APARATOS PARA UN TERRITORIO BLANDO; Relato de un viaje y reflexiones de un proceso de obra en Oasis de Niebla de Alto Patache, Desierto de Atacama, Región de Tarapacá, Chile.

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APARATOS PARA UN TERRITORIO BLANDO Relato de un viaje y reflexiones de un proceso de obra en Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile.

AUTOR: Francisco Navarrete Sitja

Santiago de Chile 2015.



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A mis padres, abuelos y ancestros.



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ÍNDICE PORTADA……………………………………………………………………………….………….1 DEDICATORIA…………………………………………………………………….……………….2 ÍNDICE…………………………………………………………………………….………..……….3 AGRADECIMIENTOS…………………………………………………………………….……..…4 PRÓLOGO……………………………………….…………………………………….……………5 ABSTRACT………………………………………………………………………….………...…..10 INTRODUCCIÓN………………………………………………………………………………....11 CAPÍTULO 1: El viaje…………………………….……………………………….……………...14 CAPÍTULO 2: La industria local...……………….…………………………….………………..25 CAPÍTULO 3: La calzada.……………………………………………………………………….34 CAPÍTULO 4: El oasis de niebla…………………………………………………………….….38 CAPÍTULO 5: La camanchaca….……………………………………………………..………..44 CAPÍTULO 6: Los objetos……………………………………………………………………….54 CAPÍTULO 7: El espacio…………………………………………………………………………63 CAPÍTULO 8: Imaginario técnico…………………………………………………………….…67 CAPÍTULO 9: Lo efímero………………………………………………….………………..……71 CAPÍTULO 10: Aparición……………………………………………….………………………..76 CAPÍTULO 11: Pasajes………………………………………………..…………………………90 CAPÍTULO 12: Paradigmas y conclusión..…………………..…………….…………………100 BIBLIOGRAFÍA.……………………………………………………………….…………………118 ANEXOS 1: Reseña del artista………………….……….…….………………………………124 ANEXOS 2: DVD Blu-ray material audiovisual…..…….……….……………………………128 ÍNDICE DE ILUSTRACIONES.………………………….………………………….………….129



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AGRADECIMIENTOS.

Deseo mostrar mi más sincero agradecimiento y afecto a todas aquellas personas sin las cuales, este trabajo no habría sido posible: Ana Matilde Cordero, Rosa Miranda, Tania Robledo, Enrique Rivera, Daniel Reyes León, Rodolfo Andaur, Rodrigo Zúñiga, Pablo Langlois, Amparo Prieto, Elizabeth Collingwood-Selby, Verónica Aguilera, Pedro Alonso, Pablo Rivera, Miguel Ruiz Stull, Valentina Serrati, Josefina Hepp, Felipe Lobos, Hélène Binet, Pilar Cereceda, Horacio Larraín, Pablo Osses, Luis Germán Rodríguez y Felipe César Londoño. Asimismo, agradezco al XIV Festival Internacional de la Imagen y Universidad de Caldas (Colombia), Fundación Telefónica Venezuela, Centro del Desierto de Atacama (CDA) de la Pontificia Universidad Católica de Chile y al Área de Nuevos Medios del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (Chile). Por último, un especial agradecimiento a mi pareja, Andrés. A mis padres, Carlos y Myriam. A mis abuelos Ricardo, Domingo, Oritia y Elena. Y a mis hermanos, Carlos, Rodrigo y Alejandro.



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PRÓLOGO En agosto del año 2013, el Centro del Desierto de Atacama UC (CDA),

el

Programa de Magíster en Arquitectura MARQ UC y el Programa de Arte, Ciencia y Tecnología, del Área de Nuevos Medios del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA), lanzaron una convocatoria local e internacional llamada “Proyecto NORTE”. Iniciativa que se desplegaba en la modalidad de una residencia de investigación y producción de obras en el Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, convocando a artistas mediales, arquitectos y diseñadores a participar y

realizar una residencia entre el 16 y 21 de octubre 2013, en las

instalaciones y plataforma científica de investigación del CDA. En dicha iniciativa se seleccionaría a tres postulantes, quienes en su estadía en el oasis de niebla estarían acompañados por Hélène Binet (Francia), destacada fotógrafa de arquitectura contemporánea e histórica, quien además dirigiría un workshop intensivo de creación e investigación fotográfica en el cual los seleccionados

podían asistir como parte del programa y beca otorgada. Las

interrogantes a analizar en el workshop serían: ¿Qué haces tú como fotógrafo para crear espacio? ¿Qué podría significar el alejarse de las cosas y anular la perspectiva? ¿Cómo se puede revelar el espacio?. Posterior al workshop, una vez en el Desierto de Atacama, los seleccionados serían

acompañados y asesorados por el Phd Horacio Larraín Barros,

Antropólogo, Arqueólogo y Geógrafo; Pablo Osses,

Geógrafo y Máster en

Economía Agraría; Josefina Hepp, Agrónoma y Magíster en protección y manejo ambiental; Pilar Cereceda, Profesora de Historia, Geografía y Educación Cívica en PUC; y Valentina Serrati, Artista Visual Licenciada en Artes de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Dentro de los asuntos más

interesantes de aquella convocatoria, estaba la

posibilidad de acceder al oasis de niebla, Bien Nacional protegido para fines de



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conservación, investigación, educación y desarrollo sustentable de sus recursos. Igualmente, parecía interesante poder establecer un diálogo interdisciplinario con el Centro del Desierto de Atacama CDA UC, Institución que tiene una larga tradición en proyectos que vinculan arte y ciencia. Por ejemplo, recientemente, fueron invitados a participar en la DOCUMENTA(13), en Kassel, Alemania. Lugar donde se expusieron trabajos de investigación en niebla, atrapanieblas y banco de semillas. También destacan iniciativas artísticas

internacionales vinculadas a

Observatorio Paranal (Chile), Chuquicamata(Chile), Bienal de Artes Mediales (Chile), Fundación Telefónica (Chile), AA Visiting School (UK) y Universidad de Melbourne (Australia), entre otros. Volviendo a la convocatoria Proyecto NORTE, los 3 participantes por seleccionar –artistas, arquitectos o diseñadores– eran convocados a utilizar esta residencia con el fin de desarrollar una investigación, proyecto u obra a propósito de su estadía en Punta Patache, debiendo vincular estrategias visuales y temas de interés propios con aquellos que destacan en el oasis de niebla, teniendo en consideración que los trabajos debieran ser fundamentalmente audiovisuales, site specific u otra manifestación artística que permitiera una apertura de las dinámicas naturales del oasis, hacia otros campos de acción y conocimiento. De ahí que la convocatoria fuera articulada por el Programa de Arte, Ciencia y Tecnología del CNCA, programa que tiene como objetivo generar plataformas de investigación, formación y creación en residencias de sitio específico con acento en el paisaje y geografía tarapaqueña; convocando a creadores de distintas disciplinas –locales y extranjeros– reforzando el carácter transdiciplinario que permita expandir las nociones de ciencia y medioambiente mediante una aproximación creativa. Pues bien, decidí presentarme a dicha convocatoria. Fueron recibidas 70 postulaciones de las cuales, en una primera etapa, se preseleccionaron 35 solicitudes. Tres artistas fueron escogidos por la calidad de sus proyectos, nivel de procesos y metodología de trabajo en el contexto de la trayectoria de los postulantes. Estos fueron: Mauricio Lacrampette (Chile), Verónica Aguilera



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(España-Alemania) y yo, Francisco Navarrete (Chile). Así fue como me incorporé a esta iniciativa de investigación y creación artística en Atacama, participación que dio pie al desarrollo del presente texto; relato de un viaje y

posteriores

reflexiones de un proceso de obra en Oasis de Niebla de Alto Patache, Desierto de Atacama, Región de Tarapacá, Chile. Desde octubre 2013 a la fecha, gran parte de mi dedicación y trabajo ha estado circunscrito a la investigación, creación, producción

e internacionalización del

proyecto y resultados artísticos desarrollados –fotográfica, objetual, videográfica y sonoramente– en marco de esta iniciativa, Proyecto NORTE. Respecto a lo anterior, con la intención de contextualizar el desarrollo actual del proyecto «Aparatos para un territorio blando» –articulaciones que han sido posibles gracias a las aristas que convergen en el presente relato–, me parece relevante mencionar que los resultados materiales y reflexiones generadas han sido

re-articuladas

y

presentadas

en

diferentes

iniciativas

artísticas

internacionales. A fines del 2014,

el proyecto fue presentado a la convocatoria Muestra

Monográfica de Media Art: Ecología desde el arte digital, plataforma organizada por Fundación Telefónica Venezuela

y la Facultad de Diseño Visual de

la

Universidad de Caldas de Colombia, en marco del XIV Festival Internacional de la imagen. El proyecto fue uno de los 5 seleccionados entre 56 postulaciones recibidas, por lo que se me otorgó una beca para desarrollar un texto monográfico y

producir una versión piloto multimedia de la obra de arte, con el fin de

incorporarlas en un libro electrónico que editará la Fundación Telefónica en Venezuela

junto

a

la

Universidad

de

Caldas

de

Colombia. Publicación

recientemente divulgada como parte de la Colección Fundación Telefónica – Ariel, que está dedicada a generar y divulgar conocimientos sobre la incorporación de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) en diferentes ámbitos.



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Recientemente, en el marco del XIV Festival Internacional de la Imagen que se realizó del 20 al 25 de abril de 2015 en Manizales - Colombia, se presentó la publicación electrónica en el Seminario Internacional de Ecología + Media Art, seminario en que participaron: Luis Germán Rodríguez (Venezuela), Felipe César Londoño (Colombia), Ana Vass (Venezuela), Bruno Vianna (Brasil), Claudia González (Chile), Julio Velazco (Colombia-Alemania),

Phd Ricardo Dal Farra

(Argentina-Canadá) y yo. Asimismo, se realizó la exhibición del prototipo de obra de cada seleccionado –en mi caso instalación inmersiva, video animación, fotografía digital, paisaje sonoro y otros–, piezas que conformaron la exposición central del evento, en Colombia. Además, cabe destacar que la publicación monográfica digital, los procesos de obra y resultados desarrollados a la fecha serán exhibidos –de septiembre a noviembre 2015– en Caracas, Venezuela. En una exposición que organizará la Fundación Telefónica y Centro Cultural B.O.D., evento comisariado por el destacado curador venezolano Félix Suazo. Por último, es importante mencionar que el proyecto «Aparatos para un territorio blando» fue presentado y galardonado en la convocatoria Internacional para el desarrollo de proyectos y residencias artísticas en

la Fundación Bilbao Arte

Fundazioa. Dicha convocatoria tiene como objeto la puesta en marcha de un programa de becas consistente en ayudas económicas y asistenciales para la realización de proyectos artísticos. En mi caso, se trata de una Beca de Producción con Cesión de Estudio, desde julio a diciembre 2015 o marzo 2016, asistencia que contempla una importante

ayuda económica y el uso de un

espacio de cesión temporal en la Fundación Bilbao Arte Fundazioa para proyectos que requieran, de manera justificada, la utilización de un estudio de edición digital, impresión, grabación audiovisual y nuevas tecnologías, entre otros. Durante mi estancia en Bilbao Arte, continuaré con el desarrollo, experimentación y producción de este proyecto de creación artística, elaborando además un libro



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de artista a partir de la extensión de este relato, experimentación y creación de obra, nueva experiencia en residencia y articulación de bitácora de trabajo. Los resultados serán exhibidos, a inicios del 2016, en Fundación Bilbao Arte Fundazioa, Museo de Arte contemporáneo MAC y en la Galería de Artes Visuales del Centro Cultural de España (Chile), durante Diciembre 2015. Recientemente, algunas imágenes han sido incorporadas en el libro Paisajes Tarapaqueños, escrito por Rodolfo Andaur y publicado –en español e inglés– por la editorial Metales Pesados. Por último, algunas reflexiones e imágenes han sido publicadas en Revista Obj nº2 / Objeto Tecnológico en el Arte Contemporáneo / Lenguajes Combinados y Procesos Creativos; Proyecto de Innovación e Investigación Disciplinaria, Iniciativa Bicentenario Juan Gómez Millas, Universidad de Chile 2014~2015.



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ABSTRACT Este relato se propone reflexionar, formal y conceptualmente, sobre aquella tensión, incertidumbre e invisibilidad que recae sobre el desierto Tarapaqueño producto de las diversas expresiones materiales e ideologías vinculadas a la expansión del pensamiento técnico sobre esta extrema geografía.

Así, para

representar esta tensión entre paisaje desértico y técnica, se visitó el Oasis de Niebla de Alto Patache, en pleno desierto de Atacama. La pertinencia de este oasis radicó en que esta plataforma de investigación con fines de conservación medioambiental, es asediada por un fuerte polo de desarrollo industrial. De esta manera, a través de una serie de ejercicios de observación sobre el contexto ecológico, fenómeno climático de la niebla e infraestructuras técnicas, se fueron articulando –modulados por la experiencia in situ, intereses creativos, producción de obra y reflexiones posteriores– los apartados y tópicos de este relato.

Palabras clave: Oasis de Niebla, desierto de Atacama, norte de Chile, territorio, pensamiento técnico, naturaleza, poética del paisaje, camanchaca, incertidumbre, efímero, superposición, transparencia, opacidad, fotografía digital, audiovisual, artes mediales.



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INTRODUCCIÓN El presente texto, consiste en el relato de un viaje y reflexiones de un proceso de obra en Oasis de Niebla de Alto Patache, Desierto de Atacama, Región de Tarapacá, Chile. El relato, reflexiona sobre los diversos elementos, discursos y procesos que, de forma paradójica, han mantenido al Desierto de Atacama en una constante configuración técnica del territorio y paisaje, producto de la ocupación de la mega industria local. De esta forma, se pretende dar cuenta de aquella incertidumbre simbólica que recae sobre el desierto tarapaqueño producto de las diversas expresiones ideológicas vinculadas a la expansión del pensamiento tecnocientífico. Ideologías y manifestaciones materiales que convergen en un imaginario y representación del territorio cual proyección simbólica de las consecuencias que ha ocasionado la técnica sobre esta extrema geografía. Así, para representar esta tensión entre paisaje desértico y pensamiento técnico, se visitó –en marco de una beca de residencia de exploración y creación de obra site specific, Residencia Proyecto NORTE– el Oasis de Niebla de Alto Patache, estación experimental ubicada a 65 kilómetros al sur de la ciudad de Iquique, en pleno Desierto de Atacama. La pertinencia de este oasis radicó en que

esta

plataforma de investigación con fines de conservación medioambiental para la protección de ecosistemas áridos y de niebla, es asediada por un fuerte polo de desarrollo industrial emplazado en Punta Patache. De esta manera, a través de una serie de ejercicios de observación sobre este contexto, se fueron articulando los tópicos de este relato, las operaciones y estrategias visuales que dieron forma al proyecto de creación que se encuentra elaborando, actualmente, el artista. El relato se divide en 12 apartados modulados por la experiencia en residencia y reflexiones posteriores. En un primer momento,

es la experiencia del viaje,

trayecto, reconocimiento de materialidades y efectos de superficie en el paisaje local, los que forman parte de la descripción subjetiva del entorno. Por otra parte, estableciendo



vínculos

con ciertos antecedentes científicos respecto a las

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condiciones climáticas del Desierto, se detallan locaciones y situaciones lumínicas que se vinculan con la fotografía, en su mayoría manifestaciones contradictorias entre la geografía del

territorio y la actividad industrial. Del mismo modo, se

describen los alrededores del oasis, la biodiversidad del predio, dinámicas de cambio y fenómenos climáticos que le son propios. De ellos, el más importante para el artista, la niebla camanchaca. Posteriormente, se describen los procedimientos y metodologías de trabajo de campo en las inmediaciones del oasis de niebla. Se hace hincapié en las reflexiones que surgían a partir de la densidad material de la niebla comenzando con

los intereses del artista por cierta poética

y visualidad vinculada a los

márgenes de la representación. De esta manera, se pone énfasis en la dimensión metarreflexiva y dialéctica de la niebla «camanchaca». Acto seguido, se describe y reflexiona sobre aquello que aparece una vez que la niebla se retira de la superficie, evidenciando la importancia

de las

infraestructuras que irrumpen en el paisaje del oasis. Así, cuestionando

la

pertinencia de aquellas infraestructuras, se especula sobre la relación del hombre con la producción de espacio y las diversas manifestaciones objetuales de lo técnico.

A partir de esta última reflexión, se formula la hipótesis de que las

infraestructuras técnicas están

puesta al servicio de una superestructura

ideológica. De ahí que, se decide articular –poéticamente, y a través de

los

objetos y mediación de los dispositivos de registro y montaje– una posible «naturaleza» del espacio desértico. En seguida, ya en un segundo momento del texto, se reflexiona sobre el concepto y expresiones de lo efímero; categoría metafísica con la que se van hilvanando ciertas indeterminaciones formales del territorio y representación. Así pues, se analizan los registros y técnicas de representación para la puesta en escena de la propuesta, en su mayoría expresiones y recursos formales de la imagen digital, paisaje sonoro y objetualidad, que dialogan con ciertas propiedades y fenómenos



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climáticos. Se enfatiza en la superposición, capas, repetición, palimpsestos, ficción, y experimentaciones materiales. De esta manera, se abordan

ciertas

metáforas plásticas vinculadas a las expresiones de lo ininteligible, el pasaje, dualidad y virtualidad. Posteriormente, vinculando el concepto de lo efímero, se investiga y reflexiona sobre ciertas expresiones formales de la cosmovisión precolombina,

recursos

visuales que contribuirían a representar ese estado de desdoblamiento y otredad en que se alteran las nociones de tiempo y espacialidad en la representación del oasis y paisaje desértico. Así, se enfatiza en ciertas estrategias formales de inmersión

tempo-espacial,

movilidad

aparente,

metamorfosis

materiales,

reminiscencias y desdoblamiento del entorno geográfico a través de la representación digital. Por último, se relacionan algunas prácticas que enlazan el cine y la magia, en tanto ambos sustituyen la realidad por representaciones. Finalmente, en un tercer relación

y último momento del texto,

hombre-naturaleza

en

el

contexto

se reflexiona sobre la

cultural

latinoamericano,

contraponiendo el discurso hegemónico de la cosmovisión occidental

y las

categorías binarias que este discurso despliega respecto a la relación del hombre con la naturaleza. Dejando en evidencia –a través de una serie de lecturas de Heidegger, reflexiones sobre el paisaje desértico y fenómenos climáticos, infraestructuras técnicas, dispositivos de representación digital y materialización del proyecto artístico de creación– como hemos sido eclipsados por el pensamiento, ideología y materialidad técnica.



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APARATOS PARA UN TERRITORIO BLANDO Relato de un viaje y reflexiones de un proceso de obra en Oasis de Niebla de Alto Patache, Desierto de Atacama, Región de Tarapacá, Chile.



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1.- EL VIAJE. “El tiempo al borde del sueño es más blando, y en los lugares blandos se retuerce sobre sí mismo. En los lugares blandos, donde la frontera entre sueño y realidad se ha erosionado, o aún no se ha formado... el tiempo, como una piedra en una charca, produce ondas... Ahí es donde estamos”. Neil Gaiman. “Un paisaje no es solo un lugar, es también su imagen. No reside sólo en la naturaleza, en la historia, en la estructura social, sino también en la cultura. Es pues un hecho, una forma geográfica, más su conocimiento, un modo de relación con aquélla, de entenderla”. Eduardo Martínez De Pisón.

El día miércoles 16 de octubre del 2012, durante la mañana, partí junto a un grupo de destacados artistas, científicos y especialistas, en un viaje con destino al Desierto de Atacama, en el Norte de Chile. Específicamente, viajábamos hacia un sitio llamado «Oasis de Niebla de Alto Patache» (Muñoz-Schick, Pinto, Mesa & Moreira-Muñoz, 2010: 389-405), lugar que no conocía presencialmente hasta ese entonces. Este oasis, predio 1114,5 hectáreas, se ubicaba a 65 km al sur de la ciudad de Iquique, en la región de Tarapacá. Aproximadamente en las coordenadas 20° 5' S y 70° 1' W, en el límite oeste del Desierto de Atacama.

Figura 1: Zona de Punta Patache. «Oasis de Niebla de Alto Patache. Iquique, Chile». Captura de pantalla obtenida de Google Maps.



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La única relación que tenía hasta ese momento con aquel lugar –refugio ecológico ubicado en la costa del «desierto más árido del mundo» (Clarke, 2006:101-114) –, había sido algo inmaterial, especulativo y a momentos un tanto racional. Fue un acercamiento virtual mediante Google Earth en la red, y la lectura de algunos artículos científicos de carácter antropológico, arqueológico, climatológico y geográfico sobre el lugar. Estas diversas imágenes geo-referenciales, artículos y textos recopilados desde distintas plataformas científicas en Internet –además de una serie de charlas con el equipo de especialistas que investigan en esta estación científica experimental–, me sirvieron como aproximación a las complejidades del sitio, así como un acercamiento a los fenómenos climáticos de este particular «ecosistema emplazado sobre un abrupto acantilado» (Cereceda, Larraín, Osses, Lázaro, Pinto & Schemenauer, 2001: 7).

Figura 2: Zona de Punta Patache. «Oasis de Niebla de Alto Patache. Iquique, Chile». Captura de pantalla obtenida de Google Maps.



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En una meseta interior, ubicada sobre la cima de una quebrada que decanta en la planicie litoral, se encuentra el Oasis de Niebla, a 750 metros de altura sobre el nivel del mar y frente al mayor océano de la tierra, el Océano Pacífico.

Figura 3: Zona de Punta Patache. «Oasis de Niebla de Alto Patache. Iquique, Chile». Captura de pantalla obtenida de Google Maps.

Relacionando aquel material con mis intereses y estrategias de trabajo de campo utilizada en proyectos artísticos anteriores, pude imaginar posibles operaciones visuales cercanas a lo que llamamos Artes Mediales o Media Art. Esto, con la finalidad de articular una metodología para observar, reflexionar, registrar, pensar y hacer ficción sobre el paisaje del Oasis de Niebla de Alto Patache, en relación con el contexto histórico, industrial, científico, ecológico y cultural que le rodea. Así fue como me propuse, en primera instancia, reconocer y relacionar imaginarios, fenómenos meteorológicos, paradigmas y una serie de elementos formales que se reiteran en el devenir del Desierto de Atacama en tanto recurso natural disponible históricamente para la explotación minera e industrial. Me

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interesaba ahondar artísticamente en ese asunto, pues percibía una serie de interesantes tensiones y complejidades entre paisaje, técnica y conocimiento. Todo eso se iría articulando en la medida en que pudiera experimentar el entorno natural y habitar el lugar desde sus diversos estratos.

Figura 4: Zona de Punta Patache. «Oasis de Niebla de Alto Patache. Iquique, Chile». Captura de pantalla obtenida de Google Maps.

Recuerdo el día que llegamos al Aeropuerto Internacional Diego Aracena, a las afueras de la ciudad de Iquique. Nos trasladábamos en camioneta hacia el Puerto de Patillos o Caleta de Chanavaya, luego tomaríamos la Ruta de la Sal y, posteriormente, nos adentraríamos por una extensa huella de tierra hasta el oasis de niebla. En ese viaje, todas y cada una de mis expectativas estaban puestas en que sería la primera vez que me internaría en el paisaje desértico chileno y conocería –material e inmaterialmente– las características del límite poniente del Desierto Costero. Es más, ilustrando un poco la situación, recuerdo que no dudé en tomar ubicación frente al ventanal más grande que tenía la camioneta que nos trasladaba, guardé inmediatamente mi equipo de registro fotográfico, bajé el vidrio

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de la ventana y me dejé mimar por una cantidad de luz asombrosa. Hasta ese momento nunca había tenido una experiencia de tal magnitud y tenacidad de luz. Ya con la mirada instalada en el territorio, asomado por la ventana, era testigo de cómo aparecían rocas, arenilla, sal y tierras arrojadas o suspendidas en el camino. El asfalto grisáceo de una calzada local limita con la contraforma de una mole de tierra que irrumpe en el vacío. Este extraño paisaje –entre el océano y el acantilado costero– ofrece una recta gris demarcada por unas pocas líneas blancas desgastadas e intermitentes que dibujan la ruta. Ya avanzado parte del trayecto, era posible ver cómo se transforman los parabrisas de camiones y camionetas en estelas o cristales refractantes, cuales fosfenos siempre vibrantes y en movimiento. Por todos lados abundaba y se manifestaba rítmicamente la luz solar.

Figura 5: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, Iquique, Chile, 2014.



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En la vía, de manera intermitente, emergían a la distancia unos cuantos letreros y techos de latón desperdigados, que funcionaban como pantallas y proyecciones lumínicas dispuestas al costado de la calzada. Aparecían también algunas estructuras verticales y cubiertas metálicas a lo largo de la amplia terraza litoral que –fuera de los márgenes y la supervivencia–, generaban una panorámica similar a un gran espejo ardiente. Estas estructuras, abatiéndose entre la luz, los matices dispersos en la atmósfera y los diversos reflejos sobre las superficies naturales y estructuras sólidas, se repetían una y otra vez a lo largo del recorrido. Las materialidades enunciaban otra forma de ser constelación. En este territorio idealizado y un tanto invisible para el inconsciente colectivo, la aparente ausencia de todo funciona como refugio y camuflaje para las diversas arquitecturas, estructuras y sistema-objetos que irrumpían con violencia en el paisaje. Ante estos múltiples aparatos desperdigados e incrustados sobre la deslavada superficie terrestre, no me permití considerar el paisaje –«constructo o elaboración mental que los humanos realizamos a través de los fenómenos de la cultura» (Maderuelo, 2007:12) – como algo clasificable en términos de lo que Kant define como «sublime» (Budd, 2014: 94). Es que tomar conciencia real de los fenómenos de la luz en una zona industrial no debe ser solo entendido como parte de una mirada arraigada en un acto propio del Romanticismo. Si bien el paisaje era imponente e inabarcable para la percepción, estaba lejos de ser idealizado como y desde un lugar seguro. En esta experiencia un tanto romántica, la plasticidad y dinámica de luz modelaba y sobreexponía las formas de todo aquello que aparecía áspero y negligente. Era la luminosidad propicia –flujo constante de energía y materia– para convivir en el lugar con las «condiciones climáticas más extrema del planeta» (Weischet, 1975: 363-373): el Desierto de Atacama. Es que en este territorio –analizando por Wolfgang Weischet, destacado geógrafo alemán– es posible experimentar un clima extremo por su aridez, escasa lluvia, alta evaporación y notables oscilaciones térmicas entre el día y la noche. Pues bien, se hace imposible no



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asociar la extensión y rigor del desierto con un grado cero del espacio y del tiempo, propiciado por el efecto de la luz sobre aquellas superficies pedregosas erigidas «dentro de la zona hiperárida más antigua del planeta» (Dunai, González López & Juez-Larré, 2005: 321-324).

Figura 6: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, Iquique, Chile, 2014.

Respecto al viaje, recuerdo muy bien las formas de la costa árida –bahías, puntas rocosas y terrazas litorales–, la infranqueable materialidad del Farellón costero y los altos cerros que dan forma a sus acantilados, lomas, mesetas y terrazas del Norte Grande; muchas de ellas a más 1.000 metros de altura. Eran enormes fragmentos orgánicos que –en comunión con la luminiscencia irradiada– emergían como formas materialmente excitantes e hipervisibles hasta evocar la absoluta ceguera. Esta experiencia con la luz reflejada no la he podido olvidar. No había experimentado nunca algo así. Una vez en la Ruta de la Sal –camino que desde la planicie litoral asciende sobre la Cordillera de la Costa con dirección al Salar Grande; única vía para ingresar al

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Oasis de Niebla de Alto Patache– se hacían visibles, al fondo del camino, unas extensas manchas oscuras a las orillas de todo el espacio trazado y asfaltado. Estas especies de anomalías ennegrecidas se percibían como marcas de cenizas, escoria, desecho u óxido producto del desprendimiento de algún material químico. Así se iba esbozando una descarnada línea sobre el límite que fundía el alquitrán del pavimento, la materia oscura y la superficie de tierra árida. Fragmentos de una acción repetida sobre un suelo que por décadas ha sido objeto de actividades de explotación industrial sin importar el impacto ambiental y ecológico. Huellas que confirman la permanencia de un «modelo de desarrollo social y económico, basado en la expoliación de los recursos naturales, que se va fortaleciendo con el despliegue del nuevo paradigma económico-geográfico de la globalización territorial» (Garcés, 2012: 104-111). Es aquí, en la región de Tarapacá, donde ha brillado y aún brilla el eslogan de un glorioso y prometedor desarrollo regional al amparo

de

la

minería,

las

industrias

trasnacionales

y

operaciones

macroeconómicas.

Figura 7: Vista aérea de Alto Patache. «Carretera de la Sal, Alto Patache. Iquique, Chile». Captura de Pantalla obtenida de Google Maps.



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A la distancia, se pueden ver dos franjas paralelas de una porción inorgánica de tierra que absorbía totalmente la luz reflejada sobre aquella meseta. Era una especie de quemadura similar a la que aparece cuando se le enciende fuego a un papel liso en una de sus orillas. Metáfora inequívoca de una traza que ha quedado sobre la superficie del sitio que mueve la economía y destino de un país desde el siglo XIX. Una imagen hecha –pensando en términos fotográficos– por el contacto directo de formas y procedimientos, como «cuando la luz arde, penetra e invade, manchan e incendian las mesetas de lo sensible» (Kay, 1980: 20-21).

Figura 8: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, Iquique, Chile, 2014.

Volviendo a la materia oscura, recuerdo que me llamó muchísimo la atención la seca y pétrea calidad monocromática que abundaba en la orilla de la ruta. Esto, en relación con la gama cromática del entorno y sus capas rocosas; escenario que hacía de contrapunto con sus múltiples y atractivas combinaciones de valores y colores pardos, sienas y ocres, y que oscilaban delicadamente entre algunos

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tonos más fríos y otros más cálidos. Las manchas eran de un color negro compacto, umbroso y opaco, se exhibían como texturas arenosas o signos abyectos sobre el pavimento desértico. Esas manchas se condecían con la circulación de diferentes tipos de camiones y maquinaria de trabajo minero. En este lugar en particular, había una sugerente proliferación de ruido que tronaba de vez en cuando por sobre los prolongados silencios de la zona. Las tronaduras, alarmas de retroceso y bocinas, eran ecos maquínicos que surcaban grandes distancias. Por suerte, sabía que el desierto estaba lejos de pensarse como un territorio inalterado, imperturbable e idílico. La aparente serenidad del lugar era parte del simulacro de un eventual estado de bienestar de ese contradictorio e ilusorio vacío.

Figura 9: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

2.- LA INDUSTRIA LOCAL.



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Sobre la misma superficie de apócrifa tierra baldía, se podía divisar una extensa línea regular de espigadas torres del tendido eléctrico de alta tensión. Trazo técnico e industrial que irrumpía drásticamente sobre el promontorio rocoso del farellón costero y la amplia pampa cordillerana de Patache. Alterando así su relieve natural y marcando, linealmente, el espacio dónde se emplazan los denominados paleo-escurrimientos, antiguos fósiles de tierra cubiertos por arenas traídas por el viento sobre la Cordillera de la Costa.

Figura 10: Zona Punta Patache. «Zona industrial frente a oasis de niebla, Patache. Iquique, Chile». Captura de Pantalla obtenida de Google Maps.

Estas imponentes torres de alta tensión, con su consiguiente cableado, estructuras desnudas, trianguladas y ensambladas en hierro y acero –además de sus grandes bases cúbicas de hormigón armado para su anclaje y estabilidad–, han sido dispuestas y ordenadas simétrica y consecutivamente en diferentes lugares de la meseta superior de la cordillera costera. Aquel entramado maquínico flanquea gran parte del territorio desértico tarapaqueño, con una extensión de más de ciento ochenta y cinco kilómetros de innumerable y evidentes esqueletos férreos.

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Las cientos de torres eléctricas y metros de cableado articulados a lo largo y ancho de la pampa, son utilizados para alimentar energética y metabólicamente las múltiples actividades mineras desarrolladas en la comuna de Pica por la compañía Doña Inés de Collahuasi SCM, quien produce concentrado de cobre, cátodos de cobre y concentrado de Molibdeno.

Figura 11: Zona Punta Patache. «Área industrial frente a oasis de niebla, Patache. Iquique, Chile». Captura de Pantalla obtenida de Google Maps.

Esta compañía que basa su operación de extracción a tajo abierto –sistema con altos costos geográficos, ecológicos y biológicos no solo para la zona altiplánica, sino también para todo el trayecto de transporte y posterior embarque de material-, obtiene la energía necesaria para sus sucesivas faenas, instalaciones industriales y explotación de sus yacimientos –Rosario, Ujina y Huinquintipa; terrenos que quedarán inutilizados para siempre por su alta toxicidad y bestial intervención– a través de una termoeléctrica situada en el sector de Punta Patache, planta emplazada ni más ni menos que en la parte inferior de la terraza litoral, frente al Oasis de Niebla de Alto Patache.



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Figura 12: Punta Patache. “Vista aérea de termoeléctrica frente a oasis de niebla, Patache. Iquique, Chile”. Captura de Pantalla obtenida de Google Maps.

Así, en este mismo sector, conviven el frágil ecosistema de Alto Patache y un intenso polo de desarrollo industrial, el cual cuenta con diversas instalaciones construidas para el filtrado de los minerales sulfurados o “chancado”, la central termoeléctrica y un mineroducto de más de doscientos diez kilómetros de extensión, el que atraviesa las inclinadas superficies y relieves cordilleranos. El Mineroducto, objeto técnico que se hace invisible, ubicuo e intangible bajo la tierra, se extiende desde la planta concentradora en el sector de Ujina hasta el Puerto Patache, atravesando gran parte del Altiplano en la cordillera de los Andes, Precordillera de los Andes, depresión intermedia y Cordillera de la Costa, hasta desembocar en la terraza marina de Patache. En esta zona industrial, el concentrado de pulpa –material extraído de la explotación cobre y molibdeno– es refinado y embarcado por la compañía desde la terminal portuaria de Patache.



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Lugar en que se filtran, almacenan y distribuyen los productos procesados con destino a múltiples mercados.

Figura 13: Zona Punta Patache. «Área industrial frente a oasis de niebla, Patache. Iquique, Chile». Captura de Pantalla obtenida de Google Maps.

Cabe destacar que por el Puerto de Patache se exportan al mundo no solo toneladas de cobre y molibdeno procesado. Además, se despachan miles de toneladas de sal refinada. Del mismo modo, desembarcan constantemente enormes cantidades de carbón para la producción de energía en la central termoeléctrica ubicada en el puerto, así como miles de toneladas de ácido sulfúrico que se utiliza de forma abundante en la «minería cuprífera» (Millán, 2006: 13-52). Lamentablemente, no son muchos los que tienen epifanías dramáticas sobre la muerte y lenta desaparición de la biodiversidad de un complejo y variado ecosistema desértico producto de la extracción, intervención, ocupación y fuerte industrialización de la zona. Son reconocidos a nivel mundial los terribles e

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irreparables efectos que tiene la intervención, tecnología y procesos utilizados, así como los efectos del tipo de centrales termoeléctricas y sistema portuarios que utilizan carbón.

Figura 14: Zona Punta Patache. «Piscinas de decantación. Zona industrial frente a oasis de niebla, Patache. Iquique, Chile». Captura de Pantalla obtenida de Google Maps.

En el caso de las termoeléctricas, cabe precisar que las emisiones que éstas expulsan a la atmósfera tienen un alto contenido de metales pesados. Esto, producto de la quema de hidrocarburos y carbón bituminoso, entre otras sustancias dañinas que –a través de largas chimeneas, extensas columnas de humo y polvo en suspensión arrastrado por las corrientes de aire– son capaces de socavar el equilibrio de cualquier hábitat, flora y fauna a su alrededor. Lo mismo podría ocurrir con el excesivo uso de transporte, descarga y deposición de cenizas en vertederos para residuos semilíquidos y aguas tóxicas, producto de la acumulación de material particulado. Con el agua filtrada de la zona industrial de Punta Patache, se riega un bosque de pino emplazado al lado de las piscinas de decantación.

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En este sentido, y así como se permite la instalación y funcionamiento de estos mega proyectos y su infraestructura, parecen no importar los costos asociados a la labor de estas industrias “de paso”. Al grupo económico y gobierno de turno le son más atractivas las utilidades obtenidas gracias a la extracción de recursos naturales. A cambio, y mediante la gestión de las áreas de Responsabilidad Social Empresarial (RSE), se generan medidas “populistas”, que tienen por objetivo “facilitar” la vida de la población circundante, así como invertir en paliar los efectos nocivos que implican las labores mineras. Poco importa la devastación de los procesos biológicos y ecológicos que allí conviven. Algo es evidente, y es que algo anda mal en el paradigma desde el cual interpretamos y concebimos nuestra experiencia para y con el mundo.

Figura 15: Zona Punta Patache. «Área industrial frente a oasis de niebla, Patache. Iquique, Chile». Captura de Pantalla obtenida de Google Maps.

Todo esto se hacía indiscutible en el

viaje en dirección al Oasis. Durante el

trayecto, todas estas instalaciones se veían a fragmentos, nunca en su totalidad, y más bien parecían ocultarse detrás de un paisaje que por contraste, las distingue como elementos extraños, como parásitos que irrumpen hundiendo sus fauces en

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la tierra. En realidad, en la medida que iba ingresando al desierto, sólo me era posible divisar las costras negras emplazadas en la orilla del camino, las extensas líneas de torres de alta tensión y unas cuantas huellas de tierra que se desviaban y adentraban hacia los costados de la carretera asfaltada. No fue hasta que llegué al oasis y durante la noche –desde la altura y abrupta caída del farellón costero– que logré ver el denso, y teatralmente iluminado, emplazamiento industrial sobre la planicie costera de Punta Patache. Se podía apreciar la prolongada línea de humo que emanaba desde una de sus chimeneas. De la misma forma, se podían divisar unas cuantas luces diminutas en las caletas y asentamiento de pescadores de Chanavayita, Chanavaya y Caleta Cáñamo, entre otros pequeños círculos brillantes e intermitentes que se desplazaban lentamente por la lejana carretera que recorre la terraza marina.

Figura 16: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.



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Queremos ser país y somos apenas paisaje, decía Nicanor Parra. Recuerdo que las luces y reflectoras de la planta termoeléctrica nada tenían que ver con la calidez de la luz natural, más parecían expresiones de poder, ubicuidad, velocidad y totalitarismo. Gloria y dominio de una forma inorgánica emplazada frente a la costa. Asimismo, pero de forma irrisoria, era posible divisar tenuemente en la terraza marina –cuales proto-fotografías suspendidas y extintas en la inmensidad de la galaxia–, el reflejo de miles de luces brillantes sobre la superficie acuosa de las piscinas de decantación y residuos tóxicos. Siguiendo la lectura Didi-Huberman sobre Pasolini (Didi-Huberman, 2012: 69-82), no podía dejar de asociar cómo los reflectores de la industria sobreexponían los cuerpos a esas humildes y pequeñas casas agrupadas en la caleta contigua a la termoeléctrica, e imponían sus estereotipos de deseos estéticos, políticos, sociales y económicos, transformados por la industria en mercancía.

Figura 17: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

Por el contrarío, recuerdo que mientras ascendíamos de día por la ruta de la sal camino al oasis, y a pesar de la distancia, no se veían más que unas toscas y



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difusas siluetas geométricas borrosas por la vibración etérea del calor y el aire. Vista confusa de diversas instalaciones alojadas en la tierra socavada. Se veía como si fueran pesados cuerpos de contorno rectilíneos, perspectivas alargadas y colores metálicos con escasas propiedades refractantes.

Figura 18: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.



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3.- LA CALZADA. Volviendo a la ruta para acceder al Oasis, a unos cuantos kilómetros del camino salero antes descrito, doblamos a la derecha de la vía y tomamos una delimitada huella de tierra que seguía el trazado de las torres de alta tensión hacia el Suroeste. El terreno era abrupto, había bastantes huellas de vehículos por todos lados. La senda de tierra que recorríamos serpenteaba, ascendía y descendía por diversas lomas de pequeña escala en la parte superior y posterior del cordón cordillerano costero. Hasta ese momento, la luz seguía siendo bastante intensa producto de la inclinación del sol y refracción sobre la superficie, resaltando así las densidades materiales y prolongaciones de las formas y sombras del relieve producto de las diversas formaciones geológicas ceñidas por la luz del sol.

Figura 19: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, detalle de infraestructura técnica, Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

Al comienzo de la calzada de tierra gruesa, se podían encontrar numerosos hitos o pilas de fragmentos duros de una especie de amalgama de sal y roca. Luego, en la medida que avanzábamos por el camino, se podía apreciar una larga y ancha línea de arenilla removida, la que cruzaba en forma perpendicular el camino que



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nos llevaba hacia el Oasis de Niebla. Era la huella que indicaba el lugar exacto por dónde pasaba el mineroducto que venía desde el altiplano Tarapaqueño. Estaba muy por debajo de nosotros, oculto en la tierra. Recuerdo que ahí me preguntaba, si era posible capturar algún sonido de la vibración del suelo, generado por el flujo semilíquido al interior del mineroducto.

Figura 20: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, detalle de infraestructura técnica, Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

Posteriormente, volviendo al recorrido, proseguimos por la calzada de tierra. Se podían observar y distinguir variados tipos de rocas y piedras producto de un antiguo acarreo fluvial, indicio de la actividad volcánica que dibuja la morfología milenaria de la zona. Posiblemente, siguiendo las lecturas e investigaciones del destacado “eco-antropólogo” (Larraín, 2010) Horacio Larraín, las antiguas culturas locales que convergían en esta zona –y que vivían de la caza, la pesca, la recolección e intercambio de diferentes productos– utilizaban, en sus más variadas expresiones, «estas piedras y rocas para la confección de armas, herramientas, elementos de molienda, objetos religiosos o adornos personales» (Larraín, 2013).



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La última parte del recorrido antes de llegar al oasis era un poco más abrupta y sesgada. Un estrecho camino de tierra comenzaba a elevarse por encima de las cáscaras de roca y empinadas dunas. Ya no viajábamos en medio de pequeños contrafuertes, valles o intersticios que se formaban entre las uniones de los diversas pampas y quebradas, sino que serpenteábamos por la cresta de cada una de las lomas del lugar. Desde ahí, a unos cuantos kilómetros de distancia, se podía observar que a un costado aparecía una opaca y densa masa grisácea que flotaba a ras de suelo. Se internaba lentamente por un corredor sobre la meseta cordillerana, anulando y aplanando cualquier efecto de perspectiva lineal en la panorámica. No había orientación, resolución ni punto de fuga. El paisaje y la luminosidad estaban en una absoluta dinámica de cambio.

Figura 21: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, detalle del camino de ingreso, Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.



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Mientras desaparecían las sombras y se atenuaban levemente los contrastes sobre la extensa geografía del lugar, comenzó a circular en el entorno un viento rápido y muy frío. A los minutos, caía una especie de delgada llovizna que se hacía cada vez más densa, oscura y uniforme. El territorio se estaba transformado en un espacio de múltiples indeterminaciones, se disolvía en «el caos de una superficie inestable y movediza»

(Steyerl, 2014: 23). De un momento a otro

estábamos inmersos en la niebla.

Figura 22: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, detalle del camino de ingreso, Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.



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4.- EL OASIS DE NIEBLA. El efecto atmosférico antes descrito duró al menos unos cuarenta y cinco minutos. Para ese entonces habíamos descendido e ingresado a la meseta interior en que comienza la Ruta Patrimonial Oasis de Niebla de Alto Patache, recorrido que busca preservar la Biodiversidad del Oasis debido al particular clima que posee, «desértico costero con nieblas frecuentes» (Cereceda, 2000: 51-56).

Figura 23: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, detalle del camino de ingreso, Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

El oasis, también conocido como Bien Nacional Protegido Oasis de Niebla Alto Patache, es un predio otorgado en concesión gratuita a la Universidad Católica de Chile con la finalidad de que se realicen proyectos de investigación científica, educación ambiental, preservación y desarrollo sustentable de sus recursos ecológicos. El lugar es administrado a través del Centro del Desierto de Atacama CDA UC; institución y plataforma de investigación que se dedica al estudio del



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ecosistema de niebla, el análisis de los problemas ambientales producto del estrés hídrico, el efecto de la erosión eólica, la presencia de suelos salinos y procesos climáticos u otros que puedan afectar la biodiversidad del lugar.

Figura 24: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, detalle líquenes adheridos a roca, Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

Como su nombre lo indica, el predio se caracteriza por la presencia de abundante niebla o «camanchaca» (Cereceda et al., 2001: 7) en la mayor parte del año; fenómeno climático que permite un desarrollo y sobrevivencia ecosistémica compuesto por «hierbas anuales y perennes, arbustos, sub-arbustos, bacterias, algas y líquenes» (Pinto & Luebert, 2009: 28-49). Esta vegetación de lomas; destaca por componerse de «plantas que son capaces de captar la escasa agua disponible, protegerse de la intensa radiación solar y excretar la sal de un territorio propiamente alcalino» (Mujica, 2012: 86-93). Asimismo, crece una rica y reparadora «costra biológica» (Munita, Gómez & Cereceda, 2010) formada sobre y bajo la totalidad de la superficie del lugar. Se trata de un gran banco de semillas. He ahí la importancia y protección de este Oasis.

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Respecto a la formación de niebla en Alto Patache, la destacada científica Paula Mujica indica: «esta zona debe su existencia a un sistema estable de alta presión en el océano Pacifico oriental. Acontecimiento producido por el efecto de la corriente fría de Humboldt y la Cordillera de los Andes, esta característica impide que los vientos alisios traigan su humedad. Por su parte, la corriente de Humboldt crea un fenómeno de inversión térmica una vez que pasan las masas de aire húmedo desplazadas por el viento sur, con la consiguiente formación de espesos bancos nubosos de estratocúmulo. Bajo los 1.000 metros de altura sobre el nivel del mar, la niebla choca con los acantilados costeros, propiciando una gran humedad ambiental» (Mujica, 2012: 88).

Figura 25: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, detalle de camanchaca sobre superficie desértica, Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

Así, para que exista una zona climática como ésta, deben coincidir tres factores: la altitud de las montañas debe ser superior a los 600m; la zona debe ser próxima a la costa; y las montañas deben ser orientadas al Sur-Oeste (dirección principal del

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viento en el Norte de Chile). Si falta uno de esos factores la niebla no se crea. Pocos lugares de la costa del norte de Chile responden a esas tres condiciones básicas. Hasta ahora, el Oasis de Niebla de alto Patache es el único protegido por la legislación regional.

Figura 26: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, detalle de camanchaca sobre superficie rocosa, Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

Una vez instalados en la estación experimental que aloja a los investigadores – luego de acampar, ordenar y montar mis equipos de trabajo para los próximos días en terreno–, les propuse transitar de manera sistemática por la totalidad del oasis y sus alrededores. Partí con una serie de caminatas en diferentes momentos del día. Esto, con la intención de reconocer las variaciones del entorno, impresiones que me permitirían formular relaciones poéticas y materiales para abordar mi proyecto artístico. Transité por cada uno de los senderos señalados; recorrí las estaciones indicadas para observar el relieve del paisaje, aprender sobre el clima del lugar, visité los proyectos de «atrapanieblas» (Cereceda, 2000:

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51-56), conocí su vegetación, leí sobre las antiguas «actividades humanas en la zona» (Larraín et al., 1998: 217-220) e investigaciones científicas que se realizan al interior del lugar. Mientras no había niebla –el fenómeno podría llegar a ocurrir en cualquier momento; de forma intermitente o durante todo el día– me dediqué a catalogar en una bitácora de trabajo elementos orgánicos e intervenciones en el suelo, dibujar la proyección de las sombras de algunas rocas, recolectar datos y hacer representaciones de la paleta cromática de la biocostra. Colores que en ese contexto se percibían como amarillos, verdes y grises fluorescentes. Además, realicé una extensa serie de fotografías de vistas generales y panorámicas de cada uno de los alrededores del oasis.

Figura 27: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, detalle de camanchaca, Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

En esta etapa de reconocimiento del entorno, mi intención era dejarme fluir y ceder frente a los sucesos que acontecían inesperadamente en él. Intentando

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integrarme en aquellos cambios continuos y aleatorios que –de manera repentina y a veces bastante extensa– eran inherentes al oasis y su entorno natural. Pues bien, para agudizar la mirada era necesario hacerse preguntas y fundirse en el territorio, prestando atención a los múltiples relatos esbozados por sus formas. Al igual que en la descripción del trayecto hacía el oasis, sentía y manifestaba un interés

absoluto

por

traducir

aquellas

sensaciones

generadas

por

el

desdoblamiento del espacio. Todo esto a la luz de la interpretación de los diversos elementos que le componen. La niebla era uno de ellos y, hasta el momento, el más preciado de todos. Tenía la impresión de que podía ser un elemento articulador para la interpretación y traducción poética de las tensiones entre territorio y técnica.

Figura 28: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle de manguera, camanchaca y superficie rocosa. Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.



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5.- LA CAMANCHACA. Retomando el trabajo de campo, en la medida en que reiteraba este ejercicio de registro, análisis y sucesivas caminatas por todo el sitio, la mirada –«exógena, y a ratos endógena» (Goffard, 2013: 170-180)– se iba agudizando respecto a las condiciones medioambientales, propiedades lumínicas y fenómeno físico-climático de la niebla «Camanchaca» (Orellana, 2010: 7). Así fue como emprendí un registro fotográfico, sonoro y audiovisual de las transiciones y variaciones de iluminación; conformación, movimiento, velamiento, develamiento y vestigios de la niebla sobre las distintas superficies geográficas del Oasis de Niebla de Alto Patache. Algo había ahí, en la niebla, que era necesario investigar. No era opaco ni transparente, era translucidez; aquello que alimentaba la expectativa de una visibilidad posible. Durante varias jornadas le presté atención a los efectos de luz y sombra, variaciones de texturas y materialidades, cambios de intensidad lumínica, saturación y temperatura del color. Asimismo, analicé las formas de distribución, posición y dirección de la luz, además de las múltiples variaciones en la densidad y dimensiones de los distintos planos, capas y áreas cubiertas por la niebla. Esto, con la intensión y porfía de encontrar modos que me permitieran dar cuenta de la inestabilidad y mutabilidad del territorio en el que me encontraba. Eso sí, sin perder de vista las estrategias del aparente silencio del lugar, algo propio del desierto, algo que se debía traspasar sí o sí a la «imagen técnica» (Flusser, 2009: 17-22). Mutabilidad y silencio eran conjugables, la pregunta era cómo. La posibilidad de representar, simular y estilizar –material y simbólicamente– locaciones efímeras y opuestas a las velocidades del imaginario impuestos por los códigos de programación psicosocial, aparecían como respuesta a aquello que, en un primer momento, me había motivado a participar del proyecto de residencia artística en Alto patache. De alguna forma esta respuesta se transformaba en la esencia del asunto, más allá de un mero motor.



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Había una ventaja. El territorio en el que estaba inmerso tenía que ver más con aquellas imágenes que interpelan, porque carecen de relato; representaciones que se hallan en lo infraordinario y hablan desde los márgenes de la representación, siempre deslocalizadas. Es que lo común de los «no-lugares» (Augé, 1998) es que poco y nada tienen que ver con aquello que sobrestimula y dirige al inconsciente colectivo.

¿Será

que

en

nuestra

concepción

mercantilizada

de

mundo

contemporáneo la naturaleza ha devenido en una especie de no-lugar?. Esto, en tanto la naturaleza es comprendida como un espacio externo, inabarcable, anónimo y de tránsito que, en la práctica de nuestra cotidianidad, ya no puede definirse. Ni como espacio de identidad ni relacional. La naturaleza funciona como un gran receptáculo industrial sin proyecto y futuro. ¿Cómo se piensan los márgenes? ¿Hay un proyecto común para esta superficie agreste?.

Figura 29: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle camanchaca y superficie desértica. Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

En este sentido, el desierto, el oasis y la camanchaca aparecían como material disponible para representar este diálogo entre el paisaje y margen. Esto a partir de

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la experiencia dispuesta a la traducción simbólica de una precariedad y alteridad representable a través del estudio de la densidad material, transparencia, translucidez, virtualidad y opacidad de aquello que se presenta como arquetipo de lo efímero y pasajero en el territorio: la niebla.

Figura 30: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital b/n. Detalle camanchaca y superficie desértica. Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

Sin embargo, la niebla no se trata de un objetivo en sí mismo, sino de un material que funciona como un paso hacía otra cosa; una especie de pasaje y presencia de lo arbitrario. La camanchaca entendida como un filtro de material traslúcido –fasto y/o nefasto– que se instala subjetivamente sobre la superficie geográfica, buscando definir y tensionar una naturaleza ilusionista de una no ilusionista – sobreentendida o reprimida, extensa o replegada– ante un imaginario colectivo igualmente embestido por sus desbordes de racionalidad, objetividad y exterioridad para con el territorio. Es que en este sentido la niebla podría reflejar la complejidad de un mundo que ya no se satisface con una verdad ilusoria. Pues

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tendría una dimensión metarreflexiva vinculada al distanciamiento del espacio visible, objetivo y de lo real. Recuerdo la ocasión en que realizaba una caminata hacia la parte más alta de las lomas que dan forma a la planicie del oasis. Quería llegar a ese punto intentando tener una vista más amplia del lugar. Pensaba que desde ahí podría acceder a una vista panorámica más cercana a lo que se conoce popularmente como «mar de nubes» (Osses, Barría, Farías & Cereceda, 2005: 132); el estacionamiento de un denso manto nuboso compuesto por nubes estratocúmulo que se posaban bajo la línea del horizonte. Pues bien, tras mi extensa caminata y ascenso para llegar al sitio que describo, recuerdo haber experimentado la más extrema invisibilidad del entorno. La presión atmosférica y viento sur habían elevado y empujado hacia la costa la totalidad del banco nuboso. Así, la camanchaca comenzó a oscilar entre una niebla tupida y espectral; no se podía ver nada. Me encontraba a una larga distancia de la estación experimental y sólo podía volver reconociendo unas cuantas huellas en el camino o senderos aledaños. Ahí, el «horizonte se agitaba como un laberinto de líneas que se desploman» (Steyerl, 2014: 16),

haciendo fácil perder

toda

conciencia de aquello que organiza nuestro sentido de orientación, disipar el cuerpo y sus contornos. La niebla era irreductiblemente lo otro, era el material de la invisibilidad y lo excesivamente táctil. Realmente no se podía ver nada más que unas lenguas de niebla que golpeaban, rozaban y ascendían por las superficies y contornos difusos de las lomas. Ahí, con cámara en mano registrando ese enorme limbo de luz vaporosa y viento helado, pensaba lo irrisoriamente distinto que era la imagen del cuadro “El viajero contemplando un mar de nubes” de Caspar David Friedrich. Dónde yo estaba, no era posible –ni por un segundo– erguirse ante el paisaje, no había forma de otorgarle un orden –una dimensión– por sobre su atmósfera e invisibilidad, no era



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posible ejercer dominio ni manifestar alguna especie de jerarquía ajena a la que el fenómeno climático y sus sucesivas capas de viento dictaminaban. No estaba frente a la niebla, estaba inmerso en ella. Ahí, en su centro, sentí que se anulaba cualquier exterioridad posible. A diferencia de lo que representa esa increíble pintura de Friedrich, la naturaleza exigía existir en sí misma, más no como una existencia dependiente del pensamiento humano. Ahí dónde yo me encontraba, no había «victoria del espíritu» ni «distancia contemplativa» (Burke, 2005: 16) que ovacionar.

Figura 31: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle camanchaca sobre farellón costero y dunas. Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

Las formas en las que se manifestaba la camanchaca eran bastante diversas. Por lo general, la evanescencia e intensidad de la luz fraccionada por la masa nubosa irrumpiendo en el paisaje terminaba siempre por igualarlo todo; llenando y vaciando todo al mismo tiempo. Aquella masa se articulaba como una superficie

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diáfana, destinada a propiciar una realidad indeterminada como parte de una entidad intrínseca que impone su propia calidad material. Era una geografía viva. Es que en medio de la niebla, a una cierta distancia, se atenuaban y difuminaban los contornos y colores de todas las cosas; se perdía la noción de perspectiva – «culminación visual del proyecto moderno» (Concha, 2011:13-15) – y anulaba cualquier posibilidad para decodificar restos de una eventual mediación óptica. Ahí, las luces no se quemaban ni sobreexponían ni estallaban, pues la luz siempre –inclusive atenuada, deslavada, transparente u opaca– conseguía ser cegadora, «ya no necesita de la sombra» para existir (Baudrillard, 2014: 15).

Figura 32: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital b/n. Detalle camanchaca sobre farellón costero. Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

La camanchaca, en tanto imagen translúcida, podía ser interpretada –al igual que el desierto– como fuente inagotable de deseo por aquello que aparecerá, pero también como falta y frustración, ya que la realidad – también lo representado– se



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difumina y huye como si estuviera condenada a desaparecer por no tener proyecto de sí misma. El entorno me interpelaba de una manera radical; se desbordaba. En algunas oportunidades la niebla se manifestaba demasiado opaca, anulando en su invisibilidad e inestabilidad toda distinción entre observador y observado ¿Acaso la naturaleza intermedia y antinómica de la niebla no sintetiza en sí mismo lo visible y lo invisible, la sombra en la luz, la presencia y la ausencia, la evidencia y el repliegue; o bien la adecuación entre el signo y el significante, lo dicho y no dicho? A partir de ese tipo de reflexiones fue como me convencí de que al observar los factores físico-climáticos antes descritos y realizar estos sistemáticos registros podría representar, operar y tensionar la visualidad del tiempo y el movimiento de estos espacios indeterminados. Así, intentaría representar estos sitios efímeros más allá de lo repetido y sobreimaginado de sus paisajes concebidos como imágenes de lo inabarcable. Ya no haría más fotografías y registro de las grandes vistas panorámicas; reduciría el encuadre y la mirada. Me había dejado de interesar ese tipo de imágenes descriptivas y totalizadoras. Mi búsqueda se articularia desde el concepto de locación. Una de las cosas más curiosas que ocurrían una vez inmerso en ese espacio ambiguo, difuso e inmaterial, es que aquellos elementos externos que podrían dar cuenta de algún signo concreto de temporalidad desaparecían del todo. Así, esa reconocida capacidad que posee el desierto para preservar elementos debido a su alta salinidad y escasez de agua, pasaba –gracias a la niebla– a último plano. Al interior de ésta, el territorio se configuraba como un espacio atemporal capaz de anular y atravesar el tiempo en tanto ocultamiento de aquello que materialmente nos sugiere un ritmo, duración o intervalo. Es que en la dispersión total de la luz –efecto propiciado por una variación en la dirección y velocidad de las longitudes de onda del espectro luminoso sobre una determinada superficie–



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parece no haber lugar o legibilidad para un sistema del tiempo y sus estratos. No mientras éste parezca ausentarse por no tener una imagen de sí mismo. Era algo contradictorio, pues cuando desaparecía toda traza del tiempo y espacio producto del fenómeno climático, la niebla hacía de ella misma, como una vibración del tiempo hecha sensible. El paisaje era cubierto por un flujo móvil, desmaterializado, diferido y discontinuo. El espacio –melancólico y cósmico (Buci-Gluksmann, 2006: 17-33) – se curvaba, se hacía oblicuo. Era pura plasticidad y fluidez en el ambiente.

Figura 33: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Silueta de torre de alta tensión. Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

Mientras caminaba y realizaba una serie de registros por el lugar, no podía dejar de pensar en las múltiples manifestaciones de translucidez del fenómeno. Tamizada por la bruma, la luz era capaz de anular todo proceso de representación; toda la «fantasmagoría de la mímesis» (Cadava, 2014: 51-67). Lo mismo ocurrirá con los ambientes acústicos subyugados a la extrema circulación

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del viento. Éste ascendía tan violentamente a ras de suelo desde el farellón costero, que era muy difícil registrar sin que el audio se transformará es un registro sonoro sobreexpuesto por el clima. El sonido –ondas de un cuerpo vibratorio que se propagan en un medio elástico por la compresión y rarefacción de las partículas– daba cuenta de una perturbación y latencia que reverberaba en todas las direcciones de la superficie cubierta por la bruma desértica. En aquel frío vendaval solo era posible registrar y decodificar la confluencia dramática de las distintas alturas tonales, duraciones, timbre e intensidad del ruido en el ambiente. Estaba todo superpuesto, el dispositivo técnico de registro no podía contra la velocidad y simultáneas capas del viento. Así, en ese ambiente difuso, lograban convivir múltiples manifestaciones materiales de una misma interferencia evanescente; advenimiento de un paisaje que no opone pantalla alguna al sonido y escucha. Todo se yuxtapone en la niebla, la luz y su vapor atmosférico.

Figura 34: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Silueta de farellón costero iluminado por termoeléctrica. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014.



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Esta aglomeración y superposición de las diversas calidades y capas del ruido – siguiendo las reflexiones de Sergio Rojas respecto al sonido en espacios intermedios– expresaban una forma de experimentar «la catástrofe del sentido por obra de la propia conciencia que ha despertado a una arbitraría e implacable intensidad» (Rojas, 2009: 19). Todo era parte de la misma alteridad radical del oasis en un estado de niebla. Es que las formas del paisaje pueden – eventualmente y como el objeto en el pensamiento precolombino–, llegar a rebelarse. Así, de un momento a otro, podíamos estar inmersos en la territorialidad de la camanchaca, no en el territorio. He ahí la resistencia y persistencia de su frágil, dialéctica y arbitraria materia.

Figura 35: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital b/n. Niebla y marcas de vehículos sobre farellón costero. Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.



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6.- LOS OBJETOS. Una vez ya mentalizado en reducir o ajustar la mirada y encuadres respecto a mis primeros registros del paisaje –imágenes de un territorio imposible de abarcar dado su propia dialéctica–, comenzó a aparecer y definirse algo completamente nuevo; otra manera de enfrentar y complementar el asunto que convoca mi proyecto. Tras mi insistencia por percibir y registrar las propiedades lumínicas del territorio y su relación con la niebla, me fui percatando de aquello que permanecía en el instante exacto en que la camanchaca emprendía su retirada por sobre las superficies de los cerros. La mirada estaría ahora dirigida sobre eso que prevalece al instante y apertura de las múltiples capas nubosas. Ése sería mi acceso ambivalente a la representación de las locaciones y delimitaciones subjetivas de este territorio denso, no ordenado, no racional, no armónico y no simétrico. Desde la distracción y el recogimiento, fueron apareciendo cosas nuevas, distintos cuerpos y signos de los cuales no había tomado real conciencia hasta ese entonces. Enunciaba e ingresaba a otra estratificación formal, material y objetual que tensionaba el espacio circunscrito. Esta especie de estratificación, en la que, al igual que en la niebla, convivía lo discernible e indiscernible, la transparencia y opacidad, la presencia y ausencia, hacían alarde de un mismo territorio. Lo interesante aparecía ahora tras aquella sutil apertura de sentido propiciada por el cierre y delimitación del encuadre fotográfico. Es que mi atención estaría sólo puesta en aquel momento diferido en que la niebla depone su activa irrupción en la planicie, dejando entre ver algunas cuantas formas absorbentes, erguidas y apáticas que asoman en medio de su deslizamiento etéreo por los sedimentos. Tras consecutivas caminatas, los registros fotográficos se fueron articulando como la representación parcial de gruesos alambres, estructuras metálicas, tensores pequeños y de gran escala; ganchos, amarras de fierro, bases de concreto, piedras y toscos cables de acero que ingresaban violenta, diagonal o

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verticalmente desde la parte superior de algunas estructuras metálicas ubicadas en el lugar, en dirección al suelo y hacia el interior de la superficie rocosa. Estas tensas articulaciones resaltaban por sus líneas puras, toscas y cortantes; materialidad que contrastaba con el cromatismo de la tierra árida y velos de luz aplacados por la cruda matización de la niebla.

Figura 36: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle de cable de acero y tensores. Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

Los atrapanieblas -soportes utilizados para el levantamiento de sistemas de extracción y circulación de agua-, inmersos en la camanchaca, se perdían completamente a la vista. En cambio, en el momento preciso en que la niebla se retiraba, se hacían visibles, impredecibles, subjetivos, conscientes y más sintéticos que nunca. El momento preciso para recordarnos su completa artificialidad, era cuando las siluetas, calidades, superficies y proyecciones lineales, se acentuaban o difundían hacia el primer plano o fondo del encuadre fotográfico. Las figuras se desvanecían

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y a la vez cobraban cuerpo –cual «relámpago benjaminiano» (Cadava, 2014: 7683) – a partir de la obturación de la cámara. La apertura de la lente o aparición de algún fragmento activo que diera cuenta de un entorno todavía desmaterializado en las capas, exteriorizaba las formas desde lo inusitado y oscuro. Ahora bien, no hay que olvidar que también era la cámara fotográfica la que mediaba en la indeterminación del espacio y su evocadora marginalidad. Pues bien, no hay que olvidar que «toda fotografía es una ficción que se presenta como verdadera» (Fontcuberta, 2000: 15).

Figura 37: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle de cable de acero y tensores. Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

No podía dejar de mirar como la camanchaca velaba y develaba; borraba o resaltaba las formas de los artefactos, infraestructuras y objetos técnicos dispersos en el entorno. Ahí, en cada una de esas ligeras diferencias de apariencia táctil y óptica, el sentido estaba dado por todo aquello que se presentaba como extraño, huidizo y tergiversado.



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Volviendo a los registros del lugar, desarrollé imágenes digitales en las que aparecían metros y metros de tuberías de goma emplazadas en algunos rincones menores del oasis. Cañerías, ganchos, coplas y adaptadores a mal traer y cubiertos por polvo. Retraté siluetas de estanques de agua y mangueras plásticas que franqueaban parte del páramo y reptaban su declive. Nuevamente las figuras aparecían y desaparecían producto de la precaria luz en medio de la húmeda niebla

matinal.

Estos

extensos

y

frágiles

cuerpos

rectilíneos

posaban

camuflándose y extraviándose por los contornos de las lomas que surcaban de manera sospechosa. Otro tipo de silencio y vibración era el que aparecía en el segundo exacto en que comenzaba la evaporación y dispersión del cuerpo nuboso. Todo tenía una plasticidad y extrañeza impresionante.

Figura 38: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle de manguera sobre superficie desértica. Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

De igual manera, seguí registrando elementos que pasaban desapercibidos por su tamaño, posición, composición y color en el ambiente. Diversos tipos de mallas



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oscuras que encontré apiladas o cubriendo algunas superficies en el entorno del oasis; registré tubos de aluminio y planchas incrustadas en el empedrado del terreno, manojos de alambres oxidados, perfiles de fierro, estructuras carcomidas por el óxido, letreros de lata galvanizada con inscripciones japonesas, rejas revestidas de un material verde-grisáceo, cordones de metal mordidos por la salinidad del ambiente, una barrera de hierro, una pequeña torre de comunicaciones desmantelada y cimientos de una de las torres eléctricas de alta tensión, entre otras estructuras que aparecían incoherentes y desperdigadas por las diferentes locaciones cercanas al oasis y estación científica.

Figura 39: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle de malla raschel sobre superficie desértica. Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

También realicé algunos registros fragmentados –diurnos y nocturnos– de caminos, tramos y calzadas producidas e intervenidas por diversos objetos y elementos ya ausentes en el paisaje árido. Huellas que quedaban en el camino como marcas e impresiones solapadas por la arena, el viento, la presencia



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humana o bien sacudidas por los movimientos telúricos de la zona. En fin, eran todas trazas dejadas y envueltas por los tornasolados, drapeados, pliegues y velos naturales que conviven en el ecosistema de niebla. Por último, registré algunos elementos durante la noche, en su mayoría superficies iluminadas artificialmente en distintos sectores y locaciones del oasis. Lo mismo hice en parte de la zona industrial emplazada abajo en la terraza litoral. Ahí, prestándole atención a lo mutable, pasajero, fugaz y circunstancial, realicé varias caminatas nocturnas por la zona rocosa cercana al acantilado costero. Me interesaba registrar el simple movimiento de aquellas sombras, luces y siluetas, que se ofrecían a la vista como reducciones inciertas de la apropiación industrial del territorio.

Figura 40a: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle luminaria industrial. Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

Desde el peñasco de Alto Patache, la mirada se afanaba por los valores pictóricos, fotográficos y cinematográficos de la luz emanada desde el emplazamiento industrial. No podía dejar de apreciar aquello que –sintetizado– aparecía y variaba en lo negro sobre negro; gris sobre negro y blanco sobre negro. Estaba extasiado



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con los objetos y escenarios inciertos que el territorio imponía sigilosa y vorazmente. Pues bien, aquel estado de éxtasis me obligaba preguntar, insistentemente, si acaso

todo

estos

cuerpos

sólidos,

desnudos,

inorgánicos,

excluidos

y

deslocalizados que he registrado, estaban ahí, impávidos. Porque formaban parte del azar de un territorio ingenuo e idealizado por la escenificación del vacío, y de aquello que no incumbe en tanto se mantiene invisible. Pensaba que no podía ser simplemente así. Un territorio tan denso, irrebasable y rugoso, no podía ser leído al igual que una tabla rasa, mas si como un gran vidrio brillante, soslayado y plegado en el que se yuxtaponen capas y capas que texturizan –componiendo y recomponiendo– su lógica, temporalidad y sentido. Sin embargo, algunas superficies seguían siendo incomprensibles, presentes, pero inabarcables dentro de la tipología que el mismo contexto y territorio me daba.

Figura 40b: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle infraestructura industrial ingresando a la superficie. Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

Mi reflexión era la siguiente: Aquel espacio desértico no podía ser completamente leído ni «existir en sí mismo» (Déotte, 2013: 7) sin considerar aquello que irrumpe



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material e inmaterialmente en él. En este sentido, la experiencia del viaje se transformaba en una primera capa de aproximación casi metafísica; las extremas condiciones climáticas del lugar, aparecían como una segunda capa empírica; la manifestaciones de la luz, una tercera capa; la niebla, otra capa –y así sucesivamente–, pero ¿y estos objetos qué? ¿acaso son despojos sin propósitos? ¿están ahí faltos de intencionalidad? ¿no son producto de algo premeditado? ¿no responden acaso a necesidades materiales de los hombres?

Figura 41: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle antena y letrero con gráfica japonesa. Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

A mi juicio, no podían ser solo elementos articulados como parte de un registro de aquello que permanecía una vez que el fenómeno climático emprendía retirada. Eso sería una lectura demasiado sesgada respecto al potencial de aquellos artefactos. Estos, efectivamente permanecían, pero algo más parecían testificar, mientras eran diluidos o contorneados por aquella masa atmosférica que desbordaba y absorbía todo. Era imprescindible tener en cuenta el papel de estos

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elementos tanto en la construcción banal como en la

articulación estética y

contemplación del lugar.

Figura 42: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle de tubo sobre superficie árida. Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.



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7.- EL ESPACIO. Aquellos cuerpos inanimados y artificiales eran tan decidores como cualquiera de los recubrimientos traslúcidos antes mencionados. Eran una capa más, la cual se hacía nebulosa y responsable de la evocadora sensibilidad, incertidumbre y percepción inestable del entorno desértico del Oasis de Niebla de Alto Patache. Pues bien, fundido en el paisaje, no podía evitar internalizar estos objetos como interlocutores válidos para identificar –por contrapunto– una posible «naturaleza del espacio» (Santos, 2000: 16). Eso sí, ese lugar “otro” sería el de lo «inorgánico organizado» (Stiegler, 2000: 1-2); una interpretación de lo técnico y su manifestación –una mediación– en la geografía del territorio.

Figura 43: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle de cable de acero ingresando a la superficie árida. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

Respecto a lo anterior, me parece pertinente mencionar a Milton Santos – destacado geógrafo brasileño– quien por años se dedicó a investigar sobre la pertinencia e importancia de la técnica respecto a los estudios e investigaciones

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geográficas contemporáneas. Santos dice lo siguiente «…Es sabido que la principal forma de relación entre el hombre y la naturaleza, o mejor, entre el hombre y el medio, viene dada por la técnica. Las técnicas constituyen un conjunto de medios instrumentales y sociales, con los cuales el hombre realiza su vida, produce y al mismo tiempo crea espacio» (Santos, 2000: 27). Lo que me motiva e impresiona de esta cita son tres cosas en particular. Lo primero, es que me permite reconocer un estrecho vínculo respecto a mi modo de enfrentar y abordar el paisaje. En esta frase reconozco intrínsecamente aquello que nombro como “hacer una lectura de las capas”; estrategia de trabajo propia a las ciencias de la arqueología, antropología y geografía. Ahí es dónde descubrí un primer lugar común y entrada multidisciplinar al problema. Respecto a lo segundo, me interesa aquella interpretación del objeto técnico que –siguiendo a Santos– permite obtener datos empíricos a partir del estudio del mismo y su relación con el entorno. Eso sí, en mi caso es todo lo contrarío, más me interesa evidenciar la mediación técnica arquitectónica y propiciar –desde ahí– una nueva lectura del sitio y sus locaciones. Y por último, respecto al tercer punto, me parece relevante aquella mención que hace Santo de la “naturaleza” como “medio”, ya que en esa relación radica, de forma sintetizada, la manera en cómo nos vinculamos con la naturaleza. Dicho de otro modo, aquella frase me permitió reconocer y profundizar en la interpretación de estos sistemas técnicos y territorios, reconocer los objetos que aparecen en el paisaje, además de reconocer la

visualidad de la tecnología,

procedimientos y materialidades aplicadas en ellas. Todos elementos y recursos claves para la construcción de mi propuesta artística. Estos múltiples elementos que por alguna razón se instalaron y quedaron en la superficie porosa del oasis y sus alrededores –artefactos que se podrían concebir como parte de una “arquitectura” arcaica o prospectiva del sitio dado lo indeterminado del encuadre fotográfico utilizado para su registro– se hacían, a la



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vez, reconocibles e irreconocibles como piezas diseminadas de un puzzle singular. Se presentaban como fragmentos dinámicos que –al ser articulados– revelaban y proyectan un cierto «inconsciente estructural» (Déotte, 2013: 38) asociado a la experiencia de paisaje, los instrumentos e imaginarios técnicos propios del territorio y su historia local. Los objetos se disponían como parte de un eco que reverberaba por y más allá del sitio.

Figura 44: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle de cables de acero ingresando a la superficie árida. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

Cada uno de los fierros, tensores, alambres, superficies metálicas, estructuras ensambladas y materialidades ácidas, eran parte y proyección de un mismo espacio físico indolente; elementos que en todo momento enunciaban la deriva del lugar. Era «como si hubiera un pensamiento inconsciente pensando dentro de los objetos» (Wajcman, 2011: 35).



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La infraestructura y sistemas técnicos registrados –aparatos incrustados que subsistían discretamente en aquel paisaje urdido ocasionalmente por la camanchaca– permanecían ahí, inestables, totalmente desplegados y disponibles a toda subjetividad. Así era como entregaban claves, y formulaban interrogantes para reconocer, imaginar y alucinar respecto a una potencial ocupación del territorio y una producción que –mítica y distópica– podría, en cualquier momento, transformar y tensionar la experiencia de la realidad de aquel espacio.

Figura 45: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle de cable de acero ingresando a la superficie árida. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014.



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8.- IMAGINARIO TÉCNICO. La infraestructura técnica no cesaba de tramar y sugerir imágenes de lo posible. Estos elementos técnicos –disímiles al clima, luz solar y la densa niebla– configuraban, desde su propia artificialidad, una experiencia e imaginario particular del entorno. Me parecía sumamente interesante cómo se podía concebir una expresión paradójica del espacio geográfico a partir de la interpretación estructural y objetual de estos mismos a través de la representación digital. Siguiendo a Déotte y su lectura sobre Walter Benjamín respecto al dispositivo, Déotte propone que «el espacio no existe en sí mismo, si no que siempre se presenta configurado por aparatos» (Déotte, 2013: 49-68). ¡Qué cita más esclarecedora! En otras palabras, la infraestructura siempre está puesta al servicio de algo, y ese algo sería una «superestructura ideológica» (Déotte, 2013: 79). Así, la superposición de ambas, articularían un tipo de sensibilidad y percepción singular. Dicho de otro modo, siguiendo las lecturas Hito Steyerl sobre Walter Benjamín respecto a los dispositivos técnicos, los artefactos, infraestructuras y aparatos técnicos, estos «son nodos en los que las ideologías y tensiones de un momento histórico se materializan en un relámpago de la conciencia o son forzadas a la forma grotesca del fetiche mercantil» (Steyerl, 2014: 58). Bajo esta lógica, «una cosa no es meramente un objeto, sino un fósil en el que una constelación de fuerzas se ha petrificado. Las cosas no son nunca trazos inanimados, insignificancias inertes, si no que consisten en tensiones, fuerzas, poderes ocultos, todo ello en permanente intercambio» (Steyerl, 2014: 58). Es por esto que al atravesar las superficies de la luz y la camanchaca con la intensión de hacer un inventario técnico de aquello que está presente de manera empírica, es una percepción «distraída» o «scanning» (Flusser, 2009: 11). Este inventario opera como una forma de decodificación y nueva codificación plástica del radical territorio. La meta era pasar sobre la atmósfera de «absorción táctil» (Déotte, 2013:24) del espacio y luego irrumpir apropiándose, a través de la representación, de aquella «mediación simbolizante» (Déotte, 2013: 80).



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Figura 46: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle de tubos de plástico atravesando la superficie árida. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

Esta estrategia, junto con los registros visuales, me permitiría proponer una nueva metamorfosis del espacio y redefinir nuestra relación con el entorno natural. En este contexto, la incertidumbre simbólica del Oasis de Niebla y –por extensión, del desierto chileno–, no sólo aparecerían al alero de su peculiar geografía y clima extremo, sino también por la irrupción de la infraestructura técnica al interior y exterior de cada una de sus capas, discursos y superficies del territorio. Por tanto, el imaginario de extrañeza, incertidumbre y otredad que recaía en el paisaje del oasis, no sería más que la proyección subjetiva y simbólica de aquella irrupción propiciada por el dominio y configuración de la mega industria que – fantasmagóricamente y «a la velocidad de la luz» (Virilio, 1997: 1-128) – actualiza y proyecta los deseos y prospectos de la técnica moderna. En el Oasis de Niebla de Alto Patache, los dispositivos técnicos no me dejaban de evocar e insinuar –marginal y anacrónicamente– relatos precarios y ficticios que



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se confundían con el espacio, materialidad y temporalidad del lugar. El ejercicio de registrar estas infraestructuras u objetos artificiales instalados en la costra desértica me permitiría –reconociendo una lógica de compenetración con el espacio y los velos de la percepción– proyectar el devenir del paisaje y fenómenos climáticos a formas narrativas discontinuas, no resueltas y en suspensión: Ocupaciones, fronteras, debilidades, márgenes, redes, límites, tensiones, ruinas y utopías, entre otros; todos conceptos que permiten los argumentos de una «confluencia dramática» (Corporación Chilena de Video [CCHV], 2014) de las exploraciones y prácticas asociadas a este territorio incierto, en tanto se comprende su naturaleza del espacio, «inconsciente técnico» (Déotte, 2013: 22) y los múltiples discursos –poderes y acontecimientos– que se solapan en él. Pues bien, siguiendo a Jonathan Crary, se podría afirmar que «la tecnología es siempre una parte concurrente o subordinada de otras fuerzas» (Crary, 2008: 25). El Oasis, y por extensión el desierto de Atacama, eran socavados por

una

ideología

ubicua.

Figura 47: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle de cables de alta tensión atravesando la niebla. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014.



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La elección de cada uno de los objetos, sistemas, aparatos, locaciones y microlugares registrados, entremezclan la lectura y exégesis de un posible pasado y presente gracias a la indefinición propia de la imagen fotográfica digital y montaje; «dispositivo perfecto para desestabilizar la perspectiva del observador y quebrar el tiempo lineal» (Steyerl, 2014: 24). Pudiendo ésta, aislada de un contexto legible, remitir a cualquier temporalidad. Este juego efímero de atemporalidades y de nolugares, en tanta dislocación (dis-locare: descolocar, poner fuera de lugar) sólo se podría hacer comprensible desde aquello que propicia un enrarecimiento del lugar. Finalmente ahí, en la parte aleatoria de las pulsiones y acontecimientos repetitivamente registrados, es dónde niebla y objetos se pliegan y dialogan bajo una metonimia, una contigüidad que por exceso de evidencia queda normalmente relegada.

Figura 48: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle silueta de torre alta tensión y niebla. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014.



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9.- LO EFÍMERO. Respecto a lo anterior, me parece necesario precisar sobre aquello que insistentemente nombro como efímero a lo largo del texto. Es una noción fundamental, ya que a partir de este concepto no sólo he enfrentado las singularidades y coyunturas del entorno desértico, sino que también he articulado mis intereses, operaciones visuales y reflexiones vinculadas a la representación y formulación poética de la problemática que motiva este proyecto de creación.

Figura 49: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital b/n. Detalle niebla ingresando al farellón costero. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

En el libro «Estéticas de lo efímero» (Buci-Gluksmann, 2006) –de Christine BuciGluksmann–, la autora plantea que lo efímero se ha convertido en una nueva dimensión de la existencia humana en la época de la globalización. Esto, como resultado de una inédita experiencia del tiempo y acelerada evolución de las tecnologías digitales; rutina marcada por el constante «cambio de un presente seguido de otro presente» (Rojas, 2014: 104).

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Buci-Gluksmann esboza un discurso en el que clasifica lo efímero como una nueva estética, la de las fluideces. De esta manera, ella reflexiona sobre cómo esta «conciencia de un tiempo frágil y nómada adquiere nuevos significados con la cultura visual contemporánea» (Buci-Gluksmann, 2006: 65), afectando y modificando las condiciones de la representación en el arte, la arquitectura y el paisaje, entre otros. Esta destacada filósofa francesa reconoce lo efímero como un tiempo de instantaneidad, singularidades y permanencias, un tiempo presente suspendido entre el “hay” y el “no hay” (Buci-Gluksmann, 2006: 12); un tiempo que puede ser descubierto y a la vez interpretado como capa o parte de una inestabilidad, vacuidad e irreversibilidad. Un lugar dónde podrían –eventualmente– coexistir todas las variaciones imperceptibles, materializaciones y desmaterializaciones del tiempo e imaginarios precarios. Ése sería el mundo o los mundos de lo efímero. Buci-Gluksmann también propone lo efímero como un tiempo de inmanencias y de lo fluyente más allá de cualquier melancolía asociadas a nuestros procesos de hiper-globalización, hiper-tecnificación e hiper-modernización no asumida. Respecto a lo anterior, Buci-Gluksmann considera que para los occidentales lo efímero (Buci-Gluksmann, 2006: 11-18) –el tiempo, sus simultaneidades y aceleraciones– muchas veces se presenta como un evento traumático que – marcado por el pathos del duelo– incita a que «desvaloricemos el tiempo como puro devenir» (Buci-Gluksmann, 2006: 12) fruto de nuestra concepción lineal del progreso, historia y memoria. Aquella concepción se configuraría como parte de un aparataje arqueológico que debe reconstruir y articular –cual montaje «barroco» (Navarro, 2014: 94) y cinematográfico moderno (Navarro Mayorga, 2014: 96) – un pasado inacabado y sin superación posible. Proceso que hoy se vería exponencialmente acentuado por los modos específicos de «desaparición» (Virilio, 1998) que ha inventado y liberado el hombre a través la velocidad, tecnología e hiperrealidad, tales como la disolución, evanescencia, transparencia,



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suspensión, luminiscencia y telepresencia en los «centros dislocados, flotantes y límites líquidos» (Navarro, 2014: 97) de nuestra posmodernidad y ethos postmoderno. Baudrillard dice al respecto: «Todo desaparece por exceso de realidad» (Baudrillard, 2009: 14).

Figura 50: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle cables alta tensión y niebla sobre lomas. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

Pienso que aquel aparataje reflexivo desplegado me permitiría –considerando éste como parte de una primera aproximación formal y conceptual al problema– hacer que el territorio y experiencias desérticas registradas –gráfica, fotográfica, videográfica y sonoramente– ingresen a un tiempo percibido y simbolizado por diversos modos del aparecer y desaparecer inestable. Tiempos alegóricos y precarios para la representación de un asedio que se manifiesta como algo irreductible, mientras se materializa y desvanece en las diversas claves, simulaciones y escrituras del código digital.



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Sería algo así como establecer una reflexión de la desaparición del territorio y su representación en tanto paisaje, a partir de la aparición y despliegue de aquello que la hace desaparecer: las imágenes numéricas, su capacidad proyectiva y su constante proceso de actualización. Me interesa apropiarme de algunas tecnologías y modulaciones materiales del tiempo y la imagen binaria para configurar un híbrido, una mezcla engendrada a partir de la representación de imágenes vanitas o vanidades del territorio, las perturbaciones en la percepción del ambiente y sus repliegues de contingencia y actualidad. La idea es construir una amalgama dónde la semejanza se instale desde el campo de la incertidumbre, dejando entre ver –cual médium– la virtualidad y discontinuidad de todo aquello que ha sido registrado como inestable. De esta manera es como me interesa dar cuenta de aquel «tiempo expandido» (Mah, 2010; 13-26) y flexible; temporalidad asumida y articulada desde el fragmento, montaje y simulacro. Por eso mi interés en el paradigma de lo efímero como productor de sentido. Es ahí donde encuentro intersticios para representar aquello que –superpuesto, disimulado, oblicuo, polimorfo y pluridireccional– da cuenta de una forma de pensar, registrar y hacer ficción de los distintos fenómenos –físicos, metafísicos y mediáticos– que convergen en el paisaje y ecosistema de niebla. He ahí la razón de cada uno de mis comentarios, sensaciones del viaje, descripciones y registros de formas o materialidades, observación de actos de luz y de oscuridad; obsesión por los revestimientos de la materia y las transfiguraciones constantes del territorio y su representación. Asimismo, desde la fascinante dialéctica de lo efímero, soy capaz de articular múltiples elementos, lenguajes y expresiones visuales relacionadas con esta categoría metafísica considerando distintos arquetipos de lo diáfano, momentos de pasaje y «estética de la desaparición» (Virilio, 1998). Además, podría experimentar con las capas, texturas y espesores de las representaciones



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registradas y sus medios técnicos. Y por último, profundizar expresivamente en aquello que se percibe –ligera, densa, artificial y espectralmente– como ininteligible en el ambiente. Es una oportunidad para poner a prueba toda permanencia y apariencia material, espacial y temporal del entorno en que he estado inmerso.

Figura 51: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle torre alta tensión y niebla sobre lomas. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014.



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10.- APARICIÓN. La forma de abordar el Oasis de Niebla de Alto Patache fue a través de un riguroso y sistemático trabajo de campo dedicado al reconocimiento, registro, experimentación, interpretación y reflexión de aquello que por un lado le es único, y por otro, excesivamente común y evidente –infra-ordinario (Pérec, 2008). Tanto es así que pasa desapercibido por su exceso de cotidianidad y banalidad (Mah, 2009: 1-7). Sólo desde ahí podía observar, imaginar y evocar todo aquello que no está en la imagen, sino que fuera de ella y que queda –al enfrentarla– impregnado en nosotros.

Figura 52: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle escombros, mangueras, malla y niebla sobre lomas. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

Mi permanencia en residencia me permitió recopilar múltiples anotaciones, dibujos, diagramas, registros fotográficos, exploraciones sonoras y grabaciones audiovisuales que buscaban dar cuenta de una ocupación y experiencia incierta del territorio a partir de las interrelaciones materiales e inmateriales de los

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elementos registrados. Sean estos fenómenos naturales, infraestructuras técnicas o simulaciones digitales. Si bien consideraba que el espacio en el que estaba inmerso era un gran híbrido compuesto por formas y contenidos disímiles, no fue hasta que comencé a revisar, combinar, seleccionar, intervenir, superponer y experimentar con el material recopilado, que me percaté del cómo sugerir y plasmar –de forma paradójica– aquello que me hacía imaginar un posible devenir del entorno desértico.

Figura 53: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Vista nocturna de cielo en el Desierto de Atacama. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

En este sentido, me pareció atractivo buscar estrategias que me permitieran juguetear ya no sólo con la mediación de la experiencia a partir de las infraestructuras y particularidades del paisaje, sino también con la mediación técnica de los dispositivos de registro –fotográfico (Collingwood-Selby, 2012: 185194), videográfico y dispositivos sonoros de microfonía de contacto– utilizados en mi acercamiento a este árido, inestable y denso paraje latinoamericano. Mi



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propuesta era que aquella incertidumbre radical estuviera dada por la apropiación y subjetivación de los elementos que percibimos –material, espacial y temporalmente– a través de la técnica del montaje y efectos –procedimientos y estrategias– del simulacro. Ambos me permitirían interrogar y tensionar los medios de expresión utilizados: video y fotografía digital en alta resolución, sonido surround y algunos desplazamientos fotográficos hacia lo cinematográfico e instalativo. De alguna forma, la relación entre la técnica y el paisaje, evidenciado en la irrupción técnica del hombre en el entorno de Alto Patache, hacían de símil en cuanto a mi relación técnica con el mismo. La cámara fotográfica, su eminente lenguaje codificado, los micrófonos, los lentes, son al paisaje –representación estética de la política (Peliowski & Valdés, 2015: 21) – lo que la industria ha propuesto en el mismo, con la salvedad que mi producción corre por los caminos del conocimiento, o de los bienes intangibles y/o simbólicos. Al realizar y analizar cada uno de los registros, me propuse indagar en las relaciones que –de manera poética– emergían producto de las correspondencias formales y conceptuales propiciadas por la representación del entorno, sus interferencias, quiebres, desbordes, fluidez y operadores efímeros. Reconociendo así imaginarios y recursos que me permitieran generar un diálogo entre la inmaterialidad, atemporalidad, transparencia y pasaje en cada una de las capas que dan forma a la representación y puesta en escena de esta propuesta artística. En este sentido me pareció interesante apropiarme, resignificar y vincular algunas prácticas de lo efímero que se desprenden de la cosmovisión andina, expresiones simbólicas del arte precolombino respecto a los momentos de pasaje y las transparencias (Buci-Gluksmann, 2006: 42) propias de nuestra cultura de flujos y subjetividad posmoderna. Por eso mi insistencia en sentir, constatar, interpretar y asimilar las condiciones, propiedades lumínicas y climáticas del territorio; acontecimientos y efectos de luz, las superficies geológicas y sus particularidades; evoluciones cromáticas, tornasolados de la materia, pliegues espaciales, capas y velos atmosféricos, entre otros. Para mí, todo aquello evocaba –plásticamente– la



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fragilidad e invisibilidad del paraje, además de una particular dimensión emocional que evocan estos espacios vulnerados y marcados por tecnificación de la naturaleza.

Figura 54: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle de manguera que recorre las lomas del oasis. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

Respecto los registros fotográficos digitales realizados, me pareció interesante lo que se podía conseguir al tensionar enfoques y desenfoques, vistas más bien cerradas; planos medios, plano detalle, picados y contrapicados. Del mismo modo, procuré jugar con otras variaciones en la profundidad de campo, administrando fundidos y diferencias de calidades tergiversadas por las distintas lentes fotográficas empleadas en la recopilación de imágenes del entorno. De esta manera, a través de múltiples secuencias fotográficas, pude obtener representaciones en las que se atenúan, aplanan, exacerban o desaparecen las construcciones de la perspectiva. Por ejemplo, una de las formas para conseguir



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lo anterior, era «contraponer el registro de figuras achatadas en el plano de la imagen con otras en profundidad de campo; figuras que lograban ensanchar el plano o campo y lo profundizaban volviéndolo un espacio absolutamente ambiguo. La idea era dar cuenta de una superficie de representación dónde sea muy difícil percibir las diferencias entre un adentro y un afuera. En este sentido, lo único que me interesaba era que el espacio hablara en términos opuestos y que todo se percibiera envolutado, plegado y curvo, como en el quehacer pictórico y «estética del barroco» (Snyder, 2014: 31). Por otro lado, me propuse restringir la escala cromática de los espacios, variar las temperaturas de color en imagen, saturar algunos planos, lograr efectos de pasaje-pantalla, enfatizar ciertas texturas cromáticas, advertir los brillos en las superficies registradas, dramatizar los contrastes de luz y utilizar filtros ópticos de carácter análogo. Todo con el objetivo de sugerir una aparición ambigua e inestable de la imagen a través de una especie de halo técnico e inmaterial dispuesto sobre la lente y el encuadre. De esta manera, pensaba que podría dar cuenta de aquello que se manifiesta como oblicuo a partir de la iluminación natural y artificial en la representación fotográfica y videográfica del paisaje tarapaqueño. También, se hacía necesario registrar y administrar la luz de lo claro y la luz de lo negro, como manifestaciones de una inseguridad y desviación que acontecía en cada intersticio del territorio. Así fue como, a través de la dinámica del claroscuro y virtualidad de la luz, me propuse observar y configurar los valores tonales y efectos cromáticos de cada una de las micro locaciones y espacios registrados. Estas soluciones extremas –efectos de pantalla y lumínicos ambivalentes–, me permitirían asumir y configurar materialmente una sujeción de los universos representados durante mis caminatas por el oasis. Lo luminoso, brillante, reflejos y pantallas lumínicas –acabados empastados con blancos reventados– aparecían y funcionaban como una serie de éxtasis matéricos dispuestos entre cada una de las capas y pliegues de aquello



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representado, independiente de la naturalidad o artificialidad de las formas. El brillo sobre una superficie mineral o el pasaje sobre una lámina metálica, podía ser todo y nada a la vez. El efecto de claroscuro –su inscripción y proyección de la luz sobre las variadas superficies desplegadas en el territorio – permitía hacer de las imágenes una arqueología pura y un tanto nefasta. En cada una de estas imágenes, la intranquilidad aérea estaba materializada por los contrastes de la luz desértica y objetos tamizados o soslayados por la niebla. Así, a partir de la estrategia del claroscuro, las imágenes y sus tiempos de simultaneidades se podían atravesar y pensar como algo dialéctico; como material vibrante y activo sobre cada una de las superficies geográficas representadas, dislocadas por las expresiones extremas de la luz. Todo debía desencadenar una movilidad e inmovilidad aparente en el paisaje.

Figura 55: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle cables de alta tensión, silueta de torre y niebla. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014.



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Durante mi recorrido presté atención y registré cada uno de los elementos que parecían borrados en el entorno, así como aquellos que se presentaban materialmente como inacabados producto del efecto de las nubes, tierra, polvo y nieblas atmosféricas. Mi intensión era que la mirada se posara sobre todo aquello que se podía vislumbrar como un “non finito”. Me impregnaba así de todo aquello que estableciera relaciones entre movimientos y duraciones, a partir de las transfiguraciones de las superficies producto de una materialidad pulsante y enmascarada. Por otro lado, respecto a las diversas infraestructuras técnicas e instrumentos científicos registrados, me interesaba dar cuenta de aquel ambiguo devenir de sus cuerpos. Registrando ese continuo desvelarse a la espera de ser cubiertos y liberados por la incertidumbre de la camanchaca. Por esta razón mi proceso de registro estuvo orientado la representación de «palimpsestos». En su mayoría situaciones construidas a partir de trazas materiales, encriptamientos y superposiciones a partir de elementos de la composición, efectos ópticos y deformaciones de la lente. También me interesó registrar materialidades y formas que me permitieran transparentar o darle mayor densidad al espacio geográfico. Esto, con la intención de simular que –a través del encuadre, acabado, montaje y articulaciones de la fotografía digital– se podría distinguir por debajo de las superficies de lo representado, dando cuenta de aquello que se manifestaba en su propia e inquietante «desmaterialización» (Concha, 2009: 269-271) o cambio de estado. Así, aquello que llamamos translúcido –sitio entre proximidad y lejanía; entre huella y aura– podía ser utilizado como alternativa a los conceptos de transparencia y de opacidad que a menudo sirven para definir la naturaleza y universo poético codificado de la imagen digital. En consecuencia, registré y experimenté con todo aquello que aparecía –plástica y materialmente– como volátil, cristalino, inmaterial, desmultiplicado y provisional hasta el infinito –cual



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fractal– producto de la actualización de luz en el entorno y rendimiento técnico de los dispositivos de registro y representación.

Figura 56: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Lomas del farellón costero y niebla. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

Posteriormente, a partir de las fotografías realizadas al interior de la residencia –ya en una etapa inicial de posproducción del material–, investigué la creación de breves piezas audiovisuales. En su mayoría segmentos de video confeccionados a partir de la intervención de series de fotografías fijas, capturas en secuencias y ráfagas fotográficas en movimiento a distintas velocidades de obturación y apertura. La idea era que cada pieza videográfica combinara la reproducción y repetición prolongada de múltiples fotografías digitales –capturas serializadas en stop motion o animación cuadro a cuadro– organizadas a partir de la mixtura de diversos encuadres, pasajes lumínicos y capas virtuales.



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Estas series de video y foto-secuencias serían confeccionadas a partir del registro de movimientos fijos, continuos o discontinuos de la luz, niebla y algunos objetos desperdigados por las diversas locaciones del oasis. En aquellas secuencias de animación alteraría el punto de vista, profundidad de campo o enfoque del dispositivo de registro fotográfico o bien, serían construidas –simuladas–, a partir de la repetición de una imagen fija única a la que se le altera y varía levemente la exposición, nitidez y tamaño del grano fotográfico digital –pixel, ruido o ISO– en la superficie de la misma. De esta manera, una vez ordenados los fotogramas en secuencia de video, se podría conseguir un efecto de movimiento o vibración del “aire” (pixel) al interior de la imagen. Es un efecto que simulaba una ralentización extrema del tiempo, un efecto de presencia y ausencia. Son suspensos durables. Respecto a lo anterior, me interesaba utilizar el grano de la superficie fotográfica digital –pura abstracción y apariencia inmaterial entregada a la vista como una articulación precaria del soporte técnico– con el fin de mediar entre la mirada y las imágenes representadas. Pensaba que así podría evidenciar cómo esta extensión tecnológica crea una inmaterialidad absoluta; una total falta de presencia física y distancia con el referente registrado. Por tanto, trabajar con una sola imagen o variadas imágenes fijas que se pliegan y repliegan para crear un efecto de movimiento, vibración y simulación. Lo que estoy dejando en evidencia es una síntesis, un intento por dar cuenta de una eficaz manipulación técnica de los dispositivos. En cierto modo, podríamos decir que la articulación de piezas audiovisuales que simulan movimiento a partir de imágenes fijas, no es más que una aparición provocada por la simulación de una aparición material en el mundo físico a través de un efecto de superficie propiciado por un código. Pura estrategia de «seducción» (Baudrillard, 2001: 49-64). Al ser cada una de las imágenes digitales producida por el código binario –por el «pliegue y repliegue» (Deleuze, 1989: 11-21) de las mismas sobre sí– éstas se diluyen y se vuelven código –se disuelven en el código e indexación–, transformándose en una presencia inmaterial y fantasmagórica, tanto o más que el



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desértico e incierto territorio registrado. La falta de corporeidad de la imagen y su puesta en escena era lo que se reiteraba en cada una de las secuencias de video articuladas bajo esta estrategia visual. Así, el desierto, la camanchaca e infraestructuras técnicas representadas, se volvían doblemente espectrales a través su representación. Es que en la imagen digital ya no hay testimonio irrefutable del negativo como fin del acto fotográfico ni tampoco hay superficie sensible dónde las cosas puedan inscribirse por contigüidad física con su referente (Dubois, 2008: 33-51). En la representación digital del desierto –ahí dónde la estabilidad tambalea y hace que el modo de representación digital se abra al espectador como una reeducación del referente (Yáñez Tapia, 2013: 25) – no hay testimonio de una ausencia inapelable, sólo mediaciones que confeccionan y propagan la ausencia y el vaciamiento desde una nostalgia por lo espectral. Una vez registrado y puesto en circulación, podríamos decir que el desierto y sus ecosistemas comienzan a desaparecer.

Figura 57: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº1, prueba de edición. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014.



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Estas estrategias –montaje, capas y yuxtaposiciones de reiteradas fotografías–, me permitirían generar un ánimo expectante frente al relato visual elaborado a partir del encuadre, movimiento y simulacro producido por la manipulación digital. Es así como cada video-animación creada, existía producto de una serie de imágenes –pixeles– que se pliegan y despliegan, tensan y destensan, contraen y dilatan, comprimen y exploran, envuelven y desenvuelven, siempre sobre la superficie de lo digital –ahí dónde la estabilidad tambalea–. De esta manera, a partir de este efecto articulado por un software para la edición fotográfica, era posible simular que las imágenes del entorno respiraran, que el entorno mismo pareciera inhalar y exhalar aire y luz a partir de las distintas variaciones en la superficie de la imagen numérica. Moviéndose, aparente e ininterrumpidamente, desde la claridad a la oscuridad, de adentro hacia fuera, de arriba hacia abajo o viceversa. El entorno y sus imágenes eran, cual pliegue dos siendo uno. Un eterno retorno en que –re-articulado– lo inacabable e inmaterial dialoga con la matriz digital y lo lumínico (Yáñez Tapia, 2013: 19-27).

Figura 58: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº1, prueba de edición. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014.



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Lo mismo ocurriría con el uso de sonidos que acompañaría las piezas de video. Respecto a los sonidos utilizados para componer estas piezas audiovisuales, utilizaría registros complementarios y no tradicionales del paisaje sonoro del territorio que recopilé mediante microfonía de contacto entre otros medios de registro de audio. Para esto –durante mi estancia en Alto Patache– grabé y superpuse algunos sonidos ambientales y texturas de objetos eléctricos, metálicos y mecánicos, dispuestos en distintos rincones de la superficie y micro locaciones registradas. Obviamente, lo sonoro también bordeaba lo discontinuo. Buscaba –a través de sugerentes puntos de inflexión– romper con cualquier armonía y simetría posible a partir de las vibraciones liberadas en el ambiente. El sonido debía manifestarse de forma excesiva y con juegos de pasajes y profundidades extremas.

Figura 59: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº1, prueba de edición. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

Del mismo modo, uno de los efectos que más me interesaba conseguir era el carácter hipnótico e inmersivo del oasis, dado los factores climáticos que le son

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intrínsecos. Es por esto que me interesaba, a como dé lugar, propiciar una fuerte estilización visual de las imágenes, contemplar el uso de sonidos capturados del entorno, combinar diferentes técnicas experimentales de animación y jugar a desdoblar imágenes para ser recompuestas en el montaje. Sólo así se podría tensionar la veracidad de lo representado, la inmediatez e instantaneidad medial, «rituales de la transparencia» (Baudrillard, 2001: 25-38) e hipervelocidad de lo digital y la forma contemplativa impuesta por aquellos dispositivos vinculados a la visualidad y reproducción de datos.

Figura 60: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº1, prueba de edición. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

Por otro lado, en relación a la captura y posproducción de color e iluminación del material fotográfico utilizado para la creación de las piezas de video, me interesaba –como referente– la visualidad del «Tech-noir»; cine con alto contenido expresivo y fuerte estilización visual. Mi intensión era ir contraponiendo y combinando diferentes plano-secuencias, interactuar con aquello que carece de continuidad y racionalidad, incorporando además recursos de la luminosidad



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pictórica en lo fotográfico y efectos cinematográficos de iluminación expresionistas propios cine de ciencia ficción. En este sentido, el «Tech-noir» emergía como un referente visual muy importante, ya que no sólo responde a la exigencia de otros universos posibles producto de la faceta distópica de las relaciones con lo artificial (Berardi, 2014) si no que también expone imaginarios en los que la desolación, el aislamiento y la desadaptación son

escenarios

comunes.

Me

interesan

sus

atmósferas

apocalípticas,

insinuaciones virtuales y ambientes distorsionados. Me hacen imaginar el Desierto de Atacama como otro que –cual alteridad irrebasable– interpela de forma radical.

Figura 61: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº1, prueba de edición. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014.



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11.- PASAJES. Respecto a lo anterior, dado la ubicación geográfica del oasis e historia del Desierto de Atacama, surgió un interés por vincular y tensionar algunas expresiones visuales ligadas al simbolismo y la herencia cultural del pensamiento precolombino. En su mayoría expresiones formales y cromáticas atribuidas a la estrecha relación de sus sistemas de creencias con la «dualidad como categoría metafísica» (Llamazares, 2011: 456), parte de un principio monista generador del cosmos. En la cosmología andina se le da mucha importancia a los momentos de pasaje, desdoblamientos chamánicos, ritos y cambios de estados, lapsos que podrían ser articulados con aquello que describo como efímero. Pasajes que conforman un paradigma temporal poseedor de una gran eficacia simbólica, que propicia experiencias y estados volátiles, líquidos, hipnóticos e inmersivos. En este sentido, al investigar más a fondo, me percate de la preeminencia que tendrían estas distintas manifestaciones materiales e inmateriales para el pensamiento precolombino. Si bien muchas de ellas las lograba reconocer como operadores activos y expresivos en mi experiencia con el del territorio desértico y la camanchaca, no era consciente del potencial de estas expresiones, ni tampoco del paradigma que les daba forma. Paradigma en el que no había espacio para una naturaleza dominada. De esta manera, considerando aquellos instantes en que se generaban fenómenos ópticos producto de la «descomposición y recomposición de la luz» (Llamazares, 2011: 456). –algunos brillos y otros efectos luminosos que creaban diversos juegos cromáticos; momentos de pasaje en los que las formas y contorno se desdoblaban continuamente–, pude empaparme de los diferentes estímulos lumínicos y provocaciones del entorno que actuaban como incesantes polaridades en juego. En su mayoría reiteraciones que fluyen al ser consideradas como parte de una unidad esencial. Acontecimientos y fenómenos que en el mundo



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precolombino parecen formar parte de un principio energético básico en el que «todo lo creado es desdoblado a partir de dualidades» (Llamazares, 2011: 457). En este sentido, no sólo me parece atractivo el rendimiento de las diversas manifestaciones de la luz, sino también la analogía posible entre aquel despliegue en el que la experiencia puede «desdoblarse para dar cuenta de su dualidad y replegarse para recuperar su unidad» (Llamazares, 2011: 457). Me parece que ahí hay afinidades respecto a la fluidez y materialismo aéreo de lo efímero, en tanto permite ingresar en tiempos intersticiales, reiteraciones, transiciones ambiguas y cambios impredecibles. Estados y corporeidades que se relacionan con el desdoblamiento radical –algo que desborda la forma– del entorno registrado y su puesta en escena a partir de los diversos mecanismos técnicos de registro, reproductores de imágenes, efectos de profundidad de campo y montaje.

Figura 62: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Vista general de la planicie del oasis sobre el farellón costero. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014.



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En cierto modo, no puedo dejar de pensar que existe un punto de encuentro entre mi manera de abordar el territorio en tanto desdoblo, en lo digital, su apariencia. Esto con el fin de dar cuenta –representar– aquello que por un lado «expresa una realidad ordinaria y por otro, una realidad no ordinaria» (Paymal & Sosa, 1993: 164) del entorno. Sin embargo, más allá de lo anterior, lo que me parece fascinaste es la posibilidad de enlazar eso que –en el despliegue de cada una de las representaciones– permitiría una apropiación de las maneras de concebir el movimiento de la materia, con la finalidad de sugerir estados de inmersión ante «la poética de las imágenes cinematográficas» (Navarro Mayorga, 2014) elaboradas, movimientos de las superficies binarias y sonidos drone –tonos puros de larga duración, movimientos y cambios lentos, repeticiones y superposición de capas, en el límite entre la música y el sonido– capturados del entorno.

Figura 63: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle de siluetas y luces vistas desde la altura del farellón. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

Cada una de las impresiones luminosas que tuve en mis sucesivos encuentros con el territorio –superficies áridas, nieblas atmosféricas y texturas de infraestructuras técnicas diseminadas por la superficie del oasis– se podían relacionar con aquellas visiones e impresiones pictóricas propias de la luz, brillo y

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color que en el contexto precolombino funcionan, cual iridiscencia, como metáforas plásticas de la dualidad. En este sentido, la manera en la que me aproximé al entorno, y la manera en la que comprendí su paisaje, estuvo igualmente fundada en la comprensión subjetiva de aquellos fenómenos. Es desde ahí, desde la interpretación de las diferentes manifestaciones y ausencias propias de la luz en las variadas superficies, dónde comienzo articular la cualidad del desdoblamiento y oposiciones sobre espacio desértico e imaginario técnico.

Figura 64: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle de siluetas y luces vistas desde la altura del farellón. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014.

Así, a partir de esta capacidad de «descomponer y recomponer» (Llamazares, 2011: 471), reunificar y replegar de la luz y la imagen (montaje), puedo hacer ficción sobre el territorio. Teniendo en cuenta aspectos diferentes a la representación

del

paisaje,

entendiendo

determinadas

dualidades

como

expresiones formales exacerbadas –figura y fondo, forma y contraforma, contorneado e informe, primer plano y segundo plano, pasaje y pantalla, denso y diluido, entre otros–, pues existe una disposición de imágenes numéricas que hacen referencia a un mismo asunto, pero de manera paradójica, estableciendo opuestos ontológicos que permiten direccionar el sentido. Por ejemplo: trípticos o

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dípticos audiovisuales que asocian la vista de unas dunas e infraestructuras mineras, las cuales se ven unificadas gracias a la camanchaca. Ambas secuencias, por muy disímiles que sean, escenifican y legitiman el mismo poder técnico y mirada proyectiva. Por otra parte, la dimensión simbólica de las expresiones de los momentos de pasaje, transfiguraciones, estados visionarios y de trance asociados al desdoblamiento chamánico, se articulan a modo de «pliegues y repliegues» (Deleuze, 1989: 11-21). Esto permite trabajar estrategias para la visibilización de los materiales –puestos en simulacro gracias a la imagen digital–, para sugerir estados de inmersión tempo-espacial, alteraciones del tiempo y movimientos a partir de la exacerbación de las texturas digitales (ISO), además de la utilización de detalles sonoros capturados del ambiente. De ahí que me ocupara tanto de las filiaciones del entorno. En un contexto de experimentación fotográfica y audiovisual, he descubierto determinados lugares técnicos que funcionan también como eje epistémico. La apariencia del grano digital – «codificación de otro código» (Concha, 2011:19) –, su falta de presencia física y distancia establecida con el referente registrado, así como la repetición (actualización) de una imagen fija y las diversas modulaciones de luces y texturas de la superficie digital, crean un efecto de síntesis, donde el movimiento, vibración y simulación temporal cobran dimensiones discursivas autónomas. Esta impresión fantasmagórica –la ausencia del paisaje y la presencia de sus huellas– proponen un tiempo que sólo se podía circunscribir a un eterno presente. Así, el efecto de superficie alteraba la duración de las imágenes como si fluyeran –de manera hipnótica– por un plano acuoso, marcado por una extrema lentitud del tiempo. En su transparencia las imágenes código se hacían atemporales y eternas. En ese sentido, se hace evidente que aquel efecto inmaterial tiene relación con los lapsos de pasaje y cambio de estado vinculados al desdoblamiento chamánico. En



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ambos casos –en el desdoblamiento y superficie binaria–, es posible percibir las palpitaciones del ambiente, sus contracciones y dilataciones producto de la materialización y desmaterialización del espacio a partir de los rituales de las transparencias. En el caso chamánico sería a través de los fosfenos –sensaciones lumínicas que aparecen en el campo de la visión independiente de la luz externa–, y, en el caso de la superficie digital, sería a través de la simulación material del código binario. La metamorfosis se presenta en ambas seducciones. Cada uno de los fenómenos psico-sensoriales que se producen parecerían ser los mismos en ambos casos: sensación de movilidad aparente, transformaciones materiales, despersonificaciones, reminiscencias y desdoblamiento del entorno. Asimilar y conjugar a propósito todo esto, permite generar una sensación de extrañeza e incertidumbre frente al ambiente –y su desdoblamiento audiovisual e inmersivo– en el que se despliegan las imágenes, formas, volúmenes, colores, sonido y movimientos. Del mismo modo, podría potenciar –a través de aquello que se propone como pasaje y proyecta desde lo hipnótico– un posible efecto de desinterés por la realidad, más no por la seducción de las apariencias. Así ya no buscaríamos respuesta en aquello que se representa ante nosotros como irreductible e interpelación del mundo natural, sino en aquello que hemos puesto detrás y por sobre él, pero que no se puede apreciar porque estamos cautivados por las vibraciones, ritos, abismos y vértigos de las superficies, texto y procedimientos de la virtualidad. Por último, dado que mi trabajo se cristaliza mayormente en un resultado audiovisual y fotográfico digital, me parece interesante –en este contexto de pasajes, pliegues y desdoblamientos chamánicos– relacionar aquello que nombro como inmerso y envolvente, con los fenómenos perceptivos que tienen lugar en lo cinematográfico y su «estructura de absorción». Experiencia en la que el espectador absorbe y es absorbido a la vez. La suplantación acordada de los objetos y el entorno, establece un campo simbólico donde las elipsis son un epicentro, donde convergen espectador y autor.



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Si bien lo cinematográfico aparece en cada una de las obras fotográficas y videoanimaciones cuadro a cuadro que he elaborado –ya sea a través de una relación estilística o una puesta en escena que remite a la imagen en movimiento, o por un simulacro del movimiento producto de los efectos de las superficies binarias–, me parece que algo inmaterial y secreto se conserva ahí. Algo que se manifiesta y desdobla en la disposición y exposición de aquello que hace de la representación un espacio de hipnosis y trance. De ahí mi inclinación por la simulación del movimiento continúo del grano digital. Es que cada una de sus convulsiones e incesantes vibraciones lumínicas –actualizaciones– me permite ir, poco a poco, perdiéndome, ya no en aquello que entendemos como la representación de lo real codificado en la imagen pixel, si no en aquello que aparece hiper-multiplicado, suscitando –a partir de la repetición de fragmentos– la impresión de una acción continua. Hablo de la superficie de la representación binaria, del ruido y aleatoria sensibilidad digital.

Figura 65: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle cables de acero y tensores sobre superficie del farellón. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014.



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Si me remito a este fenómeno lumínico codificado –como heredero de aquellos grandes dispositivos óptico-mecánicos que proyectaban un haz de luz sobre los fotogramas de una película, o incluso, yendo más atrás, al desmantelando del aparato– y me quedo sólo con aquellas precarias impresiones de las estrellas (Cadava, 2014: 83-92) o de la luz natural que proyectaban largas sombras, podría encontrar ahí una simplificación de lo hipnótico y sedante que es contenido en lo cinematográfico. Manuel Delgado Ruiz –destacado antropólogo español– dice al respecto: «Hubo un tiempo en que el cine no era cine, si no otras cosas, y otras cosas indisociables por doquier al universo de la magia, el rito y las técnicas de trance» (Delgado, 2008). Aquella reflexión ha sido para mí toda una clave, ya que encuentra los principios de lo cinematográfico en su desplazamiento hacia lo inmaterial, cual fábrica de signos y significados productos de su eficacia y virtudes simbólicas. De esta manera, al igual que la magia, el cine –aparato subjetivo con propiedades inductoras– reemplazaría la realidad por imágenes. Para Delgado, el cine y la magia tendrían algo más en común: integran –en su montaje y proyección– un sistema coherente de experiencias inarticuladas, en el cual ambos ponen en contacto lo posible con lo imposible, aproximan lo remoto, mezclan el pasado, presente y futuro, y proponen una dualidad respecto a lo cotidiano y lo extraordinario. Al parecer hay una virtud especial en el movimiento secreto y materia de las imágenes cinematográficas. Éstas siempre son visiones, apariencias, ilusiones, alucinaciones y espejismos de aquello que se representa por las sombras. Una pregunta al respecto ¿Qué más comparten el cine y las manifestaciones de lo mágico? Si lo que vincula el cine y la magia es que sustituyen la realidad por representaciones, lo que compartirían ambos es un culto –un tributo– por aquello que puede plegar y desplegar sucesivas veces su apariencia, atribuyéndole así un valor simbólico a esa apertura hacia lo otro. El mago o chaman reitera sus



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ceremonias buscando generar movimientos y ordenamientos cósmicos, mientras que el cine reproduce imágenes generando la ilusión –continua o discontinua– de la imagen, el tiempo y el movimiento. Ambos, para manifestarse, replican acciones como si fueran ritos bajo determinados acuerdos simbólicos entre espectador y sujeto creativo. Respecto a esto, siguiendo la lectura de Delgado a partir de los textos de Lévi-Strauss (Lévi-Strauss, 1995: 195-262), Delgado dice: «La representación cinematográfica no sería, de este modo, más que una forma de duplicar mecanismo propios del ritual, (…) derroche de repeticiones y fragmentaciones que generan el mismo efecto óptico que

la película

cinematográfica» (Delgado, 2009: 3). De ahí que ambos, magia y cine –más aún el cine expandido experimental y video arte–, funcionan descomponiendo operaciones que repiten hasta el infinito, cubriendo intersticios y alimentando de esa forma la ilusión de que es posible «rehacer lo discontinuo a partir de lo continuo» (Delgado, 2009: 3). Magia y cine descomponen unidades tan pequeñas, que su rápida sucesión acaba por hacerlas ininteligibles, generando una impresión de continuidad. Delgado dice al respecto – siguiendo los postulados de Lévi-Strauss sobre la eficacia simbólica del ritual (Lévi-Strauss, 1995: 211-262) –que «El destino ritual sería el mismo que el del cine: reconstruir un orden ideal de mundo que en realidad puede percibirse mediante un acto de puro ilusionismo» (Delgado, 1999: 61). Ahí, en esa ilusión e insistencia, es dónde comienza a desplegarse la imagen del territorio árido y superficies inmateriales como parte de un acto magnético, hipnótico y somnífero. Ahora bien, respecto a la idea de crear ordenamientos que permitan al hombre precolombino conjurar la presión de aquellos poderes que le apremian –asegurar un orden que conjure, a través de repeticiones y fragmentaciones, la arbitrariedad del mundo frente a las condiciones trascendentales de la experiencia–, parece no ofrecérsenos interpretaciones claras y legibles, mientras consideremos el espacio y paisaje como un objeto e instrumento para el ordenamiento de la naturaleza en función de las necesidades de hombre y las lógicas de los modos de producción.



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En el espacio andino, la valoración de la naturaleza no está dada por los valores de uso y de cambio asignados por una cultura occidental hegemónica, mas si por su valor existencial, geográfico, ambiental y simbólico. El paradigma es otro, uno que –al igual que la magia– hace alusión a las realidades en «forma de pasaje» (Agacinski, 2009: 19-20) o continuo ininterrumpido producto de una visión orgánica del universo.

Figura 66: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital b/n. Detalle de nubes en vista aérea . Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014.



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12.- PARADIGMAS Y CONCLUSIÓN. Ante todo, mi interés por registrar, representar y reflexionar una fracción del Desierto de Atacama se vincula con la experiencia del territorio en cuanto alteridad radical que interpela. Considerando que este territorio ha sido y sigue siendo pensado como un espacio únicamente disponible para la expoliación de los recursos naturales. De esta forma –y estableciendo un vínculo con el rito y la magia (Lévi-Strauss, 1995: 195-262)–, lo único que se repite y fragmenta, pliega y repliega, en el desierto atacameño, es una naturaleza embestida y configurada técnicamente para el control y manipulación de sus recursos.

Figura 67: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº2, prueba de edición final. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2015.

Estas expresiones pueden ser entendidas como sinónimos de la razón capitalista –expresiones que han soslayado y pervertido varios rincones de nuestros territorios, no sólo el desértico– que se asientan en un supuesto ontológico y epistemológico que define el mundo como un fenómeno y realidad pre-dada. Un dispositivo paradigmático que ha generado, a lo largo de la historia de la cultura occidental y su irrupción en América, una disyunción entre cultura y naturaleza.



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Este fundamento hegemónico de la cosmovisión occidental se despliega en categorías binarias, estableciendo paradigmas en torno a la dualidad. En el caso de la relación del hombre con la naturaleza, esta dualidad ontológica se manifiesta a través de la disyunción cartesiana sujeto-objeto. Experiencia del mundo en la que el subjetum (sujeto) es enfrentado a un objetum (la naturaleza), propiciando así la idea de una realidad externa al hombre, vinculada a la naturaleza, y una existencia interhumana vinculada al sujeto. De esta manera, la naturaleza –en tanto objeto– sería concebida con total autonomía de «lo humano» (Concha, 2011: 234-248), quedando despojada de todo significante social. Pues bien, aquel despojo y objetivación hizo que la naturaleza fuera asimilada, fragmentada y reducida a pura materia inerte; algo que sólo podía adquirir valor a través de los paradigmas de la producción y la técnica. El hombre pasa a ser un sujeto de sentido en el cual se funda todo lo existente.

Figura 68: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº2, prueba de edición final. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2015.

La naturaleza fue deviniendo –en nuestra cultura occidental– en inercia, insumo y materia instrumentalizada. Este advenimiento de la naturaleza en algo

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representable, sistematizable, fraccionable y cuantificable. Estas racionalizaciones fueron intensamente potenciadas por el pensamiento científico. Es él quien, al considerar la naturaleza como objeto de estudio y replegar su fundamentalismo como verdad totalizante, hizo de ella una realidad neutra, fragmentada y objetivable que podía ser ordenada y sometida. La naturaleza, desde los paradigmas técnicos y de producción, se plantea como designio para el hombre, así como el hombre se plantea como un agente con la misión de utilizar, explotar, atacar, conquistar, subyugar, domesticar, dominar, controlar y expoliar los ecosistemas y sus elementos naturales. Esta cadena de acontecimientos y frenesí de sistemas abstractos asociadas al progreso y masiva industrialización, ha sido lo que ha puesto nuestra biodiversidad en peligro desde entonces. Nuestro Desierto de Atacama y sus complejos ecosistemas, pese a su extrema aridez, ha pasado por cada una de las etapas enumeradas; y de eso sólo siguen quedando y multiplicándose residuos, despojos, escorias, cenizas y expresiones de ruina sobre aquellas superficies que hoy se promocionan publicitariamente como inalterables, enigmáticas y marcianas. En otro orden de cosas, pensando la relación hombre-naturaleza en el contexto cultural latinoamericano, cabe destacar y poner en valor como los pueblos precolombinos concibieron un mundo holístico hecho a la medida de la naturaleza. Aquí, el hombre es sólo un intermediario más en el orden cósmico. Una concepción en la que no se conocieron vestigios de antropocentrismo. En esta visión orgánica del universo no existían jerarquías verticales y no se separaba la naturaleza de la sociedad, más bien se trataba de una cosmovisión monista que comprendía la naturaleza de forma adaptativa mediante una serie de relaciones simbióticas, armónicas y equilibradas, en las que el hombre andino se desarrolla de manera integra con el ecosistema. Así, siempre con un respeto reverencial hacia aquel orden natural y espacio geográfico irrebasable, el hombre experimentaba subjetivamente la naturaleza como un referente identitario que da sentido simbólico al mundo.



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Figura 69: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº2, prueba de edición final. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2015.

Esta visión propia de los pueblos originarios facilitó un balance y autorregulación ante la naturaleza, concepciones que –tristemente– fueron castradas e invisibilidades con la llegada del hombre occidental (1492) y su sentido de progreso asociado al pensamiento y técnica moderna. Así, la naturaleza y manos del hombre indígena, entendidas ambas como recurso disponible, comenzaron a ser expoliados en búsqueda de su máxima productividad. Este trágico escenario se fue exacerbando en la medida en que se implanto –a lo largo de todo el continente– un sistema económico de exportación y abastecedor de materias primas. Modelo que se ha prologado hasta hoy, enmascarando las nuevas relaciones de poder que implican los flujos de energía. De ahí que las trasnacionales y sus cuerpos tecnológicos de extracción invaden nuestros ecosistemas compensándonos con absurdas e irrisorias medidas para mitigar los daños, como si algo de tal calibre se pudiera mitigar y transar en el mercado local. Es que nuestra relación, comprensión y apreciación estética de la naturaleza (Budd, 2015: 147-189) sigue siendo intensamente cosificada y tecnificada; no es más que la experiencia de lo rentable, un medio definido por su disponibilidad a través de la tecnología.

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Figura 70: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº3, prueba de edición final. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2015.

Es por esto que me parece interesante interpretar algunas reflexiones de Martín Heidegger respecto a la ciencia, esencia de técnica moderna y habitar humano. Este autor y pensador alemán, uno de filósofos más importantes de la historia del pensar occidental, plantea que la base de la ciencia moderna –separación objetosujeto– disminuye la capacidad humana de relacionarse con el mundo, ya que para la ciencia sólo existe lo verdadero y real en aquello que se puede representar y certificar en esa misma representación. Aquello que, por medio de un representar, se instala como valor y verdad única para el hombre moderno –quién «se pavonea tomando la figura del señor de la Tierra» (Heidegger, 1994: 25). Al respecto, Heidegger indica que el espíritu de la ciencia se replica en la tecnología. Ambas monopolizarían la verdad a partir de aquello que «reduce todo ente natural a objeto destinado a convertirse en existencia, en mercancía» (Castellanos, 2011: 4), en algo cualificable y cuantificable, en pura mercancía.



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Figura 71: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº3, prueba de edición final. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2015.

De esta manera, la tecnología, a través del espíritu de la ciencia, nos entregaría su verdad

tecno-científica

–«transparencia»

(Han,

2013:

16)



como

algo

naturalmente verdadero, algo incuestionable que impediría el avistamiento de otras verdades respecto a la naturaleza y la forma en cómo la comprendemos. Este desocultar de Heidegger, tendría correspondencia con que este autor percibe la técnica más allá de un instrumento o modo de producción. Para él, producir, es un llevar algo de su estado oculto a su estado no oculto; un desocultar provocante (Heidegger, 1994: 9-37) –un modo de verdad, una cristalización del sentido, del sentido del ser– que impone una responsabilidad y meta a la naturaleza. Una amenazante exigencia de suministrar energía que, como tal, puede ser extraída y almacenada. Así, La energía oculta de la naturaleza sería sacada a la luz, transformada, almacenada, distribuida, entre otros tantos procesos productivos (Heidegger, 1994: 9-37). Heidegger dirá que hemos confundido –tras el triunfo del ente por sobre el ser– el desarrollo moral con el desarrollo y pensamiento técnico. El ser se ha hecho invisible.



105

A partir de lo anterior, Heidegger formulará el concepto de “lo gestell” (Heidegger, 1994: 9-37)

para interpretar aquello que hace que la naturaleza sea mera

proveedora de existencia y el hombre, alienado, un solicitador de existencias dispuestas y sobreexpuestas. Lo “gestell” –lo dispuesto– sería entonces la disponibilidad del hombre en el mundo técnico, una imposición de lo técnico en el mundo, un modo originario de abrírsenos el mundo como fundamentalmente disponible. Una forma de cómo las cosas se nos presentan ahí listas para ser requeridas. Una figura del despliegue u olvido del ser en que éste se retira, quedando sólo entes en forma de puros objetos exhortados por la técnica. Entes en pura disponibilidad, una naturaleza reducida a recurso y aprovechamiento – quizás ahora residuo–, en un contexto histórico y cultural de una economía de mercado o neoliberal en la que «el mismo hombre es reducido a stock, existencias, reservas, a material humano» (Concha, 2011: 26).

Figura 72: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº3, prueba de edición final. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2015.

Este sigiloso y violento enfoque instrumentalista sobre la naturaleza ha sido lo que ha modelado la contingencia del Desierto de Atacama. El exceso de objetivación y racionalismo ha reducido la materia árida a un capital natural que se transa,

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extrae, socava, destila, transforma y acumula sobre una extensa y recóndita zona que, –cual relave– ha sido históricamente dispuesta para los más grandes y dialécticos de los sacrificios: la desaparición –una forma de desaparición– y la permanencia. Así, el paraje desértico chileno se ha visto configurado paradójicamente como una ofrenda y vestigio para y de la industria, progreso, plusvalía,

mercado

y

–supuesto–

bien

común

de

todos

nosotros,

los

consumidores. En este caso la ley de conservación sería, la materia no se crea ni destruye, sólo se transforma en mercancía o excedentes y escoria.

Figura 73: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº4, prueba de edición final. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2015.

Del mismo modo, las superficies y ásperos relieves han ido deviniendo marcas, trazos, rastros, surcos, formas, siluetas y composiciones artificiales –en su mayoría perforaciones– que se reiteran como figuras fractales inorgánicas desplegadas como consecuencia del aparataje y regímenes propios de la ocupación y explotación industrial de la región. Es que ante el despliegue del pensamiento técnico, todo se ha fraccionado, serializado y multiplicado hacia el infinito. Son cada vez más las trazas geométricas y cuerpos regulares que sepultan los estratos orgánicos de todo el territorio. Los daños inferidos producto

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de la ocupación y modificación del entorno son y serán para siempre. Se trata de una destrucción y alteración definitiva del ecosistema producto de la expansión hegemónica del pensamiento técnico. Esta zona de sacrificio, más que querer ser mitigada, ha sido silenciada y despojada –vaciada de sentido propio o contextual–, en tanto pareciera no tener valor por sí misma tras ser reducida a objeto y destinada a convertirse en existencia; solo ente. Así, a partir de este vaciamiento de sentido del desierto – producto de ser excluido y descontextualizado del mundo social–, se va articulando cual objeto propicio para expoliación de sus recursos, mientras es emparentado –debido a la tensión de lo visible y aquello otro que se transparenta hasta el punto de no ser visto– con ciertos imaginarios de la ausencia, silencio y vacío. Su invisibilidad y mito inhóspito, han sido el argumento por el cual se ha permitido una devastadora explotación. La reproducción constante de una verdad totalizadora, funciona como máscara y camuflaje perfecto para generar una apertura por la cual los objetos técnicos puedan extirpar –invisibilizados para la comunidad– lo que requieran del ecosistema. Al hacernos creer que en la naturaleza desértica es equivalente al vacío, le despojamos el único valor que interpretamos de las cosas –el valor instrumental– y lo relegamos a lo inútil e improductivo. Ya desde ahí, poco nos importa qué pase o no pase con el territorio. Así, al ser representado a partir de la idea de la ausencia, el desierto –al igual que una cosa devenida en concepto (Baudrillard, 2009: 13) – comienza a desaparecer» en el mismo momento que empieza a existir como representación de esa ausencia. Esa es la lógica de un gran sistema cerrado.



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Figura 74: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº4, prueba de edición final. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2015.

En este sentido, el Oasis de Niebla de Alto Patache y su particular ecosistema, surge como una plataforma en la que estas relaciones, tensiones y dicotomías se experimentan cotidiana y distraídamente. Esta estación de investigación científica experimental con fines de conservación y manejo medioambiental para la protección de ecosistemas áridos y ecosistemas de niebla, se ve asediada, no solo por la mega industria minera y energética local, sino también por su propia condición de “oasis”. Esta situación deja entrever cómo este espacio se concibe y dispone –a partir de una instrumentalización, fragmentación y conceptualización económica propia de las políticas públicas y privadas asociadas a la administración y explotación de nuestros recursos naturales–, como mera inversión y desarrollo del ambientalismo de libre mercado. Así, la valoración de este oasis, pese a los esfuerzos del trabajo interdisciplinario y levantamiento de un sistema de utilización relacional del entorno, está dada por los valores de uso y cambios asignados por el ser humano y su pensamiento técnico. He ahí parte de su dualidad y ambigüedad.



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Figura 75: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº3, prueba de edición final. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2015.

De tal forma, si la naturaleza se nos da como paraje para la disposición de los bienes, recursos y mercancías con los que el hombre existe, y además como una dimensión espacial que orienta al hombre en el mundo –espacio que ha sido «clonado biodigitalmente» (Zúñiga, 2013: 92-98) en la virtualidad como consecuencia de la proliferación de objetividad tecno-científica–, pienso que las variadas morfologías y materialidades sensibles del desierto generadas por los fenómenos climáticos sobre sus superficies, actúan hoy, en cierta medida, como disipadores de una posible experiencia de aquella dimensión espacial a través de la cual el hombre –en tanto sujeto– se sirve de la naturaleza –el objeto– para orientarse en el mundo. Es que ahora, el exceso de materialidad física –de contigüidad material– nos agobia, fatiga, incomoda, perturba y desorienta. Es un arquetipo al cual ya no estamos acostumbrados, no sabemos cómo asimilarlo si no se trata de un juego de apariencias y virtualidades. Es el entorno natural el que se asemeja a lo que vimos en algún documental o fotografía, y no al revés. Este exceso de materialidad –calidad táctil– y variaciones vitales de las superficies del Desierto de Atacama aparecen como aquello absolutamente extraño, aquello que –inasumible e incontestable– pone en funcionamiento y despliegue las

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subjetividades del mundo, en tanto experiencia radical de aquello que hemos relegado a lo empírico y disponible en la naturaleza. En el pensamiento técnico, el mundo desaparece por su exceso de objetivación.

Figura 76: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº3, prueba de edición final. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2015.

En este sentido, el Oasis de Niebla de Alto Patache, me provee de una de sus más preciadas y paradójicas corporalidades, la efímera niebla camanchaca. Es ella, quien a través del estudio y registro de sus transiciones físicas –distribución, posición y dirección de la luz, efectos de luz y sombra, variaciones de texturas, cambios de intensidad lumínica, saturación y temperatura del color, además de las múltiples variaciones en la densidad de los distintos planos, dimensiones, capas y áreas cubiertas por la conformación, movimiento, velamiento y develamiento sobre las distintas superficies geográficas del Oasis–, me permite reflexionar y dar cuenta, poéticamente, sobre las inestabilidades que surgen a partir de las manifestaciones materiales e inmateriales del pensamiento técnico en nuestro territorio. Expresiones que definen nuestra relación inconsciente con la naturaleza y el entorno local.



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Figura 77: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº3, prueba de edición final. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2015.

Así, la camanchaca se presenta como una superficie de contacto que –cual interfaz– dialoga y tensiona los márgenes de lo artificial y contornos de sus infraestructuras técnicas. Un cuerpo sagaz y materialmente dialéctico dispuesto – estudiado, registrado y simulado– para traducir simbólicamente la precariedad y alteridad radical propia de la desarticulación y vaciamiento –desrealización– del paisaje desértico. Sólo a través de las heterogeneidades de la densidad material de la niebla y su representación –fluidez, transparencia, translucidez y opacidad–, es posible generar un estado e imaginario de suspensión –un pasaje, una experiencia espacial y temporal discontinua–, entre un inminente y dramático fracaso del paradigma actual o una posible apertura hacia lo otro. De ahí que la esperanza aflore en el fracaso de la experiencia y superficie digital, ahí dónde nos extasiamos. En efecto, cada unos de los registros realizados buscan dar cuenta de un lugar absolutamente distinto del mundo natural, a partir de una dislocación de ese mundo configurado por sistemas de significación autónomos. Se trata de un desocultar opuesto al del pensamiento técnico (Heidegger, 1994: 9-37), no desde

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la verdad categórica, sino a través de lo ininteligible. Se trata de hacer ver el ecosistema de niebla y sus infraestructuras técnicas como parte de un fuera del mundo, un territorio ralentizado, onírico y ficcional en que el sujeto –contemplador y testigo– ingresa y hace posible el mundo a través del análisis y transformación del mismo. Toda infraestructura sondeada por los dispositivos de registro, busca eyectar la mirada ingenua ante el paisaje, ir mucho más allá, lograr distanciarle hasta desplegar las infinitas posibilidades de su funcionamiento en contra del sujeto y lo representado, implicar su desaparición frente a las agitaciones rituales de la luz en las superficies pantallicas.

Figura 78: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº3, prueba de edición final. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2015.

En las máscaras de lo técnico, la simulación de la materia orgánica se reduce a pura alteridad, residuos umbrátiles y fractales aleatorias producto de la sobreexposición de los cuerpos sensibles a un sistema ubicuo, genérico y abstracto. Esto hace imposible –siguiendo a Heidegger– que la energía oculta de la naturaleza pueda ser sacada a la luz. La naturaleza desértica, ya configurada por el despliegue del aparato técnico y pulverización de la conciencia, debe ser interpretada considerando cada uno de los criterios de organización que se

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solapan en ella, formas e infraestructuras que contienen discursos, devienen instrucciones, articulan nuestro cuerpo, espacio y jerarquizan la mirada. Frente a esto, la traducción virtual del movimiento de la niebla y representación incierta del ambiente lo desarticulan todo, dejando en evidencia ese vacío en que la naturaleza es disminuida a código o texto –número de bits–, como síntoma una etapa terminal de la desmaterialización de la realidad, del territorio. representación no es más que «una articulación de

Su

la pérdida y lo restante»

(Soulages, 2001: 120-121). Se trata de la objetivación, división y descomposición de la vida sobre la tierra. Es por esto que las imágenes que intento construir pretenden dar cuenta de otro tipo de fluideces (Buci-Gluksmann, 2006: 47-51) que no sean las impuestas por el mercado turístico, son «imágenes intermitentes» (Didi-Huberman, 2012: 7-44), marginales, imprecisas y ambiguas, muchas de ellas sólo material etéreo, no pretenciosas mercancías e ilusiones acerca del paisajeespectáculo. Si en otras imágenes y secuencias de video las cosas aparecen vaciadas de ser, es porque en ellas sólo es posible asimilar un exceso de pensamiento técnico. Me interesa esa tensión, dejar en evidencia que nuestro verdadero deseo es la artificialidad de la técnica, no lo orgánico dispuesto en lo que nos va quedando del entorno natural. Buscamos el vértigo de la superficialidad, el artificio de su detalle, su intimidad máxima ahí donde el ente no se ha vaciado de otro sentido que no sea su disponibilidad. Un ecosistema frágil e inestable puede transformarse –a través de imágenes que se evaporan y disuelven en lo digital– en el reflejo de una existencia en el vacío que hemos socavado, entre nosotros y la naturaleza. Ése es el verdadero desierto, el más extremo de los socavamientos de la experiencia.



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Figura 79: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº3, prueba de edición final. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2015.

Hoy, nuestro acercamiento máximo a la naturaleza se reduce a una imagen técnica, promiscua y «pobre» (Steyerl, 2014: 33-49) que a momentos –en medio de los simulacros y virtualización– deja entre ver eso otro que forma parte de la diversidad biocósmica. Así, en nuestros innumerables ritos de paso de un universo a otro, la naturaleza intenta interpelarnos en medio de todo aquello que hemos dejado afuera en la búsqueda de una aceleración y desaparición –resolución– que se nos hace irresistible. Estos escenarios descritos e infraestructuras –tubos de aluminio, planchas incrustadas en el empedrado del terreno, perfiles de fierro, estructuras carcomidas por el óxido, letreros de lata galvanizada, cordones de metal mordidos por la salinidad del ambiente, tensores de gran escala, bases de concreto, toscos cables de acero, largas chimeneas, extensas columnas de humo y polvo, costras químicas, torres de alta tensión, carcasas industriales, relaves, piscinas químicas, mineros-ductos,

termoeléctricas,

centrales

industriales,

plantas

químicas,

excavaciones mineras y otros «aparatos estéticos» (Déotte, 2012: 9-33)– han sido, por décadas, confinados al veto de los medios y la invisibilidad del desierto.

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El territorio y lo que ocurre en él no nos importa, porque no lo podemos ver. Han sido reducidos a una síntesis, una operación algorítmica y replica matemática secreta, que exacerba aquellas distancias abismales respecto a lo que ocurre en la extensión desértica. Insisto, ¡no nos importa, porque no lo podemos ver! Hemos sido eclipsados por el pensamiento, ideología y materialidad técnica.

Figura 80: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº3, prueba de edición final. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2015.

Respecto a esto último, representando el Oasis de Niebla como un «lugar blando» (Neil, 1992) dónde pareciera que el tiempo y espacio se retorciesen y curvasen sobre sí mismos –un lugar dónde la frontera del sueño y la realidad aparecen erosionadas y revestidas por la bruma e ideología técnica, habría que reflexionar y preguntarse sobre cómo hoy pueden convivir en un mismo espacio geográfico –en un mismo ecosistema– los intereses de la mega industria minera extractiva, asentamientos humanos, faenas de expoliación de los recursos naturales, investigaciones científicas y plataformas astronómicas más importantes del



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mundo, entre otros. Así, podemos preguntarnos cómo habitar este ecosistema desértico, y habría que preguntarse respecto al futuro precario del Desierto de Atacama, interpelación que ha motivado el inicio de este proyecto artístico. ¿En qué devendrá el Desierto de Atacama? ¿Un pasaje a la desolación de la naturaleza o un replegarse hacia nuevas formas y estrategias de conocimiento y habitabilidad? La respuesta obedecerá a si somos capaces de salir al encuentro de la otredad, desplegarse en lo otro, comprender y experimentar lo otro; dejar de lado el fraccionamiento del conocimiento y su racionalidad económica e instrumental, ir más allá del dualismo y cualquier sistema cerrado de conocimiento. El futuro –siempre incierto– dependerá de si somos capaces de reconocer la importancia del despliegue de un urgente saber contextual, un nuevo monismo ontológico.



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RESEÑA DEL ARTÍSTA (1986, Santiago de Chile) Francisco Navarrete Sitja es Licenciado en Artes con mención en Artes Plástica de la Universidad de Chile (2009). Actualmente, es Magíster en Artes Visuales de la Universidad de Chile (2015) y se desempeña – desde el 2010– como docente al interior de la misma institución. Navarrete ha sido galardonado con variadas becas para investigación y creación fotográfica, videográfica y multimedial; becas para participar en workshop y visionados nacionales e internacionales; premios para desarrollar proyectos de carácter sitespecific e investigaciones de trabajo de campo en residencias artísticas en Chile y el extranjero, entre otras iniciativas vinculadas su producción de obra. Su quehacer creativo, procesos artísticos e investigación –ejes que se conjugan transversalmente en su desempeño como artista visual, investigador y docente–, están orientados al desplazamiento de los recursos formales y conceptuales de la pintura al campo expansivo de la imagen contemporánea, tendencias y prácticas fotográficas actuales. Navarrete se identifica con los márgenes y dislocaciones del paradigma de lo fotográfico; espacio intermedio en que se yuxtaponen y solapan prácticas vinculadas a la re-presentación digital, la mediación simbólica de la imagen numérico binaria y la experimentación con dispositivos técnicos de reproducción de imágenes. De ahí que –a través de ciertas hibridaciones, superposiciones, desplazamientos materiales, intertextualidades, simulaciones formales y diversos cruces entre el imaginario y recursos pictóricos, dispositivo fotográfico, sonoro

y cinematográfico–, aborda problemáticas vinculadas a las

simbolización, configuración y representación de nuestro entorno. De un tiempo a esta parte, se ha interesado en articular, simular, hacer ficción y estilizar locaciones efímeras; crear imágenes flujo y representar territorios diáfanos, opuestos a los tiempos y velocidades de la mercadotecnia e imaginario impuesto por los códigos de programación psicosocial. En cierto sentido, sus proyectos de creación artística –últimamente, iniciativas de trabajo de campo, sitio



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específico y proyectos de trabajo in-situ– surgen como un intento por abordar, poéticamente, la relación y tensión existente entre el hombre y la representación del espacio físico en el que se desenvuelve. Pues bien, a partir del registro fotográfico, exploraciones con la materialidad e inmaterialidad de la imagen digital, fotografía, imagen fija, imagen en movimiento, procedimientos análogos , medios digitales y soportes electrónicos– propone una re-lectura de los lugares

y sus discursos desde de la re-articulación de sus

capas, estratificaciones y fragmentos. Así, desde el campo de la imagen contemporánea y medios de reproducción, intenta dar cuenta de la inestabilidad, administración y productivización del espacio a partir de la representación.

Dentro de las exhibiciones y muestras más desacatadas en las que ha participado se encuentra: XIV Festival Internacional de la Imagen, Museo de Artes visuales de Caldas (2015, Colombia), En la mañana mi alma. Colección de Érica Sánchez, Galería Gabriela Mistral (2015, Chile), Situación y Cercanía: Talca, Galería Sala de Carga (2015, Chile), Territorios fronterizos. La fotografía más allá de la imagen, Galería Artes Visuales Centro Cultural Matucana 100 (2014, Chile), 7ª edición del Festival Internacional de Videoarte PROYECTOR (2014, España, Italia, Francia, Portugal y México), Concurso videoarte Rolando Cárdenas, II Encuentro Internacional de Artes Mediales. (2014, Punta Arenas, Chile), Soberanía Audiovisual - 5to Festival de Creación Visual VFFF 2014 (2014, Ecuador), SUB30, Museo Arte Contemporáneo (2014, Chile), Wandering Adobe a Sea Fog, Alto Patache Atacama + MARQ UC, Wunderlich Gallery (2024, Australia), Festival Internacional de la Imagen. Muestra monográfica de Media Art, Centro Cultural los Fundadores (2014, Colombia), MUDAFEST Festival Video Arte, Centro das Artes Casa das Mudas (2013,Portugal), Festival Internacional de Arte sonoro Valparaíso TSONAMI, Valparaíso (2013, Chile), (A)PROPÓSITO, Museo Nacional de Bellas Artes MNBA (2013, Chile), Punto Ciego: Con la política en el ojo, Galería SAVVY CONTEMPORARY (2013, Berlín) ARQFILMFEST II Arquitectura Film Festival of Santiago, Centro Cultural Gabriela Mistral y Microcine



Galería M100 (2013,

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Chile), Pantalla Global, Centro de la Cultural Contemporánea (2013, Barcelona), KM-0 Circulación Nacional de Arte Contemporáneo, Galería Balmaceda Arte Joven Antofagasta (2013, Chile), Perro, Gallo, Zorro, Sala de Fotografía Joaquín Edwards Bello, Centro Cultural Estación Mapocho (2013, Chile), INMUEBLE, Galería BECH (2013, Chile), DESDE EL RESTO; Farmacología Estética: La manera de hacer arte en Chile, Museo Arte contemporáneo MAC (2013, Chile), Un esquimal con un zorro blanco que acaba de cazar. Imágenes de Chile, Galería Latinoamericana de la Casa de las Américas de Cuba (2013, Cuba), Bienal de la Imagen en Movimiento, Premio Norberto Griffa a la Creación Audiovisual, Centro l General San Martín (2012, Argentina), 10º Bienal de Video y Artes Mediales, Concurso a la Creación y Autoría Audiovisual JUAN DOWNEY, Museo de Arte Contemporáneo y Centro Cultural de España (2012, Chile), Athens Video Art Festival/ International Festival of Digital Arts & New Mediar, Stoa Kourtaki (2012, Atenas), Young-artists-incubator, Factory-Art Gallery Berlín (2012, Alemania), Lecciones de Emergencia, Centro Cultural Estación Mapocho (2012,Chile), Desde el otro, Sala Juan Egenau (2012, Chile), Ojo Mudo- video experimental, Polygome Êtoilé Paris (2012, Francia), VOLTA Festival de Video-Arte, Galería Local Project (2012,Chile), I Antología Visual Jóvenes Fotógrafos Chilenos Contemporáneos, Museo Arte Contemporáneo MAC (2011, Chile), entre otras. Navarrete ha sido galardonado con Premio Beca BBK-BILBAO ARTE 2015, Fundación

Bilbao Arte Fundazioa Bizkaia Kutxa BBK (2015, España), Premio

BECA Juan Dávila - BLOC Programa Anual de Tutorías, Taller BLOC (2015,Chile), Premio X Muestra Monográfica de Media Art: Ecología desde el arte digital, Universidad de Caldas en Colombia y Fundación Telefónica (2014-2015, Colombia /Venezuela), Premio Beca Wandering above a Sea of Fog, Programa Deserta AA / Magister de Arquitectura MARQ UC, Santiago-Iquique (2014, Chile), Premio Municipal de Artes Visuales Talento Joven 2013, Género: Video arte, video ensayo e instalación, Ilustre Municipalidad de Santiago (2013, Chile), Premio Beca Residencia Proyecto Norte,

Centro del Desierto de Atacama UC y Área

de

Nuevos Medios Consejo Nacional de la Cultura y Las Artes, Santiago-Iquique



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(2013, Chile),

Beca Workshop Magdalena Correa, El Paisaje como objeto de

reflexión, Museo Arte Contemporáneo MAC (2013, Chile), Premio Beca Workshop Helene Binet, En Búsqueda de la Tercera Dimensión, Magíster en Arquitectura MARQ UC (2013, Chile), Premio FONDART Beca Magister

Artes Visuales

Universidad de Chile, Consejo Nacional de la Cultura y las Artes CNCA (2012, Chile), Premio Beca Residencia Festival Internacional de fotografía FIFV, Área de Fotografía Consejo Nacional de la Cultura y Las Artes (2012, Chile), Beca Workshop fotografía contemporánea por Ricardo Cases, Área

de Fotografía

Consejo Nacional de la Cultura y Las Artes (2013, Chile), Beca Workshop Cristina Lucas, Taller practicas videográficas contemporáneas, Facultad de Artes Visuales Universidad de Chile (2013, Chile), Beca Workshop Procesos Creativos por Luis González Palma, Festival de las Artes de Coquimbo (2013, Chile), entre otras actividades y visionados internacionales. Entre sus próximas exposiciones

y participaciones destaca, Residencia BBK-

BILBAO ARTE 2015, Fundación Bilbao Arte Fundazioa Bizkaia Kutxa BBK (2015, España), Ecología desde el arte digital, Fundación Telefónica (2015,Venezuela), Depresión Intermedia, Galería de Artes Visuales Parque Cultural de Valparaíso (2015, Chile), Antártica, Supervivencias de lo imposible, LUMEN III Encuentro Internacional de Arte contemporáneo y Nuevos Medios de Magallanes (2015, Chile), 12ª Bienal de Artes Mediales BVAM, Museo Nacional de Bellas Artes (2015, Chile),

Aparatos para un territorio blando, Centro Cultural de España

Santiago (2015, Chile), Sin Título, BACO Batuco Arte Contemporáneo (2015, Chile), entre otros.



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DVD BLU-RAY / MATERIAL AUDIOVISUAL



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ÍNDICE DE ILUSTRACIONES Figura 1: Zona de Punta Patache. «Oasis de Niebla de Alto Patache. Iquique, Chile». Captura de pantalla obtenida de Google Maps…………………………………………………………….15 Figura 2: Zona de Punta Patache. «Oasis de Niebla de Alto Patache. Iquique, Chile». Captura de pantalla obtenida de Google Maps…………………………………………………………….16 Figura 3: Zona de Punta Patache. «Oasis de Niebla de Alto Patache. Iquique, Chile». Captura de pantalla obtenida de Google Maps..……………………………………………………….…..17 Figura 4: Zona de Punta Patache. «Oasis de Niebla de Alto Patache. Iquique, Chile». Captura de pantalla obtenida de Google Maps..……………………………………………………….…..18 Figura 5: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, Iquique, Chile, 2014..…………………………………………………………..………...19 Figura 6: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, Iquique, Chile, 2014………..………………………………………………………..…..21 Figura 7: Vista aérea de Alto Patache. «Carretera de la Sal, Alto Patache. Iquique, Chile». Captura de Pantalla obtenida de Google Maps. ………..……………………………………………..….22 Figura 8: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, Iquique, Chile, 2014.………..……………………………………………………….…..23 Figura 9: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014……24 Figura 10: Zona Punta Patache. «Zona industrial frente a oasis de niebla, Patache. Iquique, Chile». Captura de Pantalla obtenida de Google Maps. ………..…………………………………………...…..25 Figura 11: Zona Punta Patache. «Área industrial frente a oasis de niebla, Patache. Iquique, Chile». Captura de Pantalla obtenida de Google Maps.……………………………………………………..…..26 Figura 12: Punta Patache. “Vista aérea termoeléctrica frente a oasis de niebla, Patache. Iquique, Chile”. Captura de Pantalla obtenida de Google Maps.………..……………………………………………….27 Figura 13: Punta Patache. “Vista aérea termoeléctrica frente a oasis de niebla, Patache. Iquique, Chile”. Captura de Pantalla obtenida de Google Maps.………..………………………………………….…….28 Figura 14: Punta Patache. «Piscinas de decantación. Zona industrial frente a oasis, Patache. Iquique, Chile». Captura de Pantalla obtenida de Google Maps.………..……………………………………………….29 Figura 15: Zona Punta Patache. «Área industrial frente a oasis de niebla, Patache. Iquique, Chile». Captura de Pantalla obtenida de Google Maps..………..…………………………………………..…..30 Figura 16: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014...………….31



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Figura 17: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014….32 Figura 18: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.….33 Figura 19: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, detalle de infraestructura técnica, Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014..………………………………………………………………34 Figura 20: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, detalle de infraestructura técnica, Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014. ..…………………………………………………………….35 Figura 21: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, detalle del camino de ingreso, Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014..………………………………………………………………36 Figura 22: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, detalle del camino de ingreso, Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014..………………………………………………………………37 Figura 23: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, detalle del camino de ingreso, Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014..……………………………………………………………..38 Figura 24: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, detalle líquenes adheridos a roca, Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014..…………………………………………………………..…39 Figura 25: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, detalle de camanchaca sobre superficie desértica, Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014………………………40 Figura 26: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, detalle de camanchaca sobre superficie rocosa, Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.………………………41 Figura 27: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, detalle de camanchaca, Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.…………………….…………………….…………………..42 Figura 28: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital, detalle de camanchaca, Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.…………………….…………………….…………………….……….43 Figura 29: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle camanchaca y superficie desértica. Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014 …………………….…45



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Figura 30: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital b/n. Detalle camanchaca y superficie desértica. Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.…………………..….46 Figura 31: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle camanchaca sobre farellón costero y dunas. Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014. …………………….48 Figura 32: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital b/n. Detalle camanchaca sobre farellón costero. Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014. ……………………..49 Figura 33: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital b/n. Detalle camanchaca y torre de alta tensión. Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014. ……………………..51 Figura 34: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Silueta de farellón costero iluminado por termoeléctrica. ………………….…….52 Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014. Figura 35: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital b/n. Niebla y marcas de vehículos sobre farellón costero. Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014……………………....53 Figura 36: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle de cable de acero y tensores. Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.…………………..….55 Figura 37: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle de cable de acero y tensores. Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.………………..…….56 Figura 38: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle de manguera sobre superficie desértica. Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.……………………...57 Figura 39: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle de malla raschel sobre superficie desértica. Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014……………….………58 Figura 40a: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle luminaria industrial. Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.………………….………………….……………………….59 Figura 40b: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle infraestructura industrial ingresando a la superficie. Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014.……………………...60 Figura 41: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle antena y letrero con gráfica japonesa. Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014…………………..…..61



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Figura 42: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle de tubo sobre superficie árida. Oasis de Niebla de Alto Patache, Iquique, Región de Tarapacá, Chile, 2014………………………62 Figura 43: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle de cable de acero ingresando a la superficie árida. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014…………………………………63 Figura 44: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle de cables de acero ingresando a la superficie árida. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014…………………………………65 Figura 45: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle de cable de acero ingresando a la superficie árida. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014………………………..………..66 Figura 46: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle de tubos de plástico atravesando la superficie árida. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014………………………..………..68 Figura 47: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle de cables de alta tensión atravesando la niebla. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014………………...……………….69 Figura 48: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle silueta de torre alta tensión y niebla. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014…………………………………70 Figura 49: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital b/n. Detalle niebla ingresando al farellón costero. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014……………………………...….71 Figura 50: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle cables alta tensión y niebla sobre lomas. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014………………………...………73 Figura 51: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle torre alta tensión y niebla sobre lomas. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014…………………….…………...75 Figura 52: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle escombros, mangueras, malla y niebla sobre lomas. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014……………………………..….76 Figura 53: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Vista nocturna de cielo en el Desierto de Atacama. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014………………………..……….77



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Figura 54: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle de manguera que recorre las lomas del oasis. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014…………………………..……..79 Figura 55: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle cables de alta tensión, silueta de torre y niebla. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014…………………………………81 Figura 56: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Lomas del farellón costero y niebla. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014………………………………....83 Figura 57: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº1, prueba de edición. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014……………………...………….85 Figura 58: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº1, prueba de edición. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014…………………………..……..86 Figura 59: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº1, prueba de edición. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014……………………...………….87 Figura 60: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº1, prueba de edición. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014………………...……………….88 Figura 61: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº1, prueba de edición. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014…………………………………89 Figura 62: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Vista general de la planicie del oasis sobre el farellón costero. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014……………………………...….91 Figura 63: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle de siluetas y luces vistas desde la altura del farellón. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014………………………..………..92 Figura 64: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle de siluetas y luces vistas desde la altura del farellón. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014…………………………………93 Figura 65: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital. Detalle cables de acero y tensores sobre superficie del farellón. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014…………………………..……..96 Figura 66: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Fotografía digital b/n. Detalle de nubes en vista aérea . Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2014…………………………………99



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Figura 67: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº2, prueba de edición final. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2015………………….…………….100 Figura 68: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº2, prueba de edición final. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2015………………………....…….101 Figura 69: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº2, prueba de edición final. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2015………………………………..103 Figura 70: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº3, prueba de edición final. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2015……………………….……….104 Figura 71: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº3, prueba de edición final. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2015…………………………..……105 Figura 72: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº3, prueba de edición final. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2015………………………………..106 Figura 73: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº4, prueba de edición final. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2015………………………………..107 Figura 74: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº4, prueba de edición final. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2015………………………………..109 Figura 75: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº3, prueba de edición final. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2015………………………………..110 Figura 76: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº3, prueba de edición final. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2015………………………………..111 Figura 77: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº3, prueba de edición final. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2015………………………..………112 Figura 78: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº3, prueba de edición final. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2015………………………………..113



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Figura 79: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº3, prueba de edición final. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2015……….…….…………………115 Figura 80: Navarrete Sitja, F. «Aparatos para un territorio blando». Captura de pantalla de video animación stop motion nº3, prueba de edición final. Oasis de Niebla de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile, 2015..…….………………………..116



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