-1971, 2 vols., I (1465-1504) y II (1504-1531) por lo que respecta a la documentación. 34 The provincial gobernors in the Netherlands from the minority of Charles V to the revolt. Defendida en la Columbia University, permanece inédita aunque en 1989 se llevó a cabo una edición en Michigan por University Microfilms International. Un resumen de las conclusiones en su artículo "The provincial gobernors of the Netherlands from the minority of Charles V to the Revolt" en H. J. COHN (ed.), Government in reformation Europe, Londres, pp. 257-264. Es, asimismo, reseñable el trabajo de H. H. ROWEN, The princes of Orange. The Stadholders in the Dutch Republic, Cambridge, 1988. 35 Así, R. REITSMA, Centrifugal and centripetal forces in the early Dutch Republic. The States of Overijssel 1566-1600, Amsterdam, 1982 o J. W. KOOPMANS, De Staten van Holland en de opstand, de ontwikkeling van hun functies en organisatie in de periode 1544-1588, La Haya, 1990 entre otros. 36 J. GILISSEN, “Les États generaux des Pays de Par deça, 1464-1632”, Standen en Landen 33 (1965), pp. 261-321. 37 Monarchies, States Generals and Parliaments. The Netherlands in the Fifteenth and Sixteenth Centuries, Cambridge, 2001. En este trabajo, el autor agrupa sus numerosos estudios previos sobre el tema. 38 E. AERTS, M. BAELDE, H. COPPENS, H. de SCHEPPER, H. SOLY, A. K. L. THIJS y K. van HONACKER (eds.), De centrale overheidsinstellingen van de Habsburgse Nederlanden (1482-1795), Bruselas, 1994 para la versión en neerlandés y Les institutions du gouvernement central des Pays-Bas Habsbourgeois (1482-1795), Bruselas, 1996 para la versión francesa (traducción de C. de Moreau de Gerbehaye). Curiosamente, el mismo año que se publicaba en neerlandés esta macro-obra, la investigadora Micheline Soenen publicó una guía de los fondos de los Archives Générales du Royaume con el título de Institutions centrales des Pays-Bas sous l´Ancien Régime, pero hay que resaltar que ambos proyectos son independientes.

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Junto al estudio sobre las instituciones, también se ha intentado depurar el concepto de nacionalismo enunciado por Geyl. Así, se ha incidido en el deseo de los neerlandeses del siglo XVI de pertenecer siempre a un cuerpo político o nación, pero no como un todo o conjunto, sino incluyendo únicamente a la ciudad, pueblo, provincia, gentes que la componían,... cercana a cada individuo y que estaba siendo atacada en su antigua forma de vida y de organización por extranjeros39. Se han consignado igualmente avances en la historia económica, añadiendo nuevos estudios a los ya existentes. Estos estarían relacionados con la inflación, y destacan los trabajos demográficos de C. Verlinden o E. Scholliers40 centrados en las clases bajas con paupérrimos salarios, si es que tenían trabajo, y que se amotinarían contra la riqueza o contra el gobierno central. Por su parte, Van der Wee y su discípulo H. Soly se fijarían en la clase media (comerciantes, artesanos,...), que se levantaría contra los aristócratas locales o contra Bruselas ante el miedo a perder su privilegiada posición. Sin embargo, no irían mucho más allá y se centrarían solo en provincias con desarrollo industrial como Flandes, Holanda o Brabante41. Igualmente, se señaló la necesidad de situar la Revuelta en un contexto internacional, ya que con anterioridad siempre se la había considerado de forma aislada con respecto a su entorno42. Las guerras de religión francesas43 y las relaciones con Inglaterra e Isabel I44 han ocupado un papel preeminente en este intento. Sin embargo, 39

Aquí son fundamentales los trabajos del historiador y psicólogo Eugen Lemberg como Nationalismus, Reinbek, 1964. 40 C. VERLINDEN, “Crises économiques et sociales en Belgique à l´époque de Charles Quint” en CENTRE NATIONAL DE LA RECHERCHE SCIENTIFIQUE (ed.), Charles Quint et son temps, París, 1959 o E. SCHOLLIERS, Loonarbeid en honger, Amberes, 1960. 41 H. van der WEE, “De economie als factor bij het bejín van de Opstand in de zuidelijke Nederlanden” en Bijdragen en Mededelingen van het Historisch Genootschap, 83 (1969), pp. 15-32 o H. SOLY, “Economische vernieuwing en sociale weerstand. De betekenis en aspiraties der Antwerpse middenklasse in de 16de eeuw”, Tijdschrift voor Geschiedenis, 83 (1970), pp. 521-535. 42 El único autor que había realizado importantes trabajos en este campo durante el siglo XIX fue JMBC Kervijn de Lettenhove con su Les huguenots et les gueux, Brujas, 1883-1885, 6 vols. o, junto a L. Gilliodts-Van Severen, Rélations politiques des Pays-Bas et de l´Angleterre sous le regne de Philippe II, Bruselas, 1882-1900, 11 vols. 43 La bibliografía es muy numerosa, pero destacan las obras de N. M. SUTHERLAND, The massacre of St. Bartholomew and the European conflict, 1559-1572, Londres, 1973 y M. P. HOLT, The duke of Anjou and the politique struggle during the wars of religión, Cambridge, 1986. Últimamente, la obra de conjunto, ya reseñada, de P. BENEDICT, G. MARNEF, H. F. K. van NIEROP y M. VERNARD (eds.). 44 En este sentido, es necesario resaltar la controversia suscitada entre R. B. Wernham (en sus obras Before the Armada: the growth of English foreign policy, 1485-1588, Londres, 1966, After the armada: Elizabethan England and the struggle for western Europe, 1588-1595, Oxford, 1984 y The return of the armadas: the last years of the Elizabethan war against Spain, 1595-1603, Oxford, 1994) y Charles Wilson (Queen Elizabeth and the revolt of the Netherlands, Londres, 1970). Mientras el primer autor sostiene que Isabel I siguió la misma

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las conexiones con el Imperio45, aunque siempre se han recalcado las relaciones de la nobleza flamenca con la alemana, y con el Papado no han atraído tanta atención. Mención

aparte

merecen

los

trabajos

encargados

de

relacionar

los

acontecimientos acaecidos en Flandes con el decurso que siguió la Monarquía Hispana. Geoffrey Parker demostró la imposibilidad de comprender a fondo este acontecimiento sin tener presente el punto de vista “español”46, esto es, la estrategia de Felipe II. El autor señala la existencia de tres revueltas diferentes, en las cuales predominó el particularismo frente al nacionalismo y cuyo factor aglutinante fue la amenaza para las libertades cooperativas que suponían las novedades del monarca. En concreto, la primera tuvo lugar en 1566 y fue motivada por la presencia de guarniciones españolas en la zona, el control de las decisiones políticas por Granvela, las nuevas diócesis y los Placcards. La segunda tendría lugar en 1572 por los ataques del duque de Alba a los privilegios y sus intentos por aplicar la alcabala. Por último, en 1576 se produjo un nuevo levantamiento, destinado a evitar los motines de los soldados españoles que podían acabar con la riqueza del país. Siguiendo el estudio de la intervención española en el conflicto, han aparecido diversos trabajos sobre las luchas faccionales en la corte madrileña y sus repercusiones políticas en Flandes47 y J. H. Elliott llegó a señalar que el caso de los Países Bajos podía resultar un modelo para saber qué hubiera podido suceder en otros territorios de la Monarquía Hispana48. Aquí podríamos encuadrar, asimismo, el trabajo de Pierre Chaunu, que conectaba el tráfico de metales preciosos de Castilla con las Indias con la política seguida en Flandes, según el dinero que entrara en las arcas de Felipe II49. Tanto Elliott como Parker criticaron dicha visión, sobre todo el último, que recalcaría las necesidades de dinero de los ejércitos de la Monarquía, pero uniendo dichas carencias a las guerras de Felipe II contra los turcos. En los últimos 15 años, la historiografía internacional –especialmente la anglosajona– ha subrayado con insistencia el papel y experiencia holandesa durante los siglos XVI y XVII y se concentra particularmente en la individualización de un posible política de balance europea que sus precedesores Tudor, el segundo cree que la reina improvisaba sin seguir ningún plan y llevada por miedos. 45 El trabajo más destacado es el de M. WEIS, Les Pays-Bas espagnols et les Etats du Saint Empire (1559-1579). Priorités et enjeux de la diplomatie en temps de troubles, Bruselas, 2003. 46 The Dutch Revolt, Londres, 1977 (hay traducción al español, España y la rebelión de Flandes, Madrid, 1986). 47 Sin duda, el mejor estudio es la tesis doctoral inédita de P. D. LAGOMARSINO, Court factions and the formulation of Spanish policy towards the Netherlands (1559-1567), defendida en Cambridge en 1973. 48 J. H. ELLIOTT, Imperial Spain 1469-1716, Londres, 1963. 49 P. CHAUNU, “Séville et la “Belgique”, 1555-1648”, Revue du Nord, 42 (1969), pp. 259-292.

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carácter revolucionario de la Revuelta. Se ha visto, además, en la organización política y en los fenómenos culturales de las Provincias Unidas un término de parangón esencial para la comprensión de las naciones de hoy, el prototipo del estado capitalista, con una economía fuertemente orientada hacia el mercado libre y la globalización y una sociedad multicultural y tolerante50. Charles Tilly, por su parte, infiere que la Guerra de los Ochenta Años fue un proceso de formación estatal “de intensidad de capital”. A juicio de este autor, la Revuelta no debía ser considerada más una simple revuelta, sino una verdadera revolución y, en concreto, el modelo de revolución burguesa europea51. Evidentemente, esto conllevaba un análisis propio del concepto de revolución52 y criticaba a J. Shennan que unos años antes había defendido lo contrario al hacer referencia a que la Revuelta había sido un movimiento fundamentalmente conservador, como ya había propuesto Geyl53. Sin duda, el estudio de Jonathan Israel, The Dutch Republic. Its Rise, Greatness and Fall (1477-1806), supone el más exhaustivo sobre el tema en los últimos tiempos54. En él, el autor resalta las tensiones provocadas entre la nobleza y los juristas por el proceso de burocratización producido desde 1522, fecha en que se nombró gobernadora a Margarita de Saboya. Felipe II, tras abandonar los Países Bajos en 1559, decidiría apoyarse en esos letrados dejando de hacerlo en los magnates locales, por lo que las luchas Granvela-Nobles señalarían la ruptura entre las estructuras de poder y los sistemas de patronazgo. Igualmente, el autor también incide en la necesidad de estudiar las situaciones territoriales específicas de cada provincia y sector social55, subrayando las diferencias existentes entre los territorios situados al norte de los ríos y los que lo estaban al sur.

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Véase, por ejemplo, J. KREJCI, Great Revolutions Compared, Nueva York-Londres, 1994. C. TILLY, European Revolutions, 1492-1992, Oxford, 1993, p. 94. 52 Sobre este asunto, F. BEGNINO, Specchi della Revoluzione. Conflicto e identittà política nell´Europa moderna, Roma, 1999, M. RICCIARDI, Rivoluzione, Bolonia, 2001 o el número especial dedicado al tema en la revista Teoría Política, 2-3 (1989), con participación de Bobbio, Bertelli, Rovero,... 53 J. SHENNAN, The Origins of the Modern European State, 1450-1750, Londres, 1974. Estas ideas también fueron criticadas, además de por Tilly, por A. Tenentti en su Dalle rivolte alle rivoluzione, Bolonia, 1997. 54 Publicado en Oxford, 1995, resulta de especial relevancia el capítulo 7, “The breakdown of the Habsburg Regime, 1549-1566”, pp. 129-154. Resaltar, asimismo, S. GROENVELD, H. L. Ph. LEEUWENBERG, N. E. H. M. MOUT y W. M. ZAPPEY, De Tachtigjarige Oorlog. I. De Kogel door de Kerk? De opstand in de Nederlanden 1559-1609, Zutphen, 1990. 55 Este mismo sentir lo han seguido historiadores holandeses como H. F. K. van NIEROP en su “De Troon van Alba. Over de interpretatie van de Nederlandse Opstand”, Bijdragen en Medelingen betreffende de Geschiedenis der Nederlanden, 110 (1995), pp. 205-223 o belgas como G. JANSSENS, “Brabant en het Verweer”. Loyale oppositie tegen Spanje´s bewind in de Nederlanden van Alva tot Farnese 1567-1578, Kortrijk, 1989. 51

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De la última investigación sobre el tema se desprenden las mismas ideas56: las Provincias Unidas surgieron de una serie de acontecimientos, con frecuencia no intencionados, que generaron una República del orden político, institucional y social sustancialmente nuevo y diferente al precedente. Estas dos ideas de que la Revuelta fue un acontecimiento bastante complejo y descomponible en numerosos fragmentos, pero que en todo caso su salida fue revolucionaria, son las que dominan actualmente la historiografía. Los análisis de la literatura y escritos de la época así lo demuestran57. De vital importancia en este punto son los estudios de Catherine Secretan sobre el concepto de libertad en la Revuelta58. La autora también sostiene que el levantamiento fue una revolución y, en particular, subraya el pasaje del antiguo significado del término “privilegio”, entendido como “exención”, en la moderna idea de libertad individual, que se construye durante el siglo XVII a través de una serie de reflexiones y que encuentran su más autorizada síntesis en la obra de Spinoza. Si el volumen de Secretan tiene el mérito de haber reconstruido el contexto específicamente holandés de los debates políticos durante la Guerra de los Ochenta Años, la monografía más completa sobre el pensamiento de la Revuelta se debe a Martin van Gelderen59. El autor, siguiendo la metodología conceptualista de Cambridge formulada por Q. Skinner, analiza el contexto y significado de gran parte de la literatura panfletista de la época60. Las interpretaciones propuestas por Secretan y Gelderen, que insisten en la radicalidad y novedad del pensamiento político de los Países Bajos, han sido recientemente puestas en crítica al volver a publicar la obra de E. H. Kossmann, Political Thought in the Dutch Republic. Three Studies (Ámsterdam, 2000)61, donde el autor señala la escasa relevancia teórica y sistemática de las concepciones políticas de los rebeldes y cree que no se puede afirmar que se vea un “carácter revolucionario” en el pensamiento político de los calvinistas holandeses62. Por último, conviene señalar el 56

G. DARBY (ed.), The origins and development of the Dutch Revolt, Londres, 2001. Siempre con la leyenda negra como telón de fondo, destacar los últimos trabajos de Y. RODRÍGUEZ PÉREZ, De Tachtigjarige Oorlog in Spaanse ogen. De nederlanden in spaanse historische en literaire teksten (circa 1548-1673), Nimega, 2003 o I. SCHULZE SCHNEIDER, La leyenda negra de España. Propaganda en la guerra de Flandes (1566-1584), Madrid, 2008. 58 En particular su obra Les privilèges, berceau de la liberté. La Révolte des Pays-Bas: aux sources de la pensée politique moderne (1566-1619), París, 1990. 59 The Political Thought of the Dutch Revolt (1555-1590), Cambridge, 1992. 60 En esta misma línea, A. CLERICI, “La rivolta dei Paessi Bassi e la rivoluzione inglese. Propaganda e pensiero político nella Reppublica delle Provincie Unide (1642-1652)”, Annali di Storia Moderna e Contemporánea, 10 (2004), pp. 175-221 con una completa bibliografía. 61 Especialmente el artículo “Popular Sovereignity at the beginning of the Dutch Ancien Regimen”, originalmente aparecido en 1980. 62 Criticando algunas de las interpretaciones formuladas por Skinner en su Los fundamentos del pensamiento político moderno, México, 1982 (editado en inglés en 1978). 57

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esfuerzo realizado por H. A. Enno van Gelder, y retomado años después por J. J. Woltjer, por localizar en los Países Bajos un grupo político y religioso similar a los moyenneurs o politiques franceses, encabezado por una serie de nobles que buscaban una “vía media” y a los que se ha venido en denominar malcontents63. Finalmente, he de señalar que los estudios sobre Confesionalización y construcción del estado, surgidos en la historiografía europea reciente, han provocado una línea de investigación muy fructífera que, en el caso holandés, ha buscado el influjo de la confesión calvinista en el proceso revolucionario64. Como hemos podido comprobar, la bibliografía sobre la Revuelta es ingente. Sin embargo, este trabajo pretende darle un enfoque diferente, con la aparición de nuevos elementos de juicio y la reinterpretación de la documentación a través de una nueva metodología basada en el estudio de la Corte. Por lo tanto, la novedad del presente estudio no reside tanto en el tema, estudiado ya en numerosas ocasiones, sino en la orientación metodológica del mismo y en las nuevas vías de investigación que hemos pretendido abrir.

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El trabajo que aquí presento es una versión corregida y aumentada de mi tesis doctoral, que presenté con el título de El manejo de los asuntos de Flandes, 1585-1598 en la Universidad Autónoma de Madrid el 24 de septiembre de 2004, y que recibió la 63

H. A. ENNO van GELDER, “Een historiese vergelijking. De Nederlandse opstand en de Franse godsdienstoorlogen” en Verslag van de Algemene Vergadering van het Historisch Genootschap (1930), pp. 21-42 y J. J. WOLTJER, Friesland in Hervormingstijd, Leiden, 1962 (donde el autor hace un estudio de esta provincia en la Revuelta, siguiendo las líneas de investigación imperantes en el momento). Ver también, del mismo autor, “Political Moderates and Religious Moderates in the Revolt of the Netherlands” en P. BENEDICT, G. MARNEF, H. F. K. van NIEROP y M. VERNARD (eds.), op. cit., pp. 185-200 y H. G. KOENIGSBERGER, “The organisation of revolutionary parties in France and the Netherlands during the sixteenth century” en su libro Estates and Revolutions. Essais in Early Modern European history, Ithaca (Nueva York), 1971, pp. 224-252. 64 Los trabajos son muy numerosos en los últimos 15-20 años, valga recordar H. SCHILLING, Civic Calvinism in Northwerstern Germany and the Netherlands. Sixteenth to Nineteenth Century, Ann Arbor, 1991; A. PETTEGREE, Emden and the Dutch Revolt, Oxford, 1992 o C. H. PARKER, The Reformation of Community. Social Welfare and Calvinism Charity in Holland, 1572-1620, Cambridge, 1998. Para entender la evolución del calvinismo en los Países Bajos, es preciso tener en cuenta sus antecedentes, W. E. KEENEY, Dutch Anabaptist Thought and Practice, 1539-1564, Nieuwkoop, 1968; P. CREW, Calvinist Preaching and Iconoclasm in the Netherlands, 1544-1569, Cambridge, 1978 o H. MECHOULAN, Ámsterdam au temps de Spinoza, París, 1990. Para las relaciones con otras comunidades calvinistas europeas e, incluso, americanas, resultan de especial interés la consulta de los volúmenes M. PRESTWICH (ed.), International Calvinism, 1541-1715, Oxford, 1985 y A. PETTEGREE, A. DUKE y G. LEWIS (eds.), Calvinism in Europe, 1540-1620, Cambridge, 1994.

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calificación de Sobresaliente “Cum Laude”. Algunas de las conclusiones reseñadas en dicho estudio, han sido convenientemente revisadas al albur de las nuevas investigaciones que he ido llevando a cabo. Este libro no hubiera sido posible sin el apoyo, cariño y magisterio de numerosas personas. En primer lugar, no puedo expresar con palabras el agradecimiento a alguien que siempre está presente en mi pensamiento y que ha hecho posible en momentos difíciles que continuara mi investigación. Tu atención a mis sueños, tantas horas escuchando mis teorías e, incluso, acudiendo a los archivos conmigo, no pueden ser compensados con unas simples líneas. Sara, espero poder devolverte en el futuro, al menos, una pequeña parte de lo que me das. Y a vosotros Eloy y Alicia, espero que dentro de unos años éste libro os ayude a comprender un poco mejor las inquietudes de vuestro padre. Igualmente, me gustaría agradecer a mi familia toda la paciencia y apoyo que me han brindado durante estos años para que pudiera finalizar lo que, esperemos, sea el inicio de una vida dedicada a la investigación histórica. Quisiera hacer una mención muy especial a mis padres, que son los que han hecho posible que hoy sea la persona que soy. Agradezco, de igual manera, a mis abuelos, hermanos y Chelo la atención que me han prestado durante las largas charlas donde intentaba explicarles todo aquello que bullía, y bulle, en mi mente. De igual manera, no puedo dejar de acordarme de todos los amigos que han asistido durante nuestros años de amistad a este difícil “parto” y ya, por fin, tienen entre sus manos el fruto del esfuerzo, que algunos pensaban que no llegaría nunca. Por supuesto, mi mayor agradecimiento a José Martínez Millán, que ha aguantado con paciencia mis titubeantes pasos desde el inicio de su magisterio y me ha transmitido una parte del inmenso saber que atesora. El amor que ya sentía por la historia se ha acentuado mucho más desde que tengo el enorme privilegio de trabajar con él y con el equipo de investigación que dirige con sabia mano. La talla humana de Manuel, Santiago, Carlos, Henar, Nacho, Félix y Alejandro es aún mayor que su tremenda capacidad intelectual y valía profesional y espero responder a la confianza que han depositado en mí. Por último, aunque no en último lugar, me gustaría agradecer a todos los facultativos de archivos y bibliotecas que he visitado durante mi periplo investigador, con especial mención a doña Isabel Aguirre Landa (Archivo General de Simancas), su profesionalidad y amabilidad, que me ha facilitado en grado sumo mi trabajo.

22

Espero no olvidar a ninguna de las personas que han facilitado la consecución de esta obra y si esto, por desgracia, sucediera, pido desde aquí que sepan disculpar este imperdonable error.

A todos ellos gracias.

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CRONOLOGÍA

REINADO DE LOS REYES CATÓLICOS (1474-1516) 14961502-

1506-

08-21- Matrimonio en Lille de Juana de Castilla y Felipe de Borgoña. Primer viaje de Juana y Felipe a la Península Ibérica; conocimiento en Castilla y Aragón de la Etiqueta Borgoñona e incorporación de la guarda de archeros de Corps a la Casa Real hispana. Segundo viaje de Juana y Felipe a la Península; primer uso de una Casa a la borgoñona como elemento de integración de las élites castellanas. 09-25- Fallecimiento de Felipe I.

Regencia del Conseil Privé, con Margarita de Austria al frente (1507-0318/1515-01-06) 15121513-

04-01- Institución de servicio propio para el archiduque Carlos. Elaboración y fracaso del Masterplan de Margarita.

Asunción del poder por el archiduque Carlos (1515-01-06/1517-09) 1515-

01-06- Mayoría de edad del archiduque. 10-25- Ordenanza de la Casa de Carlos; triunfo de la facción profrancesa. 12-08- Ordenanza de la Casa de Margarita. 1515- h. 1517Maximilianne de Lannoy, señor de Mingoval, capitán de los archeros de Corps de Carlos V. 1516- 1520Chièvres como Contador Mayor de Hacienda. 1516- 1522Adriano de Utrecht como Inquisidor General.

REINADO DE CARLOS V (1516-1555) Gobierno de Margarita de Austria (1517-09/1530-11-30, hasta 1522 como presidenta del Consejo de Regencia) 1517Promulgación de ordenanzas para el Consejo de Regencia. 1520- 1521Revuelta de las Comunidades. 1520- 1538Don Juan de Carniga, señor de Habbarcq, como capitán de la guarda de archeros de Corps de Carlos V. 1521- 03Bando de Carlos V prohibiendo la impresión y circulación de las obras de Lutero en los Países Bajos. 1522Creación Inquisición neerlandesa, Frans van der Hulst al frente. 1522- 1530Preponderancia de la “vía flamenca” en la corte del emperador. 1523Reforma de la Casa de Castilla del monarca e integración de hispanos en su Casa de Borgoña. 152302-26- Creación del Consejo de Hacienda con Enrique de Nassau al frente. 152503-01- Nueva ordenanza para la Casa de Margarita de Austria. 1526Asentamiento del Consejo de Estado de Carlos V. 152705-06- Inicio del Sacco de Roma. 1530Inicio de la “vía imperial” en la Corte del emperador. 153011-30- Muerte de Margarita de Saboya.

Gobierno de María de Hungría (1531-07-06/1555-10-25) 15311531- 15401535-

10-01- Creación de los tres Consejos Colaterales en Flandes. Carondelet como Chef del Conseil d´État y del Conseil Privé. Instauración de Casa para el príncipe Felipe, al modo castellano, separada de la de su madre y hermanas.

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1538- 1549-

Jean de Montmorency, señor de Corrieres, capitán de la guarda de archeros de Corps de Carlos V. 1539Publicación del Fondament-Boeck de Menno Simmons. 1540- 10-12/1548-12-25- Luis de Schore, Chef del Conseil d´État y del Conseil Privé. 1541Nombramiento del III duque de Alba como mayordomo mayor de la Casa de Borgoña de Carlos V. 1544El Consejo de Estado de Carlos V decide que era menos gravoso para la Monarquía perder Milán que los Países Bajos. 154511-26- Creación de 11 nuevas bandes d´ordonnance. 1548Asunción de la Etiqueta Borgoñona en la Corte de Carlos V. Creación de una Casa de Borgoña para el príncipe Felipe, que se uniría a la ya existente de Castilla, con el duque de Alba como mayordomo mayor de ambos servicios. 1549- 01-01/1569-09-09- Viglius como chef del Conseil Privé. Tras morir su sucesor Tisnacq, volvió a ejercer de forma interina hasta 1575. Fue, así mismo, Chef del Conseil d´État de 1554 a su muerte en 1577. 1549- 1555Charles de Brimeu, conde de Meghem, como capitán de la guarda de archeros de Corps de Carlos V. 1549- 1567El conde de Horn como capitán de la guarda de archeros de Corps de Felipe II (hasta 1555 como príncipe Felipe). 155004Publicación del “Edicto Perpetuo”. 155510-01- Despido de los componentes de la Casa de María de Hungría. 10-25- Abdicación en Bruselas de Carlos V como soberano de los Países Bajos. 11-28- Ordenanzas para la nueva Casa de María de Hungría.

REINADO DE FELIPE II (1555-1598) Gobierno de Emmanuel Filiberto de Saboya (1555-10/1559-08-07) 1556- 1558-

Resistencia de los Estados Generales a conceder aides a Felipe

1557-

Charles de Lalaing gobernador interino, por ausencia de

1559-

04-02- Tratado de Cateau-Cambresis. 05-12- Publicación de la bula Super Universas por el papa Pío IV para certificar la reorganización de los obispados neerlandeses. 06-29- Capítulo del Toisón de Oro en la iglesia de San Bavón en

II. Saboya.

Gante.

Gobierno de Margarita de Parma (1559-08-07/1567-09-30) 1559

08-07- Presentación de Margarita de Parma ante los Estados Generales como nueva gobernadora. 1559- 1569Charles de Tisnacq como Guardasellos del Ministerio Colateral. 156103-11- Publicación de las bulas Ex Injuncto y De Statu Ecclesiarum sobre la circunscripción y dotación de las nuevas diócesis neerlandesas. 1562Embajada de Montigny a Madrid. 156403-13- Abandono de Granvela de la corte bruselense. 156506-15/07-02- Vistas de Bayona. 01/04- Embajada del conde de Egmont a Madrid. 10-17 y 20- Cartas del Bosque de Segovia. 11-18- Firma del Compromiso o liga de la nobleza. 1566Beeldenstorm o Iconoclastia en los Países Bajos. 04-05- Presentación a Margarita de Parma de la Petición de la liga de la nobleza. 04-10- Inicio de la embajada de Montigny y Berghes a Madrid. 08-23-Decisión de Margarita de suspender el reforzamiento de los Placards y de la Inquisición.

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1567-

10-29- Reunión del Consejo de Estado en Madrid, donde se ratificaba el envío de un ejército a los Países Bajos al mando de un general, a la espera de que hiciera acto de presencia allí el monarca. 07-17- Nombramiento de Gabriel de Zayas como Secretario de Estado para el Norte. 08-22- Llegada del duque de Alba a Bruselas. 09-20- Primera reunión del Conseil des Troubles, creado el día 5.

Gobierno de Fernando Álvarez de Toledo, III Duque de Alba (1567-09-30/157312-19) 1567-

Coligny. 1569-

1569-15761570-

1571-

09-30-Partida de Margarita de Parma de Bruselas, tras jurar Fernando Álvarez de Toledo como gobernador interino. 03-23- Tratado de Longjumeau. 04-23- Expulsión del embajador inglés, John Man, de Madrid. 06-05- Ajusticiamiento de Egmont y Horn en Bruselas. 08Firma de Tratado de alianza mutua entre Orange, Condé y Embajada del archiduque Carlos a Madrid. 06-29- Concesión por parte de los Estados Generales del centésimo por una vez y la posibilidad de convocarlo de nuevo pasados 6 años. 03-08- Se decide realizar encabezamiento del décimo y el vigésimo por dos años, con lo que el gobernador conseguía dos millones de florines. 08Breve papal para la incorporación definitiva de las abadías a los obispados neerlandeses. Hopperus como Guardasellos del Ministerio Colateral. 01Llegada de Jerónimo de Roda a Bruselas. 01-28/1573-04-17- Tisnacq como Chef-président del Conseil Privé. 02-25- Publicación en Londres de la Bula Regnam in Excelsis. 07-16- Publicación del Perdón General en Amberes. 08-04- Paz de Saint Germain. 10-09- Publicación de las mercedes concedidas por Felipe II a los nobles y letrados flamencos que habían permanecido fieles. 10-16- Muerte de Montigny en Simancas. 07-28/30- Negociaciones entre Carlos IX, los hugonotes y los Gueux. 07-31- Final del encabezamiento de los impuestos y Alba anuncia que se recaudaría el impuesto de manera forzosa. 11-13- Abandono de la Corte francesa por el embajador Francés de

Álava. 1572-

01-21- Guerau de Spes, embajador de Felipe II en Inglaterra, embarca en Dover para dirigirse hacia los Países Bajos tras ser expulsado por Isabel I. 04-01- Toma de Brielle por los Gueux. 04-22- Tratado de Blois. 05-20- Fallecimiento del secretario Jossé de Courtewille. 06-19- Llegada del duque de Medinaceli a Bruselas. 08-24- Matanza de San Bartolomé. 10Aprobación por los Estados Generales de la abolición del décimo y vigésimo y la implantación de una cuota para tres años. 11-23- Marcha del duque de Medinaceli de Nimega a Gavre tras enfrentamientos con el duque de Alba 1573- 01-30- Nombramiento de Luis de Requesens como sucesor del duque de Alba. 03-15- Tratado de Nimega entre Isabel I y Alba por el que se normalizaba el tráfico mercantil. 04-04- Nombramiento de Arnould Dennetières como secretario del Ministerio Colateral en Madrid.

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04-17- Muerte de Charles de Tisnacq. 11-17- Llegada de Requesens a Bruselas. 11 (Finales)- Partida del duque de Medinaceli hacia Madrid. 12-19- Partida del duque de Alba hacia Madrid. Gobierno de don Luis de Requesens, Comendador Mayor de Castilla (1573-12-19/157603-05) 1574- 03Nombramiento de Jerónimo de Roda como consejero de Estado en Flandes. 03-05- Muerte de Philippe de Sainte-Aldegonde, barón de Noircarmes. 06-06- Publicación de un nuevo Perdón General. 08-21- Tratado de Bristol 11Creación de la Junta para tratar los asuntos de Flandes en Madrid. 1575- 03-03/07-13- Conversaciones entre el gobernador Requesens y los rebeldes flamencos en Breda. 03Expulsión de los refugiados ingleses de los Países Bajos y cierre del seminario de Douai para estudiantes de esa nacionalidad. 09-01- Declaración de bancarrota de las finanzas reales. 09-08/1576- Arnould Sasbout como Chef-président del Conseil Privé. 1576- 03-05- Muerte de Luis de Requesens.

Gobierno del Conseil d´État (1576-03-09/11-03) 04Ingreso del III marqués de los Vélez en la Junta de Flandes en lugar del fallecido Andrés Ponce de León. 05-06- Edicto de Beaulieu. 08-05- Rebelión en Bruselas, con el encierro de Julián Romero, Roda y Alonso de Vargas. 09Estancia de don Juan de Austria en Madrid, previa a su marcha a los Países Bajos. 09-04- Arresto de todos los miembros de los Consejos Colaterales excepto Viglius y Aerschot. 11-03- Entrada de don Juan de Austria en Luxemburgo.

Gobierno de don Juan de Austria (1576-11-03/1578-10-01) 1576- 11-08- Pacificación de Gante. 12-15- Muerte de Hopperus. 1577- 02-11- Envío de Filippo Sega a los Países Bajos, con atribuciones de nuncio permanente. 02-12- Firma del “Edicto Perpetuo” y salida de los tercios de los Países Bajos. 05-01- Entrada de don Juan de Austria en Bruselas como gobernador. 05-13/27- Conferencia de St. Gertruidenberg entre emisarios de don Juan y del príncipe de Orange, sin llegar a acuerdo. 07-24- Don Juan abandona Bruselas camino del Castillo de Namur. Envío de su secretario Escobedo a Madrid para informar sobre la situación. 08Retorno de los tercios a tierras flamencas. Aceptación del archiduque Matías del título de gobernador de los Países Bajos ofrecido por los nobles neerlandeses. 09-06- Orange hace su entrada triunfal en Bruselas. 10-28- Arresto del duque de Aerschot. 1578- 01-08- Envío de don Bernardino de Mendoza a Londres como embajador de Felipe II. 01-31- Triunfo de las tropas de don Juan de Austria en la batalla de Gembloux. 03-31- Asesinato de Escobedo. 04-08- Se produce la primera “reconciliación” de un noble neerlandés con el bando realista con el retorno a la obediencia real del señor de la Motte junto a la plaza fuerte de Gravelinas de la que era gobernador. 06-04- Muerte de Charles de Berlaymont.

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07Reforma de los Consejos Colaterales por parte del gobernador. 08-13- Nombramiento del duque de Anjou como “Defensor de las libertades de los Países Bajos contra la tiranía española”. 10-01- Fallecimiento de don Juan de Austria. Alejandro Farnesio como sucesor, a expensas de la aprobación real.

Gobierno de Alejandro Farnesio (1578-10-01/1592-12-03) 1578- 1588- Charles de Tisnacq como gobernador de la guarda de archeros de Corps de Felipe II. 1579- 01-06- Unión de Arràs. 01-23- Unión de Utrecht. 04-06- Retorno al bando realista de los Malcontents tras el Tratado de St. Eloi. 05/11- Negociaciones de paz en Colonia. 05-17- Tratado de Arràs, por el cual las provincias firmantes de la Unión de la misma ciudad reconocían la autoridad de Felipe II sobre ellas. 07Llegada del cardenal Granvela a Madrid para hacerse cargo de los asuntos durante la ausencia de Felipe II. Nombramiento de Juan de Idiáquez como Secretario de Estado. 1580- 03-24/10-10-1585- Jean Foncq Guardasellos del Ministerio Colateral. 06Llegada de Margarita de Parma a Flandes e inicio de los enfrentamientos con su hijo por hacerse cargo del gobierno. 08-20- Nombramiento de Alonso de Laloo como secretario del Ministerio Colateral. 08-29- Tratado de Plessis-lès-Tours. 12-26- Apoyo público de Enrique III a la aventura de su hermano Anjou. 1581- 02-20/1592-01-21- Guillaume de Joigny, señor de Pamele, Chef-président del Conseil Privé. 03-15- Dimisión del archiduque Matías de su puesto de gobernador. 07-26- Acta de abjuración; por primera vez se rechazaba la soberanía Habsburgo en Flandes. 12-20- Comisiones para que Alejandro Farnesio fuera lugarteniente y gobernador general de Flandes sin límite de tiempo. 1583- 09-14- Marcha de Margarita de Parma de Flandes. 1584- 01Marcha de Bernardino de Mendoza de la embajada de Inglaterra; meses después sería nombrado embajador en Francia. 06-10- Muerte del duque de Anjou. 07-10- Asesinato de Guillermo de Orange. 12-07- Reglamento provisional para la guarda de archeros de Corps. 12-31- Firma del Tratado de Joinville. 1585- 05-01- Inicio del pontificado de Sixto V. 07-07- Tratado de Nemours. 08-20- Tratado de Nonsuch. 12-27- Entrada del conde de Leicester en La Haya como gobernador. 1586- 09-21- Muerte del cardenal Granvela. 1587- 12-31- Nombramiento de Martín de Idiáquez como Secretario de Estado para el Norte. 1588- 01-07/1598-05-06- Funcionamiento del Consejo de Flandes en Madrid con Nicolás Damant como presidente, Jean-Charles Schetz como consejero de asuntos eclesiásticos y Alonso de Laloo como secretario. 01/08- Primer gobierno interino de Pierre-Ernest Mansfeld durante los preparativos para la Armada. 08Llegada a Brujas del jesuíta Antonio Crespo de Molina. 10Final del régimen del conde de Leicester. 12-23 y 24- Asesinatos de Enrique de Guisa y del cardenal de Lorena. 1596- Philippe de Cröy, conde de Solre, como capitán de la guarda de archeros de Corps de Felipe II. 1589- 04-02- Publlicación de las Ordenanzas de la guarda de archeros de Corps.

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08-01- Asesinato de Enrique III que fue sustituído en el trono por el cardenal de Borbón, que se convirtió en Carlos X. 1590- 03-14- Derrota en Ivry del ejército de Felipe II comandado por el conde de Egmont, que fallece en el campo de batalla. 08/4-12- Primera incursión de Farnesio en Francia. Segundo interinazgo de Mansfeld. 08-24- Muerte de Sixto V. 08-30- Muerte del Comendador Moreo. 12-31- Bernardino de Mendoza abandona su embajada en París, siendo sustituído al año siguiente por Diego de Ibarra. 1591- 01-26- Llegada a Bruselas de Diego de Ibarra. 09- Llegada a Flandes del ejército pontificio enviado por Gregorio XIV con Jerónimo Matteucci como comisario general de la armada, cargo que ejercería hasta marzo de 1593. 11-15/1592-07- Segunda incursión de Farnesio en Francia. Tercer interinazgo de Mansfeld. 12-31- Redacción de las instrucciones para el II marqués de Cerralbo, donde se contemplaba el relevo de Farnesio por el cardenal Andrés de Austria. 1592- 01-30- Elección de Clemente VIII como nuevo pontífice. 03-28- Muerte del II marqués de Cerralbo en Italia. 06-16/1595-07-05- Jean van der Burch como Chef-président del Conseil Privé. 06Envío del conde de Fuentes a completar la misión iniciada por el II marqués de Cerralbo, aunque con el archiduque Ernesto como futuro gobernador. 09-28- Instrucciones para Esteban de Ibarra. 10-14- Expulsión de Champagney de los Países Bajos por Farnesio y marcha de este al Franco Condado. 11-22- Llegada del conde de Fuentes a Bruselas. 12-03- Muerte de Alejandro Farnesio en Arràs.

Gobierno interino de Pierre-Ernest Mansfeld (1592-12-13/1594-01-30) 1592- 12-13- Notificación del conde de Fuentes a Mansfeld de su elección como gobernador interino. 1593- 01/1594-07- Expedición a Francia al mando de Charles Mansfeld. 01-26/06- Celebración de los Estados Generales en Francia para buscar un nuevo monarca, fracasando la reunión al no decidirse el nombre de ningún candidato. 02-26- Llegada a Bruselas de Inocencio Malvasía, comisario de la Armada Pontificia hasta septiembre de 1594. 03-05- Notificación al archiduque Alberto para que dejara Lisboa y el cargo de Virrey de Portugal y se dirigiera a Castilla para participar en el gobierno. 03-06- Notificación por parte de Fuentes al archiduque Ernesto de que había sido elegido como gobernador de los Países Bajos; inicio de las conversaciones con el Emperador para tal fín. 03-18- Llegada de Esteban de Ibarra a Bruselas, con lo que se implantaba la Secrétairie d´État et de Guerre. 03-26- Asesinato de Appio Conti por el coronel Boppart. 05-26- Enfrentamiento Mansfeld-Fuentes sobre quien debía ponerse al frente del ejército contra las acciones rebeldes. 07-12- Inicio de la Tregua de la Vallette entre Enrique de Navarra y la Monarquía Hispana, que se prolongaría hasta enero del año siguiente. 08/1594-06- Jornada de Antonio Crespo de Molina a Madrid para defender las posturas de Fuentes ante las de Mansfeld. 10-02- Dieta de Gratz en la que se aceptó que el archiduque Maximiliano relevara a su hermano Ernesto en el gobierno de Estiria y Carintia. 10-15- Inicio de las actividades del Tribunal de la Visita.

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Gobierno del archiduque Ernesto (1594-01-30/1595-02-20) 1594- 01-30- Llegada del archiduque Ernesto a Bruselas. 02-01- Reunión del Conseil d´État en la cual Ernesto decidió que Mansfeld y Fuentes tenían precedencia en el asiento sobre Aerschot, que optó por marchar a sus tierras. 02-15- Muerte de Louis de Berlaymont, arzobispo de Cambrai. 04-28- Diego de Ibarra hace su entrada en Bruselas tras finalizar su misión en Francia. 04Envío del marqués de Havré y de Jean de Hattenstein a la Dieta de Ratisbona para buscar un consenso sobre la manera de actuar en la apertura de negociaciones con los rebeldes. 04/07- Embajada de Maximiliano de Dietrichstein, caballerizo mayor de Ernesto, a Madrid por encargo del Archiduque. 05/10-14- Estancia del duque de Mayenne en Bruselas. 06Marcha de Mollart, camarero mayor de Ernesto, a la Dieta de Ratisbona para representar al Archiduque. 09-17- Cese de toda actividad militar del ejército pontificio en favor de la Liga Católica francesa y expedición del breve pontificio en que se reconocía a Malvasía como primer delegado ad latere en los Países Bajos. 09-29- Concesión del permiso a Cosme Masi para abandonar los Países Bajos. 1595- 01-17- Declaración de guerra de Francia a la Monarquía Hispana. 01-17/19- Celebración en Bruselas de la Junta de Notables convocada por Ernesto. 01Nombramiento del almirante de Aragón como mayordomo mayor del archiduque Alberto. 02Marcha de Charles Mansfeld a luchar contra los otomanos en Hungría, falleciendo el 14 de agosto. 02-20- Muerte del archiduque Ernesto.

Gobierno interino del conde de Fuentes (1595-02-20/1596-02-11) 1595- 02-20- Fuentes comienza a ejercer como gobernador interino. 04-22- Elección del archiduque Alberto como nuevo gobernador de Flandes. 06Muerte de Jean vander Burcht, presidente del Conseil Privé. 06-16/1596-03- Campaña de las tropas hispanas, con Fuentes al mando de las mismas, contra las francesas. 08-26- Inicio de la Jornada del archiduque Alberto hacia Flandes. 09-01- Absolución de Enrique IV por Clemente VIII. 09-17- Nombramiento de Ottavio Mirto Frangipani como nuevo nuncio en Bruselas, aunque la confirmación no vendría hasta el 20 de abril del año siguiente. 10-06- Toma de Cambrai por las tropas de Fuentes; inicio del conflicto jurisdiccional con la Iglesia sobre el territorio. 10-28- Fin de las actividades de la Liga Católica. 12-11- Muerte del duque de Aerschot en Venecia. 12Florent de Berlaymont en Madrid.

Gobierno del archiduque Alberto (1596-02-11/final 1598) 1596- 02-11- Entrada del archiduque Alberto en Bruselas. 02Formación y comienzo de las reuniones de la Junta de Hacienda. 03-28- Inicio de la Jornada de retorno del conde de Fuentes a Madrid. 06Inicio de la Jornada de retorno de Esteban de Ibarra a Madrid. 09-15- Llegada de Ottavio Mirto Frangipani a Bruselas. 11Tratado de Greenwich entre Francia, Inglaterra y Provincias Unidas. 11-29- Decreto de bancarrota de las finanzas reales. 1623- Jacques o Diego de Cröy, futuro marqués de Falces, capitán de la guarda de archeros de Corps de Felipe II y, posteriormente, de Felipe III.

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1597- 04-25- Breve pontificio aceptando la renuncia del archiduque Alberto al cardenalato. 05-15/1609-09-03- Jean Richardot como Chef-président del Conseil Privé, aunque ya ejercía de forma interina desde el fallecimiento de van der Burcht. 09Inicio de la última campaña de la guerra contra Francia; Havré como gobernador interino en Flandes. 11/1598-07- Jornada del secretario Juan de Frías a Madrid. 12Muerte del camarero pontifical Diego del Campo y final del conflicto de la abadía de Saint Aubert. 1598- 04-20- Elección de Andrés de Austria como gobernador interino en ausencia del archiduque Alberto. 05-02- Firma de la Paz de Vervins. 05-06- Renuncia de los Países Bajos de Felipe II en los Archiduques. 06-03- Muerte de Jean Sarrazin, arzobispo de Cambrai, tras ser elegido el 6 de marzo de 1596. 08-22- Ceremonia del juramento de los Estados Generales en Bruselas del nuevo status de los Países Bajos. 09-09- Inicio de la Jornada de la Casa del archiduque Alberto hacia la Península Ibérica para llevar a cabo los casamientos, aunque el soberano no lo haría hasta el 14. 09-13- Muerte de Felipe II. 11Celebración en Ferrara de los matrimonios por poderes entre Felipe IIIMargarita de Austria-Estiria y archiduque Alberto-Isabel Clara Eugenia. En abril del año siguiente se consumarían ambos en Valencia.

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CAPÍTULO 1

LA INTEGRACIÓN DE LAS ÉLITES FLAMENCAS EN LA CORTE DE CARLOS V Y DURANTE LOS PRIMEROS AÑOS DE REINADO DE FELIPE II

1.1.- La integración de las élites flamencas en el Imperio de Carlos V 1.1.1.- Flamencos y borgoñones en la Corte del emperador A lo largo de la Baja Edad Media, cada Príncipe estableció su estilo de servicio o casa y, aunque se buscó la originalidad que diera forma e independencia a su entidad soberana, todos siguieron pautas comunes. En general, las casas de los soberanos europeos tuvieron las mismas secciones –capilla, cámara, oficios, caballeriza, caza y guardas–, conforme a las distintas actividades del ejercicio del poder. Los soberanos se sirvieron de estas divisiones para situar a los miembros de las élites sociales de sus territorios y mantener integradas sus posesiones. Un ejemplo paradigmático de este proceso es, sin duda, el ducado de Borgoña. La condición histórica de su formación y complicada gestación, fruto de herencias y matrimonios65, hizo que los Duques debieran crear una serie de instituciones peculiares para reforzar su soberanía sobre esos heterogéneos territorios. La Etiqueta66 y el ceremonial de la Corte67, junto con la Orden del Toisón de Oro68, fueron los medios empleados para integrar a la nobleza en el proyecto de consolidación del Ducado69. El éxito alcanzado en este proceso se demuestra por el hecho de que la Corte borgoñona

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Sobre la historia de este ducado en relación con Flandes, W. BLOCKMANS y W. PREVENIER, The Promised Lands. The Low Countries under Burgundian Rule, 1369-1530, Philadelphia, 1999 (version neerlandesa de 1998). 66 La descripción más acabada la realizó Oliver de la Marche, mayordomo mayor y capitán de la guarda del duque Carlos el Temerario. Se conservan varias copias en castellano en la BNM, Mss. 907, 1080, 1094,... 67 Sobre la Corte borgoñona, su ceremonial y esplendor, C. A. J. ARMSTRONG, “The golden age of Burgundy. Dukes that outdid kings” en A. G. DICKENS (dir.), The Courts of Europe. Politics, patronage and royalty (1400-1800), Londres, 1977, pp. 55-75; W. PARAVICINI "The court of the dukes of Burgundy, a model for Europe?" en R. G. ASCH y A. M. BIRKE (eds.), Princes, patronage and the nobility. The court at the beggining of the modern age, Oxford, 1991, pp. 69-101 (entre sus muchos trabajos). 68 La bibliografía sobre esta orden es ingente y en diversos idiomas. Conviene destacar para esta época borgoñona P. COCKSHAW y C. van den BERGEN-PATENS, L´Ordre de la Toison d´or de Philippe le Bon à Philippe le Beau (1430-1505). Idéal ou reflet d´une société, Bruselas, 1996, F. DE GRUBEN, Les Chapitres de la Toison d´Or à l´époque bourguignonne (14301477), Lovaina, 1997 o Barón F.-A.-F. REIFFENBERG, Histoire de l´ordre de la Toison d´or depuis son institution jusqu´à la cessation des chapitres généraux, Bruselas, 1870. 69 A. ÁLVAREZ-OSSORIO, “Comer a la borgoñona. Ceremonial áulico y contienda política en las Cortes de Felipe I y Carlos V” en Carlos V, IV, pp. 17-18.

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fue considerada como un ejemplo por parte de las demás Cortes europeas, incluida la hispana. Esa perfección organizativa sorprendió y provocó una profunda admiración en Castilla en 1502, cuando irrumpió allí la Casa del archiduque Felipe con motivo del viaje que realizó junto a su esposa Juana para jurar como herederos de las coronas de Aragón y Castilla tras la muerte del príncipe Juan. Además de este acontecimiento, durante dicha Jornada se produjo otro que también marcaría el futuro de la nueva entidad que se estaba gestando: la yuxtaposición de Casas Reales. A las preexistentes castellana y aragonesa –operativas ambas en ese momento, con preponderancia de la primera–, se unirían la borgoñona de Felipe y la de Juana, organizada a la castellana con algunos servidores que la acompañaron en su viaje de 1496 a los Países Bajos, pero a la que se había unido un hostel de flamencos seleccionados por Felipe y situados en puestos clave70. Esta situación duró poco tiempo, pues enseguida partieron los herederos hacia el Norte de Europa. Tras la muerte de Isabel la Católica en 1504, ambos personajes se volvieron a trasladar a Castilla para que doña Juana jurara como reina, con don Felipe como consorte, en las Cortes de Valladolid en 1506. Siguiendo la tradición de sus territorios, el archiduque buscó la adhesión de las élites castellanas mediante la introducción en su Casa de Borgoña de una serie de personajes, que debían reemplazar en los puestos de gobierno a los componentes del “partido fernandino” que apoyaban a su suegro. Felipe utilizaría igualmente la orden del Toisón para integrar a esas élites, mediante una serie de nombramientos estratégicos como fue el de don Juan Manuel. Sin embargo, este proceso tuvo corta vida, pues don Felipe falleció el 25 de septiembre del año siguiente y Fernando el Católico se hizo cargo del gobierno, desapareciendo por tanto la Casa de Borgoña de Castilla y quedando únicamente Juana con su servicio. Debido a ello, esta forma de organización palaciega no volvería a aparecer en la Península Ibérica hasta 1517, fecha en que el príncipe Carlos vino a hacerse cargo de su herencia. Detengámonos un momento en el proceso de gestación que había sufrido la Casa del futuro Carlos V. Como era de suponer, la vida del archiduque Carlos sufrió un vuelco considerable tras la muerte de su padre. Tras descartarse la posibilidad de que fuera nombrado rey de Castilla, se decidió nombrar regente de los territorios borgoñones a su abuelo Maximiliano, que envió a su hija Margarita para jurar el cargo en su lugar y, 70

Sobre este proceso, J. MARTÍNEZ MILLÁN, “De la muerte del príncipe Juan al fallecimiento de Felipe el Hermoso (1497-1506)” en Ibídem, I, capítulo 1, pp. 45-72.

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posteriormente, ocupar la regencia71. Sin duda, la influencia de su tía sobre el decurso futuro de la vida del archiduque fue muy importante, tal y como se mostraría en el proceso de confección de su Casa72. Durante los primeros años de la regencia, Carlos debió compartir servicio con sus hermanos, pese a las frecuentes presiones de los nobles flamencos para que se le pusiera Casa propia, lo que no sucedería hasta el 1 de abril de 1512. Aunque no se conserva la ordenanza que daba origen al servicio, sabemos que siguió los usos borgoñones, pese a las reticencias del emperador Maximiliano que quería eliminar algunos como la costumbre de servir à demi an que no desaparecería hasta 1517, y que en él se integraron, no solo, las élites flamencas, sino también algunos hispanos que se encontraban en Flandes para poder situarse cerca de la futura fuente de gracia de un Imperio inmenso. Entre ellos destacaron Ruiz de la Mota, obispo de Badajoz, como limosnero mayor, el humanista Luis Cabeza de Vaca como maestro del Príncipe, o los hermanos Diego y Pedro de Guevara, que ya estaban en la Casa de Felipe I cuando llegó por primera vez a la Península. Esta primigenia disposición no resolvió todos los problemas que planteaba un servicio de tal enjundia y al año siguiente Margarita trazó un plan destinado a modificarla, en cuya raíz subyacía su claro interés por relegar a ciertos señores que se oponían a su política antifrancesa, sobre todo, los pertenecientes a las familias de Cröy o Lalaing que tenían territorios e intereses en el reino vecino. Sin embargo, su “Masterplan” fracasó y dicha reorganización no se llevó a cabo, por lo que el servicio de Carlos siguió funcionando con la organización primigenia hasta su mayoría de edad. Esta se hizo efectiva el 6 de enero de 1515 y supuso una merma considerable de poder para la regente, ya que muchos “patronos” afectos a ese grupo profrancés se acercaron al nuevo soberano aprovechando su servicio. Entre ellos sobresaldría Chièvres, que procuró ubicar a personajes afines en posiciones clave, caso de Jean le 71

Para todo lo relacionado con la Casa de Carlos en Flandes, R. FAGEL, “Un heredero entre tutores y regentes. Casa y corte de Margarita de Austria y Carlos de Luxemburgo (1506-1516)” en Ibídem, I, capítulo 4, pp. 115-138. 72 Sobre Margarita de Saboya hay numerosos estudios, entre otros L. M. G. KOOPERBERG, Margaretha van Oostenrijk, landvoogdes der Nederlanden (tot den vrede van Kamerijk), Ámsterdam, 1908; M. BRUCHET, Marguerite d´Autriche, duchesse de Savoie, Lille, 1927; G. de BOOM, Marguerite d´Autriche-Savoie et la prérenaissance, París-Bruselas, 1935 o J. de IONGH, Margaret of Austria. Regent of the Netherlands, Cambridge, 1954, además de diversas publicaciones sobre su correspondencia. Para el aspecto cultural de su periodo como gobernadora de Flandes en Malinas, con una breve referencia a la composición de su Casa en 1525, D. EICHBERGER, "A Cultural Centre in the Southern Netherlands: The Court of Archduchess Margaret of Austria (1480-1530) in Mechelen" en M. GOSMAN, A. MACDONALD y A. VANDERJAGT (eds.), Princes and Princely culture, 1450-1650, Brill, Leiden, Boston, 2003, I, pp. 239-258.

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Sauvage, que fue nombrado canciller, Antoine de Lalaing, segundo chambelán, o Adriano de Utrecht, responsable de finanzas. El triunfo de esta facción se plasmó en una nueva Ordenanza de la Casa el 25 de octubre de 151573 y en la configuración del servicio que acompañó a Carlos a la Península Ibérica en 1517, compuesto en su mayoría por flamencos y en el que se integraron los principales linajes nobiliarios de aquellas tierras. Cuando el Príncipe desembarcó en Castilla, se encontró con dos Casas Reales plenamente organizadas, tal y como habían quedado a la muerte de su abuelo: la de Castilla, que se encontraba dividida para servir tanto a la reina Juana como al difunto Fernando, y la de Aragón. Los principales cargos de ambos servicios salieron al encuentro de Carlos para ofrecerse a entrar en su servicio, conscientes de cual era la nueva fuente de poder y recelosos de que el entorno real estuviera ya estructurado y ocupado por extranjeros. Pese a su insistencia, Carlos emplazó su respuesta a la celebración de Cortes en Valladolid, donde debía jurar como nuevo soberano de Castilla74. Una vez en la ciudad meseteña, los procuradores reiteraron esos miedos y Carlos I se mostró dispuesto a buscar un concierto en las Casas Reales, aunque en su pensamiento entraba únicamente la reforma de la Casa de Castilla y nunca la de Borgoña, pues tenía muy claro que su entorno debía estar integrado por aquellos que le habían rodeado desde pequeño. Con tal intención promulgó nuevas Ordenanzas para la Casa de Castilla que permanecía en Tordesillas con Juana y decidió incorporar la otra sección a su servicio para que le acompañara en sus viajes. Sin embargo, mientras esta mitad había participado en la toma de decisiones en vida del Rey Católico, ahora se iba a encontrar vetado el acceso al monarca y su papel reducido al de meros acompañantes, pese a algún triunfo parcial como el que obtuvieron los monteros de Espinosa frente a la unidad de archeros de Corps. Este se produjo cuando Carlos intentó conceder a los archeros algunas de las prerrogativas que se habían dado a los monteros en las Cortes de 1511 en lo referente a la proximidad a la persona real y su cuidado durante la noche, pese a haber jurado el 7 de febrero de 1518 que iba a respetar lo establecido75. Los monteros no se plegaron y el

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Publicada en español, junto a sus componentes, en Carlos V, V, pp. 137-168. El tema ha sido estudiado por C. J. de CARLOS MORALES en “La llegada de Carlos I y la división de la Casa de Castilla” en Ibídem, I, pp. 166-176. 75 P. de la ESCALERA GUEVARA, Origen de los monteros de Espinosa, su calidad, exercicio, preheminencias, y exempciones, Madrid, 1632, pp. 150-156; J. del CASTILLO Y SORIANO, “Los monteros de Espinosa”, La Ilustración española, 1 (1877), pp. 15-16; R. de PEREDA Y MERINO, Los monteros de Espinosa, Madrid, 1917, pp. 239-240 y F. SÁNCHEZ-MORENO DEL MORAL, Los leales monteros de Espinosa, Burgos, 1992, p. 185. 74

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12 de agosto de 1519 en Barcelona solicitaron al mayordomo Juan de la Cueva que hiciera información sobre el asunto, confirmando este las prerrogativas de los guardas castellanos y ratificando el monarca sus derechos en La Coruña el 16 de mayo de 152076. Con este pequeño triunfo parcial los monteros encontraron su espacio, aunque al mismo tiempo quedaron fuera de la lucha por una mejor posición en la Etiqueta, en la cual los archeros alcanzarían una posición preeminente. El malestar de esas élites castellanas apartadas del entorno del nuevo soberano se agravaría al verse obligadas a sufragar los gastos generados por la Casa de Borgoña, lo que, unido a la crisis económica del momento, provocó la rebelión de las Comunidades (1520-21), aprovechando la ausencia del joven rey que había marchado de Castilla para coronarse emperador. Sin duda, este movimiento tendría muchas similitudes con la Revuelta que acaecería en Flandes poco más de 40 años después, en lo referente a la ruptura de la integración de las élites77. Tras el retorno de Carlos V a Castilla una vez derrotados los Comuneros, y con la finalidad de evitar futuros conflictos, se inició un largo proceso de búsqueda del modelo adecuado para poder articular los numerosos territorios que el soberano había aglutinado en su persona. Al final del mismo, el emperador decidió respetar la diversidad de cada territorio y renunció a dotar de instituciones comunes al conjunto de sus estados, ya que las élites de cada reino deseaban influir en las decisiones reales pero manteniendo su autonomía, tal y como habían demostrado las citadas Comunidades o las Germanías en Aragón. Por lo tanto, Carlos V decidió que su Corte, en cuyo vértice se encontraba él mismo, fuera el lugar donde convergieran las relaciones y redes de poder, por lo que el gobierno se ejercería a través de relaciones no institucionales que darían cohesión al Imperio. Asimismo, los reinos con mayor peso económico y político se convirtieron en el eje en torno al cual se articularon el resto de territorios, requiriendo sus élites la misma proporción en la distribución del poder. Por lo que respecta a las Casas Reales, este proceso conllevaría la existencia de forma separada, pero con relaciones recíprocas, de espacios cortesanos propios de cada estado dinástico, aunque con preponderancia del ceremonial, estructura y etiqueta borgoñón por ser la Casa de la Dinastía y tener una organización más acabada. Las guardas palatino-personales de Carlos V representan como ninguna otra sección de su servicio esta separación de espacios, pues coexistirían un cuerpo flamenco y borgoñón, 76

P. de la ESCALERA GUEVARA, op. cit., pp. 156-158 y R. de PEREDA MERINO, op. cit., p. 240. 77 Comparación que establecería unas décadas después Requesens en una misiva a Felipe II el 10 de octubre de 1574 (AGS, E., leg. 560, f. 23).

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uno imperial, uno hispano y uno propiamente castellano, con la preponderancia ceremonial de los archeros de Corps78. Dentro de esa adaptación a la nueva realidad, en enero de 1523 se decidió reformar la Casa de Castilla incrementando los gajes de sus servidores y reconociendo el protagonismo político que debía tener, al integrar algunos de sus módulos, en especial la capilla, de manera activa en el servicio del emperador junto a los de la Casa de Borgoña. Más importante aún, si cabe, fue la “hispanización” de esta última Casa con la entrada en la misma de personajes de los diversos territorios hispanos, aunque en su mayor parte castellanos, como habían solicitado las diferentes Cortes de cada reino79, sin perjuicio de que las Casas de esos reinos se mantuvieran plenamente organizadas. Esta transformación afectaría a todas y cada una de las secciones de la Casa, incluida la guarda, ya que la unidad española pasó a formar parte de la Casa de Borgoña en 1524, permaneciendo únicamente los monteros de Espinosa en la de Castilla. Por lo que respecta a los oficios de mayor relevancia, estuvieron ocupados en su mayoría por borgoñones hasta que en la década de los 30 la Casa se fue convirtiendo en un centro de representación, integración y recompensa de las élites de todos los territorios de la Monarquía80. Desde ese momento, aparecieron en la cúspide personajes de otras nacionalidades, especialmente castellanos, siendo muy significativo el nombramiento en 1541 de don Fernando Álvarez de Toledo, III duque de Alba, como mayordomo mayor. Fruto de este proceso fue que a finales del reinado de Carlos V su Casa de Borgoña mostraba la preponderancia sobre el resto de dos territorios, Castilla y los Países Bajos, de acuerdo a su importancia económica y política81. Valga como ejemplo la “Lista de los gentileshombres de la boca y de la casa [de Borgoña] del emperador nuestro señor, y de los costilleres esotros de todas naciones” elaborada por el secretario Francisco de Eraso el 21 de octubre de 155582. En ella se relataba que había 27 gentilhombres de la boca hispanos (13 presentes y 14 ausentes), 62 de la casa (15 y 47) y 13 costilleres. Mientras, los caballeros de boca flamencos y borgoñones serían 23 (7 y 78

Sobre las guardas de la Monarquía, nuestros artículos citados en la bibliografía. C. J. de CARLOS MORALES, “La transformación de la Casa de Borgoña” en Carlos V, I, pp. 231-234 e ID., “La evolución de la casa de Borgoña y su hispanización” en Ibídem, II, pp. 67-77. 80 Para observar ese proceso, los volúmenes IV y V de Ibídem, donde aparecen listados ordenados alfabéticamente y cronológicamente de los servidores de las diversas Casas del emperador. 81 Como ya expresó Gachard en su Retraite et mort de Charles Quint au Monastere de Yuste, Bruselas, 1854, 3 vols., durante los últimos años del reinado del emperador, “había algunos borgoñones, pocos italianos y alemanes y más de las cuatro quintas partes eran españoles o belgas”. 82 AGS, CC, leg. 359 y E., leg. 510, f. 73. 79

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16), 49 de la casa (27 y 22) y 1 varlet servant. Por contra, el número de gentilhombres y costilleres tudescos e italianos sería escaso. Por lo que respecta a los oficios de mayor enjundia, los flamencos continuaban teniendo gran relevancia pues, entre otros, el caballerizo mayor era Jehan de Henin-Liétard, conde de Boussu, Philibert de la Baume y el señor de Vaulx eran mayordomos y 9 de los 11 gentilhombres de la cámara tenían esa nacionalidad. La abdicación de Carlos V como soberano de los Países Bajos en Bruselas el 25 de octubre de 1555 no supuso la disolución inmediata de su Casa de Borgoña, que no llegaría hasta que en junio de 1556 se dispuso un pequeño contingente de 150 personajes, en su mayoría flamencos y borgoñones, que le acompañaría a su retiro en Yuste83. En septiembre de dicho año, Carlos V se embarcó en Vlissingen junto a ellos para pasar los últimos años de su vida en su retiro extremeño.

Por lo que respecta a los Consejos, segundo elemento que comprendía la Corte, podemos considerar que el concepto de Consejo Real ya existía en la Castilla de comienzos del siglo XVI, pero referido al conjunto de consejeros del monarca “mandados juntar” para asesorar al soberano sobre determinados asuntos, pero sin tener fijadas competencias ni jurisdicción. A lo largo de las primeras décadas de esa centuria, esos consejeros comenzaron a recibir denominaciones específicas para sus actividades, teniendo mayor influencia en este proceso el desarrollo de las pugnas faccionales que las necesidades de los negocios afectados84. De este modo, podemos considerar que hasta finales del siglo XVI estos no pasaron de ser juntas de consejeros del rey con facultad asesora, pero cuya única gestión se limitaba al control que ejercían los secretarios sobre el papeleo generado por cada asunto específico. Al no estar supeditados a instituciones, dichos secretarios pudieron acceder a la Gracia Real y algunos como Francisco de los Cobos alcanzaron posiciones relevantes en el gobierno de la Monarquía. Mientras, en los Países Bajos, los duques de Borgoña tenían desde los albores del siglo XV un Consejo Ducal en donde se juntaban un número indeterminado de nobles durante las ocasiones en que los Duques lo requerían, para todo tipo de asuntos y

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Sobre los últimos momentos años del servicio de Carlos V, C. J. de CARLOS MORALES, “Los últimos años de las casas de Castilla y Borgoña del emperador” en Carlos V, II, pp. 259266. 84 S. FERNÁNDEZ CONTI, Los Consejos de Estado y Guerra durante la época de Felipe II, Valladolid, 1997, pp. 25-26.

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bajo la dirección del Canciller de Borgoña85. De este Consejo, donde comenzarían a ingresar como maîtres des requêtes algunos juristas especializados, se desgajaría el 8 de diciembre de 1473 el Parlement de Malines, que desaparecería tras los sucesos de 1477 y que volvería a aparecer definitivamente en 1504 con el nombre de Grand Conseil de Malines. A su vez, se fue separando otra sección, encargada de las finanzas, que recibiría por primera vez el nombre de Conseil des Finances en 1487 con Maximiliano de Austria86. Este Consejo Ducal cobraría especial relevancia tras el fallecimiento de Felipe I al convertirse en consejo de regencia, recibiendo oficialmente el nombre de Conseil Privé en 1507. Al frente del mismo se colocó como presidenta a Margarita de Austria y en él se procuró que estuvieran representadas las diferentes facciones de la Corte de Malinas87. Poco a poco se fue separando del conjunto una nueva sección, compuesta mayoritariamente por nobles, que se concentraría en los grandes asuntos de gobierno y que acabaría recibiendo el nombre de Consejo Secreto. Ambos Consejos, Privado y Secreto, acompañarían al príncipe Carlos en su viaje de 1517. El conjunto estaba compuesto por 16 consejeros, 20 secretarios, capellán y 6 porteros aunque, como era costumbre en los usos de la época, el número era variable. Todos ellos eran flamencos y borgoñones, ligados en su mayoría a la facción profrancesa encabezada por Chièvres; nombres destacados eran los del canciller Jean Sauvage, Adriano de Utrecht, Jean Carondelet o Gerard de la Plaine, así como el secretario Philippe Haneton. La evolución de ambos Consejos daría lugar a la creación del Consejo de Estado, tras la transformación que sufrió el aparato consiliar del emperador durante el proceso de reforma de la Corte acaecido tras las Comunidades. Esta fue inspirada en cierta forma por Gattinara, buen conocedor de la realidad flamenca pues había sido canciller de Margarita de Austria, que propuso a comienzos de 1523 la creación de un Consejo Secreto de Estado que corrigiera las deficiencias de funcionamiento del sistema de su predecesor en el oficio de canciller, Jean le Sauvage, que despachaba los asuntos directamente con el emperador, pero debiendo recurrir en repetidas ocasiones a otros 85

Sobre esta evolución, M. BAELDE y R. VERMEIR, “Raad van State” en E. AERTS, M. BAELDE, H. COPPENS, H. de SCHEPPER, H. SOLY, A. K. L. THIJS y K. van HONACKER (eds.), op. cit., edición en neerlandés, I, pp. 265-266, edición en francés, I, pp. 257-258 y M. SOENEN, op. cit., pp. 39-41. 86 H. COPPENS y M. BAELDE, “Raad van financiën” en E. AERTS, M. BAELDE, H. COPPENS, H. de SCHEPPER, H. SOLY, A. K. L. THIJS y K. van HONACKER (eds.), op. cit., edición en neerlandés, II, pp. 497-498, edición en francés, II, pp. 497-498 y M. SOENEN, op. cit., pp. 122-125. 87 R. FAGEL, op. cit., pp. 118-120.

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consejeros ante la complejidad de los mismos. Este nuevo Consejo, según Gattinara, debía estar inspirado en los consejos borgoñones, por lo que tendría primacía sobre el resto y sería el eje regulador de todas las decisiones políticas. Por supuesto, el Canciller no solo buscaba optimizar la gestión de la Monarquía, sino que también optaba a presidir dicho Consejo para poder así ocupar el puesto del recién fallecido Chièvres y convertirse en el filtro entre el soberano y la realidad castellana, como ya lo era de la aragonesa. Este interés desdice en parte las teorías que le sitúan como arquitecto de las reformas del aparato consiliar del emperador, ya que, además, la realidad faccional del momento impidió que su plan avanzara y no sería hasta 1526 cuando se asentara este Consejo de Estado y con atribuciones diferentes a las pretendidas por el letrado piamontés al no concedérsele ese carácter superior88. Si no fue el Canciller quien impuso sus ideas, ¿quién pudo hacerlo? Para responder a esta pregunta, se hace necesario describir brevemente las pugnas faccionales que tuvieron lugar durante esos años. De entre los diversos grupos políticos que se fueron formando tras las Comunidades y las Germanías, surgió uno cuyo objetivo era la imposición de los intereses de Castilla sobre el resto de los reinos del Imperio de Carlos V89. Esta facción estaría sustentada en una espiritualidad intelectual, que consideraba interpretaciones heréticas las derivadas de la “observancia franciscana”, sospechosas de desviación a otras como los “recogidos”, así como heterodoxas a todas las corrientes intelectuales potenciadas por Cisneros y entroncadas, por lo tanto, con las ideas erasmistas. Este grupo, al que se denominó “castellano”, se formó en torno a Francisco de los Cobos y Juan Pardo de Tavera, personajes ambos procedentes del partido “fernandino” o “aragonés”90, y para poder alcanzar el poder tuvo que librar batalla, una vez fallecidos Sauvage y Chièvres, contra Gattinara y contra los componentes del antiguo partido “felipista”. Este último grupo practicaba una espiritualidad relacionada con la corriente reformista de la “observancia”, que venía siendo utilizada como elemento integrador por los duques de Borgoña desde el siglo XV. Lógicamente, tanto Felipe I como su hermana Margarita, y por influencia de esta su sobrino Carlos, eran deudos de estas ideas. 88

M. RIVERO RODRÍGUEZ, Gattinara. Carlos V y el sueño del Imperio, Madrid, 2005, pp. 96-97. 89 J. MARTÍNEZ MILLÁN, “Corrientes espirituales y facciones políticas en el servicio del emperador Carlos V” en W. BLOCKMANS y N. MOUT (eds.), The World of Emperor Charles V, Amsterdam, 2004, pp. 103-126. 90 ID., “De la muerte del príncipe Juan al fallecimiento de Felipe el Hermoso (1497-1506)”, capítulo 1 de Carlos V, I, pp. 45-72.

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Asimismo, la amistad de muchos de sus consejeros con Erasmo de Rotterdam les hizo abrazar sus teorías humanistas. Una vez Felipe I llegó a Castilla, su entorno trabó contacto con aquellos castellanos que propugnaban su misma espiritualidad, apadrinados en su origen por Isabel la Católica y encabezados en su momento por Cisneros. Por lo que respecta a sus ideas políticas, este grupo defendía un equilibrio en el reparto de poder entre los reinos. La lucha entre ambos grupos se vio reflejada en las reformas que estaba sufriendo el aparato consiliar91. Fue el Consejo de Inquisición quien mostró de forma más clara esas pugnas, pues el Inquisidor General don Alonso Manrique, ferviente “erasmista”, entabló contacto con servidores de Cisneros como Francisco de Mendoza y Hernando de Guevara para intentar plantar batalla a los partidarios de Valdés y Cobos92. Sin embargo, el triunfo de estos últimos se hizo patente a finales de la década, como sucedería también en el recién creado Consejo de Hacienda donde en 1525 dominaba Cobos a través de sus “hechuras”, haciendo desaparecer a Enrique de Nassau como presidente del mismo y, por lo tanto, a los flamencos de los asuntos hacendísticos castellanos, en donde intervenían desde que en 1516 fuera nombrado Chièvres como Contador Mayor de Hacienda93. Otros Consejos que sufrieron reformas durante esa década, además del de Estado, fueron los de Guerra, que se consolidó al asignársele unos oficiales propios y el secretario Zuazola94, el de Aragón, que en abril de 1522 recibió su pragmática de creación95, el de Navarra, donde la inspección del licenciado Fernando de Valdés derivó en las ordenanzas del 13 de diciembre de 152696, el Real de Castilla, donde se renovaron sus miembros y se designó a Juan Pardo de Tavera como presidente97, el de Indias, con nuevos componentes y con el dominico García de Loaysa al frente98, el de Órdenes, que recibió dotación permanente y precisó sus competencias 91

C. J. de CARLOS MORALES, “La adaptación de los Consejos a la nueva realidad política castellana” en Ibídem, pp. 221-225. 92 J. MARTÍNEZ MILLÁN, "Las élites de poder durante el reinado de Carlos V a través de los miembros del Consejo de Inquisición (1516-1558)", Hispania, 168 (1988), pp. 141-150. 93 Para su fundación y los primeros años de luchas faccionales, C. J. de CARLOS MORALES, El Consejo de Hacienda de Castilla, 1523-1602. Patronazgo y clientelismo en el gobierno de las finanzas reales durante el s. XVI, Valladolid, 1996, pp. 23-69. 94 S. FERNÁNDEZ CONTI, op. cit., pp. 27-28. 95 J. ARRIETA ALBERDI, El consejo Supremo de la corona de Aragón (1494-1707), Zaragoza, 1994, pp. 89-100. 96 J. J. SALCEDO IZU, El Consejo Real de Navarrra en el siglo XVI, Pamplona, 1964, pp. 6165. 97 I. EZQUERRA REVILLA, El Consejo Real de Castilla bajo Felipe II. Grupos de poder y luchas faccionales, Madrid, 2000, pp. 21-27. 98 E. SCHÄFER, El Consejo Real y Supremo de las Indias. Su historia, organización y labor administrativa hasta la terminación de la Casa de Austria, Sevilla, 1975, I, pp. 41-44 (hay reimpresión de Valladolid, 2003).

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tras conceder Adriano VI en 1523 la incorporación perpetua de los maestrazgos a la Corona, la Cámara, que recibió su primera definición institucional en 1528, y el de Cruzada, que se instituyó como tal en 152999. Por lo que respecta al Consejo de Estado, si lo tomamos como producto de la evolución del Consejo Privado y del Secreto y como fecha de inicio julio de 1522, momento en que Carlos V regresó a la Península, nos encontramos con que todos sus componentes eran de origen flamenco, excepto el piamontés Gattinara y el saboyano Gorrevod que, por otro lado, provenían de los Países Bajos donde fueron acompañando a Margarita de Austria100. En concreto, estaba compuesto por Juan de Glapion, aunque su servicio no fue muy largo pues falleció el 14 de septiembre de dicho año, Gerard de la Plaine (1522-24), Charles de Lannoy (1522-26), Enrique de Nassau (1522-38) y Charles de Poupet (1522-30), siendo el secretario Jehan Hannart (1522-24). Posteriormente, ingresarían como consejeros Adrien de Cröy (1524-55), Louis de Flandes o de Praet (1527-55) y Nicolás Perrenot (1528-50), procedente del Franco Condado, mientras que Jehan Lallemand fue secretario desde 1524, en que sustituyó al caído en desgracia Hannart, hasta 1528 en que, significativamente, fue relevado en el oficio por Francisco de los Cobos. Fuera de dicho Consejo, solo nos encontramos como consejeros flamencos y borgoñones del emperador a Adriano de Utrecht en Inquisición como Inquisidor General101 y a los citados Guillaume de Cröy, señor de Chièvres, como Contador Mayor de Hacienda de Castilla y Enrique de Nassau como presidente del Consejo de Hacienda. Si observamos las fechas detenidamente, comprobamos como no se produjo ningún nombramiento de consejero flamenco, borgoñón o del Franco Condado desde el de Perrenot en 1528 hasta el final del reinado del emperador y los únicos que continuaron ejerciendo como tal eran aquellos nombrados con anterioridad. Sin duda, el triunfo de la facción encabezada por Cobos y Tavera en los asuntos concernientes a los reinos hispanos y el final de la llamada “vía flamenca” en el gobierno imperial pueden explicarnos este cambio102.

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J. MARTÍNEZ MILLÁN y C. J. de CARLOS MORALES, “Los orígenes del Consejo de Cruzada”, Hispania, 51 (1991), pp. 910-911. 100 Para el listado de los consejeros del emperador y sus biografías, el vol. III de Carlos V. 101 En concreto, fue Inquisidor General desde 1516 de Aragón y desde 1518 de Castilla y ejercería como tal hasta 1522 en que marchó a hacerse cargo de la tiara pontificia 102 J. MARTÍNEZ MILLÁN y M. RIVERO RODRÍGUEZ, “La coronación imperial de Bolonia y el final de la “vía flamenca” (1526-1530)” en J. MARTÍNEZ MILLÁN (coord.), Carlos V y la quiebra del humanismo político en Europa (1530-1558), Madrid, 2001, I, pp. 131-150.

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La “vía flamenca” había consistido en la monopolización de la política de Estado, sobre todo en los asuntos italianos, por parte de flamencos y de sus clientes. Su ideario, de clara influencia erasmista y de la “observancia”, estaba basado principalmente en el mantenimiento de una relación cordial con los Valois franceses, pese a los múltiples motivos que existían para el enfrentamiento, y la concertación con el Papado sin necesidad de practicar el Cesaropapismo. El inicio de esta vía se sitúa en la sustitución en 1522 del fallecido virrey de Nápoles Folch de Cardona, que había llevado a cabo una política vinculada a la del partido “aragonés”, por el flamenco Charles de Lannoy103; la presencia de los flamencos citados anteriormente en el Consejo de Estado y la elección de Adriano de Utrecht como Pontífice la ratificaría. El fracaso de la Paz de Madrid, cuyos términos fueron auspiciados por estos consejeros, llevó a Carlos V a buscar nuevas opciones para su política imperial y se abrió un periodo de indecisión. Solo así se puede explicar la actitud tan diferente que tuvieron los clientes de Lannoy y el condestable de Borbón en sus entradas en Roma; mientras el 19 de septiembre de 1526 el contingente armado comandado por Hugo de Moncada y los Colonna, adeptos al virrey napolitano, accedieron a la Ciudad Eterna con el propósito de hacer que el nuevo Papa Clemente VII corrigiera su política, el ejército al mando del condestable de Borbón llevaría a cabo el famoso Sacco de Roma desde el 6 de mayo de 1527. Este periodo mostró el agotamiento de la “vía flamenca” y la pujanza de la nueva “vía imperial”, en cuya gestación teórica influyó decisivamente el canciller Gattinara que, utilizando hábilmente las obras de Erasmo como justificación y no como soporte104, hablaría de la búsqueda de una paz universal basada en la hegemonía imperial y no en el equilibrio, debiendo supeditarse por tanto el poder espiritual al temporal. El viaje a Italia de 1529 y la coronación de Bolonia de 1530 confirmaron el cambio de tendencia. En esta nueva orientación política no tendrían cabida los consejeros flamencos, aunque Perrenot y Praet continuaran teniendo gran influencia hasta sus respectivos óbitos, por lo que hubo que buscarles acomodo fuera de los Consejos imperiales. Hábilmente, Carlos V aprovechó el acceso de su hermana María de Hungría al gobierno de los Países Bajos en 1531 para llevar a cabo una serie de reformas institucionales que

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C. HERNANDO SÁNCHEZ, “El reino de Nápoles y el dominio de Italia en el Imperio de Carlos V” en B. J. GARCÍA GARCÍA (dir.), El Imperio de Carlos V. Procesos de agregación y conflictos, Madrid, 2000, pp. 111-118. 104 “El proyecto de “Monarchia Universalis” del Gran Canciller Gattinara” en Carlos V, I, pp. 275-282.

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dieron origen a la aparición de los llamados Consejos Colaterales, en donde pudieron refugiarse las nuevas generaciones de consejeros flamencos. Sin duda, podemos considerar que la “edad dorada” del acceso de las élites flamencas a la fuente prístina de gracia, que era Carlos V, había finalizado a comienzos de la década de los 30 del siglo XVI. Mientras con anterioridad tuvieron posibilidad de acceder al entorno del soberano, llegándolo a copar en ocasiones, desde ese momento se lo encontraron restringido, aunque aún conservaran cierta cuota de poder tanto en la Casa de Borgoña, que se había convertido en el elemento fundamental de integración de las élites territoriales del emperador, como en otros ámbitos como el Toisón de Oro105. Por contra, y hasta el final del reinado, conservarían todo su ascendente en los asuntos referentes a sus territorios de origen.

1.1.2.- La integración de las élites flamencas en las instancias de poder de los Países Bajos. La articulación del territorio con Carlos V Para iniciar este punto, debemos aludir nuevamente a la herencia de los duques de Borgoña, perfectos conocedores de la forma en que se articulaba el territorio de los antiguos Países Bajos y capaces de usarlo en beneficio propio para afianzar su poder. Desterrando la idea de la decadencia de la nobleza tardomedieval flamenca, podemos considerar que el patronazgo de los aristócratas en sus respectivas posesiones les permitió situarse como intermediarios entre la fuente de gracia, el Duque, y los nobles provinciales, élites urbanas y Estados Provinciales y Generales, integrándose así

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El número de flamencos siguió siendo importante, aunque comenzaran a tener cabida en ella de forma paulatina personajes de otras nacionalidades, especialmente desde la década de los 30. Es significativo el hecho de que en el capítulo del Toisón de 1531, celebrado en diciembre en la catedral de Tournai, fueron nombrados caballeros 9 flamencos - Reinaud III, señor de Brederode, Claude de la Baulme, Anthoine de Berghes, I marqués de Bergen-op-Zoom, Jean de Hénin, I conde de Boussu, el II conde de Lalaing, Louis de Praet o de Flandes, George Schenk, señor de Tautemberg, Philippe de Lannoy, vizconde de Sebourg y Philippe de Lannoy, señor de Molembais - por 13 “extranjeros” -el príncipe Felipe, Juan III de Portugal, Jacobo V de Escocia, Ferrante de Aragón, duque de Calabria, Pedro Fernández de Velasco, III duque de Frías, Philippe el guerrero, Príncipe Palatino del Rhin y de Baviera, George I el barbudo, duque de Sajonia, Beltrán de la Cueva y Toledo, III duque de Alburquerque, Andrea Doria, I príncipe de Melfi, Ferrante Gonzaga, I conde de Guatalla, Niklaus II, conde de Salm, Alfonso d´Avalos d´Aquino, II marqués del Vasto y Francisco de Zúñiga y Avellaneda, II conde de Miranda del Castañar- (Una descripción de este capítulo en L. P. GACHARD, Collection des voyages des souverains des Pays-Bas, Bruselas, 1874, II, p. 99). Carlos V era consciente de que era un elemento de integración fundamental para las élites de sus territorios y así se lo expresó a su hermano Fernando dos meses antes de este capítulo, cuando le solicitó el nombre de tres caballeros de su confianza y sin reproche para concederles el collar (Carlos a Fernando, 12 de octubre de 1531, W. BAUER (ed.), Die korrespondenz Ferdinands I, Becs, 1912, doc. 561).

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esas redes clientelares regionales en el sistema106. A cambio de dar apoyo político a su patrón, este podía tomarles en su servicio, darles un grado militar en su bande d´ordonnance cuando era el caso o permitirles administrar uno de sus estados. Esta forma de articular el territorio suponía que la nobleza ocupaba de forma efectiva los oficios más importantes e intervenía activamente en la toma de decisiones junto al Gobernador General, cargo creado por los Habsburgo. Una vez Carlos V fue reconocido como soberano en todos los territorios que había heredado y fue investido con la púrpura imperial, se hizo patente que sus estancias en los Países Bajos iban a ser esporádicas. De hecho, desde que abandonó Flandes en 1517 solamente estuvo 55 meses en su tierra natal, siendo las estancias más prolongadas las que tuvieron lugar entre 1520 y 1522, entre enero de 1531 y enero de 1532, en 1539 y 1540 y desde septiembre de 1548 hasta mayo de 1550. Para evitar un posible vacío de poder durante sus frecuentes ausencias, el emperador decidió nombrar un Gobernador General, que ejercería a su vez como Capitán General, para que actuara como su representante107. Dispondría de amplios poderes, aunque Carlos V se reservó para sí la provisión de los cargos y prebendas más importantes, pudiendo los gobernadores únicamente mediar en la distribución de la gracia, lo que, lógicamente, influyó en la configuración de las relaciones de poder. Desde un primer momento, el emperador tuvo claro que cargo tan elevado debía recaer en miembros de su familia, ya que, de otro modo, las élites flamencas no lo hubieran aceptado celosas de sus prerrogativas. Además, la presencia de personajes de la familia real garantizaba a esas élites la posibilidad de integrarse en sus servicios domésticos, con el prestigio y posibilidades de medro que ello suponía108. Con estas premisas, quedaba claro que la candidata perfecta para ocupar el nuevo cargo era Margarita de Saboya, que ya había ejercido como regente efectiva desde 1507 hasta 1515 y desde 1517 en adelante, por lo que tenía amplia experiencia en el manejo de los negocios y en la búsqueda del complicado equilibrio entre facciones. 106

Como expresa muy gráficamente Koenigsberger en su Monarchies, States Generals..., p. 82, “Effective government depended on patronage and clientage to make its wheels go round”. Asimismo, lo han señalado otros autores como P. ROSENFELD, The provincial gobernors..., pp. 1-7 y 100-146; M. van GELDEREN, op. cit., p. 18; J. ISRAEL, op. cit., p. 29 o A. DUKE, “From King and Country to King or Country? Loyalty and Treason in the Revolt of the Netherlands” en ID., Reformation and Revolt in the Low Countries, Londres, 1990, p. 176. Por supuesto, H. F. K. van NIEROP, The nobility of Holland..., pp. 40-42. 107 Ya había antecedentes de esta contingencia y la primera vez que un soberano se fue de los Países Bajos sin saber si iba a volver sucedió con Maximiliano I, cuando en 1489 dejó a Alberto de Sajonia como gobernador (H. G. KOENIGSBERGER, Monarchies, States Generals..., p. 86). 108 A. DUKE, “From King and Country to King or Country?…, pp. 175-177.

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Cuando Margarita se desplazó a los Países Bajos como duquesa viuda de Saboya, título al que habría que unir la cesión del Franco-Condado por parte de su padre en 1508, disponía de su propio servicio, en el cual convivían personajes de diferentes naciones -saboyanos, piamonteses, castellanos, flamencos y borgoñones-, entre los que descollaban Gattinara, Gorrevod, Diego Flores o el secretario Marnix109. Esta Casa estaba desligada del servicio del archiduque Carlos, por lo que la presencia de numerosos “extranjeros” no suponía mayor problema, pues la Casa del soberano era más relevante y en ella tuvieron cabida las élites flamencas. La naturaleza del servicio de Margarita se transformaría cuando Carlos alcanzó la mayoría de edad en 1515, pues al abandonar sus funciones de gobierno su Casa se convirtió en la de una mujer de la alta nobleza con gran influencia, pero de inferior posición a la que había disfrutado hasta ese momento. Esta nueva situación se plasmaría en las Ordenanzas del 8 de diciembre de ese año, en las cuales se contemplaba una reducción del número de servidores aunque manteniendo a aquellos más cercanos a su persona110. La situación trocaría nuevamente cuando Carlos inició sus periplos europeos y Margarita fue nombrada Gobernadora General en 1522. Fruto de ello, su servicio adquirió una relevancia superior a la que había tenido en momentos anteriores, lo que implicaba, a su vez, que los principales oficios debían estar ocupados por flamencos y borgoñones. Lógicamente, las protestas sobre la composición de su Casa que no habían existido con anterioridad afloraron en ese momento111. La gobernadora fue rápidamente consciente de la nueva realidad y procuró corregirla con unas Ordenanzas, cuyo proceso de redacción se prolongaría hasta el 1 de marzo de 1525112, en las que se observa un incremento notable en el número de servidores y la masiva entrada de flamencos, tanto en los oficios principales como en los inferiores. Dirigiendo la Casa como chevalier d´honneur nos encontraríamos a Antoine de Lalaing, conde de Hooghstraeten, que se confirmaba de esta manera como el gran patrón de la Corte de Margarita durante esos años. Su cercanía a la gobernadora le permitió que su mujer Isabel de Culembourg, condesa de Hooghstraeten, fuera la dame 109

R. FAGEL, op. cit., pp. 122-140. En estas páginas aparece la estructura de su Casa desde el uso de un État journalier del 31 de diciembre de 1510. 110 Publicadas en E. de QUINSONAS, Matériaux pour servir à l´historie de Marguerite d´Autriche, Bruselas, 1860, pp. 241-252. 111 A. DUKE, “From King and Country to King or Country?…, p. 183. 112 Etat et ordonnance de la maison de Marguerite d´Autriche, duchesse douairière de Savoie à Bruxelles le 1 mars 1525 (AGR, Audience, reg. 31). Publicadas en E. de QUINSONAS, op. cit., pp. 281-290. En este texto aparece, además de la ordenanza, un listado de los servidores y las cantidades de comida y bebida necesarias para el ordinario y raciones de la Casa (pp. 290-328).

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d´honneur. La cámara estaría dominada por damas flamencas, al igual que la capilla a cuyo frente se situaría como consejero, confesor y limosnero mayor a Jehan Carondelet, futuro Chef del Conseil d´État y del Privé. Habría 4 mayordomos, Albert Bentmeli, Jehan de Hesdin, Hugues de Balleux y Saint-Philippe de Souastre, así como un consejo compuesto por 6 miembros, que eran el propio Carondelet, Nicolás Perrenot de Granvela, Jehan Lallemand, Jehan de Namur, Guillaume des Barres y Claude Vartet. Por supuesto, la guarda de archeros de Corps estaría gobernada por un flamenco como François de la Marche. Tras el fallecimiento de Margarita el 30 de noviembre de 1530, Carlos V hubo de nombrar quien le sucediera en el cargo. La elegida fue su hermana María de Hungría113, nombramiento que se gestó durante una reunión del propio emperador con ella y con su hermano Fernando en Innsbruck, en la cual buscaron planificar una estrategia familiar que persiguiera el fin de asentar la supremacía de los Habsburgo. Aunque María no mostró mucho entusiasmo por la designación, acató la decisión de su hermano y se trasladó desde el este de Europa a su nuevo destino político. Una vez en los Países Bajos, donde juró como gobernadora ante los Estados Generales el 6 de julio de 1531, María inició la configuración de su gobierno. Consciente del momento crucial en el que se encontraba la integración de los flamencos, Carlos V aconsejó a su hermana que introdujera en su Casa a personajes de dicha nacionalidad, con los argumentos de que podían enseñarle las costumbres del país, de que serían más leales al ser sus propias tierras y de que costarían menos dinero114. María era buena conocedora de la realidad flamenca, pues había pasado allí sus primeros 9 años de vida, por lo que sabía lo celosos que eran los naturales de esas provincias de sus prerrogativas y decidió seguir los consejos de su hermano. De este modo, dejó a la mayoría de sus consejeros en Austria, muchos de ellos al cargo de su hermano Fernando, para asentar su gobierno en las élites locales, acotando así también las

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Sobre este personaje hay abundante bibliografía, T. JUSTE, Les Pays-Bas sous Charles V, vie de Marie de Hongrie, Bruselas-París, 1855; LVG GORTER-VAN ROYEN, Maria van Hongarije, regenten der Nederlanden, Hilversum, 1955; G. de BOOM, Marie de Hongrie, Bruselas, 1956; J. de IONGH, Mary of Hungary, second regent of the Netherlands, Londres, 1959; M. FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, María de Hungría y los planes dinásticos del Emperador, Madrid 1961; B. van BOOGERT y J. KERKHOFF, Maria van Hongarije: Konigin tussen keizers en kunstenaars 1505-1558, Zwolle, 1993 (especialmente el artículo, J. KERKHOFF "Het Hof van Maria van Hongarije", pp. 162-174) y L. van de KERCKHOVE, “Marie de Hongrie, Régente des Pays-Bas (1531-1555)”, Correspondance (Número especial 1994), pp. 78-90. Para su estancia en Hungría, W. STRACKE, Die Anfänge der Köningin Maria von Ungarn, Gottingen, 1940 y G. HEISS, Köningin Maria von Ungarn und Böhmen. Ihr Leben und ihre wirtschaflichen Interessen in Österreich, Ungarn und Böhmen, Viena, 1971, 2 vols. 114 H. G. KOENIGSBERGER, Monarchies, States Generals…, p. 125.

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tendencias erasmistas que la rodeaban, algunas rayanas en el protestantismo115; de hecho, Lutero le había dedicado los comentarios de sus Cuatro Salmos116 y Erasmo su Vidua christiana117. No solo Carlos V se implicó personalmente en el proceso de formación de la Casa, sino que también Fernando lo hizo. El intercambio de misivas entre los tres hermanos fue muy intenso y, mientras María buscaba el apoyo de Fernando para conseguir una mayor asignación118, este, a cambio, le solicitaba que favoreciera a sus “hechuras”, tal y como él había hecho con sus antiguos servidores. María pugnó por ello y consiguió que se aceptaran prácticamente todas sus proposiciones119, como fue el caso de Enrique de Emericourt, que pasó de ser mayordomo de Fernando a serlo de María, o de Blois, que fue nombrado écuyer. Las únicas peticiones que no fueron atendidas fueron la de Hincaert, para el que pretendía la capitanía de los archeros que se dio a Jehan de Northout120 aunque para él consiguió el oficio de gentilhombre de la boca, y la de la condesa viuda de Salm, Isabel de Roggendorf, para quien Fernando pretendía el oficio de dame d´honneur121. María defendió su candidatura, pero Carlos expresó claramente que los requisitos necesarios para ocupar el oficio eran los de ser una persona adulta, con experiencia y de “par-deçà”122. Debido a ello, se propuso el oficio a Madame de Chièvres, esposa del fallecido consejero, que lo rechazó por su elevada edad y por su incipiente sordera, de tal suerte que la elegida fue la siguiente candidata, Margarita de Egmont, hermana del conde Charles. Con estos condicionantes, estaba claro que los principales cargos de la Casa estuvieron ocupados por flamencos, siendo el chevalier d´honneur Antoine de Cröy, señor de Sempy, el mayordomo mayor Philippe de Lannoy, señor de Molembais, o el ya 115

J. de IONGH, op. cit., p. 141 y K. WALSH y A. A. STRNAD, “Eine Erasmianerin im Hause Habsburg: Königin Maria von Ungarn (1505-1558) und die Anfänge der Evangelischen Bewegung”, Historisches Jahrbuch, 118 (1998), pp. 40-85. 116 Ibídem, pp. 64-65. 117 En concreto, el título del libro sería Vidua christiana ad serenissimam pride(m) Hungariae Booemiaeque reginam Mariam. Pese a ello, nunca haría concesiones como gobernadora a los protestantes (L.-E. HALKIN, La réforme en Belgique sous Charles-Quint, Bruselas, 1957). 118 Carlos V le asignó 30000 florines anuales, mientras que los gastos del servicio subían a 67000 y María expresó su preocupación “sy je dois demorer icy longtemps” (María a Fernando, 29 de julio de 1531, W. BAUER (ed.), op. cit., doc. 524). 119 Por lo que Fernando lo agradecería a su hermana en la carta que le envió el 17 de agosto (Ibídem, doc. 531), “Madame, je vous mercie que aves sy bien provu mes serviteurs”. 120 A. HENNE, Histoire du regne de Charles-Quint en Belgique, Bruselas, 1858-1860, III, pp. 127-128. 121 Así, escribió a María el 17 de julio de 1531, “Et quant à la dame de honneur, je cuide bien que Madame de Schievres l´aceptara à grant paine. Et en sachant la conclusión touschant la cotesse de Salm, feray ce que vou dis à Lintz, quambien que say que ma fame la lessera fort envis” (W. BAUER (ed.), op. cit., doc. 517. La respuesta de María en el doc. 522). 122 Carlos a Fernando, 29 de julio de 1531, Ibídem, doc. 523.

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citado Enrique de Emericourt como mayordomo. Junto a ellos encontraron también acomodo algunos servidores imperiales y castellanos, aunque en número reducido123, parámetros que no se verían alterados durante los años en que María ejerció como gobernadora124. Tras resistir los envites de Carlos V y de Felipe II en 1555 para que continuara siendo gobernadora, María despidió a los miembros de su Casa el 1 de octubre, como paso previo a la confección del séquito que le debía acompañar en el último viaje de su vida a Castilla125. Posteriormente, y tras preparar la ceremonia de abdicación del 25 de octubre, procedió a llevar a cabo la redacción de unas Ordenanzas para su Casa, que se adecuaran a las nuevas circunstancias. Estas verían la luz el 28 de noviembre y en ellas se contemplaba un servicio muy reducido126, como también lo fueron el de sus hermanos Carlos y Leonor, compuesto en su inmensa mayoría por flamencos. Por lo que respecta a la capilla, esta tendría únicamente limosnero, segundo limosnero, capellán y clérigo de capilla. La cámara, por su parte, tendría dos mayordomos, 6 gentilhombres de la casa, dos varlets servants, trésorier et maître de la chambre aux deniers, secretario, médico, cirujano, contralor, greffier del Bureo, gentilhombre de la cámara, dos ayudantes de cámara, dos ujieres de cámara y dos de saleta. La sección femenina de esta cámara también estaría dominada por flamencas, y constan en julio de 1556 como filles d´honneur Amie de Bernemicourt, mademoiselle de la Thieuloie, Valeria Valrans y Marie y Françoise de Poitiers, como femines de chambre Felice Duras, Isabel Leonarde y la petite Hatelne y como autres filles et femmes Marie Craxembeghisine, Hèlene y María Rodrigo, única castellana127. Por lo que respecta a los oficios, habría maestresala y guardarropa, ayuda de guardajoyas, sumiller de la panetería y eschançonnerie con 4 ayudas, una cocina compuesta por 8 miembros y un frutier con tres ayudas y dos mozos de oficio. La furriera tendría 16 miembros y, por último, la caballeriza tendría un caballerizo mayor, 4 pajes de honor y otros 22 componentes entre palafreneros, lacayos y maestro de los pajes. La primavera siguiente, María dejó los Países Bajos para permanecer los últimos años de su vida en el castillo de Cigales en Valladolid. 123

Para los gastos de la Casa, en AGR, Audience, reg. 19, encontramos el “État des dépenses de bouche de la Maison de Marie, Reine douairière de Hongrie, de 1537 a 1555”. 124 Así, nos encontramos con que Claude Bouton, señor de Corbaron, fue caballerizo mayor, Jean de Failly caballerizo, Charles de Bernemicourt mayordomo, Marie de Bonnières de Souastre dama,... 125 J. de IONGH, op. cit., p. 266. 126 AGR, Audience, reg. 23. 127 Información extraída de las cuentas de la Casa de María de Hungría del año 1556, elaboradas por el tesorero Roger Patie, en AGS, CSR, legs. 32 y 377.

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Por lo que respecta a los Consejos, tras la marcha de Carlos en 1517 quedó en Flandes un Consejo de Regencia nuevamente presidido por Margarita, que debía apoyarle en las tareas de gobierno y que recibió ordenanzas en ese año por primera vez. La mayoría de sus componentes eran neerlandeses miembros de la facción antifrancesa encabezada por la propia tía de Carlos V, con personajes tan destacados como Claude Carondelet, que falleció el año siguiente, Robert de Aremberg, vizconde de Bruselas, Louis de Praet o Frederic de Baden, obispo de Utrecht128, siendo el canciller Gattinara el único extranjero. El número de consejeros se fue ampliando paulatinamente, sobre todo a raíz del aumento de competencias de Margarita como gobernadora en 1522, pasando desde ese momento a estar supeditado a ella y debiendo prestarle consejo a su requerimiento. Junto a estos cambios, y al igual que sucedía en Castilla y otros lugares de Europa durante esos años, comenzó a hacerse patente el ascenso en la administración de aquellos juristas y letrados provenientes de las Universidades que, a través del control de los papeles de ciertos asuntos, fueron adquiriendo poder. Personajes como Marnix, secretario de Margarita, Nicolás Perrenot o el propio Gattinara se consiguieron implicar en mayor o menor medida en la toma de decisiones, lo que provocó tensiones con la alta nobleza que entre 1530 y 1550 fue perdiendo paulatinamente su condición de poseedora exclusiva de oficios129. Ya en marzo de 1527 los nobles flamencos escribieron a Carlos V protestando por las preferencias que su tía mostraba hacia los abogados y técnicos, agudizándose el conflicto en años posteriores y alcanzando toda su crudeza en los enfrentamientos entre Granvela y los consejeros de Estado durante la regencia de Margarita de Parma. El fallecimiento de Margarita de Saboya presentó una inmejorable ocasión para revisar el sistema de gobierno de los Países Bajos y adecuarlo a la realidad consiliar existente en la Corte de Carlos V. Aprovechando su presencia en Bruselas, el emperador ordenó dar forma a una situación que ya se venía produciendo de facto desde hacía unos años, y a través de ordenanza del 1 de octubre de 1531 mandó escindir el antiguo

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J. LAMEERE, C. LAURENT y H. SIMONT (eds.), Recueil des ordonnances des Pays-Bas 1506-1700. 2ª serie Règne de Charles-Quint (1506-1555), Bruselas, 1893-1922, I, p. 578. 129 Como han resaltado muchos autores, caso de M. van GELDEREN, op. cit., pp. 19-21, H. F. K. van NIEROP, The nobility of Holland..., p. 164, M. BAELDE, “Les conseils collatéraux des anciens Pays-Bas (1531-1794)”, Revue du Nord, 50 (1968), pp. 203-212, J. ISRAEL, op. cit., p. 129 o H. G. KOENIGSBERGER, Monarchies, States Generals…, pp. 73-77, entre otros.

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Consejo Privado de Margarita en los tres Consejos Colaterales que debían ayudar a la nueva gobernadora130: d´État131, Privé132 y Finances133. Las funciones del primer Consejo Colateral estarían asociadas al auxilio de la gobernadora en la toma de decisiones relacionadas con los asuntos de alta política, tanto interior como exterior, y la defensa del territorio. Sus componentes, 12 más la gobernadora, provenían en su mayoría del Consejo Privado de Margarita134; a saber, dos eclesiásticos, como eran el Chef Jehan Carondelet y el cardenal Erard de la Marck, obispo de Lieja, 7 caballeros del Toisón, Phillipe de Cröy, marqués de Aerschot, Floris de Egmont, conde de Buren, Jacques de Luxembourg, señor de Fiennes y conde de Gavre, Adolphe de Bourgogne, señor de Bevres, Antoine de Lalaing, conde de Hooghstraeten, Antoine de Cröy, señor de Sempy, y Jean de Berghes, otros dos nobles, Antoine Berghes, señor de Wallain, y Phillipe de Lannoy, señor de Molembais, y los letrados Jehan Hannart, señor de Liedekerke, y como secretario Jehan de Marnix; junto a ellos serían miembros honoríficos los Stadholder o gobernadores de provincia y el resto de caballeros del Toisón de Oro. Pese a este elevado número de miembros, solo 6 de ellos acudían con regularidad a las sesiones y en las reuniones con la regente solo 3 o 4 en presencia, la mayoría de las veces, de Nicolás Perrenot de Granvela, que permaneció en los Países Bajos aconsejando a María de Hungría. Esta reducción en el número de consejeros que tomaban parte activa en las decisiones atemperaba la ventaja que los nobles poseían en este Consejo frente a los juristas -sobre todo porque los letrados estaban presentes en casi todas las ocasiones, con especial relevancia para el Chef Carondelet-. Además, en 1535 se decidió que algunos juristas del Conseil Privé pasaron también a ser miembros ordinarios del Conseil d´État, lo que se confirmó mediante ordenanza del 16 de diciembre de 1540, por lo que la alta nobleza retomó las protestas sobre la promoción de los letrados iniciadas en tiempos de Margarita. Sin duda, este proceso fue alentado tanto por la facción dominante de la Corte de Carlos V 130

En J. LAMEERE, C. LAURENT y H. SIMONT (eds.), op. cit., I, pp. 239-254, aparecen las tres ordenanzas que daban forma al nuevo gobierno con María al frente. 131 Sobre este Consejo, la Introducción del trabajo de M. THIEIEMANS, R. PETIT y R.BOUMANS, Inventaire des archives du Conseil d´État, Bruselas, 1954 y M. BAELDE y R. VERMEIR, “Raad van State”, op. cit. y M. SOENEN, op. cit., pp. 39-68. 132 P. ALEXANDRE, Histoire du Conseil Privé, Bruselas, 1894; H. de SCHEPPER, “Geheime Raad” en E. AERTS, M. BAELDE, H. COPPENS, H. de SCHEPPER, H. SOLY, A. K. L. THIJS y K. van HONACKER (eds.), op. cit., I, pp. 295-324 y versión en francés, I, pp. 287-317 y M. SOENEN, op. cit., pp. 69-121. 133 J. y P. LEFÈVRE, Inventaire des archives du Conseil des Finances, Bruselas, 1936; H. COPPENS y M. BAELDE, “Raad van financiën”, op. cit. y M. SOENEN, op. cit., pp. 122-162. Para los tres consejos en su etapa de formación el libro ya reseñado de M. BAELDE, De Collaterale raden... 134 ID., “Les Conseils Collateraux...”, p. 203.

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como por la propia gobernadora de los Países Bajos, que buscó controlar la petición de aides a través de los contactos de estos juristas con los Estados Provinciales, lo que ocasionó un aumento de las tensiones con dichas instancias. Por lo que respecta al Conseil Privé, podemos considerar que fue reducto de los letrados desde un principio, ya que sus funciones estaban relacionadas con la administración de justicia. Su Chef era también Jehan Carondelet que aunaría, sin duda, un gran poder al tener las presidencias de ambos consejos y un control absoluto sobre la secretaría del Privado, del cual formaban parte el secretario de Estado y el audiencier. Igualmente, asistiría en ocasiones puntuales a las reuniones del Conseil des Finances. Esta unión de cargos se prolongaría con Carondelet hasta su muerte en 1540 y con Luis de Schore desde esa fecha hasta 1548, momento en que se separaron ambos oficios135. Habría, además, 6 consejeros, Pierre Tayspiel, George Themericq, Claude de Boissot, Jehan Jonglet, señor de Metz, Jehan Autrives y Claude Merronez, señor des Chaunes, un audiencier et premier secretaire, Laurens du Blioul, un controlador del sello, Jean de Leschout, y 6 secretarios ordinarios, George de Espleghen, Jean de Grutere, Phillipe Wautier, Loys Zoete, Mahieu Strijck y Gerard Herdinck. Por último, el Conseil des Finances se encargaría de la administración de la hacienda y tendría una composición mixta, ya que los tres Chefs eran siempre nobles de cierta enjundia, mientras el resto de oficios estaban ocupados por letrados. Sin embargo, las continuas ausencias de estos nobles en el ejercicio de sus tareas diplomáticas, militares o de administración de sus territorios y gobiernos provocaron que, en muchas ocasiones, los asuntos fueran llevados por los encargados de los papeles. En 1531 el Consejo estaría integrado por los Chefs conde de Hooghstraeten y los señores de Fiennes y de Molembais, el trèsorier general Jean Ruffault, los commis des finances Hugues de Grammen y Vincent Cornelis Mierop, el receveur general Jehan Micault, el greffier Anthoine Perrenin y como secretario el audiencier Laurens Du Blioul.

Además de en las Casas de las gobernadoras y en los Consejos Colaterales, la nobleza flamenca basaba su posición preeminente en sus tierras de origen en el acaparamiento de otros oficios de vital importancia para poder articular el territorio. En primer lugar, conviene resaltar a los gobernadores de provincia, que recibían el nombre de Stadholders en las provincias de habla flamenca y el de Lieutenants en las

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H. de SCHEPPER, “El funcionariado y la burocratización en el gobierno y en las provincias de Flandes regio, siglos XVI y SVI”, Chronica Nova, 23 (1996), pp. 416-417.

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de francesa136. La división de los diferentes Stadholderates no estuvo plenamente configurada hasta 1543, momento en que acabó la conquista del ducado de Güeldres, apareciendo las definitivas XVII provincias, aunque con la existencia de solo 11 Stadholders: Frisia-Groningen-Overijssel-Drenthe, Artois, Flandes, Güeldres-Zutphen, Limburgo, Luxemburgo, Holanda-Zelanda-Utrecht, Flandes francés, Hainaut, Namur y Tournai. En las 4 últimas, además de cómo Lieutenant se les investía como grand o souverain bailli, cargo que implicaba atribuciones judiciales. Por su parte, el gobierno de Brabante iba unido al de Gobernador General de los Países Bajos. La elección del ocupante del cargo era potestad del propio emperador, aunque influído por la opinión de la gobernadora, ya que cuando había vacantes se enviaba desde Bruselas a la Chancillería Imperial los posibles candidatos y sus méritos y una vez elegido el idóneo recibía una comisión e instrucciones secretas. Estos cargos estaban reservados a la alta aristocracia y ya Rosenfeld resaltó como entre 1503 y 1572 las 7 grandes familias de la nobleza neerlandesa -Cröy, Nassau, Egmont, Lalaing, Berghes, Lannoy y Montmorency- obtuvieron casi la mitad de los nombramientos. Debido a ello, las relaciones de los Habsburgo con esta alta nobleza determinarían la evolución del oficio, ya que era una constante que los gobernadores provinciales intentaran aumentar sus prerrogativas. Mientras con Margarita de Austria esto fue posible con María fue más dificultoso, ya que trató en varias ocasiones de recortarles atribuciones a través de medidas tales como prohibir la sucesión hereditaria de los cargos para evitar dinastías paralelas, dejar vacantes algunos de ellos tras la muerte del titular -como Flandes de 1532-1540 o de 1553-1559-, hacer nombramientos temporales, obligar a los gobernadores a residir en su provincia o imponerles restricciones en el ejercicio de su oficio, como fue el caso de Maximilian de Egmont, conde de Buren, al ser nombrado Stadholder de Frisia, Groningen, Overijsel y Drenthe en 1540. Pese a estas cortapisas, sus atribuciones siguieron siendo muy importantes, siendo una de las fundamentales la de poder proveer ciertos oficios de magistrados de las ciudades137, sus gobernadores y algunos oficios eclesiásticos. Sin duda, esto les proporcionaba una herramienta de control fundamental dentro de las oligarquías urbanas, en los Consejos Provinciales, en los cuales eran los agentes del soberano, y en las abadías y les permitía articular mejor sus redes de poder. Por lo que respecta a sus

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Además de las obras de Rosenfeld ya citadas, E. POULLET, “Les governeurs de province dans les anciens Pays-Bas catholiques”, Bulletin de l´Academie Royale de Belgique, 2ª serie, 35 (1873), pp. 362-437 y 810-921. 137 Sobre la organización de las ciudades flamencas y los oficios urbanos, J. ISRAEL, op. cit., pp. 119-128.

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atribuciones militares, tendrían bajo sus órdenes todas las tropas acantonadas en su provincia, siempre y cuando no estuviesen allí presentes el Gobernador o el Capitán General. Otra instancia de poder nobiliario eran los oficios reservados a la jerarquía eclesiástica. Por lo que respecta a los obispados, durante la primera mitad del siglo XVI la organización diocesana de los Países Bajos era muy precaria y anticuada, ya que existían únicamente 5 obispos en Utrecht, Arras, Tournai, Cambrai y Lieja, y mientras los dos últimos pertenecían al arzobispo de Reims y de Colonia respectivamente, muchos de los territorios del Norte como Frisia o Groningen estaban incluidos en el obispado de Münster138. A esta complejidad que dificultaba su funcionamiento, se unió el hecho de que la inmensa mayoría de nombramientos de obispos con Carlos V se dio a hijos segundones de las grandes familias, sin apenas preparación teológica y con poco interés por residir en sus sedes, con el descrédito que eso suponía de cara a los feligreses139. Igualmente, los oficios pertenecientes a los capítulos catedralicios y a las grandes abadías, verdaderos centros de poder económico y social de su entorno en casos como la de Saint-Vaast, Egmont o Maroilles, se concedían de forma casi exclusiva a nobles de diversa alcurnia. Por último, también los cargos relacionados con el ejército estarían en manos de los nobles a través de las bandes d´ordonnance140, únicas fuerzas militares permanentes en los Países Bajos. Estas estaban al mando de un titulado que tenía a sus órdenes un número determinado de hombres, que oscilaba entre 30 y 50, que se debían poner en marcha cuando el Chef lo disponía y que estaban pagadas por Bruselas. Su uso estaba muy extendido y baste como ejemplo que Carlos V creó 11 nuevas el 26 de noviembre de 1545, reservándose una para él mismo. Hay que recordar que también algunos nobles flamencos, caso de Lannoy o Egmont, alcanzaron elevadas cuotas de poder en los ejércitos imperiales.

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L.-E. HALKIN, op. cit. y J. ISRAEL, op. cit., pp. 74-75. Resulta sintomática la unión del obispado de Cambrai a la familia Cröy, pues fueron obispos Jacques de Cröy de 1502 a 1516, Guillaume de Cröy de 1516 a 1519 y Robert de Cröy de 1519 a 1556. En otro obispado como Arras nos encontramos a François de Melun de 1510 a 1512, Philippe de Luxembourg de 1512 a 1515, Pierre Anconitan de 1515 a 1523, Eustace de Cröy de 1523 a 1538 y Granvela de 1545 a 1561 (G. GAZET, L´histoire ecclésiastique du Pays-Bas, Valenciennes, 1614 (he usado la reimpresión realizada por los AGR en Bruselas, 1996). La misma proporción de nobles encontramos en los otros tres obispados. 140 H.-L.-G. GUILLAUME, L´histoire des bandes d´ordonnance des Pays-Bas et l´infanterie wallonne sous la maison d´Espagne, Bruselas, 1873. 139

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Como hemos podido comprobar, Carlos V consiguió integrar a las élites flamencas en sus proyectos de gobierno y en su Corte a través de varios instrumentos heredados de la tradición borgoñona, como fueron su Casa de Borgoña o la Orden del Toisón de Oro, así como en otras instancias como las Casas de las gobernadoras, los Consejos, tanto los de su Corte como los Colaterales en los Países Bajos, los Stadholderates o los oficios eclesiásticos. Gracias a ello, la nobleza, y a través de ella otras élites de poder imbuidas en sus redes de patronazgo, se mostraría como un elemento fundamental en la articulación del territorio de los Países Bajos y cobraría un gran peso en la toma de decisiones políticas. Sin embargo, en los inicios de la década de los 30 comenzaron a aparecer ciertas sombras en este sistema integrador tras el fracaso de la “vía flamenca” y el triunfo del partido “castellano”. Esto provocó la salida de la mayoría de los consejeros flamencos del entorno del emperador, así como la disminución de su poder dentro de la Casa de Borgoña con la introducción en la misma de gentes de otros reinos, especialmente castellanos, proceso ya iniciado en 1522. Asimismo, María de Hungría trató de reducir el poder de los Stadholders y favoreció el ascenso de letrados en la administración, cuestiones ambas que provocaron las protestas de la nobleza. Sin embargo, estos conflictos no hacían vaticinar los acontecimientos que se iban a desarrollar a lo largo de la década de los 60 y que desembocarían en la Revuelta contra el poder real. ¿Qué pudo suceder para que se llevara a cabo la ruptura de esa articulación e integración de las élites flamencas, fundamento sobre el que se sustentaba la Monarquía en esas tierras?

1.2.- Las relaciones entre los Países Bajos y la Monarquía Hispana durante los primeros años del reinado de Felipe II 1.2.1.- Las luchas faccionales en la Corte de la Monarquía La hegemonía cortesana alcanzada hacia 1530 por el grupo “castellano”, obligó a que los miembros de los grupos desplazados se tuvieran que refugiar en las Casas de la emperatriz Isabel, del príncipe Felipe y de las infantas María y Juana, en las que se seguía practicando la espiritualidad relacionada con la “observancia”141. Debido a ello, el príncipe Felipe creció durante los primeros 7 años de su vida en un ambiente de aceptación de las ideas erasmistas. Cobos y Tavera fueron conscientes de este contratiempo y llevaron a cabo diversos movimientos encaminados a poder controlar ese entorno, como fue la elección como maestro de Felipe de Siliceo, 141

J. MARTÍNEZ MILLÁN, “Corrientes espirituales y facciones políticas...”, p. 116.

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personaje que tenía una mentalidad escolástica similar a la que ellos propugnaban142. Estas maniobras aumentarían de intensidad cuando en 1535 se decidió poner Casa al heredero, con un éxito relativo; aunque consiguieron que esta fuera al modo de Castilla y no al de Borgoña y que se separara a Felipe de la Casa de la emperatriz, no pudieron evitar que los servidores designados fueran de grupos ajenos a ese partido “castellano”. Siliceo fue perdiendo poder y Juan de Zúñiga, ayo del príncipe, le sustituyó por el humanista Juan Calvete de la Estrella en 1539. De este modo, el entorno del futuro monarca siguió estando controlado por humanistas y en él se fue gestando un grupo ajeno a las redes de Cobos y Tavera con sabor a alternancia política, que fraguaría años más tarde. A pesar de este inconveniente, la situación continuó estando controlada por el grupo “castellano”, como quedó patente cuando en 1539 el emperador marchó hacia los Países Bajos para atajar la revuelta de su ciudad natal y dejó a Felipe como regente. Mientras en Castilla las riendas del gobierno las tendría Tavera, apoyándose en personajes como Cobos, Fernando de Valdés, el duque de Alba o Juan de Zúñiga, junto a Carlos V marcharon el regente Juan Rodríguez Figueroa como único consejero de Cámara y Alonso de Idiáquez y Juan Vázquez de Molina como secretarios, siendo los tres “clientes” de Cobos. Sin embargo, este último volvió pronto a Castilla por razones de salud y su lugar lo ocuparía Francisco de Eraso, cambio que tendría una enorme relevancia futura. Para la política exterior, Cobos consiguió establecer una entente cordial con Nicolás Perrenot, mediante un reparto de las tareas; mientras el secretario castellano se ocuparía de los asuntos mediterráneos, el del Franco Condado lo haría con los del Norte de Europa. Este esquema permanecería vigente durante algo más de una década, hasta que fue destruído en dos años fatales para el grupo “castellano”, los transcurridos entre la muerte de Tavera en 1545 y la de Cobos en 1547; en este tiempo fallecerían personajes como Cifuentes, Loaysa, el conde de Osorno y Juan de Zúñiga, así como se produjo la marcha al Imperio del duque de Alba. De este modo, únicamente quedó en Castilla un consejero de cierta enjundia como Fernando de Valdés, personaje de ideas erasmistas que trató de imponerse a las “hechuras” de Tavera aliándose con los secretarios que Cobos había ido colocando en la administración y que se situaban bajo el influjo de Juan Vázquez de Molina.

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Sobre la pugna faccional durante los primeros años de la vida del príncipe Felipe, Configuración, pp. 31-43.

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A su vez, el matrimonio de Felipe con María Manuela de Portugal en 1543 revitalizó el influjo portugués, que había comenzado con la llegada a Castilla de la emperatriz Isabel y su servicio y que continuaría vigente tras la muerte de la princesa portuguesa en 1545143 gracias a la entrada de muchos de sus servidores en otras Casas Reales144; en concreto fueron 43, de los cuales 29 fueron a parar al servicio de las Infantas, 10 a la Casa del príncipe Felipe, tres a la de Juana cuando se le puso casa propia en 1549 y el acemilero mayor Antonio Sarmiento, que fue nombrado gentilhombre de la Casa de Borgoña del emperador. Este círculo portugués sería el germen del futuro partido “ebolista” tras unirse, a través de vías comunes de pensamiento, con los “erasmistas”. Tras los convulsos años finales de la década de los 40 quedaba claro que era necesario reconstruir los grupos cortesanos, realidad que se mostró en toda su crudeza durante los preparativos del Felicissimo viaje que el príncipe Felipe iba a realizar por las posesiones de su futura herencia145. Entre las diversas medidas tomadas por el emperador ante tan prolongada ausencia sobresalieron las de otorgar al príncipe una Casa a la borgoñona y situar como regente en Castilla a su hermana María, casada con el archiduque Maximiliano. El periodo de regencia mostró que la reorganización faccional ya se había llevado a cabo y que existían dos grupos cortesanos con ideas políticas y religiosas contrapuestas; el “partido imperial”, dirigido por Valdés y Vázquez de Molina y compuesto por hombres del emperador, y el “ebolista”, configurado por personajes del entorno del príncipe y aún en proceso de formación. Fue el primero de ellos el que disfrutó del patronazgo durante los años de gobierno de Maximiliano y María, aunque con voces discordantes como las de Fernando Niño, enemigo declarado de Valdés, o Juan Suárez de Carvajal. Mientras, el segundo grupo trataba de hacerse con el control del séquito del príncipe Felipe, adquiriendo una influencia indudable, pese a que el mayordomo mayor que se había puesto a la Casa del heredero era el duque de Alba, contrario a las ideas que ellos propugnaban. 143

F. LABRADOR ARROYO , “La Casa de la emperatriz Isabel” en Carlos V, I, pp. 234-251. ID., “Los servidores de la princesa María Manuela de Portugal” en Ibídem, II, pp. 121-125. 145 Que fue descrito minuciosamente por su maestro Juan Cristóbal Calvete de Estrella, en su El felicissimo viaje d´el muy alto y muy poderoso Príncipe Don Phelippe, hijo d´el Emperador Don Carlos Quinto Maximo, desde España a sus tierras dela baxa Alemana: Con la descripcion de todos los estados de Brabante y Flandes, publicado originalmente en 2 volúmenes en Amberes en 1552 y reeditado en Madrid en 1930 por la Sociedad de Bibliófilos españoles en 2 vols. y, otra vez en Madrid, en el 2000 por la Sociedad estatal para la conmemoración de los centenarios de Felipe II y Carlos V (ed. de P. CUENCA y estudios introductorios de J. L. GONZALO SÁNCHEZ-MOLERO, J. MARTÍNEZ MILLÁN, S. FERNÁNDEZ CONTI, A. ÁLVAREZ-OSSORIO ALVARIÑO y F. CHECA). 144

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La situación no varió en demasía durante los primeros años transcurridos tras el retorno del príncipe a Castilla y, si acaso, se incrementó el poder de Valdés al fallecer Niño el 16 de septiembre de 1552. Sin embargo, el trabajo callado de Éboli y sus partidarios comenzó a rendir frutos, a través de la promoción de una serie de Visitas dirigidas contra sus enemigos que aceleraron el erosionamiento del patronazgo de Valdés y compañía. El avance de los “ebolistas” quedaría patente durante la Jornada de Felipe a Inglaterra en 1554; no solo el entorno que acompañó al nuevo rey de dicho reino estaba integrado mayoritariamente por personajes afines a Éboli, sino que como regente en los reinos peninsulares quedaba la infanta Juana, deudora de sus mismas ideas gracias a su educación humanística y a su defensa de la Compañía de Jesús146. Sin duda, la estancia del príncipe en Inglaterra supuso el traspaso de poderes tanto entre el emperador y su heredero como en las facciones cortesanas, a través, sobre todo, de la acción consensuada de Éboli y Eraso. En primer lugar, buscaron dominar la gracia a través de la Cámara, para lo cual Eraso atrajo a Pedro del Hoyo, oficial de Vázquez de Molina, mientras se introducía en la misma a Menchaca, afín a Éboli. Asimismo, Eraso consiguió reducir la influencia de Granvela, su enemigo acérrimo desde que le acusara de apropiarse de un dinero de la hacienda real junto al barón de Montigny147, con el regreso a Castilla de sus “clientes” Figueroa y Briviesca de Muñatones. A continuación, trataron de hacerse con el control de los asuntos de Estado, propiciando el envío del duque de Alba a Italia como gobernador de Milán y virrey de Nápoles. El éxito en este campo no fue automático, aunque la reforma del Consejo de Estado y los nuevos nombramientos de 1556 llevaron a Éboli a afianzar su preponderancia. Eraso, por su parte, incrementó su poder al ser nombrado secretario de los Consejos de Hacienda y de Órdenes en abril y escribano de Finanzas en mayo, consolidándose aún más cuando en septiembre se le encomendó la supervisión de todos los despachos enviados al monarca desde Castilla. Mientras esto sucedía en el Norte de Europa, en la Península Ibérica se libraba la misma batalla con idéntico resultado. Aunque Valdés y Vázquez de Molina aún conservaron cierto poder en la administración, las Casas de Juana y del príncipe Carlos quedaron bajo influencia de Ruy Gómez, gracias a ser deudos suyos los dos mayordomos mayores, García Álvarez de Toledo y Antonio Rojas. Valdés, pese a ser Inquisidor General, fue perdiendo poder dentro de la propia Inquisición y Felipe II le conminó a que se dirigiese a su arzobispado sevillano tras negarse a apoyar 146

Sobre su espiritualidad, J. MARTÍNEZ MILLÁN, “Familia real y grupos políticos: La princesa doña Juana de Austria” en ID. (dir.), La Corte de Felipe II..., pp. 84-88. 147 P. D. LAGOMARSINO, op. cit., p. 23.

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recaudaciones de dinero en Castilla para usarlas en las guerras contra Francia, al estar éstas dirigidas por los “ebolistas”. Su reacción, y con él la de todo el “partido imperial”, fue furibunda, y tras negarse a obedecer la orden real organizó su defensa en base a un ataque a la raíz de la que manaba el poder del partido predominante en la Corte, su espiritualidad, siendo el primer damnificado de esta nueva estrategia el arzobispo de Toledo, el dominico fray Bartolomé de Carranza148. Para poder llevar a cabo su plan, Valdés contó con la ayuda del confesor real fray Bernardo de Fresneda que, pese a deber su ascenso cortesano a los “ebolistas”, defendía unas ideas cercanas a la facción contraria y se había enfrentado con Carranza por conseguir la cercanía al rey149. Tras la caída del arzobispo de Toledo, se persiguió a algunos jesuitas como Francisco de Borja, que tuvo que huir a Portugal, quebrando de esta manera su alianza con la regente Juana. Pese a estos movimientos, el retorno de Felipe II a la Península Ibérica en 1559 parecía significar el afianzamiento de la hegemonía ejercida en la Corte por la facción encabezada por Ruy Gómez, como se pudo apreciar en las Cortes de Toledo de 1560. El alejamiento de la Corte de personajes contrarios a su política como el duque de Alba, Granvela o Juan Vázquez de Molina así lo parecían indicar. Sin embargo, la realidad era bien distinta, ya que sus ideas políticas y religiosas no eran las adecuadas para poder implantar el nuevo rumbo político, social y religioso que Felipe II había decidido para la Monarquía y que conocemos con el nombre de Confesionalización150. La Confesionalización fue una revolución política e ideológica, que no finalizó hasta pocos años antes de la muerte del monarca. Se basaba en aplicar un estricto sistema de creencias sociales, para lo cual era necesario reformar y centralizar la administración favoreciendo la configuración de la instituciones que la componían, y en una rígida articulación y control del estamento eclesiástico por la Corona, lo que implicaba la búsqueda de una reforma religiosa para evitar herejías en sus posesiones.

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Sobre este personaje y su proceso hay multitud de bibliografía. Baste citar J. I. TELLECHEA IDÍGORAS, Fray Bartolomé de Carranza y el cardenal Pole. Un navarro en la restauración católica de Inglaterra (1554-1558), Pamplona, 1977 para estos años cruciales. 149 H. PIZARRO LLORENTE, “El control de la conciencia regia. El confesor Fray Bernardo de Fresneda” en J. MARTÍNEZ MILLÁN (dir.), La Corte de Felipe II..., pp. 149-169. 150 Configuración, pp. 81-98. Sobre la evolución histórica de este concepto, U. LOTZHEUMANN, “The Concept of “Confessionalization”: A Historiographical Paradigm in Dispute” en Memoria y Civilización: Anuario de Historia, 4 (2001), pp. 93-114 y J. I. RUIZRODRÍGUEZ e I. SOSA MAYOR, “El concepto de la “Confesionalización” en el marco de la historiografía germana”, Studia Historica. Historia Moderna, 29 (2007), pp. 279-305. Sin duda, el debate no está aún cerrado, como lo demuestra el monográfico que le ha dedicado la revista Manuscrits. Revista d´Historia Moderna, 25 (2008) con el título de “Confesionalización y disciplinamiento social en la Europa Católica (siglos XVI-XVIII)”.

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Este proyecto ocasionó numerosos conflictos políticos en diferentes territorios de la Monarquía y originó una dura pugna con Roma, que consideraba su jurisdicción universal y no estaba dispuesta a ceder porciones de la misma fácilmente. Sin duda, las ideas “ebolistas” no eran válidas para aplicar estos principios y Felipe II tuvo que buscar otros personajes en quien apoyarse para poder llevarlos a cabo. Llegados a este punto, conviene recapitular brevemente la visión que defendían “ebolistas”151 e “imperialistas”, cuyo testigo ideológico tomarían los “albistas”, tanto de la Monarquía como de las Casas Reales y de la religión. El primer grupo defendía que la Monarquía debía ser “múltiple” o “compuesta”, como había sucedido en varios momentos a lo largo del reinado de Carlos V, lo que implicaba la ausencia de instituciones comunes a todos los reinos, que estarían unidos únicamente por pertenecer al mismo príncipe y con la Corte como elemento integrador. De esta manera, personajes de todos los reinos podrían acceder a la fuente de gracia, que era el soberano, y ocupar cargos no solo en sus propios territorios sino también en otros o en el propio entorno del monarca. Por el contrario, los “imperialistas” defendían una monarquía “articulada” en la que la armonía del cuerpo político se fundamentara en la jerarquía de los reinos, a cuya cabeza debía situarse Castilla. Por lo tanto, era necesario rebajar la “independencia” de cada dominio a través de un proceso de institucionalización que separara lo político (gubernaculum) de lo jurisdiccional (jurisdictio)152. Lógicamente, la postura de ambos partidos ante la configuración de las Casas Reales estaba clara; mientras los “ebolistas” defendían la presencia en las mismas de personajes de todos los reinos que componían la Monarquía para que, al igual que había sucedido con Carlos V, la Casa de Borgoña sirviera como elemento integrador de todas las élites territoriales, los “imperialistas” defendían que las Casas del rey debían estar ocupadas por las principales élites castellanas, como correspondía al reino más importante de la Monarquía. Un ejemplo perfecto de esta visión resulta el hecho de que el duque de Alba, mayordomo mayor de la Casa de Borgoña del rey, no contempló en

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Sobre este grupo, J. MARTÍNEZ MILLÁN, “Grupos de poder en la Corte durante el reinado de Felipe II: la facción ebolista, 1554-1573”, en J. MARTÍNEZ MILLÁN (Ed.), Instituciones y élites de poder..., pp. 137-197. 152 M. RIVERO RODRÍGUEZ, "El Consejo de Italia y la territorialización de la monarquía (1554-1600)" en E. BELENGUER CEBRIÀ (coord.), Felipe II y el Mediterráneo, Madrid, 1998, III, pp. 97-113.

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ningún momento conceder oficio palatino alguno dentro de las mercedes que propuso en 1569-1570 para aquellos flamencos que no se habían rebelado contra Felipe II153. En cuanto a la religión, los “ebolistas” defendían una espiritualidad “mística”, que estudiaba la teología buscando una renovación de la fe y que propugnaba la oración mental y la contemplación. De igual manera, abogaban por una reconversión pacífica al catolicismo de aquellos lugares que habían renegado anteriormente, adoptando un talante transigente y humanista. Sin duda, la Compañía de Jesús era la orden religiosa que mejor se ajustaba a estos preceptos, como así defendieron tanto los miembros del círculo portugués de la Corte de la Monarquía como varios miembros de la familia real hispana, caso de doña Juana, don Juan de Austria, Margarita de Parma o Alejandro Farnesio, y un numeroso grupo de nobles, entre los que podemos contar a los Mendoza, a los de la Cerda o duques de Medinaceli, al marqués de Mondéjar, al conde de Feria,... Por último, también entre el clero despertó simpatías la Compañía, comenzando por Carranza y siguiendo con otros insignes religiosos como Gaspar de Quiroga, sucesor en el arzobispado de Toledo del dominico navarro, el cardenal Espinosa al inicio de su carrera o el propio cardenal Tavera en los últimos momentos de su vida. Una vez fueron conscientes de que su religiosidad no se adaptaba a lo demandado por Felipe II para llevar a cabo la Confesionalización, los jesuitas trataron de ajustar su espiritualidad y se comisionó al padre mallorquín Jerónimo Nadal desde Roma para que procurara dejar claras las diferencias entre la religiosidad de la Compañía y la de los “alumbrados” y otras corrientes heréticas. Se reprendió a algunos místicos jesuitas, se revisaron los libros existentes en sus bibliotecas y se fijaron las lecturas adecuadas, aunque no fue suficiente154. Por el contrario, sus oponentes eran firmes defensores de la orden de los dominicos y de todos aquellos que defendían una teología más intelectual y menos vivencial, en donde las corrientes eran más fáciles de controlar y, por tanto, se ajustaban mejor a las necesidades que implicaba esa Confesionalización. Debido a ello, hicieron lo posible por suprimir las corrientes espirituales en las que dominaba el sentimiento y la vivencia individual, proceso que comenzó en los últimos años de Fernando de Valdés como Inquisidor General, no solo con las persecuciones a Carranza y los jesuitas, sino también con la publicación del Catálogo de libros prohibidos de 1559, aunque no debemos desligar estas actuaciones de sus intereses políticos. Sería Diego de Espinosa

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Sobre este asunto, nuestro artículo, “La concesión de mercedes en los Países Bajos durante el gobierno del duque de Alba. La importancia del control del gobierno de las ciudades y de las provincias”, en J. BRAVO LOZANO (ed.), Espacios de poder: Cortes, ciudades y villas, Madrid, 2002, I, pp. 187-215. 154 Configuración..., p. 83.

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quien culminara este proceso de implantación de una ideología ortodoxa con el que se quebraba la transigencia ideológica y religiosa en la que se había criado Felipe II y que, en algunos momentos, fue preponderante en su Corte155. La nueva deriva ideológica de la Corte de Felipe II llevó a que la influencia “ebolista” fuera decayendo tras la fijación de la capitalidad en Madrid en 1561, medida que también podemos encuadrar dentro del proceso de Confesionalización, en detrimento de un nuevo grupo de poder, apadrinado por el III duque de Alba, cuyas ideas se adecuaban más a ese proceso. Los personajes asociados a Ruy Gómez comenzaron a ser desplazados de los oficios y basten como ejemplos los del propio Éboli, cuyo declive comenzó el 11 de agosto de 1564 al ser nombrado mayordomo mayor de la Casa del príncipe don Carlos, lo que le relegó en el ámbito cortesano, o Eraso, al realizarse una Visita al Consejo de Hacienda que él dominaba. La decisión, tomada en abril de 1565, de enviar al duque de Alba al frente de la comitiva que debía acompañar a la reina Isabel de Valois a reunirse con Catalina de Médicis en las vistas de Bayona, certificó la mudanza cortesana. Sin duda, el triunfo de este grupo político tendría un influjo decisivo en el estallido de la Revuelta de los Países Bajos.

1.2.2.- La ruptura de la integración de las élites flamencas en la Monarquía Hispana de Felipe II (1555-1566) 1.2.2.1.- La Corte del monarca Cuando Felipe II llegó al trono heredó una entidad política inédita y carente de estructuras comunes en la cual los diferentes territorios se veían privados de la presencia física de su Príncipe, máxime cuando el monarca decidió situar definitivamente la capital en Madrid156. Para poder gestionar su herencia, el “Rey Prudente” decidió que continuara en vigor el exitoso modelo que había utilizado su padre para mantener unidos todos esos reinos, cual era integrar en su servicio a las élites territoriales de sus diferentes dominios. Para ello, además de usar sus propias Casas de Castilla y Borgoña, pudo valerse de otros servicios como los de sus hermanos don Juan de Austria y doña Juana, su hijo don Carlos, su mujer Isabel de Valois y los diferentes Archiduques que se vinieron a educar a Castilla. Este panorama se alteraría a los pocos años, ya que pronto se impusieron en la Corte las ideas de esas élites castellanas que propugnaban una hegemonía de lo 155

J. MARTÍNEZ MILLÁN, “En busca de la ortodoxia: el Inquisidor General Diego de Espinosa” en ID. (dir.), La Corte de Felipe II..., pp. 196-227. 156 Para este proceso, ID., “La integración de las élites ciudadanas castellanas en la Monarquía a través de la Casa Real”, en Felipe II, I, pp. 645-685.

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castellano en el conjunto de la Monarquía. Su triunfo supuso que los miembros de esas élites pasaran a ocupar los principales oficios de las Casas del rey, mientras los servicios de los demás miembros de la familia real quedaban para las facciones castellanas y de otros reinos que no conectaban con las ideas que estos patrocinaban. Fruto de este proceso fue la distorsión que se produjo en los fundamentos en los que se había basado la construcción de la Monarquía con Carlos V y la aparición de una grave contradicción: el modelo “oficial” de Casa era el de la Dinastía, casa de Borgoña, en vez de la del reino, Castilla, que había contribuido a articularla. Esa contradicción cobró especial relevancia en lo referente a las élites flamencas, pues la ruptura en el acceso al monarca provocó malestar entre aquellos que habían tenido contacto directo con el emperador pocos años antes. Junto a ese descenso significativo de sus posibilidades de medro y de acceso a oficios palatinos, se les exigía que contribuyeran financieramente a sostener unas guerras que les eran indiferentes en muchas ocasiones e, incluso, que ayudaran a mantener un sistema que les excluía. Sin duda, era muy difícil gobernar sin la ayuda de esas élites157 y esa ruptura puede ser considerada como uno de los principales motivos del inicio de la Revuelta. Ya el primer servicio que se puso al príncipe Felipe en 1535 se había formado de acuerdo al modelo castellano y con una gran mayoría de servidores de ese reino, recurriendo al consejo de Gonzalo Fernández de Oviedo, criado del príncipe Juan (hijo de los Reyes Católicos) cuando se le puso servicio en 1496158, debido a la ausencia de textos normativos. Pese a esta hegemonía de lo castellano, los grupos desplazados del poder pudieron incluir parte de los protocolos borgoñones y portugueses en los usos diarios del ceremonial, por lo que no se generaron demasiadas protestas159. Este primer servicio era muy reducido y no sería hasta el fallecimiento de la emperatriz Isabel en 1539 cuando se constituyera la Casa de Castilla del heredero en todo su esplendor, introduciéndose en ella algunos criados de su madre. Posteriormente, en concreto en 1543, se produjo una nueva reorganización de la misma ante la marcha de Carlos V de Castilla, con la intención de reducir el gasto y algunos oficios superfluos. Pese a estos ajustes, estaba claro que la dimensión del servicio se iba a tener que incrementar para poder adecuarse a la relevancia que tenía el heredero de un imperio de tal magnitud; la 157

Como expresa H. KOENIGSBERGER en su artículo “Patronage, Clientage and Elites...”, p. 128, “The government of Philip II in the Netherlands, like all early modern governments, depended ultimately on the co-operation of the local elites”. 158 G. FERNÁNDEZ DE OVIEDO, Libro de la Cámara Real del Príncipe don Juan e offiçios de su casa e serviçio ordinario, Madrid, 1870. 159 S. FERNÁNDEZ CONTI, “La organización de la Casa del príncipe Felipe (1535-1546)” en Carlos V, II, pp. 97-121. El listado de los componentes de la misma en Ibídem, V, pp. 99-105.

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muerte el 27 de junio de 1546 de Juan de Zúñiga, ayo y mayordomo mayor desde 1539, inició tal proceso. La certidumbre del emperador de que el servicio a la castellana no iba a ser aceptado por las élites del resto de sus reinos y la necesidad de superar el restringido marco que este suponía, hicieron que a comienzos de 1548, y de cara al inminente viaje que el príncipe Felipe iba a realizar por los territorios europeos, se decidiera establecer una Casa de Borgoña para el príncipe. El encargado de tal tarea fue el propio mayordomo mayor de la casa de Borgoña del Emperador, el insigne castellanista III duque de Alba, que fue nombrado mayordomo mayor de las nuevas Casas del heredero de Borgoña y de Castilla160. Desde esa importante atalaya, Fernando Álvarez de Toledo intentó controlar los nombramientos, pero fue incapaz de construir en torno al heredero una red de influencia suficiente que garantizara su acceso al futuro soberano, ya que para ello necesitaba disfrutar de su gracia, pero, como hemos podido ver, era Ruy Gómez quien gozaba de ella. En líneas generales, la estructura de esta nueva Casa de Borgoña del príncipe coincidía con la adaptación que el emperador había realizado de la suya. De hecho, se le incorporaron cuerpos propios de las tres guardas de la Casa de Borgoña, lo cual constituyó una novedad, pues hasta ese momento el príncipe y otros miembros de la familia real con servicio propio habían usado los cuerpos pertenecientes a la Casa del emperador, excepto la guarda de Corps que solo protegía al soberano, en especial la Guarda Vieja, sección de la guarda Española. El problema vino cuando Felipe II accedió al trono, ya que se tuvieron que fusionar su guarda y la de su padre, quedando muchos de sus miembros fuera de esta unificación. Desde ese momento, se decidió que ese desdoblamiento no se iba a volver a producir, medida que fue favorecida por la decisión de establecer de manera permanente la capital en Madrid y la consiguiente reducción de las Jornadas reales. La Casa de Castilla, por su parte, vio disminuidas sus atribuciones y número de servidores en detrimento de la de Borgoña, pero no se apreciaron quejas de las élites castellanas, pues esta última sufrió, al igual que había sucedido años antes con la de Carlos V, una fuerte “hispanización”. La masiva entrada de hispanos en la Casa de Borgoña del príncipe provocó que el número de servidores flamencos resultara muy bajo, incluso tras la incorporación de algunos nuevos durante su estancia en los Países Bajos, lo que no se correspondía con 160

Sobre el proceso de formación, S. FERNÁNDEZ CONTI, “La introducción de la etiqueta borgoñona y el viaje de 1548-1551” en Ibídem, II, pp. 210-225. En cuanto a los componentes de la misma, Ibídem, V, pp. 105-115.

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las pautas que habían regido el servicio de Carlos V. Así, nos encontramos con 7 gentilhombres de la boca, sobre un total de 73, como eran Louis de la Troilliere, Baudoyn de Blois, Adrien de Bailleux, Jean de Beaufremont, Antoine de Rubemprey, François de la Baume, Maximilian Longueval y posiblemente lo fuera también Jacques de Chaerhon. En cuanto a gentilhombres de la casa, solo 8 de 86 eran de los Países Bajos, a saber, Charles Pinelot, Philippe de la Douve, Francisco de Haeften, Jerónimo de Mol, Charles vander Noot, Jehan de Gilley, Geri de Brecht y Juan de Verluzey. En la caballeriza, por su parte, estaría Claude Morillon como heraldo de armas siguiendo la tradición borgoñona de este oficio, como costilleres Philippe Schoonhoven y Adrien de Berghes y como pintor Cristiano de Amberes. En los oficios llama la atención la cocina, pues eran flamencos el cocinero mayor Periquín Faschet y los tres cocineros Gil de Mes, Juan de Myedes y Nicolás Jamart, así como el bujier Hernando de Haller. Junto a ellos, en la cava aparece como sota ayuda Miguel de Namur y en la botica como boticario Juan Jacques Arigón y como ayuda Juan Arigón. Por lo que respecta a la cámara, como gentilhombre estaría Jehan de Glymes, II marqués de Berghes, como ayuda Jacques de Vandenese, como ujier Francisco Lallemand y el contralor Jehan de Vandenese. Por último, como criado de la furriera nos encontramos a Juan Sigoney. Es decir, un total aproximado de 32 flamencos más los pertenecientes a la guarda de Corps, integrada por 50 archeros, capitán, teniente, capellán, furrier y trompeta, que eran íntegramente de dicha nación por sus especiales connotaciones. Sin duda, el porcentaje sobre el total de servidores era muy pequeño y con presencia inexistente en secciones como la capilla, en donde se dio preponderancia a la Casa de Castilla. Además, estos flamencos no aparecían en los cargos superiores de la casa, siendo el conde de Horn como capitán de los archeros y el marqués de Berghes como gentilhombre de la cámara quienes tuvieron los más destacados. Estas carencias se intentaron subsanar durante los meses que siguieron al acceso de Felipe al trono, a través de la incorporación de una serie de criados flamencos a su servicio, algunos de los cuales provenían de la casa de su padre mientras que otros eran de nuevo cuño161. Especial relevancia en este proceso tendría la capilla162, en la cual el

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Para los componentes de la Casa de Borgoña de Felipe II, Felipe II, II, pp. 521-566. Sobre la capilla de los Austrias, J. J. CARRERAS y B. J. GARCÍA GARCÍA (eds.), La Capilla Real de los Austrias: música y ritual de Corte en la Europa moderna, Madrid, 2001. Así mismo, E. VANDER STRAETEN, La musique aux Pays-Bas avant le XIX siècle, 8 vols., Bruxelles, 1867-1888, ed. facsímil en 4 vols., New York, 1969, P. BECQUART, Musiciens néerlandais à la cour de Madrid. Philippe Rogier et son école (1560-1647), Bruselas, 1967, L. ROBLEDO ESTAIRE, "La Capilla Real entre Felipe el Hermoso y Felipe II: su influencia en la música española" en W. THOMAS y R. A. VERDONK (eds.), Encuentros en Flandes, Lovaina,

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sector borgoñón era el más afamado de Europa debido al prestigio que conservaba la música franco-flamenca gracias a la excelencia de sus cantores y compositores, por lo que tendría una mayor entidad cuando se produjo la unión de las Casas de Castilla y Borgoña de Carlos V y del príncipe Felipe. La capilla flamenca del emperador mantuvo hasta cierto punto su personalidad, pues fue registrada sistemáticamente como “capilla flamenca” en los roolos, diferente a la “capilla española” proveniente de la Casa de Borgoña del príncipe Felipe. Sin duda, la presencia de flamencos en esta sección fue importantísima durante todo el reinado de Felipe II, pero se produjeron una serie de cambios que influyeron notablemente en su relevancia. El personal de la capilla debía proceder de las élites de los reinos que estaban comprometidos con la ideología religiosa que se intentaba propugnar, ya que esta sección de la Casa imponía la conducta que debía seguirse en la Corte163. Entre 15561561 se produjeron numerosos nombramientos de capellanes y predicadores apoyados por los grandes patronos cortesanos, recogiendo las diversas corrientes espirituales existentes para así integrar la herencia recibida. Sin embargo, los cambios cortesanos que tuvieron lugar durante esos años propiciaron que los nuevos nombramientos recayeran en familiares de los letrados castellanos que ocupaban cargos en los Consejos y personal relacionado con la Inquisición, para así poder llevar a cabo el proceso de Confesionalización. De esta manera, los flamencos fueron quedando relegados al sector musical y a sus diferentes oficios como maestro de capilla, tenientes de maestro de capilla o cantorcicos. Es significativo en este proceso el relevo de limosnero mayor, cargo que estaba supeditado al de capellán mayor pero que era el responsable directo de la capilla en todos los asuntos cotidianos, que tuvo lugar en julio de 1556 cuando Oudart Bersacques, procedente de la Casa de Carlos V, fue sustituido por Lupercio de Quiñones. De igual manera, tendió a disminuir el número de flamencos que sirvieron como capellanes de altar, siendo superados por los hispanos unos años más tarde. Fuera de la guarda y de la capilla, observamos que otro núcleo importante de flamencos se encontraría entre los gentilhombres de la boca. Procedentes de la casa del príncipe estarían los 7 que ya ejercían como tal, aunque Baudoin de Blois solo lo hizo en 1556, más la incorporación de Adrien de Berghes tras ser ascendido desde el oficio de costiller. Jean de Ligne, conde de Aremberg, se incorporaría al servicio desde la Casa del emperador y de nuevo cuño aparecerían Pierre de Peloux, señor de Vercel, Philippe 2000, pp. 291-310, donde hace referencia a bibliografía sobre el asunto, y L. ROBLEDO ESTAIRE y H. PIZARRO LLORENTE, “La capilla” en Felipe II, I, pp. 143-225. 163 J. MARTÍNEZ MILLÁN y H. PIZARRO LLORENTE, “La capilla real: integración social y definición de la ortodoxia religiosa” en Ibídem, I, pp. 517-544.

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de Lannoy, el conde de Luxemburgo, Charles de Lannoy, señor de Mingoval, Antoine de Lalaing, conde de Hooghstraeten, Maximilien de Gante, barón de Rassinghien, Fredèric Perrenot, señor de Champagney, y Jehan de Sainte-Aldegonde, señor de Selles –en este caso por su condición de teniente de la guarda, a la que iba aparejada siempre una plaza de gentilhombre de la boca-. Como gentilhombres de la casa nos encontramos a un nutrido grupo de servidores que habían tenido el mismo oficio en la Casa del príncipe, caso de Philippe de la Douve, Juan de Verluzey, Charles vander Noot, Jerónimo de Mol, Francisco de Haeften, Geri de Brecht y Jehan de Gilley, siendo ascendido Philippe Schoonhoven desde el oficio de costiller. Procedentes de la Casa del emperador, y que habían ocupado en ella el mismo oficio, estarían Jehan de Mol, Andrés de Wassenaar, Charles de Amerstorf y Philibert de Chassey, mientras que Pierre de Morbecque había sido gentilhombre de la boca y Charles de Longastre y Jehan Baptiste Dandelot costilleres. Por último, de nuevo cuño serían Gerard de Watteville, Arnould de Groninghen, Godefroy de Warembourg, Philippe van den Merre, Philippe de Wignacourt, Prospère de Lalaing y Jehan van Steeweghe. En la caballeriza nos encontramos como correo mayor a Raimundo de Tassis, a Venant du Bois como correo, a Michiel de Hun y Estienne la Jonchiere como maceros, a Pedro de Vernoys y Claude Marion como reyes de armas, a Henry Colin como frenero, a Juan y Daniel de Malinas como armeros y a Cristiano de Amberes, que seguía siendo el pintor. Por lo que respecta a los pajes, oficio que tenía cierta importancia para el futuro de la Casa pues en él se ocupaban jóvenes de entre 10 y 20 años que se dedicaban al aprendizaje cortesano y al servicio y acompañamiento de los reyes fuera de palacio y en la capilla especialmente, significativamente solo aparece Gilbert Villain, barón de Rassenghien, entre los 25 poseedores de ese cargo que conocemos. La promoción natural de los pajes solía ser al oficio de costiller, donde aparecen 4 flamencos que ya habían ejercido como tales en la Casa del emperador, a saber, Juan de Brancion, Philippe de Chasteau, Arnould de Binielsberg y Frèderic Papenham. Por lo que respecta a los oficios, como ayuda de la panetería estaría Cornelio Clerhaghen, Jehan Renault como panadero, Miguel de Namur como sota ayuda de la cava, Hernando de Haller como bujier y luego aguador, Pierre de Loncourt como pastelero, Juan Arigón como ayuda de botica, Jehanin Nicolay como tapicero, Gery Jehan como mozo de tapicería, François de Valere como ayuda de guardajoyas y tres ayudas de cocina. Hugues Cousin, por su parte, sería aposentador de la casa. La furriera

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estaría dirigida por François Hannart y en ella aparecerían algunos servidores flamencos pero en número reducido. Por último, en la cámara habría un gentilhombre, el marqués de Berghes que ya había ejercido como tal en la Casa del príncipe, el cirujano Frank van Utrecht, los contralores Jehan de Vandenesse y Jehan Sigoney, que fue grefier con anterioridad, el ayuda Jacques de Vandenesse y el ujier Jehan Baudoin. Sin duda, el número y porcentaje de personajes flamencos y borgoñones se había incrementado con respecto a los que habían formado parte de la Casa del príncipe, especialmente en los oficios de gentilhombres de la casa y de la boca y en la capilla. Sin embargo, si observamos detenidamente sus nombres y oficios nos encontramos con dos cuestiones que llaman poderosamente la atención y que suponían una ruptura importante con respecto a lo acaecido en época de Carlos V; en primer lugar, no había apenas flamencos en oficios de relevancia, sobresaliendo únicamente el capitán de la guarda de Corps, que siempre debía ser flamenco, y un gentilhombre de la cámara pero sin aparecer ningún mayordomo, limosnero mayor, sumiller de corps, caballerizo,... En segundo lugar, se dejó fuera del servicio del nuevo monarca a significativos nobles flamencos que habían ocupado cargos relevantes en el servicio de Carlos V, por lo que casi toda la flor y nata de la aristocracia de aquellas tierras quedaba fuera del acceso a la fuente prístina de gracia. Este fue el caso, entre otros, de los caballerizos mayores Jehan de Hénin-Lietard, conde de Boussu, y del señor de Dandelot, del capitán de la guarda Charles de Brimeu, conde de Meghem, de los gentilhombres de la cámara Orange, Lamoral de Egmont o Floris de Montmorency, señor de Hubermont, del de la boca Pierre-Ernest de Mansfeld o del de la casa Henry de Brederode. Es cierto que la idea del príncipe era la de fundamentar su reinado en nuevos personajes y clientela propia para tratar de evitar la influencia de los consejeros de su padre, pero resulta significativo que ningún flamenco formara parte de esa nueva clase dirigente. Aunque se trató de contentar a estos personajes con otra serie de mercedes, se estaba cortando uno de los principios básicos sobre los que se habían organizado los heterogéneos territorios de Carlos V: el uso de su Casa de Borgoña como pieza fundamental de integración de las élites territoriales. La situación se agravaría aún más tras la marcha de Felipe II de los Países Bajos en 1559, ya que en los años anteriores a la Revuelta hubo escasos nombramientos de flamencos para la Casa del monarca, destacando únicamente los del gentilhombre de la boca Oudart de Bournonville, antiguo paje de Carlos V, el de la casa Philippe de Lalaing y otros oficios menores. 69

Tras los primeros momentos del levantamiento flamenco, se intentó paliar esta situación con nuevas incorporaciones en los cargos de gentilhombres de la casa, de la boca, costilleres y pajes, aunque nunca de forma sistemática ni en los oficios más importantes. Especialmente relevantes fueron los nombramientos en 1567164 tras comprobar la actitud de obediencia de estos personajes, y, aunque esta medida no acabó con la Revuelta, permitió ir generando una clientela que, a la larga, permanecería fiel al monarca165. Mención especial merece la evolución durante estos años de la guarda de archeros de Corps, por representar como ninguna otra sección de la Casa la nueva situación que se estaba viviendo. Desde su incorporación a la Casa de los monarcas hispanos en 1502 había ejercido una triple función: defensa e integridad de la persona real, participación en el complejo entramado que suponía la aparición pública del monarca y, como no, espacio integrador de las élites territoriales flamencas en la Casa Real166. Los archeros, según las ordenanzas de 1589167, debían ser “nobles vasallos nuestros originarios de nuestros Estados de los Payses Bajos y Condado de Borgoña y si aconteciere que alguno de los que pretenden plaça en la dicha compañía no fuese noble, siendo hijo de padres honrados, y sin nota de infamia, dispensamos a que sea admitido habiéndonos primero servido por lo menos seis años en la guerra”. Además, “Que de aquí adelante no sea admitido en la dicha Compañía ningún oficial mecánico, o vil, y se procurará todo lo posible, que los que se recibieran demás de las calidades arriba dichas, sean de buena presencia, sanos de miembros, y sin falta en sus cuerpos, ni cobardes, ni ayan recibido afrenta alguna, y que sean de edad de veinte y cinco a quarenta años”. Sin embargo, ya estas ordenanzas no obviaban la realidad que estaba viviendo el cuerpo y

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Aunque hay dificultades para conocer los componentes exactos de la casa entre 1559 y 1567 y sus fechas de ingreso, hay casos de nombramientos en 1567 que he podido comprobar como el de Charles de Tisnacq, Gilles de Berlaymont, Gerard de Watteville o Guy de Brecht. 165 Aunque hay que tener en cuenta que la pertenencia al servicio del monarca no eximió a algunos flamencos de participar en la Revuelta, como fue el caso de Horn, del gentilhombre de la cámara marqués de Berghes, de los de la casa Jehan de Mol y Charles vander Noot o del ayuda de cámara, y cliente de Éboli, Jacques Vandenesse. 166 Sobre la evolución de las funciones de la guarda de Corps, nuestra artículo “La “Noble Guarda de Archeros de Corps” en el contexto de la Casa Real de los monarcas Austrias Hispanos” en R. VERMEIR, R. FAGEL y M. EBBEN (eds.), Agentes e identidades en movimiento: España y los Países Bajos, siglos XVI-XVIII, Madrid, 2011, pp. 191-230. 167 Publicadas en Felipe II, II, pp. 830-832. Para un análisis pormenorizado de estas ordenanzas, así como de las de 1626 y 1634, E. MARTÍNEZ RUIZ, "Presencia de Borgoña y de los Países Bajos en la Corte madrileña: la compañía de archeros de la guarda de Corps (1589-1635 aprox.)", Madrid, revista de arte, geografía e historia, 5 (2002), pp. 52-64. No hay constancia de unas ordenanzas anteriores.

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que iba a tomar un cariz mucho más preocupante en años posteriores: la pérdida de lustre y de condición social de sus miembros168. Aunque el conocimiento de los integrantes de la guarda durante el reinado de Carlos V es mucho más complicado que para los años posteriores al no conservarse más que roolos sueltos169, mientras que desde 1553 en adelante se conservan prácticamente íntegros170, podemos considerar que su condición social, en general, fue mucho más elevada de lo que sería posteriormente. Por lo que respecta a los capitanes, nos encontramos con que durante el reinado de Felipe I fueron personajes nobles pero que no pertenecían a las familias de mayor alcurnia de Flandes y tampoco gozaban de una gran importancia política como fue el caso de Roddick, bastardo de Antoine de Lalaing, Claude de Salins o Louis de Vauldry. El puesto, sin embargo, se revalorizó con Carlos V, que nombró a algunos capitanes procedentes de las grandes familias flamencas que utilizaron en muchas ocasiones el puesto como trampolín para su ulterior vida cortesana. Este fue el caso de Maximilianne de Lannoy, el señor de Corrières o Charles de Brimeu, conde de Meghem, aunque otros fueron de menor alcurnia como el señor de Habbarcq. Perteneciente a una familia de menor entidad que los Brimeu o Lannoy era Philippe de Montmorency, conde de Horn171. Por lo que respecta a los tenientes, desconocemos la fecha de creación de este cargo y el primero del que tenemos constancia es el señor de Archmont, que lo fue durante la capitanía del señor de Corrieres (1538-1549) aunque ignoramos en qué 168

En concreto, trata el asunto en su artículo 11, “Y porque entre los cien Archeros que ay de presente en la dicha guarda, ay algunos que no tienen las calidades que se requieren, mirar se ha en que poderles ocupar para acomodarlos fuera de la dicha Compañía, en la qual es nuestra voluntad, que se reciba de nuevo Archero alguno que no tenga las calidades y partes arriva dichas, y que preceda siempre la información dicha”. 169 Así, los publicados por Gachard, en su Collection des voyages..., de 1517 (II, pp. 509-510), 1521 (II, pp. 517-518) y 1534 (III, pp. 395-396) o su listado de lo que quedó a deber a personajes de la Casa desde 1520 a 1531, donde aparecen varios archeros (III, pp. 313-314). De igual manera, se conserva el de 1523 (AGR, MD, 391/17), el del 24 de septiembre de 1532 (AGR, Audience, reg. 24) o desde 1543 hasta el final del reinado de Carlos V en el “Roolle des seigneurs, gentilzhommes, officiers et autres persones qui estoient competes par les escroez de la maison de l´empereur Charles Cinquieme de ce nom, Roy des espaignes, Archiduc d´Austrice, duc et conte de Bourgoigne, etc. Le premier jour de janvier XVCXLIII, et de ceulx qui ont estez depuis receuz, et aussi cessez, fut par mort ou autrement jusques au jour” publicado en Carlos V, V, pp. 248-257. 170 Los roolos de la guarda de Corps se encuentran en AGP, Reg. 5729 (abarca de 1553 a 1580), 5730 (1584-1621), 5731 (1622-1666) y 5732 (1666-1693). 171 Sobre los capitanes de la guarda de Corps de los Austrias, sus biografías e influencia en la guarda, nuestro artículo “Una élite flamenca en el servicio del monarca: los capitanes de la guarda de archeros de Corps” en E. SORIA MESA y J. M. DELGADO BARRADO (eds.), Las élites en la época moderna. La Monarquía Española, Córdoba, 2009, III, Economía y poder, pp. 107-124.

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fecha172. Eran nobles de segundo orden que se encargaban del funcionamiento de la unidad cuando el capitán estaba ausente y eran elegidos, en un primer momento, por los propios capitanes que, lógicamente, se valían de sus “hechuras”; tal fue el caso de Guillaume de Flory, promocionado por el conde de Meghem, o Louis de la Troilliere, “hechura” del conde de Egmont que le recomendó al de Horn. Sin embargo, al retirarse al capitán la potestad de nombrarlos durante el reinado de Felipe II se produjeron enfrentamientos y pugnas entre ambos cargos. En cuanto a los furrieres, su importancia durante el reinado de Carlos V fue muy inferior a la que adquiriría posteriormente173. Aunque desconocemos sus funciones exactas debido a esa ausencia de textos normativos, estas estuvieron vinculadas desde el principio a controlar el día a día de la guarda y a encargarse de esos pequeños asuntos con los que no se “molestaba” al capitán y, posteriormente, al teniente. Entre estas cabe destacar la de pasar revista a los archeros, sus vestimentas y enseres, informar a sus superiores de las faltas en el servicio, alojarles en el cuartel que le indicaran los aposentadores e, incluso, ejercer como escribano y secretario de la guarda. Sin embargo, no sería hasta finales del siglo XVI cuando se potenciaría su cargo y se especificaran sus funciones, en concreto durante las capitanías del I conde de Solre y del V marqués de Falces. En estos primeros momentos apenas se diferenciaban de sus compañeros, ya que vestían igual que ellos, cobraban sus mismos gajes, que de las 9 placas iniciales pasaron a 12 en 1545 y a 18 en 1598, y debían cumplir los mismos requisitos para ingresar en la guarda que el resto. Por lo que respecta a los capellanes, eran personajes de procedencia diversa, aunque nos consta que muchos de ellos pertenecieron previamente a la capilla borgoñona de Carlos V y Felipe II como Jacques Alardi, capellán des basses messes de la petite chappelle del emperador, y Jehan Moufflin, que estuvo en el cargo más de 30 años desde que en 1554 entrara a servir en la guarda del príncipe Felipe. Los archeros, por su parte, fueron los que más variarían su extracción social de un momento a otro. Es difícil marcar una pauta general sobre su composición durante el primer periodo ante la escasez de fuentes, pero, sin embargo, hay un hecho que llama la atención: el elevado número de hijos bastardos de familias nobles que ingresaron en el

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AGS, SP, leg. 2539, s. f. Sobre el oficio de furrier y los integrantes de la familia Wissenacken que ocuparon el cargo, nuestro artículo “El uso de las guardas reales como posibilidad de medro familiar: los Wissenacken y la guarda de archero de Corps” en J. J. BRAVO CARO y S. VILLAS TINOCO (eds.), Tradición versus innovación en la España Moderna, Málaga, 2009, II, 669-687.

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cuerpo174. Así, encontramos cerca de 30 durante el reinado de Carlos V, lo que supone un número considerable teniendo en cuenta las lagunas temporales de la documentación. De esta manera, podemos deducir que la guarda de Corps se mostraba como una excelente salida para hidalgos, segundones y baja nobleza, como fue también el caso del borgoñón señor de Montclaire, que podían medrar en el servicio real a través de su servicio en esta compañía. Por supuesto, también era importante para poder ingresar en la guarda contar con el beneplácito del capitán, que tenía la potestad de poder elegir a los nuevos archeros lo que les permitía disponer de una importante fuente de prebendas para premiar a sus “hechuras”, o de algún poderoso cortesano que pudiera impulsar su carrera175. En cuanto a su procedencia geográfica, nos encontramos con miembros de todas y cada una de las XVII provincias, aunque era posible que se colara de forma esporádica algún integrante de origen “extranjero” pero siempre de una categoría social no desmerecedora de tan prestigioso cuerpo176. La función integradora de la guarda comenzaría a desaparecer a raíz de los acontecimientos que tuvieron lugar durante los primeros años del reinado de Felipe II y la muestra más notoria sería su capitán Philippe de Montmorency, conde de Horn177. Este noble flamenco ostentaba el cargo desde que don Felipe pasó por sus tierras en Weert en 1549 y se lo ofreció gracias a la buena relación que mantenía con Eraso. Tras escoltar al heredero por sus diferentes viajes europeos, ejerció como plenipotenciario en las negociaciones del Tratado de Cateau-Cambrésis en 1559 y acompañó al monarca a Castilla, donde permanecería a su lado hasta que se estableció la capital en Madrid. El motivo de su abandono de la Corte en otoño de ese año resulta muy clarificador, pues según Geoffrey Parker se le había prometido ser superintendente para los asuntos de los Países Bajos, pero se dio cuenta de que se tomaban las decisiones importantes sin consultarle178. Tras quejarse de la actuación de Granvela por acaparar los puestos y decisiones en Flandes, se le permitió marchar a Bruselas, no sin antes nombrar como archero a su secretario Alonso de Laloo, que debía bregar por sus gajes e informarle sobre todo lo que sucediera en la guarda y que estuvo a caballo entre Flandes y Castilla 174

Aunque a Gachard se le plantean dificultades, pues en los roolos de 1517 y 1521 los denomina bastardos, mientras en el de 1534 los identifica como barones. Nosotros nos inclinamos por la primera opción. 175 Como es el caso de Fery de Guyon, servidor de Luis de Praet. 176 Así aparecen p. e. los italianos Anthoine Vacquet, Michel Apuviyet, Moris de la Motte, Jacques Pourat (nombres afrancesados), Mando de Saboya o Francisco de Gattinara o “Le breton”, conocido así en la guarda por su origen. 177 La bibliografía sobre este personaje y su papel en la Revuelta es ingente, por lo que solo destacamos T. JUSTE, Les Pays-Bas au XVI siecle: Le comte d´Egmont et le comte de Hornes (1522-1568), Bruselas, 1862, pp. 21-25 donde aparecen sus principales datos biográficos. 178 G. PARKER, op. cit., p. 51.

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hasta que el primer tercio de 1568 pidió permiso para dejar el oficio y no volvió a servir como tal179. Como es bien sabido, las circunstancias hicieron que Horn no retornara de Flandes y que acabara siendo ajusticiado junto al conde de Egmont el 5 de junio de 1568 tras su participación en los comienzos de la Revuelta. Sin duda, la ausencia de Horn supuso el primer revés serio para la compañía, pues fue el inicio de una grave crisis del cargo de capitán. Tras decidirse su destitución en 1567, se planteó la posibilidad de elegir a un sucesor pero la decisión final se postergó debido a la ausencia de la corte madrileña del duque de Alba, mayordomo mayor, que se encontraba en Flandes para tratar de sofocar la Revuelta180. Cuando el “Gran Duque” retornó a Castilla en 1574 había caído en desgracia y tampoco pudo proceder al efecto. Este retraso, unido a la decapitación de Horn, hizo que la figura del capitán de la guarda de archeros de Corps quedara en entredicho y perdiera durante un tiempo su prestigio. La Revuelta hacía muy difícil conseguir a hombres de confianza para que ocuparan puesto tan insigne dentro del ceremonial y de la Casa Real, por lo que el cargo quedó vacante hasta comienzos de 1588. Esta incertidumbre provocó un grave daño a la compañía, que comenzaría a vivir un periodo de descontrol. En efecto, la crisis del cargo de capitán fue el primer síntoma de que algo no funcionaba y de que la Revuelta estaba influyendo en el decurso vital de la unidad con la pérdida de la función integradora de unas élites flamencas que fueron perdiendo interés en la guarda, debido a que muchos nobles se posicionaron en contra del bando realista mientras que los afectos tenían mejores perspectivas de medro y de obtención de mercedes en el ejército. De esta manera, el lustre de la compañía y la extracción social 179

Nacido en Middelburg en 1533, su primer oficio de importancia fue el de secretario del conde de Horn. Como tal, una vez se nombró a su señor capitán de la guarda de archeros de Corps del príncipe Felipe le acompañó durante los viajes del heredero y, posteriormente, nuevo monarca. Se separarían en 1561 cuando el Conde retornó a Flandes, quedando él, tras ser nombrado archero, como supervisor de la compañía en ausencia de su señor y encargado de reclamar sus gajes. Así, el secretario estuvo a caballo entre Flandes y Castilla hasta que en el primer tercio de 1568 dejó la guarda tras ser detenido tras el apresamiento de su señor. Parece ser que colaboró en las pesquisas reales sobre Horn, por lo que fue rápidamente liberado y retornó a Flandes buscando un nuevo patrón. El duque de Alba le recomendó para el puesto de Greffier en Holanda en 1574 pero, sin embargo, consiguió la plaza de contador del nuevo gobernador Requesens. Tras fallecer este, ingresó como secretario en el Conseil Privé, oficio en el que permanecería hasta su nombramiento como secretario del “Ministerio Colateral” en 1580. Posteriormente, en 1588, se le designó como secretario del nuevo Consejo de Flandes, ejerciendo como tal hasta 1598 en que marchó a Bruselas tras la Cesión. Allí serviría como secretario de Estado hasta su muerte en 1608 (P. M. WYNANTS, Histoire du Conseil suprême d´État étably pour les affaires des Pays-Bas près de la personne royale de Sa Majesté, s. d., BRB, Ms. 10491, parte 2ª, capítulo V, s. f.; R. VERMEIR, De Hoge Raad voor de Nederlanden en Bourgondië te Madrid onder Filips II (1588-1598), Universidad de Gante, memoria de licenciatura inédita, 1990, pp. 112-115; Configuración, p. 415 y AGP, Reg. 5729). 180 Alba a Felipe II, 1 de septiembre de 1568, EDA, II, p. 82.

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de sus miembros decayó y, aunque capitanes y tenientes siguieron siendo nobles de cierta enjundia, la unidad fue perdiendo paulatinamente su función integradora para pasar a desempeñar una nueva desde la década de los 80 del siglo XVI, como sería la de representación de la nación flamenca en la corte de la Monarquía. En efecto, la guarda de Corps se convirtió en representante de su comunidad nacional en la Corte, por lo que su configuración social comenzó a responder a la realidad de los flamencos en la misma. Las vías de acceso al cuerpo se fueron ampliando con respecto a las que habían servido para el reinado de Carlos V, aunque otras como la cercanía al capitán de la compañía continuaron existiendo181. Así, hubo numerosos archeros que ingresaron provenientes del ejército182 y otros que lo hicieron por la tradición familiar de servicio a la Monarquía183, habiendo sido este servicio algunas veces en la propia guarda184 o en alguna de las Casas Reales185. De igual manera, la concesión del oficio se convertiría en una forma de premiar a flamencos que hubieran realizado algún servicio previo de importancia a la Monarquía y que, gracias a esta merced, conseguían su entrada en la Casa Real, así como la posibilidad de poder introducir en el cuerpo a otros miembros de su familia186. Por supuesto, su interés en servir como guardas era mínimo y sus condiciones físicas y sociales para cumplir en un cargo de esta índole eran, en muchos de los casos, cuanto menos dudosas, algo que fue 181

Albrecht vanden Duengue, por ejemplo, fue paje de lanza del marqués de Falces y llevó el guión de la compañía en la Jornada de los casamientos de Felipe III y el archiduque Alberto antes de ingresar en la unidad por intermediación del capitán. Pierre Renier, por su parte, tenía una relación estrecha con el marqués de Falces, tanta que este fue uno de los testigos de su boda con Juana de Legasa en 1619. 182 Valgan como ejemplo Lázaro Galvaleto, que sirvió en Flandes durante 15 años, Guillaume Briens, al servicio de Farnesio durante 6 años, o Nicolaes du Prie, que sirvió 10 años en la infantería española en Portugal y Nápoles. 183 Hay numerosísimos casos como el de Gilles Block, primo de Hans Block que fue camarero y administrador del secretario Antonio Pérez, o Alonso Huerta, hijo del furrier de la capilla Juan Huerta. Un caso singular es el de los tapiceros flamencos de la Casa Real, que merced a su servicio pudieron colocar a varios miembros de sus familias en la guarda; tal es el caso de Antonio de Utrech, hijo del tapicero real Pedro de Utrech, y, sobre todo, de Frederick y Guillaume de Pannemaker, pertenecientes a la famosa familia de tapiceros. 184 Igualmente, los casos son abundantes, comenzando por los Wissenacken y siguiendo por los Bellet, los Groeninghen, los Molinet, los Mollenghien, los Valrans, los Vassecourt, los Warendorp o los Wauters. 185 Entre estos nos encontramos a Jacob van Weymelen, que había servido en la guarda alemana desde, al menos, el segundo tercio de 1579 hasta el primer tercio de 1585 en que pasó a la guarda de Corps, Martín de Apont, que estuvo en el guardajoyas del rey desde 1596 hasta 1612 en que pasó a la guarda, o Jehan Jouy, que estuvo desde 1599 hasta 1606 en la compañía de arcabuceros a caballo españoles de la guarda del archiduque Alberto en Flandes. 186 Los casos más famosos fueron los de Jehan Llhermite, Hendrick Cock o los pintores Paulo van Mullen o Juan vander Hamen, que también ingresó por ser su padre archero. Sin embargo, nos encontramos con otros personajes como Ferdinandus van Aerschot, Jehan de Damhouder o Adriaen Coolbrant que habían realizado oficios de papeles antes de incorporarse a la guarda y se les premió con el ingreso en la misma.

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posible gracias a que se comenzaron a falsear y a pasar por alto las limpiezas de sangre. Años más tarde, se llegaría incluso a permitir el ingreso en la guarda de oficiales manuales y mercaderes, lo que prohibían expresamente las ordenanzas187. Por todo ello, podemos considerar que desde finales del siglo XVI entraron a servir en el cuerpo flamencos que no reunían las cualidades deseadas, lo que provocó que se ocasionaran algunos incidentes internos y de orden público que se incrementarían con el paso del tiempo.

Por lo que respecta a los Consejos del monarca, se confirmó el proceso iniciado en tiempos de Carlos V y las élites flamencas se encontraron cerradas las puertas de los mismos. Sin duda, el proceso de Confesionalización y la fijación de la sede de la Corte en Madrid consolidaron esta tendencia, ya que estas decisiones se vieron acompañadas de ciertas medidas encaminadas a propiciar en la medida de lo posible que el Soberano estuviera presente en cada uno de sus estados pese a no poder estar allí físicamente188. Felipe II fue consciente de la necesidad de dar organicidad a su patrimonio y, dejando atrás el modelo compuesto de Monarquía que propugnaban los “ebolistas”, siguió el principio de que la armonía del cuerpo político se fundabamentaba en la jerarquía y desigualdad de los territorios con Castilla al frente. Al articular los Consejos ordenadamente, se dotaría de corporeidad a la Monarquía y se reduciría la “independencia” de cada dominio, aunque este proceso fue largo y hasta que no hubo distinción entre lo político y lo jurisdiccional, lo cual no se produjo hasta los últimos 15 años del siglo, difícilmente se pudo dar curso a una organización espacial de la Monarquía. Lógicamente, esta nueva concepción hacía casi imposible que flamenco o borgoñón alguno pudiera acceder a los Consejos del rey, excepto al de Flandes cuando este se fundó en 1588. Únicamente Antonio Perrenot de Granvela, nacido en el Franco

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Es significativo el aumento de mercaderes en la guarda de Corps desde el reinado de Felipe IV, que utilizarían su puesto en la unidad para mejorar sus negocios y asegurar su futuro y el de sus hijos. Sobre este asunto, M. D. RAMOS MEDINA, "Los 'archeros de la guardia de Corps de su majestad católica' en la Corte de los últimos Austrias. Una aproximación a su estudio" en P. FERNÁNDEZ ALBALADEJO (ed.), Monarquía, Imperio y pueblos en la España Moderna, Alicante, 1997, I, pp. 793-806 y A. ESTEBAN ESTRÍNGANA, “Provisiones de Flandes y capitales flamencos. Crónica de un encuentro anunciado en la primera mitad del siglo XVII (1619-1649)” en C. SANZ AYÁN y B. J. GARCÍA GARCÍA (eds.), Banca, crédito y capital. La Monarquía Hispánica y los antiguos Países Bajos (1505-1700), Madrid, 2006, pp. 233-274. 188 Sobre este proceso, M. RIVERO RODRÍGUEZ, "El consejo de Italia y la territorialización...”.

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Condado, fue consejero de Estado, pero su nombramiento fue algo excepcional y ligado a dos cuestiones fundamentales: la labor de su padre y sus ideas políticas189. Tras su etapa de formación, Antonio fue nombrado obispo de Arras en 1538 y comenzó a colaborar con su padre en los negocios que el emperador le encomendó. Esa acumulación de experiencias le dio la oportunidad de ser enviado como delegado imperial al Concilio de Trento en 1545 y tomar el relevo de su padre, tras fallecer este en 1550, tanto en el séquito de Carlos V como en la confianza de María de Hungría. El letrado del Franco Condado colaboró con la hermana del emperador en la consecución del matrimonio inglés, que trataba de retrasar el acceso del príncipe Felipe al trono, siguiendo la línea que propugnaba el “partido imperial” al que se vinculó durante esos años. Esta opción no se debió únicamente a su fidelidad a su protectora, sino también al intento de conservar la sólida posición de patrono cortesano que había adquirido y que peligraba si los hombres de Felipe accedían al trono. Su cercanía a la gracia se demostraría cuando Carlos V decidió que tuviera la responsabilidad de hablar en su nombre a los Estados Generales de los Países Bajos en la ceremonia de abdicación del 25 de octubre de 1555. Pese a sus temores, con el cambio de administración no se le expulsó del entorno cortesano, gracias a su saber acumulado, y se le nombró consejero de Estado e intervino en las negociaciones del Tratado de Cateau-Cambresis. Fue allí donde entabló una amistad con el duque de Alba que se estrecharía en los años venideros, en contraposición a la influencia que iba consolidando el príncipe de Éboli. Las argucias del principal patrón cortesano del momento consiguieron que Granvela quedara en Flandes cuando Felipe II marchó a Castilla, lo que fue considerado su relegamiento, pese a que en las instrucciones que se dejaron a Margarita constaba como principal consejero. Desde ese momento, adquiriría una influencia notable en los acontecimientos acaecidos en Bruselas, así como en el tratamiento de los asuntos de esas tierras en Madrid. Esto fue posible en la medida en que los ministros que viajaron con el Monarca en 1559 para conformar lo que José Manuel Rabasco Valdés vino en llamar el “Ministerio Colateral”190, encargado de tratar los asuntos referentes a los Países Bajos

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M. van DURME, op. cit. y una pequeña biografía en Configuración, pp. 455-458. Sobre su actuación en las décadas de los 50 y 60, M. J. RODRÍGUEZ-SALGADO, “King, bishop, pawn? Philip II and Granvelle in the 1550´s and 1560´s” en K. de JONGE y G. JANSSENS (eds.), La famille de Granvelle et les anciens Pays-Bas. Liber doctori Mauricio van Durme dedicatus, Lovaina, 2000, pp. 105-134. 190 J. M. RABASCO VALDÉS, "Una etapa del Consejo de Flandes y de Borgoña: Del "Ministerio Colateral" a las Ordenanzas de 1588" en Anuario de Historia Moderna y Contemporánea de la Universidad de Granada, 1979, pp. 59-81.

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en la Corte de Felipe II hasta la aparición del Consejo de Flandes, fueron “hechuras” de Viglius y por tanto, a su vez, del letrado del Franco Condado. Así, habría un guardasellos, que era Charles de Tisnacq191 hasta que fue sustituido por Joachim Hopperus en 1569192, y un secretario, Josse de Courtewille hasta que viajó con Alba a Flandes en 1567193, permaneciendo el oficio vaco hasta que lo ocupó Arnould Dennetières en 1573194. Por último, me gustaría resaltar como tampoco la concesión de la Orden del Toisón de Oro o de órdenes militares hispanas a flamencos fue utilizada de forma sistemática como herramienta de integración de esas élites195.

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Jurista, empezó su carrera nada más finalizar sus estudios universitarios y en 1527 era ya consejero extraordinario en el consejo de Brabante y en 1545 abogado fiscal del mismo. El 3 de enero de 1550 fue promocionado a Conseiller et Maître des Requêtes del Consejo Privado y de ahí pasó al de Estado. En junio de 1559 fue nombrado Guardasellos y marchó con el monarca a Castilla. En 1562 se le nombró Trésorier del Toisón y se barajó su nombre para la presidencia del Consejo de Estado, aunque no tuvo efecto el llamamiento. Sus últimos años en Madrid se vieron ensombrecidos por la desconfianza de Felipe II hacia él. Según parece, advirtió a Egmont, Horn y Orange de las acusaciones hechas contra ellos por Fray Lorenzo de Villavicencio y Alba también le denunció por hacer públicos dos despachos del rey: uno sobre Inglaterra y otro sobre el Perdón General. Volvió a los Países Bajos, donde murió el 17 de abril de 1573 tras haber ejercido como Presidente del consejo Privado (Biografía en el DBE). 192 Joachim Hopperus, Sneek (Frisia), nació el 11 de noviembre de 1523 y murió en Madrid el 15 de diciembre de 1576. Sus padres fueron Suffrid Hopperus y Tixtia Feico a Piersma. Profesor en Lovaina y consejero en el Gran Consejo de Malinas, en 1565 llegó a la cúspide de su carrera con su nombramiento como guardasellos cerca del rey, gracias, sobre todo, a la influencia de su tío Viglius, cargo que ejercería hasta su fallecimiento (Ibídem). 193 Nacido en Bailleul (Francia), fue Greffier del Toison de Oro desde el 21 de septiembre de 1561 y secretario de los consejos de Estado y Privado. Con fecha del 10 de diciembre de 1556 fue nombrado secretario de los asuntos de los Países Bajos por Felipe II y le acompañó en 1559 a su retorno a Castilla. Allí permanecería hasta que en 1567 retornó a los Países Bajos con el duque de Alba, con el que tuvo una conflictiva relación. Falleció el 20 de mayo de 1572 (Ibídem). 194 Tras concluir su formación académica, Dennetières fue contratado como oficial del secretario de la Casa de Borgoña de Carlos V, Jossé Bave, desde 1551 hasta finales de 1556, momento en que pasó a servir a Adrián van der Burch que había sido nombrado Guardasellos en noviembre. Sin embargo, su nuevo superior falleció el 1 de julio del año siguiente, con lo que su oportunidad de ascenso se vio truncada y le obligó a quedarse en su tierra natal donde serviría, de nuevo como oficial, a Viglius. Dennetières permaneció en Flandes hasta que fue reclamado por Hopperus, que había sido nombrado Guardasellos en Madrid, en 1565 para que le acompañara y ejerciera como su secretario en la Corte. Tras fuertes luchas con el duque de Alba y sus partidarios, fue nombrado secretario del “Ministerio Colateral” el 4 de abril de 1573 y llevó los asuntos flamencos en Madrid desde la muerte de Hopperus en 1576 hasta 1580, momento en el que se cubrió el oficio de Guardasellos por Jean Foncq. Tras el nombramiento como secretario en 1582 de Laloo retornó a Flandes donde se le concedió la secretaría del Conseil d´État con honores en diciembre de 1584, falleciendo poco después (Ibídem). 195 Aunque todavía es necesario profundizar más en este asunto, una primera e interesante aproximación, la cual sigo en este punto, en F. FERNÁNDEZ IZQUIERDO, "Los flamencos en las órdenes militares españolas. Algunas notas sobre la integración en el sistema nobiliario de la Monarquía Hispánica" en A. CRESPO SOLANA y M. HERRERO SÁNCHEZ (coords.), España y las 17 provincias de los Países Bajos. Una revisión historiográfica (XVI-XVIII),

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Por lo que respecta a la Orden del Toisón, Felipe II convocó capítulo en la iglesia de San Bavón en Gante pocos meses antes de partir de los Países Bajos, en concreto el 29 de junio de 1559, siendo el último que se celebraría en las “tierras bajas”. Acto seguido, el monarca decretó que los oficiales encargados de administrar la Orden, como el grefier o el tesorero, debían viajar con él a Madrid, por lo que el centro de la misma se desplazaba desde Flandes a Castilla. Igualmente, Felipe II decidió suspender los capítulos y pasó a conceder arbitrariamente los collares, lo que disgustó profundamente a los caballeros flamenco-borgoñones de la Orden que, pese a recibir nuevos nombramientos en años sucesivos, caso de Charles de Ligne, François de Vergy, Florent de Berlaymont o Charles de Cröy, se dieron cuenta de que habían perdido su preeminencia en la Orden y de que esta se internacionalizaba con la entrada de numerosos caballeros extranjeros. Por si esto fuera poco, la revocación de los privilegios de Egmont y Horn para poder llevar a cabo su ajusticiamiento, vino a confirmar que la concesión de un collar de dicha Orden había perdido gran parte de su razón de ser, aunque continuara siendo una merced codiciada. En cuanto a las órdenes militares hispanas, nos encontramos con que únicamente 6 flamencos, que tengamos localizados, recibieron un hábito, en concreto de Santiago, durante el reinado de Carlos V; estos fueron Albret de Lorbes, Jacques de Harbes, Rose, Maximiliano de Marcilla y Villa, aunque el origen de su familia era hispano, y los más reseñados Raimundo de Tassis, correo mayor del emperador, y el secretario Jehan Hannart. Felipe II no modificaría esa estrategia y no concedió nuevos hábitos hasta que el cardenal Granvela le sugirió que esta merced podría ser una buena solución para complacer a unas élites cada vez más revueltas196. Esto se plasmó en, al menos, 5 hábitos, como fueron los de Calatrava para el secretario Josse de Courtewille, Maximiliane de Longueval, señor de Baux, y el señor de Baos, el de Santiago para Ferdinand de Lannoy, conde de la Roche, y el de Alcántara para Thomas Perrenot, señor de Chantonay. Observando nombres y número, podemos imaginar que esta estrategia no alcanzó notables resultados, ya que fueron escasos y, además, los agraciados eran letrados o baja nobleza y estaban ligados al propio Granvela.

Córdoba, 2002, I, pp. 101-136. Añado nuevos datos, aunque no son, ni mucho menos, definitivos. 196 A. DUKE, “From King and Country…”, p. 182. Curiosamente, y pese a que iba en contra de su ideario político, también propuso que se concediera el oficio de virrey de Sicilia a Orange. Sin duda, el alejamiento de su enemigos políticos resultaba fundamental para poder llevar a cabo sus planes.

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Unos años después, el duque de Alba en su ejercicio como gobernador en Flandes retomaría la idea, aunque incorporando una sustancial novedad, cual era que en lugar de incorporar a flamencos a las órdenes hispanas se crearan en los Países Bajos tres órdenes militares en lengua francesa y flamenca, que se unirían a la del Toisón, y que se dotarían con los bienes confiscados a los rebeldes por el Conseil des Troubles197. Así mismo, pretendía que dichas órdenes no dependieran de la jurisdicción eclesiástica, aunque deberían erigirse por bula. Velasco y Hopperus fueron los personajes más implicados en el estudio del proyecto en Madrid198, llegando a la conclusión de que lo mejor era incorporar lo confiscado a la Hacienda del monarca para después erigir las encomiendas, añadiendo siempre la idea de secularidad tras el nombre del santo y con el rey como Maestre199. Finalmente, se propuso crear una única orden bajo la advocación de San Andrés en lugar de las tres propuestas, concediendo las encomiendas tanto a esta orden como a la del Toisón de por vida pero sin derecho a que sus herederos las continuaran disfrutando. Se contempló la provisión de 30 encomiendas, 3 de 3500 florines de renta, 3 de 2000, 3 de 1500, 3 de 1200, 3 de 1000, 6 de 800 y 9 de 600, proponiendo el duque de Alba para ellas a personajes que habían permanecido fieles al monarca. En concreto, para las de 3500, que el “Gran Duque” no quería llamar mayores, habló de Ferdinand de Lannoy, Noircarmes y el señor de Baos, para las de 2000 propuso al señor de Beauvois, al de la Cressonnière y al de Grosbeeck, para las de 1500 a George de Lalaing, al hermano de Guillaume Van Den Bergh y a Eustache de Cröy, para las de 1000 a los señores de Beaurain, Semeries y Brias, para las de 800 al señor de la Troillière, Adriaen de Oignies, Eustache de Cröy, el señor de Oignies, el de Largilla y el de Mouscron y para las de 600 a los señores de Licques, Treslong, Moriametz, Bre, Betencurt, Inchy, Ligny y Capres y al barón de Aubigny. Pese a lo avanzado del plan, la propuesta no se llevó finalmente a cabo por la caída en desgracia del duque de Alba200 y se procedió a otorgar nuevos hábitos dentro 197

Ya traté este asunto en mi artículo “La concesión de mercedes en los Países Bajos...”, pp. 189-192, 196-197 y 209-211. 198 “Parecer de Operus sobre la erection de las encomiendas en flandes”, s. d., AGS, E., leg. 544, f. 101 o “Apuntamientos de Velasco y Hopperus”, 17 de junio de 1570, Ibídem, f. 96 (la minuta en sucio en f. 97). 199 “Lo que se podría aplicar al Denario de su Magestad de lo confiscado en Flandes”, s. d., Ibídem, f. 103. Hace una relación de los territorios que se podrían incluir en el tesoro real. 200 Ya la primera reunión de importancia del Consejo de Estado para tratar las peticiones iniciales de Requesens desde Flandes, el 24 de febrero de 1574 (AGS, E., leg. 561, f. 25), nos indicaba que el asunto se iba a diferir sine die, “Tambien ha de ver V. Majestad si se ha de hazer todavía la erection de la nueva orden y encomiendas, y si se ha de embiar agora la scriptura para la publicar anticipadamente como se avia platicas, o si se ha de dexar o diferir para adelante,

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de las órdenes militares hispanas durante los primeros años de la década de los 70, aunque con escasos resultados al no hacerlo de forma sistemática. En concreto, fueron nombrados caballeros de Santiago Maximiliano de Villain, conde de Issenghien, Philippe de Lannoy, señor de Beauvais, Juan Bautista de Tassis, Charles de Largilla y Jehan de Bernemicourt, así como Noircarmes de Alcántara. Finalmente, la “reconciliación” de Farnesio con algunos nobles trajo significados nombramientos, sobre todo el de Valentín Pardieu de Pre, señor de la Motte, como caballero de Santiago en 1581. Otros flamencos premiados durante esos años fueron Adriaen de Gommicourt, también de Santiago en 1582, Charles de Longueval, Calatrava en 1586, Gilbert de Villain, Santiago en 1587, Charles de Tisnacq, Calatrava en 1590, y Diego de Cröy, Santiago en 1592.

1.2.2.2.- La Corte de los gobernadores de los Países Bajos La quiebra de la integración de las élites flamencas en las instancias de poder de la Monarquía no se dejaría notar únicamente en la Corte madrileña, sino también en sus propias tierras, certificando así la ruptura de su acceso, no solo, al monarca, sino también a los Gobernadores Generales de Flandes. De hecho, una de las principales instancias donde vieron reducida su presencia fue en las Casas de los representantes del monarca. En concreto, el primero que inició esa tendencia fue Emmanuel Filiberto de Saboya201, que en el momento de tomar posesión del título estaba rodeado de personajes de su confianza de origen, en su mayoría, italiano, como el gentilhombre de la boca Andrea Doria. Desde un primer momento, el gobernador fue consciente de que debía reformar su servicio para intentar influir en las duras batallas faccionales que tenían lugar, pero la sensación de provisionalidad que envolvía su gobierno y la presencia en Flandes durante los primeros meses del mismo de los servicios de Carlos V, Felipe II, María de Hungría y Leonor retrasaron la toma de decisiones. Pasada la incertidumbre incial, varios flamencos ingresaron en su Casa, llegando algunos de ellos a ocupar cargos de cierta enjundia como el marqués de Renty, caballerizo mayor, el señor de Binche, gentilhombre de la cámara, los señores de Grandmont, Mol o Souastre, gentilhombres de la boca, o el tesorero Gaspar de Schetz. Sin embargo, esta

que a la verdad si de las confiscaciones no ay mas hazienda de la que paresçe, no haura mucha para las encomiendas”. 201 Sobre su gobierno, H. VANDERLINDEN, "Emmanuel Philibert de Savoie, gouverneur général des Pays-Bas (1555-1559)", Bulletin de l´Académie Royale de Belgique, 28 (1942), pp. 123-139.

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nacionalidad no llegó nunca a alcanzar una clara mayoría en la Casa del gobernador y tuvo que compartir cuotas de poder con hispanos, como el gentilhombre de la boca Vargas, tudescos, como el mayordomo Christophe Haller, y franceses, como el mayordomo mayor señor de Montjean, además de los reseñados italianos202. Margarita de Parma, por su parte, hizo su entrada en los Países Bajos en octubre de 1559 con un servicio compuesto, casi en su totalidad, por personajes originarios de sus tierras patrimoniales203. Para intentar paliar esta situación, durante los primeros meses de su estancia en Bruselas se produjo el ingreso en el mismo de algunos flamencos, gracias a lo cual la capilla pasó a estar, a semejanza de la del monarca, ocupada por naturales de esas tierras casi en su totalidad, con Pierre de Hot como maître y Jean Ghery como predicador y confesor de Margarita. La única excepción a esta “flamenquización” de la capilla la constituyó don Salvagno Cantelli, que constaba como capellán des basses messes en 1560 y como limosnero mayor en 1566. Sin embargo, los neerlandeses no tuvieron tanta fortuna en otras secciones. Así, los mayordomos serían el italiano conde Prospero Tedesco y el flamenco François de Bernemicourt, señor de la Thieuloie, incorporandose posteriormente al servicio un tercero, Robert de Trazegnies. El inefable secretario Tomás de Armenteros dominaría el escritorio, compuesto en su mayoría por hispanos e italianos, a través de su título de primer secretario y, posteriormente, consejero. Por lo que respecta a las damas, que estarían dirigidas por la condesa de Sansecondo y con Leonor Pallavicini como gobernante, serían en su totalidad de ascendencia italiana, con apellidos tan ilustres como Gonzaga, Malaspina o Aldobrandini. Habría, además, varias ayudas de cámara y 7 filles d´honneur, constando únicamente en toda la sección dos flamencas que servían en este último oficio. En cuanto a los gentilhombres, nos encontramos con que algo más de la mitad eran flamencos, caso de vander Noot, el barón de Aubigny, el señor de Lundre, el señor de Largilla o el señor de Souastre, aunque la presencia italiana e hispana era también muy numerosa con personajes como el señor Flores, el conde de Laselati, Juan Bautista Calco,... La caballeriza estaría dirigida por el marqués de Leccacorvo, secundado como gentilhombre y consejero por el también italiano Gabriel

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Se conserva un listado de los miembros de su Casa del 15 de junio de 1557 en AGR, Audience, reg. 33/4, ff. 15 r.-23 r. Otra copia del mismo en Ibídem, reg. 23, ff. 146 r.-155 v. 203 Un estado de su Casa en enero de 1560 en Ibídem, reg. 33/4, ff. 24 r.-27 v. (otra copia en el reg. 23, ff. 156 r.-159 v.), que debía conservarse también en los Archivos de los Farnesio en Nápoles antes de su destrucción parcial por las tropas alemanas en la II Guerra Mundial. Comenta este listado, junto a otro de 1566, L. VANDER ESSEN, "État de la "maison" de Marguerite de Parme gouvernante des Pays-Bas, 1560-1566. Analyse de documents inédits des Archives Farnésiennes de Naples", BCRH, 125 (1959), pp. 287-294.

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Boccabarille, y destaca el hecho de que todos los pajes, cuyo maestro era el capellán don Lorenzo, procedían de la Península Itálica. Por último, y sorprendentemente, la guarda de Corps, compuesta por 25 archeros, tenía ocupados sus dos cargos principales por italianos, caso del capitán conde Antonio y del teniente Julio Thores. Aunque la entrada de flamencos en oficios menores fue bastante abundante podemos destacar a Odet Viron, “hechura” de Granvela, como contralor- estaba claro que los puestos principales de cada sección estaban ocupados por “extranjeros” y únicamente los dos mayordomos de los Países Bajos alcanzaron un oficio de relevancia, lo que generó las lógicas protestas de las élites flamencas. Sin embargo, Margarita no rectificó produciéndose, además, una serie de modificaciones en oficios de relativa importancia que vinieron a reforzar esta percepción; el auditeur des comptes Henri Dubois fue reemplazado por Nuccio Sirigatti, el tapicero Cursy por Cristoforo Calce y se nombró como maréchal des logis o aposentador mayor al capitán Francesco di Marchi. Por lo que respecta a los Consejos Colaterales, los problemas que se plantearon en los mismos no estuvieron relacionados con el ingreso de “extranjeros” y, de hecho, ninguno fue nombrado consejero desde la abdicación de Carlos V hasta el inicio de la Revuelta. Sin embargo, la pugna en torno a la distribución del poder entre nobles y letrados, sobre todo en el Consejo de Estado, continuó estando presente. La proporción de juristas en el principal Consejo Colateral, así como su capacidad de influencia sobre los gobernadores, se fue incrementando durante los primeros años del reinado de Felipe II y con Emmanuel Filiberto de Saboya pasaría a estar formado por 8 nobles -Charles de Lalaing, Reinoud de Brederode, Charles de Berlaymont, Guillermo de Orange, Lamoral de Egmont, Jean de Glymes, marqués de Berghes, Jean de Hénin-Liétard, conde de Boussu, y Philippe de Stavele, señor de Glajon- y 5 letrados -Granvela, Viglius, Simón Renard, Philibert de Bruselas y Charles Tisnacq-. El conflicto se agravaría con Margarita de Parma, pues el Conseil d´État se vaciaría de contenido político al constar en las instrucciones de la hermanastra de Felipe II que debía gobernar de acuerdo a una “Consulta” compuesta por Viglius, Berlaymont y Granvela, que se convirtió en el principal consejero al deberle su ascenso cortesano los otros dos consejeros. Estos tres personajes despacharían directamente con la gobernadora y tendrían una decisiva influencia en la distribución de honores y beneficios, así como en la hacienda a través del puesto de Chef des finances que ocupaba Berlaymont tras la renuncia de Orange en 1556. A esta realidad, habría que 83

unir el hecho de que el secretario Armenteros gozara igualmente de una privilegiada situación cerca de la gobernadora. La mezcla de todo ello provocó que personajes como Orange o Egmont, que habían sido apartados del entorno del monarca, se vieran también relegados de la toma de decisiones en los Países Bajos, ante lo que elevaron sus quejas solicitando la inversión de fuerzas en el Consejo de Estado así como que se retornara a la situación consiliar de los tiempos de los duques de Borgoña. La privilegiada posición de esa alta nobleza fue asimismo atacada en sus condición exclusiva de poseedora de los cargos eclesiásticos, como veremos posteriormente, y de Stadholders, pues Margarita, influída por Granvela, continuó la política iniciada por María de Hungría. Su principal herramienta para aplicar esa estrategia fue el Conseil Privé, que trató de recortar las prerrogativas de esos gobernadores, sobre todo, en lo referente a la concesión de beneficios para evitar la consolidación de “clientelas” alternativas en cada provincia. Además, el obispo de Arrás trató de dividir las provincias, de no suplir los cargos tras fallecer el titular e incluso de realizar nominaciones temporales, aunque el monarca rechazó esto último. Estos ataques provocaron que muchos de los ocupantes de dichos oficios los fueran abandonando y en 1568 solo 4 de los 10 stadholders que Felipe II había nombrado en 1559-1560 seguían en su puesto204, contando entre los que habían renunciado personajes como Orange, Egmont o Montigny205. Granvela alentó a Alba en esas fechas para que continuase revisando las prerrogativas de estos gobernadores, pero el “Gran Duque” optó por nombrar a personajes adeptos a su gobierno como Noircarmes en Hainaut, Rassenghien en el Flandes Francés, Boussu en Holanda o Hierges en Zutphen206.

Como hemos podido observar, el sistema de integración de las élites flamencas en la Monarquía, en especial de su alta aristocracia, había prácticamente quebrado y con ello los fundamentos en que se sustentaba la misma en los Países Bajos. Esto hizo generar un clima de tensión y malestar que se dejaría notar en la lucha faccional durante esos años y que, unido a problemas de otra índole como los religiosos, acabaría derivando en la Revuelta. Veamos qué sucedió durante los años previos a su estallido.

1.2.3.- La situación en los Países Bajos durante los años previos a la Revuelta

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Estos eran nobles que no se rebelaron contra el monarca, caso de Meghem en Güeldres, Mansfeld en Luxemburgo, Berlaymont en Namur y Jehan Oostfrisland en Limburgo. 205 P. ROSENFELD, The provincial gobernors…, pp. 270-271. 206 Sobre el proceso de elección de Stadholders durante los primeros años de estancia de Alba en Flandes, nuestro artículo, “La concesión de mercedes en los Países Bajos...”.

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1.2.3.1.- La cuestión religiosa durante el siglo XVI El Humanismo Cristiano surgió en los Países Bajos en las décadas de los 70 y 80 del siglo XV207. En concreto, las primeras manifestaciones se dieron en las remotas provincias de Groningen y Overijssel, que estaban preparadas para recibir la nueva filosofía por la importancia que allí tenía la Devotio Moderna, que potenciaba la religiosidad interior pero respetando la teología del momento. Rudolph Agrícola fue uno de sus primeros impulsores, tras haber sido educado en la Devotio en Groningen y completado sus estudios en Italia. A su retorno a los Países Bajos en 1479, ya era famoso y tras rechazar diversos trabajos se asentó en su tierra natal, donde fundó el humanismo noreuropeo. Su influencia, junto con la de Cornelius Aurelius, se dejaría notar en generaciones posteriores, a las que abrió camino. Gracias a estos intelectuales, Erasmo de Rotterdam pudo desarrollar con mayor profundidad su labor, no solo humanística, sino, sobre todo, de unión del nuevo aparato escolar con la filosofía cristiana tradicional proveniente de la Devotio. El filósofo de Rotterdam localizó tres peligros en la Cristiandad del momento, de los cuales los intelectuales debían proteger a la sociedad: evitar que los nuevos intereses por la antigüedad clásica y la literatura derivaran en paganismo, tratar de que no se impusiera la preeminencia del ritual que proponían los judíos frente a la Piedad interior que él propugnaba y evitar un Cisma. La precaria organización de la Iglesia en los Países Bajos toleraba gran cantidad de abusos, pero su fortaleza era aún considerable y si entre 1490 y 1520 el Humanismo caló con fuerza en los Países Bajos, sobre todo en la Corte de Margarita y Carlos208, también continuaron teniendo gran importancia la escolástica, las peregrinaciones y el arte pío. Pese a ello, la debilidad diocesana permitió que las influencias de Lutero calaran profundamente en Holanda y desde ahí en otras zonas neerlandesas. Erasmo, por su parte, aunque recelaba del lenguaje combativo del agustino alemán no lo condenó, por lo que en 1521 dejó los Países Bajos para buscar refugio en Basilea209. Podemos considerar que desde ese momento, se daría en Flandes el mayor enfrentamiento de 207

En este punto sigo principalmente a J. ISRAEL, op. cit., capítulos 3, “Humanism and the origins of the Reformation, 1470-1520”, pp. 41-54 y 5, “The early Dutch Reformation, 15191565”, pp. 74-105. En menor medida, A. DUKE, “The ambivalent Face of Calvinism in the Netherlands, 1561-1618” en M. PRESTWICH, op. cit., pp. 109-134 y J. POLLMANN, Religious choice in the Dutch Republic. The reformation of Arnoldus Buchelius (1565-1641), Manchester, 1999, pp. 1-25. 208 Su influencia se prolongaría durante largo tiempo, J. LAMBERT, "Viglius van Aytta et Erasme" en Miscellanea historica in honorem Alberti de Meyer, Lovaina, 1946, II, pp. 812-824. 209 Pese a esta huída, sus enseñanzas se propagarían por toda Europa e, incluso, en los reinos hispanos, M. BATAILLON, Erasmo y España, Madrid, 1979.

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Europa entre la autoridad pública y la Reforma, ya que mientras las nuevas ideas cobraban gran importancia entre la sociedad, su desarrollo trató de ser bloqueado con dureza por el gobierno. La primera reacción de Carlos V al avance luterano fue el bando de marzo de 1521 en el que se prohibían la impresión y circulación de sus obras210; edicto de compleja aplicación, pues el tráfico de estos libros fue mayor que en otras zonas europeas como Francia, Inglaterra o Escandinavia. Pese a ello, el emperador creó un formidable sistema de represión, fundando en 1522 la Inquisición neerlandesa con Frans van der Hulst al frente. Esta persecución no silenció el protestantismo, pero atacó a las élites intelectuales, lo que provocó una ruptura entre convicción y práctica. De este modo, la Reforma en los Países Bajos carecería durante décadas de una estructura institucional que la guiara, lo que a su vez evitó la fragmentación entre los criptoprotestantes pese a la influencia de Bucero y Zwinglio. Únicamente se separarían del resto, y por voluntad propia, los anabaptistas, verdadera vanguardia de la Reforma en los Países Bajos desde su creación en la década de los 30 hasta el arraigo de los calvinistas en la de los 50. Esta confesión tuvo sus inicios cuando Melchior Hoffman llegó en junio de 1530 a Emdem y formó una comunidad, desde la cual se expanderían los Melchioritas, sobre todo, en Holanda, Frisia y Groningen. Su crecimiento fue mucho más rápido y profundo que en Alemania o Suiza, debido a que la frustración producida por la persecución solo se podía paliar con el ingreso en los anabaptistas, único grupo organizado. Tras la caída de Münster en el verano de 1535 el movimiento entró en crisis y se dividió en 5 grupos, de entre los cuales el Davidista, compuesto por seguidores de David Joris y antiguos Melchioristas, fue el más numeroso. Sin embargo, la dura persecución de la que este grupo fue objeto pese a su orientación pacífica, hizo crecer a los Mennonistas o seguidores de Menno Simmons. Sin duda, podemos considerar que este personaje fue el más importante de la Reforma neerlandesa. Tras seguir a Lutero y Zwinglio se convirtió al anabaptismo, aunque no rompiera formalmente con la Iglesia Católica hasta 1536, lo que representa un ejemplo de evolución personal típico de los reformados en esas tierras. Rechazaba la violencia y su arma era la escritura, destacando entre sus numerosas obras el Fondament-Boeck (1539). Apoyado por Dirk Philips, creó un cuerpo de predicadores fuertetemente jerarquizado que les permitió expandirse por los Países Bajos y el 210

Sobre la actuación del emperador en los Países Bajos para frenar a la Reforma, L.-E. HALKIN, op. cit., passim.

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Imperio. Sin embargo, solo consiguieron la conversión de una pequeña parte de la población, que en su mayor parte continuó siendo católica211, quedando fuera de su iglesia humanistas, poseedores de oficios y regentes, así como integrando a escasos mercaderes y estudiosos. Esto no resultaba extraño, pues muy pocos personajes de las élites abjuraron del catolicismo y entre los grandes nobles solo Brederode y Culembourg desafiaron abiertamente al poder real, una vez estaban fuera de la gracia del monarca y sintiéndose relativamente seguros en sus señoríos. La mayoría de las élites optaron por una vía media, que no siempre aunó política y religión, y cuyo seguidores han sido conocidos como los malcontents o Politiques212. Asimismo, surgió gran variedad de estrategias intelectuales y espirituales, que daban más importancia a la educación individual que a la lucha católicos-protestantes. Dentro de estas corrientes cobró gran importancia el movimiento de los Familistas o Familia del Amor (Familia Charitatis) creado en 1540 por Hendrik Niclaes, para el que la Fe era un proceso personal de comunicación directa con Dios213. Entre sus seguidores descollaron mercaderes importantes de Amberes, uno de los principales focos de la Reforma en Flandes214, como Luis y Marcos Pérez, así como intelectuales de la importancia de Plantino, Ortelius, Justus Lipsius y Benito Arias Montano. Durante esos años, Carlos V, insatisfecho con los resultados de su lucha contra la herejía, estableció una serie de tribunales regionales de la Inquisición similares a los castellanos y capaces de llevar a cabo más detenciones, siendo el más activo el de Flandes, a cuyo frente se colocó Pieter Titelmans215. Su instalación fue lenta y sufrió muchas trabas, entre ellas el boicot de algunos Consejos Provinciales a las leyes religiosas o Placcards, pese a la publicación en abril de 1550 del Edicto Perpetuo para 211

Sobre la actitud de los católicos en el Norte, su escasa resistencia a la Reforma y la Confesionalización que recibieron a través de textos, J. SPAANS, "Catholicism and Resistance to the Reformation in the Northern Netherlands" en P. BENEDICT, G. MARNEF, H. van NIEROP y M. VERNARD (eds.), op. cit., pp. 149-163. 212 Recordar la bibliografía citada en la introducción. 213 Un resumen de la bibliografía sobre este movimiento y la unión de Plantino con el mismo en B. REKERS, Benito Arias Montano, Madrid, 1973 (Versión española de Ángel Alcalá del original en neerlandés publicado en Groningen, 1961), capítulo 4, “La Familia del Amor”, pp. 101-143. 214 G. MARNEF, “The changing face of Calvinism in Antwerp, 1550-1585” en A. PETTEGREE, A. DUKE y G. LEWIS (eds.), op. cit., pp. 143-159. Pese a los intentos de represión que se llevaron a cabo en la ciudad desde 1550-1566 y de 1567-1577, siempre hubo base para el calvinismo en la ciudad, lo que originó de 1577 a 1585 una República Calvinista y el contacto constante con otras iglesias calvinistas extranjeras. 215 Sobre este proceso, A. DUKE, “Salvation by Coercion: The Controversy surrounding the “Inquisition” in the Low Countries on the Eve of the Revolt” en ID., Reformation and Revolt…, pp. 152-174.

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reforzar la lucha. Sin embargo, los encargados de la persecución eran conscientes de que no era suficiente y el teólogo Sonnius propuso en la segunda reunión del Concilio de Trento (mayo 1551-abril 1552) una reorganización de los obispados, que se aplicaría años más tarde. Sin duda, estas nuevas medidas tenían también en cuenta el desarrollo que había ido teniendo durante el reinado del emperador una confesión protestante que adquiriría una notable relevancia en los Países Bajos en los años venideros: el calvinismo. Calvino, natural de una modesta familia de la Picardía, se dedicó desde pequeño a la vida eclesiástica216. Tras estudiar primeras letras en el Colegio Montaigú en París y derecho en la Universidad de Orleáns, en 1533 tuvo que huir a Angulema por su cercanía a las ideas reformistas. Desde allí marchó a Basilea, donde se estableció en 1535 y publicó al año siguiente su Institutio Christianae Religionis, convirtiéndose así en el heraldo de la Reforma en Francia. Básicamente, Calvino defendería la salvación a través de Cristo y la autoridad absoluta de la Biblia, con igual peso para el Antiguo y Nuevo Testamento, así como la Providencia. El teólogo francés, sin embargo, no quería circunscribir sus ideas únicamente a su reino natal y decidió marchar a Ginebra, paso que resultó fundamental para expandirlas de una manera más universal. Tras una fallida estancia en la ciudad en 1536, se establecería en ella de forma definitiva desde 1541 hasta su muerte 23 años después. Una vez reformada la iglesia de la ciudad suiza, venció las herejías internas y se lanzó a la ofensiva contra sus adversarios y para reconciliar las iglesias protestantes. Así, en 1549 llegó al Consensus Tigurinus con Bullinger, sucesor de Zwinglio, y unió ambas confesiones, aunque fracasó en sus intentos de acercamiento con anglicanos y luteranos. Con la fundación de la Academia de Ginebra en 1559, cuya dirección encargó a Beza, preparó a una serie de predicadores y teólogos que difundieron rápida y firmemente sus ideas prácticamente por toda Europa Occidental. Esta expansión tendría lugar en los Países Bajos tras 1550, fecha en que era minoritario excepto en ciudades como Valençiennes y Tournai por influencia de los hugonotes franceses. Sin embargo, su espectacular desarrollo no vendría de Francia, sino de los refugiados neerlandeses en Inglaterra y el Imperio, sobre todo en Emden217, en la diáspora provocada por las persecuciones católicas. Aprovechando sus avances en Francia, Inglaterra y el Imperio, así como la ruptura del poder Habsburgo en los Países Bajos durante la década de los 60 del siglo 216

Aunque existe abundante bibliografía sobre este reformado francés, un buen resumen de su vida y pensamientos en R. STAUFFER, “Calvin” en M. PRESTWICH (ed.), op. cit., pp. 15-38. 217 H. SCHILLING, op. cit., especialmente los capítulos 3 y 4, pp. 69-161.

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XVI, el calvinismo absorbió gran parte del protestantismo desestructurado y mostró las enormes posibilidades que tenía de jugar un papel predominante en la zona, gracias a gozar de una firme estructura que permitía su crecimiento. Asimismo, la formación de lo que se ha venido en llamar “Calvinismo Internacional”, o solidaridad entre las diferentes comunidades calvinistas europeas, permitió que sus conexiones tuvieran gran influencia en los acontecimientos políticos de la segunda mitad del siglo XVI218. Sin duda, la complicada situación religiosa no provocó por sí misma los importantes movimientos que tuvieron lugar durante la década de los 60. Sin embargo, si debemos considerar que contribuyó a fundamentar las bases ideológicas de algunos grupos contrarios a los cambios que hemos observado que se iban produciendo durante esos años en la organización de la Monarquía.

1.2.3.2.- Las facciones políticas flamencas y sus conexiones con la Corte de Felipe II Durante la ceremonia en que Carlos V abdicaba de sus posesiones flamencas para entregárselas a su hijo Felipe el 25 de octubre de 1555, dos personajes descollaron sobre el resto: Granvela y Orange. Sin duda, y como muchos autores han señalado, ambos representaban opciones políticas diferentes, pero la ruptura entre las facciones que ellos iban a defender no tendría lugar hasta unos años más tarde y, de hecho, sus relaciones fueron excelentes hasta 1561. De este modo, los primeros años del reinado de Felipe II resultaron ser de configuración de esas futuras facciones. Unos días antes de esta transferencia de poderes, se había producido el nombramiento de Emmanuel Filiberto de Saboya como Gobernador General, tras preferirse su candidatura a la de Orange y Ferrante Gonzaga e influído Felipe II por la opinión de Éboli219. Sin duda, esta decisión se antojaba provisional, ya que el noble italiano estaba decidido a abandonar el puesto en cuanto recuperara sus tierras patrimoniales y, además, sus relaciones con los nobles flamencos no eran las mejores. De hecho, Emmanuel Filiberto expresó su negativa a permanecer allí en solitario en el momento en que Felipe II se disponía a abandonar los Países Bajos a mediados de 1556, por lo que se propuso el retorno de María de Hungría. Esta rechazó el ofrecimiento en

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M. PRESTWICH, “The changing face of Calvinism” en ID. (ed.), op. cit., pp. 1-14 y A. DUKE, “Perspectives on European Calvinism” en A. PETTEGREE, A. DUKE y G. LEWIS (eds.), op. cit., pp. 1-20. 219 M. J. RODRÍGUEZ-SALGADO, Un imperio en transición. Carlos V, Felipe II y su mundo, 1551-1559, Barcelona, 1992 (traducción al español de Juan Faci del original publicado en inglés en Cambridge, 1988), p. 198. La autora recalca que, tras la negativa de los estados de Brabante a tener a un extranjero como regente, se le dio el título de lugarteniente general de los Países Bajos.

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un primer momento, aunque tras varios tiras y aflojas lo aceptaría; sin embargo, cuando preparaba su Jornada a Bruselas falleció220. Estos acontecimientos, unidos a las luchas contra los ejércitos franceses, obligaron a Felipe II a permanecer más tiempo del deseado en los Países Bajos y la yuxtaposición de ambas Cortes durante esos años nos impide conocer con exactitud cuales eran los focos de poder. Pese a ello, sabemos que Charles de Lalaing, antiguo patrón de la Corte de María de Hungría, fue el dominador del Conseil d´État flamenco durante los años posteriores a la abdicación del emperador y llegó a ser gobernador interino en 1557 al marchar Saboya al frente221. Durante ese tiempo, sus enfrentamientos con Granvela fueron constantes, fruto de sus diferentes visiones sobre la política exterior de la Monarquía, pero su vida tocaba a su fin y falleció el 21 de noviembre de 1558. De esta manera, el futuro cardenal se quitaba de encima a un importante opositor y se destacaba como la principal figura del gobierno de Flandes ante la nueva situación que se iba a producir en 1559. Una vez firmada la paz de Cateau-Cambrésis, Felipe II decidió que era necesario nombrar un nuevo gobernador, pues Emmanuel Filiberto regresaba a sus tierras patrimoniales, que le habían sido devueltas merced a dicho tratado. La primera opción que se le presentó al monarca fue la de Isabel de Valois, que podría disponer de un fuerte Consejo que la ayudara en las tareas de gobierno y con la posibilidad de tener un hijo en los Países Bajos que sería ese “príncipe natural” que satisfaría a los flamencos. Además de su esposa, el monarca sopesó otras posibilidades, como la del príncipe don Carlos, la de su hermana Juana y la de sus primos imperiales; sin embargo, Felipe II descartó todas ellas y redujo sus preferencias a su prima Cristina de Dinamarca, duquesa viuda de Lorena, y a su hermanastra Margarita de Parma222. Sin duda, la afinidad espiritual que esta última mantenía con los “ebolistas”, así como el apoyo del cardenal Granvela, ayudaron a que su candidatura fuera escogida. La creación del Consejo reducido y cercano a la gobernadora que era la “Consulta” auguraba, sin duda, que se iban a producir fuertes enfrentamientos con aquellos consejeros que habían quedado fuera de ella. A ello habría que unir la existencia de graves problemas que habían quedado irresolutos, siendo el más acuciante, 220

Ibídem, pp. 306-309. Sobre sus relaciones con el gobernador, A. LOUANT, "Charles de Lalaing et les remonstrances d´Emmanuel-Philibert de Savoie (Juillet et Novembre de 1556)", BCRH, 97 (1933) pp. 155-169. 222 M. J. RODRÍGUEZ-SALGADO, Un imperio en transición..., pp. 518-522. Sobre las dudas generadas por el papel de los Países Bajos en la Monarquía durante esos años, capítulo 9, “Epílogo: ¿España o los Países Bajos?, pp. 505-531. 221

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sin duda, el financiero, provocado por la resistencia mostrada por los Estados Generales de los Países Bajos a entregar dinero a Felipe II para las campañas en Italia y Francia desde marzo de 1556 hasta 1558. La actitud de esos Estados Generales hizo que Felipe II decidiera acelerar la puesta en marcha del plan de reforma de los nuevos obispados, lo que iba a agitar aún más el clima político en Bruselas. El plan inicial de Sonnius se había visto frenado por los enfrentamientos de Carlos V con el papa Julio III, así como por la guerra con Francia223. Tras finalizar esta, Felipe II relanzó la idea por consejo del cardenal Granvela, que aprovechó como canal de comunicación con el monarca al confesor real Fresneda una vez se hubo separado de la facción “ebolista”. La reforma de los obispados se antojaba una medida fundamental para poder llevar a cabo los planes de Confesionalización, aunque debía ser complementada por otras de índole religioso como la Junta previamente convocada para analizar el ambiente religioso de Lovaina y el tráfico de literatura herética procedente del Imperio, y que estuvo compuesta por Viglius, Granvela, el deán de Lovaina Ruano de Tapper, el franciscano Pacheco, el dominico Carranza, Fresneda y algunos de los inquisidores neerlandeses224. Tras diversas gestiones ante la Corte Papal, el papa Pío IV promulgó la bula Super Universas el 12 de mayo de 1559, certificando de este modo la reorganización. El siguiente paso fue la fijación del número y los límites geográficos de los obispados, decidiendose crear 18 con el de Malinas como metropolitano. Dependientes de su archidiócesis estarían Yprès, Amberes, Bois-le-Duc, Brujas, Gante y Roermod. Por su parte, estarían adscritos a la de Utrecht los obispados de Middelbourg, Leeuwarden, Groningen, Deventer y Haarlem y en la archidiócesis franco-valona se integrarían Cambrai, que era arzobispado, St. Omer, Tournai, Arrás y Namur. Una vez fijados los límites, se decidió crear un plan de dotación económica con fuertes implicaciones políticas, pues permitía a los nuevos prelados introducirse en los Estados Provinciales al unir a sus cargos los de abades de las principales abadías, que además tenían derecho de voto225. La elección de estos nuevos obispos recayó en el 223

No es nuestra intención desarrollar aquí todo el proceso de creación de los obispados, ya que existe numerosa bibliografía al respecto, sobre todo, del profesor M. Dierickx (De oprcihting der nieuwe bisdommen in de Nerderlanden onder Filips II. 1559-1570. Amberes-Utrecht, 1950 y Documents inedits sur l´erection des noveaux diocèses aux Pays-Bas (1521-1570), 3 vols., Bruselas, 1960-1962), sino insertar el proceso dentro de la Confesionalización general de la Monarquía y observar sus implicaciones faccionales. 224 Sobre esta Junta y la erección de los nuevos obispados, H. PIZARRO LLORENTE, “El control de la conciencia regia...”, pp. 157-175. 225 M. van DURME, op. cit., pp. 29-30. En las bulas Ex Injuncto y De Statu Ecclesiarum del 11 de marzo de 1561 sobre la circunscripción y la dotación de las nuevas diócesis, la abadía de

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propio Granvela, nuevo arzobispo de Malinas, que junto con Viglius, y aceptando algunas de las sugerencias de Margarita de Parma, redactó una primera nómina en marzo de 1560. La bula fundacional recogía que los obispos nominados debían ser doctores en teología, entorpeciendo seriamente el tradicional acceso de los nobles flamencos a dichas dignidades. Sin duda, este proyecto era de un enorme calado, pues no servía únicamente para aplicar con mayor firmeza los Concilios de Trento y para llevar a cabo con mayor eficacia la persecución de los herejes y la Confesionalización, sino que significaba la salida casi total de la aristocracia de esta fuente de poder, prestigio y dinero y consolidaba el patronazgo de Granvela a través de las nominaciones y de la entrada en los Estados Provinciales, donde se reduciría notablemente la oposición a las peticiones reales226. Por supuesto, la resistencia a su aplicación fue feroz y algunos consejeros de Estado protestaron fuertemente por no haber participado en la elaboración de este plan y por verse desplazadas sus familias de la posible ocupación de esos nuevos obispados. La excusa perfecta para canalizar dichas quejas era que la incorporación de dos inquisidores en cada obispado, coordinados por un organismo inquisitorial central, y la unión de las abadías iba en contra de lo establecido por la Blijde Inkomst o Joyeusse Entrée de Brabante y de otras provincias227. Sin embargo, la base de las protestas no radicaba ahí, sino en la ruptura del acceso a la toma de decisiones de aquellos que estaban acostumbrados a influir en las mismas en momentos no tan pretéritos. Estos nobles decidieron movilizar a sus clientelas locales y los panfletos contra Granvela y la Inquisición inundaron aquellas zonas de los Países Bajos gobernadas por personajes no afectos al cardenal. Esta oposición provocó que algunos obispados no pudieran ver ocupadas sus cátedras hasta que el duque de Alba llegó a Flandes, como fue el caso de Brujas, que no tuvo a Remigius Driutius hasta 1569, Roermond, Guillaume van der Linden no fue consagrado

Saint-Bernard-sur-l´Escaut pasó al obispado de Amberes, la de Tongerlo a Bois-le-Duc, y la de Affligem y la Prebostía de Saint-Rombaut a Malinas. Como abad de Affligem, Granvela pasó a ser el Chef del primer miembro de los Estados de Brabante, donde Felipe II solía tener mucha oposición. La abadía de Saint-Amand también se uniría al arzobispado de Malinas, tras renovar el Papa en diciembre de 1562 el indulto de 1515 de Leon X a Carlos V que le daba el derecho a nominar a los abades y priores. 226 Si observamos los candidatos escogidos, comprobamos que excepto Federico Schenck van Toutenberg en Utecht y Maximilien de Berghes, que fue sustituido por Louis de Berlaymont a su muerte en 1570, eran todos juristas. Así, Martín Rithovius en Ypres, Sonnius en Bois-le-Duc, Cornelius Jansenius en Gante o Nicolás de Castro en Middelburg. 227 G. WELLS, op. cit., pp. 230-275.

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hasta el 11 de mayo de 1569 pese a estar elegido desde 1563, o Groningen, donde Jean Knyff tomó posesión de su cargo en 1568. Sin duda, este asunto mostró con toda crudeza que ya existían en Bruselas dos facciones enfrentadas entre sí y que pugnaban por conseguir la cercanía a la gobernadora228. A mi juicio, estas facciones nunca pueden identificarse con flamencos y “l´Espaigne”229, como muchos historiadores han pretendido, porque estuvieron compuestas por personajes de diferentes procedencias, que tenían sus conexiones con los movimientos cortesanos que tenían lugar en Madrid. Además, la presencia de hispanos en Flandes en puestos de importancia tras la marcha de Carlos V y de Felipe II era escasa, aunque algunos tuvieran mucho poder como Tomás de Armenteros, los contadores Castellanos o del Canto o Arias Montano. Por un lado, nos encontramos con la facción dirigida por Granvela, cuyas ideas políticas y religiosas estaban relacionadas con el “partido imperial” y, posteriormente, con las del “albista”. Sin duda, su comunión de intereses con el duque de Alba, complementada con la correspondencia mantenida con los componentes del “Ministerio Colateral” y con el confesor Fresneda hasta que este cayó en desgracia, garantizaba a Granvela que su voz iba a ser escuchada en Madrid cuando surgieran los enfrentamientos, aunque la hegemonía “ebolista” le impidió llevar a cabo muchos de sus planes. El nuevo arzobispo de Malinas disponía en los Países Bajos de toda una red clientelar de secretarios y letrados, encabezada por Viglius, que compartía sus presupuestos, aunque solicitaba su entrada en la gestión de los asuntos referentes a sus territorios naturales. Defendían, además, la implantación de los acuerdos de Trento en materia religiosa y, por tanto, la instauración de los nuevos obispados. Sin embargo, esta postura no era exclusiva de esta red de letrados, sino que también fue apoyada durante esos años por algunos nobles flamencos como Aerschot, Aremberg o Berlaymont y, en menor medida, Mansfeld o Meghem; es decir, considerar que toda la aristocracia flamenca estaba en contra de las posturas políticas y religiosas de Granvela no resulta plausible. Enfrentados al grupo encabezado por Granvela nos encontramos a una serie de nobles, y algunos letrados como Simon Renard que se había enemistado con su antiguo patrón, cuyo mayor interés era poder influir en las instancias de gobierno. Personajes como Orange, que había estado al lado del emperador cuando este abdicó, Egmont, que 228

En este punto sigo, en general, el estudio de P. D. LAGOMARSINO, op. cit., pp. 38 y ss. Expresión que utilizó repetidamente Morillon en sus cartas, p. e. la del 8 de julio de 1568 a Granvela (CCG, III, nº 98, p. 295). 229

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había comandado los ejércitos imperiales y de Felipe II en repetidas ocasiones, o Brederode, el noble más poderoso de Holanda, no comprendían ni compartían el hecho de quedar fuera del acceso a la Corte del nuevo monarca y, además, quedar relegados a un mero papel decorativo en lo referente a sus propios territorios. Aunque Felipe II distribuyó ciertas mercedes entre ellos antes de partir -gobiernos, castellanías, toisones de oro o bandes d´ordonnance-, este grupo fue consciente de que se les estaba apartando y que esas mercedes y nombramientos estaban vacíos de significado político230. Igualmente, Horn, Montigny, Hooghstraeten o Berghes se opondrían al cardenal, al que también reclamaban que había influido en el nombramiento de Margarita como gobernadora en lugar de la duquesa de Lorena, opción preferida por ellos. Por supuesto, este grupo consideraba que el mejor sistema de gobierno era una monarquía “compuesta”, donde ellos pudieran tener cabida en las principales instancias de poder. Por lo que respecta a sus ideas religiosas, aunque el grupo no tenía una espiritualidad definida debido a las especiales circunstancias de los Países Bajos y a las influencias erasmistas, profesaba sin duda una mayor tolerancia a las ideas reformadas que la facción contraria231. Esta postura política y religiosa les acercaba, más por necesidad que por convicción, a la facción “ebolista”, llevando a cabo sus contactos con este grupo cortesano madrileño a través de los contadores del sueldo Alonso del Canto y Cristóbal Castellanos, “hechuras” de Eraso. Conviene reseñar que las opiniones del primero, junto con las del famoso teólogo Fray Lorenzo de Villavicencio, fue la principal fuente de información de Felipe II sobre la situación religiosa de los Países Bajos durante esos años. Sin embargo, el grupo “ebolista” fue incapaz de absorber plenamente a este grupo de descontentos y no pudo evitar su desafección al servicio real durante los primeros momentos de la Revuelta232.

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Orange, por ejemplo, fue nombrado consejero de Estado y Chef des finances, caballero del Toisón y Stadholder de Holanda, Zelanda y Utrecht. Igualmente, participó en las conversaciones de Cateau-Cambresis y en la embajada de Felipe II para recoger a Isabel de Valois y llevarla a Castilla (Sobre estos años, P. JANSSENS, “Willem van Oranje aan het Brussels Hof, 1549-1559", Spiegel Historiael, 19 (1984), pp. 174-180). Egmont, por su parte, fue también plenipotenciario en Cateau-Cambresis, consejero de Estado de Margarita y Stadholder de Flandes y de Artois, por citar dos de los ejemplos más significativos. 231 Baste como ejemplo que Orange llegó a defender un cierto grado de libertad de conciencia en el Conseil d´État ya en 1561 y en 1566. Asimismo, siendo superintendente de la ciudad por nombramiento de Margarita, dejó tres puestos de prédica para protestantes en Amberes (G. E. WELLS, op. cit., p. 237 y G. MARNEF, op. cit. p. 157). 232 Tal y como explica L. GEEVERS en su Gevallen vazallen: de integratie van Oranje, Egmont en Horn in the Spaans-Habsburgse monarchie (1559-1567), Amsterdam, 2008.

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La ofensiva del segundo grupo contra Granvela se inició cuando Egmont y Orange escribieron a Felipe II el 23 de julio de 1561 reclamando que se les consultara en asuntos tan cruciales como el de los obispados. La crispación fue in crescendo y no pudo ser resuelta por la embajada de Montigny a Madrid de 1562, por lo que Egmont, Orange y Horn solicitaron al año siguiente la dimisión de Granvela. Margarita, que hay que recordar que era deudora de unas ideas políticas y religiosas diferentes a la del cardenal pese a la buena relación que ambos mantenían, apoyó dicha moción y envió a su secretario Armenteros a Castilla para solicitarla. El balance faccional del momento favoreció la misión del secretario, decidiéndose la marcha honrosa de Granvela de los Países Bajos durante la estancia de la Corte en Monzón. De este modo, el cardenal abandonó Bruselas el 13 de marzo de 1564 con la excusa de ir a visitar a su madre enferma en su tierra natal, donde permanecería durante algo más de un año hasta que el cambio faccional que se produjo en Madrid le permitió ser destinado a Roma. Aunque nunca más retornaría al Norte de Europa, su influencia en los asuntos flamencos continuó siendo de gran importancia a través de su red de “hechuras” y su opinión fue considerada como voz autorizada, siempre y cuando la situación cortesana le fuese favorable233. Las decisiones de Monzón marcaron el triunfo de los “ebolistas” en la gestión de los asuntos flamencos y, tras solicitar Eraso a los nobles neerlandeses que se reincorporaran al Consejo, estos lo hicieron. Sin embargo, su lucha no cesó y trataron de apartar a Viglius del lado de Margarita, lo que consiguieron al poco tiempo. Desde esa posición privilegiada, la nueva facción dominante pugnó por retrasar la aplicación de los acuerdos de Trento y por conseguir una mayor tolerancia religiosa, decidiendo comisionar al conde de Egmont para que expusiera sus ideas al monarca. El 23 de enero de 1565 se le extendieron unas instrucciones, que defendió en la Corte madrileña el 24 de marzo, en las cuales se contemplaba que para evitar los acuciantes problemas de los Países Bajos se debería certificar la preeminencia del Conseil d´État sobre los otros dos colaterales, al tiempo que se incorporaban 4 nobles más al mismo –proponían a Noircarmes, Montigny, Berghes y Meghem-, dividir las presidencias de los Consejos de Estado y Privado tras la dimisión de Viglius, investigar los abusos en los Consejos de Hacienda y Privado y en el gobierno provincial y moderar los Placcards o leyes contra la herejía. 233

Sobre la relación de Granvela en los asuntos flamencos en años posteriores, G. JANSSENS, “Cardinal Granvelle and the revolt of the Netherlands. The evolution of his thought on a desirable political approach to the problem, 1567-1578” en K. de JONGE y G. JANSSENS (eds.), op. cit., pp. 135-156.

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Sin embargo, la misión de Egmont presentaba serias complicaciones por las fuertes luchas que se estaban produciendo en la Corte madrileña y que anticipaban la merma de poder de Éboli y Eraso, principales apoyos en Madrid de los nobles flamencos. Pese a ello, Egmont partió con ciertas esperanzas de la Corte el 6 de abril, después de que el monarca le despidiera con buenas palabras y promesas de estudiar la situación. Las famosas cartas del Bosque de Segovia del 17 y 20 de octubre de ese año mostraron que no estaba en lo cierto, ya que en ellas Felipe II ratificaba una política de dureza en lo político y en lo religioso al revocar la decisión del comité de sabios y teólogos convocados por Margarita de sustituir algunas condenas a muerte de “herejes” por el envío a galeras, y de que no se ajusticiara a aquellos que habían transgredido los Placcards pero no se habían adherido a la herejía. En las misivas reales se contemplaba incluso que los anabaptistas arrepentidos fueran ajusticiados y que se debiera reemplazar a los jueces que no aplicaran las leyes con rigor234. Las cartas llegaron a Bruselas el 5 de noviembre y Margarita, preveyendo sus funestas consecuencias, esperó a enseñarlas en el Conseil d´État hasta el 14, para evitar que hubiera revuelo durante la celebración de la boda de su hijo Alejandro con María de Portugal que se estaba llevando a cabo en esos días235. La respuesta a estas misivas fue inmediata, aunque no tuvo como primeros protagonistas a los principales nobles opositores sino a otros de la media y baja nobleza que firmarían el día 18 en el Palacio de Culembourg el llamado Compromiso o Liga de la Nobleza, donde atacaban la implantación de la Inquisición y pedían la abolición de los Placcards contra la herejía. Dicho texto, que no se publicaría hasta enero del año siguiente, fue redactado por Marnix de Sainte-Aldegonde, calvinista que había estudiado en la Academia de Ginebra, y entre sus firmantes destacarían Brederode, Louis de Nassau, hermano de Orange, y Charles de Mansfeld236. Orange, Egmont y Horn, por su parte, dejaron el Conseil d´État y Berghes y Meghem sus gobiernos provinciales y se lavaron las manos en los acontecimientos. El siguiente paso de la Liga de Nobles fue presentar el 5 de abril

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J. WOLTJER, “Political Moderates and Religious Moderates…”, p. 189. La descripción de dicha boda en F. DE MARCHI, Narratione particolare del Capitan Franceso e´Marchi da Bologna, delle gran feste, e trionfi fatti in Portugallo, e in Fiandra nello sposalitio dell´Illustrissimo&Eccellentissimo Signore, il Signore Alessandro Farnese, Prencipe di Parma, e Piacencia, e la Sereniss. Donna Maria di Portogallo, Bolonia, 1566. 236 El texto se encuentra publicado en inglés en H. H. ROWEN, The Low Countries in Early Modern Times. A documentary history, Londres, 1972, pp. 29-33 y E. H. KOSSMAN y A. F. MELLINK (eds.), Texts concerning the revolt of the Netherlands, Londres, 1974, pp. 59-62. Sobre los firmantes de este Compromiso, H. F. K. van NIEROP, "A Beggars" Banquet...”. 235

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de 1566 la Petición237, donde se ratificaban en sus opiniones, así como movilizar a sus redes clientelares provinciales. Margarita envió el nuevo texto al monarca y decidió de motu proprio el 23 de agosto suspender el reforzamiento de los Placcards y de la Inquisición, así como conceder libertad de culto en los lugares donde ya se predicara el calvinismo, y cedió el gobierno al Consejo de Estado. Visto el nuevo giro de los acontecimientos, Orange, Egmont y compañía decidieron volver a negociar con el monarca, enviando al marqués de Berghes y a Montigny de nuevo a Madrid. Sin embargo, la misión estaba condenada al fracaso, pues Felipe II conoció al mismo tiempo tanto la Petición y la capitulación de Margarita como la Iconoclastia o Beeldenstorm. Estaba claro que las políticas conciliadoras de los partidarios de “Éboli” habían fracasado y su tolerancia religiosa había quebrado con la quema sistemática de imágenes por parte de los calvinistas, modificando el propio Fray Lorenzo de Villavicencio sus primeras opiniones sobre la situación para pasar a sustentar las tesis “albistas”. El monarca volcó todo su apoyo en este nuevo grupo y se inició un proceso de febril deliberación, que culminaría en la famosa reunión del Consejo de Estado del 29 de octubre238. En dicha sesión se decidió que era necesaria la marcha del monarca a los Países Bajos para finalizar la rebelión, aunque debía ser precedido por un general que, al mando de un potente ejército, prepararía su llegada. Tras decantarse por esta última opción, se discutió el nombre del encargado de comandar dicho ejército y aunque Éboli, Berghes y Montigny solicitaron que fuera el conde de Feria, afín a sus ideas, la realidad faccional del momento no invitaba a ello. Tras las renuncias de los duques de Parma y Saboya, quedó claro que la única candidatura posible era la del propio duque de Alba. Su aceptación el 29 de noviembre significaba, al mismo tiempo, el triunfo político de la facción que él mismo encabezaba y su fracaso personal, pues se le obligaba a marchar de la Corte, con lo que eso suponía de dificultad para poder seguir ejerciendo su patronazgo a esa distancia. La marcha del “Gran Duque” se dispuso para la primavera siguiente, abriéndose desde este momento una nueva época en las relaciones entre Flandes y el resto de la Monarquía. 237

El texto en E. H. KOSSMAN y A. F. MELLINK (eds.), op. cit., pp. 62-65. El nombre de los firmantes estuvo íntimamente ligado a las redes clientelares de algunos nobles, como fue el caso de Brederode que con su influencia consiguió que uno de cada cuatro nobles adultos holandeses suscribieran el texto (H. F. K. van NIEROP, The nobility of Holland..., p. 186). 238 Sobre esta reunión hay varias descripciones, como la de L. P. GACHARD, Don Carlos y Felipe II, Madrid, 2007 (traducción del original francés), pp. 256-258 o P. D. LAGOMARSINO, op. cit., pp. 254-255.

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CAPÍTULO 2

LA CONFESIONALIZACIÓN EN FLANDES: EL GOBIERNO DEL III DUQUE DE ALBA (1567-73)

2.1.- Los avatares cortesanos en Madrid Tras la marcha del duque de Alba a los Países Bajos, el futuro de la facción cortesana que este encabezaba quedaba hipotecado ante la ausencia de su patrón. Esta tesitura fue aprovechada por un personaje que aunaba las condiciones ideales para desarrollar los planes de Confesionalización que Felipe II pretendía y que pronto adquiriría la condición de “privado” del monarca: el cardenal Espinosa239. Tras ser nombrado presidente del Consejo de Castilla en 1565, la confianza que le mostró Felipe II le permitió orientar la gracia real, con lo que pudo favorecer el ascenso de su propia red clientelar que, en buena medida, llegaría a coincidir con la administración de la Monarquía240. Para formar esta red, Espinosa recurrió a sus amistades adquiridas durante su periplo como estudiante en Salamanca, oidor en Sevilla y regente en el Consejo de Navarra y reformó numerosas instituciones como los Consejos de Castilla, Hacienda, Cruzada o Indias, con el fin de que su entorno tuviese cabida en ellos. Gracias a estas actuaciones, Espinosa fue capaz de hacer desaparecer el bipartidismo de años anteriores, pese a haber contado con el favor del partido “ebolista” para su ascenso y coincidir ideológicamente en muchos puntos con el “albista”, y lo aprovechó en beneficio propio. Sin embargo, el cardenal tuvo dos carencias significativas para consolidar su poder, cuales eran la falta de oficio palatino y de red clientelar en política exterior, derivadas ambas de su condición social no nobiliaria. Este déficit era muy complicado de subsanar y el cardenal ni siquiera intentó abordar su acceso a la Casa del monarca, aunque sí trató de intervenir en los Consejos de Estado y Guerra para aumentar su influjo en política exterior, aunque con relativo éxito. Así, tras ser nombrado consejero de Estado, pretendió darle a dicho Consejo un rígido control operativo reuniéndolo a veces en su casa y con escaso número de miembros ante las numerosas ausencias de consejeros, pero tuvo muchas dificultades para controlar sus actuaciones. Por lo que respecta al Consejo de Guerra, su condición de eclesiástico le impidió ser nombrado consejero, pero consiguió deslindarlo del de Estado y le dio 239

Sobre la privanza de Espinosa, Configuración, pp. 99-213. Sobre su red clientelar, J. MARTÍNEZ MILLÁN, “Un curioso manuscrito. El libro de gobierno del cardenal Diego de Espinosa (1512?-1572)”, Hispania, 53 (1993), pp. 299-344.

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jurisdicción propia dedicada al ámbito castrense. Asimismo, dividió la Secretaría de Estado y concedió a Zayas, ligado al duque de Alba, la del Norte y a Antonio Pérez, “hechura” de Éboli, la de Italia. Estas actuaciones se verían complementadas con un firme intento por mantener buena correspondencia con los personajes que ostentaban cargos importantes en los reinos de la periferia, caso del duque de Alba, el de Alburquerque, Granvela o Juan de Zúñiga, por lo que las relaciones exteriores con otras potencias del momento vendrían marcadas por dichos personajes241. Por último, trató de proyectar su red clientelar en la administración de los reinos, caso de Hernández de Liévana en Italia, y para ser informado de los posibles candidatos a los diferentes oficios recurrió a presidentes de audiencias, corregidores y obispos. Por lo que respecta a sus actuaciones en el proceso de Confesionalización, homogeneización y control de la sociedad en los diferentes reinos, Espinosa trató de identificar a los gobernantes con la confesión católica y llevó a cabo una serie de reformas en diversos ámbitos, como las órdenes religiosas. Igualmente, trató de aplicar rigurosamente los acuerdos tridentinos y promovió concilios provinciales en toda la Monarquía, como el de Cambrai en los Países Bajos en 1566, o favoreció la reorganización de los obispados, caso de Flandes donde relanzó a través de Alba el plan que ya había iniciado Granvela. Sin embargo, ese proceso de Confesionalización encontraría un grave inconveniente en la catequización y conversión de los moriscos, especialmente en las Alpujarras. Esa reforma tan drástica provocó levantamientos, cuyo apaciguamiento se retrasó por las disensiones surgidas dentro del Consejo de Estado, lo que entorpeció las operaciones militares. Tras fracasar el marqués de Mondéjar en la represión, se tuvo que encargar don Juan de Austria de acabar con la revuelta al mando de un numeroso y caro ejército y tras varios años de lucha. Sin duda, el fracaso granadino, que conllevó la caída del presidente de la chancillería de Granada Pedro Deza, “hechura” de Espinosa, unido a las ingentes cantidades de dinero que requería el duque de Alba en Flandes, provocaron que Felipe II decidiera buscar nuevos caminos para resolver los problemas que se le planteaban. De esta manera, Espinosa cayó en desgracia y vio mermada su autoridad poco antes de su fallecimiento, acaecido en 1573, apareciendo así un nuevo panorama desde el punto de vista faccional. Por lo que respecta a la situación cortesana del duque de Alba durante su gobierno en Flandes, y por lo tanto su facilidad para poder poner en práctica su programa político, podemos inferir que estuvo íntimamente ligada a la del cardenal 241

S. FERNÁNDEZ CONTI, Los Consejos de Estado y Guerra..., p. 103.

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Espinosa. Así, su comunión de intereses en cuanto a la necesidad de llevar a cabo la Confesionalización en los Países Bajos, permitió al “Gran Duque” disfrutar de cierta comprensión en Madrid, al menos, durante los primeros años de su gobierno. Su principal interlocutor en la Corte era su “hechura” Gabriel de Zayas242, que procuró por todos los medios contrarrestar el influjo de los enemigos del duque. Para ello, contó con el apoyo del cuñado de Alba, el prior Antonio de Toledo243, y con la cercanía al cardenal Espinosa, al doctor Martín de Velasco244, que era el encargado de supervisar las peticiones de mercedes provenientes de Flandes, y al contador Francisco de Garnica245, de los que se acabaría distanciando por sus diferencias ideológicas246. Por supuesto, los principales enemigos del gobernador de Flandes en Madrid eran los componentes de la facción “ebolista”, que no perdieron la ocasión de minar la 242

Nacido en 1526, estudió en Alcalá de Henares y en 1548 se dice que ya era oficial de Gonzalo Pérez, comenzando casi al mismo tiempo la carrera eclesiástica y la administrativa. Estuvo con Felipe II en Inglaterra en 1554-55 y se fue adueñando de los papeles de la secretaría de Estado, incluso antes de que muriera Gonzalo Pérez, aunque compartiendo escena con su hijo Antonio Pérez. Desde el 19 de octubre de 1566 ambos acudían a las sesiones del Consejo de Estado, aún sin poseer los títulos, que se les concedieron el 17 de julio de 1567. Zayas era amigo de Mateo Vázquez y del duque de Alba, por lo tanto émulo de Antonio Pérez, lo que conllevó su relegamiento durante la hegemonía cortesana de este. En 1579 se le destinó a la secretaría de Italia donde sirvió hasta su muerte el 13 de julio de 1593 (CFA, pp. 99-112 y P. RODRÍGUEZ, “Gabriel de Zayas (1526-1593). Notas biográficas”, Espacio, Tiempo y Forma, serie IV, HªModerna, 4 (1991), pp. 57-70). 243 Hijo del III conde de Alba de Aliste y hermano de María Enríquez, esposa del duque de Alba. En 1548 fue nombrado caballerizo mayor del príncipe Felipe gracias a la influencia de su cuñado, mayordomo mayor de dicho servicio. Con el ascenso de Felipe II al trono, se le ratificó en dicho oficio y se le nombró consejero de Guerra y de Estado. Fue uno de los baluartes de su cuñado en la Corte pero su apocado carácter le impidió intervenir con mayor decisión en las duras luchas faccionales. Su apogeo lo alcanzó entre 1573 y 1576, aprovechando el vacío de poder, pero con el ascenso de la facción “papista” se vio de nuevo relegado y falleció el 13 de marzo de 1579 (Configuración, pp. 488-489). 244 Tras sus estudios en el colegio salmantino de Oviedo, dio el salto al oficio de oidor de la chancillería de Granada en 1537 permaneciendo en ella hasta que en 1542 pasó a la de Valladolid con el mismo cargo. El emperador conoció de su saber y se le fue dedicando a asuntos religiosos, llegando en 1552 a ser consejero de Castilla gracias a sus vínculos en el círculo del príncipe Felipe. Amplió su poder durante la regencia de doña Juana, ingresando en la Cámara y en el Consejo de Hacienda, así como aconsejando a la hermana del príncipe en asuntos de estado. Se unió al cardenal Espinosa en su ascenso, al defender las mismas ideas confesionalistas, y tras la muerte de este se llegó a especular con que Velasco le sucedería pero no fue así y comenzó su declive, falleciendo el 13 de septiembre de 1573 (Carlos V, III, pp. 456-458 y Configuración, pp. 508-509). 245 Formado bajo la protección de Francisco de Eraso desde 1547, ocupó el oficio de contador de relaciones en mayo de 1558 y lo ocupó hasta que fue nombrado teniente de la Contaduría mayor interino en enero de 1564, alcanzando la titularidad en dicho oficio en 1566. Su importancia en asuntos hacendísticos fue creciendo hasta que en 1578 comenzó el declive de la facción “papista” que le arrastró. Permanecería en la corte hasta 1587 pero fue perdiendo paulatinamente su importancia y falleció apartado, aunque con grandes riquezas (Ibídem, p. 382). 246 Zayas a Alba, 6 de abril de 1569, CODOIN, XXXVIII, p. 62, "Que Velasco también está en Valladolid, y Garnica en Guadalupe, que son dos personajes que nos ayudan bien".

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posición del nuevo gobernador, ya incluso antes de que partiera hacia Italia en 1567247. Para ello, buscaron aprovechar la misión de Gaspar de Robles, barón de Villy248, enviado por Margarita de Parma para evitar la puesta en marcha de la expedición de Alba al remitir los movimientos revolucionarios. Aunque el enviado llegó a la Corte cuando el noble castellano ya había partido, no dudó en entorpecer su misión y pugnó por conseguir que el enviado real esperase en Milán para ser precedido en los Países Bajos por Éboli, que iría en calidad de mayordomo mayor del príncipe don Carlos que sería el nuevo gobernador. Aunque el monarca rechazó el plan, los enemigos del duque consiguieron que se redujera enormemente el tamaño de la armada y que Felipe II fuera posponiendo su viaje a Flandes, algo que Alba nunca olvidaría. Pese a estas trabas, los triunfos militares y políticos de Fernando Álvarez de Toledo y la protección de Espinosa consiguieron acallar las voces críticas y le permitieron llevar a cabo sus planes durante sus primeros años de gobierno. Sin embargo, la situación tornaría hacia 1570, una vez que la rebelión de las Alpujarras afectó a la credibilidad de Espinosa, y las conversaciones con el papa Pío V para formar la Liga Santa contra el turco así lo parecieron demostrar. El duque de Alba defendía que ese dinero que se iba a gastar en formar una armada capaz de parar a la potente flota otomana debía usarse para reforzar los ejércitos de Flandes, en previsión de una posible invasión de los hugonotes franceses. Sin embargo, su opinión no fue escuchada y el duque fue consciente de que su situación cortesana se iba debilitando, lo que pudo

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P. D. LAGOMARSINO, op. cit., pp. 267-288. Perteneciente a una familia portuguesa de luenga tradición en el servicio a los monarcas hispanos, fue paje de la emperatriz Isabel desde el 2 de diciembre de 1530 hasta la muerte de la misma, de René de Nassau-Chalons, príncipe de Orange, desde ese momento hasta su fallecimiento en 1544 y del emperador desde el 1 de enero de 1547 hasta el 1 de septiembre del mismo año. En ese momento fue promovido a costiller, oficio que desempeñó hasta el 3 de diciembre de 1549 en que fue nombrado gentilhombre de la casa, cargo que desempeñaría hasta que en 1556 dejó de serlo con el nuevo rey. A su vez, comenzó a servir en el ejército al nombrársele capitán de caballos ligeros y se trasladó a Flandes donde ya viviría prácticamente el resto de su vida. Su papel político se incrementó con el comienzo de los tumultos, permaneciendo siempre vinculado a las ideas “ebolistas” debido a la ayuda que el príncipe de Éboli le prestó para conseguir en 1561 el hábito de Santiago. Aunque tenía relación con los nobles firmantes del Compromiso, siempre permaneció del lado de la gobernadora, utilizando su influencia para atraer a nobles hacia el bando realista y en 1567 Margarita le envió a Madrid para explicar sus últimas victorias y certificar que no era necesario el envío del duque Alba a Flandes. Esta oposición a las ideas del duque de Alba se notaron en las tensas relaciones entre ambos pero Fernando Álvarez de Toledo era, ante todo, un gran militar y fue consciente de la valía de Robles por lo que decidió enviarle como coronel a la campaña de Frisia. Allí quedó al frente de las tropas de Felipe II durante varios años y la recompensa a su lucha fue el gobierno de Frisia en 1573. Serviría en Flandes hasta que falleció durante el sitio de Amberes en 1585 por la explosión de la máquina de Giambelli contra el puente que Farnesio había mandado levantar (Biografía en el DBE). 248

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corroborar en dos asuntos de vital importancia y ligados entre sí: el viaje de la archiduquesa Ana a contraer matrimonio con Felipe II y su relevo. La muerte de la reina Isabel de Valois el 3 de octubre de 1568 se unió a la del príncipe don Carlos, acaecida el 24 de junio del mismo año, situación que dejó a Felipe II sin herederos. Sus dos hijas, Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela, eran aún muy jóvenes y no se pensaba en ellas como posibles sucesoras, por lo que el monarca agilizó las conversaciones con su primo Maximiliano II para contraer matrimonio con su sobrina Ana de Austria249. El duque de Alba vio el traslado de la archiduquesa a Castilla como una gran oportunidad para retornar a Madrid, por lo que utilizó toda su influencia para que dicha Jornada transcurriera por Flandes y no por Italia como estaba previsto en un principio. A raíz de ello, se produjo un intenso debate en Madrid sobre el nombre del posible sucesor250 pero el rey no encontró a nadie capaz de poder controlar a las revueltas élites flamencas251, por lo que decidió que Alba debía continuar en Bruselas, aunque mantuvo sus esperanzas al insinuarle la posibilidad de regresar a Castilla junto al séquito de la archiduquesa. Mientras esto sucedía en Madrid, el embajador de Felipe II en el Imperio, Chantonay, ultimaba los preparativos del viaje, que concluyeron a comienzos de mayo de 1570. Ana iría con su padre a la dieta de Spira y desde allí a los Países Bajos, donde el duque de Alba determinaría su ruta hasta la costa cantábrica. El 4 de mayo tuvo lugar la boda por poderes en la catedral de Praga, en presencia de Chantonay y Venegas, embajador extraordinario, los emperadores, el nuncio papal, el duque de Mecklemburgo y los embajadores de Polonia y Venecia y con el archiduque Carlos de Estiria, que ya 249

Sobre este matrimonio, L. PÉREZ BUENO, “Del casamiento de Felipe II con su sobrina Ana de Austria”, Hispania, 7:28 (1947, jul-sep), pp. 372-416. 250 Alba a Felipe II, 26 de marzo de 1570, EDA, II, n. 1081, pp. 352-353. En ella comentaba Alba que la duquesa Cristina de Lorena le había enviado un emisario y le había propuesto como gobernador de los Países Bajos al duque de Baviera, aunque el noble castellano creía que era una propuesta encaminada a conseguir el oficio para la propia duquesa; ID., 26 de agosto de 1570, Ibídem, nº 1125, p. 410, Chantonay le había comunicado que Maximiliano II quería el puesto de gobernador para el archiduque Rodolfo, aunque Alba pensaba que realmente lo codiciaba para su hermano Carlos. Felipe II, al margen, comentaba que Alba lo que quería realmente era pasar el puesto a su hijo Fadrique; se habló incluso del prior Hernando como relevo del duque, Pradilla a Lope de Acuña, 31 de mayo de 1570, RAH, 9-67, f. 321 v.,"De creer es que avia dado en que entender la yda de la Reyna por esos estados como lo hizo aqui quando tuvimos la nueva de pasar por este, pero todo travajo se puede tolerar por el favor, y aca se tiene que el señor duque dalva la acompañara a España y que quedara en su lugar el señor prior". 251 G. PARKER, "1567: The End of the Dutch Revolt" en A. CRESPO SOLANA y M. HERRERO SÁNCHEZ (coords.), op. cit., I, pp. 274-275. Parker resalta que al comienzo del gobierno de Alba el rey propuso a su hermano don Juan de Austria como posible relevo, pero el duque se negó, debido a su pertenencia a la facción cortesana contraria, y el rey no insistió. Juana y María, hermanas de Felipe II, así como don Carlos, su hijo, tampoco eran candidatos adecuados por diversas razones.

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había regresado de su visita a Castilla, en representación de Felipe II. Estaba presente igualmente el duque de Osuna, don Pedro de Acuña y Téllez-Girón, enviado por el monarca para acompañar a la reina en su viaje. Felipe II informó del desposorio a Alba a finales de junio, al tiempo que le comunicaba que no iba a ser posible llevar a cabo su relevo en ese momento252. Pese a alabar su labor, el monarca creía que aún tenía asuntos pendientes por resolver en Flandes, de tal suerte que no era bueno que viajara con la futura reina, ya que se perdería todo lo realizado si salía de Bruselas antes de que llegara su sucesor que, además, aún no había sido elegido. En su lugar, Felipe II designó al prior Hernando, hijo ilegítimo del propio duque, como acompañante de su esposa253. Sin duda, la noticia fue un golpe muy duro para el “Gran Duque”, que se mostró iracundo por una decisión que achacaba, sin duda de forma acertada, a la acción de sus enemigos en Madrid254. Aunque las protestas de Alba no le permitieron realizar el viaje con la futura reina, que llegó a Santander el 3 de octubre y contrajo matrimonio poco después en Segovia255, parece que si influyeron en el ánimo de los encargados de tomar la decisión sobre el relevo, ya que el cardenal Espinosa comunicó su decisión al gobernador el 16 de septiembre256. La elección había recaído en el duque de Medinaceli y aunque la noticia de tener un sucesor alivió a Fernando Álvarez de Toledo, tal y como comunicó a Espinosa257, estaba claro que la situación le iba a comportar nuevos problemas, pues el elegido era deudo del partido “ebolista”258. Se ha dicho que la partida de Medinaceli hacia Flandes se retrasó de manera deliberada por las dudas de Felipe II y de sus consejeros, así como por la espera en el desarrollo de la situación en las Alpujarras e Inglaterra. Una vez se produjeron el final

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Felipe II a Alba, 30 de junio de 1570, AGS, E., leg. 544, f. 122. ID., 4 de julio de 1570, Ibídem, f. 164. 254 ID., 12 de agosto de 1570, EDA, II, nº 1122, pp. 406-408. 255 J. BÁEZ DE SEPÚLVEDA, Relación verdadera del recibimiento que hizo la ciudad de Segovia a la majestad de la reyna nuestra señor doña Anna de Austria, en su felicísimo casamiento que en la dicha ciudad se celebró, edición de Segovia, 1998. 256 Granvela a Morillon, 11 de mayo de 1573, CCG, IV, nº 138, p. 557, “Ceulx qui dient que le cardinal Spinosa fist le choix, ont raison”. 257 Alba a Espinosa, 27 de septiembre de 1570, EDA, II, nº 1153, p. 433. 258 Juan de la Cerda y Silva, IV duque de Medinaceli, accedió a los estados de su casa en 1553 y un año más tarde comenzó su carrera política al formar parte del séquito del príncipe Felipe en su viaje a Inglaterra. Durante ese viaje se acercó a Éboli, bajo cuya influencia estaría hasta su muerte. Gracias a él, el primer favorito de Felipe II pudo controlar asuntos italianos pues Medinaceli fue Virrey y Capitán General de Sicilia desde 1557 hasta 1566. El cambio faccional le supuso ser de nuevo alejado de la Corte en 1567 con el nombramiento de Virrey de Navarra, aunque también recibió los títulos de consejero de Estado y Guerra y una encomienda de la orden de Santiago. Fue reclamado en 1570 para marchar como gobernador a los Países Bajos, aunque no zarparía hasta 1572 (Configuración, p. 347). 253

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de la revuelta granadina y el fracaso del complot de Ridolfi, así como el arresto del duque de Norfolk, se aceleró el viaje259. En nuestra opinión, habría que añadir a estas circunstancias la débil posición cortesana del duque de Alba, que sus enemigos aprovecharon para conseguir que permaneciera más tiempo en Flandes, conscientes de que ello haría decaer su influencia y autoridad260. Pese a los intentos de apremio por parte de Alba y de Zayas, el título de Medinaceli no fue expedido hasta el 24 de septiembre de 1571261 y su partida, prevista en un principio para finales de 1570, no se produjo hasta mayo de 1572. Ante esta dura situación, Albornoz, secretario de Alba, contempló la posibilidad de cambiar de patrón en la corte madrileña. El candidato ideal era el aún “privado” Diego de Espinosa, al que pretendía acceder a través de Mateo Vázquez, secretario del cardenal, con el que inició una correspondencia orientada a sustituir a la que mantenía con Zayas262. El momento no era el más propicio, toda vez que Albornoz procuraba conseguir un obispado en América para su hermano Jerónimo y el secretario Zayas le ayudaba a gestionar el asunto en la Corte. Con todo, el secretario escribió en febrero de 1571 a Nicolás de Ovando para que le pusiera en contacto con Mateo Vázquez263 y requirió los servicios del doctor Milio264, que se convirtió en uno de sus referentes en la Corte265. Estas “infidelidades” molestaron enormemente al Secretario de Estado266, aunque las relaciones entre ambos no finalizaron por conveniencia política267 y por el

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A. W. LOVETT, “A new Governor for the Netherlands: the Appointment of Don Luis de Requesens, Comendador Mayor de Castilla”, European Studies Review, I, 2 (1971), p. 91 e ID., Philip II and Mateo Vázquez de Leça: the government of Spain (1572-1592), Génova, 1977, p. 40. 260 Así lo apreciaba Arias Montano en un memorial muy extenso que envió a Zayas el 5 de febrero de 1571, CODOIN, XLI, pp. 200-235. 261 Patente de gobernador de Medinaceli en francés, 25 de septiembre de 1571, CODOIN, XXXV, pp. 430-435. 262 Albornoz a fray Jerónimo de Albornoz, 16 de febrero de 1571, EDA, II, nº 1212, p. 506. 263 Albornoz a Nicolás de Ovando, 18 de febrero de 1571, Ibídem, nº 1215, pp. 510-511. 264 Párrafo de carta del doctor Milio a Alba, 3 de febrero de 1571, DECA, p. 103. Era administrador del Priorato de la orden de San Juan de Jerusalén que ostentaba Hernando de Toledo (S. FERNÁNDEZ CONTI, “El Prior Don Hernando de Toledo, Capitán de Felipe II y de sus Consejos de Estado y Guerra”, en Marcelo Fontani. Il perfetto capitano. Immagini e relata (secolo XV-XVII), Roma, 2001, p. 101). 265 Albornoz a Milio, 7 de junio de 1571, EDA, II, nº 1343, pp. 628-630. En ella, el secretario demandaba nuevas sobre la Cámara, la proximidad de Espinosa a Éboli o sobre quien llevaba los negocios de Estado. 266 Zayas a Albornoz, 6 de julio de 1571, AGS, E., leg. 547, f. 57, "Aunque con invidia de ver al Milio mas regalado de Vuesa Merced que yo”. 267 Albornoz a Zayas, 5 de agosto de 1571, EDA, II, nº 1397, p. 701, "Por los respectos que diré abajo, no quiero consentir que v. merced me diga que ni a mi padre ni Millio tengo en primer lugar, porque éste tiene y terná, mientras yo viviere, mi señor Gabriel de Zayas, a quien yo amo más tiernamente que a todos cuantos hay en el mundo”.

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deterioro de la relación de Albornoz con Milio al no concederse a este último la saca del doblón268. Estas maniobras del secretario de Alba no encontraron respuesta por parte del cardenal Espinosa, ante lo que Albornoz recurrió a la mediación de su patrón, que escribió una extensa misiva al cardenal269. En dicha carta se observan las diversas quejas que el gobernador de Flandes tenía sobre el tratamiento que se le dispensaba en Madrid; así, solicitaba que se acelerara su sustitución, que se hiciera un uso correcto de la hacienda y que se compensara el maltrato que había recibido su hijo, Hernando de Toledo, por parte del duque de Feria y de Martín de Velasco cuando llegó a Madrid tras acompañar a Ana de Austria. La reacción del primero era esperada al ser uno de sus principales enemigos, pero no la del segundo, al que Alba consideraba un personaje afín y que, sin embargo, le había tenido engañado270. Estos intentos no obtuvieron fruto y solo sirvieron para observar que la suerte del “Gran Duque” estaba echada y que su situación cortesana, así como su relación con el cardenal, estaba fuertemente deteriorada. La disparidad de criterios con Espinosa se haría aún más patente cuando el “privado” del rey llegó a plantear la posibilidad de llevar a cabo una Visita a Flandes, tal y como había promovido en otros reinos de la Monarquía, por medio de Andrés Ponce de León, aprovechando el viaje del duque de Medinaceli a esas tierras. Esta actuación, lógicamente, no era del agrado del de Alba y aunque Ponce de León rechazó, finalmente, el encargo271, el simple hecho de haberse sugerido la misma plasma perfectamente la tensión existente entre los partidarios y los contrarios al duque; tensión que, por otro lado, no se circunscribía únicamente a los consejeros castellanos, sino que también atañía a los flamencos del “Ministerio Colateral”. Las desavenencias entre estos y el duque se venían produciendo desde 1567 pero las discusiones para la aplicación del Perdón General mostraron los primeros enfrentamientos serios. Mientras el gobernador pretendía acabar con la rebelión antes de promulgarlo, tanto Hopperus como Tisnacq aconsejaban que se publicara lo antes 268

Albornoz a Antonio de Lada, 27 de agosto de 1571, Ibídem, nº 1409, p. 716, "El doctor Milio no tiene razón de tener por disfavor el no habérsele dejado gozar de la saca del doblón, porque fuera una mala introducción y a estos señores del Consejo paresció que no convenía que se dijese que en tiempo del Duque se hubiese comenzado”. 269 Alba a Espinosa, 21 de febrero de 1571, Ibídem, nº 1223, pp. 521-523. 270 Alba a Antonio de Lada, 21 de mayo de 1571, Ibídem, nº 1311, pp. 602-603, “Y vos habéis conocido mejor que yo el término y palabras del personaje, el cual me ha tenido engañado hasta de pocos meses a esta parte, que he caído en la cuenta que en negocio mío, chico ni grande, desde que entró en aquel lugar, ha hecho cosa que me pueda loar de ella, antes tantas al revés y con contados desgustos que ninguno de mis enemigos se atreviera a hacerlas de esta manera”. 271 Configuración, p. 460.

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posible con el fin de aplacar la Revuelta. Alba, aprovechando que aún disfrutaba de cierta fortaleza cortesana, actuó contra ellos criticando su poca discreción en los asuntos272 y consiguió que Charles de Tisnacq fuera enviado a Bruselas como presidente del Conseil Privé, quedando Hopperus como nuevo guardasellos273. Esta sustitución no acabó con los enfrentamientos y la discusión sobre la sucesión del secretario Josse de Courtewille, que en 1567 había retornado a Flandes en la comitiva del nuevo gobernador, los reavivó. Para suplirle, los consejeros del “Ministerio Colateral” barajaban el nombre de dos clientes de Viglius: Arnould Dennetières, secretario de Hopperus en Madrid, y Jean Mesdat, secretario del Conseil des Troubles274. Alba, si bien reconoció la necesidad del nombramiento de un nuevo secretario, se negó a que fuera ninguno de los propuestos275. A esta disparidad de criterios se unieron otras, como el relevo del presidente de la cámara de cuentas de Brabante276, la petición que hizo Courtewille a Alba para que una pensión que quedaba

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Alba a Felipe II, 29 de junio de 1569, CODOIN, XXXVIII, pp. 148-149. Alba recordaba que cuando él estaba en Madrid se leían los despachos a los flamencos, se les preguntaba su parecer y luego decidía por su cuenta el Consejo de Estado. En ese momento, sin embargo, parecía que las decisiones las tomaban directamente los flamencos del “Ministerio Colateral”. 273 Billete de Zayas a Hopperus, s. d., (hacia septiembre 1569), AGS, E., leg. 542, f. 191, "Supplico a V. S. me avise que officio es el que agora tiene mos de Tisnach y con que salario y provechos y que otra cosa tiene de su Majestad". Esta petición de información, seguramente, anticipaba la marcha de Tisnacq, que Zayas confirmó a Alba el 2 de septiembre de 1569, Ibídem, f. 64, "Y en esto y en la facilidad y del despacho de los negoçios, haura mejor orden y mas diligençia quando quede solo Operus, que sera presto, porque ya Su Majestad ha dado comission al Duque de Feria que trate con Tisnach de su partida y de lo que se ha de hazer con el. Assi que V. Excelencia podrá estar contento que buena ayda se le embio para que alivie de los negoçios destado". 274 Felipe II a Alba, 14 de julio de 1571, Ibídem, leg. 547, f. 160, "Hallandose Curtevila tan impedido, que paresçe se puede perder la esperança de que aya de bolver mas por acá, me ha hecho dezir Hopperus por Çayas, que convernía a mi servicio y a la auctoridad de mis negoçios, que Dennetieres que reside en su compañia, y es secretario desse mi consejo privado, refrendasse las expediçiones en que yo pongo la mano, teniendo por desconveniençia (y çierto con razon) que firmandolas yo aqui, se lleven a refrendar alla, y que esto se podria hazer dando yo al dicho Dennetiers, cinquenta escudos al mes para su sustento, y Curtevila la mitad de los derechos de las expediçiones que despachare el Dennetiers, y lo uno y lo otro durante su ausençia, que de otra manera se haura deyr a su casa, segun dize Hopperus, y que no conviene dexarle, porques bien nasçido, y sufficiente, por haver estado çinco años en el escriptorio del Secretario Bave, y muchos en compañia del Presidente Viglius, y despues en la suya, continuando siempre esta exerçiçio con fidelidad y abilidad, teniendo a su cargo la cifra y todo lo importante, y porque me paresçe que es necessario dar en esto alguna buena orden, sera bien que vos mireis en ello, y me escrivais lo que se os offresçiere y la traça que os paresçiere se podria tomar en esto”. 275 Alba a Felipe II, 6 de mayo de 1571, EDA, II, nº 1283, pp. 577-578. 276 Este era Ronald Longin, que se quería retirar y recibir una pensión, lo que Alba aprobó (Alba a Felipe II, 23 de marzo de 1571, Ibídem, nº 1240, p. 545 y Alba a Zayas, 27 de agosto de 1571, Ibídem, nº 1408, pp. 714-715). El asunto se despachó con la concesión de dicha merced, pero sin la posibilidad de que la pasara a su hijo como el presidente pretendía. Alba mostró su enfado, no por la decisión, sino porque Dennètieres transmitió los despachos a los interesados

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vacante se pudiera dar a un deudo suyo277 o la concesión del cargo del administrador general de seguros para Diego González Gante278. Ante esa cadena de desavenencias, el duque de Alba se vio obligado a enviar a Felipe II una misiva, en la cual diseccionaba perfectamente sus relaciones con el grupo encabezado por Viglius, así como los personajes que él prefería para ocupar los cargos en disputa: “Mándame V. Majestad, en una de las cartas de 14 del pasado, que acuso en otra de las mías que va con ésta, le avise de lo que me paresce de la persona de Denetiers, que es el que hace agora los negocios con Hopperus, para dalle título de secretario. Si V. Majestad no ha rasgado una carta que le escribí a los 6 de Mayo, de mi mano, en el principio de ella verá particularmente lo que a esto toca y cómo le tengo por derramado y que, por su medio, se saben aquí muchas cosas; pero todavía diré a V. Majestad lo que acerca de ello se me ofresce, así ligeramente, porque es uno de los puntos que yo tengo puesto en memoria para dar cuenta a V. Majestad de él. Si Courteville pudiera ir allá, ninguna cosa convenía tanto como sacarle de aquí, porque ha dado en ser protector de la patria por medios tan ruines que ha sido necesario enviarle a decir dos palabras y mostralle el camino que ha de tener, y si no se enmienda, aunque estoy el pie en el estribo, no me contentaré con esto, y no me maravillo, porque como ha un año que éstos me cuentan por ido, tiénenme respeto como Duque de Alba y no como a Gobernador, de quien pueden esperar bien o mal. Los negocios de Flandes se han enderezado este tiempo con tan gran fuerza, que me cuestan mucho trabajo por ser yo solo el que los he de sustentar contra los ministros de V. Majestad y después contra todo el país. V. Majestad sea cierto que no hay cosa más perjudicial a su servicio que los consejeros que aquí están mostrados a lo viejo, los cuales no pueden tomar en paciencia el nuevo gobierno, y para tener tomados todos los caminos y guiar al Duque de Medina por el que ellos quisieren, procuran meter a V. Majestad delante del dicho Denetiers para su correspondencia, por donde verá V. Majestad que lo que le escribí en la dicha mi carta no fue sin fundamento. Lo que me parece conviene al servicio de V. Majestad sería saber de Courteville si, no embargante que está impedido, quisiere ir, y si quisiere, que vaya, no embargante que está de ningún provecho, y en caso que no, llevar al secretario Berti en su lugar, que es hombre de bien y suficiente, que ha muchos años que sirve y tiene inteligencia en estos países patrimoniales y en los conquistados, porque ha sido oficial en ellos y que, en su lugar, entrase el secretario Vanderaa, hijo del viejo Vanderaa, que sirve agora en el Consejo Privado, y le envié yo por secretario a la Dieta; es muy buen hombre y muy hábil, y, de esta manera, estaría lo de allá y lo de acá muy bien proveído. Y si V. Majestad mandare le avise quién podrá entrar en Consejo Privado, en lugar de Vanderaa, miraré hombre para ello, y cuanto al oficial de Scharemberghe, llamado Lorenzo, no tengo noticia de él, pero informarme he, como V. Majestad me lo manda, y siendo el que conviene, le llevaré conmigo279”.

sin que él los hubiera recibido antes (Alba a Hopperus, 24 de diciembre de 1571, Ibídem, nº 1517, p. 817). 277 Alba a Zayas, 24 de diciembre de 1571, Ibídem, nº 1498, p. 807. Alba propuso, en cambio, que se diera a Josse Ravenstein, delegado inquisidor en Flandes. 278 Aunque Alba disimulaba agradeciendo a Hopperus su apoyo en este asunto (Alba a Hopperus, 24 de diciembre de 1571, Ibídem, nº 1517, pp. 817-818), en realidad achacaba la dilación en el nombramiento al propio consejero flamenco (Alba a Zayas, 24 de diciembre de 1571, Ibídem, nº 1498, pp. 807-808). 279 Alba a Felipe II, 3 de agosto de 1571, Ibídem, nº 1386, pp. 677-678. La reproducimos aquí por su indudable interés.

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Como se puede observar, el duque de Alba pretendía que secretarios como Berty y Vander Aa ocuparan dichos puestos, más que por afinidad a su persona, eran clientes de Granvela no suyos, por su maleabilidad y por no estar relacionados con Viglius. Del mismo modo, abogaba por la salida de Courtewille de Flandes, al igual que Tisnacq lo había hecho de Madrid, discusión que sólo finalizaría con su repentino óbito el 20 de mayo de 1572. Sin embargo, este fallecimiento hizo que se retomara con más brío por parte de Hopperus el ascenso de su secretario Dennetières a dicho oficio, lo que provocó un deterioro aún mayor de las relaciones entre el guardasellos y Alba, que llegó a acusar al primero, aunque no públicamente, de manejos con los rebeldes a través de familiares suyos280. Finalmente, Dennetières recibiría el título de secretario del “Ministerio Colateral” el 4 de abril de 1573. Este nuevo fracaso de Alba nos muestra como su posición en la Corte madrileña era ya irreversible, pese al fallecimiento de grandes patronos como Espinosa, Feria y Éboli entre 1571 y 1573, ya que sus antiguos apoyos habían desaparecido –Espinosa-, perdido poder –Zayas- o se distanciaban de él -Prior Antonio de Toledo–. Esta situación permitía anticipar que el noble castellano no iba a disfrutar de la confianza real cuando retornara, como en efecto sucedió.

2.2.- Facciones y grupos de poder en Bruselas 2.2.1.- La configuración de las facciones (1567-1571) Tras su confirmación como gobernador, el duque de Alba fue consciente de que iba a tener que permanecer durante una larga temporada en Bruselas y de que debía configurar su propio equipo de gobierno para poder aplicar sus ideas y modelo político. Fruto de esta búsqueda fue que todos los cortesanos presentes en Bruselas llevaron a cabo movimientos orientados a conseguir el favor del duque, que desembocarían en la configuración de dos grupos o facciones cortesanas que acabaron siendo antagónicas y enfrentandas entre ellas281. Los pilares de este equipo de gobierno resultaron ser los secretarios Juan de Vargas282, que controlaría los aspectos religiosos a través de su presencia en el Conseil 280

Alba a Zayas, 16 de abril de 1573, CODOIN, LXXV, pp. 199-200. Para profundizar en el conocimiento de las biografías de los diferentes personajes, así como su relación con el duque de Alba en los primeros años de su gobierno, nuestro artículo, “La estancia del prior de Castilla, don Hernando de Toledo, en la Corte de Bruselas (1567-1570). Las luchas cortesanas” en F. RUIZ GÓMEZ y J. M. MOLERO GARCÍA (eds.), La orden de San Juan entre el Mediterráneo y la Mancha, Alcázar de San Juan (Ciudad Real), 2009, pp. 327-350. 282 Nació en 1517 en Madrid, en el seno de una familia de la alta nobleza muy ligada al poder desde hacía generaciones. Su abuelo estuvo en la corte de Enrique IV y su padre Francisco fue 281

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des Troubles, y, sobre todo, Juan de Albornoz283, secretario personal del duque que adquirió gran influencia en asuntos hacendísticos y de estado. Su consolidación en la cúspide se produjo en detrimento de otros castellanos como Jerónimo de Curiel284 y Francisco de Ibarra285, que perdieron la confianza del gobernador y en su intento por recuperarla protagonizaron uno de los momentos más oscuros del gobierno de Alba,

consejero de Hacienda, del Consejo Real de Castilla y del de Estado, entre otros títulos, tanto con los Reyes Católicos como con Carlos V (Su biografía en Carlos V, III, pp. 442-445). Desde muy joven se dedicó al estudio y tras licenciarse en derecho en el Colegio Mayor del Arzobispo de la Universidad de Salamanca fue corregidor de Guipúzcoa antes de ir a la Chancillería de Valladolid como alcalde y, posteriormente, oidor. Fue expulsado de la Chancillería tras algunos escándalos y pasó a integrar el Consejo de Italia como regente de Nápoles. Juró el cargo 16 de mayo de 1567 en Madrid y se hizo amigo de Albornoz y Espinosa, llegando llegó a participar en las reuniones privadas en Madrid referentes a Flandes antes de partir a esas tierras. Puede que el rey quisiera alejarle de Castilla, al acusársele de tres delitos cometidos durante su estancia en la Chancillería de Valladolid, y por ello acompañó al duque de Alba. El 22 de agosto de 1567 llegó la comitiva a Bruselas y el 6 de septiembre estaba ya en el Consejo de los Tumultos, donde pronto comenzó a destacar. Debido a su intento de aplicar rigurosamente la voluntad real se enfrentó a todos los consejeros, adquiriendo una fama de hombre cruel y conflictivo (J. VERSELE, Louis del Rio (1537-1578): reflets d´une période troublée, Bruselas, 2004, pp. 3336). 283 Natural de Cuenca, era el primogénito del secretario Antonio de Albornoz Nieto. Comenzó su servicio al duque de Alba como mozo de cámara gracias a la protección del secretario Zayas pero su personalidad le permitió granjearse rápidamente el aprecio del noble castellano, que le nombró su secretario personal en 1565. Así, cuando Felipe II decidió que el duque de Alba se encaminara en 1567 hacia los Países Bajos, Albornoz realizó el viaje con él y lo aprovechó para ganarse aún más su confianza. Tras el gran poder que alcanzó en Flandes fue detenido en su retorno a Castilla en 1574 mientras se examinaban las acusaciones de corrupción presentadas en contra suya aunque, finalmente, se le perdonó (Biografía en el DBE). 284 Nacido hacia 1530, se especializó desde joven en el mundo de los negocios por lo que adquirió una gran influencia en la corte, primero en la de Madrid y después en la de Bruselas. Gracias a sus contactos con el secretario Eraso en 1560 fue nombrado factor de Felipe II en Amberes y su riqueza e influencia en el ámbito hacendístico de Flandes alcanzó su cénit durante el gobierno de Margarita de Parma. Sin embargo, la situación dio un giro radical con la llegada del duque de Alba a los Países Bajos, ya que el nuevo gobernador comenzó a apoyarse en otros personajes. Esto llevó a Curiel a sentirse relegados en la toma de decisiones y a aliarse con Francisco de Ibarra, pese a que se habían visto enfrentados anteriormente, para intentar atacar al secretario Albornoz a través de la elaboración de unas informaciones en otoño de 1569 que enviarían a Castilla. Sin embargo, los acontecimientos impidieron que pudieran llevar a cabo sus intenciones ya que Curiel fue acuchillado una noche. Afortunadamente, el factor sobrevivió al ataque pero nunca se supo quien había ordenado el apuñalamiento. Este asunto significó su caída en desgracia definitiva ante el gobernador, como lo demuestra el hecho de que no se investigara en profundidad. La situación de Curiel empeoró y en 1570 hizo bancarrota y se le retiró la potestad que tenía de pagar a los embajadores de Felipe II en el Imperio, Francia e Inglaterra y a punto estuvo de que se le quitara el puesto de factor de Amberes, pero lo impidió la caída en desgracia del duque de Alba en Madrid. Desde ese momento, desaparecen las noticias sobre Curiel hasta el año 1578 en que nos lo encontramos en París como agente del rey (Biografía en el DBE). 285 Era uno de los sirvientes más antiguos del duque de Alba. Proveedor general de las armadas y escuadras del Rey, estuvo en Italia para aprovisionar la armada que marchaba con el nuevo gobernador a Flandes y fue el comisario de la expedición de Alba desde Cartagena a Flandes (CCG, III, p. 337, nota 1).

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como fue el apuñalamiento de Curiel286. A raíz del incidente, este último desaparecería de los asuntos públicos durante varios años, mientras Francisco de Ibarra recibió el 3 de agosto de 1570 una sentencia de destierro que le obligó a marchar de Bruselas a Madrid287, donde llegó en enero del año siguiente288. Esta entente formada por Albornoz y Vargas necesitaba el apoyo de una importante red de personajes afines, por lo que Albornoz fue estrechando lazos con Philippe de Sainte-Aldegonde, primero señor y posteriormente barón de Noircarmes289, con don Fadrique de Toledo290, hijo del “Gran Duque” y al que instruyó su padre como sucesor291, y con Jacques de la Cresonnière292 para los asuntos militares y de estado, así

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El asunto ha sido tratado en W. MALTBY, El Gran Duque de Alba: un siglo de España y de Europa, 1507-1582, Madrid, 1985 (traducción del original en inglés publicado en Berkley en 1983), pp. 182-184 y en S. FERNÁNDEZ CONTI, “El Prior Don Hernando de Toledo,...”, p. 102, así como en nuestro artículo sobre Hernando de Toledo citado anteriormente. 287 “Copia del mandato y sentencia del Duque mi señor contra Franciso de Ibarra y a favor de el Secretario Albornoz” (IVDJ, Envío 37, caja 49, doc. 54). Esa sentencia condenaba a Ibarra a estar ausente por tres años de Flandes y de la Corte de Madrid si no recibía el perdón de Felipe II. 288 Diego de Córdoba a Alba, 1 de Febrero de 1571, DECA, p. 99-103, "Francisco de Ibarra se vino á Villaverde, donde ha estado. Ha diez ó quinze dias se le hordenó entrase aqui. Oy me vino a ver. Está humildísimo, y alabandose todo de V. Excelencia y diciendo mill buenas cosas, y que no ha de ser su voluntad mas de lo que la de V. Excelencia fuere. Si debajo del sayo ay algo, no me meto ni en estas cosas ni en otras, sino en lo que V. Excelencia me mandare. No entra en Palacio, ni a besado las manos al Rey, hasta que el Cardenal, segun oy me dezia, le hordenase lo que avia de hazer, que asi dize le ha dicho le avisará." 289 Era hijo de Jean y de Marie de Rubempré. El primer periodo de su vida es poco conocido y su actividad comenzó al ser nombrado gentilhombre de la boca de la Casa de Borgoña del emperador el 24 de octubre de 1543, ejerciendo en dicho oficio hasta que el 1 de marzo de 1548 fue promocionado a gentilhombre de la cámara. En la época de los tumultos no definió claramente su posición, aunque parece cercana a los confederados y enemigo acérrimo de Granvela. Poco después, cambió sorpresivamente de bando y fue nombrado bailli y capitán de St. Omer y el 1 de julio de 1566 fue investido provisionalmente como grand bailli y gobernador de Hainaut y de la capitanía del castillo de Cambrai en ausencia del marqués de Berghes. Tuvo un importante papel militar y el duque de Alba, merced a sus servicios, le nombró miembro del Consejo de los Tumultos, lo que unió a su condición de consejero de Estado. Alcanzó una notoria posición durante el gobierno del “Gran Duque”, falleciendo al poco de salir este de Flandes, en concreto en el asedio de Utrecht el 5 de marzo de 1574 (Biografía en el DBE). 290 Duque de Huéscar, gentilhombre de la cámara del monarca, gran comendador de la orden de Calatrava e hijo mayor del duque de Alba. Se le envió al exilio en Orán tras contraer matrimonio sin permiso real pero se le conmutó la pena en febrero de 1568, aunque se le obligó a marchar a los Países Bajos. Llegó allí en julio y se encontró con su padre en Groningen, que le declaró general de infantería (CCG, III, p. 366, nota 4 y W. MALTBY, op. cit., p. 172). 291 J. G. C. de WOLF, "Burocracia y tiempo como actores en el proceso de decisión. La sucesión del gran duque de Alba en el gobierno de los Países Bajos", Cuadernos de Historia Moderna, 28 (2003), p. 103. 292 Aparece siempre en las cartas de Alba como la Cresonera. Fue lugarteniente de la artillería, gobernador y capitán de Gravelinas y murió en el sitio de Haarlem el 28 de diciembre de 1572 (A.-L.-P. ROBAULX DE SOUMOY, Considérations sur le gouvernement des Pays-Bas en Collection de Mémoires relatifs à l´histoire de la Belgique, Bruselas, 1873, III, p. 87, nota 2). Estuvo muy unido tanto a Fadrique de Toledo como a Noircarmes.

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como con el consejero Gaspar de Schetz, señor de Grobendocq293, el pagador Francisco de Lixalde294 y los contadores Miguel de Mendívil y Alonso de Alameda para los hacendísticos. Vargas, por su parte, recibiría el sostén de Luis del Río dentro del Conseil des Troubles295 y de Alonso de Contreras, confesor del gobernador296, en otros asuntos de índole religiosa hasta su fallecimiento en diciembre de 1569. A menor nivel, pero también gozando del favor de los privados del duque, se situaron el comendador don Hernando de Toledo297, Maximiliane de Hénin-Lietard, conde de Boussu298,

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Hijo de Erasmo Schetz, primer señor de Grobbendoncq de su familia, y de Ide de Rechtengehem, de quienes heredó la señoría. Fue nombrado factor real en Amberes en noviembre 1555 y tesorero general de finanzas en 1561, tras recomendación de Margarita de Parma. Fue también un importante poeta en latín. Murió el 9 de noviembre de 1580 (CCG, I, p. 90, nota 2). 294 Aunque es un personaje muy tratado por la historiografía sobre la Revuelta de los Países Bajos, nunca se hace mención a su fecha de nacimiento o lugar de origen. La primera referencia sobre su vida es su intervención en la tesorería de Felipe II en Inglaterra de 1555-1560, ocupándose sobre todo de los sueldos y pensiones del personal de la Casa del "Rey de Inglaterra". Durante esos años, Lixalde fue estrechando lazos con el duque de Alba y su entorno, lo que le valió el 27 de diciembre de 1566 el nombramiento de pagador general del ejército que iba a marchar a Flandes con el “Gran Duque” para aplacar la rebelión. Lixalde ejercería dicho oficio desde 1567 hasta su muerte diez años después, teniendo una vida plácida hasta que a finales de 1573 el duque de Alba tuvo que salir de los Países Bajos y Requesens llegó allí como nuevo gobernador. Los partidarios del antiguo gobernador desaparecieron de la escena política y Lixalde fue apartado y hostigado al decidirse que se le visitara. Esta visita se prolongaría hasta 1612, 35 años después de su muerte, cuando sus herederos fueron obligados a pagar 13000 ducados por irregularidades en las cuentas y por haberse quedado con parte de la limosna para los hospitales que se deducía de las pagas de los soldados (Biografía en el DBE). 295 De origen hispano, nació en Brujas para marchar a Castilla a servir. Su oportunidad para retornar a su tierra natal se produjo cuando el duque de Alba le reclamó para que marchara con él a su jornada en Flandes, colocándosele en el Consejo de los Tumultos nada más llegar a Bruselas. Fue también miembro del Consejo Privado y guarda-cartas del Condado de Flandes (J. VERSELE, op. cit., passím). 296 Tras participar en el Concilio de Trento, se unió a la comitiva del duque en Italia en su camino hacia Flandes como su nuevo confesor. La labor más importante que le encargó su patrón fue la de reformar la orden de los Cartujos, como había instado Felipe II a Alba antes de partir de Madrid. Su fallecimiento y las dificultades del momento le impidieron llevar a cabo completamente dicha misión (W. MALTBY, op. cit., pp. 141 y 213). 297 Hijo natural del duque de Alba, su carrera estuvo siempre marcada por el devenir cortesano de su padre. Desde 1545 participó en sus campañas militares y le acompañó en las Jornadas de Inglaterra en 1554 y de Italia en 1555. A finales de los 50 su padre le consiguió el priorato de Castilla de la orden de San Juan, que unificaría al de León en 1579 cuando falleció su pariente Antonio de Toledo. Tras su estancia en Flandes de 1567 a 1570 fue nombrado Virrey de Cataluña, cargo que ejerció hasta que en 1580 se le reclamó a Portugal, por intercesión de su padre, y asistió a su muerte en 1582. Tras ella quedó desamparado en términos de patronazgo, aunque los cambios acaecidos tras 1585 en la Monarquía a favor del grupo afín de los “castellanistas” le valió su nombramiento en marzo de 1587 como consejero de Estado y de Guerra, oficio en el que permanecería hasta su muerte el 21 de octubre de 1591 (S. FERNÁNDEZ CONTI, “El Prior Don Hernando de Toledo,..., pp. 87-134, Configuración, p. 489 y nuestro artículo citado anteriormente). 298 Stadholder de Holanda, Zelanda, Utrecht y OostFrisland de 1567-1573, hasta que se rindió a los rebeldes. Murió en Amberes el 21 de diciembre de 1578 (G. MARTIN, Histoire et généalogie de la maison de Croy, La Ricamarie, 1980, p. 61).

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Charles de Brimeu, conde de Meghem299, el italiano Chiappin Vitelli300, marqués de Cetona, y secretarios como Jean-Baptiste Berty301 o Urban von Scharenberg302. Tras unos años de relativa tranquilidad faccional, los intentos de aplicación de la alcabala y la política de excesiva dureza que llevaba el duque de Alba, así como la merma de la influencia de este en la Corte madrileña, hicieron que hacia 1571 todos aquellos personajes que se habían visto desplazados de la toma de decisiones y del entorno del gobernador comenzaran a mostrar su latente descontento y se fueran acercando entre ellos para formar una alternativa de gobierno. Dentro de este grupo se situarían, sorprendentemente, todos aquellos secretarios vinculados al cardenal Granvela. Su poder radicaba en su presencia en los Consejos Colaterales, tribunales en los que Alba trató de situar a personajes afínes, al tiempo que los trataba de vaciar de contenido político; debido a ello, estos secretarios se sintieron desplazados del poder, por lo que comenzaron a discrepar sobre las acciones del duque y de sus consejeros más cercanos. Este grupo estaba encabezado por Viglius303, presidente del Consejo de Estado, y tendría entre sus filas a consejeros destacados como

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Hijo de Eustache y de Barbe de Hillary. Su primer oficio de importancia fue el de capitán de la guarda de archeros de Corps de Carlos V, que ejercería desde el 1 de diciembre de 1549 hasta la abdicación del emperador. Al llegar Felipe II al trono dejó la guarda pero recibió a cambio varias prebendas como un collar del Toisón, el cargo de chef y capitán de una bande d´ordonnance y stadholder, capitán general y gran cazador de Güeldres y Zutphen. Falleció en Zwolle el 8 de enero de 1572 (Su biografía en J. E. HORTAL MUÑOZ, “Una élite flamenca en el servicio del monarca...). 300 Gentilhombre florentino que había servido al duque de Toscana antes de pasar como maestre de campo al servicio de Felipe II. Fue un importante hombre de guerra y diplomático y destacó su misión a Inglaterra a finales de 1569 para lograr las restituciones. Se especuló con que sería el comandante del ejército de invasión a Inglaterra durante esos años pero se hartó de esperar merced de Felipe II y volvió a los Países Bajos, donde murió en Zirickzée en el año 1576 (W. MALTBY, op. cit., pp. 175 y 236). 301 Greffier del Consejo de Güeldres que se convirtió en secretario ordinario del Consejo Privado en diciembre de 1565 y adjunto del secretario de Estado van der Aa llevando la correspondencia. Así mismo, el 2 de marzo de 1566 fue nombrado tesorero y guarda de cartas sobre los asuntos de los Países Bajos. Fueron muy famosas sus notules para el archivo del Consejo de Estado (J. LEFÈVRE, "Les notules du Conseil d´État", Archives, Biblioteques et Musées de Belgique, 1952 (23), pp. 13-24). Murió el 13 de marzo de 1579. 302 Se le cita de diversas formas, Escarambergue, Scharambergue o Scharberger. Nació en la Alta Austria y fue nombrado Secrétaire d´Estat en langue allemande o Secrétaire aulx affaires d´Allemaigne el 24 de diciembre de 1553, asociado al Consejo Privado (E. AERTS, M. BAELDE, H. de SCHEPPER et alíi, op. cit., I p. 397). 303 Viglius van Zuichem, (tb. Viglius Zuichemius van Aytta, Señor de St. Bavón), nació en Barthuize (cerca de Leeuwarden) el 19 de octubre de 1507 y murió el 8 de mayo de 1577. Nombrado presidente del Consejo Privado el 6 de enero de 1549 en Bruselas, tuvo una gran importancia en los gobiernos de María de Hungría, Emmanuel Filiberto de Saboya, Margarita de Parma y Alba (F. POSTMA, Viglius van Aytta als humanist en diplomaat 1507-1549, Zutphen 1983, passím).

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Christophe de Assonleville304 u Odet Viron305, así como a los componentes del “Ministerio Colateral” en Madrid, entre los que descollaría Hopperus, sobrino de Viglius. Esta situación afectaría a las excelentes relaciones que habían mantenido hasta ese momento el duque de Alba y el cardenal Granvela, que había apoyado firmemente el envío del noble castellano al mando de un fuerte ejército a los Países Bajos, así como sus primeras actuaciones en dichas tierras, como fueron la implantación definitiva de los obispados, su idea de castigar firmemente a los instigadores de la Revuelta -aunque pidió que se respetaran todos los derechos de personajes como Egmont o van Straelen-, la concesión de un Perdón General o la construcción de guarniciones en varios sitios como Amberes, Groningen o Amsterdam; el cardenal, incluso, mostró su aprobación a la inicial idea del duque de implantar el pago de la alcabala en los Países Bajos. Sin embargo, las informaciones que le mandaban sus “hechuras”, con Maximilien Morillon como principal confidente306, hicieron mella en el cardenal e iniciaron su distanciamiento307. Este temporal divorcio político no se produjo únicamente por la falta de confianza del duque en las “hechuras” de Granvela, si no también por las maniobras que el duque de Alba realizó para estorbar la incorporación de las abadías de Afflighem, Tongerloo y St. Amand al arzobispado de Malinas que Granvela detentaba. La intención

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Señor de Hauteville y Barón de Bouchaut. Nacido en Arrás en 1528, consiguió el doctorado en derecho y casó con Marguerite Scheyve, hija de Jean, canciller de Brabante. Trabó contacto con Granvela, que consiguió que ingresara como consejero del Consejo Privado. Fue, igualmente, diplomático y participó en diversas misiones como en Inglaterra en 1563 o en la Conferencia de Brujas de 1565-66. Llegó a ser tesorero del Toisón y por patentes del 7 de abril de 1574 miembro del Consejo de Estado. Murió en Bruselas el 10 de abril de 1607 (Biografía en el DBE). 305 Antiguo controlador de finanzas de Leonor de Austria, viuda de Francisco I, en 1556 fue nombrado consejero y maître en la cámara de los condes de Brabante y, unos años después, maître des comptes del consejo de Luxemburgo. En ese momento comenzó su acercamiento a Granvela y desde la partida de este en 1564 se convirtió en administrador de sus bienes en los Países Bajos (CGG, I, p. 57, nota 3). 306 Nacido en Lovaina hacia 1517, era hijo de Guy Morillon, hombre culto amigo de Erasmo y secretario de Carlos V y de su hermana Leonor. Estudió derecho y teología en Lovaina y gracias a los contactos de su padre entabló relación con Granvela que le nombró canónigo de Arrás y director de las escuelas del capítulo. Así mismo, fue nombrado Preboste de Aire en 1559 y cuando Granvela llegó a ser arzobispo de Malinas le hizo archidiácono y vicario general, llevando la dirección de la diócesis en ausencia del titular. Fue, además, uno de lo ejecutores testamentarios de Viglius. Su mayor dignidad la alcanzó cuando en 1583 se le nombró obispo de Tournai, ocupando la silla episcopal hasta su muerte en mayo de 1586 (M. Ch. WEISS, Papiers d´État du Cardinal de Granvelle d´après les manuscrits de la bibliothèque de Besançon, 9 vols., París 1841, I pp. XXXV-XXXVI; P. D. LAGOMARSINO, op. cit., p. 129 y CCG, I, p. 12). 307 G. JANSSENS, “Cardinal Granvelle...”, pp. 139-142 y J. VERSELE, op. cit., pp. 50 y ss.

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del gobernador de Flandes, tal y como expresó al monarca el 21 de junio de 1568308, era obviar la bula Super Universas de 1559 y utilizar en beneficio propio el acuerdo al que había llegado Margarita de Parma con los abades de Brabante tras la marcha de Granvela de los Países Bajos, mediante el cual se cancelaba su unión al arzobispado. Para ello, las abadías deberían pagar un porcentaje de la dote de los obispados y estos debían prometer que devolverían los bienes muebles que les habían tomado anteriormente. De este modo, Alba pretendía conseguir un control absoluto sobre las voluntades de obispos y abades, que le podrían prestar su apoyo en la aprobación de los nuevos impuestos que iba a solicitar en los Estados Generales. El cardenal Granvela, tras enterarse de los planes de Alba, reaccionó ante lo que consideró un ataque a su hacienda309, y reclamó la ayuda de sus partidarios y de Margarita de Parma. La intención del gobernador de Flandes no era atacar a su antiguo aliado y la incorporación se llevó a cabo sin mayor dificultad mediante breve papal en agosto de 1569; sin embargo, el daño estaba ya hecho y desde este primero, los desencuentros entre ambos personajes se sucederían. Así, polemizaron en torno a la aplicación de la alcabala, que Granvela quería evitar pagar en su arzobispado310, en la proclamación del Perdón General -mientras Alba proponía dar mercedes procedentes de las propiedades que se habían confiscado a los personajes levantiscos, Granvela creía que se debían devolver una vez se hiciera público el Perdón-, o en la actitud de Alba ante el señor de Chantonay, hermano del cardenal311. El brutal saqueo de Malinas a comienzos de septiembre de 1572 fue la gota que colmó el vaso y provocó el alejamiento de ambos consejeros y de sus respectivas clientelas durante el resto de tiempo en que Alba fue gobernador en Flandes. 308

EDA, II, nº 754, pp. 63-66. Granvela a Felipe II, 10 de agosto de 1568, CCG, III, p. 312, “Mas como hay todavía algunos que quieren favorecer y congraciarse con los Estados, por haber tractado con ellos, y que, como temo, se han dexado interesar en los negocios de las abadías y obispados, van proponiendo las vías oblicas que V. Magestad habrá entendido (...) Y querria que los que dan estos expedientes contrarios me dixiessen si hay mas inconveniente en que los obispos tengan esta hacienda, ó que la tengan frayles hechos abbades que la consumen inútilmente viviendo con sus parientes, la mayor parte villanos y rusticos que comen el monasterio”. 310 Felipe II a Alba, 28 de octubre de 1570, AGS, E., leg. 544, f. 31, hace referencia a que Granvela había pedido estar exento del pago, así como estaban los consejeros y los del Toisón, en carta del 7 de septiembre (CCG, IV, nº 12, pp. 32-35). 311 El cardenal no aprobó los manejos del gobernador de Flandes con respecto al destino que se le debía dar a su hermano, el señor de Chantonay, que tras ejercer como embajador en el Imperio pidió su retiro. Sin embargo, Alba consideraba que le sería más útil en el gobierno de Amberes y consiguió, a base de artimañas, que se le enviara allí. Pese a que el hermano de Granvela falleció durante el viaje, cuando el cardenal se enteró de las maniobras del duque se sintió engañado (J. E. HORTAL MUÑOZ, “Las relaciones entre Flandes y el Imperio tras el comienzo de la Revuelta de los Países Bajos (1567-1571): el entendimiento entre el III duque de Alba y Thomas Perrenot, señor de Chantonay”, Miscelánea Comillas, 62 (2004), pp. 151-156). 309

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Junto a las “hechuras” de Granvela, también algunos nobles flamencos leales se vieron relegados del poder, siendo el principal afectado Charles de Berlaymont312, cuyo alejamiento del entorno de Alba vendría marcado por el ascenso paralelo de Noircarmes. Nada hacía presagiar el fulgurante ascenso de este último en la confianza del gobernador, al que se encontraba enfrentado por la incompatibilidad que se le demandaba respecto a los cargos que se le habían concedido de Chef del Conseil des Finances y de lieutenant de Hainaut, reclamándosele que renunciara a alguno de ellos313. El noble flamenco trató de posponer la discusión sobre el asunto aduciendo su precario estado de salud pero, una vez recuperado, se vio imposibilitado de retener ambos cargos por más tiempo y mostró su disposición a desprenderse de uno de ellos, siempre y cuando su tierra de Noircarmes fuese erigida en condado, lo que chocaba con el deseo de Berlaymont de obtener una mejora en su título nobiliario314. Esta concesión fue demorada por Felipe II, a petición de Alba, a la espera de que se confirmara el abandono de Noircarmes del cargo de finanzas315, lo que se resolvió en octubre de 1571. Tras su renuncia, el noble flamenco quedó como gobernador de Hainaut y de la ciudadela de Cambrai, aunque seguiría controlando el Conseil des Finances a través de varios de sus componentes como Schetz, Jacques Reyngouts316 y Henry Sterck317. Una vez resuelto este asunto, la relación de Noircarmes con Alba mejoró ostensiblemente y el noble flamenco se convirtió en uno de sus más fieles seguidores, gracias a su buena relación con Fadrique de Toledo, así como a su predisposición a 312

Barón de Berlaymont, de Hierges, de Peruwelz, de Beaurain, señor de Floyon, de Haultepenne, etc, en favor del cual Felipe II erigió en condado en 1574 la tierra de Berlaymont. Nacido en 1510 era hijo de Michel y de Marie de Barrault. Caballero del Toisón desde 1556, chef de una bande d´ordonnance desde 1561, gobernador, baillí, capitán y grand veneur de la villa, castillo y condado de Namur por patentes de 1554. Fue, asimismo, Chef des finances desde la época de Carlos V y consejero de Estado desde 1555. Integrante del Conseil des Troubles, a él se le imputa la creación del mote de Gueux cuando presentaron su petición a Margarita el 5 de abril de 1566. Murió en Namur el 4 de junio de 1578 (S. THOMAS, Charles de Berlaymont et son rôle pendant la révolution du XVI siecle, 1510-1578, Bruselas, 1946, passím). 313 J. E. HORTAL, “La concesión de mercedes en los Países Bajos,...”, op. cit., pp. 198-199. 314 Felipe II a Alba, 5 de agosto de 1571, AGS, E., leg. 547, f. 164, "En quanto alo del titulo de conde que dessea Barlaymont, aveis de saber que me pide lo mismo Norcarmes, y que me ha hablado y supplicado por ambos Hopperus, pero en ninguno dellos me he resuelto hasta escriviros esto para que mireis en ello y me aviseis de lo que os paresçe”. 315 ID., 17 de octubre de 1571, Ibídem, f. 41, "Pues os paresce que se deve diferir el dar el título de Conde á Mos de Norcarmes hasta ver en que para su indisposiçion, converna que tambien se difiera el de Berlemon, pues si agora se le diesse a el, y se negasse al Norcarmes, es claro que lo sentiria mucho, y que lo tomaria por disfavor, y assi se entreternan ambos con igualdad”. 316 Consejero y commis de finanzas desde 1568. 317 También conocido como Stercke, era receveur général desde la reunión de los Estados Generales del 4 de octubre de 1540 (L. P. GACHARD, Collection des voyages…, II, p. 162).

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obedecer órdenes aunque fuera contrario a ellas, caso de la aplicación de la alcabala318. Alba se prodigaría en favores y recomendaciones hacia Noircarmes, intercediendo ante Felipe II para permitir que permutara unas tierras suyas en Francia por otras que tenía en Flandes el francés duque de Longueville319, o para que obtuviera alguno de los múltiples cargos que quedaban vacantes tras el fallecimiento del conde de Meghem el 8 de enero de 1572320. Sin embargo, aún le quedaba a Noircarmes un importante escollo que salvar para consolidar su influencia, como era imponerse a Charles de Berlaymont. El conflicto que le enfrentó a su hijo Louis fue una muestra evidente de la batalla que se estaba librando por el poder. Louis de Berlaymont había sido nombrado arzobispo de Cambrai tras la muerte de Maximilien de Berghes y gracias a unas gestiones diplomáticas que abarcaron las Cortes de Bruselas, Madrid y Roma321. Una vez confirmado su nombramiento, Alba quiso que Noircarmes, como gobernador de Hainaut, le ayudara a instalarse. El noble flamenco cumplió con el encargo, pero pocos meses después comenzaron a surgir conflictos de competencias entre ambos, que cada vez se fueron haciendo más fuertes. El caso es que Charles de Berlaymont fue siendo consciente de que Noircarmes le iba ganando la partida y para intentar revertir la situación buscó apoyos, encontrándolos en aquellos personajes enfrentados con su émulo como eran el duque de Aerschot322, su hermano Havré323 o Jean de Scheyfve324. De igual manera, se atrajo el 318

Morillon a Granvela, 13 de enero de 1572, CCG, IV, nº 39, pp. 86-87, "Monsr de Noircarmes demeure en son opinion, et m´at dict qu´il ne la changera pour rien; mais que, comme bon ministre, il ferat tout ce que luy serat commandé par son maître ou par le Duc d´Albe soubz sa signature. Il dit avoir dit au filz qu´il se souviègne qu´il luy at prédit que ung jour le Duc se pelleroit la barbe poil a poil pour le Xe. Quod non credo ab eo sic esse dictum”. 319 Alba a Felipe II, 14 de enero de 1572, EDA, III, nº 1532, pp. 12-13. 320 La descripción de los mismos la efectúa Alba en su carta a Felipe II el 14 de enero de 1572, Ibídem, nº 1535, pp. 16-17. Finalmente, la recomendación no surtió efecto, ya que Felipe II decidió que los gobiernos de Frisia y Güeldres quedaran reunidos bajo la persona de Hierges y el puesto de artillería fuera a parar a manos de Ferdinand de Lannoy (E. POULLET, “Les gouverneurs de province…”, pp. 890 y 915). 321 Sobre este asunto, W. BRULEZ, “L'élection de Louis de Berlaimont comme archevêque de Cambrai en 1570”, Revue belge de philologie et d´histoire, XXXI (1953). 322 Fue el tercer duque de Aerschot, nieto del famoso consejero de María de Hungría primero del nombre. Nacido el 10 de julio de 1526, sus primeros servicios a Felipe II fueron en la diplomacia cuando en 1557 se le envió como embajador ante Fernando I o cuando en 1562 acudió a la Dieta de Franckfurt. Se hizo con un puesto y nombre importante durante la Revuelta al gobernar en ausencia de Alba, como jefe de los “malcontents”, aunque su decurso político estuvo siempre marcado por la polémica (G. MARTIN, op. cit., pp. 31-32). 323 Desde muy pequeño gozó del favor real, como lo demuestra el hecho de que sus padrinos en el bautizo fueran Carlos V y Felipe II de los que recibió sus nombres. Esto le sirvió para poder desarrollar una fructífera carrera en el ejército, alcanzando su verdadero ascenso en el escalafón militar durante el gobierno de Requesens al nombrársele coronel de 20 enseñas valonas y 100 caballos ligeros y otorgarle la bande d´ordonnance vacante por la muerte de Noircarmes en 1574, y el de don Juan de Austria. Al fallecer este se pasó al bando rebelde pero al año siguiente

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favor de un descontento Granvela a través de su confidente Morillon325, así como a Viglius y con él todos los secretarios que le estaban vinculados. No hay que olvidar a Jerónimo de Roda326 que, ante el miedo a quedar aislado tras enfrentarse a Vargas y Albornoz327, decidió apoyar las acciones de este heterogéneo grupo opositor. Este clima de enfrentamiento se complicaría aún más cuando se produjo la llegada del que se suponía iba a ser el nuevo gobernador, el duque de Medinaceli.

2.2.2.- La integración del séquito del duque de Medinaceli en la lucha faccional: los últimos años de gobierno (1572-1573) Durante las negociaciones acaecidas en Madrid para acelerar la marcha del duque de Medinaceli a Flandes, el secretario Zayas solicitó que se garantizara la retornó al bando realista durante la “reconciliación de Farnesio”. Sin embargo, su papel político descendió notablemente y solo recuperaría algo de poder durante el periodo de los Archiduques al recibir el Toisón de Oro en 1599, el título de chef des finances el 22 de octubre del mismo año y de primer chef des finances el 18 de junio de 1603, cargo que ostentaría hasta su muerte en 1613 (Biografía en el DBE) . 324 Nacido en Amberes en 1515, estudió en Lovaina a la vez que Granvela. Doctor en derecho, su carrera en la administración comenzó como echevin de su ciudad natal y, posteriormente, de burgomaestre. En 1548 fue nombrado consejero y maître des requêtes del Consejo Privado, concediéndosele en 1553 su misión de mayor importancia al partir en la embajada de apoyo a María Tudor a Inglaterra en 1553. El 17 de febrero de 1557 fue nombrado canciller de Brabante gracias al apoyo de diversos caballeros del Toisón, sobre todo Orange, y en dura pugna con Nicolay y Tisnacq, lo que nos certifica su sólida posición cortesana. Sin embargo, en 1561 se enemistó con Granvela, sobre el que llegó a escribir un panfleto en 1580, al renovar el magistrado de Amberes y se acercó a Egmont y Orange. Pese a esto, permaneció fiel al monarca durante la Revuelta pero su tibieza y peticiones de indulgencia ante los sublevados le hicieron enemistarse con Alba, que le apartó y en 1576 tomó posición por los rebeldes. Fallecería en Amberes el 13 de junio de 1581 (BIOGRAPHIE NATIONALE, XV, pp. 707-710). 325 Morillon era consciente de que Berlaymont no era partidario de la vuelta de Granvela a Flandes, pero aún así le ofreció su apoyo para derrocar a los personajes que se habían ganado la confianza de Alba (Morillon a Granvela, 21 de abril de 1572, CCG, IV, nº 60, pp. 190-191). 326 Originario de Murcia, estudió en el colegio de Cuenca y se licenció en derecho como oidor de la chancillería de Valladolid. “Hechura” del futuro presidente del Consejo de Castilla Diego de Covarrubias, consiguió que el cardenal Espinosa le comisionara en 1569 para ir a Bruselas a ayudar en tareas de justicia y religión y relevar a Vargas al frente del Conseil des Troubles. Sus ideas políticas no se ajustaban demasiado a la política de Confesionalización pretendida por el cardenal y por el duque de Alba, por lo que sus enfrentamientos con este y sus consejeros fueron frecuentes desde su llegada en enero de 1570. A su retorno a Castilla en 1577, ocuparía la presidencia de la Chancillería de Granada en lugar de Pedro Deza y se encargó de desmontar todo el aparato represivo que esta había dispuesto. En 1578 se le concedió la presidencia de la de Valladolid, aunque la disfrutó poco tiempo pues falleció el 16 de noviembre de ese año (J. VERSELE, “Gerónimo de Roda” en Nouvelle biographie nationale, Académie Royale des sciences, des lettres et des beaux-arts, Bruselas, VII, 2003, pp. 119-121). 327 Roda fue muy bien recibido a su llegada a Bruselas el 10 de enero de 1570 y se le aumentó en 1000 escudos su, ya de por si, elevado salario (Felipe II a Alba, 16 de febrero de 1570, AGS, E., leg. 544, f. 24). Sin embargo, pronto comenzó a mostrar signos de decepción, ya que el gobernador seguía mostrando confianza en Vargas y el frustrado regreso a Madrid de este junto al duque de Alba y Ana de Austria les llevó al enfrentamiento (Vargas a Felipe II, 7 de octubre de 1570, Ibídem, f. 83).

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precaria situación de su patrón cuando coincidieran ambos personajes en Flandes y que se evitaran las emulaciones328. Sin embargo, la decisión de Medinaceli de llevar consigo a una serie de personas para que ocupasen los cargos principales, algo que chocaba con las ideas de Alba que quería mantener en dichos oficios a su clientela, pronosticaba que los enfrentamientos se iban a producir. El primero se produjo a raíz de la información que llegó a oídos de Alba de la intención de Medinaceli de quitar el puesto de castellano de Amberes a Sancho Dávila, lo que originó su inmediata protesta329. Por supuesto, este no iba a ser el único caso, como queda claro en el listado que el secretario Zayas consultó con el doctor Velasco el 14 de agosto de 1571, referente a los nombres de los personajes que el duque de Medinaceli pretendía que le acompañaran330. Tras observar la relación, se puede comprobar que los cambios que se aventuraban iban a ser numerosos. En primer lugar, Medinaceli quería llevar consigo a sus hijos Sancho y Antonio de la Cerda. Por supuesto, quería quitar a Sancho Dávila la tenencia del castillo de Amberes para dársela a su hermano Hernando o, si este no acudía a Flandes finalmente, a Juan de Mendoza Sarmiento. Juan Hurtado de Mendoza, por su parte, era propuesto como Veedor General del ejército si Hernán Tello no lo aceptaba. Por el contrario, no quería llevar consigo al conde de Cifuentes, su yerno, y al duque de Montalto, su hijastro, aunque quería que se les concediera merced. En asuntos religiosos, pedía la presencia de Hernando de la Cerda y en temas jurisdiccionales expresó su deseo de contar con el licenciado Castillo. Respecto a los personajes que estaban en Flandes en el ejército y que podrían continuar sirviendo, nos encontramos con los maestres de campo de los 4 tercios españoles: el de Sicilia, con Julián Romero al mando, el de Nápoles, con Rodrigo de Toledo, el de Lombardía, con Hernando de Toledo hermano del Prior, y el de Flandes, al mando de Gonzalo de Bracamonte. Junto a ellos contaba con Robles, Mondragón, Jerónimo de Salinas y Sancho Dávila, así como con Bernardino de Mendoza. Igualmente, le gustaría contar con Enrique Enríquez y Gabrio Cervellon, que ya habían estado en los Países Bajos, pero que en ese momento no servían allí y podían retornar.

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Billete de Zayas a Hopperus hacia mediados de 1571, AGS, E., leg. 542, f. 199, "Supplico a V. Señoría me mande avisar que orden lleva el duque de Medinaçeli en quanto a lo del govierno, quiero dezir si lleva entendido que ni ha de tomar la posesión ni empacharse en el hasta que sea partido el de alva, como paresce que conviene, pues lo contrario seria confusión". 329 Alba a Zayas, 7 de junio de 1571, EDA, II, nº 1332, pp. 618-619; Zayas a Albornoz, 6 de julio de 1571, AGS, E., leg. 547, f. 57 y Zayas a Alba, 14 de julio de 1571, Ibídem, leg. 546, f. 189. 330 Zayas al doctor Velasco, 14 de agosto de 1571, CODOIN, XXXV, pp. 405-411.

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En lo referente a los letrados, pretendía que tanto Juan de Vargas como Jerónimo de Roda y Luis del Río pudieran continuar sirviendo por su utilidad. Como teólogos no hacía falta llevar a ninguno, pues Arias Montano ya se encontraba allí y acudiría también Villavicencio. En hacienda servirían Isunza, el secretario Prado y Mendívil, se mantenía a los dos pagadores, Alameda y Lixalde, y se podría destinar allí un tercero, Navarrete. Los secretarios Esteban Prats y Miguel Prado, que estaban casados con flamencas, podrían promocionar al Conseil des Finances o a alguna de las Chambres des Comptes. Como mercaderes españoles destacaba a Pedro de Isunza, Hernando de Sevilla, Marcos Núñez y Luis Pérez. Por último, junto a sus peticiones referentes a personajes, Medinaceli entregó otro memorial sobre los asuntos que quería conocer antes de tomar posesión de su nuevo oficio331. La respuesta de Felipe II a estas peticiones se produjo en septiembre332. El rey decidió que Hernando de la Cerda, Montalto y Cifuentes no marcharan con Medinaceli, yendo en su lugar Juan de Mendoza Sarmiento y Juan Hurtado de Mendoza, así como Sancho y Antonio de la Cerda. Respecto a Juan Osorio de Ulloa, cuyo nombre había aparecido en el periodo comprendido entre la petición de Medinaceli y la contestación de Felipe II, quedaba a expensas de la decisión de Espinosa, que fue, finalmente, la de darle una ayuda de costa pero que no marchara333. En lo referente a militares españoles, Julián Romero marcharía con Medinaceli, mientras Gaspar de Robles y Mondragón recibirían una merced que les sería comunicada por el nuevo gobernador, aplazándose la decisión sobre Sancho Dávila. Con respecto a los italianos, tanto Vitelli como Gabrio Cervellon permanecerían en Flandes sin volver a su tierra natal como habían solicitado, mientras que con los flamencos se estaba a la expectativa de la opinión de Hopperus. En hacienda, por su parte, se decretó que Juan de Isunza retornara a Madrid, quedando el contador Castellanos en Flandes, amén de ir también allí su hermano. Por su parte, el contador Alameda, que se encontraba en Castilla, debería acompañar a Medinaceli como contador del ejército que iba a llevar en su Jornada y tanto Mendívil como Navarrete no serían empleados en la expedición, pese a haber solicitado Medinaceli sus servicios. Igualmente, se decidió que los secretarios Esteban Prats y Juan Miguel de

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“Cosas que quiere Medinaceli”, s.d. (hacia septiembre de 1571), AGS, E., leg. 547, f. 8. El duque, en concreto, quería saber quienes eran las personas en quien más confiaba Felipe II en Flandes, tanto públicas como privadas, así como en Alemania, Francia, Inglaterra y otros países. Preguntaba también sobre la hacienda y los castillos de Flandes y pedía poder comunicar él personalmente las mercedes y perdones que faltaban para conseguir la gracia y proveer los oficios que aún no tuvieran dueño. 332 “Consulta de Zayas a Felipe II”, 6 de septiembre de 1571, CODOIN, XXXV, pp. 412-417. 333 Felipe II a Medinaceli, octubre de 1571, Ibídem, p. 440.

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Prado permanecieran sirviendo en Flandes y que como teólogos ejercieran Arias Montano y Villavicencio, pese a que Alba intentó retrasar su nombramiento por su tormentoso pasado en esas tierras334. El duque de Medinaceli emprendió la marcha hacia Laredo tras finalizar estas deliberaciones y casar a su hija con el conde de Cifuentes. En dicha localidad cántabra, el noble “ebolista” mantuvo un intenso intercambio epistolar con Felipe II sobre los preparativos del viaje, al tiempo que Zayas, que se mantenía al corriente de los acontecimientos de la fuerza expedicionaria a través de su “hechura” Juan de Canales335, pugnaba por que el monarca advirtiera a Juan de la Cerda de que debía colocarse a la sombra del antiguo gobernador mientras este permaneciera en los Países Bajos para no socavar su autoridad336. El secretario de Estado trató igualmente de acelerar los preparativos del viaje, pero numerosos percances retrasaron la partida de la expedición hasta finales de mayo de 1572. Tras diversos problemas en el Canal de la Mancha con los Gueux, Medinaceli llegó a Sluis hacia el 10 de junio y el 19 a Bruselas, donde los opositores a Alba le esperaban con los brazos abiertos, como lo demuestra el apodo que se le puso de Medicina Celi o Coeli (medicina del cielo)337. Sin embargo, la situación de los Países Bajos había dado un brusco giro, ya que la noche del 1 al 2 de abril de 1572 los Gueux al mando de Guillaume de la Marck, señor de Lummen, habían tomado Brielle y Alba decidió que no abandonaría el gobierno hasta haber acabado con la nueva revuelta. Esta decisión llevaría irremisiblemente al enfrentamiento entre los dos duques. La situación faccional que se encontró Medinaceli en Bruselas era la de dos grupos definidos y enfrentados y con el secretario Albornoz al frente de todo el aparato administrativo. Así, Berlaymont y Morillon se quejaban de que tanto en el Consejo de 334

Alba a Felipe II, 27 de agosto de 1571, EDA, II, nº 1406, p. 713; Alba a Zayas, 27 de agosto de 1571, Ibídem, nº 1408, pp. 714-715 y Felipe II a Alba, 14 de septiembre de 1571, CODOIN, XXXV, p. 420. 335 Por ejemplo, Canales a Zayas, 2 de diciembre de 1571, Ibídem, pp. 460-462. Canales era secretario del propio duque de Medinaceli, según J. LEFÈVRE, La Secrétairerie d´État et de guerre sous le régime espagnol (1594-1711), Bruselas, 1934, pp. 22-24. 336 Felipe II se lo recordó a Medinaceli en carta del 30 de abril, Ibídem, pp. 10-11. Por su parte, el memorial anónimo “Consideraciones en respecto del gobierno de los duques dalba y Medinaceli”, s. d. (hacia marzo de 1572), Ibídem, pp. 532-535) se encargaba de buscar soluciones para evitar las “emulaciones” entre ambos gobernadores. Proponía que no se desautorizara al primer gobernador y que el relevo fuera rápido, aunque como el gobernador saliente conocía el país sería una buena solución al principio que el nuevo se retirara a un monasterio cercano a Bruselas por un tiempo, y, mientras, el rey se debía preocupar de aleccionar a los ministros de Flandes y a los dos gobernadores sobre la buena relación entre ambos. 337 De lo que se hace eco Morillon en una carta a Granvela, 9 de junio de 1572, CCG, IV, nº 73, p. 249.

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Estado como en el de Guerra dominaba el secretario del duque, acompañado de la Cresonnière, Fadrique de Toledo y Noircarmes338, al que el propio hijo del gobernador denominaba Chef del de Guerra339. Berlaymont, Viglius, Tisnacq o Assonleville apenas aparecían en las reuniones, ya que las decisiones estaban tomadas de antemano tras la consulta a boca de Albornoz con Alba, cuyo resultado comunicaba el secretario posteriormente a Fadrique y este a Noircarmes limitándose el resto de consejeros a asentir. Mientras, Vargas permanecía en la sombra esperando su regreso a Madrid y ocupándose de los asuntos religiosos. .

Al día siguiente de arribar a la capital flamenca, Medinaceli recibió la visita de

Morillon y Odet Viron, momento en que tuvieron el primer contacto con uno de los personajes más importantes del séquito del duque, como era su secretario italiano Cintio Calvo. Este les transmitió que su patrón era muy aficionado a Granvela, y por ende a Champagney340, Berlaymont, Tisnacq, Assonleville y Viglius, resultando ser el primer paso de una relación que se estrecharía con el tiempo. El viejo presidente Viglius, por su parte, se revitalizó tras la llegada de Medinaceli, aunque mostró reticencias respecto a su entereza. Morillon compartía dicha opinión y apuntó dos problemas que podrían estropear su gobierno341, fatídica predicción que se acabaría cumpliendo; el primero hacía referencia a su tardanza en 338

ID., 17 de junio de 1572, Ibídem, nº 77, p. 259. Al no estar institucionalizado, no existe estudio alguno sobre el Consejo de Guerra en los Países Bajos durante el siglo XVI, pero se venía convocando desde los tiempos de María de Hungría para momentos de crisis. En concreto, la primera reunión tuvo luga en 1536 para la guerra contra Francia. 340 Frèderic Perrenot, señor de Champagney, nació en Barcelona el 3 de abril de 1536. Era el quinto hijo de Nicolas y cuando murió su padre no había acabado aún los estudios. Comenzó así a hacer carrera en el ejército, participando en campañas en Italia y en la Jornada de Renty (1554), recibiendo, además, el título de gentilhombre de la cámara del Rey. Quedó en Flandes y tras la marcha de su hermano, el cardenal Granvela, se unió a la llamada Unión de nobles (1566) aunque sin suponer el objetivo final de esta liga. Con la llegada del duque de Alba marchó a Borgoña donde permanecería hasta 1571 en que se le nombró gobernador de Amberes, aunque enseguida buscó su dimisión de dicho cargo. En enero de 1576 se le envió a Londres para tratar de persuadir a Isabel I de que dejara de enviar ayudas a los rebeldes flamencos y tras el saqueo de Amberes en noviembre del mismo año se puso en duda su lealtad al rey. Así, el 6 de septiembre de 1577 fue uno de los diputados enviados a Orange por los Estados Generales para que acudiera a Bruselas para pacificar el país, por lo que don Juan de Austria decidió que se secuestraron todos sus bienes. Orange le nombró miembro del Consejo de Flandes pero no pudo tomar posesión al ser extranjero y como contrapartida se le concedería el título de Chef des finances. Su doble juego se vio desmontado cuando el hermano del rey le hizo encerrar en Gante, donde permanecería durante seis años pese a los esfuerzos de su hermano por acortar su condena. Tras ser liberado se le dejó permanecer en los Países Bajos pero sin devolverle sus bienes y se adhirió al partido de los “malcontents”, significándose en las intrigas contra Alejandro Farnesio por lo que en 1592 se le ordenó regresar a Borgoña. Allí ocupó el cargo de chevalier d´honneur del parlamento de Dôle, que se le había concecido en 1573, hasta su muerte en 1602 (Biografía en el DBE). 341 Morillon a Granvela, 23 de junio de 1572, CCG, IV, nº 80, pp. 272-273. 339

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llegar a Flandes, lo que había hecho perder mucha credibilidad a Alba y demorar las soluciones a tomar, y el segundo a que el recién llegado no hubiera tomado directamente el mando de la administración, cuando podía haber dejado solo los asuntos de guerra en manos del antiguo gobernador342. Esta indecisión sobre quien estaba realmente al mando no se aclaró desde Madrid, al enviarse a ambos duques todos los despachos tocantes a asuntos de gobierno, como fue el caso de la minuta del nuevo Perdón General343. Con el paso del tiempo, se fue haciendo patente que los remedios apuntados desde la Corte de Felipe II para evitar la emulación no habían surtido efecto y la confrontación se fue haciendo inevitable, sobre todo, cuando los opositores a Alba fueron siendo conscientes de que la llegada del nuevo gobernador no había supuesto la panacea que esperaban y de que los asuntos seguían en manos de las mismas personas. Todo ello, junto al aparente deseo que mostró el de Medinaceli de contar con aquellos flamencos alejados de la toma de decisiones para su gobierno344, conllevó el acercamiento definitivo de los servidores de Juan de la Cerda a la facción opositora al duque de Alba. Un documento fundamental para constatar dicha aproximación lo encontramos en una misiva de Granvela a Medinaceli del 15 de julio de ese año345. En ella, el cardenal expresaba su punto de vista sobre las actuaciones a realizar en Flandes y dejaba claro que para gobernar bien a los naturales se debía ser “dueño de su corazón”, para lo cual había que hacer uso de consejeros flamencos pertenecientes, lógicamente, a su clientela, como los dos presidentes, Viglius y Tisnacq, así como Berlaymont y Blaesere. Así mismo, recomendaba a Assonleville, Champagney, Ferdinand de Lannoy, Vander Aa, Berty, Esteban Prats y Nicolás Polweiller. Medinaceli aceptó los consejos de Granvela y el contacto entre ambos se mantuvo a través de las visitas que periódicamente realizaría Cintio Calvo a Morillon. El reforzamiento de los lazos entre ambos grupos produjo un enconamiento de los enfrentamientos con los consejeros cercanos a Alba, siendo Juan de Mendoza Sarmiento el servidor de Medinaceli más combativo. Sus antecedentes -este gentilhombre de la boca del monarca mantenía correspondencia con Éboli y una buena relación con Jerónimo de Roda- mostraban claramente que defendía posturas muy

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W. MALTBY, op. cit., p. 282. Instrucción a Alba y Medinaceli, 21 de julio 1572, CODOIN, XXXVI, pp. 89-92. 344 Morillon a Granvela, 13 de julio de 1572, CCG, IV, nº 86, p. 302. 345 Granvela a Medinaceli, 15 de julio de 1572, IVDJ, Envío 47, f. 31. Desgraciadamente, solo se conserva una carpeta con el extracto de la carta original, hoy en día desaparecida. 343

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alejadas de las del entorno de Alba, siendo los desencuentros más sonados los que mantuvo con el secretario Albornoz346. Lógicamente, el grupo que detentaba el poder trató de apartar al opositor de las decisiones importantes, pese al acercamiento que se produjo cuando Juan de Vargas solicitó a Granvela, a través de Morillon, que ayudara a Fadrique en los problemas que le había originado faltar al matrimonio que tenía prometido con la hija de García de Toledo. Morillon aceptó realizar la intermediación, solicitando a cambio que se concedieran a Didier van T´Sestich algunas peticiones que este había realizado347. Sin embargo, esta aproximación se vio cortada de raíz con el duro saqueo de Malinas a comienzos de septiembre de 1572, suceso que provocó una indignación tal en los contrarios al duque de Alba que les llevó a exigir el relevo inmediato del gobernador. Desde ese momento, la tensión fue in crescendo, hasta alcanzar su máxima cota a finales de octubre y principios de noviembre. En esas fechas, Medinaceli no podía ocultar ya su enfado por el modo en que se llevaban las cosas y el 29 de octubre se negó a dar su voto para conceder a Fadrique el mando del ejército que debía recuperar Zutphen, desestimando, además, asistir a un banquete que se celebraba en honor del duque de Holstein. Aunque Alba intentó limar asperezas a través de Antonio de la Cerda no lo pudo conseguir y pocos días después, concretamente el 5 de noviembre, el conflicto se hizo público durante una reunión del Consejo de Estado en la que se encontraban presentes Alba, Fadrique, Sancho de la Cerda, Berlaymont, Noircarmes, Hierges, la Cresonera, Albornoz, Berty y Scharemberg junto a Medinaceli348. Este expresó su rechazo a la intención de Alba de no dirigir el ejército que debía ir a Holanda, ya que su permanencia en Flandes se había vinculado a su experiencia como general, y amenazó con separarse de su lado si no tomaba el mando. Albornoz expresó su convicción de que detrás de dicha decisión estaba la mano de sus enemigos de Madrid y la del duque de Aerschot “que le gobierna a vaqueta”. Por supuesto, sus sospechas se hacían extensibles a varios miembros del séquito de Medinaceli, "tiene un Secretario italiano (que es un buen hombre, á lo que todos dicen),

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Albornoz a Zayas, 2 de septiembre de 1573, EDA, III, nº 1978, p. 517, "Don Juan de Mendoza, alias Juan de Salvatierra, es una fina pieza. Yo, señor, le ordené, de parte de S. E., saliese de los Estados dentro de ocho días y de Bruselas dentro de cuatro horas, porque entraba en cierta casa a festejar una señora que se ha de embarcar, la cual dice S. E. hará encaminar en la forma que S. M. lo manda y a mí me escriben de Bruselas lo que v. m. verá por esa cartilla. El dicho Salvatierra es hombre de poca sustancia”. 347 Morillon a Granvela, 17 de agosto de 1572, CCG, IV, nº 101, pp. 378-379 e Ibídem, 26 de agosto, nº 106, p. 400. 348 Albornoz a Zayas, 6 de noviembre de 1572, CODOIN, LXXV, pp. 250-254.

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por quien se gobierna; pero á éste gobierna otro que dicen Juan Andrea Cigoña349, muy gran vellaco, á quien el Duque ha querido castigar aquí, porque siendo comisario del regimiento del conde de Mega, difunto, pasaba en cada compañía del dicho regimiento no sé cuantas plazas”350. Medinaceli, por su parte, intentó defender su posición ante Felipe II y se ratificó en su idea de abandonar la Corte si Fernando Álvarez de Toledo no cumplía con su obligación militar351. Pese a ello, no cumplió su amenaza de inmediato y permaneció junto a Alba hasta que un nuevo enfrentamiento el 22 de noviembre precipitó los acontecimientos. El día anterior, el “Gran Duque”, a través de Albornoz, había comunicado a Medinaceli que se iba a reunir de nuevo el Consejo y este accedió a acudir. Así, se reunieron Berlaymont, Berty, Albornoz y Sancho de la Cerda, ya que Noircarmes, la Cresonera y Fadrique se encontraban en la guerra y Viglius enfermo. Tras las primeras intervenciones se planteó de nuevo la guerra en Holanda, ratificándose ambos duques en sus opiniones, por lo que Medinaceli salió de la sala pese al intento de intercesión de Berlaymont352. Esa misma noche, Juan de la Cerda ordenó recoger sus pertenencias y al día siguiente partió hacia Gavre, desde donde escribió al rey confirmándole que esperaría en esa ciudad hasta que Alba no rectificara353. Fernando Álvarez de Toledo, por su parte, escribió también a Felipe II para ofrecerle su versión excusando, de forma ciertamente hipócrita, el comportamiento de Medinaceli, que actuaba así por tener gran celo en el servicio real354. Esta táctica fue utilizada por Alba durante un tiempo, como podemos observar en la misiva que dirigió un mes después a Felipe II, reflejándole que no había podido proveer el puesto de Veedor General porque quería consultarlo con Medinaceli y éste se encontraba aún ausente355. La decisión del duque de Medinaceli significó, sin duda, el final de su aventura en los Países Bajos ya que, por voluntad propia, se había apartado de la toma de decisiones y su candidatura a gobernador perdió todo su peso. En Madrid todos apoyaron a Alba; desde amigos como el Prior Antonio de Toledo o Zayas hasta enemigos acérrimos como Éboli, aunque se le pidió que mostrara clemencia hacia su émulo356, y solo Hopperus se mostró abiertamente a favor de Juan de la Cerda357. Felipe 349

Un memorial sobre su vida en AGR, Audience, leg. 190, f. 164. Relación de consejos, 5 de noviembre de 1572, CODOIN, XXXVI, pp. 119-130. 351 Medinaceli a Felipe II, 12 de noviembre de 1572, Ibídem, pp. 130-132. 352 Relación de consejos, 27 de noviembre de 1572, Ibídem, LXXV, pp. 119-123. 353 Medinaceli a Felipe II, 27 de noviembre de 1572, Ibídem, XXXVI, pp. 134-135. 354 Alba a Felipe II, 28 de noviembre de 1572, EDA, t. III, nº 1715, pp. 252-253. 355 Alba a Felipe II, 19 de diciembre de 1572, Ibídem, nº 1720, p. 259. 356 Zayas a Albornoz (12 de diciembre de 1572, AGS, E., leg. 547, f. 61) o a Alba (26 de diciembre de 1572, CODOIN, XXXVI, pp. 142-143). 350

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II, por su parte, no perdonó la acción, ya que había transmitido a los rebeldes la falta de unidad existente entre los servidores reales, y decidió nombrar a Luis de Requesens como nuevo gobernador en enero de 1573. Ya Mateo Vázquez había aconsejado al duque de Medinaceli antes de su partida de Castilla que escuchara las quejas contra Alba pero que no las apoyara358, cosa que no cumplió al transmitir periódicamente desde Flandes los puntos de vista de los enemigos de Alba, haciendo su parcialidad inviable su candidatura como sucesor359. El propio Luis de Requesens pudo constatar el enconamiento de Medinaceli contra Alba cuando llegó a Flandes y en su correspondencia con Ponce de León relató el grave enfrentamiento que tuvo con Champagney, cuando descubrió que la facción contraria a Alba había ganado para su causa a Medinaceli y lo habían utilizado “como a un muñeco”360. Lógicamente, los componentes del séquito de Medinaceli, como Cintio Calvo, Juan Andrea Cigoña y Juan de Mendoza Sarmiento perdieron, junto con su amo, toda posibilidad de acceso al poder y las maniobras que intentaron para revertir la situación fueron en vano. Así, el primero de ellos intentó acercarse a Albornoz pero lo único que consiguió fue el enfado de su patrón361. El distanciamiento voluntario de Medinaceli no provocó el fin de las pugnas cortesanas y un nuevo motivo de lucha se produjo cuando Alba retomó su interés por reorganizar el Conseil Privé, y seguir así vaciando de contenido a los Consejos Colaterales, tras presentársele una ocasión propicia con la muerte del Chef Tisnacq el 17 de abril de 1573. Alba propuso ir sustituyendo a los consejeros flamencos por castellanos, para así poder acabar con la “liga” que formaban los contrarios a su gestión: "Y esta secta antigua (que no la quiero llamar de otra manera) es menester extirparla y que los dogmatizadores de ella se acaben, o por muerte o por sacarlos de los Consejos. El cabrón de todos es Viglius, y el que les da la ley y muestra el camino por donde han de caminar, y como tiene cabe V. Majestad a su sobrino, dale acá grandísima 357

Hopperus a Felipe II, 28 de diciembre de 1572, AGS, E., leg. 551, f. 6. A. W. LOVETT, Philip II and Mateo Vázquez de Leça..., pp. 41-45. 359 ID., “A new Governor for the Netherlands,…”, p. 91. 360 ID., “The Governorship of Don Luis de Requesens, 1573-76. A Spanish view”, en European Studies Review, II, nº 3 (1972), p. 196. 361 Albornoz al Cardenal Pacheco, 7 de abril de 1573, EDA, III, nº 1763, p. 316, "El de Medina se está en Bolduque a su placer y holgar. No tiene tal vida el Rey; dicen le envían a Nápoles. Cualquiera cosa hará muy bien, porque es muy sospechoso, y tiene aquí cerca de Su Excelencia dos espías y otras en el campo, y en Roma tiene quien le avisa de cuanto allá pasa, y a su Secretario, porque es mi amigo, ha quitado los papeles y dice que éstos se han de tratar con irse por las calles en calzas y jubón con una raqueta en la mano y no de otra manera, que son buena gente, y no quiera v.s.i. más sino que no hay hombre de partes que le vea ni le oiga, con ser su futuro Gobernador, como ellos dicen”. 358

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autoridad con ellos que, faltando éste, y no viendo acá su sobrino que V. Majestad tiene allá, y sacando él Asonvila, en cualquiera manera que sea, con los otros dos que quedan no son gente para hacer estorbo ninguno, y de un golpe podrá V. Majestad ordenar este Consejo y poner, como digo, españoles y italianos que V. Majestad quisiere meter, serán los que gobiernen el Consejo, y en cuanto a la provisión del Presidente de agora, V. Majestad no le puede poner por el presente sino de los Estados, y si se pone estando allí los que digo, nunca V. Majestad acabará de arrancar esta mala secta, y para esto se me ha ofrecido un medio, que es poner por el presente en aquel lugar al Presidente de Flandes (Jacques Martens) que he tratado yo, porque le tuve conmigo muchos días en el Consejo de rebelión y halléle muy buen hombre y inclinado al bien, no de tal suficiencia que si no tuviera la cualidad que ahora diré, aconsejara yo a V. Majestad le pusiera en aquel lugar, que es ser muy viejo, que nunca pensé que pudiera ser de buena cualidad para nada, sino para lo que yo pretendo en esto que no puede mucho vivir y no es hombre para hacer daño por el camino que estotros, y debajo de él podrá V. Majestad formar su Consejo de las personas que le pareciere y después de puestos allí, pasados algunos días, podráse haber habilitado algunas personas de las nuevas, que sacándole de él para Presidente no lo habrán por cosa nueva”362.

Con todo, el asunto quedó en suspenso hasta la llegada de Requesens, ya que sus peticiones eran pospuestas en Madrid y se paralizaban constantemente los asuntos que interesaban al gobernador. Debido a ello, el duque se dejó llevar durante los últimos momentos de su estancia en Flandes, por lo que Felipe II le tuvo que reprender363, ya que solo se centró en la guerra y en conseguir mercedes para algunos de sus clientes, como Chiappin Vitelli, en previsión de los nuevos tiempos. Por todo ello, cuando Luis de Requesens llegó a Bruselas el 17 de noviembre de 1573 se encontró con un complicado panorama. El 19 de diciembre, apenas un mes después de la llegada del Comendador Mayor, el duque de Alba partió hacia Madrid. Sus ansias por abandonar unos territorios que en tiempos del emperador le habían otorgado tanta gloria militar, pero que habían significado su tumba política durante sus años de gobernador, le llevaron a realizar la Jornada en pleno invierno y de forma apresurada; premura demostrada por el hecho de que durante el camino fuera escribiendo periódicamente al nuevo gobernador sobre asuntos que habían quedado pendientes364, y de que parte de su séquito marchara más tarde ante la falta de tiempo material para partir con él365. El noble castellano abandonó Flandes convencido de que su labor había resultado satisfactoria para Felipe II y las cartas del rey no hacían prever lo contrario366. 362

Alba a Felipe II, 15 de mayo de 1573, Ibídem, pp. 400-401. Felipe II a Alba, 21 de octubre de 1573, CODOIN, CII, pp. 323-324. 364 Así, le escribió el 22 de diciembre (EDA, III, nº 2034, pp. 567-568), el 26 (Ibídem, nº 2036, p. 569),... 365 Para los entretenidos de Alba durante su estancia en Flandes, AGR, Audience, reg. 33/4, ff. 29 r.- 30 v. En cuanto a su capilla, “Nómina de sueldos de la capilla del Duque de Alba en Bruselas a 31-12-1573”, DDA, pp. 121-127. Para los gastos de su servicio desde 1568 a 1574, AGR, Audience, reg. 33/2, nº 59. 366 Felipe II a Alba, 9 de diciembre de 1573, AGS, E., leg. 554, f. 51. 363

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Sin embargo, la situación era muy diferente y Alba, una vez en Madrid, fue consciente de que su momento había pasado y de que su estancia en Flandes había cortado prácticamente de raíz su acceso a la gracia real. Desde ese momento, Fernando Álvarez de Toledo fue relegado al ostracismo, recuperando solo cierta importancia política y militar durante la campaña de anexión de Portugal en 1580 para fallecer en 1582. Sus más estrechos colaboradores siguieron su misma suerte. Juan de Vargas tuvo que alejarse de la Corte madrileña al llegar a ella, ante la evidencia de su pérdida de favor. Albornoz, por su parte, permaneció aún por un tiempo en Flandes procurando influir en Requesens para conseguir ciertas mercedes367 y aún estaba allí cuando se produjo el asesinato de Juan de Mendoza en las calles de Amberes por dos delincuentes368, hecho ante el que mostró una fingida pena369. A su vuelta a Madrid fue investigado por sus manejos en la hacienda y, aunque se le perdonó, tuvo que permanecer apartado de la Corte durante el resto de su vida. Con la partida de Bruselas del secretario, se habían cerrado casi 7 años de luchas faccionales en Flandes y se abría una nueva etapa, bajo los auspicios del nuevo gobernador.

2.3.- Las actuaciones del duque de Alba durante su estancia en los Países Bajos: su crucial papel en la política exterior de Felipe II 2.3.1.- La represión de la Revuelta y sus planes de Confesionalización La expedición militar comandada por el duque de Alba partió de Cartagena en abril de 1567 y, tras hacer escala en Italia, marchó a Flandes370, dando origen dicho trayecto a lo que fue conocido posteriormente como “El camino español”371. Como sabemos, el objetivo de esta Jornada era finalizar con los movimientos revolucionarios y tratar de normalizar la situación para que cuando el monarca se presentara en los Países Bajos pudiera dar por zanjados los levantamientos. Sin embargo, la realidad iba a resultar bien distinta. Cuando el duque hizo su entrada en Bruselas el 22 de agosto, la situación era muy diferente a la que se hubiera podido encontrar el año anterior. Todos los nobles, excepto los más radicales como Culembourg o Brederode, habían trocado su pasiva 367

Albornoz a Requesens, 23 de diciembre de 1573, IVDJ, Envío 47, caja 2, f. 210. Relación de la muerte de Juan de Mendoza, 20 de enero de 1574, AGS, E., leg. 550, f. 22. 369 Albornoz a Jerónimo de Arceo, 18 de enero de 1574, EDA, III, nº 2045, p. 580. 370 Sobre su Jornada, B. de VARGAS, Breve relación de la jornada que ha hecho el señor Duque de Alba desde España hasta los Estados de Flandes, Amberes, 1568. 371 G. PARKER, El ejército de Flandes y el Camino Español, 1567-1659, Madrid, 1976 (traducción del original en inglés publicado en Londres en 1972). 368

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posición de los primeros momentos de la Iconoclastia y se estaban empleando firmemente en sofocarla, consiguiendo a mediados de mayo la práctica finalización de sus actividades y la restricción casi total del culto público calvinista. Pese a ello, algunos de esos nobles fueron conscientes de que el duque de Alba les iba a hacer pagar su actitud anterior y comenzaron a buscar tropas, apoyos y dinero en Francia, Inglaterra y el Imperio, con la clara intención de internacionalizar el conflicto desde su inicio. Desde un primer momento, los desencuentros entre el enviado real y Margarita de Parma fueron duros y los reproches constantes, en lo referente a las políticas que pensaban aplicar uno y otra372. Así, una de las primeras medidas que tomó el duque fue licenciar las tropas que la gobernadora había reclutado en 1566-1567 y poco después, en concreto el 9 de septiembre, ordenó el arresto de Egmont y Horn junto a otros señores y al antiguo burgomaestre de Amberes van Straelen, librándose Orange de la cárcel al rechazar la llamada y refugiarse en Dillembourg junto a otros nobles. El 20 se reunió por primera vez el tristemente famoso Conseil des Troubles, que ya había sido creado en secreto el día 5, cuya misión consistía en juzgar a los rebeldes y condenar a los culpables, tanto si estaban presentes como ausentes, además de confiscar sus bienes373. Margarita, contraria a todas esas medidas, se encontró en una situación insostenible y decidió dejar los Países Bajos para partir a sus tierras patrimoniales el 30 de septiembre, no sin antes tomar juramento a Alba como su sucesor interino. Desde ese momento, Fernando Álvarez de Toledo, consciente de que la llegada de Felipe II se iba a retrasar374, se concentró en reforzar las medidas represoras y en mantener listo el ejército para un presumible ataque de los rebeldes neerlandeses desde el exterior. En efecto, Orange -que había quedado como líder indiscutible de los opositores a Felipe II tras las muertes en los meses anteriores de Egmont, Horn, Brederode y Berghes-, había planeado invadir los Países Bajos desde 4 lugares diferentes; un ejército hugonote debía entrar desde Francia, otro invadiría desde Inglaterra y dos desde el Imperio, por Limburgo y por Frisia. La dificultad de coordinar

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ID., España y la rebelión de Flandes..., pp. 98-115. Sobre este consejo, los libros de A. L. E. VERHEYDEN, Le Conseil des troubles. Liste des condamnés (1567-1573), Bruselas 1961 y Le Conseil des troubles, Flavion, 1981 en la colección "Histoire du protestantisme en Belgique et au Congo belge", 11. 374 G. PARKER, "1567: The End of the Dutch Revolt…", pp. 284-290, donde el autor reproduce una misiva de Felipe II al duque del 7 de agosto de 1567 en que le indicaba que su ida a Flandes se iba a retrasar, al menos, durante ese año. 373

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los 4 ejércitos y la falta de apoyo de las ciudades desbarataron el plan y la victoria de Alba en Jemmingen el 21 de julio de 1568 marcó el final de la ofensiva rebelde375. Tras estas victorias y la ejecución de los condes de Egmont y Horn el 5 de junio, el gobernador pretendió dar por finalizada su misión en Flandes376. Sin embargo, el paso de los meses le disuadió de la ineficacia de sus peticiones de relevo377, que realizó periódicamente a través de su secretario. Ante esta situación, Alba, apoyándose en el equipo de gobierno que había ido formando, trató de poner en práctica su programa político basado en la Confesionalización. Para ello, promulgó en Flandes los decretos establecidos en el Concilio de Trento, relanzó la implantación de los obispados, llevó a cabo una feroz persecución de rebeldes y herejes y puso en marcha diversas medidas para controlar las instituciones flamencas a través de personajes afines, siendo la más habitual dejar sin proveer las plazas que iban quedando vacantes por fallecimiento o deserción, a la espera de que surgieran candidatos que él considerara adecuados. Su objetivo principal fueron los Consejos Colaterales378 y es significativo resaltar como el monarca comenzó a contemplar, ya en estas fechas, la posibilidad de crear en Madrid un Consejo con autoridad sobre ellos y que se encargara de velar por la jurisdicción real en aquellas tierras379; proyecto que, como sabemos, se retrasaría aún dos décadas, ya que la Monarquía aún no había conseguido todavía llevar a cabo la división de jurisdictio y gobernaculum. Junto a los Colaterales, el gobernador se planteó también la reforma de los oficios de justicia y de gobierno de las ciudades. Sin embargo, este proyecto requería una enorme paciencia, pues era necesario realizar gran cantidad de Visitas, como la que

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Sobre la guerra en Frisia, L. P. GACHARD, Correspondance du Duc d´Albe sur l´invasion du Comte Louis de Nassau en Frise en 1568 et les batailles de Heyligerlée et de Germmingen, Bruselas, 1850. 376 En una carta al monarca del 9 de junio (EDA, II, nº 748, p. 62), el duque daba por finalizada la Revuelta. 377 Como le confirmaba el propio monarca en una misiva del 16 de agosto (CODOIN, XXXVII, p. 342). 378 Alba a Felipe II, 5 de mayo de 1570, EDA, II, nº 1095, p. 369. Alba recalcaba que Aerschot era el más viejo de los consejeros y no valía, “los otros todos es gente mediana y poco menos que mediana, moços, mochachos que no han visto el modo viejo, sino que se han de criar en lo que agora ven, de fuera, no hay otra cabeza que la del Príncipe d´Oranges, que está tan salido”. El gobernador propuso que los Consejos Colaterales fueran perdiendo poco a poco su función, lo que llegó a oídos de los consejeros que comenzaron a movilizarse. Así, Berlaymont y Noircarmes decidieron escribir a Felipe II de forma conjunta el 18 de junio de 1570 (AGS, E., leg. 544, f. 37), proponiendo como solución que Alba eligiera a las personas adecuadas para los cargos en vez de reformar los consejos. 379 Felipe II a Alba, 5 de abril de 1570, Ibídem, f. 154.

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se llevó a cabo en el parlamento de Dôle380, que se complicaban en aquellos lugares que no se regían por Placcards, de los que ordenó una recopilación, sino de forma consuetudinaria381. Para intentar mitigar el descontento que provocaron estas medidas entre las élites flamencas, el euque utilizó dos vías, cuales fueron la publicación del Perdón General y la concesión de mercedes. Lo primero se llevó a cabo el 16 de julio de 1570 tras numerosas gestiones entre las cortes de Bruselas y Madrid382; sin embargo, desde esa misma fecha el duque fue consciente de que el efecto producido no había sido el ansiado por el retraso en su publicación respecto al final de su redacción, 16 de noviembre del año anterior, y por ser un Perdón parcial383. El mismo efecto de desencanto surtió la tardía publicación de las mercedes concedidas384, que se llevó a cabo en los primeros días de octubre del mismo año, por lo que se perdieron gran parte de los beneficios que podían haber producido e hizo descender aún más el crédito de Alba en Flandes. Ambas medidas iban también encaminadas a reducir la resistencia de las élites locales a uno de sus proyectos estrella, cual era la implantación de un impuesto permanente que pretendía conseguir la autofinanciación de los Países Bajos y de los ejércitos que era necesario mantener en ellos para no cargar dichos gastos en la Hacienda Real y así conseguir esa homogeneización de los reinos planteada por la Confesionalización385. El plan del Gobernador General consistía en la aplicación de la

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Tras fallecer en 1567 el presidente del parlamento, y tras rechazar Felipe II al vicepresidente Colin que había propuesto Alba (Alba a Felipe II, 21 de junio de 1568, CODOIN, XXXVII, pp. 283-284), se centró la lucha entre Pierre Asset, presidente de Artois, y Claude Bélin, teniente de Ammon. Ambos eran clientes de Granvela y Alba, que no quería a ninguno de los dos, propuso llevar a cabo una Visita para aplazar la decisión. Tras muchas discusiones se encargaron de ella el consejero Blaesere, al que Alba quería alejar de Bruselas, y el letrado milanés Mezzabarba, que fue impuesto por el cardenal Quiroga. 381 Alba a Felipe II, 5 de mayo de 1570, EDA, II, nº 1095, pp. 370-371. 382 “Relación de lo subçedido en la publicación del Perdón General en la villa de Amberes a los 16 de Jullio 1570”, IVDJ, Envío 6, carpeta 1, ff. 318-319. 383 En general, sobre este asunto, V. SOEN, Geen Pardon, zonder Paus. Studie over de complementariteit van het koninklijk en het pauselijk general pardon (1570-1574) en over pauselijk inquisiteur-generaal Michael Baius (1560-1576), pp. 81-133. Agradezco a la autora la posibilidad de consultar el texto antes de su inminente publicación por la Koninklijke Vlaamse Academie van België voor Wetenschappen en Kunsten. 384 Sobre este asunto, nuestro artículo, “La concesión de mercedes en los Países Bajos...”. 385 Hay numerosa bibliografía sobre este asunto, sobre todo, F. H. M. GRAPPERHAUS, Alva en de tiende penning, Deventer-Zutphen, 1982 y “El Décimo de Alba en los Países Bajos. Un fracaso de importantes consecuencias” en C. SANZ AYÁN y B. J. GARCÍA GARCÍA (eds.), op. cit., pp. 105-179. Igualmente reseñables los artículos de J. CRAYBECKX, "Aperçu sur l´histoire des impôts en Flandres et au Brabant au cours du XVIe siècle", Revue du Nord, 29 (1947), pp. 87-108, "Alva´s Tiende Penning, een Mythe", BMHG, 76 (1962), pp. 10-42 o "La portée fiscale et politique du 100e denier du duc d´Albe", Acta Historiae Bruxellensia, Bruselas,

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alcabala ya existente en Castilla y otros territorios de la Monarquía Hispánica, así como otros dos impuestos, el centésimo y el vigésimo, con un carácter fijo, evitando de esta manera tener que pedir dinero de forma ordinara a los Estados Generales, encargado tanto de conceder las aides como de aprobar una medida de esta índole. Para conseguir dicho objetivo era necesario vencer la resistencia de este tribunal, que ya había mostrado en 1556-1558 que no iba a dar su brazo a torcer fácilmente. El primer paso de este plan fue el nombramiento como Chef del Conseil des Finances de Noircarmes -que se mostró dispuesto a apoyarlo, en contraposición a Berlaymont que se oponía a él-, aprobando dicho tribunal el 4 de noviembre de 1568 tanto el centésimo como el décimo. El siguiente paso, y sin duda el más difícil, era presentar esta propuesta a los Estados Generales, para lo cual el duque buscó el apoyo de nobles y financieros a través de los cuales pretendía llevar a cabo la recaudación. Sin embargo, ¿cómo iban a aceptar las élites flamencas la creación de un sistema impositivo que iba en contra de sus privilegios y de su hacienda y que, sobre todo, iba a servir para consolidar un sistema político que les excluía del acceso al poder y a la toma de decisiones? Como era de suponer, estas élites movilizaron sus redes clientelares para conseguir que los Estados Generales se resistieran firmemente a la aprobación del plan. Sin embargo, el “Gran Duque” era tenaz y dedicó mucho tiempo y recursos a encontrar la mejor manera de presentar su proyecto386, así como a ganar adeptos en dichos Estados Generales con maniobras como las llevadas a cabo con abadías y obispados. La petición en firme se realizó finalmente el 20 de marzo de 1569387, constatándose desde el primer momento que la medida despertaba enormes recelos tanto

1967, I. Dos visiones generales en W. MALTBY, op. cit., pp. 210-224 y G. PARKER, España y la rebelión de Flandes…, pp. 112-115. 386 Alba a Felipe II, 23 de junio de 1568, CODOIN, XXXVII, pp. 285-290. En esta misiva, el gobernador daba 4 opciones para la convocatoria de los Estados: 1º juntar a los Estados donde él estuviere y hablarles sin darles oportunidad a comunicarse entre ellos, 2º hablar él personalmente a los de Holanda y Brabante en Bois-le-Duc y enviar a los gobernadores a que lo propusieran en su gobierno, 3º llamarles donde él estuviera pero avisándoles en fechas diferentes y 4º llamar a algunos de esta manera y a los de poca importancia avisar a los gobernadores. 387 Una descripción de dicha reunión en Morillon a Granvela, 20/21 de marzo de 1569, CCG, III, nº 161, p. 522, "L´on at tenu ce jour d´huy les Estatz, en la grande salle, avec bien bonne grâce et ordre. Son Excellce n´at voulu que aulcung Espaignol l´accompagnast ou s´y trouvast. Il y avoit quattre chevaliers de l´ordre. Bruxella (Philibert de Bruselas) feict la proposition avec bonne grâce, et demanda le centiesme dernier de tous biens meubles et immeubles, et le dixieme de tot ce que se vend,à la charge du vendeur, que son les alcabalas d´Espaigne. Le duc parla après ledict Bruxella, bien aussi longtemps comme il avoit faict, et fort bien. Ce fust en Espaignol, que fust cause qu´il n´at esté entendu. L´on at demandé copie et temps pour déliberer. Demain se doibt faire la proposition en particulier aux députez de chascung pays".

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en los propios Países Bajos como en su entorno388. Tras duras negociaciones, Alba anunció a Felipe II el 29 de junio que los Estados habían concedido el centésimo por una vez, así como también la posibilidad de convocarlo de nuevo si había otra guerra pasados 6 años389. En cuanto al décimo y el vigésimo, el 3 de agosto se decidió un encabezamiento por dos años, lo que proporcionó al gobernador dos millones de florines y un periodo de cierta estabilidad económica, aunque siempre teniendo en cuenta que esta concesión no era más que una tregua sin carácter fijo. En los meses siguientes la negociación se trasladó a los Estados Provinciales correspondientes pero no se llegó a acuerdo alguno, ya que estos mostraron que jamás aprobarían dichos impuestos de forma permanente, y el 31 de julio de 1571, fecha en la que expiraba el encabezamiento, Alba se vio obligado a decretar la recaudación del impuesto de manera forzosa a partir del día siguiente. Sin duda, las imposiciones que le llegaban desde Madrid para que iniciara el cobro de manera urgente, hicieron que el “Gran Duque” tuviera que llevar a cabo esta huída hacia adelante. La oposición fue generalizada y apenas se pudo recaudar dinero, consiguiendo únicamente alimentar el clima de descontento que regía en muchas capas de la sociedad y que podían ser agitadas fácilmente por ciertas élites, entre ellas eclesiásticos como Granvela o Nicolás de Castro, obispo de Middelburg, que, curiosamente, debían haber sido uno de los principales sostenes de la recaudación390. Finalmente, los estados reunidos en Bruselas aprobaron en octubre de 1572 una cuota para tres años y el décimo y el vigésimo fueron abolidos. Alba, acuciado por las necesidades pecuniarias ante el nuevo ataque rebelde, había claudicado y tuvo que posponer sus reivindicaciones ante la falta de apoyos. Tras la toma de Brielle y otras ciudades holandesas por los Gueux, Alba tuvo que reiniciar las acciones armadas, llevando a cabo una lenta reconquista de las tierras holandesas, aunque con algunos fracasos sonados como el sitio de Haarlem391. Su avance en este frente se vió dificultado por la necesidad de retirar tropas del mismo para llevarlas al sur, en previsión de una posible invasión desde Francia que se acabaría produciendo, y al este, para evitar la entrada de Orange y su ejército desde el Imperio.

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Guerau de Spes a Alba, 10 de agosto de 1569, AGS, E., leg. 541, fol. 72, “Aquí se dan a entender que la demanda del alcavala perpetua ha de alterar a los pueblos desos payses”. 389 CODOIN, XXXVIII, pp. 141-142. 390 Estos se querían beneficiar de la misma moratoria que se había concedido a los caballeros del Toisón, a los ministros de finanzas o a las órdenes teutónica y de Malta y no apoyaron las intenciones del gobernador. 391 El desarrollo de la campaña en G. PARKER, España y la rebelión de Flandes..., pp. 125154.

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Como complemento a esta acción armada, el duque inició el proyecto de redacción de un nuevo Perdón General, para lo cual elaboró una propuesta junto a su Conseil d´État que se envió a Madrid; esta se basaba en extender a Groningen, Zutphen, Brabante, Flandes, Hainaut y Malinas las concesiones que ya había otorgado de motu proprio a Frisia, Overijssel y Güeldres. Sin embargo, numerosos consejeros en Madrid –Hopperus- y en Flandes -Aerschot, Viglius, Tisnacq o Assonleville- se declararon contrarios a dicho plan, que no se llegó a discutir hasta la llegada de Luis de Requesens a Flandes. Estaba claro que el margen de maniobra del gobernador era mínimo y lo siguió siendo hasta el final de su gobierno. Sin embargo, su intervención en la política exterior de la Monarquía continuaría siendo de crucial importancia hasta que abandonó los Países Bajos.

2.3.2.- El papel del duque de Alba en la política exterior de Felipe II durante su estancia en Flandes Desde el mismo momento en que se anunció que el duque de Alba iba a marchar con un poderoso ejército hacia los Países Bajos, saltaron las alarmas de las principales potencias europeas de la zona. Un movimiento de tropas de esa magnitud, al mando de uno de los ministros y generales más reputados de Felipe II, auguraba, sin duda, una honda repercusión en la política de la Monarquía, idea que se reforzaba con el hecho de que el cardenal Espinosa confiara en el criterio de los gobernadores de los territorios periféricos. Debido a ello, Alba dispondría de amplia autonomía y tendría gran peso a la hora de tomar las decisiones diplomáticas y militares que atañieran a unos vecinos, que eran, ni más ni menos, que Francia, Inglaterra y el Imperio. Por supuesto, las relaciones que se entablaran con estas potencias iban a repercutir decisivamente en el desarrollo de la Revuelta, por lo que es imposible entender su evolución si no consideramos su contexto internacional. El primer problema diplomático que originó la marcha de un ejército de 66000 hombres era la ruta que iba a seguir. El propio duque desechó desde el inicio el paso por Francia, pese a que había paz con ese reino desde 1559, por la complicada situación en que este se encontraba y por sus propias ideas políticas, que propugnaban que el enemigo principal era Francia y que la política exterior de la Monarquía debía ir orientada a arrinconarla; para ello, era necesaria la paz en el Imperio y con Inglaterra, lo que permitiría que la rebelión de Flandes fuera rápidamente derrotada.

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Ya Felipe II venía interviniendo en Francia para intentar controlar el calvinismo desde el fallecimiento de Enrique II en las celebraciones del Tratado de CateauCambresis392, fatídico acontecimiento que provocó una crisis en la corona francesa que se prolongó durante décadas. Su modus operandi fue prestar ayuda financiera a la familia Guisa, defensora del catolicismo, en detrimento de los Montmorency y los Borbón, que sustentaban a los hugonotes393. Durante el breve reinado de Francisco II los Guisa consiguieron controlar el Consejo, pero el repentino fallecimiento del monarca y el advenimiento de la regencia de Catalina de Médicis en diciembre de 1560 durante la minoría de edad de su hijo Carlos IX, truncaron esa hegemonía. La reina madre reorientó la política real a través de la búsqueda de equilibrio entre las diversas facciones394, decisión que encrespó los ánimos de Felipe II y de su embajador Chantonay, hermano de Granvela, que desde su llegada a París en 1560 hasta su partida en 1564 tuvo numerosos enfrentamientos con la soberana. La política de tolerancia de la reina madre se plasmaría en el edicto de Saint Germain del 3 de enero de 1562 y tanto Felipe II como el papa Pío IV decidieron que era hora de tomar parte de forma activa en las pugnas internas del reino francés, aunque discreparon en la forma de hacerlo. Mientras desde Roma se defendía una intervención abierta, el monarca hispano prefería prestar apoyo financiero a los católicos para que se produjera una guerra civil, consiguiendo así que los franceses no intervinieran en Escocia e Inglaterra y que la influencia calvinista no llegara a los Países Bajos. Esta última opción fue la escogida, siendo una de las principales razones del inicio de la primera guerra de religión francesa, que finalizaría con la paz de marzo de 1563 en la que se disminuía el grado de tolerancia que había dispuesto el edicto del año anterior395.

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Sobre la evolución del pensamiento calvinista en Francia, M. PRESTWICH, “Calvinism in France, 1555-1629” en ID (ed.), op. cit., pp. 71-107 y M. YARDENI, "French Calvinist Political Thought, 1534-1715" en Ibídem, pp. 315-337. 393 Sobre las relaciones de Felipe II con Francia en los años previos a la Revuelta, N. M. SUTHERLAND, op. cit., passím; ID., “The Massacre of St. Bartholomew and the Problem of Spain” en A. SOMAN (ed.), The massacre of St. Bartholomew. Reappraisals and Documents, La Haya, 1974, pp. 15-24 (también publicado en ID, Princes, Politics and Religious, 15471589, Londres, 1984, pp. 173-181); M. A. OCHOA BRUN, op. cit., pp. 52-84 y V. VÁZQUEZ DE PRADA, Felipe II y Francia (1559-1598). Política, religión y razón de estado, Pamplona, 2004, pp. 101-201. 394 La monarquía francesa exploró caminos que Felipe II nunca llegó a utilizar, al permitir en varias ocasiones que convivieran en el mismo reino dos confesiones; O. CHRISTIN, "From Repression to Pacification: French Royal Policy in the Force of Protestantism" en P. BENEDICT, G. MARNEF, H. van NIEROP y M. VERNARD (eds.), op. cit., pp. 201-214. 395 Como es bien sabido, la bibliografía sobre las guerras de religión francesas es ingente y no pretendemos aquí exponer toda. Baste recordar uno de los estudios de conjunto más conocidos como M. P HOLT, The french wars of religion 1562-1629, Cambridge, 1995.

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Sin duda, uno de los consejeros que más había presionado a Felipe II para que actuara con dureza en el reino vecino era el duque de Alba, sustentando Éboli la tesis contraria al intentar defender cierto grado de tolerancia, en sintonía con lo pretendido por Catalina de Médicis. Debido a ello, el embajador francés Saint Sulpice trabó contacto con el noble portugués para intentar mitigar la influencia de Alba; sin embargo, su acción conjunta fue en balde, pues el “Gran Duque” acudió en representación real a los encuentros de Bayona que tuvieron lugar entre el 15 de junio y el 2 de julio de 1565. Dicho encuentro no sirvió para llegar a acuerdo alguno, pero permitió al noble castellano estrechar lazos con los líderes católicos franceses lo que, posteriormente, le sería de gran utilidad. Ya en esos meses era palpable el miedo de los protestantes a que se pudiera formar una liga católica multinacional, encabezada por Felipe II y por el Papa, cuyo fin último sería la desaparición de las confesiones diferentes a la católica. Los católicos, por su parte, sufrieron un miedo similar, ante la posibilidad de que se formara una liga protestante que pretendiera la libertad de conciencia en Europa. Felipe II era, sin duda, uno de los líderes más inquietos, ya que dicho problema religioso podría afectar a sus propios territorios; los contactos de Montigny con su primo Coligny y los hugonotes durante el viaje que realizó a Madrid en 1566 así lo apuntaban y se verían plasmados en un tratado de alianza mutua firmado por Orange, Condé y Coligny en agosto de 1568396. La llegada del duque de Alba a Flandes significó el desencadenamiento de una nueva crisis en Francia, ya que desde Madrid se contempló como única alternativa a la guerra en los Países Bajos la guerra civil en el reino vecino y los hugonotes comenzaron a temer el envío de tropas del Papa o de Felipe II a su reino. De este modo, se produjeron la segunda y tercera guerras de religión francesas, que tuvieron lugar de septiembre 1567 a marzo 1568 y de septiembre de ese año a agosto de 1570. En ambas jugaría un papel fundamental el ascendente que el cardenal de Lorena tomó sobre el joven Enrique, duque de Anjou, que había adquirido especial relevancia desde que el 12 de noviembre de 1567 fuera nombrado lugarteniente general, recobrando así los católicos un líder que no tenían desde el asesinato de Guisa en 1563. Las hostilidades se iniciaron el 26 de septiembre de 1567 y a mitad de octubre se confirmaron los temores hugonotes, pues Aremberg y Meghem se pusieron en camino con 4000 hombres y 1500 caballos solicitados por el cardenal de Lorena, maniobra que iba encaminada también a evitar una invasión de los Países Bajos por el sur como ya había planificado Orange. La situación pareció estabilizarse con el Tratado de 396

Sobre esas conversaciones, G. PARKER, España y la rebelión de Flandes..., pp. 90-91.

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Longjumeau el 23 de marzo de 1568 pero, sin embargo, a finales de junio un ejército de 3000 hugonotes al mando del señor de Cocqueville entraba en Artois. Aunque la ofensiva fracasó por falta de apoyo en las ciudades, retornando el ejército a Francia donde las tropas de Carlos IX lo aplastaron el 18 de julio en St. Valéry, la invasión reforzó la idea de Alba de que el verdadero foco de peligro en el exterior estaba en Francia y era allí donde debía concentrar sus esfuerzos. Su mejor informante en la Corte francesa era el nuevo embajador de Felipe II en París, Francés de Álava397. De ideología afín a la del duque de Alba, su relación fue de estrecha colaboración durante los primeros años, pero la francofobia de su patrón y el desacuerdo que mostró por la dura política que llevaba el duque en Flandes derivó en diversos enfrentamientos. Estos fueron especialmente crudos con Albornoz, que hizo lo imposible por que Francés de Álava dejara de percibir su salario398. Este pago siempre se había llevado a cabo a través de Jerónimo de Curiel, pero su derrota cortesana a manos de Albornoz le había despojado de tal función y este dejó de efectuar los libramientos, de tal suerte que cuando el embajador se decidió a escribir a su émulo en agosto de 1569 para que se reanudara el pago ya llevaba 28 meses sin cobrar399. Ante tal situación, Francés de Álava solicitó en numerosas ocasiones el relevo, pero este no se produjo hasta finales de 1571, abandonando París el 13 de noviembre sin despedirse de la Corte y dejando al cargo de la embajada a su secretario Aguilón400. En su camino a

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Hijo segundo de Fernando de Álava y Magdalena de Beaumont y Navarra, se dedicó a la carrera militar y de 1546 a 1548 estuvo en el Imperio al cargo de la infantería española y durante los últimos años del reinado de Carlos V sirvió en Flandes en las guerras contra Francia. En 1562 empezó su etapa diplomática con un par de misiones especiales a Francia, experiencia que le sirvió para sustituir a Chantonay cuando este dejó el oficio. El 12 de febrero de 1564 llegó a París, aunque en un primer momento como embajador interino, donde serviría hasta finales de 1571. Tras su retorno a Castilla, asesoró al Consejo de Estado sobre Francia a la espera de que se le concediera nuevo oficio, que le llegaría el 17 de mayo de 1572 al ser nombrado Capitán General de la Artillería de los Reinos y Coronas de Castilla y Aragón, dándosele entrada en el Consejo de Guerra. Su labor sería administrativa hasta que en 1580 volvió al campo de batalla en la conquista de Portugal, realizando su última Jornada a Monzón, durante la cual falleció (CFA, pp. 4-89). 398 Francés a Zayas, 23 de diciembre de 1568, Ibídem, p. 96, "Vuestra merced le asegure que cuando yo me vea a sus pies, entenderá que con fundamento tengo razón de haberle sido tan importuno en esto. Yo no quiero andar con el Duque en demandas y respuestas en ninguna manera, sino alexarme dello cuanto pudiere, ni tampoco sufro que me apriete más el cordel, especialmente no siendo en servicio de Dios ni de S. M., y cierto conviene que la persona que esté aquí le agrade; yo me conozco que nunca lo podré hacer, porque nunca me dexa de repelar con rapaces, como algunos que tiene cabe sí (como Albornoz), que vuestra merced conosce, a quien suplico haga este oficio enteramente con S. M. y no me meta más en esta plática con el Duque”. 399 Francés a Albornoz, 14 de agosto de 1569, BNM, Ms. 18672, fol. 81. 400 Pierre Aguillon, aunque siempre se le nombra como Pedro Aguilón, fue secretario privado de Granvela durante su estancia en los Países Bajos y cuando este fue expulsado le mantuvo

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Castilla, el embajador pasó por los Países Bajos, donde confrontaría opiniones con el gobernador y otros personajes que le sirvieron para redactar sus famosos Advertimientos, donde criticaba a Alba, a sus “hechuras” y a su política401. Sin duda, el relevo de embajador había sido propiciado por Espinosa y Éboli, encargados de los asuntos franceses tras la caída en desgracia de Alba, que consideraban necesario un acercamiento a la corona francesa para coordinar esfuerzos402. Evidentemente, el nuevo embajador encargado de llevar a cabo esas pretensiones no iba a compartir las ideas del “Gran Duque” y, de hecho, se obviaron sus candidatos Juan de Ayala y Gonzalo Rodríguez de Salamanca, siendo escogido, finalmente, Diego de Zúñiga403. Todas estas dificultades entorpecieron la posible colaboración católica entre París y Bruselas para arrinconar eficazmente a los hugonotes, pese a que el de Alba envió tropas en diversas ocasiones a sus partidarios franceses, como los 1500 caballos que comandó Pierre-Ernest de Mansfeld404 en 1569. Esto produjo que los católicos no pudieran imponerse en la guerra y la firma de la Paz de Saint Germain el 4 de agosto de 1570 fue un duro golpe para su causa, ya que significó el fracaso de la política de eliminación de los hugonotes del cardenal de Lorena, que cayó en desgracia junto a los Guisa a los que se apartó de las decisiones durante dos años, y se les daba posibilidad de

informado sobre los diferentes sucesos hasta que en 1568 se instaló en Francia (G. JANSSENS, “Cardinal Granvelle and the revolt in the Netherlands...”, p. 137). 401 Los redactó en Alcobendas, con fecha del 4 (CODOIN, XXXV, pp. 494-504) y 5 de enero de 1572 (Ibídem, pp. 504-513. Tb. parte en M. LAFUENTE, Historia de España, Madrid, 1869, XIII, pp. 546-550 y completa en AGS, E., leg. 549, f. 126). En ellos presentaba una situación muy deteriorada y las numerosas protestas de personajes como Noircarmes, Berlaymont, Hierges, Vitelli, Viglius y Tisnacq contra la alcabala. Remataba sus advertimientos recalcando la necesidad imperiosa de acelerar la llegada de Medinaceli a Flandes. 402 S. FERNÁNDEZ CONTI, Los consejos de Estado y Guerra..., p. 117 y nota 58. 403 M. A. OCHOA BRUN, op. cit., p. 85. 404 Nació en Luxemburgo el 20 de julio de 1517 como segundo hijo de Ernesto de Mansfeld y de Dorotea de Solms. Con 11 años fue recibido como paje en la corte de Fernando de Austria y sus primeras armas las hizo en 1535 en la conquista de Túnez. Permaneció al lado del emperador hasta recibir en 1545 el Toisón de Oro y el gobierno de Luxemburgo. Defendiendo dicha tierra fue hecho preso por los franceses en 1552 y permaneció cautivo hasta 1557. Durante la Revuelta, permaneció siempre fiel a Felipe II y en 1569 fue encargado de comandar las tropas de refuerzo para Carlos IX en Francia. Requesens le hizo consejero de Estado y en 1592, tras la muerte de Farnesio, ocupó interinamente el cargo de gobernador general hasta la llegada de Ernesto. Murió el 22 de mayo de 1604 en su tierra de Luxemburgo (J. MASSARETE, La vie martiale et fasteuse de Pierre-Ernest de Mansfeld, 1517-1604, París, s. d. (1930), 2 vols.). La celebración de la capitalidad cultural europea de Luxemburgo en 2007 incrementará, sin duda, de forma notable los estudios sobre este fundamental personaje de la historia de la Monarquía Hispánica, injustamente poco tratado en la historiografía hasta la fecha, durante la segunda mitad del siglo XVI. Resaltar la obra J.-L. MOUSSET y K. de JONGE (eds.), Un prince de la Renaissance, Pierre-Ernest de Mansfeld (1517-1604), Luxemburgo, 2007, 2 vols. donde aparecen diversos ensayos y el catálogo de la exposición sobre el personaje.

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culto en algunos lugares así como las 4 fortalezas de La Rochelle, Cognac, Montarbón y La Charité. Por supuesto, esta paz también supuso un serio revés para Alba, que llegó a calificarla como del “demonio”405, que contempló seriamente la posibilidad de invadir el reino vecino por temor a sufrir un ataque desde esas tierras, aunque no llegó a llevarlo a cabo por miedo a despertar a los príncipes alemanes de su letargo o alterar la situación en Flandes. Sus temores ante una posible invasión estaban fundados y, nada más acabar la guerra civil, Nassau, hermano de Orange, comenzó a recaudar fondos en varios países y entabló conversaciones con los hugonotes franceses y con Carlos IX para efectuar el ataque. Estas tuvieron lugar entre el 28 y el 30 de julio de 1571 y estuvieron a punto de cristalizar, llegándose incluso a hablar del reparto que harían Francia, el Imperio e Inglaterra de los Países Bajos y pensionando la Corte francesa a Nassau y Orange con 2000 y 1000 escudos anuales respectivamente. Afortunadamente para los intereses hispanos, Anjou rechazó el matrimonio que se le había ofrecido con Isabel I de Inglaterra y la alianza contra Felipe II no se llegó a formalizar pese al Tratado de Blois, firmado el 22 de abril de 1572, en que Francia abandonaba la causa de María Estuardo en Escocia. En esas fechas llegaron rumores a oídos del duque de Alba sobre una posible invasión de los Gueux desde Inglaterra, pero, sin embargo, su mayor temor seguía estando en Francia y por ello reforzó las tropas en ese sector y envió a Adrien d´Oignies, señor de Ulliverval, a París para certificar las intenciones de Carlos IX. Este decidió, sorpresivamente, retirar su apoyo a Nassau y desarmar los barcos de Orange presentes en sus puertos. La matanza de San Bartolomé del 24 de agosto de 1572 corroboró el cambio de política de Carlos IX y la potenciación de los católicos en su Corte. Aunque nunca se ha podido demostrar la actuación directa de la Corona en la matanza, la libertad de acción que dejó a los Guisa, permitió que estos hicieran desaparecer a su principal enemigo, Coligny, y a gran cantidad de líderes hugonotes destacados. El duque de Alba fue, sin duda, el gran beneficiado por la masacre, ya que no tuvo que volver a preocuparse hasta el final de su gobierno de un posible ataque desde Francia y, una vez hubo controlado la invasión de Nassau, que había logrado ocupar Valençiennes y Mons, se pudo dedicar a intentar expulsar a los Gueux de Holanda. Sin embargo, esos meses de distracción habían resultado cruciales y

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Alba a Francés de Álava, 3 de septiembre de 1570, EDA, II, nº 1132, p. 418.

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permitieron que la invasión en el Norte se consolidara y que se estableciera una avanzadilla que el duque ya no pudo eliminar. Este cambio en la política exterior francesa no puede entenderse sin contemplar el resto del panorama internacional y, en especial, las relaciones que la Monarquía mantuvo con Inglaterra durante esos años.

El duque de Alba era proclive a conservar la amistad, o al menos conseguir la neutralidad, de Inglaterra para conseguir aislar a Francia, aunque su reina Isabel I fuera “hereje”. Esta visión chocaba frontalmente con la del Papado y la del partido “ebolista” -encarnada sobre todo en el duque de Feria, antiguo embajador en la isla y casado con la inglesa Jane Dormer-, que creía necesario apoyar fervientemente a los católicos ingleses para derrocar a la reina. Este esquema previo iba a mediatizar, sin duda, las relaciones entre la Monarquía e Inglaterra durante los años en que Alba fue gobernador de Flandes. Podemos considerar que la relación mantenida por Felipe II e Isabel I durante los diez primeros años de reinado de la inglesa, que accedió al trono en 1558, había resultado excelente, pese a la renuncia de Isabel a esposarse con Felipe o el archiduque Carlos. Así, el monarca hispano le ayudó en dos ocasiones ante los envites del Papa; la primera tuvo lugar en 1561 cuando la reina rechazó recibir la visita de un Nuncio Papal y la segunda en 1563, con apoyo del emperador, al no llevar a cabo la excomunión decidida contra ella en Trento406. Esta situación parecía augurar que el duque de Alba podría mantener una buena relación con Inglaterra sin excesivos problemas, pero la Revuelta de los Países Bajos había modificado significativamente la situación estratégica de todo el Norte de Europa y afectó inevitablemente a las relaciones anglohispanas. Los primeros síntomas de empeoramiento de la situación vendrían con la expulsión del embajador inglés en Madrid, el protestante John Man, en 1568, por iniciativa de Feria que tuvo fuertes enfrentamientos con él407. Resulta sintomático que esta medida se tomara únicamente cuando el duque de Alba ya había partido hacia Flandes, ya que mientras estuvo en Madrid fue uno de sus pocos defensores en aras de seguir manteniendo buenas relaciones con Inglaterra. De igual importancia para el enturbiamiento de las mismas fue la sustitución del embajador hispano Diego Guzmán de Silva, que disfrutaba de un excelente cartel en la corte inglesa, por Guerau de 406

P. O. de TÖRNE, Don Juan d´autriche et les projets de conquête de l´angleterre. Étude historique sur dix années du zeiziéme siècle. 1568-1578, Helsingfors, 1915, I, pp. 1-20. 407 J. RETAMAL FAVEREAU, Diplomacia anglo-española durante la Contrareforma, Santiago de Chile, 1981, pp. 23-52.

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Spes408, afín al partido “ebolista” y, por tanto, enemigo de las actuaciones de la reina inglesa. A este deterioro habría que sumar, por último, la situación de María Estuardo, prisionera de su prima Isabel desde mediados de junio de 1568 tras ser derrocada de su reino escocés por su hermanastro Murray, que buscó la protección de los monarcas católicos como Felipe II y el Papa. De esta manera, podemos considerar que 1568 fue un año crítico para las relaciones entre ambos reinos, que ya no volverían a ser tan amistosas como antaño. El duque de Alba debía jugar un papel primordial en la recomposición de las mismas, pero su primer contacto con Isabel I, pese a sus buenas intenciones, no pudo ser más desafortunado, ya que no informó a la reina de su nombramiento hasta siete meses después de producirse, lo cual enfureció a la soberana. A este desencuentro se uniría el ocasionado por los refugiados de una y otra parte, así como las cuitas comerciales surgidas en 1563-1564 cuando Granvela cortó el tráfico con la isla por una epidemia y los ingleses reaccionaron llevándolo al Imperio; la Conferencia reunida en Brujas en 1565 para estudiar el caso no consiguió llegar a acuerdos de ningún tipo409. Como podemos observar, las condiciones no eran las mejores para lograr un entendimiento, por lo que Alba solicitó que el embajador de Spes pasara por Flandes durante su viaje a hacerse cargo de su embajada, con el fin de consensuar una estrategia. La reunión tuvo lugar en Bois-le-Duc el 20 de agosto de 1568 y ya en ese encuentro el duque pudo comprobar que no podría contar con el apoyo del embajador en su idea de suavizar las relaciones con el reino insular, debido lo agresivo de sus planteamientos que se vieron reforzados cuando entró en contacto con el consejero Assonleville, encargado de llevar los asuntos ingleses en el Conseil d´État, que defendía los mismos presupuestos. Desde su llegada a Inglaterra, y pese a las advertencias de Alba, el embajador procuró estar al tanto de las numerosas conspiraciones acaecidas en la Corte londinense, apoyándolas decididamente. La situación adquiriría un clima prebélico durante los últimos días del año, tras el conocido suceso de la confiscación en el puerto de Plymouth y otros de los 408

Natural de Lérida, sus padres eran Jaime de Spes, gentilhombre de Fernando el Católico, y doña María del Valle. Tras completar su educación, en la que aprendió latín y francés, en 1564 fue admitido en la Orden de Calatrava. Al año siguiente inició su carrera diplomática con su primera misión en el extranjero, en concreto en Francia para un asunto de una abadía. Posteriormente se le encargaron otras misiones, sobre todo en el Imperio, hasta que acudió a Inglaterra. Su experiencia no era demasiada, por lo que debemos asociar su nombramiento a su cercanía al “partido ebolista”. Sobre su actividad en Inglaterra, L. M. SANTAMARTA LOZANO, Don Guerau de Spes en la Corte Isabelina: La Documentación Diplomática y el Conflicto Anglo-Español en la segunda mitad del siglo XVI (1568-1571), Tesis doctoral inédita defendida en la Universidad de Oviedo en 2001. 409 M. A. OCHOA BRUN, op. cit., pp. 165-166.

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alrededores de cinco navíos que iban cargados de crédito para pagar los ejércitos que estaba utilizando Alba para sofocar la Revuelta410. Pese a que un primer momento Isabel I mostró su intención de dejarles partir, revocó la orden posteriormente y expresó su idea de adquirir el crédito que iba en ellos. La respuesta de Alba fue secuestrar los bienes de ingleses en territorios flamencos el 28 de diciembre, ante lo que Isabel I decretó la detención de personas y bienes hispanos y el arresto domiciliario de Guerau el 6 de enero del año siguiente. Desde esa fecha, el embajador no volvería a ser recibido por la reina inglesa y se convirtiría en el aglutinante de los diversos grupos descontentos, tras recibir las adhesiones de partidarios de María Estuardo, de Northumberland, del famoso Ridolfi y de otros disidentes ingleses, irlandeses y escoceses. El duque de Alba decidió enviar a Assonleville a negociar, lo que fue visto por muchos coetáneos como un error táctico, pues debían haber sido los ingleses los que dieran el primer paso al haber arrestado ellos los barcos. Sin embargo, el “Gran Duque” creía necesario resolver el asunto, ante las opiniones que comenzaba a mostrar Felipe II sobre la posibilidad de atacar Inglaterra y la conveniencia de poner a María Estuardo en el trono. La misión del consejero flamenco, que partió el 9 de enero y el 20 llegó a Inglaterra, fue un rotundo fracaso, pues ni siquiera fue recibido. Pese a ello, Alba volvió a expresar que “me parecería mejor tomar el camino de la blandura”411 y su entendimiento con el cardenal Espinosa le permitió conseguir que Felipe II continuara apoyando la búsqueda de soluciones pacíficas a través del envío de otros ministros que no fueran Assonleville. A tal efecto, el monarca le concedió el 19 de julio de 1569 unos poderes suficientes para negociar en su nombre la solución al conflicto412, y con estos documentos en la mano el duque decidió enviar como nuevo emisario a Chiappin Vitelli acompañado del letrado Jean Foncq413. Esta acción diplomática se vería complementada con el apoyo a las aventuras de algunos

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Una descripción de este asunto en L. M. SANTAMARTA LOZANO, op. cit., pp. 70-80. Alba a Felipe II, 10 de marzo de 1569, CODOIN, XXXVII, pp. 570-572. 412 Felipe II a Alba, 19 de julio de 1569, Ibídem, XXXVIII, pp. 161-168. 413 Jean Foncq, conocido también como Fonchius, Funquio, Junglo o Funglo, era natural de Amersfort. Doctor en derecho, residió en Roma durante 15 años como revisseur des suppliques de justice a los comienzos de su carrera. Después consiguió varios oficios como los de preboste de las iglesias colegiales de Notre-Dame de Utrecht, St. Severin y de Notre Dame ad gradus en Colonia, abad secular de Notre-Dame de Namur o canónigo de Namur, de Tournay y de S. Lambert en Lieja. En 1570 fue nombrado consejero del Consejo Privado, gracias a la intercesión de su patrón Granvela, y en 1579 se le llamó a Castilla como guardasellos, recibiendo el título el 24 de marzo de 1580 y en 1581 el de canciller del Toisón de Oro. Murió en Monzón el 10 de octubre de 1585, cuando se preparaba para volver a los Países Bajos a tomar el puesto de obispo de Gante (Biografía en el DBE). 411

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comerciantes italianos como Tommaso Fiesco o Ridolfi, que se encargarían de negociar las restituciones con Isabel I, y con intentos por desacreditar a Guerau de Spes para aislarle de las negociaciones414. Pese a estos esfuerzos, la misión de Vitelli estaba predestinada al fracaso, porque los consejeros más cercanos a Isabel I comenzaron a conocer los detalles sobre la preparación de una revuelta comandada por el duque de Norfolk en el Norte de Inglaterra, siendo apresado el cabecilla el 8 de octubre e identificando a Guerau como uno de los que estaba al corriente. Fruto de ello fue la detención de Vitelli en la frontera por unos días y, cuando se le permitió la entrada en el país, solo pudo hacerlo acompañado de Foncq y unos pocos criados. La primera audiencia que se le concedió el 22 de octubre demostró que Isabel I no iba a negociar nada con él, aduciendo la excusa de su falta de poderes para tratar asuntos de ese calado415. Vitelli fue recibido otras tres veces, el 26 de octubre y el 6 y el 17 de noviembre, pero se encontró siempre con la misma respuesta y retornó a Flandes sin resultado alguno416. Mientras, en Flandes, el duque de Alba trataba de mantenerse al margen de los complots, pese a la insistencia papal para que se implicara en ellos. Así, el envío en marzo de Carlos de Éboli a Bruselas con la excusa de conceder al duque una espada y una toga bendecidas417, no tenía más finalidad que realizar el primer acercamiento del Papado a Felipe II para conseguir desterrar a Isabel I del trono de Inglaterra y colocar a algún católico en el mismo. El duque difirió la comunicación de esta noticia a su monarca hasta el 11 de diciembre y, cuando lo hizo, insistió en la necesidad de no romper con Inglaterra418. Estos retrasos propiciaron que la revuelta del Norte y la de Léonard Dacres en febrero de 1570, que estaba aún peor preparada, fueran aniquiladas419. El apoyo papal plasmado en la publicación el 25 de febrero de 1570 de la bula Regnam in excelsis, 414

Zayas a Alba, 2 de septiembre de 1569, AGS, E., leg. 542, fol. 64, "Y el Mare Magnum de las de Don Guerau, que cierto, si escriviesse tanta substancia como palabras el se da buena maña en no comer el pan de balde, que por françia y por Bilvao ha venido otro mundo dellas estos dias, y aca setiene la misma opinion que V. Excelencia que le engañan y traen embelesado, como a ministro nuevo, aunque con los advertimientos, que V. Excelencia le embio, en las dos postreras cartas que le escrivio, puede tomar tan grande liçion, que si se aprovecha dellas, sacara mas fructo que de toda la philosophia que ha leydo". 415 Como describió el propio Vitelli a Alba en una carta del 23 de octubre (CODOIN, XXXVIII, pp. 200-205). 416 J. RETAMAL FAVEREAU, op. cit, pp. 149-151. 417 “Relación del recibimiento del estoque y sombrero que el Papa envió al Duque de Alba”, AGS, E., leg. 8340, f. 199, junto al breve pontificio. 418 Alba a Felipe II, 11 de diciembre de 1569, CODOIN, IV, pp. 519-521. 419 P. O. DE TÖRNE, op. cit., pp. 73-93 ; J. RETAMAL FAVEREAU, op. cit., pp. 151-162 y L. M. SANTAMARTA LOZANO, op. cit., pp. 116-172.

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donde hablaba de los fallos de Isabel I y desligaba a los católicos ingleses de su juramento excomulgando a los que se relacionaran con ella, llegaba demasiado tarde y con el rechazo, además, de Felipe II, Carlos IX y Maximiliano II, a los que Pío V no había consultado. La publicación de la Bula salpicó también a de Spes, pues aunque la comisión inglesa que estudió el caso reconoció que ni Francia ni la Monarquía andaban detrás de la publicación, si pudo demostrar que fue un capellán del embajador quien mostró una copia de la bula a Felton, caballero del duque de Norfolk, quien la colocó en la puerta del palacio del obispo de Londres el 15 de mayo420. Pese al fracaso de los levantamientos, Pío V continuó negociando con un Felipe II cada vez más proclive a ello. Sin duda, los cambios faccionales que se estaban produciendo en Madrid favorecieron el nuevo rumbo, así como la preocupación que se comenzó a sentir por el acercamiento de Isabel I a Francia tras la Paz de Saint Germain, que se plasmó en el cambio de embajador inglés, Walshingham por Norris, y en el inicio de las negociaciones para el matrimonio con el duque de Anjou421. El miedo a que Inglaterra se echara en manos de los franceses también preocupaba, y mucho, a Alba, pero su estrategia para evitarlo era la de eludir la ruptura con el gobierno de Isabel I. Para ello, procuró encauzar las conversaciones entre Felipe II y el Papado por medio de su persona, aprovechando las excelentes relaciones que mantenía con el embajador filipino en Roma, Juan de Zúñiga, a través del cual procuró hacer desistir a Pío V de la empresa de la invasión de Inglaterra, ya que para poder llevarla a cabo eran necesarios “medios humanos y no solo divinos”422. Igualmente, trató de convencer a Felipe II de que podía fomentar y patrocinar a los rebeldes, pero sin declararse abiertamente en guerra. El miedo al acuerdo con Francia no era patrimonio exclusivo de la Monarquía e Isabel I también temía que Felipe II pudiera hacerlo, ante lo cual decidió enviar a Flandes a tres emisarios, los primeros tras el secuestro de los barcos, que fueron Thomas Cobham, Jhon Marsh y Henry Cobham acompañados del mercader Tomas Fiesco. Pese a que llegaron anunciando que Isabel I iba a proceder a la restitución, en las negociaciones con Viglius, Noircarmes, Assonleville y Schetz no se consiguió llegar a ningún acuerdo válido423. Dichos enviados expusieron, igualmente, que la reina no enviaría embajador alguno a Madrid mientras continuara Guerau en Inglaterra,

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J. RETAMAL FAVEREAU, op. cit., pp. 171-172. Ibídem, pp. 184-185. 422 Alba a Zúñiga, 4 de diciembre de 1569, CODOIN, IV, pp. 516-519. 423 Alba a Felipe II, 30 de abril de 1570, EDA, II, pp. 361-365. 421

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exigencia que aprovechó el duque de Alba para solicitar abiertamente por primera vez su relevo. Tras este primer acercamiento se produjo el envío de Cobham a Madrid en junio de 1571, con la firme intención de poder resolver las diferencias. Sin embargo, esas conversaciones en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial tampoco llegaron a buen puerto, excepto en la decisión de que Guerau de Spes saliera de Inglaterra, debido al auge de los partidarios de una política agresiva hacia Inglaterra, así como a la especial relación que se mantenía con el Papado tras la creación de la Liga Santa contra los turcos424. Solo así se puede explicar que el “Rey Prudente” decidiera apoyar el famoso complot de Ridolfi, proyecto que tenía unas bases claramente inestables y arriesgadas. Estas se habían puesto durante el viaje que inició el mercader italiano en marzo de 1571425. Su primera escala fue Flandes, donde Alba no le tomó en serio, para pasar después a París, donde cometió sus primeras indiscreciones, y Roma, donde se entrevistó con Pío V que acogió su plan con entusiasmo, pese a los intentos de Juan de Zúñiga por desprestigiarle. Camino de Castilla hizo escala en Florencia, donde cometió nuevas indiscreciones que el duque de Toscana se encargó de transmitir a Isabel I. Una vez en Madrid, donde llegó a finales de junio, se entrevistó con don Juan de Austria, que apoyó entusiasmado el proyecto, con Zayas, que intentó oponerse a los planes, con el nuncio y con Felipe II, que decidió sustentar la idea el 3 de julio. En virtud del acuerdo, el monarca envió a Alba una provisión de 200000 escudos para usar en la empresa y ordenó que fuera Chiappin Vitelli quien dirigiera la armada para una posible invasión. Los intentos del gobernador de Flandes por evitar la acción de Ridolfi fueron vanos y tuvo que iniciar los preparativos, aunque el rápido descubrimiento del complot en septiembre, lo cual supuso el retorno a prisión de Norfolk el 7 de ese mismo mes y la detención del obispo de Ross el 13426, permitió que Alba pudiera interrumpirlos rápidamente, a la vez que azuzaba los comentarios contra el fracasado conspirador427. El principal afectado por el fracaso del complot fue el embajador Guerau de Spes. El 14 de diciembre se le convocó a un Consejo, donde se le comunicó que en tres 424

S. FERNÁNDEZ CONTI, Los Consejos de Estado y Guerra..., pp. 118-122. Las cartas sobre su viaje por Roma, Flandes y España en IVDJ, Envío 5, nº 103-121 y un estudio sobre el mismo en J. RETAMAL FAVEREAU, op. cit., pp. 207-213. 426 Una descripción de los acontecimientos en P. O. DE TÖRNE, op. cit., I, pp. 102-126 y L. M. SANTAMARTA LOZANO, op. cit., pp. 274-358 entre otros. 427 Albornoz a Zayas, 4 de noviembre de 1571, AGS, E., leg. 546, fol. 21, "Perdoneselo dios a aquel vaziado de Ridolfi que por hazerse hombre de negocios y va derramando por todo el mundo su comission el es yaydo y hadexado hecho buen negocio" o Alba a Zúñiga, 25 de febrero de 1572, IVDJ, Envío 6, carpeta 1, ff. 336-338, transcrita en el 337, en que el gobernador recalca que el mercader italiano habría hecho bien en dedicarse a sus mercaderías antes de dejar enlodados a tantos hombre en Inglaterra. 425

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días debía salir de la Corte a la vez que Isabel I se excusaba ante Felipe II por echarle, recalcando que era por cargos contra el embajador y no por enemistad con él y que estaría dispuesta a recibir a un nuevo enviado de la Monarquía. Guerau embarcó en Dover el 21 de enero de 1572 con dirección hacia los Países Bajos, donde permaneció unos meses hasta que emprendió viaje a Castilla. Su nombre volvería a aparecer vinculado a Flandes al inicio del gobierno de Luis de Requesens como posible Veedor General, pero su fallecimiento impidio que el nombramiento se llevara a cabo428. En su lugar en Inglaterra, se decidió que permaneciera como embajador provisional François de Hallewyn, señor de Zweveghein, que había acudido a las islas por encargo del duque de Alba el 2 de marzo de 1571 con el fin de seguir negociando sobre las restituciones, tarea en la que fracasó. No lo haría Antonio de Guaras, encargado de los papeles de la embajada, que consiguió retomar los contactos con Isabel I gracias a sus excelentes relaciones con el secretario Cecil y el 15 de marzo de 1573 se firmó en Nimega un tratado por el que se normalizaba el tráfico mercantil y se formalizaba una tregua por diez años, donde comisarios de ambos bandos se reunirían para tratar las diferencias429. Felipe II, sin embargo, no apoyaría de manera explícita dicho acuerdo, que sería visto en la Corte madrileña como un simple tratado comercial entre Alba e Isabel I. Pese a que se había conseguido volver a encauzar las relaciones anglo-hispanas durante los últimos años del gobierno de Alba, la puerta al conflicto entre ambas potencias se había abierto y este llegaría no muchos años después. Aunque Isabel I aún no apoyaba abiertamente a los Gueux se podía intuir, sin duda, que lo hacía de forma soterrada, ya que le eran útiles como medio de estorbar a los gobernadores hispanos de los Países Bajos y distraer así tropas de Felipe II. De esta manera, cuando cerró en abril de 1572 sus puertos a los Watergeuzen, que por ello tuvieron que atacar Brielle, no hizo nada por evitar que cientos de flamencos con material salieran de su reino en dirección a la cabeza de playa ocupada por los rebeldes, incrementándose su intervención en los asuntos flamencos de forma notable en años sucesivos430.

Por último, conviene mencionar el papel del duque de Alba en las relaciones entre Felipe II y el Imperio, que se antojaban de vital importancia para poder

428

Hay varias referencias al asunto en AGS, E., legs. 559 y 560. M. A. OCHOA BRUN, op. cit., pp. 171-172. 430 Ch. WILSON, op. cit., pp. 26-27 y W. T. MaCCAFFREY, Queen Elizabeth and the Making of Policy, 1572-1588, Princeton, 1981, pp. 164-166. 429

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contrarrestar las numerosas voces que se alzaron en los territorios imperiales contra la política de excesiva dureza que el nuevo gobernador pretendía aplicar431. Ya desde 1566, Felipe II fue gestando un discurso diplomático con respecto a la Revuelta y a la dureza con la que se iba a tratar de reprimir que se iba a mantener en los años siguientes, siendo redactada la primera misiva al efecto el 22 de agosto432. Margarita de Parma paralizó el envío de esa carta y redactó una nueva, con fecha del 10 de octubre, en donde exponía su propio ideario político, solicitando que la contestación no fuera dirigida al monarca hispano sino a ella. Como es de suponer, las respuestas de los príncipes fueron muy diversas y algunos luteranos, caso del elector Palatino, abogaron por la libertad religiosa. Sin embargo, sus opiniones no fueron escuchadas y las siguientes cartas de Felipe II estuvieron encaminadas a anunciar la marcha a Flandes del duque de Alba y la posterior del monarca. Pese a haber preparado el terreno sobre las medidas que iba a tomar el nuevo gobernador, el impacto que causaron las detenciones de los nobles, algunos de los cuales tenían tierras y familia en el Imperio, fue brutal. El emperador, cercano a la Reforma, y otros príncipes intentaron interceder por ellos, caso del elector de Maguncia, que escribió en defensa de Hornes en octubre de 1567, o de Henri de BrunswickWolfenbüttel, que lo hizo en marzo de 1568 por Egmont, pero fue en vano433. Las ejecuciones del 5 de junio de 1568, como era de esperar, provocaron una riada de protestas, que Felipe II intentó mitigar a través de una nueva misiva con fecha 24 de mayo en la cual desmentía el bulo que se estaba corriendo referente a la configuración de una alianza antiprotestante liderada por él. Sin embargo, el discurso propagandístico que Felipe II trató de elaborar para justificar sus acciones tuvo escaso éxito. El duque de Alba, por su parte, pretendía mantener la paz en el Imperio para poder sofocar la Revuelta y su principal herramienta para conseguir ese fin fue la buena relación que mantenía con el embajador de Felipe II en Viena desde 1565, el ya conocido Thomas de Perrenot, señor de Chantonay434. Podemos considerar que el entendimiento entre ambos personajes fue total durante los años que coincieron en sus respectivos cargos y solo se torcería al final de la estancia de Chantonay en Viena en 431

Recordar el trabajo de M. WEIS, Les Pays-Bas espagnols et les Etats... para las relaciones entre el Imperio y los Países Bajos; por lo que respecta a las del Imperio con la Monarquía, el clásico trabajo de B. CHUDOBA, Spain and the Empire, Chicago, 1952. 432 Sobre la correspondencia oficial de Felipe II con los príncipes alemanes en la Revuelta, M. WEIS, Légitimer la répression des Troubles. Les correspondances du pouvoir espagnol avec les princes allemands au début de la révolte des Pays Bas (1566-1568), Bruselas, 2003, passím. 433 M. A. OCHOA BRUN, op. cit., pp. 117-119. 434 Sobre la relación entre ambos, nuestro artículo ya citado, “Las relaciones entre Flandes y el Imperio tras el comienzo de la Revuelta de los Países Bajos (1567-1571)...”.

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1570, por las discusiones sobre su nuevo destino político y por el deterioro que estaban sufriendo las relaciones que Alba mantenía con su hermano Granvela. Su ayuda fue, por tanto, fundamental para que el gobernador de Flandes pusiera en práctica sus planes, toda vez que la emperatriz María, que podía haber sido otro gran apoyo, era deudora de ideas políticas y religiosas muy diferentes. Tras las primeras medidas tomadas por Alba, Chantonay se disculpó ante Maximiliano II y solicitó su ayuda para aplacar la rebelión. Sin embargo, el emperador declaró que no podía hacer nada por ayudar a su primo, aunque prometió no interceder por los rebeldes si el duque de Alba no ingresaba en el Imperio en su lucha por destruir los ejércitos rebeldes que Orange y sus partidarios llevaban meses formando. Esto no era lo pretendido por el gobernador, ya que contaba con poder entrar en territorio imperial para reducir a sus enemigos435, o, si el emperador no lo permitía, que, al menos, no dejara unirse a las tropas de Orange en Clèves y que castigara a los condes de Frisia Oriental que ayudaban al rebelde436. Esa política de “neutralidad” pretendida por Maximiliano II había sido pergeñada por su principal consejero en estos asuntos, Lazare Schwendi, y, por supuesto, no agradó en nada a Alba y Chantonay. Fue este consejero, sin duda, uno de los que más insistió al emperador para que enviara a su hermano, el archiduque Carlos, a Madrid para intentar negociar una tregua437. La iniciativa había partido de los electores eclesiásticos de Colonia, Maguncia y Trèveris, recelosos del despliegue de tropas de la Monarquía Hispana en los Países Bajos. Dichos príncipes se reunieron en Bacharach en julio, uniéndose a ellos los electores del Palatinado y de Sajonia, y, una vez celebrada la reunión, comisionaron a sus embajadores a Viena para solicitar al emperador que enviara un representante a Madrid con el objeto de conseguir que Alba restableciera la paz en Flandes. Este aceptó, aún a sabiendas de que la razón estaba de parte de Felipe II, por lo que tuvo que ocultar el verdadero motivo de la embajada y expuso que la razón de la misma era tratar los matrimonios de las archiduquesas con los reyes francés y portugués438. Junto a esta decisión, los embajadores de los 5 principados decidieron enviar al conde Carlo de Zoon a Alba como comisario para buscar la paz, mientras que el barón de Vinemburg acudiría a entrevistarse con Orange439, iniciativa que irritó profundamente al gobernador de Flandes, que se negó en rotundo a ser considerado de

435

Alba a Felipe II, 19 de agosto de 1568, CODOIN, XXXVII, pp. 345-346. Alba a Maximiliano II, 20 de agosto de 1568, EDA, II, nº 772, pp. 74-78. 437 Dicha embajada en M. A. OCHOA BRUN, op. cit., pp. 119-123. 438 Dietrichstein a Felipe II, 23 de agosto de 1568, CODOIN, XXXVII, pp. 358-363. 439 Chantonay a Alba, 8 de octubre de 1568, Ibídem, pp. 453-561. 436

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la misma manera que el rebelde flamenco. Los esfuerzos diplomáticos realizados por Felipe II, Alba y Chantonay para que no se llevara a cabo dicha misión fueron en vano y el gobernador de Flandes, temeroso de que el asunto fuera llevado por personajes contrarios a sus ideas, escribió al cardenal Espinosa para que se ocupara de todo440. El 19 de noviembre, el archiduque Carlos desembarcó en Cadaqués y se dirigió hacia Madrid, donde se entrevistó con Felipe II en varias ocasiones durante los últimos días de diciembre de 1568 y los primeros de enero de 1569. La respuesta del monarca hispano se produjo el 20 de enero y fue absolutamente negativa para todas las peticiones imperiales441, ya que representó que lo único que se había realizado era castigar a unos rebeldes y que la comisión del archiduque se había realizado solo por calumnias. Los únicos puntos positivos de la embajada fueron que abrió la puerta para el futuro matrimonio de Felipe II con su prima Ana, así como la posible creación de una liga defensiva de los Países Bajos con algunos estados imperiales, que sería la futura Liga de Lanszperg. El archiduque abandonó la Corte el 4 de marzo y el 20 partió de Aranjuez a Valencia, embarcando, finalmente, en Barcelona. Una vez en Viena, hizo entrega a su hermano de la respuesta real, encontrándose este con la imposibilidad de presentar dicho texto a los electores imperiales que habían solicitado la comisión, por resultar ofensivo. Debido a ello, intentó modificarlo y requirió la ayuda de los dos embajadores hispanos, el ordinario, Chantonay, y el extraordinario, Luis Venegas, que prestaron su colaboración, lo que enfadó enormemente a Felipe II que les obligó a rectificar su comportamiento, ante lo cual Maximiliano II decidió no dar ninguna respuesta a los príncipes que se la habían reclamado442. Por otro lado, la actitud ante los rebeldes flamencos no era el único punto de tensión entre el Imperio y Flandes y existían otros dos asuntos harto conflictivos. El primero de ellos era que Maximiliano II había comenzado a reclamar el pago de las contribuciones atrasadas que correspondían a los Países Bajos para la defensa contra el turco, según se había decidido tras la transacción de Augsburgo el 25 de noviembre de

440

Alba a Espinosa, 22 de noviembre de 1568, EDA, II, nº 824, p. 114. Seguramente, el papel que envió el duque al cardenal con la información es el que hace mención M. A. OCHOA BRUN, op. cit., p. 120, que lleva el título de “Lo que poco más o menos se puede collegir de la Comisión de los comisarios que el Emperador embia a mi y al Principe de Oranges y de la yda del archiduque Carlos en España, sacado de los despachos de su Majestad Cesárea y de Chantone”, que se encuentra en BL, Additional, Ms. 18789, ff. 88-95. 441 Respuesta de Felipe II a su comisión de 1569 en AGS, E., leg. 8340, f. 207. Está publicada y comentada en varios lugares, ver M. A. OCHOA BRUN, op. cit., p. 121, nota 577. 442 Ibídem, pp. 121-122.

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1548443. El segundo conflicto, por su parte, estaba derivado de la concesión por parte del emperador de la Confesión Augustana a los nobles de la Baja Austria, lo que significaba en la práctica la libertad de conciencia, algo que no podía tolerar Felipe II444. Pese a estas dificultades, el duque de Alba trató siempre de llegar a acuerdos con el emperador, actitud que permitió que las relaciones Flandes-Imperio superaran a mediados de 1569 la crisis sufrida en la segunda mitad del año anterior y la primera del corriente. Ese acercamiento se vio ratificado por el acuerdo al que llegaron ambas Cortes en lo referente a las contribuciones en diciembre de 1569, por el cual los Países Bajos pagarían 146000 escudos al Imperio, con la revocación de la Confesión Augustana por parte de Maximiliano II y con el matrimonio de Ana de Austria con Felipe II. Estas medidas fueron complementadas con la atracción de ciertos señores imperiales a través de pensiones, como fue el caso del conde Otto de Hebrestain o de Jorge de Franisperg, así como con el relevo de Chantonay por las desavenencias que mantenía desde hacía unos años con Maximiliano II. El nuevo embajador don Francisco Hurtado de Mendoza y Fajardo, conde de Monteagudo445, fue el gran favorecido por el cambio de rumbo de las relaciones entre las dos ramas Habsburgo, que desembocaría en una actitud más favorable del emperador a la Monarquía en los asuntos flamencos.

443

J. de IONGH, Mary of Hungary…, pp. 226-228. M. A. OCHOA BRUN, op. cit., p. 113-114. 445 Sobre su embajada, Ibídem, pp. 124-126. 444

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CAPÍTULO 3

UNA SOLUCIÓN PROVISIONAL, DON LUIS DE REQUESENS (1573-1576)

3.1.- La elección de don Luis de Requesens como gobernador y los cambios cortesanos en Madrid Nacido el 25 de octubre de 1528 en Barcelona, don Luis era hijo de don Juan de Zúñiga y Avellaneda y de doña Estefanía de Requesens, de la cual tomó el apellido446. Inició su carrera en la Corte muy joven, pues en 1535 entró a servir como paje del príncipe Felipe, del cual era ayo su padre. Tras fallecer su progenitor en 1546, Carlos V le concedió la encomienda mayor de Castilla de la orden de Santiago, pasando a ser conocido desde ese momento como el comendador mayor. Acompañó al emperador durante su estancia en los Países Bajos y Alemania entre 1547 y 1549, periodo durante el cual entabló una estrecha relación de amistad con Granvela, teniendo que retornar a la Península Ibérica en la última fecha, tras fallecer su madre. Una vez puso en orden sus asuntos familiares, regresó a la Corte de Carlos V, donde fue promovido al mando de las galeras de la orden de Santiago, oficio que abandonó en 1556 tras los pleitos que mantuvo con don Bernardino de Mendoza, capitán general de las galeras de España. Durante los primeros años del reinado de Felipe II, Requesens no desempeñó cargo alguno, fruto de su escasa cercanía al hegemónico partido “ebolista”, y no regresaría a la arena cortesana hasta 1561, fecha en que fue nombrado embajador en Roma. Su presencia en la Corte pontificia fue muy breve, pues, ante el conflicto de precedencias con los embajadores franceses, decidió ausentarse de la misma, conservando su acreditación ante la Santa Sede pero no ante el Pontífice; de este modo, evitaba reconocerle como príncipe temporal. El embajador no regresaría a Roma hasta que falleció Pío IV en 1565, influyendo en el consiguiente cónclave para que fuera nombrado Pío V, afecto a la Monarquía Hispana. Durante sus años de estancia en la “Ciudad Eterna”, Requesens supo ganarse la confianza de Diego de Espinosa, al favorecerle en la obtención del capelo cardenalicio, lo que le reportaría suculentos réditos políticos casi de inmediato. Así, en 1568 fue nombrado lugarteniente de don Juan de Austria, nuevo capitán general de la mar,

446

Para su biografía, Configuración, pp. 468-469.

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consiguiendo, a su vez, que su hermano menor Juan de Zúñiga447 le relevara como embajador ante el Papa. Sus años de convivencia con el hermano del rey estuvieron marcados por duros enfrentamientos, debidos a las antagónicas visiones que ambos propugnaban para la Monarquía, por lo que Requesens solicitó insistentemente su relevo. Éste se le concedería en 1571, cuando, tras fallecer el gobernador de Milán, el duque de Alburquerque, pasó a ocupar su puesto. Desde la ciudad lombarda, Requesens dirigiría de una forma casi autónoma los designios de Italia junto a su hermano Zúñiga en Roma, Granvela en Nápoles y el duque de Terranova en Sicilia448, aprovechando tanto la crisis del Consejo de Italia como la forma en que Espinosa organizó la política exterior de la Monarquía durante su privanza. Sin embargo, tuvieron un fuerte enfrentamiento por la excesiva autonomía con la que pretendía trabajar Requesens, por lo que se acabarían enemistando durante los últimos meses de vida de Espinosa449. A finales de 1572, tomó cuerpo en Madrid un rumor que situaba próximo el retorno de Requesens a Castilla para hacerse cargo de forma efectiva del puesto de consejero de estado que ostentaba desde 1568; sin embargo, el noble catalán se mostró reacio a creer en dicha posibilidad450. No estaba exento de razón nuestro personaje, ya que, si bien era cierto que se le iba a conceder un nuevo destino, éste no era retornar a la Corte, sino acudir como gobernador a los Países Bajos, tal y como se decidió el 30 de enero del año siguiente451. Felipe II había decidido conceder finalmente al duque de Alba el tan ansiado relevo y, para suplirle, barajó diversos nombres, siendo el marqués de Mondéjar el que sonó con más fuerza, aunque el monarca se decantara finalmente por Luis de Requesens. Se desconoce el nombre de los consejeros que influyeron en Felipe II para que el comendador mayor fuera escogido, aunque, según parece, fue el Prior Antonio de

447

Su biografía en Ibídem, pp. 519-521. Zúñiga a Requesens, 4 de enero de 1573, CODOIN, CII, p. 11, “Yo voy cada día perdiendo amigos en Roma por estar V. E. en ese gobierno, y el Cardenal de Granvela en Nápoles, porque piensan que con entrambos puedo lo que quiero, y yo deseo más que cada uno haga bien su oficio que no tener muy contentos á los que piden sinrazones”. 449 En general, para la situación en Italia durante este periodo, M. RIVERO RODRÍGUEZ, Felipe II y el gobierno de Italia, Madrid, 1998, capítulos IV, “La reforma de los letrados (15651572), pp. 95-119 y V, “El legado de Espinosa (1573-1578)”, pp. 121-140. 450 Requesens a Zúñiga, 21 de enero de 1573, Cfr. J. M. MARCH, El Comendador Mayor de Castilla. Don Luis de Requesens en el gobierno de Milán 1571-1573, Madrid, 1943, p. 313. 451 Ibídem, p. 309; A. W. LOVETT, “A new governor for the Netherlands,…”, pp. 93-94 y W. MALTBY, op. cit., p. 305. 448

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Toledo el que le propuso452; sin duda, el cuñado de Alba había adquirido una notable influencia y pudo inclinar la balanza hacia un personaje cercano a sus ideas políticas453. Igualmente importante fue la opinión de Benito Arias Montano, personaje que tenía en alta estima al duque de Alba, pero que creía más conveniente situar a don Luis como nuevo gobernador454. El caso es que, una vez tomada la decisión, se le comunicó al interesado, aunque solicitándole que la mantuviera en secreto hasta que se hiciera oficial. La recepción de la noticia fue un duro golpe para Requesens455, sensación que se agravaría con la incertidumbre que le provocó el hecho de que no se especificara en el nombramiento si la elección era temporal o definitiva, ya que se le indicaba que el marqués de Ayamonte ejercería como gobernador de Milán durante su ausencia456. El noble catalán dejó la contestación de las cartas de Felipe II a su hermano, al no encontrarse con la tranquilidad espiritual suficiente para hacerlo457, labor que Zúñiga realizaría hasta mayo, momento en que Requesens creyó ver que Felipe II había descubierto el juego458. Las tres primeras cartas de réplica, con fecha de 20 de febrero, se destinaron a responder al despacho real del 30 de enero459. En la primera de ellas, Requesens se declaraba incapaz de aceptar el cargo, debido a su nulo conocimiento de los problemas flamencos, al tiempo que rechazaba convertirse en juez de residencia de Alba, como se especulaba en la Corte, o adoptar un poder bicéfalo junto a Medinaceli o el cardenal Granvela, porque ya se había demostrado que era un fracaso. La solución que nuestro personaje propuso fue la de enviar a los Países Bajos a dicho cardenal, perfecto conocedor de la realidad flamenca, junto a algunos hispanos e italianos para los cargos 452

Alba a Antonio Lada, 7 de junio de 1573, EDA, III, nº 1865, pp. 417-418. Aunque otros autores sostienen versiones diferentes, como J. VERSELE que en “Las razones de la elección de don Luis de Requesens como gobernador de los Países Bajos tras la retirada del duque de Alba (1573)”, Studia Historica. Historia Moderna, 28 (2006), pp. 259-276, argumenta que los motivos que impulsaron a Felipe II a su nombramiento fueron su falta de carisma, su neutralidad faccional y su amistad con conocedores de Flandes como el cardenal Granvela o Arias Montano. 454 J. G. C. de WOLF, op. cit., pp. 116-117. Sobre este religioso y su estancia en Flandes, L. MORALES OLIVER, Arias Montano y la política de Felipe II en Flandes, Madrid, 1927; H. SCHUBART, Arias Montano y el Duque de Alba en los Países Bajos, Santiago de Chile, 1962 y B. REKKERS, op. cit. 455 Requesens a Zúñiga, 15 de febrero de 1573, Cfr. J. M. MARCH, op. cit., pp. 314-316; DDA, p. 111. 456 A. W. LOVETT, “A new governor for the Netherlands,…”, p. 98. 457 J. M. MARCH, op. cit., p. 312 y CODOIN, CII, p. 35. 458 Requesens a Zúñiga, 4 de mayo de 1573, IVDJ, Envío 81, doc. 1280. En general, sobre esta correspondencia, J. M. MARCH, op. cit., pp. 309-330 y J. LEFÈVRE, "Les débuts du gouvernement de Don Louis de Requesens" en Miscellanea historica in honorem Leonis van der Essen, Bruselas, 1947, I, pp. 515-522. 459 Las tres misivas se encuentran en CODOIN, CII, pp. 35-38, 38-39 y 39-42 (ésta última puede ser del 20 o del 26, aunque el CODOIN se inclina por el 20). 453

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de guerra y, si era necesario que acudiera finalmente, solicitaba poder elegir a su propio equipo y tener las instrucciones antes de llegar a Flandes. En la segunda carta, por su parte, se quejaba del perjuicio que le habían ocasionado aquellos ministros del rey que habían estorbado su retorno a la Corte y conseguido que se le otorgara el cargo en Flandes. Por último, en la tercera, abundaba en la inconveniencia de su nombramiento y solicitaba un permiso para poder pasar por la Península Ibérica a poner sus asuntos en orden, antes de partir a su nuevo destino. Como podemos observar, Requesens recurrió a toda clase de argumentos para evitar ocupar su nuevo cargo, pero fue en vano. Pese a las peticiones de discreción que Felipe II le había hecho, la noticia del nombramiento se hizo pronto de dominio público, lo que enfadó aún más a Requesens que, aunque había revelado a algunos amigos la noticia460, se había visto obligado a mentir en varias ocasiones461. Las reacciones al nombramiento fueron diversas; mientras Alba y Zayas trataron de apremiar su partida462, don Juan de Austria procuró estorbarla463 y Granvela se felicitó por ello, ya que era bueno para él tener en Flandes a alguien afín y permeable a sus planteamientos464. Tras la negativa real a su sustitución por otro candidato, Requesens intentó, al menos, diferir el nombramiento465. Así, en los primeros días de abril todavía tenía esperanza de que el rey le excusara de realizar la Jornada, ya que había cesado la prisa con que se le había mandado partir y pensaba que, al menos, podría acudir a Madrid para tratar el casamiento de su hijo con Luisa de la Cerda, de la familia de Medinaceli. Sin embargo, en julio fue consciente de que la situación era insostenible y de que debía aceptar el cargo, cuyas instrucciones y nombramiento le fueron enviados el 17 de agosto466. En dicho mes inició los preparativos para su marcha el nuevo gobernador, aunque la excomunión a la que fue sometido por sus problemas con el cardenal Borromeo, y la posterior negociación para su absolución, lo retrasaron467. De esta manera, la Jornada no se inició hasta octubre, recibiendo durante el transcurso de la

460

Zúñiga a Pedro Manuel, 27 de marzo de 1573, Ibídem, pp. 62-63. Zúñiga al duque de Sessa, 9 de marzo de 1573, Ibídem, p. 47. 462 Alba a Antonio de Lada, 7 de junio de 1573, EDA, III, nº 1865, pp. 417-418 o Zayas a Albornoz, 17 de julio de 1573, AGS, E., leg. 554, f. 67. 463 Juan de Austria a Felipe II, 25 de marzo de 1573, CODOIN, CII, p. 61. 464 Granvela a Zúñiga, 18 de julio de 1573, IVDJ, Envío 47, f. 102. 465 Ver dos cartas de Requesens a Felipe II del 28 de marzo de 1573, CODOIN, CII, p. 64 y pp. 64-65. 466 Circunstancia que Zayas comunicó a Alba (AGS, E., leg. 554, f. 55). 467 Sobre los problemas de Requesens con la Santa Sede, M. A. OCHOA BRUN, op. cit., pp. 197-210. 461

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misma los despachos sobre su nuevo gobierno expedidos en Madrid el 21 de ese mes468. Así mismo, Felipe II aprovechó el momento para advertir del relevo a Consejos y Estados de los Países Bajos, así como a los príncipes vecinos469. El camino de Requesens transcurriría a través de Saboya, Borgoña y el Franco Condado, donde pudo comprobar la labor del nuevo presidente de Dôle470. Mientras, en Bruselas, el duque de Alba aguardaba con impaciencia su llegada e intentaba disponer el relevo de la mejor manera posible, aunque a veces se impacientara por la tardanza471. Ante su intranquilidad, Felipe II le reclamó paciencia y le aconsejó sobre la mejor manera de efectuar la mudanza para evitar emulaciones, conviniendo con el “Gran Duque” en la necesidad que había de informar al recién llegado sobre el estado de la cuestión antes de retornar a Castilla472. Fue en esos precisos momentos cuando se conoció en los Países Bajos el nombre del nuevo gobernador. La sensación generalizada fue que la persona elegida no era la adecuada para solventar una crisis de tal magnitud y toda la esperanza que había precedido la llegada del duque de Medinaceli, aunque luego no se viera compensada, se transformó en escepticismo y en graves ataques contra Requesens. Así, se le acusaba de ser un gobernador a préstamo, de no tener entidad suficiente para un cargo tan complicado y de lo inoportuno del matrimonio de su hijo473. Sin embargo, los ataques que más daño le hicieron fueron los referentes a que era “hechura” del duque de Alba y que “se había criado en su casa como un buñuelo”474. Sin duda, la relación de Requesens con el “Gran Duque” era cordial y de afinidad en muchos aspectos475, pero el

468

Felipe II a Alba, 21 de octubre de 1573, AGS, E., leg. 554, ff. 1-2; estos despachos, de indudable interés, se encuentran en AZ, carpeta 93; doc. 31, “Descripción de los Países Bajos”; doc. 32, “Instrucción particular”; doc. 33, “Instrucción”; doc. 34, “Sobre los consejos” y doc. 35, “Gobierno de la gente de guerra y otras cosas”. Los principales puntos en que hacían hincapié eran en el uso y recuperación de los Consejos Colaterales y en no ceder en los aspectos religiosos. 469 Felipe II a los Consejos Colaterales y a los Estados, 19 de octubre de 1573, CODOIN, CII, pp. 318-319 y a Carlos IX, Ibídem, pp. 319-320. 470 Requesens a Felipe II, 4 de noviembre de 1573, AGS, E., leg. 554, f. 149. En esta carta podemos observar su visión sobre la situación en Borgoña y el Franco Condado, donde alababa la labor de Jean Froissard de Broissia, nuevo presidente de Dôle y cliente de Granvela. 471 Como podemos comprobar en Alba a Felipe II, 22 de octubre de 1573, EDA, III, nº 1993, pp. 531-532 o al Prior Antonio de Toledo, 23 de octubre de 1573, Ibídem, nº 2005, pp. 545-546. 472 Felipe II a Alba, 21 de octubre de 1573, CODOIN, CII, pp. 322-325. 473 Requesens a Jerónima (su mujer), 6 de agosto de 1573, Cfr. J. M. MARCH, op. cit., pp. 325326. 474 Requesens a Pedro Fajardo, marqués de los Vélez, CODOIN, CII, pp. 350-351 y a Zúñiga, 15 de noviembre de 1573, Ibídem, pp. 353-354. 475 Como podemos apreciar en su correspondencia, p. e. Requesens a Alba, 14 de enero de 1573, AGS, E., leg. 8340, f. 233.

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comendador mayor, siguiendo los consejos del cardenal Granvela476, tenía claro que debía evitar que los flamencos le asociaran con él, para no heredar el resquemor que había contra sus procedimientos. Unos meses después, Requesens supo que estos rumores habían sido divulgados por el grupo de los “malcontents”, lo que provocó un fuerte enfrentamiento con ellos. Finalmente, el nuevo gobernador llegó a Bruselas el 17 de noviembre y fue recibido por Fadrique de Toledo, ya que su padre se encontraba en cama con gota477. Desde el mismo momento de su llegada, se pudo intuir que la situación se podía complicar, ante la indefinición mostrada por Madrid sobre el momento de llevar a cabo el relevo478. Además, el comendador mayor no sabía apenas nada de la situación en Flandes y necesitaba imperiosamente el consejo de Alba, aunque era consciente de que su relación se deterioraría en cuanto el antiguo gobernador viera que no iba a obedecer fielmente sus directrices479. Para evitar la incertidumbre y los posibles conflictos a ella asociados, el propio duque de Alba decidió marcar los tiempos del relevo y, aunque el comendador mayor declaró que prefería esperar un tiempo hasta conocer bien la situación480, el “Gran Duque” le comunicó que permanecería en Flandes únicamente el tiempo imprescindible para instruirle, tal y como le había pedido Felipe II, y partiría hacia Castilla lo antes posible. Requesens trató denodadamente de evitar que Alba le remitiera los asuntos, ya que de ese modo la gente confirmaría su impresión de que era su “hechura”, pero fue inútil y se tuvo que hacer cargo del gobierno el 29 de noviembre en una ceremonia en la que se encontraron presentes Aerschot, Viglius y Berlaymont481. La pronta partida del duque de Alba el 19 de diciembre, cercenó toda posibilidad de enfrentamiento. Otro asunto que se debía solventar con prontitud era el futuro del duque de Medinaceli. Ya Felipe II había decido que retornara a Madrid, y así se lo comunicó durante el verano de 1573, con el pretexto de que su presencia era requerida para

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Granvela a Zúñiga, 15 de noviembre de 1573, IVDJ, Envío 47, f. 104, “Mala obra han hecho los que han procurado de antes ahí de su llegada disminuir su auctoridad con pasión, yo con quantos he podido he hecho oficios porque conocieran su qualidad y partes y el crédito que con su Majestad necesariamente tiene”. 477 Para el periodo de convivencia entre ambos, A. W. LOVETT, “The Governorship of Don Luis de Requesens...”, pp. 187-192. 478 Como así mostró el comendador mayor a sus allegados el 22 de noviembre de 1573, como su hermano (CODOIN, CII, pp. 373-375) o Granvela (AZ, carpeta 97, doc. 1). También se encuentran en este último documento cartas a don Juan de Austria y al conde de Monteagudo. 479 A. W. LOVETT, “A new Governor for the Netherlands,…”, p. 102. 480 Zúñiga a Felipe II, 6 de noviembre de 1573, CODOIN, CII, pp. 339-341. 481 Alba a Felipe II, 2 de diciembre de 1573, EDA, III, nº 2025, pp. 561-563.

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conocer de primera mano la gravedad de la situación482. Juan de la Cerda retrasó su retorno hasta finales de noviembre, ya que buscaba favorecer a sus “hechuras” en su pugna por ocupar oficios ante el inminente cambio de gobernador y, para tal fin, se reunió en repetidas ocasiones con los adversarios de Alba. Cuando, finalmente, emprendió la marcha, llevó consigo gran cantidad de memoriales contrarios a la gestión de su émulo483, entre los cuales destaca el presentado por Champagney, que destilaba rencor hacia todo lo relacionado con el antiguo gobernador y, sobre todo, hacia el secretario Albornoz484. Medinaceli partió de los Países Bajos con resquemor, no solo, hacia Alba, sino también hacia el propio Requesens por dos cuestiones: que le arrebatara el puesto de gobernador y que su sobrina, Luisa de la Cerda, casara con el hijo del comendador, ya que Medinaceli pretendía desposarla con su propio vástago. Pese a los ataques del duque, Requesens hizo lo posible por no romper con él y favoreció a los miembros de su séquito que quedaron en Bruselas, caso del polémico Juan de Mendoza485, pero tuvo escaso éxito, ya que Medinaceli seguiría expresando opiniones negativas hacia el nuevo gobernador. Juan de la Cerda partió hacia Madrid sin conocer aún su destino y en medio de una cascada de rumores sobre el mismo486. Una vez en la Corte, se encontró con un inesperado premio, ya que Mateo Vázquez le ayudó a que se le concediera el importante oficio de mayordomo mayor de la reina Ana. Tomaría posesión del mismo el 23 de marzo de 1574, sustituyendo al marqués del Adrada fallecido el 7 de febrero, con unos elevados gajes de un “cuento” (millón) de maravedíes de ración y quitación ordinaria cada año, más otro cuento como ayuda de costa487. Medinaceli ejercería dicho oficio hasta su fallecimiento el 1 de agosto de 1575, periodo durante el cual siguió recibiendo correspondencia de los asuntos de Flandes a través de Assonleville o Champagney,

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A. W. LOVETT, “A new Governor for the Netherlands…”, p. 98. “Relación de los memoriales que el duque de Medinaceli ha dado a Su Majestad”, s. d., CODOIN, XXXVI, pp. 198-204. 484 Memorial de Champagney a Felipe II en A. L. P. de ROBAULX DE SOUMOY (Ed.), Mémoires de Frédéric Perrenot, sieur de Champagney, 1573-1590, Bruselas-La Haya, 1860, pp. 221-250. 485 Requesens a Zayas, 2 de diciembre de 1573, AGS, E., leg. 559, f. 140. 486 Como podemos apreciar en una carta de Granvela a Zúñiga del 15 de noviembre de 1573 (Ibídem, f. 104), en la cual el letrado del Franco Condado indicaba que Hopperus y Zayas le habían escrito sobre la posibilidad de que Medinaceli fuera a Nápoles, donde sustituiría a Granvela que, a su vez, iría a Roma. 487 El título de este oficio en su expediente personal en AGP, Expediente, Caja 661/15. 483

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información que luego transmitía a Felipe II. A su muerte, su hijo Sancho de la Cerda continuó con dichos intercambios epistolares488.

La diferente fortuna sufrida tanto por el duque de Alba como por el de Medinaceli tras su retorno a Madrid, sirve para ilustrarnos sobre los cambios que se estaban produciendo en la Corte de Felipe II como fruto del proceso de Confesionalización. Éste tuvo una serie de consecuencias tanto dentro de la Monarquía donde se sentaron las bases para un desarrollo institucional del gobierno a través de las Juntas, que permitieron el desarrollo político de los secretarios-, como con respecto a otros poderes de la Cristiandad, sobre todo Roma, que buscó fomentar un grupo político dentro de la Corte madrileña489. Así mismo, se produjo una recomposición de las relaciones de poder, que vinieron marcadas por la ausencia de grandes patronos, tras el fallecimiento de Espinosa, Éboli y Velasco, así como la caída en desgracia del duque de Alba. Entre 1573 y 1575 tanto Antonio Pérez como Mateo Vázquez, surgidos a la sombra de Espinosa, pero con una nueva mentalidad, aprovecharon el vacío político y el nuevo funcionamiento administrativo de la Monarquía para tomar posiciones. Los partidarios del cardenal Espinosa fueron perdieron fuerza, mientras el antiguo partido “ebolista” se rehizo; toda vez que su patrón había fallecido en 1573, la denominación no puede ir más allá de esa fecha y pasaremos a denominarlo partido “papista”. Desde el final del Concilio de Trento, el Papado había buscado crear un partido en la Corte hispana para defender sus intereses y, a tal fin, Pío V envió a Luis de Torres a Castilla, con la misión de intentar instaurar ese espíritu de cruzada que él propugnaba, en lugar del liderazgo hispano que pretendía Felipe II, al tiempo que recurría a los componentes del partido “ebolista”. Su sucesor, Gregorio XIII, continuó dicha iniciativa, basando su acción en tres pilares: sostén a la Compañía de Jesús, vinculación con la familia real –tras fallecer doña Juana de Austria en 1573 pasaron a ser sus protectores don Juan de Austria y Alejandro Farnesio– y la actividad del secretario Antonio Pérez. Hacia finales de 1575, podemos considerar que este grupo se había impuesto en la lucha faccional. Enfrentado a la ideología que esta facción propugnaba se fue formando un partido, que denominamos “castellanista”, surgido de la herencia clientelar de Espinosa y que, por tanto, arrastraría durante sus años de gestación los problemas derivados de la 488

A. W. LOVETT, Philip II and Mateo Vázquez de Leça..., pp. 47-48. S. FERNÁNDEZ CONTI, Los Consejos de Estado y Guerra,..., pp. 142-151 y Configuración, pp. 150-157.

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aplicación de la Confesionalización que habían originado la caída en desgracia del cardenal. En un principio, estuvo compuesto por viejos letrados unidos en torno al secretario Mateo Vázquez, que procuró acercarse a otros personajes como el II conde de Chinchón, aunque no recogería sus frutos hasta unos años después. Sin duda, esta nueva situación cortesana tuvo hondas y negativas repercusiones en la acción de gobierno de Requesens, pues era más cercano ideológicamente a la opción política “castellanista”, como había podido demostrar en sus enfrentamientos con el Papado durante su estancia como embajador en Roma. Una semana antes de que el noble catalán realizara su entrada en Bruselas, Felipe II decidió potenciar la acción del Consejo de Estado, casi paralizada por el cardenal Espinosa, con el nombramiento de nuevos consejeros, ante el escaso número que quedaba tras los sucesivos óbitos acaecidos. En concreto, los elegidos fueron el II conde de Chinchón, el IV marqués de Aguilar, Gaspar de Quiroga, Antonio de Covarrubias y Andrés Ponce de León, que se unieron a los miembros preexistentes como el Prior Antonio de Toledo, el duque de Francavilla y los secretarios Antonio Pérez y Gabriel de Zayas, así como al duque de Medinaceli tras su retorno de Flandes. Esta mudanza en el Consejo, anunciaba nuevas vías en la configuración de la política exterior de Felipe II. Con respecto a Flandes, ya la primera reunión monográfica que trató sobre el tema, tras conocer las impresiones iniciales de Requesens, mostró ese cambio de rumbo490. Ésta fue convocada el 24 de febrero de 1574 en Aranjuez y el primer punto del día fue la posibilidad de promulgar un nuevo Perdón General, ya que el de época del duque de Alba no había surtido el efecto deseado. Los 5 consejeros reunidos -Andrés Ponce, el obispo de Cuenca Quiroga, los duques de Francavilla y Medinaceli y el presidente Covarrubias-, mostraron su clara predisposición a la redacción de un nuevo Perdón General, destacando la opinión de Ponce de León, que hablaba de la necesidad, con respecto a los flamencos, de “ganarles los coraçones y atraerlos por amor”. Por lo que respecta al décimo, todos ellos se mostraron favorables a aceptar los dos millones de encabezamiento, aunque el presidente recalcara que no era una medida injusta. En cuanto al Conseil des Troubles, Ponce comparó el respeto a sus privilegios de los flamencos con el de los aragoneses, por lo que creía que era necesario deshacerlo, opinión a la que se adhirieron el resto de consejeros. Chinchón, ausente de la reunión, mostró su posterior acuerdo a todas las decisiones de sus colegas, aunque recomendó el envío de fuertes sumas de dinero para el ejército, con el fin de no mostrar “blandura” ante los rebelados. 490

El acta de dicha reunión en AGS, E., leg. 561, f. 25.

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Toda vez que dentro de ese nuevo Consejo comenzaron a descollar Antonio de Toledo, lastrado en los asuntos flamencos por su estrecha relación con su cuñado, como el propio Chinchón, fue la opinión de éste último la que prevaleció. Por lo tanto, las nuevas directrices de actuación en Flandes se basarían en modificar la agresiva política del duque de Alba, aunque manteniendo el envío frecuente de dinero y armas para no dar sensación de falta de recursos y así poder negociar con los rebeldes en una posición de fuerza. Sin embargo, la aplicación de estas ideas, que estaban a medio camino entre las posturas más intransigentes y las más laxas de la Corte, iba a resultar complicada, debido a los problemas financieros que azotaban a la Monarquía y que imposibilitaban sufragar al mismo tiempo las luchas en Flandes y en el Mediterráneo. Sin duda, ese fue el principal motivo que provocó la creación de una Junta especial para tratar los asuntos de Flandes en noviembre de 1574491. Dicha asamblea se compuso de 5 miembros pertenecientes al Consejo de Estado, con lo que se sustrajo del propio tribunal la deliberación diaria sobre los asuntos flamencos. Los elegidos fueron Gaspar de Quiroga, el marqués de Aguilar, el conde de Chinchón y Andrés Ponce de León, así como Gabriel de Zayas como secretario; poco después, se permitió la entrada de Hopperus, pero solo de manera testimonial, ya que los asuntos relevantes se trataban durante su ausencia. Como podemos comprobar, la estructura faccional de la Junta no estaba del todo definida, al estar aún en proceso de recomposición los grupos políticos, por lo que Requesens trató de que sus opiniones tuvieran cierto peso en la misma, intensificando su intercambio epistolar con algunos de sus integrantes, caso de Ponce de León o de Hopperus492. De las deliberaciones de esta Junta saldrían los llamados “Verdaderos Remedios”, pensados para aplicarlos en los “XV estados no rebelados”493, los cuales no coincidían, en absoluto, con las medidas tomadas por Alba para acabar con las revueltas. Con ellos, se buscaba crear un ambiente de cordialidad e intentar volver a la forma de gobierno utilizada en época de Carlos V, a través de diversas medidas como nombrar un gobernador de la sangre, retirar los soldados extranjeros, suprimir el Conseil

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Sobre esta Junta, H. PIZARRO LLORENTE, Un gran patrón en la corte de Felipe II: Don Gaspar de Quiroga, Madrid, 2004, pp. 405-430. 492 Requesens a Hopperus, 4 de diciembre de 1573, CODOIN, CII, pp. 442-423 o a Andrés Ponce el mismo día, Ibídem, pp. 418-420. 493 Se pueden consultar los memoriales de Hopperus sobre estos “Verdaderos Remedios” en AGS, E., leg. 2842 y sus revisiones en la Junta de Flandes en Ibídem, leg. 568, ff. 47, 49, 66 y 69.

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des Troubles, crear un Consejo de Flandes cerca del rey o completar los Consejos Colaterales con naturales de los Países Bajos494. Antes de intentar aplicar los remedios, se tuvo conocimiento de los primeros contactos de Requesens con los rebeldes y se decidió adoptar la negociación como nueva vía de solución del conflicto495. El fracaso de las conversaciones y la declaración de bancarrota, dejaron a Requesens sin posibilidad de maniobra y llevaron al gobernador a una vía muerta, que solo abandonaría con su fallecimiento.

3.2.- Las facciones cortesanas en Bruselas durante el gobierno del comendador mayor Tras la partida de Bruselas del duque de Alba, Requesens trató de recabar información sobre la situación real de la Corte a través de cauces distintos a los usados por su predecesor, para, de este modo, poder hacerse una idea clara del equipo humano del que iba a disponer para poder llevar a cabo su acción de gobierno. En concreto, recurrió a una serie de memoriales que se le habían ido remitiendo desde que se conoció su nombramiento496. Todos ellos coincidían en su negativa impresión sobre el modo en que había llevado los asuntos el gobernador anterior, y en especial sobre los personajes en los que se había apoyado para poner en práctica sus ideas, y abogaban por la elección de don Juan de Austria como nuevo representante real. Tras este sondeo preliminar, el comendador mayor se impuso como primera tarea la de intentar formar su propio equipo de gobierno, siendo su tendencia natural favorecer a los clientes de Granvela, el cual era su principal informador sobre la 494

Sin duda, las principales aspiraciones de los flamencos iban por ese camino, tal y como podemos observar en uno de los memoriales que presentó Hopperus a dicha Junta en 1574 (Ibídem, leg. 557, f. 13), el cual se hacía eco de las principales quejas con respecto a la mudanza de gobierno con Felipe II en los siguientes puntos; 1º con los príncipes de la sangre había blandura y con los nuevos gobernadores rigor; 2º los negocios habían dejado de tratarse por lo ordinario para hacerse por lo extraordinario con “extranjeros” y criados de las Casas de los gobernadores; 3º de la búsqueda del bien común se había pasado a hacerlo sólo de la grandeza de una casa nobiliaria, al tiempo que se trataba a los Países Bajos como una provincia y no como fundamento del Imperio; 4º se habían sustituído los Consejos Colaterales por el Conseil des Troubles; 5º se habían contravenido los privilegios de las provincias; 6º se producían numerosas injusticias; 7º se dejaba permanecer en Flandes a los soldados de los Tercios, aún en tiempos de paz y 8º habían metido mano los “extranjeros” en la Hacienda. Con posterioridad, trataba otros asuntos menores, cómo la afrenta que suponía para la Joyeuse Entrée el ingreso de bastardos en oficios, la venalidad,... 495 La primera mención explícita a la posibilidad de llegar a un acuerdo con los rebeldes que le hizo Felipe II a Requesens data del 31 de marzo de 1574, en una misiva que conservamos en Ibídem, leg. 561, f. 37. 496 “Discurso” de Fadrique Furió Ceriol, s. f. (hacia finales 1573), CODOIN, CII, pp. 473-476; “Memorial de remedio” (anónimo), s. f. (hacia finales de 1573), AGS, E., leg. 547, f. 122 o “Remedio de las cosas de Flandes” (anónimo), 17 de marzo de 1574, Ibídem, leg. 559, f. 39.

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situación de Flandes. Así, el cardenal le recomendó a Morillon, Assonleville o Berlaymont, señalándole también que los personajes de quien se debía fiar tenían que ser ministros y no criados, en clara referencia a Albornoz, ya que estos solo mirarían por su propio interés497. Requesens procuró seguir fielmente sus consejos, ya que Berlaymont recobró una posición preeminente498, aunque no fuera de su total confianza499, y sus secretarios personales, Domingo de Zabala y Baltasar López de la Cueva, no intervinieron, al menos de forma clara, en asuntos de Estado o Hacienda500. Junto a Berlaymont, Requesens tomaría gran afecto al secretario de los asuntos imperiales Urban von Scharemberg501, aunque su elevada edad apuntaba más hacia un retiro que a su participación en la toma de las decisiones políticas más relevantes. De hecho, el gobernador recomendó que se nombrara un sucesor o secretario extraordinario para que tomara su relevo una vez fallecido, propuesta que Felipe II aceptó502. Igualmente relevante sería el papel de Jerónimo de Roda, aunque más por necesidad que por la confianza que le despertaba este personaje al gobernador, y las circunstancias llevaron a que el letrado murciano acabara interviniendo en asuntos tanto de Estado, como de Hacienda y Justicia. Así, Requesens consiguió para él un puesto en el Conseil d´État en marzo de 1574; sin embargo, sus aspiraciones iban más allá, por lo que solicitó su entrada en los otros dos Consejos Colaterales, con preeminencia sobre el resto de consejeros y con mayor salario. Felipe II se negó a dicha petición, aunque, ante la insistencia de Requesens, le concedió poder intervenir en ocasiones puntuales en el Conseil Privé y un tercio de los gajes que había pedido el gobernador para él. Sin embargo, se le negó su ingreso en el Conseil des Finances como Chef, con el fin de evitar las protestas que, sin duda, habría generado esta decisión503. Contrariamente al ascenso de estos personajes, que habían estado relegados durante el gobierno anterior, se produjo la desintegración de la facción que había estado más cercana al duque de Alba durante su estancia en Flandes. Así, Fadrique de Toledo, Albornoz y Vargas retornaron a Castilla, mientras Jacques de la Cresonnière había 497

Granvela a Zúñiga, 6 de diciembre de 1573, CODOIN, CII, pp. 433-434. M. A. del RIO, La crónica sobre Don Juan de Austria, Madrid, 1601 (edición de M. A. ECHEVARRÍA BACIGALUPE y F. EDELMAYER, Oldenburg, 2003), p. 70. 499 Requesens a Felipe II, 18 de enero de 1574, AGS, E., leg. 557, f. 29, "Y aunque Barlamont es buen hombre y en lo substancial nunca se ha apartado del servicio de V. Majestad dessea tanto como los otros que se hagan las cosas muy a la satisfacción de los de la tierra y está ternissimo en los intereses y pretensiones de sus hijos y deudos". 500 J. LEFÈVRE, La Secrétairerie d´État et de guerre..., pp. 25-29. 501 De hecho, en una misiva al monarca del 23 de marzo de 1574 (AGS, E., leg. 557, f. 104), Requesens indicaba que los ministros de mejor condición eran Scharemberg y Berlaymont. 502 Felipe II a Requesens, Madrid, 30 de marzo de 1574, Ibídem, leg. 561, f. 39. 503 M. A. del RIO, op. cit., p. 66. 498

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fallecido en 1572 y Noircarmes lo hizo el 5 de marzo de 1574504. Debido a ello, solo Louis del Río505, Gaspar de Schetz y Francisco de Lixalde506 se mantuvieron en la escena política durante el gobierno de Requesens, aunque con una merma considerable de su influencia, que se tradujo en un hostigamiento constante por parte del comendador mayor, en su intento por borrar su posible vinculación con el gobierno anterior. A estos antiguos partidarios de Alba habría que unir al militar Sancho Dávila507, castellano de Amberes, que alcanzaría a la muerte de Requesens un protagonismo que no le debía corresponder, y Chiappin Vitelli, cuyas excesivas pretensiones sobre mercedes le supusieron graves enfrentamientos con Requesens508. El relegamiento de la antigua facción dominante se mostraría en toda su crudeza en los asuntos relativos a la Hacienda. Ante la preocupación y descontento de Requesens por como había sido administrada por el gobernador anterior509, ordenó a Lixalde el 29 de noviembre de 1573 que cerrara las cuentas de éste y que abriera un cuaderno nuevo para el suyo510. Sin embargo, el pagador se mostró reacio a revisarlas, por lo que el comendador mayor fue consciente de la necesidad que tenía de personas de confianza para administrar el erario real y solicitó que Francisco Gutiérrez de Cuéllar acudiera junto a él a Flandes. Del mismo modo, solicitó que se visitara a los oficiales que se habían encargado de la hacienda durante los años anteriores, proponiendo como candidatos para celebrar dicha Visita a Juan Rodríguez de Villafuerte y al licenciado Negrón. Sin embargo, las peticiones de Requesens fueron desoídas y dicha Visita no se llegó a realizar, por lo que Francisco de Lixalde no fue condenado por sus desmanes

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La decisión sobre la división de sus múltiples cargos se prolongó a lo largo de todo 1574, como podemos ver en diversas misivas de Felipe II y de Requesens (AGS, E., legs. 557-561, sobre todo la del monarca a Requesens del 12 de mayo de 1574 en leg. 561, f. 78). 505 Para la precaria situación de del Río durante este periodo, J. VERSELE, Louis del Rio (15371578)..., pp. 58-77. Su relación con Albornoz quedó intacta y se mantuvo el intercambio epistolar entre ambos personajes, pudiendo observar a través del mismo el relegamiento y, por lo tanto, el descontento de del Río (Louis del Río a Albornoz, 26 de septiembre de 1574, AGS, E., leg. 561, f. 180). 506 Para sus vivencias tras la marcha de Alba, A. W. LOVETT, "Francisco de Lixalde: a Spanish Paymaster in the Netherlands (1567-1577)", Tijdschrift voor geschiedenis, LXXXIV, 1971, pp. 19-23. 507 De su vinculación a Alba nos da fe la recomendación que éste hizo para que se le nombrara miembro del Conseil d´État en su carta a Felipe II del 2 de diciembre de 1573, EDA, III, nº 2025, p. 563. 508 Como comunicaba el propio comendador a Felipe II en agosto de 1574 (AGS, E., leg. 560, f. 103). 509 Requesens a Zúñiga, enero de 1574, IVDJ, Envío 67, caja 89, f. 2. 510 A. W. LOVETT, “Francisco de Lixalde...”, op. cit., p. 19.

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hasta muchos años después de su muerte, teniendo que pagar sus herederos en su lugar511. Pese a ello, su relegamiento cortesano con Requesens fue evidente. Por último, hay que reseñar que durante los últimos años del gobierno de Alba se había ido gestando una nueva facción política, conocida como “partido moderado” o “malcontents”, en la que podemos encuadrar a personajes como Aerschot, que fue visto como el lider de la misma, Champagney, Beauvois o Havré. Sus presupuestos políticos y religiosos partían de un fuerte deseo de llegar a acuerdos con los rebeldes, basados en una cierta tolerancia y en el convencimiento de que fueran los naturales quienes rigieran los destinos de los Países Bajos, al modo de lo que había sucedido con Carlos V. Pese a estas ideas, que coincidían en esencia con las pautas establecidas durante esos años desde Madrid, Requesens no confió nunca en estos personajes, en especial en Aerschot, al que prefería lo más lejos posible de Bruselas512. Pese a ello, las relaciones del comendador mayor con este grupo fueron cordiales hasta el fracaso de las negociaciones de 1575, circunstancia que provocó un enfrentamiento abierto, ya que los “malcontents” exigieron al gobernador que reanudara las conversaciones, ordenando al mismo tiempo a los Estados de Brabante que no concedieran ayudas hasta que se retomaran las mismas. Poco después, el noble catalán tuvo conocimiento de los manejos que habían llevado a cabo durante la estancia del duque de Medinaceli en Flandes, así como de los rumores que divulgaron sobre él, por lo que se produjo una ruptura total, que no fue a más por el repentino fallecimiento de Requesens. Éste luctuoso suceso, como veremos, permitió a los “malcontents” alcanzar sus mayores cuotas de poder, a través de la Pacificación de Gante. Como conclusión, podemos señalar que Requesens nunca pudo llegar a formar un auténtico equipo propio de gobierno, pues sus peticiones para que le fueran enviados personajes de su confianza a Flandes, caso de Pedro Fajardo513 o de los personajes que solicitó para encargarse de la Hacienda, fueron rechazadas desde Madrid y tuvo que echar mano de consejeros que ya estaban allí presentes, fueran de su confianza o no.

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F. RACHFAL, Le registre de Franciscus Lixaldius, trésorier général de l´armée espagnole aux Pays-Bas de 1567-1576, Bruselas, 1902, pp. 140 y ss. y A. W. LOVETT, “Francisco de Lixalde...”, op. cit., pp. 21-23. 512 “El de Ariscot no se me dava mucho que no estuviesse aquí y también si fuera possible holgara de sacarle de la Junta de los estados de Brabante (...) con todo esto por lo que conviene contemporizar con él por ser hombre tan principal y averle dexado el duque de Alva por cabeza en Bruselas desde que se fue a lo de Mons, hasta dos días antes que yo llegase”, Requesens a Felipe II, 24 de febrero de 1574, AGS, E., leg. 557, f. 57. 513 Tal y como solicitaba el comendador mayor al monarca en una carta del 9 de abril de 1574, Ibídem, f. 117.

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En este sentido, fue significativa la pugna que Requesens mantuvo para que Alonso de Vargas acudiera a Flandes como veedor general, cargo que éste ya había rechazado en 1567514. El monarca procuró que fuera Guerau de Spes quien tomara el oficio, pero su fallecimiento, como vimos anteriormente, truncó el proceso. Finalmente, Vargas acudió a los Países Bajos en abril de 1574, aunque con título de consejero de Guerra y de general de la caballería ligera, así como una merced de 100 escudos de entretenimiento, en lugar del cargo que Requesens había solicitado para él515.

3.3.- La acción de gobierno de don Luis de Requesens: entre la solución pacífica y la bélica516 Los condicionantes existentes para que Requesens pudiera llevar a cabo una actuación eficaz de gobierno eran, ya desde el principio, muy importantes y anticipaban su fracaso. Para empezar, el noble catalán no era un príncipe de la sangre ni un Grande, lo cual disgustaba profundamente a los naturales. Esto se plasmaría en unas instrucciones mucho más restrictivas que las de Alba y las de sus sucesores, ya que se le restaba poder de decisión en asuntos clave como la provisión de oficios y beneficios, así como en los cargos de guerra. Además, su sueldo de 18000 escudos resultaba bastante escaso, teniendo en cuenta que tenía que pagar su capilla, guarda de archeros y otros gastos y que Emmanuel Filiberto de Saboya, Margarita de Parma y el duque de Medinaceli habían traído 36000 escudos de gajes, disfrutando Alba, incluso, de 54000, por su cargo de capitán general517. Del mismo modo, su séquito iba a ser muy inferior al de otros gobernadores, lo cual le restó posibilidades de patronazgo y prestigio. Si lo comparamos con el del duque de Alba518, mientras con Requesens acudieron únicamente 4 personajes que pudieran ser considerados como gentilhombres -como eran Alexandro Gonzaga, don Felipe de Mendoza, don Bernardino de Ayala y Jubarra-, con el de Alba acudieron 33, entre los que podemos destacar a Chiappin Vitelli, Esteban de Ibarra, Juan Bautista de Tassis, el 514

Una biografía de este personaje, que llegaría a ser consejero de Guerra, en Configuración, p. 495. 515 Así se lo comunicaba el monarca a Requesens el 22 de marzo de 1574, AGS, E., leg. 561, f. 35. 516 En general, sobre el periodo, además de los artículos ya citados, G. JANSSENS, “Brabant en het Verweer”..., pp. 207-266 y H. de SCHEPPER, "Un catalán en Flandes: Don Lluis de Requesens y Zúñiga, 1573-1576", Pedralbes, Revista d´Història Moderna, 18/II (1998), pp. 157-168. 517 Requesens a Zayas, 2 de diciembre de 1573, AGS, E., leg. 559, f. 140. 518 Un listado del séquito de Requesens en julio de 1574 en AGR, Audience, reg. 33/4, f. 33 r.-v. (otra copia en Ibídem, reg. 23, f. 162 r.-v.). Para el de Alba, el ya reseñado en Ibídem, ff. 29 r.30 v.

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propio don Bernardino de Ayala, don Diego de Córdoba, Francisco Englefield o Gonzalo de Ovalle, capitán de su guarda. Igualmente desproporcionado era el servicio personal de ambos y, mientras el del comendador contaba con apenas 15 personajes entre los que podemos destacar a su contador Alonso de Laloo, a Nicolás Durpel, ujier de la vianda, o a su médico el doctor Diomedes- más una reducida capilla y guarda de archeros, el “Gran Duque” disponía de un gran número de servidores, cerca de 40, entre los que destacaba su mayordomo Juan Moreno. A ellos habría que unir dos cuerpos de guarda, uno de 50 alabarderos y otro de 25 archeros, y una capilla de 25 miembros, compuesta por un maese de capilla, tres capellanes, ocho cantores, cuatro violones, un tiple, dos contraltos, un tenor, un contrabajo, un organista, un ayuda de organista, un templador y un sacristán. De igual modo, el Prior Hernando de Toledo y su hermanastro Fadrique disponían de Casa propia, dentro de la cual éste último tenía, por ejemplo, una guarda de 40 alabarderos. Estos condicionantes, unidos al hecho de no gozar del favor de la facción cortesana preponderante en la Corte madrileña durante esos años, hacían anticipar que su nombramiento no iba a constituir una medida definitiva para atajar los graves problemas que asolaban Flandes; de hecho, resultó un rotundo fracaso, ya que no pudo aplicar un programa político definido al no disponer de los medios, apoyos y autoridad suficiente para ello. Esta situación provocó que Requesens se mostrara abrumado y desamparado por el monarca desde un principio. No andaba muy desencaminado, pues muy pocas de las peticiones que realizó le fueron concedidas, lo que nos lleva a pensar que Felipe II le consideraba un gobernador provisional y mero ejecutor de las directrices que la Junta de Flandes le debía marcar desde Madrid. Ante tales perspectivas, Requesens no se resignó a permanecer en los Países Bajos y, desde su llegada, solicitó que se le sacara de allí, pero no para acudir a la Corte, a la que llamaba “esa Babilonia”, sino para retirarse a su casa519. El noble catalán intentó, incluso, que Felipe II le permitiera acudir a Madrid para poder explicarle en persona la realidad520, pero todos sus súplicas fueron en vano. Una vez fue consciente de que su estancia en Flandes se iba a prolongar, Requesens se vio en la obligación de tomar decisiones tocantes a su nuevo oficio, siendo la primera de ellas el intento de reforma de algunas de las instituciones existentes. Objetivo principal fueron los Consejos Colaterales, que debían ser

519 520

Requesens a Andrés Ponce, 4 de diciembre de 1573, CODOIN, CII, p. 419. Requesens a Felipe II, s. f. (hacia enero de 1574), IVDJ, Envío 67, caja 89, f. 2.

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revitalizados, tal y como se le indicaba en su instrucción particular, tras haber sufrido una fuerte decadencia por mor de la política del duque de Alba. El Conseil d´État, en concreto, se encontraba bajo mínimos, como describía el propio Requesens al rey, “y yo no tengo aquí otro Consejo de Estado sino Barlemon y el Duque de Ariscot y convendría que viniese aquí otro tercero y creo que no sería ninguno más conveniente que el dicho Conde de Mansfeld”521. En efecto, Requesens pretendía en un principio que Mansfeld, que había permanecido relegado en Luxemburgo durante la mayor parte del gobierno del duque de Alba, acudiera a Bruselas con patente de consejero, ante la falta de ministros válidos. Sin embargo, su opinión cambió al poco tiempo y el noble luxemburgués no fue reclamado a su lado por el gobernador en demasiadas ocasiones. Junto a la necesidad de nuevos consejeros nobiliarios, Requesens fue consciente también de que debía haber nombramiento de letrados, por lo que propuso la inclusión en el Consejo de Jerónimo de Roda y de Assonleville522, lo cual se confirmó en marzo de 1574. En cuanto al Conseil Privé, Requesens procuró añadir nuevos consejeros a los tres existentes, pero sin éxito. Del mismo modo, se debía nombrar un nuevo presidente, puesto que la plaza estaba vaca tras el fallecimiento de Tisnacq, y, aunque se propuso a Hopperus, fue finalmente elegido Arnould Sasbot el 8 de septiembre de 1575, preferido por el comendador mayor. Sin embargo, Requesens falleció apenas éste personaje se puso al frente del tribunal, por lo que el noble catalán no pudo consensuar acciones conjuntas. Por último, el Conseil des Finances fue un nuevo quebradero de cabeza, pues desde Madrid se apretó al comendador mayor para que se pasara de tres chefs a uno, quizás a modo de presidente, al tiempo que se nombraban nuevos commis523. Aunque Requesens se mostró partidario de que hubiera un solo chef como presidente, expresó su convicción de que no debía ser uno de los caballeros del Toisón, pues no entendían de Hacienda, o un hispano, pues los flamencos lo rechazarían, tal y como había sucedido en 1557 con Bernardino de Mendoza. De todos modos, defendió que la reducción no era factible a corto plazo, por lo que rechazó de plano la inclusión de más commis de

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ID, 18 de enero de 1574, AGS, E., leg. 557, f. 29 ID., 18 de enero de 1574, Ibídem, f. 3. “Tambien convendria mucho que añadiese V. Majestad en este Consejo de Estado algun hombre de letras porque Viglius esta muy impedido y aunque para ayudalle asiste siempre asanvila y le podria V. Majestad dar el titulo que en las cartas de francés, escrivo no basta para lo que ay que hazer y yo pienso llamar las mas vezes para este consejo y aun para las provissiones de óficios y beneficios a Geronimo de Roda”. 523 Felipe II a Requesens, 12 de mayo de 1574, Ibídem, leg. 561, f. 73. 522

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finanzas524 y defendió la necesidad de integrar a nuevos Chefs. Para ello, propuso a Roda e, incluso, llegó a recabar información sobre Hierges, Rassenghien y Beaufort, favoritos de los flamencos para ser incluídos en dicho Consejo; aunque Requesens no era partidario de ninguno de los tres, se decantó por Rassenghien, ya que Hierges era muy joven y Beaufort había sido “muy afecto” a Egmont525. Aunque desde Madrid se le hizo caso en sus preferencias hacia Rassenghien, las numerosas trabas que el gobernador había sufrido durante el proceso de reforma de los Consejos Colaterales, en especial las referentes a Jerónimo de Roda, y la falta de confianza que le inspiraban la mayoría de consejeros flamencos, hicieron desaparecer el primigenio interés de Requesens, por lo que podemos considerar que su intento por relanzar la labor de los Consejos fracasó. Otra de sus preocupaciones resultó ser el Conseil des Troubles, el cual pretendía eliminar. Sin embargo, la imposibilidad de llevar tal medida a cabo, le llevó a acotar su funcionamiento, tarea en la que contaría con el apoyo del conde de Chinchón526. Para ello, Requesens pasó el mayor número de consultas posibles al Grand Conseil de Malines y procuró que el Consejo no emitiera sentencias de muerte ni confiscaciones, convocando en 1575 al Consejo de Brabante para que ratificara su ilegalidad. Tras este veredicto, la única entidad no provincial que pronunció sentencias capitales durante el gobierno de Requesens fue la comisión especial formada para la conspiración de Amberes, compuesta por Roda, Assonleville, Louis del Río, el Presidente de Holanda, el Canciller de Güeldres, tres consejeros de Brabante y el gobernador de dicha ciudad527. Al tiempo que llevaba a cabo esas reformas administrativas, el gobernador se empleó con fuerza en la lucha armada, hasta que se le comunicó desde Madrid que debía acercar posturas con los rebeldes para iniciar negociaciones, por lo que tomó una serie de medidas encaminadas a tal fin. El primer paso lo dio el 6 de junio de 1574 con la publicación del nuevo Perdón General, aunque Orange hizo lo posible para que no tuviera el efecto deseado528. Posteriormente, el segundo sería la abolición de la alcabala y el tercero la reunión de una Junta con notables flamencos para estudiar posibles remedios, precursora de la que dos décadas después convocaría el archiduque Ernesto.

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Requesens a Felipe II, 16 de septiembre de 1574, Ibídem, leg. 560, f. 75. ID, 15 de junio de 1574, Ibídem, leg. 558, f. 69. 526 A. W. LOVETT, Philip II and Mateo Vázquez de Leça..., p. 49. 527 J. VERSELE, Louis del Rio (1537-1578)..., p. 60. 528 H. de SCHEPPER, "Un catalán en Flandes...”, p. 160. 525

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Ésta Junta tuvo lugar en Bruselas el 10 de noviembre de 1574 y en ella estuvieron presentes tres obispos flamencos, tres presidentes, tres gobernadores y el conde de Ligny, por ser del Toisón de Oro, rechazando su presencia en la misma Aerschot. Estos notables, presentaron una serie de propuestas, que, básicamente, reclamaban el retorno al “gobierno antiguo”, restituir lo confiscado, echar a los soldados “extranjeros” de tierras flamencas y permitir a los que no quisieran ser católicos vender sus casas y poder marchar donde quisieran. Tras arduas discusiones, el principal acuerdo al que llegó dicha comisión fue el de la necesidad de iniciar negociaciones con los rebeldes, para lo cual se comisionó al doctor Alberto Leonino529. Felipe II mostró su acuerdo con las decisiones tomadas por la Junta convocada por Requesens, así como por la elección de Leonino para entablar las negociaciones, aunque se encargó de recalcar que lo único no negociable era el catolicismo530. Fruto de ello fue que el 3 de marzo de 1575 se iniciaron en Breda las negociaciones entre los rebeldes y los emisarios de Requesens, que se mostró dispuesto a conceder más de lo que, en principio, estaba autorizado a hacer por Felipe II. Sin embargo, la religión fue un obstáculo insalvable, condenando las negociaciones al fracaso y, con ellas, la política supuestamente “pacifista” de Requesens531. Siempre se ha hablado del comendador mayor como el artífice del paso de la política agresiva practicada por el duque de Alba a una pacifista. Sin embargo, conviene matizar esta apreciación, ya que su entorno y su amistad con Granvela, así como la mezcla de guerra y diplomacia que utilizó durante su gobierno, nos muestran que solo la complicada situación militar provocada por los motines532, así como las instrucciones que le llegaban desde Madrid, le convencieron de la necesidad de entablar conversaciones con los rebeldes533. Un hecho que nos ilustra esta reflexión lo encontramos cuando Requesens desautorizó, al poco de llegar a Flandes, los

529

En AGS, E., leg. 560, nos encontramos los siguientes documentos referentes a esta reunión; f. 26, “Copia de la proposición en español que el comendador mayor de Castilla hizo en noviembre de 1574 a las personas congregadas de los Estados”; f. 27, “Copia del acto de la resolución de los personages que se juntaron en Bruselas para tratar sobre lo de la pacificación de los Payses Baxos”; f. 28, “Copia de la instrucción al doctor Leonino”. 530 Felipe II a Requesens, enero de 1575, Ibídem, leg. 561, f. 137. 531 Para el desarrollo de las conversaciones, H. de SCHEPPER, "Los Países Bajos y la Monarquía Hispánica. Intentos de reconciliación hasta la tregua de los Doce años (1574-1609)" en A. CRESPO SOLANA Y M. HERRERO SÁNCHEZ (coords.), op. cit., I, pp. 328-330. 532 Uno de los principales fue el de Amberes en 1574, sobre el cual encontramos numerosa información en AGS, E., leg. 558. 533 Muy gráficamente, el comendador mayor señalaba a Felipe II el 10 de octubre de 1574 (Ibídem, leg. 560, f. 23) que “por la fuerza no se acabaría con la revuelta en 1000 años”, por lo que se plegaba a la posibilidad de llegar a un acuerdo, “aunque lo pactado durara poco”.

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acercamientos que estaban realizando Julián Romero a Orange, Noircarmes a Marnix de Sainte-Aldegonde y Berlaymont a otros rebeldes534. Las negociaciones quedaron definitivamente suspendidas el 13 de julio de 1575, lo que iba completamente en contra de los planteamientos exigidos desde Madrid por el partido “papista”. Este hecho, sin duda, mediatizó el resto del gobierno de Requesens, que se vio abandonado a su suerte justo en el momento en que más lo necesitaba, pues sus tropas iniciaron una gran ofensiva, con el objetivo de conseguir una victoria definitiva sobre los rebeldes535. Esta no se pudo lograr y la puntilla definitiva para el comendador mayor fue la bancarrota de las finanzas reales, publicada el 1 de septiembre de 1575, por lo que sus acciones militares quedaban totalmente frenadas536. Pese a que el ejército continuó luchando, su labor estaba abocada al fracaso, ya que, aunque se consiguieran victorias, estas se verían contrapesadas por los motines de los tercios impagados537. La escasa capacidad de maniobra del gobernador se vio reflejada, asimismo, en su nula repercusión en la política exterior de la Monarquía durante esos años, sobre todo, si la comparamos con la que había tenido Alba. Es de resaltar que el comendador intentó seguir una estrategia basada en los mismos parámetros que la de éste, lo que le supuso ir en contra de las ideas de la facción dominante en Madrid, por lo que apenas dispuso de apoyos para poder llevarla a cabo. Estas circunstancias pueden explicar en gran medida que la Monarquía Hispana no pudiera aprovechar con mayor eficacia la situación creada en Francia tras la matanza de San Bartolomé. Esta circunstancia derivaría en el Edicto de Beaulieu, que ponía fin a la quinta guerra de religión francesa el 6 de mayo de 1576, en el que se daba a los hugonotes unas concesiones inimaginables en 1572, como la posibilidad de ejercer en público la religión reformada538. El retorno del monarca francés a la política anterior a San Bartolomé, se vislumbraría ya desde finales de 1573 con el envío de subsidios a los rebeldes flamencos, pactados en los encuentros de Maisonfleur, servidor de Orange, con Carlos IX. En estas conversaciones, comenzó a aparecer como futura figura política Alençon,

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Y. CAZAUX, Guillaume le taciturne, París, 1970, p. 220 y G. PARKER, España y la rebelión de Flandes..., pp. 161-162. 535 Sobre la campaña, Ibídem, pp. 164-166. 536 Para la bancarrota y las causas que llevaron a ella, C. J. de CARLOS MORALES, op. cit., pp. 113-126 y Configuración, pp. 164-204. 537 Sobre los motines de los ejércitos de la Monarquía Hispana, F. BARADO Y FONT, Motín de las tropas españolas en la España Moderna, Madrid, 1900. 538 M. P. HOLT, The french wars of religion..., pp. 98-120.

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hermano del monarca y del heredero duque de Anjou, que expresó ya en estas fechas su deseo de favorecer en lo posible la causa rebelde539. Su importancia se incrementaría en años venideros, sobre todo, tras el fallecimiento de Carlos IX y la subida al trono de Enrique III, con lo que Alençon pasaba a ser duque de Anjou y heredero al trono francés. Esta nueva condición hizo que los rumores le situaran como posible candidato al matrimonio con Isabel I de Inglaterra540. Por lo que respecta a la relación con el reino insular, el acuerdo alcanzado por el duque de Alba con la reina inglesa en Nimega en 1573, así como la predisposición del comendador mayor a conseguir nuevos entendimientos, parecían augurar que las relaciones iban a ser menos tensas541. Así, el Tratado de Bristol del 21 de agosto de 1574 y la apertura de las negociaciones de Breda con los rebeldes, llevaron a la reina a ofrecerse como mediadora con el envío de Sir Henry Cobham a Madrid, aunque poniendo sus propias condiciones: se debían restaurar las antiguas libertades, suspender la Inquisición, consultar el monarca con los Estados en asuntos de religión y hacer partir a las tropas españolas de Flandes. Por supuesto, estas no fueron aceptadas por Felipe II, aunque en esa embajada se consiguió cierta apertura en asuntos comerciales. El acercamiento a Requesens aumentaría y parecería sincero cuando el gobernador de Flandes decidió, tras petición de Isabel I, expulsar de las provincias flamencas a los refugiados ingleses y cerrar el seminario de Douai de esa nacionalidad en marzo de 1575542. Sin duda, el gobernador pretendía con esta decisión no sufrir injerencias inglesas en sus campañas contra los rebeldes, aunque estas medidas no fueron así entendidas ni por la Santa Sede ni por los miembros del partido “papista” de Madrid, lo que alentó aún más su declive cortesano. Esta circunstancia no arredró a Requesens que, para consolidar el entendimiento, y en respuesta a una embajada inglesa con Sir Robert Cobert a Flandes, decidió enviar a Champagney a Londres a finales de 1575543. Sin embargo, lo que éste pudo observar en la Corte inglesa cambiaría la opinión de Requesens con respecto a Isabel I, ya que el embajador pudo corroborar que la reina estaba muy cerca de los rebeldes, aunque no les

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Para las relaciones del duque de Anjou con los Países Bajos, P. L. MÜLLER y A. DIEGERICK, Documents concernant les relations entre le duc d´Anjou y les Pays-Bas, sa correspondance (1576-1583), Utrech-Amsterdam, 1889-1899, 5 vols. 540 M. P. HOLT, The Duke of Anjou and the Politique Struggle..., pp. 35-69. 541 W. T. MaCCAFFREY, op. cit., pp. 191-216. 542 P. O. DE TÖRNE, op. cit., II, pp. 60-85. 543 G. RENSON, “De diplomatieke zending in Engeland van Frederik Perrenot, heer van Champagney (jan. 1575-31 maart 1576), Revue belge de philologie et d´histoire, 27 (1949).

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pudiera apoyar abiertamente, cuando se encontró en Londres con una embajada de Orange, cuyo fin era proponerla que tomara la soberanía de Flandes. Aunque Isabel I rechazó el ofrecimiento, la embajada mostraba claramente que en su pensamiento estaba ayudar a los rebeldes, para que estos siguieran hostigando a Felipe II, y que los contactos con ellos habían sido frecuentes a través de Sir Thomas Wilson, que fue comisionado como embajador ante Orange desde otoño de 1574 hasta marzo de 1575544. Sin duda, la falta de fondos de Requesens para mantener la lucha con las tropas enemigas, tras el fracaso de las negociaciones, alentaron aún más esa política y convencieron a la “Reina Virgen” de que no debía poner trabas a que los rebeldes reclutaran soldados ingleses. El fallecimiento de Requesens hizo que Isabel I redoblara sus contactos diplomáticos con el Conseil d´État que se hizo cargo del gobierno, en un claro esfuerzo por rentabilizar su inmejorable posición, tras la merma del poder real en los Países Bajos y la firma del Edicto de Beaulieu en Francia. Pese a este brillante momento, Inglaterra rechazó sistemáticamente la posibilidad de tener tierras en el continente y su objetivo se centró en mantener un equilibrio en él, consciente aún de la necesidad de mantener su papel defensivo.

Sin duda, la elección de don Luis de Requesens como gobernador de los Países Bajos no resultó ser la opción adecuada ni para poder finalizar los movimientos rebeldes que se habían atizado de nuevo ni para conseguir consolidar la posición de la Monarquía en el Norte de Europa. Las pocas iniciativas que pudo llevar a cabo fracasasaron y su vida se fue apagando, hasta que la muerte le sobrevino el 5 de marzo de 1576 en el Palacio de Coudenberg en Bruselas, provocando una profunda crisis de la autoridad real en Flandes.

544

Ch. WILSON, op. cit., pp. 30-41.

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CAPÍTULO 4

EL TRIUNFO DEL PARTIDO “PAPISTA”: DON JUAN DE AUSTRIA EN LOS PAÍSES BAJOS (1576-1578)

4.1.- Roma en Madrid: el triunfo del partido “papista” La figura de don Juan de Austria es, sin duda, una de las que más literatura ha generado dentro del reinado de Felipe II, rodeado siempre de una aureola mítica, fruto de ser el prototipo de héroe romántico ensalzado en épocas posteriores545. Su condición de hijo natural de Carlos V y su temprana muerte, unido a la gran cantidad de destinos donde ejerció y a su vinculación con la idea de Cruzada, contribuyeron a configurar esa imagen mítica. Si procuramos alejarnos de estas ideas y buscamos su verdadera relevancia como figura histórica, nos encontramos con un personaje clave en el decurso de la Monarquía Hispánica durante la década de los 70 del siglo XVI. Nacido en Ratisbona el 24 de febrero de 1545 de la relación entre la burguesa de la ciudad Barbara Blomberg y el emperador, viajó en 1550 a Castilla dentro del séquito del príncipe Felipe, con la idea de dedicarle a la carrera eclesiástica. Una vez en la Península, se encargaron de su educación don Luis de Quijada y su esposa doña Magdalena de Ulloa, que estuvieron a su lado, incluso, durante su estancia en Yuste como paje de su padre. Al fallecer éste, Felipe II le concedió un collar del Toisón de Oro en el capítulo de Gante de 1559, decidió dedicarle a la vida militar y le puso Casa, aunque le denegó el tratamiento de Alteza, reservado a los miembros de la familia real, en detrimento del de Excelencia. Durante esos años de juventud tuvo su primer contacto con la espiritualidad jesuítica, de la cual se acabaría convirtiendo en uno de sus más firmes defensores, a raíz de su estancia en la Universidad de Alcalá, en la cual estudió junto al príncipe don Carlos y a Alejandro Farnesio. Su primer cargo de relevancia en los ejércitos de la Monarquía fue el de general de la Mar, el cual recibió en 1568, oficio que conllevaba la obligación de defender el Mediterráneo de las acometidas turcas. Su actividad solo se interrumpiría cuando en 1570 se le reclamó a Granada para dirigir las tropas que debían poner fin a la rebelión de las Alpujarras, lo que consiguió, no sin esfuerzo, al año siguiente. Una vez finalizada 545

Sería demasiado prolijo citar aquí todas las biografías que se han escrito sobre don Juan, pero conviene destacar la realizada por Lorenzo vander Hamen y León, hijo del archero Jehan vander Hamen “el viejo” y hermano del famoso pintor de bodegones Juan vander Hamen, titulada Don Juan de Austria y publicada en Madrid en 1627 o la más reciente de B. BENNASSAR, Don Juan de Austria. Un héroe para el imperio, Madrid, 2000. Una más breve en Configuración, pp. 411-413.

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dicha tarea, se le concedería otra de gran enjundia, cual fue ponerle al mando de la flota constituída por la Santa Liga para luchar contra los otomanos y que obtuvo la victoria en Lepanto. Fue durante esos años cuando don Juan de Austria comenzó a mostrar su total sintonía con los designios de la Santa Sede, que estaba intentando que la acción exterior de la Monarquía siguiese un dictado confesional, ejerciendo el papel de defensora universal del Catolicismo. Las sospechas sobre su lealtad, indujeron al príncipe de Éboli a sustituir a su secretario Juan de Soto por una de sus “hechuras”, Juan de Escobedo, lo que no impidió que don Juan siguiese su inexorable acercamiento a los dictados del Pontífice. Tras la ruptura de la Santa Liga en 1573, la escuadra formada por las galeras hispanas y de las potencias italianas, excepto Venecia, se dirigió a la conquista de Túnez para reponer en el trono a la dinastía “amiga” de los Hafsí, pero don Juan, una vez obtuvo un nuevo triunfo, desobedeció las órdenes y en connivencia con el papa Gregorio XIII solicitó que le fuera conferido el título de rey de Túnez. Ante el cariz que tomaban los acontecimientos, Felipe II decidió dar un golpe de timón a la situación para alejarle de la influencia papal y cuando don Juan llegó a Madrid en 1575 para defender sus pretensiones sobre Túnez, se le otorgó la categoría de Alteza y el título de vicario general de Italia, debiendo acudir a Milán para dirigir la intervención en la guerra de Génova. Estos intentos de aislar a don Juan finalizarían tras la victoria del partido “papista” en la Corte madrileña546. Esta se produjo tras la preeminencia que alcanzó Antonio Pérez sobre Mateo Vázquez, una vez que ambos patronos habían alcanzado en 1576 un punto en donde solo podían chocar. Para lograr imponerse a su émulo, Pérez contactó con personajes como el marqués de los Vélez, Gaspar de Quiroga o Garnica y se centró en dominar parcelas de poder como la presidencia del Consejo de Castilla a través de Antonio Mauriño de Pazos y Figueroa. Por lo que respecta a los asuntos de Flandes, el secretario consiguió adquirir protagonismo y pudo comenzar a aplicar sus ideas tras la entrada del III marqués de los Vélez en el Consejo de Estado y en la Junta de Flandes en abril de 1576, sustituyendo al fallecido Andrés Ponce de León, y tras atraerse al guardasellos Hopperus547. Fue precisamente en esas fechas cuando se decidió el envío de don Juan de Austria a Flandes como nuevo gobernador. Ya se había especulado anteriormente en 546

En general, sobre este periodo, Ibídem, pp. 138-147 y S. FERNÁNDEZ CONTI, Los Consejos de Estado y Guerra..., pp. 151-172. 547 Configuración, pp. 150-164.

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varias ocasiones con su candidatura, pero no fue hasta este momento, y gracias al ascendente de Antonio Pérez, cuando fue elegido. Con esta decisión, el secretario podía dedicarse tranquilamente a los asuntos italianos y se libraba de un personaje que, aunque afín, le podía hacer sombra en el acceso a la gracia real. Don Juan aceptó el nombramiento, aunque puso varias condiciones, como que su interlocutor en la Corte fuera Pérez y no Zayas, así como que se le proporcionaran medios para llevar a cabo su soñada invasión de Inglaterra. La caótica situación que se vivía en los Países Bajos hacía imprescindible que don Juan de Austria se presentara allí a la mayor brevedad posible, para poder aplicar los “Verdaderos Remedios” que Felipe II llevaba queriendo instaurar desde la publicación de la bancarrota. La muerte de Requesens había impedido a Havré y Hopperus marchar a los Países Bajos a transmitir dichos remedios al comendador mayor, tal y como había ordenado Felipe II, por lo que el monarca decidió que Hopperus continuara a su lado y que el Conseil d´État se hiciera cargo del gobierno, tal y como defendían el guardasellos y Antonio Pérez, aunque acatando las instrucciones que se le dictaran desde la Junta de Flandes. Ésta desarrolló una actividad frenética durante los primeros meses de 1576, periodo durante el cual contó con la ayuda de Maximilien de Gante, barón de Rassinghien, que había sido enviado por el Conseil d´État para comunicar sus peticiones. En dicha Junta se decidió abrir nuevas conversaciones con los rebeldes, aunque dejando fuera de la negociación la religión y la autoridad real, y que don Juan de Austria partiera inmediatamente desde su puesto en Italia con destino a los Países Bajos. El hermano del rey, sin embargo, contravino las órdenes y se presentó en Madrid para entrevistarse con Felipe II y hacerle llegar sus peticiones. De esta manera, recibió en mano sus instrucciones el 28 de septiembre de 1576548 y partió hacia Flandes en secreto pocos días después. El fallecimiento de Chinchón en agosto de dicho año, consolidó el dominio de Pérez sobre la Junta de Flandes, compensando sobradamente la defunción de Hopperus en diciembre. Ya sin oposición, Antonio Pérez se convirtió en secretario de la Junta tras desplazar a Zayas y pudo llevar a cabo hasta las últimas consecuencias su política pacifista, como lo demuestra la salida de los Tercios de los Países Bajos. Desde ese momento, únicamente sus afectos como el marqués de los Vélez o Gaspar de Quiroga, que ansioso por ocupar la vacante del arzobispado de Toledo había moderado su actitud

548

La documentación sobre sus instrucciones en AGS, E., leg. 569, ff. 3-14.

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belicosa respecto a los rebeldes, recibirían información sobre lo que estaba sucediendo en Flandes. Esta situación cortesana parecía augurar una perfecta sintonía entre el gobernador de Flandes y la Corte madrileña, algo que no había sucedido en gobiernos anteriores. Sin embargo, las ambiciones de dos egos como los de don Juan de Austria y Antonio Pérez lo impidieron. Una vez que el hermano del monarca pudo comprobar que los planes sobre la invasión de Inglaterra eran castillos en el aire, decidió que su estancia en Flandes era innecesaria y consideró la posibilidad de retornar a Madrid donde, según él, debería ocupar la privanza como único heredero a la vista, ya que el futuro Felipe III era aún muy joven. Con tal fin envió a su secretario Escobedo a la Corte en julio de 1577, viaje que este aprovechó para reclamar la posición que le correspondía como secretario de un posible privado. Así mismo, las nuevas que éste llevaba, certificaban que la política pacifista planteada por Antonio Pérez era inviable. El omnipotente secretario, temeroso de que se descubriese su manipulación de la correspondencia de don Juan y de que peligrara su influencia ante el rey, recurrió a engaños para convencer a Felipe II de que los delirios políticos de su hermano estaban en consonancia con manejos provenientes de Roma. El resultado fue la eliminación física de Escobedo el 31 de marzo de 1578 y la falta de sintonía entre Antonio Pérez y don Juan durante los últimos meses de vida de éste.

4.2.- El gobierno del Conseil d´État (1576) La muerte de don Luis de Requesens, sumió en un profundo caos a los territorios flamencos que aún permanecían leales a Felipe II549. El comendador mayor no tenía competencias para nombrar a su sucesor, aunque había dictado una orden, que no llegó a firmar, en la que dividía el poder entre sus tres principales consejeros: Berlaymont que se ocuparía de la administración interna, Mansfeld de los asuntos de guerra y defensa y Jerónimo de Roda del dinero español y de cuestiones de personal. La orden no se llegó a ejecutar, por lo que, ante el vacío de poder, el Conseil d´État decidió asumir el mando el 9 de marzo. De entre los 9 consejeros que lo componían, pronto se destacaron sobre el resto Jerónimo de Roda y Aerschot, que vio el momento de acceder al poder junto con sus “malcontents”550.

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En general, para el periodo comprendido entre la muerte de Requesens y la llegada de don Juan de Austria a Flandes, G. PARKER, España y la rebelión de Flandes..., pp. 167-176 y G. JANSSENS, “Brabant in het verweer”..., pp. 267-314. 550 E. MARTÍNEZ RUÍZ, "La crisis de los Países Bajos a la muerte de Don Luis de Requesens", Chronica Nova, Revista de Historia Moderna de la Universidad de Granada, 7 (1972), p. 10.

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Felipe II ratificó el gobierno interino del Consejo el 24 de marzo, medida que se demostró rápidamente poco acertada ante la división existente entre los propios consejeros; ésta comenzó a hacerse palpable a finales de julio, cuando Aerschot rechazó reunirse con los que denominaba “enemigos del país”, es decir, Julián Romero, Roda y Alonso de Vargas551. La actitud del noble flamenco, unida al descontento que produjo en el pueblo el saqueo de Aalst por las tropas reales amotinadas, puso a los pies de los caballos a estos consejeros y en la rebelión de Bruselas del 5 de agosto se asesinó a un criado de Roda, se detuvo y encerró a los tres hispanos e incluso se atacó a Berlaymont552. Al desaparecer estos de la escena política, los “malcontents” se hicieron con el control de la situación con la única oposición de Sancho Dávila, que se enfrentó a ellos, pese a que Felipe II le había ordenado que respetara las directrices del Consejo de Estado553. La situación apuntaba a una rebelión inminente y tanto el retraso en la llegada de don Juan de Austria como el fracaso de Havré en su misión a Madrid para exponer los puntos de vista del Conseil d´État, provocaron que esta se consumara el 4 de septiembre con el arresto de todos los miembros de los Consejos Colaterales, excepto Viglius, que se encontraba enfermo, y Aerschot. A las ocho de la noche fueron liberados todos los componentes del Conseil Privé menos Boisschot, Foncq y Louis del Río y, a finales de mes, el resto de consejeros, excepto Assonleville, Mansfeld, Berlaymont y del Río, que fue el último en alcanzar la libertad. Jerónimo de Roda, por su parte, había podido escapar a Amberes, donde se puso al mando del ejército y se declaró gobernador de los Países Bajos, decisión que nunca fue ratificada por Felipe II. El Consejo de Estado fue restaurado, pero sin apenas poder y bajo la tutela de los Estados Generales. Aerschot se encontraba, sin duda, al tanto de la rebelión y se ha especulado con la existencia de negociaciones previas con Orange. El caso es que en un periodo de tiempo muy breve se comenzó a preparar una reunión de los Estados Generales y a negociar la paz entre los rebeldes y las demás provincias. Las conversaciones derivaron en la Pacificación de Gante el 8 de noviembre, en la cual se proclamó el poder de los Estados Generales, pero sin necesidad de ruptura de la autoridad real; su máxima aspiración era retornar a la situación y sistema de gobierno de Carlos V, así como la expulsión de las tropas extranjeras554.

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J. VERSELE, Louis del Rio (1537-1578)..., pp. 78-80. H. DE SCHEPPER, “Un catalán en Flandes...”, pp. 166-167. 553 E. MARTÍNEZ RUÍZ, op. cit., pp. 9-26. 554 Las condiciones de dicha Pacificación han sido publicadas en varias ocasiones; en inglés en H. H. ROWEN, The Low Countries in Early Modern Times…, pp. 58-64 y E. H. KOSSMAN y 552

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Las negociaciones se llevaron a cabo con mucha premura, ya que los reunidos anhelaban alcanzar un acuerdo para dar mayor firmeza a sus planteamientos, antes de que don Juan de Austria llegase a Flandes. Aunque no lo consiguieron por unos pocos días, don Juan entró en Luxemburgo el 3 de noviembre, los Estados consiguieron hacerse cargo del gobierno, ya que la “furia española” que se había producido en Amberes, unida a la tardanza del hermano del rey por llegar a aquellas tierras, le habían desacreditado como nuevo gobernador, antes incluso de hacerse cargo del puesto.

4.3.- La situación faccional en Flandes durante el gobierno de don Juan: el intento de recuperación de la Casa de los gobernadores como elemento de integración de las élites El panorama que se le presentó a don Juan de Austria cuando llegó a Luxemburgo no podía ser más desalentador555. El único consejero leal a Felipe II que quedaba en libertad era Jerónimo de Roda y los componentes de la facción moderada, como Aerschot, Havré, Champagney o el señor de Capres, habían radicalizado su posición durante el gobierno del Conseil d´État. Mansfeld y Berlaymont, por su parte, permanecían fieles a Felipe II pero procuraron mantenerse alejados del hermano del rey durante los primeros meses. Por último, Sancho Dávila se mostraba como un firme defensor de los derechos del soberano, pero se encontraba muy vinculado al duque de Alba, lo que, por supuesto, no complacía a don Juan556. Por lo tanto, el nuevo gobernador se encontró con que solo podía disfrutar del apoyo de su entorno más cercano. Ante este panorama, don Juan decidió poner en práctica la última propuesta referente a Flandes realizada por el conde de Chinchón antes de fallecer, cual era favorecer la entrada de hijos de nobles flamencos en la Casa del hermano del rey, para que éste adquiriera confianza en ellos y aprendiera sus gustos, al tiempo que conseguía integrar de nuevo a las élites de los Países Bajos en el gobierno de sus territorios557. Sin duda, su condición de gobernador de la sangre hacía factible que su séquito cobrara una especial atracción para aquellos flamencos que aún no se hubieran rebelado o que quisieran retornar a la obediencia real, posibilidad que había estado en suspenso durante los dos gobiernos anteriores, ya que, aunque los gobernadores hubiesen querido hacerlo, A. F. MELLINK (eds.), op. cit., pp. 126-132, o en español en M. A. del RÍO, op. cit., pp. 84-87, entre otros. Parte de la documentación que generó en L. P. GACHARD, Documents inedits sur la pacification de Gand, Bruselas, 1845. 555 Para este periodo, G. JANSSENS, “Brabant in het verweer”..., pp. 317-418. 556 E. MARTÍNEZ RUÍZ, op. cit., p. 32. 557 A. W. LOVETT, Philip II and Mateo Vázquez de Leça..., pp. 55-56.

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cosa harto improbable por sus ideas políticas, no lo hubieran podido llevar a cabo al carecer de esa naturaleza. Una vez tomada la decisión, se hacía necesario adecuar el servicio de don Juan a esta pretensión, para lo cual era necesario reformar y ampliar el número de componentes hasta un número muy superior al que había constituido la Casa en tiempos pretéritos558. Como vimos, en 1558 don Juan acudió a Yuste sin ser público su parentesco con el emperador, que comisionó a don Luis de Quijada la designación de una persona de confianza para su servicio sin título ni gajes, reparando este en Gonzalo Vallejo. A él se unieron otros personajes como Jerónimo de España o Juan Díez de Aranjuez, pero no sería hasta 1561 cuando, una vez hecha pública su identidad, se decidiera la constitución de Casa propia para don Juan. El padre Luis Coloma, sin embargo, en su famoso Jeromín559, afirma que el servicio se le puso el 29 de septiembre de 1559 y proporciona una lista de 9 servidores, entre los que destacaban el propio Quijada, como ayo y jefe de la casa, don Fernando Carrillo, conde de Priego, como mayordomo mayor, y don Rodrigo Benavides, como sumiller de Corps. El caso es que este incipiente servicio era muy reducido, como correspondía a un personaje de su condición en esos momentos. La Casa del hermano del rey no incrementaría esta minúscula composición hasta la guerra de Granada en 1570, adquiriendo una notable importancia en 1571 de cara a la Jornada de la Liga Santa contra el turco. En esa fecha, se decidió dotarla de ordenanzas, incluyendo la plantilla que sería necesario para el servicio y los posibles aspirantes a oficio560, en las cuales se contemplaba el cambio de condición del hermano de Felipe II561. Debido a ello, la entidad de la Casa se incrementaría notablemente, tal y como se reflejó tanto en la dotación de la misma, 40000 ducados anuales más 6000 para repartir en ventajas, como en la cantidad de servidores, unos 80 sin contar los cuerpos de guarda. Este servicio acompañaría al hermano de Felipe II durante sus diferentes periplos europeos y africanos, estando integrada en su mayoría por hispanos, algunos de

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Los componentes de la Casa de don Juan antes de su llegada a Flandes en Felipe II, II, pp. 671-674. 559 Publicado en Madrid en 1903, en la p. 71. Hay que manifestar las oportunas reservas sobre este listado de personajes y esta fecha, ya que el autor no cita el origen de dicho documento. 560 Se encuentran en IVDJ, Envío 18, ff. 166 r.- 171 r., con el título de “La orden que se a de tener en el servicio de la persona y comida del señor don Jhoan y en las demás cosas de su cassa y las personas que le sirven al presente es la siguiente, s. f. (sin duda de 1571)”. Para completar la información, en ff. 172 r.-173 v. vienen “Los offiçiales que me paresçe que son necesario para el serviçio del señor don Joan demás de los que tiene son los siguientes”. 561 Debido a ello, se incluye en el f. 173 r.-v. un breve texto sobre “Saber la manera como a de ser tratada la persona del señor don Joan”.

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ellos procedentes del servicio del fallecido príncipe don Carlos562, y por algunos italianos, cercanos la mayoría de ellos, como era lógico, al partido “ebolista”. Una vez en Flandes, y respondiendo a esa idea de integración, el número de servidores se fue incrementando en función de los flamencos que se fueron incorporando, sobre todo, a raíz de la publicación del “Edicto Perpetuo”. Así, a la muerte del príncipe nos encontramos con un gasto anual en gajes de 10486359 maravedís para un total de 335 servidores, de los cuales 32 eran flamencos, más todos los archeros y algunos de los guardas tudescos, aunque hay que resaltar que desconocemos el nombre y procedencia de 90 de los componentes y muchos de ellos podrían ser naturales de esas tierras563. Alguno de estos flamencos llegaron a alcanzar puestos de especial relevancia en la Casa, siendo los más destacados los mayordomos Juan Bautista de Tassis564, personaje que incrementaría su notoriedad en gobiernos posteriores565, y Jean de

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Caso de Francisco Díez, caballerizo con ambos, o de Bartolomé Trigo, librador de la caballeriza del príncipe y busier de leña de don Juan (AGS, CC, leg. 543, nº 35 y 42). 563 La documentación sobre la Casa de don Juan de Austria tras su muerte se encuentra en AGS, E., leg. 578. 564 De él se decía en la “Relación de los criados que quedaron en la casa del señor don Juan al tiempo de su muerte” elaborada por Octavio Gonzaga (Ibídem, f. 5) para ver de qué manera se desmantelaba la Casa, “Hermano del correo mayor, mayordomo y ha que sirve en este officio al señor don Joan desde que llegó a estos Países y de Bruselas se salió huyendo, porque los de aquella villa le tenían preso por ser buen criado y vassallo de Vuestra Majestad, ha servido muy a gusto del señor don Juan el qual se servía del en muchas cosas, por la habilidad que tenía de todas las lenguas y tener muy buen parecer en todo y ha servido con mucha fidelidad y muy bien y es para servir ha perdido toda su hazienda y es casado y de Vuestra Majestad tenía cincuenta escudos de entretenimiento al mes y el señor don Juan le acrescentó otros cinquenta desde navidad acá”. 565 Nacido en Malinas en 1530, su padre fue prefecto de las postas de Maximiliano y Carlos V y su madre era de una familia noble de dicha ciudad. Toda su juventud la pasó en Flandes, donde ascendió dentro de la administración hasta conseguir el puesto de consejero y mayordomo de don Juan de Austria. Con la pacificación de las provincias tuvo que dejar esa tierra, ya que se le reprochaba su origen italiano al ser su padre de Bérgamo. Se fue a refugiar a Castilla, donde permaneció hasta diciembre de 1580, fecha en que fue nombrado enviado extraordinario a Francia, permaneciendo allí durante varios años a caballo con Flandes y ocupándose de los asuntos de la Liga. En 1594 se le nombró consejero de estado en Bruselas y, por cartas patentes del 1 de marzo de 1599, embajador en Francia, donde sirvió hasta enero de 1604 en que le sustituyó Baltasar de Zúñiga. Tras ello, marchó a servir en el Consejo de Guerra en Madrid, donde permaneció hasta que en 1609 se retiró a su encomienda, muriendo al año siguiente. Nos legó sus vivencias en un libro escrito en latín (G. BAGUENAULT DE PUCHESSE, "La politique de Philippe II dans les affaires de France. 1559-1598", Revue des questions historiques, 25 (1879), pp. 26-27; J. RÜBSAM, Johan Baptista von Taxis, ein Staatsman und Militär unter Philipp II und Philip III (1530-1610), Freiburg, 1889, passím y V. VÁZQUEZ DE PRADA, op. cit., pp. 77-82). Cabrera de Córdoba nos relata su muerte, “Murió los dias passados Juan Bautista de Tassis, del Consejo de Guerra, de edad de 90 años (en realidad eran 80), de achaque de cierto banquete que dio al Conde de Sora y Marqués de Falces y otros, donde comió más de lo que sufría su complexión” (L. CABRERA DE CÓRDOBA, Relaciones de las cosas sucedidas en la Corte de España desde 1599 hasta 1614, Madrid, 1857, p. 401).

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Noyelles, señor de Rossignol566, el capitán de la guarda conde de Focquemberg567, y el gentilhombre de la cámara, señor de Gate568. De igual modo, conviene reseñar que 6 de los 7 gentilhombres de la boca fueron flamencos569, a saber, Jacques de Recourt, señor de Licques570, Juan de Robles571, el señor de Merle572, el señor de Teves, Lamoral de Tassis573 y Jacques de Brias574. Naturales de las “tierras bajas” eran también el sumiller de la panetería Gilles de Roy575 y el mayordomo del estado de la boca Jehan de la Haye576-personajes ambos que habían ejercido como archeros de Corps de Felipe II-, así como el capellán Jacobo Zantel, el ayuda de la panetería Valentín Catalari, el mayordomo del estado de los gentilhombres Leonardo, el ayuda de guardamangier Jorge de Anguer, los cocineros mayores maestres Jerónimo y Pedro el Grande, el pastelero Pedro Rebellon, los 566

En la “Relación de los criados...”, “Es cavallero destos payses y criado de Vuestra Majestad servía también de mayordomo abra como un año, es muy honrrado caballero y muy fiel a Vuestra Majestad y ha perdido su hazienda y aquí le ha occupado el señor don Juan en muchas cosas de las que les ha dado muy buena cuenta y no tenía sueldo señalado, sino por vía de ayuda de costa, le socorrían como a los demás cavalleros del país”. 567 Ibídem, “Servía al señor don Juan de capitán de la guardia havra como un año y tan honrradamente y bien y tan a satisfacción del señor don Juan que no podía ser más, ha perdido toda su hazienda y no tenía sueldo señalado sino por vía de ayuda de costa, le davan como a los demás cavalleros del país, está muy pobre y ha perdido muy buena hazienda”. 568 Ibídem, “Es gentilhombre borgoñón y de la boca de Vuestra Majestad y servía de gentilhombre de la cámara al señor don Juan y aura como un año ha muchos años que sirve a Vuestra Majestad y también como el duque de Alba podrá hazer fe a Vuestra Majestad por el tiempo que sirvió debajo del, fue gobernador de Deventer y dexolo el año pasado por desearlo los estados quando el señor don Juan estava en Bruselas, quedó sin sueldo, después de entrado el señor don Juan en el Castillo de Namur mandó le corriese el sueldo que tenía que era de cien escudos al mes e se le corre y de Vuestra Majestad no ha recibido merced ninguna, se que se la deseava el señor don Juan hazer porque conocía que era cavallero muy para servir a Vuestra Majestad y ha gastado la mayor parte de su hazienda por continuar el servicio que era obligado”. 569 El único gentilhombre de la boca no flamenco sería Ludovico Vizconde, caballero milanés que sirvió en esos estados desde que don Juan entró en Lovaina y estuvo en el castillo de Namur. 570 Hijo del barón de Licques y gobernador de la ciudadela de Cambrai; servía, asimismo, como teniente de la guarda de don Juan de Austria. 571 Hijo de Gaspar de Robles, barón de Villy, y llegó a ser coronel de la infantería alemana en Flandes. 572 Hermano del mayordomo señor de Rosignol. 573 Hijo del correo mayor Leonardo de Tassis. 574 Hijo del señor de Brias, gobernador de Mariemburg y Bapaumes. 575 Natural de Bruselas, fue archero de Corps desde el último tercio de 1574 hasta la muerte de Felipe II. Sin embargo, sus ausencias de la Corte fueron frecuentes, ya que sirvió a don Juan de Austria como sumiller de la panetería desde comienzos de 1577 hasta la muerte del hermano del rey y ya no retornó a Madrid. Tras fallecer Felipe II fue reservado y recibió como merced cinco reales y diez maravedíes, que se contarían desde el primero de octubre, reteniendo dicha condición hasta el final del reinado de Felipe III en que falleció (AGP, Regs. 5729 y 5730 y AGS, E., leg. 578, f. 5). 576 Archero de Corps desde el segundo tercio de 1560 hasta la marcha de don Juan de Austria a Flandes, aunque desde el primer tercio de 1568 hasta julio de 1570 tuvo licencia en los Países Bajos (Ibídem).

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cocineros maestres Jordan y Jacques, Juan Borgoñon y Juan Lamberto o el portero de cocina Juan Vanrela. En la caballeriza, que carecía de caballerizo mayor aunque ejerciera como tal el caballerizo don Gabriel Niño de Zúñiga, estarían el mozo de guardarnés Juan Braman, el cazador Juan Coron y los pajes Felipe de Robles577, Juan de Yue578 y Juan Stercke. En la furriera, por su parte, servirían Juan de Arrás como músico de tecla, Hercules Canon que servía en la cámara579, el barbero del cuerpo Ermes y el portero de sala Tusin. Por último, las guardas capitaneadas por Focquemberg, junto a Recourt como teniente, estarían compuestas por 30 archeros flamencos y 100 alabarderos, la mayoría de ellos tudescos, aunque alguno era también natural de los Países Bajos. Como hemos podido observar, el peso de los flamencos en los puestos altos de la Casa era notable, aunque no le fue tanto en los oficios más bajos, que siguieron estando ocupados por antiguos servidores hispanos e italianos de don Juan que habían acudido con él a Flandes. El prematuro fallecimiento del gobernador nos impide conocer con exactitud la evolución posterior de la Casa, aunque todo apunta a que hubieran sido naturales de los Países Bajos los que relevaran a aquellos criados fallecidos o retirados. Este aumento de flamencos en puestos de relevancia no supuso que los castellanos se vieran totalmente relegados de los mismos y así nos encontramos al gentilhombre de la cámara y caballerizo don Gabriel Niño de Zúñiga580, al gentilhombre

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Era también hijo de Gaspar de Robles, barón de Villy. Hijo del castellano de Namur. 579 En la “Relación de los criados...”, “Sirvia en la cámara de tener todas las cosas secretas del señor don Juan y cosas regaladas dormía siempre en la cámara y hera todo su regalo. Fue criado del emperador de gloriosa memoria y después que fue dios servido llevarle sirvio al señor don Juan en este officio hasta agora, devíale el señor don Juan tres mill escudos como parece por una poliça suya los dos mill en prestados y los mill se los dio demás deso le debe otros quatrocientos o quinientos escudos enmprestados es quanto caudal el pobre hombre alcançava de los serviçios de Padre e hijo, es destos Payses y viejo, desea quedarse en ellos y descansar, la merced que Vuestra Majestad le huviere de hazer demás de mandarle pagar ha de ser aquí porque el no esta para trabajar más”. 580 Ibídem, “Era gentilhombre de la cámara fue paxe del señor don Juan de los primeros que tuvo salido de ay vino a ser soldado a Lombardía y después a estos estados con el Duque dalva y estuvo en ellos hasta el año de la vatalla que con licencia havia ydo a España y en ella sirvió a Vuestra Majestad y siguió al señor Don Juan hasta agora sin averse apartado jamás de servirle, sirvió de gentilhombre de la cámara desde que el señor don Juan vino a estos estados y tenía a su cargo la cavalleriza y en entrambos oficios sirvió, diole el señor don Juan el tercio postrero que vino de Lombardía y antes tuvo a cargo las vanderas del tercio viejo, y en Italia tuvo patente de maestre de campo de las vanderas que havían de yr a Malta y muchos días governó las de don Lope mientras el quedó en España, sirvió muy a gusto del señor don Juan y es mucho para servir a Vuestra Majestad y hasta agora no ha recibido merced ninguna, pretendía un ávito y el señor don Juan lo pidió con mucha instancia a Vuestra Majestad y que le hiziese merced se dezir a Vuestra Majestad que será muy bien empleada sy a la bien menester porque está muy pobre”. 578

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de la cámara don Agustín Mexía581, al capellán Francisco de Humara582, al secretario Andrés de Prada583, que alcanzaría la cúspide de su carrera unos años después584, al tesorero Bartolomé Portillo de Solier585, al contralor Joan de Vergara586 o al

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Ibídem, “Ha que sirve de gentilhombre de la cámara al señor don Juan desde que llegaron las vanderas de don Lope, es un muy honrado moço y el señor don Juan deseava hazer en él, por conocer partes tales que savía acertaría a servir a Vuestra Majestad prometiole la primera compañía de caballos que vacase y assí estava aguardando que Vuestra Majestad hiziese merced a don Alonso de Vargas que pensava darle aquella y que la tuviese juntamente con la de Infantería que tiene yo digo a Vuestra Majestad quel señor don Juan le deava mucho y que en él será muy bien empleada qualquier merced”. 582 Clérigo español, llegó a los Países Bajos como capellán de don Juan de Austria, siéndolo después de Farnesio que le elevó. Así, en 1582 fue nombrado mayordomo administrador del hospital militar de Malinas, con un sueldo de 100 escudos al mes, y en 1586 obtuvo el título de protonotario apostólico gracias al príncipe de Parma, que incluso le recomendó al Papa antes de fallecer. La muerte de su protector fue el comienzo del fin para Humara, ya que Alberto le revocó y le hizo retornar a la Península Ibérica en 1601 (L. VANDER ESSEN, "Documents concernant le vicaire général Franceso de Umara", Analectes pour servir a l´histoire ecclésiastique de la Belgique, 3ª serie, 7 (1911), pp. 7-40 y J. SCHOONJANS, "Castra Dei. L´organisation religieuse des armées d´Alexandre Farnèse" en Miscellanea historica in honorem Leonis van der Essen…, I, pp. 532-533). 583 “Relación de los criados...”, “Ha servido al señor don Juan de diez años a esta parte con los secretarios que han servido al señor don Juan y en falta dello ha hecho siempre el oficio y también y honradamente que no se hechava menos quando ellos faltavan después que murió el secretario Escobedo le dio el señor don Juan título de secretario ha servido también tan a gusto de su amo y con tanta fidelidad en el servicio de Vuestra Majestad que como testigo de lo que he visto después que estoy en estos estados puedo certificar que hombra más recto, hábil y fiel yo no lo he conocido. Ha trabaxado más que todos los criados del señor don Juan juntos y el de ninguno hazía la confiança que del y assi deseava hazerle mucha merced y en su nombre suplico a Vuestra Majestad se la haga y mande tener cuenta con él que se hallará Vuestra Majestad muy servido de su persona, está pobrísimo por no aver tenido derechos ningunos sino es después la muerte de Escovedo y eso es una miseria, tiene mucho deseo de que Vuestra Majestad le de lizencia para irse más hablando como debo y soy obligado al servicio de Vuestra Majestad si el se va de aquí”. 584 Tras acompañar a don Juan de Austria en todas sus campañas desde que accediera al título de capitán general de la mar, a su muerte continuó su carrera en Flandes y entre 1578 y 1580 fue secretario en el gobierno del príncipe de Parma. Retornó a Castilla cuando Farnesio colisionó con su madre, nombrada gobernadora en 1580, y hubo de esperar al regreso de Felipe II de Portugal para seguir progresando en el servicio real. La oportunidad se le presentó con la necesidad de profesionalizar las estructuras del gobierno de la guerra, a mediados de la década, recibiendo título de secretario real el 13 de junio de 1585. Un año después lo era del Consejo de Guerra para los negocios de tierra y desde ahí vivió los profundos cambios producidos con la institucionalización de la Monarquía. Con Felipe III mejoró aún más su suerte, pues a partir de 1600 se le concedió la secretaría de Estado para asuntos del Norte, que ejerció hasta su muerte en junio de 1611, y la encomienda de San Coloyro de la orden de Santiago en 1603, mejorada posteriormente con la de Ocaña en 1609 (Configuración, p. 464). 585 Ibídem, “Ha que sirve al señor don Juan de tesorero veinte años muy honradamente y emprestándole muchas veces de su hacienda de los XVII tiene dada cuenta y de los tres que faltan suplica a Vuestra Majestad mande enviar horden de a quien las ha de tomar, y en caso que Vuestra Majestad mande que sea en España que Vuestra Majestad mande que los libros del grefier y suyos vayan adonde se las havran de tomar para que con mayor satisfacción se hagan, los que se las han tomado hasta aquí han sido los mayordomos y greffier”. Su biografía en Configuración, p. 463, donde destaca su nombramiento en 1584 como tesorero general de Castilla, cargo que ejercería hasta su muerte en 1591.

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incombustible aposentador mayor, guardajoyas, guardarropa y armero mayor Gonzalo Vallejo587. Los italianos, por su parte, también mantuvieron su representación a través de personajes como el gentilhombre de la boca Ludovico Vizconde, aunque con menor relevancia de la que habían tenido durante las estancias de don Juan en Italia o África. Tras el fallecimiento del hermano del rey, desde Madrid se ordenó que se preparara el traslado de su cuerpo a Castilla, así como el desmantelamiento de su Casa, gestiones que realizaron principalmente Octavio Gonzaga y Juan Bautista de Tassis588. Estos decidieron que los criados flamencos, borgoñones, italianos y alemanes fueran despedidos tras abonárseles las deudas, concediendo una ayuda de costa, que dependería de la condición de cada uno, a aquellos que estuvieran lejos de sus tierras y quisieran volver a ellas. A Juan Bautista de Tassis, al conde de Focquemberg y a los señores de Rossignol y de Gate, por su parte, se les concedieron 100 escudos de entretenimiento al mes, insistiendo en la necesidad de que se les abonaran con regularidad, y se recomendó su ingreso en los Consejos Colaterales. Por lo que respecta al resto de caballeros flamencos peticionarios, Gonzaga se encargó de estudiar los entretenimientos que se les podrían conceder, incluidos los pajes, recomendando que aquellos que tuvieran edad suficiente para servir en la guerra fueran entretenidos en la infantería. Por lo que respecta a los criados hispanos, se les mandó retornar a Castilla junto con el cuerpo de don Juan y los enseres no vendidos en pública almoneda, aunque se permitió que aquellos que quisieran servir en el ejército lo hicieran con un entretenimiento. Don Gabriel Niño de Zúñiga marchó al frente de la comitiva, acompañándole, entre otros, el contralor Joan de Vergara, el greffier Juan Gómez, el guardajoyas Gonzalo Vallejo, el tesorero Portillo de Solier o el ayo de los pajes Pedro Sánchez de Anuncibay. Agustín de Mexía, por su parte, quedó en los Países Bajos al proveerle con una compañía de lanzas de caballos ligeros vacante por la muerte de 586

“Relación de los criados...”, “Ha muchos años que sirve a Vuestra Majestad y en su servicio ha recibido muchas deudas. Ha que sirve al señor don Joan de contralor de seis años a esta parte travaxando y sirviendo lo mejor que podía hazer criado en tal officio no ha recibido otra recompensa que haverle quitado y no pagado el Virrey de Nápoles no se que sueldos que tenía en aquel Reyno. Está pobre y viejo y en estos estados ha estado dos vezes este verano al punto de la muerte. Se que el señor Don Juan suplicó a Vuestra Majestad le hiziese no se qué merced. Suplico a Vuestra Majestad que por los largos y buenos servicios deste hombre alcance la merced que su amo en vida suplicó a Vuestra Majestad que creo lo merece”. 587 “Relación de los criados...”, “Sirvió al señor Don Juan de apossentador mayor, guardajoyas, guardarropa y armero mayor ha que le sirve desde quel señor Don Juan fue a casa de Luys Quixada hale servido muy bien y el señor Don Juan no le a hecho ninguna merced y merecela que es hombre muy honrado y tiene allá no se qué pretensiones en quel señor Don Juan havía suplicado a Vuestra Majestad se la hiziese se huviere lugar justo es que Vuestra Majestad se la haga por aver tantos años servido a su hermano”. 588 “Lo que su magestad manda que se haga en lo que toca al cuerpo, casa y criados del señor don Juan que aya gloria, s. f. (1578)” en AGS, E., leg. 578, f. 36.

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Pedro Busto, alcanzando posteriormente una notable relevancia en el ejército de Flandes. Por último, unos pocos criados de don Juan continuaron sirviendo en los Países Bajos a Alejandro Farnesio, siendo los casos más destacados los de Andrés de Prada, secretario del de Parma de 1578 a 1580589, el confesor Padre Orantes y el capellán Humara. Una vez en Madrid, aquellos hispanos que ocupaban cargos de relevancia en la Casa, cuyos casos se trataron en primer lugar, no tuvieron excesivos problemas en recibir su correspondiente merced, al ser componentes del partido “papista” que seguía ostentando la hegemonía en la Corte. Sin embargo, los servidores de inferior rango se encontraron con multitud de trabas impuestas por la facción “castellana” que se comenzaba a imponer y fueron despedidos a sus respectivos lugares de procedencia con una pensión vitalicia, pero sin encontrar posibilidad de acomodo en otros servicios de la familia real590.

Además de utilizar su servicio, don Juan procuró organizar su gobierno en torno a los pocos fieles que permanecían a su lado. Por supuesto, la tendencia natural de don Juan fue la de favorecer a aquellos consejeros que apoyaban sus presupuestos ideológicos y religiosos, por lo que no es de extrañar que el personaje que adquiriera una mayor relevancia fuera su compañero de estudios Alejandro Farnesio, que había llegado a Flandes a finales de 1577, pese a la negativa de parte del Consejo de Estado a que se uniera a don Juan591. Junto al príncipe de Parma, sobresalieron otros consejeros hispanos e italianos, caso de Juan Andrea Cigoña, presente en Flandes desde que llegó en el séquito de Medinaceli592, los reseñados secretarios Escobedo, aunque este más pendiente de los asuntos de Madrid que de Bruselas, y Andrés de Prada, sobre todo después de la Jornada de Escobedo, o Louis del Río hasta su muerte el 30 de julio de 1578. Es muy curiosa la reaparición del letrado hispano-flamenco en puestos de relevancia, teniendo 589

“Apuntamientos del contador Garnica sobre lo que toca a la casa del señor don Juan y otras cosas, s. f.” en Ibídem, f. 3, “En lo que toca al secretario Prada paresce que se devría mandar que lo fuese del Príncipe, así por tenerse entendido que es buen oficial y legal y confidente, como por estar introduzido en los negocios y por la necesidad que representa que tiene, se le podrá dar agora alguna cosa o esperanças para adelante”. Para servir, se le concedieron 50 escudos de sueldo al mes. 590 La mayoría de los memoriales los despachó la Cámara en 1582 desde Lisboa. Estos se encuentran en AGS, CC, leg. 543 y hay numerosos casos como el del capellán Gaspar de Toro, el despensero mayor Juan López de Gaviria, el portero de sala Pedro Oliva,..., hasta un total de 61. 591 Sobre esas discusiones, AGS, E., leg. 2843, s. f. 592 M. A. del RÍO, op. cit., pp. 232-244.

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en cuenta su filiación política pasada; sin embargo, la falta de letrados de confianza hizo que don Juan recurriera a él e incluso le propusiera como candidato al puesto de guardasellos vacante por la muerte de Hopperus593. Su hermano, Martín Antoine, también gozó de la confianza del gobernador, lo que resulta más entendible si tenemos en cuenta sus ideas políticas y religiosas, que le llevarían a ingresar en la orden de los jesuitas en 1580594. En cuanto a los nobles flamencos que ocuparon una posición de relevancia, siempre después del juramento de don Juan como gobernador, conviene destacar al viejo Charles de Berlaymont, hasta su fallecimiento el 4 de junio de 1578, así como a sus hijos Florent, Lancelot, señor de Hauteroche, o Gilles595, barón de Hierges, éste último tras retornar al bando real después de unos meses de servicio a los Estados Generales. Junto a ellos se situaron en la confianza del gobernador Pierre-Ernest de Mansfeld y Jean de Cröy, conde de Roeulx, también tras su retorno a la obediencia real596. Por último, hay que reseñar a aquellos personajes que formaron parte de la reorganización de los Consejos Colaterales que llevó a cabo don Juan en julio de 1578, siempre dentro de la escasez de posibles candidatos que caracterizó su breve gobierno597. Por contra, otros consejeros se vieron apartados del lado del gobernador por sus ideas políticas opuestas, destacando el barón de Selles598 y el secretario Dennetières, a 593

J. VERSELE, Louis del Rio (1537-1578)..., pp. 113-121. Su biografía en M. A. del RÍO, op. cit., pp. 29-34. 595 Hijo de Charles de Berlaymont y de Marie-Adrienne de Ligne, nació en 1540. En 1572 recibió el Toisón de Oro y el gobierno de Frisia y Güeldres, tras la muerte de Charles de Brimeu, y fue también consejero de Estado y chef des finances. Recibió el título de barón de Berlaymont al morir su padre pero no lo pudo disfrutar mucho tiempo pues murió en Maastricht el 18 de junio de 1579 (G. MARTIN, op. cit, p. 76). 596 Gentilhombre de la cámara de la Casa de Borgoña de Carlos V por nombramiento de mayo de 1550, desde el comienzo de la Revuelta se mostró partidario de los católicos y con un profundo desdén hacia los Gueux. Así, participó activamente en la represión de la Iconoclastia y se acercó políticamente a Granvela y a sus “hechuras”, aunque siempre colaborando con el duque de Alba en la lucha contra los rebeldes. El 4 de julio de 1570 fue compensado por el rey con una renta perpetua de 3000 florines anuales y con el gobierno de Tournai y el de Flandes desde el 3 de julio de 1572 hasta su muerte el 9 de junio de 1581. Fue fiel durante todo el gobierno de Requesens pero durante el del Conseil d´État, Orange le recordó su vieja amistad y Roeulx cambió de bando, atacando la guarnición hispana de Gante. Don Juan consiguió volver a atraerle al conferirle el mando de la ciudadela de Namur, recién conquistada, y le nombró parte de su Consejo. Con Farnesio siguió ocupando puestos de relevancia en el ejército hasta su muerte. Había casado en 1568 con Marie de Recourt, hija del barón de Licques, con la que tuvo, al menos, dos hijas; una de ellas tuvo relaciones con Juan de Austria y la pequeña, llamada "La bella Franchina", fue amante de Alejandro Farnesio (G. MARTIN, op. cit., pp. 71-75 y Carlos V, IV, p. 131). 597 Lista de los mismos en M. A. del RIO, op. cit., pp. 233-234. 598 Al igual que su hermano Philippe, señor de Noicarmes, tuvo una destacada trayectoria en el servicio al rey marcada, sobre todo, por su nombramiento en 1558 como teniente de la guarda 594

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los que se acusó de promover la publicación de un libro ofensivo contra don Juan599. Por lo que respecta al primero, era hermano de Noircarmes y ejercía como teniente de la guarda de archeros de Corps en Madrid desde 1558. Sin embargo, en 1576 fue comisionado por el monarca a Flandes para que interviniera en las negociaciones de paz con los rebeldes, oponiéndose cuantas veces pudo a don Juan de Austria600. En cuanto al segundo, solicitó la ayuda del gobernador para obtener la plaza de guardasellos, pero la decisión de don Juan de sustentar la candidatura de Louis del Río le indignó y le llevó a alentar desde Madrid a sus contrarios.

4.4.- La desafortunada estancia de don Juan de Austria en Flandes: su relevancia internacional La primera tarea que tuvo que afrontar don Juan como nuevo gobernador fue la de ser reconocido como tal601. De tal suerte, rechazó el ofrecimiento de los Estados Generales de acudir a Bruselas, ante el peligro que ello acarreaba, y solicitó que le enviaran delegados para discutir sobre la situación. Tras un periodo de incertidumbre dentro de la asamblea flamenca, debido a la heterogeneidad de sus miembros, las negociaciones prosperaron y se declaró un alto el fuego el 15 de diciembre, que posibilitó la firma del “Edicto Perpetuo” el 12 de febrero de 1577602. Dicho Edicto puede ser considerado como la plasmación de las ideas pacifistas de Antonio Pérez y repasando sus cláusulas, se puede observar como el nuevo gobernador había cedido en aspectos que habían sido innegociables hasta la época; así, de archeros de Corps, que conllevaba el oficio de gentilhombre de la boca, gracias a la relación que mantenía con el conde de Horn, capitán de dicha guarda. A partir de 1561 se incrementó su importancia en la vida de la unidad, ya que la dirigió de forma efectiva tras el retorno del capitán a Flandes. Debido a ello, Jehan de Sainte-Aldegonde puede ser tenido por el verdadero capitán de la guarda hasta la elección de Charles de Tisnacq como interino hacia agosto de 1578. Durante su estancia en Madrid, destaca la misión que se le encomendó en junio de 1568 ante Catalina de Médicis para preocuparse de la enfermedad que esta había tenido, y el matrimonio que contrajo en 1572 con la hija del presidente Charles de Tisnacq, Catherine. El 20 de diciembre de 1576 se le dio comisión para negociar con los Estados de Flandes, aunque no obtuvo resultados positivos y se enfrentó con don Juan de Austria, abandonando Castilla para asentarse en su tierra natal definitivamente con dos mercedes: convertir su señorío de Selles en baronía y el puesto de gobernador de St. Omer, donde permaneció hasta su fallecimiento en enero de 1585 (Biografía en el DBE). 599 M. A. del RÍO, op. cit., p. 169. 600 Sobre esta labor, V. SOEN, “Een vredesgezant worstelt met de Pacificatie van Gent. De vreemde wendingen van de vredesmissie in de Nederlanden van Jan van Noircarmes, baron van Selles (1577-1580)”, BCRH, 171 (2005), pp. 135-192. 601 Un estudio clásico sobre el gobierno de don Juan en F. HUYBERS, Don Juan van Oostenrijk, landvoogs der Nederlanden, Amsterdam, 2 vols., 1913-1914. Más actual, F. WAUTERS, L´audience de Don Juan d´Autriche. Essai sur le séjour dans les Flandres (15761578), Bruselas, 2000. 602 Una copia de este texto en M. A. del RÍO, op. cit., pp. 103-105.

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reconocía la Pacificación de Gante y se comprometía a gobernar solo con flamencos, consiguiendo a cambio que los Estados mantuvieran la religión católica y le reconocieran como gobernador en cuanto hubieran partido las tropas “extranjeras”. El hermano del rey aceptó esta última condición, entre otras razones, para librarse de algunos oficiales que le eran incómodos al estar vinculados al duque de Alba, caso de Sancho Dávila, Julián Romero, Mondragón, Vargas y Hernando de Toledo. Meses después, cuando don Juan se vio obligado a reclamar el retorno del ejército, la mayoría de ellos no regresaron y solo unos pocos, caso de Mondragón, volvieron a pisar Flandes durante el gobierno de Alejandro Farnesio603. La marcha de los tercios permitió a don Juan ser recibido el 1 de mayo en Bruselas como nuevo gobernador. Una vez en la capital, intentó entablar conversaciones con el príncipe de Orange para que aceptara el “Edicto Perpetuo”, celebrándose a tal efecto una conferencia en St. Geertruidenberg del 13 al 27 de mayo. La mayoría de los autores coincide en que esta reunión fracasó por la desconfianza del noble flamenco, pese a las numerosas concesiones realizadas por don Juan604. Tras la negativa de Orange, el hermano del rey se vio obligado a abandonar Bruselas el 24 de julio y, siguiendo el consejo de fieles como Gilles o Lancelot de Berlaymont, se refugió en el castillo de Namur con sus adeptos para preparar una nueva campaña contra los Estados Generales605. Su lugar en la capital fue ocupado por Orange, recibido como un héroe el 6 de septiembre. La difícil situación de don Juan, comenzó a mejorar tras la decisión tomada por Felipe II a finales de agosto de que los tercios retornaran a tierras flamencas. Sin duda, esta resolución fue posible gracias a la mejora sustancial de la situación económica de la Monarquía que se produjo tras el acuerdo de paz logrado con los turcos, la llegada del tesoro americano a Sevilla y la liberación del crédito real. La facción cortesana comandada por Antonio Pérez trató de evitar la solución armada, pero le fue imposible y, una vez que don Juan de Austria dispuso de los tercios, se reanudó la guerra. Sin embargo, el partido “papista” no había perdido aún todo su influjo y consiguió que se conminara al hermano del monarca a que procurara evitar radicalizar el conflicto, con el

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E. MARTÍNEZ RUÍZ, op. cit., p. 34. En especial, G. PARKER, España y la rebelión de Flandes..., pp. 179-180. 605 En M. A. del RÍO, op. cit., pp. 163-164 aparece una lista de los personajes que acompañaron a don Juan de Namur a Luxemburgo para preparar un nuevo ejército. Entre ellos estaban Roeulx, Berlaymont y sus 4 hijos, así como los miembros de su Casa. Havré o Aerschot, por su parte, se quedaron en Bruselas y solo le siguieron 5 miembros de los “Consejos Colaterales”, Mansfeld, Berlaymont y Assonleville del Conseil d´État y Foncq y Louis del Río del Privé (J. VERSELE, Louis del Rio (1537-1578)..., p. 115). 604

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fin de no cercenar las posibilidades de alcanzar acuerdos con los rebeldes y con el resto de potencias europeas. Sin duda, la presencia de don Juan de Austria en el Norte de Europa había vuelto a situar la figura del gobernador general de los Países Bajos en el centro de la política exterior de Felipe II, tras el impass que supuso don Luis de Requesens. Sus relaciones con el Pontífice y su idea de Cruzada, en especial contra Inglaterra, realzaban su posición en Flandes, pese a las precarias condiciones militares y de autoridad en que se encontraba. La situación internacional del momento era harto complicada, toda vez que el archiduque Matías había aceptado el título de gobernador de los Países Bajos. Aprovechando la intención del Imperio de ser mediador entre la Monarquía y los rebeldes al desestabilizar la zona las hostilidades, varios nobles flamencos católicos encabezados por el duque de Aerschot junto con Havré, Egmont, los Lalaing y Boussu y con la oposición de Orange–ofrecieron el puesto de gobernador a un familiar del emperador Rodolfo II, decidiéndose que la mejor opción era el archiduque Matías. Aunque en un primer momento, a finales de 1576, el archiduque rechazó la propuesta, la aceptaría finalmente en agosto del año siguiente. Rodolfo II alertó de la huída de su hermano a Flandes, pero siempre se tuvo sospecha de su implicación en un asunto que volvía a reabrir las viejas diferencias entre las dos ramas Habsburgo en lo referente a la búsqueda de soluciones para el conflicto flamenco. Felipe II no se planteó en ningún momento aceptar a su familiar como gobernador, lo cual supuso que tuviera que andar con pies de plomo en sus relaciones con el Imperio, para lo cual intensificó sus acciones diplomáticas. Con tal fin, despachó a dos enviados a Viena606 y favoreció la misión de un emisario papal que debía convencer a Rodolfo II de que su hermano retornara al Imperio. Sin embargo, la solución a este desafío no estaba dentro del bando realista sino en el contrario a don Juan, ya que la oposición del príncipe de Orange resultó fundamental para que la labor de Matías estuviera condenada al fracaso y más aún cuando el duque de Aerschot fue arrestado el 28 de octubre. Aunque el noble flamenco fue liberado antes de la llegada del Matías, Orange había conseguido consolidarse como el personaje más influyente de los Estados Generales tras ser nombrado Ruwaard de

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Ambos marcharon en 1578; el primero fue don Ramiro Núñez de Guzmán, que buscaba apoyo para don Juan de Austria, así como evitar que Rodolfo II o Matías se mostraran partidarios de los rebeldes. El segundo fue el duque de Terranova, que debía llegar a acuerdos con el emperador sobre las negociaciones de paz que se entablaron en Colonia en 1579 y que fracasaron (M. A. OCHOA BRUN, op. cit., pp. 135-137).

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Brabante -cargo de origen medieval que equivalía al de protector de la provincia- y lugarteniente del nuevo gobernador, por lo que, cuando el archiduque apareció en Flandes607, se tuvo que plegar a sus designios608. Desde ese mismo momento, la aventura de Matías estaba condenada al fracaso, ya que iba a depender de un personaje que no había apoyado su candidatura al puesto. Pese a estas luchas intestinas entre los rebelados, podemos considerar que a finales de 1577 la autoridad real se encontraba en el punto más bajo desde el inicio de la revuelta, siendo Luxemburgo, Namur y parte de Brabante las únicas provincias que obedecían al hermano del rey. Sin embargo, la situación revertería tras comenzar a dar fruto las medidas adoptadas por el gobernador, que se plasmaron en la victoria en la batalla de Gembloux el 31 de enero de 1578. Las disensiones que surgieron dentro de los rebeldes entre católicos y protestantes, con un brote de calvinismo radical, aclaró el horizonte y muchos nobles flamencos retornaron a la obediencia real, caso de Valentín de Pardieu, señor de la Motte609, que tomó una decisión el 8 de abril de 1578, que traía aparejada la entrega de la plaza fuerte de Gravelinas, de donde era gobernador, junto con su guarnición. Todas estas circunstancias fueron debilitando la posición del archiduque Matías, aunque su dimisión no se produjera hasta el 15 de marzo de 1581, máxime tras el requerimiento que hicieron los Estados Generales al duque de Anjou para que tomara el gobierno610. Ya tras el Edicto de Beaulieu, Orange y los estados de Holanda y Zelanda habían propuesto al príncipe francés la soberanía de esos territorios a cambio de ayuda

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Matías juró como gobernador el 20 de enero de 1578, según las condiciones que figuran en M. A. del RÍO, op. cit., pp. 178-181. 608 G. PARKER, España y la rebelión de Flandes..., pp. 181-183. 609 Caballero de Santiago y comendador de Estiga, así como gran maestre y capitán general de la artillería de Flandes desde 1590, en que sustituyó a Charles de Mansfeld, hasta su muerte en julio de 1595. Gozó de la confianza de Farnesio, que le encargó varias misiones militares, compartiendo con él su afinidad por la Compañía de Jesús, de la que llegó a fundar un colegio en Douai (P. A. de LANNOY, Tratado sobre los Países Bajos y sus gobernadores, BNM, Ms. 1075, s. d., f. 15 r.-v.). Las conversaciones para su “reconciliación” fueron iniciadas por el factor Jerónimo de Curiel pero, al fallecer este a principios de 1578, las tuvo que culminar su sobrino Alonso (Relación de los servicios que Alonso de Curiel hizo en Flandes a su Magestad, y de los recados que en aprovacion dellos tiene, 4 de agosto de 1603, BPRM, III/6483, doc. 1). 610 M. van GELDEREN, op. cit., pp. 167-180, hace un precioso estudio sobre las razones que movieron a los Estados Generales a escoger a Anjou como gobernador general, en lugar de a Orange. De entre las diversas formas de gobierno que se barajaron para el nuevo ente político que estaba surgiendo, se eligió en primer lugar la principesca, estando influídos los Estados por el neoestoicismo de Justus Lipsius. Sin embargo, tras los fracasos de Anjou y Leicester se decidió intentar llevar a cabo una forma de gobierno republicana.

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militar611. Anjou rechazó la propuesta, al igual que había hecho Isabel I en noviembre de 1575, por lo que los Estados Generales buscaron el apoyo de Enrique III y de la reina madre durante una entrevista en Blois. Sin embargo, las negociaciones tuvieron que paralizarse tras el reinicio de las guerras de religión, fruto del fracaso de la reunión de los Estados Generales franceses en dicha ciudad de Blois y de la abolición del Edicto de Beaulieu. Por decisión real, se colocó a Anjou al frente de las tropas reales para asegurarse su lealtad, aunque, en realidad, serían Nevers, Guisa y Mayenne los que las comandarían. Pese a ratificar con esta medida su condición de católico y perder su imagen de defensor de la tolerancia o de los “politiques”, hay que reseñar que el insigne filósofo Jean Bodin formaba parte de su servicio personal, Anjou no vio afectada su reputación en Flandes y, tras la captura de Namur por don Juan de Austria, los esfuerzos de los Estados Generales flamencos por atraerle se redoblaron. En respuesta a esta petición, Guisa se ofreció a prestar ayuda a don Juan, devolviendo en cierta medida la prestada por la Monarquía a la causa católica francesa en ocasiones anteriores y anticipando el nacimiento de la Liga Católica612. Temeroso de las posibles consecuencias de ambas acciones, Enrique III procuró evitar las aventuras de sus dos cortesanos a través del envío de un emisario a Madrid, con la firme intención de proponer el matrimonio de Anjou con Isabel Clara Eugenia. Sin embargo, el clamor en Flandes era firme y todos aquellos que habían apoyado el nombramiento de Matías pasaron a poner a Anjou por delante en sus preferencias, excepto Aerschot y Lalaing, que se quedaron solos en su defensa del hermano del emperador. Éste fervor, unido al desenlace de la batalla de Gembloux, decidió definitivamente al príncipe francés, que marchó a su apanage para reclutar tropas. Dicha maniobra encendió las alarmas de Enrique III y de Catalina de Médicis que, apoyados por el enviado papal Frangipani, intentaron hacerle cambiar de idea, pero fue en vano, pues tras llegar a un acuerdo con los Estados de Hainaut el 12 de julio de 1578 se presentó en Mons. El 19 de ese mes, Orange convenció a los Estados de la necesidad de reconocerle oficialmente y envió a Aerschot a darle la bienvenida, nombrándosele el 13 de agosto “Defensor de las libertades de los Países Bajos contra la tiranía española”, tras mostrar su predisposición a llegar a un acuerdo con Isabel I y a aportar 12000 hombres a las tropas rebeldes.

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Sobre estos años en la vida de Anjou, M. P. HOLT, The duke of Anjou..., pp. 70-112. P. O. DE TÖRNE, “Philippe II et Henri de Guise, le debut de leurs relations (1578)”, Revue historique, 167 (1931), pp. 323-324.

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A este contigente se unió otro de 12000 soldados comandado por Juan Casimiro, administrador de Renania-Palatinado, y pagado por Inglaterra, temerosa de que Francia influyera en exceso en los Países Bajos. Gracias a estas aportaciones, el ejército de los Estados Generales pasó a tener unos 50000 hombres lo que, paradójicamente, causó su ruina, ya que no disponían de recursos suficientes para pagar a todos y las tropas reaccionaron de la manera habitual, es decir, amotinándose. Ante esta situación, y la negativa de varias ciudades a ponerse bajo su mando, Anjou intensificó las conversaciones de matrimonio con Isabel I, que volvió a darle largas. Todo ello provocó que el príncipe francés retornara a Francia en enero de 1579, sin apenas dinero ni tropas. Estas circunstancias favorables no pudieron ser plenamente aprovechadas por don Juan de Austria, debido a su aislamiento en la Corte de Madrid, que murió en plena campaña en Namur el 1 de octubre de 1578613. Poco antes de fallecer había nombrado como sucesor a Alejandro Farnesio, que aún necesitaría recibir la sanción real, dando así inicio a uno de los gobiernos más largos de Flandes en el siglo XVI, solo superado por los de Margarita de Austria y María de Hungría. Mención aparte merecen las relaciones de don Juan de Austria con Inglaterra614. Hay que recordar que una de las razones que convenció al hermano del rey para aceptar el cargo de gobernador de Flandes había sido la de poder estar más cerca de las islas, para poner en práctica su idea, alentada por Roma, de expulsar a la reina “hereje” y situar en el trono inglés a reyes católicos afines. En las propias instrucciones del gobernador, en concreto en la secreta principal, se trataba de la empresa de Inglaterra, aunque marcaba que para poder iniciarla se debían cumplir sine quanon tres condiciones: que los Países Bajos estuvieran totalmente pacificados, que hubiera neutralidad francesa y que se llegara a acuerdos con los católicos ingleses. Se establecía, asimismo, que Julián Romero fuera el general de las tropas que marcharan desde Flandes y que la empresa se hiciera en nombre de don Juan para liberar a la reina católica, María Estuardo, y excomulgar a Isabel. Aunque el nuncio Ormaneto desde Madrid contemplaba a don Juan como el perfecto candidato para llevar a cabo la empresa, el monarca decidió que, en principio, no se pondría en conocimiento del Papa, aunque se contemplaba la posibilidad de solicitarle ayuda posteriormente,. Una vez en Flandes, don Juan envió como emisario a Inglaterra a su gentilhombre de la cámara, el señor de Gate, en diciembre de 1576 como gesto de buena 613

Tres relaciones de su muerte y el viaje de su cuerpo a Castilla en CODOIN, VII, pp. 247257, 264-267 y 443-448. Otra narración de la misma en M. A. del RÍO, op. cit., pp. 245-246. 614 Sobre este asunto, P. O. de TÖRNE, Don Juan d´autriche et les projets..., II, passím.

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voluntad. Sin embargo, Isabel I era consciente del peligro que suponía la presencia del hermano del rey tan cerca de su territorio y forzó a Holanda y Zelanda a que propusieran en la firma del “Edicto Perpetuo” que las tropas “extranjeras” que debían abandonar territorio flamenco lo hicieran por tierra y no por mar, evitando así que pudieran ser utilizadas en la invasión de la isla. No se equivocaba la reina inglesa en sus planteamientos, ya que las intenciones de don Juan eran claras y estaban siendo alentadas por el Papa, que decidió enviar por primera vez a los Países Bajos un prelado con categoría de nuncio. Este fue Filippo Sega, cuyas atribuciones le fueron concedidas por Gregorio XIII el 11 de febrero de 1577, siendo su cometido real ocuparse de la pacificación de los Países Bajos y promover el ataque a Inglaterra. Su estancia en Bruselas fue muy breve, ya que en julio de ese mismo año se le destinó a Madrid como nuncio y no se le nombró sucesor615, pero desde la capital de la Monarquía continuó promocionando la invasión de Inglaterra. Este impulso se vio frenado el 15 de octubre de ese año, cuando el secretario de Estado del Papa, el cardenal de Como, le ordenó que no insistiera en la causa, ya que las circunstancias en que se encontraba Flandes y la Paz en Francia tras el tratado de Bergerac de septiembre no permitían la libre acción de la Monarquía. Desde esa fecha, el Papa pasó a apoyar otras expediciones sin intervención directa de Felipe II, como fueron las de Geraldine o Stukeley. El propio don Juan de Austria, por su parte, fue consciente de la desfavorable situación y decidió contemporizar su agresiva política. Este cambio de actitud provocó un acercamiento con Isabel I, que en enero de 1578 decidió enviar al embajador Thomas Wilks con la oferta de restablecer el libre comercio, intercambiar embajadores y la posibilidad de ejercer de mediadora con los rebeldes. De esta manera, se levantó el embargo contra Inglaterra y se restablecieron las relaciones diplomáticas normales con el nombramiento de Bernardino de Mendoza como embajador en Londres, donde llegó a comienzos de 1578, siendo el primero que entraba en Inglaterra tras la expulsión de Guerau de Spes. Pese a este acercamiento, Inglaterra había abandonado la neutralidad que la había caracterizado desde 1572 a 1576, pasando desde ese momento a la ofensiva, aumentando su intervención en Flandes en años posteriores616. Así, el 7 de enero de 1578 llegó a un acuerdo con los Estados Generales y les envió en junio una embajada 615

H. BIAUDET, Les nonciatures apostoliques permanentes jusqu´en 1648, Helsinki, 1910, p. 32 y A. FERNÁNDEZ COLLADO, Gregorio XIII y Felipe II en la nunciatura de Felipe Sega (1577-1581), Toledo, 1991, pp. 135-168. 616 Sobre la política inglesa durante esos años, W. T. MaCCAFFREY, op. cit., pp. 217-266.

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compuesta por Walsingham y Lord Cobham, con el fin de conocer las intenciones de Orange con respecto a Francia. Pese a que ambos emisarios retornaron a Inglaterra sin llegar a acuerdos en firme, pusieron las bases para un entendimiento posterior, que alcanzaría su grado máximo en 1585617.

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Ch. WILSON, op. cit., pp. 63-85.

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CAPÍTULO 5

AUGE Y DECLIVE DE UN PRÍNCIPE ITALIANO: EL GOBIERNO DE ALEJANDRO FARNESIO (1578-92)618

5.1.- El ascenso del “partido castellanista” y la institucionalización de la Monarquía: su plasmación en los asuntos flamencos La hegemonía del “partido papista” se prolongó desde 1576 a 1579, periodo durante el cual el emergente “partido castellanista” llevó a cabo una oscura labor de oposición619. Su primera acción de cierta relevancia, tuvo lugar ya en el mismo 1576, cuando, tras fallecer el secretario del Consejo de Italia Diego de Vargas, el propio Antonio Pérez trató de unir esa secretaría a la que él ostentaba como secretario de Estado para los asuntos italianos, recurriendo a todos los resortes a su alcance, incluida la intervención del propio don Juan de Austria desde Flandes. Aunque Mateo Vázquez no consiguió evitar el nombramiento, si pudo retrasarlo durante bastante tiempo. Esta oposición comenzaría a rendir frutos hacia 1578, gracias a aprovechar el grupo castellano recursos tanto internos, como eran las Visitas, como externos, caso de los acontecimientos en Portugal y el fallecimiento de don Juan de Austria, así como el asesinato de Escobedo. Asimismo, decidió actuar sobre la conciencia del rey a través del nombramiento de Fray Diego Chaves, afín a Vázquez, como confesor real, en lugar del fallecido Fresneda. La muerte del duque de Sessa y el abandono de la Corte del marqués de los Vélez, que permitió situar al “castellanista” conde de Barajas como mayordomo mayor de la reina, indicaron a Mateo Vázquez que era el momento de iniciar el asalto definitivo al poder, siendo su primer y sorprendente movimiento realizar un acercamiento al patrón de la facción contraria. El lógico rechazo de éste permitió a la antigua “hechura” de Espinosa aparecer como víctima de la conducta de Pérez, marcando, junto a la crisis de sucesión lusa, la caída final del “partido papista” en paralelo al triunfo del “castellanista”. Así, en marzo de 1579 el monarca rescató de Italia al cardenal Granvela620, cuya llegada a Madrid coincidió con el final de los dirigentes “papistas” al ser arrestados Pérez y la princesa de Éboli el 28 de julio, y ocupó las 618

Un resumen de este apartado y del resto del capítulo en nuestra ponencia en prensa, “Alessandro Farnese and the Court of Philipp II: fights and court factions in Madrid and Brussels between 1585 and 1592” presentada para las actas del Congreso Internacional Alessandro Farnese e le Fiandre. Alessandro Farnese at the Low Countries, organizado por la Katholieke Universiteit Leuven y el Koninklijk Nederland Instituut te Rome en octubre de 2005. 619 Sobre estos años de pugnas cortesanas, Configuración, pp. 138-147. 620 Su estancia en Madrid en M. van DURME, op. cit., pp. 343-386.

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vacantes que había en los Consejos con personajes afines a Vázquez: Hernando de Vega como presidente de Hacienda, Antonio Padilla en Indias y Barajas en el Consejo de Órdenes. Durante la estancia de Felipe II en Badajoz y Portugal de 1580 a 1583, el grupo “castellanista” fue perfilando su forma de organización del gobierno, al mismo tiempo que continuaba apartando de los puestos de relevancia a los personajes que aún quedaban de la facción “papista”, como Antonio Mauriño de Pazos. Mateo Vázquez dominó la escena cortesana durante esos años, pero había ciertos indicios de que esa posición no iba a ser permanente, como el fracaso de sus gestiones por dominar Estado y Guerra atrayéndose a Granvela e Idiáquez. De este modo, una vez hubo retornado Felipe II a Madrid, se podía atisbar el ascenso imparable de otros patronos que acabarían restando importancia al secretario. Juan de Zúñiga era uno de los que apuntaba más alto, pero su ascenso se vio truncado con su fallecimiento en 1586, lo que, unido al deceso del cardenal Granvela el mismo año, permitió a Juan de Idiáquez ocupar su puesto, convirtiéndose en patrón cortesano sin necesidad de la intermediación de Mateo Vázquez621. Junto al secretario, y tomando el relevo de su padre, adquirió gran influencia el III conde de Chinchón622. Por último, cabe destacar a Cristóbal de Moura, situado en la corriente ideológica opuesta al castellanismo, pero que acabó haciéndose partícipe de muchas de las ideas que este propugnaba623. Este relevo cortesano, por supuesto, tuvo una honda repercusión sobre el gobierno de Alejandro Farnesio en Flandes, aunque para comprender toda su trascendencia debemos remontarnos unos años atrás. En concreto hasta 1555, fecha del origen de la vinculación de los Farnesio a Felipe II tras el nombramiento del cardenal Caraffa como Papa y el inicio de las relaciones que entabló Margarita de Parma, hija natural de Carlos V, con el nuevo monarca624. Fruto de ese entendimiento resultó la

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Su biografía en F. PÉREZ MÍNGUEZ, D. Juan de Idiáquez: Embajador y consejero de Felipe II, San Sebastián, 1932 y Configuración, pp. 408-409. Últimamente, se ha venido resaltando su capacidad para acercarse a las corrientes “papistas” al final del reinado de Felipe II, lo que le permitió seguir teniendo un papel relevante en la Corte de Felipe III hasta su muerte en 1610 (H. PIZARRO LLORENTE, “El Consejo de Órdenes”, Felipe III, III, pp. 304-305). 622 S. FERNÁNDEZ CONTI, "La nobleza cortesana: Don Diego de Cabrera y Bobadilla, tercer Conde de Chinchón", en J. MARTÍNEZ MILLÁN (dir.), La Corte de Felipe II,..., pp. 229-270 y Configuración, pp. 337-338. 623 A. DANVILA Y BURGUERO, D. Cristóbal de Moura, primer Marqués de Castelrodrigo (1530-1613), Madrid, 1900 y Configuración, pp. 437-438. 624 En general, sobre el decurso de la vida cortesana de Farnesio, J. MARTÍNEZ MILLÁN, "Alessandro Farnese, la Corte di Madrid e la monarchia cattolica", en A. BILOTTO, P. DEL

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firma de un acuerdo ese mismo año, por el cual Alejandro, que a la sazón contaba con 10 años, fue enviado a la Corte del monarca hispano para servir al príncipe don Carlos625. La cercanía de su madre a la facción “ebolista” supuso que fuera educado en los principios que esta propugnaba. Sin duda, esta es la razón principal de la estrecha relación que Alejandro Farnesio mantuvo con la orden de los jesuitas, a la cual pertenecerían sus confesores y entre los que sobresaldría Thomas Sailly durante su estancia en Flandes626. Durante sus años de gobierno, el príncipe de Parma hizo todo lo posible por ayudar a la Compañía, que había sufrido enormemente en el periodo comprendido entre 1567 y 1578, a través de diversas intervenciones como la creación de la Missio Castrensis627, la fundación de varios colegios o, lo más importante, la intermediación que realizó para que se les NEGRO y C. MOZZARELLI (eds.), I Farnese. Corti, guerra e nobiltà in antico regime, Parma, 1997, pp. 93-116. 625 Sobre la educación y los primeros años de la vida de Farnesio, P. FEA, Alessandro Farnese Duca di Parma. Narrazione storica e militare scritta sulla scorta di documenti inediti, Roma, 1886, pp. 1-42 y L. VANDER ESSEN, Alexandre Farnèse prince de Parme, gouverneurgénéral des Pays-Bas, 1545-1592, Bruselas, 1933-37, I y II. 626 Nacido el 22 de abril de 1553 en Bruselas de Simon Sailly y Catherine de Parenty. Dos de sus tíos maternos eran eclesiásticos y con uno de ellos, Philippe, canónigo de Sainte-Walburge en Furnes, comenzó a estudiar. Posteriormente fue enviado a los seminarios de Ypres y Lovaina, dándosele después el canonicato en la iglesia colegial de Furnes. Su otro tío eclesiástico, Thomas de Parenty, abad de Saint-Vaas en Arrás, le propuso entrar en la orden benedictina y aunque Thomas lo rechazó consiguió que se le nombrara canónigo de dicha ciudad. Poco después, el 25 de enero de 1578, ascendió al grado de presbítero y viajó a Douai como subregente del colegio de Marchiennes. Dos años después pidió su ingreso en la Compañía de Jesús, renunciando a sus beneficios al entrar a profesar. Comenzó su noviciado en Roma, donde permaneció hasta otoño de 1582 en que fue a Europa Oriental con Antonio Possevino, a quien Gregorio XIII le había confiado varias misiones diplomáticas en Polonia, Transilvania y Lituania. Con él permanecería hasta que en 1586 tuvo que retirarse a su país debido a los rigores del viaje. Al tiempo de marchar de Polonia, el rey Esteban Báthory le confió un mensaje secreto para Farnesio, ganándose así la confianza del gobernador que le nombró su confesor y al cual acompañaría en todas sus campañas e incluso asistió en la hora de su muerte. Su gran obra fue el establecimiento, el 8 de noviembre de 1587, de la misión castrense con la anuencia del superior François Coster, de la cual fue superior durante unos 20 años, por lo que acompañó en sus campañas a los gobernadores posteriores a Farnesio y a los Archiduques siendo la del Palatinado en 1620 junto a Spinola la última. De igual manera, adquirió cierto papel político, como lo demuestra el hecho de que en 1598 acompañara al almirante de Aragón en su embajada a Rodolfo II, de la que escribió una relación en latín, así como en las conversaciones en Vervins previas al Tratado. Así mismo, en 1595 fue nombrado superior de la residencia de Bruselas y en 1604 formó un colegio, siendo de 1611 a 1616 su rector. Fue un prolífico escritor y, aunque tuvo que tratar con los poderosos, no poseía las cualidades que requería un cortesano y prefería estar con los humildes recibiendo el sobrenombre de "Padre de los pobres". Falleció en Bruselas el 8 de marzo de 1623, siendo su última obligación confesar a las damas de la Infanta Isabel Clara Eugenia (BIOGRAPHIE NATIONALE, XXI, pp. 46-51; J. SCHOONJANS, op. cit., pp. 537-538; A. S. I. MORES, Compagnons. Les jésuites en Belgique hier et aujourd´hui, Bruselas, 1956, p. 45 y Ch. E. O´NEILL y J. Mª. DOMÍNGUEZ, Diccionario histórico de la compañía de Jesús. Biográficotemático, Madrid-Roma, 2001, IV, pp. 3463-3464). 627 J. SCHOONJANS, op. cit., pp. 523-540 y A. DENEEF et alíi, Les jesuites belges. 15421992. 450 ans de Compagnie de Jésus dans les Provinces belgiques, Bruselas, 1992, p. 45.

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otorgara en 1584 un status mejor que el de 1556, ya que se les concedía pleno derecho de asentamiento en las provincias meridionales y se les reconocía sus privilegios628. Durante su estancia en la Corte madrileña, Alejandro Farnesio estudió en Alcalá de Henares junto a don Carlos y a don Juan de Austria y de este periodo data la amistad que forjó con este último, al que acompañaría en casi todos sus destinos. Su cómoda posición en la Corte se vio truncada con la pérdida de influencia de la facción “ebolista”, por lo que se vio obligado a abandonar Madrid en 1565, momento que su madre aprovechó para concertarle matrimonio con la princesa María de Portugal. Dicho enlace resultó no ser del agrado de Alejandro, lo que provocó que las primeras discrepancias entre madre e hijo hicieron acto de presencia, y que, como sabemos, se reproducirían unos años más tarde629. Dos años después, Farnesio intentó entrar a servir en el ejército del duque de Alba que iba a acudir a los Países Bajos, pero Felipe II no se lo concedió por la firme intención que tenía de evitar conflictos entre ellos, debido a lo opuesto de los mundos ideológicos que representaban. Reflejo de estas discrepancias fue el enfrentamiento que Fernando Álvarez de Toledo mantuvo con Francisco Paccioto de Urbino, antiguo preceptor de Farnesio630. La situación cortesana de nuestro personaje mejoraría a raíz del cambio faccional que se comenzó a producir en Madrid desde los primeros años de la década de los 70 con el surgimiento de la facción “papista”, a la cual se vincularía indefectiblemente. Esto permitió que Farnesio se uniera a la expedición que iba a luchar contra los turcos en el Mediterráneo y el 27 de julio de 1571 se embarcó en Génova junto a los archiduques Rodolfo y Ernesto, combatiendo a los otomanos hasta 1573. Una vez disuelta la “Santa Liga” retornó a sus estados, donde permanecería hasta 1577, periodo durante el cual inició una correspondencia con el secretario Antonio Pérez, 628

A. S. I. PONCELET, Histoire de la Compagnie de Jésus dans les anciens Pays-Bas. Établissement de la Compagnie de Jésus en Belgique et ses développements jusqu´à la fin du règne d´Albert et d´Isabelle (1542-1633), Bruselas, 1927, I, pp. 327-351; ID., Nécrologe des jésuites de la province flandro-belge (1544-1773), Wetteren, 1931, p. XXII y A. DENEEF et alíi, op. cit., p. 32. 629 P. FEA, op. cit., pp. 18-20. 630 Hábil ingeniero militar, realizó la Jornada de 1567 con Alba desde Italia a Flandes, aunque su estancia duró pocos meses debido a la confrontación que mantuvo con el gobernador. La opinión del Duque sobre el ingeniero la plasmó en una misiva a Felipe II el 1 de septiembre de 1568, CODOIN, XXXVII, p. 378, "Pachote es tan gran vellaco que ni viene ni ya yo querría que viniese. Suplico á V. Majestad mande que no se le envie á Italia el despacho para ser pagado de lo que se le debe, sino aquí á mí para usar dél conforme á lo que me paresciere. A Francia he enviado á tratar con el que está allí, y hánme certificado que le traeran y que se contentará con lo que V. Majestad le envió á ofrescer desde Madrid". Paccioto no volvería a Flandes hasta ser reclamado en 1578 por Farnesio.

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relación que le permitiría la posibilidad de acudir, esta vez sí, a Flandes a luchar cuando fue requerido por su amigo don Juan de Austria. Nada más hacer su entrada en los Países Bajos se puso a las órdenes de don Juan y permaneció a su lado hasta su muerte, momento en que tomó el testigo en el gobierno de Flandes. Este nombramiento le auguraba un futuro brillante, pero, sin embargo, su vinculación a la facción “papista” se volvería en su contra tras la caída de Antonio Pérez y la creciente influencia de los “castellanistas”, lo que supuso su aislamiento cortesano. Ante estos cambios, Farnesio intentó establecer correspondencia con Juan de Zúñiga, pero el fallecimiento de este cercenó toda posibilidad de entendimiento con los patronos que habían tomado el poder en Madrid. Debido a ello, el de Parma solo se mantuvo en el gobierno de Flandes durante tanto tiempo gracias a sus victorias militares y, una vez estas cesaron, se comenzó a barajar su destitución.

Al mismo tiempo que se producía el relevo faccional apuntado anteriormente, se llevaron a cabo una serie de reformas que acabaron de configurar la Monarquía Hispana de la Edad Moderna y que establecieron unas estructuras que llegaron hasta la época de los Borbones. Estos cambios se llevarían a cabo, sobre todo, a partir de 1585 y se encaminaron a separar gubernaculum y jurisdictio, que hasta ese momento habían permanecido unidos. Los Consejos se institucionalizaron tras dotarles de instrucciones y jurisdicciones definidas, al mismo tiempo que se les vaciaba de contenido político631, ya que las decisiones relacionadas con ese ámbito se tomarían en otros organismos recién creados como la Junta de Noche o el Valimiento, lo que suponía el verdadero inicio del sistema polisinodial. Estas transformaciones vinieron a confirmar una tendencia que venía observándose desde la muerte del cardenal Espinosa, la cual vinculaba el poder político a la nobleza, mientras los letrados, que curiosamente eran quienes habían hecho posible esta reforma, pasaban a ocuparse de los asuntos jurisdiccionales. Desde ese momento, tanto consejeros como secretarios actuarían como tales, con la excepción de Juan de Idiáquez, evitando así las equívocas situaciones ocurridas en tiempos pretéritos. Entre los Consejos que fueron reformados nos encontramos a los de Cámara, que recibió ordenanzas en 1588, Indias, Hacienda u Órdenes, a los que se les realizó una

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Sobre la evolución de los Consejos en la última quincena de años del siglo XVI, J. MARTÍNEZ MILLÁN, “La Corte de la Monarquía Hispánica..”, pp. 51-57.

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Visita, quedando únicamente el Consejo de Estado al margen de estas medidas aunque también experimentara cambios632. Con estas medidas se culminaba el final de un proceso que había durado prácticamente todo el reinado de Felipe II y que seguía el principio de que la armonía del cuerpo político se fundaba en la jerarquía y desigualdad de los territorios con Castilla al frente, lo que suponía que este reino y sus Consejos constituyeran el fundamento de la entidad política a la que pertenecían. Al articular ordenadamente los territorios, se dotó de corporeidad a la Monarquía y se redujo la “independencia” de cada dominio, actuación que había sido inviable hasta que no existió esa distinción entre lo político y lo jurisdiccional. Por lo que respecta a los consejos territoriales, caso del de Aragón, Italia, Portugal o Flandes, este proceso derivó en que en vez de representar los intereses de cada dominio como traslación de sus Consejos Colaterales a la Corte, sirvieran para articular el poder del rey sobre cada territorio, convirtiéndose así en guardianes de territorios administrados. La Monarquía se territorializaba en espacios de control para, de esta manera, no ser un “reino múltiple” o “monarquía compuesta” sino una “monarquía articulada”, ya que se establecía un orden jerárquico de las partes que la sustraía de un modelo confederal o de una comunidad solo cohesionada por pertenecer cada territorio a un mismo Príncipe. Por supuesto, esto generó multitud de conflictos de precedencias, al representar el protocolo la importancia atribuida y reconocida a los territorios, estados o materias. Sobre la geografía espacial, acabaría imponiéndose la geometría de la autoridad633. La creación de un consejo territorial que se ocupara de los asuntos flamencos fue, lógicamente, la primera gran medida que se tomó para reformar la manera de llevar los asuntos flamencos e insertarlos dentro de ese proceso de institucionalización. No es nuestra intención estudiar en profundidad en estas páginas el Real y Supremo Consejo de Flandes y Borgoña, como ya han hecho otros autores634, sino encuadrar su fundación dentro de esta transformación y ver las competencias que se le adjudicaron. El interés por instaurar un Consejo flamenco en Madrid no era nuevo y ya se había sopesado tal idea, como ya señalamos, en 1570 y 1574. En esta última fecha se habían entablado conversaciones de paz con los rebeldes, siendo una de sus condiciones

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S. FERNÁNDEZ CONTI, Los Consejos de Estado y Guerra..., pp. 207-208. M. RIVERO RODRÍGUEZ, "El Consejo de Italia y la territorialización...”, pp. 108-113. 634 J. M. RABASCO VALDÉS, El Real y Supremo Consejo de Flandes y de Borgoña (14191702), Tesis doctoral de la Universidad de Granada, 1978, pp. 202-225 y R. VERMEIR, op. cit., passím 633

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la creación de dicho Consejo, aunque su idea era que dicho tribunal supusiera la traslación de los Consejos Colaterales a Madrid para poder representar mejor sus intereses, presupuesto compartido por el “partido ebolista” y, posteriormente, el “papista”. Durante el debate en la Corte de la Monarquía, Hopperus planteó que solo sería viable si disponía de amplias competencias y estaba compuesto por un número suficiente de consejeros, al menos 7635. El fracaso de las negociaciones dejó en suspenso cualquier decisión al respecto, pero la idea no cayó en el olvido y don Juan de Austria propuso a Havré el 6 de marzo de 1577 como posible miembro de dicho Consejo636. Mientras, en Madrid se mantenía el llamado “Ministerio Colateral”, aunque tras la creación de la Junta de Flandes y la muerte de Hopperus desarrollaba muy poca actividad. El guardasellos no fue relevado hasta 1580, siendo el secretario Dennetières quien se ocupó interinamente de los asuntos durante ese periodo, aunqueo con una labor meramente administrativa, pues no disponía de los contactos del fallecido guardasellos y Antonio Pérez restringió su margen de maniobra para poder llevar personalmente los asuntos. La situación se modificaría tras la caída en desgracia del secretario, ya que el cardenal Granvela intentó reactivar dicho “Ministerio” nada más llegar a Madrid con el nombramiento de dos personajes afines y viejos conocidos nuestros; el 24 de marzo de 1580 nombró a Jean Foncq como nuevo guardasellos y el 20 de agosto a Alonso de Laloo como secretario. Ambos partieron con Felipe II a Portugal y permanecieron junto a él durante los tres años que duró la estancia en el país vecino637, con lo que Granvela pudo recibir información de primera mano sobre las decisiones tocantes a los Países Bajos. Tras el retorno de la Corte a Madrid, se empezó a barruntar una reforma en el modo de tratar los asuntos, al albur de las que se venían produciendo en el resto de la Monarquía, y la ocasión perfecta se presentó con el fallecimiento de Foncq en Monzón el 10 de octubre de 1585. Pocos meses después, los consejeros más cercanos al rey decidieron que se iba a pasar del llamado “Ministerio Colateral” al futuro Real y Supremo Consejo de Flandes y de Borgoña, escribiendo acto seguido Felipe II a Alejandro Farnesio para informarle sobre la decisión y solicitándole que designara un

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“Cosas a conceder en Flandes”, 22 de junio de 1575, AGS, E., leg. 559, f. 84. J. M. RABASCO VALDÉS, “Una etapa del Consejo de Flandes y de Borgoña...”, p. 71. 637 En una misiva del 18 de enero de 1583 (IVDJ, Envío 47, doc. 313), Laloo informaba a Mateo Vázquez de que era inminente su retorno y el de Foncq a Madrid tras su estancia en Portugal. 636

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nuevo guardasellos, así como dos consejeros, uno flamenco y otro borgoñón, para que se integraran en el futuro Consejo638. El príncipe de Parma retrasó la respuesta al requerimiento real hasta febrero de 1586 y en ella insistió, pese a su deteriorada posición cortesana, en la inutilidad de modificar la manera de llevar los asuntos que se había utilizado hasta el momento639. Debido a ello, el gobernador solo propuso candidatos para el puesto de guardasellos, obviando dar nombres para los dos consejeros, siendo sus patrocinados Jean van der Burch640, Assonleville, Nicolás Damant641 y Jean Richardot. Aunque Farnesio se 638

Minuta a Farnesio, 22 de diciembre de 1585, AGS, E., leg. 2218, f. 18, "Pero queriendo que desta vez se ponga esto en buena forma, y parezciendome que lo era la que en años passados se uso de haver algunos consejeros debaxo del dicho Guardasellos, he resuelto que juntamente con el ressidan en mi corte otros dos consejeros hombres de letras y ropa larga, que el uno dellos sea natural de mis estados baxos de la lengua flamenca y el otro de mi Condado de Borgoña y porque parezce bien (aunque no es de obligación que el Chanciller de la orden ressida tambien cabe mi) y el que ha de exercer este officio se requiere que sea persona eclesiástica, convendría que lo fuesse alguno de los tres, y aun seria mas decente que acertasse a serlo el principal juntandose lo de los sellos y de la orden en uno mismo, porque assi sea mas respectado de los otros el que ha de ser cabeça de los negocios, lo que no sería tanto dividiendose. Solo esto de no ser eclesiástico ay que mirar en Bandemburg y sabiendo el zelo que vos tendreys en proponer personas que convengan a mi servicio os encargo me aviseys si se os offrezce algún eclesiástico tal como conviene que sea para poderle encomendar estos dos officios juntos, y también me propondreys personas de flandes y de Borgoña para que vengan aca a ser en la forma dichos consejeros advirtiendo que no se hallando eclesiástico para lo principal, lo sea uno destos dos y en particular el de flandes. Todo lo qual os he querido comunicar como es razón porque assí que estoy resuelto en la forma porque assí conviene, confío mucho de lo que vos me ayudareis a acertar en la elección. (A continuación tachado) Y no os de nadie alla a entender que esta traça ha de ser parte para derogar en nada la autoridad de vuestro cargo porque yo no lo consentiré sino que con ella y con vos se tenga en todo la quenta y miramiento que es razón (de nuevo sin tachar) y aunque estas eran materias propias de la lengua francesa, he querido por mas secreto que vayan por esta via. Vos guardareys alla el mismo en todo lo que a esto tocare hasta ver la resolución que vista buestra respuesta yo tomaré, y junto con el secreto os encargo la brevedad porque esta correspondencia de los despachos en francés no está bien sin dueño y ministros". 639 Para tal fin, el 28 de febrero escribió tanto a J. de Idiáquez (CPh. II, III, nº 204, pp. 90-91) como a Felipe II en dos ocasiones (Ibídem, nº 195, pp. 83-85 y AGS, E., leg. 589, f. 126, Cfr. J. M. RABASCO VALDÉS, El Real y Supremo Consejo de Flandes..., p. 202). 640 Natural de Brujas, su primer cargo en la administración fue el de consejero de Flandes y, posteriormente, de Malinas, cargo que obtuvo el 26 de noviembre de 1569. El 1 de octubre de 1579 fue promocionado al Conseil Privé, obteniendo la presidencia del Gran Consejo de Malinas el 12 de diciembre de 1583. Finalmente, el 16 de junio de 1592 se convirtió en Chefprésident del Consejo Privado, cargo que ostentaría hasta su fallecimiento el 5 de julio de 1595 (P. ALEXANDRE, op. cit., p. 397). 641 Nacido en Bruselas en 1531, perteneció a una familia que ya se había distinguido en el servicio a Carlos V, sobre todo su padre Pierre que fue su guardajoyas. Fruto del matrimonio de este con Anne Bave nacieron varios hijos entre los que destacaron, además de Nicolás, Pierre Damant, deán de S. Bavón y obispo de Gante, y François Damant, guardajoyas y bibliotecario real en Flandes así como rey de armas del Toisón de Oro en Madrid y baillí, capitán y castellano de Courtrai. Nicolás hizo sus estudios en derecho y ejerció como abogado, al parecer con cierto éxito, pero su carrera se orientó enseguida hacia la administración. Entró en el Consejo de Brabante como consejero extraordinario y fue el duque de Alba quien le hizo consejero efectivo el 7 de mayo de 1568, comenzando así una fructífera carrera al servicio de Felipe II. Damant se mantuvo en dicho Consejo hasta que Alejandro Farnesio se hizo cargo de la gobernación de

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inclinaba por este último, declaró que no podía prescindir de él, por lo que presentó la elección de Damant como la más adecuada642. La decisión de instaurar el nuevo Consejo estaba tomada, por lo que no se contempló la opinión del gobernador de Flandes en cuanto a la formación del mismo, aunque sí en la identidad del guardasellos, pues se le comunicó el 5 de julio la elección de Damant. Al mismo tiempo, se le instaba al nombramiento de los consejeros643, cuestión sobre la que hubo que insistirle posteriormente644. Aunque el gobernador de Flandes acató la decisión, no cejó en su empeño de demorar la elección el mayor tiempo posible645. Tras agotar al máximo los plazos, no tuvo más remedio que señalar a Jean-

Flandes, momento en que, gracias a gozar de su favor, conseguiría el cargo de consejero y Maître des Requetes (relator) en el Conseil Privé el 7 de mayo de 1582 y el de canciller de Brabante el 13 de junio de 1585. Igualmente, el gobernador se acordó de él cuando desde Madrid se le pidió que nombrara un guardasellos o presidente para el recién creado Real y Supremo Consejo de Flandes y Borgoña. El nombramiento se produjo el 21 de abril de 1587 y enseguida viajó a Castilla junto a, entre otras personas, Jehan Charles Schetz de Grobbendoncq, pariente de su mujer, consejero de Malinas y recientemente elegido como consejero del nuevo Consejo creado en Madrid. Tanto Damant como Schetz recibieron su nombramiento el 22 de diciembre de dicho año, percibiendo el guardasellos unos gajes de 3000 escudos de 40 sueldos y 2 gruesos cada sueldo así como el título de chevalier. Esta merced supuso la culminación de su carrera política, ejerciendo en Madrid hasta que con la Cesión el Consejo perdió su razón de ser. Partió entonces Damant hacia Bruselas con los Archiduques, en cuya Corte reocupó sus cargos de consejero de Estado y Canciller de Brabante que ejercería hasta su muerte el 16 de julio de 1616. Está enterrado en la iglesia colegial de Santa Gúdula (Biografía en el DBE). 642 Farnesio a Felipe II, 28 de febrero de 1586, AGS, E., leg. 589, f. 126, "El chanciller de Bravante Damant es la mas a propósito y apta para servir a V. Majestad en el dicho cargo de guardasellos porque allende de que es de hedad competente y tener medio aqui de comer y saver las lenguas flamenca, francesa, italiana con algún principio de la española es hombre de bien de gran conciencia y letrado y reputado por recto y integro y tenido universalmente de todos por tal, de manera que a lo que entiendo acertara a servir el cargo muy a gusto de V. Majestad y mas lo hara a satisfacion de todos porque como le conosce por desapassionado y amigo de hazer bien a todo el mundo y mal a nadie no solo holgaran los mas de verle en este puesto mas trataran con el con la confiança que es razon que hagan con quien ha de comunicar a V. Majestad sus negocios, despachos y pretensiones y no ha visto tampoco mundo ni save tampoco de estado que no pueda açertar a servir bien y a gusto el dicho cargo (...) para el qual no veo mejor ni mas a proposito que Damant y assi no savria proponer ni nombrar otro que el ni que aya de servir mejor a V. Majestad ni ser a gusto de todos y mio por lo que me obliga a su real servicio". 643 Minuta de despacho para Farnesio, 5 de julio de 1586, Ibídem, f. 42. La carta, con fecha del 7 de julio, en CPh. II, III, p. 128, nº 278. 644 Minuta a Farnesio, 19 de octubre de 1586, AGS, E., leg. 2218, f. 75, "Bien aura sido dezir a Damant la elecion que del he hecho, y dar prisa a su venida por acá y a la de los dos consejeros que le han de acompañar pues veys lo que importa que sea con brevedad, y que residan aca personas de la inteligencia y plática dessos estados que espero que ellos tendrán y si al recivir desta no huvieren tomado el camino hareys que le tomen luego sin perder tiempo"; Minuta a Farnesio, 28 de febrero de 1587, en Ibídem, f. 124, "La venida de Damant apresurad lo que pudieredes porque la dilación della no puede dexar de causarla en algunos de los negocios que se tratan por la via en francés y vengan también luego con el los dos consejeros y encargo os mucho el elegirlos como me prometo de vos que por entender que lo hareys con el cuidado y açertamiento que confio os lo he cometido". 645 Farnesio a Felipe II, 24 de diciembre de 1586, AGS, E., leg. 590, f. 112, "Damant se va aprestando para yr a servir a su Majestad en el cargo de guardasellos, y si bien no me he podido

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Charles Schetz como consejero eclesiástico646, presentándole como el candidato ideal en virtud de sus cualidades y de su buena relación con Damant647. Una vez confirmada la elección, los dos letrados flamencos emprendieron su viaje hacia Madrid el 26 de mayo de 1587648, con la supuesta comisión de pasar por el Franco Condado para elegir un consejero natural de esos territorios, pero no lo llegaron a realizar por encargo de Farnesio. Por lo tanto, el futuro Consejo de Flandes se acabaría componiendo de un presidente, Nicolás Damant, un consejero eclesiástico, Jean-Charles Schetz, y un secretario, Alonso de Laloo. Damant y Schetz hicieron su entrada en Madrid el 30 de agosto y sus primeros días en la Corte estuvieron dedicados a buscarles acomodo y a fijarles los gajes que iban a gozar649. Una vez asentados, se les otorgaron sus títulos como guardasellos y

acabar de resolver en lo de los dos consejeros que le han de asistir, también procuraré puedan ir con él"; Farnesio a Felipe II, 10 de enero de 1587, Ibídem, leg. 592, f. 28. "Damant se está poniendo en orden para yr a servir a V. Majestad como lo tiene mandado, en que le doy la priessa possible, aunque no aprovecha lo que yo querría, la flema ordinaria desta gente, bien es verdad que por dignas consideraciones no me he acabado de resolver en lo de los dos consejeros, pero ya estoy tan al cabo que podrán partir en breve, y pues V. Majestad ha sido querido mandarme remitir este negocio, desseo açertar en ello y que la elección sea qual conviene y conforme a la intención de V. Majestad”. 646 Nacido en Amberes en 1552, se decidió por la carrera eclesiástica que comenzó con un canonicato en Lieja para pasar luego a la Iglesia de Nôtre-Dame de Tournai, donde ejercería de protonotario apostólico. Sin embargo, también desarrolló una carrera política siendo consejero eclesiástico y relator del Gran Consejo de Malinas desde 1578 hasta su nombramiento en 1587 como consejero en el recién creado Consejo de Flandes y Borgoña. Acudió a Madrid, donde permanecería hasta 1594 en que fue nombrado arzobispo de Tournai y emprendió viaje hacia su nuevo destino, falleciendo en el viaje el 4 de enero de 1595 (P. M. WYNANTS, op. cit., parte 2ª, capítulo 4º, s. f.; R. VERMEIR, op. cit., pp. 111-112 y Configuración, pp. 480-481). 647 Farnesio a Felipe II, 18 de mayo de 1587, AGR, Audience, leg. 189, f. 113-2, "Et a ce que l´on ma informé il est personage de sçavoir, de fort bon ingement, et de une moderé vertueuse et exemplaire, et qui on est la verité que V. M. luy pouldra donner des affaires. Sçaura fort bien s´acquiter de la charge de chancelier de son très noble ordre pour celuy de bourgogne ". 648 La descripción de la comitiva nos la da de primera mano un famoso integrante de la misma, Jehan Lhermite, en El pasatiempos de Jehan Lhermite. Memorias de un Gentilhombre Flamenco en la corte de Felipe II y Felipe III, estudio Jesús Saenz de Miera, traducción José Luis Checa Cremades, Aranjuez, 2005, pp. 47-48, “Salimos de allí un grupo bien nutrido de viajeros, que eran el mencionado Señor Nicolás Damant, su mujer la señora Barbe Brant, con sus tres hijos, Maximiliano, Leonor y Barbe, la Señorita Marguerite Brant, su cuñada, sus criados y criadas, François Damant, su hermano, guardajoyas de Su Majestad en los Países Bajos, también el protonotario apostólico Jean Charles Schetz de Grobendoncq, consejero de Su Majestad en su gran Consejo de Malinas, que iba allí como acompañante del mencionado señor Nicolás Damant, Jean Vanlaquen, su secretario, Georges le Petit, Jean Baptiste Kerreman, el doctor Gosius, Gaspar Tacquet y el secretario Gérard, borgoñón, hermano suyo que no hace mucho había dado muerte al difunto príncipe Guillermo de Orange de Nassau. Entre todos, contando a los pasajeros, criados y a todo el séquito ascenderían a más de 30 personas (continúa describiendo los carros donde iban)". 649 J. Idiáquez a A. Laloo, 4 de octubre de 1587, AGR, Audience, leg. 1470/5, s. f. y A. Laloo a Felipe II, s. f. (hacia el 10 de octubre de 1587), en Ibídem.

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consejero el 22 de diciembre de 1587 y se acabó de constituir el Consejo con la fijación de sus ordenanzas el 7 de enero de 1588650. Con la creación de este nuevo consejo territorial se separaban la Jurisdicción y el Gobierno de dichas posesiones, tal y como había sucedido en otros ámbitos de la administración. Si observamos detenidamente las ordenanzas, en el capítulo noveno se corroboraba que este tribunal pasaba a tener jurisdicción propia, de la cual había carecido el “Ministerio Colateral”, y a convertirse en vigía de la real en aquellos territorios. De hecho, se convertía en la máxima instancia en materias de gracia y justicia en todo lo referente a Flandes y asumía tareas como la de mantener la correspondencia administrativa en francés con los gobernadores o la de tramitar peticiones de mercedes y títulos nobiliarios de las que el secretario debía elaborar un registro651. Así mismo, se modificó también la forma de relatar los negocios, que se dejaría de hacer a boca o mediante billetes para realizarse a través de consultas, limitando de esta manera el acceso al rey e impidiendo a Damant que tuviera el grado de intervención en los asuntos de Estado que habían tenido anteriores guardasellos, en especial Hopperus. Esta mudanza nos puede explicar que los “castellanistas”, dominadores de la esfera cortesana e impulsores de esas reformas, permitieran que se hubiera dado a Alejandro Farnesio, “papista” reconocido, la posibilidad de elegir al guardasellos y consejero del nuevo Consejo. Ambas “hechuras” del príncipe de Parma652, además de tener limitada capacidad de acción, vieron fiscalizada su labor por el secretario Laloo, que mantenía una estrecha relación con Mateo Vázquez y Juan de Idiáquez. Debido a ello, los conflictos entre Damant y el secretario durante los 10 años de existencia del 650

Estas ordenanzas se encuentran publicadas en francés en J. M. RABASCO VALDÉS, “Una etapa del Consejo de Flandes y de Borgoña...”, pp. 79-81. Están tomadas de AGS, E., leg. 2574, s. f., pero existen numerosas copias en AGP, SP, leg. 2569, ff. 7-8 (también aparece la minuta), AHN, E., leg. 1490 (II), s. f. y E., libro 572, Bibliothèque Nationale de Paris, Manuscrits Fonds Espagnols, nº 143, ff. 155-158 y BRB, Ms. 16044, I, ff. 423-429. 651 J. LEFÈVRE, “Les registres de la correspondance administrative de Philippe II (15851598)”, Archives, Bibliothèques et Musées de Belgique, 6 (1929), pp. 17-29. En este artículo, el autor nos habla de los volúmenes 193 a 196 de AGR, Audience, que son transcripciones de la correspondencia administrativa enviada por Alonso de Laloo desde Madrid a Flandes entre los años de 1585 y 1598. Los destinatarios son muy diversos, desde gobernadores generales a consejos, nobles flamencos o extranjeros. 652 Champagney, en un memorial elaborado el 21 de diciembre de 1589 (publicado en A.L.P. de ROBAULX DE SOUMOY (Ed.), op. cit., p. 293) escribía, "Ces deux envoyés sont des créatures du duc de Parme; Damant a pris pour son collègue, le protonotaire Schetz, parce qu´il sait que étant parent de sa femme, du côté de sa mère, il n´en sera point contredit; tous les deux ont été choisis non seulement à la recommandation du Duc, mais de ses favoris. Damant a été présenté au Conseil Privé par madame du Roeulx mère de Franceline; et celle-ci a recommandé au duc de Parme le frère de Damant, pour l´ammanie d´Anvers, un des offices les plus riches, comme on le dit plus haut, et peut-être le plus riche de ces provinces".

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Consejo fueron muy numerosos y continuaron, incluso, cuando en 1599 retornaron con los Archiduques a los Países Bajos. La fundación del Consejo de Flandes pretendía cumplir una función más, cual era convertirle en representante de su nación en la Corte, en un momento en que las diferentes nacionalidades que convivían en Madrid comenzaron a sentir la necesidad de sentirse representadas y de tener algún sitio de reunión y encuentro con gente de su misma procedencia, lo que fue fomentado por la propia Corte dentro de ese proceso de jerarquización de los territorios. A raíz de estas inquietudes surgieron hospitales como el de San Pedro de los Italianos (1598), San Andrés de los Flamencos (1605), San Antonio de los Portugueses (1606), San Luis de los Franceses (1615), el Hospital Real de Nuestra Señora de Montserrat de los Aragoneses (1617) o el Hospital y Colegio de los Irlandeses (1629), así como diferentes cofradías como la de la guarda de Corps653. De esta manera, los “extranjeros” residentes en la Corte vivirían en ella como si se encontraran en sus territorios de procedencia, pudiendo usar sus escribanos e instancias propias. Pese a esta novedad, toda la tarea administrativa referente a Flandes no se concentraría únicamente en el citado Consejo, ya que también intervendría en esas labores la Secretaría de Estado para el Norte654, que también tuvo que sufrir cambios para adecuarse a la nueva situación. La Secretaría de Estado unificada, había estado al cargo de Antonio Pérez hasta su caída, momento en que fue relevado por Juan de Idiáquez. El secretario permanecería en el puesto hasta que su nueva condición de privado le permitió en 1587 dividir su antiguo oficio en dos secretarías, como había estado en origen, al frente de las cuales colocó a dos familiares suyos; en la secretaría de Italia acomodó a Francisco de Idiáquez655 y en la del Norte a Martín de Idiáquez656, consiguiendo así descargarse de labores administrativas para centrarse en asuntos de gobierno.

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Al igual que había sucedido con otras secciones de la Casa Real, los archeros fundaron su propia cofradía para atender a los más desfavorecidos de la guarda y que ayudara a sus viudas cuando ellos fallecían. Se fundó bajo la advocación de San Andrés, patrón de los flamencos, y aunque se desconoce su fecha de creación sabemos que estaba funcionando en 1605. Sobre su evolución y fundamentos, F. y B. VIDAL GALACHE, Fundación Carlos de Amberes: historia del Hospital de San Andrés de los Flamencos, 1594-1994, Madrid, 1996, pp. 48-55. 654 Sobre esta institución y su desarrollo, S. FERNÁNDEZ CONTI, "Génesis y primeros pasos de la Secretaría de Italia del Consejo de Estado (1543-1579)" en E. BELENGUER CEBRIÀ (coord.), op. cit., III, pp. 39-63. 655 Su biografía en Configuración, pp. 407-408. 656 Ibídem, p. 409. Su nombramiento como Secretario de Estado para el Norte en AGS, EMR, QC, leg. 17, s. f.

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Martín de Idiáquez abrió un registro de todas las cartas y despachos expedidos por su secretaría nada más empezar a ejercer como secretario657, documentos que en su mayoría hacían referencia a mercedes concedidas a hispanos que hubieran servido en Flandes, sobre todo en el ejército. Sin embargo, la labor de la secretaría no se limitaría únicamente a servidores de esa nacionalidad y comprendería otras como ingleses658, naturales del Imperio659, albaneses660, e, incluso, flamencos661. Así mismo, en ocasiones se expedirían cartas relacionadas con asuntos religiosos662 o militares663, incluidos los títulos de algunos oficiales del ejército664. Estos registros son un verdadero muestrario

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Este registro se conserva en AHN, E., libs. 251 y 253 y las cartas y despachos se dirigirían tanto a los gobernadores como a Esteban de Ibarra durante su estancia en Flandes (muchas de las minutas se encuentran en AGS, E., entre el legajo 2218, que comienza en 1585, y el 2224, que llega a 1598). El primero de ellos abarca desde el 7 de agosto de 1587, Martín de Idiáquez comienza a firmar el 25 de septiembre y antes aparecen algunas cédulas signadas por Francisco y Juan de Idiáquez, hasta marzo de 1593. El segundo libro, por su parte, comprende desde 1593 a 1599. Martín de Idiáquez, además, abrió un libro especial que encontramos en Ibídem, libro 252, que trataba sobre asuntos concernientes al ejército en Bretaña desde 1591 a 1595 y cuyas cartas y despachos iban dirigidas a Juan del Águila, Maestre de Campo de la Infantería Española. 658 Como George Person, hermano de Robert Person de la compañía de Jesús, al que se le renovó su entretenimiento de 30 escudos (Felipe II a Ernesto de Austria, 30 de marzo de 1594, en el libro 253, f. 70 v.). Algunos de estos ingleses sirvieron en la Casa de Felipe II como William Copley, del que encontramos varias referencias tanto en el libro 251, ff. 58 v.-59 v. y 83 v. como en el 253, ff. 57 r.-v. y 215 v.-216 r. 659 Tal es el caso de Sigmund Dietrichstein, hijo del famoso mayordomo mayor del emperador Maximiliano II. El 8 de febrero de 1590, Felipe II escribió a Farnesio para que se le honrara en Flandes donde servía en el ejército del rey (AHN, E., libro 251, f. 85 v.- 86 r.). 660 Como Jorge Cresia, que reclamó a Felipe II el pago de 9930 escudos que se le habían quedado a deber de la época de Farnesio. El 15 de marzo de 1594 el rey escribió a Ernesto para que se le remataran sus cuentas y se le pagara lo antes posible (libro 253, f. 61 r.-v.) y le envió una carta de recomendación con fecha del 30 de marzo (Ibídem, ff. 65 v.-66 r.). 661 Nos encontramos, por ejemplo, con Enrique de Bronckhorst, que había ido a negocios propios a Castilla en 1587 y cuando los resolvió pidió reincorporarse al ejército en Flandes donde había servido, escribiendo Felipe II a Farnesio el 2 de septiembre para que le contratara (libro 251, fol 5 r.). El flamenco de mayor importancia del que tenemos constancia en estos registros es Afuero de Voerst, gentilhombre de la casa del monarca, que solicitó ir a servir a Flandes y el 5 de mayo de 1588 el rey escribió a Farnesio para que le diera un oficio, concediéndole, además, 25 escudos al mes de entretenimiento (Ibídem, ff. 38 v.-39 r.). 662 Felipe II escribió a Farnesio el 8 de febrero de 1590 para recordarle que en 1587 le había enviado por la vía en francés la concesión de 1600 florines de pensión sobre la abadía de Hamon y otros 1200 sobre la de Saint Ghislain para los seminarios de las 4 órdenes mendicantes. Así mismo, se les había otorgado 1600 ducados de socorro y limosna al año de parte del ejército. Sin embargo, aún no se les había pagado y Felipe II pidió al gobernador que se hiciera de inmediato y si faltaba algo de corrido que se les entregara (Ibídem, ff. 84 v.-85 r.). 663 Como la misiva del monarca a Farnesio del 8 de febrero de 1588, en que le recordaba que ya le había escrito en diversas ocasiones sobre que los capitanes y soldados españoles que servían en el ejército de Flandes no tuvieran licencia para ir a pedir mercedes a Madrid. Todo se debía hacer desde los Países Bajos, aunque esto no incluía a los heridos en servicio ya que a estos se les podría dar licencia (Ibídem, f. 22 r.-v.). 664 Como el de general de la caballería ligera española, italiana y albanesa de Flandes que se le concedió a Alonso Ávalos de Aquino, marqués del Vasto, con fecha del 20 de diciembre de

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de personajes y asuntos relacionados con los Países Bajos, que nos ayuda a conocer mejor la situación durante estos años. Fruto de esta dualidad administrativa, Consejo de Flandes y Secretaría de Estado para el Norte, resultaría la existencia de dos vías de correspondencia con los estados bajos: la vía en francés y la vía en castellano. Ambas ya existían antes de 1587-1588 -el secretario del “Ministerio Colateral” llevaba la francesa y el de Estado la castellana-, pero mientras con anterioridad en ellas se entremezclaban las cartas sobre asuntos políticos y administrativos, tras los cambios acaecidos serían únicamente estas últimas las que constituirían su correspondencia. Esta situación tenía su reflejo en Bruselas, ya que los gobernadores generales desde época de Margarita de Parma hacían también uso de una doble vía a la hora de mantener correspondencia con la Corte, normalmente en francés y en castellano, aunque durante los gobiernos de la hermanastra de Felipe II y de su hijo se realizó en italiano665. La primera, expedida por el audiencier666, se centraba, sobre todo, en asuntos administrativos relacionados con Flandes y los flamencos y solía ser recibida por el “Ministerio Colateral”667. La segunda, en cambio, tocaba también algunos temas administrativos, pero versaba, sobre todo, de asuntos políticos y de gobierno y era expedida por el secretario privado del gobernador hacia el secretario de Estado en Madrid, lo que originó críticas de los consejeros flamencos al considerarse apartados de la toma de decisiones668. Estas protestas se acentuaban cuando el secretario personal tomaba un papel que no le correspondía e intervenía en política, lo que sucedió en numerosas ocasiones; baste recordar la labor de Armenteros, Albornoz, Escobedo o Cosme Masi, con honrosas excepciones como los secretarios de Luis de Requesens Domingo de Zabala y Baltasar López de la Cueva-, o el del conde de Fuentes -Isidro Morán-.

1586, junto con algunas cartas de recomendación (Ibídem, ff. 37 v.-38 v.). La minuta de este título en BL, Additional, Ms. 28388, ff. 142-143. 665 J. LEFÈVRE, "La correspondance des gouverneurs-généraux à l´époque espagnole", Archives, bibliothèques et musées de Belgique, 21 (1950), pp. 28-55. 666 Sobre las labores del Audiencier, H. DE SCHEPPER, Audiëntie en Secretarie van de Geheime Raad en E. AERTS, M. BAELDE et alíi, op. cit., versión en neerlandés, I, pp. 367-385 y versión en francés, I pp. 363-382. Asimismo, C. HÉNIN, La charge d´audiencier dans les anciens Pays-Bas, Bruselas (ediciones de la ULB), 2001. 667 La mayoría de esta correspondencia se encuentra en AGR, Audience; la correspondiente al gobierno del duque de Alba está en los legajos comprendidos entre el 164 y el 169, del 170 al 172 la de Requesens,... Ver fuentes al final del libro. 668 Esta correspondencia es la que se encuentra en AGS, en la sección de Estado, mezclada con otras cartas privadas de ministros reales en Flandes o despachos diplomáticos. Ver fuentes.

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Este descontento, unido al hecho de que algunos de estos secretarios privados, en especial el de Alejandro Farnesio, escaparan al control real, así como al momento de institucionalización que vivía la Monarquía, llevó a la creación en 1592-1593 de la nueva Secrétairerie d´État et de Guerre669. Para poner en marcha la nueva institución, se decidió el envío a Flandes del secretario Esteban de Ibarra670, personaje íntimamente ligado a Juan de Idiáquez que adquiriría un notable protagonismo durante su estancia en esas tierras. Una vez retornó a la Península Ibérica en 1596, su puesto pasó a ser ocupado por Juan de Manciçidor671, que contribuiría a consolidar la nueva institución durante el periodo Archiducal. Una vez descrita la vía administrativa, debemos centrarnos en conocer la política; es decir, como se llevaba a cabo realmente la toma de decisiones tocantes a Flandes. Como era lógico según los nuevos planteamientos, estas no se tomarían ni en la Junta de Noche, aparecida a finales de 1587 y principios de 1588, ni en la de Gobierno, institucionalización de la anterior en 1593, ya que su labor estaría vinculada a aspectos rutinarios del gobierno, así como a gracias y mercedes revisando las solicitudes672. De este modo, tenemos que volver la vista hacia el Consejo de Estado, foro donde se trataron los asuntos de relevancia referentes a Flandes, y dentro de él hacia dos de los patronos más importantes de la Corte durante estos años: Cristóbal de Moura y, sobre todo, Juan de Idiáquez. En efecto, estos dos consejeros fueron los encargados de trazar las líneas maestras de la política a seguir, sobre todo, tras de la muerte de Juan de Zúñiga, momento que Idiáquez aprovechó para acaparar las competencias sobre Flandes, Francia e Inglaterra. Moura se fue aproximando a estos negocios y parece que ambos mantuvieron una entente cordial, interviniendo juntos en asuntos como la creación de la Armada. Esta realidad se plasmaría en la correspondencia de los gobernadores de 669

J. LEFÈVRE, La Secrétairie d´Etat et de Guerre…, pp. 1-71 y P. LENDERS, “Secrétairie d´État et de guerre” en E. AERTS, M. BAELDE et alíi, op. cit., versión en neerlandés, I, pp. 386-397, versión en francés, I, pp. 383-395. La documentación que generó esta institución se encuentra en AGR, en la sección del mismo nombre. 670 Sobre este personaje y su labor en Flandes, nuestro artículo “La visión de un ministro “castellanista” sobre la situación de los Países Bajos al final del siglo XVI: los “advertimientos” de Esteban de Ibarra”, BCRH, 174, (2008), pp. 89-166. 671 J. LEFÈVRE, "Don Juan de Mancicidor, secrétaire d´État et de Guerre de l´archiduc Albert (1596-1618)", Revue belge de Philologie et d´Histoire, 4 (1925), pp. 697-714. 672 Un minucioso estudio de la documentación generada por ambas Juntas, que se encuentra en IVDJ, Envíos 43, 44 y 45, nos muestra como el único asunto relevante para la política de Flandes que se trató en ellas fue el nombramiento de un encargado de revisar las cuentas. Por el contrario, si aparecen algunos asuntos secundarios como peticiones de mercedes de personajes que habían servido allí, caso de Juan Fernández de la Pita, que tras licencia de Alberto volvió a Castilla donde se le concedió por Junta de gobierno del 9 de septiembre de 1596 el entretenimiento de capitán reformado cerca del virrey de Navarra (Envío 45, caja 59, nº 524).

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Flandes desde 1593, fecha en que el conde de Fuentes y Esteban de Ibarra llegaron a esas tierras y comenzaron a dirigir todas sus misivas a Felipe II o a “Común”673, término que aludía a Idiáquez y Moura. Sin duda, el poder que ambos personajes ostentaban sobre los asuntos flamencos era anterior a esta fecha, pero la mutua desconfianza con Farnesio hizo que este solo se comunicara durante los últimos años de su gobierno con Felipe II y, en contadas ocasiones, con Idiáquez. Este monopolio no se vería amenazado hasta mediados de 1595, momento en que Juan de Zúñiga y Avellaneda, conde de Miranda, comenzó a aparecer en los billetes de Felipe II, gracias a su estrecha relación con el futuro duque de Lerma. Sin embargo, su interés se acabaría encauzando hacia los territorios italianos674. Por último, estas modificaciones en los asuntos flamencos tuvieron también su reflejo en la propia Casa Real del monarca y, en concreto, en la guarda de archeros de Corps. Tras el considerable desgaste que había sufrido la compañía durante más de dos décadas a consecuencia de la Revuelta, tanto en su disciplina interna como en la apariencia externa, estaba claro que era necesario dar un golpe de timón para reconducir la situación. El momento preciso se presentó durante el citado proceso de institucionalización, al contemplarse la necesidad de dotar a la unidad de una serie de reglamentos que marcaran claramente sus obligaciones y actuaciones y que prestigiaran en cierta medida a sus miembros para, de esta manera, reforzar su condición de representante de la nación flamenca en la Corte de la Monarquía y recuperar su antiguo lustre y el respeto del resto de instancias. Era fundamental en todo este proceso que se nombrara un capitán de elevada condición social para que infundiera el debido respeto a los archeros díscolos, siendo elegido Philippe de Cröy, conde de Molembais y futuro conde de Solre675, que pertenecía a una rama menor de una de las familias de más rancio 673

La primera misiva que encontramos de estas características es una de Esteban de Ibarra del 20 de marzo de 1593 (AGS, E., leg. 605, f. 29). Por su parte, la primera escrita por Fuentes data del 10 de abril (Ibídem, leg. 604, f. 70). 674 Su biografía en Configuración, pp. 521-522. 675 Fue señor de Molembais y conde de Solre desde el tres de marzo de 1590. Nació en 1562 como primogénito de Jacques de Cröy y su tercera esposa Yolande de Lannoy. Su primera aparición en la vida pública fue su candidatura a gobernador de Arrás en 1585 y, aunque fue rechazado por su temprana edad, este suceso supuso el comienzo de una fructífera carrera cortesana. Peleó en las guerras de Flandes al lado de Farnesio y el siguiente paso en su ascensión cortesana fue su nombramiento como capitán de la guarda de Corps, oficio que ejercería desde 1588 hasta finales de 1590 en que retornó a Flandes. Tuvo una activa participación en los gobiernos de Farnesio, Ernesto, Fuentes y Alberto, del cual fue caballerizo mayor, falleciendo en 1612 (B. J. GARCÍA GARCÍA, “Ganar los corazones y obligar los vecinos”. Estrategias de pacificación de los Países Bajos (1604-1610)” en A. CRESPO SOLANA y M. HERRERO (coords.), op. cit., I, pp. 137-165).

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abolengo de Flandes. Como teniente fue nombrado, a petición del propio Philippe, su hermano Jacques. Por supuesto, el proceso de elección del nuevo capitán debe enmarcase dentro de la situación faccional de la Corte. Tras petición real de que ofreciera su candidato para el cargo, Alejandro Farnesio propuso a Philippe de Cröy en marzo de 1587, según él, por su juventud y el alto linaje de su familia, pudiéndola ligar de esta manera al servicio real en un momento de tantas defecciones al mismo676. Pese a su idoneidad, la elección sufrió trabas por su cercanía a las ideas de su “patrón”, de tal suerte que el período de transición entre Molembais y Charles de Tisnacq677, personaje que estaba al mando de la unidad de manera interina, no careció de incidentes, de los cuales saldría vencedor el último por su cercanía al grupo cortesano más poderoso del momento678.

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Las cualidades del nuevo capitán las cita el propio Farnesio en una carta al monarca del 16 de marzo de 1587 en AGS, E., leg. 592, f. 46, “Y considerando en ello no he podido dar en persona que mas me contente para el de capitán de la guarda de los Archeros de V. Majestad que la de Mos de Molembais, hijo de Mos de Sempi, que es de la casa de Croy como V. Majestad bien sabe, que es caballero honesto modesto sobrio callado y muy bien criado, y que no se meterá en mas de lo que se le mandare, y aunque no tiene mas de 25 años es dotado de tan buen entendimiento que se puede tener por sin duda que dará buena quenta de lo que se le encargare, y pues que por ser de la casa que es y tener las condiçiones que digo que me pareçen muy conformes a las que V. Majestad pretende tenga la persona que aura de servirle quel dicho cargo y no aver descubierto otras para nombrar a V. Majestad en su compañía porque no me assegurava de su voluntad por tener el padre viejo y estar el casado con mujer moça me he querido assegurar della, y le he hallado tan pronto en todo lo que toca al servicio de V. Majestad y tan puesto de servir y obedesçer en todo lo que se le ordenare y la parte que V. Majestad quisiere mandar que vaya en particular çerca de su real persona que no ay mas que pedir a un cavallero honrrado y fiel vassallo, de manera que si a V. Majestad contentare el subjecto y fuere querido que vaya a servir el dicho cargo en volviéndome la respuesta le hará partir muy confiado que açertará a servir a gusto de V. Majestad”. 677 Nacido en Bruselas hacia 1550 era el primogénito de Charles de Tisnacq, presidente del Conseil Privé, y de Catherine Boissot. Su infancia transcurrió en los Países Bajos hasta 1559, cuando viajó junto a sus padres a Castilla al concederse el oficio de guardasellos a su progenitor. Los servicios y el prestigio de este le abrieron muchas puertas y en 1567 fue nombrado gentilhombre de la Casa de Borgoña del rey. Así mismo, se le permitió viajar en el ejército que acudió a Flandes con el duque de Alba, donde sirvió durante tres años en que se sufragó sus gastos, así como los de 8 caballos, en la defensa de Genlis y en los sitios de Mons y Haarlem. Una vez de vuelta en Castilla, continuó sirviendo a Felipe II en su oficio palatino hasta el año de 1578 en que fue nombrado gobernador de la guarda de archeros de Corps. Ejercería como tal hasta 1588, momento en que fue sustituido por el nuevo capitán Philippe de Cröy. El relevo de Tisnacq al frente de la guarda no quiere decir, ni mucho menos, que perdiera la confianza real, ya que se le concedió la encomienda de Alcolea de la orden de Calatrava en 1590 y se le destinó a importantes misiones encaminadas a establecer contactos para conseguir la paz con los rebeldes flamencos, a lo que dedicó su actividad hasta su muerte en marzo de 1597 (Biografía en el DBE). Para su labor en la guarda, nuestro artículo “Las guardas palatinopersonales de Felipe II...”, pp. 464-469 y “Una élite flamenca en el servicio del monarca....”. 678 D. GARCÍA HERNÁN, “Nobleza y seguridad en la Corte: los capitanes de las guardias reales a finales del siglo XVI”, Madrid. Revista de Arte, Geografía e Historia, 7 (2001), pp. 3637.

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En todo caso, la presencia de Philippe de Cröy en la Corte posibilitó que se llevara a cabo la segunda de las medidas que se habían venido pergeñando para conseguir mejorar el buen gobierno de la guarda de archeros de Corps, cual era la publicación de unas ordenanzas para el cuerpo que vieron la luz en el monasterio de San Lorenzo de El Escorial el dos de abril de 1589679. No es nuestra intención analizar en detalle las mismas sino observar la clara intención que tenían de reforzar al capitán para lograr un mayor control de la guarda, algo ya apuntado por un reglamento provisional de diciembre de 1584680. Este documento previo se redactó con intención de subsanar algunos de los problemas jurisdiccionales que tenía la compañía y que provenían, en gran medida, de la ausencia efectiva de capitán al frente de la unidad desde 1561. Para tratar el asunto, se convocó una junta en casa del cardenal Granvela, que se reuniría el 21 de julio y el 29 de septiembre de 1583, y que estaría compuesta por el mayordomo mayor, el IV conde de Fuensalida, los mayordomos Chinchón y Fadrique de Toledo, el contralor Jehan Sigoney, el greffier Rodrigo de Ocáriz, el guardasellos Jehan Foncq y el propio Granvela. Todos ellos coincidieron en la necesidad de reforzar las atribuciones del capitán, lo que se plasmó en el articulado, aunque no se delimitaron claramente las competencias con la Junta de Bureo, lo que derivaría en ulteriores problemas. Estas intenciones fueron ratificadas por las ordenanzas de 1589, aunque dotando de nuevas funciones al capitán, como que pudiera realizar el juramento a los nuevos archeros y solo después lo debiera comunicar al Bureo para que se le inscribiera en los libros de acroys, o que pudiera redactar ordenanzas que los archeros debían cumplir. Sin duda, estas ordenanzas representaron el culmen del poder de los capitanes en relación con otras instancias y ratificaban su importancia como una de las principales “fuentes de gracia” de los flamencos en la Corte de los monarcas hispanos, al poder disponer a voluntad de las plazas de archeros para otorgar a sus “hechuras”. Hay múltiples ejemplos de estos nombramientos, pero basten dos muy significativos como el citado Alonso de Laloo, archero desde 1561 a 1568681, o el famoso Jehan Lhermite, que

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Publicadas en J. MARTÍNEZ MILLÁN y S. FERNÁNDEZ CONTI (dirs.), op. cit., II, pp. 830-832. Para un análisis pormenorizado de estas ordenanzas, así como de las de 1626 y 1634, E. MARTÍNEZ RUIZ, "Presencia de Borgoña y de los Países Bajos en la Corte madrileña: la compañía de archeros de la guarda de corps (1589-1635 aprox.)", Madrid, revista de arte, geografía e historia, 5 (2002), pp. 52-64. 680 Reglement touchant la conducte des Archiers, redactado el 7 de diciembre de 1584 (AGS, SP, leg. 2539, s. f.). 681 AGP, Reg. 5729.

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ingresó en la guarda gracias a su condición de gentilhombre del capitán Philippe de Cröy682. El conde de Solre no permaneció mucho tiempo en Castilla, ya que se decidió ocuparle en otros menesteres de mayor importancia en su tierra natal, de los cuales nos ocuparemos posteriormente, dejando a su hermano al frente de la unidad. Pese a su corta estancia en Madrid, Solre había contribuido de manera decisiva a la institucionalización de la guarda y a la clarificación de unos usos que se habían ido relajando en años anteriores.

5.2.- La lucha faccional en Flandes durante el gobierno de Alejandro Farnesio (1578-1592) 5.2.1.- La configuración de las facciones cortesanas en sus años de esplendor (15781588) El panorama faccional que se le presentaba a Alejandro Farnesio tras el fallecimiento de don Juan de Austria era, cuanto menos, complicado. La situación de enfrentamiento y separación era tal, que las provincias y los nobles flamencos tuvieron que elegir definitivamente su bando, con lo que acabó la ambigüedad que habían utilizado algunos de ellos desde el comienzo de la Revuelta. Esta situación afectó especialmente a los componentes de la facción “moderada”, que, siguiendo el ejemplo del señor de la Motte, decidieron retornar a la obediencia real junto con sus ejércitos mediante el Tratado de Mont Sant Eloi del 6 de abril de 1579683. Dicha Reconciliación fue posible, en gran medida, gracias a la actuación de tres personajes. El inspirador de la iniciativa fue el cardenal Granvela, que ya desde el gobierno de don Juan había observado la división entre los Estados y la falta de autoridad de Matías y de Anjou, por lo que creía factible atraer a las regiones valonas, empezando por Valenciennes y continuando por Hainaut, Artois y Lille-DouaiOrchies684. Una vez el cardenal recobró un papel importante en el centro de la Monarquía activó el plan, encontrando en Farnesio, segundo actor de la Reconciliación, al ejecutor perfecto del mismo. Las ideas políticas del príncipe de Parma huían de la intransigencia practicada por el duque de Alba y abogaban por que los nobles flamencos disfrutaran de una mayor cuota de poder y recuperaran sus antiguos cargos, lo que 682

Ibídem, 5730. Para las negociaciones de las diferentes provincias y nobles para retornar a la obediencia real, G. JANSSENS, "Pacification générale ou réconciliation particulière? Problèmes de guerre et de paix aux Pays-Bas au début du gouvernement d´Alexandre Farnese (1578-1579)", BIHBR, 63 (1993), pp. 250 y ss. 684 ID., “Cardinal Granvella and the revolt of the Netherlands...”, pp. 146-149. 683

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constituía, ni más ni menos, el programa político de los componentes de este grupo moderado. Por último, Felipe II permitió dichas maniobras al ofrecer a los posibles “reconciliados” una amnistía por su papel en la Revuelta, prometiendo restituirles los bienes confiscados y concederles puestos clave en un gobierno futuro, con la única condición de que la religión permaneciera fuera de toda negociación685. El monarca, además, aceptó participar en las conversaciones de paz que Rodolfo II había propuesto con los rebeldes y que se iniciaron en Colonia en mayo de 1579686, pese a continuar abiertas las hostilidades. Los éxitos de Farnesio y las instrucciones de Granvela, llevaron a que los emisarios reales plantearan unas condiciones leoninas y a adoptar una postura intransigente, sabedores, sin duda, de que sus presupuestos no iban a ser aceptados, pero confiando en que nuevos nobles sucumbieran a la oferta de perdón a cambio de obediencia. El suspenso de las negociaciones en noviembre acentuó aún más las diferencias, pero sirvió a Farnesio para atraer entre 1579 y 1582 a nobles como Montigny, Lalaing, Melun, Havré, Egmont, Hèze, el señor de Capres, Aerschot y Rennenberg que, en muchas ocasiones, aportaban con su “reconciliación” las plazas fuertes y guarniciones que las custodiaban, como es el caso de este último con Groningen. Sin duda, las condiciones que se les habían prometido eran muy apetecibles y el único gran señor que no las aceptó fue el príncipe de Orange. Ese retorno masivo a la obediencia real se pudo comprobar tras la reforma que realizó el príncipe de Parma en el Conseil d´État al poco de hacerse cargo del gobierno, ya que de los doce consejeros en que se fijó su composición, únicamente dos no habían puesto en entredicho en ningún momento la autoridad de don Juan de Austria. Además de utilizar los cargos administrativos para acomodar a esos nobles “reconciliados” y a los que habían permanecido fieles, Farnesio quiso también valerse del instrumento más adecuado para la integración de las élites territoriales en su proyecto de gobierno: su Casa687. Desde el primer momento, el príncipe de Parma fue consciente de que su servicio era una herramienta política de primera magnitud para consolidar la Reconciliación, pues el ingreso en el mismo implicaba que se le reconocía como superior y presuponía una lealtad hacia su persona. Sin duda, un oficio en la Casa de

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H. van NIEROP, “The Nobility and the Revolt of the Netherlands...”, pp. 96-97. Para el desarrollo de esas conversaciones, que fueron las primeras en donde se puso en entredicho la soberanía de Felipe II sobre los Países Bajos, H. DE SCHEPPER, “Los Países Bajos y la Monarquía Hispánica,...”, pp. 333-335. 687 J. M. RUBIO, Alejandro Farnesio. Príncipe de Parma, Zaragoza, 1939, pp. 79-80. 686

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Farnesio resultaba atrayente para los nobles flamencos, ya que la triple condición que ostentaba de príncipe de la sangre, de gobernador de Flandes y de heredero del ducado de Parma aseguraba a los miembros de la misma honor y gajes, así como la exención de ciertos impuestos688. Debido a ello, el nuevo gobernador potenció la entrada de flamencos en puestos de relevancia, siguiendo la senda iniciada unos años antes por don Juan, aunque sin abandonar la esencia italiana que impregnaba su Casa desde su creación689. Para adecuarse a esta nueva situación, fue necesario que el séquito de Farnesio sufriera una notable reestructuración e incrementara sus miembros, llegando a estar compuesto el 18 de enero de 1586 por más de 300 miembros690. Entre ellos se encontraban numerosos flamencos ubicados en oficios de relevancia, como el capitán de la guarda señor de Haultpenne, los gentilhombres de la cámara Noircarmes, Juan de Robles, barón de Villy, y los señores de Molembais, futuro conde de Solre, y de Cröy, o los camareros señores de Croisilles y de Vertaing. Por lo que respecta a los escalones inferiores de la Casa, el ingreso de flamencos se fue consolidando en algunas de las secciones, mientras en otras su acceso resultó más complicado. Así, en la capilla apenas hubo naturales de los Países Bajos en los puestos de mayor relevancia, pero sí en los inferiores, sobre todo entre los cantores. En la cámara, por su parte, nos encontramos como dos de los tres mayordomos, cuatro de los siete gentilhombres y los cuatro ayudas eran flamencos. Por lo que respecta a la caballeriza, los puestos más relevantes estaban ocupados por italianos, mientras los menores estuvieron copados por flamencos, utilizándose la casa de los pajes, cuyo maestro era de las “tierras bajas”, para atraer a los hijos de los nobles de la zona al servicio real. En la guarda, la preeminencia de naturales era clara, ya que estaba compuesta por el capitán antes mencionado, 25 archeros de origen flamenco y 50 alabarderos, en su mayoría de la misma nacionalidad. Por último, en los oficios 688

Como así recordaba la cédula que el 1 de febrero de 1582 envió el Audiencier a la ciudad de Tournai recordando quienes debían “avoir franchise des maltottes et aultres exemptions”, entre los que se incluía a “les officiers de l´hostel de Sa Majesté comptez par les escroiz et aultrement” (AGR, Audience, 33/4, ff. 35 r.-36 v.). 689 L. VANDER ESSEN, Alexandre Farnèse prince de Parme..., I, pp. 142-143, nos señala que tras contraer matrimonio con María, su Casa estaba compuesta por Pietro Silvio como tesorero, Bartolomeo Zamboni como guardarropa, Francesco Madalena como caballerizo mayor, Gherardo como botiller, Nicolo Costric como mayordomo, Giovanni de Strada como camarero, Giovanni Corso como palafrenero, Benedetto Giandemaria como tesorero, Stefane Boccardo como proveedor y Jerónimo Calvo como “préposé aux dépenses”. Además, estaban Francesco Luisino como su secretario, Giacomo de Piozasco, su antiguo gobernador, el caballero Mantovano, Pietro Baldini y el flamenco Pierre de Vos, su sastre, junto a otros oficiales menores. 690 La plantilla de su Casa en esa fecha en AGR, Audience, 33/1, f. 86 y 33/4, ff. 38 r.- 50 r.

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manuales y en la furriera se produjo una entrada masiva de flamencos, sobre todo, cuando el de Parma llevaba en los Países Bajos varios años, pues era más sencillo y barato encontrar a servidores en esas tierras que traerlos de Italia. Pese a esta presencia de naturales en su entorno, con el paso de los años se fue consolidando entre los flamencos la idea de que Farnesio favorecía más a la nación italiana que a otras, a través de actuaciones como la concesión del título de general de la caballería ligera al marqués del Vasto691, y no al de Renty que también optaba a él692, y el de capitán de la guarda a Pierre Francisco Nireli, su caballerizo mayor, tras fallecer el señor de Haultpenne en 1587693. Debido a ello, el uso de su Casa no produjo todo el fruto que cabía esperar y no pudo atemperar las críticas que se verterían sobre el gobernador en sus últimos años de vida. Una vez Farnesio hubo llevado a cabo la Reconciliación, configurado su Casa y confirmado su título de gobernador, se encargó de ir definiendo los personajes en los que se iba a apoyar para gobernar y poder aplicar su ideario político. Sin duda, los consejeros en quienes demostró mayor confianza fueron su secretario Cosme Masi694 y el letrado borgoñón Jean Richardot695. El primero, siguiendo la estela de otros 691

El monarca confirmaba el nombramiento el 29 de octubre de 1585 (AGS, E., leg. 589, f. 18). Se le dio en compensación una plaza de consejero de Estado con patente del 10 de abril (CPh II, III, nº 227, p. 100). 693 A. CARNERO, op. cit., p. 398. 694 Secretario personal de Farnesio desde 1568, en que sucedió a Luisino, hasta la muerte del príncipe de Parma en 1592, por lo que estuvo con él en Italia, en su expedición contra los turcos en el Mediterráneo y en Flandes. Jugó un papel fundamental en la administración de los Países Bajos, sobre todo en Hacienda y Estado, ganándose la envidia de varios personajes como Champagney. Tras la muerte de Farnesio, Masi se vio obligado a permanecer durante un tiempo en Flandes, retenido por el conde de Fuentes y por Esteban de Ibarra, ya que Felipe II había pedido que se le remitiera el archivo de Farnesio que custodiaba Masi pero este había enviado ya parte al hijo de su patrón, Ranuccio, que se encontraba en Parma. Finalmente, el 29 de septiembre de 1594 pudo abandonar Bruselas tras el salvoconducto que Ernesto le dio para que pudiera volver a Italia (Biografía en el DBE). 695 Hijo de Guillaume Grusset y de Marguerite Richardot, estuvo vinculado a los Granvela gracias a su tío François Richardot, que fue sufragáneo de Arrás con el Cardenal y al que sucedió como obispo de dicha diócesis cuando se concedió a Granvela el arzobispado de Malinas. Su primer puesto en la administración fue el de consejero del Gran Consejo de Malinas por cartas patentes del 19 de marzo de 1568. Con la llegada de don Juan de Austria a Flandes, Richardot tomó partido por los Estados y Matías, decisión que le supuso estar un tiempo apartado del gobierno y cuando Farnesio, recomendado por Granvela, propuso su nombre como consejero de estado en 1579, Felipe II no lo concedió. El rey no permitió su entrada en el Consejo hasta el 26 de febrero de 1583, jurando el 8 de marzo de 1585. Previamente, el 26 de enero de 1582 se le había nombrado presidente del Consejo de Artois. Pese a este retraso, Richardot ya gozaba de la confianza de Farnesio y se ocupó de las negociaciones de sumisión de muchas ciudades como Gante, Brujas, Amberes, Bruselas,... permaneciendo lejos de su puesto en Artois. Su posición se veía reforzada constantemente y fue el gran hombre de confianza de Farnesio junto a Masi, con el que se dividió las áreas de gobierno. Tras morir Farnesio perdió parte de su poder, pero no desapareció de la escena política. Así, participó en las deliberaciones de la reunión que convocó Ernesto en 1595 y el 15 de mayo de 1597 se le concedió el puesto de 692

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secretarios privados de gobernadores, intervino activamente en Estado y Hacienda, mientras el segundo, que obtuvo la confianza de Farnesio pese a contarse entre los que apoyaron a los Estados Generales entre 1576-1578, adquirió gran relevancia en asuntos de Estado y jurisdiccionales. En un escalón inferior nos encontramos al mayordomo Paulo Rinaldi, que controlaba el séquito personal del gobernador e intervino en asuntos de hacienda696, al señor de la Motte, centrado en asuntos militares, y a Philippe de Cröy, señor de Molembais, con influencia en asuntos diplomáticos y cortesanos. La existencia de este equipo de gobierno implicaba, necesariamente, que quedaran fuera del acceso a la toma de decisiones una serie de personajes, que se vieron abocados a pugnar denodadamente para ser escuchados. Aunque no podemos considerar que esta facción contraria a los intereses de Farnesio fuera homogénea, ya que se nutriría de cortesanos de diversas ideologías y procedencias, a partir de 1588 uniría fuerzas para poder expulsar al príncipe de Parma y a sus colaboradores, aprovechando la favorable coyuntura. Hasta ese momento, esa oposición fue creciendo y organizándose, a la espera de tiempos mejores. El primer grupo de opositores estaría constituído por los principales consejeros de Felipe II en el Norte de Europa para los asuntos relacionados con Francia, que eran el Comendador Moreo697, Bernardino de Mendoza698 y Juan Bautista de Tassis. Todos chef-président del Consejo Privado, aunque desde la muerte de van der Burch en 1595 parece ya que ejercía el puesto de forma interina. Tuvo un gran protagonismo en la Cesión y en el gobierno de los Archiduques hasta su fallecimiento el 3 de septiembre de 1609 (Biografía en el DBE). Sobre el decurso de su familia, J. VANHOUTTE, “Van robins tot très grand nobles”. Carrièreplanning en huwelijksstrategie bij het geslacht Richardot in de Zuidelijke Nederlanden (1540-1701)” en G. MARNEF y R. VERMEIR (eds.), Adel en macht. Politiek, cultuur, economie, Maastricht, 2004, pp. 17-55, que es un resumen de su tesina defendida en Lovaina en el año 2000 con el título de “Van robins tot très grands nobles. De sociale klim van het geslacht de Richardot in de Zuidelijke Nederlanden (1540-1701)”. 696 Sobre este personaje y sus problemas con Champagney en el Conseil des Finances, debido a que poseía el sello de dicho Consejo para aprobar cualquier consignación, H. de SCHEPPER, “Frederik Perrenot van Champagney (1536-1602) het “enfant terrible” van de familie Granvelle” en K. de JONGE y G. JANSSENS (eds.), op. cit., p. 237. 697 De padre francés y madre castellana, se desconocen los primeros años de su vida hasta que fue nombrado comendador de la orden de Malta. Su gran oportunidad para descollar en el servicio real se le presentó cuando Felipe II decidió apoyarI a la Liga Católica durante las guerras de religión francesas. Sin duda, el origen de su padre y el conocimiento de la lengua le ayudaron para participar, junto a Juan Bautista de Tassis, en las negociaciones que llevaron a la firma del tratado de Joinville. Desde ese momento se convertiría, junto al mencionado Tassis y al embajador Bernardino de Mendoza, en uno de los representantes más importantes de Felipe II ante los líderes de dicha Liga. En ello permaneció ocupado durante los últimos años de su vida, ya que falleció en una emboscada de los hugonotes en Meaux el 30 de agosto de 1590 (Biografía en el DBE). 698 Nacido en Guadalajara en 1540 o 1541, era el décimo hijo de don Alonso Suárez de Mendoza, conde de Coruña, y Juana Jiménez de Cisneros, nieta del Cardenal. Siendo muy joven, empezó a estudiar en Alcalá de Henares y en 1556 recibió el grado de bachiller de Artes y Filosofía para, dos años después, doctorarse en la misma facultad y entrar al colegio de San

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ellos se encontraban vinculados de una u otra manera a Juan de Idiáquez y, por tanto, a una concepción “castellanista” de la Monarquía, por lo que abogaban por una actitud beligerante e intervencionista frente al reino vecino699. Farnesio, por el contrario, quería evitar la intervención en Francia, ya que se restarían recursos a la lucha en Flandes, divergencia de intereses que provocaría que el enfrentamiento fuera inevitable. Este se iniciaría cuando Juan Bautista de Tassis mostró su intención de ser nombrado consejero de Estado de Flandes700. Farnesio, no solo no apoyó en su reclamación, sino que, además, hizo lo posible por retrasar su nombramiento como Veedor General del ejército, cargo vacante desde el fallecimiento de Pedro de Tassis y Acuña el 17 de agosto de 1584, que se había concedido al italo-flamenco tras rechazarse su candidatura a embajador en Francia en favor de la de Bernardino de Mendoza. La implantación de dicho oficio había resultado siempre muy conflictiva, tal y como sucedió con el Comendador de la Magdalena en época de Alba o como ocurriría posteriormente con Diego de Ibarra, debido a entrar en conflicto con otros cargos de la hacienda del ejército, sobre todo, tras ampliarse sus atribuciones en la década de los Ildefonso. Continuó con esa vida hasta 1562, momento en que decidió iniciar la carrera militar sirviendo en el norte de África, Malta y en 1567 pasó con Alba a Flandes, donde permanecería hasta 1577 y en donde tuvo su primer papel como diplomático al ser enviado a Roma para obtener la bendición papal de esa empresa. En 1574, ya con Requesens como gobernador, fue enviado en misión a Inglaterra, pidiendo que la armada que iban a lanzar contra los rebeldes pudiera refugiarse en Inglaterra. El correcto desempeño de dicha misión abaló su paso a las islas británicas como embajador permanente en 1578, oficio en el que serviría hasta 1584. Su estancia en las islas se caracterizó por su agresividad y la gran cantidad de obstáculos que encontró para llevar a cabo la política de apaciguamiento que le pidió el rey. Las tensiones aumentaron cuando don Antonio, Prior de Crato, se dirigió a Inglaterra pidiendo ayuda y se le escuchó. Mendoza se dio cuenta antes que Felipe II de que la coexistencia pacífica no era posible y que había que utilizar otras armas, por lo que se dejó vincular al complot de Throckmorton. Al descubrírsele, se le declaró persona non grata y se le expulsó del país. Posteriormente, se le enviaría como embajador a Francia, donde estaría desde 1584 a 1591 en que retornó a Madrid, en donde pasaría sus últimos años, falleció en 1604, dedicado a labores intelectuales (DE L. JENSEN, Diplomacy and dogmatism: Bernardino de Mendoza and the french catholic league, Cambridge, 1964, pp. 59-64; estudio introductorio de J. C. SAAVEDRA ZAPATER y J. A. SÁNCHEZ BELÉN de su libro, Theoria y practica de guerra, Madrid, 1998, pp. 11-23 y J. M. CABAÑAS AGRELA, Don Bernardino de Mendoza, un escritor-soldado al servicio de la monarquía católica (1540-1604), Guadalajara, 2001). Además de su labor como embajador, destaca su faceta de escritor y junto a su Theoría y práctica de guerra nos encontramos con sus Comentarios de Bernardino de Mendoza a lo sucedido en las guerras de los Países Bajos, desde el año de 1567 hasta el de 1577, Madrid, 1592. 699 Como podemos observar en la misiva que J. B. Tassis envió a J. Idiáquez el 4 de marzo de 1586 (AGS, E., leg. 591, f. 3), en que se declaraba su servidor. Tanto Moreo como Mendoza mostraban, asimismo, en toda su correspondencia una gran afinidad con el secretario. 700 J. Idiáquez a J. B. Tassis, 5 de enero de 1586, CPh II, III, nº 174, p. 75. Los sobrinos de Tassis, así como Juan de Idiáquez y Moreo, habían pedido esa plaza para él. Sin embargo, existía el inconveniente de ser considerado como hispano y debía convencer a Farnesio para que confirmara que ya se le consideraba flamenco. Esto no se cumplió y tuvo que conformarse con la plaza que tenía en el Consejo de Guerra, con el consiguiente enfado de Tassis (J. B. Tassis a J. Idiáquez, 2 de abril de 1586, AGS, E., leg. 591, f. 8).

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80701. Esta es la razón fundamental de que Tassis no achacara la dilación en su nombramiento únicamente a Farnesio, sino también al auditor general Alonso de Salinas, a los contadores del sueldo Pedro Coloma y Alonso Carnero y al contador de la artillería Pedro de Ayçaga, personajes en quienes se apoyaba Cosme Masi para manejar la hacienda y para los cuales la entrada de Tassis en el control del dinero para el ejército hubiera supuesto un recorte a su monopolio702. Frente a estos opositores, el Veedor contó con el apoyo del Comendador Moreo, presente en Flandes desde 1586, y con el de su ayudante Jerónimo Torellas, antiguo asistente de los veedores Juan de Acuña Vela y Pedro de Tassis, por lo que portaba el despectivo mote de “acarreado de veedores generales”703. Fuera de esta lucha nos encontramos a Juan de Lastur, pagador del ejército704, a quien ambos bandos intentaron atraer hacia su causa sin lograrlo, debido a sus ansias por volver a Madrid al no estar de acuerdo con el oficio que se le había otorgado en los Países Bajos705. Tras un prolongado periodo de lucha Tassis fue, finalmente, nombrado Veedor General el 10 de diciembre de 1586706. Sin embargo, el conflicto estaba lejos de ser

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Para el conocimiento de los diferentes oficios vinculados al ejército de Flandes, así como las competencias de cada uno de ellos, A. ESTEBAN ESTRÍNGANA, “Autopsia del despacho financiero. Ejecución y control de pagos en el Tesoro militar del ejército de Flandes (siglo XVII)", Obradoiro de historia moderna, 12 (2003), pp. 47-78. Sobre el aumento de competencias de la veeduría general en este momento, de la misma autora, “Alejandro Farnesio vs. Veeduría general del ejército de Flandes. Sobre las raíces del descrédito político del príncipe de Parma (1585-1587)”, texto presentado para las actas del Congreso Internacional Alessandro Farnese e le Fiandre... Agradezco a la autora la posibilidad de consultarlo antes de su publicación. 702 La protesta de los dos contadores a J. Idiáquez el 25 de junio de 1586 en AGS, E., leg. 590, ff. 27-28 y en BNM, Ms. 2816, ff. 34 v-37 v. Su demanda se basaba en las diferencias que se encontraron entre las instrucciones que se habían dado a Tassis y lo que él realizaba, ya que se extralimitaba en sus atribuciones. Otros documentos que ratificaban ese enfrentamiento en AGS, E., leg. 590, f. 29, “Copia de la relación que el Presidente Richardot, Comises de finanzas Charreton y Schetz y pagador Pedro de Olave, han hecho sobre los puntos de las diferencias entre el veedor general y contadores deste exército en la exequçion de su cargo, y oficios con declaración de su parecer” y f. 30, “Memoria sumaria de lo que el Señor Cosme Massi ha dicho a Juan Bautista de Tassis que paresçía al duque que se podía hazer sobre algunas diferencias de las que andan entre la veedoría general y contadurías”, s. d. 703 Jerónimo Torellas a J. Idiáquez, 1 de abril de 1586, Ibídem, leg. 591, f. 4. 704 Biografía en Configuración, p. 416. La instrucción que le dio Farnesio como pagador general del ejército en CODOIN, LXXV, pp. 296-300 y la que le dio Felipe II en Ibídem, pp. 300-304. 705 J. de Lastur a J. Idiáquez, 7 de septiembre de 1586, AGS, E., leg. 591, f. 26. Lastur esperaba con impaciencia la licencia que se le iba a conceder y rogaba a Idiáquez que continuara presionando por ella, aunque no la consiguió hasta 1590. Daba una serie de candidatos para ocupar su puesto como Alejo Cerezo de Salazar, comisario ordinario del ejército desde mayo de 1584, Francisco de Sagastizábal, comisario extraordinario del ejército y pagador general, y Lorenzo Bravo de Chacel, su favorito. 706 Moreo a J. Idiáquez, 18 de diciembre de 1586, Ibídem, f. 33, “El veedor general ha tomado la posesión del cargo y por eso terna quexas por alla V. S. y aunque vengan resoluciones ni

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resuelto, ya que Farnesio intentó impedir el normal ejercicio de sus funciones y criticó su manera de proceder707. Para reforzar su posición, el gobernador convocó una Junta compuesta por Richardot, el auditor Salinas, los commis Charretón y Schetz y el pagador Olave -es decir, personajes afínes-, que se encargó de estudiar los títulos del Veedor y certificó que Tassis se había excedido en el ejercicio de sus funciones708. El divorcio entre ambas partes era evidente y el Veedor se vio obligado a volver a quejarse de los contadores, que hacían caso omiso de sus requerimientos de acudir a su casa a estudiar asuntos de la hacienda real709, dificultades que le llevaron a solicitar un relevo en el oficio que Idiáquez le denegó. Su aliado Moreo fue más allá y comenzó a conspirar contra el gobernador710, alentando las críticas a su gestión durante el viaje que realizó a Madrid en febrero de 1587 para asuntos particulares y relacionados con la Liga Católica711. Por otro lado, desaparecieron de la pugna Jerónimo Torellas, al que Tassis retiró de su oficio tras un grave enfrentamiento con Farnesio y Masi712, y el contador Alonso Carnero, sustituido por su hermano Antonio, que mantenía la misma filiación que él, al retornar definitivamente a Madrid.

órdenes más expresas no se si aprovecharan según passa adelante la desverguença de los contadores ayudados del siervo vigoroso (en referencia a Cosme Masi)”. 707 Farnesio a Felipe II, 24 de diciembre de 1586, Ibídem, leg. 590, f. 112, “Ha pretendido entrar en el cargo con tanta mas auctoridad y preeminencia de la que es en uso y rezan su título y instrucción, que no ha parecido bien ni a los del pays ni a nadie y por ver yo que era demasiado (...) me ha sido fuerça remitirle a la observancia de su título”. En otra carta del mismo día (Ibídem, f. 114), se concretaban un poco más las quejas que había hacia Tassis, como querer disponer los cargos de teniente de infantería, caballería y víveres. 708 “Copia de la relación que el Presidente Richardot, Comises de finanzas Charreton y Schetz y pagador Pedro de Olave, han hecho sobre los puntos de las diferencias entre el veedor general y contadores deste exército en la exequçion de su cargo, y oficios con declaración de su parecer” (AGS, E., leg. 590, f. 29) La resolución de la Junta en Ibídem, leg. 593, f. 32 (minuta en el f. 34). 709 J. B. Tassis a Felipe II y J. de Idiáquez, 19 de enero de 1587, Ibídem, ff. 7 y 11. Tassis creía que eran Masi y Coloma los que manejaban los asuntos, mientras que Carnero “iba más por lo hinchado”. 710 Moreo a J. Idiáquez, 26 de octubre de 1586, AGS, E., leg. 591, f. 32, “Lo que yo diré y veo es que el Príncipe de Parma ha tomado grande auctoridad sobre las cosas de su Majestad y que las trata hasta aquí con gran imperio y si se le da más la mano y conoçe, que se tiene necesidad del tengo para mi será más incurable”. Farnesio conocía los ataques de Moreo hacia su persona, por lo que se lo comunicó a Felipe II en una carta del 28 de enero de 1587 (Ibídem, leg. 592, f. 35). 711 “Memoria que se me offreçe encomendar a la del capitán comendador Moreo con la ocasión de su vuelta a España”, Ibídem, f. 64, s. f. (mediados de 1587). 712 Tras entrevistarse con el secretario, este imputó a Torellas unas declaraciones graves sobre que la desgracia de la casa de Tassis se debía a Farnesio y a Masi. El príncipe de Parma le convocó y le acusó de excederse en su oficio y manejar a su antojo a Tassis (J. Torellas a J. Idiáquez, 15 de marzo de 1587, Ibídem, leg. 593, f. 57). Aunque Masi se disculpó por el violento comportamiento del gobernador, la brecha era ya insalvable y Farnesio le concedió licencia para volver a Madrid.

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Finalmente, los preparativos para la empresa de Inglaterra y la salida en campaña del ejército de Flandes para auxiliar al duque de Lorena propiciaron que los conflictos quedaran en suspenso en un primer momento y que, posteriormente, se llegara a un acuerdo. Así, en febrero de 1588 se determinó que la documentación original se debía mostrar al Veedor, que sacaría copia y la devolvería, y que a las muestras debían asistir tanto los contadores como el Veedor si se encontraban en la región713. Este acuerdo parcial fue favorecido por Felipe II, al posponer la aplicación de las nuevas responsabilidades del Veedor General, lo que favorecía las pretensiones de Farnesio, ya que el monarca confiaba en que el de Parma pudiera continuar con los éxitos militares que había cosechado en Flandes. Sin embargo, esta medida solo apaciguó unos ánimos que se volverían a caldear tras el fracaso de la Armada. El segundo grupo de opositores estaría integrado por los “malcontents”, pese a que Farnesio trató de favorecerles e involucrarles en sus proyectos tras la “Reconciliación” de 1579. Sin embargo, al no alcanzar la confianza y las responsabilidades de gobierno de la que gozaban personajes como Cosme Masi o Jean Richardot, iniciaron sus quejas, en especial, Champagney y el duque de Aerschot. El primero de ellos había permanecido prisionero de los rebeldes desde 1578 hasta el 7 de septiembre de 1584 en que fue liberado en Beveren. Automáticamente, comenzó a reclamar que se le concediera algún oficio y la ocasión se presentó cuando Farnesio tomó Amberes y le ofreció la posibilidad de retornar a su antiguo cargo de gobernador de la ciudad714. Sin embargo, el príncipe de Parma no confiaba en su idoneidad para el puesto y consideraba a Mondragón más adecuado, por lo que propuso al monarca que se le nombrarra chef del Conseil des Finances, oficio que ya había ejercido en su momento, o destinarle a alguna embajada715. Felipe II se mostró partidario de la primera opción, cumpliéndose su voluntad poco después. Sin embargo, y pese a los intentos de Farnesio por mantener una buena relación con él716, Champagney no se conformó con este nombramiento e incrementó su oposición al gobernador en momentos posteriores.

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G. PARENTE, H. O´DONNELL et alíi, Los sucesos de Flandes de 1588 en relación con la empresa de Inglaterra, Madrid, 1988, p. 158. 714 Tomó posesión del cargo el 30 de septiembre de 1585, como informó Farnesio a Felipe II ese día (CPh II, III, nº 131, pp. 55-56). 715 Así lo propuso el gobernador a Felipe II en dos misivas, la primera del 30 de septiembre de 1585 (AGS, E., leg. 589, f. 79) y la segunda del 11 de noviembre (CCG, XII, nº 98, pp. 377378). 716 Como así atestigua que el gobernador escribiera al monarca el 28 de febrero de 1586 (AGR, Audience, leg. 189, f. 6) para alabar la labor de Champagney en la pacificación de Amberes.

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Aerschot, por su parte, llevaba un tiempo reclamando a Felipe II una merced importante, en virtud de sus más de 45 años de servicio a la Corona717. Aspiraba a un puesto en el Conseil des Finances pero Farnesio se mostró contrario a ello por su difícil carácter y para evitar su posible alianza en dicho Consejo con el conde de Aremberg718. Esta decisión, unida a la doble elección que realizó Farnesio de Mansfeld para que le impusiera el Toisón y tomara su relevo como gobernador durante la empresa de la Armada de Inglaterra, enfureció al duque de Aerschot, que comenzaría a criticar duramente al de Parma719. Por último, Farnesio también tendría serios choques con Pierre-Ernest de Mansfeld, pese a demostrar en varias ocasiones su confianza en él. Sin embargo, era evidente que tanto el apoyo del luxemburgués a Margarita de Parma en el conflicto que mantuvo con su hijo por el puesto de gobernador, como las actuaciones de su avaricioso hijo Charles720, suponían un serio obstáculo en sus relaciones. Sin duda, las reticencias del gobernador sobre el vástago de Mansfeld eran patentes, pero intentó por todos los medios no enemistarse con él, para lo cual le concedió algunas prebendas como el título de chef de la artillería721. Pese a ello, la impaciencia del hijo se contagió en ocasiones al padre que amenazó, incluso, con ir a Madrid para conseguir que se le reconocieran sus servicios a través de una merced, haciendo Farnesio lo imposible por impedirlo. A pesar de esta diferencia de pareceres, el gobernador creyó conveniente que Mansfeld quedara como gobernador interino mientras él estuviera al mando del ejército que debía utilizarse en la invasión de Inglaterra. Dicha elección anticipaba problemas, pues tal honor debería haber recaído en el consejero de mayor título, que no era Mansfeld sino Aerschot, y podía agravar las viejas rencillas existentes entre los Mansfeld y los Cröy. Para evitar las protestas del viejo noble valón, el gobernador 717

Aerschot a Felipe II, 20 de septiembre de 1585, CCG, XII, nº 88 apéndice, pp. 355-362. Farnesio a Felipe II el 31 de diciembre de 1585 (CPh II, III, nº 169, p. 72) y el 16 de marzo de 1587 (AGS, E., leg. 592, f. 45). 719 Sobre el asunto del Toisón, sus quejas se basaban en que él debía haber impuesto a Farnesio el collar por ser de título nobiliario superior (Aerschot a Farnesio, 8 de agosto de 1585, CPh. II, III, nº 105, p. 43). 720 Hijo de Pierre-Ernest y de Marguerite de Brederode. Aunque en un primer momento se unió a los nobles confederados, enseguida volvió a la obediencia real y permaneció siempre al lado de su padre y de Felipe II. Personaje polémico, sus mayores esfuerzos se dedicaron al ejército, destacando, sobre todo, durante los gobiernos de Farnesio, que le nombró capitán general de la artillería en 1585, de su padre, llegando a estar al frente de los ejércitos reales que entraron en Francia por tercera vez, y de Ernesto, aunque sus continuas intrigas le obligaron a ponerse a la cabeza de las tropas de Rodolfo II en Hungría, donde falleció el 14 de agosto de 1595 (A.-L.-P. ROBAULX DE SOUMOY, Considérations sur le gouvernement des Pays-Bas en Collection de Mémoires relatifs à l´histoire de la Belgique, Bruselas, 1873, III, p. 116, nota 4). 721 La instrucción data de diciembre de 1586 (BNM, Ms. 2816, ff. 84 r.- 86 r. y CODOIN, LXXV, pp. 334-337). 718

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propuso que Felipe II le enviara al Imperio cuando se fuera a llevar a cabo la Empresa, con la excusa de tratar diversos asuntos con el emperador Rodolfo II722, para que estuviera ausente cuando se tuviera que nombrar gobernador interino. El Consejo de Estado en Madrid aprobó dicha propuesta723 y en julio de 1587 se le comunicó su misión a Aerschot, que emprendió viaje hacia el Imperio en noviembre. Durante su estancia en tierras germanas, el embajador Guillén de San Clemente hizo lo posible por conseguir que el noble flamenco prolongara su estancia en ellas hasta que hubiera finalizado la Empresa de Inglaterra y pudo cumplir su propósito hasta el 4 de mayo de 1588, momento en que Aerschot abandonó Praga para retornar a los Países Bajos. Aunque Felipe II había enviado una misiva para que el noble flamenco permaneciera junto a Rodolfo II para intervenir en la Junta sobre los asuntos de Polonia, esta no llegó a tiempo y Guillén no pudo hacer nada por retenerle, excepto escribir al conde de Olivares724 en Roma para que estorbara su marcha. Sin embargo, el embajador ante la Sede Pontificia tampoco pudo frenarle y en junio se encontraba en Flandes725. Aerschot se había dado cuenta de la estratagema y había acelerado su marcha para encontrarse presente en los Países Bajos en el momento en que el príncipe de Parma tuviera que hacer público el nombre del gobernador interino, optando así al cargo. De esta manera, podemos considerar que la maniobra de Farnesio fracasó, al enemistarle con Aerschot y no permitirle conseguir el favor de Mansfeld.

5.2.2.- La caída: repercusiones faccionales de la Empresa de Inglaterra y de las intervenciones en Francia (1588-1592) Sin duda, los éxitos militares y políticos de Farnesio durante la primera década de su gobierno habían acallado la mayoría de las voces contrarias a su gestión, algo realmente complicado si tenemos en cuenta el triunfo de los “castellanistas” en Madrid y la disposición de sus peones en los puestos claves de la política exterior del “Rey Prudente”. Sin embargo, estaba claro que sus enemigos solo necesitaban una excusa para lanzar sus ataques contra el gobernador y esta apareció con la actitud del parmesano ante el envío de la Armada a Inglaterra.

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Minuta de Felipe II a Farnesio, 5 de junio de 1587, AGS, E., leg. 2218, f. 126. “Paresçer del Consejo de Estado”, s. d. (comienzos de 1587), Ibídem, leg. 2855, s. f. Esta respuesta se comunicó al gobernador el 28 de febrero de 1587 (Ibídem, leg. 2218, f. 92). 724 Su biografía en Configuración, p. 395, M. A. OCHOA BRUN, op. cit., p. 213, nota 1041 y S. MARTÍNEZ HERNÁNDEZ, El Marqués de Velada y la Corte en los reinados de Felipe II y Felipe III: nobleza cortesana y cultura política en la España del Siglo de Oro, Valladolid, 2004, p. 96. 725 Olivares a Felipe II, 20 de mayo de 1588, AGS, E., leg. 950, f. 67. 723

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Ya desde finales de 1587, y pese a los preparativos que realizaba, aparecieron rumores sobre su poco entusiasmo respecto a la aventura inglesa, por lo que Farnesio se vió en la obligación de defenderse726. La situación fue empeorando según se iba acercando el momento de partir hacia Inglaterra, sobre todo, tras disponer el Gobernador General la manera en que debía quedar el gobierno de Flandes, así como el nombre de los personajes que debían permanecer en esas tierras y el de los que le debían acompañar. Como ya hemos señalado, el gobernador interino sería Pierre-Ernest de Mansfeld727, junto al cual Farnesio pretendía dejar a Pedro Coloma, que debía retornar para ello de Madrid728. Moreo, por su parte, pese a los deseos que tenía de participar en la Empresa, tuvo que permanecer en Flandes para ayudar a Mansfeld en las negociaciones con el duque de Lorena y Guisa sobre la Liga Católica en Francia. El fracaso de la Armada significaría el inicio de las acusaciones contra el príncipe de Parma provenientes desde 4 lugares distintos: Flandes, Italia, Francia y Madrid729. En Flandes, las protestas de mayor resonancia vinieron de la mano de Mansfeld, debido a las precarias condiciones en que Farnesio le había dejado el gobierno y las escasas tropas de que había dispuesto para repeler los ataques rebeldes730. Estas mismas críticas no cesaron en años venideros y tuvieron gran eco en la Corte de Madrid gracias al empeño de Gilles du Faing, agente de Mansfeld en la misma731. Además del 726

Farnesio a Felipe II, 13 de octubre de 1587, Ibídem, leg. 592, f. 136. Farnesio se lo comunicó a los Consejos Colaterales a finales de 1587 (CPh. II, III, p. 263). 728 Moreo a J. Idiáquez, 24 de marzo de 1588, AGS, E., leg. 595, f. 6, "Por Carnero me ha dicho el duque ha escrito a su Majestad con gran encarecimiento para que lo vuelva a embiar porque el se lleva al otro contador y al tesorero y veedor y querría que cabe el Conde de Mansfelt estuviesse el dicho a esto dize el veedor por no dar lugar a que se pueda entablar ni aun cabe el Conde de Mansfeld el officio de veedor general y advierto a V. S. que si Carnero viene no cumple sino que los demas que bien que se vayan de aqui sin poder estar un punto" 729 H. O´DONNELL, “Alejandro Farnesio: la justificación de una conducta política”, Hispania, 169 (1988), p. 530. 730 Moreo a Felipe II, 9 de agosto de 1588, AGS, E., leg. 595, f. 26. Mansfeld se quejaba, incluso, de que Farnesio no le había dejado cifra ni instrucciones para gobernarse y no se le había pagado el sueldo (Mansfeld a Richardot, 24 de septiembre de 1588, CPh. II, III, p. 360). 731 Hijo de Jean de Tassigny, señor de Faing, y de Françoise de Cugnon-St. Erpirgny. Tras terminar sus estudios entró como voluntario en un regimiento de alto-alemanes, donde obtuvo el grado de capitán de compañía. En 1590 Farnesio le envió a Madrid, con la anuencia de su patrón Mansfeld, donde residió hasta 1595 empleado en los asuntos de la Liga y de Flandes. Una vez de vuelta a su tierra natal, entró en el Consejo provincial de justicia de Luxemburgo como consejero en 1596 y al año siguiente se le nombró gentilhombre de la boca del archiduque Alberto, realizando la Jornada de 1598 al cargo de las mujeres que iban a servir a la Infanta Isabel Clara Eugenia y describiendo dicha Jornada en una relación que sería publicada por Gachard. En 1600 fue enviado como diputado a la Dieta de Spira y obtuvo otras prebendas durante los últimos años de su vida como el bailliage de Flandes el 8 de agosto de 1617 o un puesto de consejero de Guerra. En 1625 se convirtió en baronía su tierra de Jamoigne y falleció el 2 de diciembre de 1633 (Biografía en el DBE). 727

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gobernador interino, las acciones de Farnesio fueron censuradas por otros personajes como Champagney o Pedro Zubiaurre732. En Italia, por su parte, el duque de Saboya se llegó a ofrecer como posible nuevo gobernador de Flandes733 y el propio Sixto V censuró que el príncipe de Parma favoreciera las negociaciones de paz con Inglaterra a través del comerciante Andrés de Loo734, desapareciendo el apoyo papal a su gestión735. Los ataques desde Francia, por su parte, vendrían encabezados, como no, por los conocidos ministros Moreo, Juan Bautista de Tassis y Bernardino de Mendoza736. Por último, en Madrid, los amigos del duque de Medina Sidonia hicieron lo posible por defenderle del fracaso de la Armada y cargaron contra Farnesio, cuya debilidad cortesana hizo que todas las culpas recayeran sobre él. El gobernador de Flandes trató de defender su reputación en la medida de lo posible, ayudado por algunos personajes afines en Flandes, que atacaron la labor de Mansfeld737. Así mismo, envió al conde Nicolo de Cessis, gentilhombre de su cámara, a Roma a justificar su actuación, aunque con la excusa de la enfermedad de su tío, el cardenal Farnesio, que falleció el 2 de marzo de 1589738. Por lo que respecta a Madrid y Francia, el gobernador comisionó a uno de sus consejeros de confianza, Richardot, a Madrid739. Sin embargo, el letrado no consiguió acallar los rumores sobre su patrón740, 732

Memorial del 1 de julio de 1588, AGS, E., leg. 596, f. 93. Cfr. H. O´DONNELL, op. cit., p. 538. 733 Jusepe de Acuña a Felipe II, 2 de septiembre de 1588, AGS, E., leg. 1263, f. 113. El 6 de septiembre lo volvió a repetir (Ibídem, f. 115), "El Duque me apuntó de nuevo ayer el desseo que tiene de emplearse en servicio de V. Majestad quando no aya otra cosa en que de soldado, solo apuntando siempre al govierno de Flandes y conquista de Inglaterra porque con las relaciones que cada dia llegan peores de que el de Parma se ha havido tan mal en lo que tiene a cargo de estar a punto y acudir al de Medina, ora sea que lo aya hecho de malicia o de descuydo, le parezce al Duque como también a todos los que del caso discurren imposible que V. Majestad le dexe en Flandes ni le encargue otra vez lo de Inglaterra". 734 Sobre dichas negociaciones, L. VANDER ESSEN, Alexandre Farnèse..., V, capítulo 3, “Tentatives de médiation et rumeur de paix (1586-1587)”, pp. 72-113, 190-194 y 206-213 y F. FERNÁNDEZ SEGADO, “Alejandro Farnesio en las negociaciones de paz entre España e Inglaterra (1586-1588)”, Hispania, XLV (1985), pp. 513-578. 735 Olivares a Felipe II, 25 de enero de 1588, AGS, E., leg. 951, f. 4. 736 Farnesio a Felipe II, 30 de octubre de 1588, Ibídem, leg. 594, f. 149 bis. 737 Farnesio a Felipe II, 30 de septiembre de 1588, Ibídem, f. 140. El comisario Pedro López de Soto le había comunicado la nefasta labor de Mansfeld en el gobierno. 738 Olivares atacó la actitud del príncipe de Parma, ya que a la única persona a la que debía rendir cuentas era al rey (Olivares a Felipe II, 29 de octubre de 1588, AGS, E., leg. 950, f. 227). Este, por su parte, expresaba que el envío de Cessis era debido a la enfermedad de su tío y no a limpiar su nombre, lo que sabemos era incierto (Farnesio a Olivares, 22 de diciembre de 1588, AGS, E., leg. 953, f. 48). Cínicamente, el embajador le contestó que él nunca había pensado así y le creía (Olivares a Farnesio, 22 de febrero de 1589, Ibídem, f. 49). 739 Su marcha estaba prevista para marzo de 1589 pero cayó enfermo, lo que retrasó el viaje (Farnesio a Felipe II, 24 de marzo de 1589, AGS, E., leg. 596, f. 43). Finalmente, llegó a la Corte en noviembre (Grassi a Montalto, 8 de noviembre de 1589, ASV, Spagna, leg. 35, ff. 275276). Su estancia se prolongó hasta mediados de 1590 retornando, de nuevo, a Flandes en junio

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como tampoco lo hicieron los diversos memoriales de justificación del de Farnesio insinuando la posibilidad que existía de solicitar su relevo como Gobernador General si las insinuaciones sobre su gestión continuaban741. Ya en 1586 había amenazado con ello tras la muerte de su padre Octavio, con la excusa de querer ir a gobernar a sus súbditos en Parma debido a que su hijo Ranuccio era aún muy joven742; la cercanía de la Armada le hizo posponer su petición, pero el fracaso de la misma y los ataques hacia su persona le hicieron retomar la idea743. Las misivas de Felipe II e Idiáquez, que le exoneraban de culpa y le transmitían que confiaban en su inocencia, le tranquilizaron e hicieron cesar sus memoriales. Sin embargo, la realidad era que su posición era cada vez más precaria y que su imagen había sufrido una merma considerable, significando el fracaso de la Armada el inicio de su declive, que se agravaría aún más tras las intervenciones en Francia en los años venideros. Además de con acciones diplomáticas y cortesanas, Farnesio procuró mejorar su imagen a través de la obtención de una victoria espectacular contra los rebeldes, para lo cual utilizó el ejército que había reunido para pasar a las islas británicas. Su plan consistía en dividir las fuerzas en tres cuerpos, de los cuales el primero, comandado por Mansfeld, atravesó el Rin para asediar Bonn, el segundo, con La Motte al mando, fue a la costa y el tercero, dirigido por él mismo, a Brabante para conquistar Bergen-opZoom744. Sin embargo, el invierno se echó encima sin haber logrado los objetivos, por lo que el ansiado golpe de efecto no fue tal. Esta fallida maniobra le supuso nuevos ataques en 1589 que provendrían, incluso, de personajes con los que antes no se había enfrentado y, en teoría, afines ideológicamente, como Rodrigo de Silva y Mendoza, duque de Pastrana, o Luis de Leiva, príncipe de Áscoli. (Farnesio a Felipe II, 26 de junio de 1590, AGS, E., leg. 598, f. 82). Los objetivos de su viaje nos los relata Coloma (op. cit., libro segundo, pp. 15-16), "Partio el Duque la vuelta de Spa, a mediado Junio, dexando despachado para España, al Presidente Richardote, con cartas de crehencia y orden de desculparse con el Rey, y sus ministros de las calumnias que contra su reputación, se avian escrito y dicho, en lo tocante a la jornada de Inglaterra. Llevó también Richardote instrucción del Duque, para pedir licencia de retirarse a su casa, ordenandole que no jugase desta pieça, sino en caso que no se le admitiesen las disculpas, o con certidumbre, de que gustava el Rey de embiarle sucesor". 740 Las respuestas a la embajada de Richardot en AGS, E., leg. 2855, s. f., donde se trataban 4 puntos: guerra con Francia, la Armada contra Inglaterra, la situación de los Países Bajos y la hacienda y el dinero en Flandes. En lo de Inglaterra se apreciaba disgusto y se acusaba al duque de no haber informado todo lo que debía. 741 Por ejemplo, Farnesio a Felipe II, Ibídem, leg. 602, f. 164. 742 F. ESTRADA, op. cit., pp. 419-420. 743 Así se lo comunicó a Felipe II el 28 de septiembre de 1588 (AGS, E., leg. 594, f. 139) y a Idiáquez el 1 de octubre (Ibídem, f. 146) y el 30 de diciembre del mismo año (Ibídem, f. 163). 744 L. VANDER ESSEN, Alexandre Farnèse..., V., pp. 243-249.

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Ambos nobles, viejos amigos de la Corte, habían decidido incorporarse juntos en 1588 al ejército de los Países Bajos745. Los desencuentros con Farnesio se iniciaron al poco de llegar a dichas tierras y, alcanzarían tal intensidad, que les llevó a convertirse en enemigos acérrimos746, por lo que tuvieron que dejar los Países Bajos antes de la muerte del de Parma: Áscoli lo hizo en 1592 tras abandonar el ejército durante la segunda incursión en Francia747, mientras Pastrana marchó en 1589 mostrando su deseo de no volver. Felipe II no lo permitió y le obligó a retornar tras concederle el oficio de capitán de la caballería ligera del ejército de Flandes que estaba vacante por la renuncia del marqués del Vasto748, también enfrentado con Farnesio749. Así mismo, el coronel Francisco Verdugo mostró también su disgusto con el gobernador750, lo que nos

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C. COLOMA, Las guerras de los Estados Bajos, desde el año de 1588 hasta el de 1599, Amberes, 1622 (he consultado la edición de Madrid en 1948, BAE XXVIII), libro primero, p. 19. 746 A. CAMPAN (ed.), Abrégé historique du règne d´Albert et Isabelle (1592-1602), Bruselas, 1867, p. 7 y H. KHEVENHÜLLER, Diario de Hans Khevenhüller, embajador imperial en la corte de Felipe II, Madrid, 2001, p. 361. Los motivos de dicho enfrentamiento nos los cuenta Alonso Carnero, "Que aviendo el Duque dexado a la puerta a Eduardo Lançavecha con algunos soldados italianos de su compañía que tenían en Breda por guardia de la puerta con orden que no dexasen entrar a nadie, llegó el Duque de Pastrana con algunos soldados españoles y criados suyos y no queriendo dejar entrar mas que a su persona, el Duque quiso que entrasen los que con el venían. Por lo qual huvo gran escándalo tanto que vinieron a poner mano a las espadas y a riesgo de alborotarse la gente de la guarnición teniendo algún trato doble, porque no estavan pagados esperando el dinero que avia ydo por ello a Amberes Juan Bautista de Tasis Veedor general que era del exerçito. Apasiguose esta pendençia y el Duque mando al de Pastrana que se fuese a Breda y muy sentido por la poca demostración que el de Parma avia hecho contra Lançavecha por el desacato ussado a su pareçer contra su persona, aunque a la verdad del cumplio como soldado la orden que tenia y desde entonçes nunca el de Pastrana se mostró afiçionado al de Parma", (A. CARNERO, op. cit., p. 238). 747 Dejó el ejército de Francia en junio de 1592 y partió de Bruselas el 24 de noviembre de dicho año con escolta y “muy enterado de las cosas de allí” (Fuentes a Martín de Idiáquez, AGS, E., leg. 603, f. 107-1). 748 Ya se especulaba desde 1590 con que se le concedería este oficio a Pastrana (Ibídem, leg. 598, f. 44), pero no se le dio la patente hasta el 12 de marzo de 1593 (AGS, E., leg. 2221, f. 44) y el título hasta el 22 de ese mes (AHN, E., libro 253, ff. 2 r.-3 v.). 749 Avisos de Roma, 11 de julio de 1592, RAH, Papeles de Jesuitas, 9/3689, f. 49 r., "De Mantua escriven que en aquella ciudad avía llegado el marqués del Vasto, partiose de francia por discordia nacida entre él y el Príncipe de Parma"; Avisos de Roma, 1 de agosto de 1592, Ibídem, f. 51 r., "En el consistorio del lunes fue la bula sobre los duelos con ánimo de emplearla y publicarla de nuevo por la diferencias que oy dia ay entre el duque de Mantua y el Príncipe de Parma y marqués del Vasto por las palabras disgustosas subcedidas entre el dicho príncipe de parma y marqués del vasto en francia y flandes dismintiéndose por indiretas el uno al otro que todo se entiende se remediara con medio de su santidad el qual da la magestad cesárea por agora 10000 escudos de ayuda contra los turcos con promesa de mayor en caso que el turco tentase de ir adelante". 750 J. MASSARETE, op. cit., II, p. 92. Sus protestas, en principio tímidas, las dirigiría a J. Idiáquez el 10 de octubre de 1589 (AGS, E., leg. 596, f. 108).

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demuestra que las luchas faccionales se habían extendido al ejército, sin olvidar que no cesaron las protestas de cortesanos como Champagney751. El panorama de Farnesio se ensombrecería aún más cuando se le comunicó que debía entrar con el ejército en Francia para apoyar militarmente a la Liga Católica. Sin duda, esta primera intervención en el reino vecino significó la decadencia política definitiva del príncipe de Parma, pese a conseguir los objetivos marcados inicialmente. Así, tras socorrer París, y pese a los requerimientos que le hicieron tanto la Liga Católica como los ministros de Felipe II para que permaneciera en Francia752, el gobernador decidió retornar a Bruselas, donde se encontraba de nuevo el 4 de diciembre de 1590. Para defender su actuación, Farnesio decidió enviar a Alonso de Idiáquez, hijo del secretario, a Madrid753, pero no consiguió imponer su visión sobre la situación en Francia, ya que poco después se le comunicó que debía entrar allí por segunda vez. Las constantes y numerosas censuras sobre su gestión arreciaron durante su estancia en Francia, proviniendo los ataques más duros del Comendador Moreo, como ya han reflejado diversos autores754, dispuesto siempre a prestar oídos a las quejas de sus enemigos755. Sus críticas se centraban principalmente en la poca disposición del de Parma a intervenir en Francia y el excesivo uso que hacía de italianos en el gobierno756. Una de dichas misivas fue interceptada por Enrique de Bearn, que no desperdició la ocasión para hacérsela llegar a Farnesio, provocando que la pugna entre Moreo y Farnesio se hiciera pública757. Solo la muerte del comendador el 30 de agosto de 1590

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Del 21 de diciembre de 1589 es su “Discours sur les affaires des Pays-Bas”, publicado por A. L. P. ROBAULX DE SOUMOY (ed.), op. cit., pp. 253-300. Es un amplio memorial donde Champagney disecciona el gobierno de Farnesio y protesta por la importancia que este daba a los extranjeros de baja extracción social como Masi, Cigoña o Paulo Rinaldi, así como la poca que daba a la nobleza flamenca y la escasa relevancia de los Consejos Colaterales. En 1590 y 1591 repetiría las mismas quejas en dos memoriales publicados en el mismo libro en pp. 303321 y pp. 325-332. 752 “Parecer del Consejo de Estado”, 4 de diciembre de 1590, AGS, E., leg. 2855, s. f. El rey no debía permitir bajo ningún concepto que Farnesio retornara a Flandes hasta que se resolviera la situación, pero ya era demasiado tarde y el príncipe de Parma ya se encontraba de vuelta en Bruselas. 753 A. D. HERRERA Y TORDESILLAS, Historia de Antonio de Herrera, criado de su Magestad y su Coronista mayor de las Indias, de los sucesos de Francia, desde el año de 1585 que començó la liga Católica, hasta en fin del año 1594, Madrid, 1598, p. 159 r. y C. COLOMA, op. cit., libro cuarto, p. 21. 754 Ibídem, libro tercero, pp. 2 y 33; J. MASSARETE, op. cit., II, p. 90 y L. VANDER ESSEN, Alexandre Farnèse..., V, p. 281. 755 En una misiva a Felipe II del 18 de noviembre de 1589 (AGS, E., leg. 597, f. 128) vemos como el Comendador se hacía eco de las quejas de Mansfeld. 756 Como vemos en las cartas que envió a Felipe II el 26 de mayo de 1590 (Ibídem, f. 7), a J. Idiáquez el 22 de junio (Ibídem, f. 23) y de nuevo al monarca el 22 de junio (Ibídem, f. 27). 757 La mejor relación de este incidente y de los problemas de Farnesio y Moreo la encontramos en un escritor muy favorable al príncipe de Parma como F. ESTRADA, op. cit., pp. 240-241,

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en una emboscada de los hugonotes consiguió frenar el enfrentamiento, pero el daño ya estaba hecho al haber calado hondo sus acusaciones. Por otro lado, durante esta primera incursión en Francia se reprodujeron los problemas de 1588 entre Farnesio y Mansfeld, pese a los nuevos intentos del parmesano por mejorar su relación, como la propuesta que envió a Madrid para que el luxemburgués fuera gobernador de Flandes si la enfermedad que empezaba a apoderarse de su cuerpo acababa con su vida758. El desencadenante de las acusaciones fue, de nuevo, la difícil relación entre el príncipe de Parma y el hijo de Mansfeld, que antes de partir a Francia se había negado a acudir a la Jornada al mando de la artillería por sentirse dolido con el nombramiento de La Motte como maestre general de campo, puesto que ambicionaba, prefiriendo permanecer en Bruselas para medrar durante la interinidad de su padre. Farnesio, por supuesto, se mostró contrario a esta decisión y le

“Juan Moreo, Cavallero Comendador de S. Juan, fue mas ilustre por ingenio, industria, que por sangre, o bienes de fortuna. Fue hijo de madre Española, y padre Francés; y haviendo introducido en el Palacio de Philippo II, lisonjeando a unos, accusando a otros tarazeado de buenas, y malas artes, se elevó a tanta authoridad, que siendo uno del Triumvirato de españoles, con Bernardino de Mendoça y Juan Baptista de Tassis, governava los negocios de España en Francia. Esta, conservando fuera de Palacio las costumbres de Palacio, havia acusado a Alexandro de falsos crímenes al Rey Catholico. Descaminó la carta el Rey de Navarra, y haviendo sacado lo contenido de ella por descifradores, no perdió la ocasión de travar entresi, e irritar mutuamente a los Ministros del Rey de España. Cuidó pues de que buelto a cerra el pliego de las cartas, llegasse a manos de Farnesio. La summa de los cargos era que el de Parma estava mal affecto a la grandeza española. Porque, como Principe Italiano, convenia con los de su nacion en no querer, que los negocios de España se fuessen sobreponiendo en Francia con riesgo de Italia. Porque no havia de quedar rastro de libertad en Italia, si fuera de las prisiones de servidumbre, que navegavan desde España, se le labrassen de la cercania de Francia nuevos grillos en los Alpes. Que por esta causa se havian dado escasamente, y tarde, los socorros a la Sancta Liga, y la paz, que facilmente podia ajustarse con los holandeses, artificiosamente se havia desvanecido, para que con ella, empleando las fuerças de toda Flandes contra Francia, no se pusiesse fin a la guerra. Atribuia tambien los disturbios de las sediciones, o a su quebrantada salud, o al arrepentimiento de su fortuna. Como que en un cuerpo achacoso le faltasse el vigor al animo, y desde la cumbre, a que le havian levantado, començasse a bolver hacia atras, como ha de costumbre, la fortuna. Que tambien en las conversaciones domesticas tractava mal de palabra a los Ministros Españoles, porque pretendian derribar contra derecho, y justicia a los Borbones del Reyno de Francia, y juntarle al Dominio Austriaco, no menos necio que arrogantemente”. 758 Minuta Felipe II a Farnesio 6 de noviembre de 1589, AGS, E., leg. 2219, f. 120, "Tras esto os agradezco la memoria que en aquel aprieto tuvisteis de proveer a mi servicio por si el mal passase adelante y el buen intrumento que escogiades en el Conde de Mansfelt que me pareçe que fue prevençion muy açertada y fuelo tanto por la mucha satisfaçion que yo tengo de su persona y serviçios y el amor con que siempre ha tratado del mio, (...). Digo que no solo apruebo que en otro tal caso (el qual desvie Dios), podays echar mano del conde y señalarle en mi nombre por governador entretanto que yo ordeno otra cosa, sino que para lo mismo de la salud que os desseamos y para que la carga de negoçios no os haga daño si os days a ellos, ni os congoxe el verlos parados, y la dilación de su despacho si repressan sin otro expediente me pareçe que sera muy bien que llameys al dicho Conde de Mansfeld y le encargueys que durante vuestra convaleçencia y hasta que tengays muy confirmada la salud atienda el a la expediçion de todo asistiendole los Consejos cada uno en lo que le toca con mucha puntualidad y que assi se vaya acudiendo a lo de la guerra y govierno".

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conminó a marchar con él, negándose Charles de nuevo. Ante ello, el príncipe de Parma emprendió el viaje y puso al señor de La Motte también al frente de la artillería759. Mansfeld reaccionó ante lo que consideraba un ultraje a su hijo760, apoyando Felipe II su postura al permitir que este permaneciera en Bruselas761, lo que supuso un nuevo paso en la progresiva desacreditación del príncipe de Parma. Sin embargo, su agonía se iba a prolongar aún un tiempo, ya que Felipe II le necesitaba para poner en marcha varias medidas que había pergeñado durante los últimos meses de 1590 y primeros de 1591, encaminadas a reconducir la precaria situación de la Monarquía tanto en Flandes como en Francia. La primera de ellas fue la sustitución de Bernardino de Mendoza, al que se había concedido el relevo como embajador en Francia a finales de 1590762, por Diego de Ibarra763, cliente de Juan de Idiáquez764, que llegó a Bruselas el 26 de enero de 1591. Junto a su labor de embajador y ministro en Francia, se debía ocupar de fiscalizar la labor de Farnesio, sobre todo, en aspectos relacionados con la hacienda. Enseguida contactó con los opositores del gobernador como Juan Bautista de Tassis o los Mansfeld765 y se unió a sus críticas sobre la labor de los oficiales encargados de 759

Farnesio a Felipe II, 11 de agosto de 1590, Ibídem, leg. 598, f. 104. Pierre-Ernest van Mansfeld a Felipe II, 22 y 28 de agosto de 1590, Ibídem, leg. 599, ff. 56 y 63. 761 Minuta de Felipe II a Mansfeld, 21 de septiembre de 1590, Ibídem, leg. 2220-1, f. 35 y Minuta de Felipe II a Farnesio, 21 de septiembre de 1590, Ibídem, f. 117. 762 Su último despacho en la capital francesa data del 31 de diciembre de 1590 y en él, sintomáticamente, criticaba a Farnesio por no dejar guarnición en París cuando se retiró (DE L. JENSEN, op. cit., pp. 211-228). 763 Hijo de Francisco de Ibarra, contador general del ejército del milanesado y con el duque de Alba en Flandes, y de doña Beatriz de Vargas, hermana del famoso secretario, nació en Milán hacia 1552. Su primer cargo en la administración fue el de Veedor General en el reino de Sicilia antes de pasar a Francia y los Países Bajos donde desarrollaría el periodo más importante de su carrera. Al no poder ejercer como embajador en Francia por la complicada situación, se le concedió el oficio de Veedor General del ejército en Flandes y el de consejero de Guerra. Durante el gobierno de Ernesto se intentó que fuese nombrado gentilhombre del Archiduque, aunque este lo evitó, teniendo mejor suerte con su hermano Alberto del que fue mayordomo y también en el periodo archiducal. Entró en el Consejo de Estado en 1621 y falleció el 11 de mayo de 1626 (V. VÁZQUEZ DE PRADA, op. cit., pp. 96-97). 764 Como él mismo expresa en su carta al secretario del 16 de febrero de 1591, AGS, E., leg. 599, f. 112. En dicha misiva, su castellanismo queda patente en la siguiente reflexión, “La nación que menos cuesta a su Majestad mas victorias le gana y con mas seguridad le conserva los Estados que adquiere es la nuestra y si en todas partes es esto en ninguna es tan çierto como en estos Estados”. 765 En una carta que envió al monarca el 27 de mayo (Ibídem, f. 128), nos encontramos su descripción de los nobles luxemburgueses. Sobre el padre comentaba, "Y si ha de ser natural por muchos defectos que le pongan ninguno tal como el Conde de Mansfeld aunque está viejo segun me dizen pero no ay que pensar en otro de los de aca porque para este efecto ninguno seguro sino el. Si ha de ser estrangero se aventura lo que quiça lo sentiría el Duque saliendo a servir a lo que va es justo envialle contento de manera que lo mas acertado seria lo de Mansfelt, tratándole corto para que solo govierne y en lo de la guerra por la traza que dexara dada el 760

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administrar la hacienda –en especial Pedro Coloma y los hermanos Carnero766-, proponiendo su sustitución por Jusepe Galaza, que falleció al poco, y Pedro de Ibarra de Eibar767. Esa labor de oposición se vería frenada tras deteriorarse la relación de Ibarra con Tassis, al concedérsele a este el relevo como Veedor General del ejército para que pasara a ocuparse únicamente de los asuntos relacionados con Francia768. El elegido para ocupar la vacante fue el propio Diego de Ibarra, en virtud de haber ejercido el mismo oficio durante 10 años en Sicilia, que no deseaba el puesto en absoluto por las dificultades que implicaba y procuró demorar al máximo la toma de posesión del mismo. Su actitud provocó numerosas discusiones entre ambos hasta que, finalmente, el oficio pasó a Ibarra a comienzos de 1592769. Otra de las disposiciones reales para mejorar la situación fue la de ordenar al príncipe de Parma en agosto de 1591 que creara una Junta para el estudio de la Hacienda y tanteos, integrada por Juan de Lastur, Tassis, el pagador Gabriel de Santisteban, Richardot y Diego de Ibarra770. Pese a la orden real, dicha Junta no llegó nunca a ponerse en marcha, debido a la segunda intervención en Francia, y al poco

Duque defienda estos Estados sin meterse en mas, que la otra vez que quedo bien creo que passo algo del pie a la mano". Con respecto al hijo, "Era general de la artilleria y por zelos de que el Duque mandaría servir el cargo de Maese de Campo general en Françia a Mos de la Mota o por gozar del pagado de su padre se quedó aca renunçiando su cargo al Duque como V. S. lo haura visto aunque el niega la intençion de renunçiallo por mas de aquella jornada en que le paresçio que se le quería hazer agravio y que aca podia servir a su Majestad. Yo no le admito esta disculpa sino que apruevo lo que entendio y hizo el Duque que fue proveer su cargo como renunçiado y avisar a su majestad para que mandase lo que fuese servido pero el sentimiento con que este hombre esta de verse sin ocupación le tiene de manera que me da cuydado, el es muy valerosso soldado a lo que dizen los que le han visto servir. Es de los mas bien entendidos hombres que yo he visto y de mas ingenio. Colérico como un demonio y sobervio harto, en esse buen natural ya vee V. S. lo que criara un descontento y agravio a su pareçer desocupaçion, pobreza y imbidia a los que mandan que eran ayer mandados del y en tiempos tan revueltos como los presentes serviçio de su Majestad sería aquí o fuera de aquí, ocupar y honrar a este hombre y hazello presto porque aunque calla anda dando con la caveça en las paredes y todo lo que por el ha passado no piensa que es por havello querido el sino por no tenelle el Duque buena voluntad en que se deve de engañar como en estotro". 766 Diego de Ibarra a Juan de Idiáquez, 16 de febrero de 1591, Ibídem, f. 112. Sobre el primero, "Aquí era uno de los contadores deste exercito Pedro Coloma a quien yo no conozco dizen personas de credito que vino sin hazienda compro del Marqués del Vasto una varonía aquí que dizen le dan oy 30000 ducados por ella y con esto y mas hazienda que tiene esta tan sobrado que dexo el oficio pidiendo al Duque hiziesse serville a un hermano suyo y assi se hizo, este esta muriéndose”. Sobre los Carnero, “El otro officio de contador le haze también por su hermano Antonio Carnero, hombre moço y de poca experiençia, estos dos officiales son las llaves de toda la hazienda que su Majestad gasta en este exerçito, havrian de estar en personas de mucha avilidad, bondad y confiança". 767 Diego de Ibarra a Juan de Idiáquez, 16 de febrero de 1591, Ibídem, f. 123. 768 Felipe II a Farnesio, 22 de mayo de 1591, Ibídem., leg. 2220-2, f. 116. 769 Farnesio a Felipe II, 15 de enero de 1592, Ibídem, leg. 602, f. 8. 770 J. LEFÈVRE, La Sécretairie d´Etat et de Guerre..., p. 51.

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interés del gobernador en que funcionara, ya que iba en contra de los ministros en los que había delegado. La última medida que tomó el monarca fue la de obligar a Farnesio a entrar en Francia por segunda vez, lo que nuevamente situaba al gobernador a los pies de los caballos. Sin duda, las consecuencias cortesanas que tuvo esta intervención no fueron más que el epílogo de lo que había venido sucediendo en años anteriores, pues su relevo ya estaba decidido. En esta ocasión, de nuevo dejó Farnesio a Mansfeld como gobernador interino771, ya que consideraba, pese al recrudecimiento de los enfrentamientos entre ambos durante los últimos meses772, que era la opción menos gravosa para sus intereses y los de la Monarquía. Esta elección, como era de esperar, ocasionó nueva polémica, ya que la familia Cröy, encabezada por Aerschot y apoyada por Havré y Aremberg, no aceptó de buena gana una reedición del interinazgo de Mansfeld y elevaron sus protestas ante Farnesio, que volvió a hacer oídos sordos. Era evidente que Flandes no quedaba con la tranquilidad idónea cuando el noble italiano partió hacia el frente, y este era consciente de que lo que se iba a encontrar a su vuelta no iba a ser, para nada, favorable a sus intereses. En efecto, cuando regresó en julio de 1592 para acudir a los baños de Spa debido a su enfermedad, la situación era especialmente grave, ya que Mansfeld, además de continuar enviando sus recurrentes quejas a Madrid, le había incluso desautorizado en asuntos hacendísticos773. En concreto, un día antes de partir, el príncipe de Parma había concedido una orden a Gabriel de Santisteban para que pudiera pagar los recaudos que, tanto Mansfeld como el propio Farnesio, pudieran hacer durante su ausencia774. Sin embargo, pocos días después, el gobernador interino prohibió a Santisteban que librara dinero a algunas personas a las que el príncipe de Parma había dejado encargados de la reformación de 771

Aunque Mansfeld protestó porque Farnesio le había dejado al mando sin instrucciones, este si le había otorgado unos apuntamientos con el título “Recuerdo de lo que en particular se le advierte al señor Conde de Mansfelt y paresçe convenir mas al servicio de su majestad”, 14 de noviembre de 1591, AGS, E., leg. 599, f. 81. 772 Estos problemas vendrían a consecuencia de la reclamación de Charles Mansfeld de su oficio de chef de la artillería, ya que poseía aún la patente y por ello era imposible que La Motte ocupara el puesto. Farnesio se mantuvo firme en su decisión debido a que, además de su desobediencia, Charles había cogido dinero de las contribuciones y se había acercado al polémico Champagney. Aunque no se pudo llegar a un acuerdo, Charles Mansfeld si aceptó en esta ocasión marchar con Farnesio a Francia (Charles Mansfeld a Felipe II, 30 de octubre de 1591, Ibídem, leg. 601, f. 15). 773 Varias de estas protestas se encuentran en Ibídem, leg. 599, ff. 81-86, leg. 601, ff. 2, 3 y 28 y en el legajo 603. 774 “Para que el pagador general destos estados pague las libranças y recaudos dados por Vuestra Excelencia”, 14 de noviembre de 1591, Ibídem, f. 12.

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ciertos regimientos de tropas. El pagador envió la orden a Farnesio, que tuvo que recordar al noble luxemburgués que él aún era el gobernador pese a que no se encontrara en Flandes775. En respuesta, Santisteban se negó a pagar las libranzas de la compañía de Charles Mansfeld en juros, lo que encolerizó al hijo del gobernador interino, que había retornado a Flandes tras permiso de Farnesio para que concertara en Bruselas su matrimonio776. El hijo del pagador, Juan de Santisteban, y el conde se encontraron el 15 de febrero de 1592 en casa de los Mansfeld y el segundo amenazó al primero de muerte, llegando a sacar la espada, pudiendo este escapar finalmente777. Farnesio elevó sus protestas en firme al rey por estos hechos, de nuevo sin éxito778, por lo que prefirió marchar directamente a Spa evitando todo encuentro con los Mansfeld. Charles trató de limar asperezas y se trasladó a dicha ciudad en agosto, con la intención de llegar a un principio de acuerdo, y, aunque este se consiguió, las posiciones estaban tan enfrentadas que no se llegaría a cumplir y las desavenencias continuaron. Así, el príncipe de Parma propagó el rumor de que Charles Mansfeld planeaba traicionar a Felipe II creando una nueva unión de nobles flamencos junto a Havré y Egmont para conseguir mercedes del rey779, aunque no dispuso ninguna medida de fuerza contra ellos. El gobernador, en cambio, si que actuaría contra las intrigas de Champagney y le ordenó salir de Bruselas en octubre de 1592 para acudir a su tierra natal780, desapareciendo este personaje de la esfera política flamenca hasta su fallecimiento en 1602. Finalmente, a mediados de octubre, Farnesio retornó a Bruselas y convocó a los Consejos Colaterales para el 14 y el 18. Mansfeld se negó a acudir a la primera de las sesiones, aunque si se personó en la segunda, produciéndose un fuerte enfrentamiento que prologaba el desenlace final. Farnesio ya era consciente de que su final estaba 775

Orden de Mansfeld, 17 de enero de 1592, Ibídem, leg. 602, f. 23. En el f. 21 se encuentra la misiva donde Farnesio le recordaba a Mansfeld que era aún el gobernador. 776 Farnesio a Felipe II, 15 de febrero de 1592, Ibídem, f. 18, "El Conde Carlos su hijo me pidió estos dias liçençia de yr a çelebrar sus bodas con la viuda del Conde de Ostrate por dessearlo en estremo su padre, y tanto que me abseguro que sin saber si podría yr las tenía preparadas para çierto dia, por el desseo que tiene de ver herederos en su casa, y assi por pareçerme la demanda justa, y muy conveniente que el hijo consolasse al padre en cosa tan justa, se la di ofreçiéndome el de volver en breve y venir sin replica en llamandole como espero lo hara". 777 Juan a Gabriel de Santisteban, 17 de febrero de 1592, Ibídem, f. 44. 778 Así, le escribió el 20 de marzo (Ibídem, f. 33) y el 12 de julio (Ibídem, f. 110). 779 Farnesio a Felipe II, 20 de septiembre de 1592, Ibídem, f. 134. Desconocemos si esos contactos fueron reales o no, pero en Amberes se amotinaron unos marineros comandados por el capitán Jacques Sut, que estaba sustentado por Charles Mansfeld, contra el auditor Salinas y con el fin de que el noble luxemburgués fuera nombrado almirante (Farnesio a Felipe II, 29 de septiembre de 1592, Ibídem, f. 153). 780 La orden sobre su destierro dataría del 14 de octubre (Ibídem, leg. 602, f. 140). Una descripción de los acontecimientos en A. CARNERO, op. cit., p. 280.

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cercano, por lo que escribió a su hijo Ranuccio un testamento político para que este conociera sus pensamientos e hiciera todo lo posible por cuidar su memoria781. El de Parma salió de Bruselas en noviembre para preparar la tercera incursión en Francia, tal y como le había ordenado Felipe II, pero no pudo llegar a partir y falleció poco después782. Su muerte le ahorró la ignominia de conocer que su relevo estaba decidido desde hacía un año.

5.3.- La recuperación de la autoridad real en Flandes con Alejandro Farnesio 5.3.1.- Los años de “reconquista” y de preparación de las Empresas de Francia e Inglaterra (1578-1588) Cuando Alejandro Farnesio relevó a don Juan de Austria, la autoridad real había sufrido una merma considerable en el conjunto de Flandes. La división entre las provincias leales y rebeldes se confirmó en 1579 por las Uniones de Arras (6 de enero), cuyas firmantes reconocieron la plena autoridad de Felipe II y Farnesio el 17 de mayo mediante Tratado sellado en la misma ciudad, y de Utrecht (el 23 del mismo mes)783, en cuyo texto fundador encontramos un espíritu opuesto a la Pacificación de Gante, ya que apenas se mencionaba la autoridad real o el mantenimiento de la fe católica y no preveía la reconciliación con la Monarquía784. El programa de los “malcontents” había fracasado, lo que supuso su retorno a la obediencia. Tras conseguir la Reconciliación de esos nobles, Farnesio tuvo que afrontar otro asunto de suma importancia como era su confirmación como gobernador, ya que no había sido ratificada la cesión del puesto realizada por don Juan de Austria ante la decadencia de la facción “papista” en Madrid. El Tratado de Arras incluía una cláusula, por la cual se establecía que en un plazo de 6 meses tras la marcha de los Tercios de Flandes hacia Portugal se debía nombrar un nuevo Gobernador General, sirviendo Farnesio hasta que esto se hubiera producido, y si se superaba esa fecha el mando pasaría al Conseil d´État. Esta medida no fue necesaria, ya que el 30 de noviembre el monarca estableció que iba a ser Margarita de Parma la gobernadora, pasando su hijo a ser comandante militar785. 781

Dicho documento se encuentra publicada por L. VANDER ESSEN, "Le testament politique d´Alexandro Farnèse", BCRH, 86 (1922), pp. 183-215. 782 Una descripción de su muerte en A. CARNERO, op. cit., p. 281. 783 El texto se encuentra publicado en inglés en H. H. ROWEN, The Low Countries in Early Modern Times…, pp. 68-74 y E. H. KOSSMAN y A. F. MELLINK (eds.), op. cit., pp. 165-173. 784 G. PARKER, España y la rebelión de Flandes..., pp. 190-192. 785 A. REPETTO ÁLVAREZ, "Acerca de un posible segundo gobierno de Margarita de Parma y el Cardenal de Granvela en los Estados de Flandes", Hispania, 32 (1972), pp. 379 y ss. y H. de SCHEPPER, “Le voyage diffcile de Marguerite de Parme en Franche-Comté et en Flandre,

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Ya en 1577 se había contemplado esa posibilidad por sus ideas de reconciliación y clemencia y siempre con el patrocinio del cardenal Granvela, que una vez retornó a Madrid decidió que era el momento ideal para que Margarita marchara a Flandes y se repartiera las tareas de gobierno con su hijo. Tras conocer su nuevo destino, la hija natural del emperador emprendió viaje hacia los Países Bajos, donde llegó en junio de 1580, 13 años después de su turbulenta salida. Desde un primer momento, se pudo comprobar que su toma de posesión no iba a resultar tan sencilla, pues su hijo pretendía ocupar también el oficio, y se iniciaron unas intensas negociaciones para repartir el poder según mandato de Felipe II. Sin embargo, el acuerdo se fue haciendo imposible y los nobles flamencos se posicionaron; mientras los “reconciliados” mostraron su apoyo a Alejandro, los que habían permanecido siempre fieles optaron por Margarita, descollando entre ellos Pierre-Ernest de Mansfeld786. Finalmente, el 20 de diciembre de 1581 el monarca envió a Farnesio las comisiones en que le nombraba lugarteniente y gobernador sin límite de tiempo, aunque no las llegó a expedir pues primero se lo comunicó a ambos, para hacerlo oficial en julio de 1582. Margarita se resistió a salir de Flandes hasta el 14 de septiembre de 1583, momento en que fue plenamente consciente de que su tiempo había pasado. Los éxitos militares de su hijo habían supuesto su mejor aval e hicieron crecer su prestigio para mostrarle como el mejor candidato. Sin duda, la fortuna había sonreído a Alejandro Farnesio en su lucha contra las provincias

rebeldes

septentrionales,

en

la cual

obtuvo

numerosos

ventajas

territoriales787. Aunque hasta 1582 su avance había sido lento debido a que las tropas hispanas tuvieron que dejar los Países Bajos y a que Felipe II estaba ocupado en Portugal, posteriormente se aceleraría. Estos progresos se vieron favorecidos tanto por la “Reconciliación” de los nobles como por los cambios acaecidos en la administración de la Hacienda real en 1578-1579, que permitieron soportar los gastos derivados de la reanudación de las operaciones bélicas788. Igualmente, conviene destacar las reformas que el gobernador realizó dentro del ejército para evitar los tan temidos motines789.

1580-1583”, en S. MANTINI (ed.), Margherita d’Austria (1522-1586). Costruzioni politiche e diplomazia, tra corte Farnese e Monarchia spagnola, Roma, 2003, pp. 127-140. 786 J. M. RUBIO, op. cit., p. 116. 787 Para la “reconquista española”, G. PARKER, España y la rebelión de Flandes,..., pp. 203211. 788 Configuración, p. 199. 789 R. AUBERT, "Les débuts de la surintendance de la justice militaire dans les Pays-Bas espagnols" en Miscellanea historica in honorem Leonis van der Essen..., I, pp. 491-505.

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Sin embargo, las provincias rebeldes no eran el único enemigo que había que combatir, pues había también que tener presente la aventura del duque de Anjou y la intervención francesa. Como vimos, a finales de 1578 el heredero al trono francés había quedado aislado en Flandes y sus tropas únicamente suponían un estorbo para la formación de las Uniones de Utrecht y Arras, por lo que se vio obligado a retornar a Francia, donde su hermano le recibió con los brazos abiertos790. Al ser un momento de paz con los hugonotes, Enrique III y Catalina de Médicis decidieron que la mejor opción para Anjou era tratar sobre el matrimonio inglés, para lo cual le enviaron a Inglaterra a entablar conversaciones con Isabel I. Así, el 17 de agosto de 1579 llegó a Londres, pero tuvo que retornar a Francia el 29 pues la resistencia popular al matrimonio con un católico fue contundente. Mientras, Felipe II era consciente de la necesidad de llegar a un acuerdo con Anjou para poder tener las manos libres en Portugal, evitando así la unión francesa e inglesa en su retaguardia, por lo que instó a Farnesio a enviar un agente a reunirse con él. El encuentro se produjo en noviembre de dicho año en su posesión de ChâteauThierry, pero el príncipe francés no se quiso comprometer antes de consultarlo con sus aliados. El principal de ellos, Orange, trató de convencer a los Estados Generales de que la ayuda de Anjou era fundamental y tras 8 meses de negociaciones consiguió que se le ofreciera un nuevo tratado791. Este documento establecía unas draconianas condiciones para el príncipe francés: respetar los privilegios y la paz religiosa alcanzada en Gante, confirmar que contaba con el apoyo de su hermano Enrique III, estar dirigido por un consejo de naturales, aceptar que la mitad de su Casa estuviera ocupada por flamencos, admitir que su sucesión sería hereditaria pero sin posibilidad de unión con Francia y jurar que no habría impuestos ni soldados extranjeros sin autorización de los Estados Generales792. A cambio, se le concedería la soberanía de los Países Bajos y dinero para sufragar la lucha. Pese a los intentos de Isabel I y de Felipe II por bloquear ese acuerdo, el 11 de agosto de 1580 los Estados nombraron a Anjou su Príncipe y Señor, ratificándolo posteriormente en el Tratado de Plessis-lès-Tours el 29 de septiembre793. Este

790

Sobre estos últimos y cruciales años en la vida de Anjou, M. P. HOLT, The duke of Anjou..., pp. 113-242. 791 Referente a las negociaciones Orange-Estados, H. G. KOENIGSBERGER, Monarchies, States Generals and Parliaments..., pp. 298-304. 792 H. H. ROWEN, The princes of Orange..., p. 25. 793 Sobre las implicaciones del Tratado y de la estancia de Anjou en Flandes durante esos años, F. DUQUENNE, L´entreprise du duc d´Anjou aux Pays-Bas de 1580 à 1584. Les responsabilités d´un échec à partager, París, 1998.

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documento sería complementado por el Acta de Abjuración del 26 de julio de 1581, en donde, por primera vez, se rechazaba la soberanía Habsburgo sobre esos territorios794. Sin duda, los temores de los monarcas inglés e hispano ante una posible intervención francesa en Flandes estaban fundados y se acabarían cumpliendo el 26 de diciembre de 1580, fecha en que Enrique III decidió apoyar abiertamente a su hermano pese a la desaprobación de Catalina de Médicis, tras la firma de la Paz de Fleix con los hugonotes el 26 de noviembre. Ante estas circunstancias, el archiduque Matías se vio obligado a dimitir el 15 de marzo de 1581 y a abandonar Flandes, finalizando así su desafortunada aventura. Sin duda, que Anjou aceptara la soberanía de los territorios rebelados y que su hermano le apoyara, implicaba un profundo cambio en la situación del Norte de Europa. Tras los sucesos de Portugal, Felipe II se había convertido sin discusión en el monarca más poderoso del orbe y franceses e ingleses, a pesar de sus recelos, se vieron en la necesidad de acercarse para poder contrarrestar tamaño poder, dando así inició a una polarización de la política internacional795. Esta aproximación se confirmó con la embajada de Walsingham a París, mediante la cual se relanzaron las conversaciones de matrimonio entre Anjou e Isabel en enero de 1581, aunque no se consiguió llegar a un entendimiento y la reina inglesa descartaría definitivamente esta opción tras un segundo viaje del pretendiente francés a sus tierras en febrero de 1582796. Sin embargo, se habían puesto las bases para una futura alianza. Desde Inglaterra, el príncipe francés retornó a Flandes, donde tuvo un recibimiento triunfal en Vlissingen, siendo nombrado duque de Brabante el 19 de febrero. Sin duda, este fue el momento culminante de su aventura, aunque paradójicamente significó, a su vez, el inicio de su cuesta abajo. Los numerosos problemas financieros que tuvo con los Estados para pagar a sus tropas, provocaron que el 17 de enero de 1583 estas trataran de tomar Amberes, que estaba en manos neerlandesas, lo que fue conocido como la “furia francesa”. Bodin defendió que esta acción había sido inevitable ante las visiones diferentes que Anjou y los rebeldes tenían sobre su papel, sobre todo, por que el francés no quería ser considerado un nuevo Matías. 794

El texto del Acta está publicado en inglés en H. H. ROWEN, The Low Countries in Early Modern Times…, pp. 92-105 y E. H. KOSSMAN y A. F. MELLINK (eds.), op. cit., pp. 216228. 795 G. PARKER, “La revuelta holandesa y la polarización de la política internacional” en G. PARKER, Spain and the Netherlands, 1559-1659, Londres, 1979 (existe traducción al español, ·España y los Países Bajos, 1559-1659, Madrid, 1986), pp. 91-94. 796 Sobre estos contactos franco-ingleses, W. T. MaCCAFFREY, op. cit., pp. 243-301.

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Farnesio aprovechó perfectamente el descrédito de Anjou que generó entre los neerlandeses esta acción y continuó avanzando sin descanso. La situación se tornó insostenible y, pese a las negociaciones abiertas entre Orange y Anjou, el príncipe francés abandonó los Países Bajos en octubre de 1583 para no volver nunca más. Los Estados Generales decidieron ofrecer las mismas condiciones de soberanía a Enrique III, pero la fuerza de los Guisa se lo desaconsejó, por lo que los rebeldes volvieron a fijarse en Isabel I como tabla de salvación. La reina inglesa, ante el avance imparable de Farnesio y las muertes en 1584 del duque de Anjou (10 de junio) y de Guillermo de Orange (10 de julio), decidió enviar a William Davison a los Países Bajos en misión exploratoria797. En respuesta a esta embajada, una comisión holandesa comandada por el abogado Oldenbarnevelt798 se trasladó a Inglaterra en julio de 1585, donde, tras intensas negociaciones, se llegaría a un acuerdo que se plasmaría en el Tratado de Nonsuch el 20 de agosto. La relevancia de este documento es fundamental, pues fue el primero por el cual una potencia internacional reconocía a las Provincias Rebeladas. En el mismo, Isabel I tomaba a los Países Bajos bajo su protección, rechazando su soberanía, y prometía ayuda inmediata, aunque esta no fue lo suficientemente rápida para evitar que Farnesio tomara Amberes. Sin duda, 1585 fue el momento culminante de la “Reconquista” del gobernador de Flandes, ya que en ese año consiguió recuperar para el dominio real varias ciudades importantes como Brujas o Bruselas y, sobre todo, Amberes799. La toma del puerto más importante de los Países Bajos supuso el momento de mayor esplendor de su gobierno, como así pareció corroborar que se le concediera el collar del Toisón de Oro800. Todo ello, unido al talante conciliador que parecía invadir al rey respecto a Flandes801, parecía

797

Para las relaciones entre los Países Bajos e Inglaterra desde el Tratado de Nonsuch hasta la Armada, Ch. WILSON, op. cit., pp. 75-103. 798 Sobre este personaje, fundamental en la historia de las Provincias Unidas durante sus primeros años, la monumental obra de J. den TEX, Oldenbarnevelt, Haarlem, 1960-1972, 5 vols. (existe versión en inglés, Cambridge, 1973, 2 vols.). 799 Farnesio describió la conquista al rey en una relación del 25 de agosto de 1585 (CODOIN, LXXV, pp. 321-336). Sobre la campaña, L. VANDER ESSEN, Alexandre Farnèse ..., IV, passím. 800 G. BERTINI, "I Farnesio e il Toison d´oro: l´ideale cavalleresco", en A. BILOTTO, A., P. DEL NEGRO Y C. MOZZARELLI (eds.), op. cit., pp. 267-288. 801 Felipe II a Farnesio, 7 de marzo de 1585, CCG, XII, apéndice, nº 25, p. 241, “En quoy est principallement à remarquer le naturel et inclination des peuples de pardéla, qui n´est telle que cy-devant l´on l´ha voulu déchifrer, et sera tousiours vers eulx de plus grande efficace une discrète induction et advis sérieux de leur propre magistrat, duquel ilz se fient, que non poinct les ordennances de quelques coronnels ou chiefz des gens de guerre que povoient estre employez vers eulxz, lesquelz procédant la plus part et souvent avecq véhémence et colère, et exécutant rigouresement quand et quand de commander, ne se peuvent insinuer au naturel de celle nation, vers laquelle la voye de doulceur, bénévolence et discrétion gaignera à toutes

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augurar tiempos de bonanza para el gobernador, pese a las sombras que suponían su situación cortesana en Madrid y la distracción de efectivos que podía tener lugar por la situación internacional con respecto a Francia e Inglaterra. En efecto, Isabel I había decidido enviar un contingente de tropas a los Países Bajos comandadas por su favorito Robert Dudley, conde de Leicester, que se impuso a otros candidatos; sin duda, este personaje era el único que reunía la fortuna y el prestigio social que Isabel I requería para poder acumular en su persona el poder político y militar, además de haberse erigido en años anteriores en defensor del protestantismo y de los rebeldes flamencos en la Corte londinense. Junto con este nombramiento, que pronto se rebeló como poco acertado, hubo otros como los de Sidney como comandante de Vlissingen o Cecil de Brill. Leicester hizo su entrada triunfal en La Haya el 27 de diciembre de 1585 con gran esplendor, acompañado por una Casa compuesta por cerca de 200 personas. En febrero del año siguiente fue nombrado gobernador absoluto, concediéndosele, incluso, la posibilidad de poder nombrar oficiales de una lista que se le mostraría, así como dos puestos en el Conseil d´État para consejeros ingleses802. En sus instrucciones se le pedía que reformara los Estados Generales para darles más poder, pero fue incapaz de llevarlo a cabo. Este contratiempo, unido a la defección de Stanley y Yorke, que rindieron Deventer y Zutphen en enero de 1587, quebró la confianza entre ingleses y holandeses. A partir de ese momento, Oldenbarnevelt se comenzó a mostrar como el líder de unas Provincias Unidas que seguirían su camino de forma independiente tras la segunda estancia de Leicester, que entre noviembre de 1586 y julio de 1587 había viajado a Inglaterra, en sus tierras. Aunque Lord Willoughby fue nombrado sucesor del gobernador inglés, el régimen de Leicester fue finalmente liquidado en octubre de 1588, aunque podemos considerar que ya lo estaba desde que Mauricio de Nassau fuera nombrado Stadholder de Holanda, Zelanda y Frisia en marzo de 1587 con el patrocinio de Oldenbarnevelt803. Desde ese momento, podemos considerar que las relaciones entre Inglaterra y las Provincias Unidas pasarían de ser de protectorado y dependencia a la de dos potencias que negociarían y cooperarían en un mismo plano, aunque las tropas inglesas continuaran en Flandes hasta el Tratado de Somerset de 1604.

occasions plus que les termes de rigueur et intimidation”. En estas palabras podemos intuir la influencia de Granvela. 802 Sobre su estancia en Flandes, W. T. MaCCAFFREY, op. cit., pp. 348-401 y F. G. OOSTERHOFF, Leicester and the Netherlands, 1586-1587, Utrecht, 1998. 803 H. H. ROWEN, The princes of Orange..., pp. 37-38.

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Por lo que respecta a Francia, tras el fallecimiento del duque de Anjou y de Orange, Felipe II decidió convocar una Junta compuesta por Juan de Zúñiga, Granvela y Juan de Idiáquez para definir la política de la Monarquía respecto al reino vecino804. En ella se impusieron las ideas de Zúñiga, que optaba por una guerra encubierta que aprovechara las disensiones internas de los franceses, a las de Granvela, que era partidario de provocar una guerra abierta805. En aplicación de estas ideas, se decidió reorganizar a los católicos franceses y fundar una nueva Liga Católica, ampliación de la de Peronne de 1576, que evitara que Enrique de Navarra pudiera optar al trono al haber fallecido el legítimo sucesor806. Esta Liga debía estar compuesta por dos niveles807; el primero era una Liga aristocrática de clientes nobles de los Guisa con base, sobre todo, en el Norte y Este del reino y en la que descollaban el propio duque de Guisa, gobernador en Champagne, su hermano Charles de Mayenne, que lo era de Borgoña, el duque de Mercoeur, de Bretaña, el duque de Aumale, de Picardía, y el duque de Elbeuf, de Normandía808. El segundo nivel estaría compuesto por un grupo de magistrados y notables urbanos, que se había iniciado en París con el famoso grupo de los Seize809. El liderazgo de la misma recayó en Enrique de Guisa y se envió a Juan Bautista de Tassis y al comendador Moreo a negociar con él, logrando llegar a un acuerdo en Joinville el 31 de diciembre de 1584. Mediante este tratado, la Liga y Felipe II se comprometían a acabar con el protestantismo en Francia y los Países Bajos, así como que Cambrai se devolviera al monarca hispano, otorgando este a cambio un subsidio mensual de 50000 escudos a la Liga810. Pese a los evidentes logros de sus dos enviados y su conocimiento de la situación, Felipe II decidió nombrar como nuevo embajador a Bernardino de Mendoza811, que acababa de ser expulsado de Inglaterra. La eficaz labor de Mendoza, que se convirtió en el nexo de unión de Felipe II con la Liga Católica y con Escocia, así como con algunos jesuitas que apoyaron la 804

En general, sobre la política de Felipe II en Francia durante esos años, Configuración, pp. 248-252 y V. VÁZQUEZ DE PRADA, op. cit., pp. 271-330. 805 “Parecer de Granvela” el 28 de junio de 1584, AGS, E., leg. 2855, s. f. 806 Sobre el devenir de la Liga Católica durante esos años cruciales, M. GREENGRASS, France in the Age of Henri IV. The struggle for Stability, Londres y Nueva York, 1984, pp. 26 y ss. y M. P. HOLT, The french wars of religion..., capítulo 5, “Godly warriors”: the crisis of the League, 1584-1593”, pp. 121-152. 807 Un estudio sobre la composicion de la Liga en este periodo, E. BARNAVI, Le parti de Dieu. Étude sociale et politique des chefs de la Ligue parisienne 1585-1594, Lovaina, 1980. 808 Sobre la actitud de los nobles franceses ante la Liga, S. KETTERING, “Clientage during the French Wars of Religion”, The Sixteenth Century Journal, 20 (1989), pp. 221-239. 809 R. DESCIMON, Qui étaient les Seize?, París, 1984. 810 G. BAGUENAULT DE PUCHESSE, op. cit., pp. 26-30. 811 Referente a la labor de Mendoza en Francia, así como el funcionamiento de su embajada y de sus influencias y contactos, DE L. JENSEN, op. cit., passím.

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formación de la Liga812, produjo sus primeros frutos en 1585, cuando Enrique III se vio obligado a llegar a un acuerdo con el duque de Guisa plasmado en el Tratado de Nemours del 7 de julio813. En él se reconocía al cardenal de Borbón como candidato al trono y se promulgaba el Edicto del 11 de julio, mediante el cual el catolicismo pasaba a ser la única religión del reino y se suprimían las medidas de pacificación. Este tratado, unido a la bula del 9 de septiembre del mismo año en la que Sixto V excomulgaba a Enrique de Navarra y le privaba de sus derechos al trono francés, provocó el comienzo de una nueva guerra civil de religión en Francia, conocida como la de los tres Enriques, que se prolongaría desde 1585 hasta 1594. Durante esa nueva conflagración, Enrique III estuvo sometido a los designios de la Liga Católica y de su líder Guisa hasta que consiguió librarse de su tutela, mediante asesinato, a finales de 1588. Sin duda, ese sometimiento fue posible gracias a la labor de Bernardino de Mendoza, que consiguió formar un verdadero “partido español” en París a través de contactos con Catalina de Médicis, los secretarios Villeroy, P. Bellièvre y P. Brulant o embajadores como el escocés James Beaton o el nuncio papal Fabio Mirto Frangipani. En contra suya se mostraron los embajadores veneciano, Giovanni Dolfin, florentino, Filippo Caeriana, e inglés, Edward Stafford, así como el propio Enrique III. Por su parte, las desavenencias entre Mendoza y Farnesio dejaron en completo fuera de juego al príncipe de Parma en todas estas intrigas, lo que provocó que no recibiera siempre toda la información necesaria y no pudiera reaccionar a tiempo ante los importantes acontecimientos que iban a tener lugar. El punto culminante del poder de la Liga fue la Jornada de las barricadas en París el 12 de mayo de 1588, evento que debemos unir a la marcha de la Armada contra Inglaterra, ya que, aunque eran los Seize los que querían desarrollar esa revolución, finalmente fue Guisa, inducido por Mendoza, el que la orientó para que tuviera lugar en el momento adecuado para evitar la intervención francesa durante el ataque a la isla814.

812

Sobre la labor de los jesuitas como enlace con la Liga durante esos años y su posterior expulsión de Francia, A. LYNN MARTÍN, Henry III and the jesuit politicians, Ginebra, 1973, passím. Es de resaltar el papel de Claude Matthieu de Lorena, que realizó dos embajadas a Roma, una con el papa Gregorio XIII y otra con Sixto V, buscando el apoyo papal a la Liga y la excomunión de Enrique de Navarra con relativo éxito. 813 Las negociaciones han sido estudiadas en E. de BARTHELEMY, “Catherine de Médicis, le duc de Guise et le Traité de Nemours”, Revue des Questions Historiques, 27 (1880), pp. 465495. 814 V. VÁZQUEZ DE PRADA, op. cit., pp. 301-310.

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Esa Jornada derivó en la proclamación del Edicto de Unión de julio del mismo año, por el que Enrique III tuvo que reconocer todas las demandas de los Guisa y de los Seize815. Sin duda, el año de 1588 se rebeló como fundamental en el devenir de la política exterior de Felipe II y todo hacía apuntar a que iba a resultar muy exitoso. Sin embargo, los acontecimientos mostrarían que no era todo tan sencillo y los sucesivos fracasos que se fueron produciendo iban a requerir de un chivo expiatorio, que acabaría siendo Alejandro Farnesio.

5.3.2.- El crucial papel de Farnesio en la política exterior de la Monarquía, los años clave (1588-1592) La ruptura de la tradicional alianza hispano-inglesa se había comenzado a intuir, como ya vimos, desde el inicio de la Revuelta de los Países Bajos. Poco a poco, Isabel I fue siendo consciente de las posibilidades que dicho conflicto le otorgaba, ya que estaba desangrando el poder de Felipe II en el Norte de Europa, y una ayuda a los rebeldes a través de subsidios y, posteriormente, de tropas, alentó la resistencia al monarca más poderoso del momento y favoreció su política de equilibrio. No sería hasta 1585, una vez que Francia entró en la órbita de Felipe II a través de la Liga Católica y que Farnesio hubo consolidado el poder real en Flandes, cuando Isabel de Inglaterra se decidió a intervenir directamente a través del Tratado de Nonsuch. Este acuerdo significaba una declaración de guerra en toda regla y Felipe II decidió desechar las acciones indirectas, caso del apoyo a nobles levantiscos o ataques por Escocia o Irlanda816, como había venido haciendo hasta ese momento, para pasar a contemplar la posibilidad de realizar un ataque frontal. Ya las acciones del embajador Bernardino de Mendoza durante sus últimos años de estancia en Londres apuntaban a ese cambio de postura. Aunque en 1578 había recibido unas instrucciones conciliatorias, se implicó en las diversas conspiraciones de los Estuardo, de los ingleses y escoceses católicos y de los Guisa en Francia, por lo que se le fue aislando, al igual que había sucedido con Guerau de Spes, para,

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Sobre esta supuesta reconciliación, H. de L´ÉPINOIS, “La reconciliation de Henri III et du Duc de Guise d´aprés les documents des archives du Vatican, mai-juillet 1588”, Revue des Questions Historiques, 29 (1886), pp. 52-94. 816 Para los diferentes planes de conquista y levantamiento de Irlanda, E. GARCÍA HERNÁN, “Planes militares de Felipe II para conquistar Irlanda, 1569-1578” en ID. et alíi (eds.), Irlanda y la Monarquía Hispánica: Kinsale 1601-2001. Guerra, política, exilio y religión, Madrid, 2002, pp. 185-204.

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posteriormente, expulsarle de Londres en 1584 tras su participación en la conspiración de Thockmorton817. La llegada al solio pontificio en 1585 de Felice Peretti, más conocido como Sixto V818, supuso la apertura de nuevos horizontes para una posible empresa contra Inglaterra, que los Papas llevaban alentando desde el gobierno del duque de Alba. Desde un primer momento, el nuevo Pontífice intentó llevar a cabo una política desligada de la tutela de Felipe II, pero, a su vez, intentando usar en beneficio propio las enormes fuerzas del rey católico más poderoso, por lo que entabló negociaciones rápidamente con el embajador de Felipe II en Roma, el conde de Olivares, para llevar a cabo una acción contra Inglaterra. Aunque el noble hispano receló de las intenciones papales, ya que la situación de la Monarquía Hispana invitaba a concentrar los esfuerzos militares en Flandes y en Francia y no a buscar nuevos frentes819, la situación había cambiado con respecto a ocasiones anteriores y los ministros de Felipe II pasaron a considerar que la Empresa podía resultar muy interesante. Tras la conquista de Portugal, la Monarquía Hispana había alcanzado unas cuotas de poder increíbles y la existencia de un rey católico y aliado en Inglaterra haría que el enemigo secular de la Monarquía, Francia, sobre el que además se estaba ejerciendo una política de control a través del apoyo a la Liga Católica, se viera completamente rodeado. Además, Isabel de Inglaterra había desatado las hostilidades hacia la Monarquía, por lo que la invasión podría ser considerada como una guerra de reputación820. Conviene que nos detengamos brevemente en la evolución de este concepto a lo largo del siglo XVI. Antes de la Reforma, los litigios se resolvían por derecho y legitimidad, algo que apenas cambió durante los primeros años de la misma. Solo la profundización de las diferencias entre las religiones cristianas provocó cambios importantes, planteando el Confesionalismo nuevos conceptos de legitimidad. Las potencias mantenían relaciones ambiguas de amistad y enemistad, ya en atención a la conservación (interés del Estado) ya de confesión (interés de religión), bajo una capa de disimulo, ya que por debajo de la confesión bullían los intereses del Príncipe. Debido a ello, la guerra ya no era reparación

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Sobre sus años en Inglaterra, W. T. MaCCAFFREY, op. cit., pp. 315-336 y M. A. OCHOA BRUN, op. cit., pp. 173-181. 818 Su biografía en Barón de HÜBNER, Sixte-Quint d´après des correspondances diplomatiques inédites, París, 1882, 2 vols., passím y L. PASTOR, Historia de los Papas en la época de la reforma y restauración católica, Barcelona, 1941 (traducción de la cuarta edición alemana), XXI, pp. 42-61. 819 Olivares a Felipe II, 13 de julio 1585, AGS, E., leg. 946, f. 139. 820 Configuración, pp. 252-254 y 259-261.

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de un acto ilegítimo y se dejó de hablar de conservación y defensa de derechos patrimoniales para sustentar la política exterior y se comenzó a popularizar, a finales de la década de los 80 y principios de la de los 90, la expresión “razón de estado”, que equivaldría a prudencia política. Desde ese momento, la reputación pasó a ser la forma en que cada Príncipe debía actuar en función de actos ofensivos y les situaba a todos en el espacio internacional dentro de una comunidad, la Cristiandad, que poseía su propia jerarquía interna. Ante estos nuevos cambios en la filosofía política, los grandes patronos cortesanos del momento en la Monarquía Hispana, comenzaron a elaborar teorías sobre el ataque a las islas. Juan de Zúñiga, en concreto, pretendía conquistar Inglaterra y dejar allí como rey a Alejandro Farnesio mientras Isabel Clara Eugenia y el archiduque Alberto contraerían matrimonio, dándoseles en dote la soberanía de los Países Bajos821. Pese al fallecimiento de Zúñiga a finales de 1586, la idea de la intervención en Inglaterra se mantuvo y tanto Idiáquez como Moura la apoyaron822. Alentado por sus privados, Felipe II ordenó a Olivares que pusiera en marcha negociaciones con el Papa para que apoyara la empresa, siendo el principal valedor de las mismas el cardenal inglés Allen. Sin embargo, el embajador debía conseguir que fuera el propio Pontífice quien realizara la propuesta823. El repentino interés de Felipe II hizo recelar al Papa, que mostró su preocupación ante los motivos que movían al monarca hispano, ya que consideraba que estos no eran estrictamente religiosos sino, sobre todo, políticos824. Esas reticencias fueron vencidas, aparentemente, por Olivares, que consiguió que Sixto V prometiera la entrega de un millón de escudos para la Empresa. 821

P. FEA, op. cit., pp. 314-315 y L. VANDER ESSEN, Alexandre Farnèse..., V, pp. 176-177. “Parecer del Consejo”, s. d. (mediados de 1587), AGS, E., leg. 2855, s. f. En realidad, era la opinión de Moura, quien creía que se debía apremiar a Farnesio en sus preparativos. 823 Felipe II a Olivares, 2 de enero de 1586, Ibídem, leg. 947, f. 102, “Lo primero que pues Alano está ay tan bien acogido de su santidad como decís, hagays que continue la instancia para que el Papa me persuada esta empressa y ayude a ella, y que os tome a vos por medianero, que verá como deshazeys con buenos oficios la opinión errada que de vos tienen en creer que lo contradecís”. La respuesta del Papa en Ibídem, f. 16, “Relación sobre lo que se propuso a su santidad de la empresa de Inglaterra, lo que respondió y parezce en cada capítulo al Conde de Olivares” del 24 de febrero de 1586. En el f. 112 encontramos un sumario de la réplica de Felipe II y en el f. 114 la respuesta de Sixto V a este memorial. 824 Olivares a Felipe II, 24 de febrero de 1586, Ibídem, leg. 947, f. 15, “El tratar de querer persuadir al Papa que no sea el principal fin que mueve a V. Majestad acudir a esta plática la venganza de ofensas particulares, la conveniencia para la cosa de Holanda y la imposibilidad de poder de otra manera, asegurar la navegación de sus Indias, es cosa de que no ay remedio hazerle capaz aunque me he esforçado quanto me he podido (...) y demás de la tenacidad de su condición y el escudo de los exemplos de sus antecesores ha hecho mucho daño los avisos que por todas partes llueven de las preparaciones que V. Majestad haze y que sean para esta empresa”. 822

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El gobernador de Flandes, por su parte, se mostró contrario al ataque, ya que distraería fuerzas de su “Reconquista” en los Países Bajos, aunque se mostró en todo momento dispuesto a cooperar si el rey lo decidía así825. La situación de la Corte madrileña hizo que la opinión de Farnesio no fuera escuchada y se decidiera el envío de la Armada, iniciándose una febril actividad. Aunque no se pudieron mantener en secreto los preparativos de la misma826, no se descubrió su verdadero objetivo, que no era para nada confesional sino político; este era modificar el escenario de la política septentrional y, en última instancia, resolver la situación de los Países Bajos donde los rebeldes, sin apoyo inglés, sucumbirían rápidamente ante el poder de las armas de Farnesio. No es nuestra intención en este apartado realizar una descripción de los preparativos de la Armada y el desarrollo de la misma, ya que es un asunto suficientemente estudiado, sobre todo, a raíz del cuarto centenario en 1988827. Así mismo, tampoco pretendemos valorar la actuación militar de Farnesio, ya que ha sido analizada por numerosos autores828. Todos ellos coinciden en señalar que el príncipe de Parma no fue el responsable del fracaso pero, sin embargo, es interesante observar como este suceso significó el comienzo de su ocaso personal y político. Pese a todo, ese momento aún no había llegado y poco después del fracaso de la Armada se le presentó a Farnesio la ocasión perfecta de desquitarse de su pérdida de reputación en Madrid mediante su intervención en los asuntos franceses, a raíz de la decisión de Felipe II de ayudar abiertamente a la Liga Católica. En un primer momento, esta asistencia se ceñiría al envío de dinero y a las labores diplomáticas que realizaban

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Farnesio a Felipe II, 20 de abril de 1586, Ibídem, leg. 590, ff. 124-129. DE L. JENSEN, “The spanish Armada: the worst-kept secret in Europe”, Sixteenth century journal, XIX (1988), pp. 621-641. 827 La Armada ha sido estudiada tanto por autores ingleses, entre otros, G. MATTINGLY, The Armada, Boston, 1959, D. WATKIN WATERS, The Elizabethan navy and the Armada of Spain, Greenwich, 1975, P. KEMP, The campaign of the Spanish Armada, Oxford, 1988, G. PARKER y C. MARTIN, The spanish Armada, Londres, 1988 o M. J. RODRÍGUEZSALGADO y S. ADAMS (eds.), England, Spain and the Great Armada, 1585-1604, Londres, 1988, como españoles, como es el caso de C. FERNÁNDEZ DURO, La Armada Invencible, Madrid, 1884, 2 vols., C. GÓMEZ CENTURIÓN, La invencible y la empresa de Inglaterra, Madrid, 1988 y el grupo formado por H. O´DONNEL, F. FERNÁNDEZ SEGADO et alíi. 828 Por citar algunos, F. ESTRADA, Segunda década de las guerras de Flandes, desde el principio del gobierno de Alejandro Farnesio, Tercero Príncipe de Parma y Plasencia, Colonia, 1682, (Traducción de Melchor Navas), pp. 517-522, P. FEA, op. cit., pp. 302-310, L. VANDER ESSEN, Alexandre Farnèse..., V, pp. 230-249, F. FERNÁNDEZ SEGADO, “Alejandro Farnesio ante los planes de la empresa de Inglaterra”, Hispania, 165 (1987), pp. 117-161, H. O´DONNELL, op. cit., pp. 529-552 y G. PARENTE, H. O´DONNELL et alíi, op. cit., passím. 826

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Mendoza, Moreo y Tassis829; sin embargo, poco después pasaría a ser militar tras el cambio de actitud de Enrique III tras el fracaso de la Armada. El monarca francés había visto la posibilidad de librarse del yugo de la Liga Católica y comenzó a maniobrar al efecto, para lo cual destituyó a 8 de sus consejeros más cercanos y convocó a los Estados en Blois, iniciándose las sesiones el 16 de octubre de 1588. Los miembros de la Liga se defendieron en ellos del ataque del monarca, que tomó la decisión de eliminar físicamente a sus líderes y mandó asesinar al duque de Guisa el 23 de diciembre y a su hermano el cardenal al día siguiente. Esto, unido a la muerte de Catalina de Médicis el 5 de enero del año siguiente, radicalizó la postura del rey francés y a nadie le extrañó que el 3 de abril de 1589 llegara a un acuerdo con Enrique de Navarra para luchar contra su enemigo común: la Liga. La reacción católica no se hizo esperar y, mientras la Liga Católica reorganizó sus fuerzas con la elección de Charles de Mayenne como nuevo líder830, el Papa excomulgó a Enrique III y Felipe II le advirtió de las graves consecuencias que podían tener sus actos. En efecto, en septiembre de ese año el monarca hispano decidió que el ejército de Flandes interviera en Francia831, pese a que el 1 de agosto el monje Jacobo Clemente había asesinado a Enrique III y había sido sustituido en el trono por el cardenal de Borbón con el nombre de Carlos X. Tras recibir la orden real, Farnesio envió a comienzos de 1590 un ejército de 1800 hombres al mando del conde de Egmont, que fue derrotado en Ivry el 14 de marzo, falleciendo dicho noble832. Este fracaso supuso nuevas críticas para el gobernador, ya que muchos flamencos consideraron que se les había enviado a una muerte segura, y se le exigió desde Madrid que actuara con mayor decisión833. Pese a sus ideas, Farnesio volvió a acatar la decisión real como en ocasiones anteriores y dio inicio a los preparativos. Para definir los términos en que se realizaría la intervención, se reunió con el duque de Mayenne en mayo de 1590, iniciándose desde ese momento una difícil relación entre ambos personajes por sus intereses contrapuestos, sobre todo, en lo referente al nombre del comandante del ejército834. 829

“Parecer del Consejo de Estado”, febrero de 1589, AGS, E., leg. 2855, s. f. Aunque hay que reseñar que mientras los nobles de la Liga siguieron a Mayenne, la gente de menor extracción social, sobre todo en París, siguió a Bernardino de Mendoza (DE L. JENSEN, Diplomacy and dogmatism..., pp. 171-189). 831 Minuta de Felipe II a Farnesio, 8 de septiembre de 1589, AGS, E., leg. 2219, f. 199. 832 H. KHEVENHÜLLER, op. cit., p. 385. 833 Parecer del Consejo de Estado, marzo de 1590, AGS, E., leg. 2855, s. f.. 834 Farnesio a Felipe II, 3 de octubre de 1590, Ibídem, leg. 598, f. 110. J. B. de Tassis pretendía que fuera Farnesio quien comandara el ejército, mientras Mayenne quería estar al mando y ser reconocido como lugarteniente general de Francia. Finalmente, decidieron compartir el puesto. 830

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Durante los meses de preparación, Farnesio insistió repetidamente en la necesidad de acabar primero militarmente con los rebeldes flamencos para luego concentrarse en Francia. En Madrid se estaba de acuerdo en la necesidad de neutralizar las acciones de los rebeldes pero, para ello, se decidió que era mejor abrir negociaciones de paz en vez de intervenir militarmente. Ya Richardot llevaba en sus comisiones de 1589 la tarea de hablar sobre dicha paz y desde la Corte se le apuntó la posibilidad de llevar a cabo las negociaciones contando con la intermediación del emperador, de algunos príncipes alemanes -como el elector de Tréveris o el de Colonia-, o del Papado835. Sin embargo, el inicio de las negociaciones se retrasó y cuando los emisarios del Imperio llegaron a Flandes a finales de 1591, no se pudo llegar a acuerdo alguno836. Una vez finalizados los aprestos, Farnesio partió en agosto de 1590 hacia Francia al mando de un potente ejército. La literatura sobre la campaña es muy numerosa, al igual que sobre la empresa de Inglaterra, por lo que no nos centraremos en su narración837. De la misma hay que destacar que fue exitosa, ya que consiguió romper el cerco de París y abrió varias vías para que la capital pudiera ser socorrida. Sin embargo, su prematuro retorno a Flandes sin permiso real significó su sentencia política definitiva, aunque los acontecimientos hacían aún inviable su relevo por su indudable capacidad militar, necesaria para realizar una segunda entrada en Francia. En efecto, la situación en el reino vecino seguía requiriendo la intervención armada, tras el fallecimiento sin sucesión de Carlos X en su prisión de Poitou el 9 de mayo. Tras intensas deliberaciones, en Madrid se decidió presentar la candidatura al trono francés de la infanta Isabel Clara Eugenia838, a la que se pretendía casar con el archiduque Ernesto, sin contemplar las opciones del duque de Mayenne839. Desde ese

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Farnesio a Felipe II, 21 de julio de 1590, Ibídem, f. 93. H. DE SCHEPPER, “Los Países Bajos y la Monarquía Hispánica,...”, p. 336. 837 Entre otros “Jornada de Francia, 1590”, CODOIN, LXXV, pp. 360-384 o L. VANDER ESSEN, Alexandre Farnèse..., V, pp. 287-310. 838 Sobre los derechos de la infanta al trono, A. MOUSSET, "Les droits de l´Infante IsabelleClaire-Eugénie à la Couronne de France", Bulletin Hispanique, XVI (1914), pp. 46-79. 839 Diego de Ibarra a Felipe II, 7 de septiembre de 1591, AGS, E., leg. 599, f. 162, “Por un papel que aqui va que es sacado de algunos avissos que tengo de un hombre confidente vera V. Majestad como se ha trasluçido lo del Archiduque Ernesto y de su hermano no ha hecho esto buen estomago al Duque de Humena no falta quien diga que sería a propósito no quiriendolo V. Majestad para si elegir uno de los de la sangre hallándole catholico con quien podría la señora Infanta ser Reyna sirviéndose V. Majestad dello conque la generalidad del Reyno quedaría satisfecha su santidad contento de pareçer que no se sacava de sus quiçios este negocio. La nobleza deste reyno dividida que no es lo que menos importaria para el sosiego de adelante pero a lo poco que yo alcanço no queriendolo V. Majestad este Reyno para si mesmo a su servicio conviene que sin perder tiempo se trate de la election de Rey y se procure la Corona para su Alteza de la señora Infanta casándose con el Archiduque Ernesto y para esto se ha de hazer desde luego negoçiaçion con su santidad y primero con los diputados de las villas y con el 836

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momento, este asunto pasó a ser prioritario en la política exterior de Felipe II y el resto de frentes quedaron en segundo plano. Para conseguir objetivo tan ambicioso, además de programar una segunda intervención armada a través del ejército de Flandes, se encargó al embajador en el Imperio, Guillén de San Clemente, que comenzara las negociaciones con Rodolfo II para que permitiera el matrimonio de su hermano con la Infanta si esta recibía, finalmente, el trono francés840. Por último, se decidió enviar a Francia al II duque de Feria841 como embajador especial ante los Estados Generales que se iban a reunir en París para tratar sobre el asunto y a Íñigo de Mendoza, hermano del marqués de Mondéjar, como jurista para vencer el problema que representaba la “Ley Sálica” francesa, que impedía que una mujer reinara842. Tras pasar por Flandes en 1592, ambos se encaminaron a París junto a Diego de Ibarra y Tassis en una misión que podría haber cambiado la historia de Europa si se hubiera logrado el éxito. Sin duda, el número de enviados y la calidad de los mismos nos dan una idea de la importancia que Felipe II le concedía, pero sus discrepancias internas y errores les hicieron fracasar en su cometido843. Mientras, Farnesio, muy a su pesar, se encaminó de nuevo al reino vecino el 15 de noviembre de 1591, con un evidente retraso por los ataques de los rebeldes neerlandeses, lo que enojó aún más a los consejeros madrileños. Al igual que en la primera expedición, existen numerosos testimonios sobre esta segunda844, por lo que no haremos mención al desarrollo de una campaña en donde el principal logro fue el Duque de Humena y si huviere dificultad en la persona del Archiduque Ernesto y V. Majestad por el bien de la christiandad y por desempeñarse de guerra tan travajosa y costosa aunque esta por algun tiempo sera fuerça sustentalla quisiere humanarse a resçivir al Duque de Guisa por hijo tengole por el sujeto mejor de Francia y al que mas inclinaran y que si bien su tio sentira tenelle por señor sera quiça con el que mejor lo llevara". 840 Felipe II a Guillén de San Clemente, 30 de mayo de 1592, Ibídem, leg. 2450, s. f. 841 Lorenzo Suárez de Figueroa y Córdoba era hijo del primer duque de Feria. Fue embajador extraordinario ante la Santa Sede en 1590 y en 1591-92 para prestar obediencia a los papas Inocencio IX y Clemente VIII, así como enviado extraordinario de Felipe II ante los Estados Generales de Francia en 1592-94. Felipe III le envió al Imperio para procurar la elección de algún príncipe de la Casa de Austria como Rey de Romanos en 1600, ejerciendo como último cargo importante el de Virrey de Sicilia (1602-6). De su segunda esposa, Isabel de Mendoza, tuvo a su heredero, el III duque de Feria, también diplomático. Falleció en Nápoles en 1607 (M. A. OCHOA BRUN, op. cit., p. 219, nota 1079). 842 El rey comunicó esta decisión a Farnesio en una carta con fecha 6 de noviembre de 1591 (AGS, E., leg. 2220-2, f. 159). Antes de marchar a Francia, Feria prestaría obediencia al nuevo Pontífice, Inocencio IX, conservándose la minuta de su instrucción para Roma del 2 de junio de 1591 en Ibídem, leg. 958, s. f. 843 Una descripción de sus actuaciones en CABRERA, III, pp. 1448-1449 o M. P HOLT, The french wars of religion..., pp. 148-149. 844 Entre otros L. VANDER ESSEN, Alexandre Farnèse..., V, pp. 323-355 y V. VÁZQUEZ DE PRADA, op. cit., pp. 382-389.

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desbloqueo de la ciudad de Rouen, aunque sin dejar plazas con guarnición, por lo que constituyó una gesta inútil. Tras abandonar al ejército, que dejó al mando del barón de Rosne y de su hijo Ranuccio, Farnesio marchó a Spa con la esperanza de recobrarse en sus famosos baños pero, como sabemos, nunca más retornaría a Francia. En esta segunda incursión, el príncipe de Parma había contado con la ayuda tanto de su hijo Ranuccio, que se presentó sin previo aviso y con el objetivo de medrar sirviendo en el ejército real845, como con la del ejército pontifical. Ya había solicitado Felipe II a Sixto V en 1590 que tomara parte en las operaciones enviando un contingente armado pero el Pontífice, que era partidario de favorecer a la Liga, no consintió en plasmar dicho apoyo de forma militar pese a la presión de Olivares, lo que provocó duros enfrentamientos entre ambos846. Las reticencias del Papa se basaban en que Enrique de Navarra era el único monarca que podía evitar la consecución de la Monarquía Universal por parte de Felipe II, por lo que era imprescindible que fuera un rey fuerte, pese a ser hereje847. Ante la negativa Papal, Felipe II envió un nuevo embajador a Roma para, en un principio, apoyar a Olivares y, posteriormente, relevarle848. El elegido fue Antonio Fernández de Córdoba y Folc de Cardona, duque de Sessa849, ya que su cercanía a las tesis de la facción “papista” parecía la mejor arma para convencer al Pontífice. Sin embargo, este no cedió y no sería hasta el breve pontificado de Gregorio XIV cuando se consiguiera el envío de tropas papales a Francia850. El ejército enviado estaba compuesto por 6000 infantes y 1000 caballos comandados por Hercules Sfrondato, conde de Montemarciano y sobrino del Papa. Como general de la caballería fue elegido Pedro Gaytan y Appio Conti como maestre de campo general, siendo ambos amigos de Farnesio851. Enseguida comenzaron los

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Sobre el personaje, B. J. GARCÍA GARCÍA, "Ranuccio I Farnesio y la gloria del príncipe" en A. BILOTTO, P. DEL NEGRO Y C. MOZZARELLI (eds.), op. cit., pp. 117-145. Ranuccio expresó su decisión al rey mediante misiva del 26 de julio de 1591 (AGS, E., leg. 600, f. 92). Su presencia en Flandes supuso para su padre, más que una ayuda, la aparición de nuevas críticas hacia él por los favores que le otorgó. 846 Barón de HÜBNER, op. cit., II, pp. 141-340; L. PASTOR, op. cit., XXI, pp. 314-325 y M. A. OCHOA BRUN, op. cit., pp. 215-218. 847 Barón de HÜBNER, op. cit., II, p. 356. 848 “Instruction de lo que vos D. Antonio de Córdoba y de Cardona, duque de Sessa y de Soria mi primo debéis de haçer en Roma donde os envío por cosas importantes a mi servicio”, 10 de abril de 1590, AZ, carpeta 39, doc. 31. 849 Biografía en M. A. OCHOA BRUN, op. cit., p. 218, n. 1070. 850 En general, para la actitud del Papado respecto a las guerras de religión en Francia, H. de L´ÉPINOIS, La ligue et les papes, París, 1886 y F. ROCQUAIN, La France et Rome pendant les guerres de Religión (1559-1598), París, 1924. En cuanto a su actuación en vida de Gregorio XIV, P. VAN ISACKER, "Notes sur l´intervention militaire de Clément VIII en France", Revue d´histoire eclesiastique, XII (1911), pp. 703-705. 851 Diego de Ibarra a J. de Idiáquez, 14 de mayo de 1591, AGS, E., leg. 599, f. 127.

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problemas de precedencias entre el conde de Montemarciano, Farnesio y Mayenne, ante el temor del último a que el Papa intentara crear un tercer partido en Francia que uniera a todos los católicos, incluídos los que apoyaban a Bearn. Para poder evitar esta posibilidad, el dirigente de la Liga solicitó que se le aumentara su título de lugarteniente del Reino de Francia, lo que no fue aceptado por los otros dos comandantes. El príncipe de Parma, por su parte, ostentaba el título de confaloniero o supremo cargo militar del ejército pero desde Roma no se entendía así y el Papa pidió que Montemarciano tuviera precedencia sobre él852. Felipe II, por supuesto, se negó a tal posibilidad853. Esta discusión destapó de nuevo las reticencias que se tenían en Roma de la labor de Farnesio854, corroborando así que apenas disponía de apoyos ni en la Corte pontifical ni en la madrileña. Con la intervención armada en Francia, se confirmaba el interés de Roma por influir activamente en los acontecimientos que sucedían en el Norte de Europa. Esa atención se vería complementada con el envío de Jerónimo Matteucci como comisario general de la armada pontificia estacionada en Flandes, título que se concedía a agentes de segundo rango855, reactivando así la presencia diplomática de Roma en los Países Bajos, que había quedado en suspenso tras la marcha de Filippo Sega en 1577. Ya en junio de 1583 Farnesio había confesado al nuncio de Gratz, Germanico Malaspina, la necesidad que existía de crear una legación Papal permanente en Flandes. Sin embargo, la Santa Sede decidió instalar a instancias de Felipe II la nueva nunciatura en Colonia, dentro de la cual estarían comprendidos los territorios de los Países Bajos. El primer nuncio fue Bonomi, obispo de Vercelli, que llegó allí el 4 de abril de 1585, pero no pudo disfrutar de una residencia fija ya que se pasó la mayor parte del tiempo en Flandes, por lo que solicitó en numerosas ocasiones que se creara una nueva nunciatura en aquel territorio856. Sixto V recogió la idea nada más al llegar al solio pontificio y expresó al embajador Olivares su idea de comisionar a un prelado para que marchara a Flandes, con los pretextos de que las órdenes religiosas querían enviar miembros suyos y este podría acomodarles, así como la necesidad de controlar la

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Sessa a Felipe II, 15 de mayo de 1591, Ibídem, leg. 958, s. f. Felipe II a Sessa, 26 de junio de 1591, Ibídem, s. f. 854 Sessa a Felipe II, 23 de agosto de 1591, Ibídem, s. f. 855 Fue arzobispo de Ragusa (1579-1583), obispo de Sarno (1583-1594) y de Viterbo (15941609), así como comisario general de la armada pontificia en Flandes desde 1591 hasta febrero de 1593 (R. MAERE, "Les origins de la nonciature de Flandre. Étude sur la diplomatie pontificale dans les Pays-Bas à la fin du XVI siècle", Revue d´histoire ecclésiastique, 7 (1906), p. 806, nota 4). 856 Ibídem, pp. 573-584. 853

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libertad de conciencia que parece se permitía en ciudades como Brujas o Amberes857. Ni Felipe II ni Juan de Idiáquez consideraron conveniente dicha comisión y así se lo comunicaron al embajador, que tampoco lo juzgaba necesario858. Farnesio, por su parte, había mudado de opinión y también mostró su desacuerdo sobre el envío de dicho prelado859. Poco tiempo después, el nuncio Papal en Madrid insistió a Felipe II sobre el asunto pero el monarca mantuvo su intención de posponer dicho envío860, lo cual no convenció a Sixto V, que proveyó a finales de enero de 1586 al obispo de Gaeta como nuevo nuncio en Flandes. Sin embargo, las presiones del rey, la muerte del nuncio de Colonia el 25 de febrero de 1587 y los preparativos de la Armada para invadir Inglaterra enfriaron el interés del Pontífice y dicho candidato no llegó a tomar posesión del cargo. Pese a ello, la idea de crear una nunciatura en Flandes no se olvidó en la Santa Sede y se retomaría poco después861.

5.4.- El relevo Como vimos, ya Farnesio había solicitado su relevo como gobernador en 1586 y no le fue concedido por ser necesaria su capacidad militar para la campaña de la Armada. El fracaso de la misma y su desobediencia en la primera intervención en Francia llevaron a Felipe II a cambiar de opinión y, desde 1589, se empezó a tratar sobre su relevo, posibilidad que no fructificó hasta diciembre de 1591. Las críticas a su

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Olivares a J. Idiáquez, 29 de enero de 1585, AGS, E., leg. 946, ff. 7-8. J. Idiáquez a Olivares, 30 de septiembre de 1585, Ibídem, f. 13. La principal razón que esgrimieron para el rechazo era que si el Papa enviaba un prelado de calidad haría creer a los flamencos que era para introducir la Inquisición, lo que podría alterar a los rebeldes “reconciliados” y romper las negociaciones con los otros. En último término, se debía esperar a reducir Holanda y Zelanda y enviar dicho prelado con el título de visitador (Felipe II a Olivares, 1 de noviembre de 1585, Ibídem, ff. 146-147). 859 Felipe II a Farnesio, 31 de enero de 1586, Ibídem, leg. 591, f. 85. 860 N. Taverna a Rusticucci, 16 de noviembre de 1585, ASV, Spagna, leg. 13, ff. 459-460. 861 Para los orígenes de la nunciatura de Flandes, V. BRANTS, "Jehan Richardot. Note d´après les documents inédits sur les origines de la légation des Pays-Bas à Rome et de la nonciature du Saint-Siège à Bruxelles”, Le Museon, 10 (1891), pp. 1-25; R. MAERE y J. DENS, “L´organisation de la Nonciature de Flandre depuis son origine jusqu´à la Révolution française (1596 a 1795)”, en A. VAN HOVE, Rapport sur les travaux du séminaire historique de l´Université de Louvain pendant l´année 1896-1897, Lovaina, 1898, pp. 10-36; A. CAUCHIE, "Les instructions générales aux nonces des Pays-Bas espagnols (1596-1635)", Revue d´histoire ecclesiastique, 5 (1904), pp. 16-46; R. MAERE, op. cit., pp. 565-584 y 805-829; H. BIAUDET, op. cit., pp. 32-33; L. VANDER ESSEN y A. LOUANT (eds.), Correspondance d´Ottavio Mirto Frangipani. Premier nonce de Flandre (1596-1606), Roma, 1924, I, pp. IX-LXXXII y III, pp. IX-XLIV y W. BURLES, "Le budget de la Nonciature de Flandre au XVII siècle", BIHBR, 27 (1952), pp. 65-85 858

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gestión habían ido in crescendo y a las ya conocidas se unirían las de tres eclesiásticos que actuaban como espías en Flandes862. El primero de ellos fue el jesuita Antonio Crespo de Molina863, presente en dichas tierras tras haber embarcado en la Armada destinada a Inglaterra. Su labor de espía del Consejo de Estado de Madrid le convirtió por derecho propio en un personaje fundamental durante los gobiernos de Farnesio, Fuentes y Ernesto, siendo confesor de estos dos últimos864. Tras acercarse al comendador Moreo y alentar sus críticas, durante todo 1591 hizo lo posible por viajar a Madrid para poder atacar en dicha Corte la gestión de Farnesio, impidiéndoselo este865. El segundo fue Fray Baltasar Delgado, que se encontraba en Flandes con el pretexto de llevar al Monasterio de San Lorenzo de El Escorial la reliquia de la cabeza de San Lorenzo que estaba custodiada en una abadía alemana866. Sin embargo, su verdadera misión era ejercer como espía y desde 1589 lo podemos situar entre los opositores a Farnesio y Masi867 y muy cercano a Mansfeld, que durante la primera estancia en Francia del príncipe de Parma le concedió 30 escudos de entretenimiento que le retiró Farnesio a su vuelta868. La reacción del religioso fue escribir una “Raçon de porqué estos estados no están bien gobernados”, en la cual atacaba duramente a Farnesio y a sus ministros869. 862

Sobre los usos de la diplomacia y asuntos de inteligencia en Flandes en momentos posteriores, M. A. ECHEVARRÍA BACIGALUPE, La diplomacia secreta en Flandes, 15981643, Leoia (Vizcaya), 1984. 863 Nacido en Osuna el 12 de marzo de 1543, estudió en la Universidad de dicha ciudad y obtuvo los grados de maestro en artes y bachiller en medicina, además de cursar dos años de teología escolástica y positiva. Al ingreso de su única hija en la vida religiosa, ya viudo, entró en la Compañía donde hizo otros tres años de teología y dos de casos de conciencia. Tras estar año y medio como ministro de Baeza (1585-1586), en julio de 1587 se le destinó a Jerez de la Frontera con la misión naval. El 30 de mayo de 1588 zarpó de Lisboa con la Armada, junto al hermano Alonso del Pozo en la San Lorenzo (capitana de las galeazas de Nápoles), pero el 8 de agosto la nave encalló en Calais. Ambos pudieron escapar, tras maltrato de los ingleses, y fueron a Brujas donde Thomas Sailly les destinó a la misión castrense de Flandes, recién fundada por el príncipe de Parma. Desde ese momento, se implicaría de lleno en la política de Bruselas hasta que en 1598 retornó a Castilla. Ejercería el ministerio hasta su muerte en Sevilla el 10 de diciembre de 1600 (Biografía en el DBE). 864 Su conexión con Juan de Idiáquez la podemos ver en la intermediación que realizó con el hijo del secretario, Alonso de Idiáquez que se encontraba luchando en el ejército en Flandes, sobre su matrimonio (J. B. Tassis a J. de Idiáquez, 18 de octubre de 1589, AGS, E., leg. 596, f. 99). Su relación con Moreo nos la explica el mismo comendador en una carta a Idiáquez el 26 de mayo de 1590, Ibídem, leg. 599, f. 10. 865 BNM, Ms. 12179, f. 204. 866 Sobre la negociación para traer la cabeza, AGS, E., leg. 2220-2, ff. 312-319, 321-322 y 333. 867 Delgado a Felipe II, 12 de mayo de 1589, Ibídem, leg. 702, s. f. 868 Delgado a Martín de Idiáquez, 12 de diciembre de 1591, Ibídem, leg. 601, f. 178 y a Juan de Idiáquez, 23 de diciembre de 1591 en el f. 179. 869 Fechada el 12 de diciembre de 1591 se encuentra en Ibídem, f. 177. En ella se puede ver su conexión con Antonio Crespo y otros opositores a Farnesio como Alonso de Luçón,

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Por último, nos encontramos al benedictino Fray Pedro Aimerich, antiguo dominico y abad de San Andrés en Brujas870. En 1592 viajó a Madrid para llevar al Monasterio de San Lorenzo de El Escorial la reliquia del pie de San Felipe, que ya había localizado previamente el famoso arbitrista Luis Valle de la Cerda con la ayuda de Tassis y de Moreo871; sin embargo, la verdadera razón de su viaje era informar sobre la precaria situación en que se encontraba Flandes, apoyando las tesis de Mansfeld que favorecía su viaje. Su Jornada se realizó sin dificultad y pudo informar sin recibir una reprimenda, ratificando, de nuevo, la débil posición del gobernador872. Todas estas intrigas contra Farnesio cuajaron en diciembre de 1591 en la decisión de relevarle en el puesto. Los motivos de tal resolución y los personajes elegidos para llevar a cabo los planes de Felipe II son bien descritos por Cabrera de Córdoba en su crónica873. La pérdida de prestigio y respeto del de Parma eran claras y las opiniones vertidas en el Consejo de Estado por el prior Hernando de Toledo y por Idiáquez hicieron que Felipe II se decidiera por el cardenal Andrés de Austria, hijo del archiduque Fernando, como nuevo gobernador874.

Mondragón o Pedro Laudans. Especulaba sobre los motivos por los que el rey no le había retirado aún del puesto y llegaba a la conclusión de que Isabel Clara Eugenia le protegía, rumor que corría en Flandes. Por último, enviaba 8 avisos para llevar a cabo un buen gobierno. 870 Farnesio a Felipe II, 12 de julio de 1592, Ibídem, leg. 602, f. 110, "Habiéndoseme advertido que el abad de Sanct Andres cerca de Brujas que es un padre catalán que primero fue frayle Dominico y agora lo es Benito debaxo de color de llevar a V. Majestad el pie del glorioso Phelippe Apostol va a hazer malos officios contra mi no puedo dexar de suplicar de nuevo a V. Majestad con las cartas que vera que puedo se sirva de mandarse informar a requisicion de quien lo haze y de que yo sea avisado de lo que se me carga". 871 A. DUBET, Hacienda, arbitrismo y negociación política. Los proyectos de erarios públicos y montes de piedad en los siglos XVI y XVII, Valladolid, 2003, p. 89. 872 Farnesio a Felipe II, 31 de julio de 1592, AGS, E., leg. 602, f. 95. Sin embargo, Felipe II intentó calmar al gobernador diciendo que no se había hecho caso a dicho padre (Felipe II a Farnesio, 11 de septiembre de 1592, Ibídem, leg. 2220-2, f. 337). 873 CABRERA, III, pp. 1240-1243. Cabrera de Córdoba sitúa la decisión del relevo a finales de 1589 pero, en realidad, este se decidió en 1591. 874 Nacido en Praga el 14 de mayo de 1558 era el primogénito del archiduque Fernando del Tirol y de Philippine Welser. Desde joven se le destinó a la iglesia y a los 18 años fue a Roma donde recibió el 13 de septiembre de 1576 el capelo de cardenal de Santa Maria Nova de manos de Gregorio XIII. En 1578 fue nombrado gobernador del Tirol y en 1580 el obispo de Brixen le eligió como coadjutor. Solo volvió a Roma a los cónclaves y en 1591 recibió el obispado de Brixen junto a otros cargos. Su padre falleció en 1595, no consiguiendo Andrés el condado de Tirol ni tampoco su hermano Carlos, marqués de Burgau, pero, a cambio, el Emperador le nombró gobernador de Alsacia. Con posterioridad, fue llamado a Flandes como gobernador interino para sustituir al archiduque Alberto mientras este viajaba a contraer matrimonio con Isabel Clara Eugenia. Llegó a Bruselas el 6 de septiembre de 1598, caracterizándose su gobierno por los continuos enfrentamientos con el almirante de Aragón. Tras el retorno de los Archiduques a Flandes, Andrés se encaminó a Francia a realizar un viaje de estudios pero se le reclamó al Vaticano para concederle algún puesto que desconocemos, ya que falleció allí el 12 de noviembre de 1600 antes de tomar posesión (BIOGRAPHIE NATIONALE, I, pp. 273-280).

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El elegido para comunicar la noticia a Farnesio fue Juan Pacheco Osorio, II marqués de Cerralbo875, que se encontraba en Turín realizando una embajada por encargo del monarca. Sus instrucciones, tanto la pública como la secreta876, estaban fechadas el 31 de diciembre de 1591 y en ellas se comunicaba a Cerralbo que debía escribir a Farnesio para advertirle que se encaminaba a Flandes a intervenir en los asuntos de Francia y en las negociaciones con los rebeldes para conseguir la pacificación. Una vez allí, y tras tratar sobre estos temas, debía entregarle las cartas de Felipe II en las que se le notificaba que debía acudir a Madrid para informar al rey sobre unos asuntos muy importantes para la Monarquía877. Si le convencía de que debía viajar, dichas instrucciones preveían que el gobernador interino continuara siendo Mansfeld, rechazando la candidatura de Ranuccio si Farnesio la proponía, aunque siempre remitiéndole a su estancia en Madrid. Si el primero de ellos fallecía y Farnesio insistía en su hijo se aceptaría, con tal de que acudiera a la Corte madrileña. Si el príncipe de Parma se oponía a viajar a Madrid, Cerralbo tendría que comunicarle en secreto que no podía excusarse de hacerlo y, en último caso, si no aceptaba salir de Flandes, debería hacer públicos los despachos con la verdad del caso para los naturales, oficiales del ejército y príncipes vecinos. Así mismo, debía informar a Andrés de Austria, que se debía presentar en Flandes una vez que Farnesio hubiera salido de allí para evitar emulaciones, enviándosele las patentes de gobernador cuando hubiera llegada ya a Bruselas. Se establecía también que si Mansfeld moría antes de que llegara Andrés de Austria a Flandes gobernaría Cerralbo junto al Consejo de Estado, además de nombrársele capitán general de la infantería española de Flandes878 con un sueldo de 6000 ducados anuales879. Junto con dichas instrucciones, se enviaron a Cerralbo en la

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Casado con doña Inés de Toledo, hija de don García IV Marqués de Villafranca, vio truncarse su carrera cortesana con la muerte en 1572 de su patrón el cardenal Espinosa. No sería hasta más de una década después cuando, con el patrocinio del secretario Mateo Vázquez, fue nombrado gobernador y capitán general de Galicia. Allí destacaron sus excelentes dotes militares en el rechazo a la armada de Francis Drake durante el asedio de la ciudad de La Coruña en mayo de 1589. Tras sus éxitos, Felipe II le concedió la encomienda de Almorchón de la Orden de Alcántara y, después de sus días, para su hijo. Tras realizar una embajada a Turín a finales de 1591, se le encargó que viajara a Flandes a comunicar la noticia de su destitución como gobernador a Farnesio, pero falleció en el camino el 28 de marzo de 1592 (F. PÉREZ MÍNGUEZ, “D. Juan de Idiáquez: Embajador y consejero de Felipe II”, Revista Internacional de estudios vascos (París- San Sebastián), 23 (1932), p. 601). 876 La instrucción secreta se encuentra en AGS, E., leg. 2220-2, f. 1, así como en el leg. 168, f. 84. En cuanto a la pública, en el leg. 2220-2, f. 2. 877 Esta carta está fechada el 20 de febrero de 1592 y se encuentra en Ibídem, f. 3. 878 El título, con fecha del 7 de enero de 1592, en Ibídem, f. 166. Sin embargo, se le prefirió dar la patente, que se encuentra en el f. 164. 879 Como así consta en la cédula con fecha 6 de enero de 1592 que se le envió (Ibídem, f. 221).

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misma fecha varias cartas para los principales personajes tanto de Flandes como del Imperio, en las cuales se les comunicaba la decisión real880. Además de esta misión, el noble castellano tenía encomendadas otras, como hacer lo posible por llegar a una paz con los rebeldes flamencos que permitiera a las fuerzas de Felipe II concentrarse en el apoyo a la Liga Católica881. Para ello, Guillén de San Clemente debía fomentar la intermediación del emperador, al tiempo que negociaba con Rodolfo II para que permitiera que Andrés de Austria viajara a Bruselas882. Así mismo, debía intervenir en los asuntos franceses hasta que el duque de Feria llegara a Flandes, ya que este debía pasar aún por Roma883. El marqués de Cerralbo emprendió su camino desde Saboya en febrero de 1592, acompañado de Enrique Enríquez y de Juan Martínez de Gallistegui, su secretario personal884. Sin embargo, su misión quedó incompleta al fallecer el 28 de marzo mientras se encontraba aún en Italia. Su secretario recibió de manos del marqués, poco antes de morir, las llaves del escritorio con los despachos y la cifra, marchando a Barcelona con dos galeras del capitán Aurelio Espínola y, desde ahí, a Madrid885. Este contratiempo evitó durante unos meses que el relevo se llevara a cabo, y no fue hasta junio cuando se designó al sustituto que debía realizar la misión inacabada del marqués de Cerralbo: Pedro Enríquez, conde de Fuentes886. 880

Estas las debía entregar Cerralbo en persona y, para ello, el rey le dio unas cartas de presentación. Se enviaron misivas a Ranuccio, Áscoli, Mondragón, Verdugo, Lastur,... (Ibídem, f. 215 en adelante). Junto a ellas, estaban las cartas donde se informaba del propósito de Cerralbo (Ibídem, ff. 26-38). 881 “Lo que vos Don Juan Pacheco, Marqués de Cerralbo, mi pariente aveys de hazer en la Jornada a que al presente os embio”, 25 de enero de 1592, Ibídem, f. 165. Del 31 de diciembre de 1591 son las cartas a diversos personajes del Imperio tocantes a admitir su mediación en el conflicto con los rebeldes (Ibídem, leg. 2221, ff. 26-35). 882 Para conseguir que Andrés de Austria fuera a Flandes, Felipe II envió el 20 de febrero de 1592 al marqués de Cerralbo una carta para el propio Andrés (Ibídem, leg. 2220-2, f. 212) y otra para el archiduque Fernando (f. 270). 883 Felipe II a Cerralbo, 25 de enero de 1592, Ibídem, ff. 276-277. 884 Felipe II a Cerralbo, 25 de marzo de 1592, Ibídem, f. 281. Había comunicado a Juan de Lastur que Cerralbo pudiera disponer de todo el dinero que necesitara y que de ese dinero podría pagar 50 escudos al mes a Enríquez y 30 a Gallistegui por el oficio de comisario de muestras del que disponía en Castilla. 885 Juan Martínez de Gallistegui a Felipe II, 29 de marzo de 1592, Ibídem, leg. 169, f. 55 y Felipe II a Juan Martínez de Gallistegui, 11 de abril de 1592, Ibídem, leg. 2220-2, f. 239. 886 Pedro Enríquez de Guzmán y Acevedo, primer conde de Fuentes de Valdepero y señor de Cambados, era hijo de Diego Enríquez de Guzmán, tercer conde de Alba de Aliste, y de su segunda esposa doña Catalina de Toledo y Pimentel, hermana del tercer duque de Alba. Como don Diego era el padre de doña María, la esposa del duque, don Pedro era a la vez cuñado y sobrino de Alba, además de ser primo hermano del marqués de Velada. Siempre destacó por sus extraordinarias dotes militares sirviendo con Alba en Flandes y en otros escenarios que le valieron en 1589 su nombramiento como capitán general de Portugal, donde tuvo que vérselas con el Prior de Crato defendiendo con éxito Lisboa del ataque del pretendiente en junio de aquel año. Previamente, había estado en 1586 en Turín para felicitar al duque de Saboya y a Catalina

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Personaje siempre rodeado de polémica, supo adaptarse muy bien a los diferentes cambios cortesanos en Madrid y obtuvo cargos de gran relevancia, tanto con Felipe II como con Felipe III. Pese a su parentesco con el duque de Alba y a su cercanía a Moura desde la década de los 70 del siglo XVI, no podemos considerarle completamente afín a unas ideas políticas u otras, ya que consiguió nadar de forma inteligente entre ambas orillas. El noble castellano fue capaz de disimular cuando la ocasión lo requería, como era el caso, ya que sus pensamientos sobre la política a llevar en Flandes no se correspondían con los de Moura e Idiáquez. Fuentes se encontraba realizando, al igual que Cerralbo, una misión diplomática en Saboya cuando se le encomendó que emprendiera viaje a Flandes para realizar, exactamente, la misma gestión y con idénticas instrucciones que su predecesor887. El único cambio sobre las disposiciones iniciales era que el nuevo gobernador no iba a ser Andrés de Austria, sino el archiduque Ernesto888.

Micaela por el nacimiento de su primogénito, Felipe Manuel, aunque su objetivo real era conseguir su apoyo para la Liga Católica en Francia. En ese año, además, se le nombró capitán general de la caballería de Milán. En 1592 retornó a Saboya para volver a tratar de la situación en Francia y, una vez allí, se le comunicó que fuera a Flandes a comunicar su destitución a Farnesio. En dichas tierras permanecería hasta la llegada en 1596 del archiduque Alberto, ayudándole en las luchas armadas contra Francia. Felipe III le concedió en el 1600 la Grandeza, plaza en el Consejo de Estado y el cargo de Gobernador General de Milán, donde permaneció hasta su muerte en 1610 (M. A. OCHOA BRUN, op. cit., p. 240, S. MARTÍNEZ HERNÁNDEZ, op. cit., p. 95 y Felipe II, II, pp. 145-146, así como la bibliografía sobre él, en general, anticuada; P. GAYANGOS, "El Conde de Fuentes", La revista de España, 15/7/1868; C. FERNÁNDEZ DURO, Don Pedro Enríquez de Acevedo, conde de Fuentes. Bosquejo encomiástico leido ante la Real Academia de la Historia, Madrid, 1884; J. FUENTES, El Conde de Fuentes y su tiempo: Estudios de Historia Militar. Siglos XVI a XVII, Madrid, 1908, 2 vols.; P. VAN ISACKER, "Pedro Enríquez de Azevedo, graaf van Fuentes en de Nederlanden, 1592-1596", Annales de la société d´ëmulation de Bruges, 40 (1910), pp. 205-236 o A. RODRÍGUEZ VILLA, El Conde de Fuentes. Bosquejo histórico, Madrid, s. d.). 887 “Sumario de lo que su Majestad es servido que haga don Pedro Henríquez de Azebedo, Conde de Fuentes, en su comisión principal como más particularmente se le ha dicho de palabra”, 4 de junio de 1592, AGS, E., leg. 2220-2, f. 19. El poder para mandar a toda la gente de guerra española que servía en Flandes y Francia, con la misma fecha en Ibídem, f. 208. La carta donde se comunicaba a Farnesio que debía volver a Madrid, con fecha del 28 de junio, en Ibídem, leg. 2221, f. 37. 888 Así se lo comunicaba Felipe II a su sobrino el 28 de junio de 1592, Ibídem, leg. 2220-2, f. 189. Ernesto de Austria nació en Viena el 16 de junio de 1553 y fue el segundo hijo de los emperadores Maximiliano y María. Fue educado en Madrid junto a su hermano Rodolfo desde 1565-1570, en que retornó al Imperio para continuar con su formación. Desde 1571 a 1573 estuvo envuelto en las luchas contra los otomanos en el Mediterráneo, hasta que en 1573 y 1575 intentó ser nombrado rey de Polonia, fracasando en ambos intentos. En 1576 se especuló con su nombramiento como gobernador de los Países Bajos pero con la subida al trono de Rodolfo II pasó a ser gobernador de la baja y alta Austria y luego gobernador de la Austria interior tras la muerte del archiduque Carlos. Enviado finalmente a Flandes por Felipe II como gobernador, falleció en Bruselas el 20 de febrero de 1595 (A. DOUTREPONT, “L´archiduc Ernest d´Autriche, gouverneur général des Pays Bas, 1594-1595” en Miscellanea historica Leonis van der Essen..., II, pp. 621-642).

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La elección de este nuevo gobernador, según Cabrera de Córdoba, fue debida al fuerte carácter del padre de Andrés, el archiduque Fernando, y al desconocimiento que se tenía de la actitud del hijo889. Sin embargo, consideramos que los verdaderos motivos que impulsaron la elección de Ernesto fueron las negociaciones que se mantenían en Francia para que el trono fuese a parar a Isabel Clara Eugenia casada con el archiduque, así como favorecer y agilizar las negociaciones de paz con los rebeldes de Holanda y Zelanda; asuntos ambos que se podrían acelerar si el hermano del emperador se encontraba en Flandes. Igualmente, aunque no hemos encontrado pruebas fehacientes de esta hipótesis, la elección de Clemente VIII como nuevo Papa debió influir en el nombramiento de un personaje muy interesante para la nueva estrategia que este Pontífice pensaba llevar a cabo para deshacerse de la tutela de Felipe II. Ernesto se convertía, de esta manera, en un personaje fundamental en la política exterior de la Monarquía. Su catolicismo estaba fuera de toda duda tras haber hecho lo posible por la restauración y reforma católica en Austria890, apoyándose en personajes como Guillermo Scherer, perteneciente a la Compañía de Jesús. Sin duda, la vinculación del archiduque a esta orden fue muy intensa, y sus confesores pertenecieron casi siempre a ella, caso de Antonio Crespo de Molina en Flandes. Su lucha por el catolicismo le supuso, asimismo, ser aceptado en 1592, tanto por Felipe II como por Roma, como el mejor Rey de Romanos posible. El monarca hispano intentó a través de su embajador en la “Ciudad Eterna” que la Santa Sede utilizara sus influencias y que el nuevo nuncio para el Imperio, el cardenal Madruzzo, obispo de Cremona, propugnara su candidatura, aunque pretendiendo que no se pudiera observar que detrás de ello andaba Felipe II891. El nuncio aceptó encantado y comenzó una intensa actividad diplomática para conseguir dicho objetivo892. Sin embargo, la elección de Ernesto como gobernador de Flandes influyó negativamente en sus opciones893 y a finales de 1594 se puede considerar que el apoyo papal para este asunto había finalizado894. El mayor inconveniente que presentaba la elección de Ernesto para el puesto en Flandes era que Rodolfo II se opondría mucho más al envío de su hermano que al del cardenal Andrés de Austria, ya que este se encontraba ejerciendo como gobernador de 889

CABRERA, III, p. 1463. L. PASTOR, op. cit., XXII, p. 64. 891 Felipe II a Sessa, 29 de marzo de 1592, AGS, E., leg. 960, s. f. y Sessa a Felipe II, 10 de julio de 1592, Ibídem, leg. 959, s. f. 892 Obispo de Cremona a Clemente VIII, 24 de agosto de 1592, Ibídem, s. f. 893 Así se lo hizo saber Clemente VIII a Sessa el 26 de mayo de 1593, Ibídem, leg. 961, s. f. 894 Sessa a Felipe II, 22 de diciembre de 1594, Ibídem, leg. 963, s. f. Rodolfo II hablaba de Maximiliano como posible sucesor mientras el Papa se comenzaba a inclinar por el archiduque Fernando. 890

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Estiria y Carintia, territorios fronterizos con los turcos que en ese momento se estaban mostrando agresivos. Ante esta dificultad, Felipe II ordenó a Guillén de San Clemente que agilizara las conversaciones con el emperador895, sin olvidar otras opciones en previsión de que no se pudiera conseguir el objetivo principal. Así, se propuso como alternativa al archiduque Maximiliano, aunque su nombramiento no entrañaba menor dificultad por el mismo motivo896, por lo que volvió a resurgir la posibilidad del cardenal Andrés897. Fuentes comenzó su viaje hacia los Países Bajos a comienzos de octubre y poco después se conoció en Bruselas que se encaminaba hacia allí, lo que hizo aparecer las consabidas especulaciones ante el desconocimiento del cargo que iba a tomar el enviado real. El rumor más consistente fue el de que se iba a enviar a Catalina Micaela como gobernadora, mientras Fuentes sería gobernador interino hasta que ella llegara, al tiempo que Farnesio tomaba el mando del ejército en Francia898. El gobernador de Flandes hizo lo posible por no encontrarse con el emisario de Felipe II, para lo cual viajó de Bruselas a Arras el 19 de noviembre, con el pretexto de organizar el ejército para la tercera entrada en Francia. Así, cuando el 23 de noviembre entró Fuentes en la capital bruselense se encontró con la ausencia de un gobernador con el que no podría entrevistarse, ya que murió en la noche del 2 al 3 de diciembre. Pese al descrédito de Farnesio en Madrid, toda la operación se había intentado mantener en secreto para evitar mermar aún más su reputación. Así, se comunicó al duque de Sessa en noviembre que informara a Clemente VIII del relevo, pero recalcándole que no había disgusto con su labor899; una vez se hubo conocido su muerte, se ordenó al embajador, que aún no había comunicado la nueva, que no informara al Papa sobre el planeado relevo900. El mismo secretismo se utilizaría en otros ámbitos, por lo que la decisión resultó desconocida para observadores ajenos y hasta que no se

895

Felipe II a Guillén de San Clemente, 28 de junio de 1592, Ibídem, leg. 2220-2, f. 192 y Felipe II a Rodolfo II, 28 de junio de 1592, Ibídem, f. 188. 896 Felipe II a Guillén de San Clemente, 28 de junio de 1592, Ibídem, f. 210. El mismo día se le envió una misiva al embajador, que debía entregar a Maximiliano si este era el elegido finalmente (Ibídem, f. 211). 897 Minuta de Felipe II a Fuentes, 6 de febrero de 1593, Ibídem, leg. 2221, f. 22, "Mas por prevenirlo todo por si alguno de los casos que pueden suceder de impedimentos forçossos no diesse lugar a que pudiesse venir Ernesto me ha paresçido que será mas a propósito traer el Cardenal de Austria por la buena relaçión que ay de su persona que otras traças que se ayan puesto en platica para este caso". 898 Mateucci a Aldobrandino, 28 de octubre de 1592, ASV, Fiandra, leg. 5, ff. 123 v.-124 r. 899 Felipe II a Sessa, 3 de noviembre de 1592. Cfr. E. GOSSART, La domination espagnole dans les Pays-Bas a la fin du règne de Philippe II, Bruselas, 1906, pp. 290-291. 900 Minuta de despacho, s. f. (h. comienzos 1593), AGS, E., leg. 2221, f. 14.

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confirmó la llegada del archiduque Ernesto se continuó especulando con el nombre del sucesor. Este hermetismo, unido a su fallecimiento, evitó la humillación política de Farnesio, ya que se encontraba huérfano de apoyos en Madrid, pese al último y desesperado intento que realizó por acercarse a Juan de Idiáquez901. Sin embargo, este no se apiadó de él ni en esos últimos momentos, tal y como reflejan los apuntamientos que escribió sobre su gobierno a finales de 1592 y en donde criticaba duramente su labor902. Sin duda, los últimos años de vida de Farnesio y los ataques sufridos habían deslucido la figura de uno de los cortesanos y militares más brillantes del reinado de Felipe II.

901

Farnesio a J. Idiáquez, 20 de septiembre de 1592, AGS, E., leg. 602, f. 150. Dichos apuntamientos en L. VANDER ESSEN, "Une critique de l´administration d´Alexandre Farnèse aux Pays-Bas par Don Juan de Idiáquez, Secrétaire d´État de Philippe II (1592), Document extrait de la Bibliothèque Vittorio Emmanuele à Rome", BCRH, 100 (1936), pp. 173-180. 902

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CAPÍTULO 6

A LA ESPERA DE GOBERNADOR (1592-1594)

6.1.- La llamada de Alberto a Madrid: el dinasticismo y los cambios en el centro de la Monarquía Sin duda, 1593 trajo consigo una serie de relevantes cambios en la configuración de la toma de decisiones de la Monarquía Hispana. La transformación de la Junta de Noche en la de Gobierno, así como la reforma del Consejo de Estado903, con la entrada de nuevos personajes en el mismo como el marqués de Velada904, hicieron cambiar la forma de gobernar la Monarquía, aunque el poder continuara en las mismas manos que hasta ese momento. Sin embargo, la novedad que más nos interesa en nuestro estudio es la que representó la llamada que se realizó al archiduque Alberto para que dejara el virreinato de Portugal y regresara a Madrid. Este personaje puede ser considerado como uno de los más importantes tanto del gobierno de su tío, Felipe II, como del de su primo, Felipe III. Sin embargo, no existe ninguna biografía moderna sobre él y muy pocas obras sobre episodios concretos de su vida, excepto de sus años como soberano de Flandes junto a Isabel Clara Eugenia905. Esta es una carencia importante de la bibliografía y un estudio completo sobre su vida 903

Sobre estas reformas, S. FERNÁNDEZ CONTI, Los consejos de Estado y Guerra...., pp. 222-223 y Configuración, “De la Junta de noche a la Junta de gobierno”, pp. 272-276. 904 Una biografía de este personaje en S. MARTÍNEZ HERNÁNDEZ, op. cit., passím. 905 Existen dos biografías del siglo XVII, A. le MEERE (Lemire o Miraeus), De vita Alberti Belgarum principis, Amberes, 1622 y J. B. de MONTPLEINCHAMP, Histoire de l´Archiduc Albert gouverneur général et puis prince souverain de la Belgique, Colonia, 1693 (consultada la edición de A. L. P. Roubaulx de Soumoy, Bruselas, 1870). En cuanto a episodios de su vida, sobre su estancia en la corte madrileña en su juventud, J. MARTÍNEZ MILLÁN, "El archiduque Alberto en la corte de Felipe II (1570-1580)" en W. THOMAS y L. DUERLOO (eds.), Albert&Isabella, 1598-1621 Essays, Lovaina, 1998, pp. 27-37. Sobre su periplo como gobernador de Portugal destaca la obra de F. CAEIRO, O arquiduque Alberto de Austria, vicerei de Portugal, Lisboa, 1961 comentada en el artículo de D. MAURICIO, "O Arquiduque Alberto de Áustria, Vice-Rei de Portugal (1583-1593)", Brotéria, 24, abril-1962 (4), pp. 422429. Así mismo, sobre su faceta como coleccionista y mecenas de obras de arte, A. JORDAN GSCHWEND, Archduke Albert in Lisbon (1581-1593): A question of patronage or emulation?, Tesis doctoral inédita de la Brown University, Providence, 1985. En cuanto a su breve periodo como coadjutor de Toledo, BNM, Ms. 13027, Anónimo, Vidas de los Arzobispos de Toledo, s. f. (hacia 1620), III, ff. 201-208. Para su periodo como gobernador de Flandes de 1595-1598, J. ROCO DE CAMPOFRÍO, España en Flandes, trece años de gobierno del archiduque Alberto (1595-1608), Madrid, 1973, pp. 1-219. Si que existen, en cambio, muchos estudios sobre su soberanía en Flandes, sobre todo, a raíz del IV centenario en 1998 de la Cesión. Un buen resumen de las obras sobre los Archiduques en W. THOMAS, "La corte de los archiduques Alberto de Austria y la infanta Isabel Clara Eugenia en Bruselas (1598-1633). Una revisión historiográfica" en A. CRESPO SOLANA Y M. HERRERO SÁNCHEZ (Coords.), op. cit., I, pp. 355-386.

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podría servir para aclarar muchos puntos de la historia tanto de Europa, en general, como de Portugal, Flandes, el Imperio o la propia Monarquía Hispana, en particular. El archiduque Alberto nació en Neustadt el 13 de noviembre de 1559 y fue el noveno hijo del emperador Maximiliano II y de su esposa María906. Muy pronto comenzó a mostrarse útil para las estrategias políticas de su tío Felipe y a los 11 años fue enviado a educarse a la Corte hispana junto con su hermano Wenceslao, relevando en la misma a sus antecesores Rodolfo y Ernesto. Con esta medida, Felipe II quería garantizar una educación católica-ortodoxa para los futuros emperadores e, incluso, sucesores de la Monarquía Hispana, al tiempo que les inculcaba su propia visión política de la cristiandad. De gran ayuda para los propósitos de Felipe II fue su hermana María, que hizo posible que se produjeran dichas estancias en Madrid. Los archiduques Rodolfo y Ernesto llevaban en la Corte madrileña desde 1564 con un séquito, a cuyo frente estaba Adam de Dietrichstein como mayordomo mayor907, compuesto en su mayoría por servidores imperiales908. Sin embargo, lo que había sido válido para los hermanos mayores no lo iba a ser para los menores y, desde antes de saberse el nombre de los archiduques que iban a tomar el relevo de Rodolfo y Ernesto, Felipe II había decidido que sus servidores iban a ser castellanos para, de este modo, poder controlar mejor su entorno. Esta decisión, por supuesto, no convenció al emperador Maximiliano II, que bregó por conseguir que algunos servidores imperiales quedaran en Madrid con los archiduques909, lo que finalmente conseguiría910. Con esta esperanza se constituyó en el Imperio un pequeño contingente de oficiales para Alberto 906

Una pequeña biografía en Configuración, p. 318. F. EDELMAYER, "Honor y dinero. Adam de Dietrichstein al servicio de la Casa de Austria", Studia Histórica. Historia Moderna, 10/11 (1992/93), pp. 89-116. 908 Sobre la permanencia de ambos archiduques en Castilla, E. MAYER-LÖWENSCHWERDT, “Der Aufenthalt der Erzherzoge Rudolf und Ernst in Spanien”, Sitzungsberichte der philosophisch-historischen Klasse der Österreichische Akademie der Wissenschaften, 206 (1927), pp. 1 y ss. 909 De este asunto dejaba constancia la emperatriz María a Felipe II en una misiva del 29 de mayo de 1570, “El Emperador me paresçe que determina enviar dos hijos como vos mandáis. Pienso que serán los medianos de los que están acá, aunque no lo se çierto (...). El Emperador pasó bien por todo lo que de parte de vos se le dijo sobre esto, pero después vi que le pareçía estrano que no uviesen de tener tudescos. Yo pongo la culpa a otros y pienso que como tengan algunos porque no se les holvide la lengua, quen esto tiene razón, estará muy contento de toda la merced que vos le aze y a ellos”, Cfr. J. C. GALENDE DÍAZ y M. SALAMANCA LÓPEZ, Epistolario de la emperatriz María de Austria. Textos inéditos del Archivo de la Casa de Alba, Madrid, 2004, pp. 181-182. 910 Para un estudio más profundo de la estructura y los componentes de la Casa del archiduque Alberto desde su llegada a Madrid, nuestra ponencia en prensa “The household of Archduke Albert since his arrival to Madrid until his appointment as sovereign of the Netherlands (15701598)” presentada para las actas de la mesa redonda A constellation of Courts. The Households of Habsburg Europe, 1555-1665, celebrada en Bruselas el 3 y 4 de noviembre de 2006 por los departamentos de historia moderna de las universidades de Gante y de Amberes. 907

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y Wenceslao, muy inferior en número, por supuesto, al que acompañaba a su hermana Ana, futura esposa de Felipe II y, por tanto, futura reina de la Monarquía. El viaje de los tres archiduques se inició a finales de julio de 1570 y se prolongaría hasta octubre, en que llegaron a Madrid911. De ahí se trasladaron a Segovia, lugar escogido para celebrar la boda, donde se comenzó a ponerles Casa. En este proceso influiría, lógicamente, el momento político que se vivía en la Corte del “Rey Prudente”, ya que se decidió que controlaran la misma, y por tanto decidieran los nombramientos, dos personajes cercanos al príncipe de Éboli como Juan de Ayala, que fue nombrado ayo y mayordomo mayor, y el secretario Gaztelu; personajes ambos que habían estado vinculados a Eraso y que contaron con el apoyo de Espinosa y de la emperatriz María912. Durante estos años de juventud, Felipe II concedió mucha importancia a la educación de sus sobrinos, para lo que contó con los tres preceptores que les habían iniciado en las letras en el Imperio: Nicolas Coret, Mattheo Othen y Augier Guilain Busbeque o Augerio Busbecq913. A ellos se unió el castellano Sebastián Pérez y, entre todos, les fueron preparando para dar el gran salto a la política activa. Éste estuvo a punto de llegar para Alberto en 1576 cuando los aliados del duque de Alba propusieron su candidatura como gobernador de Flandes en lugar del fallecido Requesens, aunque los miembros de la hegemónica facción “papista” acabarían imponiendo la elección de don Juan de Austria. En compensación, Antonio Pérez, tras petición de Felipe II, movió sus hilos en Roma para que se le designara cardenal diácono, lo que se produjo el 11 de marzo de 1577, siendo nombrado cardenal presbítero al año siguiente. Así mismo, se especuló con su nombramiento como arzobispo de Toledo tras el fallecimiento de Carranza el 2 de mayo de 1576, pero Antonio Pérez prefirió a alguien más experimentado y más cercano a sus ideas como Gaspar de Quiroga, que recibió el nombramiento el 17 de agosto de 1577. Mientras a Alberto se le iba dirigiendo a destinos tan altos, su hermano Wenceslao recibió ciertas prebendas de la orden de San Juan y se pensó en él como futuro Prior de la misma, poniendo en práctica la idea de Felipe II de controlar dicha

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Una relación de los acontecimientos en dicha ciudad castellana en J. BÁEZ DE SEPÚLVEDA, Relación verdadera del recibimiento que hizo la ciudad de Segovia a la majestad de la reyna nuestra señor doña Anna de Austria, en su felicísimo Casamiento que en la dicha ciudad se celebró, edición Segovia, 1998. Sobre sus implicaciones políticas, nuestro artículo, “La estancia del Prior de Castilla,...”. 912 J. MARTÍNEZ MILLÁN, "El archiduque Alberto en la Corte de Felipe II...”, pp. 28-29. 913 J. B. de MONTPLEINCHAMP, op. cit., pp. 20-21.

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orden a través de los miembros de su familia. Sin embargo, la muerte del archiduque en 1578 lo impidió914. Ya antes del fallecimiento de Wenceslao se había venido especulando con la necesidad de separar los servicios de ambos hermanos, sobre todo, por la importancia que iba adquiriendo el archiduque Alberto dentro de la Corte. Su nombramiento como cardenal diácono desencadenó el proceso y se decidió llevar a cabo la reforma para dotarle de Casa propia, incluyendo en ella ciertos oficios que hasta ese momento no habían sido considerados necesarios como los de gentilhombres de la boca y de la cámara, así como se incrementó el número de mayordomos y, debido a su condición de eclesiástico, el de los gentilhombres de hábito eclesiástico o camareros que vivían fuera de palacio915. Este proceso siguió estando controlado aún por la facción “papista” pero, pese al control que ejercieron tanto estos como los “ebolistas” durante la primera década de vida de su servicio, Alberto nunca se mostró partidario de sus convicciones políticas y religiosas y fue desarrollando unas ideas que concordaban más con las de la facción que se fue mostrando hegemónica desde la Jornada de Portugal: los “castellanistas”. Esta afinidad, junto con la enorme confianza que Felipe II tenía depositada en su sobrino, le supuso el título de virrey de Portugal en 1583, cargo que entrañaba una enorme dificultad. Se había especulado con que la emperatriz María, recién llegada a la Península Ibérica, se haría cargo del gobierno, pero la decisión favoreció finalmente a su hijo. Aunque Antonio Danvila y Burguero da otras razones916, creemos que la elección recayó en Alberto porque la tarea principal que Felipe II quería del virrey era conseguir la implantación del Confesionalismo en Portugal, y la espiritualidad que practicaba la emperatriz no era la más adecuada para llevar a cabo dicha tarea. En cambio, la de su hijo si se aproximaba a lo que el rey quería y un ejemplo de ello es que

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I. EZQUERRA REVILLA, “Tentativas de la corona por controlar la orden de San Juan en tiempo de Felipe II: la “expectativa” del archiduque Wenceslao de Austria en el gran priorato de Castilla y León (1577-78)” en F. RUIZ GÓMEZ y J. M. MOLERO GARCÍA (eds.), La orden de San Juan entre el Mediterráneo y la Mancha, Alcázar de San Juan (Ciudad Real), 2009, pp. 401-430. 915 Nos son conocidos los principales componentes de la Casa en 1577 merced a la relación que hizo el embajador Hans Khevenhüller en su diario citado previamente, p. 215, a la que hace referencia J. MARTÍNEZ MILLÁN en “El archiduque Alberto en la corte de Felipe II...”, p. 35. 916 A. DANVILA Y BURGUERO, op. cit., pp. 539-40. Había sido Moura el promotor de la candidatura de María, pero el virreinato se daría a Alberto por tres razones: 1º por ser la emperatriz manirrota, 2º que el carácter de María y su inteligencia podrían causar problemas y 3º quería Felipe II a alguien de confianza cerca de él que pudiera ocuparse de las infantas.

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sus confesores fueron siempre de la orden dominica, caso de Juan Velázquez de las Cuevas, Fray Juan Vicente o Fray Íñigo de Brizuela917. En aras de llevar a cabo la tarea encomendada por el monarca, Alberto acumuló en su persona durante sus 10 años de estancia en Portugal los títulos de virrey, inquisidor general y legado ad latere del Pontífice, los dos últimos tras una serie de maniobras del embajador Olivares en la Santa Sede. El cargo de inquisidor se le concedió por la bula Inter alias curar de Sixto V, de 25 de enero de 1586, y tomó posesión el 13 de marzo siguiente918, mientras el de delegado ad latere fue solicitado el 26 de junio de 1581, aunque Gregorio XIII no lo concedió hasta el 9 de febrero de 1583 y fue una concesión, en principio, por dos años919. Como veremos, posteriormente sería renovado. Durante su virreinato, el archiduque Alberto intentó mantener buenas relaciones con los jesuitas portugueses, pese a que contribuían a crear el espíritu nacional denominado “sebastianismo”, ya que acumulaban un gran poder en el reino vecino920. Este “pacto de no agresión” fue una constante en su vida política y, aunque no comulgaba con los principios y las actuaciones de la citada orden, no les atacó, excepto en una ocasión: el intento de visita de la Compañía de los primeros años de la década de los 90. Alberto apoyó la idea de realizarla tanto en los reinos hispanos, donde favoreció la elección de Jerónimo Manrique de Lara como visitador921, como en Portugal, donde en 1591 dio señales de querer decidir personalmente sobre el negocio en las tierras de las que era virrey, pero fue contenido de dar ulteriores pasos por la prohibición de Gregorio XIV de que visitaran la orden personas ajenas a la misma922. Por lo que respecta a su servicio durante su estancia en Portugal, desconocemos en gran parte su estructura y el nombre de sus componentes debido a la ausencia de fuentes, pero podemos extraer algunas conclusiones interesantes923. Así, durante la formación de su Casa virreinal, el archiduque expresó su preferencia por que la mayoría

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Sobre el uso político que haría de la Piedad y de otros aspectos religiosos durante el periodo Archiducal, L. DUERLOO, “Archducal Piety and Habsburg Power” en W. THOMAS e ID. (eds.), op. cit., pp. 267-283. 918 Una copia del breve del oficio de Inquisidor General en AGS, E., leg. 951, f. 170. 919 Copia de la bula en Ibídem, f. 167. Sobre las facultades de la legacía de Alberto, f. 169. 920 F. CAEIRO, op. cit., capítulo IV, “Os jesuitas e o arquiduque Alberto. Contribuiçao dos jesuitas para a criaçao e manutençao do espirito de independencia durante o dominio filipino”, pp. 197-243. 921 J. MARTÍNEZ MILLÁN, “Transformación y crisis de la Compañía de Jesús (1578-1594)” en F. RURALE (ed.), I religiosi a corte, Fiesole, 1995, p. 118. 922 L. PASTOR, op. cit., XXII, p. 336. 923 Como así señala F. LABRADOR ARROYO, La Casa Real en Portugal (1580-1621), Madrid, 2009, pp. 273-279.

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de sus criados continuaran siendo castellanos, como lo habían venido siendo hasta ese momento924. Sin embargo, Felipe II fue consciente de la necesidad que había de ordenar el servicio según las costumbres de Portugal, como una manera de atraer la simpatía de las élites del reino vecino hacia la reciente dominación, a imagen y semejanza de lo que realizó con su propia Casa portuguesa925. Así, aunque los oficios más importantes de la Casa del archiduque no cambiaron de manos, se nombraron gentilhombres portugueses y se introdujeron oficios nuevos y propios de Portugal como el de crucífero o abreviador926. De igual manera, se dotó a la Casa de aquellas áreas de las que no disponía aún por no haberse considerado necesarias con anterioridad, caso de la caza o guarda927, o de completarlas, como la capilla y la caballeriza. Así, por ejemplo, se nombró un caballerizo mayor, cargo que recayó en el gentilhombre de la cámara del archiduque Luis Enríquez, o cazadores como Manuel Pimenta o Juan Issino. La acción de gobierno de Alberto en Portugal fue, en general, satisfactoria para su tío, pero desde 1588 se iniciaron las especulaciones sobre su partida por necesidades de la Monarquía928. Tras el fracaso de la Armada contra Inglaterra, Felipe II comenzó a mostrarse pesimista y cansado y a considerar que no era capaz de absorber toda la carga de trabajo que había tenido hasta ese momento. Aconsejado por Moura e Idiáquez, que veían en el archiduque un defensor de sus ideas, el rey consideró que su sobrino podría ayudarle en dicha tarea y se planteó su regreso a Madrid para colocarle cerca del príncipe Felipe a instruirle en los negocios. De hecho, Felipe II confirmó dicho extremo a su embajador Olivares y le encargó que preguntara en Roma si los cargos de nuncio y de inquisidor del archiduque se mantendrían si Alberto salía de Portugal929. La estrategia que utilizó el monarca para la obtención de dicha petición fue plantear que esta era una medida provisional y que, pasado un tiempo, retornaría al país vecino, por lo que deseaba que el archiduque conservara ambos oficios. La propuesta fue aceptada mediante breve papal del 13 de diciembre de 1588, intentando Felipe II incrementar las

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H. KHEVENHÜLLER, op. cit., p. 270. Sobre la Casa Real portuguesa de Felipe II, el trabajo de F. LABRADOR ARROYO en Felipe II, I, pp. 820-945 y II, pp. 593-663 para sus componentes, así como su libro citado anteriormente. 926 Este oficio, equivalente a un secretario de asuntos religiosos, fue ejercido desde 1592 por Roco de Campofrío. 927 Sobre el funcionamiento de su guarda de alabarderos conservamos la “Institución y ordenanzas de la Guarda Alemana que mandó fundar el señor Archiduque Cardenal Alberto legado a la de S. M. en el reino de Portugal, Lisboa, 20 de octubre de 1586", AHN, E., libro 728, publicada en F. LABRADOR ARROYO, La Casa Real en Portugal..., pp. 214-222. 928 Buongiovanni a Montalto, 5 de noviembre de 1588, ASV, Spagna, leg. 36, f. 456 r., "Qui s´e levata voce, ch´in breve S. A. sia per andare in fiandra, però non se n´ha que anche certezza". 929 Felipe II a Olivares, 1 de diciembre de 1588, AGS, E., leg. 951, f. 166. 925

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funciones allí explicitadas en 1593930. Sin embargo, los juristas pontificios certificaron que el citado breve había expirado con la muerte de Sixto V y se hizo necesaria una nueva petición, donde se concedió la legacía por tres años que acabaría prorrogándose hasta su marcha a Flandes931. En cuanto al cargo de inquisidor general, Alberto mantuvo su titularidad, pero delegada en Antonio de Matos Noroña932. Este primer intento para que Alberto retornara a Madrid no fructificó, debido a la amenaza que supusieron las expediciones inglesas contra Lisboa y otras zonas costeras de Portugal, por lo que Felipe II preparó con más tranquilidad su retorno y realizó consultas a personalidades importantes de Portugal, como el conde de Portalegre, para recabar opiniones respecto a la conveniencia de que su sobrino abandonara el virreinato933. Del mismo modo, procuró que su embajador en Roma consiguiera que se le concedieran las rentas de una iglesia en Castilla, para así poder dar beneficios a sus criados cuando abandonara el reino vecino934, aunque esto estaba ya suficientemente cubierto con el lucrativo Priorato de Crato, que permitió a Alberto conceder mercedes con cargo a sus rentas incluso durante su estancia en Flandes935. Pese a ello, los embajadores de Felipe II en Roma consiguieron que se le concediera el indulto de proveer en lo que vacare de la iglesia de Sigüenza936. A estas rentas de Crato y Sigüenza conviene recordar que se unierían posteriormente las del arzobispado más rico de la Monarquía, que no era otro que el de Toledo, por lo que el archiduque adquirió una extraordinaria capacidad de premiar a sus servidores, lo que resultó muy atrayente para posibles pretendientes a ingresar en su Casa. Todo apuntaba a que Alberto retornaría tarde o temprano a Castilla, lo que se confirmó el 5 de marzo de 1593 cuando Felipe II le comunicó que tanto él como su servicio debían ponerse en marcha. Desde Madrid se dispusieron las medidas precisas para organizar la Jornada y se enviaron a Portugal varios carros para el equipaje, un alcalde de Casa y Corte y un aposentador real y se avisó en las fronteras937. Así mismo,

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Felipe II a Sessa, 23 de julio de 1593, Ibídem, leg. 1855, s. f. Sessa a Felipe II, 20 de agosto de 1593, Ibídem, leg. 962, ff. 220-221. 932 F. CAEIRO, op. cit., p. 288. 933 Portalegre a Felipe II, marzo de 1591, RAH, Ms. K-9, ff. 74 v.-75 v. Haciendo gala de su proverbial pesimismo, el conde expresó que no era buen momento para el relevo y que veía necesario que Alberto permaneciera allí, al menos, durante dos años más. 934 Felipe II a Sessa, 10 de julio de 1591, AGS, E., leg. 958, s. f. 935 F. CAEIRO, op. cit., capítulo VII, “O Arquiduque Alberto no Priorado do Crato”, pp. 321344. 936 Olivares a Felipe II, 22 de septiembre de 1591, AGS, E., leg. 957, s. f. 937 Billete a Juan Vázquez el 21 de julio de 1593 (IVDJ, Envío 92, f. 84 r.), “Su Majestad manda que se despache cédula para que en los puertos de Castilla dejen pasar libremente la ropa del señor príncipe Cardenal Alberto y de sus criados sin pagar derechos algunos y que porque sería 931

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se prepararon en la Corte madrileña los alojamientos necesarios para acomodar a los más de 400 criados que se especulaba que volvían con el archiduque, lo que provocó un gran revuelo ya que se desacomodó a varios criados reales, en su mayoría de oficios manuales o aposentadores, de sus casas938. Tras estas vicisitudes, la comitiva partió de Lisboa el 16 de agosto y, en poco más de un mes, el archiduque estaba compareciendo en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial para besar las manos a Felipe II y a su madre939. En ese mismo momento, se le notificó que iba a entrar en el Consejo de Estado y en la Junta de Gobierno y que aparecería en el escenario cortesano como la principal figura al lado del príncipe heredero, encomendándole, incluso, la misión de recibir nuncios y embajadores940. Aunque el despacho de los negocios fue uno de los principales motivos que impulsó a Felipe II a considerar el regreso de su sobrino, no fue el único, y habría, al menos, otras dos misiones que debía cumplir. La primera de ellas era contribuir al dinasticismo que Felipe II había comenzado a vislumbrar como necesario para poder conservar su inmenso imperio941. Ya a comienzos de la década de los 90, el monarca, preocupado por la sucesión y por la necesidad de dejar una herencia segura y pacífica a su heredero, buscó nuevas salidas diferentes a las militares que había venido usando desde 1585 para solucionar la situación de los Países Bajos. Así, fue madurando una estrategia que se basaría en el apoyo en la dinastía y en la red familiar que pudiera crear a través de los matrimonios, para así consolidar una red de territorios afines, unidos por vínculos dinásticos, que sería a largo plazo la única manera de poder llegar a una paz estable y duradera. El primer intento tuvo lugar cuando en 1592 se propuso a Carlos Manuel de Saboya, casado con Catalina Micaela, que tomara el gobierno de los Países Bajos en lugar de Farnesio, en respuesta a sus propias peticiones. Sin embargo, la idea del monarca parece ser que era acometer desde allí la conquista de Inglaterra, de donde sería proclamado rey el príncipe italiano a cambio de la cesión de Saboya y Piamonte a Felipe II, que se unirían a Milán. Este proyecto no se pudo llevar finalmente a cabo, como tampoco el dificultoso enviar relación particular de la dicha ropa por ser mucha y de cosas menudas y de diferentes personas, dice su Majestad que se declare en la dicha cédula que lo dejen pasar todo libremente con certificación de don Joan de Ayala su mayordomo mayor sin otro recaudo”. 938 Así lo podemos observar en varios billetes a los aposentadores en Ibídem, ff. 89 r.-91 r. o en las impresiones de algunos coetáneos como Diego Ochoa de Avellaneda al conde de Gondomar, 28 de julio de 1593, BPRM, Ms. II/2149, doc. 12 o el cardenal de Alessandria a Aldobrandino, ASV, Spagna, leg. 44, ff. 263-264. 939 Una descripción de su llegada a la Corte en ID., 25 de septiembre de 1593, Ibídem, ff. 291293. 940 CABRERA, III, pp. 1483-1484. 941 Configuración, pp. 257-261.

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reservado para el archiduque Ernesto debido a su prematura muerte. El papel de Alberto en esa política de dinasticismo era ayudar desde Madrid al reforzar los lazos con sus parientes imperiales, aunque tras fallecer su hermano pasaría a ocupar el primer plano de dicha estrategia con la Cesión de 1598. Para poder avanzar en esta idea era fundamental conseguir una aproximación de las dos ramas Habsburgo, que se comenzaría a operar desde 1587 tras el fallecimiento del vicecanciller del Imperio y en la que incluso se llegó a pensar en reunificar las dos casas, vislumbrándose dicha posibilidad con el acceso al trono de Felipe III por la enfermedad de Rodolfo II. De esta manera, se podría consolidar el eje Madrid-Viena y un espacio común a través de los pasos alpinos y el Adriático, con Milán como centro de la Monarquía. Sin embargo, la intervención del Papado, como veremos, haría modificar sensiblemente la política exterior de la Monarquía y la dirigiría hacia derroteros bien distintos. La segunda misión que Felipe II tenía en mente para su sobrino era la de nombrarle arzobispo de Toledo, idea que, como ya hemos visto, se había desechado anteriormente, pero que en esta ocasión se llevaría finalmente a cabo. El titular del arzobispado seguía siendo Gaspar de Quiroga, deudo de la facción “papista”, lo que nunca había agradado a sus opositores “castellanistas”. A esto habría que unir que Felipe II quería que su sobrino fuera nombrado coadjutor del arzobispado, para poder controlar con mano firme la inquietud que parecía presidir Toledo durante aquellos años942. Ya el monarca había intentado que el archiduque fuera nombrado sucesor en el arzobispado en varias ocasiones tras el primer intento fallido de 1576 y el 12 de enero de 1581 consiguió que Gregorio XIII se lo concediera, aunque se establecieron los 27 años como edad mínima para acceder al cargo. El siguiente paso era conseguir la coadjutoría y con tal fin Felipe II encargó a Sessa en 1594 que solicitara dicha concesión con 20000 ducados anuales de renta, lo que aprobó Clemente VIII el 7 de noviembre de ese año, aunque la bula no fue entregada hasta que el pago de las tasas y media annata se hizo efectivo943. Mientras se esperaba la llegada de dicha bula falleció Quiroga, por lo que Felipe II se apresuró a designar como arzobispo a su sobrino. El óbito del archiduque Ernesto truncaría todo el proceso944. Desde su llegada a Madrid, las diferentes facciones cortesanas intentaron atraer al archiduque hacia su bando, pero los “castellanistas” tenían una gran ventaja, ya que

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El estado de intranquilidad de Toledo se puede intuir en el manuscrito anónimo de BNM, Ms. 12974, nº 23, “Representación al Archiduque Alberto de Austria, Arzobispo de Toledo, en el año 1595, sobre varios abusos que se notaban en el Arzobispado y su remedio”. 943 Felipe II a Sessa, 28 de noviembre de 1594, AGS, E., leg. 964, s. f. 944 F. CAEIRO, op. cit., pp. 360-370.

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Felipe II había encargado a Moura que se colocara cerca de su sobrino y le aconsejara945. La emperatriz María, por su parte, intentó aprovechar los lazos familiares y en la primera semana de estancia de su hijo en Madrid se entrevistó en dos ocasiones con él e, incluso, le hizo alojarse cerca del convento de las Descalzas Reales junto a su mayordomo mayor, el destacado “papista” Juan de Borja, conde de Mayalde. Así mismo, la emperatriz consiguió que el embajador imperial Hans Khevenhüller, conde de Franquenburg946, se convirtiera en mayordomo mayor y sumiller de Corps del archiduque durante su estancia en Madrid, tras cesar don Juan de Ayala el ejercicio de su oficio por su avanzada edad y fallecer en 1594. María confiaba en que la cercanía del embajador -todos los días se reunía con Alberto por espacio de una hora para enseñarle la forma que tenían los castellanos de discutir los negocios-, serviría para controlar el entorno de su hijo y para que le inculcara su forma de ver la Monarquía, similar a la suya947. Sin embargo, esto no fue así y Alberto mantuvo sus profundas convicciones políticas y religiosas. En resumen, Alberto se había convertido en una de las figuras más importantes de la Monarquía en 1593-1594 y su futuro apuntaba a destinos más altos de los que finalmente llegó. Sin embargo, el temor que inspiraba a varios consejeros que su poder se agrandara en exceso provocó que muchos comenzaran a ver con buenos ojos que el archiduque fuera destinado, de nuevo, fuera del centro de la Monarquía. La oportunidad perfecta se presentaría muy pronto.

6.2.- Las pugnas entre el conde de Mansfeld y el de Fuentes en Bruselas. La intermediación de Esteban de Ibarra Tras la llegada del conde de Fuentes a Bruselas, Charles Mansfeld se acercó a él con la esperanza de que su objetivo fuera relevar a Farnesio y situar como gobernador titular a su padre948. Sin embargo, el enviado de Felipe II no quiso revelar el contenido de los despachos que portaba y, menos aún, tras conocer el fallecimiento del aún gobernador, situación no prevista en las instrucciones que se le habían dado, por lo que tuvo que improvisar949. Su primera decisión fue convocar a los miembros del Conseil d´État en Bruselas, lo que requirió varios días por la tardanza de dos de ellos, Aerschot y Chimay, en llegar 945

Configuración, p. 274. Una biografía de este insigne diplomático en la introducción a su diario antes citado. 947 En Ibídem, pp. 24-25 se resalta su amistad y cercanía ideológica con Antonio Pérez. 948 Mateucci a Aldobrandino, 30 de noviembre de 1592, ASV, Fiandra, leg. 5, f. 190. 949 Sobre los difíciles primeros momentos de Fuentes en los Países Bajos, P. VAN ISACKER, "Pedro Enríquez de Azevedo,...”, pp. 220-223. 946

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a la capital. Durante ese tiempo, el noble castellano fue recabando información sobre la realidad política de Flandes y decidió que bajo ningún concepto debía gobernar de nuevo el Consejo de Estado en conjunto, como había sucedido a la muerte de Requesens, ya que la fiabilidad de sus componentes era escasa, y que la mejor opción posible era que tomara el mando uno de sus miembros más destacados, Pierre-Ernest de Mansfeld, a quien le comunicó su decisión el 13 de diciembre950. A pesar de los inconvenientes que conllevaba, como la poca confianza que inspiraba su hijo951, o la oposición de algunos nobles encabezados por Aerschot952, Fuentes creyó que era la mejor opción y la preferida tanto por Felipe II como por su Consejo de Estado953. Una vez decidido el gobernador interino, tanto Mansfeld como Fuentes comenzaron a trabajar conjuntamente para poner en marcha la tercera expedición contra Francia, que la muerte de Farnesio había dejado inconclusa. Para lograr un consenso, Fuentes accedió a que fuera Charles Mansfeld quien comandara el ejército, una vez que todos los miembros del Conseil d´État apoyaron su candidatura frente a la del otro aspirante, el marqués de Varambon, aunque consiguió que no marchara con el título de capitán general del ejército, por lo que tuvo que subordinarse a Mayenne954. Junto al luxemburgués marcharían Diego de Ibarra y Juan Bautista de Tassis, que no se mostraban muy optimistas ante la nueva intervención, debido a los últimos sucesos

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El mismo día, un eufórico Mansfeld comunicó la decisión a los Consejos Colaterales y Provinciales (CPh. II, IV, p. 115). 951 Fuentes a Felipe II, 13 de diciembre de 1592, AGS, E., leg. 603, f. 107-2, "Y confiesso a V. Majestad que mas por cumplir con lo que me mando (que Mansfeld fuera el gobernador) que por convenir a su servicio lo procure porque con su larga vegez se halla muy decrepito y desacordado que esto y ver quan sujeto esta al hijo que le govierna como a una criatura y su condición le ha hecho sentirlo como me lo han significado y assi durasse no lo podrian llevar ni el Pays porque ha menester mas sujeto y ha sido neçessario assegurarles assi a ellos como a otros que me han hablado que con mucha brevedad saldran de cuydado y que lo pierdan que lo demas porque no dispondria nada sin el consejo y a el he dicho lo que conviene hazerlo y honrrarles y assi voy cada dia dando mas gracias a Dios de averme hallado aqui sirviendo a V. Majestad en ella porque a no aver el freno de mi venida por mandado de V. Majestad con voz del remedio que puedo assegurar es bien menester, de muchas maneras se offrescieran sin ninguna duda como avian empeçado en Arras cosas en deservicio de V. Majestad a daño destos estados que se hallan tan temerosos de ver por si una era tras otra que dessea todo el comun y particular dellos sino son los de la casa de Croy ya gobernados por vassallos de V. Majestad y no por persona libre y pudiéndose encaminar como lo creo es lo que conviene al bien comun y seguridad del sugeto de V. Majestad en ellos". 952 Havré a J. Idiáquez, 15 de diciembre de 1592, Ibídem, f. 133. En esta misiva se vuelve a representar la vieja pugna Cröy-Mansfeld. 953 Así se lo confirmó el rey el 30 de diciembre de 1592 (Ibídem, leg. 2220-2, f. 261). Por su parte, el Consejo de Estado también lo aprobó, “Pareçer del Consejo”, s. d. (principios de 1593), Ibídem, leg. 2855, s. f. 954 Fuentes informó a Felipe II sobre las decisiones que se habían tomado el 13 y 14 de diciembre en el Consejo de Estado el 23 de dicho mes (Ibídem, f. 110-2 y 112-1).

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acaecidos en Francia955. Al mando de la caballería ligera se decidió colocar a Alonso de Idiáquez, hijo del poderoso secretario. Estos primeros momentos de afinidad entre Fuentes y Mansfeld parecían aventurar una relación cordial, pero la realidad demostró muy pronto que no iba a ser así. Las posturas políticas enfrentadas de ambos personajes, la lucha sorda que libraron por el poder, así como la actuación de Charles Mansfeld, llevarían a graves enfrentamientos956. En la raíz de ese enfrentamiento, subyacía el hecho de que la labor de Fuentes no estaba claramente definida, ya que sus instrucciones no contemplaban la situación que se estaba viviendo, y Mansfeld sentía que ocupaba parcelas de su autoridad957. La tensión se multiplicaría ante el temor de Fuentes a que se le concediera la patente de gobernador a Mansfeld, ya que ansiaba conseguir las atribuciones de capitán general que había ostentado en Portugal durante el gobierno del archiduque Alberto. Si Mansfeld obtenía dicha patente sería muy difícil obligarle a ceder sus poderes sobre el ejército, ya que dicho documento solía incluir las funciones de capitán general. Debido a ello, el de Fuentes solicitó a Felipe II que le concediera la atribución de poder entregarle la patente al gobernador interino cuando creyera conveniente958, petición que 955

J. B. Tassis a Felipe II, 21 de diciembre de 1592, Ibídem, f. 123. Fuentes a Felipe II, 23 de diciembre de 1592, Ibídem, f. 112-1, "Del padre no ay que tratar porque su bondad y fidelidad al servicio de V. Majestad es toda la que puede tener un buen vassallo mas con su vejez lo esta tanto que no es de ningún provecho y de manera que en lugar de yr dando demostración de enmienda el govierno, justicia y lo demás como se lo he dicho y assegurado siempre a todos de presente de V. Majestad va descayendo de lo que solia y padesciendo su real servicio"; Mateucci a Aldobrandino, 31 de diciembre de 1592, ASV, Fiandra, leg. 5, f. 288 r., "Inoltre, nascendo fin´hora le resolutioni dalli detti Conte Mansfelt et Fuentes, A quello per l´età assai grave gli serve poco la memoria et ha bisogno più di trattenemento che de ingombro de negotii, et se il Conte Carlo sui figlio non sosteresse quasi in tutto il peso (...). L´altro e manieroso, grave e dolce nelli complimenti, ma fin´hora ne lo scopiono molto amico de resolutioni e difficilmente si puo seco negotiar la mattina per stassene in letto sin´a merodi, ne fin´hora n´e certeza che facoltà, o giurisdictione quel s´habbia intanto perli negotii facendosi capo ad ambidui, dal mandarsi dall´uno all´altro e da la divisione sorge di necesità la lungheza, e fin´hora sono poco concordi, havendo a male Mansfeld che no si corra a lui principalmente da tutte". 957 Mateucci a Aldobrandino, 2 de enero de 1593, Ibídem, f. 294 v., "Crescono tuttavia le male satisfattione tra le Conte Mansfelt e Fuentes. Mansfelt vededo che si fa piu capo, stima dell´altro che lui ha detto che giurisditione, che faculta ha questo Conte di Fuentes, e questo non trova bono, che si cappi del nome di Capitano e di Governatore Generale e che habbia fatto andarsi la guardia a casa, no havendo (dice) in virtù de la lettera e dechiaratione sua che auttorità di stare nel modo, forma e satato in che il Signore Duca di Parma lo lasciava in absentia sua, e no di dar carichi e compagnie come ha cominciato a fare, et havendo voluto disponere d´alcune compagnie d´Italiani comandate da Capitani Italiani, e darle al comando de spagnoli subito si sono sbandate”. 958 Para conseguirlo, Fuentes escribió el 6 de marzo a Común (AGS, E., leg. 604, f. 39) y a Felipe II (Ibídem, f. 28), "La merced y honra que V. Majestad ha sido querido hazer al Conde de Mansfelt con la patente del govierno destos estados en el Inter es como de su real mano y 956

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le fue denegada, llegando dicha patente a manos del gobernador interino. La obtención de dicho documento por parte de Mansfeld, además de a Fuentes, molestó a algunos nobles flamencos e incrementó la crispación política, lo que no pasó desapercibido a ojeadores externos959. A estas discrepancias se unió el hecho de que Fuentes se convirtió en protector de los antiguos servidores de Farnesio, sobre los que no quiso intervenir hasta que Esteban de Ibarra llegó a Flandes960. Estos decidieron apoyarse en el enviado de Felipe II, con el fin de conseguir sus objetivos de limpiar el buen nombre de su señor y de recibir un destino digno961. Mansfeld, por su parte, demostró el mismo aprecio por ellos que el que había mostrado por el antiguo gobernador y el mejor ejemplo fue su actitud cuando Felipe II le encargó el 1 de febrero de 1593 que retuviera a su servicio al mersçe el conde por su fidelidad caviendome tanta parte por la aprovaçión de lo hecho y assi no me queda que dezir mas de que si V. Majestad remitiera a mi el darsela por lo que conviene a su real servicio y estado de las cosas lo difiriera hasta la declaraçión del nuevo governador para que se entendiera que era por honrar sus canas y no para que continue el cargo como lo en general y particular los naturales aquienes he ydo entreteniendo con lo mismo que hare agora si me creyeren porque quando entro en el govierno como di quenta a V. Majestad estavan tan tibios en obedesçelle que fue neçessario valerme de las cartas de creençia para ello y asegurarlos seria por pocos dias y como le ven con ella se persuaden sera por muchos que ha causado la confussion que diran otros se yo que con estar en aquella forma era menester hazer fuerça por encaminallo a lo que paresçia convenia y teniendola en la que agora no se si sere parte para ello aunque lo he ydo saboreando no se si daria mas por cumplir con lo que V. Majestad manda lo hago". 959 C. Tisnacq a J. Idiáquez, 6 de marzo de 1593, Ibídem, leg. 606, f. 41, "No puedo dexar de significar a V. S. que todos en general estan aca muy desmayados con la patente que se embio al señor Conde de Manfelt, no porque es muy buen caballero y gran servidor de su Magestad muy bien intencionado todo lo possible, empero la edad es grave, sin vigor, la memoria flaca (...). Assi que estuvo la gente desconsoladisima de manera que hemos tenido harto que hazer en consolar y persuadir que esta patente provision era necesaria aunque no fuera mas de para tres dias, y que su Magestad presto proveería al govierno a uno de su sangre y aun fingir que teniamos cartas dello”; Mateucci a Aldobrandino, 7 de marzo de 1593, ASV, Fiandra, leg. 5, f. 353 r.-v."Il lunedi di Carnivale arrivò quà corriero di Spagna con la confirmatione del Governo di questi paesi nel conte Mansfeld (...) Volendola far leggere al Conte di Fuentes, gli disse che havea copia dal Re, (voltandose Mansfeld ad alcuni de suio e dicendo a che fine il Re manda copia de le mie lettere ad altri) poi gli presentò una picciola lettera del Re, suggignendo che tenea ordine di dargliela nelle proprie mani, il contenuto non si sa specificamente, ma si crede che habbia ordine di dar parte del tutto a detto Fuentes e con ponere suo attendere al servitio, continuando la poca intelligentia, ne essendo punto piacita questa confirmatione a gli huomini del paese, e particularmente alla nobiltà, dubitando che in breve il Governo debra cadere in un spagnolo, poiche per l´adietro et adeso s´acquietano d´un Alemano". 960 Así lo hacía constatar Masi a Ranuccio el 13 de enero de 1593. Cfr. L. VANDER ESSEN, "Correspondance de Cosimo Masi, secrétaire d´Alexandre Farnèse, concernant le gouvernement de Mansfeld, de Fuèntes et de l´archiduc Ernest aux Pays-Bas 1593-1594", BIHBR, 27 (1952), pp. 361-362. 961 En general, sobre la imagen de Farnesio tras su fallecimiento, C. PÉREZ BUSTAMANTE, "El cronista Antonio de Herrera y la historia de Alejandro Farnesio", Boletín de la Real Academia de la Historia, CIII (1933), pp. 737-790 y Boletín de la Universidad de Santiago de Compostela, VI (1934), pp. 35-76. Para la suerte de sus servidores, B. DE GROOF, "Una questione di priorità: spagnoli, italiani e fiamminghi alla morte di Alessandro Farnese", en A. BILOTTO, P. DEL NEGRO y C. MOZZARELLI (eds.), op. cit., pp. 167-187.

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personal de la capilla, archeros y alabarderos que habían pertenecido a la Casa de Farnesio962. Mansfeld hizo caso omiso de dicha orden, por lo que en 1598 los 50 alabarderos que había tenido el duque de Parma a su servicio tuvieron que reclamar el pago de los gajes que les correspondían de ese periodo963. Pese a este papel protector, Fuentes se vio obligado a retener a Cosme Masi en Flandes, ya que Felipe II había ordenado que este entregara a Esteban de Ibarra todos los papeles que se habían generado durante el gobierno de su señor. El propósito de esta medida era poder estudiar dichos documentos y averiguar si se habían producido irregularidades, sobre todo en asuntos hacendísticos964. El mayor inconveniente era que Masi, en previsión de las actuaciones que pudiera decidir el rey, había enviado ya a Parma muchos de esos papeles, lo que conllevó que su estancia en Flandes se prolongara hasta que Ernesto le dio permiso para regresar a su tierra el 29 de septiembre de 1594, pudiendo partir sin ser procesado, gracias a la protección del propio archiduque y de Fuentes. Mientras esto sucedía en Bruselas, en Madrid se tenía una honda preocupación por la situación que se estaba produciendo en Flandes. La elección de Charles Mansfeld como comandante del ejército no había sido acogida precisamente con entusiasmo en el Consejo de Estado, cuyos miembros hubieran preferido que el propio conde de Fuentes se hubiera puesto al frente de las tropas965. Por otro lado, en previsión de ulteriores problemas, y para evitar situaciones ya acaecidas anteriormente, se decidió que Fuentes quedara como gobernador interino si Mansfeld fallecía antes de que Ernesto hubiera llegado a Bruselas para gobernar966. Se recalcaba, además, que se debía hacer lo humanamente posible para evitar dicha situación, por lo que Mansfeld no debía salir en 962

CPh. II, IV, p. 134, nº 338. Archiduque Alberto a Mansfeld, 4 de mayo de 1598, Cfr. L. VANDER ESSEN, "Correspondances d´Alexandre Farnèse avec le comte de Hénin (1578-1585) et de l´archiduc Albert avec Pierre-Ernest de Mansfelt (1596-1599)", BCRH, 82 (1913), nº 30, p. 429. 964 Fuentes a Felipe II, 24 de enero de 1593, AGS, E., leg. 604, f. 18, "Llegado que sea Esteban de Ibarra haré le entregue Cosme Massi todos los papeles que tuviere y supiere del servicio de V. Majestad si bien me ha dicho tiene aquí pocos porque cada año los embiava a parte segura y no en donde, mas de que las entregara a quien V. Majestad fuere servido con quien he ydo para entretenerle con el termino que V. Majestad manda porque lo tengo por hombre qual que no fuere sobre aviso se le llevara según su maña. Justificación a Don Christoval y Don Juan avise dello y de las opiniones que aqui havia de averiguar algunas cosas. Después aca he entendido que el dia que murió el Duque y otro estuvo ençerrado con el Presidente Richardot y Don Gaston Espinola quemando papeles el Don Gaston, el dicho Cosme dize que por la acogida que hago a las cosas de su amo lleva mejor la dilación de ver al nuevo heredero haze fuerça en la brevedad de su partida y no estoy asegurado de que no se desaparezca. Procuraré saber la satisfacción de los offiçiales que le ayudavan y dare quenta con el primero". 965 Felipe II a Fuentes, 4 de febrero de 1593, Ibídem, leg. 2221, f. 111. 966 El mismo día, el monarca le comunicó a Fuentes que se le enviaba una patente de gobernador en francés para el citado caso (Ibídem, f. 105). 963

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campaña y debía hacerlo en su lugar Fuentes o, en su defecto, si este estaba ausente, Mondragón, debiendo permanecer siempre el viejo noble luxemburgués en Bruselas. Esta no era una cuestión baladí, como se acabaría demostrando posteriormente. Otro asunto que preocupaba enormemente era la consecución de la paz con los rebeldes, para así poder centrar los esfuerzos en la intervención en Francia. El elegido para intentar realizar tan delicada misión fue Charles de Tisnacq, cuya labor al frente de la guarda de Corps había satisfecho al rey y a sus consejeros, pese a los numerosos problemas jurisdiccionales que tuvo que afrontar. Así, se le permitió retornar a Flandes cuando lo solicitó en 1592, con el encargo de abrir negociaciones de paz con los rebeldes y para lo que se le concedieron diversas mercedes pecuniarias y de otra índole967. Los diversos memoriales que había redactado sobre como llegar a un acuerdo con ellos, así como los confidentes de que disponía para llevar a cabo sus planes -caso de Lindanus, obispo de Amberes, Assonleville y vander Burcht-, convencieron al monarca y a sus privados de que era la persona adecuada para una misión tan delicada968. Una vez en los Países Bajos, desarrolló una actividad frenética para agilizar el inicio de conversaciones, complementando sus actuaciones con la correspondencia que mantuvo en el Imperio con Guillén de San Clemente, con el nuncio de Colonia y, sobre todo, con el barón de Reder, uno de los personajes comisionados por Rodolfo II para conseguir dicha paz969. Sin embargo, el retraso en aplicar sus ideas provocó que sus gestiones fracasaran y cuando los delegados imperiales llegaron a Flandes en 1594 se les hizo caso omiso970. Por otro lado, su labor no se limitó, únicamente, a buscar la paz

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Pidió una ayuda de costa para realizar su viaje a Flandes y se le concedieron 1000 ducados en cosas de Indias. Al tardarse mucho en cobrarlos, se le concedieron 300 ducados por la cámara (Billete Mateo Vázquez a Felipe II, s. f. (finales 1591), IVDJ, Envío 51, f. 5). Además de ello, Felipe II escribió a Farnesio el 22 de abril de 1592 para comunicarle que se le habían concedido 50 escudos de entretenimiento al mes, hasta que se le proveyera de una compañía de caballos u otro oficio con un sueldo mayor (AHN, E., libro 251, f. 192 v.-194 r.) y el 22 de mayo de 1592 se le envió una carta de recomendación al gobernador de Flandes (AGR, Audience, leg. 183, f. 147). No contento con eso, Felipe II dirigió una nueva carta a Farnesio el 16 de junio de 1592, para pedirle que le declarara exento de tener que vivir en alojamientos militares y pudiera hacerlo en su casa de Bruselas y que gozase de todas las franquezas, exenciones y libertades de las que gozaban las personas de su Casa, ya que seguía contando en sus libros de los acroys (Ibídem, f. 149). 968 Felipe II a Fuentes, 4 de febrero de 1593, AGS, E., leg. 2221, f. 104. 969 Sobre sus conversaciones con el barón de Reder en Lieja, Ibídem, leg. 604, f. 78. 970 Encontramos constancia de sus acciones en 1593 en Ibídem, leg. 606, ff. 33-50 y en 1594 en Ibídem, ff. 164-167. Sobre el fracaso de las negociaciones, H. DE SCHEPPER, “Los Países Bajos y la Monarquía Hispánica,...”, pp. 338-339.

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con los rebeldes, sino que también se dedicó a escribir diversos memoriales sobre como mejorar la posición real en Flandes971. Entretanto, Fuentes procuraba pergeñar la mejor manera posible de perfeccionar el funcionamiento de la administración de los Países Bajos antes de la llegada de Ernesto, para lo cual propuso un profundo cambio en los Consejos Colaterales y en los Provinciales972; intento que, por otra parte, era casi consustancial a todos los personajes que arribaban a Bruselas. De igual manera, expresó su deseo de reformar el ejército con dos medidas puntuales: dotarle de un veedor general, ya que Diego de Ibarra apenas ejercía como tal, y mejorar el funcionamiento del hospital militar que se encontraba gobernado desde 1582 por el antiguo capellán de don Juan de Austria y de Farnesio, Francisco de Humara, que había sufrido graves acusaciones desde la muerte de su patrón y que desembocarían en su revocación definitiva en época de Alberto973. Sin embargo, todas estas reformas era imposible llevarlas a cabo sin que estuviera allí presente Esteban de Ibarra. Este personaje había recibido sus instrucciones, tanto pública como secreta974, como primer secretario de Estado y Guerra con fecha del 28 de septiembre de 1592. En ellas se le insistía en que no debía aparecer en Flandes hasta que se hubiera comunicado a Alejandro Farnesio su relevo, aunque se avisara a Bruselas de su traslado antes de tener constancia de que el príncipe de Parma hubiese recibido la noticia975. En ambos documentos ocupaba un plano principal la hacienda y se le encargaba que descubriera la manera en que se había derrochado tanto dinero, apoyándose para ello en personajes afines a Idiáquez como Juan de Lastur, Tassis y Diego de Ibarra. En la instrucción secreta, igualmente, se incidía en la necesidad de ayudar a los católicos franceses contando con la opinión de Tassis y Diego de Ibarra, así como de acelerar a Fuentes para que culminara las conversaciones para la pacificación de Holanda y Zelanda. Por último, debía participar de forma general en otros asuntos como la mejora de la religión, justicia, gobierno y milicia, revitalizar el Consejo de Estado, ganarse la voluntad del nuevo gobernador e impedir que su servicio se inmiscuyera en política. 971

Destaca uno del 5 de marzo de 1593 (BNM, Ms. 18666, f. 56), en que aconsejaba al rey que nombrara cuanto antes a un gobernador de su sangre y de la Casa de Austria a la mayor brevedad posible. De igual manera, debía reformar el Consejo de Estado y el ejército. 972 Fuentes a Felipe II, 14 de febrero de 1593, AGS, E., leg. 604, f. 25. 973 Ya advertía Esteban de Ibarra a Felipe II el 25 de abril de 1593 que el hospital estaba gobernado por corruptos que solo querían su propio beneficio y que habría que modificarlo (Ibídem, leg. 605, f. 46). 974 La instrucción pública se encuentra en Ibídem, leg. 2220-2, f. 179 y la secreta en el f. 178. 975 El mismo 28 de septiembre, Felipe II escribió a Diego de Ibarra, J. B. Tassis, Guillén de San Clemente, Mansfeld, Mondragón, Juan de Lastur, Fuentes y Ernesto para informarles de su marcha (Ibídem, leg. 605, ff. 175-181).

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Esteban de Ibarra se embarcó en Barcelona el 28 de noviembre, prolongándose su Jornada hasta que el 18 de marzo del año siguiente hizo su entrada en Bruselas. Durante su viaje se conoció la muerte de Farnesio, por lo que se le apremió para que se hiciera cargo de los papeles del príncipe de Parma que tenía Masi y para que se colocara al lado de Mansfeld, fiscalizando su labor976. Pese a que el secretario no se había encontrado presente en los primeros y difíciles momentos tras el fallecimiento de Farnesio, se acabaría convirtiendo en uno de los personajes centrales de la política de Flandes hasta su retorno a Madrid en 1596. Una vez en Bruselas, se puso enseguida a trabajar, principalmente, en los asuntos hacendísticos y en la manera en que se habían llevado durante el gobierno anterior977. Ya Fuentes había ido recopilando información y le preocupaba, sobre todo, que en los últimos tiempos del duque de Parma se hubieran librado ciertas cantidades sin que este hubiera dado su aprobación, ya que se le había hecho firmar con anterioridad un suplemento que hacía innecesaria su firma978. El asunto era muy grave y señalaba a varios personajes importantes del séquito del antiguo gobernador, entre ellos a Cosme Masi979. En concreto, se sospechaba principalmente de uno de sus oficiales, Luis de Mesa, al que se tuvo que reclamar a Milán, ya que había salido de Flandes en

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Felipe II a Fuentes, 30 de diciembre de 1592, Ibídem, f. 263 y Felipe II a E. Ibarra, 30 de diciembre de 1592, Ibídem, f. 257. 977 En general, para los cambios en la administración de la hacienda tras la muerte de Farnesio y hasta la Cesión a los Archiduques, A. ESTEBAN ESTRÍNGANA, Guerra y finanzas en los Países Bajos católicos. De Farnesio a Spínola (1592-1630), Madrid, 2002, capítulo 1, “Una tentativa fallida de racionalización financiera y administrativa en los umbrales del siglo XVII”, pp. 29-81. 978 Fuentes a Felipe II, 30 de enero de 1593, AGS, E., leg. 604, f. 20. Esta situación la habían denunciado Pedro de Castro, hijo del conde de Lemos y aumonier y gentilhombre de la cámara de Farnesio, y Jacques Helmont, empleado en la cámara del duque de Parma, que había sido el encargado de pasar al gobernador los papeles que debía firmar. 979 “Información sobre que le habían hecho firmar al duque de Parma despachar sin su conocimiento”, 25 de marzo de 1593, Ibídem, leg. 605, f. 41. En él constaban los testimonios de Pedro Castro, Helmont y Diego de Rojas, sobrino de Castro y que trabajaba en el escritorio del Duque. Según estos, Farnesio tres o cuatro meses antes de morir pidió a Pedro de Castro que mirara qué papeles le hacían firmar en español y en otras lenguas, ya que sospechaba que no eran cosas del servicio del rey. Castro encontró en noviembre un suplemento en el que se proponía que todas las libranzas que no fueran firmadas por Farnesio fueron también válidas. El duque de Parma, al ver dicho suplemento, preguntó a Masi que quién se lo había hecho firmar, lo que este dijo desconocer. Diego de Rojas, por su parte, comunicó a su tío que le parecía que dicho suplemento era de un oficial del pagador Santisteban, llamado Ortuña o Anzuña.

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cuanto Farnesio murió980. Sin embargo, las averiguaciones fueron muy lentas y tuvieron que ser completadas por el Tribunal de la Visita981. Al tiempo que se llevaban a cabo las pesquisas, Esteban de Ibarra comenzó a tomar medidas para mejorar la administración de la Hacienda. Así, trató de instaurar la Junta de la que ya se había hablado en agosto de 1591 y que Farnesio había aplazado sine die. Los componentes de la misma serían los ya propuestos en aquella ocasión, con las únicas modificaciones de la entrada de Fuentes en las deliberaciones y el cambio del sospechoso Santisteban por Esteban de Ibarra982. En cuanto a Richardot, Felipe II dejó la decisión de incluirle en la Junta en manos de Fuentes, que lo aprobó por fiarse de él y por conocer de primera mano las sospechosas maniobras que habían realizado tanto los contadores como el secretario François le Vasseur, más conocido por Moriensart983. Pese a estas decisiones, dicha Junta no se llegó a reunir hasta 1596 por diversos motivos, siendo uno de los principales el fallecimiento de uno de sus posibles miembros, Juan de Lastur, al día siguiente de la entrada de Esteban de Ibarra en Bruselas. Lo que si se consiguió relanzar, en cambio, fue la formación del citado Tribunal de la Visita con el envío a Flandes de J. López de Aliri y de Pedro de Ayçaga, personajes que habían sido recomendados por Esteban de Ibarra984. A ellos se unieron Hulst y Verastegui, comunicando Felipe II el 15 de octubre de 1593 que dicho Tribunal ya había quedado formado985. 980

Fuentes a Felipe II, 30 de marzo de 1593, Ibídem, leg. 604, f. 54, "La averiguaçión de lo del suplemento ha empeçado Esteban de Ibarra y lo han de los demas informaçiones y por entender que Luis de Mesa offiçial que fue de Cosme Massi es persona que dará mucha luz y que no está sin culpa escrivo a Milan donde dizen esta para que el Condestable le eche mano". 981 En una misiva a Esteban de Ibarra del 15 de octubre de 1593 (Ibídem, leg. 2221, f. 213), Felipe II expresaba su impaciencia por conocer quienes fueron los implicados y las medidas que se tomarían contra ellos. 982 Felipe II a Fuentes, 4 de febrero de 1593, Ibídem, f. 129. En cuanto a Mansfeld, sería Fuentes quien le debiera informar de lo decidido (Felipe II a Mansfeld, 4 de febrero de 1593, Ibídem, f. 61). 983 Secretario de Estado y Rey de Armas de la orden del Toisón, gozó de la confianza de Farnesio, lo que le permitió estar presente en las reuniones sobre Francia que solían hacer Farnesio, Richardot y Masi con otros personajes. Así mismo, participó en la distribución de la hacienda. La muerte de Farnesio hizo que comenzaran a caer sospechas sobre su actuación y sobre sus contactos con el enemigo, por lo que Fuentes inició una investigación sobre su relación con los franceses pero el acercamiento que realizó Moriensart a Mansfeld evitó que fuera procesado. Los rumores se volvieron a disparar a finales de 1596, ya que se dijo que estuvo implicado en el paso de información a los franceses para derrotar al conde de Baraz en Breda (J. ROCO DE CAMPOFRÍO, op. cit., p. 141; Fuentes a Felipe II, 25 de septiembre de 1593, AGS, E., leg. 604, f. 178 y Felipe II a Fuentes, 16 de noviembre de 1593, Ibídem, leg. 2221, f. 178). 984 E. Ibarra a Común, 22 de mayo de 1593, Ibídem, leg. 605, f. 75. Sobre el Tribunal de la Visita, que comenzó a funcionar plenamente en 1594, J. LEFÈVRE, "Le Tribunal de la Visite, 1594-1602", Archives, Bibliothèques et Musées de Belgique, 9 (1932), pp. 65-85. 985 Felipe II a Mansfeld, 15 de octubre de 1593, AGS, E., leg. 2221, f. 73.

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Otra de las medidas que tomó el secretario fue conseguir que su sobrino, Diego de Ibarra, se ocupara de forma efectiva del cargo de veedor general, tras diversos enfrentamientos986. La realidad es que la labor de Esteban de Ibarra respecto a la Hacienda era muy complicada de llevar a cabo, debido a las dificultades que entrañaba y al poco apoyo que recibía de aquellos que debían ayudarle. Al margen de la Hacienda, Esteban de Ibarra tuvo que realizar otras labores, algunas de ellas inesperadas. La más importante fue la de ejercer de contrapeso en el grave enfrentamiento entre Fuentes y Mansfeld por hacerse cargo del mando del ejército, siendo consciente el secretario de las posturas tan encontradas que sostenían ambos nada más llegar a Flandes987. Así, mientras Fuentes tenía unas patentes que le permitían hacerse cargo del ejército, pero seguía pretendiendo que el rey le diera tratamiento de capitán general988, Mansfeld no estaba dispuesto a ceder un ápice en las funciones contenidas en su patente de gobernador. Desde el principio, Esteban de Ibarra procuró permanecer neutral entre ambos condes, sabedor del difícil carácter que tenía Fuentes desde que coincidieron en su estancia en Lisboa como proveedor de la flota e intuyendo el no menos fuerte del de Mansfeld, aunque se mostró partidario de que fuera el noble castellano quien se pusiera al frente del ejército por ser el luxemburgués muy mayor. El latente conflicto estalló, finalmente, ante la necesidad de salir en campaña contra los rebeldes que acechaban la ciudad de St. Geertruidenberg. La gravedad de la 986

A. ESTEBAN ESTRÍNGANA, Guerra y finanzas en los Países Bajos Católicos..., p. 40. E. Ibarra a Felipe II, 21 de marzo de 1593, AGS, E., leg. 605, f. 31, "El de Mansfelt esta muy viejo y el de Fuentes descontento porque aspira con todas veras a que V. Majestad le honrre mas de tal manera que le veo con resolución que en esta coyuntura ni en otra no se ha de aprovechar de ninguna de las patentes que V. Majestad le ha embiado para Francia ni para estos estados viniendo el de Mansfelt y si nos vemos en el caso que podría sobrevenir si son ciertas las nuevas que los rebeldes publican, Mansfelt ha menester quien le ayude porque a mi pareçer y al de todos de todo punto esta inútil para tomar a su mano salir con las armas en campaña y si el conde de Fuentes lo ha de reusar estando el de Mansfelt en el lugar que tiene no siento que lo hara con tanta libertad si viene aqui el que V. Majestad aguarda por tantos respetos como se dexan considerar y estando los negocios de aqui en el punto que estan bien se dexa entender de quanto inconveniente seria si se llegasse a esta contingencia y assi no solo entiendo que la venida de quien se aguarda conviene para lo principal pero darle mucha prissa para evitar estotro que aunque açessorio importa tanto". 988 Esteban de Ibarra a Felipe II, 31 de marzo de 1593, Ibídem, f. 40."Al Conde de Fuentes veo cada dia mas casado en la resoluçión que ya he avisado a V. Majestad que no se encargara de las armas en la forma que le esta ordenado y porque veo tambien muy çerca, o, en la mano el ser menester tomarlas para acudir a la presente donde acometido el enemigo pues de fuerça se ha de procurar socorrer la plaça sobre que se pussieren y las fuerças que se juntan han de servir para esto, o, emprender otra cosa acuerdo a V. Majestad que no importa poco prevenir y ordenar lo que en tal caso se ha de hazer, porque el de Mansfelt a mi parescer no esta para aquello ni tampoco conviene fiarlo de su hedad ni menos dexar llegar las cosas desta qualidad (...) El Conde dize que V. Majestad le ha de hazer mas merced y darle plena autoridad porque entiende que cabe en su persona todo lo que desto se puede emplear en el". 987

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situación llevó a Mansfeld a preguntar en diversas ocasiones a Fuentes cual era la voluntad real, pero este se negó a darla a conocer hasta que no estuviera reunido todo el Consejo de Estado989. Durante el tiempo de espera, surgieron otras alternativas para comandar el ejército, como las de Mondragón o La Motte, pero los dos condes querían ejercer dicho puesto y trataron de convencer al contrario. Así, mientras Fuentes conminó a Mansfeld a que permaneciera en Bruselas, ya que su presencia en el frente ponía en peligro su vida, con lo que ello conllevaría de descontrol en el gobierno, este le respondió que eso no le arredraba y que iría en campaña para cumplir con su obligación. De igual manera, amenazó con llevarse junto a él a los consejos y ministros así como a Fuentes, lo cual significaría una gran humillación para éste990. El 4 de mayo se reunió el Consejo para tratar sobre dicho socorro y se intentó llegar a una solución intermedia, proponiendo Mansfeld como comandante al marqués de Varambon. Sin embargo, esta decisión tampoco satisfizo a todos, ya que La Motte se mostró indignado al acumular más méritos que el citado Varambon991. Al no aprobarse su propuesta, el gobernador interino decidió que debía ser él mismo quien saliera al frente del ejército; una vez conocida su decisión, Fuentes le mostró la carta de Felipe II en la que se instaba a Mansfeld a permanecer siempre en Bruselas y que Fuentes se había resistido a usar hasta ese momento992. Sorprendentemente, Mansfeld decidió no obedecer la orden real, ya que argumentó que se le debía haber comunicado con anterioridad, por lo que partió de Bruselas poco después dejando el gobierno en manos de Havré y Aerschot, lo que enardeció aún más a Fuentes. Para explicar sus diferentes posturas, aunque la excusa oficial era tratar asuntos de mejora del ejército, ambos condes mandaron emisarios a Madrid; mientras Mansfeld envió a Juan Venegas de Córdoba, Fuentes prefirió al contador Pedro de Ayçaga993, que también representó las opiniones de Ibarra. Todos estos enfrentamientos provocaron dilaciones en el socorro, lo que supuso que la ciudad se perdiera. Debido a ello, el prestigio de ambos condes quedó seriamente tocado, aunque en mayor medida el de Mansfeld, y desde Madrid se les apercibió de que debían olvidarse de sus rencillas personales para mirar por el bien real994. Ante la 989

Esteban de Ibarra a Común, 9 de abril de 1593, Ibídem, f. 50. Fuentes a Felipe II, 1 de mayo de 1593, Ibídem, leg. 604, f. 66. 991 E. Ibarra a Común, 4 de mayo de 1593, Ibídem, leg. 605, f. 54. 992 E. Ibarra a Felipe II, 21 de mayo de 1593, Ibídem, f. 73. 993 Los papeles que entregó en San Lorenzo el 15 de junio de 1593 para mejorar el ejército en Ibídem, leg. 606, ff. 237-242. 994 Así se lo hacía saber Felipe II a Esteban de Ibarra el 5 de julio de 1593 (Ibídem, leg. 2221, f. 194). El rey expresó su contrariedad a Mansfeld el mismo día (Ibídem, f. 82) y Juan de Idiáquez y Moura a Fuentes el 7 de julio (Ibídem, f. 145). 990

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reprimenda, ambos nobles entablaron conversaciones para apaciguar la situación, pero no consiguieron llegar a ningún entendimiento al encastillarse cada uno en sus respectivas posiciones. La falta de acuerdo provocó que el gobernador interino decidiera negarse a comunicar con Fuentes los negocios concernientes a Estado, Gobierno, Hacienda y Guerra995. Debido a ello, el noble castellano decidió destinar un nuevo enviado a Madrid, siendo el escogido el jesuita Antonio Crespo de Molina, que se había convertido en confesor del conde y que gozaba, asimismo, de la confianza de Esteban de Ibarra, que le dio encarecidas cartas de recomendación996. El viaje del religioso provocó una fuerte polémica tanto en Flandes, con las protestas de Mansfeld, como en la Santa Sede, donde no gustó que un jesuita se inmiscuyera en asuntos políticos que no fueran del interés del Papado. Fuentes y Esteban de Ibarra encargaron a Sessa que acallara los rumores en Roma997, por lo que Crespo pudo realizar su viaje a favor de Fuentes998. El religioso permanecería en Madrid desde su recibimiento en El Escorial en

995

La relación del Consejo de Estado del 21 de agosto donde Mansfeld expuso su decisión la encontramos en una misiva de Esteban de Ibarra a Común del mismo día (Ibídem, leg. 605, ff. 140-141). 996 ID., 24 de agosto de 1593, Ibídem, f. 158. El f. 159 es una carta de recomendación para Martín de Idiáquez. 997 E. Ibarra a Sessa, 18 de septiembre de 1593, IVDJ, Envío 47, f. 292; Fuentes a Sessa, 18 de septiembre de 1593, AZ, carpeta 40, GD 4, doc. 58, "En la de 18 del passado dixe cuan mal dispuestas estavan todas estas cosas i apunté el ruin estado en que se hallavan estos, que cada dia es peor no solo en lo del govierno pero en lo de la religión i por tocar a ella con acuerdo del Provincial de los Teatino i licencia suya fue a españa el padre Antonio Crespo padre de aquella compañía i persona de muchas partes i honor de que me a parecido assimismo avisar a V. Señoría porque me dizen personas zelosas del servicio de Dios i de Su Majestad que no falta quien anda procurando dar a entender que su ida fue no al fin con que se despachó sino a otros i contra personas. Assi mandará V. Señoría prevenir a su santidad assegurandole fue su ida a lo mismo que le enviara su Beatitud como cosa tan propria suya i en que le va mas que a nadie i que como dixe en mi antecedente es mas que necesaria la venida del Archiduque Ernesto a quien se va dando prisa”. 998 Los despachos sobre su comisión se encuentran en AGS, E., leg. 606, ff. 178-185 con el nombre de “Puntos del Padre Crespo” y sin fecha, que a continuación describimos. El f. 178 habla sobre el ejército en Francia y el mal papel que había realizado Charles Mansfeld; el f. 179, por su parte, trataba sobre “Lo que se ha de advertir tocante al Vicariato General del exército de flandes, capellanes y administración del Hospital Real”; el f. 180 era una nota sobre las cosas que debían corregirse en Flandes y el f. 181 se refería a qué atribuciones tendría Fuentes en el gobierno de los Países Bajos cuando llegara el archiduque Ernesto; el f. 182 era una “Relación del Padre Antonio Crespo, acerca de las cosas de Flandes y Francia”; el f. 183, por su parte, eran unos advertimientos del padre Crespo; el f. 184 hacía referencia a la falta de hombres en quien fiarse y recomendaba el envío de 12000 soldados y un gobernador español para las tropas que debía ser Fuentes subordinado a Ernesto y el f. 185 habla de cuestiones referentes a la situación militar. Todas estas misivas estaban dirigidas al marqués de Velada y a Hernando de Toledo, que le debían ayudar en su misión.

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octubre hasta su regreso a Flandes en junio de 1594999, pudiendo considerar que su misión había resultado de gran provecho para su patrocinador. Mientras esperaba noticias de su emisario, Fuentes se negó a acudir a las reuniones de los consejos, pese a que Esteban de Ibarra le rogó en diversas ocasiones que le ayudara en ellas1000. De igual manera, reclamó una licencia para salir de Flandes y, aunque el rey se la concedió, la ejecución de la misma se encontraba supeditada a la llegada del nuevo gobernador1001. Vista la imposibilidad de partir de los Países Bajos y la poca capacidad que tenía para influir en las decisiones políticas, Fuentes se volcó en la reformación del ejército que le había ordenado el monarca, siendo una de sus ideas principales la de reorganizar los eclesiásticos que seguían a los tercios nombrando a padres jesuitas para realizar tal actividad1002. Esta actuación le volvió a enfrentar a Mansfeld, que había quedado al margen de la reformación por orden real, lo cual representaba una merma considerable de su honra1003, que hizo lo posible por boicotear su labor. Todos estos hechos venían a demostrar que la supuesta confianza que se tenía en un personaje natural de los Países Bajos como Mansfeld tras su nombramiento y confirmación como gobernador interino no era cierta, ya que desde Madrid se le ocultaban las decisiones importantes, que sí se daban a conocer a Fuentes e Ibarra, relegándole a un mero papel secundario y ceremonial. El noble luxemburgués fue consciente de ello y luchó por invertir esa tendencia con escaso éxito, lo que hizo imposible una entente cordial entre los ministros castellanos y Mansfeld y provocó los numerosos enfrentamientos que estamos viendo. La situación empeoró aún más, si cabe, con el retorno de Charles Mansfeld a Flandes tras la tregua con los franceses. Estando aún presente en el reino vecino, el noble luxemburgués había convencido a su padre para que se autoproclamara gobernador de la provincia de Flandes, cargo que Felipe II había proveído en Farnesio cuando era gobernador general. Su hijo pensaba unir dicho gobierno al almirantazgo que él mismo poseía, por lo que la familia quedaría con los títulos más lucrativos de la provincia. Esta actuación provocó nueva controversia, sobre todo, en el Consejo Privado, donde tanto Hulst como Richardot se mostraron contrarios, mientras el 999

Felipe II a Ernesto y a Fuentes, 3 de junio de 1594, AHN, E., libro 253, ff. 86 v.-87 v. E. Ibarra a Común, 5 de octubre de 1593, AGS, E., leg. 605, f. 167. 1001 Felipe II a Fuentes, 15 de octubre de 1593, Ibídem, leg. 2221, f. 172. 1002 “Sobre la reformaçión de los eclesiásticos que siguen los exércitos de V. Majestad en Flandes”, s. d. (hacia 1594), IVDJ, Envío 47, doc. 503. 1003 Mansfeld se quejó de esta decisión a Felipe II el 22 de noviembre de 1593 (AGS, E., leg. 606, f. 90). 1000

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presidente Jean van der Burcht lo apoyó. Fuera de él también se opusieron a esta concesión Aerschot, Havré y Aremberg, que optaban al mismo oficio. Por su parte, Esteban de Ibarra y Fuentes defendieron que dicho gobierno quedara vacante, ya que ninguno de los candidatos era el adecuado1004, postura que se impondría, por lo que quedó en suspenso la elección de gobernador. Tras todos estos acontecimientos, podemos considerar que los últimos meses de 1593 fueron momentos de conflicto y de tensa espera de la llegada del archiduque Ernesto, que no aparecería en Bruselas hasta el 30 de enero del año siguiente. Lo complejo de las negociaciones había retrasado su Jornada, lo que, sin duda, avivó las tensiones ya existentes.

6.3.- Las conversaciones con Ernesto y su Jornada a Flandes Una de las principales misiones que se le habían encomendado a Fuentes cuando marchó a Flandes era la de comunicar a Ernesto que había sido nombrado gobernador, así como preparar el terreno para su llegada. La muerte de Farnesio trastocó los planes iniciales, al igual que en tantos otros asuntos, y Fuentes, de motu proprio, decidió retrasar la comunicación de la decisión real hasta haberse hecho cargo de la situación. Este periodo de adaptación finalizaría en febrero de 1593, momento en que Felipe II creyó que ya había pasado el tiempo necesario para organizar la entrada de Ernesto en Flandes, instándose a Fuentes para que, a través de Guillén de San Clemente, notificara al archiduque la decisión real1005. La idea del monarca era que se comunicara la decisión en primer lugar al emperador y acto seguido a Ernesto, sin esperar respuesta de Rodolfo II. Si las conversaciones se alargaban en exceso, se recomendaba al embajador que recurriera a la intermediación de Wolf Rumpf de Wielross, camarero mayor del emperador y uno de los personajes más importantes de la red clientelar de Felipe II en el Imperio1006. Nada más recibir los despachos del rey el 6 de marzo, Fuentes escribió a Rodolfo II, Ernesto y Guillén de San Clemente, dando así inicio a un arduo periodo de 1004

E. Ibarra a Felipe II, 22 de noviembre de 1593, AGS, E., leg. 605, f. 203, "El primero (Aerschot) ni es para aquello ni para otra cosa. El segundo (Havré) V. Majestad le conoce y yo también se del lo que me obliga no abonarle para que V. Majestad le ponga en lugar que pueda echar de ver que vale algo mas de lo que es menester para que no pueda hazer lo que otras veces. El tercero (Aremberg) también es de poca sustançia y por esto concurren en el los inconvenientes de menos consideración". 1005 Así, el monarca escribió tanto a Fuentes (Ibídem, leg. 2221, f. 22) como a Guillén de San Clemente (Ibídem, ff. 23-24) el 6 de febrero. 1006 Sobre este personaje, F. EDELMAYER, "Wolf Rumpf de Wielross y la España de Felipe II y Felipe III", Pedralbes. Revista d´Història Moderna, 16 (1996), pp. 133-163.

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negociaciones. El embajador de Felipe II, que se encontraba presto a marchar a Padua para tomar unos baños y descansar debido a su precario estado de salud1007, tuvo que suspender su viaje y ponerse enseguida manos a la obra, sabedor de la dificultad que entrañaba la empresa1008. En efecto, el emperador planteó muchas trabas durante la primera audiencia, todo lo contrario que Ernesto, que aceptó rápidamente tras mostrarle el embajador la petición real el 24 de abril1009. Tras meses de tensas negociaciones, y gracias a la intermediación de Rumpf1010, se pudo llegar a un final feliz el 19 de junio. Sin embargo, antes de confirmar el permiso para que Ernesto partiera hacia los Países Bajos, Rodolfo II exigió que su hermano acudiera a una Dieta en Gratz para librarse de su juramento como gobernador de Estiria y Carintia y poder ser así sustituido en el puesto por su hermano Maximiliano1011. Con esta imposición, la partida del archiduque se dilató aún más en el tiempo y Felipe II se vio en la obligación de pedir en multitud de ocasiones que la partida se acelerara1012. Guillén de San Clemente hizo ímprobos esfuerzos por conseguirlo, al tiempo que intentaba fiscalizar la formación de la Casa del archiduque1013. Es muy interesante observar la génesis de este servicio, ya que sus componentes tendrían gran influencia en el devenir político flamenco en los años venideros. Ya Esteban de Ibarra era consciente antes de la Jornada del archiduque de que era necesario proveer en su servicio a hispanos y flamencos, ya que no debía estar formado en su totalidad por servidores imperiales1014. Favorecer en exceso a una

1007

Ese viaje se hubiera podido prolongar, incluso, hasta Roma ya que Clemente VIII quería despachar con él a boca sobre la elección de Ernesto como rey de romanos (Sessa a J. Idiáquez, 22 de marzo de 1593, AGS, E., leg. 961, s. f.). 1008 Guillén a Felipe II, 14 de marzo de 1593, Ibídem, leg. 700, ff. 73-74. 1009 Ernesto a Felipe II, 1 de mayo de 1593, Ibídem, f. 2. Había recibido la buena nueva de manos de Guillén de San Clemente y aceptaba encantado la merced que le había concedido Felipe II. Ya en 1592 había expresado al embajador Khevenhüller, durante el viaje que este realizó al Imperio, que quería obtener algún oficio que le permitiera salir de Praga (H. KHEVENHÜLLER, op. cit., p. 416). 1010 Rumpf a Guillén, 25 de abril de 1593, AGS, E., leg. 700, f. 80. 1011 Guillén a Felipe II, 19 de junio de 1593, Ibídem, f. 88. 1012 Las cartas de Felipe II apremiando el viaje de Ernesto a Flandes para Guillén, Rodolfo II o Ernesto durante 1593 en Ibídem, leg. 2450, s. f.. Ernesto, por su parte, escribió en diversas ocasiones a Madrid para comunicar al rey que hacía todo lo posible por partir (Ibídem, leg. 700, ff. 3-7). 1013 Para conocer más en profundidad la formación de la Casa del archiduque, sus componentes y su funcionamiento desde 1593 hasta 1595 nuestro artículo “La Casa del archiduque Ernesto durante su gobierno en los Países Bajos (1593-1595)” en A. ÁLVAREZ-OSSORIO ALVARIÑO y B. J. GARCÍA GARCÍA (eds.), La Monarquía de las Naciones. Patria, nación y naturaleza en la Monarquía de España, Madrid, 2004, pp. 193-213. 1014 Esteban de Ibarra a Felipe II, 21 de noviembre de 1593, AGS, E., leg. 605, f. 201, "También ha de ser de mucha consideración formarle la casa de buenos criados, y si ha de tomar algunos destos españoles mirar mucho que la elección sea tal como conviene. Muchos ay que lo

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determinada nacionalidad en las Casas de los gobernadores, o al menos que lo aparentara, había provocado ya varios conflictos con anterioridad, sobre todo, en tiempos de Margarita de Parma y de Alejandro Farnesio, y el secretario veía necesario solucionar dichos problemas desde la raíz. Los consejeros de Madrid, por su parte, ya se habían empezado a plantear las mismas cuestiones y se mostraron de acuerdo con las tesis de Ibarra, requiriéndole sobre los personajes más adecuados para ocupar cargos en dicha Casa1015. Sin embargo, la lentitud en la toma de decisiones llevó a que la estructura del servicio del archiduque no cambiara apenas con respecto a la que tenía en Austria y Felipe II no pudo influir ni en la formación de la misma ni en el nombre de sus componentes. Esta conservó su organización a la austriaca en lugar de a la borgoñona, opción que hubiera debido ser la más lógica como había propuesto Esteban de Ibarra tras consultas con los consejeros flamencos1016, con mayordomo mayor (Obersthof-meister),

camarero

mayor

(Oberstkämmerer),

mariscal

mayor

(Obersthofmarschall) y caballerizo mayor (Oberststallmeister)1017. Así mismo, mantuvo en su plantilla a la mayoría de los componentes que tenía en Austria, que eran de origen imperial en un amplio porcentaje, más algunos italianos. Esta distribución de nacionalidades tendría a la larga una gran importancia, ya que los principales criados de

pretenden y hazen diligencias para conseguirlo"; Esteban de Ibarra a Felipe II, 22 de noviembre de 1593, Ibídem, f. 203, "También advierto a V. Majestad que ay pretensores a entrar en la casa del serenísimo Príncipe Archiduque y que los principales son Abre y Aremberg que cada uno querria ser mayordomo mayor de su Alteza. Abre ha hecho grandes diligencias para que el Conde de Mansfelt le proponga a V. Majestad para ello y por via de Don Juan de Pernestan las ha hecho también en la corte del Emperador para que de alla venga su Alteza bien edificado en admitirle y se que después de tener hecho el de Mansfelt despacho para V. Majestad en abono del de Abre le ha descompuesto el Conde Carlos y hecho que haga aquel officio con V. Majestad por el de Aremberg, deste ya he dicho lo que siento yo en todas partes tengo que puede ser de poco provecho, o daño. Abre tiene mas que escudriñarle esfuerçase dar a entender que le tiene V. Majestad muy agraviado de no haverle hecho merced con ocupacion ni otro genero de honra o beneficio y si se le ha de dar alguna satisfación de las tres pretensiones que tiene de Flandes, finanças y esta mayordomia. En ninguna se aventura menos que en la postrera porque lo de finanças en su mano sera peligrosa cosa respecto que es el mas codicioso hombre que ay en estos estados". 1015 Juan de Idiáquez a Guillén, 14 de agosto de 1593, Ibídem, leg. 2450, s. f., "Y en lo que toca a las que V. M. apunta que pensava llevar de la camara y de la boca y otros para el servicio de su persona y casa pareçe buena la resolución que pensava tomar pues quantos menos fuere la carga se hallara mas aliviado y en que los que llevase seran muy católicos no se duda siendolo tanto y tan exemplar el amo, pero todavía ha holgado su Majestad de entender este punto con los demás". 1016 La más importante de estas consultas en AGR, Audience, leg. 33/1, núm. 6 (minuta en núms. 5 y 7), s. d. (finales 1593). 1017 Sobre los principales oficios en las Casas Reales austriacas F. EDELMAYER, “La corte imperial: de Fernando I a Rodolfo II (1558-1583)”, Torre de los Lujanes, 44 (2001), pp. 45-47 y J. DUINDAM, Vienna and Versailles. The Courts of Europe´s Dynastic Rivals, 1550-1780, Cambridge, 2003, pp. 69-89 y 103-105.

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Ernesto hicieron lo posible por que flamencos e hispanos no entraran a servir al archiduque, lo que podría haber recortado su acceso al Príncipe. Para sortear las excusas que podían retrasar aún más el viaje, el embajador San Clemente pidió al conde de Fuentes y a Felipe II que se enviara dinero suficiente para poder llevar a cabo los preparativos con celeridad1018. Aprovechando la tesitura, el noble castellano comisionó al Imperio a su sobrino, Diego Pimentel, con una provisión de dinero, tratando de tomar la delantera a Mansfeld en el acercamiento al nuevo gobernador1019. Ante esta maniobra, el gobernador interino, que se había enterado de la elección de Ernesto mucho después que Fuentes1020, reaccionó y envió al conde de Solre en su nombre al Imperio. Philippe de Cröy acababa de retornar a Flandes tras su ejercicio como capitán de la guarda de archeros de Corps de Felipe II y se estaba consolidando como una de las grandes figuras políticas flamencas, que alcanzaría su apogeo bajo el gobierno del archiduque Alberto, y, posteriormente, con los Archiduques. Pese a la ventaja que le llevaba Pimentel, ambos llegaron a Praga el mismo día, el 20 de noviembre. No contento Felipe II con que Solre y Pimentel acompañaran a Ernesto durante su Jornada, encargó a Guillén de San Clemente que él también la realizara. Esta decisión tenía como objetivo que se encaminara al archiduque en los negocios de Flandes, evitando la negativa impresión que le podrían haber mostrado los enviados de los ministros enfrentados1021. Entre los negocios en los que el embajador debía instruir a Ernesto, destacaba la pacificación de los rebeldes holandeses, uno de los principales motivos de que hubiera sido elegido como gobernador1022; mientras, el nuncio papal en el Imperio también le aleccionó en el mismo sentido, aunque con el objetivo de que

1018

Además de los gastos que un movimiento de personas de tal magnitud comportaba siempre, Ernesto tenía fama de manirroto y de no mirar en exceso los gastos que realizaba. Así se puede apreciar en V. COREMANS, "L´archiduc Ernest, sa cour, ses dépenses (1593-1595)", Compte rendu des séances de la Commision Royale d´Histoire ou recueil de ses bulletins, 13 (1847), pp. 85-147. 1019 Guillén a Felipe II, 14 de agosto de 1593, AGS, E., leg. 700, ff. 105-106. 1020 El 24 de agosto de 1593 (Ibídem, leg. 606, f. 68), Mansfeld escribió al monarca para comunicarle que acababa de recibir su carta y la de Ernesto en que le comunicaban la noticia y, tras ello, redactó sus pensamientos en una “Memoria de lo que (debaxo de humilissima correction) parece al Conde de Mansfelt se podría hacer en lo de la venida y recibimiento del Archiduque Ernesto en estos estados de flandes” y que se conserva en el f. 69. 1021 Felipe II a Guillén de San Clemente, 14 de octubre de 1593, Ibídem, leg. 2450, s. f. 1022 Este no era solo un objetivo primordial de Felipe II sino también de Rodolfo II, ya que si se llegaba a un acuerdo con los rebeldes el monarca hispano podría centrar sus esfuerzos en la lucha contra el turco en Hungría, como se expone en “Copia de la carta que escribió el Emperador al Archiduque Ernesto, sobre lo de la pacificación de los payses baxos de Praga a 8 de henero de 1594”, Ibídem, leg. 701, f. 38.

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Felipe II se olvidara de ese frente para volcarse en Hungría en la lucha contra los turcos1023. Los preparativos para la Jornada se fueron retrasando hasta la celebración de la Dieta en Gratz, donde el 2 de octubre se aceptó a Maximiliano como gobernador de Estiria y Carintia. Tras esa decisión, el hermano del emperador era ya libre para viajar hacia Flandes, aunque la cercanía del peligro turco hacía contemplar aún la posibilidad de que Rodolfo II intentara evitar su marcha1024. Sin embargo, esto no fue así y Ernesto partió finalmente el 11 de diciembre hacia los Países Bajos, pese a no haber recibido aún sus patentes de gobernador1025. Guillén de San Clemente, por su parte, enfermó y no pudo realizar la Jornada con el archiduque1026, rindiendo cuentas al rey de todo lo acaecido durante las conversaciones con el emperador y con Ernesto a través del envio a Madrid de su criado Lope Díaz de Paniagua1027. Mientras todos estos acontecimientos se producían en el Imperio, en Flandes se había estado especulando con el nombre del nuevo gobernador, barajándose los de Catalina Micaela o Alberto. Una vez conocido que la decisión real había recaído en Ernesto, el sentimiento general fue de alabanza de la decisión -el propio Esteban de Ibarra en su correspondencia llegó a comparar en numerosas ocasiones al archiduque con un “mesías”-, y de confianza en que su llegada no se demorara mucho. Sin embargo, el retraso en su traslado fue rebajando la euforia inicial y amortiguando el supuesto efecto positivo de su gobernación. Como ya hemos podido comprobar con anterioridad, las dilaciones en las decisiones reales que atañían a Flandes eran continuas y limitaban significativamente el posible efecto balsámico que podrían haber provocado, si se hubieran llevado a cabo con mayor celeridad. Además, la situación faccional en la Corte bruselense era muy convulsa, como Ernesto pudo comprobar de primera mano ante la discusión que se originó entre Mansfeld, Fuentes y Aerschot por intentar ser los primeros en recibir al archiduque, pese a que este ya había mostrado su voluntad de que fueran Esteban de Ibarra y

1023

Obispo de Cremona a Clemente VIII, s. f. (h. ½ 1593), Ibídem, leg. 962, ff. 226-227. Guillén a Felipe II, 2 de octubre de 1593, Ibídem, leg. 700, ff. 116-117. 1025 “Memoria del camino que hará su Alteza (Ernesto) para Flandes”, s. d. (hacia diciembre de 1593), Ibídem, f. 131. Esa memoria la envió Guillén junto con una relación de la casa del archiduque, así como una carta, el 11 de diciembre de 1593 (f. 161). Sobre el viaje A. DOUTREPONT, op. cit., p. 627. Durante su Jornada, Ernesto tuvo problemas en Frankfurt donde fue recibido con mucha descortesía y con cadenas en las calles, ya que los calvinistas eran superiores en número en la ciudad y asustaron a los católicos. Guillén de San Clemente protestó por ello a Rodolfo II y pidió que se actuara contra la ciudad (AGS, E., leg. 701, f. 47). 1026 Guillén a Felipe II, 11 de diciembre de 1593, Ibídem, leg. 700, ff. 159-160. 1027 ID., 18 de enero de 1594, Ibídem, leg. 701, f. 43. 1024

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Fuentes los que primero le besaran las manos1028; al no llegar a un acuerdo, Mansfeld acudió a su tierra de Luxemburgo y Fuentes a Tréveris, siendo adelantados por Aerschot, que fue más allá de la última región. Una vez estuvieron todos reunidos, el 30 de enero se realizó la entrada en Bruselas1029, que estuvo prologada por nuevos enfrentamientos entre los tres nobles por problemas de precedencias. Aunque Ernesto propuso que entraran los tres delante de él con Mansfeld en medio, Aerschot se opuso al ser el noble de más título. Estas discrepancias se repitieron en la primera convocatoria del Consejo de Estado el 1 de febrero, en la que Aerschot presentó una protesta formal, ya que entendía que su puesto en el mismo debía ser el centro por ser el noble de mayor título y el consejero más antiguo. Tras algunas discusiones, aceptó que Mansfeld estuviera por delante de él, pero exigió que Fuentes se sentara en el último banco, lo que rechazó Ernesto al entender que este representaba al rey y por ello debía situarse por delante de Aerschot. Ante esta decisión, el duque optó por no acudir a las dos siguientes sesiones del Consejo y, finalmente, por marchar a sus tierras1030. De esta brusca manera, el archiduque pudo comprobar de primera mano que su gobierno no iba a estar exento de complicaciones, pese a ser deseado en principio por la mayoría de los ministros de Flandes. Por desgracia para él, estos negros presagios se acabarían cumpliendo.

1028

Fuentes a Felipe II, 1 de noviembre de 1593, Ibídem, leg. 604, f. 189. Una descripción de dicha entrada triunfal en J. BOCH, Descriptio publicae gratulationis,... principis Ernesto, Amberes, 1595, passím. Sobre las fiestas que se sucedieron en otras ciudades, P. VAN ISACKER, "Pedro Enríquez de Azevedo, ...”, p. 226. 1030 “Papel sobre las precedencias”, s. d. (principios febrero de 1594), AGS, E., leg. 608, f. 37 y Esteban de Ibarra a Común, 4 de febrero de 1594, Ibídem, f. 36. 1029

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CAPÍTULO 7

LA SOLUCIÓN IMPERIAL: EL ARCHIDUQUE ERNESTO EN FLANDES Y EL ÍNTERIN HASTA LA LLEGADA DE ALBERTO (1594-96)

7.1.- El devenir de Flandes tras la llegada del archiduque Ernesto 7.1.1.- La integración de su séquito en las luchas faccionales Nada más llegar a Bruselas, Ernesto pudo comprobar in situ que la relación entre los principales consejeros de los Países Bajos era muy tensa y que era necesario conseguir un poco de calma para poder llevar a cabo sus planes. Sin embargo, la realidad distó mucho de ser la deseada, ya que enseguida el conde de Fuentes exigió, de nuevo, ser designado como general del ejército que debía marchar a Francia en calidad de capitán general. Ya desde Madrid se le había comunicado que esto era imposible mientras Ernesto estuviera presente1031, pero, aún así, se mantuvo firme en su reivindicación1032. Ernesto, como era de esperar, se opuso a ceder parte de sus atribuciones como gobernador general1033, repitiéndose así el problema que un año antes había enfrentado a Fuentes y Mansfeld, aunque trocándose el gobernador y con la salvedad de que Ernesto no era interino, sino titular, y, además, príncipe de la sangre. Tras la firme negativa del archiduque, el noble castellano comprendió que su situación en Bruselas era muy comprometida y procuró por todos los medios que la licencia que se le había prometido se hiciera efectiva, pero desde Madrid se le recalcó que no podría hacerse hasta que no hubiese puesto a Ernesto al corriente de la situación1034. De esta manera, Fuentes se vio obligado a permanecer en Flandes sin apenas participar en asuntos políticos y centrándose únicamente en la reformación del ejército. Cuando Ernesto le volvió a proponer en agosto que tomara el mando de las tropas tras el retorno de Charles Mansfeld, el conde castellano repitió negativa, insistiendo en que no lo aceptaría hasta que fuera nombrado capitán general1035. 1031

Común a Fuentes, 15 de octubre de 1593, AGS, E., leg. 2221, f. 176. Fuentes a Común, 22 de noviembre de 1593, Ibídem, leg. 606, f. 81. 1033 P. VAN ISACKER, "La défense des Pays-Bas catholiques a la fin du XVI siècle" en Mélanges d´histoire offerts à Charles Moeller à l´occasion de son jubbilé de 50 années de professorat à l´Université de Louvain, Lovaina, 1915, II, p. 274. Una descripción de los hechos en Malvasia a Aldobrandino, 19 de febrero de 1594, ASV, Fiandra, leg. 3/I, f. 297 r. 1034 Común a Fuentes, 15 de marzo de 1594, AGS, E., leg. 2222, f. 141. 1035 En enero de 1595 aún no había tomado el mando del ejército para acudir a Francia (Ernesto a Felipe II, 5 de enero de 1595, Ibídem, leg. 609, f. 86). 1032

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El relegamiento cortesano de Fuentes no puede ser únicamente atribuído a su inoportuna petición, si no también al hecho de que algunos de los miembros del séquito del nuevo gobernador, aprovechando la confianza que tenía el archiduque en ellos, se habían decidido a participar en la toma de decisiones políticas, para lo cual debían alejar en la medida de lo posible a potenciales oponentes. Con esta nueva irrupción, el panorama político de Flandes se complicaría y fragmentaría aún más, con múltiples intereses, facciones e ideas entremezcladas. Desde un primer momento, Esteban de Ibarra fue consciente de las intenciones de los servidores de Ernesto y pudo identificar a los principales cabecillas1036. Tras el retorno al Imperio del mayordomo mayor, el personaje más influyente del séquito archiducal era el barón Ernesto o Peter de Mollart, gran chambelán y camarero mayor, personaje cuyo padre era de origen borgoñón, aunque él ya hubiera nacido en el Imperio. Sus servicios en las Casas imperiales le comportaron numerosas prebendas, así como gozar de la confianza, tanto de Ernesto como de Rodolfo II, del que llegó a ser camarero mayor tras ser retirado del oficio Wolf Rumpf de Wielross en el año 16001037. Su dominio de las diferentes áreas del servicio del nuevo gobernador de Flandes, era casi total a través de algunos personajes con oficios claves como su hermano Jehan, gentilhombre de la cámara y capitán de la guarda, el contralor Livio Bosso, o el secretario y canciller, Sebastien de Westernach, cuya labor fue tan eficaz que el propio hermano de Ernesto, Alberto, le tomó a su servicio cuando llegó a Flandes, pese a los graves enfrentamientos que Esteban de Ibarra mantuvo con él. Por contra, el caballerizo

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Esteban de Ibarra a Felipe II, 10 de febrero de 1594, Ibídem, leg. 608, f. 43, "Todos los criados que trae son alemanes, los principales son un mayordomo mayor este es un aleman çafio y porque me dize su Alteza que se ha de volver luego no hablo del, trae por camarero mayor un varon de Molart de naturaleza borgoñón pero ha nacido en Alemaña. Este haze grande ostentación de la mano que tiene sobre la voluntad de su amo y se que viene con intención de aprovecharse desta ocasión y pareçeme que tiene condición aparejada para no perderla porque hablando conmigo sobre el quedar aqui o bolver a Alemaña me ha dicho que dispone de si conforme a como V. Majestad y su amo hizieren la merced. Por caballerizo mayor le sirve un hijo de Dietristan que por todo lo que puedo juzgar es un angel y sujeto que por su parte no se echara a perder ninguna cosa buena. Trae un secretario alemán que también lo es del emperador no sabe otra lengua que la suya y latin. Hame parezcido persona modesta todos me dizen mucho bien del y su amo le tiene en buena figura. En la camara ay no se quantos cavalleros moços todos alemanes eçepto dos cavalleros italianos el uno de los vizcondes de Milan vassallo de V. Majestad y el otro del Duque de Ferrara de unos condes que llaman de Montecirco, un capitán que ha traydo su guarda a cargo es aleman y persona de no mucha consideración. Todos los demás son gente ordinaria y hablando como devo a mi pareçer la forma del servicio en todo el trazo de la casa de su Alteza no esta puesto con la reverencia y modo que a su grandeza se requiere". 1037 F. EDELMAYER, “Wolf Rumpf de Wielross…”, p. 153.

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mayor del archiduque, Maximiliano de Dietrichstein1038, se mostró muy cercano al secretario Ibarra, algo que era de esperar tras comprobar los comentarios vertidos por Guillén de San Clemente sobre él, en los cuales certificaba que era uno de los personajes en quien más se podía confiar, pues su familia tenía una gran tradición de servicio a la Corona1039. Junto a estos personajes conviene destacar a otros como Blaise Hütter, secretario privado y ayuda de cámara, Loys, conde de Biglia, maestresala, y los gentilhombres de la cámara Alphonse, conde de Montescoli, y Ottavio Visconti que, aunque tuvieron menos protagonismo, también estuvieron en el entorno del archiduque. La desconfianza entre los servidores más cercanos a Ernesto e Ibarra se comenzaría a hacer patente a los pocos días de llegar el nuevo gobernador a Bruselas1040; en concreto, el primer conflicto tuvo lugar con Westernach, por ver cual de los dos secretarios debía despachar la correspondencia del archiduque1041. Ibarra pretendía poner en marcha la nueva institución que se le había encomendado en Madrid, la Secretairerie d´État et de Guerre, mientras Westernach quería continuar realizando la 1038

Hijo del famoso Adam de Dietrichstein y de Margarita de Cardona, dama de honor de la emperatriz María. Nació en 1561 en el Imperio pero a los dos años se encaminó junto a sus padres hacia la Corte de Madrid, donde llegarían en 1564 y permanecerían hasta 1573. Esta estancia le reportó algunas mercedes, pese a su corta edad, como entrar en la orden de Calatrava de forma provisional en 1567, al igual que su padre. Más adelante, a comienzos de 1596, recibió la encomienda de Cañaveral que quedó en manos de su familia durante el siglo XVII. Al contrario que sus cuatro hermanas, que quedaron en Madrid tras contraer matrimonio con importantes nobles castellanos y entraron en el servicio de la reina Ana y las Infantas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela, Maximiliano retornó a la Corte Imperial en 1573 con sus padres. Una vez en Viena, fue nombrado gentilhombre de la cámara del emperador Rodolfo II y vivió a la sombra de su poderoso padre durante aquellos años. Fue tras la muerte de este en 1590 cuando se inició su periodo de mayor actividad política, aflorando los contactos que tanto su familia como él mismo habían conseguido en la corte hispana. Así, el primer encargo que le encomendó Felipe II fue que acudiera como embajador suyo en 1592 a Gratz, Ingolstadt y Munich para expresar los pésames reales a todos los miembros de las casas de Austria y Baviera por la muerte del archiduque Carlos. Tras retornar de dicha embajada, Maximiliano fue nombrado caballerizo mayor del archiduque Ernesto en la Casa que acompañó a este en 1593 cuando acudió a Flandes. Una vez en Bruselas, se convirtió en un importante contrapeso político entre los servidores del archiduque y los ministros castellanos y flamencos en la pugna que se inició por conseguir el poder político. Mantuvo una buena relación con los castellanos, por lo que la incertidumbre que envolvió a los servidores del archiduque Ernesto tras su óbito no le afectó ya que quedó en Flandes como sumiller de corps del archiduque Alberto y se le concedió la encomienda antes reseñada. Ejerció tan importante oficio hasta la Jornada de los matrimonios de Valencia en 1599, tras la cual regresaría al Imperio, donde llegaría a ejercer el importante cargo de mayordomo mayor del emperador Rodolfo II. Falleció en 1611 (Biografía en el DBE). 1039 Guillén a Felipe II, 11 de septiembre de 1593, AGS, E., leg. 700, fol. 109. 1040 C. Masi a Ranuccio, 10 de febrero de 1594, Cfr. L. VAN DER ESSEN, "Correspondance de Cosimo Masi...”, p. 374. 1041 Malvasia a Aldobrandino, 19 de febrero de 1594, ASV, Fiandra, leg. 3/I, f. 297 r.-v., repetido en f. 300 r.-v., "Il signore Stefano d´Ibarra secretario di S. M. che dopo la morte del Duca di Parma fu mandato qua con grande autorità sopra l´agenda, have preso gran piede e tiratosi addosse la maggior parte de negozi, e particolarmete molte speditioni et emolumenti, che erano già del Signore Cosimo, secretario del soditto Duca. Il che non potendo hor soffrir il Secretario dell´Arciduca, ne son nati disparire".

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misma labor que habían llevado a cabo los secretarios de gobernadores anteriores1042. Ernesto intentó mitigar el conflicto mediante la regulación de los derechos pecuniarios que debía percibir cada secretario1043, con lo que zanjó la disputa económica, pero no atajó su raíz política, ya que el oficio de secretario aseguraba cercanía al gobernador. La situación se complicaría aún más cuando Charles Mansfeld se acercó a Mollart, con el claro objetivo de formar una entente encaminada a copar el acceso al archiduque. El primer contacto entre ambos se produjo cuando el luxemburgués pidió a Ernesto que le enviara a su camarero mayor para comunicarle ciertos asuntos de importancia relacionados con Francia. Al no poder prescindir de éste, el archiduque decidió enviar a su hermano Jehan, que fue el encargado de transmitir a Mollart la buena predisposición de Mansfeld a establecer una alianza política1044. El privado de Ernesto aceptó la oferta sin dudar, ante la comunión de intereses e inducido por la astucia de Charles Mansfeld, como también lo haría el secretario Westernach1045. Tanto Esteban como Diego de Ibarra, que volvió a establecerse en Bruselas en el mes de abril, fueron rápidamente conscientes de esa coalición e hicieron lo posible por intentar evitarla1046. Con tal fin, pugnaron por conseguir que algunos hispanos y, en menor medida, flamencos ingresaran en el servicio del gobernador, para reducir la influencia de Mollart. El conde de Fuentes, por su parte, mantuvo un relación mucha más fluida con los criados de Ernesto que sus dos compatriotas, pese a los problemas

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E. Ibarra a Común, 4 de febrero de 1594, AGS, E., leg. 608, f. 35. “Copia de una orden que el archiduque Ernesto dio sobre los derechos que an de llevar los secretarios del gobernador y Capitán General de los estados de flandes conforme sus oficios”, 10 de marzo de 1594, BNM, Ms. 2816, ff. 57 r.-58 r. (copia en AGS, E., leg. 608, f. 94). 1044 Fuentes a Felipe II, 30 de marzo de 1594, Ibídem, f. 217. 1045 E. Ibarra a Común, 22 de junio de 1594, Ibídem, f. 86, "Aviaseme olvidado de dezir a V. S. S. que su Alteza quiere bien y dessea hazer merced a Westernaquer su secretario y le veo inclinado a ponerle las manos en los negocios que pudiera y lo que puede se les encomienda aunque sean de materias que no le tocan. El no tiene Traxis ni experiencia y es sujeto a quien engañaran los desta tierra como ya le han engañado y su amo lo ha sabido, pero no basta esto. Agora a va Alemaña por su muger y casa, y también es de los que el Conde Carlos tiene a su devoçión quanto puede y quiere". 1046 D. Ibarra a J. Idiáquez, 20 de abril de 1594, Ibídem, f. 147; E. Ibarra a Común, 3 de abril, Ibídem, f. 150, "El qual (C. Mansfeld) no acaba de meter del todo nuestra gente en Francia ni acaban jamás porque tiene la condición y artifiçio que ya he dicho. Es terrible y pide cada dia nuevas cosas y quiere llevar consigo un tesoro para mantener el exercito tres o quatro meses sin aguardar a que se le embie de aqui, que es muy buen para quales estamos y muchos dias ha que he advertido de lo que entiendo deste sujeto, plegue a Dios que yo solo me engañe y que perdone su divina merced a quienes causa que el tenga aquel exercito por su quenta. Hase metido por las puertas del camarero mayor de su Alteza y le ha cohechado y ganado de manera que tiene por alli la parte que quiere y como ha conosçido el humor del pribado çercale de lo que el otro dessea a buena medida”. 1043

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iniciales, y, aunque era partidario de introducir flamencos en la Casa del archiduque1047, creía que nunca debía ser a costa de enfrentarse a Mollart y compañía. Tras los requerimientos de los Ibarra, los consejeros madrileños ya habían decidido que el primer castellano que debía entrar en el servicio de Ernesto era el propio Diego como gentilhombre de la cámara. Sin embargo, este fue consciente desde el primer momento de la dificultad de la tarea, ante al férreo control que ejercía Mollart sobre dicha cámara1048. En efecto, aunque el archiduque se mostró dispuesto a admitirle en su servicio, entre otras razones porque su hermano Cristóbal de Ibarra había servido en su cámara con anterioridad y estuvo muy satisfecho de él, los temores de Diego se cumplieron y la provisión del oficio se dilató en el tiempo, no llegándose nunca a culminar1049. El motivo principal fue la oposición de los gentilhombres de la cámara de Ernesto, cuya excusa principal se cimentó en la tradición alemana, que obligaba a que el último gentilhombre en entrar en la Casa apenas sirviera, por lo que Diego de Ibarra no hubiera ocupado un puesto digno, sobre todo, al negarse los servidores más antiguos a ceder parte de sus prerrogativas. A esta excusa se unieron otras, como la de que se hubiera nombrado a 4 gentilhombres nuevos pocos días antes de que Ibarra llegara a Bruselas, por lo que ya no resultaban necesarios más para su servicio1050. Sin embargo, se comprobó que estas razones no eran más que pretextos cuando Diego de Ibarra

1047

Fuentes a Común, 2 de abril de 1594, Ibídem, f. 221, "En lo que V. S. S. mandan avise los que me parezce a proposito del pays para criados del Archiduque lo que se me ofreçe dezir es que fuera de Ariscot, Mansfelt y Agamont si le perdonan cada uno de todos los otros holgara ser su mayordomo mayor veole inclinado al Conde de Aramberg y quando no lo estuviera es mas a proposito para ello que ninguno de los demas que lo pretenden porque Chimay, Havre, Barlaymont y Sora no lo son. Para la llave son buenos Mos de Barbançon, hermano del de Aremberg, el Vizconde Mos de Usi, el Conde de Vique, Mos de Aguicur, hermano del difunto Conde de Otrate y Mos de Fresi por el primero y el postrero me dixo el archiduque le avian pedido habladole en esta materia. La guardia de los archeros pretendia el Conde de Bosu mas esta dada y las guardias de lanças, arcabuzeros a cavallo y alabarderos todas a Mollart gentilhombre de su camara hermano del otro Molart su camarero mayor. En esta guardia de Archeros se pudiera muy bien ocupar a qualquier señor de los del Pays y la tomara el Conde de Liñi ques de los mas principales y ricos del. Fuese a su casa desabrido porque no le mandaron cubrir como a otros que no tienen tanta hazienda ni calidad. Sino se huviera dado en ninguno estuviera con mas autoridad y el contento de que se echava mano del por no aver buelto la casaca ni su padre, no creo tomara la camara ni es para ello ni para goviernos no porque no sea a quien con mas seguridad se puedan dar ya que ha dado intención a lo que digo no aviendo lugar con nada se le puede tapar la boca como con el Tuson y holgara con el como rico". 1048 Así se lo expresó el ministro castellano a su patrón, Juan de Idiáquez, el 20 de abril, ya que los componentes de dicha cámara tenían un talante muy diferente a los que Felipe II había nombrado en 1566 cuando Ernesto estuvo en Madrid (Ibídem, f. 147). 1049 En varias ocasiones comunicó Ibarra al monarca que aún no se le había nombrado, entre otras, el 24 de mayo (Ibídem, f. 149). 1050 Diego de Ibarra a Felipe II, 1 de septiembre de 1594, Ibídem, f. 159. En concreto, los nuevos gentilhombres fueron Albrecht Függer, Gilbert de Saint-Hilaire, Wolff, conde de Olburg, y Marck Beurq, que había sido antiguamente repostero mayor de Bohemia de Ernesto.

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accedió a tener título y llave de la cámara sin servicio, como tenían Pernestan o Montescoli -pese a lo cual no se le concedió el ingreso- o cuando se promocionó al veneciano Dino Maggio de su oficio de gentilhombre de la boca al de la cámara después de la petición de Ibarra1051. El fallecimiento de Ernesto nos impide saber si el noble castellano hubiese sido, finalmente, aceptado en su servicio, pero lo que si es seguro es que Mollart y compañía hubieran seguido haciendo lo imposible por que eso se llevara a cabo. Los nobles flamencos, por su parte, también trataron de acceder a la Casa del archiduque, peticiones que fueron encabezadas por el duque de Aerschot. Tras haber abandonado Bruselas después de los enfrentamientos surgidos a raíz de los problemas de precedencias, permaneció en sus tierras resignado durante un tiempo, desde donde pudo comprobar con amargura que Ernesto no iba a reclamar sus servicios. Ante tal situación, hizo un último intento por acercarse al archiduque, solicitándole que le concediera el oficio de camarero mayor de su Casa; la firme negativa del gobernador, le llevó a pedir permiso para marchar a Italia junto a su mujer a una romería en Loreto1052. Ernesto aceptó gustosamente ésta petición, aunque su fallecimiento retrasaría por un tiempo dicho viaje. Así mismo, otros flamencos como Aremberg, Havré o Juan Bautista de Tassis expresaron su voluntad de ingresar en el servicio del gobernador, con idéntica respuesta1053. Estaba claro que Mollart y sus seguidores también pretendían vetar su acceso al gobernador y, aunque Havré fue ocupado en un viaje diplomático al Imperio, cuyos fines veremos posteriormente, fue más una manera de librarse de sus quejas durante un tiempo que la demostración de una confianza verdadera. Mansfeld, por su parte, apenas tuvo ocasión de servir y se encaminó a sus posesiones de Luxemburgo, donde permanecería hasta la muerte de Ernesto1054. La única excepción al veto de hispanos y flamencos en el servicio del archiduque se produjo con dos miembros de la Compañía de Jesús, como fueron Antonio Crespo de Molina, que ejerció como su confesor y llegó a asistir al archiduque en su fallecimiento1055, y Vincent Zelandre1056, que recibió el oficio de ayuda de 1051

E. Ibarra a Común, 26 de diciembre de 1594, Ibídem, f. 144. E. Ibarra a Felipe II, 7 de septiembre de 1594, Ibídem, f. 107. 1053 J. B. Tassis a J. Idiáquez, 4 de febrero de 1595, Ibídem, leg. 610, f. 167, donde reclamaba servir como mayordomo, chambelán o gentilhombre de la boca. 1054 G. Faing a Felipe II, 20 de octubre de 1594, Ibídem, leg. 607, f. 140. El agente de Mansfeld transmitió al rey el malestar de su señor por la indiferencia mostrada por el archiduque hacia él. 1055 Ch. O´NEILL y J. M. DOMÍNGUEZ, op. cit., II, p. 995. 1056 Hermano menor de Jacques, jesuita que gozó de gran prestigio en los Países Bajos, Vincent decidió también entrar en la Compañía, pero, a diferencia de su hermano, no era partidario de 1052

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cámara1057. Exceptuando estas irrupciones y otras menores, como la de los flamencos que ingresaron en la guarda o la de la conservera portuguesa Isabel Fernández1058, podemos considerar que el acceso al servicio del archiduque estuvo copado por los servidores que le habían acompañado desde Austria, que consiguieron que flamencos e hispanos no accedieran a oficios importantes pese a que, incluso, los Estados de Flandes lo hubieran solicitado1059. Fracasada esta vía para tratar de romper el monopolio de acceso al archiduque, los Ibarra utilizaron otras dos: la primera, fomentar que se remitieran a Madrid memoriales anónimos donde se protestara por las injerencias en la vida política de los servidores de Ernesto1060, mientras que la segunda era relatar su propia versión de los basar su aportación a la iglesia en cuestiones religiosas sino en su conocimiento político. Debido a ello, Zelandre gozó de la confianza de los gobernadores desde la época de Juan de Austria como firme defensor de los intereses de la compañía de Jesús y llegó a ser ayuda de cámara del archiduque Ernesto. Sin embargo, sus aspiraciones eran mayores y, con la excusa de haber sido delegado por el obispo de Amberes, Torrentius, para hacer una visita ad limina, partió en 1594 a Madrid en busca de que el monarca hispano le empleara en algún oficio de importancia. Llegó a la Corte en julio y allí fue recibido por Felipe II y por el archiduque Alberto, a los que expuso sus peticiones, decidiendo el monarca que su sobrino le empleara en Flandes, aunque sin asignarle un oficio concreto. El jesuita aceptó con gusto dicho destino pero, en vez de realizar la Jornada a los Países Bajos con el nuevo gobernador, decidió pasar primero por Roma para comunicar al Papa su nueva ocupación ya que estaba prohibido para los jesuitas, al menos oficialmente, inmiscuirse en asuntos políticos. Una vez en Roma, Aldobrandino trató de conseguir que el jesuita continuara sirviendo como informante para la Santa Sede aunque era consciente de que debía abandonar la Compañía, lo que se produjo a finales de febrero. El Papa le concedió las dignidades de protonotario apostólico y prelado doméstico para intentar asegurarse la continuidad de su servicio y que el antiguo jesuita no cediera a las tentaciones de Felipe II. Sin embargo, las ideas de Zelandre eran diferentes y antes de partir a Flandes envió unos memoriales al archiduque Alberto y a Esteban de Ibarra donde dejaba claro que quería servir al rey, aunque con unas peticiones excesivas. Su doble juego y ambición significaron su caída en desgracia y después de haber disfrutado de la confianza de las cortes de Bruselas, Madrid y Roma pasó a ser un personaje incómodo para todos. Alberto le concedió el título de preboste de Lille el 1 de marzo de 1597 pero era un cargo que daba poco dinero y ninguna relevancia social, lo que nos demuestra que fue más una decisión de compromiso que una demostración de confianza del archiduque. Los últimos años de su vida transcurrieron en el anonimato (Biografía en el DBE). 1057 El nombramiento en AHN, E., lib. 253, ff. 150 v.- 152 r. 1058 Conservera portuguesa que en el año 1600 envió un memorial al bureo de los Archiduques, solicitando ser empleada en su servicio, en virtud de haber servido como conservera de la infanta Isabel, de su hija, la princesa doña María, duquesa de Parma, y del archiduque Ernesto (RAH, Ms. A-61, f. 45 r.). 1059 “Causas que se representan a su Alteza para darle a entender las que los estados de Flandes tienen para no estar tan satisfechos como se prometían de su Alteza”, 26 de abril de 1594, AGS, E., leg. 608, f. 103, "Tampoco seria fuera de proposito que su Alteza mezclasse su casa de todas naçiones y especialmente de españoles, flamencos y alemanes y que hiziesse criar y exerçitar bien a la nobleza del pays para enterar y perfiçionarla en cosas de guerra y hazer retirar a los que no son católicos". 1060 Dos ejemplos de esto lo encontramos en “Recuerdos”, 20 de abril de 1594, Ibídem, f. 96 y “Causas que se representan a su Alteza para darle a entender las que los estados de Flandes tienen para no estar tan satisfechos como se prometían de su alteza”, 26 de abril de 1594, Ibídem, f. 103, "Sera bien con buenos medios y humilde advertimiento procurar con su Altexa

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acontecimientos a los consejeros madrileños, para lo cual se sirvieron de Bernardo del Castillo, enviado ex profeso por ambos consejeros, y de Maximiliano de Dietrichstein. Ernesto había encomendado a su caballerizo mayor la misión de informar en Madrid sobre la complicada situación militar, así como expresar la necesidad de tener instrucciones para la intervención en Francia, además de requerir una mayor ayuda económica para su Casa y para el gobierno1061. Esteban de Ibarra confiaba ciegamente en este personaje y, por ello, solicitó a Moura e Idiáquez que le interrogaran sobre la situación en Flandes tras la alianza entre Mansfeld y Mollart1062. Dietrichstein partió de Bruselas en abril y permaneció en la Corte madrileña hasta julio, momento en el cual retornó a los Países Bajos, llevando consigo algunas indicaciones de Felipe II y sus consejeros sobre posibles soluciones a las peticiones del archiduque1063. Sin embargo, el conflicto de mayor relevancia, que era el enfrentamiento entre los servidores de Ernesto y los ministros de Felipe II, no se afrontó y la única solución que se dio fue que ambas

se desembaraçasse con buena coyuntura de algunos que están cerca de su persona, y en opinión de muy interesables, como el Varon de Molard camarero mayor de su Alteza porque no fuessen causa de algun inconveniente, de otra manera qualquiera causa y consejo por malo que sea tendra quien le apoye y sustente y que sirva de exemplo y acuerdo de la buena memoria del señor Don Juan, y la ruyna que le acarreó el señor Octavio Gonzaga porque en un estado tan lastimado y dispuesto a tantos peligros como el nuestro qualquiera cosa bastara a alborotar y precipitarle todo de suerte que tanto mas se ha de abrir el ojo y desvelarse en todas las cosas pequeñas y grandes que pueden criar alteraçión para obiar y prevenir el mal lo mas que se pudiere". 1061 “Instrucción a vos el Barón Maximiliano de Dietrichstain mi caballerizo mayor de los puntos que haveis de tratar con el rey mi señor y tío”, 12 de abril de 1594, Ibídem, leg. 607, f. 12. 1062 E. Ibarra a Común, 3 de abril de 1594, Ibídem, leg. 608, f. 150, "El varon Maximiliano de Dietristan cavalleriço mayor de su Alteza partira dentro de 3 o 4 dias. Embiale para que represente el estado en que quedan todas estas cosas, es honrrado cavallero y de los que trae su Alteza ninguno ay de tanta suerte y virtud. Yo se que no hablara en cosa mas de las que lleva en comission porque es grande christiano y muy compuesto personage pero ternia por conveniente al servicio de su Majestad que por el camino mejor que se pudiesse le mandasse examinar sobre particulares caseros que yo creo que apretandole por buen termino y especialmente entendiendo que haze servicio a Dios y a su Majestad no negara la verdad de lo que siente y porque una de las cosas que le ha de hazer estar mas duro es que si por lo que dixere ha de haver demostraçion como seria razon entendera el mundo siendo por su medio que ha sido emulaçión o otra competençia es menester andar diestramente con el aun yo no le he ossado tocar esta tecla, despues que le nombraron para la Jornada aunque antes muchas vezes nos havemos condolido ambos de lo que passa". 1063 Las respuestas de Felipe II y sus consejeros fueron dos, ambas con fecha del 4 de julio de 1594. La primera es “Lo que su Majestad mandó responder a los puntos de la instrucción en español que entregó el Barón Maximiliano Diatristain, cavalleriço mayor del serenísimo Archiduque Ernesto” en Ibídem, leg. 2222, f. 90, referida en su mayoría a asuntos militares. La segunda, “Lo que su majestad mandó responder a los puntos de la instrucción en alemán que entregó el Barón Maximiliano...” en Ibídem, f. 91 (también en el leg. 2450, s. f.), referente al Imperio. Además, Felipe II le dio una carta con fecha del 5 de julio, en la cual insistía en la necesidad de que los consejeros mejoraran sus relaciones.

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partes buscaran el entendimiento y la comprensión mutua1064. Este buen propósito se cumpliría, en parte, tras producirse en junio dos acontecimientos que relajaron la tensa atmósfera que se respiraba en el Palacio de Coudenberg: la marcha de Mollart hacia el Imperio para representar a Ernesto en la Dieta de Ratisbona, así como recoger a su esposa1065, y que el archiduque comenzara a desconfiar de Charles Mansfeld1066. Éste personaje había decidido que debía retornar de Francia, ya que desde el reino vecino su influencia era menor que la que podía ejercer si se encontraba en Bruselas, para lo cual solicitó a Madrid que le dejara ejercer su cargo de almirante en la provincia de Flandes. Ernesto y Esteban de Ibarra trataron de impedirlo1067 pero Felipe

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En diciembre de 1594 aún no eran conscientes en Madrid de la situación real de Flandes y los remedios que Felipe II mandaba a Ernesto no se ajustaban a la realidad (Ibídem, leg. 2222, f. 5). 1065 Felipe II solicitó a su sobrino, tras las peticiones de sus ministros en Flandes, que Mollart no retornara el Imperio, "Por lo mucho que desseo que V. Alteza tenga cabe si personas que le puedan descansar y servir y no al contrario he querido advertirle aquí como lo hiziera a mi hijo que es muy buena ocasión la de aver ydo a Alemaña el Barón Ernesto de Molar su camarero mayor para hazerle pasar allá y que no buelva ay y que si se hallare ya de vuelta de orden V. Alteza como se vuelva a Alemaña y resida alli usando para ello de los colores que paresçiere porque seguramente es esto lo que conviene para todo", 14 de julio de 1594, Ibídem, f. 2). Sin embargo, Mollart hizo caso omiso y volvió a Flandes a finales de año 1066 Ernesto a Felipe II, 20 de junio de 1594, Ibídem, leg. 607, f. 44, "Va descubriendo una condición tan vidriosa y tan amiga de aquello que se conforma con su voluntad y tan grande ambición de abraçar y aplicar para si el absoluto manejo y autoridad en todas las cosas que es muy dificultoso desencaxarle de aquellas que se presupone que le estan bien si bien son contra toda buena orden y razón y aunque lo que hasta agora se ha ofreçido no ha avido ocasión de sustancia para la demostración que será fuerça hazer con el quando no quiera reprimir su forma de proçeder porque ha avido algunas que me hazen temer que ha de buscar otras que me obliguen a enfrenarle me ha pareçido dar cuenta a V. Majestad que desde agora quedo con cuydado como me he de aver con el porque si por una parte considero los servicios de su padre la buena merced que V. Majestad le ha hecho y haze lo que trae entre las manos y quien pocas personas o ninguna de aca ay que pueda suplir aquello, tambien por otra se me representa que si echa de ver que por la neçessidad que tenemos del, que es de lo que haze mucho caudal, se le sufre lo que no es bien passara adelante hasta ponerlo en punto que para atajarlo sea menester mas fuerte remedio, pretende y haze fuerça que le de patente de Capitán General de V. Majestad en aquel reyno fundandolo en la narrativa de la patente de Almirante que V. Majestad le ha dado que dize que le esta sirviendo de cabo y general del exercito de francia y en que su padre en virtud desto le despacho otra en que le da titulo dello y en efecto quiere que yo le llame capitán general de V. Majestad en aquel exercito y que se le haga el trato como si lo fuesse". 1067 E. Ibarra a Común, 22 de junio de 1594, Ibídem, leg. 608, f. 85, "Su Alteza escrive algo a su tio y yo descargo mi conçiençia con acordar a V. S. S. que sino se mira a las manos deste hombre se les meterá por presente que quando quieran echarle fuera no podran. Tiene agudo y diabolico entendimiento y como descubrio temprano el humor deste nuevo governador emprendio el ganar las voluntades de quantos le paresçió que podían ayudar a su ambición y con tanta liberalidad que lo ha puesto mas adelante de lo que fuera menester y aunque de algunos dias a esta parte paresçe que su Alteza va reconosçiendo mas tierra en esto y el propio conde Carlos ha sido tan indiscreto que fiandose del lugar que se avia adquerido y de los padrinos que tiene le ha dado hartas occasiones para recatarse del por la autoridad que se ha ydo usurpando en el exercito y aca todavia la condición de su Alteza es mas dulçe de lo que negocios como este han menester y esto y la fuerça que con el tiene algunos criados suyos es de manera que aprovechan poco las diligencias que se hazen por nuestra parte para advertirle de lo que el

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II, cumpliendo la voluntad de su Consejo de Estado1068, lo permitió, ordenando a Fuentes que viajara de inmediato a Francia a ponerse al frente del ejército1069. Sin duda, en el ánimo del monarca y del Consejo pesó más la preferencia que habían mostrado desde un principio porque fuera el noble castellano y no el luxemburgués quien comandara las tropas en Francia, que conseguir mayor paz en la Corte bruselense, poniendo de nuevo de manifiesto las preferencias en la política internacional de la Monarquía durante esos años. Una vez concedido el permiso, Charles Mansfeld retornó a Flandes en julio, dispuesto a consolidar su posición en la Corte. Sin embargo, la oposición tan grande que se encontró, sobre todo por parte del archiduque y de los Ibarra, unida a la ausencia de su aliado Mollart, le convencieron de la imposibilidad de medrar y le llevaron a aislarse de forma voluntaria, yendo en primer lugar a tomar las aguas a Spa y luego a sus tierras en Luxemburgo1070. Allí permanecería hasta octubre, momento en que Ernesto le transmitió que Rodolfo II había hecho instancia por él para que fuera a ayudar al ejército imperial en Hungría, ante la alarmante escasez de buenos generales que sufría el Imperio1071. Mansfeld, ante las nulas perspectivas que se le presentaban en Bruselas, aceptó marchar a luchar contra la Sublime Puerta, para satisfacción del gobernador y de mesmo confiessa que conviene tenerle advertido. Ha dado el Conde Carlos de una vez en dinero 5000 ducados a Molart y luego le renunçió su regimiento con todo lo que se le devía de los gajes del y Molart lo aceptó y supplico a su Alteza le diesse la patente y su Alteza estuvo en ello hasta que yo le dixe que era contra lo que su Majestad pretendía que es que cada uno tenga el cargo que tiene y que no lo pudiendo servir Molart pues estava ocupado en su camara parescia que su Alteza devia buscar otros caminos para hazelle aquelle merced, con lo qual su Alteza se detuvo y viendo el conde que no podia haver efecto en la realidad, en lo secreto le ha hecho traspasaçión del dicho cargo dandole todos los provechos del como si fuesse effectivamente coronel. Y por medio deste hombe en 15 dias que aqui estuvo antes que volviesse a Françia se introduxo con su Alteza en todo genero de negocios tan familiarmente como si se huvera criado con el y hizo entre otras cosas que rescibiesse su Alteza a un Conde de Salma, primo del Carlos en su servicio siendo herege y que toda su vida ha seguido al de Bearne. Para remate desta platica tiene hecho conçierto con Mollart que si le haze haver el govierno de Flandes le dara 10000 florines al año de pensión". 1068 “Paresçer del consejo de Estado”, 4 de mayo de 1594, Ibídem, leg. 2855, s. f. Se decidió que debía tomar su puesto en Francia un militar castellano, en concreto el conde de Fuentes. Los únicos votos en contra de esta decisión fueron los del adelantado de Castilla y del archiduque Alberto, que prefería que Fuentes fuera a Piamonte y que el elegido fuera Alonso de Vargas. 1069 Felipe II a Ernesto, 5 de julio de 1594, Ibídem, leg. 2222, f. 89, "El primero es lo de la poca inteligencia entre los condes de Mansfeld y Fuentes, considerando lo qual y lo que a este propósito se me ha dicho de vuestra parte y la liçençia que pide el Conde Carlos para servir en su cargo de almirante he ordenado al de Fuentes por el otro despacho que se os embia que se encargue del exérçito de Francia en que no faltara que hazer por buenos dias, y acabado aquello le permitiré que use de la liçençia que me avia pedido y le tengo suspendida para venirse aca y assi cessaran estas porfias y emulaçiones, pero para lo de Francia os encargo mucho que assistays y acudays al dicho Conde de Fuentes con el cumplimiento possible de todo lo neçessario para empressa tan importante". 1070 Malvasia a Aldobrandino, 30 de julio de 1594, ASV, Fiandra, leg. 3/II, f. 161 v. 1071 Ernesto a Felipe II, 29 de octubre de 1594, AGS, E., leg. 607, f. 85.

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la mayoría de los consejeros de Bruselas. En febrero de 1595 partió hacia Hungría, donde participó en varias escaramuzas contra los turcos hasta su fallecimiento en una de ellas el 14 de agosto del mismo año. De esta manera, desaparecía de la esfera política flamenca uno de los personajes más polémicos y controvertidos de finales del siglo XVI, aunque su ausencia no consiguió que cesara la dialéctica entre los ministros de Felipe II y los servidores de Ernesto1072. En efecto, a finales de año la desconfianza entre el archiduque, Esteban de Ibarra y el conde de Fuentes era tan grande que no pasaba desapercibida a ningún observador1073. Aunque algunos autores han querido resaltar la cercanía de Ibarra a Ernesto1074, no debía ser tal si atendemos a las quejas del secretario1075, que solicitó una 1072

E. Ibarra a Común, 22 de junio de 1594, Ibídem, leg. 608, f. 86, "El Conde Juan Jacomo Beljoyoso me ha dicho oy que antier en un vanquete que se hallo el secretario de su Alteza Mosternac después de aver venido bien metiendose en platicas dixo a gritos que el Archiduque no podia dexar de perderse porque no guardava las Instrucciones que le avia dado el emperador su hermano, que le avia dado orden expresa que se guardasse de españoles y no admitiesse su consejo aunque se lo mandase el Rey y que el lo hazia al acontrario y que mientras aqui huviesse Españoles no podia aver bien ni paz en estos estados y que si el Rey los sacava el emperador se obligaria a apaciguarselos y hazerle señor dellos sin echar mano a la espada. Es el Conde hombre cuerdo y aficionado vassallo del Rey y afirmolo de manera que me ha parecido escrivirlo a V. S. S. aunque para mi tengo permisas que fue borrachera del secretario y quererse mostrar hombre que sabe los secretos porque de platicas que ha tenido el Archiduque conmigo he entendido que no estan muy conformes y que esta muy quexoso del Emperador y agora mas porque yo he visto carta de mano propria de Don Guillen para el Archiduque en que le dize que la elección del rey de Romanos en su persona seria muy cierta en esta dieta si el emperador quisiesse hazer muy poca fuerça en ello y que le veya muy tibio y tan mal inclinado que aun proponerlo no savia que lo haria y mostromela el Archiduque para dezirme la poca obligación que tenía a su hermano diziendome hartas cosas de su condición y esto no me pareçe que viene con lo otro aunque el modo de agora no se pareçe a otros que solían. Ruynes criados pueden hazer mucho daño y aqui muy grandes palabras como aquellas en público y otras como estas quanto a los españoles yo se siguramente que las dixo aqui Molart y hasta que este castillo estuviesse arrojado y sembrado de sal no podia flandes estar bien y el Archiduque que lo supo y se lo riño pero luego es la disculpa que estan borrachos y con esto se perdona". 1073 Los rumores llegaron hasta Madrid, como expresó A. Cabeza de Vaca al Conde de Gondomar el 20 de octubre (BPRM, Ms. II/2149, doc. 260) o el 3 de diciembre, (Ibídem, Ms. II/2162, doc. 111), Roma, "De Amberes a 6 de Agosto escriven que entre el serenísimo Archiduque Ernesto y el Conde de Fuentes y el señor Esteban de Ibarra ay grandes diferencias por haver el dicho Conde de fuentes escrito cartas en españa contra la persona del dicho Archiduque las quales fueron interceptas de los estados y embiadas al dicho Archiduque", (Avisos de Roma, 3 de diciembre de 1594, RAH, Papeles de Jesuitas, 9/3689, f. 120 r.) e, incluso, Portugal, “Escribo esta con cólera del desatino que de essa Corte y de todo el mundo se escribe de una questión entre el Archiduque Ernesto y el Conde de Fuentes”, (Portalegre a Velada, octubre de 1594, Ibídem, Ms. K-9, f. 8 v.). 1074 L. VAN DER ESSEN, "Un "cahier de doléances" des principaux Conseils des Pays-Bas concernant la situation des "provinces obéissantes" sous le gouvernement de l´archiduc Ernest (1594-1595)", BCRH, 88 (1924), p. 292. 1075 Esteban de Ibarra, incluso, llegó a enviar dos memoriales anónimos a Madrid en los que expresaba su pensamiento ante la gravedad de la situación. En ellos criticaba a Charles Mansfeld, Mollart y Westernach y los manejos que llevaban a cabo en el ejército para proveer compañías de hombres en gente de la Casa de Ernesto como Montesculi, Jehan Mollart, Visconti o Gilbert de Saint-Hilaire (“Para que se considere a lo que tira la forma del gobierno

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licencia para volver a Madrid1076, y a las de Ernesto, que llegó a expresar sus dudas sobre él a Felipe II. Por su parte, la relación entre Esteban de Ibarra y Fuentes no era muy diferente y estaba presidida por el recelo1077, lo que se plasmaría meses después en que el secretario, al contrario de lo que rezaban sus instrucciones, no pudiera despachar la correspondencia del conde castellano cuando se convirtió en gobernador, ya que este siguió utilizando a su propio secretario Isidro Morán1078. Tras comprobar que los enfrentamientos en su Corte no remitían, Ernesto decidió enviar a Madrid a un nuevo emisario para que expusiera sus puntos de vista. Incomprensiblemente, el elegido para realizar tal misión fue Diego Pimentel, sobrino del conde de Fuentes1079. Esta elección nos puede dar una idea de la candidez política y personal del archiduque, que pretendía limitar la influencia de Fuentes sobre su sobrino para que sirviera a su gusto1080, lo cual era una utopía, tal y como corroboró Antonio Crespo, que recomendó a Felipe II que se interrogara a Pimentel sobre el archiduque y su escasa valía personal1081. El viaje de Pimentel se retrasaría hasta enero de 1595 y no tuvo efecto alguno, ya que cuando las discusiones en Madrid acabaron, Ernesto había fallecido. Además, aunque el enviado hubiera sido otro, las quejas que hubiera podido verter contra los consejeros castellanos hubieran caído en saco roto, ya que contaban con el respaldo del Consejo de Estado en Madrid. Entre ellos se encontraba Esteban de

presente y qué remedios se hauran de aplicar para atajar los ynconvinientes que forçossamente han de resultar desta forma de proceder, se haze representación de los puntos que se siguen”, s. d. (finales de 1594), AGS, E., leg. 609, f. 103 y “Puntos de cosas que piden consideración y remedio”, s. d. (finales de 1594), Ibídem, leg. 610, f. 11). 1076 Esteban de Ibarra a Común, 3 de septiembre de 1594, Ibídem, leg. 608, f. 100. El f. 101 es una carta del 6 de septiembre al rey, solicitando la licencia. 1077 Así lo constató J. Lefèvre en La Sécretairerie d´État et de Guerre..., pp. 57-58. Fuentes reprochaba a Ibarra la gran cantidad de dinero que se había gastado en el hospital real desde que Ibarra llegó a Flandes, en relación a las pocas salidas que había hecho el ejército (como vemos en “Lo que se debe remediar acerca del hospital Real”, s. d. (hacia 1594), IVDJ, Envío 47, doc. 503). Ibarra, por su parte, se quejó, al igual que había hecho en 1593, de que Fuentes no quisiera hacerse cargo del ejército (E. Ibarra a Común, 6 de enero de 1595, AGS, E., leg. 610, f. 2) 1078 A. ESTEBAN ESTRÍNGANA, Guerra y finanzas en los Países Bajos católicos..., p. 40. 1079 E. Ibarra a Común, 3 de noviembre de 1594, AGS, E., leg. 608, f. 127. Según A. CARNERO, op. cit., p. 303, fue enviado para informar de si se debían quitar o no las contribuciones que hacían los campesinos de Flandes a las tropas del rey. Sin embargo, como explicamos supra, los motivos fueron otros. 1080 Sus instrucciones datan del 30 de enero de 1595 (AGS, E., leg. 609, f. 88) y versaban, en gran medida, sobre ejército y dinero. El f. 89 era una instrucción particular donde el archiduque recalcaba a Pimentel que debía hacer comprender al rey que él se había esforzado mucho al ir a Flandes y que se debía hacer lo posible por ayudarle. De igual manera, defendía la Junta de notables que había mandado convocar y pedía merced para sus criados más cercanos (Mollart, Westernach, Dietrichstein y el vizconde Octavio). El f. 90 trata sobre el estado de las cosas de Francia y en los folios siguientes aparecen otros papeles de menor importancia. 1081 El jesuita escribió a Madrid en dos ocasiones, el 12 de noviembre de 1594 (Ibídem, f. 97), y el 4 de febrero de 1595 (Ibídem, f. 98).

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Ibarra, cuya condición de “hechura” de Idiáquez le supuso, además de no ver mermada su reputación, recibir 3000 ducados de ayuda de costa1082. Sin duda, el crédito que mantenía en Madrid, le permitió poder influir sobre Ernesto cuando la vida de este tocaba a su fin. Cuando el archiduque comenzó a enfermar a comienzos de febrero de 1595, se hizo patente la necesidad de un lugarteniente que le ayudara y que, en caso de deceso, se pudiera hacer cargo del gobierno. La opción primigenia de Ernesto era Pierre-Ernest de Mansfeld pero Ibarra era consciente de que el noble luxemburgués había agotado su crédito en Madrid tras los incidentes acaecidos durante sus gobiernos anteriores, además de no ser de su agrado por la perniciosa influencia que ejercía sobre él su hijo Charles, por lo que apoyó la candidatura del conde de Fuentes. Aunque su opinión con respecto a él tampoco era muy buena suponía, sin embargo, la opción menos perjudicial para sus propios intereses y contaba, además, con una patente en francés sin fecha que podía utilizar para hacerse cargo del gobierno1083. Para convencer a Ernesto de la idoneidad de Fuentes1084, Ibarra tuvo que superar las dificultades que le plantearon el propio archiduque y sus servidores que, ante el oscuro panorama que se les presentaría tras la muerte de su señor, intentaron persuadir a su señor para que intentara que Ernesto de Baviera, elector de Colonia, ocupara su puesto. El gobernador no quiso satisfacer su petición pero Mollart y Westernach, aún así, escribieron al elector, que se mostró dispuesto a acudir a Flandes; su marcha a las “Tierras Bajas” solo fue impedida por la prematura muerte del archiduque1085.

1082

Felipe II a Ernesto, 17 de diciembre de 1594, Ibídem, leg. 2222, f. 36. E. Ibarra a Felipe II, 6 de marzo de 1595, Ibídem, leg. 610, f. 10, "En el nombramiento que S. A. hizo del Conde de Fuentes estuvo perplejo y con grande inclinaçión de nombrar al Conde de Mansfelt y lo disputo conmigo buen rato aunque estaria en aquel estado y no quiero callar a V. Majestad agora, que lo que me hizo estar fuerte en la election del Conde de Fuentes demas de haver visto aquella patente de V. Majestad fueron las consideraciones siguientes: la primera estar aqui el Conde a la mano y en materia de disputa ser el sujeto mas fiel y seguro que se podia eligir, Lo segundo que el Conde de Mansfelt en esta ocassion hiziera gran falta en Luzemburgo estando los enemigos haziendole la guerra en aquella frontera y mucho mas que esto temi que si se llamava al Conde de Mansfelt para venir aqui a governar saviendolo su hijo el Conde Carlos que no estava mas de tres jornadas de alli bolveria de la que hazia para Alemaña por gozar desta ocassion y meterse en aquel govierno que es cosas que el tanto dessea. Tras esto tambien se me represento que viniendo a governar el de Mansfelt las armas no quedaran con dueño pues el Conde de Fuentes menos las tomaria agora que la vez passada y que quedando el Conde de Fuentes en todo havía mas apariençia de hazerle encargar dello como agora le voy persuadiendo a ello. Algunas destas razones dixe a S. A. en las replicas que huve de hazerle para apartarle de la determinaçión de nombrar al Conde de Mansfelt y le satisfizieron de manera que vino en lo que hizo que a lo que mi juizio alcança es lo que convino por agora para dar mas intervalo para que V. Majestad provea el que conviene". 1084 Sobre ese proceso, A. DOUTREPONT, op. cit., pp. 640-641. 1085 E. Ibarra a Felipe II, 6 de marzo de 1595, AGS, E., leg. 610, ff. 10 y 13. 1083

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El 19 de febrero, una vez vencidos todos los impedimentos, Ibarra emplazó a los componentes del Conseil d´État a que acudieran a la habitación de Ernesto. En ella, se les comunicó la decisión sobre el sucesor del archiduque y se firmó un auto para evitar las protestas de Mansfeld1086. Fuentes aceptó encantado y escribió al instante a Madrid para que se ratificara dicha decisión1087, consiguiendo de esta manera colmar sus aspiraciones políticas en Flandes.

7.1.2.- Su acción de gobierno: el fracaso de las negociaciones con los rebeldes, la escasa actividad militar y la Junta de notables Pese a que su acción de gobierno se vio dificultada por los múltiples enfrentamientos entre consejeros que hemos visto, el archiduque Ernesto trató de llevar a cabo algunas actuaciones encaminadas a corregir los problemas que acuciaban a los territorios de los que era gobernador. Sus mayores esfuerzos estuvieron orientados, sin duda, a agilizar el inicio de conversaciones con los rebeldes para lograr la pacificación1088, con el fin de lograr que su tío pudiera dedicar sus enormes recursos en la lucha contra los turcos. Además, la casi completa ocupación de los Tercios de Flandes en las intervenciones en Francia había hecho frenar el avance de las tropas de la Monarquía tanto en el norte como en el sur de los Países Bajos, por lo que se imponía lograr una tregua que facilitara una futura acción de gobierno. Para intentar abrir las negociaciones Ernesto decidió enviar a dos emisarios a los rebeldes, acción totalmente independiente de las que estaba llevando a cabo Charles de Tisnacq y que no contaría con el permiso explícito de Felipe II, aunque sí con la anuencia del Conseil d´État de Bruselas. Esta delegación debía ofrecer unas condiciones basadas en la Pacificación de Gante, lo que, a priori, parecía razonable para ambos bandos. Sin embargo, su misión fue un rotundo fracaso, ya que las Provincias Unidas expresaron sus reticencias sobre una proposición que creían partía de los ministros castellanos más que del propio archiduque1089, y el intento de asesinato de Mauricio de Nassau en abril les dio la excusa perfecta para evitar iniciar las conversaciones. 1086

La relación de los hechos en ID., 19 de febrero de 1595, Ibídem, ff. 5-6 y Fuentes a Felipe II, 20 de febrero, Ibídem, leg. 609, f. 2. La declaración de Ernesto, también del 19 de febrero, sobre su decisión de nombrar a Fuentes como gobernador en CPh. II, IV, nº 837, p. 287. 1087 Fuentes a Común, 20 de febrero de 1595, AGS, E., leg. 609, f. 3. 1088 Para las conversaciones de paz durante el gobierno de Ernesto, H. de SCHEPPER, “Los Países Bajos y la Monarquía Hispánica...”, pp. 338-339. 1089 Según H. Khevenhüller, los Estados le contestaron que él tenía muy buena voluntad, mientras "Que el consejo de España no tenía otra intención sino valerse de la industria, trabajo y autoridad de su alteza para conseguir sus intentos, y que para este fin le avían dado por consejeros al conde de Fuentes, a Guillelmo de Sant Clemente, a Esteban de Ibarra, todos

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La respuesta enervó al archiduque Ernesto, que la achacó a que los Estados llevaban varios meses sin sufrir presión militar, por lo que las conversaciones quedaron totalmente bloqueadas1090. Pese a todo, decidió consultar con su hermano Rodolfo y en abril envió al Imperio al marqués de Havré y a Jean de Hattestein, presidente de Luxemburgo, con el objetivo de participar en la Dieta Imperial y buscar en ella un consenso sobre la manera de actuar1091. Una vez el emperador realizó su propuesta para lograr la paz retornaron a Flandes1092, pero la iniciativa imperial también fracasó. Desde ese mismo momento, Ernesto dio por cerrada la vía negociadora y ni siquiera los llamamientos de la Junta de notables le hicieron reconsiderar su posición. Al igual que les había sucedido a Requesens o a don Juan de Austria, el sobrino del rey tuvo que modificar su opinión inicial de que era posible llegar a una solución pacífica con los rebeldes y se vio obligado a optar por la vía militar; esta obtuvo escasos frutos, como era previsible ante el lamentable estado de las tropas y el poco interés mostrado por Fuentes tras habérsele denegado el cargo que demandaba. Además de este asunto, el archiduque intentó también aplicar una batería de medidas para corregir algunas cuestiones de funcionamiento interno, siendo una de las principales la convocatoria de una serie de Juntas destinadas a estudiar los diferentes campos donde era necesario llevar a cabo reformas1093. De igual manera, decidió reforzar el Conseil d´État con nuevos miembros, lo que fue considerado un acierto por Felipe II, y desde Madrid se decidió que Lindanus, obispo de Amberes, Solre y Juan Bautista de Tassis eran los candidatos perfectos1094. Sin embargo, la medida más importante fue la convocatoria de una Junta extraordinaria con los notables de Flandes, destinada a buscar posibles soluciones a la precaria situación. españoles, los quales tienen órdenes y mandatos de España para que informen y instruían a su alteza en que nobles de Flandes se puede fiar, de que modo a de governar las provincias, y que trazas y manera a de tener para poner en orden las provincias confederadas" (El diario..., p. 433). 1090 Ernesto a Felipe II, 4 de septiembre de 1594, AGS, E., leg. 607, f. 60. 1091 ID., 2 de abril de 1594, Ibídem, f. 10, "El Marques de Havre ha ya partido para hallarse en la dieta. Ha sido fuerça echar mano del porque en la presente occasion no he hallado sujeto en quien concurran menos inconvenientes, tan escaso me hallo de personas de quien echar mano. Va con el el Presidente de Luzemburg que esta ya experto en aquellas materias". 1092 “Lo que su Majestad Católica mandó responder a lo que de parte de su majestad Cesárea le propuso el Conde de Franquemburgh su embaxador sobre lo de Holanda y Zelanda”, diciembre de 1594, Ibídem, leg. 2222, f. 53. Las proposiciones de Rodolfo II tienen fecha del 10 de septiembre y se encuentran en el mismo legajo, en el f. 54. 1093 En concreto, dichas Juntas se referían a la reducción de gastos en el ejército y en la artillería, justicia, gobierno y policía (Ibídem, f. 95). 1094 Felipe II a Ernesto, 22 de junio de 1594, Ibídem, leg. 2222, f. 20. El nombramiento de Tassis conllevó grandes dificultades, pues los consejeros de longue robe no aceptaron de buen grado su elección y procuraron relegarle al último lugar del Consejo (la documentación sobre el asunto en AGR, Audience, leg. 1470/4 y AGS, E., leg. 609, ff. 102, 106 y 107 y leg. 610, ff. 161-166).

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La idea partió de Juan Bautista de Tassis, que propuso que se convocara a la discusión a los gobernadores de provincia, obispos, caballeros del Toisón y nobles1095, Junta similar, en cierto modo, a la convocada dos décadas atrás por Requesens. Las conversaciones para lograr que se hiciera efectiva se alargaron durante varios meses hasta que, finalmente, se celebró en Bruselas desde el 17 hasta el 19 de enero de 1595, con escasos resultados. Ya dicha reunión había nacido condenada al fracaso porque Esteban y Diego de Ibarra, así como el conde de Fuentes, estaban en contra de su celebración, puesto que creían que solo serviría para que los notables flamencos pasaran factura a los ministros castellanos como, en efecto, sucedió. Los servidores de Ernesto, por su parte, permanecieron en un inteligente y discreto segundo plano, no interviniendo en las discusiones. El previsible enfrentamiento se desencadenó tras la petición de Aerschot y del arzobispo de Cambrai de que los miembros del tribunal de la Visita se presentaran ante los notables para dar cuenta de sus actuaciones. Estos se negaron a acudir, por lo que Esteban de Ibarra intervino en su lugar. Aerschot no lo aceptó de buen grado y le exigió de forma vehemente que enseñara la comisión real sobre dicho tribunal, ante lo que Ibarra se marchó enojado de la Junta sin contestar1096. Richardot y Aremberg trataron de calmar al secretario castellano, pero la reconciliación era imposible, ya que los enfrentamientos entre ambos ministros databan de cuando el duque de Alba estuvo en Flandes y Esteban de Ibarra era secretario de su hijo Fadrique. Este último episodio no fue más que la gota que colmó el vaso y la encerrona hizo que la desconfianza del secretario castellano hacia los ministros flamencos, ya notoria, llegara a un punto de no retorno. La Junta, tras las oportunas deliberaciones, elaboró un documento a través del audiencier Pierre Verreycken, en el cual se pueden apreciar los principales intereses que

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Acudieron a dicha reunión, finalmente, los siguientes personajes; en cuanto a religiosos, el arzobispo de Cambrai, los obispos de Arras, Amberes y Saint Omer, y los abades de Sint-Vaast y Maroilles. Nobles fueron Aerschot, Havré, el príncipe de Chimay, Arembergh, Boussu, los condes de Berlaymont, Ligne, Beaurain y Solre, los señores de la Motte y de Oignies y el marqués de Varambon. Igualmente, acudieron algunos miembros de los Consejos Colaterales como el presidente del Consejo Privado, Jehan vander Burcht, y los consejeros Asonville y Richardot junto a los secretarios Moriensart, Verreycken y Prats. De igual manera, acudieron a dar cuenta de su situación los miembros del Conseil Privé y del Conseil des Finances. 1096 “Relación de lo que passo el Duque de Ariscot con Esteban de Ibarra en la Junta de los Perlados y caballeros destos stados en XVII de henero de 1595 en Bruselas”, AGS, E., leg. 609, f. 104. Habla sobre ello J. LEFÈVRE en La Sécretairerie d´État et de Guerre..., pp. 60-61 y en “Le Tribunal de la Visite...”, pp. 75-77.

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movían a los flamencos1097. Las discusiones se centraron en la religión, la cual consideraban que se encontraba en buena situación, el ejército, que se debía reformar para que no molestara tanto a la población, y el estado de la guerra y las fortificaciones de frontera. Por último, se decidió que Florent de Berlaymont1098 viajara a Madrid para informar sobre los acuerdos tomados1099, así como llevar consigo una cascada de memoriales en los que se pedían mercedes al “Rey Prudente”1100. Para tal fin, iría acompañado de varios agentes de flamencos notables como Anthoine de Zoete, del marqués de Havré, Charles Cloqmans, de Aremberg, Anthoine de Munde, del conde de Solre, y François Marchant, de parte de Justus Lipsius y del gobernador de Gravelinas Philippe de Guernoval1101. La elección de Berlaymont no estuvo exenta de polémica, ya que se rechazó la candidatura de Solre, que se sintió ultrajado, consiguiendo el conde de Fuentes convencerle de que su presencia en Flandes era de mayor utilidad, lo cual aplacó su ira1102. Pese a esta embajada, el fruto de la reunión fue escaso, ya que las peticiones, como veremos, no fueron escuchadas y solo sirvió para volver a constatar la desconfianza existente entre los diferentes ministros que se encontraban en Flandes, lo cual lastró inevitablemente el breve gobierno de Ernesto.

El 20 de febrero de 1595, a las 12 de la noche, expiró el archiduque Ernesto con apenas 42 años de edad; fallecimiento acelerado, sin duda, por las múltiples fatigas 1097

Dicho documento (“Traslado del parecer y aviso que dieron los señores y caballeros principales del pays así eclesiásticos como seglares con intervención del Consejo de Estado de su Majestad en la Junta que huvo en Bruselas a los 18 y 19 de enero del año 1595 por orden del Alteza del serenísimo Archiduque Ernesto que Dios tenga en el cielo”), se encuentra publicado en L. P. GACHARD, Actes des états généraux de 1600, Bruselas, 1859 y analizado en L. VANDER ESSEN, “Un “cahier de doléances”...”, pp. 291-311, donde Essen hace referencia a un cuaderno de quejas de los Estados que se utilizó en dicha Junta. Hoy en día se conservan, al menos, tres copias de las decisiones tomadas sitas en AGR, Audience, leg. 1187, s. f., AGS, E., leg. 609, f. 118 y AHN, E., libro 714, s. f.. 1098 Conde de Berlaymont y señor de Floyon. Hijo de Charles de Berlaymont y de Adrienne de Ligne, comenzó a ejercer en la vida eclesiástica como canónigo de la iglesia de Lieja. Posteriormente, pasó a la carrera de las armas, llegando a ser gobernador de Namur, Artois o Luxemburgo y caballero del Toisón. Estuvo en Madrid en 1595 como enviado de los Estados y en 1597 acudió a felicitar al rey danés por su coronación. Casó en primeras nupcias con Hélène de Melun, viuda de Montigny, y en segundas con Marguerite de Lalaing. Al final de su vida fundó el convento de Berlaymont en Bruselas, falleciendo en Namur el 8 de abril de 1626 (Ch. RUELENS (ed.), Le passetemps de Jehan Lhermite, Amberes, 1890, I, pp. 273-274, n. 1 y A. de CEBALLOS-ESCALERA y GILA (dir.), La insigne orden del Toisón, Madrid, 2000, p. 296). 1099 Las conclusiones de Ernesto sobre dicha Junta en “La suma del razonamiento que su Alteza ha hecho de los personajes que ha llamado a Bruselas para consultar del estado de las cosas presentes”, s. d. (h. febrero de 1595), AGS, E., leg. 609, f. 119. 1100 Dichos memoriales en Ibídem, ff. 120-135. 1101 J. LHERMITE, op. cit., p. 263. 1102 E. Ibarra a Felipe II, 30 de abril de 1595, AGS, E., leg. 610, f. 70.

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ocasionadas por su oficio de gobernador. Su llegada a los Países Bajos había sido vista como una cura milagrosa para los males que asolaban aquellas tierras, pero su mandato no respondió a las expectativas y la situación a su muerte resultaba aún más grave, si cabe, que la que se podía observar al comienzo de su gobierno.

7.2.- A la espera del archiduque Alberto (1595-1596) La muerte de Ernesto provocó gran incertidumbre en Flandes, ya que se confiaba en que su gobierno iba a ser duradero y no se había discutido apenas sobre su sucesión. Debido a ello, el apresurado nombramiento del conde de Fuentes, como ya barruntaba Esteban de Ibarra1103, auguraba reacciones negativas, tanto por parte de los ministros flamencos como de los servidores de Ernesto o de los Estados Provinciales. En cuanto a los naturales de esas tierras, podemos destacar las vehementes reclamaciones tanto de Mansfeld como de Aerschot. El primero se encontraba en Luxemburgo y fue avisado del luctuoso acontecimiento por carta del Conseil d´État de 21 de febrero. Como ya constatara el profesor Schepper a través de su respuesta1104, el antiguo gobernador interino se mostró dolido por no haber sido consultado sobre la elección, así como por que el propio Fuentes no se lo hubiera comunicado, lo que se solventó con el envío del teniente Gaspar Zapena para tal fin1105. Las protestas del noble luxemburgués no fueron más allá, ya que su elevada edad y la ausencia de su hijo le habían restado arrojo y decidió permanecer en Luxemburgo, a la espera de nuevos acontecimientos1106. Ni siquiera la alianza antinatura pergeñada por Aerschot y su hijo, orientada a que no se aprobara el nombramiento de Fuentes, le sedujo1107.

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ID., 19 de febrero de 1595, Ibídem, f. 5, "Le hago cierto que ha de ser muy mal admitido (Fuentes) y no tanto por español aunque este es harto grande inconviniente para ellos como porque esta mal quisto entre los del consejo de estado que se hallaron a la declaración que su Alteza ha hecho eran dos el Marques de Habre y el de Arambergue. Ninguno disimuló el sentimiento pero hale mostrado mucho mayor el de Habre y el de Ariscot lo toma como se dexa considerar. Del de Mansfelt aunque no ha de gustar dello hago menos caso porque soy cierto de su bondad. Presto veremos en lo que para y presto es menester que V. Majestad embie aqui lo que falta presuponiendo que en la tierra no ay conquien hinchierlo y a mi parecer de los sujetos que aqui quedan ninguno suficiente para ello". 1104 H. de SCHEPPER, "Una reacción -criptográfica- sobre la toma de posesión del gobierno de Flandes por Fuentes, 1595", Archives et Bibliothèques de Belgique, 40 (1969), pp. 270-278. 1105 Fuentes a Felipe II, 28 de marzo de 1595, AGS, E., leg. 609, f. 14. 1106 Guillén a J. Idiáquez, 8 de abril de 1595, Ibídem, leg. 702, s. f., "Después acá no he sentido ruydo ninguno en Flandes de que estoy contentísimo y no poco de que en esta ocasión el Conde Carlos de Mansfelt se halle aquí porque el mismo dize que impidiera el govierno del Conde de Fuentes”. 1107 Así lo constataba Esteban de Ibarra el 16 de marzo de 1595 (Ibídem, leg. 610, f. 25), que se quejaba de “que para hazer con él este oficio no son enemigos aunque para todo lo demás lo sean”.

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Aerschot, por su parte, siempre se había mostrado muy activo a la hora de protestar y en esta ocasión no fue menos. Nada más enterarse del óbito marchó de sus tierras a Bruselas, a pesar de los intentos de Ibarra y Fuentes por que no lo hiciera1108. Una vez en la capital, expresó su cólera ante una decisión que le parecía injusta y fuera de todo derecho1109. El duque pudo ser controlado tras algunas negociaciones y, resignado, retornó a sus tierras. Una vez en ellas, decidió que era hora de emprender ese viaje a Loreto que había suspendido con anterioridad, falleciendo durante el mismo, mientras se encontraba en Venecia el 11 de diciembre de 1595 a los 69 años de edad1110. Su hijo, príncipe de Chimay y nuevo duque de Aerschot tras la muerte de su padre, secundó las reivindicaciones de su progenitor, pero, al igual que este, cedió en sus pretensiones al poco tiempo1111. Sin duda, el fracaso de ambos personajes se debió a tres cuestiones fundamentales: su ausencia de Bruselas en el momento del fallecimiento, el tiempo que tardaron en contestar -lo cual sirvió a los castellanos para mitigar el efecto de sus protestas y convencer a los demás de que la elección de Fuentes era la mejor solución y 1108

E. Ibarra a Común, 21 de febrero de 1595, Ibídem, f. 8. Aerschot defendía que el derecho de ser gobernador le correspondía a él, aunque ya le hubieran relegado al elegir a Mansfeld anteriormente, pues la elección de Fuentes iba contra los fueros de Flandes y ningún hispano que no fuera príncipe de la sangre podía gobernar. El Conseil d´État trató de aplacarle, informándole de que era una medida provisional hasta que Felipe II se pronunciara. Ante su negativa, Havré propuso que Fuentes tomara el ejército y Aerschot, junto al Consejo de Estado, el poder político. Los castellanos se negaron en redondo y consiguieron aplacar el estallido de cólera de Aerschot tras reunirse con él (E. Ibarra a Felipe II, 6 de marzo de 1595, Ibídem, f. 4). 1110 C. COLOMA, op. cit., libro octavo, pp. 10-11. 1111 Charles III de Cröy nació en Beaumont el 1 de julio de 1560. Contaba solo 17 años cuando los Estados Generales le nombraron lugarteniente de su padre en el gobierno de la villa y castillo de Amberes. El 3 de septiembre de 1580 casó en Aix-la-Chappelle con Marie de Brimeu, condesa de Meghem y viuda de Lancelot de Berlaymont, recibiendo el título de príncipe de Chimay. Por influjo de su mujer y de su empleado Louis d´Ennetieres adoptó la religión calvinista y entró al servicio de los Estados Generales pese a los intentos de su padre por evitarlo, siendo recibido por Orange en Amberes con los brazos abiertos. Sin embargo, poco después ayudó a la vuelta al bando real de la ciudad de Brujas y se reconcilió con el rey y con la Iglesia. Participó en la toma de Amberes y también en las campañas de 1586 y 1587, así como en el socorro del elector de Colonia en 1588 y en la campaña a Francia de 1590, a la que acudió como chef y general de todas las bandes d´ordonnance. Posteriormente, acudió al socorro de Rouen y estuvo con Farnesio hasta su muerte. Fue nombrado gobernador, capitán general y grand-bailli de Hainaut y Valenciennes, así como coronel de un regimiento de valones en 1593. En 1595 acompañó a Fuentes a su expedición a Francia y ese año, al morir su padre, tomó posesión de todos los dominios y títulos de la casa de Cröy, aunque el relevo oficial no se produjo hasta el 31 de julio de 1597 delante de la corte feudal de Hainaut. Alberto le encomendó diversas misiones como el gobierno de Artois en 1596 tras la muerte de Varambon o formar parte de la delegación que fue a París como rehenes tras la paz de Vervins . En 1611 fue nombrado chef des finances por los Archiduques, falleciendo al poco tiempo, sin hijos, en Beaufort-en-Artois el 13 de enero de 1612 (L. P. GACHARD, Notices des archives de M. le duc de Caraman, précédée de recherches historiques sur les princes de Chimay et les comtes de Beaumont, Bruselas, 1845, pp. 31-52 y G. MARTIN, op. cit., pp. 33-34). 1109

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la deseada por Felipe II-, y que su momento político ya había pasado, por lo que su influencia era menor que en ocasiones anteriores. Los servidores de Ernesto, por su parte, también reclamaron ante la elección de Fuentes, ya que significaba para ellos la pérdida de toda posibilidad de influencia, aunque ya la muerte del archiduque y la marcha de Flandes de Charles Mansfeld les había dejado sin cobertura política. Su única esperanza era que algún príncipe del Imperio fuera reclamado como nuevo gobernador y se hiciera cargo de la Casa del archiduque. El fracaso de las gestiones con el elector de Colonia hizo que su situación se tornara aún más precaria, por lo que desde ese momento únicamente pugnarían por conseguir que Felipe II se hiciera cargo de las deudas que Ernesto había contraído con ellos. El vizconde Ottavio Visconti fue enviado al Imperio para pulsar el sentimiento de Rodolfo II, al tiempo que Fuentes les concedía 4000 ducados para que se mantuvieran durante un tiempo1112. Las dificultades para deshacer la Casa del archiduque se prolongaron hasta 1598

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, aunque Felipe II se hizo cargo en 1595 de las pagas que se adeudaban a los

criados para poder licenciarles. Esta premura fue debida, en gran medida, a lo molesto de su presencia en Flandes, circunstancia que se agravaría cuando se conoció que el nuevo gobernador iba a ser el archiduque Alberto; sin duda, los consejeros castellanos en los Países Bajos temían que estos servidores aprovecharan su relación con el Imperio para arrancar al sobrino del rey sus objetivos1114. Estas predicciones se cumplirían en cuanto el nuevo gobernador llegó a Bruselas, ya que los antiguos servidores de Ernesto consiguieron su firme apoyo para que Felipe II pagara la totalidad de las deudas de su hermano. Para ello, Alberto propuso al rey que se enviara dinero para el desempeño de las joyas de Ernesto, que Mollart y Westernach habían utilizado como garantía para

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Fuentes a Guillén de San Clemente, 1 de marzo de 1595, AGS, E., leg. 609, f. 8. Más en profundidad en nuestro artículo, “La Casa del archiduque Ernesto...”, pp. 200-202. 1114 Así expresaba Charles de Tisnacq esos temores a Felipe II el 25 de junio de 1595 (AGS, E., leg. 610, s. f.), "Por lo primero conviene al servicio de su magestad y del serenísimo Archiduque Cardenal para su buen açertamiento que antes que entre en estos estados, se despida la casa del Archiduque Ernesto y sea vuelta a Alemaña, especialmente los dos molartes hermanos que hazen aqui muy malos offiçios todavia contra la naçión española en desserviçio de su magestad y son los que mas han perdido y dañado la buena reputaçión del Archiduque Ernesto aviendose gobernado muy mal, y la casa del dicho Archiduque según paresce por lo que han gastado tan sin orden y sin quenta mas no podia ser otra cosa, porque nunca la ubo, ni Bureo, ni tiempo para ello, estando siempre borrachos o a la mesa por quatro o çinco horas, cosa estraña y de espanto que criados obiessen de gastar tanto tiempo en comer, que si están aquí a la llegada del Archiduque Cardenal querranse valer del favor del emperador y de la casa de Austria y ninguno dellos es bueno para aca, salvando la honrra a Maximiliano Dietrichstein y a Octavio Visconte, que son muy honrrados”. 1113

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conseguir la liquidez necesaria para licenciar a los servidores que aún permanecían en Flandes1115, lo que el monarca permitió a costa del erario real1116. Tras esta decisión, los últimos sirvientes que quedaban en Flandes retornaron al Imperio, excepto los 7 que se quedaron a servir al archiduque Alberto: Maximiliano de Dietrichstein, como sumiller de Corps, Westernach, como secretario en lengua alemana, Visconti, que continuó ejerciendo como gentilhombre de la cámara, Livio Bosso, que pasó a ser gentilhombre de la casa, Blaise Hütter, que llegó a ser secretario de estado en lengua alemana con los Archiduques y su ayuda de cámara desde 1598, así como los cocineros Guillermo Neri y Pedro Revillon. Frente a este reducido y privilegiado grupo, hubo otro mucho más numeroso de personajes rechazados por Alberto, ante la avalancha de peticiones recibidas, como fue el caso, entre otros, del bordador Antoine de la Barre, del portero de cámara Jacques Abensaub, del platero Robert Staes -aunque este si serviría a los Archiduques posteriormente-, del barbero y cirujano Georg Visles o de los gentilhombres de la boca Philippe vander Burcht o Hércules de Nebra1117. Los Estados Provinciales, por último, no aceptaron la nueva situación y los de Artois decidieron enviar representantes a Madrid para expresar sus quejas en una embajada totalmente independiente a la de Berlaymont1118. Cuando Felipe II conoció las intenciones de los delegados de dichos Estados, solicitó al conde de Fuentes que el noble flamenco se hiciera cargo de todas las reclamaciones que tuvieran que realizar los naturales de esas tierras, evitando así un éxodo masivo de diputados hacia Castilla1119. El gobernador interino consiguió realizar el encargo, a costa de retrasar el viaje de Berlaymont, que no llegaría a la Corte madrileña hasta diciembre1120. Una vez fue recibido por el rey, expuso todas las cuestiones que se le habían encomendado y aprovechó también para realizar peticiones referentes a su hacienda. 1115

Alberto a Felipe II, 28 de marzo de 1596, Ibídem, leg. 611, f. 12. Felipe II a Alberto, 15 de julio de 1596, Ibídem, leg. 2223, f. 93. La "Relación de las joyas que quedaron del serenísimo Archiduque Ernesto en sortijas, perlas y plata dorada y por dorar y otras cosas semejantes que se tasaron y estimaron en 6 de septiembre 1596" en Ibídem, f. 167. 1117 Un resumen de los memoriales de antiguos servidores de Ernesto en RAH, Ms. A-61, ff. 99 r.-101 r. 1118 Havré a E. Ibarra, 26 de marzo de 1595, Ibídem, leg. 610, f. 32. 1119 Felipe II a Fuentes, 11 de junio de 1595, Ibídem, leg. 2223, f. 22, "La election del Conde de Barlaymont para venir acá entiendo que será a propósito y no menos que recoja antes de su partida y trayga los recaudos necesarios de todas las Provincias que tratavan de embiar aca diputados como lo yvades guiando que era muy açertado y lo sera que antes que llegue tenga yo particular aviso de lo que trujere para conforme a lo que fuere ordenar lo que se huviere de hazer". 1120 En concreto, fue recibido el 29 e hizo entrega de una serie de papeles que se encuentran en Ibídem, leg. 702, s. f. Estos documentos versan sobre diversos temas, como lo tratado por Havré en la Dieta de 1594 respecto a la pacificación, varios discursos sobre la situación de Flandes y documentación referente a las reliquias de San Lorenzo y de San Felipe. 1116

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Sin embargo, podemos considerar que su misión fue baldía, ya que en esas fechas ya había sido elegido Alberto como nuevo gobernador y las peticiones se le remitieron a él directamente, que decidió esperar a estar en Flandes para solucionarlas. Berlaymont, por el contrario, si obtuvo buen rédito de su Jornada, pues poco después, en concreto a comienzos de 1597, se le concedió una nueva misión diplomática a Dinamarca, con el objetivo de felicitar al rey danés por su coronación, así como solicitarle que se redujera la navegación de los rebeldes holandeses por sus aguas1121.

Tras solventar todas las reclamaciones que habían surgido desde los diversos ámbitos señalados, la situación fue controlada, pero quedó bien claro que el nombramiento de Fuentes era única y exclusivamente temporal, por lo que se antojaba necesario la rápida elección de un nuevo gobernador1122. Mientras ésto se llevaba a cabo, el noble castellano trató estabilizar el gobierno a través de los Consejos Colaterales y de los ministros hispanos en Flandes, como eran los Ibarra, Feria o Juan Bautista de Tassis. Por lo que respecta a los consejeros flamencos, su desconfianza hacia ellos era palpable y, además, la carencia de personajes capaces de dicha nacionalidad se acentuó con dos fallecimientos; el primero fue el del señor de la Motte, acaecido en julio durante la campaña contra los franceses constituyendo, precisamente en ese momento, una gran pérdida por su profundo conocimiento de la artillería. El segundo fue el de Jean van der Burch en junio, personaje que, aunque no gozaba de la confianza de Fuentes, tenía un amplio conocimiento de la jurisdicción de los Países Bajos desde su posición de Chef-Président del Conseil Privé. De entre los dos candidatos más adecuados para relevarle, Richardot y Assonleville, rápidamente se destacó el primero, gracias a gozar de gran crédito entre los consejeros castellanos1123. Ya había sonado su nombre en 1592 para el mismo puesto, pero Farnesio prefirió mantenerle a su lado y que fuera Jean van der Burch el elegido. En esta ocasión, sin embargo, si lo obtendría y su nombramiento se produjo el 15 de mayo de 1597, aunque ya desde la muerte del antiguo presidente ejerciera de forma interina1124. Este oficio le 1121

Frangipani a Aldobrandino, 15 de enero de 1597, COMF, II, nº 125, pp. 16-17. Como así constaba en las instrucciones que se le elaboraron en Madrid como gobernador interino. En concreto, se le dieron dos, ambas con fecha del 2 de mayo, una secreta (BNM, Ms. 8695, ff. 1 r.-6 r.) y otra particular (Ibídem, ff. 7 r.-10 v.). 1123 Así lo expresaba Fuentes a Felipe II el 4 de agosto de 1595 (AGS, E., leg. 609, f. 55) y el 18 de noviembre (Ibídem, f. 84), así como al Consejo de Flandes el 3 de marzo de 1596 (AGR, Audience, leg. 1470/5). 1124 Alberto a Felipe II, 25 de octubre de 1596, AGS, E., leg. 611, f. 187, “El secretario Esteban de Ibarra llevo por memoria para acordar a V. Majestad de mi parte la pretensión del Presidente Richardote en lo de la presidencia del Consejo Privado, para lo qual se hallo por muy capaz, 1122

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otorgó la posibilidad de volver a saborear las más altas cotas del poder político en época de Alberto y de los Archiduques gracias a su falta de “escrúpulos”, la cual le permitió conducir la política del Conseil Privé hacia la que deseaba el archiduque para esta institución, basada en actuar en favor de la jurisdicción regia y en contra de la eclesiástica; es decir, todo lo contrario que había realizado durante el gobierno de Farnesio. Tras pergeñar estas medidas provisionales de estabilidad, Fuentes tanteó las opciones que había de entablar negociaciones de paz con los rebeldes, lo cual no gustó a Esteban de Ibarra, que creía que no tenía potestad para ello1125. Finalmente, el gobernador interino desistió de sus propósitos, movido también por la rotunda negativa de los holandeses a entablar negociaciones con personajes no flamencos1126. Pese a su irrupción en los campos administrativos y diplomáticos, la principal ocupación que desempeñó el conde de Fuentes durante su interinidad fue la militar, ante la difícil situación bélica en que se encontraba el territorio tras la declaración de guerra de Francia del 17 de enero. Además, al ponerse al frente del ejército y ausentarse de Bruselas, el gobernador evitaba nuevos conflictos con los ministros flamencos. Tras aprestar el ejército durante sus primeros meses de gobierno, Fuentes partió junto a las tropas desde Valenciennes el 16 de junio, rumbo a Francia. Una vez allí, su campaña obtuvo un éxito espectacular, pues consiguió tomar las fortalezas de Doullens en septiembre1127 y, sobre todo, de Cambrai el 6 de octubre. El ejército hispano consiguió el control de esta ciudad, después de que los burgueses de la misma le ofrecieran un pacto para que Felipe II tomara la soberanía del porque es uno de los mejores subjetos que ay por aca, y assi me valgo del en muchos negocios por la experiencia que tiene dellos y ultra desto tiene muy buen parescer, y es muy prudente y en lo que he podido colegir le hallo por bien intencionado y afficionado al servicio de V. Magestad y por esto y por su capacidad cabe en el muy bien esta merced". 1125 E. Ibarra a Común, 16 de abril de 1595, Ibídem, leg. 610, f. 55, "El Conde está advertido de lo que en esto passa y que será bien amonestarle que no se metiesse en estos negocios. No se si lo hará, en lo demás atiende el Conde con mucho cuydado y va dando satisfacion y assi se proçede en todo con quietud y durara sin duda si esta plática de la paz no nos desasosiega". 1126 H. de SCHEPPER, “Los Países Bajos y la Monarquía Hispánica...”, pp. 339-342. De hecho, hubo contactos informales entre ambos bandos en la primavera de 1595, a través del marqués de Havre y Jacobo van Malderen, su antiguo camarero, y, posteriormente, a través de la mujer de Chimay. Sin embargo, ambos fueron un fracaso, debido a las inflexibles posiciones de partida de todos los emisarios. 1127 Fuentes informó, exultante, al Consejo de Estado de Bruselas de la toma de Doullens, misiva de la que conservamos copia en RAH, Ms. E-6, s. f. y BNM, Ms. 8695, s. f. y 12179, f. 62. Sobre la toma y posterior represión en la ciudad, Discours de la bataille, siege et prise des ville et chasteau de Dourlens emportez par assaut le dernier jour de juillet 1595. Avec autres particularitez des choses advenues auparavant sur la frontiere de Picardie, Arras, Guillaume de la Riviere y Gilles Baudin, 1595 y A. DEMARSY, Le prise de Doullens par les espagnols en 1595. Pièces contemporaines publiées et annotées par..., París, 1867.

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territorio frente al antiguo poseedor de la misma, el arzobispo Berlaymont, y al señor de Balagny, castellano desde 1581 por iniciativa del duque de Anjou y al que el 7 de agosto de 1594 la ciudad le había cedido la soberanía. De esta manera, el conde de Fuentes, en nombre de Felipe II, aceptaba como forma de anexión de la ciudad y de su territorio el Consensus Populi, fórmula que no iba a ser aceptada en ningún otro punto de la Monarquía. No es nuestra intención relatar aquí el importante conflicto jurisdiccional que se desencadenó y que se alargaría hasta 1677, pues ya ha sido tratado ampliamente por J. J. Ruiz Ibáñez en un excelente estudio1128. Sin embargo, conviene destacar que este asunto se convertiría en uno de los principales motivos de enfrentamiento entre la Monarquía y el Papado durante aquellos años, pugna que se personificaría en Bruselas en la lucha entre el archiduque Alberto y el nuncio Ottavio Mirto Frangipani. Ya su antecesor Malvasia recibiría las peticiones de intervención papal que realizó Louis de Berlaymont, pero no sería hasta la llegada del nuevo nuncio a Flandes en 1596 cuando se iniciara la contienda encaminada a que retornara al arzobispo el poder temporal. Es complicado explicar los motivos que llevaron al conde de Fuentes a llevar a cabo esta acción, que iba claramente en contra de la jurisdicción eclesiástica. Quizás el importante golpe de efecto que significaba esta anexión hacía soslayar, en un primer momento, los problemas jurisdiccionales que iba a desencadenar y el gobernador interino antepuso la utilidad de la ocupación a la forma como se hizo, poniendo posteriormente la decisión en manos del monarca y del archiduque Alberto. Además, y como ya hemos reseñado, Fuentes era un personaje muy hábil políticamente y deseaba obtener una buena merced una vez que saliera de Flandes, por lo que esta operación le podía ayudar en ese objetivo. Mientras esto sucedía en Francia, en Bruselas, Esteban de Ibarra pidió de nuevo licencia para regresar a Madrid1129. El secretario era sabedor de la difícil posición en que se encontraba, debido a la falta de personajes afines, y, además, consideraba que los cometidos que se le habían encargado ya estaban cumplidos, caso del Tribunal de la Visita que ya estaba en marcha, o eran innecesarios, como su oficio de secretario de Estado y Guerra al no haber gobernador y usar Fuentes su propio secretario. A pesar de sus lamentos, la licencia le fue denegada y se le ordenó que marchara con Fuentes a la

1128

J. J. RUIZ IBÁÑEZ, Felipe II y Cambrai: el consenso del pueblo. La soberanía entre la práctica y la teoría política (1595-1677), Madrid, 1999. 1129 Así se lo comunicó E. Ibarra a Común el 6 de marzo (AGS, E., leg. 610, f. 12) y el 15 (f. 22).

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campaña, al mismo tiempo que se le concedían otros 3000 ducados de ayuda de costa para que se mantuviera. Pese a lo que había expresado el secretario castellano, estaba claro que su presencia en Flandes era muy necesaria y la aparente calma de la primavera de 1595, producida tras conocerse que Alberto iba a ser el nuevo gobernador, se alteró con la aparición de nuevos casos de corrupción. Además de la habitual en la hacienda del ejército1130, Charles de Tisnacq, que tras fracasar sus gestiones para llegar a una paz con los rebeldes se dedicó a ejercer como espía y a investigar supuestos casos de fraude, aireó otros dos casos muy sonados1131. El primero atañía a Juan Fernando de Charreton, señor de Chassey y personaje de agitada vida. Comisario de vituallas mientras el duque de Alba fue gobernador de Flandes, estuvo muy cercano a Charles de Berlaymont, aunque su gran ascenso vendría durante el gobierno de Farnesio en que llegó a ser commis de finanzas. Sus oscuros negocios con los ministros del duque de Parma implicados en los abusos de la hacienda ya reseñados, le llevaron a ser procesado por el Grand Conseil de Malines. Sin embargo, la influencia de la emperatriz María y de su mayordomo mayor Juan de Borja, que le protegieron por estar casado con una antigua criada de la reina Ana y de la emperatriz, así como su relación con Ernesto de Mollart le salvaron del juicio1132. Una vez libre, disfrutó de la protección de Ernesto e hizo fortuna en Borgoña, a la vez que entorpecía la labor del Tribunal de la Visita. Durante el gobierno de Alberto se le encargó que fuera el aposentador del séquito del archiduque a su paso por Borgoña en las Jornadas de 1596, para luchar contra Francia, y de 1598, para los matrimonios, lo que indica una relativa rehabilitación política. Sin embargo, podemos considerar que el nuevo gobernador no le hizo partícipe de su confianza, pues no le favoreció en absoluto a la hora de que se le pagaran los gastos ocasionados por dichas Jornadas1133. Más graves fueron las acusaciones que se vertieron contra Charles de GavreFresing, conde de Beaurieu, al que se le imputó haber escalado posiciones en la 1130

Andrés de Prada a J. Idiáquez, 16 de julio de 1595, BL, Additional, Ms. 28388, ff. 147-149. Prada y el contador P. Luis de Torregrosa (su versión en el f. 146) se habían reunido con Vicente Zelandre para que este les expusiera sus ideas en lo referente a la distribución de la hacienda de la guerra. Estas eran que se debía eliminar a los oficiales que metían mano en la hacienda y observar con precaución el libro de caja. 1131 C. Tisnacq a Felipe II, 25 de junio de 1595, AGS, E., leg. 610, s. f. 1132 ID., Ibídem, leg. 609, f. 103. 1133 Así se puede observar, tras su petición de que se le devolviera un dinero que reclamaba a la hacienda real. Aunque Alberto utilizó muy buenas palabras con él, procuró hacer lo posible por dilatar en el tiempo la concesión de dicho dinero, Alberto a J. de Borja el 18 de octubre de 1596 (IVDJ, Envío 48, f. 18), el 14 de enero de 1597 (Ibídem, f. 21), 9 de junio de 1597 (Ibídem, f. 23) y el 11 de agosto de 1598 (Ibídem, f. 25).

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sociedad gracias a su matrimonio con madame de Fresing, antigua amante de Alejandro Farnesio. El escándalo incluía no solo a Beaurieu, que había conseguido un oficio en la cámara del príncipe de Parma, así como una coronelía de alemanes, sino también a su padre, que obtuvo el gobierno de Aalst y un oficio de comisario general de víveres, al presidente Nicolás Damant, del que se decía que era “hechura” de la señora de Fresing, e, incluso, al conde de Fuentes, ya que la citada dama se había hecho acreedora de su confianza. Tisnacq llegó a comparar este caso con algunos otros sucedidos en Madrid durante el reinado de Felipe II, cuando se tuvo que expulsar de la Corte a mujeres como la condesa de Siruela o doña Antonia Enríquez. Las averiguaciones no fueron mucho más allá, pero la gravedad del asunto nos puede indicar que no era tranquilidad, precisamente, lo que caracterizaba el momento político de Flandes. Esa intranquilidad seguía estando originada principalmente por la desconfianza que presidía las relaciones entre los consejeros flamencos y los castellanos. Así se pudo observar cuando tras la muerte de Charles Mansfeld en Hungría quedó vaco el cargo de almirante de Flandes, momento en el que tanto Ibarra como Fuentes expresaron su convencimiento de que era mejor no proveer el oficio por la carencia de personajes hábiles para ejercerlo, pese a las candidaturas del príncipe de Chimay o Aremberg1134. Ambos castellanos abogaron por dejarlo sin ocupar y utilizar el dinero para hacer barcos, mientras un vicealmirante quedaba al mando; para dicho puesto Ibarra propuso a Pedro de Valdés, con el que no mantenía buena relación1135, mostrando de nuevo su preferencia por un castellano hostil antes que por un natural. De igual modo, las disensiones entre los misnitros castellanos también se sucedían y el incidente más nimio hería susceptibilidades. Así sucedería cuando el conde de Fuentes, tras retornar en diciembre de la campaña en Francia, exigió a Diego de Ibarra que se descubriera ante su persona, a lo que este se negó, provocando una gran polémica1136. Estaba claro que la tensa situación solo se sostenía por la confianza que se tenía en la pronta llegada a Bruselas del archiduque Alberto, la cual se produciría el 11 de febrero de 1596. 1134

La petición oficial de Aremberg se encuentra en AGS, E., leg. 610, f. 123. La opinión de Esteban de Ibarra en carta a Común el 5 de septiembre en Ibídem, f. 122 y la de Fuentes a Felipe II el 14 de septiembre en Ibídem, leg. 609, f. 61. 1135 Valdés había quedado preso tras la Jornada de la Armada a Inglaterra y, tras ser liberado, marchó a Flandes desde donde pretendía regresar a Madrid. Sin embargo, Esteban de Ibarra procuró impedir su marcha, debido a la valía de Valdés en asuntos relacionados con el mar (A. CARNERO, op. cit., p. 227). 1136 Así se lo expresó D. Ibarra a E. Ibarra (18 de diciembre de 1595, AGS, E., leg. 609, f. 176) y a M. Idiáquez (23 de diciembre de 1595, Ibídem, ff. 176-177).

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7.3.- La sustitución del modelo católico hispano por el paradigma católico romano con Clemente VIII (1592-1605)1137 El proceso de Confesionalización seguido por Felipe II, se concretó en un control de la jurisdicción eclesiástica en sus reinos y en una justificación de su política por causas religiosas. Esto hizo que Roma tuviera que seguir, aunque fuera contra su voluntad, los intereses políticos y las conveniencias religiosas de la Monarquía Hispana durante la segunda mitad del siglo XVI. Con la elección como Pontífice de Clemente VIII en 1592, la situación iba a cambiar. Desde el punto de vista religioso, la Confesionalización trató de conseguir un mayor control en las órdenes religiosas por parte del monarca a través de sus distintos Generales. Con todo, esta religiosidad formalista y controlada no podía satisfacer a aquellos espíritus inquietos que buscaban una espiritualidad más vivencial y comprometida en lo personal, por lo que surgieron movimientos, inspirados en la antigua Observancia y que se conocerían como de los descalzos o recoletos, que buscaban una mayor libertad que la concedida por la reforma promovida por Felipe II. Este movimiento experimentó un gran impulso de la mano de fray Pedro de Alcántara, quien, en 1561, conseguía fundar una provincia y aprobar las primeras Ordenanzas de la nueva institución. Tras fallecer en Arenas de San Pedro el 18 de octubre de 1562, este religioso dejaba tras de sí diversos escritos, pero sobre todo el testimonio de una vida de extrema ascética religiosa y de radical reformismo. Estas corrientes, precisamente, porque buscaban una espiritualidad radical de acuerdo con la religión católica conectaban directamente, aunque no se lo propusiesen de manera consciente, con Roma, lo que contradecía el espíritu reformista “controlado” que intentaba implantar el “Rey Prudente” y su equipo de gobierno, compuesto por la denominada facción “castellana”1138. Aunque el monarca tenía que aceptar semejante espiritualidad radical como Rey Católico si no quería caer en contradicción, puso innumerables obstáculos a la hora de conceder licencias para que dicha corriente fundase nuevos conventos. Debido a ello, los descalzos buscaron la protección de los grandes personajes tanto en la Corte de Roma, donde sus activos agentes consiguieron la confianza de Pío V, como en la de Madrid, donde supieron ganarse la amistad y patronazgo de los nuncios Crivelli (1561-1565) y Felipe Sega (1577-1581) o del obispo de Ávila, Álvaro de Mendoza, así como de buena parte de la familia real, como la 1137

Sobre este punto, en general, el capítulo 1, “La quiebra de la Monarquía hispano-castellana de Felipe II” de Felipe III, I, pp. 25-118. 1138 El contexto, J. MARTÍNEZ MILLÁN, “En busca de la ortodoxia...”, pp. 189-228.

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emperatriz María o la princesa doña Juana de Austria, además de los grupos cortesanos “ebolista” o “papista”. Precisamente uno de sus miembros, el contador Garnica, patrocinó el convento de San Bernardino de Madrid, símbolo del triunfo de los descalzos que se completó en 1576, cuando Felipe II les encomendó la misión de las islas Filipinas en pleno apogeo del “partido papista”. Posteriormente, el 12 de noviembre de 1578, Gregorio XIII extendía su bula Ad hoc nos Deus que defendía que las constituciones de los Descalzos no podrían ser alteradas ni siquiera por el Ministro General de la Orden Franciscana. Paralelamente, Teresa de Jesús protagonizaba una reforma en el Carmelo, recibiendo las bendiciones del general de la Orden, fray Juan Bautista Rubeo, y la simpatía del príncipe de Éboli. Así, fundó un convento en Pastrana donde residiría hasta que, años más tarde, se percató de la decadencia y persecución de la facción “papista” en la Corte. Esta circunstancia, unida a otras razones, movió a la Santa a salir de Pastrana y marcharse a Madrid, donde se puso a la disposición de los líderes de la facción “castellana” (Mateo Vázquez y fray Diego de Chaves), al tiempo que aconsejaba infructuosamente a su discípulo, fray Jerónimo Gracián, que siguiera su ejemplo. Estos no fueron los únicos religiosos que iniciaron este tipo de reforma durante la segunda mitad del siglo XVI y, así, la orden trinitaria comenzaba este mismo proceso en 1594 de la mano de Juan Bautista de la Concepción que, sin el apoyo de sus compañeros ni la legitimidad del Consejo de Castilla, estableció nuevos conventos y por cuyo impulso se creó en 1614 la Concepción Trinitaria Descalza y en 1631 se convirtió en orden religiosa nueva. De la misma manera, la reforma de la descalcez en los agustinos fue impulsada, en 1588, por el prior General de la Orden. Todas estos movimientos, como no podía ser de otra manera, fueron apoyados por los pontífices, especialmente Clemente VIII quien anhelaba “reducir y traer las religiones a su primer principio, como él mismo lo confiesa al principio de sus bulas”1139, así como liberarse de la presión que Felipe II ejercía en dicha materia1140. Para lograrlo, introdujo reglas más severas y favoreció a los observantes1141, aunque la reforma de mayor relevancia sería la que experimentó la Compañía de Jesús tras su Congregación General de 15961142. 1139

J. PUJANA, San Juan Bautista de la Concepción. Carisma y misión, Madrid, 1994, p. 123. I. FERNÁNDEZ TERRICABRAS, “El episcopado hispano y el Patronato Real. Reflexiones sobre algunas discrepancias entre Clemente VIII y Felipe II”, en J. MARTÍNEZ MILLÁN (coord.), Felipe II (1527-1598)..., II, pp. 209-223. 1141 L. PASTOR, op. cit., XXIV, p. 60. 1142 J. MARTÍNEZ MILLÁN, "Transformación y crisis de la Compañía de Jesús (15781594)...", pp. 101-129. 1140

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Ésta orden había sufrido una profunda crisis en la Monarquía Hispana tras la destrucción en 1579 del grupo cortesano comandado por Antonio Pérez. Su recuperación no se produjo hasta el Pontificado de Sixto V, en que fue aceptada como propagadora de la nueva ideología tridentina y se presionó para que saliera elegido un general no hispano, recayendo dicho honor en Everardo Mercuariano. Esta elección provocó la aparición de grupos de jesuitas descontentos, que se agruparon en torno a Ribadeneira, y que tuvieron gran importancia en los primeros años de la década de los 901143. Con este general, se pasó de una espiritualidad contemplativa y mística a una más activa que sirviera a los intereses del papado, lo que se asentó con su sucesor Acquaviva. La nueva orientación alertó a los “castellanistas”, que aprovecharon a esos grupos de descontentos para atacar a la orden1144. Su pretensión era que pasase a depender de la Corona y no del Papado, como sucedía con el resto de órdenes religiosas, para lo cual se comenzó a gestar una visita promovida por los jesuitas castellanos descontentos. El elegido para llevarla a cabo fue Jerónimo Manrique de Lara, “hechura” del cardenal Espinosa, ocultándose dicha actuación al Inquisidor General, Gaspar de Quiroga, quien se había mostrado favorable a los jesuitas1145. La Compañía fue firmemente apoyada desde Roma, enviando Acquaviva a la Península a los padres José Acosta y Persons, personajes ambos que habían prestado grandes servicios a Felipe II. Así mismo, la compañía recibió el apoyo de Bernardino de Mendoza y, sobre todo, de la emperatriz María. La hermana del rey había convertido el monasterio de las Descalzas en un centro de reunión de los desplazados en 1579 por los cambios cortesanos, con ella como protectora, y fue formando poco a poco un grupo opositor a los “castellanistas”, compuesto por nobles que la habían servido en el Imperio, junto a algunos otros procedentes de Aragón, como la duquesa de Villahermosa, la condesa de Galve o Juan de Borja. Desde allí se puede decir que tomó el relevo de Juana de Austria como defensora de la Compañía de Jesús1146, orden que siempre la había ayudado durante su 1143

Aldobrandino a Caetani, 27 de octubre de 1592, ASV, Spagna, leg. 325, ff. 8 v.-9 r., “Quanto sia utile alla Chiesa di Dio la Compagnia del Gesú, e notissimo a tutti, ma perche nelli Regni di Spagna si trovano tra loro alcune rebelle, che hanno favore da grandi, et inquietano gli altri”. 1144 Configuración,, “Los ataques del partido castellanista a la Compañía de Jesús”, pp. 263-272. 1145 Sobre la relación de Quiroga con los jesuitas, H. PIZARRO LLORENTE, op. cit., pp. 109113. 1146 Su labor para que no se les realizara Visita en J. MARTÍNEZ MILLÁN, "La Emperatriz María y las pugnas cortesanas en tiempos de Felipe II", en E. BELENGUER CEBRIÀ (coord.), op. cit., III, pp. 156-157.

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estancia en el Imperio, cariño que pudo transmir a algunos de sus hijos como Ernesto o Margarita, aunque no a otros como Alberto. Gracias a esos apoyos, la posición de la Compañía mejoró hacia 1591 y su proceso de consolidación culminó con la Congregación General convocada en Roma en noviembre de 1593. Felipe II tuvo que renunciar a que la visita fuera realizada por miembros ajenos a la orden y serían finalmente los jesuitas José Acosta y Gil González Dávila, tras prometer fidelidad al rey, los que la llevaran a cabo. La Compañía había salido reforzada de estos duros avatares y se implicó en la educación del príncipe Felipe, lo que garantizaba su futuro, y extendió su influencia por todos los rincones de la monarquía1147, incluido Flandes. Ya esta orden había tenido una gran presencia en la vida política de este territorio, debido a que todos los gobernadores que hubo entre el duque de Alba y el archiduque Alberto tuvieran confesores de esa religión, y con anterioridad Margarita de Parma pese a la oposición de Granvela1148, lo que había permitido a la Compañía recuperarse del menosprecio a la que se había visto sometida durante el gobierno del “Gran Duque”. Sin embargo, su relevancia sería aún mayor durante los últimos años del siglo XVI, pues sus provinciales llegaron a tener una posición de notable influencia política; este fue el caso de François de Costere, que lo fue de agosto de 1585 al 11 de marzo de 1589, Georges de Duras, del 23 de junio de 1594 a mayo de 1598, pero, sobre todo, de Olivier Mannaerst, provincial desde el 11 de marzo de 1589 al 23 de junio de 15941149, que pudo acceder a las personas de Alejandro Farnesio, el conde de Fuentes e Isabel Clara Eugenia. Pese a ello, conviene resaltar que 1147

ID., “La crisis del “partido castellano” y la transformación de la Monarquía Hispana en el cambio de reinado de Felipe II a Felipe III”, Cuadernos de historia moderna, 2003 (Anejo II), pp. 11-38. 1148 A. S. I. PONCELET, Nécrologe des jésuites de la province flandro-belge (1544-1773), Wetteren, 1931, p. XXXI. 1149 Olivier Mannaerts, Manareus o Manare, nació en Quincy-en-Artois en 1523. Estudió en Lovaina donde, movido por los sermones de Francisco Estrada y llevado por este a Pedro Fabro, mostró deseos de entrar en la Compañía. Fabro le aconsejó acabar antes filosofía y, gracias a ello, fue maestro en artes en 1546 y estudió teología en París, donde conoció a Mercuriano, antes de ingresar definitivamente en los jesuitas. En ella, Ignacio de Loyola le nombró rector del Colegio Romano (octubre a diciembre de 1553) y de Loreto (1554-1563) y bajo los sucesores de Ignacio tuvo otros cargos importantes como comisario para Francia y provincial (1563-1571), asistente (1573-1580) de Mercuriano para Alemania y vicario general de la compañía a su muerte en 1580. Visitador de la asistencia germana (1581-1582), rector del Colegio Romano (1583-1585) y provincial de la provincia de Germania Inferior (1585-1589) y de la belga (15891594), se retiró al noviciado de Tournai en 1609. Estableció la misión en Holanda y la capellanía militar (missio castrense), así como llevó a cabo diversas iniciativas reformadoras internas en la provincia y es considerado el verdadero fundador de la misma. Falleció en Tournai el 28 de noviembre de 1614 (A. PONCELET, Necrologe..., pp. XXV-XXVI; A. DENEEF et alíi, Les jesuites belges. 1542-1992. 450 ans de Compagnie de Jésus dans les Provinces belgiques, Bruselas, 1992, p. 347 y Ch. E. O´NEILL y J. M. DOMÍNGUEZ, op. cit., III, pp. 2495-2496).

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el gran triunfo del influjo de Roma sobre los Países Bajos no llegaría hasta el gobierno de los Archiduques y a través de la labor de la rama independiente de los carmelitas descalzos que la madre Ana de Jesús, perteneciente al grupo que no se había sometido al control del “partido castellano” como el padre Jerónimo Gracián, dirigió, primero en Francia y luego en Flandes, tras ser reclamada por Isabel Clara Eugenia en 16071150. Su relevo lo tomaría Ana de San Bartolomé, que fundaría el carmelo de Amberes1151. Al igual que en las órdenes religiosas, Clemente VIII intentó actuar sobre obispos y diócesis para recortar la influencia del monarca hispano sobre ellos. Así, en 1596 envió breves a diferentes prelados castellanos para que residiesen en sus diócesis y no se ausentasen a la Corte para cumplir oficios del rey, conminando tres años después a Felipe III a que no les ocupara en oficios cortesanos, para evitar excusas que justificaran sus ausencias1152. Esta polémica venía de lejos y ya Pío V declaraba que la iglesia “non puo sentire se non servizio grande havendo suoi ministri nelli principalli consigli dei Principi”; sin embargo, no sería hasta Clemente VIII cuando se primara su deber pastoral sobre las tareas políticas, con lo que les daba independencia frente al monarca y los sometía a las decisiones pontificias. Desde el punto de vista político, el Pontífice se sirvió de la situación caótica que existía en Francia para adquirir independencia de acción con respecto a la Monarquía Hispana, como veremos posteriormente en detalle. Ahora baste resaltar como Clemente VIII se expresó con gran claridad en la cuestión francesa, respecto a la cual Felipe II exigía a la Santa Sede que dejase que Francia llegase al cisma religioso. Al no acomodarse el Papa a esta petición y dar a Enrique de Borbón la absolución solicitada, Clemente VIII dio el paso definitivo para librar a la Santa Sede de la tutela hispana1153. Varios hechos confirmaron este giro; el primero fue la sustitución en 1596 del nuncio de Venecia, amigo de Felipe II, Ludovico Taverna, por Antonio María Graziani, de ideas contrarias. En segundo lugar, el Pontífice nombró, en junio del mismo año, 16 cardenales de manera inesperada, en donde solo entraron dos hispanos y, a partir de

1150

J. MARTÍNEZ MILLÁN, “El patronazgo de los archiduques Alberto e Isabel Clara Eugenia a las carmelitas descalzas y su expansión en Flandes” en Felipe III, I, pp. 194-197. 1151 Sobre la vida de esta monja, B. YUSTE y S. L. RIVAS-CABALLERO, Una carmelita en Flandes. Vida de Ana de San Bartolomé, compañera inseparable de Teresa de Jesús (15491626), Madrid, 2006. 1152 A. BORROMEO, “Istruzioni generali e correspondenza ordinaria dei nunzi: obiettivi prioritari e risultati concreti della politica spagnola di Clemente VIII”, en G. LUTZ (ed), Das Papsttum, die Christenheit und die Staaten Europas, 1592-1605, Tubinga, 1994, pp. 188-190. 1153 L. PASTOR, op. cit., XXIII, p. 190. Sobre el cónclave en que se eligió a Clemente VIII, A. BORROMEO, “España y el problema de la elección papal de 1592", Cuadernos de Investigación Histórica, 2 (1978), pp. 175-200.

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entonces, los cardenales franceses comenzaron a hacer partido en Roma1154. Tres años después, el 3 de marzo de 1599, de nuevo se nombraban una serie de cardenales que ratificaban la intención política anterior: “recibieron el capelo, dos franceses (Ossat y Sourdis), el español Bernardo de Sandoval, el alemán Francisco de Dietrichstein, además de Alejandro del Este,..., y todavía ocho italianos neutrales en política”1155. Esta tendencia fue imparable a partir de ese momento, confirmándose años después con la elección como papa de León XI, por lo que el único recurso que tuvo la Monarquía a partir de entonces fue el de ganarse a la mayor cantidad posible de cardenales a través de regalos y pensiones para tenerlos sujetos1156. Así nos lo muestran los siguientes ejemplos que arrancan, precisamente, de los últimos años del reinado de Felipe II. El 2 de septiembre de 1595, Felipe II decidió conceder 4500 ducados de renta al cardenal Sanctiquatro, 3000 al elector de Colonia y a los cardenales Aldobrandino y de San Jorge (sobrinos estos dos últimos de Clemente VIII), 1500 al cardenal de Toledo y a Mateo Otthen, 1000 a Dato, Paravicino y Acquaviva y 800 al obispo de Pistoia, todo ello sacado de las rentas de la iglesia de Toledo para la que Felipe II había postulado a su sobrino Alberto1157. El obispado de Málaga, por su parte y por orden real, pagaba 7300 ducados de renta anual a 16 pensionarios1158, mientras el de Coria pagaba 1000 ducados al corregidor Sabello y había quedado otra pensión vacante de 1500 ducados al cardenal Ursino. Las rentas pronto se devaluaban, por lo que se pedía un aumento de las mismas: “Cuando Su Magestad, que aya gloria, se sirvió de repartir algunas Abadías i pensiones entre cardenales, aora cuatro años, me mandó escriuir que diesse a escoger secretamente al cardenal Paravicino la Abadía de Gala en Sicilia o mil ducados de pensión sobre Toledo. Y habiéndose contentado de tomar la Abadía, se señaló la 1154

“El 5 de junio fueron nombrados un francés (Ana d’Escars) y dos españoles (Francisco Guzmán de Ávila y Fernando de Guevara), fuera de éstos, sólo italianos beneméritos, obligados al Papa, ..., a saber: Silvio Savelli, (...), Francisco María Tarugi, (...), Francisco Cornaro, (...), Francisco conde de San Jorge y Blandrata, (...), Camilo Boghese, (...), Lorenzo Bianhetti, (...), los auditores de la Rota Pompeyo Arigoni y Bartolomé Cesi, Andrés Peretti y, finalmente, ...Baronio”. (L. PASTOR, op. cit., XXIII, pp. 227-228). 1155 Entre estos ocho estaban “Bonifacio Bevilacqua, que se señaló como gobernador de Camerino, ... El milanés Alfonso Visconti, ... El docto canonista Domingo Tosco, (...), Pablo Emilio Zacchía (...), Juan Bautista Deti (...), el luqués Buonviso Buonvisi, (...), Silvio Antoniano y Roberto Belarmino” (Ibídem, pp. 228-229). 1156 L. FERNÁNDEZ, “Pensiones a favor de eclesiásticos extranjeros cargadas sobre las diócesis de la Corona de Castilla”, Hispania, 128 (1974), pp. 509-577; E. HINOJOSA, Los despachos de la diplomacia pontificia en España, Madrid, 1896, p. 334, nota 2 e I. CLOULAS, “La monarchie catholique et les revenues episcopaux”, Melanges de la Casa de Velázquez, 4 (1968), pp. 107-142. 1157 AGS, E, leg. 964, s, f. 1158 Ibídem, Patronato eclesiástico, legs. 135 y 136. Cfr. J. BRAVO LOZANO, Pensamiento español del Siglo de Oro en torno a la pobreza, Tesis doctoral Universidad Complutense de Madrid, 1973, p. 450.

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pensión al cardenal Montelbero. Aora me ha dado la relación que va con ésta de la renta i cargos de la Abadía, i viniendo a quedarle tan poco, aviendo sido la intención de su Magestad mejorarle, me a parecido representar a S. Magestad que el cardenal es uno de los que mejor acuden aquí a su real servicio i que sería conveniente darle en la primera ocasión una pensión de mil ducados”1159. La carga de pensiones sobre las rentas episcopales se incrementaría notablemente en el reinado de Felipe III. A modo de ejemplo, el arzobispado de Sevilla en abril de 1601 tenía asignados 29450 ducados, distribuidos de la siguiente manera: Cardenal Farnesio 6000 ducados, el de Dietrichistein 2000, el de Destre otros 2000 que no aceptó y el de Cosenza, Piato, Sauli, Mathei, Suso, San Marcelo, Arrigoni, Bianchetto, Bandini, Visconti, Banilaqua, Bombini y el de San Clemente 1000, que no fueron aceptados por este último. Para concluir, el arzobispado de Trento recibiría otros 1000 ducados. Por su parte, el obispado de Pamplona tenía asignados 4400 ducados, repartidos a razón de 1000 para los cardenales Caraffa, Paleotto, Spinola y de Visconti y 400 para el obispo de Roermond. El obispado de Zamora tenía asignados otros 9000 ducados en pensiones, de ellos 4900 ducados al cardenal Ladrón de Guevara, “que es pensión para destruir un obispado”, y 3000 para el cardenal Granvela. Otros ejemplos serían el obispado de Segovia, con 6550 ducados de rentas asignados, y el de Osma, con 4150. La liberación de las ataduras de Roma con respecto a la Monarquía se pudo apreciar también en la tratadística política, en la cual los escritos regalistas aparecidos durante la mayoría del reinado de Felipe II trocarían en otros de servicio al Papado. Así, las teorías en las que se justificaba la invasión de jurisdicción de la Monarquía en la de la Iglesia, en servicio del “Rey Prudente”, habían sido numerosos y sirvan como ejemplos Diego de Simancas, Covarrubias, cuyos escritos le supusieron su nombramiento como presidente Consejo de Castilla, Gonzalo Suárez de Paz o Juan Roa Dávila. En marzo de 1591, el nuncio Millino comunicaba a Roma la publicación del libro Apología de Iuribus Principibus de este último, que tanto el nuncio como Roma interpretaron como un ataque a la jurisdicción eclesiástica1160. Su tesis venía a ser que el Soberano podía defenderse lícitamente contra todo abuso de poder, “aunque sea perpetrado por las altas jerarquías de la Iglesia, y esto, en virtud del derecho

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Sessa a Felipe III, 14 de noviembre de 1599, AGS, E, leg. 972, s. f. J. PÉREZ VILLANUEVA, “Baronio y la Inquisición española”, Baronio Storico e la Contrarriforma, Sora, 1982, p. 10 y A. BORROMEO, “Felipe II y la tradición regalista de la Monarquía española”, en J. MARTÍNEZ MILLÁN (coord.), Felipe II (1527-1598)..., III, pp. 111-130. 1160

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natural”1161. Se trataba de defender la llamada “cuestión o recurso de fuerza”, que permitía a un particular recurrir a un tribunal real contra una sentencia dictada por juez eclesiástico. Frente a ello, la Iglesia solo podía oponer la bula In Coenae domini, convertida en el código eclesiástico de las relaciones entre los príncipes cristianos y que definía de manera negativa la conducta de los mismos. En su análisis y comentario, el doctor Eximio establece las bases filosóficas: el Príncipe debe ser súbdito sumiso a las indicaciones del Soberano de la Iglesia y el Papado, como forma política, es garantía del orden internacional. Iglesia y Estado mentalmente se separan y se diferencia su estructura para mejor lograr la síntesis política1162. La romanización era su objetivo: solo en la unión con Roma era posible la vuelta a la catolicidad y en ella estaba la salvación de Europa, programa de apostolado que se hizo política fanática. El confesor del rey era la clave de su ideario político, como ya había formulado Roberto Belarmino en los principios que dedica a esta figura en su libro al rey de Polonia1163. El dominio de las conciencias reales era el instrumento más poderoso de Roma y la educación de la misma haría del Príncipe el hijo fiel a las indicaciones de la Curia. Uno de los personajes más importantes en este proceso de romanización, respecto al concepto de imperio, fue Francisco Suárez, que llegó a poseer una influencia extraordinaria en la Corte de Felipe III, llegando a requerirse su opinión en asuntos de Estado1164. Su ideario político queda constatado en la siguiente reflexión: “Justicia y religión son las dos bases del orden político. El proceso constructivo de orden en la realización del bien común dentro de las normas del Derecho natural, constituye el principio de justicia. Su lesión lleva a la fractura de un orden universal que tiene su vértice en Dios como Legislador y realización de la síntesis suprema. La religión es más perfecta que la justicia. Sin ella no hay unidad posible, ni factura firme, ni garantía de libertad. Pero la religión es fé católica, es iglesia políticamente estructurada en orden concreto. Cuerpo místico espiritual en unidad de fe y de bautismo, su cabeza es el Pontífice como Vicario de Cristo, fuente de las prerrogativas de San Pedro. Como orden 1161

L. PEREÑA VICENTE, J. De Roa Dávila. De Regnorum Justicia, Madrid, 1970, p. XVII y A. SÁNCHEZ DE LA TORRE, “El concepto de relación política en los estudios de Roa Dávila”, Estudios de Deusto, 43 (1971), pp. 319-364. 1162 F. SUÁREZ, De Censuris, XXII, Disp. XXI. 1163 R. BERLARMINO, Principis Christiani libri tres. Coloniae Agripinae, 1619, pp. 37 y ss. 1164 Véanse las relaciones de Suárez con Felipe III en los documentos presentados por R. SCORRAILLE, El P. Francisco Suárez de la Compañía de Jesús según sus cartas, sus demás escritos inéditos y crecido número de documentos nuevos, Barcelona, 1917. La influencia de Suárez en la conciencia de Felipe III se observa en el documento fechado el 19 de agosto de 1605, firmado por el mismo Suárez (AGS, E, leg. 980), en el que contesta a los escrúpulos del rey por haber dado pensiones a diversos cardenales en vísperas de celebrarse el cónclave.

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y jerarquía tiene la estructura políticamente más perfecta. Solo en la Iglesia, que es universal y única, el hombre encuentra su salvación y el Estado su perfección”1165. La esencia de la Monarquía Hispana consistía en su catolicismo efectivo, en su dilatación por todo el mundo. El libro escrito por Campanella, que lleva su nombre, presenta a la Monarquía Hispana como el brazo que ayudaba a la Monarquía Universal Pontificia a hacer efectivo su dominio, actuando como instrumento de su viabilidad temporal1166.

7.4.- La plasmación en Flandes y Francia del cambio de política de la Santa Sede con respecto a la Monarquía Hispana. La nueva preocupación del papado: liga contra los otomanos La posición de la Monarquía Hispana en Francia durante los últimos meses de 1592 y los primeros de 1593 había empeorado notablemente. Los Estados Generales convocados para elegir un nuevo Rey Cristianísimo se habían clausurado sin llegar a ningún acuerdo que favoreciera la candidatura de Isabel Clara Eugenia, por lo que la guerra continuó1167. Sin embargo, la situación había variado con respecto a la que existía antes de la convocatoria de los Estados, ya que los acontecimientos habían tomado un cariz muy desfavorable tanto para la Liga Católica como para la Monarquía Hispana. El motivo principal de este giro de los acontecimientos fue el cambio que se había ido operando en la política de la Santa Sede con respecto a su intervención en Francia tras la elección de Clemente VIII como nuevo Pontífice el 30 de enero de 1592. Como ya hemos señalado, este Papa había decidido no seguir tolerando el regalismo que habían venido practicando los monarcas hispanos. Esta tarea entrañaba una gran dificultad, debido a la fortaleza de Felipe II, al desmantelamiento que había sufrido la facción “papista” en la Corte hispana y a que los ministros que manejaban la política exterior de la Monarquía seguían teniendo una visión “castellanista”, que implicaba expansionismo y presión sobre la jurisdicción eclesiástica. Clemente VIII

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L. PEREÑA VICENTE, op. cit., p. 119-120. “Ogni uomo grande che la instituito monarchie nuove ha mutato le scienze, e spesso la religione, per farsi ammirabile appresso ai popoli, onde a lui concorressero. (...) Dunque Spagna deve fare el simile, avendone grande occasione. E perché non può fare religion nuova, come sopra dissi, deve illustrare la verità cristiana, e mettere scienze nove assai commode alla sua grandezza” (T. CAMPANELLA, Monarchie d’Espagne et Monarchie de France, París (Textes originaux, introduits, édites et annotés par G. Ernst), 1997, p. 94). 1167 Sobre dichas negociaciones hay mucho escrito. Un resumen en Configuración, p. 256. 1166

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encontraría una vía de escape a este agobio mediante los asuntos franceses y, en concreto, con su actitud ante la intervención armada en esos territorios1168. El ejército enviado por Gregorio XIV había llegado a Flandes en septiembre de 1591, pero solo permaneció allí durante 10 meses. Posteriormente, Clemente VIII mandó reclutar un nuevo ejército de 3000 hombres al mando del coronel alemán Georges Bayer, en el que Appio Conti sustituiría al conde de Montemarciano y Jerónimo Matteuci ejercería como comisario general de la armada. Una vez reunidas las tropas, se decidió esperar a la tercera incursión de Farnesio en el reino vecino para unirse a su ejército, pero la muerte del de Parma retrasó dicha intervención y Fuentes no quiso emprender la campaña hasta haber aclarado la situación. Las tropas pontificales permanecieron estacionadas en el sur de los Países Bajos hasta marzo de 1593 y cuando, finalmente, se decidió iniciar la acción militar, recibieron la orden de no apoyarla. En esa fecha, las prioridades de la política exterior de la Santa Sede habían cambiado y vuelto sus ojos hacia el Este, donde la actividad de los turcos cerca del Imperio había acercado peligrosamente a las fuerzas infieles a zonas católicas. Rodolfo II reclamó ayuda papal ya en 15921169 y solicitó al Pontífice que mediara entre los príncipes cristianos para conseguir una paz que les permitiera apoyar al Imperio1170. De inmediato, Clemente VIII trató de impulsar una liga defensiva compuesta por el papado, Felipe II y algunos príncipes italianos, intentando revivir, en cierta forma, el espíritu de la “Liga Santa” de 15711171. Sin embargo, el monarca hispano tenía otras prioridades y supeditó su actuación a la resolución de la situación en Francia1172, por lo que cuando en marzo de 1593 estalló la guerra en Hungría, aún no se había decidido a ayudar al Imperio. En el ánimo del rey influyó, por supuesto, el hecho de que de haber aceptado la creación de dicha Liga el Papa se habría convertido en cabeza de la misma y Felipe II debería obedecer sus directrices, idea que no le agradaba en exceso. El fracaso de Clemente VIII en formar la Liga le obligó a buscar alternativas y decidió aleccionar a los legados pontificales, tanto en Madrid como en Francia y en Flandes, para que se consiguiera llegar a un acuerdo en Francia que permitiera colocar a un rey católico en el trono, aunque, bajo ningún concepto, éste debía ser afín a Felipe II,

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En general, sobre la actitud de Clemente VIII en Francia, P. van ISACKER, "Notes sur l´intervention militaire...”, pp. 702-713. 1169 Sessa a Felipe II, 20 de julio de 1592, AGS, E., leg. 959, s. f. Rodolfo II llegó a enviar a un consejero suyo, el barón Convezil, en noviembre para pedir socorro al Papa (Ibídem). 1170 “Relación de lo que el Obispo de Cremona, nuncio de Alemaña, avisa a su santidad”, 30 de agosto de 1592, Ibídem. 1171 Sessa a Felipe II, 26 de septiembre de 1592, Ibídem. 1172 Felipe II a Sessa, 25 de diciembre de 1592, Ibídem, leg. 960, s. f.

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porque esto incrementaría aún más su poder. Podemos considerar que una de las principales medidas que Roma tomó para conseguir su objetivo fue relevar a Matteuci, que llevaba solicitándolo desde hacía tiempo por “de per me conoscermi di natura mal corteggiano”1173, como comisario del ejército pontifical en Francia, por un nuevo diplomático que actuara con firmeza en la defensa de los nuevos intereses de la Santa Sede. El elegido para llevar a cabo tan delicada misión, que sin duda iba a suponer fuertes enfrentamientos con los ministros de Felipe II en el Norte de Europa, fue Inocencio Malvasia1174. El nuevo comisario inició su viaje a Flandes a comienzos de diciembre de 1592, ante los requerimientos de su predecesor por que acelerara su marcha. Durante el periodo de espera a la llegada del relevo, Matteuci mostró sin ambages el giro que había sufrido la política del papado con respecto a Francia, cuando el nuncio de la Santa Sede en París, Sega, solicitó a comienzos de febrero de 1593 que 600 de los soldados pontificales acudieran a la capital francesa para apoyar a las fuerzas de la Liga, negándose el comisario pontificio a ello1175. Malvasia llegó a Bruselas el 26 de febrero y, de inmediato, tuvo que afrontar su primera misión de relevancia, como fue tratar con Fuentes y Mansfeld la posibilidad de que se le concediera permiso para completar con soldados valones una leva de 3000 hombres para el ejército pontificio. Los ministros de Felipe II se negaron a tal posibilidad, ya que el Papa pagaba más sueldo y con mayor puntualidad que el rey, lo queo hubiera podido ocasionar defecciones en sus filas1176. Pese a esta negativa, Fuentes le ofreció su ayuda para que esta leva se realizara en Francia1177, confirmando las intenciones que ya había mostrado el noble castellano a Matteuci de mantener buena relación con los diplomáticos pontificios. Jerónimo Matteuci permanecería en Flandes hasta el 25 de marzo, fecha en que partió hacia Italia tras haber informado a Malvasia sobre la forma en que se llevaban los negocios en Bruselas y quienes eran los ministros principales1178. A su ausencia habría 1173

Matteuci a Aldobrandino, 11 de octubre de 1592, ASV, Fiandra, leg. 5, f. 95 r. Nacido en Bolonia en 1552 de la familia patricia de Serra-Malvasia. Estudió derecho y entró a servir en el personal administrativo de los Estados Pontificios, nombrándole Gregorio XIII clérigo de la cámara apostólica en 1584. Era agente del emperador en Roma y gobernador de Spoleto. Recibió la orden de ir a Francia a relevar a Matteucci, que, a su vez, le sustituiría en Spoleto, como enviado diplomático por cartas patentes del 15 de diciembre de 1592 (R. MAERE, “Les origines de la nonciature de Flandre ....”, pp. 810-811). 1175 A. Conti a Sega, 7 de febrero de 1593, ASV, Fiandra, leg. 4, ff. 34-35. 1176 Malvasia a Aldobrandino, 6 de marzo de 1593, Ibídem, leg. 3/I, f. 18. 1177 ID., 10 de marzo de 1593, Ibídem, leg. 3/II, ff. 22-23. 1178 Matteuci a Aldobrandino, 25 de marzo de 1593, Ibídem, f. 382. Una relación de su viaje a Aldobrandino el 11 de abril de 1593 en Ibídem, leg. 3/I, ff. 44-45. 1174

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que sumar la de Appio Conti, que el 26 de marzo de 1593 fue asesinado por el coronel Boppart durante el enfrentamiento que se produjo tras la orden de Conti de mandar 50 soldados alemanes a Charles Mansfeld, previa petición de este. Esta fatalidad permitió a Malvasia tener la excusa perfecta para retrasar la acción del ejército pontifical en Francia, en un momento en que ya apretaban los ministros de Felipe II para su intervención. Se decidió sustituir a Conti por Ridolfo Baglioni, pero la decisión no se produjo hasta junio y su llegada a Flandes no tuvo lugar hasta tres meses después1179. Durante ese tiempo, se fue preparando el desmantelamiento del ejército pontifical, que se certificaría con la llegada del nuevo comandante. Así, cuando hizo acto de presencia en los Países Bajos, el ejército se había dispersado y solo se levaron unos cientos de hombres como guarnición. En 1595 se llamó de vuelta a Baglioni y en septiembre del mismo año cesó toda actividad militar pontificia en favor de la Liga. El cambio en la política del papado respecto a Francia ya estaba servido y su diplomacia confirmó ese camino, ya que en ningún momento los emisarios enviados por Roma apoyaron la candidatura de Isabel Clara Eugenia al trono francés y se comenzaron a inclinar por el propio Enrique de Bearn1180. Para poder completar su estrategia de encaminar las fuerzas de la Monarquía hacia el Imperio, la Santa Sede se decidió a lanzar otras dos ofensivas diplomáticas. La primera iría encaminada a que Felipe II lograra llegar a un acuerdo con Inglaterra1181, modificando así uno de los principales objetivos de la política exterior pontificia en los años anteriores, como era conseguir que la isla volviera al catolicismo1182. Sin embargo, estos intentos no fueron considerados ni por Felipe II ni por Ernesto, que pretendía una paz que incluyera también a franceses y holandeses. Sin duda, en el ánimo del archiduque pesaron los contactos diplomáticos que estaban

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Malvasia a Aldobrandino, 6 de junio de 1593, Ibídem, f. 90 r., "Per la quale ho visto l´ottima elettione fatta da N. S. della persona del signore Ridolfo Boglioni in luogo del signore Appio de Conti, il quale sto aspettando con molto desiderio, ne mancarò di servirlo in ogni occasione". 1180 En una misiva del 7 de julio de 1593 a su embajador en Roma(AGS, E., leg. 2221, f. 89), Felipe II requirió a Sessa que consiguiera que Clemente VIII obligara a Malvasia a defender con el calor suficiente la candidatura de Isabel. 1181 Para las relaciones Inglaterra-Monarquía hasta el fallecimiento de Isabel I, W. T. MaCCAFFREY, Elizabeth I. War and politics, 1588-1603, Princeton, 1992, passím. El autor destaca que, aunque las tropas inglesas continuaro