El monasterio de las Descalzas Reales: arte y espiritualidad en el Madrid de los Austrias

July 10, 2017 | Autor: Ana García Sanz | Categoría: Habsburg Studies, Religious History, Historia de Madrid, Descalzas Reales Convent, Juana de Austria
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Descripción

LA OBRA RESTAURADA 11

El monasterio de las Descalzas Reales: arte y espiritualidad en el Madrid de los Austrias Ana García Sanz

39

La escalera del monasterio de las Descalzas Reales de Madrid Mi g uel Morán Turina

55

Reportaje fotográfico de la obra restaurada

LA RESTAURACIÓN DE LA OBRA 81

La restauración de las pinturas de la escalera del monasterio de las Descalzas Reales de Madrid Ánge l Balao Gonzá lez

El monasterio de las Descalzas Reales: arte y espiritualidad en el Madrid de los Austrias Ana Garda Sanz Conservadora del monasterio de las Descalzas Reales Patrimonio Nacional

Los

ORíGENES: JUANA DE AUSTRIA

y su

PROYECTO

FUNDACIONAL

Juana nació en Madrid cl24 de junio de 1535; su alumbramiento tuvo lugar en un palado situado en el arrabal de San Martín, propiedad de Alonso Gutiérrez, Tesorero y Contador del

EI15 de agosto de 1559, festividad de la Asunción de Nu es~

emperador. Este edificio, que sirvió de residencia temporal a la

tra Señora, tuvo lugar la solemne entrada de la primera comu-

emperatriz Isabel en los últimos meses de embarazo y después

nidad de reJigiosas en el monasterio de Nuestra Señora de la Con-

del nacimiento de Juana, se convirtió afias más tarde en el monas-

solación de Madrid, muy pronto conocido popularmente como

terio de las D escalzas Reales.

las Descalzas Reales. En el momento de escribir estas Hoeas se

En 1552 1a infanta Juana contrajo matrimonio con el joven

cumple el 450 aniversario del inicio de la vida conventual de este

principe Juan, heredero al trono de Portugal, con quien tendda

monasterio que, desde aquel momento, se convirtió en uno de

un único hijo, Sebastián, nacido en 1554 pocos días después

los núcleos más importantes del ámbito religioso, social y en casos

de la muerte de su progenitor. Viuda, y reclamada por su padre

político, e incluso festivo, de la villa de Madrid.

para ser regente de los reinos hispanos, Juana viajó a Valladolid

El monasterio de las Descalzas Reales surgió como un patro-

dejando atrás a su hijo, de apenas cuatro meses, al que no vol-

nato regio que gozó dcsdesus inicios de la protección de la Coro-

veda a ver nunca más. Sus obligaciones como infanta de Espa-

na. I L..\ iniciativa de su fundación se debe a Juana de Austria (1535-

na no fueron compatibles con su condición de m adre del here-

1573), hija m enor del emperador Carlos V y de la emperatriz.

dero de la casa real portuguesa que, evidentemente, debia educarse

Isabel de Portugal. Los estudios biográficos de quien fuera infan-

y formarse en la corte de Lisboa.

ta de Castilla y princesa de Portugal, m uestran a una mujer de

Durante su corta estancia en el reino portugués, y más con-

gran personalidad y con una profunda espiritualidad, condición

cretamente desde su regreso a Espafia, Juana fue fraguando la

ésta, que fomentó su deseo de fundar un monasterio 2 (fig. 1).

idea de fundar un monasterio. A pesar de sus responsabilidades

S:inchez Hcrn:l nd ez, M.OL., PalrOIl{//O Rfgio y~rdC/les rrligiolluflll/milllu, Madrid,

1997.

FCfll~lldez de Rclall~, L., DDliajuatll' de AmIda (J535-J573). Madrid, 1955; Villacorta B.~ño$·G~rda . A., ¡""jemita.jl/aJ/lI de Aumü•. Madrid. 2005.

II

Francisco de Borja, ya que a ella pertenecían varias muj eres d e su propia familia. Otra circunstancia tenida en cuenta a la hora de o ptar por una comunidad de clarisas, fue el hecho de que fracasase una fundación promovida por la duquesa de Frias en la localidad riojana de Casa de la Reina. En 1554, un grupo de seis religiosas partieron del m onasterio de San ta Clara de Gandia para habitar la nueva fundación, que no llegó a prosperar debido a la muerte de la duquesa. Francisco de Borja aprovechó su cercanía a la princesa Juana. y su relación familiar con algunas de aquellas religiosas valencianas, para fundir el deseo de la infanta con la necesidad de un convento donde alojar a las monjas (fig. 2). De esta manera, los orígenes del monasterio de las Descalzas Reales quedaron inevitablemente unidos a la historia del de Santa Clara de Gandía, primer convento espafiol que secundó la refor-

ma propuesta por Santa Colena Beulatt de Corbie a finales del siglo XV. Esta nueva rama franciscana, que adoptó el nombre de coletina, se p ropagó a partir del monasterio valenciano del cual surgieron siete fundaciones. Éstas hablan sido ya anunciadas por una señal m ilagrosa, cuando en el convento de Gandia se vieron salir siete estrellas del manto de la Virgen de Gracia, una esrrella por cada u no de los siete futuros conventos, siendo el último

el que ahora nos ocupa de las Descalz.as Reales de Madrid.4

La consecuencia de estos acontecimientos fue la existencia rig. l. ¡",mn d~ Austrin. Alonso S:\nchc~ Coello, (. 1%5.

de una com unidad, ya constituida en 1554, cuya definitiva residencia estaba aún por detcrminar. JuaQa de Austria dispuso, en 1557, el traslado de las religiosas a Valladolid, donde ella resi-

como regente de los reinos hispanos, papel que desempeñó des-

día. Con la idea de encontrar una residencia adecuada para ellas,

de 1554 a 1559, Juana invirtió gran parte de sus energías en

Juana mantuvo diversas negociaciones con los propictarios del

proyectar su fundación. En este proceso tuvO un papel espe-

antiguo palacio madrileño de Alonso Gutiérre7., que concluye-

cial Francisco de Borja, IV duque de Gandia y miembro de la

ron en su adquisición y posteri..or remodelación para acond icio-

Compañia de Jesús desde 1551, quien por entonces era con-

narlo como monasterio, labor que fue encomendada al arqu i-

fesor de la princesa. Aunque las inquietudes espirituales de su

tecto Antonio .Sillero.5 •

pupila estaban enfocadas a la creación de una rama femenina

En 15591as religiosas viajaron a Madrid desde Valladolid,

de jesuitas, instituto en el que de forma excepcional ella mis-

pero aún tuvieron que esperar algunos meses para habitar el nue-

ma habla ingresado, esta idea no prosperó y se cons ideró más

vo monasterio, quedando alojadas tempor, DI IibrtJ/, librtrlal, imprtll/tuy{tctorn, Un iversidad deSalamanca, 2002, pp. 193·218. ,) A esle respcclo ron de gmn ¡meró los eSlUd ios de Fcrrcr Val s, T, . La represcma· ción y la inlerpretac ión en el siglo XV I. , en Huerta Ca lvo,). dir. , Hisloria del /tall'O npaliol, l. 1, Madrid, 2003, pp. 239-267, Y Fol sa llla Vda, E., .~ ~gl o¡;a

Dafnc. Algunas precisiones sollre su represenlación , fecha de co mposició n, y posiblc, aunque no demostrnda, aUlo r/a . , Propaltlia, Arc hivo de Invc.l ligacioncs de Litcr;uura Espaficla y lcorb Lilcrnria, n{nn. 2, 2008. Los dalOs más concretos al respecto los aport:l Sldn, L. K., . Th e musiciam ,he Spanish roya l chape! and court cllIcnainmcllu" 1590-1648, TIJt Royal Challtl in /be lime of/be Hllbs_ burgs. MuJicand courtartmonyin tIIrly modl'" Europe, editado por Carrcra s, J. J. y Carda Ca rda, B., 2005, pp. 173·194 . CareJa Sanz, A. y Ru iz, L., .Linaje regio y monacal. la gaicrfa de retratos de 1a5 Dc.lc~b.as Rcalc~., El Linaje dd Emptmdor, 2001, pp. 135-158.

"

or

,.

15

Las paredes del Salón de Reyes, con sus majestuosos retratoS, fueron el marco de n umerosas visitas de miembros de la familia real quienes, para acceder a la claus ura, necesitaban disponer de la correspondiente licencia papal, documento que era tramitado a través del nu ncio de Su Santidad en España. 16 En varios documentos, relativos a las exploraciones de las rdi- . giosasl 7 y a la entrega de limosnas por parte de la Casa Real,18 se describe cómo se accedía antaño a este magno salón. Segú n las noticias, hasta el siglo XVUI existieron dos puertas en el Relicario, una que comunicaba con las dependencias laterales de la iglesia, y otra, aún existente en la actualidad, abierta hacia

el Salón de Reyes. 19 El acceso de [os monarcas, príncipes, infantes y demás ilustres visitantes a este salón se hada a través de la zona que ocupaban los aposentos de Juana de Austria y más tarde los de su hermana María. La emperatri7. gozó de licencia para entrar por esa puerta al monasterio,20 y acceder al Relicario donde gustaba encontrarse con su hija Margarita para orar juntas ante las reliquias de algunos santos a los que tenían especial devoción y después retirarse, \,la una a su quano, y la otra a su eelda».21 Igualmenre, la emperatriz frecuentaba el Salón d; Reyes, donde se reunía habitualmente tanto con su h ij a sor Margarita como con otras religiosas que acudían a hacerla compañía. Sin embargo, la entrada de los reyes a este salón a través de la clausura era algo excepcional, así ocurrió en 1680, d urante la visita de la reina Maria Luisa de Orleáns con motivo de su llegada Fig. 6. Empemlri1; Maria de AWlria. Juan Pamoj" de la enlZ, c. 1600.

a España, aconrecim icnto singular que quedó reflejado en las crónicas de la comunidad 22 .

La vinculación de las Descalzas Reales con la monarquía propició la existencia en el inrerior de la clausura de patrones tomaincluso de comedor, descrito por los asistentes al banquete como

dos del ámbito cortesano y palaciego. Juana de Austda realizó,

«u na sala grande [...] de buena arqu itecwra, hermosa vista,

desde su condición de infanta y princesa, una importante labor

con ventanas rasgadas y rejas que caen a la huerta, adornada con

de mecenazgo y contribuyó de 'forma significativa al inicio de

pinturas de primor admirable que tralan o enviaban las personas reales» 15.

la formación d~ la colec¡;ión artística del monasterio, cediendo

,) Palma, }. de, Vida,üfa SmnIJima ¡nfomaSDrMargariladebt Cruz. Madrid, 1636, p. S6. '6 AMDR, Planero 2, Caj6n 9, 4/4. Lictllcia olorgada po'. Camito Mdximo, Nuncio de SIl MII/idlld ti> Esplllia pam 'lile el rry1 (os crilldos de SIl tllSa p,mia" (/I/mre" fA cfAmura dd mom/Sltrio de /as Deltalu/ &111" co" mOfiw dr la prrPllmcid", celtbmcidn dr áiutnMfmiuidaáts rdigioln!. Ailo / 655. AMOR, Caja 35f2. Lictllda olorgada por Fr&,ico Yo,romeo, NUlldo dr Sil Salllidad tII &pnila pllm que los Rr}ts, SIl eomitiulI pllrdall mtmr a 111 daumm áel lIIo/l/waio tI! las Dt/CI/!ztu por la PU(r/1I que da al rdicario. Afio /668. '1 AMOR, Caja 21/1. Libro dr exp(orncionts de libmad dt las rrligiosas qllt proftsarOIl m tlmOl/aflerio de 1M DtsM!ztu Rtnle/ áe Madrid desde 1577 a 1935. " AMOR, Caja 23/2. Libro de 101 illgrt/os ár la! limoS/ltl! del 110110 1 lOJ gallos que!t ha" tftml/ldo eOIl cargo a fAs misil/M dumn/( 101 afio/ 168211683. ,! AMOR, C1ja 8ft7. Carra de la abadesa de las DesmlZl/s Reale/, sor Marra Pall/aItOlla de mil Amollio dt PadUII, 1I1IIIquisidor Gmeml, lIoliftcdlldolr qllr tsM tlllIIO

rlllutvo cOllft/lQ/lllrio abimo e// rl lado i//feriorárl altar mayor1 q/II sr ha "'tlido tII dalU/ira tf {fall/ado _Cuarlo de la Emprratriz_. Afio /783. M AMOR, Caj. IGfJ 5. Crdllicn e his/ori,/ del mOI/(/Jferio de 1'1 Madrr de DiOJ de la COIISolllci6n, V/ligO DmalZl/I Rrnltl, ¡I/lIdado por dofill JI/al/a dr A'/Jtria, pr;/lUla de Porll/galAño .1599. 11 Palma, J. de, op. di., 1636, p. 282 (ed. l'alafox). 11 AMOR, D ja 16/11. Frngmm/o dtl ,(/alO de VIIrios SI/resos vividos'" ti mMilJ/erio áe las Dcscnkns Rrnles dctde 1677 bas/a 1684, d(f/aeal/do la muerte de SOr Margarita de f.1 Crut ,A,lIIr¡'l. 1) AMOR, C.1ja LlIS. bWtlllarios de todas las rtliqlliM, imdgmts, omamelllOS, obje10/ rtligiolOJ que 100Itilall/ell/arios de dolía'¡l/lIl/a de Austria mlrtgaroll al mOllas/erio de 1m DtlCa!ztu Rtaks por ordm de la pril/ctsn áe Porlllgal, mji",dadora. Años

16

parte de sus biencs. 23 A imitaCión de ella, otras mujeres de la Casa

1574-1597.

.

-'

.- '

.

,



Fig.7. Solón de Rcye.s.

17

rig. B. Salón de ReYe¡1.

Del~ lI cl

de 101 nulejos. Manufaclura IOledana, $. XVI.

de Austria y de las f1lm ili as de la Nobleza protagonizaron ini-

na hasta Madrid acompafiando a su madre en su decisión de reti·

ciativas que supusieron tanto la llegada de valiosas obras de

rarse de los asu n tos de estado. A pesar de ser requerida por su

arte, como la ejecución de programas decorativos enfocados al

do Felipe Il como su quinta esposa, Margarita decidió abrazar

ornato de los espacios conventuales. El resuleado de esta pro-

la vida religiosa, profesando e,n el monasterio fu ndado por su

mociÓn ardstica se sumÓ, tanto a los bienes traldos al convento

daJuana. Su vida ejemplar quedó reflejada en una detallada bio-

como parte de la dote de las rel igiosas. como a aquellos regala-

grafla en la qu.e se resah~n sus numerosas virtudes y la santidad

dos por sus fami lias. hechos que explican la formación de la exten-

de su persona;ü la admiración que sus contemporáneos sintie-

sa y valiosa colección de obras de arte (6g. 9).

ron hacia su calidad humana y esp iritual motivó que se in iciara

Una de las religiosas más ilustres y que mayor calado tuVO

incluso su proceso de canonización .25 Su fama traspasó los muros

en la comunidad, especialmente por su talla espiritual, fue la

de la clausura de las Descalzas y fue objeto de numerosos comen-

archiduquesa Margarita de Austria (1567-1633). que profesó en

tarios de las gentes de Madrid; a csta admiración popular res-

1584 adoptando como nombre de rel igión el de sor Margarita

ponde el soneto que Francisco de Quevedo escribió a su muer-

de la C ruz. L'\ hija menor del emperador Maximiliano Il y de

te, definiéndola como lila frente más preciosa que imperiales

la emperatriz Maria de Austria, realizó un largo viaje desde Vie-

coronas han cercado,,16 (fig. 10).

14

l' 18

P~lrna, J. de, op. cil. AMDR. C1ja 30/2. [)o(uffltmacidn rt!AliJIII//( prtI«J{/dt btatifiraddn di lA in¡m,. fA Iflr M//rtarifA di 1" C"" .. follttitla J rn/trn/dA m lA d""lura dt IAllli~alUJ

Ntalil, inüi//dfl ,~r lA NfflunMad J lA abadt$ll da rilath mO",IIIt1i~, $(Ir¡",mil dtl Esplrilu SllnlfI. AIi", 1689. u _Glorioso Tdmu lo a la $erenfsima Inf':lnu So r Ma rg:¡riu de '\u$!ria. , Obn/I di Don Fmntoo di QutWdo VilltgAJ, 1974.

rig. 9. Puerta del Relicario desde el Salón de Reyes.

La estancia ligada más fntim amente a su perso na es la Ha· mada «casita de la infanta», pequeña habitaci6n que refleja la

Fig. 10. lnfolllil Margtlrilll de "1

Cnl~

Amonio rued, 1603.

cera y profunda amistad que mantuvo con la reina Margarita de Austria, quien encolltr6 en ella una perfecta consejera.

sobriedad con que Margarita de Austria pasó sus d(as en el mona~~

Sor Marga rita de la Cruz fue la responsable de la llegada al

terio. Como describe su bi6grafo, el padre Palma, se trataba de

monasterio de Catalina de Este

(I614~ 16 28 ),

hija de los prín~

un pequeflo y pobre aposento debajo de una escalera, donde guar·

cipes de M6dena, nieta de la infanta Catalina M icacla y por lo

daba una escultura de sa n Francisco dentro de una capillita de

tanto bisnieta de Felipe

ébano realizada co n la madera de un árbol que había plantado

en l622 con tan 5610 ocho afios, fa lleciendo seis afios más

el propio santo.

27

n.o Catalina lIeg6 a las Descab,. .ts Reales tar~

Sin embargo, a pesar de su total aceptaci6n

de sin haber llegado a realizar los VOtoS perpetuos. A pesar de la

de las normas de la vida de clausura, Margarita no desatendi6 1as

brevedad de su vida, fue considerada una de las religiosas más

obligaciones derivadas de su rango, pues acostumbraba dar

estimadas por la comunidad, yen su memoria se realizaro n varios

aud iencia a través de la ventana del Relicario a embajadores y

reu atos, siendo el más interesante de ellos aquel en el que apa-

otras personas disti nguidas que deseaban sal udada y p resen tar~

rece difunta, tendida en su ataúd y con la cabeza cubierta con

le sus respetos. Asim ismo, siempre mantuvo una estrecha rela·

el velo blanco de novicia.28

ci6 n con todos sus familiares, destacando especialmente la s i n~

11

Palma, J. de, op. cit., pp. 269 Y474.

l.

Nlímero de invel1tario 0061399 1.

19

Dentro del grupo de monjas ilustres ocupa un lugar espe·

Otra de las empresas artísricas en las que se implicó sor Ana

cial sor Ana Dorotea de la Concepci6n (1612·1694), quien naci6

Dorocea fue la mlauTIlcitJn de la decoraci6n mural de la escale·

siendo marquesa de Austria, al ser h ija natural del emperador

ra principal,31 (al y como reza una inscripción conservada en la

Rodolfo 11 y de Catalina de Estrada, por lo [anta sobrina de la

parte cent ral de la pared sur. 32 El uso del verbo restaurar para

infan ta Margarita. Fue enviada a la corte española en 1624 para

ind icar los trabajos realizados por encargo de la marquesa de Aus-

ingresar en el monasterio de las Descalzas, profesando con dic·

tria hace pens.1r que estuvieron centrados en la reparación de algo

ciséis afias, en 1628, en una solemne ceremonia celebrada en

ya existente y que la empresa promovida implicada, únicamen·

la iglesia del monasterio. L1. figura de sor Ana Dorotea es un cia·

te, la renovación y limpieza de unas pinturas realizadas ante·

ro ejemplo de mecenazgo conventual, funci6n en la cual se puso

riormente. Por orro lado, no existen datos que permitan afir.

de manifiesto su refinado gusto artfstico, cond ición que había

mar que la presencia de esta inscripción responda al deseo personal

heredado de su padre, gran coleccionista y declarado protector

de Ana Dorotea de perpetuarse como promotora de esta obra, ni

de las artes.

tampoco que pudiera tratarse de una iniciativa posterior. Sin

Ana Dorotea promovió importantes empresas artísticas en el

embargo, la figura de Ana Dorotea ha estado siempre presente

monasterio, entre las que se encuentra el encargo, en 1653, de la

en la decoraci6n de la escalera, aunque de manera muy discre·

capilla de Guadalupe, situada en el ala Este del claustro alto. 29

Para

tao La reciente restauración de las pinturas ha permitido ver deta·

su realizaci6n e1igi6 a Sebasti~n Herrera Barnucvo, arquitecto, pin·

Ilcs de las mismas que hasta ahora permaneclan ocultos bajo capas

ror y escultor madrilefio especializado en la proyecci6n de arqui·

de barniz y suciedad. Un detallado análisis del ros trO de la san-

tecturas eUmeros que lIeg6 a ser pintor de cámara de Carlos Il en

ta Dorotea, que preside, enmarcada en un medall6n, la parte

1667. Catorce afi os antes de conseguir este nombramiento, Bar.

superior de la pared Norte de la caja de la escale r~, revela unas

nuevo realizó esta capilla consiguiendo crear, en un reducido espa·

faccion es muy similares a las de la archiduquesa. Una atenta com-

cio, un conjunto de gran riqueza y esplendor. Todo en ella fue cui-

parnci6n con el retrato que de ella realizara Rubens en 1628, CO I\·

dadosamente d isefiado y ejecutado; una sucesión de espejos cubre

servado en el Salón de Reyes del monasterio, pone de manifies·

todas las paredes y forma un dosel que acoge la imagen de la Vir·

ro esta similitud" (figs. 15 y 16).

gen. Sobre los espejos de mayor tamaño fueron ejecutadas una serie

Al hablar de: las religiosas ilustres que habitarOll en el mo nas·

de pinturas a¡óleo con escenas de las mujeres fuertes de la Biblia,

terio es obligado citar la figura de Margarita de Austria (1650 •

temática que responde a cierra intenci6n doctrinal, muy apro-

1686). La presencia de la segunda religiosa que con este nom-

piada en una clausura femenina. El programa iconográfico se cen-

bre profesó en las Descalzas Reales responde a un hecho que se

tra en la figura d e la Virgen como modelo de virtudes y valores que

produda con frecuencia, ya desde la Edad Media, como era la

deben ser emulados pero, al mismo tiempo, también en las heroí-

opci6n· por la vida en clausura a la hora de escoger el futuro de

nas del Antiguo Testamento, representadas en escenas de gran dra-

las hijas naturales de los mon arcas o gobernantes, como ya se

matismo, quienes aparecen como

apunt6 al hablar de Ana .Do~otea.

OtrOS

modelos de comporra·

miento femenino igualmente imitables.

Margarita fue hija na;!lral de Juan José de Austria, fruto de

Esta capilla es un buen ejemplo de la estrecha relaci6n entre

sus amo r~ en N~po l es con Rosa Azwlino, sobrina y ah ijada

manifestaci6n :artística y li teratura pues la fuente de inspiraci6n

del ilustre pintor José Ribera. En 1656, con apenas seis afias, Ile·

del programa iconográfico se encuentra en la obra de Martín

g6 al monasterio, aunque su profesi6n no se produjo has(a 1666.

Carrillo, Elogios de mujem insignes del Viejo ustamemo, conser·

Su presencia en las Descalzas Reales propici6 la realizaci6n de

vada en la biblioteca del propio monasterio y que fue dedicada

la capilla del Milagro, encargada por su padre en 1678 asumiendo

por el autor a la infanta so r Margarita de la

Cruz30

(figs. 11 ,

en parte los deseos de su abuelo Felipe

rv.3-4 En estas fechas del

12,13 Y 14).

siglo XVII; la mayoría de las estancias del monasterio ya tenían

~

,\l

JI

J1

20

Wethey. H. E. Y Sund erland Wc(ney, A... H cm:r~ Burnuevo y su capilla en Ins Descol~s Reales., R~illrl Sitiol. núm. 13, 1967, pp. 12·2l. I3M DR. 053 1. C1 rrillo, M., EI~iMdr"",jcm imig¡mdd Vitj~ 1hflfl/l(n{O, Hue¡· ca, 1627. Pora los aspeews relocionodos dirt((UmCIlIC con I~ deco".dón dc la cscalcra véa· $e el (CX(o dc Morin'!inina cn e¡(a mIsma publicación.

)J )4

RESTAURO ESTA ESCALERA I SDRANA DOROTEA / MARQU ESA DE AUSTRIA / HIJA DEL EMPERADOR / RODOLFO 11/ RELIGI OSA DE ESTE CO NV ENTO I AJil'O DE 1684· Numero de i"ventario 00612199. Óleo ,obre lienzo. El mejor est udio de cm. capilla publia do porGo nclb.A$Cnjo, E., 01...1 upi. lla del MiI~gtO :le lu Descalu.s Reales de Madrid., ~"J,,,mJo" ,ü Al/tIria, 1m Arltt (J629·J619), Madrid, 2005, pp. 574- 605 y 641·645.

ese!

Fig. 11. Capilla de la Virgen de Guadalupc. Sebastan Herrera Barnuevo, 1653.

21

LOGIOS E., MVGE.RB S INSIGNES DEL vmJO l

TESTAMENTO.

~L.d k )e1Z0Ya

I1!fonta1J:.IMa!"qar1ta I

deAuRn'a,..Hon;'a en el Fig. 12.

&q/l~/.

Sebastián Herre ra Barnucvo, 1653.

uento ~a! de las.

de jJ{adrt'd Por el D~' Martl1n Carrillo .Ll.[)uau¡

de MontraragC>ll

Fig. 13. Cartela que corona la C'llp illa de Guadal upe.

Fig. 11\.

22

EI~g"'~s

dr lIIujem illsignrs dd V;rjD

TN(f/m(1!IO.

Martln Ca rrillo, 1627.

fig. 15.

Sillita

Doro/tll. PiJllUl'lI mU1'll1de la clo;alel'll. Detalle.

una función y uso asignados, por lo que el espacio disponible era

f ig. 16. Sor AI/II DoITJ/~a. Pedro Pablo Rubcns, 1628. Dct~ lIe.

cada en la Casita de Nazaret, ubicación que abandonaba tem-

muy reducido. El único lugar posible para su ubicación se encon-

poralmente para ser trasladada a la iglesia y así corresponder al

traba en la parte posterior de la Casita de Nazaret, una zona de

fervor que el pueblo de Madrid, y sus gobernantes, sentían hacia

dimensiones reducidas pero en donde, gracias a la habilidad de los

ella. D ebido a la popularidad que alcanzó su veneración, tanto

artistas, fue factible levantar una pequeña capilla con todos los ele-

fuera como dentro del convento, se hizo necesaria la construc-

mentos propios de un templo (fig. 17).

ción de una capilla propia en donde ocupase un lugar princi-

Esta capilla surgió con el propósito de ofrecer un espacio

pal. Con este fin se conStruyó la capilla del Milagro, uno de los

representativo a la Virgen del Milagro, una de las imágenes más

espacios más bellos del monasterio y una de las joyas del arte

emblemáticas y veneradas por la comunidad. Esta pintura de la

barroco madrilefio. 36

Virgen con el Niño, obra de Paolo de San Leocadio, fue traída

La última religiosa de este grupo de mujeres ilustres fue sor

por la primera abadesa de las Descalzas, sor Juana de la Cruz,

Mariana de la CrU'l. y Austria (1641-1715), hija natural del car-

quien la recibió de su hermana, Leonor de Borja, ambas hijas

denal infante don Fernando, hermano menor del rey Felipe IV.

de [os duques de Gandía. 3s A su llegada al monasterio fue colo-

Mariana nació en Bruselas el 26 de julio de 1641> tres meses antes

)) Hebas, J. de las, Bnw 'Iis/orill dt /11 prodigioSl/ illlllgm dr Numm Stfiorll dtt Mi/IIgro qUt se vtl/trll tII tI religiosfsilllo (Ol/WIIIO dr!nl StfiorllsIÑlrnful Rrlllts dr mil COrlt. Madrid. 1712; Garcdidn por Mdchor Bi lia, Nuncio Apostó li co , y Amonio, An.obispo de Praga. Y rcl~ción de milagros ~tribllido~ a san Vlctor, 1570. Citado por Cabr~ra de Córdob.1. L, Rdnc!o,w d~ /nr Cflsnl IIIm/idnl rII /a Cam dtEtpnfín. dnd. }$99/mslII 1614, p. 170.

~,

33

Pig.27. Refectorio.

El Refectorio, co ntiguo a la escalera principal pero ajeno a

Cena, escena presente en todos los refectorios monacales, y que

los ojos del visitante, es el escenario donde, a diario, tienen lugar

debió ser uno de los primeros encargos de la comun idad para

las comidas d e las religiosas. Todo en este espacio responde a

decot:U" el monasterio63 (fig. 27).

un orden establecido, desde la entrada en la sala, que se hada

La Sala Capitular es e! lugar en donde se materializa el gobier-

en procesi6n después de haberse realizado las oraciones correspondientes. h asta la colocación de cada una de [as religiosas en

no de la com unidad y en 'donde tenlan lugar los acontecimien-

las mesas así como los trabajos que cada una de ellas debla rea-

tos más ~ rasce nd el) [es de la vida de las religiosas; en ella se desa-

lizar. 61 Las comidas discurrfan en silencio. mientras se escucha-

rrol laban ¡as rcuniones-enfocadas a laelecci6n de cargos, revisión

ba la lectura correspondiente de cada d fa. A pesar de las obras

de const itucio nes y todas [as cues tiones relacio nadas con el

I'(!alizadas para mejorar la vida cotidiana de las rcligiosas, el l'(!fec-

gobierno del convento. En este espacio se celebraba uno de los

torio de las Descalzas Reales mantiene su escncia. Sigue el esque-

cinco momentos de la ceremonia de la profesi6n de las religio-

ma clásico de sala amplia y rectangular, con bancos y mesas dis-

sas. En la de sor Margarita de la C ruz., en 1584, se describfa el

tribuidos por todo el perímetro y paralelos a las paredes de la

Capítulo .como un salón grande, "extremadamente» adorna-

misma. En su deco ración destaca el gran lienzo de fi nales del

do. ~ las paredes de preciosas colgadu ras y de ricas alfom bras el s u elo»6~ (fig. 28).

siglo XVI que preside la sala y donde se representa La Última

u

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S~nch
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